Partidos políticos: regenerarse o morir. -Enrique Navarro/LD-

La victoria de Macron en Francia laminando a los partidos políticos tradicionales de la V República; la desaparición de los partidos socialista y la democracia Cristiana en Italia como consecuencia del escándalo Tangetopoli en 1994; la casi extinción del Pasok en Grecia o la aparición de nuevas fuerzas en Europa que han puesto en cuestión el liderazgo de los partidos sobre los que se ha basado la democracia en Europa desde la Segunda Guerra Mundial, suponen el cambio político más trascendental producido en Europa en las últimas décadas. Esta semana en Asuntos Exteriores queremos analizar este fenómeno. ¿Están los partidos tradicionales en crisis en todos los países o simplemente es una mala racha? ¿Los nuevos partidos van a llenar un espacio o desaparecerán cuando la coyuntura que les hizo aparecer desaparezca? ¿Deben los partidos regenerarse para no morir? Todas estas cuestiones las queremos plantear en el programa de Asuntos Exteriores esta semana.

La primera cuestión es determinar si los partidos políticos tienen vigencia y sentido en la sociedad actual. Los partidos políticos surgieron en el marco de la lucha de clases para la defensa de unos intereses propios y muy diferenciados. El partido político era el canal político de los grupos sociales que pretendían defender sus privilegios o bien destronar los de los otros. Hoy en día esta dialéctica de confrontación está superada y los votos fluctúan entre grupos políticos con escasa adscripción ideológica. Para la mayoría de los votantes, la política se ha convertido en una cuestión pragmática y de liderazgo más que de ideas.

Los partidos políticos y sus militantes, así como sus más acérrimos apoyos, se sienten más miembros de un club o de una comunidad que de una ideología. Se acercan más al concepto de aficionados de un equipo de fútbol. No importa cómo juegue el equipo ni cómo se conforme, sólo que gane y sobre todo que venza los más importantes contrincantes provocando una especie de orgasmo deportivo o político. A veces una victoria sobre el Barcelona justifica perder una liga; este es en gran medida el comportamiento de los partidos políticos en el mundo de hoy.

La crisis de los llamados partidos políticos tradicionales obedece a la conjunción de dos fenómenos: la corrupción política y la económica. El electorado puede sobrevivir a un tipo de corrupción, pero cuando coinciden las dos, las consecuencias son como las que vivimos en la década de los noventa en Italia.

La corrupción política consiste en aplicar políticas contrarias a la ideología del partido, a su programa electoral y al sentimiento del votante. En la estrategia por alcanzar el poder las campañas se convierten en un marketing político, donde poco o nada importa el mensaje; solo su formato relleno de slogans insustanciales pero que provocan grandes titulares y miles de tweets. El votante socialista ha visto como en los últimos años su partido optaba por una política económica liberal simplemente porque no tenía otra opción, aunque se empeñó en todas las campañas en decir exactamente lo contrario. De mi experiencia con muchos gobiernos de diferente signo he de decir que nadie ha hecho más recortes presupuestarios que el PSOE ni más subidas de impuestos que el PP. Ante esta contradicción, el votante se ha ido alejando del sistema, y bien ha optado por buscar en nuevas marcas una autenticidad que ya habían perdido los partidos tradicionales, o bien por el abandono de la política.

La segunda corrupción es la económica, tremendamente lesiva y dolorosa cuando se hace con recursos públicos especialmente en momentos de profunda crisis. Esta corrupción económica tiene que ver con dos factores intrínsecos al sistema. Un abultado estado que administra más de la mitad de la riqueza del país a través de unos representantes políticos que acumulan más experiencias colgándose a la chepa de un líder político que les aúpe a un puesto en la administración, que en la capacidad de gestión de la mayor empresa del país. En segundo lugar, el clientelismo político que provoca que el ascenso en un partido esté más dirigido a personas sin escrúpulos, llegadas a la política con el fin de sacar tajada, que en la búsqueda de la excelencia. Un partido que prima la adhesión sobre la discrepancia establece un modelo de organización que fomenta esta corrupción, aunque debemos insistir en la gran honestidad de la mayoría de los gestores públicos.

Estos dos tipos de corrupciones han existido siempre, pero el hecho de que hayan coincidido en el tiempo y con la peor crisis de las últimas décadas ha generado un profundo descrédito que ha llevado al finiquito del bipartidismo imperfecto que existía en España. Es muy probable que sin los ERES de Andalucía o sin las decenas de casos de corrupción que han afectado a la cúpula del PP, no estaría escribiendo este artículo, y ni Ciudadanos habría salido de la burbuja catalana ni Podemos habría superado La Tuerka.

Otra cuestión que debemos analizar es si estamos ante el final del modelo de partidos o el fin de las ideologías. Creo que ambas deben regenerarse ya que ni Marx, ni Adam Smith pueden ser los inspiradores de las necesidades del siglo XXI.

En primer lugar, hemos de admitir que los partidos políticos no están en crisis, ya que todos los movimientos políticos se acaban transformando en una organización política, aunque sea sólo para obtener subvenciones y construir una jerarquía de poder; el caso más claro es Podemos.

Los partidos han reflexionado sobre las causas de la desazón de los ciudadanos y han llegado a la conclusión de que se trata de un déficit democrático en las organizaciones. Es muy posible que esto sea así, pero sin duda pensar que la crisis de los partidos se resuelve con primarias o con determinados procesos de toma de decisiones constituye un tremendo error de cálculo. La democracia directa no es ni más pura ni más práctica que la representativa. Puedo entender que una organización elija a sus órganos rectores por voto del militante, pero pretender elegir un candidato a la presidencia del gobierno por este procedimiento es un craso error. Pensemos que si hoy hubiera primarias en el PP votarían a Rajoy para candidato a la presidencia como va a ocurrir con Pedro Sánchez en el PSOE. Pretender que los afiliados elijan al mejor candidato es como pedirles a los aficionados del Barcelona que elijan a su candidato a la presidencia de la Liga española donde votan todos los clubs. Seguramente elegirán el candidato que más vehemente sea contra el real Madrid, pero ¿Ese será el candidato que elijan todos los demás, el ganador? Desde que se instauró el sistema de primarias en la elección del representante español en Eurovisión vamos de mal en peor.

Los partidos, en su afán de permanencia, han optado por la tesis del Príncipe Salina “Todo debe cambiar para que nada cambie”, y en fondo, lo que la sociedad demanda es que “cambie algo para que algo cambie”. El votante se siente engañado por esta actitud cínica que pretende perpetuar un sistema bajo formatos diferentes.

Incluso en la lucha contra la corrupción, la sociedad visualiza que hacen más los medios de comunicación, por cierto, manejados por grandes grupos que no son ajenos a los propios defectos del sistema y los jueces que los políticos. Este es el verdadero déficit de la clase política, que no ha entendido que no basta con paños calientes, sino que la sociedad demanda un sistema diferente donde se eliminen las condiciones que permiten la corrupción, y esto sólo pasa por cambiar el funcionamiento de los partidos, por despolitizar la justicia y la administración; por un mayor control de la gestión de los gastos y los intereses públicos y sobre todo por una justicia rápida e independiente. Basta con ver el modelo norteamericano de lucha contra la corrupción en el sector público y privado para encontrar un ejemplo de cómo una sociedad puede poner grandes barreras a este fenómeno.

Este descrédito de los partidos se extiende al propio legislativo que resulta anodino e inútil a ojos de la población. Las sociedades modernas buscan liderazgos, quieren seleccionar presidentes, no gestores o perfiles bajos. El caso de Macron o de Trump, aunque en las antípodas, son ejemplos claros de que la sociedad necesita de líderes con vocación transformadora para terminar con el hartazgo que produce el letargo democrático. Cuando no hay liderazgos la penalización es enorme como el caso de Theresa May en Reino Unido. Ante esta realidad, los partidos que no opten por esta vía quedarán mortecinos, sin esperanza de transformación alguna, víctimas de sus propias debilidades hasta que un mirlo blanco aparezca y se los lleve a todos como un vendaval.

Las ideologías no han muerto; sólo deben reinventarse; pero hemos de admitir que en la sociedad global y tremendamente endeudada en la que vivimos, las diferencias no van a estar en la política económica. Debemos concluir que en las democracias occidentales sólo hay un modelo económico que podrá admitir mayores o menores variaciones en función de la independencia financiera que tenga cada nación. Ante esta realidad, los partidos están a la búsqueda de valores propios, más o menos consistentes con sus principios. A veces aciertan, como ocurre en el partido socialista con unos postulados más favorables a la igualdad de género, a los derechos sociales de determinados grupos sociales o en general en la atención a grupos más desfavorecidos. El Partido Popular ha acertado en la defensa de la nación española como fundamento de su política. Obviamente antes estas escasas diferencias, no es difícil que puedan surgir partidos o movimientos que hagan compatibles estas ideas que no son para nada antagónicas. El enfrentamiento entre estos postulados; nuevos derechos sociales versus tradición, y plurinacionalidad contra uninacionalidad, se ha convertido en la seña de identidad de los nuevos partidos, pero no les auguro mucho éxito, sobre todo si su caudal político va a estar basado en crear un antagonismo que es bastante ficticio. La convivencia en los gobiernos europeos de la socialdemocracia y de la democracia liberal muestran que siguen vivas; pero no lo que esperaba nadie es que pudieran coexistir y este es el modelo ideológico del siglo XXI, nos guste o no.

Si nos trasladamos al escenario nacional, ¿Todo esto significa que el Partido Socialista y el Partido Popular van a desaparecer fagocitados por los nuevos partidos? Mi respuesta es negativa. Primero, porque los nuevos partidos no han encontrado ni buscan llenar un espacio ideológico propio, solamente ocupar el de su compañero en el escenario político de la izquierda y la derecha. Son producto de una coyuntura muy específica que les ha provocado un aluvión de votos, pero sin una estructura fuerte propia y sin un armazón ideológico diferenciado, acabarán siendo fagocitados por los grandes partidos. En esto Ciudadanos lo tiene más difícil que Podemos que si ha ahondado mucho más en las diferencias con el PSOE producto de su origen histórico como herederos del partido comunista.

Si los partidos tradicionales buscan regenerase, deben superar la corrupción política y económica y buscar fórmulas de organización y participación más abiertas. Una vez más el modelo norteamericano es mucho más eficiente. Son los votantes de cada partido quienes eligen a su líder y no los empleados del partido o sus afiliados. Unas primarias bien manipuladas en un partido también son el mejor ejemplo de falta de democracia, pero abrir la definición de los candidatos a los votantes propios es la mejor garantía de que la elección será acertada. Seguramente bajo este prisma tengo muchas dudas de que Pedro Sánchez o Rajoy fueran los candidatos de sus votantes.

La manera de convertirse en líder del partido hoy consiste en la radicalización des conociendo la nueva realidad social y política. El afán de diferenciarse lleva al PSOE a buscar su espacio en la izquierda absoluta, pero como dice Enzo Biagi: “se puede estar a la izquierda de todo, pero no del sentido común” y lo mismo aplica al PP en su afán de convertirse en un partido transversal al que todo el mundo puede votar.

A su vez Podemos y Ciudadanos deben tomar ejemplo, porque no son mejores ni más modernos; son más de lo mismo; en muchos casos sus líderes proceden de las organizaciones tradicionales; muchos de ellos han llegado buscando la oportunidad de la que no disfrutaron en sus partidos; otros simplemente por desazón; pero si los partidos tradicionales superan este bache, profundo sin duda, y sobreviven con una auténtica regeneración veremos como las nuevas fuerzas se diluyen y volvemos a los de siempre. Pero cuidado, la sociedad no va a perdonar que las cosas no cambien y si una vez más no regeneramos el sistema, entonces es posible que muera.

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Sí,Montero es la”novia de”. -Daniel R.Herrera/LD- 

Compartir lecho con Pablo Iglesias parece una forma bastante segura de ascender en Podemos.

Ha causado gran escándalo entre el podemismo patrio la referencia de Rafael Hernando al noviazgo entre el secretario general y la portavoz parlamentaria de Podemos. “No voy a decir que Irene Montero estuvo mejor que usted, porque no sé qué provocaría a esa relación”, le dijo a Iglesias. La condena unánime: es machista. ¿Pero por qué? Si ni siquiera ha criticado a la portavoz; al contrario, ha venido a decir que estuvo mejor que su jefe y pareja, que la nombró el Día de San Valentín, sin disimular ni un poquitico.

Hernando no ha llegado siquiera a decir lo que piensa todo el mundo: que Montero está en ese cargo porque había ganado previamente la versión pablista de las primarias de New Hampshire. Porque, oye, que no es la primera: compartir lecho con Pablo Iglesias parece una forma bastante segura de ascender en el partido; y abandonarlo, de ser condenada a las tinieblas exteriores. Que será casualidad, no digo que no, pero si en lugar de un excelso líder de la izquierda más feminista fuese un empresario desalmado quien hiciera exactamente lo mismo –encontrar entre sus subordinadas a su pareja y ascenderla después, mientras a la ex le niega el pan y la sal– no sólo nos llevaríamos las manos a la cabeza, sino que los tribunales tendrían algo que decir al respecto.

Ana Oramas, por su parte, había explicitado antes lo que muchos pensamos de las actitudes públicas y privadas de Pablo Iglesias con las mujeres: que sólo soporta a las que le bailan el agua; y a las que no, les llama la atención por sus abrigos y las azotaría hasta que sangrasen. Que, en definitiva, sólo le gustan las mujeres “sumisas”, lo cual era una indirecta extremadamente directa contra su actual consorte. Pero como Ana Oramas es una mujer y de un partido del que, quieras que no, igual vamos a necesitar apoyo en algún momento, calladitos todos. Para Hernando, que no es precisamente mi modelo soñado de oratoria, pero cuyas palabras son de una gravedad infinitamente menor, todo son palos.

Pero, oye, que Hernando hace el trabajo por el que le contrataron, y que aguante lo suyo, que le entra en el sueldo. Sería de agradecer, eso sí, que hicieran lo mismo los iluminados de la extrema izquierda morada y no nos pusieran perdidos de lágrimas de cocodrilo a la mínima contrariedad. Porque todo esto que critico en la coleta suprema y su reina portavoz no es opinión mía. Es una versión dulce y moderada de lo que el propio Pablo Iglesias decía en 2014 de Ana Botella, entonces alcaldesa de Madrid y mujer de José María Aznar.

“Ana Botella representa todo lo contrario a lo que representan las mujeres valientes en la historia: es la que encarna ser esposa de, nombrada por, sin preparación”, y cuya única fuerza, por si no nos había quedado claro, provenía de “ser esposa de su marido y de los amigos de su marido”. Supongo que si Hernando se hubiera atrevido a insinuar siquiera una mínima parte de lo que Iglesias decía de Botella le habrían linchando ahí mismo, en la tribuna del Congreso, para qué esperar al show de Ferreras. Pero es lo de siempre. Los de izquierdas pueden decir de las mujeres de derechas que “besan a mediodía y muerden de noche” y no se oye ni un susurro de feminista; pero los de derechas no pueden ni siquiera decir lo obvio: que has nombrado portavoz a tu pareja en un acto de nepotismo parlamentario bastante lamentable. Y si Irene Montero no quiere que se lo recordemos cada dos minutos, que no hubiera aceptado el cargo, dadas sus circunstancias sentimentales. Pero decir esto es machista. Como lo es criticar a Colau por enchufar a su pareja en el ayuntamiento. Cara ganan, cruz perdemos.
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Francia.Crisis de identidad. -José María Marco/LD-

El triunfo de Macron y la facilidad con la que ha instaurado su dominio sobre la vida política francesa parecen corroborar esa convicción, tan propiamente española, según la cual Francia es la nación de verdad, por excelencia. En realidad, entender la victoria de Macron requiere tener en cuenta la profunda crisis de identidad que ha atravesado Francia. No sabemos si el nuevo presidente, con lo que se prevé una muy holgada mayoría parlamentaria, conseguirá ponerle fin.

Hay una palabra que sigue fascinando a muchos españoles, casi sinónima de Francia y de nación francesa. Es República; “la République”, habría que decir, porque sólo en francés alcanza el término todo su significado. Uno de los ejes que la definen es la directa relación entre el ciudadano y el Estado. En la République, cualquier otra forma de identidad que no sea la republicana debe quedar anulada. En una república sólo hay ciudadanos, definidos como tales por los derechos, los deberes y las virtudes simbolizados por el ideal republicano. El laicismo se convierte así, mucho más que en una simple abstención del Estado en materia religiosa, en una de las formas de definición del republicanismo. Lo ha puesto en entredicho la presencia en el país de un buen número de musulmanes que, como ha analizado Pierre Manent en Situation de la France, no están dispuestos a dejar de lado la religión, que es la base de su propia identidad, para seguir siendo franceses. Esta nueva situación evidencia la crisis del modelo de integración republicano, que consistía en crear ciudadanos, y se agudiza a causa del terrorismo y los recelos y malentendidos que inevitablemente suscita.

Houellebecq, heredero cínico de la tradición antimoderna francesa, ha sabido recrear en Sumisión este estado de ánimo deprimente que lleva a una sociedad a no saber cómo defender unos principios y unas virtudes por los que siente el apego de lo propio. La República parece así funcionar en el vacío. Ha habido momentos en que ni siquiera se podía enunciar el problema, como cuando se habla de inmigrados, siendo así que hace mucho tiempo que no hay inmigración en Francia (L’immigration en France, de El Mouhoud Mouhoud) y que la raíz del problema se sitúa en los ciudadanos franceses que no lo son al modo en que la República ha definido la ciudadanía. Sobre todo en los últimos cincuenta años, cuando el laicismo se ha empeñado en hacer desaparecer la religión de la vida pública –confundida esta con la vida política–. Es este un motivo central de la crisis de identidad francesa. La crítica al multiculturalismo (por ejemplo, Le multiculturalisme comme religion politique, de Mathieu Bock-Côté) convive con la decadencia del modelo republicano de integración (Décomposition française, de Malika Sorel-Sutter) o directamente con la crítica de la identidad francesa (hecha en primera persona en J’aurais voulu être français, de Guy Sorman).

La crisis también ha afectado al modelo de nación, que es la base de la convivencia –el vivre ensemble o vivir juntos– y de la idea que los franceses se hacen de sí mismos. Aquí se superponen las contradicciones que, de funcionar el conjunto razonablemente, no son problemáticas, pero que se agudizan cuando el modelo se avería. La nación francesa presupone el apego simultáneo a lo propio, aquello que pertenece únicamente a la cultura francesa, y al tiempo su proyección a lo universal. La nación francesa es la nación por excelencia, una realidad atractiva, incluso modélica, más allá de las fronteras del país… hasta que, al dejar de serlo, entra en crisis la idea misma de nación. No es cuestión de orgullo, ni de vanidad, ni de narcisismo. Es que la “excepcionalidad” francesa (somos universales porque franceses, y a la inversa) ha dejado de ser inteligible y la dialéctica entre particularismo y universalidad. La nación fundadora de la futura Unión Europea rechaza la Constitución Europea pero no puede dejar de tener un papel de primera fila en esa misma Unión ni consigue entender que el resto del mundo haya dejado de tenerla como referencia. ¿Cómo nos defendemos, por tanto, de una globalización que sin embargo es en parte la consecuencia de los principios en los que se basa la nación? La inmersión en un debate sobre la identidad que data de la Presidencia de Sarkozy es el signo seguro de que la vivencia de lo francés se ha problematizado. Estamos en lo que Alain Finkielkraut llamó La identidad desdichada, y no es el único libro que habla de la infelicidad francesa. Ahí está el excelente Comprendre le malheur français, conversaciones de Marcel Gauchet. La inesperada coalición de los optimistas que ha respaldado a Macron contrasta con el insondable pesimismo con el que los franceses han venido encarando el presente y el futuro, como si la realidad, dijo el editorialista de Le Monde, hubiera dejado de tener sentido

Finalmente, la crisis ha dejado malparado al instrumento político que está en la base de la República y la Nación, que es el Estado. El Estado, sobredimensionado, deja de funcionar ante las peticiones sin límite surgidas de una cierta idea de los derechos humanos, según la cual ese mismo Estado tiene la obligación de responder a cualquier demanda que le haga la ciudadanía, definida por ser titular de estos derechos. Es la base del análisis de Marcel Gauchet en sus estudios sobre la evolución de la democracia, que además realiza una crítica de la actitud que lleva a anteponer los derechos a cualquier otra cuestión, lo que acaba anulando la esfera de lo propiamente político. Los franceses, que consideran los derechos como si fueran algo propio, se cuentan ahora entre los más críticos de esos mismos derechos. También aquí se inscribe la revisión de la herencia del 68, iniciada con André Glucksmann y su Mai 68 expliqué a Nicolas Sarkozy y continuada luego, en tono más polémico y panfletario, por Éric Zemmour y su Suicide français. La preguntas básica es por qué el Estado francés, a diferencia de lo ocurrido en otros muchos países europeos (incluida España), se muestra incapaz de promover las reformas que todo el mundo sabe que son necesarias. En las respuestas, sin embargo, se va mucho más allá de la política.

Falla una sociedad que parece haber olvidado su auténtica naturaleza. Falla el equilibrio entre el pueblo y las elites republicanas, sin capacidad de liderazgo aunque tan elocuentes como siempre. Falla también esa dialéctica tan propiamente francesa que conjugaba el espíritu frondeur –el eterno rezongar y protestar– con el respeto absoluto, de orden casi sagrado, a la autoridad. Así se mantenía la paradoja, también irreductiblemente francesa, según la cual los derechos humanos y los cambios sólo son aplicables desde un Estado omnipotente: el país de la liberté y l’égalité es también de los más amantes de las figuras de índole caudillista. Tampoco se ha conseguido imaginar un modelo que sustituya la perpetua imbricación de lo público con lo privado tan propia de la sociedad y la política francesas y que ahora, muy recientemente, ha empezado a ser vista como corrupción: así hemos llegado al proyecto de moralización de la vida pública (en Francia, la regeneración es palabra tabú desde que la aplicaron los jacobinos durante su dictadura). Y tampoco está clara la organización interna de un Estado en el que tradicionalmente un poder central en apariencia omnipotente negociaba sin parar con las instancias locales, otro equilibrio arruinado en los últimos años. Así es como ha quedado perturbada la representación política y se han creado las condiciones para el cambio de estas últimas semanas.

Ahora queda por ver cómo Emmanuel Macron encauza todo esto. La identidad francesa fue uno de los temas dominantes de la campaña electoral presidencial y la respuesta de los franceses ha sido darle al nuevo presidente un poder extraordinario.

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Origen: Club de Libertad Digital

Corrupción o comunismo. -Santiago Navajas/LD-

Tal y como ha demostrado Macron en Francia, hay alternativa liberal a los conservadores fosilizados y a los comunistas populistas.

La puesta en escena de la moción de censura estaba destinada a hacer ver a los españoles que tienen que elegir necesariamente entre un corrupto y un comunista. Empujados ante un dilema diabólico, la gente preferirá al corrupto, claro. Ya puestos, mejor que te roben a que te maten. El corrupto quiere tu cartera; el comunista, tu alma (y tu cartera). Bárcenas, Francisco Granados, Rato, Pedro Antonio Sánchez, Ignacio González… así como multitud de cargos del PP en ayuntamientos están bajo sospecha de corrupción. Y fueron los grandes protagonistas invisibles del debate. El PP se ha convertido en una mafia política (con el PSOE en plan Camorra). Y el Padrino está claro quién es, por activa o por omisión. Podemos, por su parte, es lo más parecido a la KGB en versión postmoderna y con acento venezolano. Chávez, Maduro, Evo Morales, Kirchner… fueron los otros invitados a la moción de censura patrocinada paradójicamente por los partidarios de la censura y el escrache como métodos políticos usuales. Si hay que elegir entre Vito Corleone y Vladimir Ilich Lenin, el pueblo tendrá en cuenta que ninguno de los dos tiene ni idea de lo que es el imperativo categórico kantiano, pero al menos el primero sabe gestionar una empresa. Ahora bien, ¿debemos conformarnos con este dilema, reconvertido en un cuadrado criminal que encierra un círculo vicioso, de corrupción o comunismo?

Mientras escribo estas líneas se cumplen 40 años de las primeras elecciones democráticas, cuando no se sabía muy bien si España acabaría en otra dictadura de derechas o en una república prosoviética. Ganó UCD y de aquellos votos, esta monarquía constitucional tan brillante a pesar de todo. Fraga y Carrillo, los dos autoritarios, fueron sobrepasados por Suárez y González, que venían de tradiciones fascistas y marxistas pero supieron reciclarse y reciclar a sus seguidores dentro del paradigma democrático. Hoy en día, tal y como ha demostrado Macron en Francia, hay alternativa liberal a los conservadores fosilizados y a los comunistas populistas. La propuesta de Ciudadanos y de Albert Rivera, con un pie puesto en el liberalismo y otro en la socialdemocracia, a favor de un Estado limitado, eficiente y compasivo, es una apuesta de futuro que recoge lo mejor tanto de la UCD de Suárez como del PSOE de González y que, como la ola Macron, es la única forma de limpiar los sucios establos de Augías en los que han convertido nuestra democracia la dupla Rajoy-Iglesias, tan lejanos en las formas parlamentarias pero tan cercanos en el fondo de la obsolescencia política. Ya solo queda cortar el nudo gordiano de una democracia que empezó hace cuarenta años con ganas de concordia por la mayor parte de sus actores, salvo por los sectarios nacionalistas y los extremistas marxistas. En algo hemos mejorado: ya no tenemos que temer que la Tigresa nos pegue un tiro, solo que Guardiola nos largue un discurso a favor de Catar.

Origen: Libertad Digital

“El yihadismo en España crecerá en diez años con la segunda generación de inmigrantes”

El director del IEEE reivindica el modelo antiterrorista español: “El que se salga de la raya es detenido”.

La mesa del general Miguel Ángel Ballesteros Martín rebosa de papeles e informes. En apenas unos días se han registrado dos atentados yihadistas en Manchester y Londres y por primera vez el Estado Islámico ha atacado el corazón de Irán. Todo pasa por el despacho del director del Instituto Español de Estudios Estratégicos (IEEE) del Ministerio de Defensa que esa mañana ha tenido que vacunarse por un viaje próximo a Mali donde, recuerda, “también hay terrorismo”. Es una de las personas en España que mejor conoce los movimientos yihadistas y su influencia geoestratégica. La semana pasada fue requerido por la AVT para participar en un seminario sobre tratamiento de víctimas de atentados terroristas.

A los cuatro minutos de entrevista le suena el teléfono. Al otro lado alguien recibe una minuciosa explicación del general sobre la ruptura de relaciones entre Arabia Saudí y Qatar que va a condicionar el equilibrio en el bloque suní del mundo árabe. Promete silenciar el móvil para hablar de la amenaza terrorista en España, que crecerá en diez años. Considera que la situación en el barrio belga de Molenbeek “se exagera” y defiende que la lucha contra el yihadismo en España está generando un modelo de éxito frente a las estrategias fracasadas de Francia y Reino Unido.

¿Cómo se explican los cuatro días que ha tardado Reino Unido en comunicar la muerte del español Ignacio Echeverría?

Es un tema policial. Quiero suponer que han preferido no tocar el cuerpo porque pueda tener pruebas como el ADN del terrorista que probablemente le mató. Pero no entiendo por qué no se le dijo a la familia la identidad del cadáver.

El atentado de Manchester ya evidenció que las autoridades británicas son especialmente celosas de su información. La publicación de algunos detalles en la prensa estadounidense provocó un conflicto entre ambas naciones.

Es distinto. Lo que hizo la prensa americana fue dar la identidad del asesino, Salman Abadi. Y eso no interesa porque su entorno inmediatamente se pone en guardia. Pero otra cosa son las víctimas y su entorno y sacarles de la incertidumbre. No entiendo cómo no se les dijo: “Mira es vuestro hijo, pero no lo podemos entregar porque puede tener restos orgánicos del agresor”.

La ausencia de información dio pie a especulaciones como que había sido abatido por la propia Policía inglesa.

Por lo que contaron sus compañeros, la Policía no estaba en la zona. Esa hipótesis no tiene sentido.

¿Le preocupa más lo que sucede en Mosul (Irak) o lo que sucede en Molenbeek (Bélgica)?

Yo sigo más Mosul, creo que Molenbeek [barrio belga del que se salieron varios autores del atentado de Bruselas] se exagera. Yo soy militar y nuestra preocupación es el territorio que está ocupado por el Estado Islámico. Entiendo por Molenbeek los llamados lobos solitarios que pueden estar en el extrarradio de Ceuta y Melilla o cualquier ciudad, pero los militares atendemos más a Mosul, el campo de acción, el resto es cuestión de la Policía.

Somos conscientes de que esto no habrá terminado cuando pierdan su territorio en Siria e Irak, hay que evitar que se reagrupen en otros lugares. Yo me voy a ahora a Mali porque ahí hay terrorismo, en todo el Sahel. Y la tercera preocupación no es militar, pero es lo más importante: la lucha contra la radicalización y la ideología. Esa batalla hay que darla en Molenbeek, Riad, Madrid, Marruecos y todos los lugares donde haya comunidad musulmana.

El general Ballesteros posa a la entrada de la sede del CESEDEN.

El general Ballesteros posa a la entrada de la sede del CESEDEN.Moeh Atitar

Ha citado Riad, ¿se refiere a la exportación de la corriente wahabista saudí?

No. El wahabismo es un islam pietista prácticamente salafista, son los que dicen que el islam debe hacerse como cuando vivía el profeta Mahoma, salaf son los compañeros del profeta. Es una opción muy rigorista del islam y cuanto más radical sea uno en la interpretación, más peligro tiene de dar el siguiente paso y recurrir al uso de la violencia. Pero todo el mundo, incluso Arabia Saudí, tiene que trabajar muy duro en echar abajo toda interpretación del islam que invite a la radicalización.

¿Hasta ahora Arabia Saudí no lo ha hecho?

Han surgido terroristas de todos los países, Arabia Saudí no es el que más foreign fighters ha exportado.

Me refería más a la exportación vía financiación.

La exportación del wahabismo no necesariamente te lleva al yihadismo, pero sí que es verdad que es una interpretación muy rigorista del islam.

Usted vaticinó que antes de primavera Estado Islámico perdería el control sobre sus territorios, ¿qué ha fallado? ¿Por qué aún resisten en Mosul y Raqqa (Siria)?

Creo recordar que dije que Mosul caería antes de terminar la primavera.

Le quedan sólo unos días.

Mosul está prácticamente ya desmantelado, le queda el barrio viejo, que está junto al Tigris en la zona oeste. Creo que mi vaticinio se va a cumplir y en estos días va a terminar de ser reconquistado. Mi otro vaticinio ha sido que Raqqa caerá antes de que acabe otoño, incluso antes. La reconquista del territorio controlado por el Daesh va a un ritmo aceptable.

La medida estrella europea para evitar atentados, el PNR, no entrará en vigor al menos hasta 2018. ¿Cómo se le explica a la madre de una víctima que los estados siguen dando vueltas a cómo aplicarlo?

Más que un problema de legislación es un problema técnico. Digamos informático. Consiste en compartir ficheros entre todos los países. No es un tema menor, desde el punto de vista de las bases de datos es fácil legislar, pero luego implementarlo no es tan sencillo. Por eso es necesario un tiempo. De todos modos, el PNR no es la panacea, el problema está en varios campos: la prevención, la inteligencia y conseguir información y compartirla.

Italia había compartido con Reino Unido que uno de los terroristas había intentado viajar a Siria. También se lo remitió a Europol.

¿Es lógico que este señor esté libre? Pues depende de la legislación de cada país.

España ha optado por un modelo preventivo ¿Qué le parece?

España es uno de los países que está más avanzado. Los últimos cambios en el Código Penal de 2015 han facilitado mucho la lucha contra el terrorismo porque no estábamos acostumbrados a condenar la ideología, pero es que hay ideologías que necesariamente deben ser condenadas como está condenado el nacionalsocialismo de Hitler. Una persona puede ser condenada por apología del nazismo. Esto no todos los países lo tienen en su legislación. España es de los países que va por delante. Siempre hablamos de la eficacia de las fuerzas de seguridad, pero deberíamos hablar de la eficacia de todo el poder judicial.

Reino Unido aceptó como refugiado a un miembro de un grupo afín a Al Qaeda. Su hijo fue el terrorista de Manchester

¿Puede citar algún avance?

Hasta ahora la figura del agente infiltrado en redes no estaba protegido. Si ese señor se mete o adopta roles para estar en esas redes y no está protegido, al final un juez puede entender que estaba haciendo otra cosa. Eso España lo tiene resuelto y no lo tiene todo el mundo.

Otro de los autores del atentado de Londres, Khuram Shazad Butt, había protagonizado un documental sobre yihadistas en Reino Unido, ¿en España habría ido a la cárcel?

Tenemos una legislación que facilita la lucha contra el terrorismo. En España habría sido detenido sin ninguna duda. Pero si uno no comete ningún delito, la Policía no puede perseguir algo que no es delito.

¿Qué le parece que la primera ministra británica Theresa May apueste por supeditar la declaración de Derechos Humanos a la lucha contra el terrorismo?

Yo no debo comentar lo que hace un primer ministro de otro país. Sí que creo que el mundo occidental se basa en principios y uno es la libertad individual a diferencia de los salafistas, que anteponen la comunidad y por eso la mujer no es libre. Es importante que a la hora de legislar no perdamos de vista nuestras raíces y nuestros principios.

Tenemos que encontrar un equilibrio entre libertades y seguridad. Ese binomio es muy delicado. Si renunciamos a nuestra libertad individual, les estaremos dando la victoria. Pero hay mucho que hacer, si se le da refugio a un señor porque un régimen le ha perseguido hay que mirar por qué le persigue, si huye por ser de una facción afín a Al Qaeda no deberíamos darle refugio. Eso ha pasado, no en España, pero sí en Reino Unido.

¿Qué caso fue?

El caso del padre de Salman Abadi, el autor del atentado de Manchester. Reino Unido le da el estatus de refugiado porque ha huido de Libia, del régimen de Gadafi, que es una dictadura, pero le perseguía porque formaba parte de un grupo afín a Al Qaeda. Hay que tener claro que la lucha contra el terrorismo va a ser una carrera de fondo y una lucha de ideas. No podemos abdicar de nuestras ideas y no podemos darle ni la más mínima ventaja. Y quien diga que esto viene de la colonización y esas cosas incurre en un disparate, eso es darle gasolina al enemigo

¿Cree que habría que ser más escrupuloso a la hora de recibir refugiados?

No hay que confundir al refugiado con el terrorista. Todos los casos de refugiados son individuales, no se da el estatuto de refugiado de forma indiscriminada sino caso por caso. No se debe encasillar.

¿Ha fracasado el modelo de Reino Unido en la acogida de inmigrantes?

En Europa ha habido varios modelos y todos han fracasado. El modelo francés era que en los espacios públicos no se permite ninguna manifestación religiosa, ni velos ni la cruz católica, la república es laica. Eso dio problemas. El modelo de integración que intentó Francia es que la religión fuese algo privado en casa de cada uno y si no es así no se le acepta. El modelo francés ha fracasado.

El modelo británico es el opuesto: cada uno es libre de hacer las manifestaciones que quiera en público o en privado. Los sij siguen llevando sus turbantes, los musulmanes durante mucho tiempo han estado escribiendo libros donde justifican el yihadismo. Había librerías donde uno podía conseguir libros que no puede conseguir en ningún sitio. Ese modelo también ha fracasado.

¿Y en España?

En España la lucha contra la radicalización está generando un modelo. Hay que luchar en las cárceles, en las mezquitas, en internet… eso está generando: el que se salga de la raya la Policía le va a detener. A veces con unas pruebas endebles, porque no tiene armas o lo que sea, pero tenemos una lección aprendida que es el 11-M: cuando estos señores consiguieron la dinamita actuaron en lo que tardaron en montar las mochilas, no hay tiempo de reacción. No es el caso de ETA, que podía tener un depósito de armas, dejarlo ahí un año y cuando decidía cometer el atentado iba a por él. Tu podías encontrarlo y dejarlo ahí a la espera de que se acercarse algún etarra.

Ahora no hacen falta ni explosivos.

Efectivamente. El tiempo le está dando la razón al modelo español. Sólo necesitas un alquiler de furgonetas siguiendo lo que dice Estado Islámico en su revista Rumiya o un cuchillo y con eso basta. El Reino Unido tiene una dificultad añadida y es que los bobys no van armados como el que fue asesinado en el atentado de Westminster. Este es un debate que ellos tienen que resolver. A nosotros nos va bien con una Policía que ayuda al ciudadano y puede reprimir a un delincuente. Aquí a nadie le asusta ver a un policía con un arma.

El general dirige el Instituto Español de Estudios Estratégicos.

El general dirige el Instituto Español de Estudios Estratégicos.Moeh Atitar

¿Cree que la ausencia de atentados en España en esta última época se debe a que hay menos inmigración musulmana que en otros países como Bélgica, Francia o Reino Unido?

No es que tengamos menos inmigración, es que no tenemos segundas generaciones y eso influye y mucho. De España deben haber salido 213 yihadistas a combatir a Siria mientras que en Francia han salido 1.500 y en Reino Unido cerca de mil. Eso ya te indica algo. Si nosotros tenemos un 20 por ciento de foreign fighters respecto de Reino Unido, tenemos un 20 por ciento de radicales respecto de Reino Unido. Esto va a cambiar en el futuro y en diez años aparecerá esa segunda generación. Hay sitios donde ya está, en Melilla, Ceuta y donde llegaron las primeras oleadas que es Cataluña. El peligro en España irá incrementándose con esa segunda generación.

¿Existe un perfil de yihadista tipo?

No. Coincide habitualmente la falta de estudios y de educación. Convencerle a un señor para que ponga una mochila a la salida de un concierto y que se asegure de morir porque así va a ir a esa parte del cielo a la que sólo van los mártires es fácil cuando esa persona no es ilustrada.

Pero el que hace unos días actuó en Notre Dame era un hombre con formación universitaria.

Son la excepción. El Daesh reivindica todo lo que pueda pero suyos son el del avión de El Cairo, el de Bataclan (París) y el de Bruselas y ahí se termina. Otra cosa es que ellos digan que cuando alguien cometa un atentado lo reivindique en su nombre. Eso es nuevo porque está perdiendo territorio, es su derrota militar y tiene que hacer creer que no está tan débil. Los atentados de alguien que usa una furgoneta o un cuchillo no son suyos.

Los Hermanos Musulmanes no son una organización terrorista

¿Debería la comunidad musulmana hacer una reacción pública de condena?

Las manifestaciones están muy bien, pero lo realmente importante es la lucha contra la radicalización y eso es una lucha contra las ideas y ahí sí que los imanes tienen mucho que hacer, creo que las hacen pero pueden hacer muchas cosas. Yo no puedo discutir con un chico de 16 años en proceso de radicalización sobre la interpretación que hace del Islam porque si no has leído el Corán en árabe pierdes toda ascendencia para él. Ahí los imanes y los padres con sus hijos tienen una labor que hacer y que hay que exigirles. Hay una buena noticia y es que creo que tras el atentado de Londres, ningún imán ha querido hacer el entierro para los tres terroristas. Eso es una manera de marcar territorio.

Es un error apelar a discursos de justificación cuando decimos que los atentados son un problema derivado de no haber sabido integrar a la comunidad musulmana. Ellos usan ese argumento como gasolina. En las revistas de Estado Islámico hay un apartado que dice En palabras de nuestro enemigo donde usan eso para defender sus ideas.

El responsable del CNI, Felix Sanz Roldán, defiende que estos atentados es una consecuencia de un enfrentamiento entre suníes y chiíes. Ahora se ha producido una ruptura de relaciones dentro del bloque suní entre Arabia Saudí y Qatar. Como telón de fondo aparecen de nuevo los Hermanos Musulmanes. ¿Cree que son una organización terrorista que debería ser prohibida?

No. Los Hermanos Musulmanes sólo están prohibidos en Egipto.

Y ahora en Arabia Saudí, supongo.

Bueno, en Arabia Saudí no hay y si hubiera estarían proscritos.

Hay movimientos que piden que sea declarada terrorista.

Es verdad que de ellos han salido muchos terroristas, pero cuando alguien de los suyos apuesta por el yihadismo se sale de la hermandad como es el caso de Aymán al Zawahiri, que ahora es el líder de Al Qaeda. También Sayyid Qutb, que fue el padre de la teoría del yihadismo. Han salido todos de Hermanos Musulmanes, pero la hermandad no es terrorista.

Si hubiera que aplicar el modelo español del que hablábamos antes, estaría más que prohibido con esos antecedentes.

No. ETA nació del PNV, pero el PNV no es una organización terrorista.

Pero Batasuna sí.

Bueno, pero es distinto de donde procede uno. Si alguien procede de una cofradía pero como no pega tiros se dedica a ir por su cuenta, pues te echan. El presidente Mursi ha estado gobernando en Egipto hasta el golpe de Estado de Al Sisi. Hermanos Musulmanes sólo está en Egipto, pero luego hay muchos grupos que se declaran afines, pero yo no creo que sea una organización terrorista.

Origen: “El yihadismo en España crecerá en diez años con la segunda generación de inmigrantes”

¿Hasta cuándo, Montoro, abusarás de nuestra paciencia? -F.J.Losantos/LD-

Poco antes de que el Gobierno se esconda de nuevo tras las togas del Tribunal Constitucional, Montoro se ha complacido en deslegitimarlo. Ni siquiera cuando ha sido Rajoy el perjudicado por una decisión judicial -la última, clamorosamente injusta, es hacerle declarar en persona por el Caso Gürtel, cuando el mismo tribunal permite declarar por videoconferencia a notorios extremistas y violentos enemigos de la Nación y la Constitución- se ha permitido el Gobierno cocear tan violentamente a un Tribunal cuyo único destino razonable, lo hemos dicho mil veces, es convertirse en una Sala del Supremo, perdiendo su condición ilegal de Supremo del Supremo.

Hacienda, cómplice de los delincuentes fiscales

El jueves, el Constitucional declaró ilegal la amnistía fiscal de 2012, perpetrada por Montoro, al tiempo que nos asestaba una estocada tributaria feroz, la peor de nuestra Historia, y mantenía el disparatado gasto público. Lo hizo ilegalmente mediante decreto-ley, para no debatir siquiera en el Parlamento los términos y razones de ese blanqueo de fondos delictivos, que no otra cosa han sido y son siempre las amnistías fiscales: el recurso de un Fisco con problemas de tesorería a los delincuentes fiscales que guardan su dinero en otros países, por lo general caimanes y por tradición suizos.

Yo no condeno que la gente tenga su dinero donde legalmente pueda. Lo que me indigna es que se mime con una multa del 10%, luego del 3%, a los amigos que necesitan blanquearlo para mantener sus negocios mientras a la clase media se le roba el 50% de lo que gana, se la maltrata con unas inspecciones dignas de Stalin, no de un Estado de Derecho y, encima, se nos insulta en los medios y en las Cortes. Nadie nos ha machacado tanto como Montoro. Nadie nos ha insultado más. Pero tampoco a nadie ha condenado tan duramente el Constitucional como a este déspota que es ya el vampiro con más en el cargo de chupar la sangre de los españoles.

Nos había confesado el Abogado del Estado en el caso Urdangarín, superando en corrupción intelectual a la Fiscalía de Horrach, que “lo de que Hacienda somos todos es una mera frase publicitaria, pero no es verdad”. Ya lo suponíamos, pero lo que no habíamos visto nunca es que la máxima instancia legal, a la que de ordinario y extraordinario recurre el Gobierno, condenara al Ministerio de Hacienda en términos sólo compatibles con la dimisión del ministro. Si es que el Gobierno, como hasta ahora, busca el amparo del Constitucional para frenar el referéndum separatista catalán.

El Constitucional nos toma el pelo

Pero es tal la fatuidad, está tan asentada la confianza en la impunidad de sus ilegalidades, es tan escandalosa la hoja de servicios de Montoro a Rajoy, que su respuesta ha sido poner a caer de un burro al Tribunal, a los medios, a la oposición y a cuantos entienden que declarar ilegal un acto del Gobierno, por la forma del decreto-ley y por el fondo de privilegiar a los que no pagan a Hacienda por encima de los que, con harto dolor, lo hacen. Lo primero es fruto de la política chapucera de este Gobierno. Lo segundo es un atentado a la igualdad constitucional de los españoles ante la Ley.

Con un agravante, en el que insiste el Tribunal, un Ministerio que debe perseguir el fraude fiscal, se conchabó con el delito que presume de perseguir. Añadamos que mintió tras el escándalo de conocerse que los primeros beneficiados eran los recaudadores del impuesto reaccionario del PP en dinero negro -con Bárcenas a la cabeza- y la banda de los Pujol. Se comprometió Montoro a inspeccionar a todos los acogidos a la amnistía, vulnerando esa seguridad jurídica que ahora reivindica y el TC acepta de forma esquizofrénica, única forma de lograr el voto por unanimidad. No lo ha hecho. Sólo uno de cada diez. El resultado del delito fue, además, una prueba de que la ilegalidad nunca está reñida con la incompetencia: 1.200 millones de euros en 31.000 declaraciones; oficialmente se buscaban 2.500 y oficiosamente -búsquese en la prensa de la época- entre 5.000 y 10.000. Ni siquiera puede alegar Montoro el hurto famélico: se robó y no se comió.

Por supuesto, el TC nos toma el pelo diciendo que la amnistía fue en la forma y el fondo ilegal pero que su resultado es inapelablemente legal. Lo ilegal no puede ser legal, o sobra el tribunal. Y no busque la excusa de la “seguridad jurídica” de los pocos que tan poco pagaron. Es mucho más importante la seguridad jurídica de todos los españoles, que el Gobierno vulneró a conciencia y el TC se limita a castigar con un coscorrón moral.

La sentencia del TC, una “perorata judicial”

En cualquier caso, de aceptar que ese atropello de la legalidad no tiene remedio, todavía es más necesario pedir la cabeza del responsable político del delito. Porque delito sin remedio posible ha sido, según el TC. Pero Montoro y sus montoneros no están dispuestos a correr la suerte de sus enemigos del PP -Soria y Aguirre- a los que ellos ejecutaron con filtraciones criminales o detenciones ilegales, como la de Rato. Se han hecho a vivir fuera de la Ley y les molesta hasta que les recuerden su existencia.

Eso explica las frases terribles que en su excelente crónica de ayer recogía Jorge Bustos en El Mundo: la sentencia es “una perorata política”; “Montoro no piensa dimitir porque es Rajoy” y ésta que lo resume todo: “Nos hemos olvidado de 2012. Era el epicentro de la crisis. España estaba al borde del rescate y necesitábamos liquidez. Afloró menos dinero del esperado, pero ni Rajoy ni Montoro imaginaban que la medida pudiera declararse incompatible con la Constitución, del mismo modo que no lo fueron las amnistías de Solchaga y de Borrell”.

Sin recurrir a lo que dijo Montoro – egalo de hemeroteca para su moción de censura, si Pablenín supiera leer- se olvidan estos montoneros montoritas de que el PP, Aznar como Rajoy, las condenaron siempre, desde la lavandería de dinero negro que, por broma del idioma, llamaron AFROS (Activos Financieros con Retención de Origen). El PP los condenó por ser anticonstitucionales, en los mismos términos que ahora el Constitucional.

Y por supuesto que no nos hemos olvidado de la crisis. Ni de que para remediarla Rajoy y Montoro, subieron salvajemente los impuestos y buscaron la colaboración del hampa, antes que cerrar un solo pesebre del gasto público: alcaldías, diputaciones, autonomías, Gobierno Central y empresas públicas. En 2012, todo era del PP. Pero antes que reducir tanto pienso, prefirieron perder Andalucía. “Vamos a descolocar a la Izquierda”, presumió Montoro. Y el joven Arenas se quedó sin la Junta, porque medio millón de andaluces que acababan de votar al PP se negaron a repetir. No, no nos hemos olvidado. Y espero que la oposición no se olvide tampoco. Si “Montoro es Rajoy”, y vaya si lo es, su caída será rápida. Más difícil lo tenía Cicerón con el golpista Catilina y en cuatro discursos lo hizo huir. La frase “Quo usque tandem, Catilina, abutare patientia nostra?” (¿Hasta cuándo Catilina, abusarás de nuestra paciencia?) fue su epitafio. Cambien Catilina por Montaurus y R.I.P.

Origen: Libertad Digital

Reflexiones sobre la muerte de un héroe

” No hay pedazo de tierra sin una tumba española”
Cuando las instituciones y la policía inglesa aconseja a la población correr, esconderse y llamar a la policía ( quien os ha visto y quien os ve), un abogado de 39 años nacido en el norte de la vieja patria de Blas De Lezo y D. Pelayo, también corría… Pero en sentido contrario. Corría directo a los terroristas, directo a la muerte. Mientras los hijos de la Gran Bretaña corrían despavoridos, un español se enfrentaba sin más armas que un monopatín a tres terroristas islámicos que acuchillaban sin compasión alguna a los descendientes del almirante Nelson.
El bravo abogado no se detuvo a pensar por un momento si era su tierra, su gente o su familia; agarró su ” arma” y se enfrentó a los tres bastardos asesinos que en ese momento se ensañaban con una mujer… Siendo derribado por una puñalada trapera recibida por la espalda… No hubieran podido de otra manera.
Una vez más, quedó probado aquel viejo dicho de que no hay en el mundo nada más peligroso que un español acorralado. Es una pena el sistema que rige esta nación y la clase política que vive de ella y la parasita. El pueblo español, o dicho de otra manera, el español de a pie es valiente, abnegado y entregado porque lo lleva grabado en su carácter; lo que falla es lo que lo ha hecho siempre… Las inútiles y cobardes clase dirigentes.
En tiempos donde se encumbra y se idolatra a Messis y Cristianos, un hijo de esta tierra llamada España, un héroe anónimo, dejaba una lección de heroísmo en un país que por historia siempre nos despreció. Los que creemos en la defensa de Europa y de los valores cristianos te estaremos eternamente agradecidos.
Esperemos que las instituciones y los mezquinos partidos políticos nacionales reconozcan, valoren y premien un acto por desgracia muy difícil de ver en estos aciagos tiempos. Que aquí, en tu propio país, honren y dignifiquen tu bravura; una acción que sin tener nada que ganar te llevó hacia la muerte enfrentándote a ella, mirándola de frente, atacándola como si fueras un soldado de los tercios viejos… Gracias a actos como el tuyo, y no por los mundiales de la ” roja”, uno puede seguir sintiéndose orgulloso de ser español.
” Dios, que buen vasayo, si hubiere buen señor”
Ya estas junto a los mejores… DESCANSA EN PAZ, HÉROE!

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Un español de los de antes.

Leo que se confirma la muerte de Ignacio Echeverría. Que murió propinando patinazos a los terroristas. Puedo imaginarlo apretando los dientes, mandíbula tensa, el patín en la mano derecha y con la izquierda desafiando al terrorista. Ven si te atreves.
Pienso en ese chaval y la memoria me lleva a Numancia en el 133 a.C. donde los celtíberos ya avisamos que esta tierra sólo se conquista derramando mucha sangre. Pienso en que arremetió con su patín contra tíos armados y me traslado a Covadonga al 722, con astures arrojando piedras al invasor al grito de esta tierra es nuestra. O al 1212 en Las Navas cuando españoles de tres reinos hicieron callar al gran tambor almohade. O en la llanura de Otumba, cuando otro español ordenó que no se huyera más, que no se retrocediera ni un paso para asombro de los persecutores que confiados dejaron sus almas en el acero español. Pienso en su arrojo, en su valentía y recuerdo a españoles en la noche helada de Haarlem, acorralados primero y poniendo en jaque al ejército holandés después para que durante siglos asustaran a sus hijos con el Duque de Alba. Pienso en la cara del terrorista al ver a Ignacio irse por él, y puedo ver a la armada inglesa humillada por Blas de Lezo, camino de Albión para contarle a su reina que los españoles han vencido en inferioridad de 20 a 1.
Ha muerto un español de los de antes. Ha muerto un valiente.
Descanse en paz, Ignacio Echeverría.

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CARTA A IGNACIO ECHEVERRÍA, AGRADECIMIENTO Y HOMENAJE A UN HÉROE ESPAÑOL

Querido Ignacio:

No tuve el honor de conocerte. Ignoro cuáles fueron tus creencias, tus filias y tus fobias. Y me da igual. Pero hoy, cuando la prensa ha confirmado tu muerte en los atentados islámicos de Londres, me siento obligado a escribirte esta carta para, además de lamentar tu fallecimiento y expresar mis condolencias a tu familia, agradecerte tu heroico comportamiento.

Aunque los telediarios han pasado de puntillas sobre tu valentía al enfrentarte a la morisma asesina armado solamente con tu monopatín, tu gesto trasciende la simple anécdota y salva la dignidad de nuestro Pueblo.

Gracias por no dudar en arriesgar tu vida para defender a la mujer que estaba siendo apuñalada por los musulmanes terroristas. En este tiempo en el que el buenismo estúpido y endófobo se ha convertido en dogma, tu valentía generosa se convierte en una acción doblemente heroica.

Gracias por comportarte como un caballero español en un tiempo y en un lugar en los que la cobardía y la sumisión ante culturas hostiles son aplaudidas y elogiadas por una prensa y unos políticos de letrina.

Gracias porque el nombre de España se haya asociado, por una vez, a la única actitud digna que se puede adoptar ante los que tiñen de sangre las calles de Europa mientras sus costumbres bárbaras nos son impuestas y financiadas por unos gobernantes genuflexos y acobardados.

Gracias por devolvernos la fe en nuestro Pueblo, tan envilecido y encanallado por ideologías disolventes y suicidas.
Tu nobleza y tu sacrificio han puesto de manifiesto que todavía hay españoles dignos de ese nombre y que la “memoria histórica” no es esa pestilente charca de bilis con la que una piara de resentidos intenta borrar sus crímenes, derrotas y complejos. La verdadera memoria histórica es la voz de la sangre guerrera de un pueblo que forjó su identidad a lo largo de ocho siglos de lucha contra el invasor musulmán.

Gracias porque, en esa jornada trágica, tu humilde monopatín fue una espada de heroísmo y nobleza frente al fanatismo y la iniquidad.

Sé que hoy, Ignacio, los héroes de las Navas, de Lepanto y del Rif te han acogido entre sus filas eternas como a un nuevo compañero de armas.

J.L. Antonaya

Amando de Miguel – La democracia degradada – Libertad Digital

Después de 40 años de una exitosa transición a la democracia, el destino parece obligar a los españoles a replantearse la forma que han de dar a nuestro régimen de partidos y libertades. No es fácil. Da la impresión de que han declinado definitivamente los dos grandes bloques fundacionales, la derecha y la izquierda. Se ha producido una cierta sucesión generacional en otros dos partidos nuevos, pero de momento no han conseguido la capacidad requerida para poder gobernar.

Se habla mucho de redactar una nueva Constitución. Habrá que definir previamente los términos. De momento, ya nos ha enseñado el mandamás del PSOE que “la nación es un sentimiento”. Supongo que el buen hombre pensará que la democracia es un estado de ánimo. Pues no. La democracia es un método muy útil para asegurar la sucesión pacífica en el poder con un mínimo de libertad e igualdad.

A través de su etimología observamos que la democracia se compone de dos partes: demos (el pueblo) y cracia (el poder). Normalmente se estudia la democracia desde el estricto punto de vista del poder. Por ejemplo, profesores y analistas se entretienen mucho con el sistema electoral. Pero hay otro aspecto más interesante: explicar la democracia como producto de ciertas condiciones económicas, culturales, históricas. Por ejemplo, la actual democracia española acumula algunos retrasos en la consecución de la libertad y la igualdad. A primera vista no lo parece, pero pensemos: ¿cuántas personas de más de 70 años son diputados o senadores en las Cortes Españolas? Nadie habla de una discriminación tan flagrante. Hay otras.

La democracia no es una cuestión dicotómica, la que dice que existe o no existe. Antes bien, se trata de una gradación. Habrá distintos niveles de democracia según se consiga más o menos libertad e igualdad y todo conduzca a una sucesión pacífica en el poder.

No solo son grados, hay también varios modelos de democracia según sean las tradiciones culturales. Por ejemplo, la democracia estadounidense (ellos dicen “americana”) se basa en una sistemática desconfianza del Estado. Lo que ocurre es que, al mismo tiempo, se apoya en el principio de confianza en todo lo demás. Para empezar, “In God we trust” (el lema que recogen las monedas y billetes de los Estados Unidos; es decir, “confiamos en Dios”). En inglés, trust es un grupo industrial; suele indicar algo positivo. Incorporado al español, el trust tiene un sentido despectivo, es poco menos que una banda de ladrones. En la tradición europea, y desde luego en la española, la democracia se apoya en una confianza absoluta en el Estado. Hemos dado en divinizar el “Estado de Bienestar”, una especie de Providencia secularizada. En las encuestas, los “problemas de los españoles” son los que el Estado puede y debe resolver. Nuestro sistema conduce inevitablemente a una sistemática elevación de los impuestos, tasas y similares.

Destaca una gran paradoja. La mayor parte de los Estados del mundo pretenden ser democracias, pero el grado que consiguen objetivamente resulta bastante pobre. Pueden incluso conseguir una cierta transmisión pacífica del poder, pero con escasas libertades y una mínima eficacia.

Seamos realistas (de realidad, no de realeza). La actual democracia española aparece sumamente degradada para los estándares europeos. La prueba es que admite un exceso de corrupción política y la amenaza constante de los secesionismos. Son dos tachas que también se dan en otros países europeos, pero eso no supone un gran consuelo. La corrupción política no es solo quedarse con una parte del dinero del erario, sino que la política constituye una amplia avenida para enriquecerse, aunque sea legalmente. El secesionismo es más bien una amenaza (“la espada de Demóstenes”, que dijo el otro), y por ese lado no parece tan grave. Sin embargo, ese mismo hecho supone una acumulación de privilegios para las regiones donde se habla otra lengua aparte de la común. Es decir, se descubre aquí un grave déficit de igualdad.

En definitiva, necesitamos un nuevo texto constitucional. Ojalá que no sean solo juristas sus redactores. Pero sobre todo lo que se impone es reconstituir la sociedad. Ahí le duele, amigos. Hace más de un siglo lo llamaban “regeneración”. Se sigue utilizando el término, a falta de otro más imaginativo.

Origen: Amando de Miguel – La democracia degradada – Libertad Digital

La verdad no mancha los labios de quien la dice,sino la conciencia de quien la oculta.

bucker125

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Politicamente MUY incorrecto

el tivipata

Yo soy, así, sin etiquetas

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