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Operación Respeto: Carmena pinta de verde el Bosque del Recuerdo del 11-M. -F.J.Losantos/LD-

Lo mejor que podía hacer Rajoy es no aparecer por el Retiro ni en plasma. Al final, se agradece una cierta discreción incluso en la cobardía y la alta traición.

Ayer celebró la casta político-mediática, con inevitables aburrimiento y desgana, la absoluta impunidad de la masacre del 11-M. Tres hechos destacaron sobre los demás. El primero es que Rajoy publicó un tuit recordando a las víctimas que olvidó en 2008, cuando se convenció de que asumiendo respetuosamente la versión oficial del 11-M, la del PRISOE de Cebrián y Rubalcaba, se le dejaría heredar el albañal ético de un pobre país dispuesto a vivir según el refrán: “El muerto al hoyo y el vivo al bollo”.

No se sabe qué admirar más en el presidente del Gobierno: el modo en que ha olvidado su humillación como candidato del PP en 2004, cercado en la Jornada de Reflexión por las huestes de la SER, hoy su emisora de referencia, o la sensibilidad demostrada en los 140 caracteres de su tuit. No se le podrá culpar de extenderse demasiado en la retórica funeral. Si acaso, de no intentarla. Pero si lo que se busca es enterrar más hondo cada año lo que ya empezó a enterrar el Gobierno en funciones del PP cuando destruyó ilegalmente los vagones y los efectos personales de las víctimas, lo mejor que podía hacer Rajoy es no aparecer por el Retiro ni en plasma. Al final, se agradece una cierta discreción incluso en la cobardía y la alta traición.

Carmena pinta de verde artificial el Secarral del Recuerdo

Además, el plasma del plasta rajoyano no podría haber competido con el alarde estético del Ayuntamiento de Madrid, que la víspera de ese homenaje que la casta política, mediática y judicial se rinde a sí misma cada 11-M, tuvo que pintar de verde a toda prisa el dizque homenaje a las víctimas de la masacre, a las que hace trece años les pusieron una cosa rara de metal que se oxidó y les sembraron unos árboles que se han secado.

Carmena, que es Doña Chapuzas, sólo se enteró la víspera de que los árboles y setos del tributo vegetal estaban marrones tirando a negros, o sea, tirando a muertos. Nada que una fervorosa partidaria de los huertos urbanos no pudiera arreglar en un pispás. ¿Qué no están verdes los árboles? Pues se pintan de verde. Total, si nadie se chiva, nadie se enterará. Para el caso que les hacemos a los muertos, nadie se va a dar cuenta del maquillaje del seto.

Pero Carmena cometió un error, que es no recordar, porque a la pobre la sacan de la Guerra Civil y no se acuerda de nada, que Podemos está roto, partido por la mitad. Y que los de Errejón van a hacer todo lo que puedan para perjudicar a los de Iglesias, sobre todo ahora que es más que evidente que Pitita no será nunca candidata a la Alcaldía y que lo de hacer a Errejón candidato a la Comunidad era una broma pesada para que Espinar lo machacase en las primarias.

Pero así como están depurando por docenas al aparato de Madrid, que era errejonista, a los concejales no hay quien los depure ni quien sacie su sed de venganza. Así que, casi perdida en la sección de Madrid de El Mundo, aparecía ayer la noticia de que un equipo del Ayuntamiento tuvo que pintar de verde los árboles para que no aparecieran, como triste fondo de la cada vez más escasa presencia institucional, unos árboles color caca, o sea, color calle de Madrid, en todas las cadenas de televisión, que ayer también cumplieron desganadamente con el trámite de informar sobre los paupérrimos actos oficiales. Los periódicos lagrimearon algo, pero poco.

El enorme esfuerzo desinformativo

Su esfuerzo lo reservaron para ocultar cuidadosamente la existencia del reciente documental de Cyrille Martin, un francés que demuestra lo que desde hace trece años venimos denunciando cuatro gatos españoles, pero que nunca hemos dejado de maullar: que las pruebas del 11-M son todas falsas; que el juicio del 11-M fue una farsa repugnante; y que hay un tal Jamal Zougam, un Moro Expósito, condenado a más de 40.000 años de cárcel, que lleva trece años en una celda de aislamiento porque sigue negándose a declararse culpable de algo que ni hizo ni pudo nunca hacer.

Me remito al artículo de ayer de Luis del Pino sobre la invención de Jamal Zougam como terrorista por un deliberado y escandaloso error de la policía, activado oportunamente para detenerlo en la Jornada de Reflexión. Sólo por esa, sólo una de las infinitas falsificaciones policiales, fiscales y judiciales, debería reabrirse el caso del 11-M, como ordena el artículo 954 de la Ley de Enjuiciamiento Criminal. Claro que, diría un lego en Derecho, si lo criminal ha sido el enjuiciamiento, ¿cómo se le puede enjuiciar? Se le puede, vaya si se le puede, dirá un jurista, porque la Ley no sólo lo permite sino que lo manda. Otra cosa es que se quiera recordar que existe esa ley.

‘El País’ descubre al verdadero autor intelectual del 11M

Pero si mísero es el tuit de Rajoy y ridículo el pintarrajeo de verde carmenita de los árboles del Bosque del Recuerdo, versión sepia de El bosque petrificado, lo mejor de lo peor de la horrenda jornada de ayer fue la revelación en El País de la identidad del verdadero autor intelectual del 11-M. Sí, lo aseguraba en un artículo el expertísimo Fernando Reinares, tan experto que lleva trece años abroncando a todo el mundo por ignorante y necio en materia de terrorismo, lerdo e incapaz de ver la verdad del 11-M en aquellos datos ocultos que sólo un experto expertísimo es capaz de atisbar.

Debe de estar dolido Reinares, porque Cebrián lo ha utilizado todos estos años como el chico de los recados y coartadas de Dezcallar, culpable que no responsable del CNI en 2004 y único premiado de la administración de Aznar, nada menos que con la suntuosa embajada en el Vaticano por su estruendoso silencio sobre la masacre, sobre el papel de Marruecos -del que era máximo experto ya con González- y de todos los marroquíes, vivos y muertos, confidentes de los servicios españoles, que aparecieron o, ay, desaparecieron para siempre, en el borrador del 11-M.

Y hete aquí que llega el experto favorito del régimen nacido el 11-M y revela urbi et orbi la identidad del autor intelectual de la masacre, esa que no pudo o quiso establecer la Versión Oficial, reducida a Verdad Judicial, y El País, que lleva identificada a una docena, no es para dedicarle a semejante exclusiva mundial un titular, un editorial, un apoyo documental, una foto antigua, una voluta de humo informativo. ¡Nada de nada!

Por lo visto, Reinares, tan experto en naderías politicorrectas, no se ha enterado de que la verdad del 11-M es que no hay que hablar del 11-M. Debe de ser el único.

Ver artículo original:

 

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El 11-M y la izquierda islamófoba. -Luis Del Pino/LD-

Hoy es el decimotercer aniversario de la masacre del 11 de marzo. Permítanme que rescate un artículo que publiqué en su día sobre las primeras horas de las supuestas investigaciones que dieron nacimiento a la versión oficial.

Veamos CÓMO SE FABRICA UN SOSPECHOSO HABITUAL

La detención

Una de las cosas que más llama la atención en el 11-M es la extraordinaria rapidez con que nuestras fuerzas policiales lograron detener, en menos de 60 horas, a los primeros implicados en los hechos. ¡Eso se llama efectividad!

Cuando la Policía encontró, 18 horas después de la masacre, una mochila-bomba milagrosamente intacta en una comisaría de Vallecas, la máquina de la investigación oficial del 11-M se puso en marcha.

En aquella mochila-bomba había dinamita, medio kilo de metralla y, además, un teléfono y una tarjeta telefónica, utilizados para detonar el artefacto. Y, al indagar dónde se había comercializado aquella tarjeta, se comprobó que quien la había vendido era una tienda de telefonía de Lavapiés, propiedad de ese marroquí llamado Jamal Zougham, el único supuesto autor material del 11-M que está en la cárcel.

A las doce y media de la mañana del 13-M, el Comisario General de Información, Jesús de la Morena, recibió una llamada en su despacho. Era Mariano Rayón, comisario jefe de la Unidad Central de Información Exterior, para decirle que el vendedor de la tarjeta, Jamal Zougham, ya había sido investigado anteriormente por su presunta relación con radicales islámicos. Horas después, Zougham era detenido en su tienda de Lavapiés, en plena jornada de reflexión para las elecciones de 2004.

Desde entonces, Jamal Zougham está en la cárcel. La Audiencia Nacional, primero, y el Tribunal Supremo, después, le han condenado a más de 40.000 años de prisión, considerándole autor material de los atentados del 11-M. Aunque, curiosamente, al final no fue condenado por la razón por la que fue inicialmente detenido, es decir, por vender ninguna tarjeta telefónica (porque eso no es un delito), sino porque muchas semanas después de su detención aparecieron dos testigos enormemente cuestionables que decían haberle visto en los trenes de la muerte.

Sospechoso habitual

Así pues, la extraordinaria rapidez de esas primeras detenciones del 13-M se debió, según la propia historia oficial, a que el nombre de Zougham ya era “conocido” de la Policía.

¿Y de qué era conocido ese nombre? Así es como el propio comisario Mariano Rayón se lo explicaba al fiscal Javier Zaragoza en el juicio del 11-M:

Para nosotros era una persona importante, porque ya nos había aparecido en el contexto de una comisión rogatoria de las autoridades judiciales francesas, creo que era en relación con un personaje llamado David Courtailler, francés, detenido por temas de terrorismo.

El asunto está, como se ve, bastante claro: si se pudo detener tan rápidamente a Zougham era porque ya estaba, desde unos años antes del 11-M, en la lista de “sospechosos habituales”, a raíz de una comisión rogatoria enviada desde Francia.

Esa es la historia que desde el principio nos han contado, y que justifica esa “puntería” que las fuerzas policiales tuvieron a la hora de efectuar las primeras detenciones en un tiempo récord.

Lo que pasa es que las historias, a veces, no son lo que parecen.

La comisión rogatoria

¿Cómo fue, exactamente, ese episodio de la comisión rogatoria que hizo que Jamal Zougham ingresara en la lista de “sospechosos habituales” de terrorismo islámico?

Efectivamente, el 13 de marzo de 2000 (es decir, al día siguiente de la victoria de Aznar por mayoría absoluta), el comisario de la UCIE, Mariano Rayón, remitió a la Audiencia Nacional la traducción de una comisión rogatoria enviada por el juez Jean Louis Bruguiere desde Francia. En esa comisión rogatoria francesa se afirmaba que en la agenda del presunto terrorista David Courtailler se habían encontrado algunos números telefónicos españoles y, entre ellos, el 913974002, “suscrito a nombre de Aicha ACHAB [la madre de Zougham], domiciliada en la C/ Sequillo de Madrid. Según las declaraciones de COURTAILLER, este número le habría permitido contactar a un tal Djamal, a quien habría conocido en la mezquita de Madrid” (ver Documento 1).

Con esto, parece que está clara la respuesta a nuestra pregunta inicial: Jamal Zougham entró en el circuito de los sospechosos habituales de terrorismo porque en la agenda del terrorista francés David Courtailler apareció en el año 2000 el teléfono de su casa, ¿verdad?

Eso es lo que parece. Pero, como decíamos antes, las apariencias a veces engañan. Fíjense bien en el teléfono que hemos mencionado, 913974002, porque (como vamos a ver) cada uno de los dígitos que lo componen tiene una gran importancia.

Primera mutación del teléfono

Lo que los franceses querían pedir, en relación con Jamal Zougham y su madre, era que se les tomara declaración como testigos, que se obtuviera de la compañía telefónica el listado de llamadas de su teléfono y que se registrara su domicilio.

Sin embargo, al detallar las solicitudes, lo que los franceses pidieron realmente fue que se consiguieran los listados de llamadas del teléfono… 913974802, en lugar del que habían indicado al principio (ver Documento 2). Entre una y otra mención del teléfono, cambiaba un dígito:

913974002 -> 913974802 (cambia un 0 por un 8)

Como vemos, la cosa empieza a complicarse, porque ahora nos surge una duda: ¿cuál era el teléfono que se encontró en la agenda del terrorista francés David Courtailler? ¿El 913974002 o el 913974802? Porque, evidentemente, las consecuencias para Zougham y su madre eran completamente distintas, según que hubiera aparecido un teléfono u otro.

Segunda mutación del teléfono

El 20 de marzo de 2000, el juez de la Audiencia Nacional Ismael Moreno, que era a quien le había correspondido el asunto por reparto, envió un oficio a la compañía telefónica para obtener los listados de llamadas del teléfono de la madre de Jamal Zougham.

Pero, en lugar de solicitar los listados del 913974802 (que era exactamente lo que los franceses habían pedido), lo que el juez Moreno solicitó fue que le mandaran el listado de llamadas del teléfono… 613974802 (ver Documento 3):

¡Se habían equivocado al transcribir el número! En el auto judicial, lo que en un principio era un teléfono fijo (ya que empezaba por 9), se había transformado en un móvil (que empezaba por 6):

913974802 -> 613974802 (cambia el 9 por un 6)

Evidentemente, se trataba de un simple error de transcripción, que tenía fácil solución, como a continuación veremos, pero que introdujo un cierto retardo en el proceso.

Tercera mutación del teléfono

El 4 de octubre de 2000 (es decir, más de seis meses después), Telefónica Móviles comunicaba al juez que el número 613974802 no existía (ver Documento 4).

Trece días después, el 13 de octubre, el juez envió un nuevo oficio a la compañía telefónica, esta vez referido al número correcto (ver Documento 5).

613974802 -> 913974802 (se deshace el error de transcripción anterior)

Cuarta mutación del teléfono

En esta ocasión, Telefónica se dio más prisa en responder. El 19 de octubre de 2000 le enviaba la contestación al juez Moreno. Pero, sorprendentemente, lo que había resultado al realizar las correspondientes indagaciones es que el teléfono en cuestión no pertenecía a la madre de Zougham, sino… a la Universidad Autónoma de Madrid (ver Documento 6).

¡Pero entonces, era falso que ese teléfono 913974802 fuera de la madre de Zougham! ¿De dónde se habían sacado los franceses que el teléfono en cuestión le pertenecía a esa mujer?

¿O es que el número verdadero que apareció en la agenda del terrorista Courtailler era el que habían indicado los franceses al principio, el 913974002, y no el 913974802?

Desde el punto de vista jurídico, este episodio hubiera debido dejar sin efecto las solicitudes de los franceses en relación a Zougham y su madre, por lo menos hasta que se aclarara el lío de los teléfonos. Puesto que la solicitud de registrar el domicilio de Zougham y de tomarle declaración a él y a su madre se basaba en que en la agenda de un terrorista había aparecido el teléfono de la madre, ahora que Telefónica había dicho que ese teléfono no era en realidad de la madre, no había ningún motivo para continuar adelante con más indagaciones.

Sin embargo, después de diversas peripecias jurídicas, la Policía procedió, el 11 de junio de 2001, a registrar con autorización judicial el domicilio de Zougham y de su madre en la C/ Sequillo de Madrid.

Y al día siguiente, 12 de junio, en presencia del juez francés Jean Louis Brouguiere, se tomaba declaración como testigos, en la Audiencia Nacional, a Aicha Achab y a su hijo Jamal Zougham.

Y aquí viene lo mejor de todo.

Al tomarle declaración a la madre de Zougham, el juez español le preguntó, en presencia del juez francés, que desde cuándo era propietaria del número de teléfono 913974802.

Y, entonces, la madre de Zougham respondió que ese teléfono no era suyo (lógico, dado que el teléfono pertenecía a la Universidad Autónoma de Madrid) y que su teléfono era… ¡el 913774802!

¡O sea, que el teléfono del domicilio de Zougham no coincidía con ninguno de los que las autoridades francesas y españolas habían estado barajando (ver Documento 7)!

913974802 -> 913774802 (cambia un 9 por un 7)

Así pues, era mentira desde el principio que en la agenda del terrorista Courtailler hubiera aparecido el teléfono del domicilio de Zougham. Lo que había aparecido era un número telefónico que correspondía (como ya hemos visto) a la Universidad Autónoma de Madrid.

Es decir, que a Jamal Zougham se le introduce en el circuito de “sospechosos habituales” de terrorismo islámico porque en la agenda de un terrorista detenido en Francia se encontró un teléfono que simplemente se parecía al del domicilio de Zougham, pero que difería en un dígito de él.

Finalmente, el 14 de septiembre de 2001 (tres días después del atentado de Al Qaeda en Nueva York), se cerraron repentinamente las diligencias abiertas con motivo de la comisión rogatoria contra Zougham enviada desde Francia, sin que en ningún momento se detuviera a Zougham, ni a su madre, y sin que en ningún momento llegara a formularse ningún tipo de acusación contra ellos.

Todo se había debido a un error.

¿Saben ustedes qué es lo más curioso? Pues que el 20 de junio de 2001, ocho días después de su declaración ante el juez de la Audiencia Nacional y su colega francés, se le concedía a Jamal Zougham el permiso permanente de residencia en España. Lo tenía solicitado desde el 19 de octubre de 1999, pero se le concedió justo después de celebrarse la comparecencia motivada por la comisión rogatoria francesa. Supongo que si hubiera existido la más mínima duda sobre la peligrosidad de Zougham, ese permiso no habría sido concedido.

Errores que nunca se deshacen

Sin embargo, a partir de aquel momento, Zougham (que carecía de antecedentes penales y a quien se había metido en la historia a partir de un teléfono que no era suyo) quedaría ya marcado para siempre como sospechoso habitual de terrorismo islámico, lo que terminaría conduciendo a su detención en plena jornada de reflexión de las elecciones de 2004, como presunto responsable de los atentados del 11-M.

Ni siquiera podría ya librarse nunca de esas acusaciones que le vinculaban (falsamente) a David Courtailler. Hagan ustedes la prueba de buscar en Internet (por ejemplo con Google) los nombres de Zougham y Courtailler. Verán que aparecen cientos de páginas de noticias donde se da por “probada” esa falsa relación entre los dos personajes.

Aunque no es necesario acudir a Internet para verificar el largo recorrido que tienen las mentiras y los errores. Como hemos visto al principio, el propio comisario Mariano Rayón volvió a repetir en el juicio del 11-M la cantinela de la (falsa) relación entre Zougham y Courtailler, a pesar de que él debía conocer, mejor que nadie, que aquel episodio de la comisión rogatoria francesa cumplimentada unos años atrás no había sido sino un auténtico fiasco.

Un error tan providencial

Volvamos a plantearnos la pregunta que nos hacíamos al principio: ¿cómo pudo la Policía detener en un tiempo récord de 60 horas a los primeros implicados en el 11-M?

Y resulta que la respuesta es: porque la tarjeta de la mochila de Vallecas había sido comercializada por alguien a quien se había metido en la lista de “sospechosos habituales” cuatro años antes del 11-M gracias a un error judicial. Error que no sabemos si responde a la mera casualidad o si deriva de un intento chapucero de “marcar” a Zougham desde el principio.

O sea, que si no hubiera sido por ese error judicial cometido 4 años antes del 11-M, no habríamos podido detener a nadie durante la jornada de reflexión de las elecciones de 2004.

Qué error tan providencial, ¿verdad?

La izquierda islamófoba

Resumamos entonces: tras el 11-M, se produce una masiva destrucción de pruebas, achatarrándose los escenarios de los crímenes y haciendo aparecer, en su lugar, una mochila-bomba en una comisaría de policía, 18 horas después de la masacre.

De esa mochila sabemos que no es como las bombas que detonaron en los trenes (porque la mochila de Vallecas tenía metralla y las bombas de los trenes no). Sin embargo, tirando del hilo de una tarjeta telefónica encontrada en esa prueba falsa, se detiene casi enseguida a un marroquí a quien se introdujo cuatro años antes en el circuito de sospechosos habituales por un extrañísimo error judicial.

Si esto hubiera pasado con cualquier otro caso, la izquierda española estaría denunciando la islamofobia de los jueces y de la policía españoles, porque está claro que a Zougham se le detiene por el único motivo de que hacía falta detener a un moro.

Sin embargo, como estamos hablando del 11-M, la izquierda española calla e incluso intenta desacreditar a quienes denuncian el escándalo de que las investigaciones sobre la mayor masacre terrorista de nuestro país se basen en una prueba manifiestamente falsa y en una detención absolutamente arbitraria.

Así que permitidme que os de una mala noticia, chicos: lo queráis o no, sois islamófobos. Porque quien consiente por razones políticas o de estado la detención arbitraria de un musulmán contribuye, le guste o no le guste, a alimentar la islamofobia.

La próxima vez que os miréis al espejo, deciros: “Si la gente piensa que el Islam es terrorismo es, entre otras razones, porque yo he consentido que a un moro se le enmarrone en el 11-M por el simple hecho de ser moro”.

Hala, salud.

Ver artículo original:

Madrid 11-M: 911 días después. Las huellas del Imperio.




http://antimperialista.blogia.com/

Este documental es una reedición ampliada (44 minutos de duración) del que hice, hace cosa de seis años, para el blog Antimperialista. En este nuevo vídeo aporto más datos y argumentos con el fin de desmontar la versión oficial (autoría islamista) y la pseudo-oficial (autoría de ETA), así como para demostrar la responsabilidad primera del Imperio (OTAN) en los atentados.

“El 11 de marzo de 2004, exactamente 911 días después del 11-S, varias bombas explotaban en cuatro trenes de cercanías de Madrid (España), provocando la muerte de 190 personas y heridas graves a unas 2000. Inmediatamente y sin prueba alguna, los medios de comunicación de masas y los gobiernos de muchos países (en su mayoría, vinculados a la OTAN) responsabilizaron de la masacre a la indefinible y etérea organización islamista al-Qaeda. Sin embargo, multitud de pruebas apuntan en una dirección muy distinta.
El 11-M contribuyó a extender por toda Europa el mito de la amenaza terrorista islamista, creando entre la opinión pública europea las condiciones psicológicas necesarias para que aceptase con mayor facilidad el reforzamiento de la maquinaria militar y policial de sus Estados, así como una mayor implicación de los mismos en la lucrativa guerra mundial contra el terrorismo iniciada por Estados Unidos tras el 11-S.”

Ver artículo original: