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La vida de los otros. -Hermann Tertsch/ABC-

Muchos se sorprenden en España y Europa continental ante ese soberbio espectáculo de ministros del Reino Unido que dimiten uno tras otro porque las decisiones de su jefa de gobierno no son compatibles con su opinión, con su conciencia o con el voto de su circunscripción electoral que viene a ser lo mismo. En Westminster los diputados defenderán con la palabra y todos los colmillos retóricos la opinión y el interés de sus electores. Y es que eso solo pasa en esas islas y allende el Atlántico, allá donde gobierna el malísimo Donald Trump. El del imperdonable delito de decir todas esas verdades inconvenientes que la hipocresía socialdemócrata no tolera. Como que no se puede sacrificar la vida de los otros en aras de disquisiciones ideológicas. Ni destruir el trabajo ni el precario bienestar de los más pobres en aplicación de los experimentos sociales con seres humanos. Esos experimentos que tanto gustan a políticos de izquierdas, académicos, intelectuales, periodistas y otros privilegiados que pueden protegerse contra los efectos de la política que, con frivolidad, egoísmo y arrogancia, propugnan.

Si el Reino Unido es hoy la patria de la libertad y la responsabilidad, España lo es de la arbitrariedad y el desprecio, en una deriva hacia el desastre cada vez más similar a la previa a la Guerra Civil. ¿Y la UE, dónde está? La Comisión, tan dispuesta siempre a meterse en todo en la vida de las naciones y sus ciudadanos, guarda silencio ante tropelías y abusos de un gobierno que desmantela sin parar las defensas constitucionales y los derechos de los ciudadanos españoles. Callan los siempre dispuestos a difamar, acosar y demandar a gobiernos como los de Hungría o Polonia, que cumplen con la voluntad de sus programas refrendados por amplísimas mayorías absolutas. Nadie se queja de que las hordas de socios del Gobierno asalten la vivienda del juez del Tribunal Supremo que instruye el caso más importante de la historia de la democracia española contra el peor golpe de Estado sufrido desde la guerra civil. El juez acosado desde hace meses carece de protección mientras la Policía protege a responsables de estas acciones propias de camisas pardas nazis y bandas de sicarios comunistas.

Nadie protesta porque socios comunistas de Sánchez acosen a un partido legal como Vox y exijan la muerte y mutilación de los asistentes a un mitin. Y amenacen con una repetición de las matanzas de Paracuellos, con sus miles de muertos inocentes a manos de verdugos de aquel Frente Popular del que el Gobierno se siente heredero. Aplastan la libertad de movimiento de millones en el centro de Madrid por pura arbitrariedad y pisotean los intereses y derechos de todos sus habitantes, agreden a la industria del automóvil y sus cientos de miles de empleados, hunden los patrimonios familiares con su agresión al coche, amenazan a las gasolineras con destruirlas a multas si no se pliegan a un plan ridículo inviable, cierran las nucleares a diez años vista sin plan alternativo. Todo es ideología totalitaria y experimentación social y todo es desprecio a la vida de los otros.

La obscena ocupación de todos los resortes del poder va acompañada del total desprecio al control de la oposición y de los pocos medios no adictos, con casi todos los ministros inhabilitados por criterios aplicados a todo gobierno anterior. Con una brutal descomposición de las instituciones, del orden, la seguridad jurídica y la propia seguridad personal de los españoles. El Gobierno de Sánchez es una amenaza masiva e inminente para la democracia en España y la seguridad económica y física de los españoles. A ver si nos damos cuenta.

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Magnicidio de cine cubano. -Hermann Tertsch/ABC-

Muchos chistes se hicieron ayer tras anunciarse los peculiares detalles de los supuestos preparativos de un atentado contra el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. Desde el bigote de Maduro en la cara avinagrada de Sánchez al viejo Franco con escopeta de caza posando como francotirador, eran ayer cientos las imágenes y los chascarrillos, y muchos, buenos e imaginativos. Ante las rocambolescas y oscuras informaciones, muchos han evocado los atentados falsos que «sufrieron» Hugo Chávez y Nicolás Maduro, el último el de los drones, atentados que siempre sirvieron para atacar aún más a la oposición, para perseguir y encarcelar a discrepantes y para crear leyes especiales que recortaran aún más las libertades bajo la criminal dictadura venezolana, siempre según la escuela dictada por los agentes cubanos. Se acumulan esas coincidencias con el perfecto manual de agitación y desinformación comunista que socios privilegiados de Sánchez como Pablo Iglesias, Juan Carlos Monedero, Íñigo Errejón y tantos otros comunistas de Podemos conocen tan bien por sus lucrativas estancias en Caracas.

La cosa no tiene gracia. No porque tuviera posibilidad de hacer daño al doctor Sánchez este señor mayor más o menos desequilibrado, según su entorno, del que los Mozos dicen que es experto tirador y la gente del campo de tiro tachan de perfecto inútil. Las televisiones, todas frentepopulistas, presentan este caso como un «magnicidio» abortado in extremis. Resulta, como todo lo de este Gobierno, ridículo y a la vez amenazante y peligroso. Ridículo porque parece que Sánchez no quiere parecerse a John F. Kennedy solo por poses de fantoche dentro o fuera del Falcon. Amenazante porque se adivinan las intenciones de esta gran operación de intoxicación, muy acorde con la general deriva del Gobierno del PSOE en su vocación de criminalizar a la oposición de acuerdo con sus aliados chavistas. Ayer, Monedero ya pedía cárcel para periodistas y cualquiera que se resistiera al rodillo comunista. Los medios sumisos al Frente Popular, gran mayoría gracias a los gobiernos del PP, trabajan en la invención de un «terrorismo de ultraderecha». Que sirva para trivializar el terrorismo real de ETA, ya aliado objetivo del Gobierno, como para combatir con nuevas medidas a la «amenaza franquista», en la que incluirán a todo el que no se una o pliegue ante su discurso.

Para saber lo realmente importante sobre este caso tan tóxico y tramposo, lo importante no es saber cómo empezó la ridícula peripecia del «francotirador que es hijo del último alcalde franquista de Rubí», sino las conclusiones que quieren sacar aquellos que lo pretenden convertir en la prueba de una conspiración masiva contra «el líder del progresismo». La primera información -cuando lleva un mes en prisión el acusado- la publica «Público», panfleto digital filogolpista, propiedad de Jaume Roures. Él es uno de los cerebros de la operación -con Iglesias y Junqueras- que transforma el golpe de Estado separatista en una amplia ofensiva contra la monarquía, la democracia y la unidad de España. Su gran éxito es el Frente Popular. En la película, muy del estilo de los servicios secretos cubanos ella, del francotirador ya han metido a Franco, aunque ni en el auto del TSJ de Cataluña ni en declaraciones del acusado se habla de Franco. Con el éxito añadido de tener mencionado al partido VOX. Termina «Público» su artículo novelado y tóxico: «Queda claro que a partir de ahora los servicios de inteligencia policiales deberán estar atentos a un nuevo y amenazador perfil: el de los franquistas frustrados, sin filiación ni historial violento, que de pronto están dispuestos a tomar las armas contra la Memoria Histórica». Ahí caben todos los constitucionalistas. Sigan los líderes de los partidos constitucionalistas peleándose, que cualquier día se despiertan, ven un miliciano junto a la cama y creerán estar en el peor Caribe.

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Sin vuelta atrás. -Hermann Tertsch/ABC-

El domingo supimos que no hay vuelta atrás. Que no va a haber un retorno a la constitucionalidad del PSOE. Que ya ha cruzado con Pedro Sánchez la línea roja, nunca mejor dicho, de llevar el sectarismo del Frente Popular al enfrentamiento total con las fuerzas leales a la Constitución. Lo ha hecho de forma tan brutal que muchos ayer aún no daban crédito a lo visto y oído. Porque el domingo, el Gobierno y el PSOE, que días antes había tomado abiertamente partido por los golpistas presos frente a los jueces en Cataluña, tomaba partido por los separatistas y asesinos frente a las víctimas en Navarra y País Vasco. Si gana este Frente Popular una permanencia en el poder, tratará a todos los constitucionalistas como los trataba la masa filoetarra en Alsasua o como los tratan los CDR en Cataluña. Sánchez ha llevado al Gobierno español a alinearse con Arnaldo Otegui, el Carnicero de Mondragón y otros etarras asesinos contra José Antonio Ortega Lara, Fernando Savater y otras víctimas. Con los golpistas y terroristas contra los constitucionalistas y víctimas. La imagen es tan demoledora como real.

No mintió Pablo Iglesias ayer. No se precipiten. Acotemos la afirmación. No mintió cuando en su ya habitual gran comparecencia diaria en ronda permanente por su cortijo mediático, esta vez en RNE, dijo a sus entregados periodistas que «no nos estamos jugando sólo la aprobación de los Presupuestos, sino la dirección histórica de España». Así es. En cuanto dice una verdad, estamos de acuerdo. Es una verdad poderosa. Nos jugamos la dirección que marcará el destino de al menos varias generaciones del futuro de España. Y nos la jugamos de una forma radical y trascendente, como nunca desde años antes de la Guerra Civil. Si en la guerra luchaban dos opciones dictatoriales enfrentadas y al morir Franco todos querían democracia, ahora España se debate entre la defensa de unas libertades conocidas en un sistema tan defectuoso como mejorable y la enésima oferta de paraíso colectivista de un Frente Popular cuyos visos autoritarios y vocación totalitaria son evidentes.

Parcialmente destruidos ya por el revanchismo los cimientos de la Transición, se ha consumado esa ruptura del PSOE con la Constitución. Como antaño. Ni los peores exabruptos revanchistas de Iglesias, ni la grosera retórica miliciana de Sánchez y sus ninfas contra «las derechas» dejan tan clara esa ruptura como el mensaje en Twitter del portavoz socialista en el Senado, Ander Gil, que entrará en los anales de la infamia. «Y fueron a agitar el odio a Alsasua los que nunca tuvieron que mirar por la mañana debajo del coche, los que nunca despidieron a un compañero en un funeral…». Este mensaje no iba dirigido a las hordas filoetarras que intentaban agredir a la concentración y a los seguidores de Ciudadanos y Vox. Sino a los agredidos, a Ortega Lara -532 días cautivo de ETA-, a Fernando Savater y las víctimas. El Gobierno del PSOE tacha de provocación un acto en homenaje y defensa de la Guardia Civil porque no quiere que los españoles vayan a defender a otros españoles a esas regiones españolas que pretende entregar definitivamente al golpismo y al separatismo a cambio del poder en Madrid. El homenaje en Alsasua ha sido un éxito para la Fundación España Ciudadana y para todos los que participaron. Porque ha abierto los ojos a toda España sobre qué es hoy el PSOE y dónde está. Y ha expuesto la absoluta necesidad de unidad de acción constitucional para impedir un Frente Popular que acabe no solo con 40 años de democracia más o menos imperfecta, sino con la Constitución, la Monarquía, la unidad de la Nación y largos ochenta años de paz.

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Twitter y la arbitrariedad. -Hermann Tertsch/ABC-

Está claro que si acaban de bombardear Pearl Harbor no te preocupan los baches al garaje en Hawai, si entran las tropas alemanas en tu granja polaca no te irrita la fiebre de la vaca favorita y si te sorprende el 18 de julio de 1936 frente al Cuartel de la Montaña se te olvida la multa más reciente. Salvando las distancias, por la misma razón, inmersos en un golpe de Estado en España, no solo de los separatistas, con la complicidad de fuerzas con poder directo o indirecto en el Gobierno nacional, que te suspendan una cuenta de Twitter es lo de menos.

Y sin embargo, la ofensiva de cierres de cuentas en Twitter, sus sanciones arbitrarias, intimidaciones y mecanismos de censura son tan preocupantes como las amenazas de querella de Sánchez a ABC y otros medios. Querella que se cuidó de no presentar contra información fehaciente sobre la estafa de tesis doctoral de Sánchez. Preocupan las amenazas como los desprecios del matonismo ya habitual en los ministros, contagiado por el jefe y que es propio de los comunistas de Podemos en España y sus patronos en Cuba y Venezuela. Y alarman las leyes especiales que este Gobierno se quiere sacar de la manga para todo lo que le contraríe a él o a sus aliados comunistas y separatistas.

Aunque Sánchez no tenga palabra hay que tomarse muy en serio sus amenazas a los pocos medios que no defienden la operación que ha llevado a los enemigos del Estado a tener un poder decisivo sobre el Gobierno de la Nación. Van en serio, se consideran capaces y han demostrado que tienen el mismo respeto a las leyes y al Estado de Derecho que sus socios Torra o Junqueras, Otegui, Rufián o Iglesias: ninguno. Por eso hay que hacerles frente. Allá donde se pueda. Nos jugamos no una legislatura ni unos impuestos. Nos jugamos la libertad de los españoles para varias generaciones.

Es cierto que Twitter es muchas veces un nauseabundo lodazal. Los peores se sienten iguales a los mejores y pretenden vomitar más alto que ninguno. Twitter no tiene además el éxito de Facebook con sus 23 millones de usuarios en España. Instagram tiene 13 y Twitter que no llega a 5 millones. Pero es la red más política y como tal, las fuerzas de la extrema izquierda despliegan una presencia masiva y control por medio de la tecnología y su voluntad acosadora. Grupos de comunistas de Podemos concentran ataques contra quienes se significan como defensores de España y de la legalidad. Y la compañía forma parte de ese entramado globalista siempre amable a los comunistas. Por eso hay que estar. Porque España ha entrado en una decisiva batalla política y cultural. La Nación reacciona por primera vez en siete lustros ante una larga agresión totalitaria que cree poder acabar ahora con España y las libertades. Pero por primera vez esto puede acabar de muy diferente forma. Con el restablecimiento de las libertades, el fin del acoso a la verdad y la liquidación definitiva de la hegemonía mediática izquierdista que ha traído a la sociedad española a este estado de postración.

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Prohibido lo malo. -Hermann Tertsch/ABC-

Estén atentos los españoles, porque si este Gobierno no cae pronto, sea por inepto, por tramposo, por mentiroso, por plagiario, por traidor, por cómplice de mafias, por colaborador de golpistas y enemigos de España, puede que se quede. Puede que transforme tanto los métodos de trabajo en nuestro sistema que no podamos, no nos dejen hablar sobre su relevo hasta que las condiciones de miseria, violencia y caos ocupen organismos internacionales. En España asistimos ya a muchos pasos consecuentes que dicta el guión de una toma de las riendas del poder, no solo del Gobierno, sino del sistema, para poder casi excluir la alternancia. De ahí que sean tan alarmantes las palabras de la vicepresidenta Carmen Calvo que anuncian la intención del Gobierno de imponer límites a la libertad de expresión e información. Siempre en defensa de la verdad, faltaría más.

Tras los baratos eufemismos de Calvo, queda claro que el Gobierno considera que jueces y tribunales no son suficientes como hasta ahora para perseguir los delitos en opinión e información. Porque hay informaciones u opiniones que este Gobierno quiere perseguir y que aún no puede. «Necesitamos seguridad». Se regulará -dice que con otros países- lo no regulado hasta ahora en el ámbito de la libertad de expresión y del derecho a la información. Las amenazas a los medios de este Gobierno no tienen precedentes en España desde 1978. No quieren que se hable mal de ellos. Y decretan que todo lo malo sobre ellos es mentira. Ya lo advirtió Pedro Sánchez, menos solemne que macarra, que quien le critique a él o al Gobierno critica al Estado. Al principio nos hizo gracia. ¿Qué rayos se habría creído ese galán de grandes superficies? La risita se nos ha borrado. Con su carácter práctico, no serán ni el principio de contradicción, ni la honradez, ni la vergüenza ni el sentido del honor lo que frene la incontrolada ambición de Pedro Sánchez. No tiene dudas ni muestra escrúpulos. No hay elecciones. Los golpistas son buenos. Los constitucionalistas, malos. Monto cuando quiero en avión. Mi mujer trabaja donde me dé la gana. Quien me ataca ataca a España. Punto.

Atentos españoles, el Gobierno quiere armas para combatir «la mentira» de los periodistas. Eso que les gusta llamar «fake news» porque hacen mucho daño, «a veces», dramatizaba ayer Calvo, «daños irreparables». En un ambiente tan comprensivo de la leal soldadesca izquierdista del periodismo patrio nadie le haría reparar ayer que los daños que sufre actualmente el Gobierno no los generan unas mentiras sino unas verdades. Estas nuevas medidas para limitar la libertad de expresión y de información encajan con las disposiciones de la nueva ley de memoria histórica que tiene en la recámara el PSOE y que impone penas de prisión, graves multas e inhabilitación a quienes cuestionen la interpretación de la guerra civil española y del franquismo que hacen quienes se consideran herederos de los perdedores. Dará con sus huesos en la cárcel quien crea como yo que la tragedia española no comenzó el 18 de julio de 1936, sino con la criminal quema de iglesias y conventos de 11 de mayo de 1931 y que, por supuesto, fue una inmensa suerte para España que la guerra la ganara Franco y no Stalin.

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Avanza el golpe por toda España. -Hermann Tertsch/ABC-

En Barcelona quedó dramáticamente escenificada el domingo la plasmación práctica del golpe de Estado que sufre España. Porque ya se hace efectivo y patente en la radical pérdida de derechos y de libertades de los españoles. Nada lo plasma de forma más gráfica que la actuación de una policía política totalitaria que reprime a españoles que demandan sus derechos. Ese golpe comenzó el pasado año y por culpa de gobernantes débiles y mezquinos no tuvo respuesta real. Ahora triunfa de plaza en plaza y ya se ha hecho fuerte en varias regiones. Contra la Constitución, no contra el Gobierno. Porque éste ni defiende la Constitución ni hace cumplir la ley. Al contrario, alimenta su permanente cuestionamiento para mayor medro de las fuerzas golpistas, con las que ha pactado y a las que debe su existencia. En regiones como Cataluña, el País Vasco y Navarra, quienes defienden a España ya no tienen derechos. Y en Valencia o Baleares se aplasta sin escrúpulo a quien defienda el español.

El domingo, miles de catalanes salieron a las calles de Barcelona a exigir un derecho que tienen todos los europeos menos los españoles, el de estudiar y vivir en la lengua oficial de todo el territorio nacional. Es el derecho constitucional de todo español a estudiar, trabajar y vivir en español en toda España. Un derecho que se le ha arrebatado cada vez a más españoles, cada vez en más sitios. Todos los partidos han jugado un ignominioso papel en esta trágica deriva que causa inmenso sufrimiento y daños a millones de españoles. Solo piden que pueda elegirse la lengua. Imposible. La tiranía nacionalista lo excluye. El domingo, los golpistas convocaron a sus CDR, como los camisas pardas nazis, una fuerza de choque que reventó la manifestación. Los Mozos, ya abiertamente policía política del golpismo, ayudó a los grupos CDR de terrorismo urbano.

Las culpas del pasado están muy repartidas. La izquierda se unió a los nacionalistas en su hispanofobia. Como si el español o castellano cargara con un «pecado de franquismo» como la unidad nacional o el propio nombre de España. Todo lo disgregador era progresista, todo lo que evocara la España unida, «rancio», fascista y «casposo». Es el legado traidor a España de la izquierda, que entregó parte de España a unos nacionalismos minoritarios en la Transición. La derecha no tiene menos culpa. El PP emuló lo peor de la izquierda. En Galicia con el PP de Nuñez-Feijóo, la persecución del español es igual que en regiones en manos del frente popular. Ciudadanos pudo ser esperanza y se frenó ante la batalla de la idea nacional. Nadie ha hecho una defensa de la nación consecuente. Finalmente ha surgido Vox, cuyo crecimiento es parte de una revuelta de reacción nacional. Que puede alimentarse de la gran revuelta europea en favor de los estados nacionales. Pero nadie se engañe, si Sánchez, gracias a la hegemonía mediática izquierdista que el PP regaló, sobrevive al escándalo de su estafa académica y a otros, si no hay un gran acuerdo de fuerzas nacionales para hacerle frente, nadie escapará a este Frente Popular de un jefe de gobierno con dictado comunista de Podemos que, como si fuera Nicolás Maduro, dice que él en el Parlamento hará lo que quiera. Y que quien le cuestiona, cuestiona la democracia. Se extiende la obscena desigualdad en el trato oficial entre quienes propugnan ese Frente Popular y quienes defienden la unidad de España y su monarquía. Avanza el abuso censor y amenazante contra medios y periodistas discrepantes. Planean una España rota, sí. Pero con regímenes todos como ese que en Cataluña lanza a su policía a reprimir a españoles desesperados ante la pérdida de sus derechos.

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Acorralado y peligroso. -Hermann Tertsch/ABC-

«Tengan ustedes cuidado con ese hombre», me dijeron ayer varios conocidos a lo largo del día, después de conocerse las amenazas del jefe de Gobierno a ABC por la publicación de una exclusiva de Javier Chicote que demuestra el escandaloso plagio en la tesis doctoral que Sánchez mantenía semiescondida en la Universidad. Las amenazas a ABC llegaron horas después de las amenazas del jefe de Gobierno a Ciudadanos en el hemiciclo. Como confirmaba Juan Carlos Girauta ayer, el jefe de Gobierno se dirigió a la bancada de Ciudadanos con la siniestra advertencia de «Os vais a enterar». Los esfuerzos del revanchismo socialista desde Zapatero por llevarnos a los españoles a la república, que nos llevó a un baño de sangre, dieron un paso estético importante, con esa amenaza de Sánchez desde la bancada del Gobierno a un grupo parlamentario que le contrariaba.

No se recuerdan amenazas en el Congreso salvo las de los guardias que lo asaltaron el 23-F. Hay que remontarse a aquella república que tanto idolatran los socialistas y comunistas de ahora para encontrar algo semejante a ese «os vais a enterar» del miércoles de Sánchez. Y son las amenazas del socialista Pablo Iglesias a Antonio Maura, en 1910, y de la comunista Pasionaria a José Calvo Sotelo, en 1936. Ambas amenazas se cumplieron. Maura fue gravemente herido en atentado semanas después de que el socialista le dijera que el PSOE «luchará en la legalidad mientras pueda y saldrá de ella cuando deba» y que «para evitar que Maura suba al poder debe llegarse hasta el atentado personal». La Pasionaria dijo de Calvo Sotelo tras un virulento enfrentamiento dialéctico en el Congreso: «Este hombre ha pronunciado su último discurso». Y lo fue. Desde entonces hemos estado sin amenazarnos los españoles en el Parlamento. Hasta que ha llegado esta nueva hornada de «socialistas podemizados» que son los hijos políticos del enterrador de la convivencia que fue Zapatero. Sin mayores diferencias ideológicas con los comunistas, como aquellas Juventudes Socialistas Unificadas (JSU) que dirigió Santiago Carrillo, responsable él de muchos miles de muertes de españoles inocentes, niños incluidos. Y que tiene, por cierto, muchas calles en su honor y cuya tumba todos respetan.

Ya nos avisó hace meses el muy perspicaz Antonio Camuñas de que Pedro Sánchez no era solo un problema político con sus desprecios, sectarismos y malos modos. Que su manifiesta incapacidad para controlar las frustraciones, su forma crispada y hasta colérica de reaccionar ante las contrariedades lo convertían en un ser inquietante. Sin duda lo es. Con el poder que ha adquirido, de forma extraordinaria y debido al delirante estado de precariedad general de la política española que los anteriores gobernantes permitieron, este hombre inquietante es hoy un hombre peligroso. En las imágenes del hemiciclo el miércoles, cuando Sánchez responde a la pregunta trampa de Albert Rivera, se ve al presidente del Gobierno perder totalmente el control sobre sí mismo. La cara de odio cuando respondía con «ha convertido su pregunta en un lodazal…» es la imagen de la ira sin brida. Y la escena segundos después, cuando su rabia descontrolada le impide notar que se ha acabado su tiempo, que el micrófono esta apagado y que la presidenta, impresionada, le implora e insiste en que calle, es un momento parlamentario tan inolvidable como alarmante. El señor Sánchez descontrola en sus pasiones por sí mismo y no soporta que no compartamos, cuestionemos y ridiculicemos la enorme estima que él se tiene. Se sabe acorralado por la realidad: su Gobierno se descompone. El deterioro avanza por momentos. El presidente debería serenarse y convocar elecciones muy pronto. Antes de que tengamos alguna desgracia seria e irreparable.

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