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Ilusos e ilusos. -Hermann Tertsch/ABC-

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«Escándalo democrático» -Luis Ventoso/ABC- 

Lo es, sí, pero en sentido contrario al que ellos dicen

A la vista de indicios palmarios de delito, un juez de Barcelona ordenó ayer a primera hora de la mañana varias redadas para desmantelar la logística del referéndum ilegal que pretende organizar el Gobierno insurrecto de la Generalitat. La Guardia Civil, pues por desgracia parece que los Mossos ya no son fiables a la hora de velar por nuestra legalidad, actuó en consecuencia. Los agentes registraron almacenes en polígonos industriales, hallando en uno de ellos nueve millones de papeletas listas para la consulta. También se personaron en las oficinas de cuatro consejerías del Gobierno catalán, toda vez que desde ellas se estaba tramando la inteligencia y plan de acción del referéndum. En la operación hubo una docena de detenciones, como tantas veces en cualquier país democrático del mundo cuando se está combatiendo un delito grave (o a veces no tan grave).

La reacción del orbe independentista fue iracunda. El tono general de su crítica se resume en una frase de Ada Colau. A su juicio, la actuación del juzgado de Barcelona supone “un escándalo democrático”. No. Lo que sí constituye un escándalo democrático es aprobar dos leyes con métodos golpistas y un procedimiento exprés para establecer una presunta nueva legalidad catalana, que deroga la del Estado, desoyendo además las advertencias de los juristas de la propia Cámara y pateando el Estatuto de Cataluña. Escándalo democrático es utilizar las oficinas del Gobierno catalán, desde donde debe atenderse a todos los catalanes, del primero al último, para ponerlas al servicio de un proyecto separatista que ni si quiera cuenta con el apoyo mayoritario de la población. Escándalo democrático es estafar al pueblo catalán, invocando supuestas normas internacionales que justificarían la autodeterminación, cuando en realidad solo rigen en situaciones coloniales; o fabular asegurando que una Cataluña independiente seguiría en la UE, algo que la organización ha negado hasta el hartazgo; o mentir con la facundia impúdica y reincidente de Junqueras, quien anteayer aseguró que la intervención de las cuentas de la Generalitat había quedado en suspenso por orden del Supremo, falacia que el alto tribunal negó en minutos.

Escándalo democrático es intentar romper un país del primer mundo, donde se disfruta de un régimen de libertades, sin respetar los cauces legales de ese Estado, algo que ni en sus peores sueños se les habría ocurrido a los independentistas quebequeses y escoceses, que actuaron siempre observando escrupulosamente los marcos constitucionales de Canadá y el Reino Unido. Escándalo democrático —y tufo nazi— es señalar a los concejales discrepantes con pasquines con sus fotos, cercar sus hogares, sumir en la angustia a sus hijos y familiares; acosar a directores de instituto y bedeles; o usar el dinero público de todos para comprar a la prensa local.

Por último, escándalo democrático sería que el Estado español se inhibiese y no actuase para defender los derechos y libertades de todos los españoles, poniendo coto de una vez, como se comenzó a hacer ayer, a lo que en realidad no es más que el mayor abuso golpista que ha sufrido este país desde el bochorno de Tejero.

Origen: «Escándalo democrático»

Juncker,el faraón suicida. -Hermann Tertsch/ABC-

Está en marcha la rebelión contra su despotismo europeísta

SI no nos tuviera acostumbrados a verle besar la calva a sus interlocutores, tirar de la corbata a dignatarios extranjeros o regañar a camareros porque se olvidan de su copa, habría cundido el pánico ante los planes de reforma de la UE expuestos hace unos días por el presidente de la Comisión Europea, Jean Claude Juncker. Porque es todo un arrebato de «soluciones imaginativas», como llamaba Javier Pradera a las ocurrencias suicidas. Parece un plan para convocar una larga cola de países candidatos del EXIT que sigan al Reino Unido. En descargo del viejo presidente hay que recordar que vive en un mundo especial del privilegio público y privado. Juncker es un europeista en una burbuja que nada tiene ya que ver con Europa. Sino con una inmensa oficina de empleados privilegiados, sobrevalorados e hiperremunerados, cuyo máximo celo y vocación están en preservar y aumentar esa oficina que preside Juncker y que financian todos los pobres europeos cada vez menos europeístas.

En realidad es un escándalo pero a nadie puede extrañar que entre las propuestas de Juncker una de las primeras fuera pedir más dinero de los países miembros para el aparato de la Unión Europea, con su comisión, su parlamento y su ingente, desbordante, insaciable y expansiva burocracia. Es una fábrica de injerencias en las naciones y los individuos y ha creado un monstruo regulatorio y controlador que hace cada vez menos libres y más pobres a los europeos que pagan. Pero Juncker quiere más. Como no fue suficiente el desastre de mantener a Grecia dentro del euro y la crónica precariedad resultante que solo disimula un BCE con la máquina de trucos de Mario Draghi, Juncker propone la ampliación del euro a todos los 27 países miembros de la UE. A compartir todos las miserias de todos, incluidas economías como las de Rumanía y Bulgaria. Con el endeudamiento de tantos. Además quiere un ministro de finanzas para que no le molesten intereses nacionales.

También quiere expandir el espacio de Schengen a los 27 para que desaparezcan los pocos controles que hay cuando realmente comienza la lucha contra el islamismo radical en todo el continente. Juncker quiere más dinero y más poder para la Comisión. Quiere más dinero para la UE pero también para el Estado de bienestar de los miembros y, ¡por supuesto! para la inmigración porque debemos ser generosos. E imponer por la fuerza a países que se resisten dicha inmigración para transformar sus sociedades nacionales en su composición étnica, cultural y religiosa. Todo el que no apruebe sus propuestas, será tachado por Juncker de antieuropeo y sospechoso de ultraderechismo. Prietas las filas, nos dice. Que ya llegará él a montar un cambalache con Alemania y Francia para perpetuar el engaño. Pero el engañado es él, Juncker. Está en marcha la rebelión contra ese europeísmo del despotismo menos ilustrado que cínico que representa hoy el presidente de la Comisión con sus faraónicos planes de hundir Europa brindando con champán.

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Tontos 1 punto 0  -Antonio Burgos/ABC-

Al jefe de los Mozos de Escuadra lo nombran por su apellido y parece que lo están insultando: «El Mayor Trapero»

No sé si usted lo ha hallado, pero tras hartarme de mirar las fotos de los periódicos y las imágenes de los telediarios, he echado en falta en la manifestación de la Diada Independentista de Cataluña a un personaje importantísimo, que ha hecho rabona: al Tonto de la Bandera Republicana. Y me lo explico. Consideran española a la bandera de la II República y no olvidan que su Gobierno fue el que cuando proclamaron el «Estat Catalá» sin tembrarle el pulso aplicó la ley, el general Batet echó a las tropas a la calle y encarcelaron a Companys y compañía. ¡Como para sacar ahora la bandera que tan malos recuerdos puede traer al que conozca la historia de esa parte irrenunciable de España que es y debe seguir siendo Cataluña!

Aunque zahorí en el afloramiento de Tontos de la Bandera Republicana, esta ausencia septembrina se ha visto compensada por el hallazgo de muchos otros nuevos tipos de tontos. Por usar el lenguaje de la informática, serían Tontos 1 punto O, con balcones a la calle del pretendido referéndum ilegal de la fecha de ese número y esa letra. Por no entrar en los listos 1 punto 0, que también los hay a manojitos, como el jefe de los Mozos de Escuadra, a los que por cierto no sé por qué en español hemos de escribir como «mossos» a estos mocitos pintureros del tópico catalán de la independencia. Al jefe de los Mozos de Escuadra lo nombran por su cargo y apellido y parece que lo están insultando: «El Mayor Trapero». A mí me dice alguien que soy el mayor trapero y de momento le parto la cara y después ya veremos… Pero vamos con los tontos que la liada en la Diada e islas adyacentes me ha permitido hallar.

El Tonto de la Urna.- No sé por qué tanto misterio del Tonto de la Urna defendiéndola y ocultándola, si luego se verá que, como en el 9-N, ni son urnas ni son nada. Son como microondas de cartón y creo que de los chinos de los veinte duros. Y como mandan los tribunales, a la hora de recogerlas donde osen ponerlas el 1-O, lo más adecuado es que, como se trata de cartón, y el cartón lo pagan muy bien los chamarileros, las requise el mayor Trapero y los otros traperos menores y traperillos a sus órdenes; de ahí que ayer lo llamara el Fiscal Superior de Cataluña para encomendarle el trabajito. El Tonto de la Urna, además, sabe que lo suyo es el secreto mejor guardado. Quizá para que nadie le copie una chorrada tan grande como liar la que están liando por un referéndum sin fundamento legal, sin censo, sin colegios electorales y sin vergüenza. Ah, claro, la moda «sin».

El Tonto de la Papeleta.- Es la principal competencia del Tonto de la Urna. Son en cierto modo complementarios: no hay Tonto de la Urna sin Tonto de la Papeleta y viceversa. El Tonto de la Papeleta es verdaderamente 2.0 o 3.0, pues es informático total. Ha descubierto que usted mismo se puede hacer su papeleta en su casa, con la impresora del ordenador. ¿Y el que no tenga impresora? Pues que se joda, seguro que es un facha españolista. Ahora, que papeleta, papeleta, papeleta, lo que se dice papeleta, la que tiene el Gobierno del Reino de España con la que están liando entre el Tonto de la Urna, el Tonto de la Papeleta, el mayor Trapero y el del mocho de fregona en la cabeza.

Ikea es culpable.- Este no es tonto, sino más listo que el hambre que se quitaban los emigrantes andaluces que hicieron grande a Cataluña con su trabajo lejos de su tierra. Hablo de Albert Rivera. Que igual que Serrano Suñer dijo que «Rusia es culpable», ha venido a proclamar, viendo a tanto tonto de urna y papeleta: «Ikea es culpable». Dice Rivera que es el Referéndum Ikea, para montarlo uno mismo. ¡La que han montado! Todo por culpa de Ikea, con tanto anunciar el felpudo con lo de «Bienvenido a la República Independiente de mi Casa». (Cuando aquí no hay más casa que la Unidad de España, la Constitución y la Monarquía Parlamentaria).

Origen: Tontos 1 punto 0

Un ególatra en su círculo vicioso -Salvador Sostres/ABC-

La imagen idílica de Josep LLuís Trapero como líder natural de los Mossos d’Esquadra no puede distar más de realidad. La mayoría de sus subordinados le teme más que le quiere y le consideran arrogante, autoritario, incapaz de reconocer los propios errores e implacable a la hora de atribuirse los méritos ajenos. Por su humilde extracción social -no deja de ser visto como un «charnego» de Santa Coloma- la cúpula de la policía de la Generalitat vivió su nombramiento con contrariedad y despecho.

Por haber dedicado muy buena parte de su trayectoria a la investigación y especialmente a la investigación criminal sin haber destapado ninguno de los muchos casos de corrupción de Convergència ni de sus socios de Unió, algunos consideran que su nombramiento como comisario jefe, que contra todo pronóstico decidió el último consejero de Unió que ha tenido la Generalitat, Ramon Espadaler, en 2013, antes de que Mas despreciara a Duran para ponerse en manos de Junqueras y de la CUP, podría tratarse de un pago a estos servicios prestados.

Contribuye a esta sensación que quien intensamente presionó a Espadaler para lograr el ascenso inesperado de Trapero (que no aparecía en ninguna quiniela para el cargo) fue el entonces director general de los Mossos, Manel Prat, militante de joven en las juventudes de Convergència (JNC) y que en los años previos (2005-2011) a ocupar su cargo de confianza política en la policía de la Generalitat, fue el responsable y representante legal de la fundación de Jordi Pujol.

«No quiero deber nada»

El Major de los Mossos es ambicioso, serio, poco generoso, confía en muy poca gente y muy poca gente confía en él. Desde hace muchos años su lema es que «no quiero tener amigos porque algún día llegaré a jefe de los Mossos y no quiero deber nada» y es verdad que amigos no tiene demasiados, hasta el punto de que no ha tenido el apoyo de los sindicatos de la cúpula de los Mossos (Sicme y Copcat) ni en sus últimas disputas con la Prensa ni en la crisis de credibilidad que ha sufrido al negar que hubiera recibido un aviso de atentado de los Estados Unidos, cuando se ha demostrado que efectivamente lo recibió.

Trapero tiene enemigos fuera del cuerpo por su vinculación con el independentismo pero tiene muchos más dentro del cuerpo de su policía, de donde es probable que «El Periódico» obtuviera el documento de la Inteligencia americana que prueba que él, el consejero de Interior y el presidente de la Generalitat abiertamente faltaron a la verdad, es decir: mintieron.

Su afán de protagonismo en las ruedas de prensa, en las que siempre ha hablado mucho más que el consejero Forn, son vistas por sus compañeros y subordinados como un exhibicionismo innecesario. Por cierto que llama la atención la clamorosa desaparición del director general de los Mossos, Pere Solde, que no ha comparecido desde los atentados. Recientemente nombrado, a dedo, por su militancia independentista, su ausencia mediática es un misterio para los Mossos. Pero lo que sobre todo molesta es que tal como Jordi Pujol convertía las críticas a su persona y a su partido en ataques a Cataluña y a los catalanes, Trapero convierte en ataques a los Mossos en general lo que son preguntas e investigaciones legítimas sobre la actuación de la cúpula policial y política de los Mossos sobre todo en materia de prevención.

Los Mossos consideran que los verdaderos héroes del 17 de agosto fueron los agentes que se jugaron la vida para detener y abatir a los islamistas implicados en los ataques terroristas. Muchos de ellos estaban de vacaciones y regresaron sin esperar a que se les requiriera, para trabajar sin descanso hasta que el último yihadista cayó. Que de todo este esfuerzo y riesgo hayan quedado las camisetas con la cara de Trapero por una disputa lingüística con un periodista holandés no es motivo de ninguna alegría para unos agentes que una vez más ven como su jefe se atribuye y se beneficia de sus méritos. La egolatría de Trapero roza a veces lo ridículo y entre la fantasmada y la impostura pretende que fue formado en el FBI cuando todo lo que hizo es asistir a un seminario de este cuerpo, para policías latinos, sobre recursos humanos.

Su autobombo y autoindulgencia contrastan claramente con la dureza con que riñe a sus agentes si no está satisfecho con ellos. «Sois unos indigentes intelectuales», llegó a decirles no hace demasiado tiempo.

A propósito de indigencias, a los agentes no les ha pasado por alto que las filtraciones a la Prensa de la cúpula de los Mossos tienen que ver con la afinidad que Trapero ha mantenido con una periodista concreta, que al cambiar de periódico, cambió también el periódico donde las principales noticias relacionadas con el cuerpo -de policía- aparecían.

En casa de Rahola

Las imágenes en casa de Pilar Rahola, compadreando con el presidente Puigdemont entre esteladas y gintónics, acabaron de retratar a quien siempre ha sido un «salta-taulells» con más afán de notoriedad que conciencia de de sus limitaciones. El protagonismo que en los últimos días ha adquirido, mezclado con la desesperación de lo que queda de Convergència, ha llevado a algunos dirigentes del partido a considerarle como posible candidato del partido a la alcaldía de Barcelona.

Algunos Mossos consultados dicen se equivocaría si aceptara «pero como se cree que es Dios, vete a saber qué hace». De presentarse, se cerraría el círculo desde que el gerente de la fundación Jordi Pujol presionó hasta lo indecible para que le nombraran comisario jefe.

Origen: Un ególatra en su círculo vicioso