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Venezuela, al borde del abismo – Carlos Alberto Montaner/LD- 

Luis Almagro ha vuelto a la carga. Al secretario general de la OEA, como a medio planeta, le pareció repugnante el asalto de las turbas chavistas a la Asamblea Nacional. Quiere congregar a los embajadores para examinar ese vergonzoso episodio. Tal vez para condenarlo, si se logran los votos y consigue adecentar el comportamiento miserable de los islotes caribeños comprados por el chavismo a punta de petrodólares.

¿Por qué Maduro propició estos hechos? Por varias razones.

Es lo que suele hacer el régimen de La Habana. Maduro es un simple brazo del Gobierno de Raúl Castro. Se trata de un acto de repudio cubano realizado en Caracas. Aunque esta suerte de pogromo es orquestado y dirigido entre bambalinas por los servicios de contrainteligencia, es ejecutado por supuestos “ciudadanos indignados que no consiguen reprimir su cólera ante la perfidia de los enemigos de la patria, siempre al servicio de Estados Unidos”.

Esa es la narrativa. No importa que nadie crea esa versión absurda. Es sólo una explicación formal para justificar la represión. La función de estas actividades represivas es castigar a los disidentes, intimidar al conjunto de la sociedad para que no se le ocurra vincularse a los grupos de oposición y construir una realidad paralela de revolucionarios heroicos contra la ultraderecha fascista.

A Maduro no le importa que la OEA o el Mercosur lo condenen. El mundo tiene poca memoria y se cansa rápidamente de protestar. La dictadura puede vivir con esas censuras. Lo que no puede es vivir fuera del poder. La arroparán los comunistas del mundo entero, comenzando por los españoles de Unidos Podemos (esos personajes sin corazón que piden democracia para ellos y tiranía para los demás), la Rusia de Putin, probablemente China, los hermanos de las FARC, Evo Morales, los sandinistas de Ortega, el Farabundo Martí de El Salvador y el resto de la tribu prototalitaria. ¿Quién recuerda que en 1989 los chinos acabaron a sangre y fuego con las protestas de Tiananmen?

Fidel Castro siempre creyó en la utilización de turbas para lograr sus objetivos. Recurrió a ellas desde que estaba en la oposición a Batista en los años cincuenta. Pero ni siquiera lanzó a sus partidarios de rompe y rasga contra los batistianos. Los usó para amedrentar a los miembros de su propio Partido Ortodoxo que tenían otro concepto de la estrategia de lucha. Fidel Castro, finalmente, decidió morirse hace unos meses, pero dejó como parte de su herencia esa impronta violenta.

Raúl Castro, el heredero, piensa que Nicolás Maduro es un idiota, pero es su idiota. Y la manera de protegerlo es calcando en Venezuela la manera cubana de controlar a la sociedad para que nunca más los venezolanos contrarrevolucionarios puedan ganar alcaldías, gobernaciones o la mayoría parlamentaria.

Esto se logra con una Constitución que establezca la sacrosanta primacía de la revolución bolivariana, un sistema de postulaciones que cierre el paso a los desafectos y un modelo electoral de segundo grado que, como sucede en Cuba, garantice que sólo ganen los buenos revolucionarios.

Es verdad que el 90% de los venezolanos está en contra de la cubanización del país, incluidos muchos chavistas, pero, en la matemática comunista que maneja Raúl Castro, el 10% que respalda a Maduro alcanza para sellar la jaula. El número mágico de la contrainteligencia, espina dorsal de esos regímenes, es de apenas el 0,5% de la población. De los dos millones de adultos que simpatizan con el chavismo, o que se benefician de él, bastan apenas 150.000 para echar el cerrojo definitivo. Para guiar a un rebaño de 200 ovejas dóciles y aterrorizadas basta un perro feroz bien adiestrado.

Los venezolanos tienen pocos días para impedirlo. ¿Quién puede ayudarlos? Estados Unidos examina una propuesta interesante basada en la pugna que existe entre el Poder Legislativo, respaldado por el voto popular, y el Judicial, artificialmente construido por una maniobra del chavismo.

La propuesta de los demócratas es sencilla: abonar en una cuenta escrow el importe diario de la factura petrolera, que es el único dinero en efectivo que entra a las arcas del país, y dejar que la Asamblea Nacional, depositaria de la soberanía popular, decida el momento en que se efectúen las transferencias reales al Tesoro nacional. Esto daría a la oposición el leverage que necesita para obligar al Gobierno a negociar en serio una salida a la crisis.

Nota final. ABC de Madrid dio la noticia antes que nadie. En la madrugada del sábado, tras escribir esta crónica, 30 hombres armados se llevaron a Leopoldo López a su hogar para que continuara cumpliendo la injusta condena a 14 años de privación de libertad. Otorgarle la casa por cárcel fue una decisión inconsulta de Maduro.

¿Por qué lo hizo? A mi juicio, para tratar de reducir las protestas callejeras y con la esperanza secreta de que LL dividiera a la oposición. Pero nada de eso sucederá. El clamor popular a favor de los presos políticos aumenta. Son más de 400 y hay 3.000 nuevos detenidos, muchos de ellos sometidos a tribunales militares. En definitiva: otro paso de Maduro hacia la disolución de su dictadura.

Origen: Carlos Alberto Montaner – Venezuela, al borde del abismo – Libertad Digital

El asesino Nicolás Maduro y su banda. -Eleonora Bruzual/PD-

Escribo al momento que se alcanza la cifra de 102 víctimas fatales de la brutal represión castrochavista. Lo hago sin saber si antes de enviar la columna, como en pasadas semanas, tenga que referirme a más muertes en este desbordamiento de brutal furia asesina de Nicolás Maduro, su gorilato militar y sus homicidas colectivizados. Todos autorizados para matar, torturar y destruir vidas y bienes.

102 vidas segadas para intentar que una narcotiranía permanezca y sus miembros se aseguren la guarida donde esconderse de cortes y tribunales que tanto en el exterior como en Venezuela les juzgue y condene.

102 vidas para alimentar la insaciable maldad de esa pandilla que hasta tiene el descaro de exigirle al liderazgo opositor que les garantice total impunidad, tanto aquí como en cualquier lugar donde se vayan una vez derrotados.

Muertos, heridos, detenidos, torturados, desaparecidos… Eso conforma el inventario del paso de ese despreciable lacayo de Raúl Castro y su nomenclatura. Nicolás Maduro y su banda ya no solo matan de hambre y mengua, desde hace a tres meses no paran de disparar contra una ciudadanía que simplemente expresa su descontento y su deseo de poner fin a 18 años de oprobio.

Oprobio que comenzó con aquel tropero ambicioso y felón que entregó nuestro país a los tiranos Castro para que con sus recursos pudieran imponer en buena parte de este subcontinente latinoamericano a sus títeres y cómplices de una mal llamada revolución que simplemente resultó una interminable sucesión de crímenes e ignominias que en Cuba llevan 58 años y en Venezuela 18. 102 vidas cobradas por la asquerosa tiranía militar que ahora también encierra estudiantes en una cava y los gasea.

Y es que no podemos esperar algo distinto de Maduro y su gorilato, sicarios a los que otorgan condecoraciones y reconocimientos. Así la Cruz de la Guardia Nacional se la dieron al esbirro coronel Lugo Armas la bestia que empujó a Julio Borges presidente del Poder Legislativo, asimismo si algo vemos a diario es que cruces no solo están en los pechos de los asesinos, también se ven en los cementerios sobre las tumbas de tantos manifestantes.

Pero a asesinos y narcochoros esta infame tiranía les llama “Dignos Centinelas” de allí que el mismo viernes que se completaban 102 asesinatos, el sátrapa Maduro ascendía a General en Jefe del “Ejército chavista” a Gustavo González López, director del Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (SEBIN) donde en sus asquerosas mazmorras torturan y consumen a valientes venezolanos, escupitajo que a toda una nación lanza un tipo que ni siquiera tenemos pruebas de que sea venezolano y pretende desconocer y burlarse de las graves acusaciones hechas por la fiscal general de la República, Luisa Ortega Díaz, contra González López y contra el excomandante de la Guardia Nacional y actual jefe de Gobierno del Distrito Capital, José Benavides Torres.

Maduro el asesino ofendiendo más y más a una nación al decir: “Yo quiero que nuestro pueblo apoye en las calles a estos dos valientes patriotas que han defendido la paz de la República y que tienen todo mi apoyo”, como si no supiéramos que todo bicho que sea apoyado por él de inmediato se nos muestra en toda su aberrante perversión.

Perversión que día a día vemos cuando escupe amenazas, cuando se ufana de que nos masacrará a todos, cuando con la tía de los narcosobrinos baila sobre el dolor de toda la nación y sin vergüenza este matón dice: “El camino de Venezuela tiene que ser la concordia, el respeto, el amor. No se puede responder el odio con más odio, violencia con más violencia. Esa es nuestra filosofía” y hay que entender que lo que llegó con muerte se irá con muerte porque no hay filosofía en unos asesinos. Cómo puede hablar la hiena de filosofía si filosofía es respeto a la vida y su sacralidad, conocimiento, verdad, moral, estética…

Nos atrapa la angustia, el dolor por tantas vidas útiles acabadas de un plomazo, de un perdigonazo, de una bomba disparada a quemarropa. Me desespera recordar como hace ya más de 18 años muchos celebraban la llegada al Poder de un gorila golpista que además dejó a un asesino que ejecuta las órdenes que le envía Raúl Castro y que nos condenan al llanto al ver un país saqueado y ensangrentado. Un país cuyos ciudadanos son amenazados a diario y condenados al luto y el dolor.

Pero no nos doblegará ni Maduro ni su banda. Por eso, nos vemos en la vía… Esa llena de heroicidad y que a la peste roja la trae por la calle de la amargura y a nosotros por caminos de dignidad.

Origen: El asesino Nicolás Maduro y su banda | Periodista Digital

La traición del alcalde de Londres -Santiago Navajas/LD- 

Sadiq Kahn no tiene ni la capacidad intelectual ni el talante político necesarios, seguramente tampoco la voluntad religiosa, para plantar cara a los intolerantes.

Hace unos meses me felicitaba en estas misma páginas por la elección de Sadiq Khan como alcalde de Londres. Me parecía una buena noticia que un musulmán llegase a tal cota de poder, tan real como simbólico. Me equivoqué. Khan ha demostrado participar de la doctrina apaciguadora del partido laborista que llevó a Chamberlain a pactar con Hitler, poniendo el valor de la (supuesta) paz por delante de la (real) libertad.

En su caso, el apaciguamiento se lleva a cabo respecto de los musulmanes fanáticos que perpetran ataques terroristas. De las declaraciones de Khan sobre los últimos asesinatos islamistas en Londres sería imposible saber si tras el terrorismo que está arrasando la capital británica, el resto de Europa y el mundo entero se encuentran grupos marxistas-leninistas, anarquistas nihilistas o herederos de los nazis que llevaron a Churchill a espetar a Chamberlain:

Se te ofreció poder elegir entre la deshonra y la guerra y elegiste la deshonra, y también tendrás la guerra.

Ahora al apaciguamiento se le denomina inclusividad, dentro del paradigma multiculturalista que lleva a esconder la cabeza bajo tierra y comerse la lengua para, como el alcalde de Londres y los medios progresistas, jamás relacionar los atentados terroristas con el islam. De manera parecida a cómo Gemma Nierga llamó a dialogar con los etarras que acababan asesinar a Ernest Lluch, bajo el síndrome político de que el grupo de extrema izquierda era de los suyos (descarriados pero de la misma familia socialista). Con la excusa de no propagar la islamofobia, están socavando los principios liberales de las sociedades abiertas occidentales. Kahn, que en una ocasión despreció a los musulmanes moderados tachándolos de ser como el “tío Tom” (es decir, musulmanes que estarían sometidos a los occidentales), debería haber encabezado desde su cargo político la reforma del islam que propone Hirsi Ali para que triunfase la versión más acorde con los valores de la civilización. Al mismo tiempo, debería haber aplicado una tolerancia cero contra las raíces religiosas del terrorismo, que no están en el Vaticano o en el palacio del Dalai Lama sino en las mezquitas, madrazas y demás centros vinculados con la versión más ortodoxa del islam, que es la dominante en el mundo.

Por ejemplo, en Indonesia, el país con más musulmanes y que tiene fama, aunque más bien es una leyenda buenista, de ser cuna de un islam moderado y compatible con la democracia, se han introducido leyes de acuerdo con la sharia que han permitido que se azote a los gais mientras un público entusiasmado aplaude y pide que les golpeen más fuerte. Además, a un candidato cristiano que tenía posibilidades de llegar a ser presidente del país, el gobernador de origen chino de Yakarta, lo han condenado a dos años de cárcel por haber supuestamente blasfemado contra el islam, algo que solo sucedió en la cabeza dictatorial de sus enemigos políticos y en la mente esquizofrénica de los fanáticos islámicos.

La traición de Kahn se explica en esta advertencia de Karl Popper, que había visto cómo las repúblicas de Austria y Alemania eran destruidas desde dentro por no haber querido combatir a los nazis y a los comunistas que pretendían destruirlas:

Si extendemos la tolerancia ilimitada aun a aquellos que son intolerantes; si no nos hallamos preparados para defender una sociedad tolerante contra las tropelías de los intolerantes, el resultado será la destrucción de los tolerantes y, junto como ellos, de la tolerancia (…) Debemos reclamar el derecho de prohibirlas, si es necesario por la fuerza (…) Deberemos exigir que todo movimiento que predique la intolerancia quede al margen de la ley y que se considere criminal cualquier incitación a la intolerancia y a la persecución.

El triunfo de Trump es el nefasto y lamentable movimiento pendular que respondió a la incapacidad e incompetencia de Barack Obama, apoyado por unos medios que jaleaban su rendición conceptual ante el avance de los intolerantes de extrema izquierda y el fundamentalismo islámico. No necesitamos ni el simplismo xenófobo de Trump, que identifica a los islamistas con los inmigrantes, ni la banalidad multiculturalista de Obama y sus intelectuales, que defienden, como Olivier Roy en Francia, que el islam no tiene nada que ver con los yihadistas occidentales sino con el proceso de deculturación que sufren los pobres chavales cuando pierden la conexión con sus raíces y no se integran en nuestras sociedades. La culpa de que nos maten, según esta perversa lógica progresista, es… ¡nuestra! Porque no hemos puesto suficientes medios (más allá de una educación pública gratuita, una sanidad gratuita y unas subvenciones sociales casi infinitas…) para que estos rebeldes sin identidad se encuentren como en casa.

Sería una farsa si no fuese una tragedia. Por supuesto, no necesitamos a un alcalde de Londres musulmán incapaz de hacer explícitos, combatiéndolos, los fundamentos islámicos del terrorismo que asuela su ciudad, al tiempo que trata de hacer que nos resignemos (¿cristianamente?) a que vivir en una gran ciudad conlleve acostumbrarse a los atentados. Como si fuese igual que te atropelle un conductor borracho que un tipo que se considera un asesino de Alá. Nada que ver con la valentía y honestidad que demostró David Cameron cuando tras un atentado pidió a los musulmanes ingleses que ayudaran a la Policía a combatir a los terroristas, al tiempo que recordó que los musulmanes son las principales víctimas de los musulmanes y que, contra Obama o Roy, es un error (y un crimen de lesa intelectualidad, añado yo) sostener que el integrismo es fruto de nuestros errores o de la pobreza.

Sadiq Kahn no tiene ni la capacidad intelectual ni el talante político necesarios, seguramente tampoco la voluntad religiosa, para plantar cara a los intolerantes. Pero los que somos herederos de la tradición liberal que venció a los totalitarios del siglo XX no nos vamos a resignar, porque tenemos el ejemplo de los que, como Popper, Hayek, Berlin, Camus, Aron o Russell, nos enseñaron que ante la violencia no hay que poner la otra mejilla sino, por el contrario, en primer lugar, llamar a las cosas por su nombre y, en segundo lugar, hacer caer sobre los violentos todo el peso y la firmeza del Estado de Derecho.

Origen: Libertad Digital

La crisis qatarí  -Emilio Campmany/LD-

En la crisis desencadenada a raíz de que Egipto, Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos y Bahréin rompieran relaciones diplomáticas con Qatar, hay muchas más preguntas que respuestas. La primera que podría hacerse desde Occidente es cómo es posible que esos cuatro países reaccionen de esa manera a la financiación del terrorismo islamista y que nosotros, que lo padecemos como el que más, sigamos manteniendo buenas relaciones con Doha. Una de dos, o lo de la financiación del terrorismo es mentira y no es más que un pretexto inventado para justificar una medida adoptada por razones inconfesables o, si es verdad, los occidentales somos unos pardillos.

En todo caso, es evidente que el terrorismo no es la única causa del conflicto diplomático. Éste se comprende más fácilmente si se enmarca en la guerra civil que padece el mundo islámico entre Irán y Arabia Saudí, y que no es exactamente entre chiíes y suníes. De hecho, Qatar es suní y eso no le impide ser un aliado relativamente leal a Irán. Desde Al Yazira, fundada por el régimen qatarí, se han estado desprestigiando los regímenes musulmanes que se consideraban enemigos de Irán y se ha estado apoyando de una u otra forma a los Hermanos Musulmanes, especialmente durante la época en la que la organización gobernó Egipto tras la caída de Mubarak.

No obstante, Qatar no es el obvio enemigo de Occidente que podría deducirse de estos hechos. Es también el país huésped de la mayor base militar norteamericana en la zona y el actual emir, Tamim, se esfuerza por mantener buenas relaciones con todo el mundo sirviéndose tanto como sea necesario de sus inmensas riquezas (es el país con mayor renta per cápita del mundo). Esta política exterior basculante, que en parte está justificada por la geografía, ya que Qatar tiene frontera terrestre con Arabia Saudí y está a escasas millas de la costa iraní, viene igualmente impuesta por la complicada situación política interior. Probablemente, Tamim preferiría distanciarse algo de Irán, pero al parecer una facción respaldada por su padre, el anterior emir, que se vio obligado a abdicar a favor de su hijo a mediados de 2013, exige conservar los lazos con Teherán.

 No es desdeñable que haya influido también la delicada situación económica de Arabia Saudí, provocada por el descenso de los precios del petróleo. Riad está intentando imponer restricciones a la producción de hidrocarburos para que los precios suban y los díscolos, como Qatar, impiden que lo logre.

Todo esto, y unos cuantos detalles más que se quedan en el tintero, dibujan un tablero extraordinariamente confuso en el que nadie se atreve a pronosticar nada, pero en el que hay una cosa clara: la irrelevancia por incomparecencia de nuestros países occidentales, probablemente porque ninguno de nuestros gobernantes está en condiciones de dañar las magníficas relaciones que todos nosotros, quién sabe por qué, mantenemos con Qatar. Quizá resulte que las prácticas empleadas por el emirato para conseguir la adjudicación del mundial de fútbol de 2022 se hayan extendido a otros ámbitos.

Origen: Libertad Digital

Por qué está desapareciendo el cristianismo en Oriente Medio -Pablo Molina-

El pasado 9 de abril, el Estado Islámico perpetró dos atentados suicidas contra sendas iglesias coptas en Alejandría y Tanta, al norte de Egipto. Los ataques terroristas simultáneos dejaron 45 muertos y más de un centenar de heridos. Es la última carnicería –hasta el momento– perpetrada por el yihadismo contra la minoría copta de Egipto, que a pesar de su peso demográfico (el 10% de la población) sufre las discriminaciones habituales en los países de mayoría musulmana.

Los propios cristianos coptos protestan habitualmente contra el tratamiento injusto que reciben de las autoridades, en un país en el que su documento nacional de identidad los caracteriza como no musulmanes. Las agresiones de sus vecinos islamistas suelen quedar impunes, les está vedado el acceso a la mayoría de puestos de la Administración y las leyes religiosas hacen virtualmente imposible no ya construir nuevas iglesias, sino simplemente restaurar las ya existentes.

La discriminación pone en riesgo la propia vida de los cristianos en Egipto, como en el caso del atentado de la iglesia de la ciudad de Tanta. La corresponsal del Wall Street Journal en la región, María Abi Habib, desvela en este artículo que una semana antes del atentado mortal, los agentes de la seguridad privada que la custodian descubrieron una bomba, por lo que solicitaron al Gobierno la instalación de un detector de metales. Las autoridades rechazaron las pretensiones de la parroquia, que pocos días después saltaba por los aires a causa del atentado suicida organizado por el Estado Islámico.

La persecución cristiana en Oriente Medio por parte del yihadismo y el desprecio, cuando no la discriminación activa, de las autoridades civiles, está llevando a la minoría cristiana a abandonar en masa Oriente Medio. Según un informe del Centro para el Estudio de la Cristiandad Global, la cifra de cristianos en la región no deja de descender y en el último siglo ha pasado de constituir el 13,6% de la población total de Oriente Medio al 4,2% en 2010. Las previsiones para 2025 son aún más pesimistas, al descender todavía más hasta el 3%.

No hay ningún país musulmán que los cristianos no estén abandonando en mayor o menor medida. La mayor catástrofe, sin embargo, tiene lugar en Irak, país en el que en poco más de una década la minoría cristiana ha pasado de dos millones hasta los actuales 250.000. Tras la liberación de Mosul por parte del Ejército iraquí, los habitantes musulmanes de la segunda ciudad iraquí volvieron a sus casas. No así los cristianos. Por primera vez en dos mil años, Mosul no cuenta con presencia de una comunidad cristiana.

El éxodo de los cristianos se pone de relieve con su mayor presencia en los países que reciben esta emigración. En 1971, los coptos egipcios tenían dos iglesias en Estados Unidos. Hoy existen 252. Por primera vez, los cristianos árabes que viven fuera de Oriente Medio son más que los que todavía permanecen allí: hay 20 millones en el exterior, por 15 millones que todavía residen en dicha zona. Este es el drama al que se enfrentan las minorías cristianas (coptos, greco-ortodoxos, siríacos, melquitas, caldeos, maronitas y armenios), en unas tierras en las que surgió la fe cristiana, pero hoy suponen una amenaza directa para todos los que el islamismo radical ha señalado como enemigos a abatir.

Origen: Libertad Digital

¿Acaso el atentado de Manchester se cometió en nombre del cristianismo o la democracia? | Periodista Digital

El 23 de mayo de 2017 un amigo me mandó un guasap poco reproducible, molesto porque en un desayuno televisivo una tertuliana del más correcto progresismo buenista se quejaba de que el atentado de Mánchester nos duele más que los de Bagdad o Basora. No me sorprendió.

En España abundan los exquisitos diletantes que se avergüenzan o abjuran de su país, o que se abstienen de reivindicar la vigencia de los valores europeos (la raíz cristiana, la democracia, la tolerancia y la protección social del Estado). Unos principios que cimentaron lo que todavía hoy supone un oasis de bienestar en el planeta.

España, un país de una calidad de vida fabulosa, la nación del primer mundo que más crece, es para ellos solo una ciénaga de corrupción y paro. Europa, que ha acogido a millones de musulmanes, líder en ayuda humanitaria, que soporta en nombre de un exquisito multiculturalismo tradiciones ajenas más que discutibles, les parece una vieja dama engreída, insolidaria y reaccionaria.

Querida tertuliana: es cierto que el 87% de los atentados yihadistas se registran en países musulmanes. También es verdad, por supuesto, que la mayoría de las personas con tal credo son gente normal y sana.

Pero no se puede hacer el avestruz y ocultar que los chavales inocentes despedazados en Mánchester han sido asesinados en nombre de un fanatismo religioso muy concreto: el islamismo radical, que no tiene su origen en las cátedras de filosofía de París, Berlín o Madrid, sino en los países musulmanes, con un proselitismo sufragado en origen por ilustres monarquías petroleras, dentro de la guerra civil secular de suníes y chiíes.

Tampoco se puede ignorar que cuando se produjo el atentado contra «Charlie Hedbo», una encuesta de la BBC reveló que el 27% de los musulmanes británicos sentían «algún tipo de simpatía» por la matanza en la revista «sacrílega».

Ningún cristiano, ni el más integrista, mataría a niños al albur en nombre de una guerra santa. Porque nuestra religión pasó por el tamiz de la Ilustración, evolucionó. El Islam no. Sigue con un pie en el Medievo.

En la mañana en que el mundo se dolía conmocionado por la masacre de Mánchester, en el prolífico Twitter de Pablo Iglesias abundaban sus comentarios sobre su moción de censura, una patochada para hacerse propaganda. Sobre el atentado solo escribió una frase a vuelapluma:

«Nuestra solidaridad con las víctimas del atentado en Mánchester. Frente al terrorismo: Estado de derecho, democracia y derechos humanos».

Tal fue la aséptica valoración de un tipo que adula al brazo político de ETA, pero que jamás se ha acordado de sus muertos.

No había en su cita ni una palabra de condena al yihadismo que causó la matanza inglesa (y las de París, Madrid, Bruselas, Niza, San Petersburgo, Estocolmo, Berlín, Londres…). Iglesias, español, madrileño de buena familia de clase media, es también un tipo que se dedica a abrazar y dar aire a los golpistas que quieren romper su país.

El jefe de Podemos ya no es un tertuliano llamativo con púlpito en la tele. Es un político dañino, con un compás moral atrofiado, al que convendría desenmascarar como lo que ha elegido ser: un miserable instalado en la frivolidad del eterno adolescente.

Origen: ¿Acaso el atentado de Manchester se cometió en nombre del cristianismo o la democracia? | Periodista Digital