Archivo de la categoría: Cataluña

Ilusos e ilusos. -Hermann Tertsch/ABC-

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«Escándalo democrático» -Luis Ventoso/ABC- 

Lo es, sí, pero en sentido contrario al que ellos dicen

A la vista de indicios palmarios de delito, un juez de Barcelona ordenó ayer a primera hora de la mañana varias redadas para desmantelar la logística del referéndum ilegal que pretende organizar el Gobierno insurrecto de la Generalitat. La Guardia Civil, pues por desgracia parece que los Mossos ya no son fiables a la hora de velar por nuestra legalidad, actuó en consecuencia. Los agentes registraron almacenes en polígonos industriales, hallando en uno de ellos nueve millones de papeletas listas para la consulta. También se personaron en las oficinas de cuatro consejerías del Gobierno catalán, toda vez que desde ellas se estaba tramando la inteligencia y plan de acción del referéndum. En la operación hubo una docena de detenciones, como tantas veces en cualquier país democrático del mundo cuando se está combatiendo un delito grave (o a veces no tan grave).

La reacción del orbe independentista fue iracunda. El tono general de su crítica se resume en una frase de Ada Colau. A su juicio, la actuación del juzgado de Barcelona supone “un escándalo democrático”. No. Lo que sí constituye un escándalo democrático es aprobar dos leyes con métodos golpistas y un procedimiento exprés para establecer una presunta nueva legalidad catalana, que deroga la del Estado, desoyendo además las advertencias de los juristas de la propia Cámara y pateando el Estatuto de Cataluña. Escándalo democrático es utilizar las oficinas del Gobierno catalán, desde donde debe atenderse a todos los catalanes, del primero al último, para ponerlas al servicio de un proyecto separatista que ni si quiera cuenta con el apoyo mayoritario de la población. Escándalo democrático es estafar al pueblo catalán, invocando supuestas normas internacionales que justificarían la autodeterminación, cuando en realidad solo rigen en situaciones coloniales; o fabular asegurando que una Cataluña independiente seguiría en la UE, algo que la organización ha negado hasta el hartazgo; o mentir con la facundia impúdica y reincidente de Junqueras, quien anteayer aseguró que la intervención de las cuentas de la Generalitat había quedado en suspenso por orden del Supremo, falacia que el alto tribunal negó en minutos.

Escándalo democrático es intentar romper un país del primer mundo, donde se disfruta de un régimen de libertades, sin respetar los cauces legales de ese Estado, algo que ni en sus peores sueños se les habría ocurrido a los independentistas quebequeses y escoceses, que actuaron siempre observando escrupulosamente los marcos constitucionales de Canadá y el Reino Unido. Escándalo democrático —y tufo nazi— es señalar a los concejales discrepantes con pasquines con sus fotos, cercar sus hogares, sumir en la angustia a sus hijos y familiares; acosar a directores de instituto y bedeles; o usar el dinero público de todos para comprar a la prensa local.

Por último, escándalo democrático sería que el Estado español se inhibiese y no actuase para defender los derechos y libertades de todos los españoles, poniendo coto de una vez, como se comenzó a hacer ayer, a lo que en realidad no es más que el mayor abuso golpista que ha sufrido este país desde el bochorno de Tejero.

Origen: «Escándalo democrático»

El día después. -Jesús Laínz/LD-

Quedan sólo dos semanas y los españolitos seguimos sin saber qué sucederá el 1 de octubre. No sabemos si los aguerridos capitanes separatistas mantendrán el ataque o si recularán ante riesgos legales, personales o económicos. No sabemos si el desesperante Rajoy y sus ministros cumplirán su juramento de cumplir y hacer cumplir la Constitución y el resto del ordenamiento jurídico. No sabemos si la pomposa declaración constitucional de que España es un Estado de Derecho será efectiva por una vez o si seguirá siendo una burla. No sabemos si las turbas separatistas verterán su odio por las calles o si escaparán corriendo por las alcantarillas como sus antecesores de 1934. No sabemos si los españoles reaccionarán o si seguirán sentados contemplando por televisión cómo su patria se desguaza por la voluntad de una banda de mediocres separatistas ante la bobalicona inoperancia de una banda de mediocres gobernantes.

Evidentemente, si España fuera un Estado de Derecho no cabría incertidumbre alguna de que lo único que puede pasar es el procesamiento de todos los responsables de la sedición. Pero hasta eso sería excesivo, pues si España fuese de verdad un Estado de Derecho no se habría podido llegar hasta esta situación, ya que los procesos se habrían ido celebrando a lo largo de los últimos cuarenta años contra todos los que, desde sus cargos escolares, funcionariales, mediáticos, policiales y políticos, han cometido todo tipo de delitos: prevaricación (art. 404 del Código Penal), desobediencia (art. 410), malversación (art. 432), obstrucción a la justicia (art. 464), rebelión (arts. 472 y siguientes), usurpación de atribuciones (art. 506), incitación al odio (art. 510.1.a), denegación de la prestación de un servicio público (art. 511), ultrajes a España (art. 543), sedición (arts. 544 y siguientes), resistencia y desobediencia a la autoridad (art. 556). Empezando por el honorable Jordi Pujol, jefe de los golfos apandadores.

Pero de lo que sí podemos estar seguros es de lo que sucederá el día siguiente: la claudicación ideológica ante los separatistas, el premio a los desleales, la disposición a darles la razón, la absolución a los totalitarios, el silenciamiento de las voces discordantes que todavía defienden la nación y el imperio de la ley; la rendición, en fin, ante los enemigos de la nación española. Como en 1978. Exactamente igual que en 1978.

Sobra la argumentación. Basta la simple enumeración de síntomas para sacar conclusiones aplastantes: Sánchez ofreciendo más autogobierno a Cataluña, Iceta defendiendo la inevitabilidad de la reforma federal, Rajoy abriendo la puerta a la comisión propuesta por Sánchez para reformar la Constitución. Y mil más.

Y hasta quienes, por su relieve y prestigio, dan un paso al frente contra la sinrazón separatista lo hacen impregnados de ella. Ahí está por ejemplo el libro escrito al alimón por Josep Borrell, Francesc de Carreras, Juan José López Burniol y Josep Piqué. El exministro socialista, tras reiterar que el presunto agravio fiscal es una “mentira permanente”, insiste en “crear un sistema federal con una distribución racional de gastos”. Como si el Estado de las Autonomías no fuese un modelo más descentralizado que cualquier Estado federal y como si, simplemente por llamarlo así, los gastos fuesen a ser distribuidos más racionalmente. Francesc de Carreras declaró que lo más viable es “construir una España descentralizada políticamente a través de la creación de un Estado federal en armonía con las distintas identidades que lo integran”. Como si España no fuese ya un Estado descentralizadísimo, como si los ciudadanos ansiasen mayor descentralización, como si la descentralización hubiese dado excelentes frutos y como si solamente mediante la federalización de España se pudiera armonizar sus “distintas identidades”. Juan José López Burniol, por su parte, considera que sólo hay dos soluciones para evitar enfrentamientos: “La independencia o un Estado federal en el que se reconozca la singularidad de cada comunidad autónoma y en el que rija una Agencia Tributaria compartida”. Como si la singularidad de cada comunidad autónoma no estuviese ya reconocida hasta el hartazgo, como si el problema separatista fuese un asunto de gestión de tributos y como si no se tratase del odio inoculado precisamente por un sistema descentralizado que ha puesto en manos de los separatistas todos los instrumentos para construir un gobierno totalitario dirigido al lavado de cerebro de las masas.

Además, ¿a qué viene tanto amor por un Estado federal, cuando los separatistas han dicho un millón de veces que no les interesa y que su objetivo es la secesión? ¿Acaso no se han enterado, por ejemplo, de esta declaración de Joan Tardà?

En 2003 hicimos los tripartitos para normalizar el independentismo y fue un éxito. El 2004 hicimos la investidura de Zapatero porque decíamos lo siguiente: como los independentistas sólo somos el 12% y, aunque no nos guste, tenemos que sacrificar una generación, y que no sean dos, vamos a hacer con la izquierda española una parte del viaje hasta la estación federal. Cuando lleguemos al estado federal español la izquierda española bajará del tren y nosotros continuaremos hasta la estación final, que es la república de Cataluña.

Por no hablar de Josep Piqué, que ha declarado que “ha sido un error dejar los medios de comunicación en manos de la Generalitat”. ¡Brillante deducción! Que un pirómano como Piqué, íntimo colaborador de un Aznar experto en bajarse los pantalones ante Pujol, venga ahora de bombero es un insulto a la decencia. Y además considera que habrá elecciones anticipadas y que “será necesario realizar muchos esfuerzos políticos”. Es decir, volver a bajarse los pantalones. ¡Marchando una de vaselina!

¿Cómo es posible que, tras mil evidencias del fracaso descentralizador, haya tantos empeñados en agravarlo aumentando la dosis? ¿Por qué la solución ha de ser siempre moverse en la dirección marcada por los separatistas? ¿Por qué no es posible plantear la construcción de un Estado unitario, eficaz, justo, que impida, por poner un solo ejemplo, el disparate denunciado ayer por unos editores obligados a hacer veinte ediciones diferentes de los libros de texto para adecuarlos a las exigencias de cada taifa?

¿No ha sido suficiente contemplar las instituciones autonómicas en rebelión contra el Estado del que forman parte? ¿No ha sido suficiente la utilización partidista de los medios públicos de comunicación? ¿No ha sido suficiente el derroche en bobadas aldeanistas? ¿No ha sido suficiente la inoperatividad y posible rebelión de la policía autonómica? ¿No ha sido suficiente el repugnante adoctrinamiento de los niños? ¿No ha sido suficiente la movilización totalitaria de las masas? ¿Todavía quieren más?

Hagámonos con una buena provisión de vaselina, queridos compatriotas. Gracias a nuestros políticos y opinadores, nos va a hacer mucha falta tras el 2 de octubre.

La Independencia del 3%

 

Muchos votantes tradicionales de la ya desaparecida CiU se siguen preguntando cómo un partido sostén de las clases medias, los sectores más acomodados y de mayor renta, defensora del orden social, las tradiciones –siempre catalanas, esto sí– y de un modo de vida conservador –aquel ideario de Macià de que el mundo ideal de todo catalán era aspirar a la «caseta i l’hortet»– podía embarcarse en un desafío tan descomunal contra el Estado y las instituciones democráticas españolas. Es uno de los grandes enigmas del «proceso», que sobrepasa al argumento siempre aducido por el partido fundado por Jordi Pujol: todo empezó con la sentencia del Constitución de junio de 2010 sobre algunos artículos del nuevo Estatuto. De aquellas reivindicaciones de una mejora del sistema de financiación hace tiempo que se dejó de hablar; ni siquiera estaba en la filosofía política del catalanismo el concierto económico a la vasca (Pujol lo rechazó en 1980: no quería estrenarse recaudando impuestos) y, más recientemente, en octubre de 2013, CiU despreció una nueva financiación económica porque se trataba de un «cambio de cromos» para desactivar la consulta soberanista. El caso es que ahora, aquel partido moderado dispuesto a pactar con el PP o el PSOE está aliado con una agrupación anticapitalista y antisistema de diez diputados dispuestos a todo –y todo es todo– con tal de conseguir la independencia de Cataluña en dos días a partir del próximo 1 de octubre. En el tiempo, este desafío ha coincidido con el hundimiento de CiU por dos razones: sus errores políticos y una corrupción que carcomía las estructuras del partido; aquel célebre 3% que Maragall denunció –a buenas horas– en 2005. Hay que partir del hecho abundantemente recogido en las hemerotecas de que cada vez que se han investigado las cuentas de Convergència o ha habido un sentencia en firme la reacción ha sido la misma: sólo se trataba de una campaña del Estado, ni siquiera contra el partido, sino contra Cataluña. No tardará mucho en salir la sentencia en firme del «caso Palau», que destapó el sistema de financiación ilegal de Convergència a través de un desfalco generalizado de las arcas del Palau de la Música –señera institución de la mítica burguesía barcelonesa de hace un siglo– y del cobro de comisiones ilegales, lo que ha supuesto del desvío de 6,6 millones de euros, todo ello con el silencio o complicidad de la clase dirigente nacionalista. Ese mismo partido que se puso al frente con el entonces presidente de la Generalitat, Artur Mas, de un choque frontal contra nuestra democracia y que ha fracturado en dos a la sociedad catalana, es el que tiene embargadas 15 de sus sedes y se vio obligada a vender la central. Esa organización que ejercía un poder absoluto prefirió cambiar de nombre y mutar en PDeCAT antes de asumir sus responsabilidades. Y si algún decepcionado ponía en duda su honradez, siempre podía ofrecer a cambio su intachable historial nacionalista y estar dispuesto a llevarse por delante la Constitución, el Estatuto y las leyes que hiciesen falta con tal de demostrar su patriotismo. En el centro de todo este entramado patriótico-financiero está Artur Mas, un político que ha sido un verdadero desastre para su partido y, sobre todo, para Cataluña. El partido de Jordi Pujol no ha sido un buen ejemplo, empezando por su fundador, y sólo ha demostrado un sistema político amasado con un patriotismo clientelar en el que hasta las sentencias judiciales se ponen en duda. Mas deberá responder de estos desmanes políticos y financieros. Pasará a los anales de Cataluña haber ocultado sus desastres financieros atacando frontalmente a nuestro sistema democrático.

Origen: La Independencia del 3%

¿Referendum o no referendum? Esa no es la cuestión. -Daniel Ari-

El referendum catalán se va a celebrar. No tendrá las más mínimas garantías (lo dice hasta el propio Urkullu) y, por tanto, no tendrá validez legal, pero se celebrará. Se celebrará en algunos pueblos perdidos, en algunos locales de las grandes ciudades (en sedes de partidos separatistas, en recintos feriales, en puticlubs de carretera o donde se pueda, y con papeletas de verdad, hechas en casa o en notas post-it compradas a último minuto), pero se celebrará.

Y Mariano saldrá por segunda vez a decirnos que no hubo referendum. En sí mismo, el hecho de que se celebre esta performance con olor a sobaco y perfume de “voluntad popular” no reviste ninguna importancia. Pero es gravísimo en su contexto. Porque tanto el referendum como las leyes de sedición aprobadas de forma torticera en el Parlamento Catalán son actos testimoniales. Son los building blocks de los que se dotan los separatistas para legitimar su discurso de fait accompli, de hecho consumado.

Todo esto está ocurriendo en una región de España de la que el Estado se ha ausentado voluntariamente durante décadas, en la que el gobierno español ha dejado que los separatistas se enseñoreen e impongan sus políticas de exclusión social, de persecusión de los castellanohablantes, de adoctrinamiento en el odio a España a través de medios y escuelas pagados con los impuestos de todos los españoles. No nos están quitando Cataluña los separatistas catalanes;nos la llevan quitando durante décadas gobiernos corruptos dispuestos a dejar que se fragmente España con tal de aferrarse al poder.

Y, por desgracia, no se trata únicamente del País Vasco y Cataluña. El cáncer se extiende por toda España a velocidad de vértigo.Se extiende el cáncer con la ayuda del Estado, con la acción decidida de las taifas (da igual si están en manos del PSOE que del PP o algún partido nacionalista y comunista), a las que el Estado ha ido fortaleciendo porque forman parte del mismo negocio,y con la participaciópn activa o la cobardía de una población que prefiere mirar para otro lado o adherirse activamente a la religion del perroflautismo, predominante en España. Entre todos la hemos matado y ella sola se ha muerto.

No, la performance del referéndum del 1-O no es lo más grave. Lo más grave es cómo se van a rifar los jirones de la nación a partir del 2-O. No os quepe la menor duda de que se la comerán a dentelladas entre todos los actores de esta enorme farsa.

Es el epílogo inevitable de un proceso de demolición de lo que hace mucho que ya no es España, sino el Estado de las Autonomías. FIN

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Rajoy,camino de los corrales. -F.J.Losantos/LD- 

Cuando un político ayuno de moral, cobarde como sólo puede serlo un político, es incapaz de hacer frente al conflicto que él mismo ha creado,  lo que hace normalmente es huir.

Nos van a obligar a lo que no queremos llegar“, ha dicho Rajoy ante sus empleados del PP de Cataluña. Y en vez de ver la confesión de su cobardía, los medios ‘asorayados’ y también los melancólicamente leales a esta pobre Nación que nadie defiende y a esta Constitución que todos vulneran, lo imaginamos como el indicio de fortaleza de un Gobierno que es sólo la emanación perpleja de la resbalosa condición de su presidente.

En realidad, lo que estaba confesando Mariano es que hasta ahora no ha querido llegar a lo que sólo la tozudez de ‘Cocomocho’ puede obligarle a hacer, que es defender la legalidad en Cataluña. Porque nadie duda de que la reacción del gobierno este viernes tras la humillación pública del jueves en el arranque de campaña de los separatistas, que fue una burla a todas las instituciones, se ajustará a la más estricta legalidad. Pero tampoco ignora nadie que este “golpe de Estado a cámara lenta” lleva cinco años en cartel, y que hace casi dos tuvo lugar otro referéndum tan ilegal e ilegítimo como el de ahora y ante el que el Gobierno de Rajoy, este mismo Gobierno y este mismo Rajoy, no hicieron absolutamente nada: ni prevenirlo, ni castigarlo.

La cosecha de Rajoy: ni miedo ni vergüenza

Si en el parlamento de Cataluña se ciscan en todas las leyes, sean de ámbito europeo, nacional, regional o de la propia cámara, es precisamente por el precedente de estos cinco años de impunidad con Rajoy. Es verdad que la tienen desde Suárez, pero ni siquiera en tiempos del infame Zapatero se habían producido actos tan zafiamente despóticos, tan obscenamente antiespañoles, tan acostumbradamente impunes como los que hemos visto.

Sin la doctrina de que “lo único importante es la economía” sin el dogma de que “lo que hace falta en Cataluña es diálogo”, sin el principio de financiar a los medios podemitas, aliados con los separatistas en el mayor desafío a España en varios siglos, ni los bandarras de la CUP ni los zuavos de Godó, ni la Gabriel ni el Juliana se hubieran atrevido a tanto. Y, de atreverse, habrían sido reprimidos por los mismos motivos que Rajoy, a quince días del referéndum, confiesa que no quiere emplear y que son los que la Ley pone a disposición de cualquier Gobierno y le impone aplicar.

La paradoja aparente es que los golpistas catalanes están siendo tan zafios que pueden empujar a la acción a su cómplice habitual por inacción. Sin embargo, no nos alegremos: lo que Rajoy confiesa es que no quiere de ninguna manera aplicar la Ley, que se niega a defender los derechos de todos los españoles, catalanes incluidos, salvo que le obliguen mucho, y aun así, poquito. En realidad, les está pidiendo, por favor, una coartada para no hacer nada, les implora que no le obliguen a moverse, les suplica que no le empujen a ejercer de presidente del Gobierno. Él ha venido a este mundo para presidirlo absolutamente todo, pero para gobernar absolutamente nada.

El pañuelo verde de la moción de censura

En los toros, cuando un toro es manso de solemnidad, burriciego, reparado de la vista, descordado, derrengado o inválido para la lidia, el presidente saca un pañuelo verde para que lo devuelvan al corral, tarea que los bueyes de la plaza realizan con lento esfuerzo, salvo los de Florito en las Ventas, que han alcanzado tal virtuosismo que apenas han salido al ruedo y ya se están yendo de él como abrazando al toraco, obediente como un ciudadano ante un inspector de Hacienda o un político ante La Sexta. Si los antitaurinos supieran algo de lo que odian, irían a las Ventas en otoño para contemplar el soñado espectáculo de un toro cinqueño, típico de la limpieza de corrales al fin de temporada, que al poco de salir al ruedo, sin recibir una vara, es devuelto a la penumbra del corral para acabar como cualquier ternera en el matadero, de un tiro en la testuz, degollamiento u otra forma de pasaportar el ganado vacuno para la alimentación humana.

Me parece que Mariano no llega a la Feria de Otoño de este año, pero Simón Casas, muy atento a estos detalles, puede remitirle un DVD con cualquier devolución de un toro a los corrales para que sueñe despierto. ¡Qué mayor ventura para un manso que imaginarse en manos de Florito y su punta de bueyes, de vuelta a la rumia del corral y al pienso garbancero! El papel del presidente le toca al Rey, tan desairado y agredido por Rajoy en estos dos años de regobierno, pero siempre atendiendo a la opinión del veterinario y a la del público venteño, que recita el Reglamento en arameo.

Y en este caso, el reglamento de las Cortes, belén en que ven la luz los presidentes de gobierno españoles, es cristalino: si se presenta una moción de censura con cincuenta escaños detrás y un candidato alternativo a la Presidencia, se paraliza la acción de Gobierno hasta que las Cortes voten si echan o dejan seguir al presidente censurado. Vimos hace poco una versión demediada del trámite, la charlotada de Irene y Pablo cuando eran -creo que siguen siendo- Pablo e Irene, sin otro éxito posible que el de salir mucho en las televisiones amigas, que, Soraya mediante, son todas. Esta vez, la cosa es distinta. A partir del 2 de octubre, el PSOE se verá empujado por Podemos y ERC a aceptar la presidencia del Gobierno para pactar los términos de la liquidación de España mediante una reforma de la Constitución limitada a un punto: apuntillar la soberanía nacional y acabar con la igualdad de los ciudadanos ante la Ley. Eso sí, mediante el diálogo. Mucho diálogo, venga diálogo, será por diálogo, diálogo por la izquierda con guiños al centro, diálogo a lo círculo ecuestre y a lo cumbayá, diálogo para reescribir en el papel de la Ley con el agua que acabará con el papel.

Ya es muy difícil, por no decir imposible, que Rajoy pueda vadear en estas dos semanas el Río Rojo, o sea, el Llobregat según la CUP, que se ha llevado aguas abajo, en su tempestuosa crecida, a todo el rebaño nacional. El ganadero Mariano nos aseguró que tenía todo preparado para cuando los golpistas atacaran. Y la opinión pública, más pastueña que los cornilargos, lo creyó. ¿Cómo no creer a un Gobierno que dispone de todos los resortes para impedir un delito cuando dice que está preparado para hacerlo? Pero, a la hora de la verdad, cuando ha empezado la campaña electoral golpista, no tenía preparado absolutamente nada.

El alarde de la Fiscalía llamando a declarar a cientos de alcaldes enardecidos o atemorizados ante el referéndum golpista del 1 de octubre, mientras deja libres a los que los enardecen o atemorizan, de ‘Cocomocho’ a Godó y Roures, de la trama institucional a la mediática, más importante la segunda que la primera y ambas más importantes que la municipal, nos ha demostrado en su precipitación lo que deberíamos haber supuesto. Los que no han hecho nada durante seis años, los que han dejado que se pudra la situación hasta extremos de humillación inimaginables, los que financian desde hace cinco años el proceso golpista que decían combatir, ¿cómo iban a frenarlo en veinte días? No tenían nada previsto porque, sencillamente, se negaban a pensar en un asunto tan desagradable, tan violento, tan contrario a la mansedumbre proverbial de la ganadería de ‘Don Prudencio Galbana’.

El Pacto de Can Roures

Y la moción de censura que ‘Pablotov’ y ‘Junquertropp’ urdieron en la dacha de Roures para hacer presidente a Pedro Sánchez a cambio de que Podemos apoye el referéndum separatista -y ahí está Colau apoyándolo- y ERC le permita permitírselo a un Gobierno del PSOE que acabe con la soberanía del pueblo español y la trocee a gusto de los nuevos señores feudales nacionalistas es el pañuelo verde que le permite al ejemplar de la dehesa ‘El Charrán’, antes ‘La Gaviota’, volver al corral por imperativo legal.

Tengo la impresión, casi certeza, de que aunque los tres mil agentes del CNI le dijeran que faltan dos días para que se presente una moción de censura PSOE-Podemos-ERC-Etc y debe disolver las Cortes y convocar elecciones antes de que lo manden a su casa, Rajoy se hará el sordo y se irá a su casa, tras protagonizar, eso sí, lo que imagina un gran final de su larga carrera política: culpar a los que lo echan del Gobierno que lo hacen para destruir la nación y la Constitución, ¡como si él las hubiera defendido!

Cuando un político ayuno de moral, cobarde como sólo puede serlo un político, es incapaz de hacer frente al conflicto que él mismo ha creado, lo que hace normalmente es huir. Si en vez de irse por su propio pie a Cartagena, como Alonso XIII, o de dimitir como Casares Quiroga y Portela Valladares en 1936, la Oposición le brinda la oportunidad de irse sin tener que hacer otra cosa que someterse a una sesión de despedida, Rajoy se irá.

Creo que incluso aunque protagonizara esta semana el arreón del manso, que embiste y cornea cuando nadie lo espera, la situación está tan deteriorada que dentro de quince días los medios de Soraya pedirán que se una al PSOE o que lo deje gestionar la crisis catalana. Y Mariano dirá que, antes de unirse al PSOE, se va a su casa, porque él no tiene apego al cargo, puede presumir de limpia trayectoria y prometió defender la unidad de España y la Constitución y así lo ha hecho, pero no quiere ser un obstáculo para la paz civil. Que él cree que la Izquierda se equivoca, pero que ni él ni el PP van a impedir que otros intenten lo que a él no le han dejado intentar.

Entonces llegará, casi por consenso, la moción censora, y Rajoy será censurado, o sea despedido. Se sacudirá la arena de las zapatillas al dejar el ruedo parlamentario… Y se irá. El que venga detrás, que arree.

Origen: Libertad Digital

Si el 1-O un Estado… -Arcadi Espada/El Mundo- 

El fiscal Romero de Tejada ha entregado al jefe de la policía catalana unas instrucciones de una gran claridad acerca del referéndum. A partir de ahora la policía debe impedir su celebración, bien preventivamente, incautando papeletas, urnas y todo tipo de material vinculado, bien en el momento en que el referéndum trate de ejecutarse. La actividad jurídica en torno a la policía está dando lugar a un epatante debate sobre la posibilidad de que haya contradicción entre las órdenes del fiscal y las que dicten las autoridades autonómicas. Naturalmente, tras recibir las instrucciones del fiscal el jefe de la policía ha cumplido la primera, que es la de distribuir las instrucciones entre los miembros del cuerpo. No es descartable que algún policía no las cumpla ni tampoco que alguna autoridad política dé instrucciones de incumplirlas. Tanto las autoridades como los policías saben el riesgo que corren. Y los policías, en concreto, saben también que desde Nüremberg hasta el 23-F la obediencia debida no rige ante actos ilegales. Como dijo el Estatuto del Tribunal Militar Internacional: “El hecho de que el acusado haya obrado según instrucciones de su gobierno o de un superior jerárquico no le eximirá de responsabilidad”. Hay personas que plantean con pío desgarro de vestiduras el escenario en que la policía impide la celebración del referéndum. Es llamativo que nunca se desgarren imaginando el escenario alternativo: esto es que la policía desobedezca a los jueces y al gobierno del Estado y facilite la acción de la turba.

Las especulaciones sobre lo que sucederá el primero de octubre deben reducirse a una. Si esa noche el todavía presidente Puigdemont aparece ante las televisiones y dice: “El referéndum, aun con algunos incidentes y una mengua en la participación causada por la intolerancia del Estado, bla, bla…, ha podido finalmente celebrarse y ha dado el aval a la independencia, que será proclamada en los términos correspondientes a la ley de transitoriedad, bla bla…”, el Estado de Derecho se habrá acabado en España y el principal responsable de aplicarlo habrá de asumir de inmediato sus responsabilidades. El Estado no tiene otra alternativa que la de impedir que la comparecencia nocturna de Puigdemont se produzca en esos términos. Puigdemont debe aparecer en televisión como un vencido. Por lo que prefiera: “La intolerancia, la agresividad, la violencia de un gobierno que avergüenza a las democracias, bla”. Pero vencido.

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