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Carrillo, invitado a contemplar Paracuellos desde el avión en que viajaba | Alerta Digital

Verdades Ofenden

José Antonio Crespo.-

En febrero de 1978, un periódico reprodujo esta anécdota: Don Santiago Carrillo, secretario general del PCE, viajaba en un avión en vuelo de Barcelona a Madrid. Cuando faltaban 15 minutos para aterrizar (…) por los altavoces, se escuchó el siguiente mensaje:

“Les habla el comandante. Dentro de breves minutos tomaremos tierra en el aeropuerto de Madrid-Barajas. Mientras tanto, les invito a que observen por la parte derecha del avión el histórico lugar de Paracuellos del Jarama, donde fueron fusiladas durante nuestra guerra civil siete mil personas inocentes. El que les habla es hijo de una de ellas. El que mandaba el pelotón de ejecución es uno de sus compañeros en vuelvo, don Santiago Carrillo Solares, sentado en la butaca 27-B”

(Carlos Fernández, Paracuellos del Jarama: ¿Carrillo culpable?, Editorial Argos Vergara S.A., Barcelona, 1983, p. 226).

vía Carrillo, invitado a contemplar Paracuellos desde el avión en que viajaba…

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¿Se repite la historia?. -La verdad ofende/La tribuna del País Vasco-

Tras anunciar, organizar, financiar, armar y ejecutar el golpe de Estado de octubre de 1934, el golpista PSOE pretendía tomar el poder en la II República, ganado en buena lid electoral por la derecha de Gil Robles, emulando así el golpe de Estado ejecutado apenas 17 años antes por Lenin contra el Gobierno Menchevique que trataba de configurar una incipiente democracia en Rusia.

Aquel golpe de Estado de los bolcheviques aupó al poder a Lenin. Organizados en “soviets” (círculos), los soviéticos pronto tomaron el control del ejército y eliminaron a dos millones de rusos que consideraban oposición. El llamado “Lenin español” y perdedor de las elecciones, Largo Caballero, (jamás ganó unos comicios), a la sazón secretario general del PSOE, caía preso tras alzarse contra la II República, con otros golpistas como el catalán de ERC Companys, dejando un saldo de miles de crueles asesinatos, asaltos a templos, quema de universidades, bibliotecas, saqueos y destrucción.

El envío de armas que había organizado Prieto (sus guardaespaldas causarán el magnicidio que provocó el inicio de la Guerra Civil), probaba la culpabilidad del PSOE en el golpe de Estado. ¿Por qué les cuento esto? En la campaña electoral de 1936, el eslogan reivindicativo de la izquierda fue “libertad de los presos”, hoy llamados “presos políticos” si son tus políticos los delincuentes. Aquel Frente Popular que asaltó el poder tras subvertir la democracia reventando las elecciones y manipulando las actas electorales, tras tomar el poder, liberaba a los asesinos golpistas sin esperar ni siquiera al decreto que después el gobierno firmó.

Aquel Frente Popular representó y aglutinó entonces a la misma izquierda que hoy ha dado el poder, tras una moción de censura por un caso de corrupción de 245.000 euros, al por dos veces perdedor de las elecciones Pedro Sánchez, a la sazón también secretario general del PSOE, a quien muchos llamamos ya “el Largo Caballero”.

El PNV no solo ha exigido a cambio de sus votos que no se deroguen los presupuestos del Gobierno saliente que le otorgan una jugosa mordida de 700 millones extras y poder manejar las inversiones en infraestructuras de Navarra, el viejo reino, donde ya ondea la bandera del PNV llamada “ikurriña”, que muy pronto anexionarán.
Quieren también, como exigen los etarras que conforman las listas de Bildu, la salida completa de la Guardia Civil del País Vasco, la cesión de las competencias de prisiones y el acercamiento de los asesinos de ETA a cárceles de Vascongadas, asesinos que no se arrepienten, no colaboran ni esclarecen los asesinatos, no han indemnizado, no han pedido perdón y se ufanan de sus crímenes, mientras son recibidos con vítores de heroicos luchadores del tiro en la nuca.

Los catalanes de ERC exigen a Sánchez la libertad del nuevo “Companys” y sus cómplices del 3%, cuya extradición es inminente si la justicia alemana finalmente respeta los acuerdos Schengen y aplica la euro-orden. Podemos, por su parte, además de exigir los ministerios de Defensa, Interior y el de Educación, quiere impunidad para sus agoreros del asesinato, quienes bajo el disfraz de truhanes juglares del siglo XXI o “raperos”, amenazan la vida del presidente de Actua baleares, Jorge Campos Asensi, mientras hacen apología del terrorismo o piden a gritos que se asesine a la Guardia Civil. Es el viejo crimen marxista leninista disfrazado de líricas prosas musicales.

Tras el cobarde asesinato de 2 tiros en la nuca del líder de la oposición D. José Calvo Sotelo, redactor de la primera ley de sufragio femenino bajo el Gobierno de Primo de Rivera, su compañero Gil Robles, a quien esa misma noche los guardaespaldas de Prieto buscaron sin fortuna en su casa para asesinarlo, relataba en Cortes: “Desde el 16 de junio al 13 de julio, inclusive, se han cometido en España los siguientes actos de violencia, habiendo de tener en cuenta los señores que me escuchan que esta estadística no se refiere más que ha hechos plenamente comprobados y no a rumores que, por desgracia, van teniendo en días sucesivos una completa confirmación: Incendios de iglesias, 10; atropellos y expulsiones de párrocos, 9; robos y confiscaciones, 11; derribos de cruces, 5; muertos, 61; heridos de diferente gravedad, 224; atracos consumados, 17; asaltos e invasiones de fincas, 32; incautaciones y robos, 16; Centros asaltados o incendiados, 10; huelgas generales, 129; bombas, 74; petardos, 58; botellas de líquidos inflamables lanzadas contra personas o casas, 7; incendios, no comprendidos los de las iglesias, 19. Esto en veintisiete días”.

Los comunistas de Podemos pedirán la libertad para los apologetas del asesinato; ERC, libertad e impunidad para los golpistas, y el PNV el indisimulado perdón y blanqueamiento de sus hijos políticos de ETA, los asesinos marxistas leninistas llamados falsamente “gudaris”. Quienes en 1931 trajeron la II República bajo el Pacto de San Sebastián, tienen a gala desde el minuto 1 de su existencia ser golpistas. Fue su primera decisión orquestar el pronunciamiento militar del capitán Galán en Jaca, detenido y fusilado, una medida ejemplar que la II República no aplicó al golpista Companys cuando dio su sangriento golpe de Estado, quien sin embargo si la aplicó en julio de 1936 con los alzados, acusados de ser “fascistas”.

Tras la no derogación de la ley de memoria histórica por un cobarde Rajoy, quienes contamos estos datos históricos pronto seremos procesados también por “fascistas” y nuestra culpa será relatar hechos tan indiscutibles como que el pronunciamiento militar de Franco fue la consecuencia del crimen marxista leninista que, desde el pacto de San Sebastián, el pucherazo del 12 de abril de 1931, el golpe de Estado de 1934 y la llegada del asesino y golpista Frente Popular, buscó sin un ápice de duda, como anunció Largo Caballero, la revolución bolchevique.

La violencia física siempre viene precedida de la violencia verbal, y créanme si les auguro que en estos tiempos turbulentos donde una izquierda tan corrupta como el PP, retorciendo las reglas democráticas toma el poder, cuando vea las sentencias judiciales que les condenan por sus crímenes de corrupción, se negarán a dejar el poder. Y a quienes protestemos nos señalarán y llamarán también fascistas por exigir lo que ellos hoy utilizan para tomar el poder.

Pero no olvidemos la causa real de este desastre. La corrupción de todo el Estado, desde las más altas instancias reales (la Corona) hasta lo más humilde, la clase obrera y sindical. Y lo que llevó al exilio a Alfonso XIII, hoy amenaza nuestra joven, imperfecta, corrupta, y aun así próspera monarquía democrática, una realidad con la que nuestro joven rey habrá de lidiar muy pronto.

España, tierra fértil de libertades civiles y hombres trabajadores, ve de nuevo amenazada su paz civil y prosperidad por dogmáticos ombliguismos marxistas de otra época, que rescatan viejos odios guerracivilistas y separatistas que no dudan en usar de modo maniqueo, como los casos de corrupción, para hacer estallar lo que llaman sin pudor el “régimen del 78”. Lo pagaremos.

“Cuando el sable esté enmohecido y el arado reluciente; las prisiones vacías y los graneros llenos; entonces estará la nación bien gobernada”

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La indocument… Ada Colau y el almirante Cervera . -Liberal Enfurruñada/OK Diario-

La Indocument… Ada Colau ha sacado el “Francomodín” para acabar la partida. El comodín de Franco, o facha, es esa carta que sacan los podemitas cuando se quedan sin argumentos para poner fin a cualquier discusión política. Si tú eres facha, ellos ganan. Si el almirante de la Armada española Pascual Cervera y Topete era facha se le puede quitar tranquilamente su nombre a la calle de la Barceloneta donde vivió Pepe Rubianes a quien se le ha otorgado el honor que no merece el almirante facha. Porque a eso han venido la indocumentAda Colau y todos los podemitas, a quitar nombres fachas de las calles y ponérselas a sus amigos, esos que se “cagan en la puta España”, con perdón.

Lo contó Pablo Iglesias en la presentación de un libro a finales de 2016. Dijo que fue criado junto a su madre por “dos mujeres obreras de Vallecas —su abuela y su tía abuela—, hijas de un paleto de Soria que tuvo que emigrar a Madrid para ser panadero”. “Mi tía abuela Ángeles sirvió en muchas casas fregando para otros, y ahora su nieto está en la tribuna del Parlamento cagándose en sus muertos, por decirlo pronto y bien”. No han llegado a las instituciones a hacer política, han venido a esto, a darle voz al resentimiento de una clase social a la que ellos no pertenecen, porque ellos son niñatos malcriados por papás burgueses.

Decir que el almirante Cervera era un facha es algo parecido a atribuir a Newton “la teoría de la relatividad” de Einstein, o asegurar que Ronald Reagan tuvo que dimitir a causa del Watergate, como han hecho Pablo Iglesias e Íñigo Errejón respectivamente. Es de una incultura descomunal. Porque el almirante Cervera falleció en 1909, diez años antes de que empezara el período de entreguerras en el que comenzó a surgir el fascismo. En 1909 Benito Musolini todavía era miembro del Partido Socialista Italiano, luego difícilmente podría ser fascista el almirante Cervera. Pero además de ignorancia también es una muestra de odio a España. Lo que sí fue Pascual Cervera es un héroe de la armada que defendió a España de EEUU en la guerra de Cuba, por lo que hasta Fidel Castro tiene palabras de elogio hacia su memoria.

Almirante de la armada española significa facha, porque lo dice Ada Colau. Y porque eso le viene bien para cambiar la placa de su calle y ponérsela a Pepe Rubianes, que ese sí que no fue facha. Rubianes era un pésimo actor gallego que consiguió ganarse la vida reconvirtiéndose en independentista catalán, un ejemplo para todos esos que llaman revolución de las sonrisas a su discurso de odio y acoso contra los que piensan diferente. En un programa de máxima audiencia en TV3 Pepe Rubianes dijo: “A mí la unidad de España me suda la polla por delante y por detrás. Y que se metan a España ya en el puto culo, a ver si les explota dentro y les quedan los huevos colgando en los campanarios. Que se vayan a cagar a la puta playa con la puta España. Que llevo desde que nací con la puta España.” A éste le han puesto la calle. Los jueces consideraron que esas palabras no eran delito de odio sino libertad de expresión y casi… arte. Yo soy tan respetuosa con la libertad de los demás para insultarme a mí, como espero que sean los demás con mi libertad para opinar sobre todos los malnacidos hijos de Satanás que han votado a esta gentuza que no son más que excrementos de gallina vieja. Iletr… Ada Colau.

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Ley de memoria histórica: el acabose. -Ramón Pérez-Maura/ABC-

Melancolía produce el ver que cada día tiene menos influencia en los políticos lo que se escribe en los periódicos y lo que opinan sus compañeros de filas más experimentados. Esta semana hemos tenido una prueba verdaderamente irrefutable. El pasado martes, don Marcelino Oreja Aguirre, exministro de Asuntos Exteriores, exsecretario general del Consejo de Europa, excomisario europeo, presidente de honor de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas –casi nada– publicaba en estas páginas una luminosa Tercera sobre la Ley de la Memoria Histórica que concluía con un párrafo inequívoco y perfecto compendio de lo que antecedía: «La Ley de Memoria Histórica es una falsedad, un grave error y un mal servicio a España. Estas son mis convicciones en las que deseo permanecer fiel en lo que me queda de vida».

Ese mismo día, el Parlamento de Baleares, aprobaba su propia ley de memoria histórica. Allí gobierna una coalición de izquierdistas y nacionalistas catalanes, así que, en puridad, nada de extraño tiene. Pero lo que convierte este hecho en el acabose es que esa denominada «Ley de Memoria Democrática de las Islas Baleares» se aprobó con los votos a favor del Partido Popular de Baleares, que preside Biel Company. Esta es una ley perfectamente prescindible por muchos motivos, entre otros porque sólo pretende replicar allí una ley que ya es de aplicación en toda la nación. Ya se sabe lo que les gusta a los parlamentos autonómicos legislar y legislar sobre cosas que ya están legisladas. Y es una ley que el PSOE que gobierna Baleares quiere cambiar y endurecer si vuelve al poder.

Pero la ley balear ha tenido alguna utilidad colateral. Nos ha servido para ser informados de que el PP, después de no haber considerado necesario derogar la ley de amnesia histórica zapaterista, ahora está abiertamente alineado con ella al menos en Baleares. Una ley que, por ejemplo, a algunos ciudadanos nos está causando notables perjuicios por el empeño del Ayuntamiento de Madrid de cambiar el nombre de nuestra calle escudándose falsamente en esa ley. O quizá también en Madrid, porque desde el martes pasado no he escuchado ninguna salvedad o reproche del PP nacional a la actuación de sus hombres en Baleares. Pero ¿a quién puede sorprender eso? Martínez-Maíllo está demasiado ocupado persiguiendo y denunciando a ABC como para atender minucias como la Ley de la Memoria Histórica y la deriva catalanista del PP balear.

Ayer mismo el «Diario de Mallorca» (Grupo Moll) publicaba un análisis en el que se explicaba cómo el PSOE quiere a Biel Company como candidato a la presidencia de Baleares, razón por la cual se abstienen de hurgar en sus puntos débiles. Lo quieren como rival, porque es el más débil de cuantos pueda oponer el PP a la presidenta balear Francina Armengol. «El PSOE balear desea a Biel Company encabezando la candidatura del PP; de ahí que se guarde el material desestabilizador. Cualquier otra u otro, se aduce, es más peliagudo que Company».

Esta semana el discurso del diputado del PP por Tarragona, Alejandro Fernández, en el Parlamento de Cataluña se ha vuelto viral. Hablaba sobre convivencia y parlamentarismo al hilo de una iniciativa parlamentaria de Ciudadanos. Ese discurso de apenas cinco minutos ha tenido un inmenso impacto porque representa la antítesis del actual discurso del PP balear. Porque el PP de Cataluña ya pasó por ser tibio ante el nacionalismo. Y eso le ha llevado a estar donde está: en la marginalidad. Pero el PP de Baleares sigue la ruta que antaño hollaron sus socios catalanes, impasible el ademán.

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La masacre de los Inocentes. -(Recopilatorio de cuadros)-

Serie de 14 cuadros de diferentes autores relacionados con “La masacre de los Inocentes”.

Matteo di Giovanni: Massacre of the Innocents

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William Holman Hunt: The Triumph of the Innocents.

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Tintoretto: Massacre of the Innocents

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Nicolas Poussin: The Massacre of the Innocents

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-Daniele da Volterra: Massacre of the Innocents

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Domenico Ghirlandaio: Slaughter of the Innocents

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Carl Heinrich Bloch: The Slaughter of the Innocents

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Giotto di Bondone: Massacre of the Innocents

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Peter Paul Rubens: Massacre of the Innocents

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Peter Paul Rubens: Massacre of the Innocents

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Guido Reni:  Massacre of the Innocents

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Francesco de Rosa: The Massacre of the Innocents

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James Tissot: Le Massacre des innocentes

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Hendrick Goltzius: Massacre of the Innocents

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 ¿Pero de verdad Stalin pactó con Hitler? -Pedro Fernández Barbadillo/LD-

El negacionismo es la nueva manera con que la izquierda se enfrenta a los hechos: o no existieron o son interpretables sólo con sus claves. Así, se puede presentar virginal ante los incautos, como en el amanecer de la revolución.

Después del derrumbe del bloque socialista en Europa, mientras la llamada derecha se fumaba un puro tras otro y hacía negocios, la izquierda se lamía las heridas y maquinaba su regreso.

A partir de 1989, año del desmoronamiento del Muro de Berlín, cualquiera podía ver las obras del ‘socialismo real’: espionaje y delación, campos de concentración, miseria, desastres ecológicos… Incluso se abrieron los archivos y aparecieron muchos documentos que probaban lo que los comunistas y sus cipayos occidentales (Sartre, La Pasionaria, Berlinguer…) ocultaban: el genocidio de Katyn lo perpetraron los soviéticos, Lenin fue el constructor del Archipiélago Gulag, el atentado contra Juan Pablo II lo gestaron los servicios secretos del Pacto de Varsovia, Stalin se repartió con Hitler Europa Oriental, el KGB elaboró el bulo de que el virus del SIDA se creó en un laboratorio de EEUU…

Una de las respuestas ha sido tratar de descalificar a sus enemigos, acusándoles de todo tipo de crímenes, como que la economía de mercado es responsable de millones de muertes en el mundo y del calentamiento global. Se han recuperado las consignas de la Guerra Fría de que la democracia tiene que ser antifascista, primero, y de que todo anticomunista es un fascista, segundo.

Y junto al ataque, la negación. “Ninguno de los genocidios, las matanzas o los golpes de Estado cometidos por los comunistas se realizaron en verdad. Es pura propaganda.” Así, Carlos Sánchez Matopuede reivindicar el triunfo de la ideología más asesina de la historia: “Que el centenario de la más hermosa revolución de la historia, sea estímulo para la construcción de fraternidad internacional”. Si alguien se atreviera a hablar de la misma manera del III Reich, a Sánchez Mato y sus camaradas les faltaría tiempo para exigir su encarcelamiento.

Revive el argumentario de la Guerra Fría

Este verano me he encontrado con comunistas que niegan la existencia del pacto entre la Alemania nacional-socialista y la URSS, en agosto de 1939, o bien, en una segunda línea de defensa, plantean que hay que entenderlo en una situación geopolítica en que el pobre Stalin estaba aislado, amenazado por Hitler y abandonado por las democracias francesa y británica (igual que la España republicana y antifascista, añaden). Ya lo hizo antes Pablo Iglesias en una crítica de la película Katyn.

En realidad, Stalin se dejó querer por los dos poderes que había en ese momento en Europa: el imperio británico y el Reich alemán.

El 28 de abril, Hitler denunció el tratado de no agresión Polonia y el tratado naval con Inglaterra. El 3 de mayo, Stalin destituyó al comisario de Asuntos Exteriores, Maksim Litvínov, que lo era desde 1930, y le sustituyó por su hechura Viacheslav Mólotov. Uno de los motivos de la destitución fue que Litvínov era judío, lo que, claro, no agradaba a los nazis.

En la subasta, Stalin buscaba dos finalidades: azuzar la guerra entre las potencias capitalistas para luego irrumpir en Europa y una esfera de influencia en Europa Oriental. Como esta última sólo se la podía conceder Hitler, pactó con el alemán, por mucha que fuese su enemistad ideológica.

El ministro de Asuntos Exteriores alemán, Joachim von Ribbentrop, hizo dos viajes a Moscú, el 23 y el 27 de agosto, para firmar el tratado de no agresión y los protocolos secretos, en que ambas potencias se repartían los Estados soberanos, entre el mar Negro y el Báltico. Los conocemos porque los encontró el Ejército británico en la Alemania ocupada en 1945, Mólotov negó la existencia durante los treinta años siguientes; pero la URSS los reconoció en diciembre de 1989.

Stalin, que brindó a la salud de Hitler, dijo después a sus camaradas (Simón Montefiori, en La corte del zar rojo):

Naturalmente el juego consiste en ver quién engaña a quién. Ya sé lo que trama Hitler. Cree que es más listo que yo, pero en realidad soy yo quien le ha engañado. La guerra tardará en afectarnos todavía un poco.

Y el 1 de julio de 1940, el vozhd (jefe) explicó a su embajador en Japón que el motivo para firmar el pacto “lo dictó el deseo de desencadenar la guerra en Europa” (Richard Overy, en Dictadores).

El 1 de septiembre, el mismo día en que la Wehrmacht penetraba en Polonia, los diputados de Consejo Supremo de la URSS aprobaron la introducción del servicio militar obligatorio, una decisión, como destaca Víctor Suvórov, preparada desde tiempo antes (El rompehielos). ¿Por qué, si había un tratado de no agresión con Alemania?

A las dos de la madrugada del 17 de septiembre, Stalin comunicó al embajador alemán que cuatro horas más tarde atacaría Polonia. El 6 de octubre la campaña había terminado.

La Pasionaria defiende la invasión de Polonia

Después de engullir más de media Polonia, prosiguió la colaboración entre los ‘dos bigotes’, simbolizada en el desfile conjunto en Brest-Litovsk, antigua ciudad rusa ocupada por los alemanes y entregada a los soviéticos, que se celebró el 22 de septiembre. A finales de octubre, el gobernador alemán de Polonia, Hans Frank, ahorcado en 1946, ofreció “con regocijo” un banquete a una delegación soviética (Laurence Rees, en A puerta cerrada).

La NKVD, dirigida por el siniestro Lavrenti Beria, empezó las deportaciones de la oficialidad y la intelectualidad polacas. En la zona anexionada se registraron entre septiembre de 1939 y junio de 1941 unas 110.000 detenciones.

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Los PC de todo el mundo recibieron la orden de justificar la invasión de Polonia, culpar a las agresivas Francia y Reino Unido de la guerra y alabar el genio de Stalin. Así lo hizo, por ejemplo, Dolores Ibárruri.

Los periódicos europeos y americanos publicaban caricaturas de ambos tiranos como buenos amigos.

El imperialismo de la URSS

Algunos canallas han tratado de disculpar la guerra de Invierno, que acarreó la expulsión de la URSS de la Liga de Naciones, aduciendo acuerdos secretos entre Finlandia y Alemania en 1938. Baste replicar que el Consejo Nacional de Defensa, presidido por el mariscal Gustav Mannerheim, propuso varias veces ampliar el Ejército hasta las 16 divisiones, pero el Gobierno siempre se negó, de modo que cuando la URSS atacó sólo había nueve divisiones preparadas más tres de reserva (Martin Gilbert, en La Segunda Guerra Mundial). ¡Curioso agresor que no apresta su ejército para una guerra que ha planeado!

En febrero de 1940, ambas potencias firmaron un tratado comercial por un año, que se prorrogó y sólo se interrumpió con la invasión de la URSS. En el tiempo en que estuvo vigente, la URSS suministró millones de toneladas de materias primas y alimentos que la máquina de guerra nazi necesitaba; incluso caucho comprado en la India.

También hubo colaboración militar. El 11 de mayo de 1940, el Gobierno británico supo que tropas alemanas se estaban trasladando por tren desde Leningrado a Murmansk para atacar el norte de Noruega en un movimiento de tenaza (Gilbert, de nuevo). Y en el verano de 1940, la flota soviética ayudó a que el crucero alemán Komet atravesara el océano Ártico y saliera al Pacífico para atacar buques y posesiones británicas.

Stalin y su camarilla se sorprendieron cuando Alemania derrotó en unas semanas a Francia y expulsó a los ingleses de Europa: la larga guerra que esperaban se había convertido en una blitzkrieg.

¿Se adelantó Hitler al ataque de Stalin?

La ruptura se produjo en otoño de 1940, cuando Molotov fue a Berlín, para negociar la incorporación de la URSS al Pacto Tripartito (firmado por Alemania, Italia y Japón en septiembre y al que España rechazó su incorporación). Hitler propuso al comisario de Asuntos Exteriores de Stalin que la URSS se expandiera hacia la India y el golfo Pérsico; pero Moscú, que no quería enfrentarse con el Imperio británico, prefería aumentar su influencia en Finlandia, Bulgaria y los Dardanelos.

Entonces Hitler comprendió que ya no podría sacar más de la URSS y ordenó que se acelerase la elaboración de los planes de invasión que habían empezado en el verano. Su cálculo era una campaña de una duración de cuatro meses, tiempo que algunos generales reducían a dos meses.

Stalin desoyó todos los avisos (de su red de espías en Europa y Japón, de Winston Churchill y de desertores alemanes) sobre la inminencia de Barbarroja. Pero también es cierto que no se quedó inmóvil: ordenó preparar al Ejército Rojo para el ataque, no para la defensa. En un célebre discurso pronunciado el 5 de mayo de 1940 ante los oficiales recién graduados, cuyo texto original nunca se ha publicado, anunció que había concluido la “política pacifista” y la URSS, ahora que se había reforzado, iba a pasar al ataque. ¿Contra quién?, ¿contra Irán, Mongolia o Japón? No, Alemania.

Así ocurrió que cuando Hitler desencadenó Barbarroja, la superioridad militar de la URSS en soldados, tanques, cañones y aviones fue anulada. A la sorpresa, se unió un despliegue erróneo: en vez de preparación para la defensa, preparación para el ataque; no había reservas disponibles ni planes de retirada o contención ni fortificaciones… Entre junio y diciembre de 1941, el Ejército Rojo tuvo 2,6 millones de muertos y 3,3 millones de prisioneros, mientras que la Wehrmacht sólo registró 164.000 fallecidos.

Es decir, la nefasta política de Stalin fue responsable de la muerte de millones de sus súbditos en los primeros meses de la campaña. Para salvar la URSS, el vozhd tuvo que recurrir al patriotismo para galvanizar a los rusos (la expresión Gran Guerra Patriótica apareció en el Pravda al día siguiente del comienzo de la invasión) y, también, a los suministros de EEUU. Todo un fracaso para la ideología marxista.

Si en la posguerra, Stalin se convirtió en uno de los vencedores y una figura admirada fue gracias al océano de sangre con que compró su asiento en Yalta y Potsdam.

“La falsificación del pasado es la manera como la izquierda ha pretendido elaborar el futuro”, dijo Nicolás Gómez Dávila. De nosotros depende que no venzan y menos este año.

 

Origen: Libertad Digital – Cultura

Sembradores de odio. -Jesús Laínz/LD-

Hace veinte años conocí a un francés, ya entrado en la cincuentena e hijo de republicanos españoles exiliados, con quien tuve frecuentes conversaciones sobre la Guerra Civil, epicentro de su interés por la historia de España por evidentes motivos paternales. De previsible formación izquierdista, se aferraba al esquema habitual de una república democrática asaltada por la barbarie fascista. Además, para un nacido en Francia, la república representaba, lógicamente, el orden, la ley, el ejército, la patria, la grandeur, por lo que mis intentos por explicarle que a la Segunda República española le faltó todo eso y le sobró revolución, caos, crimen y disgregación nacional se estrellaron una y otra vez contra los prejuicios mamados desde su republicana cuna.

Hasta que un día algún conocido, igualmente izquierdista pero en versión hispánica, le prestó unos viejos volúmenes encuadernados de El Socialista y Renovación, órganos del PSOE y de las Juventudes Socialistas. Aquel fue su camino de Damasco, pues pudo tocar con sus manos y comprobar con sus ojos, en la fuente original, la zafiedad ideológica, la verborrea furiosa, la violencia, los insultos, las amenazas, el odio desatado en que consistía la izquierda española de hace ochenta años. Y comprendió de golpe que aquello no tenía nada que ver con el republicanismo francés y que servidor no debía de andar muy desencaminado cuando intentaba explicarle que la Segunda República española no había sido otra cosa que una revolución bolchevique fracasada.

La interpretación marxista de aquel régimen consiste en justificar la radicalización de los partidos de izquierda porque las circunstancias sociales de la España de aquellos días eran de una pobreza, una desigualdad y una opresión inaguantables. Todo ello habría llevado a los izquierdistas a procurar la liberación de los parias de la tierra y a los marqueses, obispos y fascistas a pedir socorro a los militares para reinstaurar la opresión.

Pero los hechos desmienten el esquema marxista: España no era, ni mucho menos, el país más pobre de Europa; aquella época no fue, ni de lejos, la de mayor pobreza de la historia de España; la desigualdad social en España no se alejaba mucho de la existente en muchos otros países europeos; los españoles, salvo algunas excepciones en las zonas rurales de las provincias del sur, no sufrían de ninguna opresión equiparable, por ejemplo, a la sufrida por el campesinado ruso en los años inmediatos a 1917; y el sistema político español anterior a 1931, aun con todos sus defectos, no destacó, entre los demás países europeos, ni por su injusticia ni por su carácter liberticida. Por no hablar del resto del mundo, evidentemente, a años luz de Europa.

Y sin embargo, España, entre desórdenes, injusticias, desmanes, atentados, huelgas, revoluciones y crímenes políticos, acabó desembocando en el caos que prendió la chispa de la guerra civil. ¿Por qué no sucedió en otros países europeos o incluso en otros países de otros continentes? En primer lugar, no es cierto que no sucediera en otros países, pues a punto de sucumbir a la revolución comunista, como prolongación de la rusa, estuvieron Alemania, Finlandia y Hungría, y todos ellos acabaron resolviéndolo a tiros al precio de muchos miles de muertos.

Lo que sí es cierto es que España fue el único país europeo que siguió aquel mismo camino dos décadas después de la gran revolución bolchevique de 1917. Y el motivo fue la inaudita violencia, de palabra y obra, de unos dirigentes izquierdistas que no se cansaron de sembrar el odio, de apelar a la violencia, de predicar venganzas, de organizar revoluciones, de anunciar exterminios, de promover asesinatos, de desear guerras civiles. Eso sí, una vez derramada la gasolina y prendida la mecha, todos ellos, sin excepción, pusieron pies en polvorosa y traspasaron a los españoles las consecuencias de su incendio. Es fácil constatarlo: échese un vistazo a la prensa izquierdista de la época y compárese con lo que se publicaba en la derechista. No hay mejor método para comprender lo que sucedió en 1936, ese 1936 que la izquierda de hoy, sobre todo desde el infausto ZP, ansía resucitar ante la bobalicona parálisis de los gobernantes supuestamente derechistas.

Pero aquél no fue el único caso de siembra de odio en la historia reciente de España. ¿Por qué surgió el terrorismo etarra? ¿Porque las muy industrializadas y prósperas provincias vascas sufrían un paro inaguantable, a diferencia del resto de España, donde todo el mundo trabajaba? ¿Porque los muy acomodados vascos se morían de hambre, a diferencia del resto de España, donde todos reventaban de colesterol? ¿Porque sufrían una opresión política inhumana, a diferencia del resto de España, donde disfrutaban de un régimen político distinto? No, el motivo fue que muchos vascos prestaron oídos a quienes, siguiendo la estela de aquel gran mentecato de Sabino Arana, se inventaron soberanías originarias, invasiones visigóticas, hidalguías universales, invasiones castellanas, fueros inmemoriales, invasiones españolas, paraísos democráticos, invasiones franquistas y mil patrañas más. Y como los creadores de esas patrañas exigían odio mortal al eterno enemigo español, muchos ignorantes fanáticos les hicieron caso y empezaron a asesinar.

Lo mismo ha sucedido en Cataluña, la acaudalada Cataluña, la próspera Cataluña, la protegida locomotora industrial de España, la mimada por el desarrollismo franquista, la privilegiada por el régimen del 78. Pues desde aquel gran odiador inaugural que fue Prat de la Riba, el catalanismo lleva un siglo sembrando el odio a España y los españoles con constancia digna de mejor causa. Que si el Cid, que si Olivares, que si la invasión española de 1714, que si Franco, que si España nos roba…, el catálogo de imposturas para lavar el cerebro y envenenar los corazones de los catalanes no tiene fin. Y el resultado es el que forzosamente tenía que ser dada la ausencia de contestación vigorosa por parte de quienes tenían que haberla dado: cientos de miles de catalanes odian su condición de españoles y se la quieren quitar de encima.

Olvídense de interpretaciones marxistas: no se trata de problemas económicos, ni de enfrentamiento de clases, ni de conflictos coloniales, ni de opresiones nacionales, ni de ninguna de las mentiras con las que se intenta tapar la realidad. Los culpables de los graves problemas de España desde hace un siglo tienen nombres y apellidos.

Origen: Libertad Digital

Las raíces de Europa. -Enrique Navarro/Libertad digital-

Europa, como Europa, es el cristianismo, al igual que Grecia o Roma

El 13 de mayo de 1917, en un pueblecito de Portugal, la Virgen María comenzó una serie de apariciones a unos pastorcillos mostrándoles un mensaje de alerta ante los males que estaban por acontecer en el siglo XX y mostrando la necesidad de sostener la esperanza en la fe y la necesidad de la conversión como bálsamo para superar las calamidades que procederían de los grandes movimientos nihilistas que estaban por llegar en los años siguientes. Trascurrido un siglo, este acontecimiento no pasa indiferente ante los ojos de millones de personas en toda Europa. Incluso los propios obispos portugueses consideraron que estas apariciones provocaron un movimiento que mantuvo a Portugal lejos de las tentaciones de los movimientos comunistas de la época. Para el mundo europeo, ignorar la trascendencia de lo que supone este acontecimiento, y, en general, de lo que ha supuesto el cristianismo en la construcción europea es una ceguera intelectual que no nos podemos permitir.

Como afirmó Quinto Septimio Severo, “Hay dos clases de ceguera que se combinan fácilmente: la de aquellos que no ven lo que es y la de los que ven lo que no es”; y bajo esta ceguera alimentada por un laicismo excluyente, se ha pretendido negar una evidencia: que no podríamos reconocer a Europa como una comunidad sin el influjo que ha supuesto el cristianismo, la gran religión europea.

Pero en este programa de Asuntos Exteriores no pretendemos analizar las apariciones de la Virgen; tampoco discutir sobre las predicciones que se revelaron en Fátima ni hablar del estado de la religión en el mundo de hoy. Queremos aprovechar esta efeméride de la aparición en Europa, una vez más de la Virgen María, según la tradición católica, para plantearnos un debate sobre la identidad de Europa que no puede ser ajeno al cristianismo como elemento identitario básico de esta comunidad política, cultural y socioeconómica que llamamos Europa por encima de las peculiaridades nacionales y las diferencias políticas o culturales.

La verdad es que llevamos muchos años hablando de una Unión Europea; debatiendo quiénes somos y qué somos los europeos, y aunque en la discusión de la Constitución Europea se debatió en profundidad introducir la raíz cristiana en la definición de Europa como un elemento conformador vital, al final triunfaron las tesis negacionistas de esta realidad.

Pero toda comunidad que pretenda adquirir la naturaleza de entidad política necesariamente debe estar basada en una serie de valores éticos compartidos, y en la conformación de los valores europeos, el cristianismo ha sido absolutamente determinante, junto a otros grandes influjos que asimismo son evidentes, pero que se cuestionan con menor intensidad.

La identidad de Europa a mi juicio se asienta sobre tres colinas, tal como afirmaba Navarro Valls. El Gólgota, donde Jesús, el hijo de Dios, entrega su vida para redimir al mundo de sus pecados y abrirnos la vía del amor y el perdón como fundamento de la creación de un mundo más nuevo, justo y solidario. Pero Jesús no sería nada relevante si san Pablo no hubiera tomado el relevo y transformara una secta en el Medio Oriente en una auténtica religión con un cuerpo normativo y sobre todo con una base social que anhelaba una respuesta a todos sus dramas existenciales, lo que implicaba una racionalidad y un nivel cultural indispensable para que el cristianismo se convirtiera en la religión que ha sido a lo largo de todos estos siglos.

Esta herencia común que incluye estos valores éticos concluyeron en la creación de una comunidad de derechos básicos sobre la que se asienta Europa: el estado social y democrático de derecho, el respeto a la dignidad humana, la protección de la libertad, la tolerancia, el deseo de igualdad, el imperio de la ley, la representación democrática, la separación de poderes, la propiedad privada, la solidaridad; todos estos valores se encuentran anclados en una tradición que nace de una pequeña villa alrededor de una Acrópolis hace menos de tres mil años, y que ha acabado por imponerse incluso a la propia religión que ha terminado reconociendo el supremo valor de la razón, incluso para las propias religiones. Pero como afirmaba T. S. Eliot “La fuerza dominante en la creación de una cultura común es la religión. Un europeo puede no creer en la verdad de la fe cristiana, pero buena parte de lo que dice, cree y hace, surge de su herencia cultural cristiana y adquiere significado con relación a esa herencia”.

La segunda colina, la Acrópolis, que es donde, a mi juicio nace el cristianismo. La religión conformadora de la identidad europea, nació en Europa y ancla sus raíces en el racionalismo griego. En Platón encontramos la idea del alma y de su inmortalidad. El cristianismo sin San Pablo hubiera acabado por ser una secta más dentro del judaísmo que podría haberla llevado a la desaparición. En su discurso a los atenienses en el Aerópago y en sus sucesivos viajes se manifiesta claramente que el cristianismo necesitaba de una base moral y filosófica sólida, y en aquella época estos cimientos se hallaban en Grecia y en Roma

Que el cristianismo es producto de esta racionalidad griega, el propio Papa Ratzinger lo reconoce cuando afirma que existe una razón previa al cristianismo que Francisco Vitoria denominó Ius Gentium, como un catálogo de derechos universales que no proceden de la religión y que ésta debe considerar como propios. A este predominio de la razón sobre la religión alude Benedicto cuando señala que “en la religión hay patologías altamente peligrosas que hacen necesario considerar la luz divina de la razón como una especie de órgano de control por el que la religión debe dejarse purificar y regular una y otra vez.” El propio Ortega, sin duda uno de los europeístas más determinantes del siglo XX, cifra el nacimiento de esta gran entidad en el nacimiento de Sócrates, lo que revela la trascendencia de este matrimonio entre Grecia y el cristianismo.

Y en tercer lugar, el Capitolio romano que supone el tercer pilar de nuestra identidad, al proveernos de la arquitectura jurídica que vertebra nuestra esencia y valores, el derecho romano, pero también en Roma se construye la nueva iglesia cristiana que culmina con el edicto de Constantino que creó el imperio cristiano generando una vinculación entre la religión y el poder que durante siglos sirvió como elemento identitario de una Europa cristiana.

La Ilustración con Rousseau, Voltaire y Locke nos devuelve a ese estado primario de derechos individuales y a la primacía de la libertad y la razón sobre lo sobrenatural o lo no terrenal. Incluso los movimientos marxistas encuentran en el judaísmo y en Grecia la base moral y filosófica que requieren, porque sin duda una base tan dispar y compleja ha dado píe a numerosas muy diferentes interpretaciones. También participa en la construcción europea el mundo del “nuevo régimen”, nacido de la Revolución Francesa, que cristaliza con la laicidad. La Revolución Francesa proclama la libertad, la igualdad y la fraternidad, y aprobó la declaración de los derechos del hombre y del ciudadano contra el parecer de la Iglesia, que no se reconocía en este nuevo mundo de poder soberano del pueblo y de la primacía de la ciencia sobre el misticismo, y que tardó más de un siglo en asimilar.

Pero también es verdad que la narrativa de Europa quedaría incompleta si no se incluyera al judaísmo. El mundo judío que conocemos en Europa es también una religión europea que adopta los principios grecolatinos como una parte esencial de su modo de vida. La esencia y la creación de la Europa moderna no hubiera sido posible sin los judíos que adoptaron a pesar de su continua segregación, un papel determinante en el desarrollo se la identidad europea. Europa no sería lo que es sin Mahler, Freud, Marx, Einstein y tantos otros grandes creadores judíos de la identidad europea. De Toledo a Salónica, de Otranto a Varsovia, los hebreos han jugado un papel determinante en la identidad de Europa.

Tampoco podemos negar el influjo del Islam, que en el caso español es absolutamente determinante de nuestro carácter. Si bien fue una parte de ese mundo islámico que habitaba alrededor de Damasco el que nos trasvasó el conocimiento griego; el Islam no se ha imbuido todavía hoy de la racionalidad grecolatina y sigue anclado en los postulados primitivos que el judaísmo y el cristianismo ya abandonaron hace mucho tiempo. No podemos negar que el Islam ha sido parte consustancial de muchas naciones de Europa y que su influencia es notable en la ciencia, en la cultura, en los ritos y en la filosofía. Puede que no aceptemos muchos de sus postulados, pero negar que Europa hubiera sido muy diferente si el Islam no hubiera sido una fuente fundamental de su creación y desarrollo, es otro tipo de ceguera que no nos debemos permitir.

Por último, el fenómeno de las migraciones sin duda afecta de forma determinante a la identidad europea actual y sobre todo de futuro. Nadie emigra sin que medie el reclamo de alguna promesa, ha escrito H. M. Enzensberger, aunque en nuestro caso más que la aspiración a una ciudadanía predomina el deseo de acceder a un estado de bienestar que le está negado a una gran parte de la población mundial. El problema es una inmigración que adquiere su derecho a estar pero que se niega a integrarse en la cultura europea frente a una sociedad europea que manifiesta tendencias muy intolerantes generando un desencuentro que lleva a incidir en las diferencias y que podría concluir en un gran conflicto que debemos evitar por encima de cualquier circunstancia. Los casi treinta millones de musulmanes que viven en el Viejo Continente y que mantienen sus tradiciones y formas de vida, demuestran que Europa ya es una inevitable realidad política multicultural.

Hoy son otras las circunstancias apremiantes que nos obligan a plantearnos la cuestión de la identidad europea. La principal, la creciente diversidad; la confluencia de diversas sensibilidades e incluso culturas, así como el constante cambio que se produce cada día en una búsqueda de lo efímero como ambición personal y colectiva. Pareciera que los europeos no saben dormir tranquilos y aspiran a un constante conflicto consigo mismos sin saber si dicho enfrentamiento nos conduce al orden o al desorden; a la fe o a la duda; a la religión o a la razón.

La convivencia entre tan diferentes culturas plantea dos retos de cara al futuro: ¿puede la cultura europea, con su pretensión de universalidad, convivir con otras culturas, renunciando al imperialismo cultural? y ¿Es el multiculturalismo una idea capaz de fundamentar un nuevo modelo de convivencia política?

Europa, como decían los griegos, fluye constantemente, pero tiene un nacimiento determinado que no podemos negar; el cristianismo es Europa como Europa es el cristianismo, al igual que Grecia o Roma. La gran amenaza es la tentación de abandonar los valores para salvar a los europeos, cuando sin ellos no habría nada que rescatar.

Origen: Libertad Digital

Antifranquismo retroactivo. -Fernando Díaz Villanueva/Vozpópuli-

La idea de levantar un monumento a los caídos de la Guerra Civil surgió durante la misma guerra, al menos entre los vencedores, que, tan pronto como dieron cuenta de los últimos objetivos militares, empezaron a buscar un paraje en la sierra de Guadarrama para construir un mausoleo en el que sepultar de manera simbólica a víctimas de los dos bandos.

Franco se involucró personalmente en la tarea de encontrarlo. Se desplazaba con frecuencia hasta la sierra en compañía de otros generales y de los pelotas habituales de Falange, que se olieron desde el principio que aquello iba para largo, que Franco había llegado para quedarse. Durante una de esas excursiones en el invierno de 1940, solo unos meses después de concluida la contienda, dieron con una boscosa hondonada entre El Escorial y el Alto del León. Entre los lugareños se le conocía como Cuelgamuros y tenía la peculiaridad de que en su centro, sobresaliendo de entre el espeso pinar, se levantaba un majestuoso promontorio granítico, el llamado risco de la nava que bien mirado se asemeja a las estampas del Gólgota que nos dejó la pintura renacentista.

Fue amor a primera vista. El Gobierno ordenó la expropiación de la finca y el primero de abril de 1940, un año exacto después del final de la guerra, dieron comienzo las obras. El monumento fue inaugurando dos décadas más tarde, en 1959, con gran trompetería y un Franco en la cima de su poder, visiblemente más viejo, más calvo y más gordo. Cuelgamuros dejó de llamarse así. Desde entonces se le conocería como Valle de los Caídos. Su presencia no iba a pasar desapercibida para nadie porque el arquitecto clavó una imponente cruz de hormigón armado sobre el risco de la nava, visible en varias decenas de kilómetros a la redonda y que desde entonces trae por la calle de la amargura a todos los antifranquistas, especialmente a los retroactivos, es decir, aquellos que lucharon denodadamente contra Franco pero solo después de que éste hubiese estirado la pata.

Era la pirámide del nacionalcatolicismo. Un complejo funerario más parecido al Valle de los Reyes del antiguo Egipto que al vecino monasterio de San Lorenzo de El Escorial que, además de panteón real, fue palacio, residencia de la Corte y centro administrativo. Se concibió como un lugar de peregrinación. Lo tenía todo para pasar un domingo en familia: una basílica subterránea, un monasterio benedictino con su escolanía, una gran explanada para eventos al aire libre, una cafetería, un mirador, una tienda de souvenirs y hasta un funicular. El franquismo tenía una vertiente kitsch nada desdeñable.

En principio no había planes de enterrar a Franco allí. Entre otras cosas porque Franco no era un caído de guerra. La idea de hacerlo fue una zalamería de última hora de Carlos Arias Navarro, último presidente de Gobierno del franquismo y primero de la monarquía. El rey Juan Carlos aceptó encantado y hasta presidió las exequias al pie de la cruz. Aquello acaeció el día 23 de noviembre de 1975 y ahí debió concluir esta historia. De hecho ahí concluyó durante varias décadas, hasta que Zapatero creó una polémica donde nunca había existido. Desde entonces, y de esto hace ya diez años, la cruz de Cuelgamuros ocupa más espacio en los periódicos que en los años 50, cuando la prensa del régimen daba puntual cuenta de los avances en las obras.

Se ha hablado de cerrar el complejo, de reconvertirlo en otra cosa después de vaciar la fosa común excavada bajo el risco, e incluso de dinamitarlo todo y devolver al paraje el virginal aspecto que tenía en 1940, cuando los ojos de Franco se posaron sobre él. Los menos ambiciosos se conforman con sacar al dictador y que sus deudos se lleven los restos a otra parte, al cementerio del Pardo mismamente, donde la familia adquirió una tumba en la que hoy reposa Carmen Polo. Si a ellos les parece bien, adelante. Incluso se les podría invitar a hacerlo para que el Valle de los Caídos hiciese honor a su nombre y sus entrañas solo albergasen caídos. Los benedictinos que custodian la basílica, a quienes se les entregó solemnemente el cuerpo hace 40 años, no tendrán problema alguno en devolverlo. Arias Navarro hace ya mucho que pasó a mejor vida y el rey emérito por la cuenta que le trae no dirá esta boca es mía.

Otra cosa distinta es, como pretende el PSOE, Podemos o Ciudadanos, resignificar el lugar. Eso es simplemente imposible como lo sería resignificar la pirámide de Keops, el Taj Mahal, el mausoleo del primer emperador Qin de China o la tumba de Lenin en la Plaza Roja de Moscú. El Valle de los Caídos es lo que es y se levantó con el objetivo de servir de monumento a un régimen que sus muñidores creyeron eterno pero que duró lo mismo que su fundador. España está llena de construcciones del mismo estilo. Cada una reflejando los valores y obsesiones de su tiempo. ¿Qué es sino San Lorenzo del Escorial, San Isidoro de León, el monasterio de Poblet, la Capilla Real de Granada o el larguísimo etcétera de monumentos repartidos por nuestra geografía alzados a mayor gloria de una persona, una dinastía o la munificencia de un imperio?

Las personas pasan, los Estados también, las piedras permanecen. Por eso los faraones se enterraban en pirámides. Sabían que solo así se mantendrían en la memoria del pueblo durante generaciones. El Estado franquista desapareció hace ya casi medio siglo. No lo hizo, como otras dictaduras, tras una guerra que arruinase su legado físico. El franquismo se extinguió pacíficamente por televisión con Franco entubado en la cama de un hospital de la Seguridad Social. El desmontaje del régimen corrió a cargo de los propios franquistas con la connivencia de los que no lo eran. Nuestros padres, nuestros abuelos, se dieron un abrazo, se perdonaron las ofensas y eso fue todo. En algún momento tendremos que aceptarlo.

El pasado no se puede resignificar. Se debe aprender a convivir con él y extraer las oportunas lecciones. Pero en España no queremos convivir con nuestra propia historia, que es larga y está llena de tropiezos. Le hemos declarado la guerra como si nos avergonzásemos de venir de donde venimos. Esta psicosis colectiva, azuzada desde la política para construir sobre ella una legitimidad nueva, nos terminará pasando factura.

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