El lastre del rajoyismo -Emilio Campmany/LD-

Desde un punto de vista programático, el PP se parece cada vez más a Vox. La única diferencia apreciable está en el inequívoco europeísmo del PP frente al relativo euroescepticismo de Vox. No tiene nada de particular, ya que Vox, lejos de ser el partido de extrema derecha que dicen, no es más que una suerte de PP auténtico nacido al socaire de los incumplimientos de Rajoy. Momento cumbre de esa descafeinización que sufrió el PP fue aquél en el que el anterior presidente del partido expulsó a liberales y conservadores. Idos éstos, tras la renuncia a su ideario liberal-conservador, ¿qué PP quedó? Quedó el rajoyismo, una mezcla de gramática parda y socarronería provinciana argamasada con galleguismo de sainete, servil y complaciente con el ideario de la izquierda.

De forma que el problema de Casado consiste en convencer a los electores del PP de que el Partido Popular de siempre ha vuelto. Por eso los programas de Vox y PP se parecen tanto. Hacer un programa con las ideas de siempre del PP es fácil, pero para ganar no es suficiente. Hay que conseguir que los potenciales votantes crean que se aplicará si se gobierna. Para que lo hagan no basta decir que se cumplirán las viejas promesas que dieron a Rajoy la mayoría absoluta. Hay que demostrarlo. Y, mientras no se gobierne, la única forma de hacerlo es renegando de Rajoy, de sus colaboradores y de su herencia. Mucho más cuando el que pretende ser creído es uno de esos ayudantes cómplices. Mientras esto no se haga, el PP seguirá siendo incapaz de recuperar su fuerza.

Si el programa de Casado fuera creíble, Vox sería innecesario y Ciudadanos se vería empujado hacia la izquierda. No sucede tal porque una parte considerable de los potenciales votantes del PP no se cree lo que Casado dice. Y es normal que no lo haga mientras en las listas aparezcan hombres y mujeres de Rajoy, que en el Ejecutivo, en el Legislativo y hasta en la prensa callaron mientras Rajoy se ciscaba en las ideas que ahora dicen defender.

Hay quien opina que una campaña electoral no es momento para renegar de los tuyos. Eso será en condiciones normales. En éstas, tras haber abandonado de modo flagrante el PP a sus votantes, es más necesario que nunca, si se quiere tener alguna credibilidad defendiendo las viejas ideas una y otra vez traicionadas en el altar laico de la izquierda. Mucho más cuando quien dirige el PP es uno de los muchos que callaron, cuando no justificaron, las groseras traiciones del jefe. Puede que Casado tuviera que hacerlo para sobrevivir y tener ahora la oportunidad de rescatar al PP. Pero, si quiere que lo crean, lo único que puede quedar de Rajoy en el partido es él mismo. Los demás, a la calle.

Como no lo ha hecho, Vox sigue atrayendo a muchos de sus votantes. Y por eso el futuro de Casado es más incierto e inseguro que el reinado de Witiza.

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Eduardo Inda es la excusa de Pablo Iglesias. -Liberal Enfurruñada/OK Diario-

Podemos va cuesta abajo en todas las encuestas, tanto que ahora mismo firmarían sin dudar el 10% que consiguió Julio Anguita en los años 90. No levantan cabeza porque lo han hecho todo tan mal que ni siquiera pueden hacer campaña electoral basándose en su desastrosa gestión y no han encontrado más alternativa que llorar como Magdalenas acusando a lo que ellos denominan las “cloacas” del Estado, de todos sus males. Pero este mensaje victimista tampoco se lo compra ya nada más que la desprestigiada prensa afín y los cientos de trols que tienen a sueldo para difundir sus matracas en las redes sociales. Porque lo que no pueden es reconocer que el responsable de su debacle se llama Pablo Iglesias Turrión.

En realidad, el pequeño éxito de la formación morada hasta 2016 no fue por méritos propios, sino que se explica exclusivamente por la desastrosa gestión que tanto PSOE como PP hicieron de la crisis, los unos mandando al paro a 4 millones de españoles y los otros subiendo los impuestos hasta acabar de empobrecer a los afortunados que conservaban unos trabajos que no daban para llegar a fin de mes. Y ambos enfangados hasta las cejas por decenas de casos de corrupción que, si en cualquier momento habrían resultado imperdonables, en plena crisis y con lo mal que lo estaban pasando los sufridos votantes, fueron demoledores. Una buena parte de la España indignada, la menos informada, confió en Podemos, pese a que ya entonces había pruebas de que eran aún más peligrosos que los otros partidos. Pero como nadie escarmienta en cabeza ajena les dieron una oportunidad que Pablo Iglesias desaprovechó.

Seguramente la puntilla se la dio con el casoplón galapagueño. Sólo algunos de los que cobran del partido siguieron apoyándolo después de que demostrara de una forma tan evidente e irrefutable su falta de coherencia y honestidad personal. Pero esa mansión ha sido solo la lluvia que ha caído sobre campos ya anegados. La suma de comportamientos ultra machistas resultaba ya entonces imposible de tapar. Sus maneras autoritarias y personalistas de gestionar Podemos provocaron que se quedara completamente solo al frente de una formación desprestigiada por su cercanía con golpistas y proetarras. Y sus innegables relaciones con la teocracia iraní y la narcodictadura venezolana resultaron más perjudiciales cuando ya ni siquiera fueron capaces de justificar los desmanes de Nicolás Maduro. Por no hablar de sus candidatas condenadas por asesinato y sus asesoras secuestradoras de niños.

Pero Podemos no es nada sin Pablo Iglesias y éste volverá a ser un simple profesor interino sin la formación morada, así que no les queda más remedio que hundirse juntos. Ante la falta de argumentos para pedir el voto a Iglesias sólo le queda atacar, airado, al periodista que ha destapado todas sus vergüenzas y contra quien ha perdido una tras otra todas las demandas con las que lo intentaba acallar. Eso no le dará votos, sólo le servirá para justificar su derrota. Como no puede negar los millones recibidos de Irán y Venezuela cuando hasta exministros chavistas los confirmaron, ni tampoco desmentir los chats en los que el marqués de Galapagar quería azotar hasta que sangrase a una periodista y romperle la boca a un compañero de partido para demostrar que es el macho alfa, sólo le queda atacar al profesional de la información que hace bien su trabajo y lo cuenta. Verás, Pablo, esto es lo que tiene vivir en democracia. Tu modelo para censurar críticas sólo funciona en dictaduras como Cuba o Venezuela. Si es lo que quieres, cuando hundas a Podemos vete allí, no te vamos a echar de menos.

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El dique está roto -Hermann Tertsch/ABC-

Las cosas ya no son tan fáciles como antes para la jauría mediática de la izquierda en España. Hace muy poco aún podía destruir a cualquier español que les molestara. Con dos medias verdades y un par de programas de burlas en televisión repicadas en radios y comentarios de sus amanuenses en prensa se mataba civilmente a cualquier discrepante incómodo. Se daba un escarmiento y un aviso al mismo tiempo. Nadie debía atreverse a poner en cuestión las verdades básicas de la hegemonía cultural y política izquierdista en España porque nadie podía vivir con tranquilidad en caso de hacerlo. Se destruían reputación personal, prestigio profesional y acceso a la vida civil y social hasta convertirlo en un marginado o paria.

Hay novedades. Ha fracasado en dos días la burda campaña a la cadena SER, seguida por las demás terminales mediáticas izquierdistas, contra un asesor de Santiago Abascal. Lo querían expulsar de la política activa porque hace más de veinte años se vio envuelto en una pelea con comunistas en la Facultad. Como Pablo Iglesias fuera uno de los comunistas creían todo hecho. La jauría se ha tenido que envainar la grotesca pretensión de imponer la muerte civil del político de Vox. Muchos le han agradecido el coraje de hacer frente a comunistas que querían en Chile la dictadura de Cuba. De haberlo logrado hoy Chile sería una mísera mazmorra de terror y hambre como Venezuela o Cuba y no la democracia floreciente que es.

Aquí, jefes de la jauría mediática como García Ferreras anuncian compungidos que han descubierto a un miembro de Vox que fue de ultraderecha hace veinte años y a continuación reciben con veneración a su «maestro» Jorge Vertrynge, que fue un notorio neonazi hiperactivo. Aquí se acosa hasta en sus hogares a policías jubilados que defendieron a los españoles del terrorismo hace medio siglo, pero se celebran homenajes a terroristas que asesinaban hace muy poco. Ferreras celebra los sabios consejos y análisis legales del chileno Gonzalo Boyé, condenado por el secuestro de Emiliano Revilla con ETA y hoy abogado de separatistas. Asesinos del FRAP y el Grapo son héroes del progresismo, pero honrar a José Calvo Sotelo o Ramiro de Maeztu es un grave acto franquista intolerable.

Una buena noticia: esto va a cambiar. La inesperada irrupción en nuestra escena política de unos valientes al grito de Karol Woytila de «No tengáis miedo», ha movido ya, pase lo que pase en las elecciones, montañas enteras en la percepción que tienen millones de españoles de las posibilidades de ejercer su voluntad y su libertad, de articular sus deseos y esperanzas y actuar en consecuencia. Se acabarán las permanentes ofensas impunes. Las pretensiones hegemónicas de la izquierda totalitaria tendrán respuesta. Muchos españoles han perdido el miedo y ya han visto que las cosas sí pueden ser de otra manera. Esto tiene muy confundidos a los profesionales de la intimidación en la izquierda, pero también a los beneficiarios permanentes de la resignación en esos y otros lares. Por eso llegan a los españoles esos preocupados consejos a no hacer lo que desean y lo que les ilusiona. Que les indican que tienen que volver a hacer lo que no quieren hacer, aunque solo sea para evitar después una represalia o «un mal mayor», dicen. Como a los niños y a los animales, se les conmina a reprimir su voluntad para someterse al criterio superior de quienes mandan. Se equivocan quienes apelan al miedo porque el dique está abierto. Los españoles no quieren consejos, no quieren órdenes, no quieren doctrina, quieren representación. Quieren que su voluntad y sus intereses sean representados y defendidos como no lo han sido. Esa es la inmensa nueva.

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Cuentos que se pagan. -Hermann Tertsch/ABC-

Todos saben que es mentira. Que no fueron un puñado de camellos confidentes de la Policía los que cambiaron radicalmente la historia de España el 11 de marzo de 2004. Todos saben que no eran ocho «pirados» marroquíes con unos cuantos desgarramantas de la pequeña delincuencia los que coordinaron en la perfección una cadena de atentados que tenían que helar el corazón y lo hicieron de una nación milenaria como la española. Unos chorizos descerebrados no ejecutan con ese virtuosismo de organización y desarrollo un atentado perfecto en su terrorífica eficacia. Toda España sabe que es mentira. Pero no se dice.

Porque, quince años después, si hay algo firme en España es el tabú oficial que condena radicalmente todo cuestionamiento de la versión más inverosímil sobre el 11-M que es la oficial. Por lo que firme es aun hoy la voluntad de destruir profesional y personalmente a quien diga lo que todos saben: que se quiso cambiar la historia de España con aquella matanza y que se consiguió. Que se quiso hacer volver a España a la senda de la división, la debilidad exterior e interior y el fracaso político y se logró. Que se decidió crear de forma traumática unas condiciones para acabar con el régimen constitucional de la Transición de 1978 y la Reconciliación Nacional y se hizo. Desde entonces todo ha ido en la misma dirección. Mariano Rajoy obtuvo una mayoría absoluta para impedirlo. Pero esa historia de abismal cobardía y fracaso es otro cantar.

Hoy vemos triunfar posiciones políticas y personales de quienes no habrían sido nada ni nadie sin aquello. Vemos el bienestar material de muchos que sin el 11-M habrían sido menos que nada en sus partidos, academias, facultades y garitos diversos. Si Zapatero pierde aquellas elecciones habría acabado probablemente de abogado en el turno de oficio en León y no de agente internacional del narcotirano Nicolás Maduro con gran casoplón ya en Aravaca. Sin Zapatero, Cataluña no habría delirado de la forma en que lo hizo cuando se le dijo que las leyes no importaban. Ternera estaría en la cárcel, ETA no compartiría con el PNV el maná tributario del Concierto y sin las campañas de revancha la guerra civil no habría estallado en tantos corazones y cabezas y el odio no se habría desparramado por las calles de las ciudades españolas. Al menos no tan brutalmente. Sin Zapatero, no habría un partido leninista de 70 diputados, ni Pablo Iglesias tendría mansión en la Navata. Pedro Sánchez estaría, lógicamente, en el paro de larga duración. Los partidos terroristas estarían ilegalizados y no podrían ser socios del gobierno.

Ayer, el ministro del interior, Fernando Grande-Marlaska, felicitaba en la radio, quince años después, a las fuerzas de seguridad por su investigación del atentado del 11-M. Dice que «llegó hasta el fondo». «Sustancialmente se sabe toda la verdad sobre los atentados del 11-M». Quien tenga dudas al respecto es un Villarejo que solo merece desprecio. La inmensa mayoría de los periodistas han asumido esa versión. No están los tiempos para audacias. Políticos y medios toman por imbécil a la ciudadanía. Grande-Marlaska, un juez respetable hasta que entró al gabinete de los horrores, está feliz con la investigación del 11-M. Como el juez Bermúdez en cuanto supo de su propio éxito. Y toda la tropa del consenso aplaude esta inmensa farsa que solo genera falsedad. Porque el 11-M es la otra gran traición de los españoles a su convicción con la mentira antifranquista. Esa que reza que los españoles eran demócratas reprimidos por Franco y tres curas y tres militares. Y la izquierda era la resistencia demócrata y civilizada. Y que la república fue decente y además funcionó. En fin, cuentos que se pagan.

 

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Feminismo Munchausen -Santiago Navajas/LD-

¿Qué tienen que ver Andrea Dworkin y Carmen Calvo? Son célebres feministas. La primera, teórica; la segunda, política. También se parecen en que van de sufridoras profesionales y han hecho de su feminismo una de las infinitas maneras del victimismo subvencionado. Carmen Calvo, profesora de Derecho Constitucional y vicepresidenta del Gobierno, cree que “(las mujeres) pagamos un dramático peaje por ser mujeres”. Que eso lo diga una heredera de aquellos socialistas que persiguieron a la política feminista liberal Clara Campoamor es significativo del grado de hipocresía del feminismo filisteo. Esto puede parecer una generalización exagerada pero tenga en cuenta que Calvo, una intelectual académica, ha leído lo que Dworkin sentenció sobre la situación de las mujeres:

“Bajo el patriarcado, el hijo de cada mujer es su potencial traidor y también el inevitable violador y explotador de otra mujer”

Así que, según el principio Dworkin-Calvo, si es usted una mujer seguramente habrá sido asaltada por un par de Manadas y si es un hombre mayor de dieciocho años con casi total seguridad habrá violado a un par de mujeres (salvo Pedro Sánchez, claro está y, quizás, Grande Marlaska).

Otra ideóloga del 8M monopolizado por el feminismo radical, Catherine MacKinnon, creía que (en el resumen apropiado que hizo de su pensamiento la investigadora académica del feminismo Daphne Patai):

“En una sociedad patriarcal, todo coito heterosexual es violación puesto que las mujeres como colectivo carecen del poder para otorgar un consentimiento que tenga valor”.

O, dicho de otro modo, que todas las mujeres están alienadas por la sociedad capitalista, así que ni siquiera cuando dicen “sí” quieren decir que sí porque en realidad no saben lo que quieren y son meras marionetas de los hombres que, por definición, son unos violadores. Y, por tanto, el enemigo. Desde otra trinchera del feminismo socialista, Manuela Carmena sostiene que “la violencia está incardinada en el ADN de la masculinidad (…) con un gen de la violencia que ha dominado el mundo.” Por ello Calvo define feminismo como “la lucha conjunta de todas las mujeres para tener las mismas oportunidades y para parar las injusticias y los obstáculos que tenemos”. De este modo, satanizan a todos los hombres incluyendo a la inmensa mayoría que está de acuerdo con el objetivo humanista de la igualdad entre hombres y mujeres. Un objetivo que defendieron filósofos como Platón en la República y John Stuart Mill en El sometimiento de las mujeres. Cuando termine de leer Manual de resistencia, Carmen Calvo debería intentar leerlos.

Para la dupla Dworkin-MacKinnon lo importante no era conseguir la igualdad entre hombres y mujeres por la sencilla razón de que en una democracia liberal esa igualdad siempre sería, para su radicalismo de extrema izquierda, una engañifa. Por ello de lo que se trata es de quejarse por lo que sea. Aunque España sea un país que destaca como uno de los países más feministas del mundo según todos los índices internacionales, para una feminista radical como Carmen Calvo siempre será un país estructuralmente idéntico a, pongamos, Arabia Saudí. Por ello, de lo que se trata es de erosionar al máximo lo que es, desde su perspectiva de feminismo socialista, el enemigo público número 1 de las mujeres: el Estado de Derecho y la economía de mercado, instituciones ambas basadas en la libertad individual, la espontaneidad social y la sociedad abierta. Por ello introducen medidas iliberales al estilo de la asimetría penal, las cuotas de género, el lenguaje inclusivo y la obligatoriedad de los permisos de paternidad. Como no pudieron derrotar al liberalismo desde fuera, con el comunismo, tratan de corroerlo desde dentro, con el feminismo de género.

El síndrome Munchausen es una dolencia mental caracterizada por autoinfligirse heridas y daños corporales para causar pena y pedir atención. Como analogía, y respetando a los que realmente sufren la enfermedad, sirve como explicación de lo que trata de hacer el feminismo socialista contemporáneo. Carmen Calvo y el resto de feministas doctrinarias han convertido el feminismo en un negocio y un privilegio, desvirtuándolo y parasitándolo.

Las elecciones del 28-A serán también, y en tan grande medida como el conflicto entre constitucionalistas, por un lado, y golpistas y terroristas, por otro, una confrontación entre el feminismo liberal y el feminismo Munchausen.

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¡Ya está bien! -Hermann Tertsch/ABC-

EL Rey de España, el Jefe del Estado, habla para la Asociación Mundial de Juristas sobre el imperio del derecho. Todos los medios y políticos se hacen eco emocionado. Todos de acuerdo. Saben que la única alternativa a la supremacía incondicional de la ley es el caos primero y después la guerra. Los españoles deberíamos saberlo todos. Deberíamos. Lo cierto es que, mientras Felipe VI defendía el imperio de la ley, los golpistas juzgados se ciscaban en ella y no solo ellos. Porque los familiares y amigos de un anterior jefe del Estado tenían que tomar acciones inauditas para defender la ley. Abogados advertían en burofaxes a funerarias y obreros que de obedecer ciertas órdenes del actual jefe de Gobierno, incurrirían en un grave delito que podría llevarlos a la cárcel para años. Nadie ha confirmado la inminencia de la acción pero sí los preparativos para incumplir la ley, ignorar al Supremo, asaltar una basílica con su extraterritorialidad, atropellar a los monjes titulares del recinto sagrado, profanar la tumba, sacar al cadáver momificado y llevárselo en contra de la voluntad de la familia del muerto y nadie sabe a dónde. Los medios izquierdistas aseguran que Sánchez está dispuesto en campaña a lo que no hacen ni las tribus más bárbaras en guerra. El innoble espectáculo de la profanación oficial de la tumba de Franco debería asquear y avergonzar a todo español de bien.

Tenemos en España un problema serio a afrontar si no queremos destruir la convivencia para mucho tiempo. Porque es una ya insufrible perversión que ciertos españoles se conviertan en ciudadanos inferiores y públicamente vejados por tener recuerdos y opinión sobre el pasado de España que difieren de lo que pregonan las fuerzas que perdieron la guerra civil. En los pasados 40 años se ha permitido, por cobardía, pereza, codicia, indolencia, intereses bastardos y falsedad, que se impusiera como cuasi oficial una versión falsaria, mezquina, sectaria y tramposa de nuestra historia reciente. Y se ha tolerado que todo el que discrepe pase a sufrir represalias aunque defienda no ya opiniones sino hechos irrebatibles. Así se criminaliza a todo el que no acepta la falsaria mitología de comunistas y socialistas del siglo XX. Quienes saben la verdad callan para no crispar a quienes han impuesto la mentira.

Cierto, es la tumba de un jefe de Estado que no era democrático, era un dictador y tenía enemigos. Y ganó guerras y gobernó mucho tiempo e hizo prosperar a los gobernados y murió en la cama con reconocimiento. No, no es Felipe II. No es la cripta del Escorial la que se quiere profanar. De momento. Porque nadie dude de que, si se transige ante el fanatismo de la ignorancia y la revancha, les llegaría su turno. Se pretende tratar a Franco como si fuera un vulgar genocida cuando es el origen incontestable de la legalidad que nos ha dado 40 años de democracia. Y que se funda en un orden tras una guerra civil trágica cuya principal culpa es de todos, pero si de alguien más, de los perdedores. Ya basta de mentiras. Los programas especiales de televisión se harían mejor en Paracuellos que en el Valle de los Caídos. Franco fusiló menos de 4.000 condenados a muerte en 36 años. Habría algún inocente, pero pocos. Y a muchos culpables les conmutó penas y los trató al final con injusta deferencia. Son menos de la mitad de los inocentes fusilados por Lluis Companys. Y menos de la mitad de los inocentes asesinados por PSOE y PCE en Madrid en las semanas del otoño de 1936. Ya está bien de callar para no crispar con la verdad cuando quien está enfrente no hace otra cosa con la mentira.

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Se rompió el corral -Hermann Tertsch/ABC-

Es indudable que sectores de la izquierda han entrado en pánico ante la evidencia de que surge, por primera vez en cuarenta años, una oposición real y firme a su hegemonía cultural y a su pretensión monopolizadora de la interpretación del pasado y de guía ideológica del presente. Pasa ya en otros sitios. Pero en España es especial. Por ello, ya recurren a la violencia, llaman a la «alerta antifascista», a manifestaciones y acosos, agreden a miembros del nuevo partido herético y amenazan de muerte a sus dirigentes. No pasa un día sin agresiones al partido intruso. Si fueran contra otros serían objeto de rotundas condenas. Silencio general. Eso sí, no pasa un día sin que, desde los comunistas venezolanos a los separatistas vascos, pasando por el jefe de Gobierno español, sus socio golpistas o hasta todo un presidente Macron, adviertan sobre el peligro terrible que suponen los diariamente agredidos.

Eso no es nada nuevo. España tiene larga experiencia de la violencia que unos practican y otros critican con la boca pequeña. Algunos se extrañan aun ahora por esta unión de intereses en torno al socialista Pedro Sánchez de comunistas, filoterrroristas de Bildu, simples antiespañoles como el PNV y el popurrí de golpistas catalanes las CUP y CDR filoetarras. La mayoría de estas fuerzas siempre han trabajado más o menos juntas, de una u otra forma, en la destrucción de la España unida y constitucional. La quieren hacer desaparecer porque su propia existencia es un recordatorio permanente de su terrible y sangriento fracaso, allá en las lejanías de la II República a las que siempre se remontan. Y es el resultado feliz de la voluntad de reconciliación de los españoles gracias a la prosperidad, la transformación y estabilidad logradas en el franquismo.

Porque el nuevo régimen de libertades, con todas sus limitaciones e imperfecciones, es una democracia que nada tiene que ver con aquel régimen fracasado y secuestrado por la voluntad totalitaria. Los españoles deben mucho más su libertad al régimen franquista que creó las condiciones para la misma que a quienes mantienen de referente el régimen anterior a la guerra que solo generó miseria, terror y desgracia. Por eso ellos pretenden que España les debe algo por su derrota: su desaparición. El revanchismo de Zapatero que dinamitó la razonable convivencia política es de este siglo. Pero la mentira antifranquista se implantó en la Transición. Y sirvió para imponer, sin oposición por la cobarde y egoísta dejación de quienes debieron ejercerla, esa supremacía ideológica y cultural de la izquierda que llaman consenso y que impone estas leyes ideológicas enemigas de la libertad y del sentido común. Con su colapso cunde el pánico. Veremos cosas curiosas ahora que los guardianes intentan cerrar como sea, intimidación masiva, mentiras, amenazas y violencia incluida, el corral del consenso que se ha roto. Los mercenarios del pastoreo están histéricos. Parte del rebaño está asustado. Pero otros, cada vez más, han perdido el miedo y empiezan a disfrutar con la verdad y la libertad.

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Los muy volubles principios políticos de Ciudadanos -Ramón Pérez-Maura/ABC-

¿Qué tiene que ocurrir para que Albert Rivera exija la inmediata expulsión del PDECat del Grupo ALDE?

Estos días se ha comentado mucho la distante actitud de Ciudadanos en Andalucía, donde quiere hacerse con su cuota de poder sin «mancharse» con el respaldo de los casi 400.000 andaluces que sufragaron por Vox. Este juego de Ciudadanos ya lo hemos visto antes, porque su victoria histórica en Cataluña se tradujo en no molestarse ni en presentar la candidatura de Inés Arrimadas en el Parlamento, ratificando así que la verdadera victoria seguía siendo la de siempre: la de los catalanistas que ahora buscan abiertamente destruir España.

Veo ahora otro ejemplo verdaderamente notorio de la doblez de Ciudadanos, esta vez en el Parlamento Europeo. Ya hemos comentado en esta columna alguna vez la libertad con la que sigue actuando en el grupo liberal europeo el PDECat, a pesar de que en el mismo se sienta también Ciudadanos. Como ocurre con la mayoría de los partidos europeos, éstos tienen dos organizaciones: el partido como tal y el grupo parlamentario en el Parlamento Europeo. Así, hay un Partido de la Alianza de los Liberales y Demócratas por Europa (ALDE) y un Grupo ALDE en el PE. Todos los diputados miembros de partidos del ALDE tienen que sumarse al Grupo ALDE, pero no es necesario ser miembro de una formación integrada en el Partido ALDE para formar parte de su grupo.

Hace cuatro años, Enrique Calvet, eurodiputado superviviente del naufragio de Upyd, y miembro del Grupo ALDE solicitó la expulsión del PDECat del Partido ALDE. Ciudadanos dijo entonces que no era el momento. Ese momento no llegó hasta hace exactamente dos meses, cuando el Partido ALDE se reunió en Madrid y Albert Rivera podía hacerse la foto expulsando al PDECat. Conste, eso sí, que el PDECat no fue expulsado por su racismo, ni por su voluntad de violentar la Constitución Española, ni por su deseo de sacar a Cataluña de la UE -como ocurriría si la independizaran de España. Fueron expulsados por algo mucho más pedestre: sus casos de corrupción.

Veo ahora que Calvet ha tenido que volver a la carga porque ni Ciudadanos ni el propio Partido ALDE ha hecho nada por expulsar al PDECat del Grupo ALDE. lo que sigue otorgando al eurodiputado convergente Ramón Tremosa -pillado ya demasiadas veces en mentiras flagrantes- la condición de coordinador de Economía del Grupo ALDE. Y aliado habitual de los separatistas flamencos.

Cuesta entender qué pretende Ciudadanos con su lenidad ante la presencia en su grupo del Parlamento Europeo del partido creador del mayor problema político de la España de esta hora. ¿Por qué no combaten Rivera y su gente al secesionismo catalán en su grupo parlamentario europeo con el mismo empeño que demuestran en las tribunas españolas? ¿Qué tiene que ocurrir para que Rivera exija la inmediata expulsión del PDECat del Grupo ALDE? ¿Está Albert Rivera esperando a la oportunidad de hacerse otra foto como la del congreso de su partido en Madrid? Pues la realidad es que estamos ya casi en campaña electoral para las elecciones europeas de mayo. Aunque claro, bien pensado, supongo que a Rivera lo que le importa más es hacerse la foto en el último tramo de la campaña sin importarle que el PDECat se haya beneficiado de haber sido miembro del Grupo ALDE durante cinco años. Y créanme si les digo que ser parte de uno de los grandes grupos del Parlamento Europeo es una verdadera sinecura.

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Observaciones desordenadas sobre feminismo. -Hilo twittero de @jmdelalamo –

Creo que el poder que tiene el feminismo de conseguirle votos a VOX es incalculable. En fin. Hilito facha y machirulo con algunas observaciones propias al azar, desordenadas y sin carácter exhaustivo sobre feminismo, machismo, violencia, cosas que creo que deberían cambiar, etc.

No es normal que no pueda haber un debate razonable sobre feminismo. Discutir cualquier asunto sobre feminismo no te convierte en un machista. Lo de usar calificativos (que acaban perdiendo su sentido) para evitar debates está ya muy visto. Este mismo hilo generará esos insultos.

El feminismo no debería permitirse difundir datos incompletos, sesgados o engañosos (como el de denuncias falsas) ni vender realidades a medias (como en el asunto de la brecha salarial). Agravar la realidad perjudica a medio plazo al feminismo.

El argumento de que no hay que proteger a los hombres por violencia doméstica porque son minoría serviría, por ejemplo, para no apoyar el matrimonio homosexual porque son minoría. No es serio. Todos iguales ante la ley es todos iguales ante la ley.

La mayoría de los psicópatas asesinos son hombres, sí. Eso no justifica meter a otras personas sin relación alguna en ese grupo solamente por tener pene. Somos individuos independientes por más q se empeñen en inventarse bandos ficticios. Cada uno es responsable solo de sus actos.

Dibujar al hombre como el enemigo y atribuir a todos los hombres determinados defectos o malas intenciones es perfectamente equivalente a la misoginia, es indecente y es una desastrosa estrategia feminista.

No existen ley ni presupuesto que acabe con los psicópatas y los asesinos. Podemos hacer reformas y más reformas y gastar dinero y más dinero y seguirá habiendo violencia. Por suerte, somos uno de los países más seguros del mundo, también en lo que respecta al entorno doméstico.

La educación es importante para la igualdad, para reducir el machismo y la violencia, pero la educación tampoco acabará con los psicópatas. No esperemos milagros.

Si bajan las víctimas por violencia de género dicen que las medidas están funcionando y que hay que gastar más dinero. Si suben las víctimas por violencia de género dicen que la situación es grave y que hay que gastar más dinero. Siempre hay que gastar más dinero. Es un engaño.

Hay demasiada gente viviendo del feminismo. Buena parte de las reivindicaciones feministas surgen de asociaciones (algunas con indudable ánimo de lucro) intentando justificar las subvenciones que reciben.

Las personas mienten. Algunas mujeres mienten. Algunas mujeres se aprovechan de agujeros y de abusos legales para vengarse u obtener beneficios. Seguridad jurídica también es que la palabra de una persona no sea prueba válida y suficiente sin más, sin valorar su credibilidad.

Deberían investigarse y perseguirse todas las denuncias falsas y no solamente una minoría. Las denuncias falsas no quitan ni un ápice de gravedad a las verdaderas, no es necesario inventarse cifras de denuncias falsas.

Comparar el número de víctimas de violencia en el hogar con el número de asesinados por ETA es una soberana estupidez que ofende a la inteligencia (del que la tenga). Además, a menudo es un nada inocente blanqueamiento del terrorismo.

Que un niño juegue con coches o luchadores y una niña con muñecas o cocinas de juguete no tiene nada de malo, como no tiene nada de malo lo contrario. Basta de reivindicaciones y de campañas ridículas, dejemos que los niños elijan lo que les gusta y que sean como quieran ser.

El PSOE intenta hacer una sobreactuada campaña basada en el feminismo para intentar salvar los muebles. No es más que usar a la mujer como mercancía electoral. Es considerar que las mujeres son un rebaño homogéneo perfectamente manipulable. Es ridículo y es una ofensa.

La vicepresidenta del Gobierno es un personaje perjudicial para el feminismo. Barbijaputa es un personaje perjudicial para el feminismo. Las personas que difunden mensajes en la misma línea que ellas son perjudiciales para el feminismo.

Intentar censurar a personas que no tragan con ciertas ideas feministas es una demostración de debilidad. Si tus ideas feministas son tan valiosas y necesarias, seguro que eres capaz de convencer a todos sin censurar a nadie.

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La verdad no mancha los labios de quien la dice,sino la conciencia de quien la oculta.

El Conservador Digital

Porque nos sentimos orgullosos de ser de derechas y decir las cosas claras.

lmelgarejolozano

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Experimento Asch Occidental

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