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El fin del socialismo democrático. -Hermann Tertsch/ABC-

El_fín_del_socialismo_democratico

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Doctor Cum Fraude… porque le dejan. -Liberal Enfurruñada/OK Diario-

Es imposible pensar que en algún país civilizado se demuestre que el presidente del Gobierno ha hecho con su tesis doctoral la mitad de lo que sabemos que hizo Pedro Sánchez y no presente inmediatamente su dimisión. Sin excusas, sin dilaciones, de forma inmediata, avergonzado y pidiendo perdón, se marcharía en el instante en que se publicara la primera noticia por alguno de estos tres motivos. En primer lugar por decencia, honestidad y dignidad; cualidades que deberíamos exigir a cualquiera que ocupe tan alto puesto. Pero si no fuera por eso, se marcharía obligado por su partido, temeroso de las consecuencias que causaría a la organización un presidente tan temerario como para no dimitir por decisión propia. Y en tercer lugar, si no se diera ninguna de las circunstancias anteriores, tendría que marcharse obligado por sus votantes y militantes, que en ninguna democracia occidental consentirían un fraude como el de Pedro Sánchez.

El problema es que los votantes de la izquierda española no son homologables a los de ningún otro país civilizado. En España existe una doble vara de medir según la cual a la izquierda se le consiente absolutamente todo mientras que el centroderecha debe hacerse perdonar continuamente su existencia. La diferencia está en los votantes, no en los líderes políticos y fundamentalmente está causada por su ignorancia. El español de izquierdas no siente vergüenza de su pasado porque se cree heredero de los santos de la Segunda República, mientras que el de centro derecha se la coge con papel de fumar, creyéndose hijo de un franquismo del que se avergüenza. Así, Pedro Sánchez puede prometer en el Congreso de los Diputados que la moción de censura que está defendiendo es exclusivamente para convocar elecciones generales y cuando consigue ser investido asegurar con todo su descaro que piensa agotar la legislatura, sabiendo que sus votantes le perdonarán todas sus mentiras, todos sus plagios, todos sus enchufes y todos sus fines de semana de juerga en el Falcon oficial.

Y a los podemitas les ocurre tres cuartos de lo mismo. Pablo Iglesias y la madre de sus hijos pueden comprarse tranquilamente un casoplón de lujo, pese a haber prometido que vivirían en su pisito de Vallecas. A Echenique no se le cayó la cara de vergüenza cuando se descubrió que defraudaba a la Seguridad Social y mantenía en condiciones de semiesclavitud a su asistente. A Monedero lo pillamos intentando defraudar a Hacienda usando una empresa pantalla y sigue dando lecciones. Errejón fue sancionado por la Universidad de Málaga a la que estafaba con su beca black y tan tranquilo. De Espinar supimos que especuló con su VPO y ahora pontifica sobre el derecho a una vivienda digna. Podríamos escribir una enciclopedia con la lista de fraudes que los podemitas les perdonan a sus líderes, pero no hacen falta más ejemplos porque los conocéis todos.

Esta doble vara de medir, así como la pretendida superioridad moral de la izquierda, no es más que ignorancia de su verdadera historia. Los colegios, los cines y los medios de comunicación españoles llevan décadas contando una tergiversada historia de España en la que no se estudian los crímenes de la izquierda que nos llevaron a la Guerra Civil. No se saben los desmanes cometidos por los comunistas que usurparon la Segunda República ni las barbaridades que cometieron durante la guerra. Hasta que en España no se estudie la verdad de nuestra historia, sin tergiversaciones partidistas ni falsos héroes, hasta que todos sepan lo que ocurrió de verdad y las vergüenzas se repartan a todos por igual, la izquierda española seguirá tragando sapos y culebras.

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Avanza el golpe por toda España. -Hermann Tertsch/ABC-

En Barcelona quedó dramáticamente escenificada el domingo la plasmación práctica del golpe de Estado que sufre España. Porque ya se hace efectivo y patente en la radical pérdida de derechos y de libertades de los españoles. Nada lo plasma de forma más gráfica que la actuación de una policía política totalitaria que reprime a españoles que demandan sus derechos. Ese golpe comenzó el pasado año y por culpa de gobernantes débiles y mezquinos no tuvo respuesta real. Ahora triunfa de plaza en plaza y ya se ha hecho fuerte en varias regiones. Contra la Constitución, no contra el Gobierno. Porque éste ni defiende la Constitución ni hace cumplir la ley. Al contrario, alimenta su permanente cuestionamiento para mayor medro de las fuerzas golpistas, con las que ha pactado y a las que debe su existencia. En regiones como Cataluña, el País Vasco y Navarra, quienes defienden a España ya no tienen derechos. Y en Valencia o Baleares se aplasta sin escrúpulo a quien defienda el español.

El domingo, miles de catalanes salieron a las calles de Barcelona a exigir un derecho que tienen todos los europeos menos los españoles, el de estudiar y vivir en la lengua oficial de todo el territorio nacional. Es el derecho constitucional de todo español a estudiar, trabajar y vivir en español en toda España. Un derecho que se le ha arrebatado cada vez a más españoles, cada vez en más sitios. Todos los partidos han jugado un ignominioso papel en esta trágica deriva que causa inmenso sufrimiento y daños a millones de españoles. Solo piden que pueda elegirse la lengua. Imposible. La tiranía nacionalista lo excluye. El domingo, los golpistas convocaron a sus CDR, como los camisas pardas nazis, una fuerza de choque que reventó la manifestación. Los Mozos, ya abiertamente policía política del golpismo, ayudó a los grupos CDR de terrorismo urbano.

Las culpas del pasado están muy repartidas. La izquierda se unió a los nacionalistas en su hispanofobia. Como si el español o castellano cargara con un «pecado de franquismo» como la unidad nacional o el propio nombre de España. Todo lo disgregador era progresista, todo lo que evocara la España unida, «rancio», fascista y «casposo». Es el legado traidor a España de la izquierda, que entregó parte de España a unos nacionalismos minoritarios en la Transición. La derecha no tiene menos culpa. El PP emuló lo peor de la izquierda. En Galicia con el PP de Nuñez-Feijóo, la persecución del español es igual que en regiones en manos del frente popular. Ciudadanos pudo ser esperanza y se frenó ante la batalla de la idea nacional. Nadie ha hecho una defensa de la nación consecuente. Finalmente ha surgido Vox, cuyo crecimiento es parte de una revuelta de reacción nacional. Que puede alimentarse de la gran revuelta europea en favor de los estados nacionales. Pero nadie se engañe, si Sánchez, gracias a la hegemonía mediática izquierdista que el PP regaló, sobrevive al escándalo de su estafa académica y a otros, si no hay un gran acuerdo de fuerzas nacionales para hacerle frente, nadie escapará a este Frente Popular de un jefe de gobierno con dictado comunista de Podemos que, como si fuera Nicolás Maduro, dice que él en el Parlamento hará lo que quiera. Y que quien le cuestiona, cuestiona la democracia. Se extiende la obscena desigualdad en el trato oficial entre quienes propugnan ese Frente Popular y quienes defienden la unidad de España y su monarquía. Avanza el abuso censor y amenazante contra medios y periodistas discrepantes. Planean una España rota, sí. Pero con regímenes todos como ese que en Cataluña lanza a su policía a reprimir a españoles desesperados ante la pérdida de sus derechos.

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Acorralado y peligroso. -Hermann Tertsch/ABC-

«Tengan ustedes cuidado con ese hombre», me dijeron ayer varios conocidos a lo largo del día, después de conocerse las amenazas del jefe de Gobierno a ABC por la publicación de una exclusiva de Javier Chicote que demuestra el escandaloso plagio en la tesis doctoral que Sánchez mantenía semiescondida en la Universidad. Las amenazas a ABC llegaron horas después de las amenazas del jefe de Gobierno a Ciudadanos en el hemiciclo. Como confirmaba Juan Carlos Girauta ayer, el jefe de Gobierno se dirigió a la bancada de Ciudadanos con la siniestra advertencia de «Os vais a enterar». Los esfuerzos del revanchismo socialista desde Zapatero por llevarnos a los españoles a la república, que nos llevó a un baño de sangre, dieron un paso estético importante, con esa amenaza de Sánchez desde la bancada del Gobierno a un grupo parlamentario que le contrariaba.

No se recuerdan amenazas en el Congreso salvo las de los guardias que lo asaltaron el 23-F. Hay que remontarse a aquella república que tanto idolatran los socialistas y comunistas de ahora para encontrar algo semejante a ese «os vais a enterar» del miércoles de Sánchez. Y son las amenazas del socialista Pablo Iglesias a Antonio Maura, en 1910, y de la comunista Pasionaria a José Calvo Sotelo, en 1936. Ambas amenazas se cumplieron. Maura fue gravemente herido en atentado semanas después de que el socialista le dijera que el PSOE «luchará en la legalidad mientras pueda y saldrá de ella cuando deba» y que «para evitar que Maura suba al poder debe llegarse hasta el atentado personal». La Pasionaria dijo de Calvo Sotelo tras un virulento enfrentamiento dialéctico en el Congreso: «Este hombre ha pronunciado su último discurso». Y lo fue. Desde entonces hemos estado sin amenazarnos los españoles en el Parlamento. Hasta que ha llegado esta nueva hornada de «socialistas podemizados» que son los hijos políticos del enterrador de la convivencia que fue Zapatero. Sin mayores diferencias ideológicas con los comunistas, como aquellas Juventudes Socialistas Unificadas (JSU) que dirigió Santiago Carrillo, responsable él de muchos miles de muertes de españoles inocentes, niños incluidos. Y que tiene, por cierto, muchas calles en su honor y cuya tumba todos respetan.

Ya nos avisó hace meses el muy perspicaz Antonio Camuñas de que Pedro Sánchez no era solo un problema político con sus desprecios, sectarismos y malos modos. Que su manifiesta incapacidad para controlar las frustraciones, su forma crispada y hasta colérica de reaccionar ante las contrariedades lo convertían en un ser inquietante. Sin duda lo es. Con el poder que ha adquirido, de forma extraordinaria y debido al delirante estado de precariedad general de la política española que los anteriores gobernantes permitieron, este hombre inquietante es hoy un hombre peligroso. En las imágenes del hemiciclo el miércoles, cuando Sánchez responde a la pregunta trampa de Albert Rivera, se ve al presidente del Gobierno perder totalmente el control sobre sí mismo. La cara de odio cuando respondía con «ha convertido su pregunta en un lodazal…» es la imagen de la ira sin brida. Y la escena segundos después, cuando su rabia descontrolada le impide notar que se ha acabado su tiempo, que el micrófono esta apagado y que la presidenta, impresionada, le implora e insiste en que calle, es un momento parlamentario tan inolvidable como alarmante. El señor Sánchez descontrola en sus pasiones por sí mismo y no soporta que no compartamos, cuestionemos y ridiculicemos la enorme estima que él se tiene. Se sabe acorralado por la realidad: su Gobierno se descompone. El deterioro avanza por momentos. El presidente debería serenarse y convocar elecciones muy pronto. Antes de que tengamos alguna desgracia seria e irreparable.

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DE CURRÍCULUMS Y GARRAPATAS. -Hilo twittero de Daniel Ari-

A la meteórica carrera criminal de Al Capone solo se le pudo poner fin mediante el recurso al fraude fiscal. Puede que de Sánchez y de su gobierno corrupto y frentepopulista solo nos libre el boomerang del listón que los propios socialistas pusieron para pedir cabezas del PP.

Solo un sistema político y mediático tan podrido como el nuestro podría dar prioridad a unos currículums hinchados cuando el país hace aguas por todas partes: en pleno golpe de Estado separata y con los inquilinos de Moncloa siempre financiándolo; en pleno auge del guerracivilismo 2.0 y con los enemigos de España cada vez más enquistados, cual garrapatas, en las instituciones.

Si es así –si una tesis de copipega pergeñada por un negro acaba con Sánchez–, en buena hora; nos habremos librado de un personaje sumamente peligroso, de un ser sin alma que estaba dispuesto a vender España al mejor postor para alimentar su ego y sus ambiciones personales,acelerando el proceso de descomposición de España iniciado por ZP tras el 11-M y consolidado por Rajoy. Pero no hay que bajar la guardia. El problema de España no reside únicamente en una clase política cuyos miembros se forran individualmente y hacen trampas al solitario.

El problema de esta España son cuatro décadas de flirteo con el Mal; cuatro décadas de Chiringuito Autonómico que van camino de cargarse la educación, la identidad, los derechos y la igualdad entre españoles; cuatro décadas de abandono de los españoles en regiones enteras;cuatro décadas de cesión de nuestra soberanía a intereses extranjeros; cuatro décadas de corrupción y dispendio y endeudamiento; cuatro décadas en las que estos políticos han ido hipotecándolo todo –la sanidad, las pensiones, la industria– e hipotecando el futuro de nuestros hijos y nietos para sostener su chiringuito particular. Si os contara cuánto dinero de nuestros impuestos se ha ido por el coladero en estos 40 años, tendríais un infarto: ninguna calculadora de bolsillo admite tantos ceros.

Así que si conseguimos librarnos del Okupa por un pecadillo de su incomensurable ego, fantástico. Pero no nos durmamos en los laureles. El esfuerzo por recuperar España no ha hecho más que empezar. Nos esperan años muy duros.

Cuatro décadas de destrozos no se recuperan de la noche a la mañana. Pero vale la pena hacer ese esfuerzo. Por España y por nuestros hijos. Por nuestros ancestros, que se dejaron la piel y la vida para legarnos una nación de la que podemos estar orgullosos.

Por todo esto vale la pena empezar a desalojar a los okupas de Moncloa y a renovar el Congreso, hoy convertido en circo de la soberanía nacional.

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Carta a Josep Borrell: Eres un cínico y un canalla. -Enrique de Diego/Rambla libre-

Deberías haber tenido la decencia, cínico y canalla, Josep Borrell, de no haberte dirigido a los heroicos patriotas que el 8 de octubre de 2017 se manifestaron por la unidad de España. Resulta incomprensible que los imbéciles de Sociedad Civil Catalana te dieran el incomprensible honor de subir a la tribuna. Es posible que esos idiotas acomplejados consideraran que quedaba bien que hablara un canalla con carnet socialista, para dar imagen de pluralidad. Pero las ficciones siempre llevan al desastre y cuando se defiende una causa justa es fundamental la unidad, la cohesión y la coherencia en los principios.

Josep Borrell, como orador en la manifestación en Barcelona por la unidad de España.

Mas sean cuales sean los errores de Sociedad Civil Catalana, que siempre se han pasado de listos y se han quedado cortos de coraje, tú, esperpento patético, tenías que haberte negado de contribuir a una causa en la que no crees y que a las primeras de cambio has traicionado. Preguntado por la BBC si Cataluña es una región o una nación has contestado tajante: “Una nación”. Toma del frasco, Carrasco. Amén de traidor, eres un completo ignorante. Cataluña no es una nación ni nunca lo será. La única nación existente es España, con un territorio objetivo.

Ya aquel glorioso y aciago 8 de octubre dijiste una frase lamentable que te sitúa en el terreno de los destructores de la civilización y en la hueste de los gilipollas compulsivos. Al lado de Mario Vargas Llosa, que mal que bien en estas cuestiones tiene un punto de sensatez, sólo un punto, afirmaste que “las cicatrices son las fronteras que la historia ha dejado grabadas en la piel de la tierra”. ¡Valiente chorrada! Las fronteras son las líneas que demarcan la libertad de la barbarie. La frase es de adolescencia globalista, y confirma que tu deriva separatista y tu posición de fronteras abiertas a la inmigración invasiva vienen de lejos.

Es bueno que los mitos caigan y las falacias sean despejadas y puestas en evidencia. Al parecer, algunos te tenían por un mito, pero eres un canalla y una veleta. No hay ningún socialista que valga la pena. El PSOE siempre ha sido el mal absoluto y sigue siéndolo. Para rematar la faena e ir de buenista también has declarado a la BBC que “personalmente preferiría que esta gente (los sediciosos) estuviera en libertad condicional. Hay otras maneras de evitar que escapen”. Esto, además de una soberana estupidez, es enmendarle la plana al juez Pablo Llarena e indica la empanada mental que tienes el que inmediatamente después hables de la división de poderes. ¿Qué otras maneras hay de que no escapen? ¿Quizás darles un billete a Bruselas? ¿Darles a elegir entre Suiza y Reino Unido? ¿Pagarles el alquiler en Waterloo? ¿Dejarles abrir de nuevo las ‘embajadas’, como has hecho? Vete, Borrell, por donde amargan los pepinos.

Eres una mala persona, Borrell. Eres lo peor de lo peor. Eres un traidor a la Patria.

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La hora de los cobardes. -Eduardo Goligorsky/LD-

En agosto de 1968 viajaba desde Buenos Aires rumbo a Nápoles en un crucero que hizo una escala de pocas horas en Barcelona. Atrapado por el infantilismo de izquierda, me negué a pisar el país gobernado por un dictador llamado Francisco Franco. Y un buen amigo, el admirado escritor y editor de ciencia ficción Domingo Santos, debió subir abordo para conversar conmigo. En 1975, cuando Franco agonizaba, vencí aquellos pueriles escrúpulos y visité Madrid y Barcelona, allanando el camino para huir del infierno argentino. Y en 1976 me radiqué definitivamente en Barcelona.

La hora de los valientes

Tuve el privilegio de asistir a la epopeya de la Transición. Aquella fue la hora de los valientes. Se llamaban Juan Carlos I, Adolfo Suárez, Rodolfo Martín Villa, Manuel Fraga Iribarne, Santiago Carrillo, Felipe González, Josep Tarradellas, Manuel Gutiérrez Mellado y una pléyade de políticos, juristas, empresarios, sindicalistas, militares e intelectuales que, anteponiendo la racionalidad a las vísceras, sentaron las bases de la convivencia en una sociedad democrática regida por una Constitución modélica e integrada en la Comunidad Europea.

Y tuvieron que ser valientes porque enfrente se alzaban fuerzas poderosas que sembraban el terror moviéndose en direcciones opuestas: asesinos de ultraderecha entreverados con militares golpistas; asesinos de ultraizquierda vinculados con tenebrosas bandas extranjeras; y asesinos ultranacionalistas conjurados nada menos que para adueñarse de fragmentos de España después de hacerla saltar en pedazos. El corolario de esta ofensiva perpetrada por fanáticos embrutecidos fue un tendal de víctimas, entre las que ocupaban un lugar sobresaliente los miembros de las Fuerzas Armadas y de Seguridad, acompañados por adultos y niños civiles. Los valientes y los mártires quedaron eternizados en la memoria histórica de la Transición.

Lobotomía selectiva

Nada que ver con el engañabobos que nos endilgó con ese nombre –Ley de Memoria Histórica– en el 2007, José Luis Rodríguez Zapatero, cuando todavía se estaba entrenando, a costa de los españoles, para convertirse en el alcahuete de Nicolás Maduro. Esa ley, que su discípulo Pedro Sánchez está tuneando con los guerracivilistas y los renegados de su acta de nacimiento española, es unescalpelo de lobotomía selectiva, que borra los recuerdos fácticos que contradicen el dogma ideológico y los sustituye por posverdades sectarias, para así anular los efectos terapéuticos de la Transición.

El historiador Josep M. Fradera impugnó esta manipulación del pasado practicada con alevosía (La pàtria dels catalans, La Magrana, 2009):

En realidad, los españoles adoptaron este camino de reconciliación de manera mayoritaria a partir de los años 1976-1977 y se reafirmaron en el momento del golpe de Armada, Milans del Bosch y Tejero, en una combinación, difícil de definir, de olvido, de esperanza en un futuro libre de los fantasmas del pasado y de confianza en las capacidades de la democracia que precisamente se estaba consolidando. En términos generales, respondía a una reflexión, a menudo silenciosa, sobre el desastre colectivo de periodos anteriores, y respondía, además, a la experiencia colectiva de los últimos años del franquismo. El hecho de plantear el rescate del pasado como una rectificación de esta percepción mayoritaria es una operación políticamente insensata y moralmente execrable.

Tira y afloja obsceno

La “operación políticamente insensata y moralmente execrable” ha ido in crescendo desde que se puso en marcha. Cambios arbitrarios en el nomenclátor urbano; ocultamientos y falsedades añadidos en los textos escolares; expurgación de placas conmemorativas de avances sociales y de inauguraciones de infraestructuras; símbolos e imágenes descolgados de los edificios y lugares públicos, olvido de las checas y de los “paseos” homicidas. Hasta llegar al extremo de emprender un tira y afloja obsceno con una momia que lleva cuarenta y tres años arrumbada en el pudridero. En otra época se habría interpretado esta pantomima como una blasfemia, pero hoy la vemos como una maniobra de distracción típica de los demagogos timadores que subestiman la inteligencia de los ciudadanos.

El locuaz supremacista Carles Mundó no se conforma con la espectacularidad del esperpento y exige más claudicaciones al pelele (“Enterrar a Franco”, LV, 30/8):

Han tenido que pasar cuatro décadas para que un gobierno socialista se atreviera a dar ese paso, que nunca dio ni Felipe González ni José Luis Rodríguez Zapatero. El frágil apoyo parlamentario de Pedro Sánchez explica que a falta de resultados tangibles se dedique a sustentar su acción política en cuestiones de fuerte carga simbólica para acentuar perfil ideológico.

Fanfarrones de pacotilla

Ha sonado la hora de los cobardes, propulsados al puesto de mando por los traficantes de odio. Estos advenedizos han salido de sus idílicos despachos burgueses para comportarse como si hubieran ganado la guerra incivil y estuvieran castigando a los vencidos y recogiendo el botín. Fanfarrones de pacotilla, balbucean su asentimiento cuando los caciques de la tribu amotinada les recitan su pliego de condiciones. Se ensañan con los muertos, pero permiten que los vivos los atropellen, los humillen y les vacíen la bolsa.

Cobardes sin remedio, asisten acojonados a la okupación de cuatro provincias del Reino de España por los jerarcasdepredadores de una repúblika inexistente. “Sánchez avisa a Torra de que aplicará el 155 si vuelve a la vía unilateral”, truena La Vanguardia (31/8). Pero el día siguiente, leemos en el mismo diario que la ministra portavoz, Isabel Colaá subrayó que la advertencia al Govern catalán de que no debe saltarse la ley “no quiere decir que el Gobierno tenga encima de la mesa la aplicación de nuevo del artículo 155, porque no se lo ha planteado”. Con dos titulares intencionalmente hilvanados en la misma página. Arriba: “Torra responde al Gobierno que su misión es `obedecer al pueblo´”. Y abajo: “…y Sánchez pide al president que abra un diálogo político en Catalunya”.El pozo del servilismo no tiene fondo

Borregos complacientes

Solo en un país gobernado por borregos complacientes es posible que los políticos, empresarios, periodistas y aquella fracción de la sociedad que se preocupa por el futuro, hayan estado pendientes de la arenga que amenazó con pronunciar el 4 de septiembre el cabecilla vicario de la banda que ha invadido cuatro provincias del Reino de España, regurgitando las órdenes del capo emboscado en el palacio de Waterloo.

Y por fin descargó su órdago contra el Gobierno constitucional el golpista que usurpa contra natura, con el 47 % de los votos y el 36 % del censo electoral, la representación de la mayoría social del pueblo de Cataluña, mayoría social por la que este intruso siente y demuestra un desprecio mayúsculo. No solo dio por válidos los actos delictivos que culminaron en la proclamación de una falsa repúblika, sino que despotricó contra el Poder Judicial con la misma virulencia con que lo hacen los autócratas ultrarreaccionarios polacos y húngaros, y se comprometió a desobedecer las sentencias si estas castigan a los jerarcas del Estado Mayor del entramado subversivo que lo cuenta entre sus cerebritos. Eso sí, Torra reclama que las masas apoyen su política con movilizaciones semejantes a las que organizaban disciplinadamente nazis, fascistas, comunistas y peronistas, y radicalmente opuestas, por sus fines discriminatorios y segregacionistas, a las que encabezaban dos próceres de cuyos nombres los supremacistas se apropian arteramente: Nelson Mandela y Martin Luther King.

Instrumento de liberación

Recuerdo una vez más la lúcida advertencia que formuló Marius Carol, director de La Vanguardia, apartándose, en un acceso de hartazgo, de la tibieza oportunista de su diario (“Salir de la rueda del hámster”, 4/12/2017):

O enterramos el procesismo o cavará nuestra tumba.

Para enterrarlo, España deberá tener un Gobierno que no descanse, como el de la minoría socialista, sobre las palas de quienes están cavando nuestra tumba. Este nuevo Gobierno de salvación nacional entenderá que aplicar el artículo 155 equivale a tratar una gangrena con ibuprofeno. Los sabios que redactaron la Constitución nos legaron el artículo 116, convencidos de que para evitar amputaciones territoriales como la que estamos padeciendo es imperioso recurrir a los estados de alarma, de excepción y de sitio. Cuando existe este instrumento de liberación, es imperdonable dejar a la mayoría social de Cataluña sometida a la estulticia de sus invasores.

PD: Desesperado por alcanzar la mayoría social que la ciudadanía le niega perseverantemente, el caradura Oriol Junqueras publicó una empalagosa “Oda a la amistad” (El Periódico, 3/9) en la que hace votos de amor fraternal, incluso con aquellos con quienes discrepa. Esto, escrito por uno de los caudillos de la horda etnocéntrica que se subleva para levantar fronteras materiales y emocionales entre los habitantes de cuatro provincias del Reino de España, por un lado, y sus hermanos del resto del país, por otro, bate records de desfachatez.

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A Sánchez hay que aplicarle un 155 popular. -Liberal Enfurruñada/OK Diario-

Sobran razones para hacer que se marche de una vez este presidente ‘okupa’ y mentiroso que llegó al Gobierno prometiendo que inmediatamente convocaría elecciones para enseguida asegurar que piensa agotar la legislatura. Un presidente del Gobierno que perdió las elecciones generales y que sólo tiene 85 diputados, 52 menos que el PP, 5 menos que el anterior peor resultado histórico del PSOE que también había conseguido él. El Gobierno más débil de la historia de la ya no tan reciente democracia española y el más carente de principios y sobrado de intereses personales. Igual que Hugo Chávez se inventó el socialismo del siglo XXI, Sánchez ha reinventado el Frente Popular. El primer Frente Popular, el que condujo a España a la Guerra Civil tras el pucherazo de las elecciones de febrero del 36, estaba formado por el PSOE unido a los comunistas y los independentistas vascos y catalanes, los mismos que ahora han llevado a Sánchez al poder.

Igual que ahora, aquella coalición electoral estaba integrada por varias minorías de intereses contrapuestos que ni formaron grupo parlamentario ni entraron a formar parte del Gobierno. Lo primero que hicieron entonces fue amnistiar a los condenados por el golpe de Estado que dio el PSOE contra la II República en octubre de 1934, así como a los condenados por declarar la independencia en Cataluña, a los que repusieron al frente del autogobierno catalán, autonomía que había sido suspendida por la II República. Lo primero que hizo Sánchez fue trasladar a los presos golpistas a cárceles controladas por la Generalidad. Y lo último que acaba de decir es que acepta realizar el referéndum que le exige el racista Quim Torra, la marioneta del cobarde Puigdemont. En sus primeros 100 días no ha parado de hablar de la momia de Franco mientras nos amenaza con una Comisión de la Verdad inspirada en la censura franquista.

A los pocos días de ser investido, atendiendo a las instrucciones que le había dado George Soros, ese gurú de la especulación financiera que se embarca en todos los tejemanejes que perjudiquen a las democracias occidentales, montó el pollo del Aquarius, provocando que ahora los inmigrantes ilegales se piensen que pueden asaltar nuestras fronteras igual que Sánchez tomó al asalto La Moncloa. Rectificando una decisión tras otra e incumpliendo todas sus promesas, Sánchez se ha centrado en enchufar a amigos y familiares y en convertir la radiotelevisión pública en TelePodemos. Y ahora está en cargarse el Senado para que no le puedan vetar las brutales subidas de impuestos con las que nos pretende masacrar, mientas acerca a los etarras presos no arrepentidos a la casa de sus papás.

100 días en los que ha hecho lo que le ha dado la gana sin oposición, con el PP enfangado en sus primarias y C’s más perdido que Pablo Iglesias en una peluquería, quitando lazos amarillos mientras Sánchez devuelve favores a los que le consiguieron su pensión vitalicia y el puestazo para Begoña, la del curriculum ‘fake’. Esta oposición que tenemos parece más interesada en que se agote la legislatura que el propio Sánchez, unos porque necesitan tiempo para intentar que se olviden sus escándalos de corrupción y los otros para que no nos acordemos de que firmaron con Sánchez un pacto de investidura. Vamos a tener que organizamos solos para salir en masa a la calle exigiendo unas elecciones en las que meterle al ‘okupa’ una patada en el culo que lo sitúe en la órbita de Saturno. O le aplicamos a Sánchez un 155 popular o al Presidente por Accidente no nos lo quitamos de encima ni con aceite hirviendo.

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Nada más que hacer. -Cayetana Álvarez de Toledo/El Mundo-

El pasado miércoles Albert Rivera fue entrevistado en el programa Más de uno, de Onda Cero. Las redes y los periódicos replicaron sus declaraciones sobre la exhumación de Franco -qué feas las formas de Sánchez y qué bonito Arlington-, y así muy pocos repararon en lo que el presidente de Ciudadanos dijo sobre la retirada de lazos amarillos de las calles y plazas de Cataluña. Fue en respuesta a una pregunta y dos repreguntas del periodista Arcadi Espada, que, como se ha visto, ha decidido pasar de las palabras a los hechos. Este es un resumen de su intercambio:

-Quiero preguntarle si ha retirado lazos. Y, en caso afirmativo, si piensa seguir haciéndolo o, en caso negativo, si piensa empezar a hacerlo.

-No, hasta la fecha no he retirado ningún lazo. Los están retirando, efectivamente, algunos compañeros de Cs, que se han hartado, y algunos ciudadanos de a pie. Pero no deberían ser ellos los que lo hagan, sino el Estado. […] Yo lo único que pido es amparo a España […].

-Pero, señor Rivera: ¿Va usted a retirar lazos?

-Espero que no haga falta y que lo haga el Estado. No tendría mucho sentido que tuviéramos que hacerlo nosotros. Por tanto, para no entrar en esa lógica de Orwell, surrealista, yo reivindico que el Estado haga su papel […].

-Es que, señor Rivera, su partido ha llamado a los ciudadanos a retirar esos lazos. A mí personalmente me parece muy bien que lo haya hecho. También se lo parece a la fiscal general del Estado. De ahí mi insistencia. Si un partido liderado por alguien llama a retirar lazos, ¿por qué su líder no retira lazos?

-Le he dicho que hasta ahora no he retirado ninguno. Yo me dedico a otras cosas, no sólo a retirar lazos. Y espero que el Estado lo haga, porque, además, claro […]

Rivera siguió hablando, de Cataluña, de Baleares, del Estado, de las instituciones. Y a mí se me enfriaron el café y el cuerpo. Esta frase: «Yo me dedico a otras cosas…». Sentí el viejo desamparo de los momentos más flácidos de Rajoy, diez veces acentuado por las circunstancias.

Estamos incluso peor que hace un año, víspera de los plenos golpistas del 6 y el 7 de septiembre. En Cataluña manda una facción puramente fascista en sus fines y medios: agenda supremacista, eliminación de la disidencia, obscena politización de la policía. En el conjunto de España hace, y sobre todo deshace, un narciso carente de cualquier escrúpulo histórico o democrático. Y la Oposición, que es la misma en un sitio y otro, parece tener miedo. Sí, miedo.

Luna de oro, grande bellezza romana, la conversación va y viene sobre la degeneración de la política en Italia y España. Un amigo, estival y neoyorquino, pregunta: «Pero, a ver: más que quitar little yellow ribbons, ¿no deberían los partidos de la Oposición y las plataformas cívicas centrarse en el fondo del asunto, en lo realmente importante?». A ver si lo explico: los lazos son el fondo. Y ya ni siquiera por lo que dicen -«la España constitucional es en realidad una dictadura judicial»-, sino por lo que hacen: convertir el espacio público catalán en el coto privado del nacionalismo.

Es decir, liquidar la democracia, que es la voluntad y la decisión de vivir juntos los distintos. Cierto, el nacionalismo nunca ha sido especialmente respetuoso de la pluralidad ideológica. Understatement. Pero lo que estamos viendo, y los demócratas en Cataluña padeciendo, inaugura una fase sórdida, por sucia y por peligrosa.

El tuit del alcalde de L’Ametlla de Mar sobre Espada y sus amigos -«enganchados y denunciados siete bichos»- no es un arrebato ni una anécdota. Es la expresión de una categoría con probada capacidad de devastación. Recuerdo ahora lo que me dijo hace poco otro neoyorquino, Jonathan Haidt, autor de The Righteous Mind: Why Good People are Divided by Politics and Religion, de próxima publicación en español: en política, el asco es mucho peor que el cabreo. El cabreo tiene remedio y hasta vuelta atrás. El asco no admite negociación. Cuando una autoridad pública califica a un grupo de ciudadanos como bichos, la democracia amenaza ruina. Porque el calificativo lo justifica todo. Primero, la retención ilegal. Luego, la revelación de datos policiales. Después, la mentira y su viralización. En el núcleo, la violación de derechos fundamentales. Y, en el horizonte, la violencia. Siempre, ineludible, la violencia. Porque a un insecto, ¿qué se le hace? Aplastarlo. Salvo que se defienda.

Frente a la aniquilación de la democracia no cabe el miedo. Tampoco el miedo responsable. «Tenemos la obligación de rebajar la tensión, de evitar una confrontación civil». Cuántas veces he oído esta frase en boca de dirigentes del Partido Popular, de Ciudadanos o incluso de Sociedad Civil Catalana. Este ejercicio de autocontención, en apariencia inteligente y civilizado, obvia un hecho desagradable pero elemental: el conflicto civil es preferible a la dictadura. Sin ir más lejos en el tiempo -Alemania- o en el espacio -Venezuela-, preguntémonos qué hubiera pasado hace un año sin las porras de la policía, el discurso del Rey y la movilización del 8 de octubre. Es decir, sin la asunción del conflicto como alternativa inevitable a la derrota de la democracia por incomparecencia.

Ciudadanos anunció ayer una concentración en el lugar donde el sábado una mujer sufrió una doble paliza xenófoba. El PP catalán va a abrir una oficina de asesoramiento para personas agredidas por quitar lazos. Siempre correctos y, sin embargo, nunca proactivos. Rivera, Arrimadas, Casado, Albiol: no tienen nada más importante ni más urgente que hacer que liderar, en persona, sobre el terreno, los pies en la calle, las manos llenas, la cara descubierta, la retirada de lazos amarillos de la faz pública de Cataluña. Incluso deberían hacerlo juntos.

Para irritación de los nacionalistas, para amparo de los demócratas y también, qué remedio, para oprobio definitivo del PSOE y el PSC. Éste es el gorgorito de Miquel Iceta en respuesta a la escalada de violencia contra los constitucionalistas: «Condenamos toda agresión, toda intimidación, toda violencia, toda muestra de intolerancia, sea quien sea la víctima, sea quien sea el causante, sea cual sea el pretexto».

Y todavía queda gente que lo llama equidistante. Es el gran burro de Troya de la democracia. El que, con su cinismo revestido de algodón, está permitiendo que la patología que exhiben muchos catalanes se traslade del hígado a la cabeza. Lean, relean y difundan masivamente el comentario del escritor Quim Monzó sobre la mujer golpeada en la Ciudadela: «Justo el tabique nasal, vaya por Dios. Pero hay remedio: se puede sustituir por otro de platino, como hizo Frank Sinatra».

Ese glorioso sentido del humor, esa delicadísima alusión a la cocaína, tan sutil como la que Monedero escupió sobre Rivera. Este es el mainstream nacionalista, su catadura intelectual y moral. Combatirlo ya no es una opción política sino un mandato democrático.

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