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Lo negro de la roja. -Antonio Burgos/ABC-

Aceptemos corrupción como animal de compañía y aceptemos La Roja como apodo de nuestra Selección Nacional de Fútbol en boca de aquellos a quienes la palabra “España” les produce una comezón extraña y a algunos, unos deseos irreprimibles de irse, naturalmente que exigiendo antes que Madrid y el resto de sus connacionales les paguemos el billete de ida. Aceptado lo de La Roja, pues, recuerdo los tiempos de Porta. ¿Se acuerdan? Bueno, pues aquella perra de cada noche radiofónica de José María García con “Pablo, Pablito, Pablete” era un juego de niños al lado de cuanto se está descubriendo en la FEF con el caso Villar. A Pablo, Pablito, Pablete nunca lo metieron en la cárcel ni se le probó nada raro ni sucio, y ahora, ya ven, lo de La Roja era bastante negro todo, según muestran los autos de inculpación y prisión.

Y, como siempre ocurre en España en los casos de esta naturaleza, resulta que esto de los tejemanejes y mangoletas de Villar en la Federación lo sabía todo el mundo. Ha pasado como con el famoso Tres por Ciento de comisión en la Generalidad de Cataluña: que no sólo todo el mundo lo sabía, que ponían la mano para las comisiones casi oficialmente establecidas y tarifadas, sino que el asunto incluso llegó al Parlamento, y nadie lo tomó en cuenta. O no lo quiso tomar. ¿Tanto reparten en estas cosas al parecer tan españolas que interesa más callar, mirar hacia otro lado y poner también la mano que actuar como al cabo de los años y casi al humo de las velas empiezan a descubrir entre la UCO, la UDEF y los jueces, poniendo “negro sobre blanco”, que se dice, cuanto andaba de boca en boca no en las lenguas de doble filo, sino en las personas bien informadas y de recto criterio y moral intachable?

Llueve sobre mojado. Lo de la familia Pujol era conocido en Cataluña entera, e incluso más abajo del Ebro, y nadie decía nada, ni le metía mano a nada. ¿Y se acuerdan de lo que ya nadie recuerda, del Caso Juan Guerra, que fue el chupinazo de esta Calle de la Estafeta de la corrupción en España? En Sevilla todo el mundo sabía que Mienmano se dedicaba a lo que se dedicaba en el despacho que le habían puesto en dependencias oficiales. Y no sólo lo sabían, sino que se lucraban muchos de los cafelitos que se servían en aquel tristemente famoso despacho, que hasta merecería una lápida de recuerdo: “En este despacho empezó oficialmente algo tan típico, tan racial y tan nuestro como la Corrupción en España”. ¿Cómo es posible que, presidente del Gobierno tras presidente del Gobierno, el Caso Villar siguiera siempre su curso, inasequible al desaliento, con los votos de las Federaciones Regionales comprados y todo el entramado bien urdido, a costa nada menos que del nombre de nuestra nación en futbolística materia? Y según he leído hasta ahora por lo investigado, lo más chocante del caso es que cuanto más gloriosos y triunfales eran los días de la Selección de Fútbol, más apaños y negocietes se tramaban en aquel despacho del incombustible y reelegidísimo señor Villar, contra el que no tengo nada hasta que la Justicia lo condene, pero que me duele el daño que le ha hecho a la llamada Marca España. Sí, la Selección, la Roja, el Mundial, Sudáfrica, eran hitos de esa Marca España que resulta que llevaba por debajo toda una trama de traficantes de influencias y de algo más que influencias. Toda España orgullosa de su Selección de Fútbol, y algunos haciendo los grandes negocios fraudulentos a costa del propio nombre de la nación, que era el que llevaban a jugar amistosos, de aquella manera que dijimos, a Corea del Sur, a Colombia, a México, para exprimir al máximo en personal provecho el prestigio de la Marca España. Me niego a pensar que la Marca España sea la corrupción. Pero me extraña que siempre tarden tantos años en llegar a los tribunales las mangoletas que son clamorosa vox populi.

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Ante el suicidio de la joven ‘Mel Capitán’, icono de la caza en España

El naturalista de Cuarto Milenio, Álex N. Lachhein, ataca al lobby ‘vegano/animalista’ por el suicidio de la célebre cazadora ‘Mel Capitán’.

Hoy no es una noche cualquiera. Es una noche triste. Muy triste. Una noche de cuchillos largos, una noche de cristales rotos. Una noche en la que, los peores presagios, acaban haciéndose realidad…

Casi al filo de la madrugada me llegaba la increíble mala nueva; y de tan masiva manera, que mi teléfono móvil amenazaba colapso: Mel Capitán, la chica de la eterna sonrisa y cabellos de oro que gracias a su amor a los perros y afición venatoria, se había convertido en un referente en el mundo de nuestras tradiciones más rurales, se acababa de quitar la vida descerrajándose un tiro con su 270.

Desde el momento de recibir esa tristísima noticia, hace muy poco rato, hasta ahora mismo, en que me encuentro rebuscando dificultosamente las palabras adecuadas con las que vertebrar mínimamente el armazón de este relato, un incontrolable estado de “shock” anda instalado en mi cuerpo sin casi dejarme respirar. Y mientras la sensación de ahogo persiste dentro de mí, la noticia de la jovencísima cazadora muerta de 27 años vuela ahora mismo por las redes virtuales, a la velocidad de la luz. Es un monstruo que crece. Una bola de nieve… prácticamente imparable.

Mel Capitán, de su cuenta de Facebook.

Hoy, las cabeceras de toda la prensa generalista bombardeaban en sus portadas con otra lamentable noticia: el supuesto suicidio del ex-director general de Caja Madrid Miguel Blesa. Algunos diarios de la progresía, haciendo uso de la más carroñera de las éticas, publicaban incluso la imagen del fallecido Blesa posando en África con algunos de sus trofeos cinegéticos (como si uno de los hobbys del ex-banquero fuera lo más importante de la noticia). Repugnante es lo mínimo que se me ocurre ante esa forma de proceder. Y lo que es seguro es que, mañana, ninguno de esos diarios y medios de comunicación informarán, ni siquiera en páginas interiores, de la muerte hoy de la pobre Mel Capitán. Y no porque no fuera tan famosa como Blesa. Que va. La razón por la que la embajadora femenina de la caza española no recibirá ni una triste y mísera esquela en nuestros medios es precisamente esa: porque a diferencia de Blesa, condenado por presunto delincuente, Mel Capitán era un ejemplo de ciudadana, honesta, honrada, de gran corazón y además… cazadora. Cazadora de raza. De casta cazadora. Algo que la dictadura de lo políticamente correcto en la que vivimos hoy no puede permitirse el lujo de defender, porque simplemente no está bien visto.

Es lo que ahora se lleva. Lo que está de moda. Los cazadores, no pueden ser buenas personas. La caza, como los zoos, los delfinarios, la pesca, los toros, o los circos tradicionales, no venden hoy igual que vendían ayer. Eso lo saben todos los responsables de la prensa, que temen perder lectores si se posicionan en la defensa de lo justo. Una minoría de la población de menos del uno por ciento del censo poblacional, pero que anda armando siempre mucho ruido mediático, tiene acojonados a los periodistas y políticos de nuestro país haciéndoles casi vivir permanentemente con los pantalones bajados. Esa minoría, toda una secta de fanáticos violentos e intolerantes que en algunos países como EE.UU. por ejemplo, es considerada peligroso grupo terrorista, recibe el rimbombante nombre de movimiento vegano/animalista. Y esa turba de bien financiados fundamentalistas, presionará hasta el infinito a la prensa libre para que jamás se homenajee a ningún cazador que sea buena persona. Sólo se permite hablar del ejercicio de la caza cuando la ejercen delincuentes o asesinos. Si no, no. Esa es la máxima a seguir.

Mel Capitán, posa con su perro. De su cuenta de Facebook.

Mel Capitán, como cazadora, fue acosada, presionada y amenazada en vida por las hordas vegano/animalistas como pocas personas de este mundo. Sufrió lo indecible. Ella, y toda su familia también. Amenazas muy serias. Amenazas de muerte. En sus redes la violencia era constante. Y en la vida real, pues también. Pintadas en la fachada de su vivienda, arañazos o ruedas pinchadas en sus vehículos, cartas de extorsión, insultos de todo tipo en los que siempre aparecía la palabra asesina o maltratadora. ¡Incluso, un comando de impresentables chantajistas extorsionadores se presentó una día no hace mucho en su puesto laboral, para exigir a sus jefes que la echaran del trabajo! (lea aquí la noticia) Así. Tal cual. Por ser cazadora y no ocultarlo. Durante mucho tiempo la presión a la que se vio sometida por los vegano/animalistas ante su pasión cinegética, la hizo vivir en una profunda depresión. Depresión de la que no logró levantar la cabeza jamás.

La primera muerte inducida por el chantaje vegano/animalista

No sabemos en estos momentos cuáles fueron los motivos que empujaron a Mel Capitán a quitarse la vida pero, su muerte, inevitablemente trae a mi recuerdo el suicidio de otro gran olvidado de nuestro país, también asediado hasta el límite de lo soportable por los vegano/animalistas: me refiero a José Luis Barbero Hernández, jefe de entrenadores del delfinario Marineland de Mallorca. No puedo evitar con tristeza pensar que, Mel Capitán, se haya convertido en el segundo trofeo del vegano/animalismo español. Barbero, experto internacional en mamíferos marinos e impulsor en España de las terapias asistidas con delfines, fue objeto durante años de una campaña de desprestigio que se cebó con él, simplemente por el mero hecho de representar al delfinario más importante de las Baleares. No había nada en realidad contra él. Era pura política populista. De hecho, ya tenía firmado su retiro dorado muy lejos de España, en uno de los oceanarios más importantes de EE.UU. Los vegano/animalistas lo sabían. Y no podían permitir que un especialista español en cetáceos, se convirtiera en el brillante embajador de los delfinarios de España ante el Mundo. Y fueron a por él. A muerte. Igual que a por Mel Capitán.

Cierto día, las asociaciones FAADA Y SOS Delfines publicaron en las redes un vídeo manipulado de 99 segundos en el que, supuestamente, se veía a Barbero insultando y pegando patadas a un delfín en la playa de su piscina. El puesto de grabación de dicha pieza, lo habían instalado los intransigentes en el balcón de un edificio que daba al delfinario. Es decir: premeditación y alevosía. Barbero, que había dedicado toda su vida a los delfines, y que los quería más que a sus propios hijos, vio como en una cámara lenta el derrumbe de todo su mundo ante sus atónitos ojos. No se lo podía creer. A partir de hacerse público el vídeo, José Luis Barbero fue señalado y acusado públicamente como un esclavista y maltratador. Por supuesto el asunto llegó a los tribunales y los peritos de la defensa lograron descubrir el engaño: el vídeo, estaba acelerado para dar la sensación de patadas violentas, y además, el audio, no correspondía a la pieza. Pero el mal ya estaba hecho. Nadie en la prensa publicó la manipulación de las imágenes en primera plana, como sí que se había hecho con la acusación. La carrera de Barbero cayó en picado, y fue poco menos que sentenciado en vida y no por un tribunal de justicia precisamente sino por el populacho. Y Barbero no pudo con la presión. Estaba hundido. Un día, cogió su coche, lo aparcó en un parking, y allí mismo dentro del vehículo se pegó un tiro (lea aquí la noticia). Dejó mujer y dos hijos. Y ni FAADA, ni SOS Delfines ni ninguná otra asociación vegano/animalista de este país, entonó después el “mea culpa”. Barbero se convertía así, en la primera muerte inducida por el chantaje vegano/animalista español. El juicio por este asunto por cierto, aún está por celebrarse.

El monstruo de la corrección política

Un monstruo insaciable está creciendo en la sociedad urbanita occidental alimentado por nuestra propia tibieza y mediocridad. Es un monstruo muy real. Un monstruo que medra a base de la decadencia moral de Occidente. Más temprano que tarde ese monstruo dominará por completo la sociedad en que vivimos, y seremos fagocitados por él. Su nombre, como en el Apocalipsis, es el nombre de la bestia. La bestia de lo políticamente correcto heredera del marxismo cultural, que maquina a cada segundo como destruir nuestra sociedad occidental a base, entre otros objetivos, de destruir a la raza blanca, la pareja heterosexual, la familia tradicional, la religión católica o el capitalismo mismo de nuestra Vieja Europa. Algunas de sus armas también tienen nombre propio: ultra-feminismo, relativismo moral y sexual, mestizaje forzado migratorio, multiculturalidad, globalización y también, aunque muy poca gente lo sabe, ecologismo y vegano/animalismo. El denominador común de esta última arma es, como no, el odio y la violencia extrema y, su mecánica de trabajo… el adoctrinamiento social. El ciudadano medio es ajeno a todos estos manejos y manipulaciones. De hecho, ni siquiera es consciente de que él mismo es un marxista cultural, ya que, ese, es precisamente el mérito del asunto: que nadie sepa o sea consciente de que lo es. Hoy en día, en la inmensa mayoría de países donde nunca cuajó el marxismo económico, hoy son todos marxistas culturales. Esto es, sociedades políticamente correctas.

Mel Capitán, de su cuenta de Facebook.

Vivimos en una dictadura sin ser apenas conocedores de esa realidad. Quien sí que lo sabía y luchaba con todas sus fuerzas contra ello era Mel Capitán. Un verso suelto, un espíritu libre, que hizo siempre lo que quiso sin arrugarse, y por encima de modas e imposiciones sociales. Amaba a sus perros, a sus amigos, a su familia, y le apasionaba la caza que con amor aprendió de sus mayores. Como José Luis Barbero a sus delfines. Por su memoria, y por la lucha denodada de ambos por heredarnos un mundo más justo y más libre, no podemos permitir que el monstruo siga creciendo ni un minuto más. Se lo debemos. De nosotros depende que, más temprano que tarde, acaben a todos cortándonos la cabeza.
A Mel Capitán, desde mi noche más triste, en muy sentido y emocionado recuerdo…

Fdo: Álex N. Lachhein

PD: Desde aquí hago público mi deseo para que se constituya un movimiento social que reclame una reforma del código penal para que todo tipo de acoso o chantaje por parte del ecologismo o el vegano/animalismo, sea castigado con las más duras penas, independientemente y al margen de la sacrosanta libertad de expresión. Que se equipare al delito de enaltecimiento del terrorismo como mínimo, que es lo que es. Y si acabara en resultado de muerte dicho acoso, que se aplique de facto la cadena perpétua no revisable. Que algunos, lo único que entienden, es la ley del palo…

 

Origen: Ante el suicidio de la joven ‘Mel Capitán’, icono de la caza en España

Breve historia de la futbolización occidental -Gabriela Bustelo/Vozpópuli-

En España la sustitución de la emponzoñada confrontación nacional entre fachas y rojos por la confrontación generacional entre la España posfranquista y la España milenial es un avance histórico de primer orden. Podremos aceptarlo o no, pero estamos ante el final del mundo en que hemos nacido y vivido hasta ahora.

En Kuala Lumpur, a 12.000 kilómetros de España, en el corazón malasio del Sudeste Asiático, los taxistas se saben el nombre del estadio Bernabéu, pronunciándolo bernabiu en un inglés colonial con acento bahasa. Son capaces de reconocer una foto de la sede del Real Madrid del mismo modo que conocen en detalle la última alineación del equipo. Pese a la imposibilidad de contabilizar los centenares de visitantes que acuden al estadio sin entrada, a mirarlo y a hacerse el selfie de rigor, los profesionales del sector aseguran que en paradas turísticas el Bernabéu supera al Museo del Prado (que el año batió su propio récord de tres millones de visitantes, superando en un 12,5% la afluencia del 2015).

El documental británico Los Cuatro Jinetes, dirigido por Ross Ashcroft en 2012, destaca la sobrevaloración del deporte como uno de los síntomas del declive de los imperios que han precedido al occidental. “Todos los signos de la desaparición de un imperio ya han empezado a desarrollarse. Algunos son más acuciantes que otros. Las crisis financieras son un elemento común a las decadencias de los imperios anteriores”, asegura el documental. Un rasgo común de los imperios en declive es la apatía de una población caracterizada por una frivolidad decadente. En las democracias occidentales donde la estabilidad política está garantizada, las series de televisión ―consumidas a granel― y los programas de realidad virtual funcionan como el adictivo soma orwelliano: no conectan al ciudadano milenial con el mundo en que vive, sino que le aíslan placenteramente de la realidad.

Como sucedía en la Roma imperial, el deporte forma parte de este proceso de aborregamiento de una ciudadanía cuyas prioridades cada vez son más infantiles y pasivas. Igual que los aurigas y gladiadores romanos, nuestras estrellas deportivas ganan sumas disparatadas de dinero. En el siglo II d.C. el atleta romano Cayo Apuleyo Diocles amasó una fortuna de 35 millones de sestercios, equivalente a varios miles de millones dólares, lo que le permitió retirarse a los 42 años. Por si esto fuera poco, otro síntoma común al declive de los imperios precedentes es la glorificación de los cocineros, según asegura el documental Los cuatro jinetes. La desidia de una sociedad dopada con televisión, deporte y comida permite que en los ángulos muertos de Occidente se hayan instalado la corrupción, la violencia y la crueldad. El devenir natural de nuestra civilización es una entropía que evoluciona hacia el desorden y la implosión final. Como todo organismo vivo, habría nacido condenada a morir.

La proximidad corrupta entre el poder político y los medios de comunicación es otro de los síntomas de la decadencia de Occidente y ha sido determinante en la derrota de Hillary Clinton en las elecciones generales estadounidenses de 2016. La distorsión mediática de la verdad ―o posverdad― fue el elemento central de la campaña electoral de Donald Trump, que todavía denuncia casi a diario las fake news ―noticias falsas― de las grandes empresas mediáticas de su país. Esta desfiguración de la realidad nos llega con un esquema binario impuesto y falso, en el que se incrustan todos los temas de la actualidad política, económica y social. Las redes sociales ―que han sustituido de facto a la prensa― trituran los temas y los regurgitan en forma binaria, para que los bandos repitan consignas prefabricadas y enfrentadas. El ciudadano cree estar pensando y tomando decisiones cuando de hecho es víctima de un “efecto contagio” idéntico al experimentado en el estadio Bernabéu durante un partido Madrid-Barça cuando gana o pierde el equipo propio.

El gran reto intelectual es desmontar esta mentalidad futbolística que consiste en elegir un bando y aceptar obligatoriamente la imposición ideológica que ello implica. Pensar ha dejado de ser necesario, porque los periodistas y agitadores mediáticos se encargan de machacar a diario lo que uno debe asumir. Al intentar ensamblar las piezas arbitrarias de este universo binario, los políticos se delatan. José Luis Zapatero aseguraba en 2004 que “La igualdad entre sexos es más efectiva contra el terrorismo que la fuerza militar”. En la misma línea, Macron proclamaba hace unas semanas que “Para acabar con el terrorismo hay que acabar con el cambio climático”. Entre tanto, el ciudadano elige su equipo ideológico basándose en variables con frecuencia alejadas de los programas de los partidos políticos.

Según el American National Election Study (ANES), un análisis electoral realizado por Stanford y la Universidad de Michigan y publicado en marzo, cientos de miles de votantes que participaron en las elecciones estadounidenses de 2016 no tenían claro cuál partido era el de derechas y cuál el de izquierdas. Según el informe de ANES, un 15% de los votantes de Trump ―y el 6% de los votantes de Clinton― creían que el partido Demócrata era el más conservador de los dos. Al sumar el porcentaje del “No sabe/No contesta”, resulta que el 16% de los votantes de Clinton y el 24% de los votantes de Trump no sabían en 2016 qué partido era el más conservador de los dos. Dado el actual nivel de polarización política que sufre Estados Unidos, esto indicaría que una parte relevante del electorado no vota al partido que mejor les personifica, sino que se estarían empleando otros criterios, desde dar por hecho que un partido representa una determinada corriente (cuando no lo hace), hasta cambiar de tendencia política para adaptarla a la del candidato preferido. Una aparición televisiva, la influencia social/familiar/laboral y la presión creciente de las redes sociales pueden generar un “efecto contagio” tan poderoso como para que una persona pueda llegar a construirse una cosmogonía falsa. O peor, manipulada por las élites político-mediáticas.

Mientras la globalización se incorpora como paradigma mundial, avanzamos hacia esquemas mentales desconocidos, que las generaciones mileniales bosquejan mientras las precedentes se aferran a sus dogmatismos binarios. En España la sustitución de la emponzoñada confrontación nacional entre fachas y rojos por la confrontación generacional entre la España posfranquista y la España milenial es un avance histórico de primer orden. Podremos aceptarlo o no, pero estamos ante el final del mundo en que hemos nacido y vivido hasta ahora.

Origen: Breve historia de la futbolización occidental

Ante la radicalización separatista, Rajoy modera su moderación -F.J. Losantos/LD-

 

Lo que pasa con esta Sociedad de amigos de la Siesta es que nos están tranquilizando tanto de mentira que empezamos a intranquilizarnos de verdad.

Pasan tantas cosas en España y pasan tan rápido las malas que ya nos hemos olvidado del aniversario del asesinato de Miguel Ángel Blanco, que se ha saldado con el éxito rotundo de sus asesinos gracias a la consensuada cobardía de los miedócratas. El acuerdo para sacrificar de nuevo a las víctimas de la ETA en el ara del pacto del Gobierno con el PNV es total e incondicional. Catalá pondrá en libertad, poco a poco o mucho a mucho, a todos los asesinos y, mientras los suelta, los irá acercando a la puerta de casa, para asustar a los que ya asustaban y hacerse a la idea del homenaje merecidísimo que les espera. A las víctimas profesionales, heroínas de la subvención, que trincan hasta del PNV, se les subirá el reconocimiento de su constructivo silencio. Y las que ni cobran ni se callan, se jorobarán. Ha dicho Mariano que Urkullu es un ejemplo para Puigdemont, así que chitón.

La purga de los purgantes cargantes

El agradecimiento de Rajoy es siempre interesado e instantáneo, así que el elogio al jefe del partido racista y separatista fundado por los Arana se debe al mismo impulso que le llevaba a elogiar al nacionalismo catalán, -de profesión, cobrar su moderación-, frente al atroz radicalismo del PNV, de vocación y profesión sus pactos con la ETA, hace muy pocos años. Pero va siempre tan justo de fuerzas Mariano que le basta un relevo en la cabeza del golpismo antiespañol para que agradezca al que se queda detrás que no pase delante. Ve algo o a alguien frenarse y enseguida se identifica con él. El día que descubra al turolense Miguel de Molinos y su doctrina quietista, entrará en éxtasis y, sin prisas, dejando un leve aroma a nada, se evaporará.

Pero la purga de los anteayer purgantes en la Generalidad de la ayer CiU, ha aumentado el afán de Rajoy por premiar, siquiera con adjetivos, a los que, siendo tan antiespañoles como la Esquerra, la CUP y los pedecatos cocomochistas, no se dan tanta prisa en manifestarlo. No se les pide que cambien de costumbre o de dirección, tan sólo que no corran. Y, sobre todo, que no corran juntos. La verdad es que viendo a Podemos y al PSOE corriendo junto a los velocistas del Prusés, ¿qué prisa va a tener el PNV?

Mientras, Rajoy ya ha puesto en marcha su famosa máquina de parar y está claro que no dejará de detenerse si los demás no dejan de acelerar. Así lo ha hecho saber, de forma elocuente y contundente: “Haremos lo contrario que hacen los que quieren romperlo todo. Si violan la ley, nosotros la cumpliremos y la haremos cumplir. Si se deslizan por la peligrosa pendiente de la radicalidad, nosotros responderemos con la razonable fuerza de la ley, la sensatez y la moderación”.

Lo que no sabemos es cómo hará lo que dice hará, porque la última vez que los otros hicieron algo parecido, el referéndum del 9N, él no hizo absolutamente nada. Dijo tres días antes que no iba a pasar absolutamente nada. Pasó. Como si no hubiera pasado. “No tiene ningún valor jurídico”, dijo, y se quedó tan fresco. Luego trabajaron en la sombra fiscales al dente y jueces medio hechos para dejar a los golpistas sin más golpe judicial que algún pequeño coscorrón, cuando además yacían alejados del poder. ¿Para qué ensañarse con Mas, si ya lo habían devorado las fieras de la CUP?

En la guerra psicológica, hay que reconocer que Rajoy no tiene rival: ¿que los golpistas de la Generalidad se proclaman en abierta rebelión contra la Ley y el Estado que representan? Mariano les mantiene el sueldo. ¿Que declaran nulos la Constitución, el Estatuto de Autonomía, el vigía del Ejecutivo, léase Parlamento de Cataluña y la Ley Electoral para hacer otra? Mariano se muestra, “como siempre, abierto al diálogo”. ¿Y la dialoguera Soraya? Algo menos que al abrir despacho en Barcelona, pero también. ¿Y el PP de Cataluña? ¡Bah! Albiol ha vuelto a decir que esto es un golpe de Estado, pero ya se sabe que Albiol pinta poco. Al lado de Millo, casi nada. Lo que importa es lo que diga el Gobierno. ¿Y qué ha dicho su portavoz? Pues que siguen permanentemente abiertos al diálogo, pero siempre desde la moderación, nunca desde la radicalidad. Eso, para otros, Ellos, quietos.

Los “algunos” algo “autoritarios”

Lo que pasa con esta Sociedad de amigos de la Siesta es que nos están tranquilizando tanto de mentira que empezamos a intranquilizarnos de verdad. Sobre todo porque hace un mes, por alguna razón que todavía desconocemos, se mostraron públicamente preocupados, más aún, muuuy preocupados, por la deriva radical y rupturista del nacionalismo catalán, al que incluso empezaron a llamar separatismo. Tremendo. Cinco ministerios, cinco, tocaron a rebato, y Soraya casi se quitó el zapato. Temimos lo peor: que Mariano se despertara. Afortunadamente, fue una falsa alarma. Unas horas después, de la Moncloa salía con toda claridad el “zzzzzz” de los durmientes de los antiguos tebeos, antes de que se despertaran cómics.

Ayer, mientras dormía, Rajoy dijo, sin embargo, algo que podría preocuparnos: “La deriva autoritaria que se está produciendo hoy por parte de algunos en Cataluña es algo que no había ocurrido en España desde hace décadas”.

¿Quiénes son esos “algunos”? ¿Y de cuántas décadas hablamos? ¿Siete, o sea, desde 1937? ¿Tres y tres cuartos, o sea, desde que Pujol llegó al poder en 1980? ¿Y lo que hicieron los que hoy mandan en la Generalidad, los algunos de la CUP, cuando cercaron el Parlamento de Cataluña? ¿No fue un acto levemente “autoritario”? Tampoco es que el referéndum del 9N en contra del Constitucional fuera un acto de respeto a las leyes. Ni la manifestación contra el TC cuando afeitó ligeramente el nuevo Estatuto de Autonomía, precedida del editorial unánime del alguno Juliana. Pero si el Estatuto ya no rige, pelillos a la mar. Como Pujol no está, adiós a Pujol. Y como Mas es menos, dejémoslo en paz.

No nos asustes, Mariano

Lo que no debería hacer Rajoy es darnos estos sustos antes de las vacaciones, si es que puede distinguirlas del resto del año. Empieza uno a darle vueltas a frases como “La ley se va a cumplir, el Estado de derecho va a prevalecer y el referéndum no se va a celebrar” y puede temer que el Gobierno haga algo en defensa de la legalidad vigente. Se rompería así una línea de continuidad ejemplarmente horizontal que nos ha llevado a crear tantos empleos y a una tranquilidad que no viene de tranca sino de Tranquilium, jarabe monclovita para digestiones pesadas.

Es hora de que Rajoy rescate el fabuloso eslogan de 1986 de aquellos democristianos que vivían parasitando a Fraga: “Lo urgente es esperar”. Esperaron en vano que les votaran, sí, pero sembraron el desconcierto. ¿Qué se radicaliza el separatismo? Pues a moderar la moderación y a ver quién se cansa antes: ellos del Golpe o nosotros de que nos golpeen. Lo que no debe hacer Mariano es invocar tan a menudo la Constitución, no sea que la gente crea que tarda en aplicarla y tengamos un disgusto.

Origen: Libertad Digital

Miedo y rechazo al espíritu de Ermua 20 años después -LD-

La historia se repite. A la izquierda, PSOE y Podemos, no le gusta el recuerdo de Miguel Ángel Blanco y lo que significó el espíritu de Ermua.

Este miércoles se cumplen 20 años de la muerte de Miguel Ángel Blanco, el concejal de Ermua vilmente asesinado por ETA tras 48 horas de secuestro. Es el aniversario no sólo de uno de los crímenes más crueles de la banda, sino de las movilizaciones que sacaron a la calle a millones de personas en toda España, también en el País Vasco, por primera vez en la sanguinaria historia de ETA. El recuerdo al concejal, y a lo que supusieron para la sociedad española aquellos días en que la banda se vio por primera vez contra las cuerdas, se ha visto sin embargo eclipsado por la polémica en torno a los homenajes a Blanco.

La reacción unánime del pueblo español en aquellos días en defensa de la democracia, la libertad y, por ende, la Nación española aterró al nacionalismo. El PNV decidió pactar con ETA en Estella, y la izquierda, primero Izquierda Unida de la mano de Madrazo, y el PSOE años después, con Eguiguren y Zapatero, se alineó con los separatistas y optó por aislar al PP en lugar de los terroristas.

Veinte años después, la historia se repite. Podemos y una parte del PSOE buscan excusas para no poner pancartas de homenaje y abstenerse a la hora de votar declaraciones oficiales. El PP y Ciudadanos han exigido una rectificación y han vertido duras acusaciones, principalmente contra la formación de Pablo Iglesias.

La polémica saltó la semana pasada cuando varios municipios se desmarcaron del llamamiento de la Federación Española de Municipios y Provincias para que cada ciudad y pueblo de España recordara al concejal asesinado el día 12 a las 12 del mediodía, con una concentración silenciosa frente al consistorio. La FEMP llamaba a recordar no sólo al joven político del PP sino a la sociedad española por dar una “respuesta ejemplar e inequívocamente democrática: un rotundo y unánime ‘hasta aquí hemos llegado'”. El comunicado parecía hecho para que la adhesión municipal fuera inmediata y unánime, pero no fue así: corporaciones de Podemos o el PSOE en distintos puntos del país, como Cádiz, Jerez, San Fernando o Bilbao rechazaron unirse a esta propuesta o a otras que llegaban impulsadas por el PP. Un ejemplo, el caso de Lasarte, el pueblo donde fue asesinado el joven: allí, el único concejal popular presentó una moción para condenar la violencia etarra y homenajear al concejal. PSE, PNV y Podemos se abstuvieron.

La respuesta oficial de Podemos a la posición de algunos de sus alcaldes y concejales fue no hacer nada: ni directrices ni órdenes para apoyar los actos por el concejal asesinado. Iglesias, entre mensajes genéricos de apoyo a las víctimas, dijo que era a los concejales a quienes había que preguntar por su postura, en alusión a casos como el de Kichi, en Cádiz, cuyo grupo rechazó poner el nombre de Blanco a una calle de la ciudad, o el de Manuela Carmena. La alcaldesa de Madrid rechazó colocar una pancarta en la fachada del Ayuntamiento de Madrid como sugirió Movimiento contra la Intolerancia, con la excusa de que supondría poner a unas víctimas por encima de otras. La presión política le llevó a rectificar sólo a medias: habrá minuto de silencio frente al consistorio y pancarta, pero no en la fachada. También se sumarán al homenaje del grupo municipal del PP: la decisión se tomó pocas horas antes.

Desde el PSOE, mientras, se optó por la tibieza: después de que grupos socialistas en toda España asumieran la postura de Podemos, su presidenta, Cristina Narbona, tampoco dio directrices concretas a sus concejales. Sólo lanzó, presionada por la prensa, un mensaje crítico con Carmena: de la situación en otros consistorios no habló. Y con palabras muy parecidas a las de Pablo Iglesias, señaló que “todas las víctimas merecen ser recordadas”.

Desde este miércoles hasta el domingo seguirán los homenajes: además de la convocatoria de los ayuntamientos y los homenajes del PP, la Fundación Miguel Ángel Blanco celebrará un acto en el Teatro Real en el que llamativamente no tendrán un papel principal algunos de los políticos que protagonizaron esos días, como José María Aznar, Carlos Iturgáiz o Jaime Mayor. Tampoco estuvieron en el homenaje del PP el pasado lunes frente a Génova, donde se desplegó un gran cartel con el rostro del concejal y en el que participaron Mariano Rajoy y la dirección nacional de la formación. El fin de semana, en la escuela Miguel Ángel Blanco que se celebrará en Bilbao y contará con la presencia del presidente, sí está prevista la intervención de Iturgaiz.

Origen: Libertad Digital