Archivo de la categoría: Educación

Pensar va siendo cosa de fachas. -Cristian Campos/El Español-

Pongamos que pertenece usted a alguna de las tribus que forman la nación ideológica conocida popularmente como “la derecha”. Da igual si es usted conservador, liberal, libertario, tradicionalista, centrista, plutócrata, aristócrata, warmonger, librepensador, católico de derechas, derechista puro y duro o un poco facha, que de todo tiene que haber en la viña del Señor.

Qué demonios: hasta podría ser usted un poco socialdemócrata, ahora que la chavalada de la izquierda regresiva ha decidido que todo aquello situado a la derecha de los campos de reeducación ideológica, los supermercados desabastecidos, los quirófanos en los que no viviría ni una cabra, la propiedad colectiva de los hijos, las inflaciones inferiores al 500% y la apología de la okupación, del velo, del terrorismo y de los linchadores de Alsasua es casta enemiga del pueblo.

Pongamos, en resumen, que tiene usted más de quince años.

Pues bien. Está usted de enhorabuena. En función de sus neuras y humores matutinos, podrá usted leer a Arcadi Espada, Emilia Landaluce, Félix de Azúa, David Gistau, Jorge Bustos, Berta González de Vega, Arturo Pérez-Reverte, Fray Josepho, Juan Claudio de Ramón, Cristina Losada, María Blanco, Enrique García-Máiquez, Ferrán Caballero, José María Albert de Paco, Cristina Seguí, Ricardo Dudda, Gregorio Luri, Daniel Ari, Juanma del Álamo, Jorge Vilches, Miguel Ángel Quintana Paz, Jordi Bernal, Daniel Rodríguez Herrera, Carlos Rodríguez Braun, José García Domínguez, Hugues o, sin salir de esta misma casa, a José Antonio Montano, Rafael Latorre y David Jiménez Torres. También podrá leer de forma habitual, y sin que haya que darle las sales o abanicarle el cogote después, a gente inteligente como Manuel Jabois, Javier Marías, Juan José Millás, Aurora Nacarino-Brabo e incluso a la gente de Politikon, que ya es decir. Me dejo a docenas.

Es cierto que pocos de ellos aceptarán la etiqueta de “derechista” de buena gana. Si acaso, alguno se dejará colocar la de “socialdemócrata” por aquello del romanticismo pijo de las causas perdidas. Pero no se engañen. Todos ellos son burgueses de ley y orden por desarmarizar, es decir gente de derechas de toda la vida de Dios. También suelen escribir sin faltas de ortografía, lo que parece señal de un leve ramalazo meritocrático. Y lo que es más importante aún. Todos pueden ser leídos sin sentir vergüenza ajena.

Y todo esto sin salir de España. Porque si salimos de ella nos encontramos con Claire Lehmann, Theodore Dalrymple, Roger Scruton, Ayaan Hirsi Ali, Tom Nichols, Grover Norquist, Nassim Nicholas Taleb, Camille Paglia, Thomas Sowell, Jaron Lanier, Ibn Warraq o Yuval Noah Harari. Cito al buen tuntún por no repetir los nombres de siempre.

Y ahora pongamos que es usted de Podemos. Ya sabe. De Podemos.

Se levanta usted por la mañana y su gama de intelectuales y pensadores de cabecera va de Juan Carlos Monedero a Jordi Évole pasando por Ramón Espinar, el Gran Wyoming, Pablo Iglesias, Irene Maestre, Ada Colau, Máximo Pradera, Barbijaputa, Pablo Echenique, el Kichi, el Nega, Facu Díaz y los hermanos Garzón. El único equivalente que se me ocurre en el extremo contrario del espectro político es ese que se fue a Gibraltar a entrevistar a los macacos.

No es de extrañar, por cierto, que varios de ellos sean humoristas. Hay determinadas ideas políticas teóricamente serias que hay que explicar mediante chistes porque si las dices en serio se ríen en tu cara. No deja de ser paradójico.

¡Si al menos leyeran a Miliband (padre), Lukács, Rieff, Adorno, Hobsbawm o Habermas! No digo ya a Owen Jones, que es a Christopher Hitchens lo que el tres en raya al Gran Colisionador de Hadrones. Qué narices: me conformo con el fallero de Žižek o el tuercebotas de Alain Badiou, ambos seres profundamente equivocados pero, al menos, dignos de media vuelta de tuerca. Estoy dispuesto, en un alarde de magnanimidad y de rebaja de las expectativas, a comerme a Chomsky y a Naomi Klein. Miren si lo pongo fácil.

Pero no. Ni siquiera a esos leen.

¿Desde cuándo el antintelectualismo y el desprecio de la inteligencia, la propia y la del prójimo, son de izquierdas?

Ver artículo original:

VÍDEOS. Leyes LGTBI un peligro para nuestros menores. Desmontando la ideologia de género.

Desde hace meses las diferentes Comunidades Autónomas están desarrollando leyes, reglamentos y normativas, en las que supuestamente se pretenden defender los derechos LGTBI, encubriendo el verdadero motivo de dichas normas: LA DESTRUCCIÓN DE LA FAMILIA y EL ADOCTRINAMIENTO DE LOS MENORES.

Y no solo es eso, se trata además de otra maniobra mas para imponer la linea del pensamiento único dentro de lo que actualmente conocemos como “corrección política”, atacando de facto la  libertad de expresión pues estas leyes cercenan cualquier tipo de discrepancia, obligandonos a aceptar estas doctrinas como verdades únicas e irrebatibles.

A todo ello hay que añadir que se basan en falsedades, no tienen el menor rigor científico siendo totalmente CONTRA NATURA.

Desde este blog apoyo y me sumo al manifiesto de la

“Plataforma por las libertades”

Pinchar en el anterior enlace para leer y firmar, a quien le interese (al contrario que los totalitarios de grupos como el lobby LGTBI o partidos políticos como UNIDOS PODEMOS, auténtica chusma estalinista-bananera, entre otros y que, desgraciadamente, tampoco son combatidos por quienes deberian hacerlo, lease el Sr. Rajoy y sus acólitos, aquí no se obliga a nadie, la verdadera libertad consiste en decidir uno mismo libremente sobre tal o cual asunto) el MANFIESTO.


Así mismo es MUY INTERESANTE VER ESTOS OTROS DOS VÍDEOS editadoS por Yael Farache que ella misma presenta de esta manera y que se titulaN “Desmontando la ideología de género” y “Las niñas con pene y los niños con vulva”:

Ayer en Madrid empezó a circular un autobús pagado por un grupo cristiano y rotulado con el siguiente mensaje:

“Las niñas tienen vulva y los niños tienen pene. Que no te engañen.”

El mensaje del autobús era una respuesta a otra campaña de un colectivo LGBT que meses atrás puso anuncios en las marquesinas de las paradas de autobús con el siguiente mensaje:

“Hay niñas con pene y niños con vulva. Así de sencillo”

El Autobús De La Realidad ha causado una gran polémica. Los colectivos LGBT y los grupos de izquierda han acusado al autobús de ser un autobús de odio, un autobús transfóbico. Sin embargo el mayor logro del autobús quizás sea que ha conseguido unir a Podemos y al PP: Manuela Carmena prohibió la circulación del autobús por las calles de Madrid y Cristina Cifuentes ha enviado el caso a la Fiscalía por si fuese constitutivo de delito de odio.

De eso va mi vídeo de hoy, sobre lo sorprendente de que ahora se persiga a la gente detrás del Autobús De La Realidad por poner exhibir unos HECHOS y cómo los colectivos LGBT utilizan a los transexuales, los gays, las lesbianas y sus simpatizantes para sus fines políticos. Lo puedes ver por aquí:

Por cierto, la cosa es tan descarada que hablan en muchos casos de “incitación al odio”, bien, pues no se, pero ¿es mas “odio” decir que las niñas tienen vulva y los niños pene” que “vais a arder como en el 36” y cosas similares como dicen esos bolcheviques bananeros de PODEMOS?

A mi me parece que no, lo primero no es mas que UN HECHO REAL, BIOLÓGICO, CIENTÍFICO, lo otro es UNA CLARA AMENAZA DE VIOLENCIA.

Pues efectivamente, NO TE DEJES ENGAÑAR, NO A ESTAS ABERRANTES IDEOLOGIAS Y NO AL TOTALITARISMO DE LO “POLITICAMENTE CORRECTO”.

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Ramrock's Blog

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Desde hace meses las diferentes Comunidades Autónomas están desarrollando leyes, reglamentos y normativas, en las que supuestamente se pretenden defender los derechos LGTBI, encubriendo el verdadero motivo de dichas normas: LA DESTRUCCIÓN DE LA FAMILIA y EL ADOCTRINAMIENTO DE LOS MENORES.

Y no solo es eso, se trata además de otra maniobra mas para imponer la linea del pensamiento único dentro de lo que actualmente conocemos como “corrección política”, atacando de facto la  libertad de expresión pues estas leyes cercenan cualquier tipo de discrepancia, obligandonos a aceptar estas doctrinas como verdades únicas e irrebatibles.

A todo ello hay que añadir que se basan en falsedades, no tienen el menor rigor científico siendo totalmente CONTRA NATURA.

Desde este blog apoyo y me sumo al manifiesto de la

“Plataforma por las libertades”

Pinchar en el anterior enlace para leer y firmar, a quien le interese (al contrario que los totalitarios de…

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Maestras con hiyab y otros disparates. -Arturo Pérez-Reverte/XLSemanal-

De aquí a un par de años –si es que no ha ocurrido ya– saldrá de las facultades españolas una promoción de jóvenes graduadas en Educación Infantil y Primaria, entre las que algunas llevarán –lo usan ahora, como estudiantes– el pañuelo musulmán llamado hiyab: esa prenda que, según los preceptos del Islam ortodoxo, oculta el cabello de la mujer a fin de preservar su recato, impidiendo que una exhibición excesiva de encantos físicos despierte la lujuria de los hombres.

Ese próximo acontecimiento socioeducativo, tan ejemplarmente multicultural, significa que en poco tiempo esas profesoras con la cabeza cubierta estarán dando clase a niños pequeños de ambos sexos. También a niños no musulmanes, y eso en colegios públicos, pagados por ustedes y yo. O sea, que esas profesoras estarán mostrándose ante sus alumnos, con deliberada naturalidad, llevando en la cabeza un símbolo inequívoco de sumisión y de opresión del hombre sobre la mujer –y no me digan que es un acto de libertad, porque me parto–. Un símbolo religioso, ojo al dato, en esas aulas de las que, por fortuna y no con facilidad, quedaron desterrados hace tiempo los crucifijos. Por ejemplo.

Pero hay algo más grave. Más intolerable que los símbolos. En sus colegios –y a ver quién les niega a esas profesoras el derecho a tener trabajo y a enseñar– serán ellas, con su pañuelo y cuanto el pañuelo significa en ideas sociales y religiosas, las que atenderán las dudas y preguntas de sus alumnos de Infantil y Primaria. Ellas tratarán con esos niños asuntos de tanta trascendencia como moral social, identidad sexual, sexualidad, relaciones entre hombres y mujeres y otros asuntos de importancia; incluida, claro, la visión que esos jovencitos tendrán sobre los valores de la cultura occidental, desde los filósofos griegos, la democracia, el Humanismo, la Ilustración y los derechos y libertades del Hombre –que el Islam ignora con triste frecuencia–, hasta las más avanzadas ideas del presente.

Lo de las profesoras con velo no es una anécdota banal, como pueden sostener algunos demagogos cortos de luces y de libros. Como tampoco lo es que, hace unas semanas, una juez –mujer, para estupefacción mía– diera la razón a una musulmana que denunció a su empresa, una compañía aérea, por impedirle llevar el pañuelo islámico en un lugar de atención al público. Según la sentencia, que además contradice la doctrina del Tribunal de Justicia de la Unión Europea, obligar en España a una empleada a acatar las normas de una empresa donde hombres y mujeres van uniformados y sin símbolos religiosos ni políticos externos, vulnera la libertad individual y religiosa. Lo que significa, a mi entender –aunque de jurisprudencia sé poco–, que una azafata católica integrista, por ejemplo, acogiéndose a esa sentencia, podría llevar, si sus ideas religiosas se lo aconsejan, un crucifijo de palmo y medio encima del uniforme, dando así público testimonio de su fe. O, yéndonos sin mucho esfuerzo al disparate, que la integrante de una secta religiosa de rito noruego lapón, por ejemplo, pueda ejercer su libertad religiosa poniéndose unos cuernos de reno de peluche en la cabeza, por Navidad, para hacer chequeo de equipajes o para atender a los pasajeros en pleno vuelo.

Y es que no se trata de Islam o no Islam. Tolerar tales usos es dar un paso atrás; desandar los muchos que dimos en la larga conquista de derechos y libertades, de rotura de las cadenas que durante siglos oprimieron al ser humano en nombre de Dios. Es contradecir un progreso y una modernidad fundamentales, a los que ahora renunciamos en nombre de los complejos, el buenismo, la cobardía o la estupidez. Como esos estólidos fantoches que, cada aniversario de la toma de Granada, afirman que España sería mejor de haberse mantenido musulmana.

Y mientras tanto, oh prodigio, las feministas más ultrarradicales, tan propensas a chorradas, callan en todo esto como meretrices –viejo dicho popular, no cosa mía– o como tumbas, que suena menos machista. Están demasiado ocupadas en cosas indispensables, como afirmar que las abejas y las gallinas también son hembras explotadas, que a Quevedo hay que borrarlo de las aulas por misógino, o que las canciones de Sabina son machistas y éste debe corregirse si quiere que lo sigan considerando de izquierdas.

Y aquí seguimos, oigan. Tirando por la borda siglos de lucha. Admitiendo por la puerta de atrás lo que echamos a patadas, con sangre, inteligencia y sacrificio, por la puerta principal. Suicidándonos como idiotas.

Ver artículo original:

 Superchería de género -Jesús Laínz/LD-

Al parecer, Noruega es el país del mundo con más de eso que llaman igualdad de género. No es extraño, pues hace ya un par de décadas saltó a la prensa la por entonces sorprendente noticia –hoy ya no lo sería– de que autorizados progresistas de aquel país habían proclamado que orinar de pie es humillante para las mujeres por verse obligadas a hacerlo sentadas. Y así fue cómo empezó a estudiarse la posibilidad de obligar a los varones a hacer lo mismo. ¡De los vikingos a esto! O tempora, o mores.

Los años han ido pasando y la Humanidad sigue avanzando a grandes zancadas hacia la luminosa utopía progresista que la espera al final del arco iris. Y como el progresismo consiste en dar la espalda a la razón, a los hechos y a la naturaleza, no son pocos los espectáculos maravillosos que nos quedan por contemplar.

Ahora estamos entretenidos con lo de las niñas con pilila y los niños sin ella, novísimo dogma de fe que es conveniente acatar con religiosa unción para evitar toparse con la Santa Inquisición de la Corrección Política. Porque –nunca se olvide– dentro de cada progre hay un totalitario agazapado.

Pero regresemos a Noruega, la patria de Grieg, Ibsen, Hamsun y Amundsen. O tempora, o mores.

Porque su medalla de oro en disciplinas igualitarias se cuantifica, sobre todo, a partir del porcentaje de mujeres en cualquier campo laboral. Sin embargo, tan igualitaria medalla no reluce tanto como pudiera parecer a primera vista, pues la tan ansiada igualdad no se da por igual, valga la redundancia, en todas las profesiones. Por ejemplo, hay muy pocas mujeres en la construcción, así como entre ingenieros y otras ramas técnicas, mientras que muy pocos hombres se inclinan por el ejercicio de la enfermería. La explicación que dan los propios protagonistas es que a los hombres les van mayoritariamente los trabajos técnicos y a las mujeres aquellos en los que hay trato con personas. Por eso es más fácil encontrar hombres en los laboratorios que en las habitaciones de los hospitales, mientras que con las mujeres sucede lo contrario.

Otro detalle importante es que las estadísticas demuestran que esta división de sexos en los trabajos no ha cambiado en medio siglo a pesar de las mil y una campañas de igualización realizadas, como se explicó en un interesante documental emitido por una cadena noruega hace un par de años. Interrogados sobre este tema los profesionales de la igualdad de género –que de todo tiene que haber en la viña del Señor–, se empeñaban en que las diferencias no existen y en que las investigaciones científicas sobre las diferencias corporales e intelectuales entre el hombre y la mujer no tienen ningún valor.

Lo máximo que estuvieron dispuestos a aceptar estos altaneros profesionales de la igualdad es que, salvo en lo genital y en ciertas características corporales, los hombres y las mujeres son iguales en todo: sentimientos, emociones, intereses, inteligencia y capacidades. Y no cabe discusión. Si después los hombres y las mujeres se diferencian tan claramente en sus intereses intelectuales y laborales es debido a la educación y al ambiente, que les obligan a adoptar los papeles predeterminados para cada sexo. Si los niños y las niñas recibiesen exactamente los mismos estímulos desde pequeñitos, incluido el color de su ropa, tendrían exactamente la misma personalidad y los mismos intereses. Y a los estudios que obtenían resultados que no encajaban en el dogma igualitario los despachaban con gesto impaciente por mediocres o excesivamente especulativos.

Pero los autores del documental, insatisfechos con los dogmas proclamados por los sacerdotes igualitarios, cruzaron el Atlántico para entrevistar a los autores estadounidenses de un estudio realizado sobre este mismo asunto a cientos de miles de personas de cincuenta y tres países de todos los continentes. Y resultó que, a pesar de las inmensas diferencias culturales, religiosas, étnicas, sociales, familiares y económicas de los entrevistados, dicho estudio demostró que las materias que interesan a hombres y mujeres siguen siendo las mismas en cualquier parte del planeta, lo que demuestra que la cultura tiene bastante menos influencia que la biología. O sea, que las diferencias básicas no se adquieren, son innatas.

Experimento final: se fueron con sus cámaras y micrófonos al área de psicología infantil de un hospital de Oslo para observar las reacciones de bebés que, debido a su edad, eran completamente ajenos a cualquier posible influencia cultural, educativa y ambiental. En el suelo, juguetes de todo tipo. Soltaron a bebés de nueve meses, que fueron gateando entre los objetos. Las imágenes no engañan: los niños se sintieron atraídos mayoritariamente por los juguetes que se suponen que son para niños y las niñas por los de niñas.

Conclusión: los seres humanos nacemos con una clara disposición biológica y de comportamiento según nuestro sexo. Desquiciada época ésta en la que las ideologías, en concreto el asfixiante igualitarismo, hacen necesaria la elaboración de complicados estudios para constatar lo obvio. O tempora, o mores…

 

Origen: Jesús Laínz – Superchería de género – Libertad Digital

Penes, vulvas e ingeniería social. -Jorge Vílches/Vozpópuli-

Neuronaliberal

La reacción airada e insultante de los medios y de ciertos cargos públicos a un mensaje políticamente incorrecto es una prueba de la dictadura del pensamiento único. El establishment ha saltado de sus poltronas públicas o subvencionadas porque alguien –me da igual quién- ha emitido un mensaje–me da igual qué- distinto a la verdad oficial.

Es triste, pero el consenso socialdemócrata ha creado una sociedad de ciudadanos-niño donde la responsabilidad se ha depositado en el Poder. La verdad y la moral son dictadas a través de la legislación y las instituciones internacionales; esas mismas que controla el establishment. El individuo de Occidente, sometido al terrible Estado Minotauro que se retroalimenta, es un pobre personajillo orwelliano.

El ciudadano-niño se siente liberado de tener que asumir la responsabilidad de construir su propio futuro, tutelado de la cuna a la tumba, resguardado de los riesgos de la vida, y sin tener que…

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Las cosas en su sitio. -Epicteto/Vozpópuli-

No cabe la menor duda que es una bienvenida conquista de las sociedades modernas el respeto y la no discriminación hacia las minorías, sean estas de la naturaleza que sean y siempre que no contravengan frontalmente el ordenamiento jurídico vigente. No es razonable, por tanto, legislar sobre el derecho al exhibicionismo frente a una escuela, sobre la protección de la pederastia o sobre la subvenciones a asociaciones dedicadas a la explotación de menores mediante la mendicidad organizada.

En el caso de las conductas sexuales, cualquier persona sensata está de acuerdo que no deben ser ni punibles ni perseguibles (y tampoco producir discriminación social alguna) todas sus variedades imaginables en el ámbito de la libre decisión del ser humano adulto. La única condición que es lógico poner es la que se pone también a las conductas mayoritarias amparadas por la costumbre y la normalidad estadística. Y es muy simple: el respeto a los demás y el libre consentimiento de los implicados, supuesta su condición de adultos capaces. Y esta circunstancia, que reclaman con justeza las minorías, es lógico que se aplique también a éstas.

Es evidente la existencia natural en la especie humana de comportamientos homosexuales así como la disconformidad de ciertas personas con su sexo de nacimiento. En ambos casos, aún siendo conductas y sentimientos minoritarios, la sociedad debe aceptarlos con naturalidad y por supuesto evitar discriminaciones de cualquier naturaleza tanto en el ámbito social como en el personal. En el caso de la transexualidad, la sanidad pública debe atender debidamente los cuidados que exijan las peticiones de trasformación con criterios rigurosamente científicos.

El problema surge cuando se intenta trasladar a una legislación positiva (imprescindible para regular y hacer posible la protección del derecho a la no discriminación activa o pasiva) aspectos que desbordan la realidad de dichas minorías y que pretenden tener fundamento en la ideología mas que en la ciencia y en las reglas generales del derecho.

En este sentido es imprescindible que hablemos de la llamada ideología de genero. La idea de excluir de la condición sexual humana cualquier tipo de factor biológico no es posible sostenerla a la vista de lo que en la actualidad sabemos de la configuración biológica de los seres humanos que incluye también, por supuesto, su funcionamiento cerebral. Es cierto (y no puede ser obviado en ningún caso) que la influencia del ambiente en los primeros años de la vida actúa sobre dicha configuración biológica generando lo que llamamos identidad sexual. Pero es este un proceso dialéctico entre las dos grandes fuerzas que configuran la vida humana: la herencia genética y la influencia del ambiente.

Por tanto y en aras de la brevedad puede decirse con fundamento que el sexo de las personas (y el genero consiguiente que la sociedad les asigna) no tiene un solo origen sino que aparece configurado por tanto la biología como la acción de la sociedad en que se vive. La teoría radical de que el sexo y el genero son meros constructos sociales (lo que se denomina “constructivismo radical”) es claramente una tergiversación.

Aclarado esto nos encontramos con la reciente aprobación por la Comunidad de Madrid de ley 2/2016, de Identidad y Expresión de Género e Igualdad Social y no Discriminación de la Comunidad de Madrid –en adelante Ley LGTBI.

Sin entrar en que porcentaje esta ley atiende a lo que hemos llamado “ideología de genero” y si lo hace sin pararse en ninguna (y sin embargo necesaria) consideración critica acerca de la forma y manera en que una posición no demostrada (e incluso claramente errónea) puede y debe plasmarse en la legislación positiva, la Ley LGTBI plantea algunos problemas que se nos aparecen, en un análisis desapasionado, como potencialmente conflictivos. Estos aspectos son la inversión de la carga de la prueba y la inclusión en el sistema educativo publico de teorías respetables pero claramente fuera del ámbito de lo ciertamente demostrado por la ciencia. Es bien sabido que las teorías deben enseñarse pero como tales teorías y no como principios indubitables y que implican valores morales Y esto en el campo de la educación infantil es particularmente grave. (¿Qué diríamos sobre un proyecto que en la escuela publica plantease como único y verdadero el creacionismo radical y prohibiese hablar de la evolución?)

Todo parece indicar que la Ley LGTBI ha sido redactada bajo la prisa y las presiones de los grupos interesados y acabará siendo un ejemplo lamentable de una legislación con buenas intenciones y peor resultado. Defender la legitimidad y la dignidad de los grupos minoritarios en materia de conducta sexual es una causa respetable. Pero, al socaire de ello, pasar “de matute” ideologías arbitrariamente contrarias a la realidad de la vida humana es menos aceptable. Y si todo ello conduce a establecer privilegios vulnerando la igualdad ante la ley en aras de una pretendida “discriminación positiva”, aparte de un mal camino, es abrir la puerta a arbitrariedades sin cuento sin que eso ayude en absoluto a resolver el problema. Ya tenemos ejemplos claros en la aplicación practica en España de leyes parecidas, llenas de buenas intenciones, inoperantes en su efectividad y creadoras de auténticos disparates jurídicos de los que, no nos olvidemos, son víctimas personas inocentes.

Pero, con ser muy grave, no es esto lo mas alarmante: El empleo de la escuela como medio de adoctrinamiento (que no de fomento de valores de respeto) es algo que debería haber hecho pensar a los legisladores. Los niños (y sus padres) tiene derecho a que se les eduque en la tolerancia y en la no discriminación del diferente, pero una cosa es eso y otra la presentación, mas o menos solapada, de dichas diferencias como “lo normal “ o aun peor, como lo “deseable”. Aquí ha faltado debate sereno y sentido común.

Y que decir de todos aquellos aspectos que trasladan el problema al mundo de los preadolescentes. No entraremos en ellos en este momento por que merecen un análisis mas pormenorizado. Solo decir que espanta la “alegría” con la que el legislador entra en estos temas que ya no son solo educativos.

Un ultimo apunte de algo que debe entenderse como una primera aproximación a los problemas, carencias y desviaciones de la tan traída y llevada Ley LGTBI: la promesa y la posibilidad de que el dinero público sea usado para actividades propias de la propaganda y difusión, no del respeto y de la no discriminación, sino de la extensión y exaltación de ideas y posiciones muy particulares. Nada hay que objetar a que las minorías tengan y actúen a través de asociaciones semejantes, nada a que se manifiestan públicamente cuantas veces crean conveniente sin que lesionen el derecho de los demás a no participar obligatoriamente en sus ritos (y por tanto no invadan el espacio de todos de manera arbitraria) pero algo hay que decir cuando se destina dinero de todos a dichos aspectos, respetabilísimos insistimos, pero sectoriales que además tiene riesgo indudable de convertirse en sectarios.

Por eso desde la sociedad civil creemos merecer algún tipo de explicación sobre la gestión y los compromisos que esta Ley, aprobada por el actual gobierno de la CAM, ha impuesto a todos los ciudadanos que vivimos en ella.

Y seguiremos analizando con detalle sus contenidos al tiempo que observamos, también con detalle, su aplicación y consecuencias.

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