Archivo de la categoría: Reflexiones

Lo negro de la roja. -Antonio Burgos/ABC-

Aceptemos corrupción como animal de compañía y aceptemos La Roja como apodo de nuestra Selección Nacional de Fútbol en boca de aquellos a quienes la palabra “España” les produce una comezón extraña y a algunos, unos deseos irreprimibles de irse, naturalmente que exigiendo antes que Madrid y el resto de sus connacionales les paguemos el billete de ida. Aceptado lo de La Roja, pues, recuerdo los tiempos de Porta. ¿Se acuerdan? Bueno, pues aquella perra de cada noche radiofónica de José María García con “Pablo, Pablito, Pablete” era un juego de niños al lado de cuanto se está descubriendo en la FEF con el caso Villar. A Pablo, Pablito, Pablete nunca lo metieron en la cárcel ni se le probó nada raro ni sucio, y ahora, ya ven, lo de La Roja era bastante negro todo, según muestran los autos de inculpación y prisión.

Y, como siempre ocurre en España en los casos de esta naturaleza, resulta que esto de los tejemanejes y mangoletas de Villar en la Federación lo sabía todo el mundo. Ha pasado como con el famoso Tres por Ciento de comisión en la Generalidad de Cataluña: que no sólo todo el mundo lo sabía, que ponían la mano para las comisiones casi oficialmente establecidas y tarifadas, sino que el asunto incluso llegó al Parlamento, y nadie lo tomó en cuenta. O no lo quiso tomar. ¿Tanto reparten en estas cosas al parecer tan españolas que interesa más callar, mirar hacia otro lado y poner también la mano que actuar como al cabo de los años y casi al humo de las velas empiezan a descubrir entre la UCO, la UDEF y los jueces, poniendo “negro sobre blanco”, que se dice, cuanto andaba de boca en boca no en las lenguas de doble filo, sino en las personas bien informadas y de recto criterio y moral intachable?

Llueve sobre mojado. Lo de la familia Pujol era conocido en Cataluña entera, e incluso más abajo del Ebro, y nadie decía nada, ni le metía mano a nada. ¿Y se acuerdan de lo que ya nadie recuerda, del Caso Juan Guerra, que fue el chupinazo de esta Calle de la Estafeta de la corrupción en España? En Sevilla todo el mundo sabía que Mienmano se dedicaba a lo que se dedicaba en el despacho que le habían puesto en dependencias oficiales. Y no sólo lo sabían, sino que se lucraban muchos de los cafelitos que se servían en aquel tristemente famoso despacho, que hasta merecería una lápida de recuerdo: “En este despacho empezó oficialmente algo tan típico, tan racial y tan nuestro como la Corrupción en España”. ¿Cómo es posible que, presidente del Gobierno tras presidente del Gobierno, el Caso Villar siguiera siempre su curso, inasequible al desaliento, con los votos de las Federaciones Regionales comprados y todo el entramado bien urdido, a costa nada menos que del nombre de nuestra nación en futbolística materia? Y según he leído hasta ahora por lo investigado, lo más chocante del caso es que cuanto más gloriosos y triunfales eran los días de la Selección de Fútbol, más apaños y negocietes se tramaban en aquel despacho del incombustible y reelegidísimo señor Villar, contra el que no tengo nada hasta que la Justicia lo condene, pero que me duele el daño que le ha hecho a la llamada Marca España. Sí, la Selección, la Roja, el Mundial, Sudáfrica, eran hitos de esa Marca España que resulta que llevaba por debajo toda una trama de traficantes de influencias y de algo más que influencias. Toda España orgullosa de su Selección de Fútbol, y algunos haciendo los grandes negocios fraudulentos a costa del propio nombre de la nación, que era el que llevaban a jugar amistosos, de aquella manera que dijimos, a Corea del Sur, a Colombia, a México, para exprimir al máximo en personal provecho el prestigio de la Marca España. Me niego a pensar que la Marca España sea la corrupción. Pero me extraña que siempre tarden tantos años en llegar a los tribunales las mangoletas que son clamorosa vox populi.

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La tiranía de la minoría. -Santiago Navajas/LD-

Madison, Tocqueville y otros pensadores liberales advirtieron constantemente contra la posible degeneración de la democracia en “tiranía de la mayoría”. Por eso insistieron en que al principio regulativo de la mayoría se opusiera el principio limitativo del respeto a los derechos de las minorías. A tal fin se crearon mecanismos de checks and balances, para que ningún aspirante a dictador elegido democráticamente pudiera propasarse. Gracias a ello Donald Trump no está haciendo demasiado daño. Parafraseando a Augusto Monterroso, cada vez que despierta el presidente norteamericano, desespera de que la separación de poderes siga estando allí. Precisamente por no tener ese sistema institucional liberal, Venezuela y Turquía se están despeñando por el abismo de la tiranía de la mayoría bajo la égida carismática de Maduro y Erdogan.

Sin embargo, en Estados Unidos lo que se está propagando es el virus de la tiranía de la minoría, en virtud de la cual determinadas facciones se arrogan el poder de censurar y violentar a cualquiera que no se doblegue ante sus dogmas ideológicos. Una vez más, ha ocurrido en las universidades norteamericanas que un intelectual perteneciente al ala conservadora ha sido boicoteado salvajemente por grupos vinculados al ya habitual frente popular formado por ultraizquierdistas, feministas de género y victimistas raciales.

Heather MacDonald había sido invitada a Claremont College a presentar su último libro, donde rebate la tesis dominante en la izquierda política y cultural de que los policías norteamericanos son un peligro y una amenaza para la comunidad negra. Por el contrario, sostiene MacDonald, son los criminales la más grande amenaza para la mayor parte de los negros norteamericanos, que tienen en los policías a sus mejores aliados contra la anomia que amenaza sus barrios y distritos.

Como cualquier otra, una tesis discutida y discutible. Pero precisamente para eso están los debates públicos, para que se expongan las razones y evidencias disponibles de las diversas conjeturas contrapuestas, de manera que del choque dialéctico de puntos de vista divergentes pueda surgir un consenso informado o una disparidad respetuosa. Sin embargo, los estudiantes protofascistas enfundados en camisetas del Che Guevara impidieron violentamente el acceso al recinto donde se iba a celebrar el acto y MacDonald no tuvo más remedio, bendita tecnología, que exponer sus ideas a través de internet.

El presidente de Claremont defendió el derecho de MacDonald a hablar porque “nuestra misión se funda sobre el descubrimiento de la verdad, el desarrollo colaborativo y la mejora de la sociedad”. Esta frase es el equivalente hoy en día en una universidad norteamericana, y en gran parte de las facultades de Letras españoles, a mostrar unos crucifijos en el castillo de Drácula. Rápidamente los endemoniados (en el sentido de Dostoievski: fanáticos nihilistas al borde de un ataque de bilis) estudiantes tacharon la “búsqueda de la verdad” y la “pretensión de objetividad” como cosas de “supremacistas blancos”, reconociendo implícitamente su visión racista de la sociedad humana y una indigencia intelectual que les lleva a rechazar la verdad y la objetividad porque de otra forma tendrían que trabajar algo para conseguirlas, aunque solo fuera tomando notas de lo que dice el conferenciante de turno para luego tratar de rebatirlo tomando la palabra en lugar de un bate de béisbol o un cóctel molotov.

El recientemente fallecido Giovanni Sartori nos advirtió en La sociedad multiétnica contra los que tratan de destruir la sociedad abierta popperiana y hayekiana aprovechándose de la elasticidad de la tolerancia para imponer sus métodos violentos. La sociedad abierta liberal no se basa, defiende el politólogo italiano, ni en el conflicto, como quisiera un nazi como Carl Schmitt cabalgando la contradicción amigo-enemigo, ni en el consenso, como quisiera un apaciguador al estilo de Rodríguez Zapatero con su alianza de civilizaciones, sino en “la dialéctica del disentir”, consistente en un debatir que incorpora al mismo tiempo el conflicto y el consenso. Pero todo ello de acuerdo a unas reglas-de-la-tolerancia que consisten en proporcionar razones, no dañar al contrario y la reciprocidad (no hacer lo que no te gustaría que te hicieran).

Por el contrario, los estudiantes intolerantes que componen el núcleo del movimiento políticamente correcto (que en circunstancias parecidas en Alemania fueron catalogados por Jürgen Habermas como “fascistas de izquierdas”) deberían haber sido automáticamente expulsados de la universidad (aunque fuese por un mes, como niños traviesos de primaria) y llevados ante la Justicia (para depurar posibles responsabilidades penales. Al fin y al cabo, las universidades no son guarderías). En lugar de ello, la pasividad de las autoridades es otro palmario ejemplo de cómo la doctrina de la sociedad multicultural, basada en la intolerancia política y el puritanismo moral, ha ido poco a poco capturando a la izquierda, debilitándola como hace la hiedra con el árbol al que trepa.

Frente a la sociedad multicolor que reivindica el liberalismo, los estudiantes políticamente correctos promueven grisáceas facciones que únicamente buscan la conquista de puestos desde los que detentar el poder y entronizar el odio (de clase, de género, de raza, de religión), para así aplastar al disidente en nombre de cualquier supuesta superioridad cultural. En este sentido, se ha producido en Twitter una rocambolesca discusión entre feministas negras contra feministas blancas en la que las negras enrostraban a las blancas que ellas eran más víctimas porque al victimismo de género sumaban el racial. Y las blancas callaban avergonzadas por su herencia de privilegiadas. Siempre habrá una minoría más minoritaria, hasta que, de minoría en minoría, se llegue a la minoría definitiva y descubran al individuo de carne y hueso como minoría absoluta. Quizás en ese momento descubran la objetividad, ya sin cursivas, y se hagan liberales: individualistas, tolerantes y más amigos de la esplendorosa verdad que de sus narcisistas ombligos.

Pero el auténtico peligro no reside en los terroristas universitarios sino en nosotros mismos. He visto cómo unos pocos violentos eran capaces de reventar actos donde nadie se atrevía a plantar cara. Donde el recurso a la fuerza en defensa propia era descartado por una prudencia que encubría realmente una cobardía. Si malo es que unos grupos de intolerantes se hagan con el control de los campus, peor resulta que las autoridades de los mismos sean incapaces de garantizar el orden y la libertad de expresión de los censurados.

Lo que está en juego es la continuidad de la tradición ilustrada en Occidente. La Ilustración fue ese movimiento que situaba el foco de la acción y la esencia humana en la racionalidad. Para ello se opuso tanto a los tradicionalistas del absolutismo teocrático como a los románticos que vinieron a continuación. Para los ilustrados, hay teorías que se pueden rebatir mediante hechos. Sin embargo, para los tradicionalistas lo que hay son dogmas inasequibles al razonamiento. Por otro lado, para las tribus románticas, del comunitarismo al feminismo de género pasando por los victimistas raciales, hay sentimientos e instintos grupales impugnables mediante pruebas. Desde el dogma y desde el sentimiento cabe censurar a todos aquellos que se opongan a ellos. Si durante mucho tiempo ambos enemigos de la verdad y la objetividad, de la libertad y de la tolerancia, estuvieron a la par en su asalto a la razón, hoy es la extrema izquierda académica –a través de todas las derivadas del posmodernimo estructuralista– la que está convirtiendo la universidad en una cheka, la ciencia en ideología y los debates en sermones adoctrinadores.

Origen: Club de Libertad Digital

Una jura ¡de bandera! -Antonio Burgos/El Recuadro-ABC-

Si corren malos tiempos para la lírica nacional de España, para la épica militar de sus Fuerzas Armadas ni te cuento. Por eso tuvo mucho más mérito y significado, (“hondo calado y largo recorrido”, que se dice en Tertulianés), la multitudinaria jura de bandera de más de 2.000 civiles en la Plaza de España de Sevilla, sede del Cuartel General de la Fuerza Terrestre, que se escribe así pero se sigue pronunciando “Capitanía General”.

¿Usted no ha escuchado decir que hay toros de bandera? Yo he visto muchos. Salen de los chiqueros y son aplaudidos porque tienen “mucha plaza”, como dicen sus abnegados ganaderos criadores, que les cuesta su dinero conservar miles hectáreas de dehesa en toda su grandeza ecológica, como un inmenso Doñana sin gastar un duro de los contribuyentes, sino que las mantienen ellos de su bolsillo, con su afición. Esos son los toros de bandera. Pero es que también hay señoras de bandera. Y si no señalo a ninguna es porque no quiero levantar la envidia ni la susceptibilidad de muchas señoras que me leen, todas las cuales para mí, por ese solo generoso hecho, son absolutamente todas mujeres de bandera.

Pues como toros y señoras de bandera, ayer hubo en Sevilla una jura de bandera…¡de bandera! Excelente en su clase. Única. Emocionante. Una más que necesaria y conveniente “Convidá a Patria” en los tiempos que corren. En esta España donde tantos agravios y ofensas recibe la enseña nacional que a todos nos representa, empezando por la legalidad constitucional y la grandeza de la Patria, más de 2.000 civiles juraron bandera en Sevilla, incluida la Centuria de los Armaos de la Macarena. Lo que me aseguran que marca un récord de participación de paisanos que respondieran a la pregunta de vellos de punta: “¡Españoles! ¿Juráis o prometéis por vuestra conciencia y honor guardar la Constitución como norma fundamental del Estado, con lealtad al Rey y, si preciso fuera, entregar vuestra vida en defensa de España?”.

Ya sé: dirán que todo esto es facha. Pues mire usted, esa jura de bandera… ¡de bandera! se hizo Sevilla precisamente porque a más de 2.000 españoles les dio la gana jurar fidelidad a su Patria, España, y a nuestra Historia en común. ¿Passssa algo? Y no eran fachas, sino que querían demostrar, sin la vergüenza y cobardía al uso que tanta rentabilidad da a tantos, el orgullo de amar a su Patria y a los valores que representa su Bandera. ¿Passssa algo? Y todos se pusieron sus mejores galas para besar la sagrada bandera, que nada menos que eran nueve: del Tercio Duque de Alba, Segundo de la Legión; del Tercio Don Juan de Austria, Tercero de la Legión; del Tercio Alejandro Farnesio, Cuarto de la Legión; de la Brigada Paracaidista; del Regimiento de Infantería La Reina; del Regimiento de Infantería Córdoba; del Grupo de Regulares de Ceuta; del Regimiento de Guerra Electrónica 32 y de la Agrupación de Apoyo Logístico 21, ¿será por banderas que jurar?

Estos más de 2.000 españoles sienten nuestras tradiciones, costumbres y lengua; y como propio lo que han hecho antes otros españoles por nosotros y nuestra heroica Historia. Y no se avergüenza de ello. ¿Passssa algo? Juraron el compromiso de servir a España desde “cualquier estamento de la sociedad y cualquier trabajo”. Dieron el beso, máxima expresión de amor para con los semejantes, con el resto de los ciudadanos de “toda” España, y subrayo “toda”. Y se lo dieron a las Banderas herederas de la gloria que otros ganaron para España. Aunque corren malos tiempos para la lírica nacional de España, ayer corrieron vientos de emoción y grandeza para la épica militar de nuestra Patria. (Si servidor no lo hizo es porque, viejo guripa que ya lo hizo orgullosamente en la Topográfica, me dijeron que allí no daban quince días de permiso de jura de bandera.)

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El numero de la cabra. -Antonio Burgos/ABC-

Por falta de uno, dos circos, dos, hay en la Feria de Sevilla. El Gran Circo Mundial, cuyo promotor, si mal no recuerdo, mereció una justa Medalla de las Bellas Artes, y el Gran Circo Alaska, con Fofito, es decir, con la memoria de los payasos de la tele de media España. Grandes atracciones anuncian esos circos, desde el hipopótamo gigante a un animal que trae el Circo Mundial y que más representativo de muchas cosas de nuestra nación no puede ser: el “ligre”, mitad león, mitad tigre, como aquello de “mitad monje, mitad soldado”, pero puesto al día; pues lo que ahora es políticamente correcto es mitad pene y mitad vulva, por ejemplo; o mitad liberal y mitad gilipollas, como resultan muchos del Gobierno; o mitad comunista y mitad disfrutón de una vidorra de marqués, dueño de veinte pisos.

Me extraña, empero, que ninguno de los dos circos de la Feria de Sevilla traigan la atracción más de moda: el número de la cabra que a cada momento montan los artistas de Podemos: ¡artistas, que sois unos artistas! El número de la cabra lo hacen cotidianamente los de Podemos tanto en el Congreso de los Diputados como en sus pasillos; lo mismo en los plenos de los ayuntamientos que en los parlamentos de la Señorita Pepis de las autonomías. Que se sepa, nunca han propuesto ni mucho menos se ha aprobado, una sola medida para atajar lo que quita al sueño a los españoles, como el paro, la falta de perspectiva laboral para los chavales que salen de la Universidad, la delincuencia mayor o menor que va en aumento, los impuestos que a partir de junio o julio hacen a los que trabajan esclavos económicos del Estado, que se lleva su sueldo: por llevarse, hasta se lleva Montoro un buen pellizco de cada premio medio gordo de la Lotería.

Podemos ha hecho memorables números de la cabra, como cuando Iglesias se preconizó vicepresidente del Gobierno, que es como si yo me pido ser arzobispo de Oviedo o rector de la Complutense, ¿será por pedir? Otro número de la cabra importante fue la sesión circense que ellos mismos llamaron “Vista Alegre Dos”, que tiene nombre de cárcel grande y capaz de alojar a familias enteras, por numerosas que sean, como los Pujol. Bajo la carpa del “Vista Alegre Dos” montó Podemos el número de la cabra de apartar del poder al Niño de la Beca y castigarlo en el Congreso, mandándolo a las bancas de atrás, como los malos alumnos que no se saben la lección: la rentable lección del “sí, buana”. Ha habido otros números de la cabra muy divertidos en la capital de España, como el referéndum para peatonalizar la Gran Vía o querer convertir el Arco de la Victoria de la entrada a la Universitaria en no sé qué de esto que se lleva ahora tanto de la mal llamada Memoria Histórica. Que es, a su vez, otro número de la cabra, según el cual la guerra que ganaron los nacionales resulta que la perdieron y que el Día de la Victoria lo siguen celebrando los rojos: el Día de la Victoria Kent, naturalmente.

Pero entre todos los números de la cabra que lleva montados Podemos, como querer quitar las azafatas vistosonas en el Gran Premio de Jerez y en la Vuelta Ciclista a España y cosas así de inútiles y prescindibles, el mejor de todos es el de la Moción de Censura a Rajoy. Un amigo dice que es tal numero de la cabra, que la Moción de Censura a Rajoy es la Ficción de Censura o la Micción de Censura, y fuera de tiesto. “Echar al PP” fue el numero de la cabra que montaron tras las municipales y el PSOE tragó, apoyando a alcaldes podemitas con tal de que no gobernaran los más votados, que eran del PP. Entre ellos, Cádiz. Por eso hay tanto levante en Cádiz. La leyenda dice que cuando llega el circo a Cádiz, viene también el levante. Desde que llegó Kichi a Cádiz con su circo y sus números de la cabra, ya ven qué levantera este verano y hasta ahora en primavera.

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Mis autobuses. -Antonio Burgos/ABC-

Nada, nada, aquí no eres nadie si no fletas un autobús, lo pintas con tus lemas como si fuera el autocar de ruta turística para enseñar la ciudad con auriculares que te hablan hasta en japonés o como el de dos pisos de un club de fútbol que viene de ganar la Copa de lo que sea, en cuya terraza superior los jugadores (“el vestuario” que le dicen) se dedican a hacer el gamberro del modo más lamentable. Primero vino el autobús naranja de Hazte Oír, que dijo algo tan políticamente incorrecto como que los niños con los niños y las niñas con las niñas, y que si mi abuela tuviera dos ruedas, un manillar, unos pedales y un sillín, no sería mi abuela, sino una bicicleta. Según he podido comprobar tras las generalizadas y casi dictatoriales consignas lanzadas por la Progresía Rampante y Trincante al paso alegre del autobús de Hazte Oír, está muy mal visto negar que las abuelas tengan dos ruedas y un manillar. Pues nada, por mí que no quede, señores del Mester de Progresía que viven ustedes como marqueses del presupuesto, con sus carguetes y mamandurrias varias: por mí, como si hay que admitir que las abuelas tienen 500 centímetros cúbicos y corren en el Circuito de Jerez. ¿Será por estar a la moda de lo políticamente correcto? ¿Será por la cobardía ambiente de no plantar cara a nada de cuanto represente la pérdida de nuestro sistema de valores?

— ¿Sistema de valores dice usted? Y eso, ¿qué es?

Pues una cosa que había antes en España: vergüenza. Pero íbamos por el autobús anaranjado de los niños con los niños y las niñas con las niñas, cuando nos llega otro autobús más, ¿será por autobuses? Hijo, al paso que vamos la política española va a parecer la estación madrileña de autobuses de Méndez Álvaro, por no decir la sevillana del Prado de Sebastián, que me cae más cerca. Ahora los de Podemos también ponen a circular su autobús, ya apodado del Odio. Contra la Casta. No quiero ni pensar que es contra ellos mismos; porque casta, casta, lo que se dice casta, la que han creado estos señores que se están poniendo como su mismo color indica, morados, en cuantito han llegado a los cargos públicos, en muchos casos municipales gracias a los votos del PSOE, para dar por saco al PP, que a lo mejor fue el partido más votado, caso de Cádiz. Donde ganó Teófila Martínez, pero con tal de echarla de la alcaldía, el PSOE puso al Kichi, un componente de la comparsa de Jesús Bienvenido, aquella del estribillo a lo Drácula de “Bocaditos, bocaditos”. ¡Menudos bocaditos le está metiendo a Cádiz el alcalde, que ahora está todo el año disfrazado de Fermín Salvoechea!

Las dos Españas, pues, son ahora los dos autobuses. El autobús contra la dictadura de la igualdad de género (y de más cosas) de Hazte Oír y el Autobús del Odio de Podemos, que lleva pintadas las caras de los presuntamente corruptos cual la fachada del estadio Sánchez Pizjuán luce los rostros históricos que conocemos hasta los béticos, como Arza o Campanal. Pero hacen falta más autobues. Yo estoy por fletar el autobús del “Stop Impuesto de Sucesiones”, porque es anticonstitucional y no hay derecho a que tus herederos paguen según en qué autonomía la palmes. Si la cascas en Madrid, tus descendientes pagan cero patatero de derechos reales; pero si la espichas en Andalucía tus deudos nunca serán mejor llamados que deudos: de la deuda de caballo que le van a tener que pagar a Susana si no quieres que el Estado se quede con tus cuatro perras. Hace falta un autobús contra la Cristianofobia que nos cerca; y otro contra la Dictadura de lo Políticamente Correcto; y otro en Defensa de la Constitución que “Cataluña entera/ se salta a la torera”; y otro en defensa de la Fiesta Nacional, y… ¿Será por autobuses? La flota de Alsa se iba a quedar en una parada de taxis si aquí sacáramos un autobús por cada problema verdadero y sangrante que tiene España.

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Pensar va siendo cosa de fachas. -Cristian Campos/El Español-

Pongamos que pertenece usted a alguna de las tribus que forman la nación ideológica conocida popularmente como “la derecha”. Da igual si es usted conservador, liberal, libertario, tradicionalista, centrista, plutócrata, aristócrata, warmonger, librepensador, católico de derechas, derechista puro y duro o un poco facha, que de todo tiene que haber en la viña del Señor.

Qué demonios: hasta podría ser usted un poco socialdemócrata, ahora que la chavalada de la izquierda regresiva ha decidido que todo aquello situado a la derecha de los campos de reeducación ideológica, los supermercados desabastecidos, los quirófanos en los que no viviría ni una cabra, la propiedad colectiva de los hijos, las inflaciones inferiores al 500% y la apología de la okupación, del velo, del terrorismo y de los linchadores de Alsasua es casta enemiga del pueblo.

Pongamos, en resumen, que tiene usted más de quince años.

Pues bien. Está usted de enhorabuena. En función de sus neuras y humores matutinos, podrá usted leer a Arcadi Espada, Emilia Landaluce, Félix de Azúa, David Gistau, Jorge Bustos, Berta González de Vega, Arturo Pérez-Reverte, Fray Josepho, Juan Claudio de Ramón, Cristina Losada, María Blanco, Enrique García-Máiquez, Ferrán Caballero, José María Albert de Paco, Cristina Seguí, Ricardo Dudda, Gregorio Luri, Daniel Ari, Juanma del Álamo, Jorge Vilches, Miguel Ángel Quintana Paz, Jordi Bernal, Daniel Rodríguez Herrera, Carlos Rodríguez Braun, José García Domínguez, Hugues o, sin salir de esta misma casa, a José Antonio Montano, Rafael Latorre y David Jiménez Torres. También podrá leer de forma habitual, y sin que haya que darle las sales o abanicarle el cogote después, a gente inteligente como Manuel Jabois, Javier Marías, Juan José Millás, Aurora Nacarino-Brabo e incluso a la gente de Politikon, que ya es decir. Me dejo a docenas.

Es cierto que pocos de ellos aceptarán la etiqueta de “derechista” de buena gana. Si acaso, alguno se dejará colocar la de “socialdemócrata” por aquello del romanticismo pijo de las causas perdidas. Pero no se engañen. Todos ellos son burgueses de ley y orden por desarmarizar, es decir gente de derechas de toda la vida de Dios. También suelen escribir sin faltas de ortografía, lo que parece señal de un leve ramalazo meritocrático. Y lo que es más importante aún. Todos pueden ser leídos sin sentir vergüenza ajena.

Y todo esto sin salir de España. Porque si salimos de ella nos encontramos con Claire Lehmann, Theodore Dalrymple, Roger Scruton, Ayaan Hirsi Ali, Tom Nichols, Grover Norquist, Nassim Nicholas Taleb, Camille Paglia, Thomas Sowell, Jaron Lanier, Ibn Warraq o Yuval Noah Harari. Cito al buen tuntún por no repetir los nombres de siempre.

Y ahora pongamos que es usted de Podemos. Ya sabe. De Podemos.

Se levanta usted por la mañana y su gama de intelectuales y pensadores de cabecera va de Juan Carlos Monedero a Jordi Évole pasando por Ramón Espinar, el Gran Wyoming, Pablo Iglesias, Irene Maestre, Ada Colau, Máximo Pradera, Barbijaputa, Pablo Echenique, el Kichi, el Nega, Facu Díaz y los hermanos Garzón. El único equivalente que se me ocurre en el extremo contrario del espectro político es ese que se fue a Gibraltar a entrevistar a los macacos.

No es de extrañar, por cierto, que varios de ellos sean humoristas. Hay determinadas ideas políticas teóricamente serias que hay que explicar mediante chistes porque si las dices en serio se ríen en tu cara. No deja de ser paradójico.

¡Si al menos leyeran a Miliband (padre), Lukács, Rieff, Adorno, Hobsbawm o Habermas! No digo ya a Owen Jones, que es a Christopher Hitchens lo que el tres en raya al Gran Colisionador de Hadrones. Qué narices: me conformo con el fallero de Žižek o el tuercebotas de Alain Badiou, ambos seres profundamente equivocados pero, al menos, dignos de media vuelta de tuerca. Estoy dispuesto, en un alarde de magnanimidad y de rebaja de las expectativas, a comerme a Chomsky y a Naomi Klein. Miren si lo pongo fácil.

Pero no. Ni siquiera a esos leen.

¿Desde cuándo el antintelectualismo y el desprecio de la inteligencia, la propia y la del prójimo, son de izquierdas?

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