Fachas y miserables. -Hermann Tertsch/ABC-

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Portentoso doctor Sánchez

El blog de Santiago González

Produce cierto alipori ver que lo que antes sabíamos los nacionales es ahora de conocimiento universal. Todavía estaba fresco en las redes el ridículo del besamanos cuando el disparate protocolario ha saltado a Bruselas. Ayer, con el presidente de la Comisión, el mismo Jean-Claude Juncker cuyo nombramiento rechazó el doctor Plagios, en contra del acuerdo al que habían llegado populares europeos y eurosocialistas para llevar a Juncker a la presidencia de la comisión y al socialista Schulz a la del Parlamento.

Durante la sesión de fotos, los periodistas empezaron a preguntar por lo de negociar en una cárcel y cuando el doctor se esponjaba, Juncker cortó la escena y el discurso; “ven, ven”, le dijo, empujándolo suavemente hacia fuera. El presidente europeo restableció el orden como David, el becario de la Zarzuela que desalojó a los Sánchez Gómez en el palacio de Oriente.

Todo lo que toca Sánchez lo emputece…

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Monedero: ‘La Corona, ¿pa’ cuándo?’ -Liberal Enfurruñada/OK Diario-

El día de la Fiesta Nacional de España, Juan Carlos Monedero dirigió en la jornada inaugural de la Universidad de Otoño de Podemos, un debate llamado ‘La Corona, ¿pa’ cuándo?’ En su conferencia Monedero expuso la idea con la que su partido va a solucionar los grandes problemas de España: abolir la monarquía. Según su planteamiento en España, tenemos cuatro heridas abiertas que constantemente regresan y todas son por culpa de la monarquía. Una ‘herida colonial’ propia del país que fue un imperio y lo perdió, que provoca una relación muy paternal con América Latina y África y nos impide encontrar nuestro espacio internacional. La segunda gran herida es la ‘territorial’ de un país que se construyó por agregación y en el que constantemente emerge la cuestión plurinacional. La tercera es la ‘herida social’ por ser el país más desigual de nuestro entorno con unas tasas de paro descomunales. Y la última herida es la ‘ciudadana’, causada por nuestra condición de súbditos que explica que tengamos tantos políticos corruptos.

Podemos plantea un nuevo proceso constituyente que acabe con la monarquía e instaure la Tercera República para así sanar las cuatro heridas descritas. Según Monedero, la ‘herida colonial’ se cerraría porque una república tendría una relación digna y decente con América Latina y África. La ‘territorial’ se cierra cuando en Cataluña y en La Moncloa gobierne Podemos junto al PSC y ERC, porque para solventar el conflicto en Cataluña necesitamos una República como la del Frente Popular. La ‘herida social’ se cerrará cuando la burguesía parasitaria entienda que tiene que pelear por ser competitiva y no por hacerse amigos de la Casa Real para que el Rey les haga gestiones y así conseguir contratos. Y la herida ciudadana sanará cuando saquemos de nuestra cabeza nuestra condición de súbditos para hacernos responsables de nuestros propios desarrollos. No se puede ser más simple.

Para demostrar lo ridículo de los planteamientos del profesor universitario sólo tenemos que echar la vista unos años atrás y comprobar cómo la Segunda República tan añorada por los podemitas se enfrentó a esas cuatro cuestiones. En cuanto a la herida colonial resulta que la última región que España colonizó fue Sidi Ifni, ocupada militarmente en 1934 durante la Segunda República. En relación con la herida territorial podemos recordar la reacción de la Segunda República a la declaración de independencia de Cataluña, enviando al general Batet a detener a Companys, quien fue encarcelado junto a sus Consejeros, suspendiendo la autonomía de Cataluña. En referencia a la herida social hay que recordar el golpe de Estado que dio el PSOE contra la Segunda República en octubre de 1934, la huelga general revolucionaria que desembocó en el Octubre Rojo, que fue reprimida por el Gobierno republicano recurriendo a las tropas coloniales procedentes de África al mando del coronel Yagüe.

Y finalmente, en relación con la herida ciudadana de la corrupción, tan sólo mencionaremos el famosísimo escándalo del estraperlo que le costó a Lerroux la Presidencia del Consejo de Ministros republicano, por los sobornos cobrados por él y su Partido Republicano Radical. Evidentemente la Segunda República no sirvió para solucionar ningún problema de España sino que, muy al contrario, contribuyó a engrandecerlos. Es algo tan absurdo como pensar que un cambio de traje puede modificar a una persona. Los populistas ofrecen soluciones simples a problemas complejos y Monedero es el más demagogo de todos los populistas. Lo que sí permite una república es que los partidos políticos manejen todavía más poder como, por ejemplo, hace el republicano Nicolás Maduro en Venezuela. Esta monarquía nuestra es infinitamente más democrática de lo que sería cualquier república podemita.

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Vox asusta a los socialdemócratas de todos los partidos. -Liberal Enfurruñada/Ok Diario-

El pasado domingo VOX celebró un acto multitudinario en el Palacio de Vistalegre. En la misma plaza de toros donde Podemos celebró su asamblea fundacional ante 7.000 asistentes, llegando a los 9.000 en su segundo Congreso, el partido de Santiago Abascal ha reunido a más de 13.000 personas, de las que más de 3.000 tuvieron que quedarse fuera al completar el aforo. El último barómetro del CIS otorgó a VOX un porcentaje de intención de voto por encima de PNV, En Marea y Bildu y ya muchas encuestas estiman que podrían obtener entre 1 y 4 escaños, lo que, en un hemiciclo tan fragmentado, los convertiría en un partido influyente en la política nacional. Durante años, gran parte de la prensa ha escondido las noticias de VOX, incluso cuando han sido los que han sentado en el banquillo a la mayoría de los golpistas catalanes, pero ahora que desbordan Vistalegre empiezan a preocupar.

Así El País titula que “La extrema derecha de Vox llena Vistalegre”, El Mundo dice que “Vox llena Vistalegre con un proyecto contra los extranjeros, el independentismo y el feminismo”. Y La Vanguardia señala que “Los ultraderechistas de Vox llenan Vistalegre”. En un país en el que tanto al PP como a Ciudadanos se les llama fachas e incluso unos sectores de Podemos y del PSOE llaman fachas a otros de su mismo partido, el significado de ese término ha quedado reducido a un lenguaje infantil, por eso la prensa lo adorna con otros calificativos como “extrema derecha xenófoba y machista”. Pero, ¿es eso cierto? Analicemos en qué se basan esas acusaciones y veamos cómo de ciertas son.

La Ley Orgánica 4/2000, de los derechos y libertades de los extranjeros, prevé, como no podría ser de otra manera, la expulsión de los inmigrantes que hayan cometido infracciones graves o muy graves a dicha ley, entre las que se concreta “encontrarse irregularmente en territorio español”. VOX pide que se cumpla la Ley y eso debe de ser muy facha. Nuestro Código Penal indica que “son reos de sedición los que… se alcen pública y tumultuariamente para impedir, por la fuerza o fuera de las vías legales, la aplicación de las leyes o a cualquier autoridad… el legítimo ejercicio de sus funciones… o de las resoluciones… judiciales”. VOX pide que los sediciosos sean condenados y eso debe de ser muy facha. Nuestra Constitución indica que “se fundamenta en la indisoluble unidad de la Nación española” y eso también debe ser facha. Y también dice nuestra Carta Magna que “los españoles son iguales ante la ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de… sexo” y eso además de facha debe ser machista y heteropatriarcal.

En el Congreso de los Diputados hay varios partidos políticos que pretenden poner fin a nuestra monarquía parlamentaria e instaurar una tercera república, haciendo gala de la bandera tricolor de la segunda república en sus actos oficiales, bandera que, por cierto, es tan preconstitucional y alegal como la usada durante el franquismo. No obstante que VOX proponga la devolución al Estado de las competencias autonómicas de Educación, Sanidad, Seguridad y Justicia se considera una afrenta inaceptable. Dice Santiago Abascal que “los insultos nos los ponemos como medallas en el pecho”, porque en España por todo te llaman facha: “Que amáis a vuestra patria, xenófobos y fachas. Que la inmigración tiene que controlarse, racistas y fachas. Que les gustan las tradiciones, retrógrados y fachas. Que les molestan los impuestos abusivos, insolidarios y fachas”. Muchos ya hemos perdido el miedo a que nos llamen fachas. Ahora a la derecha liberal y conservadora sólo la representa VOX.

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Un repaso al Gobierno cum fraude. -Liberal Enfurruñada/OK Diario-

Este lunes, la ministra portavoz, Isabel Celaá, ha dicho que el Gobierno sufre una “ola de fake news” procedente de medios de comunicación digitales. Un día antes, la portavoz del PSOE en el Congreso, Adriana Lastra, pidió tenacidad frente al intento de la derecha y de la “basura mediática” de “pervertir” la política del Gobierno de Sánchez. Parece claro que ese es el argumento con el que el Gobierno del doctor cum fraude quiere poner pie en pared para evitar que se les caiga ningún ministro más por las escandalosas noticias que estamos conociendo sobre casi todos ellos; tachar de “fake news” y de “basura mediática” la información que les perjudique al más puro estilo podemita. Merece la pena que hagamos un repaso de esas noticias de las que están hablando.

No han pasado cuatro meses del día que Sánchez anunció el nombre de los ministros que integrarían su ejecutivo y causa sonrojo recordar las alabanzas conque la mayoría recibimos su habilidad para repartir carteras entre personas que parecían medianamente presentables. Aunque la alegría duró poco, ya que a los siete días cayó el ministro de Cultura, Màxim Huerta, tras conocerse que había sido multado por Hacienda por defraudar más de 200.000 euros. Y aunque parezca imposible no ha sido el único en caer, a los tres meses de ser nombrada la ministra de Sanidad, Carmen Montón, tuvo que dimitir por haber plagiado su trabajo de fin de máster. Tenemos que suponer que cuando Sánchez admitió la dimisión de estos dos ministros estaba dando por veraces estas noticias.

Deben referirse a las informaciones publicadas por OKDIARIO que le han hecho merecedor del deshonroso título de doctor Cum Fraude, esas por las que anunció que se iba a querellar aunque ahora no parece muy dispuesto a defender su verdad ante un juez. Pero también es posible que de lo que hablen sea de la información que hemos publicado acerca de esa sociedad patrimonial con la que su ministro de Ciencia, Pedro Duque, se ahorró tramposamente unos impuestos de esos que los socialistas nos quieren subir mucho a todos. O quizá hablan de la noticia que cuenta que su ministra de Industria, Reyes Maroto, ha consignado en su declaración de bienes un plan privado de pensiones como si fuera un seguro de vida, avergonzada por su poca confianza en el sistema público.

O de las conversaciones de su ministra de Justicia, Dolores Delgado, con Baltasar Garzón y el comisario Villarejo, a quienes confesó que en un viaje de trabajo a Cartagena de Indias (Colombia) vio como “una serie de jueces y fiscales españoles terminaron con menores de edad”, cosa que jamás denunció. O de las declaraciones de su ministra de Trabajo, Magdalena Valerio, quien reconoce que “no sé mucho de economía”. O de como la ministra de Hacienda, María Jesús Montero, mintió durante cinco años a la Junta de Andalucía con un falso máster en su currículo y está denunciada por “prevaricación continuada” en la realización de “nombramientos ilegales” en la Sanidad andaluza. O de cómo el multimillonario ministro de Exteriores, Josep Borrell, declaró que “Cataluña es una nación y prefiero a los independentistas presos en libertad condicional”. La lista sigue, pero no creo que necesitéis más ejemplos, aquel Gobierno que tanto os gustó se ha demostrado un fraude de cabo a rabo. Todo lo que toca Sánchez es más falso que una moneda de tres euros. Éstas no son “fake news” y quienes os denunciamos no somos “basura mediática”. Enfrentaros a la verdad poniendo las urnas y dejando que los españoles os digan lo que piensan de vosotros, ministros Cum Fraude.

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¿Hasta dónde llega la mierda? -Luis del Pino/LD-

Harry Gross nació en Nueva York, en el seno de una humilde familia de inmigrantes rusos. En 1940, con 24 años, empezó un negocio de apuestas ilegales que poco a poco comenzó a crecer. A principio de 1941, un policía lo abordó por la calle: “Tú, eres un maricón por saltarte las reglas. ¿Qué haces operando sin permiso?”. Gross le dio al policía un billete de 50$ y le preguntó qué había que hacer para “sacarse el permiso”. Una semana después, el policía volvió con la respuesta: “Te podemos ofrecer protección, pero me preguntan en la división si estás dispuesto a ir hasta el final”. Gross no se lo pensó dos veces: “Por supuesto que sí”.

Durante la siguiente década, Harry Gross estuvo operando sus negocios ilegales en la ciudad de los rascacielos en la más absoluta impunidad, gracias a las mordidas que generosamente repartía. Las investigaciones judiciales posteriores demostraron que llegó a repartir en comisiones para la policía, en un solo año, lo que al cambio de hoy serían unos 13 millones de dólares.

Una escena chusca retrata hasta qué punto los negocios de Gross se habían convertido en una necesidad para la policía neoyorquina: muy al principio de su carrera criminal, Gross se sumió en la bancarrota apostando en partidos de baloncesto y huyó a California. Allí fueron a buscarle dos policías de Nueva York, que le prestaron los 50.000$ que necesitaba para saldar sus deudas inmediatas y le llevaron de vuelta, para que continuara con sus negocios. Sin ellos, el flujo de las comisiones hacia la policía se paraba.

Cuando cayó la red criminal de Harry Gross en 1950, 22 policías fueron condenados y
otros 240 policías y funcionarios de Nueva York dimitieron o fueron despedidos. Entre
los que se vieron forzados a dimitir estaba el propio alcalde de la ciudad, William
O’Dwyer.

La lección que cabe destacar del caso de Harry Gross es que cuando alguien ejecuta una prolongada operación delictiva en la más absoluta impunidad, la explicación más obvia es que quien tendría que poner fin a esas actividades criminales está sacando provecho de las mismas.

Viene esto a cuento, por supuesto, de la red de extorsión que al parecer ha estado operando en este país durante décadas, y en la que juega un papel destacado el comisario Villarejo. Si esa red ha podido operar con total impunidad es porque quien tenía que desmantelarla (es decir, el poder político del que esos mandos policiales dependían) sacaba provecho de la misma, de una u otra manera.

¿Nos estamos refiriendo a dinero? No necesariamente. Si fuera solo dinero, el problema no sería tan grave para nuestra democracia. En realidad, no tenemos que irnos a los años cincuenta del siglo pasado para buscar unos antecedentes mejores al tema de Villarejo. ¿Se acuerdan Vds. de Cambridge Analytica?

Cambridge Analytica era una empresa inglesa que asesoraba en campañas electorales y que se vio obligada a cerrar este año , después de demostrarse que recopiló ilegalmente los datos personales de 87 millones de usuarios de Facebook, aprovechando una brecha de seguridad en el sistema.

Pero no era la única práctica ilegal de esa empresa. Reporteros camuflados de la cadena de televisión británica Channel 4 grabaron a directivos de Cambridge Analytica ofreciendo servicios especiales para influir en las elecciones de Ceilán. Esos servicios especiales incluían sobornos y el uso de prostitutas ucranianas de alto nivel (¿les suena el tema?) para luego chantajear a políticos de la oposición.

Volvamos a la red en la que, según declaración propia, estaba encuadrado Villarejo. ¿Qué beneficio sacaban los responsables políticos que permitieron a Villarejo operar con impunidad durante tantos años? Si es cierto, como él mismo declaraba en la cinta que hemos conocido, que Villarejo montó, entre otras cosas, una empresa de señoritas de compañía para obtener información sobre políticos y empresarios y someterlos potencialmente a extorsión, ¿a quién llegó esa información?

Lo pregunto más claramente: ¿alguien en el PP o el PSOE, o ambos, recibió y utilizó la información recabada por Villarejo de manera ilegal?

Y no es esa la pregunta más inquietante: ¿a quiénes se ha sometido a chantaje estos años, dentro del mundo de la política y de la judicatura? ¿Qué decisiones políticas se han tomado en este país bajo la influencia del chantaje? ¿Qué sentencias o instrucciones judiciales se han visto adulteradas gracias a la información recabada por la red de extorsión? Y algo que me interesa especialmente: ¿operó algún chantaje durante la instrucción del 11-M, para condicionarla?

Me llama mucho la atención que ni Ciudadanos, ni PP, ni Podemos, hayan salido inmediatamente a la palestra a preguntar lo evidente: ¿hasta dónde llega la mierda? ¿Hasta dónde alcanzaba la red de extorsión y para qué se ha venido utilizando en las últimas décadas?

¿Hasta qué punto y desde cuándo nuestra democracia ha sido manipulada por una red mafiosa? Porque esa es la pregunta fundamental, y no de dónde han salido las cintas.

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Prohibido lo malo. -Hermann Tertsch/ABC-

Estén atentos los españoles, porque si este Gobierno no cae pronto, sea por inepto, por tramposo, por mentiroso, por plagiario, por traidor, por cómplice de mafias, por colaborador de golpistas y enemigos de España, puede que se quede. Puede que transforme tanto los métodos de trabajo en nuestro sistema que no podamos, no nos dejen hablar sobre su relevo hasta que las condiciones de miseria, violencia y caos ocupen organismos internacionales. En España asistimos ya a muchos pasos consecuentes que dicta el guión de una toma de las riendas del poder, no solo del Gobierno, sino del sistema, para poder casi excluir la alternancia. De ahí que sean tan alarmantes las palabras de la vicepresidenta Carmen Calvo que anuncian la intención del Gobierno de imponer límites a la libertad de expresión e información. Siempre en defensa de la verdad, faltaría más.

Tras los baratos eufemismos de Calvo, queda claro que el Gobierno considera que jueces y tribunales no son suficientes como hasta ahora para perseguir los delitos en opinión e información. Porque hay informaciones u opiniones que este Gobierno quiere perseguir y que aún no puede. «Necesitamos seguridad». Se regulará -dice que con otros países- lo no regulado hasta ahora en el ámbito de la libertad de expresión y del derecho a la información. Las amenazas a los medios de este Gobierno no tienen precedentes en España desde 1978. No quieren que se hable mal de ellos. Y decretan que todo lo malo sobre ellos es mentira. Ya lo advirtió Pedro Sánchez, menos solemne que macarra, que quien le critique a él o al Gobierno critica al Estado. Al principio nos hizo gracia. ¿Qué rayos se habría creído ese galán de grandes superficies? La risita se nos ha borrado. Con su carácter práctico, no serán ni el principio de contradicción, ni la honradez, ni la vergüenza ni el sentido del honor lo que frene la incontrolada ambición de Pedro Sánchez. No tiene dudas ni muestra escrúpulos. No hay elecciones. Los golpistas son buenos. Los constitucionalistas, malos. Monto cuando quiero en avión. Mi mujer trabaja donde me dé la gana. Quien me ataca ataca a España. Punto.

Atentos españoles, el Gobierno quiere armas para combatir «la mentira» de los periodistas. Eso que les gusta llamar «fake news» porque hacen mucho daño, «a veces», dramatizaba ayer Calvo, «daños irreparables». En un ambiente tan comprensivo de la leal soldadesca izquierdista del periodismo patrio nadie le haría reparar ayer que los daños que sufre actualmente el Gobierno no los generan unas mentiras sino unas verdades. Estas nuevas medidas para limitar la libertad de expresión y de información encajan con las disposiciones de la nueva ley de memoria histórica que tiene en la recámara el PSOE y que impone penas de prisión, graves multas e inhabilitación a quienes cuestionen la interpretación de la guerra civil española y del franquismo que hacen quienes se consideran herederos de los perdedores. Dará con sus huesos en la cárcel quien crea como yo que la tragedia española no comenzó el 18 de julio de 1936, sino con la criminal quema de iglesias y conventos de 11 de mayo de 1931 y que, por supuesto, fue una inmensa suerte para España que la guerra la ganara Franco y no Stalin.

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¿Fabricó Begoña el ‘Cum Fraude’? -Liberal Enfurruñada/OK Diario-

Cuando Pedro Sánchez conoció a Begoña Gómez a finales de 2003, él era un joven político muy ambicioso, pero de escasa relevancia. Sus padres le habían pagado unos elitistas estudios en centros privados y había trabajado como técnico de la OCU, asesor en el Parlamento Europeo y como miembro del gabinete del alto representante de Naciones Unidas en Bosnia. En mayo de ese mismo año 2003 se había presentado a las elecciones municipales de Madrid en la lista del PSOE encabezada por Trinidad Jiménez, quien posteriormente casaría a Pedro y Begoña. Iba en el puesto 23 de la lista y como el PSOE sólo consiguió 21 concejales, tuvo que esperar hasta que hubo una vacante en 2004. Con apenas 31 años no llevaba mala carrera, pero a partir de conocer a Begoña el joven concejal Pedro Sánchez echó a correr a toda velocidad.

Cuando Begoña conoció a Pedro Sánchez ella era una joven profesional del marketing muy ambiciosa que trabajaba en una pequeña empresa. Begoña impartía formación a comerciales de telemarketing y de ‘puerta fría’ para aseguradoras, compañías eléctricas, oenegés, etc. Su truco consistía en hacer que las cosas parecieran algo muy distinto de lo que eran en realidad y lo primero que se puso a maquillar fue su propio currículo hasta convertirlo en algo tan falso como una puerta de contrachapado con mucho barniz. De su titulín en una escuela privada dijo que era una licenciatura y su cursillo del ESIC lo convirtió en un máster. Y, a continuación, hicieron lo mismo con el currículo de su marido, pese a ser sólo un técnico de la OCU, pusieron que había sido director y también lo convirtieron por arte de magia en jefe de gabinete en la ONU.

En 2008, Sánchez consiguió una plaza de profesor asociado en la Facultad de Empresariales de la Universidad Camilo José Cela y se presentó a las Generales por Madrid, pero no consiguió su escaño hasta que Pedro Solbes dimitió en 2009. Se matriculó para la tesis doctoral siendo ya diputado, en 2010 y la leyó a finales de 2012, sólo 33 meses después. Ahora sabemos que su doctorado Cum Fraude es un refrito de textos ajenos y tenemos motivos para sospechar hasta que un ‘negro’ le hizo gran parte de esa tesis ‘fake’. Cuando Rubalcaba dimitió tras los malos resultados del PSOE en las europeas de 2014, Pedro Sánchez anunció su candidatura a la Secretaría General, proclamándose ganador. Tan sólo 5 años después de entrar en el Congreso de los Diputados, a los 11 años de conocer a la marketiniana Begoña Gómez cuando era un simple concejal de los que rellenaban las listas en las últimas plazas.

Y el ascenso de Sánchez propició el de Begoña. Pese a no ser ni siquiera licenciada, la Universidad Complutense la contrató en 2012, siendo Sánchez ya diputado, como codirectora del curso de Técnico en Fundrasing. Y en 2014, con Sánchez como secretario general del PSOE, la Complutense le amplió el contrato para codirigir también el Máster en Fundraising, alegando su dilatada experiencia. El mismo motivo que ha dado el Instituto de Empresa para ficharla ahora que Sánchez ha okupado la Presidencia del Gobierno. La mano de Begoña se ve por todas partes impulsando la carrera de la pareja. Hay dos tipos de marketing, el que se estudia en las facultades y que es útil para impulsar honestamente las ventas, identificando las necesidades de un mercado y adaptándose para satisfacerlas de una forma eficiente y eficaz. Y el que aprenden los trileros en la calle, mediante juegos de manos, trucos y añagazas. Begoña no es licenciada, hay poco más que añadir.

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Todo negativo, nada positivo. -Luis Herrero/LD-

Todo le salió mal. Primero quiso zafarse del cañón de luz que enfocaba el escándalo de su tesis con el señuelo del fin de los aforamientos. Luego se sacó de la manga la carta marcada de una enmienda fraudulenta para evitar, por la puerta de atrás, el veto del Senado a los Presupuestos. Más tarde escondió a la ministra de Justicia para que la investigación judicial sobre los chanchullos garzonitas en la Audiencia Nacional no lastimara su crédito. Pero todo fue inútil.

Al abrir el melón de la reforma constitucional para suprimir los aforamientos desató una puja de propuestas envenenadas -desde incluir en ella el derecho de autodeterminación hasta liquidar la inviolabilidad del rey- que colocaron el debate en términos imposibles. Nadie salió en su ayuda. Se quedó tan solo que el Consejo de Ministros renunció a aprobar el anteproyecto de ley que el propio Sánchez había anunciado solemnemente durante el acto de autobombo programado para hacer hagiografía de sus cien primeros días de Gobierno. Un incumplimiento más. El enésimo. Suma y sigue.

Tampoco le funcionó como quería la trampa de la enmienda. No solo no está nada claro que pueda lograr el objetivo que pretendía -evitar la bola negra del Senado a su acuerdo con Podemos para gastar seis mil millones más de lo que puede-, sino que ha sentado las bases para que las dos cámaras legislativas, tras el pulso inevitable de dos mayorías parlamentarias de signo opuesto, se enfrenten en un conflicto de competencias, previsto en la ley pero todavía inédito, que exigirá la mediación arbitral del Tribunal Constitucional, obligado por su propia doctrina, y por el criterio mayoritario de los letrados de Las Cortes, a dejar al Gobierno con el culo al aire.

Respecto al futuro de Dolores Delgado, las expectativas no han mejorado. Al revés. Nuevas informaciones periodísticas vuelven a situarla en el ojo del huracán de la trama de tráfico de influencias montada por Baltasar Garzón en la Audiencia Nacional. El exjuez, según parece, invocó su ascendiente sobre la ministra de Justicia para ofrecerle a Sandro Rosell la libertad condicional que hasta ahora se le ha denegado. Delgado guarda silencio. Pero el silencio no basta. El foco de infección descubierto en la Audiencia es, de todas las espadas de Damocles que penden sobre la cabeza del Gobierno, la que tiene el borde más afilado.

Para colmo de sus desdichas, Sánchez ha visto cómo se escapaba Pablo Casado del laberinto judicial de su máster bajo sospecha. Salvo sorpresa mayúscula, los jueces del Tribunal Supremo harán suyo el informe del fiscal en los próximos días y liberarán el brazo que el líder de la Oposición llevaba atado a la espalda durante los debates de la indecente tesis doctoral del presidente del Gobierno. Ahora, quien ocupa el sitio de Casado en el microscopio de la magistrada Rodríguez Medel es la exministra Carmen Montón, cuya conducta fue calificada de ejemplar por la portavoz Celaá. Hay ejemplaridades que las carga el diablo.

Añádase a esta lista de infortunios la incorporación de El País a la lapidación académica del presidente, la falta de acuerdo sobre la revalorización de las pensiones en el Pacto de Toledo, la revelación de Ernest Maragall de que la ministra Batet se había comprometido a teledirigir a los fiscales en la causa del 1-O y la petición de indulto a los cabecillas de la rebelión que acaba de formular la delegada del Gobierno en Cataluña y obtendremos la crónica completa -o casi- de otra semana negra para los intereses del PSOE. El balance no puede ser más demoledor. Como diría Van Gaal: todo negativo, nada positivo.

El panorama político es tan sombrío que, ante el riesgo de derrumbe, Iglesias, Torra y Urkullu, los ingenieros que le abrocharon las tuercas a Frankenstein, han comenzado a distanciarse del pacto que suscribieron con Sánchez por miedo a que los cascotes les aplasten la cabeza. El podemita, que hasta ahora hacía la vista gorda en el asunto del plagio de la tesis, ya pide explicaciones. El presidente catalán vincula el apoyo independentista a los presupuestos a que se permita la celebración de su anhelado referéndum. Y el lehendakari, sabiendo que no cabe en la Constitución, acaba de lanzarse a la conquista de un estado plurinacional que se inspire en el modelo de la Unión Europea: tantos miembros, tantos sujetos de soberanía. Solo falta que alguien pida dos huevos duros más.

A esta legislatura, el culo le huele a pólvora.

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¿Un Maduro en ciernes en Moncloa? -Jesús Cacho/Vozpópuli-

Es la preocupación que embarga a cada día mayor número de españoles. Lo que hace un mes podía calificarse de boutade, una exageración sin paliativos, desde esta semana aparece como una posibilidad que convendría no desdeñar por estrafalaria que parezca, por extemporánea que pueda sonar a la altura de 2018 y en el marco de la Unión Europea. La decisión de Pedro Sánchez de vaciar de competencias al Senado con una treta legalista para obviar el obstáculo que suponía para sus planes de aprobar los PGE para 2019, ha encendido todas las alarmas. Estamos ante un tipo al que no se le pone nada por delante en su afán de hacerse fuerte en el poder. Un amoral sin ningún escrúpulo democrático. Sánchez ha dejado de ser una sorpresa, incluso agradable para quienes estaban hartos de la inanidad de Mariano Rajoy, para convertirse en un peligro para las libertades. Convendría que nadie lo tomara a broma.

Alguien comentaba esta semana en la radio la anécdota vivida en primera persona con Rajoy, cuando el entonces presidente disfrutaba del confort que le proporcionaban los 186 diputados de que dispuso entre 2012 y 2015. Ese alguien le animaba a que tuviera la audacia de cambiar la Ley Electoral. Se trataba de ir a una elección a doble vuelta de forma que Comunidades y Ayuntamientos fuesen gobernados por la lista más votada. Con ese sistema, Manuela Carmena jamás hubiera sido alcaldesa de Madrid. El interlocutor insistía vehemente, puedes hacerlo, tienes mayoría absoluta, y el gallego taimado, nuestro Sancho entonces a lomos del rocín de Moncloa, le respondió que no, que aunque tuviera mayoría en el Congreso un cambio de tanta trascendencia política no se podía hacer sin contar con el visto bueno del PSOE, con la anuencia del PSOE. Esa es la diferencia entre un demócrata pasmado pero respetuoso con la ley, y un aventurero sin complejos decidido a saltarse a la torera cualquier obstáculo legal que se interponga entre él y sus ambiciones.

El Artículo 66 de la Constitución, Título III, Capítulo Primero, dice textualmente que “Las Cortes Generales representan al pueblo español y están formadas por el Congreso de los Diputados y el Senado. Las Cortes Generales ejercen la potestad legislativa del Estado, aprueban sus Presupuestos, controlan la acción del Gobierno y tienen las demás competencias que les atribuya la Constitución. Las Cortes Generales son inviolables”. De donde se deduce que intentar anular las competencias de una de las Cámaras o de ambas es un atentado contra la soberanía del pueblo español, un golpe más o menos disfrazado contra la propia Constitución que recuerda como dos gotas de agua a otro golpe, el  protagonizado por la mayoría separatista del parlamento de Cataluña el 6 de septiembre del año pasado, cuando la tropa indepe impuso una nueva “legalidad” saltándose a la torera la Constitución y el propio Estatuto catalán. “Exigimos al PSOE que, para llegar a un acuerdo de Presupuestos, lo primero que habría que hacer era arrebatarle al PP su último instrumento de poder en España, que es la capacidad de veto en el Senado. Es una anomalía democrática”. Es el texto de un tuit que Podemos ha vuelto a publicar estos días.

Para Podemos, los resultados de las elecciones de junio de 2016 que otorgaron al PP la mayoría en el Senado son “una anomalía democrática” con la que hay que acabar de grado o por fuerza, sin esperar a los resultados de unas nuevas generales. Una concepción típicamente bolivariana de la democracia parlamentaria. “La revolución bolivariana solo triunfará si se extiende por todo el continente americano y, después, por el resto del mundo” (Juan Carlos Monedero). Para nadie es un secreto que la vanguardia podemita, formada y financiada por Irán y Venezuela, sueña con la idea de reproducir esa experiencia revolucionaria en España. Lo desean tanto que su gran líder se ha comprado ya una dacha de 1,2 millones en la sierra de Madrid, en la esperanza de poder recibir el santo advenimiento del desastre colectivo bien pertrechado de comodidades. Es también evidente que el cóctel de partidos populistas-nacionalistas que entronizó en la Moncloa a Sánchez abocaba más pronto o más tarde a la nación, no solo al Estado, a un estrés sin precedentes, agravado por la herida abierta de un problema como el planteado por el separatismo catalán.

Pero lo que pocos, salvo sus más íntimos conocedores, podían sospechar es que Sánchez, líder de un partido que ha gobernado durante casi 22 años, clave en la historia de la Transición, y que ha tenido, con sus luces y sombras, las mismas que el PP, un papel esencial en el mejoramiento de la calidad de vida de los españoles, fuera a mostrarse, víctima de su irrefrenable ambición de poder, tan proclive a dejarse arrastrar por las pulsiones dictatoriales de una minoría que pretende hacer tabla rasa de nuestras instituciones para hacer realidad el experimento de revolución bolivariana en España, esa que tan felices tiene a los venezolanos dentro y fuera de Venezuela. Y una pregunta recorre hoy en voz baja las cuatro esquinas de la piel de toro. ¿Hasta dónde está dispuesto a llegar Sánchez? ¿Alguien que es capaz de vaciar de competencias el Senado, en un golpe sin paliativos contra la Carta Magna, tiene algún tope o norma moral de conducta que le impida, en caso de ver su futuro político en riesgo, atentar contra nuestras libertades?

¿Cuándo se jodió Venezuela?

Hoy es una evidencia que esas libertades están en peligro no porque en el Parlamento se siente un grupo como Podemos, sino porque Sánchez parece haber renegado del PSOE socialdemócrata que conocimos tras la muerte de Franco, para abrazar la causa del populismo rampante dispuesto a todo con tal de conservar el poder. Las condiciones están dadas en la España extraviada de nuestros días, una España que desde 2012 atraviesa uno de sus momentos de mayor debilidad histórica. Raúl Gallegos, corresponsal que fue de Dow Jones y WSJ en Caracas, explica en su libro “¿Cuándo se jodió Venezuela?”las razones que han llevado a la ruina al país con las mayores reservas petroleras y mineras del mundo. La corrupción en el origen del problema. Como en España. Una clase política roba, y un iluminado llega para decir que eso se va a acabar, porque él se va a encargar de repartir mejor la riqueza nacional. El marco: una población que desconoce el valor del trabajo (“Póngame donde hay; del resto me encargo yo”) y el esfuerzo, acostumbrada a vivir de las rentas del petróleo, y un entorno socio-económico que empuja al Gobierno a gastar a manos llenas para mantener su popularidad y, sobre todo, para fabricarse una clase subsidiada que pronto estará dispuesta a defender a muerte al iluminado ya convertido en dictador.

Un país cuyos gobernantes, de ínfimo nivel cultural, viven instalados en el corto plazo, porque se trata de sobrevivir una semana más en el machito. Como en España: un tipo ignorante de casi todo, pero listo, ni un pelo de tonto, y sobre todo malo, engreído y  soberbio hasta el éxtasis. Un chavismo reñido con cualquier tipo de planificación a medio o largo plazo, que hace frente a las emergencias con simples parches, con una población narcotizada a la que el Estado resuelve el día a día, un aparato productivo destrozado por las importaciones de todo tipo de productos, un Ejército silente al que el gorila ha hecho de oro, unos empresarios acostumbrados a vivir de la tarifa a la sombra del poder político, siempre en primera posición de saludo, como en España, como en Casa de América, y unos medios de comunicación plagados de periodistas de izquierda radical dispuestos, en su mayoría, a la manipulación ideológica y la ocultación de la verdad, medios en buena medida propiedad de ricos millonarios progres a quienes parece divertir el experimento de pobreza ajena. Como nuestras televisiones. Lo que no tenía Venezuela es la amenaza añadida de quiebra de su unidad territorial, riesgo muy presente para España y no sólo en Cataluña. Lo único que resta a los enemigos de la libertad de los españoles es el control de la Justicia, aunque están en ello, se han puesto manos a la obra con una ministra del ramo íntima de Garzón (“Querido Emilio”), y de sus Boyes, Villarejos y demás. “Desterrada la Justicia, que es vínculo de las sociedades humanas, muere también la libertad que está unida a ella y vive por ella”, que dijo el gran humanista español Juan Luis Vives.

Es una obviedad aclarar que las medidas de política económica que plantea el Gobierno Sánchez van directamente orientadas a la creación de esa clase popular subsidiada y dispuesta no solo a votarle en unas eventuales generales, sino a apoyar cualquier decisión que implique incluso transgredir la Constitución. Todo dependerá de cómo se mueva este artista de la mentira, para quien leyes y procedimientos son un estorbo, en la cuerda floja de un Gobierno con 84 diputados obligado a satisfacer al alimón las exigencias de populistas y separatistas. En paralelo al vaciado del Senado, lo que el sanchismo persigue es acabar con la Ley de Estabilidad Presupuestaria, aprobada en 2012 tras la reforma constitucional del artículo 135 que en 2011 lideró Zapatero con el respaldo del PP, según la cual los objetivos de déficit del Gobierno deben ser aprobados por Congreso y Senado. Una ley clave, por cuanto permitió restaurar la confianza de los mercados en España en el peor momento de la crisis, reducir el déficit y propiciar el crecimiento. A Sánchez le estorba esa ley. Él quiere volver a gastar a manos llenas para lo que ya sabemos. Toda su política fiscal, directamente empeñada en acabar con el ahorro de las familias, es un atentado a la prosperidad colectiva. “Dejen competir, dejen ahorrar y dejen crear riqueza. Estos deberían ser los principios de cualquier Gobierno que quiera promover y fomentar la vía de los ingresos, base de una subsiguiente política de gasto, sea o no acertada” (“Por un crecimiento racional”, Juan María Nin, Ed. Deusto)

La peor de las pestes

El cerco de Podemos se estrecha sobre Sánchez. Tras mantener un llamativo silencio sobre el caso de la tesis plagiada que probablemente ni siquiera escribió él, Iglesias ha entrado en liza al calificar de “cutre” la existencia de “párrafos sin citar” en la misma, asunto por el que el presidente por accidente “tendrá que dar explicaciones”. Al señor marqués de Galapagar le conviene un Sánchez débil, cada vez más uncido al yugo de los morados, así hasta que llegue el día, que quizá esté muy próximo, en que el líder socialista tenga que elegir entre romper la baraja y alinearse en el bando de los demócratas o echarse definitivamente al monte en brazos de los populistas y demás enemigos de España para emprender el camino sin retorno de esa “revolución bolivariana” que pretende imponerle Podemos. “El riesgo es que el chavismo llega rápido pero luego resulta extremadamente difícil, por no decir imposible, revertir por medios democráticos” (Raúl Gallegos). La tantas veces denunciada aquí baja calidad de nuestra democracia se ha convertido en un grave problema de salud democrática que ya no está solo residenciado en Cataluña, donde un nacionalismo (“la peor de las pestes”, como lo definió Stefan Zweig) de tinte supremacista y totalitario, con el que el Gobierno Sánchez está negociando en secreto, pugna por hacerse con el poder al margen de la ley y de la mitad de la población, sino que acaba de instalarse en el corazón de la nación, en el mismo Palacio de la Moncloa. El enemigo está dentro, y fue capaz de afirmar hace justo 5 días que “Soy el presidente del Gobierno y haré lo que quiera en la Cámara”.

Queda la España de la silente sociedad civil, esos millones de españoles -también socialistas, del viejo socialismo reñido con las aventuras de este personaje sin escrúpulos-, dispuestos a defender contra viento y marea sus libertades y su nivel de vida. Quedan ellos, queda el Rey, y quedan un nutrido grupo de jueces. No son poca cosa. Pero tendrán que estar dispuestos a fajarse y echarse a la calle para defender esos principios de manera activa. No valdrá parapetarse tras los visillos viendo desfilar a las hordas de la división, la sinrazón y el odio. El 2 de septiembre escribí aquí que “Toca movilizarse de nuevo. Toca arremangarse para impedir la tropelía de la vuelta atrás. Toca luchar por la Constitución y la unidad es España, que es tanto como decir por la paz y el progreso. Por los valores de la Ilustración”. El momento se acerca.

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