El encaje en España. -Hermann Tertsch/ABC-

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La trivialización del proceso. -Emilio Campmany/LD-

Una de las consecuencias que ha tenido la relativamente pacífica aplicación del 155 es que el proceso independentista es contemplado como una peripecia más o menos trivial. Lo más sorprendente es que esta banalización es aceptada tanto por los separatistas como por los constitucionalistas. El caso de estos últimos es más grave porque se supone que son quienes defienden la legalidad. Pues bien, en vez de formar un frente común que ofrezca una posibilidad razonable de hacerse con el Gobierno de Cataluña y desmantelar desde ahí el aparato de propaganda independentista, que es la vitamina de la que se alimenta el separatismo, compiten unos contra otros por el mismo electorado como si éstas fueran unas elecciones normales.

El PP se atribuye el mérito de haber sido más valiente que PSOE y Ciudadanos a la hora de aplicar la ley, como si Rajoy no hubiera puesto como condición para actuar hacerlo de consuno con los otros dos partidos constitucionalistas. Ciudadanos lo ha fiado todo a que se convocaran inmediatas elecciones autonómicas porque tiene una limitada probabilidad de ser el partido más votado, como también la casi absoluta certeza de que no gobernará. Y el PSC trata de distanciarse de ambos presentándose como el buen pastor que volverá a introducir en el redil a los díscolos independentistas. Iceta sueña con prestar este impagable servicio a España desde la presidencia de la Generalidad que espera le ofrezcan en bandeja las descarriadas ovejas una vez hayan vuelto al corral.

Por su parte, los separatistas tampoco se toman muy en serio lo que perpetraron hace un par de meses. Esquerra cree que ha habido errores tácticos y que todo puede solucionarse con un mero cambio de estrategia, consistente básicamente en buscar una alianza con la izquierda española para lograr un referéndum legal de independencia en Cataluña. Puigdemont cree en cambio que el proceso, aunque esté muerto, puede refundarse sobre su cadáver. Una contradicción insalvable que sin embargo atrae al electorado independentista en cuanto apela a los sentimientos y abomina de la razón, que es algo corriente en los movimientos nacionalistas.

En todos ellos hay una especie de voluntad de reemprender el camino, de volver al trabajo, de olvidar lo ocurrido. En el caso de los constitucionalistas, fingiendo, unos más que otros, que aquí no ha pasado casi nada. Y en el caso de los independentistas, dando por hecho que el proceso puede retomarse desde el punto en que descarriló, discrepando entre ellos sólo en cuanto a si lo hizo antes o después. La realidad es que todos ellos no hacen más que reflejar la actitud de la mayoría de los catalanes, independentistas o no. Casi nadie allí quiere aceptar que lo sucedido ha sido muy grave, que nada volverá a ser igual y que las consecuencias, vaya hacia donde vaya Cataluña, serán en todo caso enormes, no sólo en el ámbito judicial. Ignorar la realidad es muy peligroso porque suele ser el preámbulo de los peores desastres.

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La última vileza del canalla Méndez Vigo. -Roberto Centeno/RamblaLibre-

El ministro más vil y rastrero del Gobierno de lacayos de Rajoy, que más parecen haber salido de una escombrera y que no dudan de cumplir sin rechistar las indignas órdenes del cobarde y traidor de su jefe, es sin duda el responsable de Educación y portavoz del Gobierno Méndez de Vigo, que no hay maldad ni canallada que este siniestro personaje no esté dispuesto a perpetrar. ¿Cómo es posible que después de haber permitido durante años el incumplimiento sistemático de la Constitución y la Ley, el adoctrinamiento masivo en el odio a España y la persecución y el acoso de los catalanes no separatistas sin mover un solo dedo, algo inimaginable en un Estado de Derecho y ahora diga que esto no constituye ningún problema, aparezca este miserable en el Parlamento y afirme que el adoctrinamiento en la mentira y el odio a España y a los españoles, no representa problema alguno? Espero que algún día pague por ello.

Pero dentro de la política del cobarde patológico de Rajoy de ignorar el sentir de millones de españoles que se han manifestado por la unidad y la dignidad de España, y los cientos de miles de banderas que cuelgan en las calles de las ciudades y pueblo de España, de arrastrar por el fango los principios y valores más sagrados de una nación, sacando un artículo 155 irrisorio que mantiene intacto el poder de la organización criminal que pretende destruir España, y  convocando elecciones, en contra de lo que había afirmado, sin que se den la condiciones necesarias para ejercer libremente el voto, ya que este infame ha mantenido intacto todo el poder de propaganda y coacción de la organización criminal que declaró unilateralmente la independencia. Ahora ha dado a sus lacayos la orden de no ofender lo más mínimo a los golpistas, y de darles todo lo que pidan.

Rajoy libra 9.200 millones de euros a los separatistas

Ha presionado hasta lo indecible al Tribunal Supremo para que liberara a los principales responsables de una organización criminal culpable de los más graves delitos que pueden cometerse en un Estado de derecho, y que en cualquier otro país estarían en la cárcel durante décadas, y lo ha conseguido en casi su totalidad con la única excepción de cuatro miserables que se mofaron en su cara del juez instructor de España y de los españoles, lo que hizo imposible que la Sala liberara a estos canallas a pesar de las instrucciones de Rajoy de hacer lo contrario, algo que hubiera destruido hasta el último vestigio de credibilidad del alto Tribunal. Ha dado orden a Montoro de transferir a la chusma separatista 9.200 millones de euros antes de fin de año para atender a los vencimientos de deuda, pagar subvenciones de todo el entramado independentista de propaganda y coacción, las embajadas y las mordidas a medios informativos extranjeros. Jamás en la historia ha sucedido nada igual.

Y así las cosas, cuando parecía imposible mayor grado de vileza y traición a España y a los españoles por parte del Gobierno de lacayos del PP, sale el canalla miserable de Méndez de Vigo y después de que se haya producido sentencia judicial firme, para que el museo de Lérida devuelva 44 bienes históricos que fueron robados del Monasterio de Sijena en Aragón por los nacionalistas, y presenta un recurso en nombre del Gobierno de Rajoy para que se anule la orden de devolución de lo robado colocando los intereses de los golpistas por encima de la Ley. “Deslealtad”, “cobardía” e “indignidad” han sido los términos más suaves empleados por los responsables políticos aragoneses, para calificar esta nueva traición a España del Gobierno del PP, y donde al igual de lo ocurrido con las elecciones que Rajoy afirmó rotundamente que no se convocarían hasta que se dieran las condiciones objetivas para ello, y en 24 horas cambia de opinión y las convoca en la forma más rápida posible, el abyecto lacayo Méndez de Vigo había dicho que no recurriría la decisión y de nuevo ha hecho todo lo contrario.

Son cobardes, corruptos hasta la médula, mentirosos y traidores. No es de extrañar que en la manifestación de Madrid a favor de la unidad de España el grito más repetido fuera “Rajoy traidor, defiende a tu nación”. En palabras del profesor Trevijano, el más grande pensador político en lengua española de todos los tiempos, “jamás en la historia europea ha existido un jefe de Gobierno tan cobarde y traidor a su nación como Mariano Rajoy”. El 21-D  sufrirán una derrota histórica en Cataluña que les hará desparecer prácticamente como fuerza política en esa región , esperemos que unas elecciones generales desparezcan también de España.

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Propuesta de reforma constitucional. -Jesús Laínz/LD-

Dicen los sabios que hay que reformar la Constitución. Pero lo curioso del caso es que llevamos cuarenta años sin aplicar muchos de sus más importantes artículos. ¿Por qué tantas prisas por arrojarla a la papelera sin haber comprobado cómo funciona? ¡Qué desperdicio! Además, los principales incumplidores, golpe de Estado incluido, son los que insisten en cambiarla. ¿Les vamos a premiar?

También dicen los sabios que hay que reformarla porque los españoles de menos de cincuenta años no la votaron. Pero en el mundo hay numerosos países cuyas constituciones son muchos años, décadas e incluso siglos más antiguas que la nuestra y a nadie se le ha ocurrido semejante cosa. Debe de ser que sus sabios son menos sabios que los nuestros.

Los sabios neoconstitucionales son de todos los tipos, edades, oficios e ideologías, aunque todos ellos coinciden en que el sentido de la reforma ha de ser centrífugo, lo que se tiene por tan indiscutible como un dogma religioso. Pero ¿dónde está escrito que la reforma no pueda ser centrípeta? ¿Por qué las modificaciones han de estar necesariamente enfocadas a contentar a los separatistas, esos minoritarios enemigos de la nación que, además, nunca se contentarán, pues, como han explicado mil veces, lo único que les interesa es la secesión? ¿Por qué no se pueden enfocar las modificaciones a contentar a la gran mayoría de los españoles leales? ¿No sería mucho más lógico y democrático?

Pero lo más significativo de estos sabios es que casi todos ellos se limitan a proclamar que hay que reformar la Constitución sin explicar el porqué y el para qué, los motivos y los objetivos. Intentaremos aquí llenar esa laguna, con motivos y objetivos muy concretos. Para ser exactos, con un solo objetivo: la reforma radical del Título VIII. Es decir, la eliminación del fracasado Estado de las Autonomías. Vayamos a ello:

1. El Estado de las Autonomías nació, ante el desinterés autonomista de los demás españoles, para incorporar a los separatistas vascos y catalanes al común proyecto nacional español. Desde el muy temprano “Avui paciència, demà independència” quedó claro que no estaban por la labor. Cuarenta años de agravamiento, extensión y afianzamiento de los separatismos han demostrado el error. Y acaba de confirmarse en Cataluña con hechos contundentes. ¿Cabe algo más necio que insistir en la misma dirección?

2. El Estado de las Autonomías nació bajo el chantaje de los crímenes del separatismo vasco. Ahora que han desaparecido, ¿por qué no organizar el Estado en total libertad?

3. El Estado de las Autonomías se diseñó, en plena resaca antifranquista, según el absurdo dogma de que descentralización es sinónimo de democratización. ¿No habrá llegado ya el momento de comenzar a razonar sin dogmas y sin resacas?

4. El Estado de las Autonomías, dada la concepción incesantemente descentralizadora del Título VIII de la Carta Magna, garantiza la perpetua inestabilidad institucional de España.

5. Se alegó que el Estado de las Autonomías era necesario para descentralizar al máximo la Administración con el fin de acercarla al ciudadano, lo que no explica la eficacia de sistemas centralistas como el francés. Además, ¿se justifica la mastodóntica estructura material y humana del Estado autonómico en la era de internet?

6. El Estado de las Autonomías, con sus dieciocho gobiernos, parlamentos y administraciones, ha provocado que en España haya hoy cuatro veces más funcionarios que cuando murió Franco, mientras que la población sólo se ha multiplicado por 1,2. Y la deuda pública, el 7% en 1975, ha alcanzado hoy el 100%. El Estado español es insostenible.

7. El Estado de las Autonomías es una estructura mastodóntica cuyos principales beneficiarios no son los ciudadanos, sino esas agencias de empleo llamadas partidos políticos que han conseguido colocar a sus militantes en mil puestos innecesarios con sustanciosos sueldos a costa de los bolsillos de todos.

8. El Estado de las Autonomías ha provocado la fragmentación jurídica, la desigualdad entre los españoles, los privilegios fiscales, el enfrentamiento y la insolidaridad regional –ejemplos: el agua y la financiación– hasta límites nunca antes conocidos. ¿Profundizamos en este regreso al feudalismo o cumplimos con el principio de igualdad consagrado en la Constitución?

9. El Estado de las Autonomías ha convertido España en una Babel lingüística, legal y administrativa que encarece y entorpece la vida de personas y empresas.

10. El Estado de las Autonomías ha sido la fuente de la mayoría de los casos de corrupción que han desangrado y desprestigiado al Estado. Y de una inmensa cantidad de cacicadas y corruptelas cotidianas que nunca se conocerán.

11. El Estado de las Autonomías adolece de una dimensión identitaria de la que carecen otros países, incluidos los tan envidiados federales, lo que ha provocado enormes despilfarros en neurosis aldeanistas totalmente inútiles y vulneradoras de los derechos de los ciudadanos. El caso más sangrante es el de la imposición de las lenguas regionales mediante las llamadas inmersiones (espléndido sinónimo de ahogamiento) y normalizaciones (espléndida confesión de que los separatistas consideran a los ciudadanos unos anormales que deben ser corregidos).

12. El Estado de las Autonomías ha hecho posible que España sea el único país del mundo en el que, en algunas regiones, no es posible escolarizar a los niños en la lengua mayoritaria y oficial del Estado.

13. El Estado de las Autonomías ha sido utilizado por los separatistas como estación intermedia hacia la secesión, plataforma de promoción de dicha secesión en ámbitos internacionales (selecciones deportivas, embajadas, etc.) y ámbito decisorio sobre el modo de encaje con el resto de España e incluso sobre su continuidad o no en ella.

14. El Estado de las Autonomías ha sido utilizado ilegal, inconstitucional e inmoralmente por los separatistas para construir un régimen totalitario destinado a envenenar a los ciudadanos mediante el monopolio de la educación y los medios de comunicación.

15. El Estado de las Autonomías ha posibilitado la continua vulneración de las normas gubernamentales, legislativas y judiciales del Estado por parte de los gobernantes autonómicos.

16. El Estado de las Autonomías ha dado vida a un sinfín de entidades, generosamente regadas con el dinero de todos los españoles, dedicadas a la organización de la rebelión y la voladura del Estado desde dentro.

17. El Estado de las Autonomías, debido a la perpetua amenaza de fragmentación nacional que incuba en su seno, ha provocado la desconfianza y el desprestigio exterior de España, con consecuencias económicas, diplomáticas y políticas de largo alcance.

18. El Estado de las Autonomías ha hecho posible la existencia de fuerzas armadas enemigas del Estado del que forman parte, poniendo en peligro las vidas y haciendas de todos los ciudadanos españoles, gracias a cuyos impuestos cobran sus sueldos. Fuerzas armadas que siguen sin ser disueltas.

19. Finalmente, el hecho evidentísimo de que el Estado de las Autonomías es la principal causa de autodestrucción de España basta para redactar una nueva Constitución no autonomista.

Antes de meter el bisturí en la Constitución, a los partidos políticos que se supone que están interesados en defender la integridad de la nación quizá les conviniese tantear al pueblo español. ¿Están seguros de que los españoles desean premiar a los separatistas y avanzar en el sentido descentralizador, federalizador y autodeterminista que persiguen junto con sus compañeros de viaje, tanto los malintencionados como los cándidos? ¿O quizá sus preferencias se dirijan hacia el lado contrario?

Se admiten apuestas.

 

Cambalache en peligro. -Hermann Tertsch/ABC-

Puigdemont pasea por Gante. Puigdemont se hace fotos con turistas. Puigdemont arenga a peregrinos de Gerona. Puigdemont pasea a españoles «progresistas». Puigdemont quiere volver. Puigdemont se quiere quedar. Puigdemont invita a Rajoy. Puigdemont desprecia a García Albiol. Los maltratados españoles ahora ya no solo estamos condenados a vivir todo el día pendientes de los malos humores e hipersensibilidades de una de las regiones más ricas y privilegiadas de España. Los españoles ahora hemos sido condenados a convivencia cotidiana en casa, de encender el televisor, con un delincuente mentiroso y charlatán. Todas las cadenas han decidido que es de vital importancia para todos nosotros saber en todo momento todo lo que diga, piense, pasee, respire, coma… Carles Puigdemont, ese ser mediocre enchufado del corrupto régimen, títere suplente de la mafia golpista.

Es difícil alcanzar a entender cuáles son los criterios que llevan a las televisiones a considerar máxima prioridad de sus fines informativos tenernos al tanto de todo lo que haga ese delincuente que hace unas semanas llevó a una región española al borde del enfrentamiento civil. El día 21 de diciembre gracias a las decisiones del gobierno de España entraremos en la siguiente variación del golpe de Estado. Si los españoles en Cataluña y fuera de ella no lo impiden, veremos cómo la derrota de una banda de cobardes y taimados golpistas lograda por unos servidores firmes y dignos de la Justicia española se transforma en la enésima concesión de privilegios a esos mismos golpistas para que restablezcan su poder y se legitimen de cara a los suyos y al exterior.

El culto al delincuente Puigdemont me recuerda a aquel genial ladrón francés, Jacques Mesrine, que con sus atracos, sus fugas y su carácter indomable alcanzó fama y simpatía no solo en Francia. La policía francesa, harta de él, lo cosió a balazos en una escapada en 1979. Mientras estuvo vivo, el público suspiraba por saber de sus comidas y mujeres o sus pasatiempos, dentro y fuera de la cárcel. Como nuestro Puigdemont, que dicen que podría ganarle a ERC, cuyo jefe está aun en Estremera. ERC tiene un problema. Con Marta Rovira, esa pobre mujer más elocuente cuando llora que cuando habla, no se gana ni compasión. Puigdemont, dicen, remonta. Pues lo mismo da. Porque el problema de Cataluña no está en Barcelona ni Bruselas. Sino en Madrid donde se lucha denodadamente por tender puentes y llegar a acuerdos con los golpistas para restablecer a toda costa el relato que, con horror, ven tambalearse: el de la «hegemonía natural» nacionalista en Cataluña. Les daría pavor un resultado que permitiera gobernar a Ciudadanos. Anunciaría el fin del largo pretexto del mal menor en La Moncloa. No se dará. Ya se ocuparon con plazos y fechas de que fuera imposible. Sin embargo, como ha sucedido estos meses, tampoco saldrá nada como esperan quienes no tienen otro interés que seguir donde están. En eso, en el fracaso del cambalache, depositan muchos españoles sus esperanzas.

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