Todas las entradas por hispaniafortius

Elecciones Europeas no al Islam

Situaciones Difíciles y Conflictivas

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El 26 de mayo, los europeos ejerceremos nuestro derecho democrático a elegir a nuestros representantes en el próximo Parlamento Europeo. Sin embargo, por primera vez desde la formación de la Unión, millones de esos europeos votarán por elementos políticos y partidos que promuevan el euroescepticismo. Son muchos los problemas que tiene Europa, economía, empleo, sociales, laborales, pero hay uno que destaca entre todos, la destrucción del cristianismo.

Primero, una brecha de seguridad seria emergerá. La derrota de los yihadistas de ISIS, junto con la retirada de los combatientes de Hay’at Tahrir ash-Sham (ex al-Nursa) de sus posiciones en Siria, significa que Europa estará bajo una presión considerable por parte de los yihadistas retornados que tienen pasaportes europeos, o de esfuerzos de infiltración organizados por yihadistas que quieren llegar a Europa occidental para crear nuevas células terroristas. En un momento en que Europa necesita unidad política y una estrecha cooperación entre…

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Los “fake news”¿Quién lo financia y por qué?

Situaciones Difíciles y Conflictivas

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El pasado día 25/04/2019escribí este artículo de como los accionistas querían “destronar” a Mark Zuckerberg de Facebook’s y en el ya adelantaba “algo” sobre lo que trata este artículo.

Lo primero que nos llamaría la atención es que el pasado día 23 de abril se eliminan 17 páginas de extrema derecha con 1,4 millones de seguidores. La más llamativa quizás sea las de “Unidad Nacional Española”, de la que se eliminaron diez páginas con 1.202.561 seguidores; “Todos contra Podemos”, con seis páginas seguidas por 114.147 personas; y “Lucha por España”, que contaba con 278.010 seguidores. Pero no solo en España, si no que principalmente también en Brasil y también en Twitter sufrieron la censura.

Acerca de la red internacional de verificación de hechos. La Red internacional de verificación de hechos (IFCN, por sus siglas en inglés) es un foro para los verificadores de hechos en todo el mundo…

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¿Ha habido pucherazo electoral?

Situaciones Difíciles y Conflictivas

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Ayer escribía este artículo El PSOE gana las elecciones pierde el constitucionalismo.Centrado más en lo “político” y en el mismo aportaba una serie de argumentos y capturas de pantalla, enlaces etc., y ya denunciaba “irregularidades” hoy de lo que se trata es argumentar, un posible “pucherazo electoral” y la posibilidad de llevarlo a cabo, una posibilidad real a pesar de que se quieran negar las evidencias, que las hay.

Lo primero que tenemos que tener en cuenta, son los datos de participación en la web de El País. El total de votos contabilizados en 2016, ascendió a 24.161.083.En 2019, el dato asciende a 26.361.256. Existe por tanto una diferencia de 2.200.173 votos que se han producido más en 2019. Que descontados los 1.150.296 que votan por primera vez  y los 100.000 discapacitados aún quedaría 949.877 votos fantasma.

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Pasemos ahora a como es posible alterar los algoritmos.

En el…

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Ha nacido la resistencia -GEES/LD-

En las elecciones del año 2016, el GEES pedía un escaño para Santiago Abascal: no pedíamos más que una voz en el Congreso que defendiese determinados principios y valores. Una resistencia que demostrase a los españoles que se podía hacer una política sobre una bases distintas. Hasta tal punto determinadas ideas estaban arrinconadas por el mainstream político-mediático, que sólo pedíamos una voz. Hoy, ese mismo Abascal que vimos en las fotos hablando a calles desiertas subido en una banqueta encabeza un grupo de 24 diputados y cerca de millón y medio de votos. En cuestión de meses ha pasado a convertirse en la peor pesadilla del Partido Popular, en el peor de enemigo del bloque socialista-podemita y en el terror del independentismo vasco y catalán. Y ahora, no en la calle o las RRSS, sino desde el Hemiciclo.

El error más importante y común a la hora de interpretar el fenómeno de Vox ha sido el de que es un voto de enfado: hasta ese punto los expertos, analistas y periodistas ignoran la realidad. La idea de que Vox era sólo la expresión del enfado de un sector del PP por Rajoy ha sido suicida. Ha hundido a Casado, y con él al PP. Ni con todos los votantes de Vox tapándose las narices y confiando en bloque en el PP hubiesen llegado los populares a unos tristes 90 escaños. Los votantes escapan del PP hacia cualquier partido que pueda ofrecer algo más, o simplemente algo. La campaña del voto útil ha destrozado al PP, ahora con 65 diputados, y ni siquiera el haber sacado a pasear a un Aznar moribundo, como el Cid, ha conseguido frenar el descalabro de Génova. Primero dejaron las ideas, después los programas. Y ahora los votantes.

El descalabro del PP contrasta con el éxito de Ciudadanos y Vox. El voto de Vox es un voto meritorio en dos sentidos. Primero en positivo; y, segundo, a largo plazo. Respecto a lo primero, Abascal ha abierto la puerta a la ilusión: se ha visto en los mítines, en los discursos, en la actitud del partido. Si ha habido un mensaje positivo en esta campaña ha sido el de Vox: respecto a España y respecto a las libertades; respecto a la cultura es una alternativa aún poco concreta, pero clara y rotunda. Esos 24 diputados pueden estar lejos de lo que algunos soñaban, pero ¿qué más puede querer un partido recién llegado a la arena política?

Respecto a lo segundo, los 24 diputados de Vox muestran que el partido de Abascal ha llegado para asentarse, con peso, en el Congreso. Lo más difícil, Vox ya lo ha conseguido: llegar desde abajo, con todos en contra, para ocupar un puesto en la bancada de los diputados. Vox tiene cuatro años para demostrar que hace las cosas de manera distinta y eliminar la imagen satánica que los medios han dado de él. De ser así, en próximos comicios no puede sino subir.

Además de diputados, en estas elecciones Vox ha ganado tres activos, que en una noche electoral pasan desapercibidos, aunque no debieran. En primer lugar, un grupo parlamentario que va a llevar al Congreso la voz de la España viva: nunca, jamás ningún partido ha elevado al Congreso los grandes temas de Vox, que tiene una legislatura por delante. El Grupo Parlamentario de Vox es lo suficientemente numeroso como para ser tenido en cuenta; el liderazgo y la personalidad de Abascal lo van a convertir en referencia indiscutible esta legislatura. Y, lo que es más importante, Vox está en condiciones de mostrar a los españoles que es posible una alternativa nacional, popular y constitucional en un Congreso de los Diputados con una izquierda radicalizada y una derecha que es light o está desconcertada.

En segundo lugar, Vox tiene unas bases jóvenes y motivadas. A Vox se le han puesto todas las trabas, desde la asistencia a debates hasta permisos para celebrar actos. Ni así han podido frenar a líderes, militantes y colaboradores, que se han extendido como una mancha de aceite por pueblos y barrios de toda España. Todo ello con una media de edad extremadamente joven. La base juvenil, la estructura muy fogueada y unos militantes fieles son una garantía de futuro. Basta comparar a Vox con otros partidos para constatar la ventaja competitiva: los partidos que no son viejos son adictos al presupuesto o al mimo de las televisiones. Los militantes de Vox son los espartanos de la política española.

En tercer lugar, y lo más importante: Vox tiene una base social y política sólida. Los votantes del partido de Abascal han sido vilipendiados de todas las formas posibles en los últimos meses: se les ha llamado borrachos, machistas, fascistas, incultos, atrasados. Se les ha pegado a la salida de mítines, se les ha señalado en televisión. Y sin embargo han aguantado la presión como héroes. A diferencia del votante de Podemos en su día, mimado por los medios, el de Vox ha sido insultado y amenazado de todas las formas posibles: una base social construida bajo esta presión es una base sólida para el medio y largo plazo. Con que Abascal la cuide y la mime, no puede sino ampliarse en el futuro.

Con una presencia notable en el Congreso de los Diputados, con un partido joven y motivado, y con un electorado fiel, Vox está en disposición de ganar peso en la derecha española. El PP ha perdido ni más ni menos que 65 diputados, y nadie se cree en serio que pueda recuperarse; es un partido envejecido, esclerotizado; y su electorado ha sido tan maltratado que ha huido en masa a Vox y a Ciudadanos, y quienes quedan sólo votan por miedo. Ciudadanos ha pegado una subida impresionante: pero si alguien cree que la ligereza ideológica de Rivera y su tacticismo pueden ser resistencia al frentepopulismo, está muy equivocado.

Quedan por delante meses de elecciones, de negociaciones y de inestabilidad institucional y política: Sánchez continuará su política destructiva, lo que implica que es la hora de resistir y resistirse. Y ni la ligereza de Ciudadanos ni un PP en trance de acabar como UCD van a ser oposición. En estas circunstancias, Vox es una garantía, porque es la única formación en la derecha que atesora una mezcla de diputados, partido, militancia e ideas claras para España. Necesario todo para resistir.

En términos políticos, ha nacido Vox. Ha nacido la Resistencia.

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El lastre del rajoyismo -Emilio Campmany/LD-

Desde un punto de vista programático, el PP se parece cada vez más a Vox. La única diferencia apreciable está en el inequívoco europeísmo del PP frente al relativo euroescepticismo de Vox. No tiene nada de particular, ya que Vox, lejos de ser el partido de extrema derecha que dicen, no es más que una suerte de PP auténtico nacido al socaire de los incumplimientos de Rajoy. Momento cumbre de esa descafeinización que sufrió el PP fue aquél en el que el anterior presidente del partido expulsó a liberales y conservadores. Idos éstos, tras la renuncia a su ideario liberal-conservador, ¿qué PP quedó? Quedó el rajoyismo, una mezcla de gramática parda y socarronería provinciana argamasada con galleguismo de sainete, servil y complaciente con el ideario de la izquierda.

De forma que el problema de Casado consiste en convencer a los electores del PP de que el Partido Popular de siempre ha vuelto. Por eso los programas de Vox y PP se parecen tanto. Hacer un programa con las ideas de siempre del PP es fácil, pero para ganar no es suficiente. Hay que conseguir que los potenciales votantes crean que se aplicará si se gobierna. Para que lo hagan no basta decir que se cumplirán las viejas promesas que dieron a Rajoy la mayoría absoluta. Hay que demostrarlo. Y, mientras no se gobierne, la única forma de hacerlo es renegando de Rajoy, de sus colaboradores y de su herencia. Mucho más cuando el que pretende ser creído es uno de esos ayudantes cómplices. Mientras esto no se haga, el PP seguirá siendo incapaz de recuperar su fuerza.

Si el programa de Casado fuera creíble, Vox sería innecesario y Ciudadanos se vería empujado hacia la izquierda. No sucede tal porque una parte considerable de los potenciales votantes del PP no se cree lo que Casado dice. Y es normal que no lo haga mientras en las listas aparezcan hombres y mujeres de Rajoy, que en el Ejecutivo, en el Legislativo y hasta en la prensa callaron mientras Rajoy se ciscaba en las ideas que ahora dicen defender.

Hay quien opina que una campaña electoral no es momento para renegar de los tuyos. Eso será en condiciones normales. En éstas, tras haber abandonado de modo flagrante el PP a sus votantes, es más necesario que nunca, si se quiere tener alguna credibilidad defendiendo las viejas ideas una y otra vez traicionadas en el altar laico de la izquierda. Mucho más cuando quien dirige el PP es uno de los muchos que callaron, cuando no justificaron, las groseras traiciones del jefe. Puede que Casado tuviera que hacerlo para sobrevivir y tener ahora la oportunidad de rescatar al PP. Pero, si quiere que lo crean, lo único que puede quedar de Rajoy en el partido es él mismo. Los demás, a la calle.

Como no lo ha hecho, Vox sigue atrayendo a muchos de sus votantes. Y por eso el futuro de Casado es más incierto e inseguro que el reinado de Witiza.

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Eduardo Inda es la excusa de Pablo Iglesias. -Liberal Enfurruñada/OK Diario-

Podemos va cuesta abajo en todas las encuestas, tanto que ahora mismo firmarían sin dudar el 10% que consiguió Julio Anguita en los años 90. No levantan cabeza porque lo han hecho todo tan mal que ni siquiera pueden hacer campaña electoral basándose en su desastrosa gestión y no han encontrado más alternativa que llorar como Magdalenas acusando a lo que ellos denominan las “cloacas” del Estado, de todos sus males. Pero este mensaje victimista tampoco se lo compra ya nada más que la desprestigiada prensa afín y los cientos de trols que tienen a sueldo para difundir sus matracas en las redes sociales. Porque lo que no pueden es reconocer que el responsable de su debacle se llama Pablo Iglesias Turrión.

En realidad, el pequeño éxito de la formación morada hasta 2016 no fue por méritos propios, sino que se explica exclusivamente por la desastrosa gestión que tanto PSOE como PP hicieron de la crisis, los unos mandando al paro a 4 millones de españoles y los otros subiendo los impuestos hasta acabar de empobrecer a los afortunados que conservaban unos trabajos que no daban para llegar a fin de mes. Y ambos enfangados hasta las cejas por decenas de casos de corrupción que, si en cualquier momento habrían resultado imperdonables, en plena crisis y con lo mal que lo estaban pasando los sufridos votantes, fueron demoledores. Una buena parte de la España indignada, la menos informada, confió en Podemos, pese a que ya entonces había pruebas de que eran aún más peligrosos que los otros partidos. Pero como nadie escarmienta en cabeza ajena les dieron una oportunidad que Pablo Iglesias desaprovechó.

Seguramente la puntilla se la dio con el casoplón galapagueño. Sólo algunos de los que cobran del partido siguieron apoyándolo después de que demostrara de una forma tan evidente e irrefutable su falta de coherencia y honestidad personal. Pero esa mansión ha sido solo la lluvia que ha caído sobre campos ya anegados. La suma de comportamientos ultra machistas resultaba ya entonces imposible de tapar. Sus maneras autoritarias y personalistas de gestionar Podemos provocaron que se quedara completamente solo al frente de una formación desprestigiada por su cercanía con golpistas y proetarras. Y sus innegables relaciones con la teocracia iraní y la narcodictadura venezolana resultaron más perjudiciales cuando ya ni siquiera fueron capaces de justificar los desmanes de Nicolás Maduro. Por no hablar de sus candidatas condenadas por asesinato y sus asesoras secuestradoras de niños.

Pero Podemos no es nada sin Pablo Iglesias y éste volverá a ser un simple profesor interino sin la formación morada, así que no les queda más remedio que hundirse juntos. Ante la falta de argumentos para pedir el voto a Iglesias sólo le queda atacar, airado, al periodista que ha destapado todas sus vergüenzas y contra quien ha perdido una tras otra todas las demandas con las que lo intentaba acallar. Eso no le dará votos, sólo le servirá para justificar su derrota. Como no puede negar los millones recibidos de Irán y Venezuela cuando hasta exministros chavistas los confirmaron, ni tampoco desmentir los chats en los que el marqués de Galapagar quería azotar hasta que sangrase a una periodista y romperle la boca a un compañero de partido para demostrar que es el macho alfa, sólo le queda atacar al profesional de la información que hace bien su trabajo y lo cuenta. Verás, Pablo, esto es lo que tiene vivir en democracia. Tu modelo para censurar críticas sólo funciona en dictaduras como Cuba o Venezuela. Si es lo que quieres, cuando hundas a Podemos vete allí, no te vamos a echar de menos.

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El dique está roto -Hermann Tertsch/ABC-

Las cosas ya no son tan fáciles como antes para la jauría mediática de la izquierda en España. Hace muy poco aún podía destruir a cualquier español que les molestara. Con dos medias verdades y un par de programas de burlas en televisión repicadas en radios y comentarios de sus amanuenses en prensa se mataba civilmente a cualquier discrepante incómodo. Se daba un escarmiento y un aviso al mismo tiempo. Nadie debía atreverse a poner en cuestión las verdades básicas de la hegemonía cultural y política izquierdista en España porque nadie podía vivir con tranquilidad en caso de hacerlo. Se destruían reputación personal, prestigio profesional y acceso a la vida civil y social hasta convertirlo en un marginado o paria.

Hay novedades. Ha fracasado en dos días la burda campaña a la cadena SER, seguida por las demás terminales mediáticas izquierdistas, contra un asesor de Santiago Abascal. Lo querían expulsar de la política activa porque hace más de veinte años se vio envuelto en una pelea con comunistas en la Facultad. Como Pablo Iglesias fuera uno de los comunistas creían todo hecho. La jauría se ha tenido que envainar la grotesca pretensión de imponer la muerte civil del político de Vox. Muchos le han agradecido el coraje de hacer frente a comunistas que querían en Chile la dictadura de Cuba. De haberlo logrado hoy Chile sería una mísera mazmorra de terror y hambre como Venezuela o Cuba y no la democracia floreciente que es.

Aquí, jefes de la jauría mediática como García Ferreras anuncian compungidos que han descubierto a un miembro de Vox que fue de ultraderecha hace veinte años y a continuación reciben con veneración a su «maestro» Jorge Vertrynge, que fue un notorio neonazi hiperactivo. Aquí se acosa hasta en sus hogares a policías jubilados que defendieron a los españoles del terrorismo hace medio siglo, pero se celebran homenajes a terroristas que asesinaban hace muy poco. Ferreras celebra los sabios consejos y análisis legales del chileno Gonzalo Boyé, condenado por el secuestro de Emiliano Revilla con ETA y hoy abogado de separatistas. Asesinos del FRAP y el Grapo son héroes del progresismo, pero honrar a José Calvo Sotelo o Ramiro de Maeztu es un grave acto franquista intolerable.

Una buena noticia: esto va a cambiar. La inesperada irrupción en nuestra escena política de unos valientes al grito de Karol Woytila de «No tengáis miedo», ha movido ya, pase lo que pase en las elecciones, montañas enteras en la percepción que tienen millones de españoles de las posibilidades de ejercer su voluntad y su libertad, de articular sus deseos y esperanzas y actuar en consecuencia. Se acabarán las permanentes ofensas impunes. Las pretensiones hegemónicas de la izquierda totalitaria tendrán respuesta. Muchos españoles han perdido el miedo y ya han visto que las cosas sí pueden ser de otra manera. Esto tiene muy confundidos a los profesionales de la intimidación en la izquierda, pero también a los beneficiarios permanentes de la resignación en esos y otros lares. Por eso llegan a los españoles esos preocupados consejos a no hacer lo que desean y lo que les ilusiona. Que les indican que tienen que volver a hacer lo que no quieren hacer, aunque solo sea para evitar después una represalia o «un mal mayor», dicen. Como a los niños y a los animales, se les conmina a reprimir su voluntad para someterse al criterio superior de quienes mandan. Se equivocan quienes apelan al miedo porque el dique está abierto. Los españoles no quieren consejos, no quieren órdenes, no quieren doctrina, quieren representación. Quieren que su voluntad y sus intereses sean representados y defendidos como no lo han sido. Esa es la inmensa nueva.

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Cuentos que se pagan. -Hermann Tertsch/ABC-

Todos saben que es mentira. Que no fueron un puñado de camellos confidentes de la Policía los que cambiaron radicalmente la historia de España el 11 de marzo de 2004. Todos saben que no eran ocho «pirados» marroquíes con unos cuantos desgarramantas de la pequeña delincuencia los que coordinaron en la perfección una cadena de atentados que tenían que helar el corazón y lo hicieron de una nación milenaria como la española. Unos chorizos descerebrados no ejecutan con ese virtuosismo de organización y desarrollo un atentado perfecto en su terrorífica eficacia. Toda España sabe que es mentira. Pero no se dice.

Porque, quince años después, si hay algo firme en España es el tabú oficial que condena radicalmente todo cuestionamiento de la versión más inverosímil sobre el 11-M que es la oficial. Por lo que firme es aun hoy la voluntad de destruir profesional y personalmente a quien diga lo que todos saben: que se quiso cambiar la historia de España con aquella matanza y que se consiguió. Que se quiso hacer volver a España a la senda de la división, la debilidad exterior e interior y el fracaso político y se logró. Que se decidió crear de forma traumática unas condiciones para acabar con el régimen constitucional de la Transición de 1978 y la Reconciliación Nacional y se hizo. Desde entonces todo ha ido en la misma dirección. Mariano Rajoy obtuvo una mayoría absoluta para impedirlo. Pero esa historia de abismal cobardía y fracaso es otro cantar.

Hoy vemos triunfar posiciones políticas y personales de quienes no habrían sido nada ni nadie sin aquello. Vemos el bienestar material de muchos que sin el 11-M habrían sido menos que nada en sus partidos, academias, facultades y garitos diversos. Si Zapatero pierde aquellas elecciones habría acabado probablemente de abogado en el turno de oficio en León y no de agente internacional del narcotirano Nicolás Maduro con gran casoplón ya en Aravaca. Sin Zapatero, Cataluña no habría delirado de la forma en que lo hizo cuando se le dijo que las leyes no importaban. Ternera estaría en la cárcel, ETA no compartiría con el PNV el maná tributario del Concierto y sin las campañas de revancha la guerra civil no habría estallado en tantos corazones y cabezas y el odio no se habría desparramado por las calles de las ciudades españolas. Al menos no tan brutalmente. Sin Zapatero, no habría un partido leninista de 70 diputados, ni Pablo Iglesias tendría mansión en la Navata. Pedro Sánchez estaría, lógicamente, en el paro de larga duración. Los partidos terroristas estarían ilegalizados y no podrían ser socios del gobierno.

Ayer, el ministro del interior, Fernando Grande-Marlaska, felicitaba en la radio, quince años después, a las fuerzas de seguridad por su investigación del atentado del 11-M. Dice que «llegó hasta el fondo». «Sustancialmente se sabe toda la verdad sobre los atentados del 11-M». Quien tenga dudas al respecto es un Villarejo que solo merece desprecio. La inmensa mayoría de los periodistas han asumido esa versión. No están los tiempos para audacias. Políticos y medios toman por imbécil a la ciudadanía. Grande-Marlaska, un juez respetable hasta que entró al gabinete de los horrores, está feliz con la investigación del 11-M. Como el juez Bermúdez en cuanto supo de su propio éxito. Y toda la tropa del consenso aplaude esta inmensa farsa que solo genera falsedad. Porque el 11-M es la otra gran traición de los españoles a su convicción con la mentira antifranquista. Esa que reza que los españoles eran demócratas reprimidos por Franco y tres curas y tres militares. Y la izquierda era la resistencia demócrata y civilizada. Y que la república fue decente y además funcionó. En fin, cuentos que se pagan.

 

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Feminismo Munchausen -Santiago Navajas/LD-

¿Qué tienen que ver Andrea Dworkin y Carmen Calvo? Son célebres feministas. La primera, teórica; la segunda, política. También se parecen en que van de sufridoras profesionales y han hecho de su feminismo una de las infinitas maneras del victimismo subvencionado. Carmen Calvo, profesora de Derecho Constitucional y vicepresidenta del Gobierno, cree que “(las mujeres) pagamos un dramático peaje por ser mujeres”. Que eso lo diga una heredera de aquellos socialistas que persiguieron a la política feminista liberal Clara Campoamor es significativo del grado de hipocresía del feminismo filisteo. Esto puede parecer una generalización exagerada pero tenga en cuenta que Calvo, una intelectual académica, ha leído lo que Dworkin sentenció sobre la situación de las mujeres:

“Bajo el patriarcado, el hijo de cada mujer es su potencial traidor y también el inevitable violador y explotador de otra mujer”

Así que, según el principio Dworkin-Calvo, si es usted una mujer seguramente habrá sido asaltada por un par de Manadas y si es un hombre mayor de dieciocho años con casi total seguridad habrá violado a un par de mujeres (salvo Pedro Sánchez, claro está y, quizás, Grande Marlaska).

Otra ideóloga del 8M monopolizado por el feminismo radical, Catherine MacKinnon, creía que (en el resumen apropiado que hizo de su pensamiento la investigadora académica del feminismo Daphne Patai):

“En una sociedad patriarcal, todo coito heterosexual es violación puesto que las mujeres como colectivo carecen del poder para otorgar un consentimiento que tenga valor”.

O, dicho de otro modo, que todas las mujeres están alienadas por la sociedad capitalista, así que ni siquiera cuando dicen “sí” quieren decir que sí porque en realidad no saben lo que quieren y son meras marionetas de los hombres que, por definición, son unos violadores. Y, por tanto, el enemigo. Desde otra trinchera del feminismo socialista, Manuela Carmena sostiene que “la violencia está incardinada en el ADN de la masculinidad (…) con un gen de la violencia que ha dominado el mundo.” Por ello Calvo define feminismo como “la lucha conjunta de todas las mujeres para tener las mismas oportunidades y para parar las injusticias y los obstáculos que tenemos”. De este modo, satanizan a todos los hombres incluyendo a la inmensa mayoría que está de acuerdo con el objetivo humanista de la igualdad entre hombres y mujeres. Un objetivo que defendieron filósofos como Platón en la República y John Stuart Mill en El sometimiento de las mujeres. Cuando termine de leer Manual de resistencia, Carmen Calvo debería intentar leerlos.

Para la dupla Dworkin-MacKinnon lo importante no era conseguir la igualdad entre hombres y mujeres por la sencilla razón de que en una democracia liberal esa igualdad siempre sería, para su radicalismo de extrema izquierda, una engañifa. Por ello de lo que se trata es de quejarse por lo que sea. Aunque España sea un país que destaca como uno de los países más feministas del mundo según todos los índices internacionales, para una feminista radical como Carmen Calvo siempre será un país estructuralmente idéntico a, pongamos, Arabia Saudí. Por ello, de lo que se trata es de erosionar al máximo lo que es, desde su perspectiva de feminismo socialista, el enemigo público número 1 de las mujeres: el Estado de Derecho y la economía de mercado, instituciones ambas basadas en la libertad individual, la espontaneidad social y la sociedad abierta. Por ello introducen medidas iliberales al estilo de la asimetría penal, las cuotas de género, el lenguaje inclusivo y la obligatoriedad de los permisos de paternidad. Como no pudieron derrotar al liberalismo desde fuera, con el comunismo, tratan de corroerlo desde dentro, con el feminismo de género.

El síndrome Munchausen es una dolencia mental caracterizada por autoinfligirse heridas y daños corporales para causar pena y pedir atención. Como analogía, y respetando a los que realmente sufren la enfermedad, sirve como explicación de lo que trata de hacer el feminismo socialista contemporáneo. Carmen Calvo y el resto de feministas doctrinarias han convertido el feminismo en un negocio y un privilegio, desvirtuándolo y parasitándolo.

Las elecciones del 28-A serán también, y en tan grande medida como el conflicto entre constitucionalistas, por un lado, y golpistas y terroristas, por otro, una confrontación entre el feminismo liberal y el feminismo Munchausen.

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¡Ya está bien! -Hermann Tertsch/ABC-

EL Rey de España, el Jefe del Estado, habla para la Asociación Mundial de Juristas sobre el imperio del derecho. Todos los medios y políticos se hacen eco emocionado. Todos de acuerdo. Saben que la única alternativa a la supremacía incondicional de la ley es el caos primero y después la guerra. Los españoles deberíamos saberlo todos. Deberíamos. Lo cierto es que, mientras Felipe VI defendía el imperio de la ley, los golpistas juzgados se ciscaban en ella y no solo ellos. Porque los familiares y amigos de un anterior jefe del Estado tenían que tomar acciones inauditas para defender la ley. Abogados advertían en burofaxes a funerarias y obreros que de obedecer ciertas órdenes del actual jefe de Gobierno, incurrirían en un grave delito que podría llevarlos a la cárcel para años. Nadie ha confirmado la inminencia de la acción pero sí los preparativos para incumplir la ley, ignorar al Supremo, asaltar una basílica con su extraterritorialidad, atropellar a los monjes titulares del recinto sagrado, profanar la tumba, sacar al cadáver momificado y llevárselo en contra de la voluntad de la familia del muerto y nadie sabe a dónde. Los medios izquierdistas aseguran que Sánchez está dispuesto en campaña a lo que no hacen ni las tribus más bárbaras en guerra. El innoble espectáculo de la profanación oficial de la tumba de Franco debería asquear y avergonzar a todo español de bien.

Tenemos en España un problema serio a afrontar si no queremos destruir la convivencia para mucho tiempo. Porque es una ya insufrible perversión que ciertos españoles se conviertan en ciudadanos inferiores y públicamente vejados por tener recuerdos y opinión sobre el pasado de España que difieren de lo que pregonan las fuerzas que perdieron la guerra civil. En los pasados 40 años se ha permitido, por cobardía, pereza, codicia, indolencia, intereses bastardos y falsedad, que se impusiera como cuasi oficial una versión falsaria, mezquina, sectaria y tramposa de nuestra historia reciente. Y se ha tolerado que todo el que discrepe pase a sufrir represalias aunque defienda no ya opiniones sino hechos irrebatibles. Así se criminaliza a todo el que no acepta la falsaria mitología de comunistas y socialistas del siglo XX. Quienes saben la verdad callan para no crispar a quienes han impuesto la mentira.

Cierto, es la tumba de un jefe de Estado que no era democrático, era un dictador y tenía enemigos. Y ganó guerras y gobernó mucho tiempo e hizo prosperar a los gobernados y murió en la cama con reconocimiento. No, no es Felipe II. No es la cripta del Escorial la que se quiere profanar. De momento. Porque nadie dude de que, si se transige ante el fanatismo de la ignorancia y la revancha, les llegaría su turno. Se pretende tratar a Franco como si fuera un vulgar genocida cuando es el origen incontestable de la legalidad que nos ha dado 40 años de democracia. Y que se funda en un orden tras una guerra civil trágica cuya principal culpa es de todos, pero si de alguien más, de los perdedores. Ya basta de mentiras. Los programas especiales de televisión se harían mejor en Paracuellos que en el Valle de los Caídos. Franco fusiló menos de 4.000 condenados a muerte en 36 años. Habría algún inocente, pero pocos. Y a muchos culpables les conmutó penas y los trató al final con injusta deferencia. Son menos de la mitad de los inocentes fusilados por Lluis Companys. Y menos de la mitad de los inocentes asesinados por PSOE y PCE en Madrid en las semanas del otoño de 1936. Ya está bien de callar para no crispar con la verdad cuando quien está enfrente no hace otra cosa con la mentira.

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