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Ladran luego… son perros. -Liberal Enfurruñada/OK Diario-

En una columna de opinión El País se ha inventado que en El Ejido no hay librerías —cuando la verdad es que existen varias y hasta un Corte Inglés— para acusar a su población de analfabeta por haberse atrevido a votar al que ellos llaman ultraderechista VOX. Al independentista Andreu Buenafuente tampoco le ha gustado lo que votaron los andaluces y por eso los llamó “cerdos” y se mofó de su forma de hablar en el programa que todavía le emite Movistar+. Una reportera y un cámara de televisión han ido gravando por las calles de Marinaleda para identificar a los 44 ciudadanos que habían osado votar a VOX en las elecciones autonómicas. Son sólo tres ejemplos de lo que está haciendo una buena parte de la prensa española, insultando a los votantes de VOX como no insultan ni a los de los partidos golpistas, ni a los de los filoetarras, ni a los de los comunistas bolivarianos.

Hasta que se escrutaron las papeletas de las elecciones andaluzas, VOX era prácticamente ignorado por todos esos medios de comunicación que ahora no paran de ofenderlos. Pero desde que al día siguiente de dicho escrutinio Pablo Iglesias se puso delante de las cámaras de televisión llamando a sus huestes a una movilización “antifascista” para frenar el avance de la “extrema derecha”, la violencia física ha hecho arder las calles y la violencia verbal ha inundado las redacciones de la misma prensa que lleva años blanqueándolo a él y a sus socios. La realidad es que VOX no es ni facista ni extrema derecha y que los podemitas sí son comunistas bolivarianos, pero los mismos medios que abalan y blanquean a los antidemócratas de extrema izquierda, a los golpistas catalanes y a los amigos de los etarras vascos, pretenden criminalizar a los demócratas de derechas.

Son como aquel pintor que está pintando un techo al que de pronto le quitan la escalera y se queda “colgado de la brocha”. Pero aún no se han dado cuenta de que ya no tienen escalera, no tienen credibilidad pero ellos siguen agarrados a su brocha porque no saben hacer otra cosa. Los resultados de las elecciones andaluzas han demostrado que su influencia sobre el voto de la gente es completamente nula. Más bien al contrario, cuanto más insultan a sus votantes más crece la expectativa de voto de VOX. Cuanto más les señalan como antidemócratas, inconstitucionales y fascistas, mintiendo, más simpatías recogen de todos aquellos que piensan que si tanto les insulta una prensa tan desprestigiada, algo bueno deben de tener y se acercan para comprobarlo por sí mismos, sin dejar que nadie les engañe.

Dicen que fue el poeta nicaragüense Rubén Darío el que atribuyó la frase “ladran, luego cabalgamos” a un tal Sancho, lo que a muchos hizo pensar erróneamente en el personaje de El Quijote. La idea es original del poeta alemán Goethe, quien la introdujo en su poema ‘Ladrador’ en 1808 diciendo: “Pero sus estridentes ladridos sólo son señal de que cabalgamos”. Los perros son animales mucho más nobles y honestos que todos estos pseudoperiodistas de los que os hablo, así que hay que disculparse con ellos antes de compararlos. Pero cuando los perros ladran demuestran dos cosas a la vez, la primera es que cabalgamos delante de ellos, que avanzamos más de lo que pueden hacer ellos, que se van quedando detrás. Y la segunda es que simplemente son perros encerrados que sólo nos pueden ladrar cuando nos vamos. Los ciudadanos españoles avanzan en su lucha contra los golpistas, la extrema izquierda y los filoetarras, mientras que los perros… sólo ladran.

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De inevitable a inaplazable -Hermann Tertsch/ABC-

“A estas alturas no hay formas intermedias. La desprogramación de la secta separatista debe hacerse de un modo activo, con un 155”. Estas sabias palabras de Albert Boadella, un catalán que anunció la catástrofe desde que su lucidez vio los preparativos, son una vez más rotundamente ciertas. Pero se queda corto con la receta porque es probable que el 155 ya no sea suficiente para acabar con lo que se debió acabar desde hace lustros ya todos los días. Como todos los días aumenta el coste de una intervención para restablecer la ley.

Quienes hoy pretendan que la vuelta a la legalidad pasa por la negociación con las fuerzas separatistas o no se enteran o creen beneficiarse de la falta de normalidad. O directamente pretende ayudar al golpismo antiespañol como los comunistas de Podemos, para los que todo éxito propio pasa por el desmembramiento de la nación. La cúpula golpista de la Generalidad es irrecuperable para la legalidad. El restablecimiento de la ley en Cataluña es imprescindible para que toda España pueda dedicar sus energías, su tiempo y su dinero a sus grandes objetivos de desarrollo. Tendrá que imponerse con la intervención de la fuerza legítima del Estado ante la abierta rebelión de las autoridades regionales. Esta vez con la contundencia necesaria que no hubo en la fracasada aplicación del 155 por el Gobierno de Mariano Rajoy.

El miedo al conflicto de aquel Gobierno ha tenido efectos catastróficos para España, y no solo en Cataluña. Porque más allá del descrédito del Estado que causó su fallida intervención del pasado año, es corresponsable, por su vergonzosa huida, de todos los daños que genera en la actualidad -aumentan a diario- el Gobierno de talante abiertamente macarra que preside el falso doctor Sánchez. Que lleva a cabo el más inaudito desmantelamiento de las defensas del Estado que pueda concebirse. Si al actual Gobierno lo caracterizan su mala fe y su desprecio a los intereses de los españoles, al anterior se le recordará por su justificada mala conciencia y una cobardía de altísimo coste que lamentablemente no pagan quienes debieran.

Así las cosas y tal como se aceleran los planes de un nuevo intento de insurrección, es muy posible que sea precisamente Sánchez, que gobierna gracias al golpismo y demás implicados en el intento de destrucción del Estado, quien tenga que dar la orden de suspender la autonomía en Cataluña y restablecer la ley y el orden público, ambos hoy inexistentes. O quedar expuesto ya definitivamente como uno más de los enemigos de la España de la monarquía parlamentaria. La intervención contará con el aplauso de la mayoría de los españoles, incluidos los catalanes, pero también con la feroz y previsiblemente violenta oposición de la secta fanática de que habla Boadella. Sánchez intenta aún proteger y no enfrentarse a sus socios de aventura. Pero toda España, cada vez más alerta y más dispuesta a exteriorizar su voluntad de defensa de la nación, sabe que lo inevitable ya se hace inaplazable.

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Alerta anticomunista -Emilio Campmany/LD-

Que Pablo Iglesias decrete una “alerta antifascista” porque Vox haya obtenido 12 escaños en las elecciones andaluzas es normal. La querencia de este sicofante de ideas totalitarias al lenguaje y los modos de los años treinta no es cosa ya que maraville. Lo que sobresalta es que la práctica totalidad de los medios haya secundado la alerta aceptando la premisa de que Vox es un partido antidemocrático.

Una de las acusaciones que arrojan sobre Vox es que se opone a la inmigración ilegal. Todos, partidos políticos y medios de comunicación, deberían oponerse a ella, aunque sólo fuera porque, como su propia denominación indica, es “ilegal”. Pero, además, lo que hay detrás es el crimen organizado: mafias que venden el pasaje a Europa y empresarios desaprensivos que ocupan a los inmigrantes en el tráfico de copias piratas, en empleos ocultos al fisco y a la Seguridad Social, en la prostitución y demás. Y esos negocios son posibles porque nuestros políticos brindan a los inmigrantes ilegales la protección social que las mafias venden en origen y de la que se aprovechan quienes los explotan. ¿Oponerse a que los criminales se enriquezcan gracias a la protección social que el Estado otorga a los inmigrantes y que se financia con nuestros impuestos es antidemocrático? No digo que no haya argumentos para defender que quienes logren entrar ilegalmente en España merecen ser protegidos. Pero también los hay, y muy poderosos, en contra. Y son tan legítimos como los otros.

También acusan a Vox de ser anticonstitucional y lo comparan, no ya con Podemos, sino con los golpistas catalanes, pues, si éstos trataron de volar la Constitución decretando la independencia de Cataluña, los de Vox pretenden otro tanto liquidando las autonomías. Vox no quiere incumplir la Constitución. Al contrario. Pretende que todos, incluidos los independentistas catalanes, la cumplamos. Como casi todos los partidos, además quiere reformarla. El pecado que no le perdonan es que su propuesta, la de liquidar las autonomías, vaya en el sentido contrario a las de los demás. Como si la España confederal que proponen PSOE y Podemos tenga que ser más democrática que la España centralista que defiende Vox.

No obstante, el problema no es que nacionalistas, podemitas y socialistas tachen de antidemocrático a Vox sin serlo. Lo inquietante es que la mayoría de los medios se unan al vocerío incumpliendo su obligación de informar. Si quieren defender la inmigración ilegal y el Estado de las Autonomías, pueden hacerlo con los argumentos que encuentren, que cada vez son menos. Lo que no pueden hacer es tachar de antidemocráticas las propuestas de combatir a una y liquidar al otro porque no lo son. Mucho más cuando encubren a la vez a comunistas confesos, disfrazándolos de socialdemócratas, y aceptan mansamente que Iglesias pretenda antidemocráticamente ganar en la calle y con violencia lo que perdió en las urnas.

Si la democracia española está en peligro no es por los ataques que pueda recibir desde la derecha. El peligro procede de la izquierda. No sólo porque los comunistas jamás han sido demócratas, sino sobre todo porque los socialistas se están dejando colonizar por aquéllos. Y la mayoría de la prensa no denuncia ninguna de las dos cosas. Si hay que decretar algo, es una alerta anticomunista.

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La rebelión de Vox. -Cristina Losada/LD-

Un día habrá que hablar de la literatura de las irrupciones. Porque es ya un hábito que a la aparición de un nuevo partido se reaccione no con el ánimo de entender el fenómeno, sino con un chorro de (por lo general, mala) literatura. Cuando irrumpió Podemos, en las europeas de 2014, el chorro fue encomiástico. Ay, aquellos profes de Políticas, qué listos eran. Y su llegada a la arena política expresaba, por supuesto, la justa y santa indignación de los españoles con los políticos, con la corrupción y con la crisis. Ahora, con la entrada de Vox en el Parlamento andaluz, en lugar de chorro hay un chorreo.

Si uno lee la literatura alarmista, y es inevitable porque está por todas partes, se imagina que ahora mismo hay bandas de camisas pardas alborotando las ciudades andaluzas, incendiando cosas y amenazando a los vecinos de los barrios que votan a la izquierda. Y que, pronto, esos cafres estarán por toda España. La realidad, sin embargo, es que las pandillas que han salido a las calles en Andalucía fueron convocadas por Podemos e Izquierda Unida para amenazar a los que votaron a Vox. La realidad es que, fuera del ámbito andaluz, las acciones políticas coactivas y violentas más frecuentes son las de separatistas catalanes contra catalanes no separatistas. Y las que siguen protagonizando los herederos de ETA en el País Vasco: acaban de darle una paliza a un estudiante en Vitoria. Pero nada de esto es tan grave como lo de Vox porque los partidos que fomentan o consienten aquellos actos son perfectamente constitucionales. Desde ERC hasta Bildu, pasando por los de Quim Torra. Todos, Podemos el que más, son constitucionalistas sin tacha, según el PSOE.

La peligrosa payasada de la alerta antifascista que han hecho sonar los que no esperaban tal varapalo en las elecciones andaluzas testimonia la voluntad, no sólo de tapar el fracaso, sino de abrir un ciclo de histeria política y mediática –uno más– que recuerda al que hubo después de la victoria de Trump en los Estados Unidos. Por cierto: a Trump se le endosó la etiqueta fascista. Y también: la histeria no desanimó, sino que reafirmó a sus votantes. Pero sería ingenuo pensar que los que ponen en marcha los ciclos histéricos quieren convencer al votante equivocado de que reconsidere su opción. Pretenden, más bien, reafirmar a sus propios votantes y reenganchar a los que perdieron instalando la batalla política en la lucha del Bien contra el Mal. El universo maniqueo de siempre. De modo que el pronóstico es que va a haber histeria para rato con Vox. Y que eso le irá bien a Vox.

A Vox le irá bien porque una de sus vías de crecimiento la han abierto los que han ido cegando, histéricamente, las posibilidades de expresión e influencia ideológicas de los conservadores en España. Vox lleva, en lo económico, un programa de corte liberal, pero en materia de valores sus propuestas son conservadoras. En eso se diferencia en grados del PP, aunque no sólo. Hay que recordar que Vox es una escisión del PP cuyo motivo más decisivo radica en el abandono de principios o esencias que, en otro tiempo, encarnaba el gran partido del centroderecha español. Así se percibe, al menos, y eso es lo que cuenta. Pero hay más. Porque Vox, en donde muchos ven tics y tonos autoritarios, representa paradójicamente la rebelión contra un autoritarismo: el de la corrección política. Es un autoritarismo que no se reconoce como tal pero lo es. Impone en la vida pública y en la privada una serie de creencias y valores y, lo que es más relevante en nuestro caso, proscribe absolutamente otros. Creo que fue Mark Lilla, que no es un conservador, quien hace años escribió que aquellas imposiciones, entonces circunscritas a las universidades norteamericanas, eran una forma de “totalitarismo blando”.

En España, la corrección política tiene sus prescripciones y prohibiciones específicas. No son de ahora. En esas tablas del bien y del mal, ser de derechas o conservador es un estigma. Lo es desde la Transición. Ser español es un pecado. O un defecto. O una vergüenza. Para la izquierda existente, insistir en la españolidad –o en la Hispanidad– es síntoma claro de derechismo y nostalgia franquista. (Lo siento por la gente de izquierdas que ha intentado y aún intenta construir un partido de izquierdas libre de ese complejo, pero es lo que hay). A esas manchas o impurezas se han añadido otras. Hoy, no estar con el feminismo radical es un crimen. Y plantear que se frene la inmigración irregular es fascista, cuando no nazi. ¿Cómo extrañarse de que crezca un partido como Vox, que hace gala de combatir los dictados del pensamiento correcto, de decir lo que muchos piensan pero no se atrevían a decir?

Sólo queda constatar que, al cabo del tiempo, se está cumpliendo aquel deseo que formuló Rajoy agriamente en el Congreso de Valencia hace diez años. Los liberales ya tienen otro partido al que irse (Ciudadanos) y los conservadores o liberalconservadores acaban de encontrar otro: Vox.

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VOX no es extrema derecha ni inconstitucional. -Liberal Enfurruñada/OK Diario- –

Estoy convencida de que ninguno de los que atacan a VOX diciendo que son inconstitucionales y de extrema derecha ha asistido jamás a uno de sus mítines y seguramente tampoco se hayan leído su programa electoral. Yo sí he asistido a varios mítines de VOX y me he leído las 100 medidas urgentes que proponen para España, por eso yo puedo afirmar que mienten o se equivocan. Por definición, la extrema derecha está asociada a ideologías totalitarias y antidemocráticas próximas al fascismo o al nazismo y os aseguro que cuando vayáis a un mitin de VOX no os vais a encontrar con nada así. No existe ni esa xenofobia ni mucho menos el racismo que se les achaca, no hay intolerancia ni machismo, no verás islamofobia ni brazos alzados en saludo romano, no verás banderas franquistas ni símbolos extremistas de ningún tipo. No es verdad.

Todo eso es un conjunto de mentiras que le viene bien difundir a todos aquellos que no quieren que aparezca un nuevo partido político de derechas que le quite votantes a los que ya están instalados. Desde el PP y su prensa amiga se ha contribuido bastante a construir esa falsa idea sobre VOX para intentar detener la fuga de votantes. Pero también la prensa y los partidos de izquierda han incidido en ello para estigmatizarlos. El típico enemigo contra el que se intenta movilizar a la masa en beneficio propio. Pero es evidente que el engaño no les ha funcionado y que los votantes han creído más en su propio criterio que en el que pretendían transmitirles unos medios de comunicación que han perdido por completo la credibilidad a favor de nuevas plataformas como OKDIARIO.

En los mítines de VOX lo que hay son muchas banderas de España. Estuvieron torpes los demás partidos al no darse cuenta de que los españoles habíamos empezado a sacar orgullosos nuestra bandera a nuestras ventanas y balcones y que ese símbolo representa la unidad a la que no estamos dispuestos a renunciar. Tan torpes como estuvieron cuando permitieron que en Cataluña unos políticos golpistas celebraran por dos veces un referéndum ilegal por inconstitucional, con el que consiguieron mojarnos la oreja a todos. Estuvieron torpes los que permitieron que en los medios de comunicación públicos catalanes y en sus escuelas se nos insultara sin parar y los que ahora pactan con ellos y les prometen indultos que la ciudadanía rechaza masivamente. Cada vez que VOX sentaba en el banquillo a un golpista catalán, ante la pasividad de Gobierno y oposición, más ciudadanos se sentían atraídos a sus mítines para escuchar por ellos mismos sus propuestas, sin que nadie les engañara. Y así han ido llenando auditorios.

En sus mítines no hay skin heads ni se canta el ‘Cara al sol’. Allí hay gente normal de la calle, unos llegan en Mercedes y otros en modestos utilitarios, hay muchas mujeres de todas las edades y sobre todo muchísimos chicos jóvenes con aspecto de pertenecer a todas las clases sociales y profesiones. Estudiantes, militares, jubiladas, obreros de la construcción, ingenieras. Cualquiera con el que te encuentras por la calle, tus vecinos, esos que hace tiempo que pusieron la bandera de España en su balcón, a esos seguramente te los encuentres allí. Y se habla de la defensa de la nación española contra los golpistas, de la lucha contra las mafias de la inmigración ilegal y contra el terrorismo internacional, de bajadas de impuestos, de la ideología de género, y de promover una reforma legal de la Constitución para poner fin al disparate autonómico. Nada de extrema derecha. Todo de extrema necesidad.

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GUERRAVIVILISMO. -Resumen del hilo twittero de Daniel Ari-

Todos sabemos que la única manera de sobrevivir que tienen los comunistas es adulterando la realidad. Y que la realidad la corrompen mediante la desinformación y el lenguaje. Repitiendo mantras a todas horas.

Que si cientos de miles de niños que se mueren de hambre en España, que si Venezuela representa el triunfo de la democracia y la justicia social, que si VOX es fascismo. Negro es blanco y arriba es abajo.

Llama “facha” a quien no piensa como tú a todas horas, por todos los medios y canales a tu disposición (duopolio, TVE, canales autonómicos, redes sociales, etc.), y mucha gente poco dada a cuestionarse nada acabará comprando tus embustes.

Todos sabemos, también, que los comunistas le tienen aversión a la democracia, pero que la democracia es su vehículo para llegar al poder y eliminarla para siempre.Y que cuando ellos llegan al poder mediante las urnas (o mediante trampas legales pero ilegítimas), las reglas del juego están para cumplirlas, Pero que cuando esas mismas reglas los desplazan del poder, se las pasan por el arco del triunfo.

Pues bien… ayer, tras la derrota sin paliativos de las izquierdas en Andalucía, Susana Días apeló a alianzas contra natura para ser “dique de contención del fascismo”, e Iglesias hizo un llamamiento a combatir el fascismo en la calle. No es que tengan mal perder, es que tienen esa superioridad moral que la falsa derecha les ha ido concediendo a lo largo de casi un siglo y que les permite decidir quiénes son demócratas y quiénes no, qué votos valen y cuáles no,cuándo se puede votar y cuándo no, etc. Lo más grave de todo es que al llamar repetidas veces fascista a alguien, al meter en la cabeza de gente con mentalidad de borregos que todo lo que no les gusta es fascista y que los fascistas ponen en peligro la democracia, la convivencia, la igualdad, etc. (todas esas cosas que los comunistas odian, pero de las que se sirven para llegar al poder), están abriendo la veda para las agresiones a los que cuestionan esos mantras.

Cuando Iglesias llama a “combatir el fascismo en la calle” no llama a manifestarse, no. Podemos ya no consigue reunir ni a diez perroflautas en una plaza. Lo que hace es apelar a sus tonton macoute para que actúen por su cuenta.Ayer ya se produjeron agresiones a militantes de VOX. Y llueve sobre mojado, porque previamente se ha agredido a españolistas en Cataluña y se ha asesinado a alguien por llevar tirantes con la bandera española.

Están acojonados porque saben que con el desembarco de VOX se les van a acabar los chollos, las prebendas, los relativismos, las dobles varas de medir, los españoles de primera y los de segunda, la demagogia y los subvenciones.Y esto va a seguir. Porque desde hace varios años no tenemos gobiernos que pongan freno a todos estos desmanes y agresiones que solo buscan crear un clima guerracivilista. Que, de hecho, ya tenemos.

Va a seguir, pero eso no nos va a hacer retroceder ni un paso a los que creemos en la unidad de España y en que los españoles estamos por delante de los intereses espurios de la partidocracia.Si nos vienen a buscar, nos encontrarán. En el terreno que ellos elijan. Y si se piensan que se van a encontrar con la derechita cobarde sin principios ni escrúpulos a la que estaban acostumbrados hasta la llegada de , apañados están.

Si aún no se han enterado de que no es un partido más, si aún no saben que los de sí creemos en el estado de derecho, en el principio de autoridad y en la igualdad entre españoles, apañados están.

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El corte de mangas. -Hermann Tertsch/ABC-

El presidente de VOX, Santiago Abascal, que ha sido boicoteado por todas las televisiones y vetado por los gobiernos en los medios públicos desde que su partido existe, se ha puesto de moda últimamente porque la demanda de claridad y firmeza de los españoles ha dinamitado este otoño ya definitivamente todos esos vetos, boicots y ninguneos. Pero cuando la televisión LaSexta ha querido preparar una entrevista con él para el programa estrella de la manipulación izquierdista, con el agitador conocido como «El follonero», Jordi Evole, se ha encontrado con un sonoro corte de mangas. «Después de insultarnos a nosotros y a nuestros votantes, Évole pretendía que colaborásemos con su programa. No tienen vergüenza. Nosotros distinguimos entre la crítica periodística y los mamporreros del poder. ¡Que llame a Otegi!», respondió Abascal a la solicitud.

Es un soberbio precedente. Y la primera vez que se trata en España a esa cadena de agitación y a sus activistas del entramado propagandístico de la ultraizquierda y el separatismo como merecen. Albert Rivera ya dio en este sentido un puñetazo sobre la mesa en la televisión pública TV3 cuando dijo a sus directivos y demás intoxicadores unas cuantas verdades sobre su naturaleza y su vil conducta. Pero a la gran máquina de intoxicación izquierdista, anticonstitucional y antiespañola que es LaSexta nadie se había atrevido a retarla así porque temen su probada capacidad de destruir reputaciones, prestigios, carreras profesionales y personas. Todos temen a los mamporreros, que pueden hundir a un concejal como a un juez, a un periodista como a un político. Y los políticos de todos los partidos han acudido dóciles a sus citas en LaSexta, aunque desde allí se insulte, se difame, se ridiculice y se agreda a sus electores a su partido, a España, al Rey, a las creencias religiosas o a las víctimas el terrorismo.

Hay que recordar vergonzosas entrevistas a políticos constitucionalistas en el peor y más humillante ejercicio de hacerse perdonar allí los valores con los que después mendigan y consiguen sus votos, escaños y cargos. El mensaje hegemónico en todas las televisiones es dictado por esa factoría al servicio de intereses inconfesables con la complicidad vergonzosa de políticos de los grandes partidos. Que solo han fortalecido ese mensaje contra el Estado, la Monarquía y la Nación además de la capacidad de intimidación a todo español opuesto a las imposiciones izquierdistas de la corrección política filocomunista y filoseparatista. Parece llegada la hora de romper con la resignación a que los medios y los periodistas compitan por el premio en la agresión a la legalidad española y en deslealtad a España. Ayer La Vanguardia comparaba con Mahatma Gandhi a los Jordis, en huelga de hambre, cabecillas golpistas que pudieron causar un baño de sangre hace un año y pueden aun conseguirlo. Es hora de que los españoles traten a quienes agreden a la legalidad, a las instituciones y a España, con la firmeza con que lo ha hecho Abascal con ese profesional del odio resentido que es Evole.

 

 

Elecci… ¿qué? -Antonio Burgos/ABC-

Como la presidencia de la Junta de Andalucía está en el Palacio de San Telmo, la antigua Corte Chica de los Montpensier, donde «una dalia cuidaba Sevilla», me he acordado del «Romance de la Reina Mercedes» del poeta Rafael de León, que fue el neopopularismo de la Generación del 27, a la que pertenecía sin que nadie se lo reconociera, hecho copla. El verso de ese «Romance» que he recordado ha sido: «Y lo mismo que una lamparilla/se fue apagando…» No la soberana, sino la soberanía autonómica del pueblo andaluz. Que cada vez, por cierto, dudo más de que exista como tal pueblo. Una cosa es la población de una región y otra muy distinta un pueblo: los «Andaluces, levantaos» del himno parece que hace ya muchos años que se han vuelto a sentar. Lo mismo que una lamparilla se ha ido apagando el sentimiento de los andaluces por su tierra, la ilusión de las manifestaciones del 4 de Diciembre de 1977, cuando, a falta de himno, que aunque existía nadie se lo sabía, cantaban el «Viva mi Andalucía» de José Manuel Moya y Aurelio Verde: «Andalucía, guapa,/mujer morena,/despierta que eres libre/de tus cadenas». Por no salir de la poesía cantada, de la sevillana al bolero, «ya todo aquello pasó,/todo quedó en el olvido», como en el verso de Carmelo Larrea. Como pasó y se apagó como una lamparilla la reivindicación de protagonismo político que supuso el referéndum de iniciativa autonómica del 28 de febrero de 1980, cuando los andaluces, en las urnas, no quisieron ser menos que nadie, que hubiera (como las ha terminado habiendo) nacionalidades de primera y regiones de segunda. Conviene recordar la verdad histórica, memoria que ahora le llaman a la utilización de sólo una mitad fratricida, y decir que aquel referéndum se perdió. Almería quedó descolgada, quería entonces lo que ahora muchos piden: que ni la Enseñanza ni la Sanidad dependieran del nuevo centralismo que se inventó en Sevilla, sino de Madrid, de una única nación española.

Por muchos debates a cuatro de tres al cuarto que haya en la TV y muchas encuestas que saquen con su sorpresa incluida, de 1977 a esta parte no he visto menor interés de los andaluces por sus asuntos como por las elecciones autonómicas del domingo. Muchos ni saben que hay elecciones, a pesar del machaqueo del No-Do del Régimen, de Canal Sur; y a pesar del pleno funcionamiento de la ingente maquinaria de poder y de propaganda en que se ha convertido la mayor empresa de Andalucía, que es la Junta. «Elecci… ¿qué», preguntan muchos. Otros, más cínicos, añaden: «¿Elecciones para qué, si en Andalucía siempre las gana el PSOE?».

Y a eso voy. A pesar del mayor escándalo de corrupción que vieron los siglos, como fue la mangoleta de los ERE; a pesar de la millonada de dinero público hurtada incluso a los parados; a pesar de que haya dos expresidentes, dos, Chaves y Griñán, sentados en el banquillo, la gente está convencida de que el PSOE vuelve a ser el partido más votado. Poco importa que sea el radical PSOE de Sánchez, el ocupa de La Moncloa y del Flacón, o el moderado PSOE de Susana. Para la Andalucía profunda, el voto conservador, el que no quiere aventuras, se llama PSOE. Años les ha costado conseguirlo, y muchos millones de los contribuyentes, pero lo han logrado plenamente, a pesar del farol de cola europeo en paro y en fracaso escolar, entre otros datos que siguen haciendo de Andalucía aquel «Tercer Mundo» al que dediqué un libro cuando no había conciencia ni orgullo de ser de esta tierra privilegiada. Han conseguido que la gente identifique a Andalucía con la Junta, y a la Junta con el PSOE, y al PSOE, con el presidente de turno, haya metido la mano en el perol o no. Igual que saben que cada día se pone el sol, se resignan a que el PSOE una y otra vez sea inevitablemente el partido más votado por su propio Régimen. Y con los candidatos que esta vez tiene Susana frente es que, ay, ni te cuento.

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La derecha española pierde complejos. -Liberal Enfurruñada/OK Diario- –

Hace unos días miles de ciudadanos se reunieron en Alsasua en un acto impulsado por la plataforma ‘España Ciudadana’, para mostrar su apoyo a los guardias civiles y sus parejas agredidos en esta localidad. Sabían que iban a verse rodeados de violentos que intentarían impedirles expresarse y pese a que gozarían de la protección de un potente dispositivo policial, había que echarle narices para estar allí. ¡Y se las echaron! En las puertas de un hotel de Murcia, el delegado del Gobierno consintió que un grupo de unos cientos de matones profiriera durante horas gritos como “¡Ortega Lara de vuelta al zulo!”, “¡Os mataremos como en Paracuellos!” o “¡Sin piernas y sin brazos, fascistas a pedazos!”. Lo que el ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, calificó como “sucesos puntuales” para no “generar alarmismo”. Y pese a las amenazas, cientos de personas entraron por las puertas de ese hotel y asistieron al acto desafiando a los matones.

El otro día dos jóvenes simpatizantes de VOX grabaron con sus móviles al “actor” Willy Toledo en la estación de Atocha y le preguntaron, valientes, por qué tuvo tan poca vergüenza de decir que “VOX se combatía a hostias”. La reacción de la ciudadanía española ante la afrenta que cometió Dani Mateo al sonarse los mocos con la bandera de España ha sido tan notoria que un gran número de anunciantes han comunicado que dejaban de colaborar con su programa, sin miedo, lo que llevó al “cómico” a pedir unas disculpas que no convencieron a nadie, pero que indican que había acusado el golpe. Parece que el centroderecha español ha dejado de esconderse atemorizado con la posibilidad de que les tachen de “fachas”, ese ‘palabro’ que de tanto usarlo como insulto contra cualquiera que piense diferente ha quedado vacío de contenido.

Este cambio empezó a producirse en Cataluña, donde los constitucionalistas empezaron a organizarse con buen humor alrededor del movimiento de Tabarnia y salieron a la calle con las banderas oficiales de España y Cataluña los días 12 de octubre, Fiesta Nacional de España. Comenzaron a aparecer banderas en los balcones y grupos organizados empezaron a arrancar lazos y cruces amarillas de los espacios públicos, en una muestra evidente de que los españoles estaban reaccionando. Ciertamente todos debemos de estar muy agradecidos a aquellos primeros valientes, porque cuando defendieron nuestros símbolos nos estaban defendiendo a todos y porque dieron el ejemplo que pronto una multitud se atrevió a imitar. Fue Santiago Abascal el que dijo en su mitin de Vistalegre aquello de que “cada vez que nos llaman fachas es una medalla que nos colgamos”, cansado de que el patriotismo español sea motivo de insulto para la izquierda.

Es una circunstancia en la que los partidos mayoritarios están yendo claramente a remolque de la ciudadanía. Habéis sido todos vosotros los que provocasteis en los partidos de centroderecha reacciones que hace pocos meses ni estaban ni se las esperaba. Incluso alguno de ellos ha tenido que cambiar de líderes porque los antiguos no encajaban con esta nueva posición más valiente. Si son sinceros bienvenidos sean todos. Nuestro sistema electoral hace que tengan que competir entre ellos por nuestros votos, pero tenemos que esperar que todos hayan aprendido la lección y que sepan que los votantes no vamos a consentir más traiciones ni más falsas promesas. Estamos hartos del discurso único de la izquierda y exigimos que se escuchen nuestras opiniones que por ser liberales o conservadoras no merecen menos consideración que las de los progres. Tenemos derecho a que se nos escuche como mínimo con el mismo respeto que a los de izquierdas.

 

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Pablo Casado entrega la Justicia a Pedro Sánchez. -Luis del Pino/LD-

Cuando Casado fue elegido presidente del PP, publiqué en este programa un editorial felicitando a su partido por la elección, que daba a los populares la oportunidad de recuperarse y de volver a atraer a los electores desencantados.

Pero – advertí en ese editorial – una posibilidad no equivale a una certeza. Y el que el PP recuperara a su electorado tradicional iba a depender de tres cosas: de que Casado tuviera verdaderas intenciones de regenerar el PP, de que se hiciera de verdad con el poder en el partido para llevar a cabo esa regeneración y de que fuera capaz de soportar las campañas mediáticas que desde fuera de su partido le iban a montar.

Han pasado desde entonces poco más de tres meses y ya hemos salido todos de dudas: las ilusiones que Casado había podido despertar se han ido difuminando, hasta quedar esta semana en nada, tras el vergonzoso pacto en relación con el Consejo General del Poder Judicial.

A pesar de que Partido Popular y Ciudadanos cuentan con los votos necesarios para bloquear cualquier renovación del órgano de gobierno de los jueces, Pablo Casado ha pactado con el PSOE un reparto de los vocales del CGPJ que implica tres cosas:

– Que PSOE y Podemos se hacen con la mayoría de ese órgano, con lo que a partir de este momento controlarán el proceso de nombramiento de jueces.

– Que el juez Marchena abandona su puesto de ponente de la sentencia por el golpe de estado de Cataluña, quitando así de en medio a alguien que resultaba incómodo para los separatistas.

– Que un juez conservador se ve sustituido por otro del sector progresista en la sala del Supremo que debe juzgar el golpe de estado, facilitando así el que la sentencia sea más benévola.

Insisto: Pablo Casado y el PP han llegado a este pacto con el PSOE sin tener necesidad de ello. Pueden perfectamente bloquear la renovación del CGPJ, porque hace falta mayoría de 3/5 para nombrar a los nuevos vocales y entre PP y Ciudadanos cuentan con los votos necesarios para el bloqueo, tanto en el Congreso como en el Senado.

Y no solo es que Casado entregue innecesariamente la Justicia a PSOE y Podemos: es que encima lo ha hecho negociando en secreto mientras en público fingía contundencia contra el actual gobierno:

– al mismo tiempo que pedía en público la reprobación de la actual Ministra de Justicia, Pablo Casado enviaba a Rafael Catalá a negociar con ella la renovación del CGPJ.

– al mismo tiempo que acusaba a Pedro Sánchez en el Parlamento de estar del lado de los golpistas, negociaba con él entregarle el poder judicial y poner a los separatistas un poco más fácil el juicio por el golpe de estado.

– al mismo tiempo que recordaba Venezuela para advertir del peligro que representa Podemos, alcanzaba un pacto con el PSOE que implica que Pablo Iglesias elegirá a varios de los nuevos vocales del Consejo General del Poder Judicial.

¿Por qué hace eso Pablo Casado? ¿Por qué entrega a Pedro Sánchez y a Pablo Iglesias el control del órgano de gobierno de los jueces, sin tener necesidad de ello? ¿Es simplemente otro Mariano Rajoy más, que no cree en nada y no tiene reparo en engañar a sus votantes? ¿Es acaso que no controla su partido y alguien le ha impuesto esa decisión internamente? ¿Le han amenazado con sacar a la luz nuevos escándalos que le afecten a él o a su partido? ¿Lo hace a cambio de que las causas de corrupción contra el PP queden en nada? ¿Es una condición que le han impuesto para librar a Rajoy de cualquier persecución judicial?

En el fondo, da lo mismo cuál sea la razón por la que Pablo Casado defrauda las esperanzas que muchos habían depositado en él. Lo importante es que, de nuevo, el Partido Popular vuelve a hacerle el juego al PSOE y a adoptar decisiones claramente lesivas para los intereses de España. Da lo mismo si lo hace por descreimiento, por interés o como consecuencia de un chantaje: el caso es que el PP no solo renuncia a defender a sus votantes y a los españoles, sino que se pone una vez más del lado de los que los atacan.

Lo siento por aquellos que creyeran sinceramente en las buenas intenciones de Casado y que se hicieran ilusiones con la posibilidad de regeneración del PP. Tal como vengo advirtiendo hace tiempo, el PP forma parte del problema. Mientras el Partido Popular siga teniendo oportunidad de traicionar a sus votantes, los traicionará. Eso sí: disfrazará sus traiciones con discursos contundentes para fingir que está en el lado correcto. Pero no lo está.

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