Se rompió el corral -Hermann Tertsch/ABC-

Es indudable que sectores de la izquierda han entrado en pánico ante la evidencia de que surge, por primera vez en cuarenta años, una oposición real y firme a su hegemonía cultural y a su pretensión monopolizadora de la interpretación del pasado y de guía ideológica del presente. Pasa ya en otros sitios. Pero en España es especial. Por ello, ya recurren a la violencia, llaman a la «alerta antifascista», a manifestaciones y acosos, agreden a miembros del nuevo partido herético y amenazan de muerte a sus dirigentes. No pasa un día sin agresiones al partido intruso. Si fueran contra otros serían objeto de rotundas condenas. Silencio general. Eso sí, no pasa un día sin que, desde los comunistas venezolanos a los separatistas vascos, pasando por el jefe de Gobierno español, sus socio golpistas o hasta todo un presidente Macron, adviertan sobre el peligro terrible que suponen los diariamente agredidos.

Eso no es nada nuevo. España tiene larga experiencia de la violencia que unos practican y otros critican con la boca pequeña. Algunos se extrañan aun ahora por esta unión de intereses en torno al socialista Pedro Sánchez de comunistas, filoterrroristas de Bildu, simples antiespañoles como el PNV y el popurrí de golpistas catalanes las CUP y CDR filoetarras. La mayoría de estas fuerzas siempre han trabajado más o menos juntas, de una u otra forma, en la destrucción de la España unida y constitucional. La quieren hacer desaparecer porque su propia existencia es un recordatorio permanente de su terrible y sangriento fracaso, allá en las lejanías de la II República a las que siempre se remontan. Y es el resultado feliz de la voluntad de reconciliación de los españoles gracias a la prosperidad, la transformación y estabilidad logradas en el franquismo.

Porque el nuevo régimen de libertades, con todas sus limitaciones e imperfecciones, es una democracia que nada tiene que ver con aquel régimen fracasado y secuestrado por la voluntad totalitaria. Los españoles deben mucho más su libertad al régimen franquista que creó las condiciones para la misma que a quienes mantienen de referente el régimen anterior a la guerra que solo generó miseria, terror y desgracia. Por eso ellos pretenden que España les debe algo por su derrota: su desaparición. El revanchismo de Zapatero que dinamitó la razonable convivencia política es de este siglo. Pero la mentira antifranquista se implantó en la Transición. Y sirvió para imponer, sin oposición por la cobarde y egoísta dejación de quienes debieron ejercerla, esa supremacía ideológica y cultural de la izquierda que llaman consenso y que impone estas leyes ideológicas enemigas de la libertad y del sentido común. Con su colapso cunde el pánico. Veremos cosas curiosas ahora que los guardianes intentan cerrar como sea, intimidación masiva, mentiras, amenazas y violencia incluida, el corral del consenso que se ha roto. Los mercenarios del pastoreo están histéricos. Parte del rebaño está asustado. Pero otros, cada vez más, han perdido el miedo y empiezan a disfrutar con la verdad y la libertad.

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Los muy volubles principios políticos de Ciudadanos -Ramón Pérez-Maura/ABC-

¿Qué tiene que ocurrir para que Albert Rivera exija la inmediata expulsión del PDECat del Grupo ALDE?

Estos días se ha comentado mucho la distante actitud de Ciudadanos en Andalucía, donde quiere hacerse con su cuota de poder sin «mancharse» con el respaldo de los casi 400.000 andaluces que sufragaron por Vox. Este juego de Ciudadanos ya lo hemos visto antes, porque su victoria histórica en Cataluña se tradujo en no molestarse ni en presentar la candidatura de Inés Arrimadas en el Parlamento, ratificando así que la verdadera victoria seguía siendo la de siempre: la de los catalanistas que ahora buscan abiertamente destruir España.

Veo ahora otro ejemplo verdaderamente notorio de la doblez de Ciudadanos, esta vez en el Parlamento Europeo. Ya hemos comentado en esta columna alguna vez la libertad con la que sigue actuando en el grupo liberal europeo el PDECat, a pesar de que en el mismo se sienta también Ciudadanos. Como ocurre con la mayoría de los partidos europeos, éstos tienen dos organizaciones: el partido como tal y el grupo parlamentario en el Parlamento Europeo. Así, hay un Partido de la Alianza de los Liberales y Demócratas por Europa (ALDE) y un Grupo ALDE en el PE. Todos los diputados miembros de partidos del ALDE tienen que sumarse al Grupo ALDE, pero no es necesario ser miembro de una formación integrada en el Partido ALDE para formar parte de su grupo.

Hace cuatro años, Enrique Calvet, eurodiputado superviviente del naufragio de Upyd, y miembro del Grupo ALDE solicitó la expulsión del PDECat del Partido ALDE. Ciudadanos dijo entonces que no era el momento. Ese momento no llegó hasta hace exactamente dos meses, cuando el Partido ALDE se reunió en Madrid y Albert Rivera podía hacerse la foto expulsando al PDECat. Conste, eso sí, que el PDECat no fue expulsado por su racismo, ni por su voluntad de violentar la Constitución Española, ni por su deseo de sacar a Cataluña de la UE -como ocurriría si la independizaran de España. Fueron expulsados por algo mucho más pedestre: sus casos de corrupción.

Veo ahora que Calvet ha tenido que volver a la carga porque ni Ciudadanos ni el propio Partido ALDE ha hecho nada por expulsar al PDECat del Grupo ALDE. lo que sigue otorgando al eurodiputado convergente Ramón Tremosa -pillado ya demasiadas veces en mentiras flagrantes- la condición de coordinador de Economía del Grupo ALDE. Y aliado habitual de los separatistas flamencos.

Cuesta entender qué pretende Ciudadanos con su lenidad ante la presencia en su grupo del Parlamento Europeo del partido creador del mayor problema político de la España de esta hora. ¿Por qué no combaten Rivera y su gente al secesionismo catalán en su grupo parlamentario europeo con el mismo empeño que demuestran en las tribunas españolas? ¿Qué tiene que ocurrir para que Rivera exija la inmediata expulsión del PDECat del Grupo ALDE? ¿Está Albert Rivera esperando a la oportunidad de hacerse otra foto como la del congreso de su partido en Madrid? Pues la realidad es que estamos ya casi en campaña electoral para las elecciones europeas de mayo. Aunque claro, bien pensado, supongo que a Rivera lo que le importa más es hacerse la foto en el último tramo de la campaña sin importarle que el PDECat se haya beneficiado de haber sido miembro del Grupo ALDE durante cinco años. Y créanme si les digo que ser parte de uno de los grandes grupos del Parlamento Europeo es una verdadera sinecura.

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Observaciones desordenadas sobre feminismo. -Hilo twittero de @jmdelalamo –

Creo que el poder que tiene el feminismo de conseguirle votos a VOX es incalculable. En fin. Hilito facha y machirulo con algunas observaciones propias al azar, desordenadas y sin carácter exhaustivo sobre feminismo, machismo, violencia, cosas que creo que deberían cambiar, etc.

No es normal que no pueda haber un debate razonable sobre feminismo. Discutir cualquier asunto sobre feminismo no te convierte en un machista. Lo de usar calificativos (que acaban perdiendo su sentido) para evitar debates está ya muy visto. Este mismo hilo generará esos insultos.

El feminismo no debería permitirse difundir datos incompletos, sesgados o engañosos (como el de denuncias falsas) ni vender realidades a medias (como en el asunto de la brecha salarial). Agravar la realidad perjudica a medio plazo al feminismo.

El argumento de que no hay que proteger a los hombres por violencia doméstica porque son minoría serviría, por ejemplo, para no apoyar el matrimonio homosexual porque son minoría. No es serio. Todos iguales ante la ley es todos iguales ante la ley.

La mayoría de los psicópatas asesinos son hombres, sí. Eso no justifica meter a otras personas sin relación alguna en ese grupo solamente por tener pene. Somos individuos independientes por más q se empeñen en inventarse bandos ficticios. Cada uno es responsable solo de sus actos.

Dibujar al hombre como el enemigo y atribuir a todos los hombres determinados defectos o malas intenciones es perfectamente equivalente a la misoginia, es indecente y es una desastrosa estrategia feminista.

No existen ley ni presupuesto que acabe con los psicópatas y los asesinos. Podemos hacer reformas y más reformas y gastar dinero y más dinero y seguirá habiendo violencia. Por suerte, somos uno de los países más seguros del mundo, también en lo que respecta al entorno doméstico.

La educación es importante para la igualdad, para reducir el machismo y la violencia, pero la educación tampoco acabará con los psicópatas. No esperemos milagros.

Si bajan las víctimas por violencia de género dicen que las medidas están funcionando y que hay que gastar más dinero. Si suben las víctimas por violencia de género dicen que la situación es grave y que hay que gastar más dinero. Siempre hay que gastar más dinero. Es un engaño.

Hay demasiada gente viviendo del feminismo. Buena parte de las reivindicaciones feministas surgen de asociaciones (algunas con indudable ánimo de lucro) intentando justificar las subvenciones que reciben.

Las personas mienten. Algunas mujeres mienten. Algunas mujeres se aprovechan de agujeros y de abusos legales para vengarse u obtener beneficios. Seguridad jurídica también es que la palabra de una persona no sea prueba válida y suficiente sin más, sin valorar su credibilidad.

Deberían investigarse y perseguirse todas las denuncias falsas y no solamente una minoría. Las denuncias falsas no quitan ni un ápice de gravedad a las verdaderas, no es necesario inventarse cifras de denuncias falsas.

Comparar el número de víctimas de violencia en el hogar con el número de asesinados por ETA es una soberana estupidez que ofende a la inteligencia (del que la tenga). Además, a menudo es un nada inocente blanqueamiento del terrorismo.

Que un niño juegue con coches o luchadores y una niña con muñecas o cocinas de juguete no tiene nada de malo, como no tiene nada de malo lo contrario. Basta de reivindicaciones y de campañas ridículas, dejemos que los niños elijan lo que les gusta y que sean como quieran ser.

El PSOE intenta hacer una sobreactuada campaña basada en el feminismo para intentar salvar los muebles. No es más que usar a la mujer como mercancía electoral. Es considerar que las mujeres son un rebaño homogéneo perfectamente manipulable. Es ridículo y es una ofensa.

La vicepresidenta del Gobierno es un personaje perjudicial para el feminismo. Barbijaputa es un personaje perjudicial para el feminismo. Las personas que difunden mensajes en la misma línea que ellas son perjudiciales para el feminismo.

Intentar censurar a personas que no tragan con ciertas ideas feministas es una demostración de debilidad. Si tus ideas feministas son tan valiosas y necesarias, seguro que eres capaz de convencer a todos sin censurar a nadie.

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El trauma andaluz -Hermann Tertsch/ABC- –

Es muy comprensible el trauma que tiene cierta izquierda ante lo sucedido en Andalucía. ¡Precisamente en Andalucía les tenía que pasar! En ese cortijo suyo en el que socialistas y comunistas han sido caciques de propiedad no cuestionada. De repente, expropiados. Esto tendría que haber pasado hace décadas. Para que la alternancia política impulsara la movilidad, la renovación y la probidad, el control, el rigor, la competencia honrada, el desarrollo y el bienestar. Pero durante 37 años, un aparato implacable de reclutamiento, compra de voluntades, disciplina y control, pagado con ingentes sumas de dinero llegado de Europa y el resto de España, ha impedido que sucediera.

Quienes aplauden como quienes lloran hoy en Andalucía han de reconocer que este cambio que muchos creían imposible se ha producido por la irrupción en el escenario de un nuevo protagonista que ha cambiado las conductas de todos los demás. Es Vox. En el PP todos celebran ahora que Moreno Bonilla vaya a presidir la Junta de Andalucía. Pero si Pablo Casado no hace de esa campaña su personal prueba de fuego, el mediocre candidato popular impuesto en su día por una vicepresidenta de tenebroso recuerdo se habría quedado en 10 diputados. Entonces Casado estaría políticamente muerto y el PP, otra vez madurito para que alguien como Soraya Sáenz de Santamaría lo convirtiera en partido satélite del Frente Popular, por el bien del consenso. A hacer de Javier Arenas en «el ministerio de la oposición» para siempre. Ya tenía Casado asesores recomendándole dar por perdida Andalucía. A la postre ha sido Vox y el shock de Vista Alegre los que salvan a Casado de dejarse hundir por los suyos.

Casado tuvo instinto. Como Santiago Abascal que, pese a las reticencias de muchos, llevó a Vox a esas elecciones. Los dos detectaron el movimiento en una nación que ha dejado de creer en la política del cambalache consensual y quiere grandes compromisos con la legalidad, con la propia nación y con la realidad que sufre y que niega o manipula la subcultura del eufemismo de la socialdemocracia. Los españoles están mucho más hartos de lo que creen quienes solo consumen alfalfa mediática izquierdista. Y además son cada vez más inmunes a la idiotización de la consigna televisiva. Sí preocupa que Casado a veces parezca asustarse de su propia osadía y se concilie con los enterradores del PP en esta década. Parece haber pasado en el País Vasco. Habrá de decidir si se erige en apuesta de cambio real o se arropa de marotos, semperes y alonsos, y en mayo concluye su dirección del PP como un bonito espejismo que dio pie a una breve esperanza.

Ciudadanos no sacó el resultado que esperaba y quería. Nunca le pasa. Por eso, al margen de la citada soberbia campaña de Casado que impidió el hundimiento de su partido, la revolución andaluza se debe exclusivamente a la irrupción de VOX en el panorama político. Sufrirá sobre todo Ciudadanos, que suple su falta de ideología con una dependencia angustiosa de la patulea mediática izquierdista. No debiera sufrir por ser tachado de aliado de la ultraderecha. En mayo nadie entenderá que deje uno solo de los ayuntamientos en manos de una izquierda radical y filogolpista cuando mayorías con PP y Vox permitan expulsarla. La izquierda española está en pánico porque ya existe un voto nacional transversal que puede hundirla para mucho tiempo. Si Vox no comete errores y no los está cometiendo, puede lograr esa supremacía estable de la derecha que permita el retorno a la vida de los españoles del ejercicio de la libertad de palabra y obra, de justicia y la defensa de la ley, un retorno al sentido común en la vida de los españoles.

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Las líneas rojas movedizas de Ciudadanos. -Liberal Enfurruñada/Ok Diario-

El portavoz de Ciudadanos en el Congreso, Juan Carlos Girauta, afirmó este lunes que Ciudadanos prefiere negociar con el PSOE antes que hacerlo con VOX. Este fin de semana, además, declararon que no contemplan entrar “en el gobierno partidos extremistas”, en referencia a la formación de Santiago Abascal en Andalucía. “Hemos dejado claro que queremos un frente constitucionalista, y esa es nuestra línea roja”, afirmaban. A las líneas rojas de los naranjas vamos a tener que denominarlas líneas rojas movedizas porque sabemos dónde están hoy, pero nadie se atrevería a apostar dónde se encontrarán mañana porque ya ni se ven señales de las de ayer. El ejemplo más reciente está relacionado con la extremista TV3 y con los radicales partidos separatistas catalanes a los que Albert Rivera llama golpistas al tiempo que se sienta a negociar con ellos un sillón en el Consejo de Gobierno de la Corporación Catalana de Medios Audiovisuales (CCMA), el órgano encargado de la gestión del citado medio.

Esa línea roja les había llevado hace medio año a pedir al Gobierno de Mariano Rajoy que prolongase el artículo 155 de la Constitución española para hacerlo efectivo también sobre TV3. La cadena no se intervino y ahora ellos se sientan en su Consejo. Tampoco ha pasado un año desde que Girauta se sentó a negociar con Irene Montero para pactar con Podemos una reforma de la ley electoral a la que esperaban sumar al PSOE. Tras aquel acuerdo ambos portavoces parlamentarios coincidieron en que mantendrían abiertos canales de coordinación sin líneas rojas. Con sus actos y estrategias, los naranjas han versionado la frase que pronunció Groucho Marx en la película Sopa de ganso: “Estos son hoy mis principios, pero cuando nos venga bien tendremos otros”. Porque este cordón sanitario es la manera que tiene la formación de Rivera de calcular los votos que le puede robar al PSOE.

Son muchos los que dicen que Ciudadanos es un partido de derechas –o hasta– de extrema derecha. Pero los resultados de las últimas citas electorales demuestran que su caladero de votos está en el centro izquierda, un lugar que quita votantes tanto al PP como a los socialistas, quienes a su vez están recuperando a muchos de los electores que se habían marchado a Podemos. Por lo que, en definitiva, lo que consiguen es frenar algo la sangría, todo lo contrario que los de Pablo Casado, éstos caen en picado perdiendo los votantes porque la derecha se está marchando a VOX y la izquierda a Ciudadanos. Por eso la línea roja de los naranjas se ha desplazado esta vez hacia la izquierda, que es donde más votos pueden conseguir, ocupando la franja que ocupaba el PSOE antes de que se podemizara.

Es evidente que a sus votantes les gusta esta estrategia electoral porque les está funcionando de una forma espectacular. Sus electores entienden que todo vale con tal de luchar contra el bipartidismo al que culpan de todos los males de España, y no están muy ideologizados, más que en cuestiones básicas, como la lucha contra la corrupción y la defensa de la Constitución. En todo lo demás consienten que se pacte hoy con quienes ayer dijeron que jamás lo harían.

De esta manera Ciudadanos se puede llegar a convertir en un PSOE 2.0, unos socialistas leales a España y sin las mochilas cargadas de casos de corrupción y de traiciones como las del golpista Indalecio Prieto, las del Lenin español, Largo Caballero, las del José Luís Zapatero de la Ley de Memoria Histórica y del Estatuto de Cataluña o las de éste presidente Cum Fraude que ha vendido España a los golpistas, los filoterroristas y los comunistas bolivarianos, a cambio sólo de que le dejen usar el ‘Falcon’. Sería una fantástica mejora.

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Ladran luego… son perros. -Liberal Enfurruñada/OK Diario-

En una columna de opinión El País se ha inventado que en El Ejido no hay librerías —cuando la verdad es que existen varias y hasta un Corte Inglés— para acusar a su población de analfabeta por haberse atrevido a votar al que ellos llaman ultraderechista VOX. Al independentista Andreu Buenafuente tampoco le ha gustado lo que votaron los andaluces y por eso los llamó “cerdos” y se mofó de su forma de hablar en el programa que todavía le emite Movistar+. Una reportera y un cámara de televisión han ido gravando por las calles de Marinaleda para identificar a los 44 ciudadanos que habían osado votar a VOX en las elecciones autonómicas. Son sólo tres ejemplos de lo que está haciendo una buena parte de la prensa española, insultando a los votantes de VOX como no insultan ni a los de los partidos golpistas, ni a los de los filoetarras, ni a los de los comunistas bolivarianos.

Hasta que se escrutaron las papeletas de las elecciones andaluzas, VOX era prácticamente ignorado por todos esos medios de comunicación que ahora no paran de ofenderlos. Pero desde que al día siguiente de dicho escrutinio Pablo Iglesias se puso delante de las cámaras de televisión llamando a sus huestes a una movilización “antifascista” para frenar el avance de la “extrema derecha”, la violencia física ha hecho arder las calles y la violencia verbal ha inundado las redacciones de la misma prensa que lleva años blanqueándolo a él y a sus socios. La realidad es que VOX no es ni facista ni extrema derecha y que los podemitas sí son comunistas bolivarianos, pero los mismos medios que abalan y blanquean a los antidemócratas de extrema izquierda, a los golpistas catalanes y a los amigos de los etarras vascos, pretenden criminalizar a los demócratas de derechas.

Son como aquel pintor que está pintando un techo al que de pronto le quitan la escalera y se queda “colgado de la brocha”. Pero aún no se han dado cuenta de que ya no tienen escalera, no tienen credibilidad pero ellos siguen agarrados a su brocha porque no saben hacer otra cosa. Los resultados de las elecciones andaluzas han demostrado que su influencia sobre el voto de la gente es completamente nula. Más bien al contrario, cuanto más insultan a sus votantes más crece la expectativa de voto de VOX. Cuanto más les señalan como antidemócratas, inconstitucionales y fascistas, mintiendo, más simpatías recogen de todos aquellos que piensan que si tanto les insulta una prensa tan desprestigiada, algo bueno deben de tener y se acercan para comprobarlo por sí mismos, sin dejar que nadie les engañe.

Dicen que fue el poeta nicaragüense Rubén Darío el que atribuyó la frase “ladran, luego cabalgamos” a un tal Sancho, lo que a muchos hizo pensar erróneamente en el personaje de El Quijote. La idea es original del poeta alemán Goethe, quien la introdujo en su poema ‘Ladrador’ en 1808 diciendo: “Pero sus estridentes ladridos sólo son señal de que cabalgamos”. Los perros son animales mucho más nobles y honestos que todos estos pseudoperiodistas de los que os hablo, así que hay que disculparse con ellos antes de compararlos. Pero cuando los perros ladran demuestran dos cosas a la vez, la primera es que cabalgamos delante de ellos, que avanzamos más de lo que pueden hacer ellos, que se van quedando detrás. Y la segunda es que simplemente son perros encerrados que sólo nos pueden ladrar cuando nos vamos. Los ciudadanos españoles avanzan en su lucha contra los golpistas, la extrema izquierda y los filoetarras, mientras que los perros… sólo ladran.

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De inevitable a inaplazable -Hermann Tertsch/ABC-

“A estas alturas no hay formas intermedias. La desprogramación de la secta separatista debe hacerse de un modo activo, con un 155”. Estas sabias palabras de Albert Boadella, un catalán que anunció la catástrofe desde que su lucidez vio los preparativos, son una vez más rotundamente ciertas. Pero se queda corto con la receta porque es probable que el 155 ya no sea suficiente para acabar con lo que se debió acabar desde hace lustros ya todos los días. Como todos los días aumenta el coste de una intervención para restablecer la ley.

Quienes hoy pretendan que la vuelta a la legalidad pasa por la negociación con las fuerzas separatistas o no se enteran o creen beneficiarse de la falta de normalidad. O directamente pretende ayudar al golpismo antiespañol como los comunistas de Podemos, para los que todo éxito propio pasa por el desmembramiento de la nación. La cúpula golpista de la Generalidad es irrecuperable para la legalidad. El restablecimiento de la ley en Cataluña es imprescindible para que toda España pueda dedicar sus energías, su tiempo y su dinero a sus grandes objetivos de desarrollo. Tendrá que imponerse con la intervención de la fuerza legítima del Estado ante la abierta rebelión de las autoridades regionales. Esta vez con la contundencia necesaria que no hubo en la fracasada aplicación del 155 por el Gobierno de Mariano Rajoy.

El miedo al conflicto de aquel Gobierno ha tenido efectos catastróficos para España, y no solo en Cataluña. Porque más allá del descrédito del Estado que causó su fallida intervención del pasado año, es corresponsable, por su vergonzosa huida, de todos los daños que genera en la actualidad -aumentan a diario- el Gobierno de talante abiertamente macarra que preside el falso doctor Sánchez. Que lleva a cabo el más inaudito desmantelamiento de las defensas del Estado que pueda concebirse. Si al actual Gobierno lo caracterizan su mala fe y su desprecio a los intereses de los españoles, al anterior se le recordará por su justificada mala conciencia y una cobardía de altísimo coste que lamentablemente no pagan quienes debieran.

Así las cosas y tal como se aceleran los planes de un nuevo intento de insurrección, es muy posible que sea precisamente Sánchez, que gobierna gracias al golpismo y demás implicados en el intento de destrucción del Estado, quien tenga que dar la orden de suspender la autonomía en Cataluña y restablecer la ley y el orden público, ambos hoy inexistentes. O quedar expuesto ya definitivamente como uno más de los enemigos de la España de la monarquía parlamentaria. La intervención contará con el aplauso de la mayoría de los españoles, incluidos los catalanes, pero también con la feroz y previsiblemente violenta oposición de la secta fanática de que habla Boadella. Sánchez intenta aún proteger y no enfrentarse a sus socios de aventura. Pero toda España, cada vez más alerta y más dispuesta a exteriorizar su voluntad de defensa de la nación, sabe que lo inevitable ya se hace inaplazable.

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Alerta anticomunista -Emilio Campmany/LD-

Que Pablo Iglesias decrete una “alerta antifascista” porque Vox haya obtenido 12 escaños en las elecciones andaluzas es normal. La querencia de este sicofante de ideas totalitarias al lenguaje y los modos de los años treinta no es cosa ya que maraville. Lo que sobresalta es que la práctica totalidad de los medios haya secundado la alerta aceptando la premisa de que Vox es un partido antidemocrático.

Una de las acusaciones que arrojan sobre Vox es que se opone a la inmigración ilegal. Todos, partidos políticos y medios de comunicación, deberían oponerse a ella, aunque sólo fuera porque, como su propia denominación indica, es “ilegal”. Pero, además, lo que hay detrás es el crimen organizado: mafias que venden el pasaje a Europa y empresarios desaprensivos que ocupan a los inmigrantes en el tráfico de copias piratas, en empleos ocultos al fisco y a la Seguridad Social, en la prostitución y demás. Y esos negocios son posibles porque nuestros políticos brindan a los inmigrantes ilegales la protección social que las mafias venden en origen y de la que se aprovechan quienes los explotan. ¿Oponerse a que los criminales se enriquezcan gracias a la protección social que el Estado otorga a los inmigrantes y que se financia con nuestros impuestos es antidemocrático? No digo que no haya argumentos para defender que quienes logren entrar ilegalmente en España merecen ser protegidos. Pero también los hay, y muy poderosos, en contra. Y son tan legítimos como los otros.

También acusan a Vox de ser anticonstitucional y lo comparan, no ya con Podemos, sino con los golpistas catalanes, pues, si éstos trataron de volar la Constitución decretando la independencia de Cataluña, los de Vox pretenden otro tanto liquidando las autonomías. Vox no quiere incumplir la Constitución. Al contrario. Pretende que todos, incluidos los independentistas catalanes, la cumplamos. Como casi todos los partidos, además quiere reformarla. El pecado que no le perdonan es que su propuesta, la de liquidar las autonomías, vaya en el sentido contrario a las de los demás. Como si la España confederal que proponen PSOE y Podemos tenga que ser más democrática que la España centralista que defiende Vox.

No obstante, el problema no es que nacionalistas, podemitas y socialistas tachen de antidemocrático a Vox sin serlo. Lo inquietante es que la mayoría de los medios se unan al vocerío incumpliendo su obligación de informar. Si quieren defender la inmigración ilegal y el Estado de las Autonomías, pueden hacerlo con los argumentos que encuentren, que cada vez son menos. Lo que no pueden hacer es tachar de antidemocráticas las propuestas de combatir a una y liquidar al otro porque no lo son. Mucho más cuando encubren a la vez a comunistas confesos, disfrazándolos de socialdemócratas, y aceptan mansamente que Iglesias pretenda antidemocráticamente ganar en la calle y con violencia lo que perdió en las urnas.

Si la democracia española está en peligro no es por los ataques que pueda recibir desde la derecha. El peligro procede de la izquierda. No sólo porque los comunistas jamás han sido demócratas, sino sobre todo porque los socialistas se están dejando colonizar por aquéllos. Y la mayoría de la prensa no denuncia ninguna de las dos cosas. Si hay que decretar algo, es una alerta anticomunista.

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La rebelión de Vox. -Cristina Losada/LD-

Un día habrá que hablar de la literatura de las irrupciones. Porque es ya un hábito que a la aparición de un nuevo partido se reaccione no con el ánimo de entender el fenómeno, sino con un chorro de (por lo general, mala) literatura. Cuando irrumpió Podemos, en las europeas de 2014, el chorro fue encomiástico. Ay, aquellos profes de Políticas, qué listos eran. Y su llegada a la arena política expresaba, por supuesto, la justa y santa indignación de los españoles con los políticos, con la corrupción y con la crisis. Ahora, con la entrada de Vox en el Parlamento andaluz, en lugar de chorro hay un chorreo.

Si uno lee la literatura alarmista, y es inevitable porque está por todas partes, se imagina que ahora mismo hay bandas de camisas pardas alborotando las ciudades andaluzas, incendiando cosas y amenazando a los vecinos de los barrios que votan a la izquierda. Y que, pronto, esos cafres estarán por toda España. La realidad, sin embargo, es que las pandillas que han salido a las calles en Andalucía fueron convocadas por Podemos e Izquierda Unida para amenazar a los que votaron a Vox. La realidad es que, fuera del ámbito andaluz, las acciones políticas coactivas y violentas más frecuentes son las de separatistas catalanes contra catalanes no separatistas. Y las que siguen protagonizando los herederos de ETA en el País Vasco: acaban de darle una paliza a un estudiante en Vitoria. Pero nada de esto es tan grave como lo de Vox porque los partidos que fomentan o consienten aquellos actos son perfectamente constitucionales. Desde ERC hasta Bildu, pasando por los de Quim Torra. Todos, Podemos el que más, son constitucionalistas sin tacha, según el PSOE.

La peligrosa payasada de la alerta antifascista que han hecho sonar los que no esperaban tal varapalo en las elecciones andaluzas testimonia la voluntad, no sólo de tapar el fracaso, sino de abrir un ciclo de histeria política y mediática –uno más– que recuerda al que hubo después de la victoria de Trump en los Estados Unidos. Por cierto: a Trump se le endosó la etiqueta fascista. Y también: la histeria no desanimó, sino que reafirmó a sus votantes. Pero sería ingenuo pensar que los que ponen en marcha los ciclos histéricos quieren convencer al votante equivocado de que reconsidere su opción. Pretenden, más bien, reafirmar a sus propios votantes y reenganchar a los que perdieron instalando la batalla política en la lucha del Bien contra el Mal. El universo maniqueo de siempre. De modo que el pronóstico es que va a haber histeria para rato con Vox. Y que eso le irá bien a Vox.

A Vox le irá bien porque una de sus vías de crecimiento la han abierto los que han ido cegando, histéricamente, las posibilidades de expresión e influencia ideológicas de los conservadores en España. Vox lleva, en lo económico, un programa de corte liberal, pero en materia de valores sus propuestas son conservadoras. En eso se diferencia en grados del PP, aunque no sólo. Hay que recordar que Vox es una escisión del PP cuyo motivo más decisivo radica en el abandono de principios o esencias que, en otro tiempo, encarnaba el gran partido del centroderecha español. Así se percibe, al menos, y eso es lo que cuenta. Pero hay más. Porque Vox, en donde muchos ven tics y tonos autoritarios, representa paradójicamente la rebelión contra un autoritarismo: el de la corrección política. Es un autoritarismo que no se reconoce como tal pero lo es. Impone en la vida pública y en la privada una serie de creencias y valores y, lo que es más relevante en nuestro caso, proscribe absolutamente otros. Creo que fue Mark Lilla, que no es un conservador, quien hace años escribió que aquellas imposiciones, entonces circunscritas a las universidades norteamericanas, eran una forma de “totalitarismo blando”.

En España, la corrección política tiene sus prescripciones y prohibiciones específicas. No son de ahora. En esas tablas del bien y del mal, ser de derechas o conservador es un estigma. Lo es desde la Transición. Ser español es un pecado. O un defecto. O una vergüenza. Para la izquierda existente, insistir en la españolidad –o en la Hispanidad– es síntoma claro de derechismo y nostalgia franquista. (Lo siento por la gente de izquierdas que ha intentado y aún intenta construir un partido de izquierdas libre de ese complejo, pero es lo que hay). A esas manchas o impurezas se han añadido otras. Hoy, no estar con el feminismo radical es un crimen. Y plantear que se frene la inmigración irregular es fascista, cuando no nazi. ¿Cómo extrañarse de que crezca un partido como Vox, que hace gala de combatir los dictados del pensamiento correcto, de decir lo que muchos piensan pero no se atrevían a decir?

Sólo queda constatar que, al cabo del tiempo, se está cumpliendo aquel deseo que formuló Rajoy agriamente en el Congreso de Valencia hace diez años. Los liberales ya tienen otro partido al que irse (Ciudadanos) y los conservadores o liberalconservadores acaban de encontrar otro: Vox.

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La verdad no mancha los labios de quien la dice,sino la conciencia de quien la oculta.

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lmelgarejolozano

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