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¿Qué tiene en la cabeza un refugiado musulmán? -Burak Bekdil/ElMedio-

(A finales de julio, el número de refugiados y migrantes que esperaban en Grecia a que se les concediera asilo o se les deportara era de 62.407. Las cinco islas del Egeo -Lesbos, Quíos, Samos y Leros- acogen a 15.222 solicitantes de asilo y migrantes).

El otoño de 2015 fue atípico en casi todos los sentidos en la isla griega del norte del Egeo desde la que escribo. Había decenas de miles de migrantes ilegales en ella, cuya población nativa era de apenas 100.000 personas. Los nuevos refugiados llegaban cada día por millares.

Una noche, el cielo azul grisáceo retumbó poco después de ponerse el sol. Las espesas nubes se ennegrecieron y empezó a llover con un rugido. Cuando corría por la resbaladiza acera en dirección al bar de un amigo, oí a un grupo de cinco pobres hombres que hablaban persa con acento turco e iban corriendo por ahí, buscando cobijo bajo los aleros de un edificio.

Un cuarto de hora después me los encontré delante del bar de mi amigo, totalmente empapados. Salí y les pregunté si hablaban inglés; menearon la cabeza. Les pregunté en turco si hablaban turco. Con un brillo en los ojos, tres de ellos exclamaron alegremente: “Evet!” (“sí” en turco). Les dije que entraran al bar si querían. Dudaron, pero declinaron cortésmente la invitación. Les pregunté si necesitaban comida, agua o cigarrillos.

El que mejor hablaba turco dio un paso al frente. Sacó un mazo de billetes del bolsillo y dijo: “Si de verdad quieres ayudar, encuéntranos un hotel. El mejor, si es posible. Tenemos dinero. El dinero no es problema. Encuéntranos un hotel y te pagaremos una comisión”. Me explicó que todos los “malditos” hoteles de la isla estaban llenos (de refugiados) y que necesitaban habitaciones.

Me disculpé y desaparecí en el bar.

Casi dos años después, en una hermosa y fresca mañana de verano conocí a A. en un bar de la misma isla. A., refugiado sirio, suele pasar las noches yendo de bar en bar con sus amigos occidentales. Esos amigos son sobre todo románticos trabajadores sociales europeos que, según he observado varias veces, llevan camisetas, bolsas y ordenadores portátiles decorados con la bandera palestina. Están en la isla para ayudar a los desgraciados refugiados musulmanes que huyen de la guerra en sus países natales.

“Te hablaré estrictamente de musulmán a musulmán”, me dijo A. con un buen inglés tras haberse bebido unos chupitos de whiskey. “Estos [trabajadores sociales europeos] son muy raros. Y no sólo raros. Son también estúpidos. No sé por qué demonios están fascinados con una causa musulmana que incluso algunos musulmanes despreciamos”.

El año pasado, tres afganos se detuvieron delante de mi casa en la misma isla y me pidieron agua. Les di tres botellas y les pregunté si necesitaban algo más. ¿Café? Aceptaron y se sentaron en las sillas del jardín.

Tomando el café, dijeron que se alegraban de que los acogiera, “no un infiel en esta isla infiel”, sino un musulmán. Un joven afgano que iba vestido como un bailarín de un videoclip hiphopero barato de la MTV me dijo: “Un día, nosotros, los buenos musulmanes, conquistaremos sus tierras infieles”. Le pregunté por qué recibía dinero “infiel” para poder vivir. “Es halal [está permitido]”, respondió. “Ellos [los infieles] son demasiado fáciles de engañar”.

M., otro sirio que hablaba inglés con fluidez, me dio una larga charla sobre el maravilloso estilo de gobernar del presidente turco, Recep Tayyip Erdogan. “¡Turquía es el mejor país del mundo!”, me dijo. “Erdogan es el líder de la umma”. Le pregunté por qué había arriesgado su vida para cruzar ilegalmente desde “el mejor país del mundo” a las “pobres tierras infieles”. “Quiero ir a Europa y aumentar su población musulmana”, me respondió. “Quiero formar una familia musulmana allí. Quiero tener un montón de hijos”. Le recordé que Grecia también es un país europeo. No, no lo es, replicó.

Casi todos los migrantes ilegales en esta y otras islas griegas quieren llegar a Alemania, donde, según les han contado amigos y familiares, se les pagará mejor por ser unos “pobres” refugiados. El cliché de esas-pobres-almas-están-huyendo-de-la-guerra-en-su-país-natal se está volviendo menos convincente cada día. Pero ¿por qué, entonces, arriesgan la vida y se apretujan con otras 40 o 50 personas (incluidos ancianos y niños) en botes de goma con capacidad para sólo 12? ¿Por la guerra en Turquía?

No. A pesar de la inestabilidad política y la inseguridad general, técnicamente no hay guerra en Turquía. Es un país musulmán cuyos migrantes -la mayoría de ellos musulmanes- quieren abandonar lo antes posible para irse a la Europa no musulmana.

Llegan a las costas de las islas griegas, que son tan bellas que gente de todo el mundo cruza el mundo en avión para pasar sus vacaciones en ellas. Pero no son lo suficientemente buenas para ellos. Quieren ir a Atenas. ¿Por qué? ¿Porque hay guerra en las islas griegas? No. Es porque Atenas es el punto de partida en la ruta de salida a los Balcanes.

La misma lógica se aplica a Serbia, Hungría y Austria. Como Grecia, ninguno de esos países será lo suficientemente bueno para los refugiados. ¿Por qué no? ¿Porque hay guerra en ellos? ¿O porque “mi primo me dice que donde mejor se paga es en Alemania”?

Los líderes turcos amenazan a menudo a Europa con “abrir las puertas e inundar Europa con millones de refugiados [sirios]”. En vez de eso, deberían preguntarse por qué esos refugiados musulmanes están tan ansiosos por abandonar el “nuevo imperio turco” a la menor oportunidad. ¿Por qué no deciden vivir una vida cómoda en un país musulmán poderoso y pacífico, en vez de ir en masa al Occidente “infiel”?

Erdogan culpa a Occidente de la tragedia. Ha criticado a Occidente por haber aceptado únicamente 250.000 refugiados sirios. En 2016, el entonces primer ministro turco, Ahmet Davutoglu, dijo que los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas debían pagar el precio, no los vecinos (musulmanes) de Siria.

Resulta irónico que millones de musulmanes estén intentando, por medios peligrosos, alcanzar las fronteras de una civilización a la que históricamente han culpado de todos los males del mundo, empezando por los de sus propios países. El romántico Occidente no se pregunta por qué millones de musulmanes que lo odian se encaminan hacia él. ¿O es “islamófobo” señalar que no hay guerra en Grecia, Serbia, Hungría o Austria?

© Versión original (en inglés): Begin-Sadat Center for Strategic Studies (BESA)
© Versión en español: Revista El Medio

Origen: ¿Qué tiene en la cabeza un refugiado musulmán?

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Serafín Fanjul: “No existe el deseo de integración entre los musulmanes”

Arabista de sólida formación intelectual y literaria no es un historiador complaciente de los que eluden el conflicto. Obras como ‘Al Ándalus contra España’ o ‘La quimera de Al Ándalus’ están construidas a base de erudición y falta de complejos identitarios para desenmascarar los mitos fundacionales de tolerancia, cooperación y amistad de una idílica España en la que convivían tres religiones, algo que no existió jamás, afirma.

“El problema estriba”, afirma Serafín Fanjul en La quimera de Al Ándalus (Siglo XXI, 2004) al hablar sobre la supuesta tolerancia de la religión islámica, “en que la base del islam, el mismo Corán, exhibe exhortos y mandamientos de claridad meridiana (es la palabra de Dios, increada y eterna) y que ningún buen musulmán se atreverá a contravenir sin arrostrar el desprestigio público: ‘¡Creyentes! ¡No toméis como amigos a los judíos y a los cristianos! Son amigos unos de otros. Quien de vosotros trabe amistad con ellos, se hace uno de ellos. Dios no guía al pueblo impío'”.

Afirmaciones como ésta han procurado al historiador madrileño la calificación de islamófobo y, por supuesto, fascista, algo imposible de sostener si se lee su extensa obra académica. O incluso la ensayística y la literaria. O sus frecuentes colaboraciones periodísticas. Conocedor como pocos en nuestro país de la historia, la literatura y la religión islámicas, Fanjul sostiene que negar una realidad insoslayable edulcorando con buenas intenciones programas de integración social que no acometen el problema de raíz es la mejor forma de conducirnos a todos al desastre.

P-¿Existe un conflicto larvado entre las comunidades cristiana y musulmana en España?
Tanto como un conflicto, no, pero sí una separación. En el islam, la sociedad es mucho más hermética, más cerrada y menos dispuesta a admitir la relación distendida y natural con otras comunidades humanas. Que los árabes, con una lengua distinta y una cultura distinta, tiendan a encerrarse, tiene esa explicación primera. Pero luego hay otra que quizá es más determinante y es la propensión de los musulmanes a considerarse siempre un grupo a parte. Esto lamentablemente es así. Por parte de los inmigrantes musulmanes no hay deseo de integrarse. Intentan reproducir aquí sus formas de vida y la forma de organización que traen procedente de sus países. Ser del Madrid o del Barcelona, o pagar impuestos a Montoro, son formas de integración muy superficiales. La manera de integración verdadera, la que salva todas las distancias y rompe ese tipo de barreras es la fusión física, sexual, o sea, los casamientos mixtos de hombres y mujeres de las dos procedencias.

P-Pero de eso estamos aún muy lejos…
Hay que tratar por todos los medios integrar a las mujeres musulmanas, porque los hombres lo tienen más fácil, se pueden ir al fútbol, a la piscina… pero a la mujer la dejan en casa.

P-¿Ayudaría o perjudicaría a esa integración la prohibición del velo en lugares públicos?
Esa es una normativa lógica de seguridad en un país moderno. Hay ciertas cosas que son inadmisibles, porque el color del pelo, el color de las ojos y la forma de las orejas son los signos de identificación en todo carnet o pasaporte. Ni por la calle se puede admitir.

P-¿Y en las aulas?
Yo di clases en El Cairo a finales de los 60 y en aquel tiempo no había en Egipto una sola mujer con el velo, porque se había producido un descrédito de ese reaccionarismo y de esa forma de vestir. En 1923, a la vuelta de un congreso feminista en Roma, las activistas Hoda Shaarawi y Saiza Nabarawi, al llegar a la estación de El Cairo se quitaron el velo y lo tiraron, y a partir de ese momento, que me parece emocionante por lo que representa de búsqueda de libertad y de liberación, el velo empezó a desaparecer en Egipto. Pero luego, tras el asesinato de Sadat, que era un beato musulmán, los Hermanos Musulmanes introdujeron una corriente de islamización en un país que era ya muy islámico. Al principio empezaron regalando ropa a mujeres pobres; luego, crearon una red de asistencia social y médica, daban ayudas económicas, ropa, comida… todo con dinero que venía de Arabia Saudí, y de esa forma el tejido social empezó cada vez a inclinarse más hacia el integrismo. Uno de los gestos fue poner a las mujeres como estaban antes de 1923.

P-¿No es sorprendente que jóvenes que parecen integrados cometan actos como los La Rambla?
No, porque no están integrados. Para que una persona arrolle con un camión a sus semejantes, ponga una bomba o coja un kalashnikov en una discoteca, tiene que haber habido una preparación. No es que un imam le haya comido el coco durante tres semanas, eso es una estupidez, es una infraestructura mental y de formación que reciben desde pequeños. En un momento pueden hacer el gamberro tomando alcohol y tratando de ligar con las barcelonesas porque ven que es divertido, pero de pronto eso se corta y esas personas vuelven al punto de donde salieron, porque el imam les dice que están haciendo mal, que se van a ir al infierno, que están deshonrando a sus padres… Como ocurre con los terroristas españoles o de cualquier lugar, a veces las familias tienen mucho que ver. En Cataluña, precisamente, se les ha dado a los inmigrantes musulmanes todo tipo de facilidades, de ventajas y de tratos de favor respecto a la población autóctona para que se sientan bien y para que se quieran sumar al proyecto separatista. Pero finalmente siempre anteponen la pertenencia religiosa a cualquier otro tipo de lealtad, lo cual puede ser comprensible, pero en una sociedad de otro tiempo. En una sociedad medieval aquí también era así. El fenómeno religioso separa mucho, y si son religiones tan herméticas como es el caso del islam, que es una religión inmune a cualquier influencia exterior, la cosa es todavía más dura. La integración musulmana es un problema muy serio.

P-¿Cree que en España hay ‘islamofobia’?
No. Tradicionalmente los españoles no somos gente xenófoba, al contrario, hay una admiración bastante bobalicona hacia los extranjeros que se supone que son listos y ricos. Hacia los pobres y supuestamente tontos, no, pero por pobres, no por extranjeros. Es más un problema económico y social que de visión islamófoba. En España la gente no sabe lo que es el islam, no sé si eso es bueno o malo.

P-¿De dónde viene el complejo de inferioridad de España hacia la dictadura marroquí?
El problema principal de España es la corrupción. Hay unos intereses económicos españoles muy fuertes que están impidiendo de hecho que la posición de España con respecto a Marruecos sea más dura. La debilidad viene de nosotros, de que el aparato político-económico dirigente en España no se siente seguro porque le pueden sacar cualquier cosa en cualquier momento y no es fuerte para actuar en el exterior. No puedo acusar directamente a nadie, pero hay empresas e inversiones en Marruecos… ¿por qué trajeron a principios de los años 2000 a miles de marroquíes a Cataluña? Eso no fue una casualidad. Si Pujol pudo traérselos para no traer ecuatorianos ni colombianos, que eso es evidente, tuvo que haber un permiso y una autorización del Gobierno central. Ahora se pagan las consecuencias de aquellas alegrías y permisividades. El caso de Marruecos es como el de Gibraltar, es evidente que hay españoles interesados económicamente en que eso siga.

P-¿Por qué el PP ha desaprovechado su mayoría absoluta para hacer más cambios?
Porque participa del consenso de los políticos, eso que llaman la unidad y que no es más que la unidad personal de los distintos grupos y las distintas facciones de los partidos. Les interesa más la unión entre ellos que los intereses generales. Rajoy es un señor que personalmente no me inspira la más mínima simpatía, no tengo inconveniente en decirlo. Es un señor muy soberbio, muy cobarde y muy vago, y la combinación de los tres elementos juntos… Le preocupa más llegar a un acuerdo en una subcomisión con los vascos y los catalanes que poner en su sitio a los separatistas.

P-¿Cómo es posible que haya dejado pudrir la situación en Cataluña de tal forma?
Porque no tomó medidas legislativas hace cuatro años cuando se veía venir la cosa. El otro referéndum dijo que no se iba a hacer y se hizo. Ahora dice lo mismo, ya veremos, de momento se limita a esconderse detrás de los jueces. Tiene que tomar medidas políticas. No sé si hay que aplicar el 155 o si hay que desarmar a los Mossos, pero el TC no va a impedir nada, no tiene fuerza material para hacerlo. Toda esta dejación de funciones es absolutamente gratuita e innecesaria, porque el Estado sigue teniendo elementos coercitivos muchísimo más fuertes de los que puede tener la Generalidad de Cataluña y no sólo legales, también económicos, propagandísticos… pero no utiliza ninguno.

P-¿El problema viene desde la Transición?
Sí, porque se dejaron cabos sueltos creyendo que se iban a integrar los separatistas, que se llamaban nacionalistas y ahora soberanistas. Durante 40 años la estrategia ha sido darles dinero e impunidad para hacer con él lo que les diera la gana. Y lo han hecho. Y ahora salen los casos de corrupción de la familia Pujol. Pero sobre todo, las consecuencias políticas han sido siniestras. Como entregarles la Educación, no sólo a los catalanes, sino a todas las comunidades autónomas, o el orden público. Fue Aznar el que autorizó la policía catalana y ahora pagamos las consecuencias. Aznar fue un buen presidente pero cometió algunos errores.

P-¿Como cuáles?
El principal, suprimir la mili. Si se quita el servicio militar obligatorio se está mandando a la población el mensaje evidente de que la defensa nacional no es asunto suyo, que se va a resolver con mercenarios. Y eso es letal. Si en algún momento España tiene que responder a una amenaza militar exterior, y no está descartado que venga del único sitio de donde puede venir dada nuestra situación geográfica, nadie va a querer hacer nada. Una comunidad humana tiene que defenderse si lo necesita, una comunidad que renuncia a defenderse no merece sobrevivir. Yo soy pacífico, pero no pacifista. Ante una amenaza exterior hay que reaccionar. No digo mandar tropas fuera.

P-¿Ni siquiera para luchar contra el IS?
Interviene militarmente el que puede, no el que quiere. Y si además nosotros no queremos, no sé si tiene mucho sentido plantearlo.

P-¿Se puede considerar una guerra los ataques del terrorismo islámico en Europa?
Sí que lo es. Pero es una guerra en la que no se puede luchar con tropas ni divisiones, hay que luchar de otra forma, con inteligencia, en las dos acepciones, con medios y con dinero. Pero lo más grave es que la idea extendida es que no hay ningún motivo para tener que defenderse. Eso es gravísimo.

P-Ha denunciado en varias ocasiones la condena ciega y en bloque de la colonización americana.
Es culpa nuestra por no haber sabido contrarrestarlo con los medios que tenemos, y los que tenemos desgraciadamente no se dedican a eso. Cuando uno va a América se da cuenta de hasta qué punto fue una acción magnífica, ciclópea, de una grandeza enorme. El establecimiento de ciudades, el trasplante de cultivos, de acá para allá y de allá para acá, de fauna, la fundación de instituciones culturales, de sociedades de amigos del país, de canales comerciales, de arte, de cultura criolla… Y es sintomático que los florecientísimos virreinatos de México y de Perú al día siguiente de la independencia se hundieron. El siglo XIX es el siglo de la caída del PIB de lo que había sido Hispanoamérica. Hasta final del siglo no recuperan el nivel que había tenido antes de la independencia.

P-¿Cómo ve el estado de la Universidad española?
No es justo decir que todos los profesores son unos incompetentes y que ninguna de nuestras universidades figura entre las 200 mejores del mundo, como se repite tanto. Es injusto, porque los criterios con los que se hacen esos baremos los hacen los mismos tipos de Hong Kong y de Harvard, con arreglo a sus criterios y a sus propios intereses. Hay determinados departamentos de algunos centros muy buenos. El problema es que la universidad española se masificó a partir de los años 70 de una manera terrible, y hoy hay tal cantidad de alumnos y tal cantidad de profesores que no es funcional. No es lógico que España, con la mitad de población que Alemania, tenga porcentualmente el doble de universitarios, pero está mal visto decir que hay que poner ‘numerus clausus’ y que hay que reducir el número de estudiantes, el número de profesores y el número de universidades. Yo creo que hay que reducirlo. Por otra parte, el Estado autonómico, entre otras grandezas, nos ha traído que cada autonomía y luego ya cada provincia tienen que tener un aeropuerto, el AVE… y una universidad, como mínimo, y a veces incluso una editorial propia.

P-España es un país poco interesado por la cultura.
El hundimiento del conocimiento es un problema a escala global. En la cuestión cultural, quizá haya que ayudar, la idea de que no se puede subvencionar la cultura es culpa de la derecha liberal. De esa forma te cargas un montón de cosas, por ejemplo, todas las academias, menos la de la Lengua, por el diccionario. Si no ayudas a que se mantengan determinadas cosas, mueren. Y hay un monocultivo de subcultura anglosajona que nos está comiendo por completo.

Origen: Serafín Fanjul: “No existe el deseo de integración entre los musulmanes”

Últimas peripecias de la Inquisición progre. -Jesús laínz/LD-

En esto consiste la Inquisición progre, en la denigración impune de todo lo que caracteriza históricamente a Europa y el servilismo hacia todo lo que pueda serle nocivo.

Cinco días después del atentado de Barcelona, Enrique Álvarez, responsable del Servicio de Cultura del Ayuntamiento de Santander, publicó en el Diario Montañés un artículo, titulado “El Islam y el mal”, en el que vertió algunas opiniones que no han sido precisamente bien recibidas por parte de algunos creadores de opinión locales.

Para resumir, el artículo giraba en torno a la idea central de que

el Islam es una religión mala y perversa porque niega la cualidad esencial de Dios, el Amor (…) porque niega por completo el libre albedrío humano, porque tiene una concepción totalmente determinista y fatalista del hombre (…) porque niega la igualdad esencial en dignidad y derechos de todos los seres humanos (…) y porque ha traído al mundo, desde el minuto uno hasta el día de hoy, un sinfín de guerras, de odios y de divisiones irreconciliables, tanto en su ámbito interno como en sus relaciones con la cristiandad.

Por todo ello el autor proponía, “hasta donde la democracia lo permita”, no fomentar la penetración del islam en suelo europeo e intentar restaurar la influencia de la religión de Cristo.

Hasta aquí, nada que debiera llamar la atención, sobre todo si se tiene en cuenta que su autor es un conocido escritor católico que expresa sus opiniones como puede hacerlo –o, visto lo visto, debería poder hacerlo– cualquier otra persona de cualquier ideología política o creencia religiosa. Sin embargo, ha estallado el escándalo entre los militantes de la Santa Inquisición Progre –periodistas y políticos de PSOE, IU y Podemos–, los cuales y las cualas, mesándose los cabellos, han pedido la destitución de su responsabilidad municipal e incluso la apertura de investigaciones para determinar si podría considerársele reo del delito de odio para hacerle pasar por los tribunales por haber escrito tan pecaminosas palabras.

Que se esté de acuerdo o no con estas opiniones es irrelevante, y a nadie deberían escandalizarle ni nadie debería pretender acallarlas. Al fin y al cabo, en eso consiste la libertad de expresión proclamada en nuestra Constitución: en no poder impedir que se expresen las ideas que no compartimos.

Pero lo más divertido del asunto es el doble rasero que estos virtuosos de la hipocresía aplican a los asuntos religiosos. Ahorrémonos explicaciones mediante el simple relato de unos hechos acaecidos, también en estos últimos días agosteños, en la vecina Bilbao. Porque con motivo de la reciente Semana Grande, a la “konpartsa libertaria” Hontzak no se le ha ocurrido mejor modo de decorar su caseta que con una imagen de Jesucristo crucificado dividido en las porciones anatómicas de la matanza de una res: paletilla, costillar, panceta, solomillo, falda y criadillas. A la Inquisición progre le debió de parecer estupendo, pues no dijo ni pío. Pero cuando el obispado reclamó su retirada, los señores inquisidores –por ejemplo, los de EH Bildu– clamaron por el “grave ataque a la libertad de expresión” y respondieron colgando la imagen de marras en otras casetas.

El asunto no es nuevo, evidentemente, aunque en los últimos tiempos estemos disfrutando del agravamiento y aceleración de acontecimientos parecidos a causa de la paciente siembra realizada durante las últimas décadas.

Un ejemplo entre mil: en 1999, con motivo de la celebración de su décimo cumpleaños, el diario El Mundo editó una colección de libros titulada “Las 100 joyas del Milenio”. El prólogo del Dioses y héroes de la antigua Grecia de Robert Graves fue encargado al escritor Ramón Irigoyen, quien, más que en el libro del egregio autor inglés, se centró en su resentimiento contra el cristianismo, al que consideró fuente de “demente suficiencia” entre sus fieles. Definió a los católicos españoles como “más brutos que un arado etrusco”, calificó a los crucifijos como un “mal de ojo”, se enorgulleció de “blasfemar a razón de unas doscientas blasfemias por minuto” y lamentó que la cultura griega no hubiera rozado la vida española porque “aquí, levantes donde levantes una piedra, siempre te salta al ojo una puta iglesia románica”.

¿Habría sido posible, tanto en la forma como en el fondo, un artículo semejante pero en sentido contrario? Evidentemente, ningún editor lo habría publicado jamás.

En esto consiste la Inquisición progre, en la denigración impune de todo lo que caracteriza históricamente a Europa y el servilismo hacia todo lo que pueda serle nocivo.

Ya lo explicó en 1925 el comunista francés Louis Aragon con insuperable claridad:

¡Mundo occidental, estás condenado a muerte! Nosotros somos los derrotistas de Europa. Poneos en guardia, o, mejor aún, reíd mientras podáis. Nosotros pactaremos con todos vuestros enemigos (…) Sembraremos por doquier los gérmenes de la confusión y el malestar (…) Somos los que siempre daremos la mano al enemigo.

Eso que llamamos Europa o mundo occidental lleva muerto bastante tiempo. Los europeos de nuestra generación no somos más que los últimos organismos que sobreviven a duras penas sobre su cuerpo putrefacto. Y ésos que tanto presumen de su título de progresistas, en cualquiera de sus variantes, son los gusanos encargados de terminar de comerse el cadáver.

Un tío de puta madre. -Martín Domingo/Granada hoy-

Mi columna de hoy quiere ser una carta de agradecimiento dirigida a quienes, durante los días posteriores a los atentados de Cataluña, me han abierto los ojos y liberado de peligrosos prejuicios.

Quiero dar las gracias, en primer lugar, a Raquel Rull, educadora social de Ripoll, que escribió un texto, publicado en muchos diarios, que me ha permitido conocer mejor -conocer es entender- a Moussa, el chiquillo que acudía a sus talleres con ocho años, de la mano de Driss, su hermano mayor, un hombrecito amable, tranquilo y buen estudiante. Un amor. Comprendo que a Raquel le duela tanto no poder volver a abrazarlos: ¡eran tan jóvenes, tan llenos de vida, tenían tantos sueños por cumplir…!

Gracias también a Ramón Colom, director general de TVE en la última etapa de Felipe, por acordarse en su cuenta de Facebook de “la madre de ese muchacho de veintidós años al que han matado los Mossos, el segundo hijo que le matan en pocos días. Pobre mujer”. Una internauta poco receptiva dejó caer que a lo mejor la madre falló en algo, pero otro usuario la corrigió de inmediato: “Atribuir la responsabilidad a la madre es injusto. Habría que reflexionar sobre qué ha fallado en el sistema y en el marco de convivencia geopolítica”. Claro que sí.

Nos esconden, y hacen bien, las caras ensangrentadas y los cuerpos mutilados de las víctimas. ¿Para qué queréis ver a ese niño de siete años tirado en mitad de la Rambla? ¿Para dar tralla en las redes a quienes le pasaron por encima con un furgón? Criminales, les llamaréis, que aquí lo que falta es empatía y sobra terroristofobia. Sí, ya sé que la imagen de Aylan, el pobre niño sirio muerto en la arena de una playa turca, la viralizaron los mismos que ahora niegan visibilidad al pequeño Julian, pero hay que ser muy retorcido para insinuar que hay personas a las que sólo les importan los niños muertos que les permiten arremeter contra nuestros gobiernos y nuestras leyes.

A nadie le interesa lo que puedan decir los familiares de las víctimas del atentado; lo verdaderamente enriquecedor es el testimonio de los amigos y allegados de los asesinos. Así lo han entendido los periódicos y las televisiones. Por ejemplo, Silvia Jato, que en La Mañana de la 1 confraternizaba con el primo de uno de los yihadistas y se partía la caja cuando éste le desvelaba que su pariente -el asesino en serie, dirán los de siempre-, no tenía novia formal, sino rolletes. ¡Qué golfillo! También vimos el rostro decentemente cubierto de la hermana y de la madre, que nos informaron de que era un muchacho sin tacha, que las quería infinito. La Jato, tan guapa y tan señora, se mostró además como una mujer comprometida y cálida, equiparando el dolor de la madre del niño muerto en Las Ramblas y el de la madre de su verdugo. Es una miss con alma de trabajadora social.

El País, siempre del lado de los débiles, se acercó a preguntar a los amigos de Younes, el conductor de la furgoneta, que mató a catorce personas y dejó malheridas a más de cien: “Mira, te lo voy a resumir: era un tío de puta madre”, contestó uno de ellos con desparpajo. No tengo ninguna duda. Mucho mejor que esos turistas de mierda a los que despanzurró contra el suelo. Tienen razón los de la CUP: ellos, los turistas, son los terroristas.

Origen: Un tío de puta madre

¿Islamofobia o sentido común? – Luis Marí-Beffa/ESdiario-

 

“El occidental que no exhiba superioridad moral sobre el islamista tiene un problema de identidad”. Con Martin Amis como punto de partida, el autor entra sin ambages en un debate necesario.

El dios griego de la guerra Ares tuvo dos hijos: Deimos y Phobos. Terror y Miedo. Esta prole estuvo muy relacionada con el tiranicidio, como respuesta del pueblo griego a tiranos como Hipias el terrorista, al que Harmodio -asesinado y elevado a mártir- derrocó utilizando esta táctica civil. Ya en su día, Maquiavelo escribió en El Príncipe que resultaba más sólido “ser temido que amado”. Y el liberalismo clásico promovió el tiranicidio desde las clases burguesas contra los reyes de la época.

El terrorismo, tal y como lo entendemos en la actualidad, fue promovido por Robespierre y su gobierno jacobino contra sus opositores, a los que les negó cualquier proceso judicial antes de darles boleto. El gobierno de este jefe despótico de la facción más radical del Comité de la Salvación Pública -los dictadores y sus alegres nombres de aparatos de poder- instauró la paranoia en Francia, ejecutando a pena de muerte -de la que él mismo unos años antes criticaba con dureza- a todo aquel que el comité -es decir, él- considerara como un conspirador o un traidor. Reino del Terror, se le ha llamado a aquel período desde 1793-1794. Tenía un objetivo y no duró demasiado.

Una guerra

Bien, el problema, a mi entender, es que nada de esto tiene que ver con estos psicóticos prehomínidos empapados en la Sharia. Los yihadistas del Estado Islámico son capaces de entrar en una escuela de primaria africana y matar a centenares de niños de tiros en la nuca, envenenar el agua de institutos irakíes, bombardear colegios y, luego, cortar las cabezas de los alumnos y colgarlas del tendido eléctrico en Siria, mutilar genitalmente a cientos de miles de mujeres o matar a gente indefensa atropellándola con un vehículo. En nombre de un dios o de la promesa de tener un harén de vírgenes en el paraíso. -Qué obsesión con la vírgenes-. Quizá pudiera resultar terrorismo. Pero a mí me parece más una guerra. A secas. Sin ninguna santidad de por medio.

Porque el terrorismo, históricamente, se suele utilizar durante un período de tiempo concreto -como nos enseñó Robespierre-, no muy largo y con un objetivo claro. Y estos tipos sin la más mínima onza de decencia humana llevan ya con esta mierda repugnante sin sentido más de lo que debiéramos permitir como sociedad.

Conozco a una persona, muy preciada para mí, a la que le gustaba viajar por oriente. Afirma que es muy probable que por sus venas corra sangre de aquel lugar. De hecho, es muy probable que corra sangre de aquel lugar por todos nosotros. Estuvo en Palmira, aquel Estado que se separó del imperio romano y que se asentó en oriente próximo, en lo que hoy es Siria. O, bueno, lo que queda de ella.

Palmira, el resumen de todo

Hace ya tiempo me contó, con lágrimas en los ojos, que lo que esa turba de ignorantes ultra religiosos hicieron con Palmira no tiene nombre. Que ni siquiera es un acto de guerra o de terror. Es algo muchísimo peor. Porque en el teatro de Palmira esta pandilla de matones filmaron cientos de torturas y asesinatos, entre ellos los de Khaled Asaad, por aquel entonces director del yacimiento. Y, después, pusieron explosivos en los cimientos de la ciudad y, en un santiamén, la redujeron a escombros.

Me alegro de no haberla visitado nunca, para no sentir la lástima de esta persona que conozco tan íntimamente bien. Tarde o temprano se tendrá que hacer un estado de excepción con esta mierda de gente, sin importar donde resida o su lugar de nacimiento. ¿Será una lástima? Sí. Pero también será inevitable. Y no me pienso parar, a estas alturas, a explicar la diferencia entre árabe, islamista, musulmán e islámico. Búsquense la vida, que ya somos todos adultos.

O, al menos, eso se espera de nosotros a la hora de instigar linchamientos gratuitos en contra de comunidades que nada tienen que ver con estos repugnantes bastardos que han descendido al nivel de los babuinos. Y, con todo el respeto por los primates, precisamente digo babuinos y no bonobos o chimpancés. Porque los babuinos son una especie simiesca en la que las violaciones, las agresiones y los robos de crías son tan habituales como diarias.

Estoy con el escritor británico Martin Amis. El occidental que no sea capaz de mostrar superioridad moral sobre un islamita radical tiene un problema, y muy serio, de identidad. Pero, al menos, podría guardar silencio y no hacer que los demás carguemos con sus mojigaterías sociales y sus complejos.

Refugiados de Nigeria por el acoso de Boko Haram

Boko Haram ya emitió en su día un comunicado en el que anunció que se adhería al Estado Islámico. El año pasado esta pandilla de fundamentalistas totalitarios islámicos asesinó a más de tres mil personas. Aunque van perdiendo poder, aún están activos en varios países de África, como Mali y Nigeria, sobre todo.

Hace como un año mataron a 85 personas, muchos de ellos niños, a los que quemaron vivos. Hace dos años secuestraron a doscientas niñas en Chibok. De ellas, de las niñas, dicen y les hacen cosas que me da vergüenza incluso pensar. Las mayores masacres se están perpetrando en el norte de Irak y África. Lo de Europa es un juego de niños, comparado con aquello. Esa es la verdad.

El ‘vómito’ necesario

Aunque existe otra verdad: cada vez que se trata el tema de la radicalización galopante del islamismo, automáticamente sobrevuela la xenofobia de occidente. Y no es xenofobia. En absoluto. De hecho, si estos tipos fueran nórdicos, el problema sería más sencillo de abordar. Por cierto, Boko Haram significa “La educación no islámica es pecado”; o también “la educación occidental es pecado”. No salen en los telediarios. Pero todos los días hacen barbaridades más macabras que las de Barcelona en otros lugares del mundo. Y, si pudieran, también las harían en Europa. Qué duda cabe a estas alturas.

Como ya nos anunció Karl Popper en La sociedad abierta y sus enemigos: una sociedad absolutamente tolerante deviene, con el inexorable paso del tiempo, en la intolerancia. Es lo que el acuñó como la paradoja de la tolerancia. De modo que cuenten conmigo entre los intolerantes. Y me importa un comino lo que puedan pensar de mí. Estos sádicos me producen arcadas. Y tarde o temprano occidente vomitará.

Solo espero que sea temprano.

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Origen: ¿Islamofobia o sentido común? – ESdiario

El imán de Ripoll .- JM Sánchez Fornet/Confidencial Andaluz-

A medida que se van conociendo más datos sobre los terroristas de Barcelona y Cambrils, más preocupación existe en personas con algún conocimiento del asunto sobre la incapacidad de las fuerzas de seguridad españolas (incluidos los Mossos), para hacer frente a este fenómeno. Ya sé que lo políticamente correcto es felicitarse por el buen trabajo de las fuerzas de seguridad, aplaudirlas, hacer minutos de silencio donde las autoridades políticas aparezcan como adalides de la lucha contra los malos, encender velas y colocar notas en los lugares donde cayeron las víctimas, pero así no vamos a ser más eficaces contra el terrorismo. La ciudadanía, además de ser comparsas en una ópera bufa como la que nos representan en este teatro, puesto que son quienes ponen las víctimas debería exigir eficacia y la verdad, porque ni las instituciones, ni los partidos políticos, ni los sindicatos, ni las fuerzas de seguridad están cumpliendo mínimamente con su obligación.

 

La verdad, más allá de la propaganda del sistema y los medios de comunicación es que la Policía y la Guardia Civil no han sido eficaces contra ETA. Así lo atestigua que casi el 40% de sus crímenes, más de 300 personas, permanezcan sin autor conocido, arrumbados los sumarios en archivos judiciales y en muchas ocasiones, sin prácticamente diligencias de investigación. Esa es la verdad objetiva que nada tiene que ver con la propaganda política y corporativista de las fuerzas de seguridad. Que de 827 asesinatos haya más de 300 sin esclarecer y sin señalar autor era para que, desde hace ya muchos años, se hubiesen analizado las prácticas operativas de ambos cuerpos de seguridad del Estado en el combate contra el terrorismo. Y empieza a ocurrir lo mismo, la misma farsa, sobre la eficacia policial contra el terrorismo islamista.

 

 

Los responsables políticos y los responsables del área de Información de todos ellos deberían dar explicaciones sobre lo que ha pasado con el imán de Ripoll porque todos han fallado estrepitosamente.

 

Cataluña, escenario fundamental

 

Afortunadamente, ETA acabó. Ahora tenemos otro terrorismo, que ya existía entonces, aunque España no era objetivo para la comisión de atentados sino lugar de residencia de quienes los preparaban especialmente contra Francia. Que Cataluña es un territorio de reclutamiento, residencia y adoctrinamiento de terroristas islámicos es sabido desde hace décadas por todos los servicios de inteligencia y policías del mundo. Y que en Cataluña existen cuatro cuerpos de seguridad con competencias para combatirlo, que son el CNI, la Policía Nacional, la Guardia Civil y la Policía autonómica (Mossos), también. Los responsables políticos y los responsables del área de Información de todos ellos deberían dar explicaciones sobre lo que ha pasado con el imán de Ripoll porque todos han fallado estrepitosamente.

 

Según sabemos ahora, el posible responsable de los atentados pueda ser el imán de Ripoll, Abdelbaki Es Satty, que debería llevar años “monitorizado”, controlado en lenguaje común, por uno o todos los cuerpos de seguridad competentes en la materia en Cataluña, que son los cuatro antes citados. No lo ha hecho ninguno, ¿Por qué? ¿Descoordinación? ¿Unos por otros la casa sin barrer?

Un tipo que ha salido de prisión tras cuatro años por tráfico de drogas estando en situación irregular en España, que fue investigado ya por ser conocido de uno de los detenidos en 2006 en la conocida como “operación Chacal” en Vilanova i la Geltrú (cinco detenidos por favorecer actividades del terrorismo islamista), no puede estar actuando varios años en Cataluña y que nadie lo detecte. Eso es un fallo clamoroso de todos los cuerpos en sus áreas de Información. Que los detenidos en la “operación Chacal” fueran absueltos en 2011 por el Tribunal Supremo no es razón para prescindir de su seguimiento.

 

A quienes quieran cometer atentados les basta con cometer un delito poco grave, ser investigados, detenidos, encarcelados por poco tiempo y, una vez en libertad, ya pueden actuar sin problemas

 

De los 700 detenidos aproximadamente desde el año 2000 por colaboración o actividades de terrorismo islamista, no más del 10% han sido condenados. Esto significa que las distintas policías no están obteniendo pruebas suficientes contra los arrestados, y, por lo que se ve con el imán de Ripoll, una vez puestos a disposición judicial no se hace ningún seguimiento de ellos, con lo que una detención infructuosa significa que se les saca del “radar” de investigación y seguimiento, se les “blanquea” con una detención que no conduce a nada y pasan a ser “liberados” del islamismo sin seguimiento y control. Con este criterio, a quienes quieran cometer atentados les basta con cometer un delito poco grave, ser investigados, detenidos, encarcelados por poco tiempo y, una vez en libertad, ya pueden actuar sin problemas, porque cuando aparezcan en el “radar” de uno de los cuerpos de seguridad saldrán antecedentes por estancia ilegal o narcotráfico y no serán vigilados por los del área antiterrorista.

 

 

Nadie monitorizó al Imán

 

Que un personaje como este imán pueda estar ejerciendo en Ripoll sin que nadie lo haya controlado evidencia un agujero de seguridad que puede estar reproduciéndose en otros lugares, y que significaría que, gracias al control de armas y explosivos existente en esta sociedad por el fenómeno terrorista anterior, no se están produciendo atentados terroristas con más frecuencia, pero no se puede pensar objetivamente que esa poca actividad criminal se deba a la eficacia de las fuerzas de seguridad.

 

En el caso que nos ocupa de los atentados de Barcelona y el posible promotor de los mismos, el imán de Ripoll, los responsables de esa ineficacia son todos los cuerpos implicados en el control y desarticulación de estos grupos, los antes citados, pero si aplicáramos el criterio de la teoría nacionalista radical que diferencia entre víctimas españolas o catalanas, informa al mundo en su lengua que apenas hablan 10 millones de personas, o lo hace sin colocar la bandera del Estado, los únicos responsables serian su policía, los Mossos, porque desde hace años están tratando de que sea la punta de lanza de su futuro Estado soñado, y esa pretensión política es un objetivo prioritario por encima de la seguridad de su ciudadanía. Cualquier cosa para diferenciarse de España y los españoles.

 

Lo cierto es que durante más de un año un imán radical ha estado reclutando, instruyendo, alentando y preparando un atentado y que ni el CNI (que dedica ocho agentes a controlar la comida de un comisario jubilado), ni la Policía, ni la Guardia Civil, ni la Policía Autonómica han sabido nada de lo que se tramaba.

 

Si se imparten instrucciones de cerrar con bolardos, maceteros u otros obstáculos que impidan el acceso de vehículos a zonas de gran aglomeración de personas, ellos deciden que no; si se coincide infiltrados en un comando yihadista policías del Estado y de la Comunidad Autónoma, el autonómico recibe órdenes de denunciar de inmediato a los nacionales por informar a los terroristas de que los siguen los Mossos; si explosiona una casa con un hongo de humo blanco y hacia adentro, no lanzando cascotes a cientos de metros sino acumulándolos en el centro de la explosión, anuncian que es una explosión de gas, a sabiendas de que mienten. En las pruebas previas para ingresar en el TEDAX se aprende que el gas no produce humo banco en forma de hongo y que los cascotes son lanzados a grandes distancias, siendo la forma de la explosión de Alcanar propia de cualquier explosivo menos de gas. No es que los TEDAX de los Mossos no sepan, que su cualificación profesional, como las de todas las especialidades, es homologable a policías y guardias civiles, es que sus dirigentes políticos y mandos hacen el mismo uso ruin de su tarea que los políticos y mandos de las policías del Estado.

 

Viajaron por cuatro países

 

Lo cierto es que durante más de un año un imán radical ha estado reclutando, instruyendo, alentando y preparando un atentado y que ni el CNI (que dedica ocho agentes a controlar la comida de un comisario jubilado), ni la Policía, ni la Guardia Civil, ni la Policía Autonómica han sabido nada de lo que se tramaba. Los terroristas han viajado a Bélgica, Marruecos, Francia, Madrid, tanto el imán como otros miembros de la célula, han ocupado ilegalmente la casa de Alcanar durante más de un año, se han provisto de agua oxigenada, acetona, ácido sulfúrico, 106 bombonas y 5 vehículos, tres de ellos furgonetas alquiladas, y si no les revienta el explosivo en las manos ni nos enteramos hasta que hubiesen provocado una masacre brutal de varios cientos o miles de muertos. Que 17 horas después de la explosión entren en las Ramblas sin que se hubiese alertado de la existencia de un comando por la explosión de Alcanar es un error injustificable. Aunque en la doctrina nacionalista radical si los Mossos hacen todo los Mossos serían responsables, lo cierto es que, además de responsables políticos y mandos de Mossos, esta negligencia debe ser compartida por todos los servicios de información contraterrorista, de Mossos, Policía y Guardia Civil, y también especialmente por el del servicio secreto, el CNI. Es responsabilidad de esos responsables políticos que comparecen a anotarse medallas cuando se desarticula un grupo o un lobo solitario, y se olvidan cuando la mayoría de ellos son puestos en libertad sin cargos. Es responsabilidad de quienes permiten organizar montajes como el reciente de Madrid desmontado por la Audiencia Nacional que llevó unas semanas a la cárcel a musulmanes inocentes, cuyo muñidor recibe una medalla roja y es ascendido a jefe superior de Policía en dicha comunidad. Eso sí, es policía de confianza de la presidenta de la comunidad autónoma y ese es el mejor criterio hoy para nombramientos en cualquier cuerpo policial, en Madrid o Cataluña.

 

Eso significa que estaba mal organizado el control y seguramente no por responsabilidad de quienes allí estaban sino porque faltaban efectivos para organizarlo como se debía.

 

 

Lo que ocurrió después del atentado no mejora el análisis de la gestión de inteligencia previa del mismo; no se sabe todavía si uno o varios terroristas superaron un control policial de aislamiento de la zona del atentado, dejando a un mosso herido y el coche abandonado con una persona muerta por apuñalamiento en su Interior. Eso significa que estaba mal organizado el control y seguramente no por responsabilidad de quienes allí estaban sino porque faltaban efectivos para organizarlo como se debía.

Si la Generalitat hubiese pensado en la eficacia y no en subordinar la seguridad de la ciudadanía a sus delirios independentistas, la noche del miércoles, nada más saber que en la casa del Alcanar se produjo una deflagración de explosivos y conocer la identidad de quien quedó vivo, debería haber comunicado a la delegación del Gobierno central en Cataluña para que se pusieran en alerta todos los efectivos de Policía y Guardia Civil, y el jueves, inmediatamente después del atentado, coordinar un trabajo conjunto donde  los tres cuerpos tenían más posibilidades de impedir las fuga de terroristas que los Mossos solos. Lejos de eso, la Generalitat parece preferir muertos y que solo actúen los Mossos, que impedirlos si para ello necesita la ayuda de la Policía y la Guardia Civil. La misma responsabilidad corresponde a la delegación del Gobierno de España en Cataluña y a los responsables políticos de Interior, que, teniendo a las cúpulas de ambos cuerpos descabezadas, sin DAOs y fraccionados los servicios en compartimentos estancos que permitan la injerencia política en asuntos policiales, no fueron capaces de activar sus efectivos, y en el caso de la Policía Nacional, de establecer controles en la frontera con Francia puesto que es competencia de este Cuerpo, controles que montó la policía francesa el viernes, casi 24 horas después del atentado.

La Policía Nacional de España, a pesar de que hay tres fugados, sigue sin montarlos 72 horas después del atentado. Puesto que no hay DAO por decisión política, corresponde al Director General de la Policía la responsabilidad de haber permitido esta situación. A este, un tal Germán López Iglesias, parecen importarle menos los muertos que puedan ocasionar los terroristas huidos que importunar a los políticos independentistas de Cataluña. Habrá más atentados, habrá más muertes inocentes y siendo los únicos culpables los asesinos, corresponde también responder por sus comportamientos a políticos como los citados y a mandos policiales politizados, a los que les importa más su cargo y prebendas que la seguridad y la vida de la ciudadanía.

 

Y entre tanta miseria política, la imagen de ayer de unos soldados libaneses que conquistan una colina a miembros del DAESH y enarbolan junto con su bandera la de España en señal de solidaridad, es el contrapunto a la podredumbre moral de las autoridades catalanes ocultando la bandera de la nación en todos los actos. Políticamente cobardes y moralmente miserables, así han actuado políticos del Estado y nacionalistas y algunos mandos policiales de en este brutal atentado de Barcelona.

 

*José Manuel Sánchez Fornet es  Policia. Ex Secretario General del SUP. Portavoz en Andalucía del Observatorio contra la Corrupción.

@sanchezfornet

Origen: El imán de Ripoll | Confidencial Andaluz

Cómo convertir Cataluña en un vivero de islamistas. -Luis del Pino/LD-

Hace menos de dos años, publiqué un editorial que esta semana ha vuelto a adquirir una desgraciada actualidad. Aquel editorial se llamaba “República Islámica de Cataluña”. Permítanme que rescate algunos párrafos de ese editorial, actualizando los datos:

Según el último censo realizado por la Unión de Comunidades Islámicas de España, en Cataluña hay 515.482 musulmanes, más que votantes de la CUP, más que votantes de Podemos, más que votantes del PP, tantos como votantes tuvo el PSC en las últimas elecciones autonómicas.

En términos relativos, el porcentaje de población musulmana en Cataluña alcanza el 6,9%, mientras que en el resto de España es el 3,6%, prácticamente la mitad. En Gerona, los musulmanes son ya el 11,1% de la población.

Más llamativa aún que las cifras actuales, es la evolución de esas cifras: hace quince años, había unos 30.000 musulmanes en Cataluña; ahora superan el medio millón. Y los nacimientos de hijos de padres musulmanes representan ya más del 10% del total en esa comunidad autónoma.

Para acabar de completar el panorama, 79 de las 109 mezquitas salafistas que hay en España se encuentran en Cataluña.

¿A qué se debe esa anomalía estadística? ¿Cómo es posible que en Cataluña haya el doble de población musulmana que en el resto de España?

Pues tiene una fácil explicación, que ilustra lo que son los efectos secundarios de las políticas demenciales, en este caso las lingüísticas. De un lado, la política de inmersión educativa en catalán y de proscripción social del castellano ha actuado como freno para la inmigración procedente de los países hispanoamericanos. Si eres peruano y quieres trabajar en España, ¿para qué vas a complicarte yendo a un sitio donde os obligan a ti y a tus hijos a aprender un idioma nuevo? Es mucho más fácil (y más lógico) irse a trabajar a cualquier otro punto de España, donde no tienes problema ninguno de idioma. Ese fenómeno creó un vacío en Cataluña y los puestos de trabajo no cubiertos por hispanoamericanos tendieron a cubrirse con inmigrantes de otros lugares, principalmente norteafricanos y pakistaníes.

Pero no solo es que los inmigrantes hispanoamericanos se vieran disuadidos de ir a Cataluña, sino que el gobierno catalán ha adoptado una política consciente, orientada a primar la inmigración procedente de Marruecos.

Angel Colom, el que fuera secretario general de Esquerra Republicana de Cataluña hasta el año 1996 (fecha en la que abandonó ERC junto con Pilar Rahola), terminó ingresando en el partido de Jordi Pujol y fue nombrado sucesivamente embajador oficioso de la Generalidad en Marruecos, secretario de inmigración en la ejecutiva de CDC y director de la Fundación Nous Catalans. Desde esos puestos, Colom se dedicó a animar a la inmigración de jóvenes marroquíes a Cataluña, a estrechar lazos con la comunidad islámica con el fin de sumarla a la causa separatista y a visitar las mezquitas para dejar caer que a los inmigrantes les resultaría más fácil obtener la nacionalidad catalana en una futura Cataluña independiente, que la española.

La penúltima vez que Colom saltó a los medios fue en mayo de 2013, cuando el marroquí Noureddin Ziani (colaborador de Angel Colom y uno de los altos cargos de la Fundación Nous Catalans) fue deportado a Marruecos a solicitud del CNI, por promover el salafismo.

Hace algunos años, el periódico El País publicó un artículo en el que se daba cuenta del peregrinaje proselitista de Colom por las mezquitas y asociaciones musulmanas de Arenys de Mar, Manresa o El Raval, peregrinaje que Colom justificaba con estas palabras: “No se puede construir un Estado catalán sin la participación de los catalanomarroquíes”. Lo cual plantea con toda su crudeza la hispanofobia que anida en el corazón de todo buen separatista: mientras que a los españoles se les niega el derecho a opinar sobre el futuro de Cataluña, a los marroquíes sí están dispuestos a concederles ese derecho. Paradojas de la vida.

Hasta aquí aquel editorial de hace dos años. Esta semana, algunos de esos a los que desde el separatismo se llamaba con el paternalista nombre de “catalanomarroquíes” han perpetrado una masacre terrorista en Barcelona.

Evidentemente, el terrorismo ataca donde y cuando puede. E igual que se ha atentado esta semana en las Ramblas, mañana podría ser Madrid o cualquier otra ciudad española el objetivo de los islamistas. Pero está claro que las redes de captación yihadista son tanto más efectivas cuanto mayor es el número de personas a las que poder adoctrinar. No es casualidad que Cataluña albergue 3 de cada 4 mezquitas radicales, según datos de los propios mozos de escuadra: los radicales, como cualquier otra organización, se asientan allí donde un mismo esfuerzo les puede proporcionar mayores réditos, en forma de nuevos voluntarios. Es decir, se asientan preferentemente allí donde hay más población musulmana.

En su afán por desmarcarse de todo lo que oliera a España o a español, el nacionalismo ha creado en Cataluña un auténtico vivero de terroristas radicales que jamás se considerarán, por supuesto, ni catalanes ni españoles, y que han esta semana han demostrado con qué facilidad se pueden teñir de sangre las calles de cualquier ciudad desprevenida.

Origen: Libertad Digital