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O nos rebelamos o fenecemos. -Agapito Maestre/LD-

La cuestión clave que tienen que discutir los partidos políticos es la revitalización de una Nación, España, que está en ruina.

No le falta sentido común a quien dice que “la educación, la política fiscal, la lucha contra el cambio climático, las estrategias para la migración u otros similares necesitan de un profundo y permanente debate entre los políticos para dar respuesta a retos complejos y cambiantes.” Pero esa razonable queja desaparece al instante, se esfuma como todos los lloriqueos cínicos, si no se acepta que la cuestión clave que tienen que discutir los partidos políticos es la revitalización de una Nación, España, que está en ruina. Mas la desaparición de la Nación es algo que no están dispuestos a reconocer ni el Gobierno ni la Oposición. Tampoco la mayoría de la prensa se atreve a criticar esa ceguera o servidumbre voluntaria de los partidos políticos.

Por lo tanto, si no aceptamos que los políticos españoles de hoy, como los de la vieja Restauración de Cánovas, se han constituido en casta sin otro móvil, cito textualmente al delicioso Galdós, que “tejer y destejer la jerga de sus provechos particulares en el telar burocrático”, entonces carece de viabilidad cualquier crítica a un “sistema político” que nos lleva a todos al borde del precipicio. Es obvio que solo hay una salida en estos momentos para empezar a tener alguna “esperanza”: ¡Elecciones ya! No veo otra forma de rescatar el “espíritu de regeneración” que surgió hace unos años con la aparición de dos nuevos partidos. ¿Qué hacer para forzar esa convocatoria electoral? Se me ocurren muchas cosas, pero creo que ninguna es realista, entre otros motivos, porque los “españoles” duermen, o peor, están medios moribundos asándose en las playas. Poco espero de un gentío que le va la marcha fúnebre de una España de cantones y perroflautas. La mayoría desconoce por completo la situación política, moral y, sobre todo, cultural del país. Creen que esto está mal pero aguantará. ¡Pobres majaderos! Ahora, como en los viejos tiempos de la otra Restauración, el pueblo nada sabe, nada sospecha, o sea, “se enterará de la nueva esclavitud cuando ésta ya no tenga remedio.”

Mientras tanto, mientras Sánchez gana tiempo para retorcerle el brazo a todos sus adversarios, recordémosle permanentemente que su moción de censura era para convocar elecciones generales. Mientras Sánchez utiliza hasta la extenuación todos los aparatos del Estado en beneficio propio, afirmémonos en la crítica a todos los medios de comunicación que apoyan cínicamente este tiempo de vacuidad política. No valdrá para mucho, pero es un desahogo, una forma de afirmación moral de nuestra quebrada voluntad de ciudadanía. En fin, carezco de las palabras adecuadas para salir de esta ruina política, pero, mientras se inventan otras, me apunto a las últimas que escribiera uno de los más grandes escritores españoles de todos los tiempos: ” Alarmante es la palabra Revolución. Pero si no inventáis otra menos aterradora, no tendréis más remedio que usarla los que no queráis morir de la honda caquexia que invade el cansado cuerpo de tu Nación. Declaraos revolucionarios, díscolos si os parece mejor esta palabra, contumaces en la rebeldía (…). Constituirá el único síntoma de vida”.

Pues eso: o nos rebelamos o fenecemos.

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La Generalidad golpista subcontrata al Gobierno Falconetti -F.J. Losantos/LD-

Estado del golpe de Estado de otoño de 2017 en el verano de 2018 (II)

Un año después del atentado en Las Ramblas del islamismo catalán (su origen fue la mezquita de Ripoll) que, descaradamente manipulado por los separatistas, supuso el primer acto internacional del golpe de Estado, se ha repetido el desprecio a las víctimas y la exculpación de los verdugos, a los que el año pasado se compadeció y éste se ha ignorado. La razón última fue, el año pasado, la cobarde actitud del Gobierno Rajoy, que dejó solo al Rey en la defensa del orden constitucional. Este año, la cobardía ha dejado paso a la complicidad: Falconetti ha respaldado y su Gobierno ha defendido la infinidad de fechorías, injurias y mezquindades del catanazi Torra, que junto a Ada Colau (tras decir que “Barcelona responde al terror con amor” se negó a quitar una gigantesca pancarta contra el Rey que ha visto todo el mundo) ha alardeado de su dominio en las calles y de su desprecio a la legalidad que se supone representa. Por supuesto, contando con la siembra de odio a España y los españoles, en especial los catalanes no nacionalistas, que a diario destilan la TV3 y demás medios catalanes apesebrados en la Generalidad, un verdadero dineral al que, aunque español, no hacen ascos.

La Generalidad debería estar intervenida

La razón última está clara. La Generalidad, que debió ser intervenida y la autonomía suspendida sine die tras el Golpe de Octubre de 2017 fue mantenida por Rajoy y Soraya, con el respaldo condicionado del PSOE: no tocar TV3. Las elecciones absurda y rápidamente convocadas por Rajoy para quitarse de encima el muerto, o, en su jerga, el lío, arrojaron, con idénticos medios, resultados semejantes. En el lugar de Puigdemont, se colocó a un siniestro racista llamado Torra que presume de que sus hijos forman parte de las bandas de matones –CDR- que atropellan y apalean a los catalanes que no comulgan con el separatismo. Y unos meses después se produjo lo que realmente supone un cambio radical, y radicalmente a peor, de la situación nacional: Rajoy fue depuesto por los golpistas, que entronizaron a Sánchez. La Moncloa quedó subcontratada por los golpistas.

Seguimos sin saber por qué Rajoy se negó a dimitir en la moción de censura, impidiendo que se consumara la elección de Sánchez y el acceso de los golpistas al Gobierno, que desde entonces está a merced de los separatistas. Es una de las muchas deudas que el lamentable registrador de Pontevedra tiene contraídas con la opinión española y no parece dispuesto a pagar. Tampoco sabemos en qué términos se fijó el acuerdo del PSOE y los golpistas, aunque como ha recordado Xavier Salvador en Crónica Global se ajusta como un guante al pacto de Iglesias y Jonqueras en Can Roures. Da igual: los hechos acreditan el compromiso, más o menos explícito de un Sánchez que se niega a convocar elecciones para disfrutar del Falcon en sus asuetos veraniegos, aunque al precio de ignorar las actividades golpistas, cuando no las comparte mediante Batet, ministra del Golpe en su Gobierno.

Sin embargo, el aniversario del 17A, convertido por los separatistas en reedición del primero, con manifiesto desprecio a las víctimas, utilizadas como mero pretexto para recordar sus presos y reafirmarse en su proyecto de apartheid para media Cataluña y voladura del régimen constitucional, ha dejado tan groseramente claro el estado de sumisión a los golpistas en que Sánchez pretende seguir en la Moncloa año y medio, que puede decirse sin duda alguna que su Gobierno no sólo es ilegítimo –no ilegal- por incumplir la promesa que, en vez del programa de Gobierno, hizo en el Parlamento de convocar elecciones a la mayor brevedad posible (tan grave, decía, era la emergencia nacional tras la caquisentencia del bufete Garzón y Asociados) sino por negarse a cumplir sus obligaciones para con el Estado y la nación.

Las ofensas públicas al Rey no son personales

El Jefe del Estado ha sido sometido a un rosario de humillaciones –que parece considerar parte de su oficio, y no lo son- y ha sido defendido sólo por el PP y, muy especialmente, por Inés Arrimadas y C’s, que fue la fuerza más votada en las elecciones y con la que debería entenderse un Gobierno de España si no se hubiera forjado contra ella y para destruirla. Pero no sólo el PSC-PSOE ha aparecido como mero apéndice golpista sino el propio Gobierno, que se niega a cumplir sus obligaciones indeclinables. La primera, proteger al Jefe del Estado, de nuevo expuesto no sólo a unas humillaciones que no se le hacen a él en persona sino a todos los españoles, sino también a unas condiciones de inseguridad verdaderamente criminales.

La pancarta criminal contra el Rey

Criminal pantalla perfecta para un francotirador era la pancarta de quince metros que ha presidido el acto oficial para las televisiones de todo el mundo. Gracias a la actuación de un ciudadano ejemplar, Opazo, LD ha contado con todo detalle cómo eran mozos de escuadra los que la protegían en el mismo edificio usado para colgarla. Luego hemos sabido que se dio la orden de retirarla a las cinco de la mañana y se revocó a las seis, pero la fechoría fue luego defendida por Ada Colau y por el mismísimo consejero de Interior, un tal Buch, responsable de la seguridad del acto: “los mossos protegieron la pancarta contra el Rey porque hay libertad de expresión“, dijo o mugió en la radio golpista del Conde de Godó, ¡que godó que conde!

La única libertad respetable en Cataluña es la de los no nacionalistas que se enfrentan a la dictadura de los nacionalistas, estos fatuos matoncillos cebados con dinero público. Sin embargo, la gentuza que desde Torra a sus CDR injuria a diario como mujeres –sin que las femirrojas digan ni pío- y amenaza de muerte a Inés Arrimadas y otras representantes de Ciudadanos, es, por culpa del Gobierno anterior y en vez de una celda, la Generalidad catalana, máxima representación de ese Estado Español que Torra llama a combatir pero del que cobra, como sus S.A. y la mediocracia del Pessebre.

El Gobierno de España tiene el deber de proteger esa libertad, no la de agredir a los españoles, a sus instituciones y a sus símbolos, delitos penados que se niega a perseguir. Al revés. Torra ha perpetrado en apenas 48 horas tal cúmulo de fechorías que si Sánchez no fuera Falconetti habría roto cualquier relación con él y convocado elecciones generales, ya que depende de una mayoría parlamentaria que, ay, del hilillo de Torra pende.

La ministra de Justicia, con Torra

Recordemos: ese desafortunado cruce entre Popeye y Cocomocho no fue al recibir al Rey, luego le plantificó delante a la mujer del golpista Forn, el que distinguía tras el atentado entre muertos catalanes y españoles, convirtió oficialmente los actos que debían homenajear a las víctimas en algaradas en favor de los golpistas presos y del propio Golpe, ha llenado los medios de declaraciones injuriosas y ha llamado a combatir al Estado que oficialmente representa, y, por último, pero en primer lugar por su gravedad, ha respaldado la carta de Junqueras y demás patulea reclusa acusando al Estado, a través del CNI, del propio atentado de las Ramblas.

José García Domínguez ha analizado en un soberbio artículo de LD la repugnante fechoría moral del masajista de Soraya Sáenz del Diálogo. Pero un Gobierno no puede quedarse en el aspecto moral. Debe asumir en el ámbito legal una atrocidad como la que se le imputa a un órgano que él dirige, el CNI, y responder de inmediato. Lo ha hecho y precisamente la que debía, la ministra de Justicia, pero para elogiar calurosamente a Torra.

Mucho le debe el Gobierno a Garzón, pero no tanto como para hacer ministra a su entrañable. La entrevista en la SER tras el 17A prueba que si Delgado es, en lo político, una calamidad; en lo intelectual es una nulidad, y encima cursi, a lo Colau, lo que no encarece su excelencia como fiscal. La actuación de Torra, que incluyó un mitin de apoyo a los golpistas frente a la cárcel de la que no se atreve a sacarlos –lástima, volverían juntos- le pareció “correcta”; la pancarta contra el Jefe del Estado, que ha aparecido en las televisiones de todo el mundo, “no alteró el acto”; en fin, la siniestra exculpación del Islam a cargo de Gemma Nierga, otra nulidad perita en pedir diálogo con el terror y que tuvo que recurrir al Sisa de Zeleste y a su “Qualsevol nit pot sortir el sol” para hacer como que decía algo, “le gustó muchísimo”. Vamos, una cursi rematada, rendida políticamente al Golpe. Como El País, convertido en el “Izbestia” del Gobierno de Falconetti.

La utilidad mediática de la masacre

El balance de este aniversario de la masacre de las Ramblas no puede ser más triste. Ha quedado impune, mediática y políticamente, la gravísima responsabilidad de la alcaldesa Colau, que se negó a poner los bolardos que había pedido la Policía nacional. También la de los Mozos de Escuadra que recibieron alarmas desde Bélgica y los USA sobre los islamistas y sobre el atentado inminente “in a street named La Rambla” pero nada hicieron para impedirlo. Peor: tras la explosión de Alcanar, un mozo chulito echó de la escena del crimen a la mismísima jueza; y otro, no sabemos quién y nadie pregunta, mantuvo una larga conversación telefónica con el conductor de la furgoneta criminal. Por no hablar del fusilamiento en campo abierto de los terroristas, a los que no se intentó siquiera capturar para averiguar datos sobre la organización y el propio atentado que hubieran sido muy útiles.

Pero es que, para entonces, como se ha vuelto a ver en el aniversario, la utilidad de la masacre era servir de plataforma mediática internacional al Golpe de Estado. Un año después, todo sigue impune, todo parece igual, todo, Falconetti mediante, está muchísimo peor.

PD: La canción de Sisa dice: “Oh, benvinguts, passeu, paseu; / de la tristor en farem fum; / à casa meva es casa vostra /si es que n´hi ha casa de algú”. O sea: “Bienvenidos, pasad, pasad; / convertiremos la tristeza en humo; / mi casa es vuestra casa, / si es que hay casa de alguien”. Más o menos lo que dice Torra contra “los que hablan la lengua de las bestias”, los que llaman “mala puta” a Arrimadas o “que se vaya a Jerez”, los que reciben amablemente a todos pero quieren echar a media Cataluña. Es lo que va de la Barcelona de los 70 a la Cataluña actual. Sólo una indigente intelectual citaría esta canción para un fin tan opuesto al que le vio nacer.

Estado del Golpe de Estado de otoño de 2017 en el verano de 2018 (I):

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La inmigración y el flautista de Hamelin. -Yolanda Couceiro Morín/La Tribuna del País Vasco-

El último asalto masivo a la valla fronteriza de Ceuta con una violencia inusitada por parte de varios cientos de inmigrantes ha traído mucha cola mediática en todos los sentidos. La avalancha ha encontrado, como era de esperar, partidarios y defensores que exculpan a los violentos diciendo que “sólo quieren entrar en España” o razones de similar ingenio y nivel intelectual algo inferior al que pueda tener un atún.

Los partidarios y defensores de un fuerte control migratorio, de expulsión de ilegales o de devoluciones en caliente y, por descontado, de un castigo adecuado a los violentos, se han visto nuevamente tratados como gentuza antisocial, nostálgicos, xenófobos, etc…

El mensaje que se lanza al exterior es simplemente una triste confirmación del grado de desorden político, intelectual y moral que aqueja a la sociedad española, y una evidencia de la quiebra sicológica y espiritual de gran parte del país.

Cierto es que los gobernantes manifiestan diariamente su impotencia y su ineficacia para proteger las fronteras. Pero no menos cierto es que, dentro de éstas, una parte significativa de la población exige a las autoridades con la fuerza del número y por medio de la movilización callejera (y con un brío que no manifiesta para causas más justas, urgentes y sobre todo patrióticas) que haga todo lo necesario y posible para acelerar el proceso de descomposición de España, completar su ruina y sumir al país en el caos y la destrucción pidiendo la abolición de las fronteras, exigiendo acoger refugiados y facilitando más y más la inmigración masiva y descontrolada. La consigna actual de toda esta gente es: quitar las vallas, abrir las puertas de par en par y permitir el libre paso de todo aquel que quiera venir a España. Acoger a todos.

Observando estos acontecimientos con la sangre fría que nos exige la gravedad de la situación y la inminencia de la tragedia que estamos viendo crecer y afianzarse ante nuestros ojos, vemos que la inoperancia de nuestro Gobierno para garantizar la inviolabilidad de nuestra soberanía ante el asalto continuo de nuestras fronteras, y la complicidad explícita y sin disimulos con éstos de una parte importante de la ciudadanía que ha perdido literalmente la cabeza, guardan una relación íntima y hasta lógica. ¿Pues, por qué defender las fronteras de una nación si el pueblo de esa nación pide a gritos la invasión y el propio gobierno la propicia y desea?

Creo poder afirmar que nos encontramos ante una situación inédita en la historia de la Humanidad. Aquello de “nada hay nuevo bajo el sol” se convierte en una falsedad ante la locura colectiva del pueblo español, que corre a su perdición contento de sí mismo, orgulloso de su vocación suicida.

Algunos se preguntan por qué en España se ha llegado al absurdo y demencial extremo de reclamar aquello que cualquier inteligencia medianamente constituida sabe que es altamente pernicioso, dañino y aun mortal para un país, a saber, la acogida descontrolada de unos mal llamados refugiados que están generando desasosiego en las sociedades que los han recibido. Podemos, sí, apuntar a la quiebra cultural, moral y espiritual, que es el corolario de décadas de una perversa manera de entender las cosas esenciales de la existencia: llevamos en España muchos años de auténticas perversiones en todos los órdenes de la vida nacional como para sorprendernos del resultado obtenido, consecuencia inevitable de una larga empresa de demolición de todo cuanto hay de noble y de sagrado en la idea de patria, de bien común, de solidaridad entre los miembros de una misma historia, una memoria compartida y un destino común. España se ha vuelto un país insignificante, una sociedad mediocre, una nación intrascendente. Todo cuanto hizo una vez su nobleza y su gloria ha sido arrasado por el egoísmo y la rivalidad fomentadas entre los hijos de una misma tierra y una misma sangre. El pueblo se ha vuelto una masa amorfa, sin personalidad, sin carácter, sin grandeza, con desapego y ojeriza hacia los propios, con un extraño e injustificado amor por los forasteros.

España está enferma y en su febril desvarío ve a sus hermanos como enemigos y a los extraños como aliados. Nadie medianamente lúcido pude ver en estas manifestaciones de solidaridad con esos famosos refugiados el signo de una salud moral digna de encomio y homenaje, como pretenden hacernos creer. Al contrario, es el sistema de las mentes trastornadas, de los corazones podridos, de las almas malas. Cuando en una sociedad o en una familia se prefiere sistemáticamente a los forasteros antes que a los paisanos, a los extranjeros antes que a los compatriotas, a los hijos ajenos antes que a los propios, esa sociedad o esa familia han dejado de ser normales, se han desviado del recto camino que dictan los sanos instintos del hombre y ordena el buen gobierno de las naciones. Y eso no puede traer sino dolor y sufrimiento.

Las causas que han llevado a ese desvarío son muchas y son conocidas por los que saben que nada hay que no sea inducido y provocado por quienes tienen los medios y los conocimientos para hacerlo. Estamos asistiendo sin duda alguna a la implementación de experimentos sociales de una gran complejidad técnica y de alcance insospechado. Los amos del juego dominan a la perfección los instrumentos altamente sofisticados de la manipulación y acondicionamiento de los comportamientos. Y el rebaño está respondiendo adecuadamente a los estímulos a los que viene siendo sometido desde hace años y desde una multiplicidad de fuentes y frentes. El lavado de cerebro, la manipulación, la propaganda, han hecho maravillas en el cerril rebaño lanar que corre balando hacia donde lo llevan los perros del pastor.

Todo ocurre un poco (o un mucho) a la manera del cuento del flautista de Hamelin: la flauta portentosa suena y las ratas van en tropel hacia donde se les indica, encantadas e hipnotizadas por la magia del sonido, perdido todo sentido de prudencia, todo resto de cautela, todo vestigio de sensatez, toda señal de inteligencia, todo rastro de discernimiento. El flautista toca en nuestras calles, en nuestros medios, en nuestros pueblos y ciudades: no hay más voluntad que seguir esa música que hechiza con los sones de la falsamente enriquecedora multicultura, de la febril empatía, de la vocinglera solidaridad, de la enfermiza adhesión a la causa del extraño, del anormal desprecio al propio. Hemos perdido, como las ratas del cuento, cualquier prudencia, cautela, sensatez, inteligencia, discernimiento, sentido común. Sólo podemos, sólo queremos, seguir al flautista que sigue tocando y cautivando a las masas, haciéndolas caminar al son que quiere, aunque sea para su propia perdición.

Como en el cuento.

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Pero, ¿qué es lo que vende Begoña Gómez? -Liberal Enfurruñada/OK Diario-

El currículum de la esposa de Pedro Sánchez está repleto de extranjerismos como outsourcing o fundraising, términos escogidos para que una actividad parezca algo distinto de lo que es. Nació en Bilbao en 1975, pero se crió en Valderas (León) y posteriormente se trasladó a Madrid, donde su padre era propietario de varias saunas gays. A finales de 2003 conoció a Pedro Sánchez en la fiesta de unos amigos y se fueron a vivir al piso de ella. En 2005 tuvieron a su primera hija, en 2006 se casaron por lo civil y en 2007 nació su segunda hija. Por este lado todo claro, no como en lo que se refiere a sus estudios y su actividad profesional. En su perfil de LinkedIn dice que es licenciada en marketing, sin especificar la Universidad en la que obtuvo este grado, pero en el currículum que aparecía en la empresa en la que estuvo trabajando hasta hace un mes podíamos leer que lo cursó en la Escuela Superior de Marketing y Negocios (M&B). También tiene un máster del ESIC en Dirección de Empresa y Marketing.

Pero luego hemos sabido que en realidad ni la licenciatura en marketing es una licenciatura de verdad ni el máster es un postgrado auténtico. Cursó una titulación no oficial en una academia privada vinculada al Opus Dei que nunca logró que sus títulos fueran homologados por lo que, sin licenciatura, su máster del ESIC, institución fundada por los Padres Reparadores, tampoco es un postgrado. Al parecer obtuvo su ‘titulín’ en 1995, por lo que debió empezar estos estudios en 1991, con 16 años. ‘Titulín’ que le sirvió para que la Universidad Complutense la pusiera al frente de titulaciones no oficiales. Pero, ¿qué es lo que Begoña Gómez vendía? ¿Qué es todo eso del ‘outsourcing’ y del ‘fundraising’?

Seguramente a todos vosotros, al entrar en algún centro comercial, os habrán asaltado unos chicos con la camiseta de la Cruz Roja intentando convenceros para que os hicierais socios de tan admirable institución. Y seguro que algún día, mientras dormíais la siesta, os han llamado por teléfono para haceros socios de Oxfam. Alguna vez habrán llamado a vuestra puerta personas que querían que os ahorráis una pasta cambiando vuestra compañía eléctrica o de gas. O para convenceros de que les contrataseis una tarjeta de crédito que no necesitabais. Y todos también habéis visitado ferias comerciales en las que habéis visto preciosos stands de compañías de seguros cuyos comerciales recorrían los pasillos regalando globos a los niños para intentar que sus padres se sentaran con ellos para poder hablarles de las ventajas de su seguro de decesos. Pues todo eso es lo que vendía Begoña, pero con 20 capas de maquillaje.

La frase más original que he leído sobre ella la describe como “una persona con una escala de valores que le permite moverse en el mundo empresarial sin renunciar a objetivos éticos“. No como tú, que trabajas sólo para conseguir el dinero con el que pagar la hipoteca y sacar adelante a tus hijos. ¡Puro cinismo! Todo el currículum de Begoña es tan falso como una puerta de contrachapado con mucho barniz, para que parezca madera. Un curriculum en el que nada es lo que pretende aparentar. Los directivos del Instituto de Empresa, concretamente el marqués de la Romana, que es el Grande de España que la ha contratado, han hecho un gran fichaje. Porque lo único cierto del currículum de Begoña es que está casada con el presidente del Gobierno de España y eso es por lo que el IE le va a pagar, lo único que ella les puede vender.

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El agente Zapatero y la tortura. -Hermann Tertsch/ABC-

Llegan terribles nuevas procedentes de Venezuela que nos afectan gravemente a los españoles. Ya no se puede mirar en España hacia otro lado como tantos han hecho tanto tiempo. Son noticias que dicen también mucho sobre lo que pasa en España donde gobierna hoy un hombre, Pedro Sánchez, cuyo principal apoyo político y parlamentario es una franquicia del régimen criminal comunista que ha destruido aquel país hasta unos límites inimaginables. Venezuela sufre sin cesar un dolor de espanto por miedo, violencia, hambre, tortura y privaciones sin fin. Un dolor que no se habría dado en estas dimensiones y con semejante brutalidad sin la implicación de asesores comunistas españoles durante la construcción de la dictadura y sin la increíble pero ya muy constatada implicación como estrecho colaborador de Maduro, el criminal que preside aquel régimen, de un expresidente del gobierno de España. Se trata del socialista Rodríguez Zapatero, cuya influencia en el gobierno de Sánchez también es muy grande. Zapatero es hoy asesor común de Maduro y de nuestro jefe de Gobierno. Y Sánchez está bajo la influencia combinada del asesor de Maduro y de Podemos que debe su existencia y obediencia a aquella dictadura. Ante estos datos, quizás debieran alarmarse un poco más los españoles.

La humillación como forma para destruir al individuo, quebrar a la persona, su voluntad, su autoestima, es tan vieja como el poder y la tiranía. En tiempos modernos todas las dictaduras lo han hecho, aunque los nazis y los comunistas, esos dos gemelos del diablo, son los más afamados especialistas. Los nazis en el poder no existen desde 1945, los comunistas sí y son como siempre maestros de humillación y tortura. El SEBIN, la policía política de la dictadura de Maduro, distribuyó hace tres días unas imágenes del diputado Juan Requesens, detenido en flagrante violación de su inmunidad parlamentaria. En ellas aparece en unos calzoncillos manchados por lo que parecen excrementos y con síntomas de haber sido drogado. Requesens fue detenido ilegalmente en la redada montada por el régimen tras el supuesto atentado contra Maduro el 4 de agosto. El partido de Requesens ha denunciado que, además de drogado, fue amenazado con la ejecución de su familia y la violación de su hermana.

Pues aquí, en lo más turbio y sórdido de las sentinas violentas de un régimen comunista criminal y narcotraficante aparece Zapatero. Porque un compañero de partido del torturado Requesens, Julio Borges, ha acusado al expresidente del Gobierno español de amenazarle con la cárcel si no se plegaba a la voluntad del dictador Maduro. Zapatero llegó hace más de dos años a Venezuela pretendiendo ser un mediador. Pronto la oposición le acusó de ser un agente más de la dictadura de Maduro, que por grandes cantidades de dinero nunca especificadas, defiende al régimen y maniobra para levantar sanciones internacionales a los criminales de la cúpula. Zapatero es el único líder europeo con la impudicia de defender a la narcodictadura. Su mediación se resume en el balance de Felipe González: Ha logrado «multiplicar por seis la cifra de presos políticos». Zapatero dijo el domingo que la acusación de Borges era «una burda calumnia». Pero no son las primeras de este tipo contra él. Hace tiempo presos políticos denunciaron visitas de Zapatero para hacer exigencias que favorecían a la dictadura. Convendría que en España se abra un debate sobre lo que Zapatero hace en Venezuela. Que el socialista Zapatero, considerado agente de un dictador comunista y narcotraficante que tortura a diputados de su parlamento, sea asesor de Sánchez e ídolo de su Gobierno, dice mucho de lo peligrosamente que vivimos los españoles últimamente.

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El test playero. -Luis Ventoso/ABC-

Como normal general no parece adecuado que los ciudadanos abucheen e insulten a sus gobernantes electos cuando se los topan por la rúe. Hay vías civilizadas para expresar disconformidad, como votar a otro partido u organizar manifestaciones regladas. Lo que pasa es que Sánchez no es un gobernante electo. Ha suplantado la voluntad popular y ha ocupado el poder de la mano de los separatistas antiespañoles tras perder por goleada dos elecciones consecutivas. Por eso, lo confieso, aún no queriendo, se me escapó una sonrisilla irónica y de justicia poética cuando vi el vídeo del homenaje que le tributaron los comensales de los restaurantes playeros de Bajo de Guía, en Sanlúcar (Cádiz).

Sánchez había ido a pasear por Sanlúcar con Merkel (a la que ahora adula tras pasarse años despellejando sus supuestas políticas «austericidas»). Para retornar a la dacha estival de Doñana, la comitiva necesitó embarcar en la playa. Como saben, Sánchez nos ha venido explicando en tono profético que «ahora los españoles por fin se reconocen en su Gobierno». En efecto. Fue divisarlo y la clientela de las terrazas se levantó en tropel para expresar a voces su inquebrantable adhesión al nuevo Gobierno bonito, exhumador y de progreso: «¡Okupa!» / «Fuera, fuera» / «¡Elecciones ya!» / «Chorizo». Tales fueron las flores con que aquellas gargantas enardecidas engalanaban al presidente por accidente.

Tal vez se dio la fatídica casualidad de que todos aquellos ardorosos comensales eran militantes del PP. Pero no parece. Allí había de todo y además Andalucía es el feudo del PSOE por excelencia. Entonces, ¿qué pudo haber ocurrido? Pues lo que ha pasado es que Sánchez y su camarilla de publicistas han ignorado la primera máxima que debe atender todo político con los pies en el suelo: el pueblo no es gilipollas. La propaganda no lo arregla todo. Si en 2015 enfatizabas que nada más llegar al poder derogarías «la reforma laboral entera» y ahora no lo haces, la gente anota. Si apoyabas el 155 y llamabas Le Pen y «supremacista» a Torra y ahora te dedicas a lisonjearlo para intentar comer el turrón en La Moncloa, el público se percata. Si te hacías cruces ante una sentencia que en nada salpicaba a Rajoy y que usaste para echarlo, pero luego pones en marcha un bochornoso sistema de enchufismo; el personal se da cuenta. Si en tu toma de posesión prometes que convocarás elecciones en breve y luego te haces el longuis, el respetable puede que te tache de mentiroso (y con razón). Si en junio traes al «Aquarius» presumiendo de bondad y sin calibrar las consecuencias y en agosto mandas al mismo «Aquarius» -enfrentado a idéntico drama- a tomar viento; el pueblo español se percata de que eres un cantamañanas. Y a lo mejor se enoja. Y quiere elecciones. Y cuando te ve delante, pues expresa a voces lo que tu no le dejas opinar en las urnas.

«Dudo de que Sánchez sea capaz de hablar media hora de sus propuestas para España». La frase es prestada. La soltó en noviembre de 2016 un tipo bregado, canoso, listo. Un tal Felipe González. Hizo pleno al quince.

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Abucheos al Rey Sol -Hermann Tertsch/ABC-

 

Ha sido en Sanlúcar de Barrameda. Allí han recibido Pedro Sánchez y su mujer, la eximia africanista Begoña Gómez, algunas de los abucheos más tremendos recibidos nunca por un jefe de Gobierno español. Hay decenas de vídeos. En unos les pitan con Angela Merkel, en otros los abuchean e insultan sin Merkel, en todas se repiten los ¡Fuera, fuera! ¡Elecciones, elecciones! además de epítetos irreproducibles. Entre los más inocentes resonaba con fuerza ese «sinvergüenzas» que se ha extendido por toda España como única forma de calificar la operación de asalto al Estado, a sus cargos, sueldos, recursos y prebendas, organizada en dos meses bajo Sánchez para sus amigos, su familia, sus compañeros de partido y sus socios. La portada de ayer de ABC lo reflejaba. En cuarenta años de democracia no se ha visto jamás semejante impudicia a la hora de relevar a responsables en muchos cientos de cargos públicos con el único criterio de colocar a personas afines al presidente. La obscenidad con que han irrumpido en la administración para echar a profesionales y sustituirlos, sin escrúpulos, por gentes absolutamente ajenas a la tarea que deberán asumir, no tiene precedentes.

Los abucheos y las pitadas han sido un inmenso bochorno y son reflejo del ánimo de los españoles más auténticos que los fantasmales sondeos de un CIS definitivamente prostituido y desprestigiado bajo la dirección de un cocinero aparachik socialista especialista en potajes tóxicos.

El problema de las imágenes de los abucheos a Sánchez está en que muchos españoles no las habrán visto. En las redes sociales han arrasado porque millones de usuarios las han difundido como pequeña reparación ante la ofensa permanente que es la prepotencia de quien nada ha ganado nunca y de todo quiere hoy disponer. De un jefe de Gobierno con 84 diputados y el único apoyo de los enemigos de la Constitución que se atreve a decir que «hay sintonía entre este Gobierno y el pueblo». O que «Ciudadanos y PP deberían dejar de hacer oposición al Estado», en este delirio de parafrasear al Rey Sol. Y ver oposición al Estado donde solo la hay a su persona, gobierno, partido y siniestros socios. Sánchez no es el Estado sino el cabecilla y el lacayo a un tiempo de todos los enemigos del mismo. Por legal que fuera su artimaña para hacerse con el poder, favorecida por la desidia y cobardía de su oponente.

El problema está en que RTVE no ha dado las imágenes de mayor interés habidas en España en estos días. Como no las han dado otras cadenas de un duopolio, ya monopolio publicitario e ideológico, que mantiene secuestrada toda la información televisiva en España. La televisión pública bajo la dirección de la supuestamente impecable Rosa María Mateo oculta los abucheos y tantas otras cosas. Hace unos meses se anunciaban mil catástrofes. Ahora hay guerra oficial al catastrofismo. Y se callan las nuevas llegadas de inmigrantes, pasado el momento de presumir de ellas. Hablan de corrupción del alcalde de León, pero no de la mujer del presidente, hazmerreír y escándalo supremo por el cargo inventado a su medida en el Instituto de Empresa. Ni se habla del hermano de Sánchez, un mediocre músico enchufado en una diputación. Los medios hablan de Franco y del máster de Pablo Casado, no de los másters de las ninfas milicianas del Gobierno ni de la tesis doctoral fantasmal del presidente. Habrá que ver si el bloqueo informativo y la mentira permanente de los medios que protegen a Sánchez no acaba engañando más al propio Sánchez que a una población que tarde o temprano acaba viendo el vídeo de Sanlúcar. Sánchez se mostró sorprendido por los abucheos. Los españoles no.

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Un nuevo rico llamado Sánchez -Lus del Pino/LD-

La imagen es muy tópica en la literatura decimonónica y de principios del siglo XX: el nuevo rico que, una vez convertido en millonario, quiere adquirir a toda costa la respetabilidad de la que carece. Y aunque se muestra arrogante con los que pertenecen a su antigua clase, y aunque hace ostentación hortera de su poderío económico, se muere por ser invitado a las recepciones de la alta sociedad. Y mataría porque alguien le explicara los secretos de la verdadera y sobria elegancia, que para él son inescrutables. Y gasta auténticas fortunas en descabellados patrocinios, para que sus propias fiestas cuenten con los más afamados artistas, confiando en atraer así a quienes solo le consideran un maleducado parvenu. Es un tipo especial de persona: alguien que, a pesar de sus logros, presenta una inseguridad innata, un complejo de inferioridad con respecto a los que no necesitan, por su nobleza de cuna, demostrar de dónde vienen.

Si se fijan Vds., nuestro presidente interino, Pedro Sánchez, tiene algo de nuevo rico. De repente se ha encontrado en La Moncloa y su primer reflejo ha sido la ostentación hortera: mis gafas de sol en el avión, mientras mi capataz me pone al día; mi viaje a un concierto en avión oficial. Ya no es ese diputado raso que tuvo que abrirse camino haciendo de tiralevitas; ni tampoco ese secretario general que tuvo que luchar por su puesto con un cuchillo entre los dientes. Ya no tiene nada que ver con sus otrora compañeros y rivales: ahora es el presidente. ¿Y cómo va a saber la gente que lo es, si no hace ostentación de ello?

Pero en el fondo de su alma late esa admiración acomplejada por quienes llevan toda su vida en la verdadera política, por quienes no necesitan demostrar nada, porque todo el mundo da por sentado que son estadistas. Y su complejo de inferioridad se manifiesta en la obsequiosidad hacia nuestros principales aliados europeos. Una obsequiosidad implícita en las decisiones, pero perfectamente explícita en los gestos y las palabras. Cuando le ves con Merkel o Macron, parece, sin quererlo, el mayordomo. Y su carita refleja el placer de que los nobles de cuna lo hayan dejado entrar a la fiesta. Por unos instantes, se ha sentido admitido en el club.

Y nuestros aliados europeos se ríen a sus espaldas de su carencia de modales y aprovechan para sangrarle. Ya que el nuevo rico está dispuesto a todo con tal de que le dejen ser uno de los suyos, ¿por qué no aprovecharse del panoli?

¿Que Italia se planta y cierra sus puertas a los traficantes de pateras? No importa, Sánchez se ofrece a encargarse del patrocinio. ¿Que Marruecos quiere más dinero? Ahí está Sánchez para pedir dinero a Europa en nombre de Marruecos. ¿Que Merkel tiene problemas con sus aliados bávaros y con el partido anti-inmigración que crece a su derecha? Sánchez se apresura a dejar que Alemania nos envíe los inmigrantes que le sobran, con tal de que le inviten al siguiente sarao.

El problema, claro está, es que el nuevo rico retratado por los escritores decimonónicos era, en efecto, un rico: había hecho dinero con buenas o malas artes, pero el dinero era suyo. Y lo gastaba a manos llenas para impresionar con su ostentación hortera, pero lo sacaba de su propio bolsillo.

Sánchez, por el contrario, paga los cheques y las juergas con el dinero de los demás. Juega a ser hortera con lo que los contribuyentes aportamos. Y somos los demás los que tenemos que asumir las consecuencias de todas y cada una de sus decisiones.

P.D.: En el momento de colgar este editorial, veo en la cuenta de Twitter de Christian Escribano este vídeo que ilustra a la perfección la actitud de Sánchez: al llegar a la puerta, deja pasar delante a Merkel y a su marido, pero él pasa por delante de su propia mujer.

La imagen es muy tópica en la literatura decimonónica y de principios del siglo XX: el nuevo rico que, una vez convertido en millonario, quiere adquirir a toda costa la respetabilidad de la que carece. Y aunque se muestra arrogante con los que pertenecen a su antigua clase, y aunque hace ostentación hortera de su poderío económico, se muere por ser invitado a las recepciones de la alta sociedad. Y mataría porque alguien le explicara los secretos de la verdadera y sobria elegancia, que para él son inescrutables. Y gasta auténticas fortunas en descabellados patrocinios, para que sus propias fiestas cuenten con los más afamados artistas, confiando en atraer así a quienes solo le consideran un maleducado parvenu. Es un tipo especial de persona: alguien que, a pesar de sus logros, presenta una inseguridad innata, un complejo de inferioridad con respecto a los que no necesitan, por su nobleza de cuna, demostrar de dónde vienen.

Si se fijan Vds., nuestro presidente interino, Pedro Sánchez, tiene algo de nuevo rico. De repente se ha encontrado en La Moncloa y su primer reflejo ha sido la ostentación hortera: mis gafas de sol en el avión, mientras mi capataz me pone al día; mi viaje a un concierto en avión oficial. Ya no es ese diputado raso que tuvo que abrirse camino haciendo de tiralevitas; ni tampoco ese secretario general que tuvo que luchar por su puesto con un cuchillo entre los dientes. Ya no tiene nada que ver con sus otrora compañeros y rivales: ahora es el presidente. ¿Y cómo va a saber la gente que lo es, si no hace ostentación de ello?

Pero en el fondo de su alma late esa admiración acomplejada por quienes llevan toda su vida en la verdadera política, por quienes no necesitan demostrar nada, porque todo el mundo da por sentado que son estadistas. Y su complejo de inferioridad se manifiesta en la obsequiosidad hacia nuestros principales aliados europeos. Una obsequiosidad implícita en las decisiones, pero perfectamente explícita en los gestos y las palabras. Cuando le ves con Merkel o Macron, parece, sin quererlo, el mayordomo. Y su carita refleja el placer de que los nobles de cuna lo hayan dejado entrar a la fiesta. Por unos instantes, se ha sentido admitido en el club.

Y nuestros aliados europeos se ríen a sus espaldas de su carencia de modales y aprovechan para sangrarle. Ya que el nuevo rico está dispuesto a todo con tal de que le dejen ser uno de los suyos, ¿por qué no aprovecharse del panoli?

¿Que Italia se planta y cierra sus puertas a los traficantes de pateras? No importa, Sánchez se ofrece a encargarse del patrocinio. ¿Que Marruecos quiere más dinero? Ahí está Sánchez para pedir dinero a Europa en nombre de Marruecos. ¿Que Merkel tiene problemas con sus aliados bávaros y con el partido anti-inmigración que crece a su derecha? Sánchez se apresura a dejar que Alemania nos envíe los inmigrantes que le sobran, con tal de que le inviten al siguiente sarao.

El problema, claro está, es que el nuevo rico retratado por los escritores decimonónicos era, en efecto, un rico: había hecho dinero con buenas o malas artes, pero el dinero era suyo. Y lo gastaba a manos llenas para impresionar con su ostentación hortera, pero lo sacaba de su propio bolsillo.

Sánchez, por el contrario, paga los cheques y las juergas con el dinero de los demás. Juega a ser hortera con lo que los contribuyentes aportamos. Y somos los demás los que tenemos que asumir las consecuencias de todas y cada una de sus decisiones.

P.D.: En el momento de colgar este editorial, veo en la cuenta de Twitter de Christian Escribano este vídeo que ilustra a la perfección la actitud de Sánchez: al llegar a la puerta, deja pasar delante a Merkel y a su marido, pero él pasa por delante de su propia mujer.
La imagen es muy tópica en la literatura decimonónica y de principios del siglo XX: el nuevo rico que, una vez convertido en millonario, quiere adquirir a toda costa la respetabilidad de la que carece. Y aunque se muestra arrogante con los que pertenecen a su antigua clase, y aunque hace ostentación hortera de su poderío económico, se muere por ser invitado a las recepciones de la alta sociedad. Y mataría porque alguien le explicara los secretos de la verdadera y sobria elegancia, que para él son inescrutables. Y gasta auténticas fortunas en descabellados patrocinios, para que sus propias fiestas cuenten con los más afamados artistas, confiando en atraer así a quienes solo le consideran un maleducado parvenu. Es un tipo especial de persona: alguien que, a pesar de sus logros, presenta una inseguridad innata, un complejo de inferioridad con respecto a los que no necesitan, por su nobleza de cuna, demostrar de dónde vienen.

Si se fijan Vds., nuestro presidente interino, Pedro Sánchez, tiene algo de nuevo rico. De repente se ha encontrado en La Moncloa y su primer reflejo ha sido la ostentación hortera: mis gafas de sol en el avión, mientras mi capataz me pone al día; mi viaje a un concierto en avión oficial. Ya no es ese diputado raso que tuvo que abrirse camino haciendo de tiralevitas; ni tampoco ese secretario general que tuvo que luchar por su puesto con un cuchillo entre los dientes. Ya no tiene nada que ver con sus otrora compañeros y rivales: ahora es el presidente. ¿Y cómo va a saber la gente que lo es, si no hace ostentación de ello?

Pero en el fondo de su alma late esa admiración acomplejada por quienes llevan toda su vida en la verdadera política, por quienes no necesitan demostrar nada, porque todo el mundo da por sentado que son estadistas. Y su complejo de inferioridad se manifiesta en la obsequiosidad hacia nuestros principales aliados europeos. Una obsequiosidad implícita en las decisiones, pero perfectamente explícita en los gestos y las palabras. Cuando le ves con Merkel o Macron, parece, sin quererlo, el mayordomo. Y su carita refleja el placer de que los nobles de cuna lo hayan dejado entrar a la fiesta. Por unos instantes, se ha sentido admitido en el club.

Y nuestros aliados europeos se ríen a sus espaldas de su carencia de modales y aprovechan para sangrarle. Ya que el nuevo rico está dispuesto a todo con tal de que le dejen ser uno de los suyos, ¿por qué no aprovecharse del panoli?

¿Que Italia se planta y cierra sus puertas a los traficantes de pateras? No importa, Sánchez se ofrece a encargarse del patrocinio. ¿Que Marruecos quiere más dinero? Ahí está Sánchez para pedir dinero a Europa en nombre de Marruecos. ¿Que Merkel tiene problemas con sus aliados bávaros y con el partido anti-inmigración que crece a su derecha? Sánchez se apresura a dejar que Alemania nos envíe los inmigrantes que le sobran, con tal de que le inviten al siguiente sarao.

El problema, claro está, es que el nuevo rico retratado por los escritores decimonónicos era, en efecto, un rico: había hecho dinero con buenas o malas artes, pero el dinero era suyo. Y lo gastaba a manos llenas para impresionar con su ostentación hortera, pero lo sacaba de su propio bolsillo.

Sánchez, por el contrario, paga los cheques y las juergas con el dinero de los demás. Juega a ser hortera con lo que los contribuyentes aportamos. Y somos los demás los que tenemos que asumir las consecuencias de todas y cada una de sus decisiones.

P.D.: En el momento de colgar este editorial, veo en la cuenta de Twitter de Christian Escribano este vídeo que ilustra a la perfección la actitud de Sánchez: al llegar a la puerta, deja pasar delante a Merkel y a su marido, pero él pasa por delante de su propia mujer.

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Del Pacto del Tinell al Pacto del Máster. -F.J. Losantos/LD-

Estado del Golpe de Estado de otoño de 2017 en el verano de 2018 (I).

Esta semana hará un año de la masacre islamista de Barcelona y Cambrills, cuya abyecta manipulación por el separatismo catalán, con la sonámbula aquiescencia del Gobierno de Rajoy y la todopoderosa Soraya, que se echó a llorar y se escabulló heroicamente cuando los separatistas rodearon e insultaron al Rey culpándole del atentado “por vender armas a Arabia Saudí”, como si fuera cosa suya y no del Gobierno, fue el primer capítulo de la movilización que perpetró el Golpe de Estado, culminado el 1 de octubre con la proclamación de la República Catalana, aunque, en rigor, todas las garantías legales a la Oposición y a la ciudadanía ya habían sido abolidas en dos jornadas de septiembre por el Parlamento regional.

Lo que Domingo Gascón ha llamado El golpe post-moderno (Ed. Debate, 1918), aunque por algunos de sus rasgos de pronunciamiento entre miliciano y policial (mozos de Escuadra golpistas del Mayor Trapero) cabe también llamar decimonónico o pre-moderno, tuvo lugar en los medios y no en las instituciones representativas, en la calle y no en un Parlamento que ya se había puesto él mismo fuera de la Ley, en la televisión antes que en la realidad mostrenca. Pero como un año después ni aquel Gobierno ni el actual, hijo ilegítimo de la desidia del anterior y de las fuerzas políticas que lo perpetraron, han dejado claros los términos de la respuesta del régimen constitucional al golpismo que busca liquidarlo, es previsible que en unos días veamos la reposición del espectáculo, con la misma cadencia:

  1. Algarada antiespañola con el Rey como pararrayos.
  2. Desaparición de los órganos coactivos del Estado: en Rajoy por cobardía, en Sánchez por neta complicidad “dialogante”, a lo Soraya, con el Golpe.
  3. Reafirmación de los golpistas de 2017 en la Diada del 11 de septiembre, apoyados en su verdadero partido político: los medios de comunicación con TV3 a la cabeza millonariamente subvencionados por la Generalidad de Torra con el dinero de todos los españoles, como Mas y Puigdemont ya hicieron gracias a los fondos generosa y delictuosamente entregados por el Ministerio de Hacienda, ayer de Montoro y hoy de Calviño, como prueba de la permanente “voluntad de diálogo” que nos ha conducido hasta aquí; y…
  4. Tensa espera del juicio instruido a los golpistas en el Tribunal Supremo.

Estas circunstancias, junto a otras también recurrentes, no deberían hacernos olvidar, sin embargo, la raíz de este golpe de Estado que no ha triunfado ni fracasado del todo, y que, por tanto, sigue vivo. Y es lo que ha recordado Mayor Oreja en una Tercera de ABC: ‘Un acuerdo marco letal’. Aunque, como democristiano, Mayor Oreja suscite la lógica desconfianza en el ciudadano común, tiene acreditado no sólo un emotivo patriotismo sino una rara capacidad de adivinación de los peligros nacionales. Desde lo que en el primer Gobierno Aznar llamó “tregua trampa” de ETA, nunca ha fallado en sus pronósticos. Por desgracia, sólo en aquel Gobierno, del que, aunque bastante aislado, formaba parte, el presidente le ha dado la razón. Tal vez por eso hemos llegado a esta situación, dramática cuanto ridícula.

El implacable análisis de Mayor Oreja

El artículo de Mayor es, sencillamente, magistral. Y por su sencilla claridad, resulta espeluznante. He aquí los puntos básicos de su reflexión:

“Todo, absolutamente todo lo que está sucediendo en términos políticos en España no puede sorprendernos, porque nada de lo que sucede es fruto de la casualidad y del azar. Hace más de una década, a partir del año 2004, el Gobierno presidido por Rodríguez Zapatero y ETA suscribieron un compromiso que para comprender su significado podríamos caracterizar e identificar como un “acuerdo marco”. Ambos protagonistas acordaron un proceso una vez que no fueron capaces de alcanzar un acuerdo concreto sobre la única y gran reivindicación del movimiento nacionalista: la autodeterminación, el derecho a decidir, el derecho unilateral de secesión, escojan ustedes la denominación más adecuada.”

“El proceso pactado, que se formuló en términos de proyecto “estándar” de resolución de conflictos, consistía básicamente en lo siguiente: ETA dejaba de matar y Rodríguez Zapatero se comprometía a una transformación radical de España en términos morales, territoriales y de carácter social” (…)

“El proyecto político de Rodríguez Zapatero significaba la marginación y el aislamiento del Partido Popular, versus pacto catalán del Tinell, y simultáneamente, la incorporación progresiva de ETA y de su proyecto a la democracia española. En consecuencia, ello significaba impulsar un inequívoco “vista la izquierda”, utilizando un símil militar, en todos los ámbitos, singularmente en el orden cultural y moral. El proceso arrancó, fue dando sus frutos y paulatinamente, hizo que tanto el Partido Popular como el Partido Socialista perdieran su razón de ser y de existir en Cataluña y en el País Vasco.”

“No se puede olvidar que antes de este acuerdo marco, tanto los nacionalistas vascos y catalanes habían pactado con ETA su proyecto de ruptura, en Estella en septiembre de 1998 y posteriormente en Perpiñán en enero de 2004. Por todo ello, tras el efímero Plan Ibarretxe, el proceso impulsa que el nacionalismo catalán sustituya a ETA en la vanguardia de la ruptura del movimiento nacionalista, y de esta manera llega el procés. Mal que les pese a muchos nacionalistas catalanes, el procés es un corolario del proceso en el que, recordemos, inicialmente no estaban ni el PNV ni la antigua Convergència y Unió”.

“El tercer hito que destacaría es el frente popular populista-nacionalista que se constituye en España el pasado mes de junio, tras una moción de censura contra el presidente Rajoy. La moción de censura tras la publicación de la sentencia del caso Gürtel fue un pretexto, una mera excusa. El frente popular populista-nacionalista es simplemente otra consecuencia de aquel acuerdo marco, de aquella dirección emprendida. El presidente Sánchez continúa simplemente la estela del proyecto Zapatero, de una alianza potencial con ETA, y lo intenta en el arranque de la legislatura, pero la impaciencia desmesurada de Podemos y el lógico temor y miedo de una buena parte del PSOE lo impidió. Pero antes que después, en la primera ocasión y pretexto, una vez que Pedro Sánchez recupera el poder en su partido, lo iba a volver a intentar y así lo hizo.”

“El acuerdo marco, hablo ya del presente y del futuro inmediato, tiene que actualizarse y traducirse en términos políticos más allá del procés, de la metamorfosis de ETA y del recién llegado frente popular. Aquel proceso que se puso en marcha tendrá que cristalizar en algo más que en una fotografía. Tiene que concluir en un nuevo proceso, un proceso llamémoslo “pseudo constituyente”, que arranque con la reforma del Estatuto de Cataluña y culmine con la reforma de la Constitución española, como ya han dejado caer tanto el presidente Sánchez como su ministra de Política Territorial y Función Pública.”

Estos tres puntos están claros. El cuarto, no desarrollado aún, parte o debería partir de la llegada de Casado a la Presidencia del PP:

“Cuando estoy terminando de redactar este artículo, Pablo Casado se ha convertido en el nuevo presidente del Partido Popular, y se constituye en una esperanza para este difícil reto que se deduce del diagnóstico descrito. Habrá refundación, regeneración, renovación de nuestro espacio político en la medida en que primero se comprenda y se asuma la existencia de este proceso, fruto de aquel acuerdo marco que acabo de describir, para de este modo entender la envergadura del reto en el ámbito cultural, moral y social que tenemos por delante.” (…)

“El proceso, aunque en ocasiones chirría, está más vivo que nunca, tiene más poder que nunca y por ello, cualquier refundación del centro-derecha español exige una envergadura moral singular, ya que el debate, más que nunca, se ha situado en el ámbito cultural, en el seno y corazón de nuestra sociedad.”

¿Qué es el Pacto del Máster?

De aquí parte nuestra reflexión. Me parece evidente que el Pacto del Tinell se ha actualizado como Pacto del Máster con el mismo fin que en 2004: liquidar al PP, pero no aislando a un partido satanizado sino asesinando civilmente a su nuevo líder, enemigo declarado del Proceso, para anular a la Derecha como obstáculo político esencial.

Hay un precedente, hijo también del PSOE y de la manipulación de los medios, que la izquierda dominaba casi tanto como ahora: al poco de llegar Aznar a la Presidencia del PP, el Gobierno, la policía y un juez de su cuerda hicieron estallar el caso Naseiro, un episodio de financiación ilegal de la antigua AP con el que se pretendía salpicar al nuevo líder de la derecha y anular su discurso contra la corrupción. Es decir, cortar el efecto moral del impulso antes de que echara a volar.

La diferencia es que, entonces, Aznar, que se enterró tres días en Canarias preocupadísimo, antes de plantar cara, tuvo a su lado a una parte respetable -o al menos, respetada- de los medios, y entre todos, junto a las irregularidades en la instrucción del caso, éste zozobró. En el caso del Máster de Casado, se ha comprobado que no hay una sola cadena de televisión, apenas una de radio, sólo dos diarios de papel y dos o tres de internet que hayan salido en defensa del líder del PP. Y ello aunque la instrucción del caso ha ido más allá de la prevaricación notoria, pero difícilmente demostrable, de las ambiciones de una juez.

Si no nos hubiéramos acostumbrado al derecho de los medios de extrema izquierda ayuntados con jueces extremadamente ambiciosos de liquidar a cualquier político del PP, mecanismo que el PP de Rajoy y Soraya ha convertido en norma para eliminar a gente molesta de su partido, la kafkiana, tendenciosa y disparatada instrucción del caso por la juez Rodríguez-Medel, con el objeto no sólo implícito sino descaradamente explícito -y por ende, prevarigalupador- de destruir por completo la imagen pública del nuevo presidente del PP, habría levantado un clamor de indignación en medios supuestamente afectos al orden constitucional. Porque, insisto, el ataque a Casado por parte de la Izquierda y de la derecha sorayina y arenosa, que increíblemente la hay, se debe al obstáculo que supone para el Frente Popular su liderazgo en el PP. De ganar el Congreso del PP, no le hubiera pasado a Soraya algo parecido, porque ya ha demostrado cumplidamente que su política es la misma del PSOE: templar gaitas, ‘dialoguear’ y, en última instancia, rendirse, o sea, aceptar lo que temía Mayor en su artículo y el catanazi Torra ha ofrecido: alguna paz a cambio de un referéndum.

Para irregular, la instrucción del caso

Lo peor para el crédito personal y profesional de la instructora del “caso Master” -el crédito político en la Izquierda es ya ilimitado- es que Ignacio Escolar, denunciante del máster de Cifuentes aunque él no haya terminado siquiera Periodismo, que así es este pájaro-flauta, anunciara en su blog que era él el que había instruido a la jueza sobre los posibles casos de irregularidades en el “máster” de Álvarez-Conde que en realidad no era máster sino habilitación para futuros estudios de doctorado que Casado no realizó y, por tanto, nunca aprovechó. Y si malo es que un periodista conocido por su sectarismo totalitario y odio al PP, amén de nula ética profesional, presuma de que fue él quien indicó a la jueza cómo debía ir contra Casado (sin denuncia, ni caso como tal, cabe entrever, si no asegurar, que la animadversión política y la persecución personal son las bases reales de la instrucción del caso) más grave es que la jueza, en la exposición de motivos para que sea el Supremo el que ejecute o indulte al que ella ha condenado, exhiba una prosa de periodista panfletario, no de juez instructor.

Hablar del “regalo” del máster a quien ha pagado las tasas y cumplido todos los trámites legales que la Universidad impone es digno de Escolar. Y de Pre-Escolar, asegurar, con un par o dos, que Álvarez-Conde le hizo ese “regalo” por su “relevancia política”, ¡hace diez años!, cuando era un joven diputado autonómico. ¡Ni Rappel!

Pero lo que en cualquier país no acostumbrado a linchamientos mediático-judiciales daría lugar a una denuncia por prevaricación y a la apertura de un expediente disciplinario por falta más que grave, son los dos presuntos delitos con los que la jueza busca enterrar a Casado: “prevaricación administrativa” y “cohecho impropio”. ¿Cómo va a prevaricar el alumno si ha cumplido con la ley, en el caso de que el profesor actúe irregularmente? Hay precedentes legales que la jueza, ciega en su persecución, se ha negado siquiera a considerar. En cuanto al “cohecho”, ni propio ni impropio: ¿Cómo pudo cobrar el que pagó? ¿Qué pruebas tiene la jueza? Ninguna. Sugiere que hay que buscarlas.

Y es que, como ha significado el abogado De Pablo, la propia jueza (que privó a Casado de la declaración voluntaria en aplicación del Artículo 118 bis de la Ley de Enjuiciamiento Criminal) enjuicia criminalmente y condena moralmente a Casado, presidente del PP, al sugerirle al Supremo que falsificó unos trabajos que no tenía por qué conservar y que, sin embargo, presentó en rueda de Prensa. Y que el Alto Tribunal debe pedirle ordenador, trabajos, autentificación, etc. Vamos, que como no puede instruir o insultar más, el Supremo debe seguir instruyendo un caso que, si no lo es, parece de total corrupción judicial. ¿O es que esta sucesión de irregularidades, teñida de arbitrariedades, puede pasar por la instrucción de un caso? ¿Y es éste tan grave como para destruir personal y políticamente al jefe de la Oposición, en un momento de peligro para la supervivencia del régimen constitucional?

Por supuesto que no. Todos los que hemos sido alumnos y profesores sabemos que no. Puede que la misma jueza lo sospechara, si su ascensión a los altares caníbales de la Izquierda se lo permitiera. Pero si existe el Caso Master (y no el caso Begoña Gómez de Sánchez, que será “cohecho propio”) sea consciente o semiconsciente la jueza que lo ha co-instruido con el zurupeto Escolar, es sólo porque la Izquierda quiere lograr lo que casi logró el Pacto del Tinell: echar al PP de la política española para poder dinamitar definitivamente el régimen democrático nacido en la Transición, que es lo que quiere la ETA, busca el separatismo catalán, impulsa el PSOE y hubiera aceptado, con algún mohincito, un PP presidido por Soraya Sáenz de Lomismo.

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La Reina de África. -Hermann Tertsch/ABC-

Ayer estalló la bomba del fichaje galáctico. No, no son los porteros Courtois y Kepa ni ninguna estrella del balompié. El fichaje más espectacular de este verano nos lo proporciona el Instituto de Empresa, la prestigiosa institución privada española. Como escuela de negocios en el más consumado ejemplo de lo que predica, un suculento negocio desde que se fundó en 1973. El IE compite con las mejores escuelas de negocios del mundo. Y acoge a estudiantes de todo el globo que quieran desarrollar sus estudios económicos o empresariales y tengan padres que se lo pueden permitir. Con profesorado acorde al prestigio. Ayer, el Instituto de Empresa, que dirige con gran acierto su fundador, Diego Alcázar, anunciaba que se incorpora a su equipo para dirigir un muy novedoso Centro de África, nada menos que Begoña Gómez. Preguntarán que quién es la célebre africanista. Si es una de esas académicas con gran obra publicada que se disputan las universidades por todo el mundo. Pues no. Begoña Gómez es esa señora rubia que bajaba ufana del Falcon de las Fuerzas Armadas para irse con su marido de parranda playera a un concierto de The Killers. Y su marido es quien desde hace tres meses y gracias a un siniestro pacto con todos los enemigos del Estado ocupa hoy la Jefatura del Gobierno.

La señora Gómez de Sánchez dirigirá el nuevo Centro África del IE cuyo objeto es «la promoción del emprendimiento, la innovación, el liderazgo ejecutivo y el desarrollo de proyectos de acción social en el continente africano». Farfolla y charlatanería, lo contrario del rigor en pensamiento y obra que predica el centro privado. Atención, privado el centro sí, pero con financiación pública para el solemnizado Centro África que dirigirá Begoña. Todo es justificación. Se entiende. Es difícil conferir dignidad al asunto. Porque además, su sueldo financiado con dinero público será «secreto por razones de confidencialidad». Todo lo secreto suele ser confidencial. Imaginen esto explicado así para los cónyuges de Rajoy, Aguirre o Casado.

Pero en España los actos son buenos o malos dependiendo de quien sean. Si no lo creen busquen la tesis doctoral del marido de la africanista. No debe tener mala conciencia el IE por contratar a la mujer del jefe de Gobierno con la intención de recibir, a cambio de un sueldo que jamás tendría esa señora en ningún sitio, un trato de favor del poder actual. Muchos compran preventivamente los favores. Y doña Bego tiene mimbres para ser Reina de África. Por un lado, su marido quiere africanizar España por la vía rápida de traerse a media población al convertir las fronteras españolas en un hazmerreír. Pero además, Begoña, «licenciada en Marketing por el ESIC, la universidad privada de los Padres Reparadores», es experta en captación de fondos para ONG’s muy implicadas en el tráfico de inmigrantes hacia Europa. Y todas tuteladas/financiadas por George Soros, el magnate especulador enemigo de los estados nacionales y de toda derecha nacional. Ese Soros con quien Sánchez tuvo un encuentro secreto nada más llegar a La Moncloa. Begoña trabajó con Oxfam Intermón, ONG conocida por su militancia de extrema izquierda y por haber sido repetidamente acusada de abusos sexuales, y también con Amnistía Internacional que ayer mismo culpaba a Europa de la muerte de los ilegales que se ahogan en el Mediterráneo. Cuando la culpa es de quienes, porque viven del tráfico, no disuaden e incitan a los africanos a echarse al mar. Así las cosas, todo cuadra. Salvo quizás para los alumnos. Y para quien piense en Urdangarín, en Mato y eso de los cohechos impropios y del papel del cónyuge. Menos mal que estos son de izquierdas y no pasa nada.

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