Pensar va siendo cosa de fachas. -Cristian Campos/El Español-

Pongamos que pertenece usted a alguna de las tribus que forman la nación ideológica conocida popularmente como “la derecha”. Da igual si es usted conservador, liberal, libertario, tradicionalista, centrista, plutócrata, aristócrata, warmonger, librepensador, católico de derechas, derechista puro y duro o un poco facha, que de todo tiene que haber en la viña del Señor.

Qué demonios: hasta podría ser usted un poco socialdemócrata, ahora que la chavalada de la izquierda regresiva ha decidido que todo aquello situado a la derecha de los campos de reeducación ideológica, los supermercados desabastecidos, los quirófanos en los que no viviría ni una cabra, la propiedad colectiva de los hijos, las inflaciones inferiores al 500% y la apología de la okupación, del velo, del terrorismo y de los linchadores de Alsasua es casta enemiga del pueblo.

Pongamos, en resumen, que tiene usted más de quince años.

Pues bien. Está usted de enhorabuena. En función de sus neuras y humores matutinos, podrá usted leer a Arcadi Espada, Emilia Landaluce, Félix de Azúa, David Gistau, Jorge Bustos, Berta González de Vega, Arturo Pérez-Reverte, Fray Josepho, Juan Claudio de Ramón, Cristina Losada, María Blanco, Enrique García-Máiquez, Ferrán Caballero, José María Albert de Paco, Cristina Seguí, Ricardo Dudda, Gregorio Luri, Daniel Ari, Juanma del Álamo, Jorge Vilches, Miguel Ángel Quintana Paz, Jordi Bernal, Daniel Rodríguez Herrera, Carlos Rodríguez Braun, José García Domínguez, Hugues o, sin salir de esta misma casa, a José Antonio Montano, Rafael Latorre y David Jiménez Torres. También podrá leer de forma habitual, y sin que haya que darle las sales o abanicarle el cogote después, a gente inteligente como Manuel Jabois, Javier Marías, Juan José Millás, Aurora Nacarino-Brabo e incluso a la gente de Politikon, que ya es decir. Me dejo a docenas.

Es cierto que pocos de ellos aceptarán la etiqueta de “derechista” de buena gana. Si acaso, alguno se dejará colocar la de “socialdemócrata” por aquello del romanticismo pijo de las causas perdidas. Pero no se engañen. Todos ellos son burgueses de ley y orden por desarmarizar, es decir gente de derechas de toda la vida de Dios. También suelen escribir sin faltas de ortografía, lo que parece señal de un leve ramalazo meritocrático. Y lo que es más importante aún. Todos pueden ser leídos sin sentir vergüenza ajena.

Y todo esto sin salir de España. Porque si salimos de ella nos encontramos con Claire Lehmann, Theodore Dalrymple, Roger Scruton, Ayaan Hirsi Ali, Tom Nichols, Grover Norquist, Nassim Nicholas Taleb, Camille Paglia, Thomas Sowell, Jaron Lanier, Ibn Warraq o Yuval Noah Harari. Cito al buen tuntún por no repetir los nombres de siempre.

Y ahora pongamos que es usted de Podemos. Ya sabe. De Podemos.

Se levanta usted por la mañana y su gama de intelectuales y pensadores de cabecera va de Juan Carlos Monedero a Jordi Évole pasando por Ramón Espinar, el Gran Wyoming, Pablo Iglesias, Irene Maestre, Ada Colau, Máximo Pradera, Barbijaputa, Pablo Echenique, el Kichi, el Nega, Facu Díaz y los hermanos Garzón. El único equivalente que se me ocurre en el extremo contrario del espectro político es ese que se fue a Gibraltar a entrevistar a los macacos.

No es de extrañar, por cierto, que varios de ellos sean humoristas. Hay determinadas ideas políticas teóricamente serias que hay que explicar mediante chistes porque si las dices en serio se ríen en tu cara. No deja de ser paradójico.

¡Si al menos leyeran a Miliband (padre), Lukács, Rieff, Adorno, Hobsbawm o Habermas! No digo ya a Owen Jones, que es a Christopher Hitchens lo que el tres en raya al Gran Colisionador de Hadrones. Qué narices: me conformo con el fallero de Žižek o el tuercebotas de Alain Badiou, ambos seres profundamente equivocados pero, al menos, dignos de media vuelta de tuerca. Estoy dispuesto, en un alarde de magnanimidad y de rebaja de las expectativas, a comerme a Chomsky y a Naomi Klein. Miren si lo pongo fácil.

Pero no. Ni siquiera a esos leen.

¿Desde cuándo el antintelectualismo y el desprecio de la inteligencia, la propia y la del prójimo, son de izquierdas?

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