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La indocument… Ada Colau y el almirante Cervera . -Liberal Enfurruñada/OK Diario-

La Indocument… Ada Colau ha sacado el “Francomodín” para acabar la partida. El comodín de Franco, o facha, es esa carta que sacan los podemitas cuando se quedan sin argumentos para poner fin a cualquier discusión política. Si tú eres facha, ellos ganan. Si el almirante de la Armada española Pascual Cervera y Topete era facha se le puede quitar tranquilamente su nombre a la calle de la Barceloneta donde vivió Pepe Rubianes a quien se le ha otorgado el honor que no merece el almirante facha. Porque a eso han venido la indocumentAda Colau y todos los podemitas, a quitar nombres fachas de las calles y ponérselas a sus amigos, esos que se “cagan en la puta España”, con perdón.

Lo contó Pablo Iglesias en la presentación de un libro a finales de 2016. Dijo que fue criado junto a su madre por “dos mujeres obreras de Vallecas —su abuela y su tía abuela—, hijas de un paleto de Soria que tuvo que emigrar a Madrid para ser panadero”. “Mi tía abuela Ángeles sirvió en muchas casas fregando para otros, y ahora su nieto está en la tribuna del Parlamento cagándose en sus muertos, por decirlo pronto y bien”. No han llegado a las instituciones a hacer política, han venido a esto, a darle voz al resentimiento de una clase social a la que ellos no pertenecen, porque ellos son niñatos malcriados por papás burgueses.

Decir que el almirante Cervera era un facha es algo parecido a atribuir a Newton “la teoría de la relatividad” de Einstein, o asegurar que Ronald Reagan tuvo que dimitir a causa del Watergate, como han hecho Pablo Iglesias e Íñigo Errejón respectivamente. Es de una incultura descomunal. Porque el almirante Cervera falleció en 1909, diez años antes de que empezara el período de entreguerras en el que comenzó a surgir el fascismo. En 1909 Benito Musolini todavía era miembro del Partido Socialista Italiano, luego difícilmente podría ser fascista el almirante Cervera. Pero además de ignorancia también es una muestra de odio a España. Lo que sí fue Pascual Cervera es un héroe de la armada que defendió a España de EEUU en la guerra de Cuba, por lo que hasta Fidel Castro tiene palabras de elogio hacia su memoria.

Almirante de la armada española significa facha, porque lo dice Ada Colau. Y porque eso le viene bien para cambiar la placa de su calle y ponérsela a Pepe Rubianes, que ese sí que no fue facha. Rubianes era un pésimo actor gallego que consiguió ganarse la vida reconvirtiéndose en independentista catalán, un ejemplo para todos esos que llaman revolución de las sonrisas a su discurso de odio y acoso contra los que piensan diferente. En un programa de máxima audiencia en TV3 Pepe Rubianes dijo: “A mí la unidad de España me suda la polla por delante y por detrás. Y que se metan a España ya en el puto culo, a ver si les explota dentro y les quedan los huevos colgando en los campanarios. Que se vayan a cagar a la puta playa con la puta España. Que llevo desde que nací con la puta España.” A éste le han puesto la calle. Los jueces consideraron que esas palabras no eran delito de odio sino libertad de expresión y casi… arte. Yo soy tan respetuosa con la libertad de los demás para insultarme a mí, como espero que sean los demás con mi libertad para opinar sobre todos los malnacidos hijos de Satanás que han votado a esta gentuza que no son más que excrementos de gallina vieja. Iletr… Ada Colau.

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Final de ciclo. -Luis del Pino/LD-

Como casi siempre en política, lo importante no es lo que se ve. De hecho, aquello que nos presentan suele tener como objetivo ocultar lo que realmente es importante.

Lo importante no es que el Parlamento catalán o un juez en Alemania hagan tal o cual cosa. Lo importante son las conversaciones discretas que mantienen desde hace mucho tiempo las supuestas fuerzas constitucionalistas con los partidos golpistas, para tratar de normalizar la situación.

Lo importante no es el máster de Cifuentes, ni siquiera su previsible dimisión, sino las conversaciones discretas para decidir quién debe suceder a Cifuentes y a Gabilondo al frente del PP y el PSOE madrileños.

PP y PSOE se enfrentan al final de un ciclo, final que amenaza con llevárselos por delante. A ambos. Alguien con dos dedos de frente se habría dado cuenta hace mucho de que la situación no da para más, pero nuestros dos grandes partidos no tienen ya entre sus filas a gente especialmente brillante y, además, la inercia es demasiada como para no caer en la tentación de intentar resistir.

Y buscan desesperadamente recomponer el statu quo, volviendo en Cataluña al estado de cosas anterior al 1 de octubre, y cerrando el paso a la emergencia de nuevos partidos. Y no me refiero solo a Ciudadanos.

No se dan cuenta (o aun se resisten a creerlo) que estamos como estamos porque todos los frankenstein que desencadenaron han cobrado vida propia. Y están fuera de control. Soltaron al monstruo separatista con el doble objetivo de distraer la atención de la crisis económica y pavimentar el camino hacia un régimen confederal. Necesitaban la tensión centrífuga para pastorear a los españoles. Pero el monstruo del separatismo se les fue de la manos y mutó en golpe de estado. Y sucedió lo que no habían previsto: el pueblo español reaccionó. Y de repente España se llenó, en sus balcones, de esas banderas que tantas décadas de ingeniería social había costado desterrar al baúl de los recuerdos.

De no ser por esa reacción de españolismo, volver a la situación de antes del 1 de octubre no sería tanto problema. La garantía de impunidad presente y futura bastaría para pactar un nuevo acuerdo con los golpistas. Pero quien no aceptaría eso es el pueblo español. Y no saben cómo hacer que arríe sus banderas.

También soltaron al monstruo del populismo podemita para canalizar la indignación social del 15-M hacia la nada. Y el monstruo les resultó útil para dirigir el voto del miedo hacia Rajoy, por dos veces sucesivas, manteniendo así el equilibrio básico de poderes. La jugada implicaba debilitar a un PSOE ya demasiado desgarrado por luchas intestinas, pero se consideró que en su momento podía desactivarse al monstruo y que los votos volverían a su refugio natural y controlado. Pero no ha sido así: el desinflarse del populismo podemita no ha reforzado a un PSOE que perdió los votos para no recuperarlos jamás.

Y no hay dos sin tres: el tercero de los monstruos, creado para recoger el voto del desencanto de forma que no supusiera un peligro para el sistema, también se ha ido de las manos. Ciudadanos ha crecido mas allá de lo previsto. Y el inicialmente concebido como partido escoba, como cómoda bisagra para el bipartidismo, encabeza de repente las encuestas, hundiendo al PP y al PSOE aún más en el fango. Y de repente se descubre con horror, que los dos otrora grandes partidos de España ni siquiera contarían ya con los escaños suficientes para formar un gobierno de concentración.

A perro flaco, todo son pulgas. Y mientras los tres monstruos deambulan fuera de control, otros nubarrones descargan ya o amenazan con hacerlo. Y algunos jueces se empeñan en hacer justicia. Y algunos monarcas se empecinan en cumplir con su deber constitucional. Y el calendario electoral (¡malditas elecciones europeas!) se confabula para meter a no menos de tres nuevos partidos en la escena política, lo que terminaría de reventar el reparto de papeles pactado en la Transición y, lo que es peor, podría dar cauce al españolismo electoral.

El olor a fin de ciclo es ya insoportable. Y ahora se preguntan, cuando todo se descompone a su alrededor, qué hacer. Y no encuentran la respuesta.

Aun no se han dado cuenta de que ya no pueden hacer nada.

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El Reverendo Rajones y el suicidio colectivo del PP. -F.J.Losantos/LD-

Netflix ha estrenado una serie impresionante, Wild Wild Country, sobre la asombrosa historia de una secta hindú que en los años 80 del siglo pasado estuvo a punto de tomar un condado de Oregón con un discurso de mucha paz, mucho sexo y mucho amor; y, aprovechando los vacíos legales como todo movimiento totalitario, puso en jaque a la sociedad y al Estado. La movilización ciudadana que se produjo ante la parálisis institucional fue un verdadero modelo de patriotismo norteamericano. Podía ser tabarnés.

El reverendo comunista Jones y los mil suicidas

Los 40 habitantes del pueblo de Antelope se movilizaron contra los miles de seguidores de Bagwan que compraron y urbanizaron lujosamente un valle arriscado y pobre con los fondos recaudados en Hollywood y otros oasis orientalistas por el gurú de los 90 Rolls-Royce. Las comarcas vecinas y multimillonarios como el creador de Nike se rebelaron contra lo que veían una amenaza totalitaria y comunista. Y pese a unos medios de comunicación tan amarillos de forma como rojos de fondo -nada nuevo- los oregonianos tuvieron el apoyo de una opinión pública conmocionada tras el suicidio del Reverendo Jones y 900 siervos de su secta “Templo del Pueblo” en Guyana.

Jones, un galés dizque indio, se declaraba comunista y tuvo el apoyo de la izquierda exquisita post-68, como el alcalde de San Francisco y el líder gay Harvey Milk, llevado al cine magistralmente por el siniestro Sean Penn. La crisis a cuenta de Stalin le alejó del Partido Comunista Norteamericano, cuyas figuras más populares eran Angela Davis y los “Soledad Brothers”; y ante una investigación del FBI por blanqueo de dinero y abusos a menores, huyó a Guyana. Allí instaló su paraíso comunista. Pero allí apareció un día Leo Ryan, congresista que, alertado por unos padres, quiso ayudar a huir a los que vivían en un régimen de terror. Un templista apuñaló y mató a Ryan y otros asesinaron a cinco de los que querían huir, obligando a volver al resto. Al día siguiente, según el film Jonestown, envenenó a más de 300 niños con cianuro y ordenó suicidarse al resto de la secta, que, férvidamente, obedeció.

Desde entonces, muchos americanos sospecharon que el orientalismo de los Beatles pasado por California podía acabar en masacre de enajenados, como en Guyana. Y los uniformes bermellón, las milicias armadas de Sheela, -maligna hindú sonriente y soberbia demagoga mediática al modo podemita- y el discurso de tergiversación de las leyes les movieron a una resistencia de varios años, hasta que pasó lo que cuenta la serie y no voy a destripar aquí.

Los faraones sepultados con toda la Corte

¿Qué tiene que ver esto con lo que pasa en el PP? Si no hubiéramos vivido el suicidio de UCD, diríamos que nada. Como lo vivimos, casi todo. Dicen que hay algo peor que una gran religión dirigida por seres minúsculos: una pequeña religión dirigida por líderes mayúsculos, carismáticos y letales. Pues bien, lo más parecido a una secta que trueca la fe por la obediencia es un partido político con nuestra ley electoral, de listas cerradas y bloqueadas. Esa pirámide con el líder que administra el alpiste de los sueldos y los cargos públicos es una forma de despotismo que acaba chocando con una realidad siempre cambiante, tormentosa, abonada al estiaje y a las riadas de opinión. Pero si no se tiene en cuenta ese cambio continuo, llega un momento en el que no hay más salida que quitarse de en medio, desaparecer. A eso va el PP.

Como la opinión pública depende de los medios de comunicación, los políticos del PP están en manos de la ‘Secta del Patíbulo’, o sea, de los medios que utiliza Soraya, con Mariano detrás, para irlos liquidando uno a uno. Pero en las pirámides egipcias el faraón no se va solo al otro mundo, sino que lo acompaña toda la corte: eunucos, generales, joyas y animalillos domésticos. Y aunque El Faraón por excelencia era Aznar (se lo puse yo), como se fue por propia voluntad en 2004, nadie murió. Pero, ay, el faraón que él nombró sucesor decidió en 2008 que el Partido-Corte se enterrara con él. Y diez años después, se ve venir el suicidio colectivo inducido por el reverendo Rajones.

El arma última del suicido en masa es la voluntad de morir. Pero el arma que logra esa obediencia son los medios de comunicación patibularios que destruyen a la persona que hay en cada rival político o ideológico. Y sólo la aplastante mayoría mediática de extrema izquierda forjada por el PP explica –lo hizo ayer Javier Somalo en un brillante artículo– que en la semana del juicio a Griñán en el caso de los ERE, 900 millones de euros robados a los andaluces en paro por la Junta de Andalucía, el debate nacional sea el del máster de Cristina Cifuentes, con Casado de postre. No es que haya dos varas de medir. Aquí no hay más que una vara de medir las costillas de los políticos del PP, la que esgrimen los telechicos de Soraya y sufre el partido de Rajoy.

Rajoy liquida al PP y Rivera lo despista

En su peor actuación política, Albert Rivera y Aguado ‘El Equivocado’ están siendo los fatuos instrumentos de la ‘Ashishina One’ para liquidar el PP de Madrid, que es el último obstáculo para suceder a Rajoy, bien como candidata a la Moncloa, bien, si él se enroca en el aforamiento, en la reserva tradicional de voto del PP que ha sido Madrid desde hace un cuarto de siglo. Dado que la mayor afluencia de nuevos votantes a Ciudadanos viene del PP, es de idiotas aparecer como el verdugo de Cifuentes por un birrimaster mientras se perdonan masacres financieras como las de los ERE andaluces.

¿Qué no es por el birrimaster sino por mentir? ¿Y no ha mentido más Griñán al decir que no recuerda lo que firmó? Esta semana destapó El Mundo dos escándalos, uno de Susana Díaz y la Gürtel del PSPV y Compromís, mucho más graves: documentos falseados y saqueo de fondos públicos en favor del partido y los intermediarios, que son los mismos que con el PP. ¿Es más corrupto el máster legal de Cifuentes -aun si la Universidad lo trucase- que alterar el régimen legal de contratación o financiar campañas electorales de Zapatero, el PSPV y el Bloc comunista-separatista, base de Compromís?

Para el votante de izquierdas, sin duda, ya que la única corrupción es la que sale en La Sexta y demás medios patibularios sorayejos: la del PP. ¿Pero piensa lo mismo el votante del PP de Madrid, al que no hicieron mella tantas campañas cebrianescas, godojulianescas, rourescas y gabilondescas? Lo dudo. Rajoy acumula méritos sobrados para que cualquier español herido en su dignidad por el golpismo catalán y el padrinazgo político alemán deje de votarlo, pero ¿adónde irá su indignación: a Ciudadanos o a Vox? Hasta el follón de Madrid, estaba claro. Si Cs aparece como partido oportunista que apoya a la izquierda en el linchamiento injusto de la derecha, eso cambiará.

La suerte de Rivera -no de Aguado ‘El Equivocado’- es que Rajoy le brinda una oportunidad de oro para sacar la pata que, a mi juicio, ha metido hasta el corvejón. Sus dudas sobre Cifuentes abocan al PP a la guerra civil entre los que prefieren perder el poder y forzar a Cs a retratarse con sociatas y podemitas para cortar la sangría de votos y los que buscan conservar la Autonomía para hacerle hueco electoral a Soraya si Rajoy no la hace faraona. Son bandos irreconciliables. ¿Qué pinta Rivera en esa guerra?

La creación de una sólida alianza nacional

Sucede que casi todos los dirigentes de Cs son provincianos catalanes, ignorantes de la severa y delicada sensibilidad del votante del PP madrileño. Villacís nunca lo ofende, por eso la votarán. Aguado los irrita haciendo los mismos aspavientos que sociatas y podemitas; aunque vote los presupuestos no se lo perdonarán. Lo de Cifuentes, comparado con lo de Errejón y Griñán, es clamorosamente injusto, y lo de Casado es la clásica destrucción personal, después política, de Cebrián y Ferreras que tanto indigna al votante del PP. Rivera debería dar un paso atrás y dejar que sean los verdaderos verdugos de Cifuentes -Soraya y Rajoy- los que muestren su cabeza cortada en la mano.

Lo que está en juego es mucho más que llevar a Rivera a la Moncloa: reconstruir el centro-derecha para hacer frente al separatismo y sus socios de izquierda, lo que no ha hecho Rajoy, obstinado desertor de sus obligaciones. De que Rivera lo entienda depende algo más que el futuro de Cifuentes y el suyo propio. Se trata de llegar al poder con una alianza nacional sólida detrás, y eso sólo es posible uniendo en torno a Cs los restos del PP, VOX y tanta gente que no cree en los partidos, tampoco en el de Rivera, pero sí en España.

Mientras, el Reverendo Rajones y la menuda y satánica Sheela rumian su futuro y pasean en círculos -mala señal- por la Guyana.

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El plan del PP para Cataluña, en 60 puntos. -Cristian Campos/El Mundo-

1. Para comprender cuál era el plan del PP para gestionar —que no solucionar— el conflicto catalán hay que conocer tres datos previos.

2. El primero de esos datos es cuál cree Mariano Rajoy que es el estado ideal de la democracia española.

3. Ese estado utópico mariano es un bipartidismo más o menos equitativo en el que PP y PSOE se alternen en el poder con el apoyo de los partidos nacionalistas vascos y catalanes.

4. Ese es todo el plan político de Mariano Rajoy para España. No hay más.

5. A diferencia del PSOE de Pedro Sánchez —que nada desearía más que la desaparición del PP en el fondo del Océano Atlántico— el presidente del Gobierno considera al PSOE como la otra cara, necesaria e inevitable, de una misma moneda: la del régimen que debería gobernar España durante los próximos cien años.

6. Nadie protegerá más al PSOE de su desaparición que un PP liderado por Mariano Rajoy y nadie hará más por la desaparición del PP que un PSOE liderado por Pedro Sánchez. El problema del PP no es de complejos: es de inconsciencia.

7. Pero el estado utópico mariano se derrumba como un castillo de naipes con la aparición de Ciudadanos en 2006.

8. La existencia de un tercer partido estatal de centro, centro-izquierda y centro-derecha amenaza con desestabilizar ese bipartidismo a cuatro que Mariano Rajoy considera el estado natural, e ideal, de la democracia española tras la Transición.

9. Dado que Ciudadanos amenaza con robar más votos al PP que al PSOE, la aparición de Podemos en 2014 es vista como el contrapeso ideal a ese desequilibrio en la Fuerza.

10. Podemos, creen Rajoy y Soraya, restará en 2015 votos al PSOE sin llegar a convertirse jamás en una alternativa seria de Gobierno.

11. Su radicalismo hará que, de forma natural, el electorado de centro huya del PSOE para refugiarse en el voto útil del PP.

12. Y de ahí se deduce el nada disimulado apoyo que varias cadenas de televisión y grupos de comunicación, con el del empresario multimillonario comunista Jaume Roures a la cabeza, han prestado y siguen prestando a Podemos.

13. Apoyo espoleado por una vicepresidenta a la que Podemos debe todo su éxito. Sin ella, Podemos no sería hoy más que una anécdota.

14. Los fallos de ese plan se hacen obvios en 2015, cuando Podemos está a punto de escapar al control de sus pigmaliones y de formar una coalición de Gobierno junto al PSOE.

15. Pero la ambición desmedida, el sectarismo, la escasa inteligencia política y el ego de su líder, en realidad una marioneta en las manos del PP, frustran ese Gobierno de izquierda y centro-izquierda que Podemos tenía al alcance de la mano.

16. El segundo de esos datos que nos permiten comprender cuál era el plan del PP para gestionar el conflicto catalán es cuál es la respuesta estándar de Mariano Rajoy a cualquier problema.

17. Esa respuesta estándar es “uf, qué lío”.

18. Porque a Mariano Rajoy, del Big Bang para acá, todo le parece un lío.

19. Prueba de ello es la anécdota que suele contar la periodista Isabel San Sebastián sin que nadie hasta ahora haya osado contradecirla. El día de los atentados del 11S, Mariano Rajoy, vicepresidente del Gobierno y en la práctica presidente en funciones por la ausencia de José María Aznar, fue sorprendido viendo la Vuelta Ciclista a España por la tele mientras el resto de Moncloa gestionaba lo que en ese momento parecía el estallido de la III Guerra Mundial.

20. El tercero de los datos es la falta absoluta no ya de ideología, sino de convicciones, de Mariano Rajoy. Que es, en realidad, la falta absoluta de la más mínima brújula moral.

21. Asumida esa carencia de brújula moral se comprende mejor la indiferencia del presidente frente al arrinconamiento de la lengua española en Cataluña, Valencia y Baleares. 

22. O frente al aniquilamiento de los derechos de los ciudadanos constitucionalistas en esas mismas regiones.

23. O frente a la desobediencia y la deslealtad reiterada de las autoridades autonómicas.

24. O frente a la existencia de un cuerpo armado de 17.000 policías de lealtad dudosa a la Constitución en la región históricamente más violenta de España.

25. O frente a la evidente desautorización del Estado de derecho español que supone la reciente decisión de un juez regional alemán respecto a la extradición de Puigdemont.

26. Conocidos esos tres datos, puede deducirse, sin problemas, el plan del PP para gestionar el conflicto catalán.

27. Ese plan era, lisa y llanamente, el mantenimiento del statu quo.

28. Es decir, la cesión sin batalla al nacionalismo del control de una región de la que el Estado empezó a desaparecer en el minuto uno de la Transición. Control tolerado por el Estado a cambio del puñado de votos que permitan mantener vivo el régimen bipartidista.

29. La conclusión es obvia. Al Gobierno, Cataluña y los catalanes no nacionalistas le importan políticamente poco menos que nada.

30. Lo único que parece interesar es que el partido hegemónico nacionalista, idealmente uno de derechas, continúe gobernando Cataluña per saecula saeculorum a cambio de su apoyo al partido que ocupe el Gobierno central en ese momento.

31. Corrupción, desobediencia, deslealtad y violación reiterada de los derechos de los catalanes constitucionalistas son minusvalorados a diario con el único objetivo de no revolucionar el gallinero nacionalista vasco y catalán.

32. A día de hoy, por ejemplo, los nacionalistas vascos siguen presumiendo de que la suya es la única comunidad libre de corrupción.

33. Obviamente, la realidad es otra. En el País Vasco el Estado, como en Cataluña, ha hecho mutis por el foro dejando el campo expedito a los caciques locales.

34. Sabe Dios lo que se esconde en las Vascongadas. Como dicen en Jaén: “Ahí debe de haber hasta perros follando”. Aunque esto es sólo una sospecha educada.

35. Pero volviendo a Cataluña. El Gobierno jamás creyó que los líderes del procés separatista llegaran hasta donde han llegado. En su fantasía, el nacionalismo sólo estaba presionando para lograr un mejor trato fiscal.

36. De ahí las imágenes de Soraya Sáenz de Santamaría en evidente sintonía con Oriol Junqueras. Un hombre que está en la cárcel tras haber sido engañado por Carles Puigdemont —e incluso por algunos de los consejeros de su propio partido— y que en contrapartida sólo ha logrado engañar a una persona en toda su carrera política: a la vicepresidenta del Gobierno.

37. Consumado el golpe de Estado los días 6 y 7 de septiembre, y reiterado dicho golpe el 1 de octubre, el desconcierto es total en el PP. ¡Pero si sólo querían más dinero y más vista gorda del Estado!

38. Su obsesión pasa a ser entonces la de que Carles Puigdemont convoque elecciones autonómicas lo antes posible para que la comunidad retorne al mencionado statu quo: el del control caciquil de la región por parte del nacionalismo a cambio de sus votos en el Congreso de los Diputados.

39. Otra conclusión obvia. Al Gobierno no le importa nada, en realidad, que el separatismo haya dado un golpe de Estado.

40. El Gobierno sólo pretende librarse lo antes posible de la pelota que el nacionalismo ha colocado en su tejado. Y los catalanes no nacionalistas son la evidente moneda de cambio para ello.

41. “Haced lo que queráis con ellos, pero convocad elecciones generales”.

42. El resto es conocido. Los líderes del procés, con Carles Puigdemont a la cabeza, enloquecen tras creerse sus propias fantasías rurales y proclaman la independencia.

43. El retorno al ansiado statu quo parece cada vez más lejano.

44. Pero aún queda una rendija de esperanza. Que el poder judicial haga la estatua frente al golpe de Estado y sus principales líderes sean condenados por una leve desobediencia.

45. Penas de multa o menores, inhabilitaciones selectivas y aquí paz y después gloria.

46. Se dice y se rumorea que la Fiscalía General del Estado recibe presiones para que no solicite prisión provisional para los líderes del golpe de Estado que aún andan en libertad. Esa presión es un secreto a voces en la capital y se habla incluso de discusiones a gritos en los despachos de algunos altos funcionarios pertenecientes al poder judicial.

47. La presión, dicen también, no llega hasta el punto de la ruptura del principio de la separación de poderes. El Gobierno no controla al poder judicial y este actúa autónomamente en todo momento.

48. Para desazón del Gobierno, la Fiscalía se muestra firme y los abogados de Vox hacen su labor. Los líderes del golpe de Estado entran en prisión de forma escalonada. En este punto, el Gobierno sigue con su plan original: el retorno a la calma chicha.

49. Nada haría más feliz al Gobierno ahora que el separatismo hiciera presidente a cualquier diputado nacionalista, cualquiera, siempre y cuando este no estuviera inmerso en un proceso judicial.

50. Que el procés continúe activo o que esa investidura de un nacionalista partidario de la “implementación de la república catalana” suponga el retorno al control del presupuesto público por parte del separatismo y la vuelta a las andadas golpistas le trae sin cuidado a nadie en el Gobierno: el próximo golpe de Estado catalanista se lo comerá muy probablemente Ciudadanos.

51. Pero los líderes separatistas, atenazados por sus propias divisiones internas, no leen bien al Gobierno y le siguen considerando un enemigo cuando es, en realidad, su principal aliado. En consecuencia, no logran investir presidente a nadie.

52. Al Gobierno sólo le queda una esperanza frente a la incompetencia del separatismo para volver a la senda que jueces y líderes del PP les están señalando con focos de muchos miles de vatios de potencia.

53. Esa esperanza es que la papeleta se la solucione otro. En este caso, Europa.

54. Europa es eso que los anglosajones llaman un longshot. Una esperanza lejana a la que se confía toda la suerte del proyecto.

55. Pero salta la sorpresa en Alemania. Un simple juez regional alemán, el equivalente de una audiencia provincial, desestima contra todo pronóstico la acusación de rebelión para Carles Puigdemont y abre la puerta a que el resto de países europeos implicados (Bélgica, Suiza, Escocia/Reino Unido) sigan sus pasos.

56. El Gobierno ha conseguido lo que quería. Deslegitimar políticamente el procesamiento por rebelión de los líderes del golpe de Estado sin mancharse las manos.

57. Esa deslegitimación del proceso judicial contra el separatismo ha tenido un coste inasumible para España. El descrédito de la idea de Europa, para empezar.

58. También la consolidación de España en el imaginario colectivo europeo como una democracia de segundo rango. Democracia de segundo rango que, como dice Arcadi Espada, puede ser chuleada impunemente.

59. Además de una segunda deslegitimación: la del Estado de derecho en Cataluña y el País Vasco. Probablemente también en el resto de España —si no podemos ni siquiera defendernos de un golpe de Estado, ¿en manos de qué déspota regional quedaremos en el futuro?—. O el abandono a su suerte de los catalanes (y los vascos) no nacionalistas.

60. Pero el Gobierno tiene al fin lo que quiere. El retorno de Cataluña al trote cochinero del chantaje permanente al Estado. La vuelta, lenta pero segura, al statu quo. Sin condenas de peso. Sin alboroto. Sin que las molestias sean sufridas por nadie más que los españoles no nacionalistas en Cataluña, el País Vasco, Baleares o Mallorca. Ese fue siempre el plan: que el lío se lo comiera otro.

Ver artículo original:

El racismo alemán humilla a España y destroza la UE. -F.J.Losantos/LD-

No, no ha sido un juez de provincias, ni una instancia judicial mal informada por el Gobierno de Rajoy. Ha sido la ministra de Justicia socialista la que en una rueda de prensa tan innecesaria que sólo podía ser deliberada, se comportó de forma insultante y ofensiva contra España, ciscándose en el principio básico de la creación de la UE, que es la inviolabilidad de las fronteras de los países miembros, un principio que se debe a la propensión alemana a invadir y masacrar a los países vecinos, la última vez en 1939. No ha sido la “decisión judicial” que acataron cobardemente Soraya y Catalá, porque la sentencia antiespañola fue respaldada y ampliada por el Gobierno. Y tampoco unas declaraciones “desafortunadas” como musitó penosamente Dastis, porque avalan una acción judicial que humilla a España y destroza cualquier principio de unidad judicial europea en los casos más importantes.

La Rieffenstahl socialista de Merkel

Repasemos las claves del discurso de la ministra germana, que a mí me recuerda a Leni Riefenstahl, la brillante cineasta nazi cuya obra maestra El triunfo de la voluntad tanto contribuyó a deificar a su admirado y admirador Adolf Hitler y, de paso, a retratar el fanatismo del pueblo alemán. Tras escapar de las ruinas del Reich Leni se dedicó a la filmación y disfrute de otra raza superior, en este caso negra, masai, en Africa Central; y murió casi centenaria, discretamente venerada en todas las filmotecas del mundo. La esbelta y racista ministra socialista Katarina Barley no tendrá su talento, pero sí su arrogancia. Lo que dijo fue nada más y nada menos que esto:

1. Que ya conocía antes de ser pública, y que compartía plenamente los argumentos de la sentencia del tribunal de Schleswig-Holstein. O sea, que el tribunal, sabedor de su importancia y gravedad, la había adelantado al Gobierno Merkel, que la ocultó aviesa y deslealmente al Gobierno español. No fue, pues, una decisión independiente, sin prever su efecto político. Los jueces de esa región tuvieron previamente el respaldo del Gobierno alemán.

2. Que sobre negarse a cumplimentar la euroorden por el delito de rebelión -lo único que debía hacer el tribunal, sin entrar en el fondo del asunto, que no es de su incumbencia según los acuerdos de la UE, “no le será fácil” al Gobierno español “probar el delito de malversación”. Como si fuera el Gobierno y no el Tribunal Supremo, máxima instancia judicial, el encargado de calificar los delitos de un prófugo de la Justicia española, es decir, que la ministra, léase Gobierno alemán, comparte lo que los golpistas catalanes dicen del Estado Español: que no es una democracia. Si no lo es y no respeta los principios fundamentales de la UE, sorprende que la ministra pro-golpista alemana y los propios forajidos golpistas esperen que respeten, sin embargo, lo que decida un juzgado alemán, con su Gobierno detrás. ¿Ha de ser España un protectorado alemán para considerarse Estado de Derecho? Para el Gobierno alemán, evidentemente, sí. Y para sus jueces, también.

3. Para que no haya duda al respecto, la ministra alemana comunica al Estado racial y políticamente inferior -la aceitosa colonia sureña llamada España- que si no demuestra -y ya ha adelantado que le será muy difícil- la malversación de fondos públicos, Puigdemont “será libre en un país libre, que es la República Federal Alemana”. Está claro que para la máxima autoridad en materia de Justicia del Gobierno alemán, ni España es libre ni, por tanto, merece ser un país, así que resulta moralmente imperativo que Alemania dedique todo su esfuerzo a destruirlo. Como el propio Pigdemont.

La raza superior sí tiene derecho a combatir el separatismo

Oportunísima para entender la Leyenda Negra contra España es la exposición que esta semana presentó María Elvira Roca sobre Lutero en Alcobendas, porque el fundador del protestantismo lo es también del racismo alemán moderno, que culmina en Hitler pero se alarga hasta Katarina Barley, criatura anglo-germánica que no oculta el secular desprecio de los países reformistas a los católicos, cuyo gran exponente era España. Aquí no quedan casi católicos ni allí protestantes, pero el racismo contra el Sur sigue intacto.

El racismo protestante -ferozmente antisemita desde Lutero y Calvino– contra los españoles no era sólo por ser católicos, sino por tener sangre judía, lo mismo que decían los padres del nacionalismo catalán, que los españoles somos muy judíos. Hace poco escribía Junqueras que los catalanes tenían un ADN más parecido al francés que al español. No se atrevió a decir que eran arios puros. Ahora, tal vez se atreverán, porque el IV Reich ha iniciado la desmembración de Europa que el III llevó al paroxismo. En Memoria del Comunismo cuento que una de las hazañas hitlerianas que desembocaron en la II Guerra Mundial, la anexión de los sudetes, fue saludada por Companys y Aguirre como “un triunfo de la autodeterminación de los pueblos”, y le enviaron un caluroso telegrama de felicitación a Chamberlain por permitirla. La historia no se repite, pero a veces se parece horrores.

¿Por qué digo que lo de la socialista Katarina Barley es racismo puro? Porque para la izquierda europea la libertad y la democracia, cuya garantía es el Estado de Derecho, no es natural en los países o razas inferiores, eslavos y católicos, sobre todo hispanos. Carlos Rangel explica en Del buen salvaje al buen revolucionario cómo anglosajones, alemanes y franceses defienden para Iberoamérica las dictaduras comunistas que para sus países rechazan. Creen que para Cuba, Nicaragua, Colombia o Venezuela, como para España en 1936, el imperio de la Ley, el Estado de Derecho son productos exóticos para los que nunca estaremos realmente preparados. Una dictadura con toques pintorescos, atractivos para el turista político, es más que suficiente.

El recuerdo político-legal de Sosa Wagner

La prueba de que sólo el racismo político de la izquierda europea, perfectamente representado por la socialista Barley, explica la miserable agresión no de un juzgado de Shleswig-Holstein -insisto- sino del Gobierno alemán contra España y la UE, es que el tribunal constitucional de Karlsruhe condenó tajantemente, y hace bien poco para que un juez pueda olvidarlo, un referéndum para la independencia de Baviera. Lo recordó ayer en El Mundo el eurodiputado Francisco Sosa Wagner en un artículo formidable: El horror de Schleswig-Holstein, del que transcribo estos párrafos esenciales:

(…) ustedes, señores de mohosas togas de Schleswig-Holstein, han considerado que un proyecto de secesión como el de Cataluña que implica violar el texto constitucional y además -¡una bagatela!- alterar las fronteras de un país europeo, es asunto menor y que desde luego no es motivo para mantener en prisión a su autor y entregarlo a los jueces y tribunales españoles. Y todo en virtud de una confusa argumentación, propia no de juristas sino de rábulas, sobre la inexistencia de violencia que ustedes por supuesto no aceptarían si de analizar una alta traición (Hochverrat) se tratara.

¿O es que no recuerdan ustedes la celeridad con la que el Tribunal Constitucional de Karlsruhe zanjó la pretensión de celebrar un referéndum en Baviera (2 BvR 349/16)? Lo hizo con estas escuetas palabras contra las que no creo que ninguno de ustedes se revolviera: “En la República Federal de Alemania, Estado nacional fundamentado en el poder constituyente del pueblo alemán, los Länder no son señores de la Constitución. En la Constitución no existe ningún espacio para las aspiraciones secesionistas de los Länder. Son contrarias al orden constitucional”.

Tan clarito es lo que he tratado de contar que me inclino a pensar que su disparatada decisión -sea dicho con el máximo de los respetos- es el fruto, por un lado, de su ignorancia de lo que significan España y el orden establecido en los Tratados europeos; por otro, del hecho de que viven ustedes en una burbuja periodística y televisiva en la que prácticamente no han tenido cabida más que las tesis de los secesionistas catalanes.

Al siempre educado Sosa Wagner le faltó añadir: y porque ustedes son unos racistas siniestros, que desprecian para España lo que defienden para Alemania: fronteras seguras, orden constitucional y defensa de la integridad nacional garantizados por la cooperación internacional de la UE. ¿No apoyó España la reunificación de Alemania pese a la oposición de las Francia y Gran Bretaña? ¿Y así nos lo pagan? ¿Diciendo que en 340 actos violentos no hay violencia? ¿Porque pegan a policías españoles? ¿Esto es cooperación entre democracias o repugnante racismo político? Para mí no hay duda: puro racismo, desprecio del grande al chico, del rubio al moreno, del izquierdista al español, que sólo si es comunista deja de ser franquista, en todo caso fuera de las delicatessen democráticas de los arios civilizados.

Si la UE no condena a Alemania, que disfrute el IV Reich

Duro es el golpe a España, pero mucho más duro a la UE, cuyo primer país, Alemania, respalda la destrucción física y legal del cuarto, que es España. Y no es sólo culpa de Rajoy, aunque si tuviera decencia, tras el estrepitoso fracaso internacional de su política ante el golpismo catalán, dimitiría de un cargo del que pocos dudan que para él es sólo el parapeto ante el banquillo. La oposición con una cierta idea de España, es decir, Ciudadanos, debería poner en marcha no sólo una moción de censura para echar al Gobierno y convocar elecciones, sino una campaña internacional -aquí quiero ver a Macron– para que la UE desautorice a Alemania y defienda nítidamente la integridad nacional española. Y si no, que disfruten otros del IV Reich. Al final, si no nos defendemos nosotros, en esta Europa nadie nos defenderá.

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A hacer puñetas. -Javier Somalo/LD-

Podemos pensar que la Unión Europea es un engendro de burocracias nacionales regida por una burocracia superior que genera normativas y funcionarios a granel, podemos deducir pues, que las partes y el todo no tienen nada en común y que queda un largo camino para que sea una realidad al servicio del ciudadano. Pues sí. Pero mientras eso se arregla, si es que es posible, lo inadmisible en este negro abril de 2018 es que un estado miembro, España, haya renunciado a sofocar un golpe de Estado interno.

No estaríamos en Alemania ni habríamos pasado por Bélgica o Suiza de haber tenido los arrestos para acabar con el órdago separatista en casa. Pero Pilatos se lavó las manos dejando el destino de España en la bocamanga de los jueces. Pocas veces un gobierno ha estado tan respaldado como el de Rajoy para plantar cara a los golpistas. Habíamos pasado del “hablando se entiende la gente” o el “habrá que intentarlo” de Juan Carlos I a los puños apretados y el discurso firme de Felipe VI; de la mayoría acobardada y silenciosa a la Tabarnia –a Dios gracias– escandalosa. Pues nada. En España, el Ejecutivo está concebido para vivir en La Moncloa, y de la política de Estado que se encarguen los tribunales. El desgaste por la defensa de la democracia y el imperio de la Ley que se lo remitan al juez Llarena y a su familia, que ya sufren el terrorismo de la diana en la frente.

Rajoy sólo habla de Economía y de Europa. La primera, por bien que pueda progresar y por más que sea éxito de todos, no tanto del Gobierno, está ahora en manos del PNV que se deja ofertar. Y de la segunda, estamos viendo los frutos y la anoréxica imagen de nuestro país. Ni con José María Aznar ni con Felipe González habríamos hecho parada y fonda en montañas lejanas. Gracias a Mariano Rajoy, la herencia envenenada de José Luis Rodríguez Zapatero emponzoña nuestras instituciones a un ritmo sobrecogedor.

El gobierno de España está instalado en la política de pudridero y en acatar, por no madrugar, lo que digan los tribunales propios y ajenos. ¿Es esto gobernar? No, pero hay todavía más insultos que inventariar. El pago de la fianza al golpista Puigdemont lleva el sello del Banco de España y ha salido de los Presupuestos del Estado, los mismos que costean cada afrenta en TV3. ¿Alta traición? Sí, pero dónde. ¿Malversación? También, pero de quién. “Ni un euro –dijo Cristóbal Montoro– se va a dedicar al referéndum”. Pues además de que aquello era mentira, ahí están –una vez más– Omnium Cultural y la ANC, o sea, la República de Cataluña declarada y firmada, depositando el sucio dinero español porque Madrid sí paga traidores.

En España se hizo una abdicación histórica sin Ley: se tuvo que pergeñar después del hecho consumado porque nadie se lo había planteado aunque algunos achaquen a Spottorno un papel brillante y crucial en la improvisación. Es todo así, como cuándo los franquistas se preguntaban qué llegaría después de Franco porque no concebían “el hecho biológico inevitable”. No es que legislemos en caliente, como dicen los oportunistas, es que se hace casi siempre tarde y mal, derogando lo útil e hipertrofiando lo obvio, creando instancias especiales allí donde bastaría lo ordinario, si se aplicara, claro. Y ya no somos una democracia joven, como se solía justificar en los casos más sonados de inepcia legislativa. Que van 40 años.

España se ha ido a hacer puñetas en Cataluña usando a los jueces para esconder la cobardía. Se tarda mucho en confeccionar tanto bordado y encaje que adornan las bocamangas de las togas, por eso se hacían en conventos, y hasta en cárceles, en los largos tiempos muertos del retiro. Ahora la solución togada al golpe, por omisión del deber de gobierno, se complica con interpretaciones extranjeras que sólo confirman otra desgracia más: la insistencia de Europa por autodestruirse. Eso sí, a imagen de España.

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Chaves, Griñán y dinero para asar una vaca. -Liberal Enfurruñada/OK Diario-

Tanto Chaves como Griñán son hijos de franquistas. Manuel Chaves es hijo de un coronel del ejército de Franco y de una dirigente de la Sección Femenina de Falange Española, estudió en colegios católicos privados hasta licenciarse en derecho. Se afilió al PSOE en 1968 y fue diputado en el Congreso desde 1977 hasta 1990, ministro con Felipe González de 1986 a 1990, presidente de la Junta de Andalucía desde 1990 hasta 2009, vicepresidente del Gobierno y ministro con Zapatero de 2009 a 2011, presidente del PSOE de 2000 hasta 2012 y diputado en el Congreso hasta 2015, cuando dimitió tras ser imputado por prevaricación en el caso de los EREs fraudulentos de la administración andaluza, por lo que podría ser condenado a 10 años de inhabilitación.

José Antonio Griñán es hijo de un conocido comandante de la Guardia de Franco destinado en El Pardo, y de una sobrina de un falangista presidente de la Diputación de Madrid. También estudió en colegios privados católicos hasta que se licenció en derecho. Se afilió al PSOE en los primeros años 80 y fue viceconsejero de la Junta de Andalucía de 1982 a 1986, consejero andaluz de 1990 a 1992, ministro con Felipe González de 1992 a 1996, diputado del Congreso de 1993 a 2004, de nuevo consejero de Economía andaluz de 2004 a 2009, presidente de la Junta de Andalucía desde 2009 hasta 2013, presidente del PSOE de 2012 a 2014 y senador de 2013 hasta 2015, cuando también dimitió tras ser imputado por prevaricación y malversación en el caso de los EREs. Podría ser condenado a 6 años de cárcel y 30 de inhabilitación.

Aunque los grandes medios de comunicación pasan de puntillas sobre este caso que ensucia al actual PSOE, el juicio de los EREs llega a uno de sus momentos cumbre con las declaraciones ante la Audiencia de Sevilla de los dos expresidentes de la Junta de Andalucía. Están acusados —junto a otros 20 ex altos cargos, entre los que destacan la exministra Magdalena Álvarez y Gaspar Zarrías— de diseñar un “procedimiento específico” con el que repartieron de forma arbitraria y opaca más de 741 millones de euros en ayudas sociolaborales entre 2001 y 2010, dejando por medio comisiones, desvíos y hasta juergas con cocaína más que suficientes para “asar una vaca”, como presumía la madre de uno de los mediadores entre la Junta, las empresas beneficiarias de las ayudas y la aseguradora. Y de todas estas irregularidades la Intervención General de la Junta avisó hasta en tres ocasiones a unos imputados que ahora quieren hacer creer que ellos no sabían nada.

Chaves y Griñán no están acusados de haberse lucrado personalmente ni se les han descubierto patrimonios ocultos. Tampoco de haber financiado ilegalmente al PSOE. Están acusados por haber manejado los fondos de la Junta de Andalucía como si de su cortijo se tratase, como aquellos señoritos amigos de sus padres que a principios del siglo pasado compraban el voto de los jornaleros a cambio de una golosina. Quizá ninguno de estos dos hijos del franquismo más rancio tenga una cuenta oculta en Suiza, pero el daño que habrían hecho a los andaluces es mucho mayor que si sólo hubieran hecho eso. Porque el dinero “para asar una vaca” que presuntamente malversaron tenía que haberse usado para generar empleo y riqueza en Andalucía, y no para dotar un “fondo de reptiles” con el que comprar votos, agradecer favores, silenciar a los críticos y asegurar lealtades a un régimen clientelar del que los andaluces no son capaces de deshacerse aunque los excrementos les lleguen hasta las cejas.

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Ley de memoria histórica: el acabose. -Ramón Pérez-Maura/ABC-

Melancolía produce el ver que cada día tiene menos influencia en los políticos lo que se escribe en los periódicos y lo que opinan sus compañeros de filas más experimentados. Esta semana hemos tenido una prueba verdaderamente irrefutable. El pasado martes, don Marcelino Oreja Aguirre, exministro de Asuntos Exteriores, exsecretario general del Consejo de Europa, excomisario europeo, presidente de honor de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas –casi nada– publicaba en estas páginas una luminosa Tercera sobre la Ley de la Memoria Histórica que concluía con un párrafo inequívoco y perfecto compendio de lo que antecedía: «La Ley de Memoria Histórica es una falsedad, un grave error y un mal servicio a España. Estas son mis convicciones en las que deseo permanecer fiel en lo que me queda de vida».

Ese mismo día, el Parlamento de Baleares, aprobaba su propia ley de memoria histórica. Allí gobierna una coalición de izquierdistas y nacionalistas catalanes, así que, en puridad, nada de extraño tiene. Pero lo que convierte este hecho en el acabose es que esa denominada «Ley de Memoria Democrática de las Islas Baleares» se aprobó con los votos a favor del Partido Popular de Baleares, que preside Biel Company. Esta es una ley perfectamente prescindible por muchos motivos, entre otros porque sólo pretende replicar allí una ley que ya es de aplicación en toda la nación. Ya se sabe lo que les gusta a los parlamentos autonómicos legislar y legislar sobre cosas que ya están legisladas. Y es una ley que el PSOE que gobierna Baleares quiere cambiar y endurecer si vuelve al poder.

Pero la ley balear ha tenido alguna utilidad colateral. Nos ha servido para ser informados de que el PP, después de no haber considerado necesario derogar la ley de amnesia histórica zapaterista, ahora está abiertamente alineado con ella al menos en Baleares. Una ley que, por ejemplo, a algunos ciudadanos nos está causando notables perjuicios por el empeño del Ayuntamiento de Madrid de cambiar el nombre de nuestra calle escudándose falsamente en esa ley. O quizá también en Madrid, porque desde el martes pasado no he escuchado ninguna salvedad o reproche del PP nacional a la actuación de sus hombres en Baleares. Pero ¿a quién puede sorprender eso? Martínez-Maíllo está demasiado ocupado persiguiendo y denunciando a ABC como para atender minucias como la Ley de la Memoria Histórica y la deriva catalanista del PP balear.

Ayer mismo el «Diario de Mallorca» (Grupo Moll) publicaba un análisis en el que se explicaba cómo el PSOE quiere a Biel Company como candidato a la presidencia de Baleares, razón por la cual se abstienen de hurgar en sus puntos débiles. Lo quieren como rival, porque es el más débil de cuantos pueda oponer el PP a la presidenta balear Francina Armengol. «El PSOE balear desea a Biel Company encabezando la candidatura del PP; de ahí que se guarde el material desestabilizador. Cualquier otra u otro, se aduce, es más peliagudo que Company».

Esta semana el discurso del diputado del PP por Tarragona, Alejandro Fernández, en el Parlamento de Cataluña se ha vuelto viral. Hablaba sobre convivencia y parlamentarismo al hilo de una iniciativa parlamentaria de Ciudadanos. Ese discurso de apenas cinco minutos ha tenido un inmenso impacto porque representa la antítesis del actual discurso del PP balear. Porque el PP de Cataluña ya pasó por ser tibio ante el nacionalismo. Y eso le ha llevado a estar donde está: en la marginalidad. Pero el PP de Baleares sigue la ruta que antaño hollaron sus socios catalanes, impasible el ademán.

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Si los golpistas se libran de la cárcel será gracias al PSOE. -Liberal Enfurruñada/OKDiario-

En 1995 el PSOE, IU y los independentistas vascos y catalanes, suprimieron del Código Penal un artículo que castigaba con prisión cualquier declaración de independencia. Era el artículo 214 y decía que “son reos de rebelión los que se alzaren públicamente para… declarar la independencia de una parte del territorio nacional”, sin ninguna mención al uso de violencia. El Código Penal reformado por el PSOE, exige, en su artículo 472, para que exista rebelión, que dicha declaración de independencia debe ser violenta. En su auto de procesamiento el juez Llarena imputa este delito de rebelión a Carles Puigdemont, Oriol Junqueras, Jordi Turull, Raül Romeva, Antonio Comín, Josep Rull, Dolors Bassa, Clara Ponsatí, Joaquim Forn, Jordi Sánchez, Jordi Cuixart, Carme Forcadell y Marta Rovira, además de imputar por malversación a los nueve primeros y por desobediencia a otros 12 imputados, entre ellos la fugada Anna Gabriel.

El delito de desobediencia tan sólo está penado con multa e inhabilitación para cargo público y el de malversación con un máximo de ocho años de cárcel. Así pues la clave para que los golpistas puedan ser condenados por rebelión a penas que conllevan condena de hasta 25 años de prisión se encuentra en que el juez demuestre que su alzamiento ha sido violento. Y aquí es donde comienzan las discrepancias entre juristas. Los términos violencia, violenta/o y violentamente aparecen 35 veces en un auto de apenas 70 páginas, lo que nos da una idea de la importancia que el juez otorga a su acreditación. Pero no todos coinciden en que lo haya conseguido porque la jurisprudencia del Tribunal Supremo, para apreciar que alguien ha actuado con violencia, exige que se haya “usado la fuerza física para producir un daño de intensidad suficiente para doblegar la voluntad de aquel contra quien se dirige”. O sea, que no cualquier uso de la violencia significaría un alzamiento violento, sino tan sólo cuando esta violencia fuera tal que sin ella no se conseguirían los objetivos de los alzados, opinan algunos.

Los hechos violentos en los que se centra el magistrado son los que ocurrieron los días 20 de septiembre, cuando convocaron a la población ante la sede de la Consejería de Economía, y 1 de octubre, cuando instigaron a los ciudadanos a obstaculizar que las fuerzas policiales cumplieran su cometido de impedir el referéndum. Y detalla una reunión ocurrida en medio de ambas fechas, el 28 de septiembre, en la que los máximos responsables de los Mozos se reunieron con el presidente de la Generalidad, su vicepresidente y el Consejero de Interior, para informarles de que “la gran cantidad de colectivos movilizados en aquellas fechas… hacían prever… una escalada de la violencia, con brotes importantes de enfrentamiento… Pese a ello, la decisión de los miembros del Gobierno fue que la votación había de celebrarse”.

El magistrado entiende que existe delito de rebelión porque ya hubo violencia el 20 de septiembre, el 28 de septiembre los jefes de los Mozos advirtieron de que el 1 de octubre habría enfrentamientos violentos y pese a todo ello, el Gobierno catalán celebró un referéndum ilegal que no se habría llevado a cabo sin el uso de dicha resistencia violenta, de lo que hace responsables a todos los imputados por rebelión. Ciertamente todos vimos que se produjeron tumultos violentos. La clave está en si, como exige la jurisprudencia del Tribunal Supremo, dicha violencia tuvo una intensidad decisiva o sólo fueron altercados de incontrolados entre una multitud mayoritariamente pacífica, y aquí caben interpretaciones. Lo que está claro es que si finalmente los golpistas se libran de la cárcel deberemos agradecérselo al PSOE.

 

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