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Contra la hispanofobia. -Hermann Tertsch/ABC-

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87 y 155 -Antonio Burgos/El Recuadro-ABC- #FelizDomingo –

No es que me haya equivocado y puesto aquí los números que llevaban en el lomo los dos toros de una tarde histórica de Antonio Ordóñez en su plaza de Ronda. Es que he echado números y son los que corresponden simbólicamente al momento actual de Cataluña. Pero como no soy de Ciencias, no quiero hacerme un lío con los números. Como soy de Letras, recurriré mejor a dos símbolos de mi tierra, los toros y la canción andaluza, para analizar cómo veo (de feo) el problema de Cataluña. Así que apunten: Cataluña está entre el torero ecijano Pepe Luis Vargas y la cantante chipionera Rocío Jurado.

Cataluña está como el pundonoroso y valiente Pepe Luis Vargas en la tarde del 23 de abril de 1987 en la plaza de Sevilla. Era mucho lo que Vargas se jugaba, y cuando sonó el tararí para que saliera el quinto de la tarde, “Fantasmón”, de la ganadería de Joaquín Barral, cogió el capote y se fue a la puerta de chiqueros para recibirlo a portagayola. Púsose Vargas doblemente genuflexo ante el portón de los sustos, que abrió el torilero a su señal. Y salió “Fantasmón”. Pero en vez de ir hacia el arrodillado Vargas, el toro se frenó antes de tomar el capote, dudó cómo meter la cabeza y cuando lo hizo arrolló al ecijano. Cornalón. Safena y femoral rotas. Joaquín Vidal lo contó así: “La sangre torera saltó escandalosamente sobre el albero de la Maestranza. Igual que de una manguera sin control escapaba en todas direcciones. La expresión del diestro –cara, chaquetilla, todo lo tenía ensangrentado– era de estupor. Nadie –seguramente ni él mismo– se explicaba cómo pudo ocurrir. Pero ocurrió”. Y ya en la enfermería, donde el doctor Ramón Vila habría de salvarle la vida que se le escapaba por aquel borbotón de sangre, pronunció Pepe Luis una frase que no sé cómo no viene en el Diccionario de las Grandes Citas Taurinas, como el “hay gente pá tó” o “más cornás da el hambre”. Dijo el pobre Vargas, que nunca tuvo la soñada Puerta del Príncipe: “Tanto luchá, pá ná”.

Eso es exactamente lo que nos ha pasado con los separatistas catalanes, averígüelo Vargas. Le ha pasado al Gobierno y a los que en su autoridad teníamos puestas nuestras esperanzas; le ha pasado al emergente Ciudadanos y a la valentísima Inés Arrimadas; le ha pasado al Tribunal Supremo y al Constitucional; a la Policía Nacional y a la Guardia Civil; a la aplicación tardía y medrosa del 155: “Tanto luchá, pá ná”. El independentismo catalán sigue en sus trece, y estamos asistiendo al penoso espectáculo de que ya es noticia el cumplimiento de la Constitución en un territorio del Reino de España, y barruntando que acabarán eligiendo presidente de la autonomía catalana al que quiere convertirla en una República Independiente, quien encima es un cobarde, un cagueta, huido en Bruselas, prófugo de la Justicia y reo de sedición y rebeldía.

Lo que nos hace pasar del toreo a la copla. Quiere todo esto decir que la independencia de Cataluña está en Modo Rocío Jurado: hemos vuelto al “Punto de partida”, de Juan Pardo, que cantaba la más grande: “Que la lleno con historias, aventuras y malicias,/ cada noche yo me encuentro/en el punto de partida”. O peor. Habiéndonos gastado 87 millones de euros en llevar refuerzos de las Fuerzas del Orden quebrado por los separatistas, según ha reconocido Zoido. Y habiendo embotado para siempre el filo de esa espada de deshacer nudos gordianos que nos creíamos era el 155. Por cobardía nos gastamos inútilmente 87 millones por no cercar los ilegales colegios electorales antes del 1-O y hemos dejado al 155 “imposible para vos y para mí”, tras aplicarlo de modo “light”, con la TV3 a todo trapo y sin que Soraya haya cruzado el Ebro. Y los del lazo amarillo, encantados: otra vez en el punto de partida para la DUI. Y nosotros, los de la Constitución pisoteada, como Vargas: “Tanto luchá, pá ná”.

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La tabarra catalana. -Antonio Burgos/El recuadro-ABC-

Todo el mundo, hasta mi admirado embajador José Cuenca Anaya en una Tercera de ABC, ha escrito ya brillantemente sobre Tabarnia, ese país imaginario con nombre de ficción de Jardiel Poncela que por la vía de la parodia le está haciendo a las pretensiones independentistas de los separatistas catalanes (unilaterales o multilaterales) más daño que la valentía de Inés Arrimadas, pues el humor es un arma de destrucción masiva. No hago el “resumen de lo publicado” sobre Tabarnia, todo el mundo lo sabe: que hay una Cataluña litoral que es Tabarnia, formada por las provincias de Barcelona y de Tarragona, donde Ciudadanos ha ganado las elecciones autonómicas y no tienen el menor interés en separarse de España; y otra interior, Tractoria, constituida por las provincias de Lérida y Gerona, donde han triunfado los del millón que ha votado a un prófugo cobardón y el otro millón que ha votado a un preso por rebeldía y sedición, y que es la Cataluña profunda como la mina de Antonio Molina, la Cataluña de los pueblos, algo así como la del PER de Andalucía que vota al PSOE, pero con barretina; esto es, una sociedad retardataria y alejada de todo progreso, encantada de haberse conocido viviendo de la subvención y la mamandurria, y si se van las empresas, que se vayan.

Todo eso que descrito queda en cuatro brochazos (porque uno tampoco es Velázquez ni columnista de Madrid como para usar el pincel fino) era Tabarnia. Que, por cierto, no sé cómo se dirá Tabarnia en Tertulianés, con el habitual apoyo de las muletillas del “escenario”, “desde el minuto cero” y “en primera persona”. Todo eso era así hasta que se está acercando que escarba y se echa albero a los lomos la constitución de la mesa del Parlamento autonómico catalán y la elección de su presidente. Y héte aquí que, desde mi claro rincón de la provincia y “coram natione”, acabo de descubrir que ni Tabarnia, ni Tractoria, ni niño muerto. Que en esta hora toda Cataluña es Tabarria. ¡Qué tabarra más grande con el empecinamiento de estos señores pesados, pesados, pesados! Hay que ver la tabarra que están dando a España estos señores independenstistas. Tabarra telemática, naturalmente, como pide el más jartible de todos. El que más tabarra y más por saco da. El de la fregona en la cabeza y los mejillones en Bruselas, el prófugo Puigdemont, que porque una chirigota de Cádiz (y dos, y tres, y todas las que han de venir) se cachondea de él, quieren poco menos que empapelar a los comparsistas por delito de odio. Y quieren hacerlo los mismos que declaran su República Independiente, queman el retrato del Rey y la bandera de España y se ponen lazos amarillos (con la mala suerte que da el amarillo) para pedir que liberen a los sediciosos y rebeldes.

Los cuales también dan tela de tabarra, abjurando de cuanto haya que abjurar, sin que les rasque la marcha atrás, con tal de que los pongan en la calle. Se merecen la cárcel no sólo por sediciosos y rebeldes, sino por pesados; por el coñazo independentista que nos vienen dando, cuando saben que el Estado es de duralex, como una vajilla de las antiguas de color amarillo o verde, y no puede romperse, por aquello de “Dura lex, sed lex”. Que se llama 155, y que se ha aplicado, pero poquito y con miedo. Porque, ¿dónde me dejan el miedo que le tienen muchos del Gobierno de Madrid a los de la sediciosa tabarra independentista? ¿Cómo es que no cerraron esa TV3 que está dale que te pego con la tabarra separatista, que en este punto es como “Sálvame”, pero sin María Lapiedra, otra señora pesada, pesada? No, si de tabarras está la cosa bien despachada en España. ¿No dicen que quieren reformar la Constitución? Si tal ocurre, yo aprovecharía la collada para poner allí: “A los españoles no se les puede dar la tabarra con milongas, porque están ya de ellas, especialmente de la separatista catalana, hasta los mismos co…rdones de los zapatos”.

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La Izquierda “chic” contra la bandera española. -F.J.Losantos/LD-

Por una vez, la Izquierda llegó a tiempo. En la primera y asombrosa manifestación contra el separatismo en Barcelona, ya el melifluo Borrell increpó a la muchedumbre que, enarbolando banderas españolas, pedía el cumplimiento de la Ley (“Puigdemont, a prisión”). “Sssst! –chitó- ¡Esto no es un circo romano”. Él, tan finústico, preferirá Le Cirque du Soleil. De ahí el repelús ante tanto pueblo español con su bandera al viento y no a cuestas.

Aquel “Sssttt” a lo Rotemmeyer del alquitarado socialista, súbito abogado de la Generalidad separatista, pudo provocar que cualquiera de las fieras de la arena o del público sediento de sangre, que eso es un circo romano, viendo que Borrell proclamaba mártir a Puigdemont, le hubiera mordido la clámide. Pero las fieras eran tan pastueñas, llevaban tan orgullosa y festivamente su bandera recién estrenada en público, porque lleva décadas tan prohibida en la calle como el español en las aulas, que no quisieron estropear el acto mandando a tomar viento de Abengoa al embajador del rojerío chic, recién llegado de muy, muy afuera.

El socialismo domador de españoles

Pero el déspota a medio ilustrar se quedó satisfecho. Había hecho lo que se espera de un intelectual y político de izquierdas: marcar distancias con la horda española, buena para votar, no para ser atendida y respetada. Al cabo, Borrell es uno de los domadores –por eso se le escapó lo del circo- de la fiera española, arrinconada en los alrededores de la Ciudad de los Prodigios Transversales, uno de los caporales que la han herrado con las cuatro barras de la ganadería catalana, donde los maestros instilan el odio a su lengua y su nación a los niños, hijos de padres españoles a los que deben marginar, y los adiestran para que voten a la Izquierda y aplaudan al Barça.

En la segunda manifestación, un modelo de apropiación indebida por los partidos políticos y en especial por el PSC, que no quiso ir a la primera, Borrell salió al Coliseo dispuesto a echarle un tasajo de carne a la apaleada fiera. En la anterior opuso con la cursilería liricoide típica del progre añejo, la bandera separatista estrellada y la de la Unión Europea, con las estrellas de Eurovisión. Hubo algún comentario sobre el gesto anterior de apostrofar a la fiera y despreciar su bandera, así que esta vez cogió la española, pero el viento, sin subvencionar, deslució el esfuerzo. Quedó como era: falsísimo.

Francesc Frutos contra Manolo Escobar

En esa segunda manifestación, el que se subió a la chepa del millón de españoles fue el dirigente comunista Francesc Frutos, que se hace llamar Paco ahora, no cuando mandaba en Izquierda Unida y atacaba al PP por el delito de poner en duda los beneficios sociales de la inmersión lingüística. Francesc, alias Paco, no cayó en el error de reprocharles la bandera, que con tanta gente repitiendo era suicida, ni les llamó fieras o público de circo romano. Pero tenía que reprocharles algo, no fueran a confundirlo con un político de derechas, así que criticó que cantasen demasiado el “¡Que viva España!”. Podía haber hecho la glosa del “Resistiré”, segundo himno de la rebelión española en Barcelona, pero también era un recién llegado, como Borrell, y dijo echar en falta a otros cantantes que pusieron música a otros poetas, todos de izquierdas, como Antonio Machado y Miguel Hernández.

El tono no fue despótico, como el de Borrell, sino peor: paternalista y condescendiente. No recuerdo que en sus años en el PSUC, el PCE y CCOO, (allí Comissió Obrera Nacional de Catalunya, Vieja Guardia Roja de Pujol y Maragall durante cuarenta años) defendiera España, el español o pusiera en los mítines canciones emocio-nacionales de Paco Ibáñez, que anda ahora etasuno. Tal vez “A galopar”, (hasta enterrarlos en el Mar del Tinell y el Trespercent). Frutos podía haber censurado que Serrat censurase “Mediterráneo” a los manifestantes, mientras renueva a Messi, que es lo único de Cataluña, para la progresía apolítica Barçaluña, sobre lo que se ha atrevido a escribir. Pero no: al que censuró Frutos fue a Manolo Escobar, no fueran a confundirlo con la caspa española a él, calvo de Checa y Gulag. Como Borrell, también se negó a firmar el manifiesto de Libres e Iguales contra el primer referéndum separatista de Artur Mas. Música, sí; letra, no.

En ‘El Español’ contra la bandera española

La última bronca contra los españoles de Cataluña que, empeñados en reivindicar su condición cívica y denunciar la opresión separatista, han sacado a la calle cientos de miles de banderas españolas, se la ha propinado Gregorio Morán en El Español. Está recién llegado tras varias décadas de acomodada intransigencia en La Vanguardia, pero corre el peligro ante el rojerío chic, nieto del de Bocaccio, de que puedan confundirlo con Cristian Campos (por la prosa, difícil, por la ideología, imposible) y ha publicado este sábado un pliego de descargos para evitar que lo confundan con algo distinto a la izquierda de Lenin, en guerra eterna con la España de Franco. El título es muy propio del recio rojerío que lamenta la débil Transición: “¡Banderas, al armario!”. Y a Borrell y Frutos les habrá encantado, seguro. Esta es la explicación de la orden de Morán al millón de patanes españoles:

La recomposición de la vida ciudadana en Cataluña pasa por devolver las banderas a los armarios. Y por lo que puede haber afectado más allá del Ebro, animar a retirarlas todas y de todas partes. Basta conservarlas en los lugares de poder, en las instituciones, como paga y señal de quienes las inventaron y las conservan para bien de sus intereses. ¿Qué sería de un patán sin bandera? Estaría desnudo. El trapo consensuado le sirve como taparrabos y acaba convirtiéndose en el reducto donde atesora, o eso cree él, las raíces patrióticas. Mientras la gente no se manifieste en silencio y sin emblemas no podremos decir que constituimos una sociedad de gentes iguales en derechos y compromisos.

Por insultar que no quede. Pero cualquiera que haya visto las dos manifestaciones españolas habrá comprobado su carácter pacífico y festivo, tan distinto de los alardes del separatismo catalán glosados por la marabunta que puebla el diario donde ha escrito Morán muchos años, tantos que llegué a creerlo primo de Godó. Pero compartir periódico con Rahola y compañía tiene consecuencias. Al despotismo del chequista, que insulta ritualmente a la plebe embanderada, se añade la calumnia que proyecta en los demás lo disimulado o reprimido. Diríase que insulta a todas las banderas, pero no a todos los que las llevan.

Aparece el antifascismo redentor

En lo único que hemos cambiado es en la exhibición de trapos no en el significado del gesto. Cataluña se ha llenado de banderas esteladas solo salpicadas de alguna señera cuatribarrada, otras rojo y gualda, e insólitas tricolores de la II República española que en los tiempos que corren deberían llevar un lema explicativo para ayudar a los nuevos banderizos a entender que el levantamiento contra aquel régimen fue obra del fascismo de verdad y que los presos y las torturas no necesitaban de actrices que simularan la realidad.

Es asombroso el sectarismo, raíz del odio a lo nacional español, de estos nostálgicos del “antifascismo”, bandera propagandística de Stalin en la que bordan la nostalgia falsaria de la II República. Habrá que explicar, como dice Morán, por qué la izquierda sigue inventándose una República que no existió y ocultando que los que se alzaron cuatro veces contra la II República antes que Franco fueron los anarquistas, tres veces y los socialistas y separatistas catalanes en 1934, porque no toleraban que los “fascistas” (!) Lerroux y Gil Robles les hubieran ganado las elecciones.

Claro que su golpe era para instalar una democracia a lo Stalin, y, además ellos nunca llevaban banderas. Nunca abrumaron a la gente con la tricolor, que nunca fue la nacional española, ni con la roja de la hoz y el martillo, ni con la roja y negra de la CNT-FAI, que en vez de combatir el alzamiento de Franco se alzó en Cataluña contra los restos de la República e instauró un régimen de terror que asesinó a 3.000 católicos en quince días.

Pero ante todo hay que posar, evitar que lo confundan con la chusma española. Y Morán se hace el tonto: dice que no entiende las banderas:

Nunca entendí el significado de las banderas y debo reconocer que no recuerdo haber tenido una, ni menos enarbolarla. Aseguran que están hechas de sentimientos, como las postales o la pasión futbolera, y me pregunto qué naturaleza sentimental habrá que depositar dentro de uno mismo para amar a un equipo de fútbol o a una tela. Porque en definitiva las banderas no son más que trapos consensuados.

Yo creo que miente, que entiende lo que significa la bandera norteamericana encima de un féretro o la francesa en el Arco de Triunfo, que ocupa gracias a esos americanos y sus trapos. Lo que le fastidia a Morán, que por cierto, luce en la foto trapos de mendigo consensuados, muy a la moda, es la bandera española. Tal vez hasta en los féretros de los soldados y muchas víctimas de la ETA.

He llegado a oír de determinada gente que es capaz de matar en defensa de su bandera. A mí la primera reacción que me produce una bandera es de rechazo. En algunos casos auténtico desprecio teñido de odio por lo que ha significado en la historia, porque esos trapos consensuados exigen adhesiones nada sentimentales sino más bien ofenden, achican o insultan al que no comparte esos sentimientos de menor cuantía que se jalean con el flamear de las banderas.

Pero todo lo que significa en la historia la bandera roja de la hoz y el martillo no le ha movido a Morán a regurgitar ese odio, tan leninista. Le puede el desprecio, el sectarismo cultivado, el guerracivilismo irredento, la nostalgia de la tricolor, la roja y el poder supremo sobre vidas y haciendas que eso fue la guerra civil que buscó la izquierda y finalmente perdió. No lamenta la guerra que empezó la izquierda sino su derrota. Y lo paga la gente que con su bandera a cuestas se siente y se sabe española, a pesar de la gentuza de izquierda y separatista que, al cabo, también nació aquí.

El experto en alfalfa y otros piensos

El cáncer político de España en estos cuarenta años de democracia es la superioridad moral, la bandera invisible pero cegadora de la izquierda que odia a la bandera de España, por ser, dice, la de Franco. ¡Y la de Galdós! Lo que de verdad no acepta la izquierda pija, en Barcelona chic, es que resucite un símbolo que conjura su poder sobre la conciencia de los ciudadanos. Y ese símbolo es la bandera nacional, ante la que se horroriza como Drácula ante el crucifijo de plata y la españolísima ristra de ajos. La frase que escoge El Español para resaltar el artículo de Morán es ésta:

Detesto las banderas. Todas. Son un señuelo del poder hacia quien no lo tiene. Un alimento para estómagos acostumbrados a la alfalfa.

Yo no creo que Morán haya detestado siempre la bandera de la hoz y el martillo. Ni ahora. Pero barrunto que este perito en piensos empieza a echar en falta el abanderado pesebre del Conde de Godó.

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Acatar el 155. -Antonio Burgos/El Recuadro-ABC-

Lo de Carmen Forcadell con su promesa de “ni un paso atrás” me ha recordado lo que contaba el novelista Manuel Barrios sobre el agregado cultural de la embajada de un país musulmán al que entrevistaban en RNE en Sevilla. Llegó ya puestecito y durante el programa se puso más ciego todavía de coñac. Tanto, que Barrios se atrevió a preguntarle:

— Perdone, señor agregado, ¿pero el Corán no les prohibe a ustedes el alcohol?

Y el tajarina de nuestra “tradicional amistad con los países árabes” contestó sin inmutarse:

— Eso es sobre el alcohol. Pero sobre el coñac el Corán no dice ni una sola palabra.

Carmen Forcadell, lo mismo. No ha mentido, como el borrachín agregado cultural cumplía con el Corán. Dijo que “ni un paso atrás” con la DUI. Pero de tres o cuatro pasos, o cinco, no dijo absolutamente nada, como acatar el 155 de la Constitución, aclarar que la DUI era “simbólica” e incluso creo que terminó cantando el “Que viva España” de Manolo Escobar. Tenía Forcadell una atenuante que no viene en los códigos, pero que lo justifica todo: el canguelo, la jindama, el miedo a la trena. Todo por la Patria Catalana… y por librarse de la prisión incondicional.

Hasta aquí, perfectamente de acuerdo con que la golpista presidenta del Parlamento autónomo de la comunidad de Cataluña acate el artículo 155 de la Constitución para no acabar como Junqueras. Pero me queda una duda. Ella sí que lo acata, ¿no lo va a acatar, porque si no lo acata le espera la prisión de Los Yordis? La duda me entra con quien no es la Forcadell. Con Rajoy, con Soraya y con Zoido. ¿Acata Rajoy el 155? Si lo acata, ¿por qué permite que TV3 siga haciendo propaganda separatista por tierra, mar y aire y mañana, noche, tarde y madrugada y se note tan poco que lo está aplicando en la manipulación de las escuelas? ¿Acata Soraya el 155? Si lo acata, ¿cómo consiente que se le siga largando dinero a los separatistas catalanes para tratar de ganárselos y callarles la boca de momento? ¿Acata Zoido el 155? Si lo acata, ¿por qué entonces mejoró a Trapero ordenando la pasividad de los Mozos de Escuadra ante los sabotajes de la mal llamada huelga? Ah, ya, todo es por la Prensa internacional, por los telediarios de la BBC y de la CNN, por los gobiernos extranjeros, por la Unión Europea. Con tanta “proporcionalidad”, parece que el PP gobierna y aplica el 155 de la Constitución para el “Financial Times” y para el “New York Times”, para la BBC y la CBS, no para sus votantes. Mi hijo Fernando, que vive en Alemania y que está suscrito a la prensa salmón internacional, me dice:

— No veas lo bien que ponen a Rajoy y al Gobierno en el “Financial Times”.

Y le hago considerar:

— Sí, pero el “Financial Times” no vota en España.

Han preferido que los niñatos de los sabotajes dejaran en tierra a 150.000 pasajeros de la Renfe y que cortaran todas las autopistas que les placieren, antes que en un telediario extranjero saliera un policía nacional, un guardia civil o un mozo de escuadra aplicando sencillamente la ley contra los sediciosos. Ni un solo detenido. ¿Qué están haciendo en Cataluña con el 155 los que tanto alardearon de aplicarlo? ¿Sirve para algo? Que se lo pregunten al viajero del Ave que se quedó en tierra en Sants. Cuando los jornaleros del SAT ocuparon las vías del Ave en Sevilla, a la Policía Nacional les duraron dos minutos, y los trenes salieron a su hora. Claro, no había 155 por medio y no había que ponerse de perfil, como está haciendo el Gobierno en Cataluña, sin cambiar nada. Pues que se acuerden de sus votantes y no se olviden de Lorca y de Antoñito el Camborio. El PP pueden acabar en Cataluña y en España como El Camborio: “Y se murió de perfil”. Ante el cabreo de su electorado, 155 son los votos de sus leales que a este paso le van a quedar para las próximas generales.

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