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Hermann Tertsch: Te amo y Te Odio – TRIANGULANDO –

Un hombre entregado al periodismo y a decir la verdad sin cortapisas se enfrenta a un sistema que conoce desde dentro. Lo aman o lo odian pero para nadie es indiferente. Ahora le llaman derechista, pero ya siendo escolar perteneció a las juventudes comunistas de Euskadi, hijo de una familia de periodistas, creció rodeado de política e información. Conoce bien cómo funcionan los regímenes totalitarios, al haber sido corresponsal para España en las dictaduras de Europa Oriental y la guerra de Yugoslavia, durante los años 80 y 90, respectivamente. Entre sus múltiples ocupaciones está el haber sido subdirector del diario El País, entre 1993 y 1996. Actualmente, y desde hace 10 años, es analista político y columnista del periódico ABC así como un reconocido generador de opinión en las redes sociales.

Hablamos de Hermann Tertsch, periodista español de larga trayectoria en la defensa de las libertades y quien, precisamente por asumir ese rol, planta cara de manera constante a las cúpulas del poder. En una entrevista exclusiva para Triangulando, desde Madrid, nos ha comentado sobre su más reciente querella con Pablo Iglesias, la convulsa actualidad política mundial, el bochornoso papel de Zapatero en Venezuela, la asesoría de Podemos al régimen chavista y su libro “Días de ira”.

Hermann Tertsch: “Hay un intento por parte de la izquierda de secuestrar el pasado”

¿Por qué cree que la justicia le dio la razón a Pablo Iglesias por usted publicar datos -de sobra conocidos- sobre su abuelo?

La justicia ha dado la razón al padre de Pablo Iglesias de forma incomprensible. Por eso ha sido recurrida la sentencia. Yo espero que en instancias superiores se reconozca la evidencia de que el artículo no tenía ánimo de difamar a nadie sino muy por el contrario de hacer un llamamiento a la mirada limpia hacia el pasado y la honradez al hablar también de las sombras de quienes nos son cercanos. Condición básica para la verdadera reconciliación. Hay un intento por parte de la izquierda de secuestrar el pasado. Ellos pueden estar todo el día llamando asesinos a todos los que no les gustan. Y rescriben la historia de España a capricho para que sus muchísimos crímenes y tropelías se pierdan en el olvido. Por eso les molesta mucho que alguien señale y cuente aspectos concretos que no les favorecen como fueron los asesinatos sistemáticos de inocentes, los paseos de civiles sacados de sus casas, en la retaguardia del Frente Popular. Yo exijo respeto a mi derecho a recordar la verdad de la guerra aunque no guste a los comunistas ni al padre del líder de la oposición comunista en el parlamento español. Y defiendo el derecho de todos los españoles a conocer la verdad histórica y no dejarse intimidar por las mentiras y manipulaciones que la izquierda intenta imponer como verdad absoluta.

Considera que ¿hay crisis de institucionalidad en España?

España está en una grave crisis institucional, política y moral que por la tolerancia hacia los enemigos del estado se ha convertido en una crisis existencial. Personalmente, creo que España sobrevivirá a esta crisis, pero el precio será con seguridad muy alto y no excluye que conlleve violencia y muertes. Y desde luego son muchos los que apuestan por la destrucción de España, la nación que probablemente más profunda y decisiva huella ha dejado en el desarrollo de la civilización occidental.

Venezuela no era Cuba, decían. ¿Podría España ser Venezuela si Podemos alcanza el poder? ¿Por qué?

España puede sin duda correr una senda similar de descomposición y falta de reacción en la deriva hacia un régimen autoritario y dictatorial de izquierdas. Y muchas de las condiciones se dan. Cuarenta años de juegos de mayorías a base de concesiones y entregas de soberanías a los nacionalismos periféricos han dañado de forma casi irreversible el sistema. Cuando Mariano Rajoy ganó en 2011, lo hizo con suficiente margen para hacerse un poder que, en plena crisis profunda económica, habría permitido, con el aplauso mayoritario interno y unánime en el exterior, una reforma radical del sistema, incluido el reparto de competencias a las autonomías. Todos saben que España necesita una recentralización para ser viable. Pero no hay políticos con el coraje de decirlo. Porque todos los partidos viven del infame reparto de las prebendas que las autonomías multiplican.

En 2015, usted viajó a Venezuela. ¿Pudo observar de primera mano la asesoría de la cúpula de Podemos en ese país? ¿Podría decirme algún caso en concreto?

Estuve dos veces en Venezuela en 2015, la última vez fue en las elecciones que el 6 de diciembre le confirmaron a Maduro que se había agotado su posibilidad de mantener el poder con apariencias democráticas. Entonces quedó claro que para garantizar su supervivencia en el poder y por tanto en la impunidad, la mafia que gobierna Venezuela tenía que cerrar la jaula. El levantamiento heroico de esos jóvenes venezolanos aceleraron el proceso de cubanización total del régimen que llegó con la Constituyente.

Respecto a Podemos, estuvieron asesorando y siendo asesorados. Porque fueron a impartir doctrina comunista clásica al ejército y los cuadros, todo ello bajo el control de los cubanos, pero también a aprender precisamente de los cubanos esas tácticas de movilización, insurgencia, propaganda y desinformación necesarias para ese desembarco en Europa. Chávez quería una cabeza de playa en Europa y aunque también cuidó a los comunistas griegos de Syriza por lógica su opción favorita era la española. Es muy probable que el proyecto español de Chávez sea muy temprano. Chávez ya estaba muy presente en los oscuros cauces o cloacas internacionales con los cubanos y los iraníes cuando gracias a una gran matanza con bombas en Madrid llegó al poder quien habría de ser un importantísimo amigo y aliado del chavismo, Zapatero. Chávez fue el primer jefe de estado que visitó a Zapatero. También fue en aquella visita a la Complutense, a la facultad de la que habían salido sus cuadros. Los que habían estado presentes antes de las elecciones que dieron la victoria a Zapatero en el acoso al Partido Popular en Madrid en la jornada de reflexión para generar las imágenes que repetidas por televisión condicionaron el voto en toda España.

Por lo demás la asesoría ha sido una forma de financiar a estos grupos creados para desestabilizar, con ayuda del aliado iraní, este eslabón más débil de la alianza de democracias europeas que es España. Monedero, Verstrynge, Veciano, Iglesias y los demás fueron asesores haciendo papeles y mucho más. Y parte de ellos volvieron como agentes del chavismo para formar la franquicia en España. La crisis económica y ese movimiento bienintencionado del 15M les resultaron especialmente oportunos. El 15M fue secuestrado por estos cuadros comunistas bien organizados y con medios. Venezuela rebosaba dinero en aquellos años.

Los líderes políticos españoles siempre muestran solidaridad con el pueblo venezolano y su falta de libertades, pero nunca van más allá de un tuit o una foto. ¿Qué opina el respecto?

Opino que la actitud en general ha sido vergonzosa. Aunque Mariano Rajoy ha tenido momentos en que mostró cierta atención hacia la situación al recibir a la familia de Leopoldo López y hablar en unas cuantas ocasiones claramente del régimen, lo cierto es que el gobierno ha apoyado la operación personificada en Zapatero que yo no dudo en calificar de miserable. No cambio el calificativo pese al lamentable hecho de que Rajoy y su ministro de exteriores no han dejado de apoyarlo cuando había quedado descalificado como mediador y su verdadera función como agente de Maduro que quiere imponer a la oposición la continuidad de la dictadura es absolutamente evidente.

Grave ha sido también que por la política del gobierno de buscar la división de la izquierda y debilitamiento del PSOE por vía de la promoción de Podemos, la vicepresidenta ha entregado literalmente las televisiones políticas a Podemos. Causando, por cierto, un daño inmenso y terrible a España, quién sabe si enmendable en décadas. Con esas televisiones dominadas por la extrema izquierda los que denunciamos el carácter totalitario de los chavistas españoles y su condición de franquicia de las dictaduras de Venezuela e Irán hemos sido silenciados o neutralizados ante la superioridad de quienes ocultan o ridiculizan las conexiones subversivas de la narcodictadura con Podemos.

Los medios están sometidos a la hegemonía cultural de la izquierda gracias al apoyo de la derecha. En mi libro “Días de ira” describo como la derecha ha entregado sistemáticamente a la izquierda todos los recursos culturales y mediáticos. Es porque la derecha se ha integrado en esa socialdemocracia donde entrega toda la dirección moral e intelectual a una izquierda por lo demás de cada vez menos calidad intelectual. De ahí el páramo resultante.

La Casa Blanca ha dicho que no dejara de sancionar a Maduro y a su entorno mientras no reestablezcan la democracia plena en el país. ¿Cree que la UE debería hacer lo mismo? Al pueblo de Venezuela llevan dos décadas diciéndole que pasa hambre por culpa del imperialismo, ¿cree que han tomado esto en cuenta a la hora de las sanciones?

La Unión Europea está jugando también un papel vergonzoso que queda expuesto en el trato a Cuba, que es –y lo saben- el centro de control y mando de todo el régimen venezolano. En competencia con Barack Obama –otra infinita desgracia para la libertad, la dignidad y la decencia- que con sus regalos al régimen de Cuba y su visita cubría la necesidad de algún hito exterior en su nefasta presidencia (el otro fue su desastroso acuerdo con Irán) la UE ha intensificado su entreguismo y obsequiosidad ante los Castro hasta el bochorno. Los europeos comparten con los hispanoamericanos una patología de debilidad y sumisión ante el mito castrista que genera muchas escenas vergonzantes y concesiones de náusea. Es grotesco bramar con sanciones contra Maduro y tratar a Cuba como si fuera Suiza. Ha de haber sanciones para la mafia venezolana sin duda. En la línea de las norteamericanas de las que espero se intensifiquen y aumenten. Pero también hay que ejercer esa presión sobre Cuba que es quien tiene la palanca para un cambio de actitud de la narcodictadura.

La franquicia del chavismo en España (Unidos Podemos) no da indicios de pronunciarse contra la dictadura venezolana, pero los petrodólares están escasos, ¿cree que cuando les rebote el cheque por falta de fondos sí hablaran del tema?

Los de Podemos jamás hablarán ni reconocerán sus profundísimas complicidades con el régimen criminal. Tampoco es necesario. Si cae el régimen de Maduro quedarán expuestos con pruebas. Si logra bunquerizarse y subsistir como una Cuba continental, allí quedarán las pruebas y se guardará un secreto a voces. Me importa más la libertad de Venezuela que el futuro de unos miserables comunistas que fueron a ganar dinero y poder a costa del dolor y el hambre de inocentes.

En este sentido, y sobre lo que usted dice en su libro “Días de ira” en cuanto a que la socialdemocracia está desapareciendo dando paso a dos nuevas formas de populismo divergentes e irreconciliables, me gustaría preguntarle cuál es su postura sobre la anti política, una forma de liderazgo que ha llevado –por ejemplo- a Hugo Chávez al poder (a través de los militares y/o el pueblo) o a Pablo Iglesias a obtener escaños en el Congreso reivindicando siempre su triunfo al 15M. Incluso, en este mismo orden, estaría Donald Trump.

No, yo creo que hay una socialdemocracia que se ha transformado y es hoy la opción totalitaria del siglo XXI de una izquierda con rostro medianamente moderado –cada vez menos- donde puede permitírselo y con dureza donde no. Creo que en toda Europa y en EEUU estamos asistiendo a una guerra cultural en la que la socialdemocracia con sus unidades de choque que son los izquierdistas, intentan aplastar todo disenso y toda alternativa en los países desarrollados. Y esa socialdemocracia que son Macron y Merkel, la UE y Clinton y demás llama populismo a todo lo que no les gusta o no controlan. Yo creo que es muy sano que surjan las resistencias a esa socialdemocracia con vocación totalitaria mundialista, pero quiero que sean democráticos. Por eso no me vale como alternativa Putin porque él personalmente responde a un despotismo cruel que nada tiene que ver con una solución a mayor libertad y verdad, sino a menos. En cambio, sí aplaudo desde luego los movimientos surgidos en Hungría y Polonia y en muchos países europeos en contar de las imposiciones de Alemania, de la UE o del arrogante Macron. Y creo que también Trump es una reacción a esa arrogancia izquierdista que es ese capitalismo globalista de desprecio a las naciones y a la voluntad popular. A mí me disgustan mucho las formas de Trump, pero creo que responde a una necesidad y por supuesto lo prefiero a esa reinona corrupta y cínica de Hillary Clinton. Suelo decir en ese sentido que Trump es un “casting”, una elección de protagonista, muy imperfecto para un guion absolutamente necesario que es devolver poder y libertad a la sociedad frente a todas las inmensas tutorías y restricciones a las libertades que ha construido el sistema para actuar en beneficio de pocos.

En este sentido, y, por último, quisiera saber si ¿cree que en España la hipótesis de: “repite una mentira mil veces y se convertirá en verdad” puede estarse gestando? ¿Pasa factura en este país hacer periodismo riguroso?

España siempre suele ser el país donde los males de Europa se muestran de forma más aguda, dramática y a menudo sangrienta. En Europa occidental y en EEUU muchas universidades se han convertido en conventos del fanatismo del que salen los nuevos clérigos de la izquierda y la corrección política, intolerantes y con una superioridad moral que los legitima hasta la violencia. Los jóvenes periodistas salen de las universidades con lenguaje bolchevique y tan adoctrinados que están convencidos de que nada tienen ya que aprender porque poseen la verdad de los justos y buenos. Los periodistas en España, eso también lo cultivamos en esos países hispanos que muchas veces cuando nos atacan no saben cuánto se parecen a nosotros, tienen bando. Hoy en día es sobre todo la izquierda totalitaria o su versión suave de la corrección política socialdemócrata. Ahí se mueven todos y quien esté fuera es un extraterrestre o un fascista. Y quien no lo tenga en su trabajo y esté solo tiene que tener un especial aguante. Siempre digo que para ser libre en España hay que perder el miedo a que te llamen fascista. Algunos hemos decidido que es la única forma en que merece la pena ejercer. En aras de unas verdades que cada vez menos se atreven a articular. Sabemos que tiene su precio. Y desde luego queda claro que somos buenos pagadores.

Virginia Linares / Madrid / @VirginLinares 

Origen: Hermann Tertsch: Te amo y Te Odio – TRIANGULANDO

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Medios en Cataluña – El Periódico, o el alto precio por disparar al sheriff

 

‘El Periódico de Catalunya’ pegó este jueves un bofetón al padre, a quien se le llenaba la boca con la libertad de expresión, pero mientras tanto colocaba a sus peones en el Consejo Audiovisual de Cataluña para no perder el control sobre las televisiones y las radios. Y quien, con la excusa de potenciar el catalán, entregó decenas de millones de euros a los periódicos para conseguir su amistad. En algunos casos, a prueba de incendios.

En esta España de la eterna pelea entre Villarriba yVillabajo, en la que el odio cainita ha aplastado a la razón tantas y tantas veces, no resulta extraño que quien actúa en favor del bien común se lleve más golpes que quien se empeña en reventar la convivencia. La podredumbre está tan extendida y el horizonte está tan nublado que este jueves, cuando El Periódico de Catalunya dejó en evidencia a la Generalitat al publicar el mensaje de la CIA que revelaba que los Mossos d’Esquadra conocían riesgo de atentado en Barcelona desde el pasado mayo, no fueron pocos los que la emprendieron contra el director del diario y firmante de la noticia, Enric Hernández.

No es este articulista defensor del absurdo corporativismo que rodea a esta profesión, que provoca que una parte de quienes la ejercen caigan en un delirio onírico que les hace pensar que son importantes y necesarios. Ahora bien, eso no es óbice para denunciar un fenómeno que se ha vuelto últimamente demasiado habitual: emprenderla contra quien airea una exclusiva. Por desconfianza, por inquina o por motivos políticos o empresariales. Por esta razón, hubo un momento este jueves en el que dio la impresión de que se estaba llevando más palos el mensajero que quienes habían tratado de instrumentalizar el atentado para ganar posiciones en su batalla política.

Resulta curioso, en este sentido, que algunos de los periodistas que con más asiduidad acuden a la cloaca para arramblar con toda la información posible, limpia o intoxicada, hagan gala de un paladar tan fino a la hora de evaluar el trabajo de otros. O que algunos de los políticos con más tachones en rojo en su currículum –como en este caso Juan Carlos Monedero– se erijan como una especie de inquisidores.

Todo el mundo tiene el derecho (y el deber) de dudar de lo que figura en negro sobre blanco. Pero, francamente, hacerlo después de escuchar el jueves a Joaquim Forn admitir que los Mossos recibieron el 25 de mayo un aviso –“poco fiable”- sobre la posibilidad de que se produjera un atentado suena raro, cuanto menos. De hecho, quizá obedezca a razones políticas, empresariales o vaya usted a saber de qué tipo.

Territorio Comanche

En cualquier caso, lo que hizo El Periódico de Catalunya con la publicación de dicha exclusiva tiene implicaciones más allá del periodismo. Básicamente, porque osó plantar cara a la Generalitat y disparar al sheriff de una comunidad autónoma donde los medios han tenido tradicionalmente una fuerte dependencia del poder político. Pegó un bofetón al padre, a quien se le llenaba la boca con la libertad de expresión, pero mientras tanto colocaba a sus peones en el Consejo Audiovisual de Cataluña para no perder el control sobre las televisiones y las radios. Y quien, con la excusa de potenciar el catalán, entregó decenas de millones de euros a los periódicos para conseguir su amistad. En algunos casos, a prueba de balas.

Eso explica que desde que el Parlament aprobó la declaración de desconexión, el 9 de noviembre de 2015, y hasta el pasado marzo, los informativos de la televisión pública catalana dedicaran el doble de tiempo a hablar del proceso soberanista (27 horas, 8 minutos y 28 segundos) que de todos los casos de corrupción que desde entonces han estado de actualidad. Y eso explica que La Vanguardia, el periódico más influyente de Cataluña, emprendiera un viaje hacia el independentismo durante los últimos años de José Antich como director, abandonando a su suerte a su lector nacionalista.

El Grupo Godó, propietario de esta cabecera, ha sido el principal beneficiario de las subvenciones de la Generalitat durante los últimos años. El pasado lunes, sus responsables enviaron un burofax al columnista Gregorio Morán para comunicarle su despido. Sucedió pocas semanas después de que criticara en un artículo -censurado- la docilidad de los medios de comunicación de esta comunidad autónoma, bien regados con dinero público.

Este viernes, el director de contenidos de Lavanguardia.com, Jordi Juan, publicaba un polémico artículo en el que lanzaba un dardo envenenado a El Periódico (“Crear campañas artificiales, manipular burdamente supuestos documentos oficiales”) y lamentaba la falta de ética de quienes se dejan intoxicar por las fuentes políticas interesadas. Eso sí, obviaba que Godó no ha estado precisamente alejado del Govern ni ha renunciado a las famosas ayudas públicas por la edición en catalán.

Del artículo, también llama la atención la referencia a esos “nobles periodistas que no dudan abiertamente en decir que son independentistas o defensores de la unidad de España antes que periodistas”. Resulta chocante, precisamente, porque columnistas habituales de ese periódico, como Pilar Rahola, hace mucho tiempo que entraron en ese juego.

Sin ir más lejos, en el artículo que ha publicado este 1 de septiembre se ponía una venda en los ojos y, lejos de reconocer que los Mossos sabían de la existencia de un mensaje que advertía de la posibilidad de que se produjera un atentado en La Rambla –aunque no le dieran el crédito suficiente-, hablaba de una operación de desprestigio contra Cataluña que será contestada el 1-0 por la imparable “marabunta catalana”.

Salvar al soldado Puigdemont

Sería injusto obviar que el rotativo dirigido por Màrius Carol ha sido últimamente crítico con el devenir del proceso soberanista. Un mero vistazo a los editoriales que figuran en la hemeroteca sirve para comprobar que ha denunciado el sectarismo que impulsó recientemente a Carles Puigdemont a apear de su Gobierno a quienes dudaron del éxito de su viaje hacia la independencia. El diario también ha reprobado la falta de voluntad de diálogo tanto del Ejecutivo central como de la Generalitat; y los más febriles argumentos antisistema de la CUP. Y el pasado domingo, horas después de la manifestación de Barcelona, expresó su rechazo a la actitud de quienes pitaron al Rey.

Pero este viernes, con inesperada fiereza, el rotativo ha puesto en duda la veracidad del documento publicado por El Periódico y ha criticado a quienes tratan de incluir la ‘seguridad’ en la brega política. También ha valorado la labor de los Mossos d’Esquadra. Es decir, ha echado un capote al Govern y ha sembrado dudas sobre la labor de Enric Hernández, que da la impresión de haberse quedado solo en Cataluña. O casi.

A la campaña de una buena parte de los medios de comunicación de esta comunidad autónoma, que ha porfiado de lo publicado por El Periódico, se suma la de uno de los baluartes ideológicos del independentismo, la Asamblea Nacional Catalana (ANC), que publicaba hace unas horas un mensaje en Twitter que decía lo siguiente: “¿Flores en los coches o mierda en los periódicos? Nosotros lo tenemos claro. Yo, con Trapero (mayor de los Mossos. ¿Y tú?”.

 

Pura demagogia. Una nueva muestra de que la batalla contra El Periódico de Catalunya y contra quien ponga en duda la versión oficial de los Mossos y la Generalitat ha comenzado. De momento, ya han sido varias personas del mundo de la política y del periodismo que le han acusado de nutrirse de la cloaca del Estado. Lo han hecho pese a que el propio Puigdemont reconoció hace dos meses a Enric Hernández que conocía la advertencia de los servicios de inteligencia. Da igual, todo vale. Lo importante es que el prusés siga en marcha.

Medios al servicio de ‘la única verdad’

Está claro que ningún medio está libre de polvo y paja. También es innegable que prácticamente la totalidad de los empresarios del sector ingresan dinero público con una mayor o menor frecuencia. En algunos casos, de forma reprobable, como revelaba la investigación del caso Lezo, en la que se observaba cómo la prensa de la cuerda de Ignacio González recibía trato de cliente VIP. Cama balinesa, botella de champán, fresas con nata y una generosa ayuda económica.

El problema es que en Cataluña da la impresión de que el Govern, con estas subvenciones, ha pretendido que la prensa de esta comunidad autónoma difunda sólo su verdad y nada más que esa verdad, que incluye la suficiente dosis de odio como para agrandar la inquietante fractura existente entre España y una parte de la sociedad catalana.

Eso ha situado en la misma trinchera mediática a los fervientes defensores del proceso soberanista, a los que estaban medio convencidos y a los que ni fu ni fa, pero necesitaban mantener abierto el chiringuito en medio de la tormenta perfecta que se desató cuando llegaron, al mismo tiempo, la crisis de la prensa escrita y la recesión económica.

Publicó el diario El Mundo hace un tiempo que, entre 2008 y 2014, la Generalitat inyectó 181 millones de euros en los medios de comunicación. En esas circunstancias, ¿quién va renegar del independentismo?

¿Y quién va a disparar al sheriff?

Origen: Medios en Cataluña – El Periódico, o el alto precio por disparar al sheriff

Pablo Iglesias acosa al periodismo libre. -LiberalEnfurruñada/OK Diario-

De lo que se trata es de enfrentar a la sociedad polarizándola en dos bloques radicalizados: de un lado, los míos, la gente, el pueblo, los demócratas; del otro, los fascistas, la casta, los enemigos de la democracia, los vendidos al capital, los malditos terroristas neoliberales. El esquema es muy burdo pero funciona. Lo demostró Hugo Chávez y copiando su estrategia les funcionó también a Rafael Correa, Evo Morales, Daniel Ortega y Cristina Kirchner. Todos siguen el mismo modelo que en España está impulsando Pablo Iglesias. Lo primero que hacen es atacar a los medios de comunicación que les son críticos, lanzando contra ellos a sus hordas de perros de presa, señalándolos como el enemigo a batir, a silenciar. Y para conseguirlo todo vale: ridiculizar a periodistas en actos públicos, dudar de su profesionalidad sentenciando que sólo actúan por lealtad a quienes les pagan. Difamar, amenazar con demandas judiciales, insultar… Y si con esos ataques se consigue provocar al periodista amenazado para que aún radicalice más su crítica, pues miel sobre hojuelas, porque eso carga de razones a su clan y lo moviliza aún más.

Pablo Iglesias usa los medios de comunicación del mismo modo que hizo Chávez. Las redes sociales le permiten crear esa posverdad que el diccionario de Oxford define como el fenómeno que se produce cuando “los hechos objetivos tienen menos influencia en definir la opinión pública que los que apelan a la emoción y a las creencias personales”. Y para crear una verdad a su medida es preciso silenciar “la otra verdad”, la que se basa en los hechos, la que relatan los periodistas críticos e independientes. No es necesario imaginar lo que haría con la prensa Pablo Iglesias si alcanzara el poder, sólo hay que recordar lo que ha anunciado que hará y comprobar lo que hizo Chávez en Venezuela.

Iglesias ha asegurado que hay que establecer “mecanismos de control público para regular a los medios de comunicación” y que “el mayor ataque contra la libertad de expresión es que haya medios de comunicación que sean propiedad privada”. Cuando Hugo Chávez señalaba a un medio de comunicación como fascista y opositor, sus ‘colectivos’ comenzaban inmediatamente a perseguir a sus periodistas para insultarles, apedrearles, y hasta orinarles encima. Y ese sólo era el principio, a continuación se le cerraban todas las puertas oficiales, todo acceso a la información pública, se les imponían multas millonarias y le seguían infinidad de demandas al medio y a los periodistas, escraches y agresiones físicas. Se cerraron medios y hasta se dejó a la prensa sin papel. Todo entre aplausos de la turbamulta.

La Asociación de la Prensa de Madrid ha acusado a Pablo Iglesias y a sus colaboradores más cercanos de ejecutar una “campaña sistematizada de acoso” contra los periodistas que cubren la información de este partido con el fin de “amedrentarles” para que “escriban al dictado de Podemos, además de tratar de conducirlos hacia la autocensura”. Es un primer paso del periodismo en la dirección correcta, pero no es suficiente. Los hechos denunciados son tan evidentes, y llevan tanto tiempo realizándose impunemente, que se hace imprescindible una reacción unánime de todos los medios de comunicación y de todos los profesionales. Pablo Iglesias debe tener claro que no se le va a consentir que siga sembrando odio contra quien le critica. No caben bandos, no caben intereses bastardos de audiencia, cuando lo que está en juego es la auténtica libertad de prensa. Si hoy les permites morderme a mí no te quepa la menor duda de que mañana te van a devorar a ti.

Ver artículo original:

En honrosa compañía. -Arturo Pérez-Reverte/ABC-

Nunca en esta democracia en España, como en los últimos años, se ha visto un maltrato semejante del periodismo por parte del poder, o los poderes. Una agresión tan descarada. Aquel objetivo elemental, que era obligar al lector a reflexionar sobre el mundo en el que vivía, proporcionándole datos objetivos con los que conocer éste, y análisis complementarios para mejor desarrollar ese conocimiento, está en peligro. Y más en estos tiempos de intenso tráfico de información, no siempre seria, a través de las fácilmente manipulables redes sociales.

El hecho básico es el mismo: el poder y cuantos aspiran a conservarlo u obtenerlo un día no están dispuestos a pagar el precio de una prensa libre, y cada vez se niegan a ello con más descaro. Saben que el periodismo solvente, lúcido, culto, eficaz, independiente, es garantía de una democracia sana y saludable. Sin ese contrapoder, la libertad, la democracia, la decencia, son imposibles. Por eso me preocupa la docilidad con la que a veces, en los últimos tiempos, el periodismo se pliega a la presión económica del poder. Nunca se ha visto tan frecuente mansedumbre, tanta complicidad. Y en algunos casos extremos ni siquiera se trata ya de hacer reflexionar al lector sobre esto o aquello. Se trata de imponerle una supuesta verdad. No ayudar al ciudadano a pensar con libertad. Sólo convencerlo, adoctrinarlo.

Así, con frecuencia, asuntos importantes se transforman, no en debate razonado, sino en rifirrafe bajuno del que están ausente el rigor y el sentido común. Diálogos de sordos y demagogia. Destaca significativa y terrible, como he escrito más de una vez, la necesidad de encasillar. En España parece imposible que alguien no milite en algo; y, en consecuencia, no desprecie o ataque cuanto queda fuera del territorio delimitado por ese algo. Aquí, reconocer un mérito al adversario -los españoles no reconocemos adversarios, sino enemigos- es tan impensable como aceptar una crítica hacia lo propio. Eso agota al lector, al oyente, al telespectador de buena voluntad. Lo aburre y lo aparta del debate, desinteresándolo de la política, haciéndolo atrincherarse allí donde las palabras reflexión y lucidez desaparecen por completo, o sumiéndolo en la peligrosa frivolidad de los 140 caracteres de Twitter.

Para cualquier lector atento de medios informativos serios, resulta evidente que el periodismo se ha contaminado de ese virus peligroso. Y tampoco la crisis económica contribuye a la libertad ni la independencia. Los ingresos publicitarios se desploman, lo que aumenta la tentación de cobijarse bajo los poderes establecidos; de modo que el periodismo como contrapoder se vuelve un ejercicio casi heroico. Y así, los partidos, las grandes empresas de la banca, las comunicaciones y la energía, entre otras, aprovechan la dependencia de los medios para dar por supuesta, cuando no imponer, la autocensura en las redacciones. La adscripción disimulada o sin complejos de cada diario a quien lo sostiene o le facilita la vida.

Por eso estoy tan satisfecho de escribir cada semana, desde hace casi un cuarto de siglo, en «XL Semanal»: la revista dominical que sale con los diarios del grupo Vocento y algunos otros asociados. Porque se trata de un territorio transversal, diverso, no acotado por banderas ni etiquetas ideológicas concretas o comunes. Aquí el conjunto es amplio y los puntos de vista variados; y como tales, enriquecedores. Porque la libertad real ciudadana, la opinión libre y lúcida que de ella proviene, no la hace en este caso un solo periódico, sino la coexistencia respetuosa de muchos de diversa orientación y variados intereses. Voces distintas, respetables y siempre de calidad -se compartan sus puntos de vista o no-, que permiten al lector razonar, elegir, comparar.

Estoy a gusto así, y por eso sigo aquí semana tras semana con mi Patente de Corso, confiando en que todos esos periódicos amigos, cuya compañía dominical me honra, sean capaces de afrontar los nuevos retos y sobrevivir en este mundo cada vez más difícil e incluso hostil. En este territorio donde nunca nadie, en dos décadas y media de artículos no siempre cómodos para quien los alberga, me ha pretendido orientar, influir o censurar jamás. Ni una sola vez. Nunca.

La transición del papel a lo digital, los productos de pago en la red, la eventualidad de que nuevos filántropos, capital riesgo y empresarios particulares unan sus esfuerzos para mantener un periodismo solvente y de calidad, son posibilidades ilusionantes; esperanza para quienes creemos que sólo un periodismo que pide cuentas al poder, en cualquier forma de soporte inventada o por inventar, tiene futuro. Ésa es, y será siempre, la verdadera fuerza del periodismo y de quienes lo practican: pelear por la verdad, la independencia y la libertad de información. La garantía es una prensa plural e independiente que mantenga a raya a los demagogos, a los oportunistas y a los canallas, y sostenga el futuro de los hombres libres. Confío en que los diarios del grupo Vocento sigan siendo, en la medida de sus posibilidades, esa honrosa garantía.

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