Reflexiones sobre la muerte de un héroe

” No hay pedazo de tierra sin una tumba española”
Cuando las instituciones y la policía inglesa aconseja a la población correr, esconderse y llamar a la policía ( quien os ha visto y quien os ve), un abogado de 39 años nacido en el norte de la vieja patria de Blas De Lezo y D. Pelayo, también corría… Pero en sentido contrario. Corría directo a los terroristas, directo a la muerte. Mientras los hijos de la Gran Bretaña corrían despavoridos, un español se enfrentaba sin más armas que un monopatín a tres terroristas islámicos que acuchillaban sin compasión alguna a los descendientes del almirante Nelson.
El bravo abogado no se detuvo a pensar por un momento si era su tierra, su gente o su familia; agarró su ” arma” y se enfrentó a los tres bastardos asesinos que en ese momento se ensañaban con una mujer… Siendo derribado por una puñalada trapera recibida por la espalda… No hubieran podido de otra manera.
Una vez más, quedó probado aquel viejo dicho de que no hay en el mundo nada más peligroso que un español acorralado. Es una pena el sistema que rige esta nación y la clase política que vive de ella y la parasita. El pueblo español, o dicho de otra manera, el español de a pie es valiente, abnegado y entregado porque lo lleva grabado en su carácter; lo que falla es lo que lo ha hecho siempre… Las inútiles y cobardes clase dirigentes.
En tiempos donde se encumbra y se idolatra a Messis y Cristianos, un hijo de esta tierra llamada España, un héroe anónimo, dejaba una lección de heroísmo en un país que por historia siempre nos despreció. Los que creemos en la defensa de Europa y de los valores cristianos te estaremos eternamente agradecidos.
Esperemos que las instituciones y los mezquinos partidos políticos nacionales reconozcan, valoren y premien un acto por desgracia muy difícil de ver en estos aciagos tiempos. Que aquí, en tu propio país, honren y dignifiquen tu bravura; una acción que sin tener nada que ganar te llevó hacia la muerte enfrentándote a ella, mirándola de frente, atacándola como si fueras un soldado de los tercios viejos… Gracias a actos como el tuyo, y no por los mundiales de la ” roja”, uno puede seguir sintiéndose orgulloso de ser español.
” Dios, que buen vasayo, si hubiere buen señor”
Ya estas junto a los mejores… DESCANSA EN PAZ, HÉROE!

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Un español de los de antes.

Leo que se confirma la muerte de Ignacio Echeverría. Que murió propinando patinazos a los terroristas. Puedo imaginarlo apretando los dientes, mandíbula tensa, el patín en la mano derecha y con la izquierda desafiando al terrorista. Ven si te atreves.
Pienso en ese chaval y la memoria me lleva a Numancia en el 133 a.C. donde los celtíberos ya avisamos que esta tierra sólo se conquista derramando mucha sangre. Pienso en que arremetió con su patín contra tíos armados y me traslado a Covadonga al 722, con astures arrojando piedras al invasor al grito de esta tierra es nuestra. O al 1212 en Las Navas cuando españoles de tres reinos hicieron callar al gran tambor almohade. O en la llanura de Otumba, cuando otro español ordenó que no se huyera más, que no se retrocediera ni un paso para asombro de los persecutores que confiados dejaron sus almas en el acero español. Pienso en su arrojo, en su valentía y recuerdo a españoles en la noche helada de Haarlem, acorralados primero y poniendo en jaque al ejército holandés después para que durante siglos asustaran a sus hijos con el Duque de Alba. Pienso en la cara del terrorista al ver a Ignacio irse por él, y puedo ver a la armada inglesa humillada por Blas de Lezo, camino de Albión para contarle a su reina que los españoles han vencido en inferioridad de 20 a 1.
Ha muerto un español de los de antes. Ha muerto un valiente.
Descanse en paz, Ignacio Echeverría.

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CARTA A IGNACIO ECHEVERRÍA, AGRADECIMIENTO Y HOMENAJE A UN HÉROE ESPAÑOL

Querido Ignacio:

No tuve el honor de conocerte. Ignoro cuáles fueron tus creencias, tus filias y tus fobias. Y me da igual. Pero hoy, cuando la prensa ha confirmado tu muerte en los atentados islámicos de Londres, me siento obligado a escribirte esta carta para, además de lamentar tu fallecimiento y expresar mis condolencias a tu familia, agradecerte tu heroico comportamiento.

Aunque los telediarios han pasado de puntillas sobre tu valentía al enfrentarte a la morisma asesina armado solamente con tu monopatín, tu gesto trasciende la simple anécdota y salva la dignidad de nuestro Pueblo.

Gracias por no dudar en arriesgar tu vida para defender a la mujer que estaba siendo apuñalada por los musulmanes terroristas. En este tiempo en el que el buenismo estúpido y endófobo se ha convertido en dogma, tu valentía generosa se convierte en una acción doblemente heroica.

Gracias por comportarte como un caballero español en un tiempo y en un lugar en los que la cobardía y la sumisión ante culturas hostiles son aplaudidas y elogiadas por una prensa y unos políticos de letrina.

Gracias porque el nombre de España se haya asociado, por una vez, a la única actitud digna que se puede adoptar ante los que tiñen de sangre las calles de Europa mientras sus costumbres bárbaras nos son impuestas y financiadas por unos gobernantes genuflexos y acobardados.

Gracias por devolvernos la fe en nuestro Pueblo, tan envilecido y encanallado por ideologías disolventes y suicidas.
Tu nobleza y tu sacrificio han puesto de manifiesto que todavía hay españoles dignos de ese nombre y que la “memoria histórica” no es esa pestilente charca de bilis con la que una piara de resentidos intenta borrar sus crímenes, derrotas y complejos. La verdadera memoria histórica es la voz de la sangre guerrera de un pueblo que forjó su identidad a lo largo de ocho siglos de lucha contra el invasor musulmán.

Gracias porque, en esa jornada trágica, tu humilde monopatín fue una espada de heroísmo y nobleza frente al fanatismo y la iniquidad.

Sé que hoy, Ignacio, los héroes de las Navas, de Lepanto y del Rif te han acogido entre sus filas eternas como a un nuevo compañero de armas.

J.L. Antonaya

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Un pensamiento en “Reflexiones sobre la muerte de un héroe”

  1. Gracias por el homenaje, magníficas palabras que mitigan y reconfortan el sacrificio hecho por Ignacio. Aquí un humilde españolito que se lo agradece y entiende un poquito el sentido de todo esto.

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