Inmigración, populismo y nacionalismo: la crisis de la comunidad política. -J.C.Rodriguez/Disidentia-

La llegada de seis centenares largos de personas a las costas españolas procedentes de Libia y el llamado “proceso” separatista catalán son dos cuestiones que, en principio, no tienen nada que ver la una con la otra. Pero las dos, como muchas otras que agitan los políticos en los medios de comunicación, se refieren a una misma cuestión que, de forma apresurada y sucinta podríamos expresar con la pregunta ¿quiénes somos?

Los grandes debates políticos se erigen sobre una cuestión fundamental, literalmente fundamental, que es la comunidad política, la de quiénes, y por qué motivos, se definen a sí mismos con el mismo denominador. Aunque los lindes de la comunidad política nunca han sido meridianos, sí se puede decir que la cuestión ha llegado a una situación de crisis. ¿Quiénes somos? Parece una pregunta desesperada, y lo es. Sólo plantearla provoca indignación en muchos, unos porque su respuesta debería estar clara, y otros porque la mera posibilidad de que haya otros les parece ofensiva. ¿Cuáles son los términos de esa crisis? ¿De dónde procede?

Creo que para entenderlo, lo mejor que podemos hacer es mirar nuestro pasado, a cómo se han forjado las ideas sobre cuál es la comunidad que define a cada individuo. Habrá que dar trazos gruesos, por no perdernos en los detalles, pero éstos serán suficientes para entender que tenemos una crisis política (¿Quiénes nos podemos considerar miembros de una comunidad?) que es también personal (¿A qué comunidad pertenezco? ¿Qué soy?).

Crisis política. Comencemos por ahí, por la polis. Nosotros estudiamos la historia de Grecia, pero si hubiésemos preguntado a los griegos de entonces qué son, hubiesen dicho atenienses, espartanos, corintios, tebanos o milesio. Roma, con una perspectiva rural, no urbanita como la de las polis, hizo algo extraordinario. Concedió el status de ciudadanía a los pueblos que iba conquistando, a medida que se incorporaban a su cultura (la propia palabra cultura está vinculada al mundo rural). Y recordemos que Roma fue un imperio que abarcaba desde el fin de la tierra al Mar Rojo y al Golfo Pérsico. Y rodeaba a “nuestro mar” desde Bretaña hasta Asuán.

Mientras que la polis es una comunidad ética y estaba formada por hombres con capacidad para participar en la dirección de lo común (política), los ciudadanos romanos eran propietarios de la cosa pública

Mientras que la polis es una comunidad ética y estaba formada por hombres con capacidad para participar en la dirección de lo común (política), los ciudadanos romanos eran propietarios de la cosa pública. Su ciudadanía era un concepto de cariz más jurídico. La Polis es particularista, pero la urbs romana no; lo primero son los cives, los ciudadanos, y su participación en la cultura romana. Por eso el Imperio Romano fue universalista.

Luego, de las venas del imperio en decadencia y hacia arriba emergió una comunidad religiosa (las otras que he mencionado también lo eran) totalmente revolucionaria: el cristianismo tenía vocación ecuménica, católica. Encajó bien con la concepción de ciudadano de Roma. Antes de que el continente adquiriese su propio nombre, y mucho después de hacerlo, los ciudadanos se identificaban con la cristiandad. Henri Pirenne dice que hasta el siglo XVI la Historia de Europa fue la de la Iglesia.

En ese siglo la Iglesia Occidental se fractura con la Reforma, y dejó de ser el centro de la cristiandad; pasó a serlo el Estado en cada territorio; una tendencia reforzada por el lema protestante cuius regio, eius religio. Las iglesias se nacionalizaron; de ahí el regalismo de la monarquía española, el galicalismo (Francia), o el josefismo (Imperio austro húngaro). En el caso de Inglaterra, mucho antes de que Enrique VIII desgajase la Iglesia de Inglaterra, ésta se había ido separando de Roma. Este cambio favoreció el desarrollo de conciencias nacionales, más particulares que el universalismo romano.

El Estado ha monopolizado la cultura, minando el rol que tenía la Iglesia, y ha hecho lo mismo con el derecho, al que ha convertido en mera legislación

El Estado ha monopolizado la cultura, minando el rol que tenía la Iglesia, y ha hecho lo mismo con el derecho, al que ha convertido en mera legislación. Y actúa sobre el pueblo con un afán homogeneizador. De hecho acaba sustituyendo el concepto particular, contingente, histórico, de “pueblo”, por el más abstracto de “sociedad”. El despotismo primero, por su voluntad de dirigir la sociedad desde el poder con el consejo de los intelectuales, y la Revolución Francesa después, ahondaron en el desarrollo de la conciencia nacional, históricamente vinculada al desarrollo del poder del Estado.

Sieyes señala la nación como comunidad fuente de todo acuerdo político, sin el contradictorio papel de una Constitución. Pues, si ésta limita la capacidad de acción del pueblo, constituido en nación, ésta dejaría de tener plena libertad para hacer y deshacer. Ese poder total de la nación se ha reforzado con el papel que le hemos dado a la democracia no sólo como método para elegir un gobierno, sino como fuente de leyes y también como fuente de moral; de verdad, incluso.

En el siglo XIX convivieron la globalización y el nacionalismo, los viajes masivos entre continentes, el libre movimiento dentro de Europa, y la ideología tribalista que busca sacar del desconcierto y la pérdida de referencias subsumiendo al individuo en una comunidad abstracta, ideológica, depositaria de todas las virtudes.

Polis, imperio, reino, nación… la comunidad política ha ido cambiando, pero es una categoría histórica que se ha mantenido hasta recientemente. Es difícil seguir el mecanismo destructor de una idea tan arraigada como esa. La globalización, por sí misma, no es una explicación suficiente. Ya hubo globalización a finales del XIX y comienzos del XX, en pleno auge del nacionalismo.

La identidad, que parece ser el gran tema de las últimas décadas, ha pasado de basarse en el territorio y en la historia a hacerlo en las ideas y en el presente

Han cambiado los referentes. Ha cambiado el ámbito de discusión, que ahora es global, y sus términos. Y la identidad, que parece ser el gran tema de las últimas décadas, ha pasado de basarse en el territorio y en la historia a hacerlo en las ideas y en el presente. Se ha hecho más abstracta e inaprensible. La cuestión ideológica ha sustituido a la nacional. Y esto tiene implicaciones sutiles pero de largo alcance.

La relación del Estado con los ciudadanos ha cambiado. El Estado se plantea como un poder inmanente, con una legitimidad que ya no parte tanto del proceso democrático, sino de la propia posición ideológica. El Estado es legítimo porque se suma al esfuerzo global contra el cambio climático, porque regula el matrimonio entre personas del mismo sexo, porque define según el nuevo canon cuál es la relación que deben tener hombre y mujer. La democracia ya no legitima. Es más, cuando los votantes rechazan esos cambios, se rescata la palabra pueblo en términos despectivos, como residuo histórico por reciclar, y llamamos “populismo” a la realidad democrática no aceptada por la ideología predominante.

En Cataluña, los nacionalistas han aprovechado, en aparente paradoja, la crisis de la comunidad política para sus propios propósitos. Por un lado dicen que esa comunidad es sólo Cataluña; una pretensión sin base histórica. Y por otro proclaman el “derecho a decidir”, un mecanismo sin base ni propósito claros: decidir ¿quién?, decidir ¿qué? ¿Cualquiera puede decidir cualquier cosa? El mecanismo democrático ¿es válido para un demos arbitrario? ¿Genera legitimidad por sí solo? El nacionalismo medra entre esas confusiones.

En Estados Unidos ha salido elegido un presidente populista. Legítimo para quienes todavía creen en la democracia, ilegítimo para quienes creen que es la ideología la que otorga el plácet

En Estados Unidos ha salido elegido un presidente populista. Legítimo para quienes todavía creen en la democracia, ilegítimo para quienes creen que es la ideología la que otorga el plácet; por eso había quien pedía la recusación (impeachment) de Donald Trump antes incluso de que jurase como presidente de los Estados Unidos.

En Europa ese proceso de sustitución de legitimidades tiene un papel crucial. Sobre los Estados se ha erigido, en un esfuerzo que ha llevado décadas, un nuevo Estado. Es un árbol sin raíces populares, cuyo sostén político son los Estados miembros. La UE ni es democrática ni, en realidad, puede o desea serlo. Le falta un demos, un pueblo, una comunidad política propia. Necesita crear una ciudadanía europea, pero es prácticamente imposible. ¿Cómo salva esta situación tan precaria un Estado no democrático sobre una sociedad tan profundamente democrática?

Por dos vías. Afortunadamente para la UE, ha encontrado una fuente de legitimidad muy conveniente en la ideología dominante. La otra vía parte de la constatación de que no puede construir una ciudadanía europea si los ciudadanos siguen sintiéndose sobre todo parte de sus comunidades nacionales. Rompámosla. Echemos por tierra las referencias culturales de la vieja Europa, disolvamos la población con nuevas comunidades procedentes de fuera, hagamos que cada vez sea más borrosa la definición de lo que es ser francés, español, húngaro, austríaco… La inmigración masiva no es un problema. Es una solución.

Yo soy partidario de la libre inmigración, pero esa no es la cuestión aquí. La cuestión es que cuando volvamos a preguntarnos ¿quiénes somos nosotros?, nuestro único referente sea el gobierno europeo.

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El Feminismo Corporativo: una verdadera lacra social. -Javier Benegas/Disidentia-

 

En apenas unos años, hemos pasado de disfrutar de una cierta libertad a tener que medir cada una de nuestras palabras, expresiones y actos. Las coacciones que atentan contra nuestra libertad de expresión y de acción, se han multiplicado. Y son las que emanan del bullicioso Feminismo Corporativo (en adelante FC) las que se han vuelto más expeditivas y peligrosas. De hecho, no resulta exagerado afirmar que este nuevo feminismo se ha convertido en la peor y más corrosiva de todas manifestaciones de la Corrección Política.

Censura, censura y más censura

El FC censura por definición cualquier alusión al aspecto físico de la mujer, muy especialmente si ésta se produce en un medio de comunicación. Referirse a la belleza o la fealdad de una fémina —no así de un hombre—, o simplemente aludir a su forma de vestir en un reportaje o noticia, es un acto castigado con el escarnio del profesional que firme la nota, aunque se trate de una sátira o una simple crónica rosa.

Si el protagonista del reportaje es una mujer relevante, estos es, según el lenguaje FC, un “referente”, entonces directamente se califica de atentado. Y el autor (muchas veces autora) es arrojado a la hoguera por hereje.

En Francia piropear o sencillamente silbar a una mujer por la calle supone una multa de 750 euros

El FC también ha elevado el vulgar piropo a la categoría de agresión sexual. Así, en Francia piropear o sencillamente silbar a una mujer por la calle supone una multa de 750 euros. Y si esto sucede en el transporte público el importe de la sanción se duplica; es decir, 1.500 euros. Una medida que pronto podría ser imitada por otros países europeos.

Por si esto no fuera bastante se pretende que este tipo de sanciones se apliquen, además de en la calle, en otros ámbitos, como la prensa. Y que se tipifique como delito en un medio de información cualquier referencia remotamente sexual sobre una mujer.

La falsa cultura de la violación

A pesar de que las violaciones son delitos cometidos por una diminuta minoría de varones, en comparación con la población total, el FC pretende imponer la idea de que en nuestras sociedades existe una “cultura de la violación“. Y para que ninguna interacción entre hombres y mujeres escape a su control, toda acción debe ser fiscalizada y calificada como algún tipo de agresión sexual, desde una simple palabra, pasando por una insinuación, hasta la franca proposición sexual.

El FC pretende además que el supuesto delito sexual deje de depender de los hechos objetivos y pase a estar sujeto a la apreciación subjetiva de una de las partes, es decir, de la mujer. Y que ni siquiera se necesaria una mínima coherencia temporal. Así, la mujer tendrá derecho a arrepentirse al día siguiente de la relación sexual que mantuvo voluntariamente la noche anterior. Y su cambio de parecer podrá ser base suficiente para procesar al varón.

Universidades y tribunales paralelos

En numerosas universidades norteamericanas el FC ha logrado que se pueda denunciar a un estudiante por el hecho de “mirar raro”, algo por otra parte que es imposible de demostrar salvo que la palabra de la mujer se convierta en ley. Así, en los campus norteamericanos proliferan los comités que actúan como tribunales paralelos, suplantando las competencias de los tribunales ordinarios.

En numerosas universidades norteamericanas el Feminismo Corporativo ha logrado que se pueda denunciar a un estudiante por el hecho de “mirar raro”

Cualquier joven puede ver su reputación arruinada irremediablemente por obra y gracia de un malentendido, un despecho o una desavenencia con una compañera. Los comités que le juzgarán, además de estar presionados por la corriente feminista, carecen de la preparación y los medios necesarios para realizar pesquisas mínimamente garantistas. Para colmo de males, están saturados, puesto que todo es susceptible de ser considerado agresión sexual.

Como es lógico, los dictámenes de estos comités suelen acabar en los tribunales ordinarios, donde verdaderos jueces terminan finalmente exonerando al estudiante… pero cuando el daño reputacional es ya irreparable. En la era de Internet, las viejas noticias permanecen en la Red durante largo tiempo y, en muchos casos, también las fotografías de los “ajusticiados”. A estos contenidos se puede acceder desde cualquier parte del planeta. Por lo que la víctima no tiene siquiera la posibilidad de rehacer su vida en otra parte.

Feminismo Corporativo e intereses

El FC ha convertido el Día Internacional de la Mujer en un acto de desagravio en el que se denuncia, entre otras cosas, la falsa “cultura de la violación”. Así, lo que hasta hace tan solo unos años era una jornada de celebración y de estímulo, ha derivado en un ajuste de cuentas generalizado, una interesada guerra de sexos con la que se presiona a los legisladores para que redacten leyes particulares. Y la ley deje de ser igual para todos y se convierta en privilegio.

Como ejemplo inquietante de cómo el FC ha penetrado en unas instituciones que se supone neutrales, basta pasear por delante del Ministerio de Igualdad y contemplar la enorme pancarta con un lazo morado que pende de su fachada. Una imagen que tiene ciertas reminiscencias de la Alemania nazi, en cuyos edificios oficiales pendían grandes estandartes con la esvástica.

Lamentablemente, cuanto más ceden los políticos a la presión, más lobbies feministas florecen en aquellos sectores más prometedores. Para las activistas, todo sector relevante, con posibilidades de promoción, se convierte en un objetivo estratégico. Una característica que revela la existencia de intereses que no son ni mucho menos extensibles a todas las mujeres.

No existe ningún movimiento feminista relevante en los oficios más sufridos, donde la posibilidad de ascender y obtener privilegios es prácticamente inexistente

En efecto, resulta bastante sospechoso que se ponga el foco en determinados sectores profesionales, casualmente aquellos que resultan más cercanos y atractivos a las activistas y, en especial, a sus núcleos duros. Raro es ver movilizaciones similares en actividades que resultan de escaso interés para las activistas. No existe, por ejemplo, ningún movimiento feminista relevante en los oficios más sufridos, donde la posibilidad de ascender y obtener privilegios es prácticamente inexistente.

En cambio, en el mundo de la dirección de empresas, las finanzas, las ciencias sociales, la política o el periodismo la guerra es total. La razón es sencilla, el FC es por definición un movimiento elitista, integrado por mujeres de clase media que aspiran a mejorar su posición por encima de sus méritos. Son personas que buscan en el activismo su ascensor social.

No es feminismo, es elitismo

El FC se asemeja bastante a los nacionalismos supremacistas. Al igual que estos, crea un enemigo exterior: el hombre o, en su defecto, el patriarcado; construye una causa general con la que promete grandes beneficios a todos los que la apoyen, pero luego las ventajas y prebendas recaen en una minoría; establece barreras de entrada similares a la imposición lingüística, en su caso se trata de una serie de preceptos, reglas, códigos de conducta y dogmas cuya definición y certificación queda a discreción de una selecta cúpula; no significa más y mejores oportunidades, sino selección adversa, un proceso donde no ascienden las más capaces sino las más dogmáticas; y, por último, es intrínsecamente elitista: no hay nada que desagrade más a las nuevas feministas que las mujeres esforzadas, esas que, motu proprio, trabajan duro y velan por las personas a las que quieren, en vez de sumarse a su causa.

En definitiva, el Feminismo Corporativo se ha convertido en un grave problema para la convivencia y la sociedad abierta. No representa a todas las mujeres, sino a una clase muy concreta de mujeres que busca la manera de situarse por encima de todos los demás.

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Palestinos: no hay lugar para los gais. – Jaled Abu Toameh/LD-

Se estima que el pasado día 8 unas 250.000 personas asistieron al desfile del Orgullo Gay en Tel Aviv. Turistas de todo el mundo acudieron a Israel a participar en el acontecimiento. El lema de este año era La comunidad hace historia, en referencia a la comunidad LGBT en Israel.

Mientras los israelíes celebraban la tolerancia en las calles de Tel Aviv, sus vecinos palestinos estaban ocupados haciendo precisamente lo contrario: exigiendo que se despidiera a gente por producir una telecomedia sobre los gais en la Franja de Gaza.

El polémico programa, titulado Fuera de foco, ha recibido duras condenas de los palestinos, que están pidiendo que se castigue a los responsables por “afrentar los valores árabes e islámicos”.

En la sociedad árabe-palestina, la homosexualidad es denunciada y estigmatizada. La homosexualidad es ilegal bajo el régimen de Hamás en Gaza, y decenas de gais palestinos han huido a Israel por miedo a la persecución y el hostigamiento. En la Margen Occidental, las leyes de la Autoridad Palestina (AP) tampoco protegen los derechos de los palestinos gais.

En las últimas décadas, varios palestinos gais han sido asesinados en la Margen y la Franja.

En 2016 Hamás ejecutó a uno de sus altos mandos militares, Mahmud Ishtiwi, de 34 años, tras haber sido declarado culpable de “comportamiento inmoral”, referencia apenas velada a la homosexualidad. Ishtiwi, al que se ejecutó con tres disparos en el pecho, habría tenido una vida segura si hubiese sido ciudadano israelí. Si hubiese vivido en Israel, incluso podría haber participado en el desfile del Orgullo Gay en Tel Aviv sin tener que ocultar su identidad. Pero vivía en Gaza, entre personas que consideran que la homosexualidad es un pecado castigable con la muerte y obraron en consecuencia.

El caso de Ishtiwi revela una importante diferencia entre las sociedades y culturas israelí y palestina. Israel ha ido avanzando hacia la tolerancia y la aceptación de los derechos de la comunidad gay, mientras que los palestinos siguen siendo tan intolerantes como siempre hacia quienes se atreven a actuar y hablar de manera distinta.

El clamor por el programa sobre los gais en Gaza es otro ejemplo de cómo la sociedad palestina está aún lejos de reconocer y respetar los derechos de la comunidad gay. Fuera de foco, que se rodó recientemente en la Franja, incluye una escena cómica del tipo cámara oculta en la que un actor se insinúa a los jóvenes. Es decir, que las insinuaciones no son reales, su propósito era cómico; aquellos a quienes se acercaban ni siquiera sabían que les estaban grabando. Pero en el mundo palestino éste no es un tema para bromas.

Musa Shurrab, humorista gazatí y creador del programa ofensivo, está en graves apuros. Fue obligado a disculparse con un mensaje de Facebook. “Pedimos disculpas a todos nuestros espectadores”, escribió. “El programa fue eliminado tras publicarse. Cometimos un error y lo lamentamos”. La disculpa, sin embargo, no ha logrado calmar a sus críticos, que en las redes sociales han expresado su repulsión por el show y por el comportamiento de Shurrab. “¿Qué tipo de disculpa es esta, después de haber ofendido todos los valores religiosos y culturales sólo por la fama?”, comentó Tagrid Alemure. Otros usuarios de Facebook acusaron al humorista de promover la “anormalidad sexual” y emplearon expresiones denigrantes y palabras malsonantes para acusarlo y amenazarlo. “Eliminar el vídeo no te exonera de este crimen moral”, dijo Mohamed al Aila.

Algunos palestinos pidieron a Hamás que tomara medidas contra Shurrab y los productores del programa. Su petición no cayó en saco roto. El Ministerio del Interior llamó rápidamente a uno de ellos, Emad Eid, para interrogarlo. Aunque le dejaron marchar horas después, Hamás dice que seguirá investigando.

La agencia de noticias Maan, de Belén, que ha sido acusada de producir el show, está haciendo ahora todo lo posible para marcar distancias. Por medio de un comunicado, afirmó que nunca había autorizado que el programa se emitiera y que alguien lo había filtrado. “Uno de los actores publicó el programa en las redes sociales con nuestro logo. Nos reservamos el derecho a emprender medidas legales contra los responsables de este acto ilegal”, comunicó. Asimismo, pidió disculpas “por herir a nuestro pueblo y nuestros valores”.

Por su parte, la AP ha puesto en marcha su propia investigación sobre el programa, que considera “perjudicial para nuestro pueblo y sus valores”. El Ministerio de Información anunció que tenía previsto emprender medidas legales contra los responsables.

¿Qué puede uno aprender de esta polémica? Básicamente, que es más seguro ser miembro de Hamás que gay. Los líderes palestinos preferirían que los jóvenes trataran de matar israelíes en vez de hablar sobre los gais. En el mundo de Hamás y la AP, no hay lugar para la comedia o la sátira.

¿Cómo puede haberlo, sin espacio para los gais o para cualquiera que se atreva a tocar cuestiones que son tabú? Es un secreto a voces que en la sociedad palestina hay gais, pero sus vidas son muy distintas a las de sus semejantes a sólo unos pocos kilómetros, en Israel.

Casual y elocuentemente, la polémica sobre los gais palestinos se produjo el mismo día en que decenas de miles de israelíes festejaban el Orgullo en Tel Aviv.

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Podemos: lenguaje de combate. -El Club de los Viernes/LD-

Desde la aparición del fenómeno del 15M y la irrupción de Podemos en el panorama político español, son muchos los artículos y ensayos destinados a su estudio y análisis. Muchas de esas obras son ciertamente meritorias y aportan luces sobre la naturaleza, orígenes y estrategias del engendro hispano-chavista; pero, sin embargo, dichos trabajos no se suelen centrar en articular o proponer métodos prácticos para combatir a Podemos. Destinamos demasiado tiempo a criticar a Podemos y muy poco a crear un “discurso popular” alternativo. Aquí exponemos cuatro técnicas a nuestro criterio útiles para derrotar a la progresía no mediante la crítica, sino a través de la utilización práctica de sus mismas armas:

1. Jamás emplee la terminología progre, ni tan siquiera para ridiculizarla: la batalla de la semántica es clave y es un campo en el que jamás ha existido oposición. Muchos de nosotros, pretendiendo ridiculizar las expresiones y la neolengua podemita, no hacemos más que ayudar a que dicha terminología acabe por calar en la sociedad. Cada vez que empleamos una expresión salida de la fábrica de la Facultad de Ciencias Políticas de la Complutense, estamos colaborando al arraigo de la misma. Muchos periodistas se ríen y tratan de poner en evidencia a los podemitas cuando feminizan masculinos genéricos, sin ser conscientes de que cada vez que se pronuncian esos palabros se está colaborando con el enemigo, haciendo que los miles de radioyentes o lectores interioricen involuntariamente dicho vocabulario y lo repitan en sus conversaciones habituales, ayudando a propagar su uso y la carga de profundidad ideológica que acarrean. Por lo tanto, lo primero que hay que hacer es negarse a emplear el vocabulario podemita, ni tan siquiera para ridiculizarlos.

2. Cree un diccionario alternativo, una terminología propia para referirse a determinados fenómenos. Céntrese en una serie de expresiones y empléelas de forma reiterada y sin complejos. Ejemplos de lo anterior podrían ser endeudicidio, palabra que asocia la deuda pública con un homicidio social; ensañamiento fiscal para referirse a la presión fiscal; violencia pasional para referirse a los crímenes que se producen dentro de las relaciones de pareja, término más atinado y despojado de la dialéctica de lucha de sexos de la expresión habitualmente empleada (que en aplicación de lo expuesto en el primer punto de este artículo no vamos ni a nombrar). Las palabras, como bien sabe la izquierda, ayudan a transmitir una visión positiva o negativa –según el caso– del concepto al que queramos referirnos.

3.- Aprópiese de palabras fetiche: una técnica muy habitual por parte de la izquierda, es vaciar de contenido las palabras y dotarlas de otro totalmente diferente, para que ya no signifiquen lo que deberían, sino conceptos ideológica y deliberadamente alterados. Por este procedimiento, palabras asociadas a conceptos positivos son utilizadas para definir realidades totalmente distintas a su significado primigenio. Luchemos por apropiarnos de palabras fetiche y darles otro significado. Un caso paradigmático es la palabra democracia, que en boca de un podemita llega a amparar la dictadura del proletariado. Pues bien, no permitamos que en la palabra democracia quepa el concepto de dictadura neocomunista y que sea monopolizada por la izquierda. Empleemos la palabra democracia para definir conceptos liberales. Por ejemplo, en vez de hablar de privatizar servicios públicos, hablemos de democratizar la sanidad y la educación, es decir, de conferir a las personas el derecho a elegir el modelo y el proveedor sanitario o educativo que cada cual quiera.

4. Combinación interesada de palabras. La elección del adjetivo que acompaña al sustantivo es en muchos casos esencial, pues al adjetivarla, se dota a la palabra de una valoración interesada. Utilizar sistemáticamente una combinación de palabras que altere el significado inicial de las mismas, dota de una sibilina carga ideológica al mensaje en el que están incluidas. Un ejemplo muy claro es la palabra “público”, que asociada a los servicios prestados por el Estado les confiere una percepción positiva en la sociedad. Bajo esta misma regla, se pueden asociar dichos servicios a una palabra o concepto que no goce de buena reputación social. Una posible alternativa sería la de referirse a dichos servicios como “servicios gubernamentales”, dado que el gobierno no suele gozar de unos altos niveles de aprecio social. De esta manera, se contagia a los servicios prestados por la administración de la carga negativa asociada al gobierno.

En resumen, tengamos en cuenta que las ideas se transmiten a través de las palabras, de las cuales no se pueden disociar. Por ello es fundamental dar la batalla semántica: evitando el uso de la terminología progre, creando un “diccionario” alternativo, apropiándonos de palabras fetiche en nuestro provecho y adjetivando de manera inteligente las palabras. Porque como decía un conocido héroe cinematográfico estadounidense: “para sobrevivir a la guerra hay que convertirse en guerra”.

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La izquierda contra Occidente. -Jesús Laínz/LD-

Richard Dawkins es un eminente científico inglés especializado en biología evolutiva y conocido mundialmente por su incansable actividad como defensor del racionalismo ateo frente a todo tipo de religión. Suele encuadrársele en el grupo denominado Los Cuatro Jinetes, formado por él y sus compañeros de lucha antirreligiosa Sam Harris, Daniel Dennet y el ya fallecido Christopher Hitchens.

Educado en la fe anglicana, que abandonó en su adolescencia, Dawkins se define a sí mismo como izquierdista. Efectivamente, ha sido alabado durante décadas por la izquierda, especialmente en los países anglosajones, campo principal de su actividad como escritor y conferenciante, por su defensa del ateísmo y su crítica a las religiones. Ha dirigido su artillería principalmente contra la religión cristiana por ser la dominante en el Occidente en el que nació y vive, y, más concretamente, contra la católica, a la que ha considerado la más perniciosa de todas a lo largo de la historia.

Pero resulta que últimamente le ha dado por subrayar la peligrosidad del islam para la paz mundial, mucho mayor en nuestros días que la de la religión de Cristo, que anda muy de capa caída. Y se ha llevado la sorpresa de que su querida izquierda le está dando la espalda. Por ejemplo, el pasado verano se canceló una conferencia que iba a pronunciar en Berkeley, California, ante las presiones de quienes le acusaron de islamófobo. ¡Berkeley, la cuna del Free Speech Movement en los 60! ¡Berkeley, el origen de la agitación universitaria de aquella revolucionaria década! ¡Berkeley, el primer éxito de aquella New Left que comenzaba a sustituir la estrategia marxista clásica de la lucha de clases por el antirracismo, el feminismo, los derechos de los homosexuales, el aborto, la ideología de género y la despenalización de las drogas!

Es decir, cuando la izquierda quiso derribar el orden ideológico tradicional de Occidente, que había sobrevivido a duras penas hasta los primeros años de la Guerra Fría, clamó por la libertad de expresión. Pero una vez que el orden ideológico occidental ya es aplastantemente izquierdista, se acabó la libertad de expresión.

Dawkins se sorprende de que, tras décadas criticando el cristianismo en numerosos países de tradición cristiana sin haber tenido nunca el menor problema de censura, la que él llama “izquierda regresiva” le impida ahora criticar la religión islámica. Y confiesa que esta doble vara de medir de la izquierda es un gran misterio para él.

Pero no es ningún misterio. Se trata simplemente de que el núcleo del izquierdismo, en cualquiera de sus variantes –y en estos asuntos, como en tantos otros, la izquierda comienza bastante a la derecha–, no es otra cosa que el odio a la civilización occidental y a los elementos religiosos, étnicos, culturales, políticos y económicos que la constituyeron en el pasado y que, aunque cada día más débilmente, la siguen constituyendo hoy.

Si desde el punto de vista económico, Occidente se caracteriza por el sistema capitalista que le ha convertido en el sector indudablemente más próspero del planeta, a años luz del autodestruido sistema socialista, a la izquierda le toca rechazar el capitalismo.

Si desde el punto de vista militar y político, el sostén de Occidente desde el final de la Segunda Guerra Mundial ha sido la OTAN capitaneada por los Estados Unidos, la izquierda tiene que odiar a la OTAN y, especialmente, a los Estados Unidos. Éste es el motivo, por cierto, de la antipatía de casi toda la izquierda hacia Israel y la subsiguiente simpatía por el mundo árabe. No hay nada de antisemitismo en ello, sino rechazo al aliado de los Estados Unidos en Oriente Medio. El amigo de mi enemigo es mi enemigo. Aunque ello implique apoyar unos regímenes teocráticos alejadísimos de la ideología izquierdista.

Si desde el punto de vista cultural, eso que llamamos Occidente ha sido construido desde tiempos de Homero mayoritariamente por aquellos a los que la progresía norteamericana bautizó como Dead white males (Hombre blancos muertos), la izquierda ha de empeñarse en barrer de los libros y las aulas ese canon cultural milenario para sustituirlo por mujeres y no-europeos, a ser posible contemporáneos, mediante un sistema de cuotas igualitarias que sitúa en segundo plano la calidad e importancia de la aportación de cada cual.

Y si desde el punto de vista religioso, Occidente está basado en la tradición teológica, moral, artística y jurídica construida durante dos milenios de cristianismo, la izquierda ha de luchar encarnizadamente por su extirpación.

Esto es lo que a Dawkins le parece misterioso: si el motivo de la oposición al cristianismo por parte de la izquierda fuese su pensamiento materialista, lo cual sería lógico, tendría que oponerse por igual a cualquier otra religión, y muy especialmente a la islámica por el violento fanatismo que caracteriza a buena parte de sus fieles en el siglo XXI. Pero el motivo no es su materialismo, sino su odio patológico a Occidente. Y como la religión cristiana es la que ha construido y sigue siendo la mayoritaria en Occidente, está destinada a recibir el odio eterno de la izquierda. Y las demás religiones, especialmente aquellas contra las que haya chocado la cristiandad durante siglos y que hoy en día sigan siendo una amenaza para el modo de vida occidental, cuentan con la ignorante, sectaria y suicida simpatía de la izquierda.

 

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La fama del Gobierno y los gritos de auxilio, ¡libertad! -Irene González Fernández/4Press-

Ya sé que acaban de agarrar sus carteras ministeriales, y tengo aun más presente que la exaltación mediática por el nuevo Gobierno “estelar”, autodefinición de Calviño, no ha hecho más que comenzar; pero esta ola vacía y superficial de elogios, típica de la progresía, con el equipo de Sánchez, confieso que empezó a aburrirme a las pocas horas.

A primera vista los nombramientos nos pueden crear la imagen de un Gobierno que va a jugar a poli bueno y poli malo con el principal problema del país, el nacionalismo. Sin embargo, todo es un engaño óptico para que el único proyecto socialista desde hace años, la institucionalización de la desigualdad absoluta entre españoles, inherente a su concepto de federalismo asimétrico, se lleve a cabo. Así que hablemos de lo que importa del Gobierno.

Se ha aplaudido con efusividad hasta la rendición al nuevo Gobierno por la designación de Borrell como Ministro de Exteriores. Es esencial que exista una política de comunicación exterior denunciando las mentiras de los secesionistas y él es gran figura para dicha tarea por su lucha contra el separatismo, aunque nunca la percibí contra el nacionalismo. Pero al único miembro del Gobierno que se ha enfrentado con los separatistas le envían fuera de nuestras fronteras porque no es un interlocutor válido para que los del Ku Klux Cat acepten el Federalismo asimétrico. ¿Acaso pretende Pedro Sánchez fingir oposición mediante encuentros de exteriores bilaterales con el Gobierno de Cataluña?. ¿Recuerdan a Margallo debatiendo con Junqueras? Pues eso.

Los focos, las redes y los platós encumbran a quienes no han ganado las elecciones, y aquí estamos, aguantando esta exaltación, emoción e ilusión aireada a los cuatro vientos de los miembros del nuevo Gobierno, achispados en su propia fama que huele a la caspa de las opiniones oficiales y obedientes sin atisbo de genialidad analítica y política.

Y mientras, los episodios de violencia sobre ciudadanos no separatistas en Cataluña van en aumento, traspasando cada día una barrera diferente. Y mientras, al partido ganador de las elecciones en Cataluña, Ciudadanos, se le prohíbe el uso del espacio público en Vic. Y mientras, se suceden gritos de auxilio de personas pidiendo ¡Libertad!, encerradas en una sala de lo que allí aún llaman Universidad de Barcelona, porque han sido rodeados por una turba violenta que pretende asaltar la sala, dirigidos por una estrella mediática de la cadena protegida de Iceta, Frederich Bentanachs, fundador del grupo terrorista Terra Lliure. Fue pura violencia, y como esto también va de eugenesia lingüística, qué mejor objetivo que un acto en honor al mejor embajador universal de nuestra lengua, Cervantes.

¿Dónde estaban los Mossos? ¿Qué ha dicho el Ministro del Interior, el Juez Grande-Marlaska al respecto? Tendremos que volver a preguntar a Rubalcaba. ¿Qué va a hacer la Fiscalía con los videos del asalto a la UAB, Ministra de Justicia y fiscal Dolores Delgado? ¿O hay que preguntar a Baltasar Garzón?. Y la Vicepresidenta y Ministra de Igualdad, Carmen Calvo, ¿se va a ocupar de que todos los españoles seamos iguales ante la Ley? De los que sufren persecución y opresión del nacionalismo les garantizo que no. Gran cantidad de nombres del pleistoceno socialista que hay en este Gobierno al que imponen el adjetivo de nuevo y moderno, ¿a quién creen que pueden engañar?.

¿De qué sirve haber nombrado a alguien en Economía del favor de Bruselas si Sánchez, es decir, Meritxell, es decir, Iceta, levantan el control, la supervisión de las cuentas públicas a los secesionistas? Por cierto, el control no vino con el 155, fue previo. Grifo abierto para embajadas y CDR´s. Esto no es una irresponsabilidad, es colaboracionismo con el separatismo xenófobo. Gestos, lo llaman en la neolengua progre en la que algunos somos ya bilingües por hartazgo.

Y finalmente, la tarea más importante ha sido encomendada a Meritxell Batet, Ministra de Asuntos Territoriales, que es el nombramiento clave de todo el Gobierno, es decir, Iceta. Que el PSC controle La Moncloa nos lleva al escenario de la “urgente, viable y deseable reforma de la Constitución”. Pero ¿en qué consiste la supuesta solución socialista de nación de naciones?.

El Federalismo asimétrico pretende convertir a las Comunidades Autónomas con presencia nacionalista, los “países catalanes”, País Vasco junto a Navarra y Galicia, en nuevos Estados federados con el resto del país, a lo que no sé si nos dejarían seguir llamando España. Una independencia de hecho y no de derecho que se vería precedida por un referéndum pactado en dichas regiones que será el primer antecedente de la liquidación de la soberanía nacional como ciudadanos.

Esto no va a resolver ni uno solo de los problemas, ya que no es una cuestión territorial, ni es un problema de descentralización. Siempre, desde la E.T.A., ha sido una cuestión de libertades individuales, de derechos civiles, de poder ser quien eres sin que la opresión totalitaria te condene a la muerte civil o real, por pertenecer a la raza o clase estigmatizada y a extinguir. Esto va de existir con dignidad en libertad. La única cuestión es que seamos una nación de ciudadanos libres e iguales, o no. El federalismo asimétrico socialista acaba con todos esos principios fundamentales, ni habrá nación, ni seremos libres en esos territorios, ni seremos iguales en nada. Pero tranquilos, que tenemos Ministra de Igualdad.

Ellos establecen el relato, falso, de la existencia de dos bandos en Cataluña a los cuales equiparan en todo, en legitimidad y en racionalidad, aunque sus gestos siempre vayan dirigidos a los separatistas. En Vic pudimos ver claramente ambos bandos, a un lado de la plaza los proscritos, mis compañeros de Ciudadanos con Inés Arrimadas a la cabeza, lanzando el grito de auxilio ¡Libertad! tras haberles prohibido la celebración de un acto; en el otro lado, los de las esvásticas amarillas les amenazan para que se larguen de sus calles. Con esta ficción de bandos equiparados, el socialismo pretende situarse en un plano de superioridad moral sobre ambos, erigiéndose en árbitro y por tanto como el único que puede ostentar el poder. Resulta moralmente insoportable bajo cualquier norma básica de dignidad y libertad de la persona la equidistancia de los socialistas, ya que con la misma, legitima la barbarie de la xenofobia y el totalitarismo de los nacionalistas.

Creo sinceramente que esto no es el pago a PdCat, ERC y demás separatas que apoyaron a Pedro Sánchez en la Moción de Censura, no iban a votar a favor de su fingido enemigo Rajoy. Creo que el apoyo nacionalista en la Moción de censura no es su hipoteca, es su coartada ante ciertos votantes socialistas para permitir un referéndum pactado que excluya a la soberanía nacional, y tras ello, llevar a cabo la reforma de la Constitución que implante el federalismo asimétrico, la España de las desigualdades en derechos y libertades. Ya no les necesitan para mantenerse en solitario en La Moncloa y en el BOE, lo que hagan será porque comparten muchas líneas en su proyecto. Recuerden esto para cuando vuelva a haber Elecciones Generales.

De lo que no parecen darse cuenta los socialistas, proclives al federalismo asimétrico como alternativa a la independencia, es del punto de no retorno que ya han cruzado los separatistas y al que solo se puede hacer frente con el Estado de Derecho y la movilización de la sociedad, porque jamás nos callarán, jamás nos rendiremos, porque de nuestra Libertad depende nuestra existencia, nuestra dignidad y nuestra convivencia.

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Ha caído la gran mentira de nuestro sistema político. -José Carlos Rodriguez/Disidentia.com-

La elección de Pedro Sánchez como presidente del gobierno ha desvelado una de las grandes mentiras de nuestro sistema político; quizá la mayor de todas ellas. Entre la extrañeza y la decepción, no son pocos los que dicen en alto que a este presidente del gobierno no le han votado.

En su discurso de despedida como presidente del partido, Mariano Rajoy dijo que en dos ocasiones los españoles habían rechazado a Pedro Sánchez como jefe del gobierno. Con estas palabras, restaba legitimidad a su sucesor cuando acaba de iniciar su anhelada e improbable presidencia.

Las reglas son así. A los presidentes del gobierno no los eligen los españoles

Y, sin embargo, no puede caber un ápice de legalidad de la presidencia de Pedro Sánchez, e incluso de legitimidad. Las reglas son así. A los presidentes del gobierno no los eligen los españoles. Éstos votan a los miembros del Parlamento y es la Cámara Baja la que elige al presidente, del que cuelga una riada de nombramientos, de los ministros abajo, que conducirán con sus indicaciones la dirección política del Estado.

Si nuestro sistema político es así, si hemos pasado ya por 13 elecciones generales y siete presidentes del gobierno, ¿cómo puede haber gente que se sienta defraudada, extrañada incluso? Porque una cosa es cómo funciona mecánicamente el sistema y otra cuál es su funcionamiento real.

La teoría es que los ciudadanos elegimos el Parlamento y éste al presidente. Pero la realidad es que los ciudadanos no tenemos apenas capacidad de decisión. Nuestro único poder es el de elegir dónde se cortan las listas elaboradas por los líderes políticos. La verdad es que, incluso en las circunscripciones en las que sólo se eligen cuatro o cinco diputados, los electores votan por la lista del candidato, que es el líder del partido. Luego los votantes no votan a los parlamentarios que luego van a elegir al presidente, sino directamente al líder del partido.

De modo que el nuestro es en realidad un sistema mixto. La designación de la dirección política responde al parlamento, pero funciona casi como un sistema presidencialista. Y el resultado es que lo que refleja la Cámara es el resultado de la competencia entre listas electorales, cortadas según la aplicación de la ley D’Hont en las circunscripciones provinciales.

Este sistema mixto es lo que fomenta y asienta la partitocracia que en España llamamos democracia

Puede parecer una distinción sin importancia, pero no lo es. Porque este sistema mixto es lo que fomenta y asienta la partitocracia que en España llamamos democracia, quizá porque nunca hemos conocido un sistema plenamente democrático, quizá porque es lo que tenemos y nos vemos obligados a decirnos a nosotros mismos que España es una democracia.

Puesto que lo importante, lo relevante desde el punto de vista político es la lista. Y las listas las elige el candidato desde el partido. Luego son los partidos políticos los que dirigen la política en España, y nosotros, los ciudadanos, sólo podemos repartir su cuota de poder elección tras elección. El poder reside en los partidos, y por eso tiene tantísima importancia la corrupción asociada a su financiación. El dinero sabe a quién tiene que comprar, y desde luego no es a un diputado que no es más que un lorito de los mensajes del partido en el atril, y que en la comodidad de su escaño no es más que un sumando en las votaciones. No. El poder real está en los partidos, y a ellos se dirigen los fondos de quienes esperan de él tal o cual prebenda.

La partitocracia es tan podrosa que los líderes de los (hasta ahora) dos partidos con posibilidades de obtener el poder regional en la mayor parte de España, son los que elegían, o toleraban, a los candidatos de esas regiones. De modo que ni siquiera la división del poder territorial ha podido moderar el inmenso poder que reside en los partidos.

Asentado sobre esas bases, y con el sistema político español, son los partidos los que controlan no sólo el Parlamento, sino otras instituciones como el Consejo General del Poder Judicial, el Tribunal Constitucional o Radio Televisión Española. Todos los órganos de poder, cuando miran hacia arriba, confluyen en los mismos centros, los partidos políticos.

Hay una alternativa, tan real como que es la que funciona en las mejores democracias del mundo. Se trata de la circunscripción uninominal, o diputado de distrito

Habrá quien piense que en eso consiste una democracia. Que los partidos políticos son el instrumento habitual, efectivo incluso, para vehicular el voto ciudadano. Y puede que se pregunte qué otra cosa podemos hacer.

Pero no es así. Hay una alternativa, tan real como que es la que funciona en las mejores democracias del mundo. Se trata de la circunscripción uninominal, o diputado de distrito.

El partido no presenta una lista de candidatos ignotos, de escasa relevancia, y cuya contribución a la política, la que les ha conducido a la lista de elegibles, es su fidelidad al líder del partido. No. Presenta a un único candidato. Un candidato que, a diferencia de los listeros, tiene que bajar la mirada a los ciudadanos, hablarles directamente a ellos, y ganarse, él o ella, su confianza mayoritaria.

Esto supone un cambio fundamental, porque el diputado a quien debe su puesto no es tanto a la designación del partido como al voto de los ciudadanos. El partido le otorga el valor de su propia marca; estará respaldado por el hecho de formar parte de un proyecto más grande, con un conjunto de ideas ya conocido, más el apoyo económico a su candidatura. Pero la reelección no dependerá ya de cómo le mire el líder, sino de cómo le valoren los ciudadanos.

Por eso ocurre en los Estados Unidos, en el Reino Unido o en Francia que los diputados se enfrentan a su propio partido, y votan en ocasiones en contra de sus directrices políticas. Porque saben de quién necesitan renovar el apoyo. Además, cuando la carrera política ya no está en los despachos de los apparatchik, sino en la calle, la calidad de la democracia mejora substancialmente.

No deja de tener gracia que sea la traición del PNV la que haya hecho saltar por los aires la gran mentira del sistema político español

Si, además de elegir a los diputados de forma uninominal, es a dos vueltas como en Francia, el sistema tiene otras características, que serán ventajas o no según la preferencia de cada uno; principalmente una: que el voto a los partidos minoritarios tiene sentido. Porque, aunque su candidato no salga elegido, si apoya a un rival más afín obtendrá al menos la atención a las intenciones de sus votantes, si quiere repetir. El envés de esta situación lo hemos visto claramente en aquel país: hay un partido, el Frente Nacional, con una popularidad creciente pero con una fuerte oposición fuera del mismo. Y ha sido expulsado del Parlamento de forma sistemática, y sin reflejar el verdadero sentido del voto de los franceses. Sólo recientemente ha logrado el FN romper ese cerco.

Yo, particularmente, no tengo miedo al bipartidismo si es con un diputado de distrito. Pero resulte o no en la preeminencia de dos partidos, la circunscripción uninominal tiene la ventaja de que favorece la creación de mayorías absolutas. Y esto es muy importante en España, porque aquí el voto de la inmensa mayoría de los españoles cuenta muy poco, pues muchas veces queda pendiente de completar una mayoría con los diputados de un grupo nacionalista e insolidario. No deja de tener gracia que sea la traición del PNV, perdonen el pleonasmo, la que haya hecho saltar por los aires la gran mentira del sistema político español, colocando al frente del gobierno a un hombre que, sencillamente, los españoles no quieren.

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El último servicio al bipartidismo. -Emilio Campmany/LD-

Una vez que Rajoy ha renunciado a seguir en política, no hay explicación a que prefiriera dejar que Sánchez ganara su moción de censura en vez de dimitir e impedir que llegara a La Moncloa con el voto de quienes quieren destruir España. Tan sólo se alcanza a sospechar que considerara que peor sería que hubiera elecciones. Éstas no eran seguras, pero sí probables si Sánchez no conseguía, durante la ronda de consultas que tendría que haber abierto el rey, los apoyos que sí tenía para sacar adelante la moción.

Se trataría, pues, de una actitud encaminada a proteger el bipartidismo. Mientras el Gobierno esté en manos del PSOE, el PP seguirá teniendo una oportunidad de volver a él. En cambio, si cayera en manos de Ciudadanos, el PP podría estar condenado a la extinción. Y quién sabe lo que pasaría con el PSOE.

No dimitir de la Presidencia del Gobierno fue una actitud antipatriota porque permitía la llegada al poder de un irresponsable que se ha dejado respaldar por comunistas, separatistas y filoetarras, pero al menos tenía la explicación egoísta de que, de esa manera, Rajoy conservaba la vaga oportunidad de volver a la Moncloa. Si de todas formas iba a dimitir de la Presidencia del PP unos días más tarde, la decisión de dejar que la moción de censura prosperara deja de ser egoísta, pero sigue siendo igual de antipatriota. Y encima no ha obtenido con ella ningún beneficio.

Al final, se descubre que lo esencial, más allá de las ambiciones personales, es la protección del sistema, lo que incluye no sólo al PP y al PSOE, sino a los nacionalistas y, hasta cierto punto, a los de Podemos, que no dejan de ser los comunistas de siempre, útiles sólo para completar mayorías del PSOE. A ese sistema no pertenece Ciudadanos, no sólo por su marcado carácter antinacionalista, sino sobre todo por su vocación centrista, que le permite aspirar a ser partido mayoritario en perjuicio del PP y del PSOE. El objetivo es impedir que haga con uno de los dos lo que AP hizo con la UCD.

La protección del sistema incluye especialmente la negociación con ETA. No es casualidad que Rajoy, en su despedida, haya querido colgarse la medalla de ser el único presidente que no negoció con la banda. Es verdad, lo suyo es mucho peor. Pues, aunque no negociara, lo que hizo, después de ganar unas elecciones por oponerse a la negociación, fue aceptar el resultado de la misma y asumir los compromisos que se adquirieron en virtud de ella. Al menos Zapatero siempre defendió esa solución al terrorismo. Rajoy se apoyó en la negativa a hincar la rodilla de muchos españoles para llegar a presidente y luego traicionó a sus votantes dando por buenas las cesiones de Zapatero. Eso sí que no lo ha hecho ningún presidente del Gobierno. No puede extrañar que el último servicio de un gobernante así haya sido, no a España, sino a su partido y al PSOE.

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