El velo mediático. -F.J.Losantos/El Mundo-

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EL ATENTADO islamista de anteayer empezó siendo en TVE sólo «un incidente». En La Sexta, la niña del ojo izquierdo de Soraya, era obra de «un coche que presuntamente había atropellado a varias personas», porque hay que respetar la presunción de inocencia de los vehículos que atropellan solos. John Carlin, (el prisaico jefe de Prensa del acuerdo Santochenko-Timochenko que montó la campaña contra el madridista James por no respaldar, como más de media Colombia, la rendición al narcomunismo de las FARC) avisó en El País, la niña del ojo derecho de Soraya, que «las autoridades británicas, e incluso Trump podrían aprovechar los sucesos de Londres para imponer más restricciones migratorias». Qué gentuza, en vez de abrir los brazos a todos los que quieren enriquecer con la religión de la paz y el amor la grisalla de la sociedad occidental, mayormente británica.

Y son incontables los medios que durante…

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Flema y estulticia. -Emilio Campmany/LD-

Cuando en los setenta las organizaciones terroristas de extrema izquierda mataban a alguien, los izquierdistas lo justificaban de las más variopintas maneras. A veces, si el asesinado era un policía o un militar, alegaban que la posibilidad de morir de un tiro o una bomba iba en el sueldo. En otras apelaban a la opresión que padecían las clases humildes o los católicos irlandeses o los trabajadores vascos. Luego, cuando los palestinos se hicieron terroristas tras perder tres guerras con Israel, la izquierda simpatizó también con ellos, quizá porque recurrir a los mismos medios que la extrema izquierda les hacía parecer de la misma cuerda. Así, pasado el tiempo, han llegado hasta nuestros días justificando, comprendiendo y edulcorando el terrorismo islámico, no obstante alimentarse éste de una ideología reaccionaria que nada tiene que ver con los teóricos ideales de la izquierda.

El mensaje ha sido asumido incluso por los políticos de la derecha meliflua, que insisten, como ha hecho Theresa May hoy e hizo Angela Merkel ayer, en que los terroristas no podrán acabar con nuestro régimen de libertades. En esto no hay ninguna diferencia con lo que transmite John Carlin en El País, que puede valer por todos los comentarios de la izquierda. Todos vienen a decir que lo mejor que se puede hacer contra el terrorismo islámico es nada. Eso, ahora. Luego, cuando pasen unos días, llegará el apaciguamiento, reuniones con representantes de las comunidades musulmanas para ver qué se puede hacer para mejorar sus condiciones de vida, para que practiquen su religión en público más cómodamente, para ver si así, con un poco de suerte, dejan de matarnos. Y mientras tanto los muertos tendrán que conformarse con ser carne de estadística, un caso entre millones que tuvieron la mala suerte de estar en el lugar equivocado en el momento equivocado.

¿Se imaginan que Churchill hubiera hecho el discurso de May tras un bombardeo de Londres por aviones de la Luftwaffe? ¿Qué creen que hubieran hecho en The Guardian con el artículo de Carlin si hubiera pretendido publicarlo el día después del atentado de Hyde Park en 1982?

Tenemos a un enemigo que quiere matarnos. Y es nuestra obligación, pero especialmente la obligación de nuestras autoridades, defendernos de él. Qué medidas haya que tomar es algo discutible. Lo que es inaceptable es que no haya que hacer nada. Los hay que quieren echar a los musulmanes de Europa. No parece indispensable. Si cada vez son más los que defienden tan disparatada medida es precisamente porque no se toma ninguna para combatir a este escurridizo enemigo. No hacemos nada para evitar que el Estado Islámico controle áreas de territorio de las que extrae, exprimiendo a su población, financiación para su actividad terrorista. No hacemos nada para derrocar a los Gobiernos que financian el terrorismo islámico. No hacemos nada para impedir que la propaganda islamista se propague por internet. No hacemos nada para perseguir penalmente la ideología fundamentalista islámica. Y como no hacemos nada de esto, viene un Trump o un Wilders o una Le Pen y sus disparates atraen a según qué personas porque al menos ellos quieren hacer algo para defendernos de estos criminales. Si seguimos considerando a las víctimas del terrorismo islamista algo parecido a los fallecidos por accidente, como ha hecho de alguna manera May y más a las claras Carlin, vendrán quienes solucionen el problema a lo bestia, y a ver dónde acaban esas libertades por cuya defensa preferimos no hacer nada.

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Los batasunos y los recogenueces de la yihad. -Daniel R.Herrera/LD-

ETA mató mucho y duramente mucho tiempo. Pero aquello estaba lejos de ser el único problema que presentó a la sociedad española. También estaban los aproximadamente 200.000 hijos de puta que elección tras elección votaban al partido de la banda terrorista con cualquiera de los pseudónimos que fue adoptando a lo largo de los años. Eran ellos los que les servían de legitimación, de coartada, de cantera, de promoción, de justificación. No empuñaban las pistolas, pero disparaban el “algo habrá hecho”, el “hay que acabar con la represión”, el “hay que solucionar el conflicto”. Y junto a ellos, los cientos de miles más que recogían las nueces y justificaban que se agitara el árbol. Sin su existencia, ETA habría corrido la misma suerte que el Grapo. Son todos ellos cómplices de sus crímenes. En mayor o menor grado, pero todos lo son. Sin excepción.

Del mismo modo, el islam también tiene sus propios círculos del infierno. En el centro, el más pequeño, el de los terroristas de Al Qaeda, el de los soldados del ISIS o Boko Haram, el de los talibanes. Son los fanáticos que están dispuestos a matar y morir por imponer el islam y esperan encontrarse con sus huríes en el paraíso por ello. Son relativamente pocos, pero, claro, cuando una religión tiene más de mil millones de seguidores, un porcentaje pequeño termina siendo suficiente para montar ejércitos y conquistar cosas, no digamos ya matar a unos cientos de personas al año en Europa. Existe un círculo más numeroso, que son los que quieren imponer la sharia en Occidente, los que se manifiestan en las calles de Londres justificando que al infiel se le corte la cabeza pero no lo hacen personalmente. Los batasunos de la yihad.

El problema está sobre todo en el siguiente círculo, ese que, según las encuestas, es el mayoritario entre los musulmanes con los que convivimos en Occidente, y que ya no podemos llamar ni islamismo ni yihadismo, sino simplemente islam. El que cree que la mujer está por debajo del hombre, que hay que castigar la homosexualidad, que los dibujantes de las viñetas danesas deberían estar en la cárcel, etc. Los PNV y EA del islam, para entendernos. Y como son la mayoría de nuestros musulmanes, y como cada vez hay más en Europa, ha crecido en muchos europeos la conciencia de que deberíamos hacer algo. Y como los partidos de la élite se limitan a enterrar la cabeza en el suelo y descalificar como islamófobos a quienes señalan con el dedo, en los países donde hay suficiente inmigración musulmana y políticos inteligentes han nacido partidos que recogen esa alarma y ese descontento, creciente sobre todo en los pueblos y barrios donde realmente tienen que convivir día a día con esta realidad. Si llamas fascista, racista y xenófobo a todo el que se preocupe por las consecuencias de la inmigración musulmana, al final tendrás a la extrema derecha con millones de votos que hubieran podido ir otro tipo de formaciones políticas.

Desgraciadamente, nos encontramos ante un problema de difícil solución, si es que la tiene. Si la demografía continúa como hasta ahora, quizá vivamos en unas cuantas décadas en una Eurabia donde los derechos y libertades que disfrutamos hoy sean un recuerdo de viejos. Porque la única forma de que esa inmigración no destruya Occidente es asimilando a los musulmanes, logrando que cambien su cultura y combinen su religión con nuestras libertades. Es algo que no hemos hecho nunca, porque el cristianismo evolucionó mano a mano con la sociedad durante siglos y no hizo falta ningún shock cultural repentino. Y si vemos cómo nos ha ido en ese frente hasta ahora en los países con varias décadas de inmigración musulmana no hay mucho motivo a la esperanza.

Parece de sentido común que si no estamos consiguiendo que Europa reforme el islam, al menos no deberíamos agrandar el problema mediante la importación de más musulmanes. Y la reforma nunca llegará si se prohíbe la crítica, ya sea mediante leyes como la que planea Trudeau para Canadá o mediante esas condenas políticas y sociales que enfurecerían a los mismos que las dictan si se aplicaran a quienes no ya critican, sino hacen mofa y befa del cristianismo. Mucho se ha hablado de la fobia que tiene Geert Wilders al islam. Mucho menos que lleva doce años viviendo escondido sin dormir dos noches seguidas en el mismo lugar. Si eso no le hierve la sangre no es usted muy distinto de los recogenueces.

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Arrimadas y Albiol, desaparecidos. -Pablo Planas/LD-

Mucho facha suelto, parece: eso es lo que debieron de pensar la jefa de la oposición en Cataluña y el cabecilla del PPC.

Sociedad Civil Catalana (SCC) es a la Assemblea Nacional Catalana (ANC) lo que el Mirandés al Barça. Está SCC a años luz en presupuestos, medios y sustentos de la ANC, cuyo único parangón en términos volumétricos y de guarismos sería la FET y de las JONS en la posguerra. Son tantísimos los socios que dicen que tiene la entidad, que el Barça será más un club, pero no deja de ser una cosa despreciable al lado de la imponente ANC, cuya tradicional quedada del Onze de Setembre amenaza cada año con desviar el eje del planeta, de tantos millones de cívicos, pacíficos y festivos ciudadanos que congrega. Una cosa de no creer, como la Feria de Abril de Barcelona o las carreras de autos en Montmeló.

Frente a semejante mastodonte, cuya presencia mediática es abrumadora, SCC viene a ser un pequeño y clandestino hatajo de hormigas disidentes y disolventes, desertoras de la marabunta, que es la ANC, y en trance de ser aplastadas por la suela del zapato de Junqueras. Las diferencias entre SCC y la ANC son abismales, pero a veces ocurre que a Goliat se le va la pinza y se come una pedrada en toda la closca.

Este pasado domingo, sin ir más lejos, los formícidos contrarios a la república catalana salieron del hormiguero a pasear la oriflama roja y gualda. Por primera vez en la historia, la Guardia Urbana de Barcelona tachó cientos para poner miles de manifestantes en número de seis y mil quinientos.

Ese es el dato oficial, la cifra más alta de raros refractarios al proceso concentrados en una misma rave matinal por el centro de Barcelona, que no es territorio comanche sino de los siguientes, los apaches chiricahuas. Poca broma. Si la Guardia Urbana (los “pitufos” en la jerga de Colau y colegas) dice que seis mil quinientos, por lo menos había diez mil “fascistas”, según la definición del portavoz adjunto de ERC en el Congreso y páginas centrales de Vanity Fair Gabriel Rufián.

Mucho facha suelto parece, y eso es lo que debieron de pensar la jefa de la oposición en Cataluña, Inés Arrimadas, presidenta del grupo parlamentario autonómico de Ciudadanos, y el coordinador general del PP catalán, jefe de la bancada regional y presidente territorial in pectore del partido, Xavier García Albiol. Mientras miles de personas enarbolaban banderas de España en la plaza de Sant Jaume, que es como soltarse el pelo en la Plaza Jomeini de Teherán, ambos dos estaban en ineludibles compromisos a fin y efecto de demostrar que no tienen nada que ver con SCC, qué ordinariez; a diferencia de Cocomocho, Cocoliso, Junqueras, el Astuto, Garganté y TV3 respecto a la ANC.

Arrimadas estuvo por la mañana en Cádiz, de portavoz naranja, y por la tarde en Barna, nada menos que en el Gran Teatro del Liceo, donde se representaba una escogida selección de canciones de carnaval de las chirigotas de la misma Cádiz, que hay que ver lo pequeño que es el mundo y hasta dónde han llegado los cuchufleteros y el templo de la ópera. Albiol, por su parte, en el apasionante derbi de la canasta entre el Joventut de Badalona y el Barcelona de la Ciudad Condal. En el pabellón coincidió con Pablo Iglesias y Artur Mas, que dan su apoyo al equipo verdinegro en trance de desaparecer. Igual que España en Cataluña. Albiol se disculpó y dijo que cualquier forofo sabe de qué estamos hablando. Arrimadas no dijo nada.

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El monopolio del PP (y de la estiba). -Cristina Losada/LD-

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Hace unos días, un huracán político estaba a punto de llevarse por delante la legislatura. Era un huracán muy raro. Tanto, que lo provocó el batir de las alas de un problema sectorial que en modo alguno era novedad. Quién nos iba a decir que el rechazo a un decreto para ajustar la estiba a la norma europea podía tener efectos políticos de tal alcance como para disolver las Cortes y convocar elecciones. Nadie lo hubiera dicho. Es más, no lo hubiera dicho nadie de no haberlo insinuado el Gobierno. Al tiempo que cantaba las cuarenta a los “irresponsables” que rechazaron aprobar el decreto, dio a entender que respondería a otra indisciplina con el escarmiento del adelanto electoral. La desproporción entre la causa y los efectos con los que amenazó el Gobierno es tan grande que merece la pena preguntarse por qué los de Rajoy gastan la pólvora en salvas

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Adiós a la farsa. -Luis Herrero/LD-

Lo más escamante de todo es el protagonismo de Urkullu en esta tenebrosa historia del desarme de ETA. Desde que el lehendakari consiguió audiencia con el Secretario de Estado Pietro Parolín para ofrecerle al Vaticano la posibilidad de jugar un papel en el epílogo etarra, comenzó a crecer la sospecha de que algo raro se estaba cocinando en el fogón de Ajuria Enea.

Luego hemos sabido que Urkullu estuvo en Moncloa el martes de la semana pasada, para darle a Rajoy la primicia de lo que iba a pasar, y que el propio Rajoy iba a devolverle la visita cuatro días después en un almuerzo tempranero que no le impidiera ver el partido de fútbol entre el Athletic de Bilbao y el Real Madrid a las cuatro y cuarto de la tarde. Las prioridades conviene marcarlas como es debido.

El contexto de tanto cabildeo está muy claro: el PP había comprometido su apoyo a los presupuestos autonómicos del País Vasco y el PNV, en justa correspondencia, debía comprometer el suyo a los presupuestos generales del Estado. El zoco, por lo tanto, estaba abierto. Quid pro quo. El Gobierno quería estabilidad parlamentaria, ¿pero qué le iban a pedir a cambio?

La respuesta podemos encontrarla en la hemeroteca. Nada más ser elegido lehendakari, en enero de 2013, Urkullu acudió a La Moncloa para pedirle al presidente del Gobierno un cambio significativo en la política penitenciaria. La respuesta que obtuvo -según consta en las reseñas de prensa- es que antes de acceder a esa demanda ETA tenía que seguir haciendo gestos “más allá del cese definitivo de la violencia anunciado en octubre de 2011”.

La transferencia de competencias en materia penitenciaria, por lo que sabemos, sigue siendo una de las principales contrapartidas que demandan los peneuvistas a cambio de su apoyo. Más cupo, más inversiones, menos recursos al TC y control absoluto sobre los presos y la Seguridad Social: ese es el precio que piden los cinco nacionalistas vascos con escaño en el Congreso para votar al lado del Gobierno.

No tengo duda de que el anuncio que conocimos el viernes a través de Le Monde, pretenciosamente titulado por algunos medios como “desarme definitivo de ETA“, es la aportación terrorista al buen fin de este trapicheo. Ahí está la participación de Arnaldo Otegi para demostrarlo. Otra cosa distinta es que los gobiernos de Madrid y de París lo den por satisfactorio. Confío en que no sea así.

Sabemos que en los zulos que desmantelarán el 8 de abril quedan muy pocas armas, y casi todas oxidadas. Para una banda de asesinos que ha sido obligada a dejar de matar por la presión policial y la desafección de su gente, la entrega de un viejo arsenal ya prácticamente inservible sólo tiene valor simbólico. Vender eso como algo significativo es poco más que una broma pesada. Ni siquiera en un mercado de rufianes debería servir como moneda de canje.

Que Urkullu quiera hacerla valer para obtener a cambio la competencia penitenciaria que reclama es infame pero lógico. La culpa, si le sale bien, será del que paga la factura. También es lógico que Otegui trate de apaciguar la rebelión carcelaria de los suyos dándoles un poco de esperanza después del varapalo que les supuso la sentencia del Tribunal de Estrasburgo dando por buena la política de dispersión de presos.

Otegui se juega, entre otras cosas, su liderazgo en el mundo abertzale. El debilitamiento de su autoridad ha propiciado la aparición de un nuevo movimiento que se hace llamar Amnistía Ta Askatasuna (ATA), partidario de resucitar la ‘Kale Borroka’ para hacer frente a la política inmovilista del Gobierno. ATA le acusa de estar bajándose los pantalones a cambio de nada. Él debe demostrar que se equivocan.

Pero lo que es lógico en la cabeza del PNV y de Sortu no debería serlo en la cabeza del PP. El reciente anuncio de los etarras ni nos acerca la disolución de la banda ni pone a disposición de la justicia a los pistoleros que andan sueltos, empezando por Josu Ternera. Más que un gesto de buena voluntad es una grotesca tomadura de pelo. ¿Adiós a las armas? No. Más bien adiós a la farsa.

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¡Que en la mili os aguanten!…jo, vaya tropa…

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UNA BUENA IDEA, LA DEL JUEZ EMILIO CALATAYUD,

al proponer una vuelta al servicio militar obligatorio, que en su día suspendió el gobierno del Presidente Aznar. La tesis del Juez de Menores de Granada es la de que los beneficios educativos que obtendría, un joven más o menos normal, con esta breve experiencia militar de tan solo dos meses, le ayudarían a convertirse en un adulto útil para si mismo y para la sociedad; por lo general, de un buen soldado sale un buen civil, aunque las raras excepciones siempre existan. En España el Servicio Militar Obligatorio NO ESTÁ SUPRIMIDO, pues para ello habría que modificar la Constitución, sino sólo SUSPENDIDO. Para reinstaurarlo no harían falta, a priori, modificar demasiadas leyes ordinarias vigentes, ni mucho menos, la Carta Magna. 

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Inspirado por el retorno parcial de Suecia al reclutamiento forzoso, el Juez considera, correctamente, que el Ejército enseña Disciplina y Autoridad.  Pero, y siempre hay un pero, el Ejército no demanda tan…

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La corrupción española es global, y los datos alarman al resto del mundo.-José Zorrilla/EC-

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Foto: Sede en Madrid del ICBC, registrada por la Guardia Civil en febrero de 2016 (EFE)
Sede en Madrid del ICBC, registrada por la Guardia Civil en febrero de 2016 (EFE).
La corrupción en España es global y preocupa al mundo. En el índice de Transparencia Internacional pasamos de la posición 36 a la 41 sobre un total de 176 países. Dentro de la Unión Europea somos el 17 sobre 28. En fin, empatamos en esa clasificación con Brunei y Costa Rica. Y estos datos alarman a los reguladores globales.

Empecemos por la división criminal del Departamento del Tesoro (FinCEN) de EEUU. En marzo de 2015 abre una investigación sobre la Banca Privada de Andorra sospechando blanqueo de capitales en Venezuela, China y Rusia. Las clasificadoras intervienen de inmediato. Fitch baja el rating de BPA de B+ a BB y Standard and Poor se dirige a la propia Andorra a la que hace pasar de BBB+ a BB. Es la segunda caída de clasificación…

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La verdad no mancha los labios de quien la dice,sino la conciencia de quien la oculta.

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Politicamente MUY incorrecto

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A la pesca de noticias conflictivas "el análisis"

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