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¿Qué tiene en la cabeza un refugiado musulmán? -Burak Bekdil/ElMedio-

(A finales de julio, el número de refugiados y migrantes que esperaban en Grecia a que se les concediera asilo o se les deportara era de 62.407. Las cinco islas del Egeo -Lesbos, Quíos, Samos y Leros- acogen a 15.222 solicitantes de asilo y migrantes).

El otoño de 2015 fue atípico en casi todos los sentidos en la isla griega del norte del Egeo desde la que escribo. Había decenas de miles de migrantes ilegales en ella, cuya población nativa era de apenas 100.000 personas. Los nuevos refugiados llegaban cada día por millares.

Una noche, el cielo azul grisáceo retumbó poco después de ponerse el sol. Las espesas nubes se ennegrecieron y empezó a llover con un rugido. Cuando corría por la resbaladiza acera en dirección al bar de un amigo, oí a un grupo de cinco pobres hombres que hablaban persa con acento turco e iban corriendo por ahí, buscando cobijo bajo los aleros de un edificio.

Un cuarto de hora después me los encontré delante del bar de mi amigo, totalmente empapados. Salí y les pregunté si hablaban inglés; menearon la cabeza. Les pregunté en turco si hablaban turco. Con un brillo en los ojos, tres de ellos exclamaron alegremente: “Evet!” (“sí” en turco). Les dije que entraran al bar si querían. Dudaron, pero declinaron cortésmente la invitación. Les pregunté si necesitaban comida, agua o cigarrillos.

El que mejor hablaba turco dio un paso al frente. Sacó un mazo de billetes del bolsillo y dijo: “Si de verdad quieres ayudar, encuéntranos un hotel. El mejor, si es posible. Tenemos dinero. El dinero no es problema. Encuéntranos un hotel y te pagaremos una comisión”. Me explicó que todos los “malditos” hoteles de la isla estaban llenos (de refugiados) y que necesitaban habitaciones.

Me disculpé y desaparecí en el bar.

Casi dos años después, en una hermosa y fresca mañana de verano conocí a A. en un bar de la misma isla. A., refugiado sirio, suele pasar las noches yendo de bar en bar con sus amigos occidentales. Esos amigos son sobre todo románticos trabajadores sociales europeos que, según he observado varias veces, llevan camisetas, bolsas y ordenadores portátiles decorados con la bandera palestina. Están en la isla para ayudar a los desgraciados refugiados musulmanes que huyen de la guerra en sus países natales.

“Te hablaré estrictamente de musulmán a musulmán”, me dijo A. con un buen inglés tras haberse bebido unos chupitos de whiskey. “Estos [trabajadores sociales europeos] son muy raros. Y no sólo raros. Son también estúpidos. No sé por qué demonios están fascinados con una causa musulmana que incluso algunos musulmanes despreciamos”.

El año pasado, tres afganos se detuvieron delante de mi casa en la misma isla y me pidieron agua. Les di tres botellas y les pregunté si necesitaban algo más. ¿Café? Aceptaron y se sentaron en las sillas del jardín.

Tomando el café, dijeron que se alegraban de que los acogiera, “no un infiel en esta isla infiel”, sino un musulmán. Un joven afgano que iba vestido como un bailarín de un videoclip hiphopero barato de la MTV me dijo: “Un día, nosotros, los buenos musulmanes, conquistaremos sus tierras infieles”. Le pregunté por qué recibía dinero “infiel” para poder vivir. “Es halal [está permitido]”, respondió. “Ellos [los infieles] son demasiado fáciles de engañar”.

M., otro sirio que hablaba inglés con fluidez, me dio una larga charla sobre el maravilloso estilo de gobernar del presidente turco, Recep Tayyip Erdogan. “¡Turquía es el mejor país del mundo!”, me dijo. “Erdogan es el líder de la umma”. Le pregunté por qué había arriesgado su vida para cruzar ilegalmente desde “el mejor país del mundo” a las “pobres tierras infieles”. “Quiero ir a Europa y aumentar su población musulmana”, me respondió. “Quiero formar una familia musulmana allí. Quiero tener un montón de hijos”. Le recordé que Grecia también es un país europeo. No, no lo es, replicó.

Casi todos los migrantes ilegales en esta y otras islas griegas quieren llegar a Alemania, donde, según les han contado amigos y familiares, se les pagará mejor por ser unos “pobres” refugiados. El cliché de esas-pobres-almas-están-huyendo-de-la-guerra-en-su-país-natal se está volviendo menos convincente cada día. Pero ¿por qué, entonces, arriesgan la vida y se apretujan con otras 40 o 50 personas (incluidos ancianos y niños) en botes de goma con capacidad para sólo 12? ¿Por la guerra en Turquía?

No. A pesar de la inestabilidad política y la inseguridad general, técnicamente no hay guerra en Turquía. Es un país musulmán cuyos migrantes -la mayoría de ellos musulmanes- quieren abandonar lo antes posible para irse a la Europa no musulmana.

Llegan a las costas de las islas griegas, que son tan bellas que gente de todo el mundo cruza el mundo en avión para pasar sus vacaciones en ellas. Pero no son lo suficientemente buenas para ellos. Quieren ir a Atenas. ¿Por qué? ¿Porque hay guerra en las islas griegas? No. Es porque Atenas es el punto de partida en la ruta de salida a los Balcanes.

La misma lógica se aplica a Serbia, Hungría y Austria. Como Grecia, ninguno de esos países será lo suficientemente bueno para los refugiados. ¿Por qué no? ¿Porque hay guerra en ellos? ¿O porque “mi primo me dice que donde mejor se paga es en Alemania”?

Los líderes turcos amenazan a menudo a Europa con “abrir las puertas e inundar Europa con millones de refugiados [sirios]”. En vez de eso, deberían preguntarse por qué esos refugiados musulmanes están tan ansiosos por abandonar el “nuevo imperio turco” a la menor oportunidad. ¿Por qué no deciden vivir una vida cómoda en un país musulmán poderoso y pacífico, en vez de ir en masa al Occidente “infiel”?

Erdogan culpa a Occidente de la tragedia. Ha criticado a Occidente por haber aceptado únicamente 250.000 refugiados sirios. En 2016, el entonces primer ministro turco, Ahmet Davutoglu, dijo que los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas debían pagar el precio, no los vecinos (musulmanes) de Siria.

Resulta irónico que millones de musulmanes estén intentando, por medios peligrosos, alcanzar las fronteras de una civilización a la que históricamente han culpado de todos los males del mundo, empezando por los de sus propios países. El romántico Occidente no se pregunta por qué millones de musulmanes que lo odian se encaminan hacia él. ¿O es “islamófobo” señalar que no hay guerra en Grecia, Serbia, Hungría o Austria?

© Versión original (en inglés): Begin-Sadat Center for Strategic Studies (BESA)
© Versión en español: Revista El Medio

Origen: ¿Qué tiene en la cabeza un refugiado musulmán?

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¿Qué hace Zapatero en Venezuela? -Emilio Campmany/LD-

Zapatero es el mayor responsable del conflicto catalán. No deja de ser notable que el Gobierno le haya elegido para mediar en el que padece Venezuela.

Zapatero es el mayor responsable del conflicto catalán por haber respaldado un estatuto inconstitucional. No deja de ser notable que el Gobierno de España le haya elegido precisamente a él para mediar en el que padece Venezuela. ¿No había nadie más? Es como poner a un tartaja de telefonista, porque es imposible escoger a alguien más torpe. Lo de Venezuela está de color de hormiga, pero cualquier posibilidad de arreglo que tuviera se ha hecho infinitamente más remota si tiene que depender de este personaje que aúna de forma inigualable idiocia y atrevimiento.

Su nombre vuelve a ser noticia ahora que encabeza el enésimo esfuerzo para lograr que oposición y Gobierno venezolanos lleguen a un acuerdo mediante una ronda de negociaciones en la República Dominicana. Presentan las crónicas a nuestro ex como un exquisito árbitro que tan sólo desea una solución pacífica. Sin embargo, algo ha debido de olerse la oposición cuando parte importante de ella se niega a intervenir en las sesiones organizadas por Zapatero hasta que se den determinadas condiciones, bastante razonables, por cierto, como es que sean liberados los presos políticos. En cambio, Nicolás Maduro siempre está dispuesto, y en esta ocasión no iba a ser menos, a acudir a donde Zapatero diga.

Son muchos los países que tienen intereses en Venezuela y que ansían que el conflicto se solucione de un modo u otro. Está China, que consume cantidades ingentes de petróleo procedente, entre otros países productores, de Venezuela. Están Estados Unidos y Rusia, que tienen importantes inversiones en el país. Está Cuba, que sobrevive gracias al petróleo que Maduro le regala a cambio de enviar a Venezuela agentes de inteligencia con los que someter y encarcelar a la oposición. Y está España. ¿Qué clase de intereses tenemos allí? Pues, aparte las inversiones y el petróleo que les podamos comprar, hay que recordar que el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero vendió al régimen chavista unas fragatas provistas de software estadounidense cuando teníamos prohibido transmitir esa tecnología sin permiso de los americanos. Qué casualidad que sea ese mismo Zapatero quien ahora está tratando de buscar una salida al Gobierno que le compró las dichosas fragatas, quién sabe bajo qué condiciones.

Se rumorea que a Maduro le están arreglando un exilio dorado en Cuba, pero que Raúl Castro sólo cederá cuando se le garantice que Venezuela le seguirá regalando petróleo con el que suministrar energía a su desgraciada isla y que el Vaticano respalda la operación. Pero, aunque fuera así, ¿qué pasa con Diosdado Cabello? ¿Y con Tarek el Aissami? No obstante, desde el punto de vista español, la pregunta es: ¿qué narices hace allí Zapatero? Y da toda la impresión de que lo que trata el solemne es de evitar que haya un verdadero cambio de régimen o, si no hay más remedio de que lo haya, impedir que afloren las relaciones que su Gobierno y vaya usted a saber quién más tuvieron o tienen todavía con el régimen chavista. Y el Gobierno actual lo respalda.

Origen: Libertad Digital

Las ciudades europeas asimilan la ley de la sharia. -Giulio Meotti/Gatestone Institute-

Días después de que el Estado Islámico conquistara la ciudad de Sirte en Libia, hace dos años, aparecieron unos enormes carteles en el bastión islamista advirtiendo a las mujeres de que debían llevar prendas holgadas que cubrieran el cuerpo entero, y no ponerse perfume. Estas “estipulaciones de la sharia sobre el hiyab” incluían llevar materiales densos y ropa que no “se parezca al atuendo de los no creyentes”.

Dos años después, las tres ciudades más importantes de Europa —Londres, París y Berlín— se están inclinando de la misma manera hacia la sharia.

París ha dicho au revoir a los anuncios “sexistas” en las vallas publicitarias. El ayuntamiento de París anunció que los iba a prohibir después de que la alcaldesa socialista, Anne Hidalgo, dijera que la medida significaba que París estaba “siendo pionera” en la lucha contra el sexismo. El alcalde de Londres, Sadiq Jan, también prohibió los anuncios que promovieran “expectativas no realistas sobre la imagen física y la salud de las mujeres”. Ahora Berlín prevé prohibir las imágenes donde las mujeres aparezcan como “guapas pero débiles, histéricas, tontas, locas, ingenuas o gobernadas por sus emociones”. Harald Martenstein, de Der Tagesspiegel, dijo que la medida “podría haber sido sacada del manifiesto talibán”.

Lo irónico es que esta ola de moralidad y “virtud” proviene de ciudades gobernadas por políticos de izquierdas desinhibidos, que durante años han defendido la liberación sexual.

Hay una razón para esta grotesca campaña de prohibición de imágenes. Estas ciudades tienen importantes porcentajes de población musulmana. Y los políticos —los mismos que promulgan fanáticamente el multiculturalismo obligatorio— quieren complacer al “islam”. Ahora, uno de los puntos centrales “feministas” es defender la política de la sharia, como hace Linda Sarsour. De resultas que hoy pocas feministas se atreven a criticar al islam.

Está ocurriendo en todas partes. Los ayuntamientos holandeses están “aconsejando” a sus empleadas que no lleven minifalda. Hay horarios sólo para mujeres en las piscinas suecas. Los colegios alemanes están enviando cartas a los padres pidiéndoles que las alumnas eviten llevar “ropa sugerente”.

El primero que propuso pedir la prohibición de los carteles o anuncios que “redujeran a la mujer o al hombre a objetos sexuales” fue el ministro alemán de Justicia, Heiko Maas, socialdemócrata.

“Exigir el velo en las mujeres o reprimir a los hombres se podría esperar viniendo de los líderes religiosos islámicos radicales, pero no del ministro de Justicia alemán”, dijo Christian Lindner, líder del Partido Democráta Libre.

En 1969, Alemania estaba sumida en un debate sobre la introducción en los colegios del Sexualkundeatlas, un “atlas” de ciencia sexual. Ahora lo que se intenta es desexualizar a la sociedad alemana. El periódico Die Welt dijo:

Gracias al ministro de Justicia, Heiko Maas, por fin sabemos por qué en Nochevieja, en la Estación Central de Colonia, unas mil mujeres fueron víctimas de violencia sexual: por culpa de la publicidad sexista. Demasiados modelos erotizadas, demasiada piel desnuda en nuestras vallas publicitarias, demasiadas bocas eróticas, demasiadas minifaldas en las revistas de moda, demasiado contoneo de traseros y pechos turgentes en los anuncios de televisión. Es otro paso en el camino de la “sumisión”.

En vez de pezones y nalgas, concluye Die Welt, “¿deberíamos instar al uso del burka o el velo, como hace Erdogan?”

Las mismas élites alemanas que proponen prohibir los carteles “sexistas” censuraron los crudos detalles de las agresiones sexuales masivas en Colonia. Entretanto, una mezquita liberal de Berlín, que prohibió los burkas y abrió sus puertas a gais y mujeres sin velo, está ahora bajo protección policial tras haber recibido amenazas de supremacistas musulmanes.

Las élites europeas han adoptado una doble vara de medir: se enorgullecen de acoger una exposición con un crucifijo cristiano sumergido en orina, pero claudican rápidamente ante las exigencias musulmanas de censurar viñetas del profeta islámico Mahoma. Las autoridades italianas se tomaron muchas molestias para ahorrarle al presidente de Irán, Hasán Ruhaní, ver la desnudez de las antiguas esculturas en los Museos Capitolinos de Roma.

El público occidental parece fascinado por los velos islámicos. Ismail Sacranie, fundador de Modestly Active, la empresa que diseña burkinis, declaró a The New York Times que el 35% de sus clientes son no musulmanes. Aheda Zaneti, una libanesa que vive en Australia y que inventó el burkini, afirma que el 40% de sus ventas son a mujeres no musulmanas. El público occidental, que ha romantizado el islam, parece estar asimilando la piedad de la ley islámica. The Spectator lo llamó “nuevo puritanismo” y se preguntó “por qué algunas feministas hacen causa común con el islam”.

Parafraseando al escritor estadounidense Daniel Greenfield, la ironía de que las mujeres celebren su propia anulación es tan sobrecogedor como estupefaciente.

Europa podría muy pronto tener que disculparse con la alcaldesa de Colonia, Henriette Reker. Fue criticada —condenada— por aconsejar a las mujeres mantenerse “alejadas” de los desconocidos para evitar el acoso sexual.

Si Occidente sigue traicionando el valor democrático de la libertad individual sobre el que se basa la civilización occidental, los fundamentalistas islámicos, como aquellos que impusieron el burka a las libanesas, empezarán a imponérselo a las mujeres occidentales. Puede incluso que empiecen por esas élites feministas que primero crearon la revolución sexual para la emancipación de la mujer en los años sesenta, y ahora están locamente enamoradas de una prenda oscurantista que oculta a la mujer en una cárcel portátil.

Origen: Las ciudades europeas asimilan la ley de la sharia

Guía útil de Venezuela y Podemos.-J.C.Rodriguez/Vozpópuli-

 

Los dirigentes de Podemos han puesto a Venezuela como ejemplo hasta el desplome económico. Cuando no han podido mantener un estricto régimen de silencio.

La venezolana es una economía socialista. Hugo Chávez primero, y Nicolás Maduro después, han acabado progresivamente con lo que había de economía libre desde 1999. Esta no es una historia sobre el (neo-archi-ultra) liberalismo, sino sobre el dominio socialista de la sociedad por el Estado.

El gobierno ha tomado el control de gran número y de grandes extensiones de terreno cultivable.

Según The Economist, “la renta por persona ha vuelto a la que era en los años 50’”

En 2005, Venezuela era todavía el país número uno en renta per cápita en Iberoamérica, en paridad del poder de compra. En 2016, según datos del FMI, le superan 13 países de la región. Según The Economist, “la renta por persona ha vuelto a la que era en los años 50’”.

Chavez llegó al poder con el barril a 18 dólares. Desde 2005 y hasta su muerte, rondó los 80 a 100 dólares, aunque con una gran sacudida en 2008-2009. Dedicó una parte importante del ingente flujo de divisas a distribuirlo entre los más pobres o los más aislados económicamente. Con este modelo de compra masiva de votos se aseguró la victoria elección tras elección.

A comienzos de los años 2000, el régimen chavista comenzó a tomar el control de Petróleos de Venezuela, despidió a sus directivos y al 40 por ciento de su plantilla, y lo sometió a una gestión socialista. En Chile, Allende hizo lo mismo con el mercurio y el país, primer productor del mineral del mundo, pasó a importarlo. Hoy Venezuela tiene que importar petróleo ligero porque ya no sabe cómo producirlo.

A comienzos de los años 2000, el régimen chavista comenzó a tomar el control de Petróleos de Venezuela, despidió a sus directivos y al 40 por ciento de su plantilla, y lo sometió a una gestión socialista

Desde julio de 2014, el petróleo se ha desplomado, y el barril pasa de los 100 al entorno de los 50 dólares. Es un precio por encima del que tuvo Chavez en sus cinco primeros años en el poder, pero ahora se empiezan a ver los efectos de década y media de socialismo.

Los ingresos del petróleo dejaron de ser suficientes para comprar votos. Y los pagos se empezaron a hacer con inflación; es decir, con papelitos de un valor cada vez menor. Según Steve H. Hanke, la inflación es del 789 por ciento. El socialismo ha liberado a los venezolanos de la tiranía del trabajo asalariado, y los ha puesto a hacer cola para llevarse los restos.

Como en tantas ocasiones, el régimen quiso bajar la inflación a martillazos, es decir, imponiendo precios máximos. Al no permitir que los productores vendan a unos precios que cubran sus costes, dejaron de producir, o de vender a Venezuela. Llegó el desabastecimiento generalizado.

Los venezolanos, con un dinero que pierde valor día a día, no pueden alimentarse porque escasea la comida. El 93 por ciento dice que no puede abastecerse de alimentos suficientes, y tres de cada cuatro venezolanos ha perdido peso en el último año. Nada, por cierto, sobre lo que la FAO tenga algo que decir.

Farmacias y hospitales se han quedado sin suministros de medicinas. El año pasado la mortalidad creció un 66 por ciento.

Las familias de los dirigentes viven una ostentosa opulencia sustentada sobre la explotación capitalista del narco

Desesperados ante la perspectiva de morir de hambre en su país, decenas de miles de venezolanos cruzan a pie las fronteras con los países vecinos por pura supervivencia.

Esta carencia no afecta a los miembros del régimen, que utilizan como moneda los dólares del imperio yanqui, y que por tanto pueden acceder a los bienes vedados al común de los ciudadanos.

Las familias de los dirigentes viven una ostentosa opulencia sustentada sobre la explotación capitalista del narco. Venezuela ha pasado de ser un petroestado a un narcoestado. Era más digno ser una república bananera.

El socialismo se basa en que unos pocos mandan y los demás obedecen, y eso se refleja en unas diferencias de renta mucho mayores que en una sociedad libre. La reducción del número de pobres se hace en Venezuela por el expeditivo método de la muerte por inanición.

El hambre y la miseria son los negros frutos del socialismo en la economía. En la política, el socialismo también se está cobrando sus víctimas; los muertos por represión superan ya el centenar.

El régimen ha quitado uno por uno todos los poderes de la Asamblea. Luego ha mandado a sus esbirros a atacar físicamente a sus miembros

En 2013, tras la muerte de Chavez, Maduro ganó por un escaso margen de votos en unas elecciones con graves irregularidades. En 2015, la oposición, una alianza que va desde los comunistas a la derecha, ganó por amplia mayoría las elecciones legislativas. El fracaso económico se ha traducido en fracaso político.

El régimen ha quitado uno por uno todos los poderes de la Asamblea. Luego ha mandado a sus esbirros a atacar físicamente a sus miembros. Y finalmente la ha substituido por una “Asamblea Constituyente” cuyos candidatos están todos elegidos por el propio gobierno chavista.

La oposición ha llamado a los venezolanos a participar en un referéndum sin ninguna base institucional. Votaron 7,3 millones de venezolanos. El chavismo convocó a los venezolanos a apoyar su Asamblea Constituyente y aunque no hay datos fiables, el número de votos fue muy inferior a esos 7 millones largos.

Hugo Chávez le entregó a estos gallardos españoles más de 7 millones de euros para “crear en España fuerzas políticas bolivarianas”

La comunidad internacional le ha dado la espalda al régimen de Maduro. Sus únicos apoyos, Rusia y China, pueden acabar de hundir al régimen si Venezuela no puede pagar sus deudas con ellos y se la cobran directamente de sus recursos petrolíferos.

Los creadores de Podemos han asesorado al régimen de Hugo Chavez directamente o por medio de una organización pantalla llamada CEPS casi desde el inicio del régimen.

Allí, Pablo Iglesias, Juan Carlos Monedero y otros hacían de voceros del régimen, y le asesoraban sobre cómo mantener el socialismo y ganar elección tras elección, por medio de un execrable juego maquiavélico.

Hugo Chávez le entregó a estos gallardos españoles más de 7 millones de euros para “crear en España fuerzas políticas bolivarianas”.

Los dirigentes de Podemos han puesto a Venezuela como ejemplo hasta el desplome económico. Cuando no han podido mantener un estricto régimen de silencio, se ha negado a condenar una sola de las actuaciones del chavismo, han negado la legitimidad a la oposición y han ejercido el anti-antichavismo con profusión.

Quien vea lo que pasa en Venezuela y lo que puede pasar en España es porque no quiere.

Origen: Guía útil de Venezuela y Podemos

Los hilos de Luis del Pino: Antonio Maestre, el tan falso periodista como documentalista podemita, y Venezuela – La Paseata

Ayer, publicaba un tuit que considero interesante comentar. Me refiero a estas palabras que añadió al compartir un vídeo: ¿A esto la prensa patria no le llama atentado terrorista?

Pregunta Antonio Maestre si esa acción contra la policía venezolana no es terrorismo. Yo le respondo: ¡Pues claro que lo es!

Ante las evidencias palmarias de continuas violaciones de los DD.HH. por parte de la dictadura venezolana, el último argumento de sus (cada vez más escasos) defensores consiste en justificar la represión del gobierno recurriendo a una supuesta violencia opositora.

Pregunta  Antonio Maestre si esa acción contra la policía venezolana no es terrorismo. Yo le respondo: ¡Pues claro que lo es! Claro que ha habido policías asesinados durante esta oleada de protestas y la de 2014! Y cada uno de esos asesinatos ES terrorismo. Y el que haya habido MUCHÍSIMOS más manifestantes asesinados que policías no hace que un atentado contra un policía deje de ser terrorismo. Pero la cuestión no es esa, Antonio Maestre, y usted lo sabe. La verdadera cuestión es cuál es la respuesta del ESTADO a esos hechos. En un estado de derecho, si alguien atenta contra un policía, ese alguien (y solo ese alguien) DEBE ser castigado por un juez. Un estado democrático de derecho NO PUEDE usar la violencia contra quienes no son responsables directos de un delito. Un estado democrático de derecho NO PUEDE torturar ni siquiera a los que sean terroristas confesos.

Un estado democrático de derecho NO PUEDE castigar a ningún delincuente (ni siquiera terrorista) sin que un juez determine que es culpable. Por tanto, no existe justificación ninguna, Antonio Maestre, para que la policía venezolana dispare a quemarropa a manifestantes desarmados. Ni para que torture a detenidos. Ni para que les niegue el habeas corpus. Ni para que efectúe detenciones arbitrarias. Ni para que envíe gángsteres armados (los colectivos) a dispersar manifestaciones a tiros. Ni para que mate a balazos a niños de 15 años.

Así que le respondo, Antonio Maestre: sí, lo que usted refleja en ese vídeo ES terrorismo. Pero no hace menos asqueroso al criminal Maduro.

 

Origen: Los hilos de Luis del Pino: Antonio Maestre, el tan falso periodista como documentalista podemita, y Venezuela – La Paseata