El suicidio de la democracia turca

En una amarga ironía, casi 55 millones de turcos acudieron a las urnas el pasado domingo para ejercer su fundamental derecho democrático al voto. Pero votaron a favor de rendir su democracia. El sistema por el que votaron se parece más a un sultanato de Oriente Medio que a una democracia de Occidente.

Según los resultados no oficiales del referéndum, el 51,4% de los turcos votó a favor de las enmiendas constitucionales que conferirán a su autoritario presidente islamista, Recep Tayyip Erdogan, excesivos poderes para expandir cómodamente su régimen autocrático.

Esta modificación convierte a Erdogan en jefe de Gobierno, jefe de Estado y jefe del partido gobernante: todo al mismo tiempo. Ahora tiene poderes para nombrar a ministros del Gabinete sin necesidad de una votación secreta en el Parlamento, proponer presupuestos y nombrar a más de la mitad de los miembros del máximo órgano judicial del país. Además, tiene poderes para disolver el Parlamento, imponer estados de emergencia y dictar decretos. Alarmantemente, el sistema propuesto carece de los mecanismos seguros de contrapeso que existen en otros países, como Estados Unidos. Transferirá a la Presidencia competencias que tradicionalmente han correspondido al Parlamento, por lo que éste quedará reducido a un órgano meramente protocolario, consultivo.

¿Por qué los turcos han optado por el suicidio democrático?

1. La confrontacional retórica islamista-nacionalista de Erdogan sigue atrayendo a masas que lo adoran por decir que está acometiendo el proceso de restablecimiento del histórico influjo otomano del país como líder del mundo islámico. Su retórica —y sus prácticas— evocan a menudo un régimen autoritario en forma de sultanato. No fue una coincidencia que los miles de seguidores de Erdogan que se congregaron para aclamar a su líder tras su victoria en el referéndum ondeasen apasionadamente banderas turcas y otomanas y coreasen “Alahu Akbar” [“Alá es el más grande”, en árabe]. Para la mayoría de los conservadores seguidores de Erdogan, “primero va Dios… y después Erdogan”. Ese sentimiento explica por qué la votación del domingo no era sólo un aburrido asunto constitucional para muchos turcos: se trataba de apoyar a un hombre ambicioso que promete resucitar un pasado glorioso.

2. La campaña por el no y sus defensores fueron sistemáticamente silenciados e intimidados por el poderoso aparato del Estado, incluida la Policía y el Poder Judicial. En cambio, la campaña por el gozó de todo el apoyo posible del Gobierno, con una plena movilización de los mecanismos del Estado y los recursos públicos. Aún peor: Turquía fue a las urnas bajo el estado de emergencia que se declaró tras el fallido golpe de julio.

3. Un organismo parlamentario de la Unión Europea (UE) advirtió antes del referéndum de su dudosa legitimidad democrática. Decía que el Gobierno había minado la capacidad de los diputados para hacer campaña a favor del no. “Simplemente, no se dieron las condiciones para un plebiscito libre y limpio sobre las reformas constitucionales propuestas”, decía un informe publicado por la Comisión Cívica de la UE y Turquía. Subrayaba, entre otros motivos, que los líderes de un partido prokurdo que había hecho campaña por el no llevaban encarcelados desde noviembre, acusados de tener vínculos con organizaciones terroristas. Según una ONG pro derechos civiles, en los quince meses previos al referéndum la Policía empleó la violencia para poner fin a un total de 264 protestas pacíficas en defensa del no.

4. Con aproximadamente 150 periodistas en la cárcel, había un clima generalizado de miedo.

La gran purga turca arroja cifras colosales. Según el ministro del Interior turco, Suleyman Soylu,

  • 47.155 personas han sido encarceladas desde el intento de golpe del 15 de julio;
  • 113.260 personas han sido detenidas;
  • 41.499 personas han salido de la cárcel con libertad condicional y 23.861 personas han sido excarceladas sin condiciones; otros 863 sospechosos aún no han sido detenidos;
  • 10.732 de los arrestados eran agentes de policía; 168, generales, y 7.463 miembros del Ejército seguían en prisión el pasado día 2;
  • 2.575 jueces y fiscales y 208 gobernadores u otros administradores públicos han sido encarcelados. El número de civiles en prisión –incluidos discapacitados, amas de casa y ancianos– es de 26.177; más de 135.000 personas han sido purgadas. Un total de 7.137 académicos fueron purgados, así como 4.272 jueces y fiscales que fueron despedidos por su presunta participación en la intentona golpista.

Los defensores del no fueron amenazados y tratados como terroristas. Los observadores de la Organización para la Seguridad y Cooperación en Europa (OSCE) confirmaron casos de intimidación contra la campaña del no en todo el país.

5. El Partido Republicano del Pueblo, la principal formación opositora, ha denunciado un fraude electoral. Sostiene que la votación se manipuló en fondo y forma. Cuando el recuento electoral ya llevaba una hora en marcha, la Junta Suprema Electoral declaró válidas papeletas sin sellos oficiales. Esa práctica contraviene claramente el reglamento electoral. La oposición también denunció que en algunas ciudades echaron a los apoderados de las organizaciones a favor del no de los centros electorales. En Turquía, probablemente no importa qué dice la papeleta, lo que importa es quién las cuenta.

La votación del día 16 significó más que un simple voto a un paquete de enmiendas constitucionales. Con un estrecho y controvertido margen, los turcos votaron a favor de cambiar el régimen parlamentario por un sultanato. No fue casualidad que uno de los jefes de sección de Yeni Akit, periódico islamista militante y pro Erdogan, tuiteara tras los resultados del referéndum un obituario de la “Vieja Turquía”. En enero, un columnista de Yeni Akit afirmó que Erdogan se convertiría en el “califa” si ganaba el referéndum y las elecciones generales.

En Turquía, las guerras espirituales y sociales nunca tienen un momento de tregua. Las guerras turcas no son sólo entre líderes y partidos políticos: son guerras entre los partidarios de un país democrático y laico y los del califato que Atatürk, el fundador de la Turquía moderna, abolió hace casi un siglo. Como dijo Kati Piri, relatora de Turquía en el Parlamento Europeo, acerca del referéndum: “Este es un día triste para todos los demócratas de Turquía”.

Origen: El suicidio de la democracia turca

Anuncios

Londonistán: 423 mezquitas y 500 iglesias cerradas

“Londres es más islámica que muchos países musulmanes juntos”, según Maulana Syed Raza Rizvi, uno de los predicadores islámicos que ahora lideran en “Londonistán”, como ha llamado la periodista Melanie Phillips a la capital inglesa. No, Rizvi no es un extremista de derechas. Wole Soyinka, Premio Nobel de Literatura, fue menos amable: dijo que Reino Unido era “una fosa séptica para los islamistas”.

“Los terroristas no pueden soportar el multiculturalismo de Londres”, dijo el alcalde de la ciudad, Sadiq Jan, después del reciente y letal ataque terrorista en Westminster. Es al revés: son los multiculturalistas británicos los que están alimentando el fundamentalismo islámico. Por encima de todo, Londonistán, con sus nuevas 423 mezquitas, se construye sobre las desoladas ruinas del cristianismo inglés.

La Iglesia Unida de Hyatt fue comprada por la comunidad egipcia para ser convertida en mezquita. La iglesia de San Pedro se ha convertido en la Mezquita de Medina. La Mezquita de Brick Lane se construyó en una antigua iglesia metodista. No sólo se están convirtiendo los edificios, también las personas. El número de conversos al islam se ha duplicado; a menudo abrazan el islam radical, como fue el caso de Jalid Masud, el terrorista que atacó Westminster.

El Daily Mail ha publicado las imágenes de una iglesia y una mezquita a pocos metros la una de la otra en el centro de la ciudad. En la Iglesia de San Jorge, diseñada para dar cabida a 1.230 feligreses, se reunían sólo doce personas para celebrar la misa. En la Iglesia de Santa María, eran veinte.

En la cercana mezquita pública de Brune Street hay un problema distinto: exceso de aforo. En su pequeño espacio sólo caben cien personas. El viernes, los fieles tenían que salir a la calle para rezar. Vistas las tendencias actuales, el cristianismo se está convirtiendo en una reliquia en Inglaterra, mientras que el islam será la religión del futuro.

En Birmingham, la segunda mayor ciudad británica, donde muchos yihadistas viven y orquestan sus atentados, un minarete islámico domina el cielo. Hay peticiones para que se permita a las mezquitas británicas llamar a sus fieles a la oración mediante altavoces tres veces al día.

Se calcula que para 2020 el número de asistentes musulmanes a las oraciones llegará a un mínimo de 683.000, mientras que el número de cristianos que acudirá semanalmente a misa caerá hasta los 679.000. “Ya está aquí el nuevo paisaje cultural de las ciudades inglesas; el paisaje homogeneizado y cristiano de la religión del Estado está en retirada”, dijo Ceri Peach, de la Universidad de Oxfrod. Mientras que casi la mitad de los musulmanes británicos tiene menos de 25 años, una cuarta parte de los cristianos tiene más de 65. “Dentro de otros veinte años va a haber más musulmanes activos que asistentes a misa cristiana”, dijo Keith Porteus Wood, director de la National Secular Society.

Desde 2001, quinientas iglesias de Londres de todas las confesiones han sido convertidas en domicilios particulares. En ese mismo periodo, han proliferado las mezquitas británicas. Entre 2012 y 2014, el porcentaje de británicos que se identificaban como anglicanos cayó del 21% al 17%, –un descenso de 1,7 millones de personas– mientras que, según una encuesta realizada por el respetado NatCen Social Research Institute, el número de musulmanes ha crecido hasta casi el millón. El número de feligreses está bajando a un ritmo que, en una generación, será tres veces menor que el de los musulmanes que van regularmente a la mezquita los viernes.

Demográficamente, Gran Bretaña ha ido adoptando cada vez más una faz islámica, en lugares como Birmingham, Bradford, Derby, Dewsbury, Leeds, Leicester, Liverpool, Luton, Manchester, Sheffield, Waltham Forest y Tower Hamlets. En 2015, un análisis sobre el nombre de pila más común en inglés descubrió que era Mohammed, incluyendo sus variantes, como Muhammad y Mohammad.

Las ciudades más importantes tienen enormes poblaciones musulmanas: Manchester (15,8%), Birmingham (21,8%) y Bradford (24,7%). En Birmingham, la policía acaba de desmantelar una célula terrorista; también hay una mayor probabilidad de que un niño nazca en una familia musulmana que en una cristiana. En Bradford y Leicester, la mitad de los niños son musulmanes. Los musulmanes no necesitan convertirse en la mayoría en Reino Unido; solo necesitan islamizar gradualmente la mayoría de las ciudades importantes. El cambio ya está teniendo lugar. “Londonistán” no es la pesadilla de una mayoría musulmana; es un híbrido cultural, demográfico y religioso en el que el cristianismo va en declive y el islam avanza.

Miles de musulmanes toman parte de un servicio religioso al aire libre en Birmingham, Inglaterra, el 6 de julio de 2016. (Imagen tomada de un vídeo de Ruptly).

Según Innes Bowen, en un artículo en The Spectator, sólo dos de las 1.700 mezquitas de Gran Bretaña siguen hoy la interpretación moderna del islam, frente al 56% en Estados Unidos. Los wahabíes controlan el 6% de las mezquitas de Reino Unido, mientras que los fundamentalistas deobandi controlan hasta el 45%. Según una encuesta del Knowledge Center, un tercio de los musulmanes del Reino Unido no se sienten “parte de la cultura británica”.

Londres también está llena de tribunales de la sharia. Oficialmente hay cien. El surgimiento de este sistema judicial paralelo ha sido posible gracias a la Ley de Arbitraje británica y del sistema alternativo de resolución de conflictos. Estos nuevos tribunales se basan en el rechazo a la inviolabilidad de los derechos humanos: los valores de la libertad y la igualdad, que son la base del derecho consuetudinario inglés.

Las figuras públicas británicas siguen abriendo la puerta a la introducción de la sharia. Uno de los principales jueces británicos, Sir James Munby, dijo que el cristianismo ya no influye en los tribunales y que estos deben ser multiculturales, es decir, más islámicos. Roman Williams, exarzobispo de Canterbury, y el juez presidente Lord Phillips, también sugirieron que la ley británica debía “incorporar” elementos de la ley de la sharia. El establishment cultural inglés está capitulando rápidamente ante los fundamentalistas islámicos al aceptar sus exigencias.

Las universidades británicas también están promoviendo la ley islámica. Las directrices oficiales de la universidad, External speakers in higher education institutions (Oradores externos en las instituciones de educación superior), publicado por Universities UK, estipula que los “grupos religiosos ortodoxos” deben separar a hombres y mujeres en los eventos públicos. En la Universidad Queen Mary de Londres, las mujeres tenían que usar una entrada diferente y sentarse en una sala sin poder hacer preguntas o levantar la mano, como en Riad o Teherán. La Islamic Society de la London School of Economics celebró una gala en la que hombres y mujeres estuvieron separados por un panel de siete metros.

Tras el atentado contra la revista satírica francesa Charlie Hebdo, el jefe del MI6, Sir John Sawers, recomendó la autocensura y “cierta contención” al tratar el islam. El embajador británico en Arabia Saudí, Simon Collis, se convirtió al islam y completó el peregrinaje a La Meca, el hach. Ahora se hace llamar Hayi Collis.

¿Qué será lo siguiente?

Origen: Londonistán: 423 mezquitas y 500 iglesias cerradas

Mis autobuses. -Antonio Burgos/ABC-

Nada, nada, aquí no eres nadie si no fletas un autobús, lo pintas con tus lemas como si fuera el autocar de ruta turística para enseñar la ciudad con auriculares que te hablan hasta en japonés o como el de dos pisos de un club de fútbol que viene de ganar la Copa de lo que sea, en cuya terraza superior los jugadores (“el vestuario” que le dicen) se dedican a hacer el gamberro del modo más lamentable. Primero vino el autobús naranja de Hazte Oír, que dijo algo tan políticamente incorrecto como que los niños con los niños y las niñas con las niñas, y que si mi abuela tuviera dos ruedas, un manillar, unos pedales y un sillín, no sería mi abuela, sino una bicicleta. Según he podido comprobar tras las generalizadas y casi dictatoriales consignas lanzadas por la Progresía Rampante y Trincante al paso alegre del autobús de Hazte Oír, está muy mal visto negar que las abuelas tengan dos ruedas y un manillar. Pues nada, por mí que no quede, señores del Mester de Progresía que viven ustedes como marqueses del presupuesto, con sus carguetes y mamandurrias varias: por mí, como si hay que admitir que las abuelas tienen 500 centímetros cúbicos y corren en el Circuito de Jerez. ¿Será por estar a la moda de lo políticamente correcto? ¿Será por la cobardía ambiente de no plantar cara a nada de cuanto represente la pérdida de nuestro sistema de valores?

— ¿Sistema de valores dice usted? Y eso, ¿qué es?

Pues una cosa que había antes en España: vergüenza. Pero íbamos por el autobús anaranjado de los niños con los niños y las niñas con las niñas, cuando nos llega otro autobús más, ¿será por autobuses? Hijo, al paso que vamos la política española va a parecer la estación madrileña de autobuses de Méndez Álvaro, por no decir la sevillana del Prado de Sebastián, que me cae más cerca. Ahora los de Podemos también ponen a circular su autobús, ya apodado del Odio. Contra la Casta. No quiero ni pensar que es contra ellos mismos; porque casta, casta, lo que se dice casta, la que han creado estos señores que se están poniendo como su mismo color indica, morados, en cuantito han llegado a los cargos públicos, en muchos casos municipales gracias a los votos del PSOE, para dar por saco al PP, que a lo mejor fue el partido más votado, caso de Cádiz. Donde ganó Teófila Martínez, pero con tal de echarla de la alcaldía, el PSOE puso al Kichi, un componente de la comparsa de Jesús Bienvenido, aquella del estribillo a lo Drácula de “Bocaditos, bocaditos”. ¡Menudos bocaditos le está metiendo a Cádiz el alcalde, que ahora está todo el año disfrazado de Fermín Salvoechea!

Las dos Españas, pues, son ahora los dos autobuses. El autobús contra la dictadura de la igualdad de género (y de más cosas) de Hazte Oír y el Autobús del Odio de Podemos, que lleva pintadas las caras de los presuntamente corruptos cual la fachada del estadio Sánchez Pizjuán luce los rostros históricos que conocemos hasta los béticos, como Arza o Campanal. Pero hacen falta más autobues. Yo estoy por fletar el autobús del “Stop Impuesto de Sucesiones”, porque es anticonstitucional y no hay derecho a que tus herederos paguen según en qué autonomía la palmes. Si la cascas en Madrid, tus descendientes pagan cero patatero de derechos reales; pero si la espichas en Andalucía tus deudos nunca serán mejor llamados que deudos: de la deuda de caballo que le van a tener que pagar a Susana si no quieres que el Estado se quede con tus cuatro perras. Hace falta un autobús contra la Cristianofobia que nos cerca; y otro contra la Dictadura de lo Políticamente Correcto; y otro en Defensa de la Constitución que “Cataluña entera/ se salta a la torera”; y otro en defensa de la Fiesta Nacional, y… ¿Será por autobuses? La flota de Alsa se iba a quedar en una parada de taxis si aquí sacáramos un autobús por cada problema verdadero y sangrante que tiene España.

Ver artículo original:

Pensar va siendo cosa de fachas. -Cristian Campos/El Español-

Pongamos que pertenece usted a alguna de las tribus que forman la nación ideológica conocida popularmente como “la derecha”. Da igual si es usted conservador, liberal, libertario, tradicionalista, centrista, plutócrata, aristócrata, warmonger, librepensador, católico de derechas, derechista puro y duro o un poco facha, que de todo tiene que haber en la viña del Señor.

Qué demonios: hasta podría ser usted un poco socialdemócrata, ahora que la chavalada de la izquierda regresiva ha decidido que todo aquello situado a la derecha de los campos de reeducación ideológica, los supermercados desabastecidos, los quirófanos en los que no viviría ni una cabra, la propiedad colectiva de los hijos, las inflaciones inferiores al 500% y la apología de la okupación, del velo, del terrorismo y de los linchadores de Alsasua es casta enemiga del pueblo.

Pongamos, en resumen, que tiene usted más de quince años.

Pues bien. Está usted de enhorabuena. En función de sus neuras y humores matutinos, podrá usted leer a Arcadi Espada, Emilia Landaluce, Félix de Azúa, David Gistau, Jorge Bustos, Berta González de Vega, Arturo Pérez-Reverte, Fray Josepho, Juan Claudio de Ramón, Cristina Losada, María Blanco, Enrique García-Máiquez, Ferrán Caballero, José María Albert de Paco, Cristina Seguí, Ricardo Dudda, Gregorio Luri, Daniel Ari, Juanma del Álamo, Jorge Vilches, Miguel Ángel Quintana Paz, Jordi Bernal, Daniel Rodríguez Herrera, Carlos Rodríguez Braun, José García Domínguez, Hugues o, sin salir de esta misma casa, a José Antonio Montano, Rafael Latorre y David Jiménez Torres. También podrá leer de forma habitual, y sin que haya que darle las sales o abanicarle el cogote después, a gente inteligente como Manuel Jabois, Javier Marías, Juan José Millás, Aurora Nacarino-Brabo e incluso a la gente de Politikon, que ya es decir. Me dejo a docenas.

Es cierto que pocos de ellos aceptarán la etiqueta de “derechista” de buena gana. Si acaso, alguno se dejará colocar la de “socialdemócrata” por aquello del romanticismo pijo de las causas perdidas. Pero no se engañen. Todos ellos son burgueses de ley y orden por desarmarizar, es decir gente de derechas de toda la vida de Dios. También suelen escribir sin faltas de ortografía, lo que parece señal de un leve ramalazo meritocrático. Y lo que es más importante aún. Todos pueden ser leídos sin sentir vergüenza ajena.

Y todo esto sin salir de España. Porque si salimos de ella nos encontramos con Claire Lehmann, Theodore Dalrymple, Roger Scruton, Ayaan Hirsi Ali, Tom Nichols, Grover Norquist, Nassim Nicholas Taleb, Camille Paglia, Thomas Sowell, Jaron Lanier, Ibn Warraq o Yuval Noah Harari. Cito al buen tuntún por no repetir los nombres de siempre.

Y ahora pongamos que es usted de Podemos. Ya sabe. De Podemos.

Se levanta usted por la mañana y su gama de intelectuales y pensadores de cabecera va de Juan Carlos Monedero a Jordi Évole pasando por Ramón Espinar, el Gran Wyoming, Pablo Iglesias, Irene Maestre, Ada Colau, Máximo Pradera, Barbijaputa, Pablo Echenique, el Kichi, el Nega, Facu Díaz y los hermanos Garzón. El único equivalente que se me ocurre en el extremo contrario del espectro político es ese que se fue a Gibraltar a entrevistar a los macacos.

No es de extrañar, por cierto, que varios de ellos sean humoristas. Hay determinadas ideas políticas teóricamente serias que hay que explicar mediante chistes porque si las dices en serio se ríen en tu cara. No deja de ser paradójico.

¡Si al menos leyeran a Miliband (padre), Lukács, Rieff, Adorno, Hobsbawm o Habermas! No digo ya a Owen Jones, que es a Christopher Hitchens lo que el tres en raya al Gran Colisionador de Hadrones. Qué narices: me conformo con el fallero de Žižek o el tuercebotas de Alain Badiou, ambos seres profundamente equivocados pero, al menos, dignos de media vuelta de tuerca. Estoy dispuesto, en un alarde de magnanimidad y de rebaja de las expectativas, a comerme a Chomsky y a Naomi Klein. Miren si lo pongo fácil.

Pero no. Ni siquiera a esos leen.

¿Desde cuándo el antintelectualismo y el desprecio de la inteligencia, la propia y la del prójimo, son de izquierdas?

Ver artículo original:

Desmemoriados. -El Aguijón/La Gaceta-

Abrazos, confeti y brindis de aquellos que llevan años sembrando el terror entre la sociedad española.

ETA se desarma y los herederos de la banda asesina celebran en las instituciones públicas, con sueldos remunerados por todos los contribuyentes, el enésimo montaje de los encapuchados vascos delante del objetivo de las cámaras de televisión.

Pronto hemos olvidado los duros años del “algo habrán hecho”, el encubrimiento de los cobardes vecinos y el silencio cómplice de nuestros socios europeos en la colaboración internacional para la detención de los terroristas. En el camino ETA deja

2.472 actos terroristas y 829 inocentes asesinados, hombres, mujeres y niños.

Los mediadores internacionales, tipos con sueldos de estibador y jornadas de trabajo de futbolista de élite, dan fe y atestiguan que es cierto, que ETA ha entregado zulos con explosivos caducados y armas de puesto de feria de 1980, pero ¿Qué ha ocurrido con las pistolas de aquellos cobardes que dejan 314 asesinatos sin resolver? ¿Dónde están los misiles de ETA? ¿Quién esconde los detonadores?

Los intermediarios tienen que responder como colaboradores ante la justicia de la farsa organizada en Bayona.

A un lado quedan las víctimas, ninguneadas e insultadas una vez más en su soledad y en su sufrimiento.

Del lado de los jubilosos terroristas están los de siempre, los sumisos de la derecha nacionalista vasca, los rufianes de ERC y la CUP, la extrema izquierda radical que lleva décadas justificando las canalladas de ETA y los bufones de redes sociales que no han vivido el terrorismo en sus carnes.

No, ETA no está derrotada, sigue viva en las nóminas de quienes mantienen candente la lucha independentista y en los miserables corazones de quienes los jalean vilmente.

Si ETA quiere finalizar su actividad lo tiene muy fácil, solo tiene que disolverse, entregar todas las armas, pedir perdón expreso a las víctimas y colaborar activamente en el esclarecimiento de todos los actos terroristas de la banda que aún quedan por resolver.

Mientras tanto, la cadena perpetua es la única interlocutora válida con estos mezquinos. Ni beneficios penitenciarios, ni concesiones administrativas, ni acercamiento de presos al País Vasco.

Ni olvido ni perdón.

Ver artículo original:

La Segunda República: de mito a timo. -Jorge Vilches/Vozpópuli-

El mito es una falsedad para sostener un discurso político. En eso han convertido la Segunda República ciertos historiadores, algunos partidos y unos cuantos medios. La distancia y el acercamiento crítico a los hechos nos muestra otra cosa.

Un tribunal ha obligado al alcalde de Cádiz, José María González, más conocido como “Kichi”, a retirar la bandera tricolor de un lugar público. El dirigente podemita alegó que se trataba solamente de una referencia histórica –como hizo el año pasado–, pero es dudoso que, con el mismo ánimo de recordar la Historia, el próximo 18 de Julio ponga la rojigualda con el águila de San Juan. Otro tribunal ha impedido que el gobierno de Navarra, otrora cuna de los requetés que se batían por el “Dios, Patria, Rey”, hiciera lo mismo. Tenemos también al impagable diputado Alberto Garzónhaciendo bolos por todo el país para blanquear el comunismo republicano, como si el PCE, entre su fundación y 1956,  hubiera alguna vez luchado por una República que no fuera soviética.

Todo este esperpento procede de la mitificación de la Segunda República, que aquí se ha pasado a historiar como la “antiEspaña” por los franquistas y posfranquistas, y como la culminación buenista por los izquierdistas. Dejando aparte el teatro dramático de polemistas como Pío Moa y Ángel Viñas –que viven de la bronca, retroalimentándose como si fueran trolls tuiteros o personajes de un talk-show de La Sexta-, lo cierto es que aquel periodo nada tuvo que ver con la democracia, la reforma o la libertad, y sí con la violencia, el exclusivismo y el ajuste de cuentas.

La Segunda República es un mal ejemplo democrático, pero la hegemonía cultural de la izquierda, que ha tomado la educación, las artes y los medios, nos lo han presentado de otra manera. Ahora que se aproxima el 14 de abril, y que veremos recordatorios mediáticos y callejeros, voy a repasar algunas de estas cuestiones.

La bandera republicana

La sustitución de la tricolor por la rojigualda fue por decretazo, con fecha del 27 de abril de 1931, de un Gobierno autoproclamado, provisional, que nadie había elegido. El gran JosepPla, entonces por Madrid, escribió que el 14 de abril, cuando Alfonso XIII ya se había ido, la izaron en el Palacio de Comunicaciones unos funcionarios, quienes, decía, “solo tienen de bandera el sueldo”. Los madrileños la miraban preguntándose qué era aquello. Pla no exageraba porque era el emblema de la Conjunción republicana; esto es, de una parte.

Miguel Maura, que fue ministro de la Gobernación en aquel primer Ejecutivo republicano, dejó escrito que no pensaban cambiar la bandera porque entrañaba “problemas de todo tipo”, pero que se dejaron llevar por el ímpetu de algunas autoridades locales, como la de Barcelona. Luego buscaron un anclaje histórico falso: no era el morado de Castilla ni se creó durante la Primera República (1873).

El general Vicente Rojo, el último defensor del Madrid “republicano”, escribió tras la guerra que la nueva bandera había sido un error: la rojigualda no representaba a la monarquía, como dijeron, sino a la nación, que la hicieron suya los que desde 1808 lucharon por la libertad. La republicana, concluía, no fue una aspiración popular, era partidaria y dividía España.

La imposición trajo muchos problemas porque no fue el resultado de un referéndum, ni de una votación parlamentaria, ni contó con un informe técnico como sí había tenido el cambio del escudo en 1869. El gobierno arrestó a los que portaban la rojigualda o escribían a su favor, y se produjeron quemas de la tricolor como protesta.

La cultura del odio

En la España de la Segunda República se desarrolló lo que Mosse llamó “brutalización de la política”, con una “banalización de la violencia”, tal y como contó Arendt. El socialismo bolchevizado de Largo Caballero, que contó con la complicidad ocasional de Indalecio Prieto, el comunismo y el anarquismo, alimentaron los peores instintos posibles en la incipiente sociedad española de masas: el odio. El aplastamiento del enemigo era una forma de librar al Progreso de un obstáculo para llegar al Paraíso. De ahí la tolerancia hacia la violencia de abajo, y la planificación de violencia desde arriba, como en 1934, así como la más dura represión, como en Casas Viejas. Y es que la violencia partió mayoritariamente del lado izquierdista.

La quema de iglesias, sedes políticas y periódicos –solo 18 entre febrero y julio de 1936-, así como los asesinatos políticos –un total de 2.250-, asaltos y palizas, fueron muy frecuentes. Los anarquistas se levantaron en cuatro ocasiones contra la República gobernada por los socialistas antes de 1934. También contó con el pronunciamiento chusco del general Sanjurjo, las continuas declaraciones del estado de guerra –hasta 18-, y la violencia verbal en las Cortes.

El liberalismo y el parlamentarismo eran fantasmas en aquella España, sustituidos por la cultura del odio, en la que un acto violento era un instrumento político en nombre del pueblo, la patria, la raza o el proletariado.

Más censura que nunca

Desde el primer día. La Ley en Defensa de la República (octubre de 1931) tipificaba como delito la difusión de noticias que el gobierno entendiera que podían perturbar “la paz o el orden público”, que despreciaran “las instituciones u organismos del Estado”, o hicieran “apología del régimen monárquico”. Aquello era un atentado a la libertad, como dijeron algunos diputados, a lo que Azaña contestó que había periodistas que eran “monas epilépticas que por equivocación llevan el nombre de hombres” y que estaba dispuesto a “romper el espinazo al que toque la República”.

La suspensión de periódicos de todo tipo y las multas para forzar su cierre, a pesar de la censura previa, eran más que frecuentes. El gobierno de Azaña prohibió a la prensa que llamara “asesinato” a la muerte del diputado Calvo Sotelo, pero no a la del teniente Castillo. El periódico Ya se saltó la prohibición y fue suspendido. La libertad de prensa y expresión retrocedió en España durante la Segunda República en comparación con la existente durante la Restauración.

El voto y las elecciones

Casi toda la izquierda se opuso a que la mujer votara. No hace falta más que leer a Clara Campoamor frente a la socialista Victoria Kent y la comunista Margarita Nelken. El argumento en contra era que la mujer –como si fuera un sujeto colectivo, muy parecido, por cierto, a cómo lo aborda ahora la perspectiva de género- era prisionera del confesionario, y que votaría lo que dijeran los curas.

Claro, preferían el púlpito de los mítines socialistas o comunistas de sus religiones laicas. Luego se produjo la persecución de Campoamor –recomiendo su obra “El voto femenino y yo. Mi pecado mortal” (1936)- por parte de las izquierdas, con insultos machistas, vejaciones y apartamiento de la política porque la culpaban de la victoria de la derecha en 1933.

A esto añadimos el fraude en los resultados electorales de febrero de 1936. La ola de violencia que rodeó la primera vuelta, el 16 de ese mes, hizo que el presidente Portela dimitiera, y Alcalá Zamora lo sustituyó en pleno proceso electoral por Manuel Azaña, uno de los jefes del Frente Popular. Ante su pasividad –por ser benévolo-, los frentepopulistas asaltaron los colegios electorales, violaron la documentación, tacharon resultados y pusieron otros.

No contentos con esto, y tras una segunda vuelta en la que la derecha, la CEDA en particular, bajó los brazos, la Comisión de Actas quitó por “convicción moral” 50 escaños a sus enemigos y se los atribuyó al Frente Popular con la connivencia de Azaña y Prieto. Así consiguió mayoría absoluta. Esto no justifica el golpe de Estado del dictador Franco y compañía, sino que deja en su sitio antidemocrático a la Segunda República.

El mito

El mito es una falsedad para sostener un discurso político. En eso han convertido la Segunda República ciertos historiadores, algunos partidos y unos cuantos medios. La distancia y el acercamiento crítico a los hechos nos muestra otra cosa. Y eso que, por falta de espacio, no hablo del papel deplorable que tuvieron las élites, tanto de la derecha como de la izquierda –como señaló el sociólogo Juan José Linz–, ni de otros “agentes sociales”. Dejémoslo aquí.

Ver artículo original:

La verdad no mancha los labios de quien la dice,sino la conciencia de quien la oculta.

Experimento Asch Occidental

Este es un blog de análisis sociopolítico y de actualidad

Crónicas de Murchante City

Noticias e Ideas desde Murchante para todo el Universo

Contra la ley "antitabaco"

"El que resiste, gana". Camilo José Cela

Jon Ícaro

Blog del escritor Jon Ícaro

PeriodismoHoygilmagamez

Información política, económica, sociocultural, en trasversalización de género para el desarrollo hacia y desde contenidos

A %d blogueros les gusta esto: