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George Soros financia a grupos de izquierdas y antisistema para impulsar su campaña contra Occidente. -AlertaDigital-

El megalómano proyecto “filantrópico” de Soros no deja rincón del mundo que no se vea afectado por sus esfuerzos ni deja intacta ninguna área política sin tocar.

Los principales medios de comunicación en los EE.UU. han pasado por alto la fuga de miles de correos electrónicos de la Fundación Sociedad Abierta (OSF por sus siglas en inglés) de George Soros por el grupo de hackers activistas DCLeaks. OSF es el vehículo a través del cual Soros ha canalizado miles de millones de dólares en los últimos dos decenios a organizaciones sin ánimo de lucro en los EE.UU. y en todo el mundo.

De acuerdo con los documentos, Soros donó más de 30 millones de dólares a los grupos de trabajo para la elección de Hillary Clinton en las presidenciales norteamericanas. Así que es probable el caso de que el apoyo de los medios a Clinton jugase algún papel en la oferta de los principales medios de comunicación para enterrar la historia más oscura de Soros.

También es probable sin embargo, que al menos algunos editores de noticias no llegaran a entender por qué merecía cubrir los documentos filtrados. La mayor parte de la información ya era de conocimiento público. La financiación masiva de Soros a los grupos de extrema izquierda en EE.UU. y en todo el mundo ha sido documentada desde hace más de una década.

Pero no ver la importancia de la historia más amplia porque muchos de los detalles ya eran conocidos es como no ver el bosque por culpa de los árboles. El documento volcado DCLeaks es una historia importante porque expone el bosque de las redes de financiación de Soros.

Lo primero que vemos es la naturaleza del megalómano proyecto filantrópico de Soros. No hay rincón del mundo que no se vea afectado por sus esfuerzos. No hay un área política que deje intacta.

En la superficie, la gran cantidad de grupos y personas que apoya parecen ajenas. Después de todo, ¿qué tiene que ver el cambio climático con la inmigración ilegal africana Europa? ¿Qué tiene que ver “Occupy Wall Street” con las políticas de inmigración griegas? Pero el hecho es que los proyectos respaldados por Soros comparten atributos comunes básicos.

Todos trabajan para debilitar la capacidad de las autoridades nacionales y locales en las democracias occidentales para defender las leyes y valores de sus naciones y comunidades.

Todos trabajan para impedir el libre mercado, sean esos mercados de carácter financiero, ideológico, político o científico. Lo hacen en nombre de la democracia, los derechos humanos, la justicia económica, racial y sexual y otros términos elevados.

En otras palabras, su objetivo es subvertir las democracias occidentales y hacer que sea imposible para los gobiernos mantener el orden o que las sociedades conserven sus identidades y valores únicos.

“Black Live Matters” (La Vida de los Negos Importa), que ha recibido 650.000 dólares de grupos controlados por Soros durante el año pasado, es un ejemplo clásico de estos esfuerzos. Hasta hace poco, la policía era universalmente admirada en los EE.UU. como el equivalente interno de los militares. BLM emergió como una fuerza social corrupta para politizar el apoyo a la policía.

Su argumento principal es que en EE.UU., la policía no es una fuerza para el bien, que permite que la sociedad funcione mediante el mantenimiento de la ley y el orden. Por el contrario, según dicen estos siervos de Soros, “la policía es un instrumento de los blancos de represión de los negros”.

Aplicar la ley en las comunidades predominantemente afroamericanas está bajo asalto como inherentemente racista. La agitación de BLM, que ha sido acusado de inspirar los homicidios de la policía en varias ciudades de Estados Unidos, ha producido dos respuestas de la tropa de la policía. En primer lugar, se han desmoralizado, ya que son penalizados por tratar de mantener a sus ciudades a salvo de los delincuentes.

En segundo lugar, su disposición a usar la fuerza en situaciones que exigen el uso de la fuerza ha disminuido. El miedo a cargos criminales, por un lado, y la condena pública como “racistas” por el otro hace que la policía prefiera la inacción, incluso cuando las situaciones requieren que actúen.

La desmoralización y la intimidación de la policía es muy probable que cause un fuerte aumento de los crímenes violentos.

Luego están las acciones de Soros a favor de la inmigración ilegal. Desde los EE.UU. a Europa, Soros ha implementado un impulso mundial para utilizar la inmigración con el objeto de socavar la identidad nacional y la composición demográfica de las democracias occidentales. Los correos electrónicos filtrados muestran que sus grupos han interferido en las elecciones europeas para conseguir que salgan electos los políticos que apoyan la política de fronteras abiertas para inmigrantes del mundo árabe y dar apoyo financiero y de otro tipo a periodistas que informan favorablemente sobre los inmigrantes.

Los grupos de Soros están localmente permitiendo que inmigrantes ilegales entren en EE.UU. y Europa. Han tratado de influir en las decisiones de la Corte Suprema de Estados Unidos sobre la inmigración ilegal desde México. Han trabajado con grupos musulmanes y de otro tipo para demonizar a los estadounidenses y europeos que se oponen a la apertura de fronteras.

La idea central del impulso para legalizar la inmigración sin restricciones es que los estados no deben ser capaces de proteger sus identidades nacionales.

Si es racista que los griegos protejan su identidad nacional, tratando de bloquear la entrada de millones de sirios a su territorio, entonces es racista que Grecia – o Francia, Alemania, Hungría, Suecia, EE.UU. o Polonia – existan.

Paralelamente a estos esfuerzos hay otros dirigidos a rechazar el derecho de las democracias occidentales a defender las normas sociales de larga data. Los grupos apoyados por Soros, por ejemplo, están detrás de la presión no sólo para el matrimonio homosexual, sino para los baños públicos unisex.

No sólo apoyan el derecho de las mujeres a servir en unidades de combate, sino los esfuerzos para obligar a los soldados a vivir en cuarteles unisex. En otras palabras, contribuyen a los esfuerzos dirigidos a negar a los ciudadanos de las democracias occidentales el derecho de mantener cualquier distancia entre ellos y el rechazo de Soros a sus valores más íntimos: su privacidad e identidad sexual.

Los grupos respaldados por Soros trabajan para deslegitimar todos los aspectos de las sociedades occidentales como racistas e ilegítimas. Los fondos de Soros alimentan a los grupos de izquierda, los grupos radicales de izquierda y antisistema.

La idea central de los esfuerzos de Soros es el de inducir el caos mientras las autoridades locales, paralizadas por los grupos que apoya, no son capaces de proteger a sus sociedades ni siquiera de argumentar coherentemente que merecen protección.

En muchos sentidos, la campaña de Donald Trump fue una respuesta directa no a Clinton, sino al propio Soros.

Llamar a la construcción de un muro fronterizo, apoyando la salida de Gran Bretaña de la UE, apoyando una prohibición temporal de la inmigración musulmana y apoyando a la policía contra el BLM, Trump actuó directamente para frustrar los esfuerzos de billones de dólares de Soros.

DCLeaks expuso la inmensidad de la campaña de izquierda financiada por Soros contra los fundamentos de las democracias liberales. Los movimientos de “democracia directa” que Soros apoya son nada menos que llamadas antisistema al gobierno de la calle.

Los pueblos de Occidente tienen que reconocer las bases comunes de todas las acciones de Soros. Tienen que darse cuenta también que la única respuesta a estas campañas premeditadas de subversión es que la gente de Occidente defienda sus derechos nacionales y su derecho individual a la seguridad. Deben apoyar las instituciones nacionales que garantizan la seguridad, de conformidad con la ley, y sostener y defender sus valores y tradiciones nacionales.

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No nos hagamos trampas al solitario. -Ramón Pérez-Maura/ABC-

Hacerse trampas al solitario es de idiotas. Donald Trump ha podido romper el acuerdo nuclear con Irán porque era un acuerdo de Barack Obama con terceras partes. No era un acuerdo de Estados Unidos. En Estados Unidos, los tratados con terceras partes lo son cuando los ratifica el Senado. Y Obama nunca sometió este acuerdo a esa Cámara porque sabía que no se lo hubieran aprobado. Por eso Trump hizo campaña con él y anunciando su derogación cuando ganara. Pero claro, en Europa seguimos pasmados de que haya un político que cumple lo que promete en campaña electoral. Verdaderamente asombroso.

El mejor ejemplo de auténtico desarme nuclear lo dio a principios de la década de 1990 el régimen racista sudafricano de Frederik de Klerk: dio la orden de destruir toda materia cuestionable y autorizó a los inspectores de Naciones Unidas a ir donde quisieran y cuando quisieran. Por más que la Alta Representante europea, Federica Mogherini, esté encantada con la marcha de las inspecciones en Irán, parece legítimo preguntarse por qué no se autoriza a los agentes de la Agencia Internacional de la Energía Atómica a visitar algunas bases militares sospechosas. Y por más que a Mogherini le dé igual, a mí me parecen extremadamente relevantes las pruebas presentadas por Israel de las pasadas mentiras de Irán a los inspectores de Naciones Unidas. Aunque hay que reconocer que esas mentiras de Teherán le han llevado a conseguir una de las mayores hazañas de la historia de la diplomacia de Oriente Medio: la actual alianza (tácita) entre Israel y Arabia Saudí. Dos enemigos irreconciliables hace una década, van hoy de la mano en muchos aspectos.

No se presten a engaño: las sanciones a Irán perjudican a todos, empezando por las empresas norteamericanas que tienen contratos en vigor. Y, como es lógico, Estados Unidos no va a permitir que además de que sus empresas se vean dañadas, otras empresas se aprovechen de ello. Como es lógico, se sancionará a quien no respete el embargo que promueve Washington. E igual que Irán fue, comercialmente, el país más beneficiado con el acuerdo de 2015, también Irán va a ser el más perjudicado con el abandono norteamericano del mismo.

Vivimos rodeados de mucha gente deseosa de manifestar su favor por este régimen iraní que es un notable violador de los Derechos Humanos. Un régimen en el que, cuando se quema una bandera de otro país en la tribuna del Parlamento, el presidente no llama al orden: sólo mira arrobado y pide que procuren no quemar la Cámara entera. Quienes así piensan, harían bien en recordar que lo que pretende el presidente de los Estados Unidos es un acuerdo que garantice la no proliferación nuclear de este régimen. Él pretende renegociar el acuerdo, no una escalada militar. Y, como dijo Trump al «pueblo largamente sufriente de Irán» al anunciar la retirada del acuerdo, «el pueblo de los Estados Unidos está con vosotros». No hay mejor camino hacia la paz en el mundo que ver finiquitado el régimen de los ayatolás. Manifiéstese quien esté en contra de ese objetivo.

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Zapatero, cayado de Maduro -Emilio Campmany/LD-

Se supone que el español José Luis Rodríguez Zapatero está en América tratando de lograr un acuerdo entre el Gobierno venezolano y la oposición. Tan difícil gestión no podía haberse encargado a nadie más incompetente. De forma que no es de extrañar que su misión sea un rotundo fracaso. Y, sin embargo, la falta de pericia en el dialogante exmandatario español no es ni mucho menos lo peor. La carta enviada por él a la delegación de la oposición venezolana en la República Dominicana, donde se han llevado a cabo las negociaciones bajo el arbitraje de Zapatero, es una inequívoca prueba de cargo. La misiva hace que las sospechas de falta de parcialidad que pesaban sobre quien fue durante siete años nuestro presidente del Gobierno se confirmen más allá de toda duda razonable.

La carta contiene un primer párrafo larguísimo, que no se puede leer en voz alta sin ahogarse, donde cuenta que se ha redactado un documento que supuestamente da cumplida respuesta a las exigencias de ambas partes, pero que es descrito de una forma vaga, sin ofrecer una sola garantía que pueda mínimamente tranquilizar a la oposición. Luego, el solemne confiesa:

De manera inesperada para mí, el documento no fue suscrito por la representación de la oposición. No valoro las circunstancias y los motivos, pero mi deber es defender la verdad y mi compromiso es no dar por perdido el lograr un compromiso histórico entre venezolanos.

O sea, que lo que hizo el ínclito es acordar con Maduro lo que iba a pasar a la firma a la oposición y, tras rechazar ésta el trágala, Zapatero hace pública la carta en que la regaña por no haber aceptado lo que Maduro graciosamente concedió. No sólo, sino que, en el último párrafo, conmina a la oposición a firmar el acuerdo con el irrefutable argumento de que Maduro ya lo ha suscrito. Es imposible que Zapatero no supiera que los términos de lo que él llama acuerdo no habían sido aceptados por la oposición y que, en consecuencia, carecía de sentido pasarlo a la firma, y resultaba ultrajante proferir una velada amenaza pública por no haberlo aceptado. El que tanto México como Chile, los países elegidos por la oposición como observadores, hayan abandonado la mesa de diálogo da idea de la clase de conversaciones de las que Zapatero era árbitro.

Por menguadas que sean las capacidades intelectuales de nuestro compatriota, no puede estar inadvertidamente obrando por cuenta de uno de los interlocutores en perjuicio del otro cuando se supone que lo que debería hacer es mediar entre ellos. ¿Qué espera recibir a cambio de tan parcial arbitraje? La respuesta a esta pregunta, ahora que ya no es, gracias a Dios, presidente, no es importante. La pregunta importante es: ¿por qué el Gobierno de España, presidido por Rajoy, sigue consintiendo que Zapatero nos deje a la altura del betún fingiendo una mediación que no tiene otro objeto que sostener a Maduro como dictador de Venezuela? Cualquier respuesta que tenga esta pregunta es letal para España y su imagen en el mundo.

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¿Qué tiene en la cabeza un refugiado musulmán? -Burak Bekdil/ElMedio-

(A finales de julio, el número de refugiados y migrantes que esperaban en Grecia a que se les concediera asilo o se les deportara era de 62.407. Las cinco islas del Egeo -Lesbos, Quíos, Samos y Leros- acogen a 15.222 solicitantes de asilo y migrantes).

El otoño de 2015 fue atípico en casi todos los sentidos en la isla griega del norte del Egeo desde la que escribo. Había decenas de miles de migrantes ilegales en ella, cuya población nativa era de apenas 100.000 personas. Los nuevos refugiados llegaban cada día por millares.

Una noche, el cielo azul grisáceo retumbó poco después de ponerse el sol. Las espesas nubes se ennegrecieron y empezó a llover con un rugido. Cuando corría por la resbaladiza acera en dirección al bar de un amigo, oí a un grupo de cinco pobres hombres que hablaban persa con acento turco e iban corriendo por ahí, buscando cobijo bajo los aleros de un edificio.

Un cuarto de hora después me los encontré delante del bar de mi amigo, totalmente empapados. Salí y les pregunté si hablaban inglés; menearon la cabeza. Les pregunté en turco si hablaban turco. Con un brillo en los ojos, tres de ellos exclamaron alegremente: “Evet!” (“sí” en turco). Les dije que entraran al bar si querían. Dudaron, pero declinaron cortésmente la invitación. Les pregunté si necesitaban comida, agua o cigarrillos.

El que mejor hablaba turco dio un paso al frente. Sacó un mazo de billetes del bolsillo y dijo: “Si de verdad quieres ayudar, encuéntranos un hotel. El mejor, si es posible. Tenemos dinero. El dinero no es problema. Encuéntranos un hotel y te pagaremos una comisión”. Me explicó que todos los “malditos” hoteles de la isla estaban llenos (de refugiados) y que necesitaban habitaciones.

Me disculpé y desaparecí en el bar.

Casi dos años después, en una hermosa y fresca mañana de verano conocí a A. en un bar de la misma isla. A., refugiado sirio, suele pasar las noches yendo de bar en bar con sus amigos occidentales. Esos amigos son sobre todo románticos trabajadores sociales europeos que, según he observado varias veces, llevan camisetas, bolsas y ordenadores portátiles decorados con la bandera palestina. Están en la isla para ayudar a los desgraciados refugiados musulmanes que huyen de la guerra en sus países natales.

“Te hablaré estrictamente de musulmán a musulmán”, me dijo A. con un buen inglés tras haberse bebido unos chupitos de whiskey. “Estos [trabajadores sociales europeos] son muy raros. Y no sólo raros. Son también estúpidos. No sé por qué demonios están fascinados con una causa musulmana que incluso algunos musulmanes despreciamos”.

El año pasado, tres afganos se detuvieron delante de mi casa en la misma isla y me pidieron agua. Les di tres botellas y les pregunté si necesitaban algo más. ¿Café? Aceptaron y se sentaron en las sillas del jardín.

Tomando el café, dijeron que se alegraban de que los acogiera, “no un infiel en esta isla infiel”, sino un musulmán. Un joven afgano que iba vestido como un bailarín de un videoclip hiphopero barato de la MTV me dijo: “Un día, nosotros, los buenos musulmanes, conquistaremos sus tierras infieles”. Le pregunté por qué recibía dinero “infiel” para poder vivir. “Es halal [está permitido]”, respondió. “Ellos [los infieles] son demasiado fáciles de engañar”.

M., otro sirio que hablaba inglés con fluidez, me dio una larga charla sobre el maravilloso estilo de gobernar del presidente turco, Recep Tayyip Erdogan. “¡Turquía es el mejor país del mundo!”, me dijo. “Erdogan es el líder de la umma”. Le pregunté por qué había arriesgado su vida para cruzar ilegalmente desde “el mejor país del mundo” a las “pobres tierras infieles”. “Quiero ir a Europa y aumentar su población musulmana”, me respondió. “Quiero formar una familia musulmana allí. Quiero tener un montón de hijos”. Le recordé que Grecia también es un país europeo. No, no lo es, replicó.

Casi todos los migrantes ilegales en esta y otras islas griegas quieren llegar a Alemania, donde, según les han contado amigos y familiares, se les pagará mejor por ser unos “pobres” refugiados. El cliché de esas-pobres-almas-están-huyendo-de-la-guerra-en-su-país-natal se está volviendo menos convincente cada día. Pero ¿por qué, entonces, arriesgan la vida y se apretujan con otras 40 o 50 personas (incluidos ancianos y niños) en botes de goma con capacidad para sólo 12? ¿Por la guerra en Turquía?

No. A pesar de la inestabilidad política y la inseguridad general, técnicamente no hay guerra en Turquía. Es un país musulmán cuyos migrantes -la mayoría de ellos musulmanes- quieren abandonar lo antes posible para irse a la Europa no musulmana.

Llegan a las costas de las islas griegas, que son tan bellas que gente de todo el mundo cruza el mundo en avión para pasar sus vacaciones en ellas. Pero no son lo suficientemente buenas para ellos. Quieren ir a Atenas. ¿Por qué? ¿Porque hay guerra en las islas griegas? No. Es porque Atenas es el punto de partida en la ruta de salida a los Balcanes.

La misma lógica se aplica a Serbia, Hungría y Austria. Como Grecia, ninguno de esos países será lo suficientemente bueno para los refugiados. ¿Por qué no? ¿Porque hay guerra en ellos? ¿O porque “mi primo me dice que donde mejor se paga es en Alemania”?

Los líderes turcos amenazan a menudo a Europa con “abrir las puertas e inundar Europa con millones de refugiados [sirios]”. En vez de eso, deberían preguntarse por qué esos refugiados musulmanes están tan ansiosos por abandonar el “nuevo imperio turco” a la menor oportunidad. ¿Por qué no deciden vivir una vida cómoda en un país musulmán poderoso y pacífico, en vez de ir en masa al Occidente “infiel”?

Erdogan culpa a Occidente de la tragedia. Ha criticado a Occidente por haber aceptado únicamente 250.000 refugiados sirios. En 2016, el entonces primer ministro turco, Ahmet Davutoglu, dijo que los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas debían pagar el precio, no los vecinos (musulmanes) de Siria.

Resulta irónico que millones de musulmanes estén intentando, por medios peligrosos, alcanzar las fronteras de una civilización a la que históricamente han culpado de todos los males del mundo, empezando por los de sus propios países. El romántico Occidente no se pregunta por qué millones de musulmanes que lo odian se encaminan hacia él. ¿O es “islamófobo” señalar que no hay guerra en Grecia, Serbia, Hungría o Austria?

© Versión original (en inglés): Begin-Sadat Center for Strategic Studies (BESA)
© Versión en español: Revista El Medio

Origen: ¿Qué tiene en la cabeza un refugiado musulmán?

¿Qué hace Zapatero en Venezuela? -Emilio Campmany/LD-

Zapatero es el mayor responsable del conflicto catalán. No deja de ser notable que el Gobierno le haya elegido para mediar en el que padece Venezuela.

Zapatero es el mayor responsable del conflicto catalán por haber respaldado un estatuto inconstitucional. No deja de ser notable que el Gobierno de España le haya elegido precisamente a él para mediar en el que padece Venezuela. ¿No había nadie más? Es como poner a un tartaja de telefonista, porque es imposible escoger a alguien más torpe. Lo de Venezuela está de color de hormiga, pero cualquier posibilidad de arreglo que tuviera se ha hecho infinitamente más remota si tiene que depender de este personaje que aúna de forma inigualable idiocia y atrevimiento.

Su nombre vuelve a ser noticia ahora que encabeza el enésimo esfuerzo para lograr que oposición y Gobierno venezolanos lleguen a un acuerdo mediante una ronda de negociaciones en la República Dominicana. Presentan las crónicas a nuestro ex como un exquisito árbitro que tan sólo desea una solución pacífica. Sin embargo, algo ha debido de olerse la oposición cuando parte importante de ella se niega a intervenir en las sesiones organizadas por Zapatero hasta que se den determinadas condiciones, bastante razonables, por cierto, como es que sean liberados los presos políticos. En cambio, Nicolás Maduro siempre está dispuesto, y en esta ocasión no iba a ser menos, a acudir a donde Zapatero diga.

Son muchos los países que tienen intereses en Venezuela y que ansían que el conflicto se solucione de un modo u otro. Está China, que consume cantidades ingentes de petróleo procedente, entre otros países productores, de Venezuela. Están Estados Unidos y Rusia, que tienen importantes inversiones en el país. Está Cuba, que sobrevive gracias al petróleo que Maduro le regala a cambio de enviar a Venezuela agentes de inteligencia con los que someter y encarcelar a la oposición. Y está España. ¿Qué clase de intereses tenemos allí? Pues, aparte las inversiones y el petróleo que les podamos comprar, hay que recordar que el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero vendió al régimen chavista unas fragatas provistas de software estadounidense cuando teníamos prohibido transmitir esa tecnología sin permiso de los americanos. Qué casualidad que sea ese mismo Zapatero quien ahora está tratando de buscar una salida al Gobierno que le compró las dichosas fragatas, quién sabe bajo qué condiciones.

Se rumorea que a Maduro le están arreglando un exilio dorado en Cuba, pero que Raúl Castro sólo cederá cuando se le garantice que Venezuela le seguirá regalando petróleo con el que suministrar energía a su desgraciada isla y que el Vaticano respalda la operación. Pero, aunque fuera así, ¿qué pasa con Diosdado Cabello? ¿Y con Tarek el Aissami? No obstante, desde el punto de vista español, la pregunta es: ¿qué narices hace allí Zapatero? Y da toda la impresión de que lo que trata el solemne es de evitar que haya un verdadero cambio de régimen o, si no hay más remedio de que lo haya, impedir que afloren las relaciones que su Gobierno y vaya usted a saber quién más tuvieron o tienen todavía con el régimen chavista. Y el Gobierno actual lo respalda.

Origen: Libertad Digital