Ante el suicidio de la joven ‘Mel Capitán’, icono de la caza en España

El naturalista de Cuarto Milenio, Álex N. Lachhein, ataca al lobby ‘vegano/animalista’ por el suicidio de la célebre cazadora ‘Mel Capitán’.

Hoy no es una noche cualquiera. Es una noche triste. Muy triste. Una noche de cuchillos largos, una noche de cristales rotos. Una noche en la que, los peores presagios, acaban haciéndose realidad…

Casi al filo de la madrugada me llegaba la increíble mala nueva; y de tan masiva manera, que mi teléfono móvil amenazaba colapso: Mel Capitán, la chica de la eterna sonrisa y cabellos de oro que gracias a su amor a los perros y afición venatoria, se había convertido en un referente en el mundo de nuestras tradiciones más rurales, se acababa de quitar la vida descerrajándose un tiro con su 270.

Desde el momento de recibir esa tristísima noticia, hace muy poco rato, hasta ahora mismo, en que me encuentro rebuscando dificultosamente las palabras adecuadas con las que vertebrar mínimamente el armazón de este relato, un incontrolable estado de “shock” anda instalado en mi cuerpo sin casi dejarme respirar. Y mientras la sensación de ahogo persiste dentro de mí, la noticia de la jovencísima cazadora muerta de 27 años vuela ahora mismo por las redes virtuales, a la velocidad de la luz. Es un monstruo que crece. Una bola de nieve… prácticamente imparable.

Mel Capitán, de su cuenta de Facebook.

Hoy, las cabeceras de toda la prensa generalista bombardeaban en sus portadas con otra lamentable noticia: el supuesto suicidio del ex-director general de Caja Madrid Miguel Blesa. Algunos diarios de la progresía, haciendo uso de la más carroñera de las éticas, publicaban incluso la imagen del fallecido Blesa posando en África con algunos de sus trofeos cinegéticos (como si uno de los hobbys del ex-banquero fuera lo más importante de la noticia). Repugnante es lo mínimo que se me ocurre ante esa forma de proceder. Y lo que es seguro es que, mañana, ninguno de esos diarios y medios de comunicación informarán, ni siquiera en páginas interiores, de la muerte hoy de la pobre Mel Capitán. Y no porque no fuera tan famosa como Blesa. Que va. La razón por la que la embajadora femenina de la caza española no recibirá ni una triste y mísera esquela en nuestros medios es precisamente esa: porque a diferencia de Blesa, condenado por presunto delincuente, Mel Capitán era un ejemplo de ciudadana, honesta, honrada, de gran corazón y además… cazadora. Cazadora de raza. De casta cazadora. Algo que la dictadura de lo políticamente correcto en la que vivimos hoy no puede permitirse el lujo de defender, porque simplemente no está bien visto.

Es lo que ahora se lleva. Lo que está de moda. Los cazadores, no pueden ser buenas personas. La caza, como los zoos, los delfinarios, la pesca, los toros, o los circos tradicionales, no venden hoy igual que vendían ayer. Eso lo saben todos los responsables de la prensa, que temen perder lectores si se posicionan en la defensa de lo justo. Una minoría de la población de menos del uno por ciento del censo poblacional, pero que anda armando siempre mucho ruido mediático, tiene acojonados a los periodistas y políticos de nuestro país haciéndoles casi vivir permanentemente con los pantalones bajados. Esa minoría, toda una secta de fanáticos violentos e intolerantes que en algunos países como EE.UU. por ejemplo, es considerada peligroso grupo terrorista, recibe el rimbombante nombre de movimiento vegano/animalista. Y esa turba de bien financiados fundamentalistas, presionará hasta el infinito a la prensa libre para que jamás se homenajee a ningún cazador que sea buena persona. Sólo se permite hablar del ejercicio de la caza cuando la ejercen delincuentes o asesinos. Si no, no. Esa es la máxima a seguir.

Mel Capitán, posa con su perro. De su cuenta de Facebook.

Mel Capitán, como cazadora, fue acosada, presionada y amenazada en vida por las hordas vegano/animalistas como pocas personas de este mundo. Sufrió lo indecible. Ella, y toda su familia también. Amenazas muy serias. Amenazas de muerte. En sus redes la violencia era constante. Y en la vida real, pues también. Pintadas en la fachada de su vivienda, arañazos o ruedas pinchadas en sus vehículos, cartas de extorsión, insultos de todo tipo en los que siempre aparecía la palabra asesina o maltratadora. ¡Incluso, un comando de impresentables chantajistas extorsionadores se presentó una día no hace mucho en su puesto laboral, para exigir a sus jefes que la echaran del trabajo! (lea aquí la noticia) Así. Tal cual. Por ser cazadora y no ocultarlo. Durante mucho tiempo la presión a la que se vio sometida por los vegano/animalistas ante su pasión cinegética, la hizo vivir en una profunda depresión. Depresión de la que no logró levantar la cabeza jamás.

La primera muerte inducida por el chantaje vegano/animalista

No sabemos en estos momentos cuáles fueron los motivos que empujaron a Mel Capitán a quitarse la vida pero, su muerte, inevitablemente trae a mi recuerdo el suicidio de otro gran olvidado de nuestro país, también asediado hasta el límite de lo soportable por los vegano/animalistas: me refiero a José Luis Barbero Hernández, jefe de entrenadores del delfinario Marineland de Mallorca. No puedo evitar con tristeza pensar que, Mel Capitán, se haya convertido en el segundo trofeo del vegano/animalismo español. Barbero, experto internacional en mamíferos marinos e impulsor en España de las terapias asistidas con delfines, fue objeto durante años de una campaña de desprestigio que se cebó con él, simplemente por el mero hecho de representar al delfinario más importante de las Baleares. No había nada en realidad contra él. Era pura política populista. De hecho, ya tenía firmado su retiro dorado muy lejos de España, en uno de los oceanarios más importantes de EE.UU. Los vegano/animalistas lo sabían. Y no podían permitir que un especialista español en cetáceos, se convirtiera en el brillante embajador de los delfinarios de España ante el Mundo. Y fueron a por él. A muerte. Igual que a por Mel Capitán.

Cierto día, las asociaciones FAADA Y SOS Delfines publicaron en las redes un vídeo manipulado de 99 segundos en el que, supuestamente, se veía a Barbero insultando y pegando patadas a un delfín en la playa de su piscina. El puesto de grabación de dicha pieza, lo habían instalado los intransigentes en el balcón de un edificio que daba al delfinario. Es decir: premeditación y alevosía. Barbero, que había dedicado toda su vida a los delfines, y que los quería más que a sus propios hijos, vio como en una cámara lenta el derrumbe de todo su mundo ante sus atónitos ojos. No se lo podía creer. A partir de hacerse público el vídeo, José Luis Barbero fue señalado y acusado públicamente como un esclavista y maltratador. Por supuesto el asunto llegó a los tribunales y los peritos de la defensa lograron descubrir el engaño: el vídeo, estaba acelerado para dar la sensación de patadas violentas, y además, el audio, no correspondía a la pieza. Pero el mal ya estaba hecho. Nadie en la prensa publicó la manipulación de las imágenes en primera plana, como sí que se había hecho con la acusación. La carrera de Barbero cayó en picado, y fue poco menos que sentenciado en vida y no por un tribunal de justicia precisamente sino por el populacho. Y Barbero no pudo con la presión. Estaba hundido. Un día, cogió su coche, lo aparcó en un parking, y allí mismo dentro del vehículo se pegó un tiro (lea aquí la noticia). Dejó mujer y dos hijos. Y ni FAADA, ni SOS Delfines ni ninguná otra asociación vegano/animalista de este país, entonó después el “mea culpa”. Barbero se convertía así, en la primera muerte inducida por el chantaje vegano/animalista español. El juicio por este asunto por cierto, aún está por celebrarse.

El monstruo de la corrección política

Un monstruo insaciable está creciendo en la sociedad urbanita occidental alimentado por nuestra propia tibieza y mediocridad. Es un monstruo muy real. Un monstruo que medra a base de la decadencia moral de Occidente. Más temprano que tarde ese monstruo dominará por completo la sociedad en que vivimos, y seremos fagocitados por él. Su nombre, como en el Apocalipsis, es el nombre de la bestia. La bestia de lo políticamente correcto heredera del marxismo cultural, que maquina a cada segundo como destruir nuestra sociedad occidental a base, entre otros objetivos, de destruir a la raza blanca, la pareja heterosexual, la familia tradicional, la religión católica o el capitalismo mismo de nuestra Vieja Europa. Algunas de sus armas también tienen nombre propio: ultra-feminismo, relativismo moral y sexual, mestizaje forzado migratorio, multiculturalidad, globalización y también, aunque muy poca gente lo sabe, ecologismo y vegano/animalismo. El denominador común de esta última arma es, como no, el odio y la violencia extrema y, su mecánica de trabajo… el adoctrinamiento social. El ciudadano medio es ajeno a todos estos manejos y manipulaciones. De hecho, ni siquiera es consciente de que él mismo es un marxista cultural, ya que, ese, es precisamente el mérito del asunto: que nadie sepa o sea consciente de que lo es. Hoy en día, en la inmensa mayoría de países donde nunca cuajó el marxismo económico, hoy son todos marxistas culturales. Esto es, sociedades políticamente correctas.

Mel Capitán, de su cuenta de Facebook.

Vivimos en una dictadura sin ser apenas conocedores de esa realidad. Quien sí que lo sabía y luchaba con todas sus fuerzas contra ello era Mel Capitán. Un verso suelto, un espíritu libre, que hizo siempre lo que quiso sin arrugarse, y por encima de modas e imposiciones sociales. Amaba a sus perros, a sus amigos, a su familia, y le apasionaba la caza que con amor aprendió de sus mayores. Como José Luis Barbero a sus delfines. Por su memoria, y por la lucha denodada de ambos por heredarnos un mundo más justo y más libre, no podemos permitir que el monstruo siga creciendo ni un minuto más. Se lo debemos. De nosotros depende que, más temprano que tarde, acaben a todos cortándonos la cabeza.
A Mel Capitán, desde mi noche más triste, en muy sentido y emocionado recuerdo…

Fdo: Álex N. Lachhein

PD: Desde aquí hago público mi deseo para que se constituya un movimiento social que reclame una reforma del código penal para que todo tipo de acoso o chantaje por parte del ecologismo o el vegano/animalismo, sea castigado con las más duras penas, independientemente y al margen de la sacrosanta libertad de expresión. Que se equipare al delito de enaltecimiento del terrorismo como mínimo, que es lo que es. Y si acabara en resultado de muerte dicho acoso, que se aplique de facto la cadena perpétua no revisable. Que algunos, lo único que entienden, es la ley del palo…

 

Origen: Ante el suicidio de la joven ‘Mel Capitán’, icono de la caza en España

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5 pensamientos en “Ante el suicidio de la joven ‘Mel Capitán’, icono de la caza en España”

  1. Reblogueó esto en Ramrock's Blogy comentado:
    LOS MAL LLAMADOS “ANIMALISTAS”, SON DE LO MAS ABSOLUTAMENTE TOTALITARIO QUE SE PUEDE UNO ECHAR A LA CARA.

    SI LOS PROPIOS ANIMALES PUDIERAN VERLES, HUIRÍAN DESPAVORIDOS DE ELLOS ANTES QUE DE LOS MISMOS CAZADORES.

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  2. Amo a los animales. No solo en un sentido generico; Los quiero a mi lado: Actualmente tengo un perro, tres gatos, una tortuga y un puercoespin. Y los cuido, y si es necesario renunciar a otras cosas para que ellos esten perfectamente atendidos, lo hago con gusto, por que son mi “familia”. (Entre esas cosas esta el poder viajar, ahora que estoy jubilado, o tener que pedir un credito al banco para pagar al veterinario…). Y no soy cazador. Y no me gustan las corridas de toros. Y me horrorizan las fiestas catalanas donde prenden fuego a los cuernos de unos pobres animales, y aquellas donde alancean hasta matar al toro de la Vega.
    Pero dicho esto, quiero manifestar mi respeto por aquellos que, observando las reglas legales y de mantenimiento de la naturaleza son cazadores. Tengo muchos amigos (Y buenos) que lo son. Y estoy convencido que ejercen una funcion que proteje el medio natural por varios motivos. En primer lugar, por que la propia naturaleza mediante los roles alimenticios establece la caza como el unico medio de supervivencia de las especies superiores. Este hecho indiscutible, que propició la existencia del bipedo implume, objetiva su legitimidad “ab initio”. Cuando el homo erectus desarrolla la ganaderia solo modaliza, para su conveniencia, una forma de caza que le permite alimentar a mas elementos de su especie, con menores riesgos y mejor disponibilidad.
    Esto significa que quien esté en contra de la caza, debe tambien estar en contra de cualquier elemento comestible procedente de especies animales sacrificadas, lo cual es perniciosamente antinatural debido a las necesidades proteicas propias de la especie humana, ya que el veganismo no es mas que una ideologia fantasiosa de imposible realizacion ?Es conocida alguna poblacion humana o felina a lo largo de la historia que haya sobrevivido consumiendo estrictamente vegetales¿. Evidentemente no.
    Este razonamiento nos lleva a considerar que la oposicion a la caza solo puede mantenerse desde dos puntos de vista: Uno de ellos tendria su base en motivaciones puramente esteticas: Para el hominido actual la vision de la muerte es insoportable (y más cuando esta es publica proxima y violenta). Pero la muerte es un componente indisoluble de la vida y que existan individuos que quieran negar su existencia no hace mas natural este comportamiento. Lo dicho: pura estetica acomodaticia, para nada insita en el orden natural. (resulta curioso que muchos de los grupos sociales que defienden el animalismo sean ,por otra parte adalides en la ejecucion del aborto humano.)
    El otro punto de vista estaria basado en el conservacionismo, es decir en las actuaciones dirigidas a preservar la existencia en el medio natural de las especies objeto de caza. En este sentido debo decir que considero a los cazadores reglados unos de los instrumentos mas eficaces para conseguir estos objetivos. Por lo que yo conozco, cuando se ejercita la caza de acuerdo con las normas establecidas por los Gobiernos, el movimiento economico que esta actividad genera es el medio mas eficaz para preservar el medio ambiente, puesto que permite disponer de recursos para la conservacion que con ninguna otra medida se podrian alcanzar. El mayor enemigo de las especies naturales es el furtivismo. Y perdon por la extension de este comentario.

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