La masonería gana afiliados en España. -Graciano Palomo/ABC-

Se cumplen 300 años de la constitución de la primera logia en nuestro país. Hoy, el número de seguidores crece un 8% al año.

Esto se lee en el Preámbulo Completo de la Constitución de la Gran Logia de España-Grande Oriente Español: «La Francmasonería tiene su fundamento esencial en la fe en un Poder Supremo expresado bajo el nombre del Gran Arquitecto del Universo; sus principios se resumen en estas dos máximas: conócete y ama a tu prójimo como a ti mismo…». Y este año se cumplen exactamente 300 años desde que en Londres se fundara la primera Gran Logia Unida del mundo. En los años 30 del siglo XX había contabilizados en todo el mundo 6 millones de afiliados, justo el doble que actualmente. Desde reyes (Jorge V) a primeros ministros (Churchill); de profesionales liberales (médicos, abogados, ingenieros y muchos militares) a presidentes de la república (Chirac). De legisladores a científicos (Fleming).

En España su persecución en épocas de dictadura (fundamentalmente la del general Franco) creó un halo de misterio, incluso mística, que llega hasta nuestros días, aún muy desdibujada. Se han escrito miles de libros sobre su influencia y poder siempre en el secreto. Pero, ¿cómo se define así misma la masonería hoy? «Como una asociación libre de hombres independientes, los cuales sólo dependen de su conciencia desde la que se dedican a poner en práctica un ideal de paz, amor y fraternidad universal». Dicen que tiene como objetivo el perfeccionamiento moral de la humanidad como medio de propagación de una verdadera filantropía, con el empleo de formas y costumbres simbólicas. Impone a sus miembros el respeto a las opiniones ajenas, la prohibición de hablar de política y religión, que es lo que divide a los hombres. Se reúnen en lugares especiales llamadas «logias», donde trabajan ritualmente y «donde se aprende a amar a la Patria», y sólo admite a hombres mayores de edad, creyentes, de buenas costumbres, honorables, leales y dignos.

Los masones españoles (alrededor de 4.000 en la actualidad) van a celebrar los 300 años con una campaña destinada al reconocimiento de los fines perseguidos por las logias. En España existen dos grandes logias. La principal es la conocida como Gran Logia de España/Grande Oriente Español, fundada en 1887. Cuenta con alrededor de 180 logias locales. El reconocimiento masónico de la Gran Logia de España se produjo en 1982 y nació impulsada por la Masonería Francesa. La segunda en importancia es la Gran Logia Simbólica Española, con unos 300 miembros. Ambas cuentan con un Supremo Consejo que regula los ritos de trabajo. No hacen proselitismo pero exigen tres condiciones para el ingreso: creencias espirituales (no ateos); ser persona de buenas costumbres (no haber sido condenado penalmente por ningún tribunal) y «tener la nevera llena», esto es, ser libre económicamente.

España es uno de los países que en el Tricentenario puede presumir de una tendencia positiva en la afiliación masónica. Alrededor de 300 nuevos por año, en torno al 8%. El Gran Maestro de la Logia es el abogado valenciano Óscar de Alfonso. Francia cuenta con medio millón de afiliados, al igual que Reino Unidos y algo más en Estados Unidos. La Gran Logia de España sólo admite hombres; en la Gran Logia Simbólica hay también mujeres, en escaso número. La edad media de ingreso ronda entre los 30 y 50 años.

Profesionales liberales

El perfil profesional de los masones españoles pasa necesariamente por las profesiones liberales (médicos, abogados, ingenieros, periodistas). Actualmente hay muy pocos políticos. Un requisito básico es ser «librepensador», quizá la causa por la que nunca han tenido éxito en regímenes dictatoriales. Solo en 23 países de todo el mundo está proscrito el movimiento masónico, en Cuba las logias gozan de enorme reputación proveniente de que el fundador José Martí era un declarado y orgulloso masón. En las dictaduras actuales un masón puede acabar en la horca o en la cárcel, especialmente en las de marcada opresión islámica u otras orientaciones de integrismo religioso. Se dice, aunque no hay pruebas fehacientes porque las actas desaparecieron, que el general Franco intentó en dos ocasiones ser uno de sus miembros; le pusieron «bola negra» y de ahí su persecución posterior durante su Régimen. Fue el jesuita Ferrer Benimelli el primero en publicar esta historia.

La teórica condena de la Iglesia Católica a la Masonería es uno de los misterios nunca bien aclarados, según fuentes de los propios integrantes de las logias. En 1917 el Derecho Canónico recogía la excomunión católica de todo masón pero en 1983 se eliminó la referencia directa. El entonces cardenal Ratzinger reiteró en años posteriores la anatema contra la masonería, pero el año pasado el cardenal Rabassi publicó un informe en el que habla de «queridos hermanos masones» y subraya que la Masonería tiene los mismos principios que la Iglesia y «una visión muy similar del mundo».

He intentado buscar entre el congénito secretismo de las logias masónicas españolas lo que el secreto esconde. Y me he encontrado al fin y a la postre el Secreto de la Esfinge. Eso si, esparcido por todo el mundo donde un «hermano» de España es acogido con entusiasmo en el condado de Anglia o en Kentucky, donde siempre luce el sol.

 

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