Miedo y rechazo al espíritu de Ermua 20 años después -LD-

La historia se repite. A la izquierda, PSOE y Podemos, no le gusta el recuerdo de Miguel Ángel Blanco y lo que significó el espíritu de Ermua.

Este miércoles se cumplen 20 años de la muerte de Miguel Ángel Blanco, el concejal de Ermua vilmente asesinado por ETA tras 48 horas de secuestro. Es el aniversario no sólo de uno de los crímenes más crueles de la banda, sino de las movilizaciones que sacaron a la calle a millones de personas en toda España, también en el País Vasco, por primera vez en la sanguinaria historia de ETA. El recuerdo al concejal, y a lo que supusieron para la sociedad española aquellos días en que la banda se vio por primera vez contra las cuerdas, se ha visto sin embargo eclipsado por la polémica en torno a los homenajes a Blanco.

La reacción unánime del pueblo español en aquellos días en defensa de la democracia, la libertad y, por ende, la Nación española aterró al nacionalismo. El PNV decidió pactar con ETA en Estella, y la izquierda, primero Izquierda Unida de la mano de Madrazo, y el PSOE años después, con Eguiguren y Zapatero, se alineó con los separatistas y optó por aislar al PP en lugar de los terroristas.

Veinte años después, la historia se repite. Podemos y una parte del PSOE buscan excusas para no poner pancartas de homenaje y abstenerse a la hora de votar declaraciones oficiales. El PP y Ciudadanos han exigido una rectificación y han vertido duras acusaciones, principalmente contra la formación de Pablo Iglesias.

La polémica saltó la semana pasada cuando varios municipios se desmarcaron del llamamiento de la Federación Española de Municipios y Provincias para que cada ciudad y pueblo de España recordara al concejal asesinado el día 12 a las 12 del mediodía, con una concentración silenciosa frente al consistorio. La FEMP llamaba a recordar no sólo al joven político del PP sino a la sociedad española por dar una “respuesta ejemplar e inequívocamente democrática: un rotundo y unánime ‘hasta aquí hemos llegado'”. El comunicado parecía hecho para que la adhesión municipal fuera inmediata y unánime, pero no fue así: corporaciones de Podemos o el PSOE en distintos puntos del país, como Cádiz, Jerez, San Fernando o Bilbao rechazaron unirse a esta propuesta o a otras que llegaban impulsadas por el PP. Un ejemplo, el caso de Lasarte, el pueblo donde fue asesinado el joven: allí, el único concejal popular presentó una moción para condenar la violencia etarra y homenajear al concejal. PSE, PNV y Podemos se abstuvieron.

La respuesta oficial de Podemos a la posición de algunos de sus alcaldes y concejales fue no hacer nada: ni directrices ni órdenes para apoyar los actos por el concejal asesinado. Iglesias, entre mensajes genéricos de apoyo a las víctimas, dijo que era a los concejales a quienes había que preguntar por su postura, en alusión a casos como el de Kichi, en Cádiz, cuyo grupo rechazó poner el nombre de Blanco a una calle de la ciudad, o el de Manuela Carmena. La alcaldesa de Madrid rechazó colocar una pancarta en la fachada del Ayuntamiento de Madrid como sugirió Movimiento contra la Intolerancia, con la excusa de que supondría poner a unas víctimas por encima de otras. La presión política le llevó a rectificar sólo a medias: habrá minuto de silencio frente al consistorio y pancarta, pero no en la fachada. También se sumarán al homenaje del grupo municipal del PP: la decisión se tomó pocas horas antes.

Desde el PSOE, mientras, se optó por la tibieza: después de que grupos socialistas en toda España asumieran la postura de Podemos, su presidenta, Cristina Narbona, tampoco dio directrices concretas a sus concejales. Sólo lanzó, presionada por la prensa, un mensaje crítico con Carmena: de la situación en otros consistorios no habló. Y con palabras muy parecidas a las de Pablo Iglesias, señaló que “todas las víctimas merecen ser recordadas”.

Desde este miércoles hasta el domingo seguirán los homenajes: además de la convocatoria de los ayuntamientos y los homenajes del PP, la Fundación Miguel Ángel Blanco celebrará un acto en el Teatro Real en el que llamativamente no tendrán un papel principal algunos de los políticos que protagonizaron esos días, como José María Aznar, Carlos Iturgáiz o Jaime Mayor. Tampoco estuvieron en el homenaje del PP el pasado lunes frente a Génova, donde se desplegó un gran cartel con el rostro del concejal y en el que participaron Mariano Rajoy y la dirección nacional de la formación. El fin de semana, en la escuela Miguel Ángel Blanco que se celebrará en Bilbao y contará con la presencia del presidente, sí está prevista la intervención de Iturgaiz.

Origen: Libertad Digital

Venezuela, al borde del abismo – Carlos Alberto Montaner/LD- 

Luis Almagro ha vuelto a la carga. Al secretario general de la OEA, como a medio planeta, le pareció repugnante el asalto de las turbas chavistas a la Asamblea Nacional. Quiere congregar a los embajadores para examinar ese vergonzoso episodio. Tal vez para condenarlo, si se logran los votos y consigue adecentar el comportamiento miserable de los islotes caribeños comprados por el chavismo a punta de petrodólares.

¿Por qué Maduro propició estos hechos? Por varias razones.

Es lo que suele hacer el régimen de La Habana. Maduro es un simple brazo del Gobierno de Raúl Castro. Se trata de un acto de repudio cubano realizado en Caracas. Aunque esta suerte de pogromo es orquestado y dirigido entre bambalinas por los servicios de contrainteligencia, es ejecutado por supuestos “ciudadanos indignados que no consiguen reprimir su cólera ante la perfidia de los enemigos de la patria, siempre al servicio de Estados Unidos”.

Esa es la narrativa. No importa que nadie crea esa versión absurda. Es sólo una explicación formal para justificar la represión. La función de estas actividades represivas es castigar a los disidentes, intimidar al conjunto de la sociedad para que no se le ocurra vincularse a los grupos de oposición y construir una realidad paralela de revolucionarios heroicos contra la ultraderecha fascista.

A Maduro no le importa que la OEA o el Mercosur lo condenen. El mundo tiene poca memoria y se cansa rápidamente de protestar. La dictadura puede vivir con esas censuras. Lo que no puede es vivir fuera del poder. La arroparán los comunistas del mundo entero, comenzando por los españoles de Unidos Podemos (esos personajes sin corazón que piden democracia para ellos y tiranía para los demás), la Rusia de Putin, probablemente China, los hermanos de las FARC, Evo Morales, los sandinistas de Ortega, el Farabundo Martí de El Salvador y el resto de la tribu prototalitaria. ¿Quién recuerda que en 1989 los chinos acabaron a sangre y fuego con las protestas de Tiananmen?

Fidel Castro siempre creyó en la utilización de turbas para lograr sus objetivos. Recurrió a ellas desde que estaba en la oposición a Batista en los años cincuenta. Pero ni siquiera lanzó a sus partidarios de rompe y rasga contra los batistianos. Los usó para amedrentar a los miembros de su propio Partido Ortodoxo que tenían otro concepto de la estrategia de lucha. Fidel Castro, finalmente, decidió morirse hace unos meses, pero dejó como parte de su herencia esa impronta violenta.

Raúl Castro, el heredero, piensa que Nicolás Maduro es un idiota, pero es su idiota. Y la manera de protegerlo es calcando en Venezuela la manera cubana de controlar a la sociedad para que nunca más los venezolanos contrarrevolucionarios puedan ganar alcaldías, gobernaciones o la mayoría parlamentaria.

Esto se logra con una Constitución que establezca la sacrosanta primacía de la revolución bolivariana, un sistema de postulaciones que cierre el paso a los desafectos y un modelo electoral de segundo grado que, como sucede en Cuba, garantice que sólo ganen los buenos revolucionarios.

Es verdad que el 90% de los venezolanos está en contra de la cubanización del país, incluidos muchos chavistas, pero, en la matemática comunista que maneja Raúl Castro, el 10% que respalda a Maduro alcanza para sellar la jaula. El número mágico de la contrainteligencia, espina dorsal de esos regímenes, es de apenas el 0,5% de la población. De los dos millones de adultos que simpatizan con el chavismo, o que se benefician de él, bastan apenas 150.000 para echar el cerrojo definitivo. Para guiar a un rebaño de 200 ovejas dóciles y aterrorizadas basta un perro feroz bien adiestrado.

Los venezolanos tienen pocos días para impedirlo. ¿Quién puede ayudarlos? Estados Unidos examina una propuesta interesante basada en la pugna que existe entre el Poder Legislativo, respaldado por el voto popular, y el Judicial, artificialmente construido por una maniobra del chavismo.

La propuesta de los demócratas es sencilla: abonar en una cuenta escrow el importe diario de la factura petrolera, que es el único dinero en efectivo que entra a las arcas del país, y dejar que la Asamblea Nacional, depositaria de la soberanía popular, decida el momento en que se efectúen las transferencias reales al Tesoro nacional. Esto daría a la oposición el leverage que necesita para obligar al Gobierno a negociar en serio una salida a la crisis.

Nota final. ABC de Madrid dio la noticia antes que nadie. En la madrugada del sábado, tras escribir esta crónica, 30 hombres armados se llevaron a Leopoldo López a su hogar para que continuara cumpliendo la injusta condena a 14 años de privación de libertad. Otorgarle la casa por cárcel fue una decisión inconsulta de Maduro.

¿Por qué lo hizo? A mi juicio, para tratar de reducir las protestas callejeras y con la esperanza secreta de que LL dividiera a la oposición. Pero nada de eso sucederá. El clamor popular a favor de los presos políticos aumenta. Son más de 400 y hay 3.000 nuevos detenidos, muchos de ellos sometidos a tribunales militares. En definitiva: otro paso de Maduro hacia la disolución de su dictadura.

Origen: Carlos Alberto Montaner – Venezuela, al borde del abismo – Libertad Digital

El asesino Nicolás Maduro y su banda. -Eleonora Bruzual/PD-

Escribo al momento que se alcanza la cifra de 102 víctimas fatales de la brutal represión castrochavista. Lo hago sin saber si antes de enviar la columna, como en pasadas semanas, tenga que referirme a más muertes en este desbordamiento de brutal furia asesina de Nicolás Maduro, su gorilato militar y sus homicidas colectivizados. Todos autorizados para matar, torturar y destruir vidas y bienes.

102 vidas segadas para intentar que una narcotiranía permanezca y sus miembros se aseguren la guarida donde esconderse de cortes y tribunales que tanto en el exterior como en Venezuela les juzgue y condene.

102 vidas para alimentar la insaciable maldad de esa pandilla que hasta tiene el descaro de exigirle al liderazgo opositor que les garantice total impunidad, tanto aquí como en cualquier lugar donde se vayan una vez derrotados.

Muertos, heridos, detenidos, torturados, desaparecidos… Eso conforma el inventario del paso de ese despreciable lacayo de Raúl Castro y su nomenclatura. Nicolás Maduro y su banda ya no solo matan de hambre y mengua, desde hace a tres meses no paran de disparar contra una ciudadanía que simplemente expresa su descontento y su deseo de poner fin a 18 años de oprobio.

Oprobio que comenzó con aquel tropero ambicioso y felón que entregó nuestro país a los tiranos Castro para que con sus recursos pudieran imponer en buena parte de este subcontinente latinoamericano a sus títeres y cómplices de una mal llamada revolución que simplemente resultó una interminable sucesión de crímenes e ignominias que en Cuba llevan 58 años y en Venezuela 18. 102 vidas cobradas por la asquerosa tiranía militar que ahora también encierra estudiantes en una cava y los gasea.

Y es que no podemos esperar algo distinto de Maduro y su gorilato, sicarios a los que otorgan condecoraciones y reconocimientos. Así la Cruz de la Guardia Nacional se la dieron al esbirro coronel Lugo Armas la bestia que empujó a Julio Borges presidente del Poder Legislativo, asimismo si algo vemos a diario es que cruces no solo están en los pechos de los asesinos, también se ven en los cementerios sobre las tumbas de tantos manifestantes.

Pero a asesinos y narcochoros esta infame tiranía les llama “Dignos Centinelas” de allí que el mismo viernes que se completaban 102 asesinatos, el sátrapa Maduro ascendía a General en Jefe del “Ejército chavista” a Gustavo González López, director del Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (SEBIN) donde en sus asquerosas mazmorras torturan y consumen a valientes venezolanos, escupitajo que a toda una nación lanza un tipo que ni siquiera tenemos pruebas de que sea venezolano y pretende desconocer y burlarse de las graves acusaciones hechas por la fiscal general de la República, Luisa Ortega Díaz, contra González López y contra el excomandante de la Guardia Nacional y actual jefe de Gobierno del Distrito Capital, José Benavides Torres.

Maduro el asesino ofendiendo más y más a una nación al decir: “Yo quiero que nuestro pueblo apoye en las calles a estos dos valientes patriotas que han defendido la paz de la República y que tienen todo mi apoyo”, como si no supiéramos que todo bicho que sea apoyado por él de inmediato se nos muestra en toda su aberrante perversión.

Perversión que día a día vemos cuando escupe amenazas, cuando se ufana de que nos masacrará a todos, cuando con la tía de los narcosobrinos baila sobre el dolor de toda la nación y sin vergüenza este matón dice: “El camino de Venezuela tiene que ser la concordia, el respeto, el amor. No se puede responder el odio con más odio, violencia con más violencia. Esa es nuestra filosofía” y hay que entender que lo que llegó con muerte se irá con muerte porque no hay filosofía en unos asesinos. Cómo puede hablar la hiena de filosofía si filosofía es respeto a la vida y su sacralidad, conocimiento, verdad, moral, estética…

Nos atrapa la angustia, el dolor por tantas vidas útiles acabadas de un plomazo, de un perdigonazo, de una bomba disparada a quemarropa. Me desespera recordar como hace ya más de 18 años muchos celebraban la llegada al Poder de un gorila golpista que además dejó a un asesino que ejecuta las órdenes que le envía Raúl Castro y que nos condenan al llanto al ver un país saqueado y ensangrentado. Un país cuyos ciudadanos son amenazados a diario y condenados al luto y el dolor.

Pero no nos doblegará ni Maduro ni su banda. Por eso, nos vemos en la vía… Esa llena de heroicidad y que a la peste roja la trae por la calle de la amargura y a nosotros por caminos de dignidad.

Origen: El asesino Nicolás Maduro y su banda | Periodista Digital

Madrid, capital de la heterofobia. -R. Pérez-Maura/PD-

Ramón Pérez-Maura –El mensaje que late bajo todo este supuesto festejo es uno de sumisión. Uno de decir «nosotros somos los fuertes y vosotros los débiles»

ÚLTIMAMENTE oímos hablar con frecuencia de la islamofobia. En realidad una agresión preventiva porque lo que de verdad se está imponiendo es una evidente cristofobia. Un constante asedio de yihadistas a personas culturalmente cristianas.

Y como precaución frente a la reacción que su ofensiva pueda generar, quienes asedian a esos cristianos y quienes les amparan bajo una estúpida corrección política advierten en tono amenazante contra cualquier intento de supuesta islamofobia -la cual ni está, ni se le espera aunque las familias de miles de muertos pudieran tener razones para ella.

En este contexto estamos viviendo en estos días la fiesta del orgullo homosexual -denominada de cualquier otra forma para darle un carácter más internacional y comprensivo-. La homofobia es un delito y me parece muy bien que lo sea, como cualquier otro delito de odio. El problema es cuando la denuncia de ese odio es en realidad una actitud defensiva y encubridora de otros actos de odio frente a los que nadie protege, ni nadie denuncia.

Madrid es una ciudad en la que resulta que el Ayuntamiento ha restringido drásticamente su aporte de belenes navideños aduciendo que no todos somos cristianos. Podría ser un argumento. Pero entonces ¿quiere eso decir que la inmensa expansión de la inversión municipal en el «orgullo» es porque todos somos homosexuales?

Esto viene acompañado de una serie de violaciones consentidas de las ordenanzas que a nadie más se permitiría durante varios días consecutivos. Empezando por las limitaciones del ruido ambiental. Como todos sabemos han sido suprimidas. Al vecino que le moleste el ruido que no duerma o que abandone su casa y se vaya a otro sitio.

Que a ver si se entera de que él paga sus impuestos para que vengan personas desde las antípodas a disfrutar de lo que se gasta el madrileño en su propia ciudad. O los vecinos del barrio, que pagan su tarjeta de residentes de la ORA para poder aparcar allí. Estos días tienen prohibido aparcar.

Es cierto que a cambio les permiten estacionar sus vehículos en cualquier otro punto de Madrid, pero no consta que les paguen el taxi que les lleve de vuelta a su domicilio una vez que hayan estacionado en Salamanca o Moncloa. Da igual, que se fastidien porque hay que ver lo felices que están haciendo a otros. O mejor todavía, que también ellos muestren su orgullo. Y si no lo tienen, que lo busquen.

Porque el mensaje que late bajo todo este supuesto festejo es uno de sumisión. Uno de decir «nosotros somos los fuertes y vosotros los débiles». Ser heterosexual, casarse un hombre con una mujer y querer tener hijos es ser marginal, atrasado, vivir fuera de «la realidad».

La realidad es la que se nos impone desde los medios de comunicación, desde empresas y hasta desde una corporación de derecho público como la ONCE: lo «normal» es ser homosexual. Y cuidadito con enseñar otra cosa a tus hijos, porque discutirlo es ser homófobo.

No basta con sostener que cada cual es libre de mantener en su vida privada las relaciones que quiera sin ningún tipo de limitación. No basta con afirmar sin matices que nadie es perseguible por sus inclinaciones sexuales -dentro de los límites del Código Penal.

Hay que exaltar la homosexualidad como algo muy positivo. Porque habrá que reconocer que en los tiempos de sobrepoblación planetaria la homosexualidad tiene la virtud de no agravar ese problema ni acentuar las amenazas del cambio climático, que es una verdad de valores casi equiparables a lo que representa el festival del orgullo homosexual del que disfrutamos estos días en Madrid.

Origen: Madrid, capital de la heterofobia | Periodista Digital

Veinte años después y 857 razones para seguir. -Rosa Díez/LD-

 

Hace unos días publiqué un tuit (ahora casi todo se hace en 140 caracteres…) para recordar a Otegi que, gracias las Fuerzas Armadas que él desprecia y nosotros homenajeamos, miles de ciudadanos pudieron salvar sus vidas y escapar de las garras de ETA, su banda terrorista ETA. Mi entrada tuvo una cierta repercusión y algunas personas me pararon los días posteriores en Bilbao para darme las gracias por recordar lo obvio… Pero también me he encontrado con más de un ciudadano que me ha dicho/preguntado cariñosamente si no sería mejor que descansara, que no siguiera predicando en el desierto, que la cosa está perdida, que todo se ha olvidado, que no vale la pena seguir…

Entiendo de qué me hablan todos esos ciudadanos pesarosos que, siquiera mentalmente, ya han tirado la toalla. Una de las personas que me habló en ese sentido fue una mujer de mi edad que llevaba de la mano a un niño de unos siete años, su nieto, supuse. Le agradecí su preocupación y sus buenos deseos y traté de explicarle, en cinco minutos y en medio de la calle, por qué vale la pena mantener la memoria y reivindicar la verdad. Me escuchó callada, me dio un beso… y se fue.

Cuando me he puesto a escribir este artículo que me ha pedido Libertad Digital para rememorar aquellos trágicos días de julio de hace veinte años, en los que Ortega Lara fue liberado de su secuestro de 532 días y Miguel Ángel Blanco fue asesinado por ETA, he pensado que se me brindaba una buena oportunidad para explicar de manera más pausada por qué y siempre merece la pena reivindicar memoria y verdad.

Han transcurrido veinte años desde que vimos el rostro de Ortega Lara salido de su tumba, vivo de milagro, vivo a pesar de todo… Y veinte años también desde que encontraron el cadáver de Miguel Ángel Blanco, aquel joven y desconocido concejal de Ermua, militante del Partido Popular, a quien la banda terrorista ETA asesinó como represalia por no haber podido completar el crimen con Ortega Lara.

Algo cambió en nuestra conciencia colectiva en aquellos días. Interiorizamos la extrema e inhumana crueldad de los terroristas tanto en el secuestro de Ortega Lara (nadie que lo haya visto podrá olvidar su rostro a la salida del sepulcro en el que estaba encerrado) como en el asesinato de Miguel Ángel Blanco. Ambos hechos, tan unidos por el tiempo como por la atrocidad con que se perpetraron, provocaron una insólita y gratificadora oleada de rechazo contra la banda terrorista.

Pero, desgraciadamente, pronto se disipó aquel espíritu de Ermua que parecía haber llegado para quedarse. Y vimos cómo cuando la banda volvió a estar operativamente débil, el PNV le tomó el relevo y radicalizó el discurso contra el Estado y sus instituciones, contra las víctimas… Y casi volvimos a la casilla de salida. Vamos, como siempre.

Pero no quiero caer en la nostalgia y dedicar estas líneas a argumentar –con razón, lo sé– que si aquel espíritu de rebelión cívica contra los terroristas y contra su discurso se hubiera mantenido hubiéramos acabado mucho antes –y mucho mejor– con ETA. Como dije, quiero aprovechar este espacio que se me brinda para insistir en la necesidad de mantener viva la memoria y la verdad. No sólo hay razones éticas, de principios y de justicia para seguir dando la batalla, para recordar a los nuestros y para desenmascarar a los cómplices y a los fariseos cada vez que unos y otros alcen su voz o difundan sus mentiras. Hay también razones prácticas, de apuesta por el futuro, de definición del tipo de sociedad que queremos para que vivan nuestros hijos y nietos.

Quiero explicarle a esa abuela que me paró en la calle que su nieto tiene derecho a conocer qué es lo que pasó en su tierra; qué hizo cada cual en esos momentos en los que unos poníamos las víctimas y los otros solo el odio y la muerte; creo que su nieto tiene derecho a saber quién y cómo luchaba, cómo se sufría, quién callaba y cómo. Su nieto tiene derecho a que no se reescriba la historia de su país y de sus conciudadanos. Su nieto tiene derecho a saber la verdad: que en Euskadi nunca hubo un conflicto político distinto al que viven todas las sociedades democráticas, y que se sustancia por métodos también democráticos; que lo que aquí hubo fue una banda de terroristas que asesinó a 857 inocentes porque les estorbaba para imponer su modelo totalitario de país. Su nieto tiene derecho a saber que ETA no nació para resistir o luchar contra Franco, sino que la primera víctima de ETA se produjo en 1960, cuando la dictadura franquista tenía 24 años de vida y en ese periodo se conocía como la dictablanda ; y el fulgor asesino de la banda se recrudeció según se aproximaba la muerte de Franco y los españoles preparábamos la reinstauración de la democracia. Su nieto tiene derecho a saber que ETA asesinó a 46 ciudadanos durante la dictadura franquista y a 811 durante y contra la democracia.

Sí, su nieto y todos los jóvenes que ya hoy ni siquiera saben qué fue y qué hizo ETA, y cuáles son los nombres y las circunstancias de sus víctimas, tienen derecho a conocer la verdad. Tienen la obligación de saber que, si ellos viven en un país democrático y miembro de la UE, es porque miles de sus conciudadanos arriesgaron la vida para que ETA no consiguiera destruir la democracia. Los niños de hoy, los jóvenes de mañana, necesitan que alguien les cuente lo que ocurrió y no les dé una versión interesada. Tenemos que explicarles que ETA asesinó a 857 ciudadanos porque eran un estorbo para sus planes totalitarios, porque estaban en primera línea defendiendo la libertad de todos. Todas las víctimas de ETA lo fueron por lo que eran, no por lo que hacían: ETA les asesinó porque eran nuestros escudos. Les asesinó para amedrentarnos a todos, para que desistiéramos.

O sea que nuestro desistimiento, nuestro silencio, sería el éxito de ETA.

Querida y desconocida abuela: ellos, todas las víctimas, son nuestras razones para seguir. Tenemos 857 razones para seguir librando la batalla. Eso es lo decente, lo justo, lo digno. Lo mínimo que les debemos es recordar sus nombres, su historia, los sueños que les quitaron, la vida que no pudieron cumplir. Ellos, los muertos, no pueden dar testimonio; por eso debemos darlo nosotros.

Te daré una última razón: hemos de seguir no solo por corresponder humildemente a lo que Miguel Ángel, Fernando, Javier, Gregorio, Joxeba, José Antonio… (y así hasta 857) dieron para protegernos; hemos de seguir también porque tenemos hijos y nietos y no queremos que en ellos se repita nuestra historia. Hemos de seguir porque yo no quiero que llegue un día en que mis nietos se tengan que pintar las manos de blanco –como hicieron sus abuelos y también sus padres– y hayan de salir a la calle a gritar: “¡Libertad!”. No, no quiero que en ellos se repita nuestra historia.

 

Origen: Libertad Digital

¿Orgullo? -Pilar Rodriguez/La Gaceta- 

Orgullo: exceso de estimación hacia uno mismo y hacia los propios méritos por los cuales una persona se cree superior a los demás.

“Se cree superior a los demás”…Ahí está la clave del “orgullo gay”.

Yo estoy orgullosa de mis hijos, de mi lucha diaria, de los éxitos de mi familia y amigos. Estoy orgullosa de mi país y de los que lo defienden, presumo de eso. Orgullosa de la gente que lucha por la libertad; de los que lo tienen más difícil por sus circunstancias físicas o psíquicas, ellos sí que son superiores a los demás. De los que dedican su vida a ayudar de forma altruista a los más débiles. De los médicos y científicos que nos facilitan la existencia. Estoy orgullosa de todo esto y de mucho más, pero ni por un segundo se me ocurre ponerme un gorro de plumas y hacer una “performance” sobre la Virgen para manifestar este sentimiento.

Por eso ahora que se celebra la fiesta del “orgullo” gay entiendo menos la forma de interpretar esta palabra. Ir casi en pelotas o con disfraces ridículos por en medio de la calle para así reivindicar que se es gay, creo que no es para estar orgulloso. Hay muchas formas para este colectivo de buscar la integración y la normalidad. Trabaja duro, vive con ética, exhíbete lo justo, sé respetuoso, haz lo que tienes que hacer y sin ninguna duda encontrarás tu sitio, como todo el mundo.

La sobreexposición y la super actuación llevan a crear una imagen grotesca y ridícula de las personas que se dicen “orgullosas” de una sexualidad que se sale de lo establecido. Ahora me tacharán de homófoba. Se equivocan. Detesto a todos los que, sin importar su condición sexual, hacen de cualquier diversidad una forma de crear conflicto, respaldados por políticos oportunistas que ven un filón para arañar un puñado de votos.

Tengo amigos homosexuales que viven discretamente su forma de entender la vida. Eso es lo difícil, ellos sí que se deberían sentir orgullosos de no verse reflejados en un individuo que se sube a unas plataformas con un taparrabos de colores, sacando la lengua y ridiculizando si puede las creencias religiosas de otras personas. Piden respeto faltando al respeto. Eso no es orgullo, eso es provocación. Así sólo consiguen un efecto rebote que les granjea antipatías.

Por todo esto me siento orgullosa de los homosexuales “no orgullosos”. De los que han decidido demostrar con hechos y no con pantomimas subvencionadas. Por ellos, cualquier cosa. Con ellos, a cualquier parte.

Origen: ¿Orgullo?

La verdad no mancha los labios de quien la dice,sino la conciencia de quien la oculta.

Experimento Asch Occidental

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