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La Generalidad golpista subcontrata al Gobierno Falconetti -F.J. Losantos/LD-

Estado del golpe de Estado de otoño de 2017 en el verano de 2018 (II)

Un año después del atentado en Las Ramblas del islamismo catalán (su origen fue la mezquita de Ripoll) que, descaradamente manipulado por los separatistas, supuso el primer acto internacional del golpe de Estado, se ha repetido el desprecio a las víctimas y la exculpación de los verdugos, a los que el año pasado se compadeció y éste se ha ignorado. La razón última fue, el año pasado, la cobarde actitud del Gobierno Rajoy, que dejó solo al Rey en la defensa del orden constitucional. Este año, la cobardía ha dejado paso a la complicidad: Falconetti ha respaldado y su Gobierno ha defendido la infinidad de fechorías, injurias y mezquindades del catanazi Torra, que junto a Ada Colau (tras decir que “Barcelona responde al terror con amor” se negó a quitar una gigantesca pancarta contra el Rey que ha visto todo el mundo) ha alardeado de su dominio en las calles y de su desprecio a la legalidad que se supone representa. Por supuesto, contando con la siembra de odio a España y los españoles, en especial los catalanes no nacionalistas, que a diario destilan la TV3 y demás medios catalanes apesebrados en la Generalidad, un verdadero dineral al que, aunque español, no hacen ascos.

La Generalidad debería estar intervenida

La razón última está clara. La Generalidad, que debió ser intervenida y la autonomía suspendida sine die tras el Golpe de Octubre de 2017 fue mantenida por Rajoy y Soraya, con el respaldo condicionado del PSOE: no tocar TV3. Las elecciones absurda y rápidamente convocadas por Rajoy para quitarse de encima el muerto, o, en su jerga, el lío, arrojaron, con idénticos medios, resultados semejantes. En el lugar de Puigdemont, se colocó a un siniestro racista llamado Torra que presume de que sus hijos forman parte de las bandas de matones –CDR- que atropellan y apalean a los catalanes que no comulgan con el separatismo. Y unos meses después se produjo lo que realmente supone un cambio radical, y radicalmente a peor, de la situación nacional: Rajoy fue depuesto por los golpistas, que entronizaron a Sánchez. La Moncloa quedó subcontratada por los golpistas.

Seguimos sin saber por qué Rajoy se negó a dimitir en la moción de censura, impidiendo que se consumara la elección de Sánchez y el acceso de los golpistas al Gobierno, que desde entonces está a merced de los separatistas. Es una de las muchas deudas que el lamentable registrador de Pontevedra tiene contraídas con la opinión española y no parece dispuesto a pagar. Tampoco sabemos en qué términos se fijó el acuerdo del PSOE y los golpistas, aunque como ha recordado Xavier Salvador en Crónica Global se ajusta como un guante al pacto de Iglesias y Jonqueras en Can Roures. Da igual: los hechos acreditan el compromiso, más o menos explícito de un Sánchez que se niega a convocar elecciones para disfrutar del Falcon en sus asuetos veraniegos, aunque al precio de ignorar las actividades golpistas, cuando no las comparte mediante Batet, ministra del Golpe en su Gobierno.

Sin embargo, el aniversario del 17A, convertido por los separatistas en reedición del primero, con manifiesto desprecio a las víctimas, utilizadas como mero pretexto para recordar sus presos y reafirmarse en su proyecto de apartheid para media Cataluña y voladura del régimen constitucional, ha dejado tan groseramente claro el estado de sumisión a los golpistas en que Sánchez pretende seguir en la Moncloa año y medio, que puede decirse sin duda alguna que su Gobierno no sólo es ilegítimo –no ilegal- por incumplir la promesa que, en vez del programa de Gobierno, hizo en el Parlamento de convocar elecciones a la mayor brevedad posible (tan grave, decía, era la emergencia nacional tras la caquisentencia del bufete Garzón y Asociados) sino por negarse a cumplir sus obligaciones para con el Estado y la nación.

Las ofensas públicas al Rey no son personales

El Jefe del Estado ha sido sometido a un rosario de humillaciones –que parece considerar parte de su oficio, y no lo son- y ha sido defendido sólo por el PP y, muy especialmente, por Inés Arrimadas y C’s, que fue la fuerza más votada en las elecciones y con la que debería entenderse un Gobierno de España si no se hubiera forjado contra ella y para destruirla. Pero no sólo el PSC-PSOE ha aparecido como mero apéndice golpista sino el propio Gobierno, que se niega a cumplir sus obligaciones indeclinables. La primera, proteger al Jefe del Estado, de nuevo expuesto no sólo a unas humillaciones que no se le hacen a él en persona sino a todos los españoles, sino también a unas condiciones de inseguridad verdaderamente criminales.

La pancarta criminal contra el Rey

Criminal pantalla perfecta para un francotirador era la pancarta de quince metros que ha presidido el acto oficial para las televisiones de todo el mundo. Gracias a la actuación de un ciudadano ejemplar, Opazo, LD ha contado con todo detalle cómo eran mozos de escuadra los que la protegían en el mismo edificio usado para colgarla. Luego hemos sabido que se dio la orden de retirarla a las cinco de la mañana y se revocó a las seis, pero la fechoría fue luego defendida por Ada Colau y por el mismísimo consejero de Interior, un tal Buch, responsable de la seguridad del acto: “los mossos protegieron la pancarta contra el Rey porque hay libertad de expresión“, dijo o mugió en la radio golpista del Conde de Godó, ¡que godó que conde!

La única libertad respetable en Cataluña es la de los no nacionalistas que se enfrentan a la dictadura de los nacionalistas, estos fatuos matoncillos cebados con dinero público. Sin embargo, la gentuza que desde Torra a sus CDR injuria a diario como mujeres –sin que las femirrojas digan ni pío- y amenaza de muerte a Inés Arrimadas y otras representantes de Ciudadanos, es, por culpa del Gobierno anterior y en vez de una celda, la Generalidad catalana, máxima representación de ese Estado Español que Torra llama a combatir pero del que cobra, como sus S.A. y la mediocracia del Pessebre.

El Gobierno de España tiene el deber de proteger esa libertad, no la de agredir a los españoles, a sus instituciones y a sus símbolos, delitos penados que se niega a perseguir. Al revés. Torra ha perpetrado en apenas 48 horas tal cúmulo de fechorías que si Sánchez no fuera Falconetti habría roto cualquier relación con él y convocado elecciones generales, ya que depende de una mayoría parlamentaria que, ay, del hilillo de Torra pende.

La ministra de Justicia, con Torra

Recordemos: ese desafortunado cruce entre Popeye y Cocomocho no fue al recibir al Rey, luego le plantificó delante a la mujer del golpista Forn, el que distinguía tras el atentado entre muertos catalanes y españoles, convirtió oficialmente los actos que debían homenajear a las víctimas en algaradas en favor de los golpistas presos y del propio Golpe, ha llenado los medios de declaraciones injuriosas y ha llamado a combatir al Estado que oficialmente representa, y, por último, pero en primer lugar por su gravedad, ha respaldado la carta de Junqueras y demás patulea reclusa acusando al Estado, a través del CNI, del propio atentado de las Ramblas.

José García Domínguez ha analizado en un soberbio artículo de LD la repugnante fechoría moral del masajista de Soraya Sáenz del Diálogo. Pero un Gobierno no puede quedarse en el aspecto moral. Debe asumir en el ámbito legal una atrocidad como la que se le imputa a un órgano que él dirige, el CNI, y responder de inmediato. Lo ha hecho y precisamente la que debía, la ministra de Justicia, pero para elogiar calurosamente a Torra.

Mucho le debe el Gobierno a Garzón, pero no tanto como para hacer ministra a su entrañable. La entrevista en la SER tras el 17A prueba que si Delgado es, en lo político, una calamidad; en lo intelectual es una nulidad, y encima cursi, a lo Colau, lo que no encarece su excelencia como fiscal. La actuación de Torra, que incluyó un mitin de apoyo a los golpistas frente a la cárcel de la que no se atreve a sacarlos –lástima, volverían juntos- le pareció “correcta”; la pancarta contra el Jefe del Estado, que ha aparecido en las televisiones de todo el mundo, “no alteró el acto”; en fin, la siniestra exculpación del Islam a cargo de Gemma Nierga, otra nulidad perita en pedir diálogo con el terror y que tuvo que recurrir al Sisa de Zeleste y a su “Qualsevol nit pot sortir el sol” para hacer como que decía algo, “le gustó muchísimo”. Vamos, una cursi rematada, rendida políticamente al Golpe. Como El País, convertido en el “Izbestia” del Gobierno de Falconetti.

La utilidad mediática de la masacre

El balance de este aniversario de la masacre de las Ramblas no puede ser más triste. Ha quedado impune, mediática y políticamente, la gravísima responsabilidad de la alcaldesa Colau, que se negó a poner los bolardos que había pedido la Policía nacional. También la de los Mozos de Escuadra que recibieron alarmas desde Bélgica y los USA sobre los islamistas y sobre el atentado inminente “in a street named La Rambla” pero nada hicieron para impedirlo. Peor: tras la explosión de Alcanar, un mozo chulito echó de la escena del crimen a la mismísima jueza; y otro, no sabemos quién y nadie pregunta, mantuvo una larga conversación telefónica con el conductor de la furgoneta criminal. Por no hablar del fusilamiento en campo abierto de los terroristas, a los que no se intentó siquiera capturar para averiguar datos sobre la organización y el propio atentado que hubieran sido muy útiles.

Pero es que, para entonces, como se ha vuelto a ver en el aniversario, la utilidad de la masacre era servir de plataforma mediática internacional al Golpe de Estado. Un año después, todo sigue impune, todo parece igual, todo, Falconetti mediante, está muchísimo peor.

PD: La canción de Sisa dice: “Oh, benvinguts, passeu, paseu; / de la tristor en farem fum; / à casa meva es casa vostra /si es que n´hi ha casa de algú”. O sea: “Bienvenidos, pasad, pasad; / convertiremos la tristeza en humo; / mi casa es vuestra casa, / si es que hay casa de alguien”. Más o menos lo que dice Torra contra “los que hablan la lengua de las bestias”, los que llaman “mala puta” a Arrimadas o “que se vaya a Jerez”, los que reciben amablemente a todos pero quieren echar a media Cataluña. Es lo que va de la Barcelona de los 70 a la Cataluña actual. Sólo una indigente intelectual citaría esta canción para un fin tan opuesto al que le vio nacer.

Estado del Golpe de Estado de otoño de 2017 en el verano de 2018 (I):

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Iglesias consulta a sus bases, pero no sobre Cataluña. -Liberal Enfurruñada/OK Diario-

Rajoy telefoneó este sábado a Sánchez y a Rivera para consensuar la opción de mantener el control sobre Cataluña, sin permitir que decaiga el 155, después de que Torra nombrase como consejeros a dos encarcelados y a otros dos huidos. Rajoy llamó también el jueves a Iglesias, que lo explicó en su Twitter: “He hablado con Mariano Rajoy. Hemos acordado vernos en los próximos días para hablar de Cataluña”. Pero ese mismo día OKDIARIO daba la primicia del casoplón que se ha comprado a medias con la portavoza Irena Montera y, claro, desde entonces anda tan liado que no está para otra cosa que para atender a los muchos detalles que necesita una mansión de esta categoría.

A largo plazo no tendrán problemas para pagar los más de 700.000€ gastos incluídos, que costó la lujosa finca. Cuentan con el impresionante patrimonio inmobiliario que heredarán de los sesentañeros padres de Pablo, seis inmuebles valorados en más de un millón de euros. Parecen muchos para que se pueda decir que son todos “para vivir y no para especular”, que es la diferencia que Pablo e Irena ven entre la adquisición honrada de patrimonio y la vergonzante. Pero para el corto plazo se han tenido que agenciar un préstamo hipotecario. Y lo han hecho fenomenal, porque se lo han dado en unas condiciones espectaculares, financiando el 90% del precio de adquisición a un tipo de interés del 0,5% que es casi regalado. Todo esto debe haberles tenido muy ocupados para andarse con reuniones ni sobre Cataluña ni sobre nada.

Y lo peor les viene ahora, porque ese palacio no se prepara en dos días, que son 268 m2 de vivienda en 2.352 m2 de parcela. Contratarán a un decorador que les ayude a encontrar su estilo, bolchevique y revolucionario, pero al final el color de las paredes, la tela de las cortinas, las alfombras, la iluminación…, son mil detalles de los que o están encima o luego no estarán a gusto en su dacha. Por la mudanza no tienen que preocuparse, porque del pisito en el que la pareja vive en Rivas no van a poder aprovechar nada para su nuevo palacio, mejor tirarlo todo. Aun así con la decoración no habrán acabado, esa parcela tan grande o estás encima todo el día o en una semana se te convierte en una selva tropical. Tendrán que contratar a un jardinero. Y ya puestos a seleccionar, necesitarán a alguien para el servicio doméstico, limpiar tantas habitaciones, planchar, cocinar, etc. y encima los dos trabajando. En esas urbanizaciones de lujo también puede ser que necesiten contratar seguridad y un chófer que les lleve y les traiga a Madrid. Y las niñeras hay que empezar a buscarlas ya, que luego el tiempo se echa encima. Así que lo de Cataluña ya si eso tendrán que dejarlo para otro día.

El “proyecto familiar”, que es el original nombre que los podemitas le han puesto a su casoplón, es una mansión que les sitúa ya cerca de sus admirados Fidel Castro, Hugo Chávez o Nicolás Maduro. La diferencia es que los otros se convirtieron en millonarios ostentosos después de alcanzar el poder y estos nuestros han empezado antes. Este domingo, el presidente títere puesto a dedo por el fugado Puigdemont; el nazi, racista y xenófobo Quim Torra, ha declarado que si se mantiene el 155 se “provocará una crisis institucional de dimensiones considerables”. Pero Pablo Iglesias igual no se ha enterado, porque él está con lo de consultar a sus bases si debe seguir al frente de Podemos, dado que se cuestiona su coherencia. Pablo a lo suyo.

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España,mírate. -Daniel Ari/Hilo twittero-

A todos los que estáis acojonados y acongojados con la llegada de Torra a la Generalidad: no lo estéis. Es una magnífica noticia. Después de 40 años viviendo bajo el chantaje permanente de indepes de distintas regiones, y de barrer la mierda bajo la alfombra,es bueno que la pus se haga visible y los españoles la vean y la huelan. Solo así se puede poner en funcionamiento el sistema inmunológico de la nación, que hasta ahora permanecía dormido. Es bueno que España despierte de su mortal indiferencia.

Hasta hace apenas 3 años, los sediciosos de hoy solo querían tensar y tensar la cuerda para obetner más dinero y privilegios. Los separatas catalanes y vascos formaban parte del paripé de los “hechos diferenciales” con los que se mantenía el chiringuito autonómico.

Cuanto más presionaban, cuanto más hacían las víctimas, más les daban los mal llamados “partidos constitucionalistas” bajo la excusa de que había que ser sensibles a las diferencias. Ese era el negocio. Porque los separatas tiraban de la cuenda, pero TODOS ellos se beneficiaban.

Más privilegios, más puestos en la administración, más presupuestos de los que robar a manos llenas y sin control, etc. ¿O ya nos hemos olvidado del “España es un concepto discutido y discutible” de ZP y del “España es una nación de naciones” de Sánchez?

¿O ya nos hemos olvidado de que tanto el PSOE como el PP han venido financiando con dinero de los españoles a los chantajistas a cambio de nada? ¿O de que el mismo PP apoya la exclusión de los castellano hablantes en Mallorca y en Galicia?

El guión era ese: chantajear, cobrar, llorar, cobrar, chantajear, cobrar. Indefinidamente. Pero hubo un punto de inflexión. En un momento determinado, a los socios del chiringuito se les cruuzó la CUP. Cuatro gatos en el parlamento catalán que querían más.Y sin los cuales todos estos imbéciles de JuntosPorSuPutaMadre no podían gobernar. Y entonces se empezó a torcer el guión.

Hubo un momento en que la oligarquía catalana, representada por CiU, ERC, etc., tuvieron que elegir entre seguir tensando la cuerda y perder votantes o echarse al monte para no quedarse fuera de la foto.El resultado de esta deriva es que una parte importante de la población catalana, a los que ellos mismos adoctrinaban en las escuelas públicas catalanas mientras mandaban a sus propios hijos al colegio alemán,es hoy víctima de una histeria o psicosis colectiva. Les habían prometido una y mil veces el shangri lá, les habían dicho hasta la saciedad que eran más buenos y mejores, pero que no lo podían disfrutar porque estaban oprimidos por una raza de catetos fascistas y,ya completamente infantilizados, los del lacito amarillo no piensan soltar el hueso que les habían dado para roer durante tantos años. Si les dejas sin hueso, les dejas sin su falsa identidad y sin sus ilusiones.

A veces las grandes oportunidades vienen envueltas en mucha mierda. Solo hay que saber identificarlas y aprovecharlas. En manos de los españoles, solo en nuestras manos, está deshacernos de toda esta basura, la de Moncloa,la del Congreso y el Senado, y la de los miles y miles de oportunistas y chupópteros que viven de la cosa autonómica. Quitaos las vendas y mirad a vuestro alrededor. En Cataluña no hay gobierno y no pasa nada.

Tanto Cataluña como las demás regiones de España pueden sobrevivir perfectamente sin autonomías. No nos benefician en nada. Solo nos dan problemas, solo aumentan las desigualdades entre españoles, solo se llevan miles de miles de millones de euros al año que podríamos dedicar a temas más importantes y causas más nobles.

Aprovechemos que la pus apesta, que más y más gente empieza a ver que el rey está desnudo, para mandar a toda esta mafia de la partidocracia a su casa. A todos. Desde el PP hasta Bildu, pasando por Cs.Todo partido que no plantee la disolución del estado de las autonomías es porque tiene intereses en ese negocio y, por tanto, es enemigo de la nación. Lo es, al menos, para mí.

¿Os quejáis de los casos de corrupción de todos estos partidos? Pues os digo una cosa: ni sumando todos los casos de corrupción más célebres, los del PSOE en Andalucía y Valencia, los del PP en Valencia y Madrid, los de los separatas en Cataluña, os acercáis a un 1% de la corrupción anual que supone la existencia del estado de las autonomías. Corrupción legal, pero la más grandísima de las corrupciones. La madre de todas las corrupciones.

Mirad a vuestro alrededor. Abrid bien los ojos. No déis por sentado que toda esta mierda es eterna. Aproveche¡mos las oportunidades que se nos brindan. Mandémoslos a todos a su casa, de donde nunca tendrían que haber salido.

Merecemos algo mejor. Y tenemos más fuerza de la que creemos. Pero unidos. Anotad esta palabra: UNIDOS. Exactamente lo contrario de lo que todos estos políticos hacen con nosotros a cuenta del estado autonómico. UNIDOS. Acordaos.

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Rajoy dimite de España. -Fran Carrillo/OK Diario-

Cuesta creerlo. Pero hoy el Gobierno de España es quien sostiene al independentismo catalán. No debieron en Moncloa leer a Burke cuando esgrimió aquella incontestable sentencia que acusaba del triunfo del mal a la dimisión de los hombres buenos. Tampoco pasó por sus estantes las advertencias de Zweig alertando del miedo irracional que promueven entre las asustadas masas los líderes mesiánicos. Conservador como el filósofo irlandés, el presidente prefiere ver los hechos antes que ordenar acciones. Sigue tensando la cuerda de los tiempos antes que liderar conforme a un mandato establecido. Todo lo dejan a Llarena, que está haciendo de Llarena y de Rajoy, pero es el Gobierno central quien debe frenar al gobierno protofascista de Cataluña. Y no parece estar por la labor. Cada investidura en el Parlament constata la apuesta sectaria de un nacionalismo que ha devenido racista en fondo y formas.

La hemeroteca digital separatista es una anécdota en el sentir histórico de un movimiento marcado por el estigma del odio. Las Bases de Manresa consolidaron a fines del XIX la arquitectura supremacista que hoy vemos. En esta nueva Renaixença totalitaria, el nacionalismo se quita las prepotentes caretas que siempre le han caracterizado y que el falso sentido de Estado que nos vendió el pujolismo durante años tuvo escondidas. Su relato atávico, que rebusca en el pasado un supuesto ADN superior, influye en tanta gente porque la contraparte hace mutis por el foro. La exclusión manifestada en el discurso de impostura de Torra no es una escisión en la historia del independentismo de butifarra. Antes incluso que los nazis, ya hubo quién escribió del superhombre catalán, la raza catalana y demás perlas étnicas supremacistas. Así, Pompeu Gener, un publicista barcelonés de principios del XX, decía: “No podemos ser mandados por los que nos son inferiores. Somos catalanistas y no regionalistas porque el regionalismo supone iguales derechos y eso es falso. Como hombres —los catalanes—, valemos más” (‘Herejías’, 1903).

Da miedo. Porque toda limpieza étnica, propia de un sentir ideológico totalitario, empieza por las palabras. Cualquier intención de borrar al disidente siempre ha comenzado con el lenguaje. Una vez normalizado el discurso de hegemonía racial, la acción posterior será un mero cumplimiento del programa político. Agrieta las carnes escuchar a un subordinado del Estado proferir insultos y manifestaciones xenófobas contra la población que ahora tiene que representar. Ese “la república somos todos”, repetido sin cesar por Torra en su kukluxkaniana intervención, en un trasunto versallesco de “El Estado soy yo”, manifiesta que no hay plan fuera de ella en el independentismo. Pero cuando todo es república, nada es república. Se constata, en fin, que vivimos en la política inédita, que supera los estadios de comprensión que la posmodernidad garantizaba. Se les has dado tanto, se les ha permitido tanto, que ahora se sienten legitimados a no renunciar a nada, aunque nada sea lo que debieran conseguir por la vía de la ruptura y la rebelión.

El gobierno, este gobierno, sigue creyendo que podrá apaciguar a los golpistas porque, en su raro proceder, hay un elemento de persuasión que lograrán entender. Pero no hay manera de derrotar al nacionalismo por vía de la seducción. La historia nos dice que las armas o la ley, o la combinación de ambas, acaba por triturar la resistencia del sedicioso. El fascismo se acabó cuando se liquidó a los líderes fascistas, no seduciendo a sus seguidores. El régimen nazi murió definitivamente cuando se detuvo a los líderes que sobrevivieron al asedio de Berlín, no construyendo campañas de tranquilización de masas. Al golpista no se le dan palmadas en el hombro. Se le detiene, se le procesa, se le juzga y se le condena. Pero quien debería tener los redaños de hacerlo ha dimitido de España.

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Declarar la independencia tiene que volver a ser delito. -Liberal Enfurruñada/OK Diario-

En 1995 el PSOE de Felipe González rectificó el Código Penal para que declarar la independencia sin violencia no fuera delito. En 2005 el PSOE de Zapatero eliminó del Código Penal el delito de convocar referéndums ilegales. El Partido Popular ha tenido mayorías absolutas con Aznar desde el año 2000 hasta el 2004 y con Rajoy del 2011 al 2015. Supongamos que mañana mismo Torrent convoca un pleno urgente del Parlamento catalán cuyo único punto del orden del día sea declarar la independencia de la República de Cataluña, obedeciendo el mandato del referéndum ilegal del 1-O, dejado en suspenso por Puigdemont, decisión que imaginemos que es aprobada por la mayoría independentista. Inmediatamente el presidente títere Torra sale al balcón, quita todas las banderas, coloca sólo la estrellada y declara la independencia. Así, sin gastar ni un euro de fondos públicos y sin el menor atisbo de violencia ni tumulto ninguno.

Torrent y Torra se podrían ir esa noche a dormir tranquilamente a sus casas, después de celebrar su audacia con una buena cena en el mejor restaurante de Barcelona, porque nadie podrá acusarlos por el golpe de Estado que han dado, ni por rebelión, ni por sedición ni por malversación. Tan sólo se les podrá acusar quizá por prevaricación y desobediencia, si el Gobierno de España y los tribunales han estado veloces para impugnar la convocatoria del pleno y sus acuerdos, delitos que sólo conllevan penas de inhabilitación y multa, que en ningún caso serán efectivas hasta la firmeza de la condena. A lo mejor PP, PSOE y Cs conseguirían ponerse de nuevo de acuerdo para aplicar otra vez el artículo 155 de la CE y así destituirlos a los dos mientras se inicia el larguísimo proceso judicial que en ningún caso podría enviarlos a la cárcel.

No es ciencia ficción, es un anuncio de lo que va a pasar en Cataluña si el Gobierno del Partido Popular no está hábil y se pone de inmediato a reformar el Código Penal que se ha demostrado absolutamente inútil para atajar una declaración de independencia no violenta ni tumultuaria. Torra puede acabar en la cárcel si conduce su coche a una velocidad excesiva o con dos copas de más, pero no por dar un golpe de Estado. Ya hemos visto las dificultades que está teniendo el juez Llarena y lo controvertidas que están siendo sus decisiones, por culpa del Código Penal que le han dado nuestros nefastos políticos. Y eso que a Puigdemont y sus secuaces la cosa se les fue de las manos y se produjeron los tumultos violentos que harán que den con sus huesos en prisión. Pero ese error no lo cometerán dos veces, el Gobierno de España tiene que estar preparado.

Y no sirve la excusa de no tener mayoría suficiente. Igual que se consiguió el consenso del PSOE y C´s para la aplicación del artículo 155, Rajoy tiene ahora la responsabilidad de convencerles de que, cuando ocurra lo que sin la menor duda va a pasar, los votantes no vamos a perdonar a quienes sean responsables de que el nuevo golpe de Estado quede impune por haberse negado a realizar las reformas legales necesarias. Eso es ahora lo más urgente, aunque evidentemente no sería suficiente para revertir este proceso. Mientras no tengamos un gobierno valiente y con la mayoría suficiente para retirar las competencias en Educación y cerrar TV3, tan sólo podemos esperar a que el lento pero incesante proceso de empobrecimiento económico al que los golpistas están conduciendo a los catalanes haga que dejen de votar a los independentistas que están arruinando a todos los catalanes.

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Mucho cuidado con las alucinaciones colectivas. -Jesús Laínz/LD-

A partir de 1918, Carl Jung observó que los sueños de muchos de sus pacientes alemanes, a diferencia de los de otras nacionalidades, se caracterizaban por elementos comunes inexistentes antes de la guerra. Aquellos sueños manifestaban primitivismo, violencia y crueldad, perturbaciones que, en su opinión, no eran atribuibles a la psicología individual de sus pacientes, sino a agitaciones en el inconsciente colectivo del pueblo alemán. Jung lo atribuyó a la derrota en la Gran Guerra, que había provocado una inmensa frustración, el deseo de venganza y el reforzamiento del instinto gregario de una Alemania “víctima de un movimiento de masas desatado al soliviantarse las fuerzas que dormían en lo inconsciente, dispuestas a romper todas las barreras morales”.

El principal problema se encontraba precisamente en el carácter masivo del fenómeno, pues ante este tipo de circunstancias los individuos se unen como atraídos por una fuerza magnética, dando lugar a una masa. Y, según Jung,

cuanto mayor sea el número de individuos que se juntan, tanto más se disuelven los factores individuales, y en consecuencia también la moralidad basada en la libertad del individuo.

Como ya había señalado Gustave Le Bon un par de décadas antes en su clásico La psychologie des foules, el hombre disuelto en la masa desciende a un nivel intelectual y moral inferior, en el que la razón estorba y las barreras desaparecen. Por eso Jung advirtió sobre el cambio de carácter de las personas cuando irrumpen las fuerzas colectivas: una persona apacible y razonable puede llegar a transformarse en un maniaco furioso o en un animal salvaje. Además, el hombre-masa se escuda en la cantidad para justificar cualquier cosa: si lo creen muchos, será verdad; si lo quieren muchos, es digno de ser conseguido; si lo desean muchos, hay que obligar a los demás a aceptarlo por las buenas o por las malas.

Un caso más cercano, y todavía más evidente por no haber necesitado de las fuerzas del subconsciente para manifestarse, es el del nacionalismo vasco, doctrina política que ha conseguido inocular en varias generaciones de vascos la alucinación de que forman parte de una nación invadida por España. Algunos establecen el origen del “conflicto” –ese conflicto que es el único culpable de los crímenes de unos etarras obligados a asesinar en contra de su voluntad– en tiempos tan alejados como los visigóticos o incluso los romanos. Por ejemplo, esto fue lo que Kándido Azpiazu declaró a El País en 2001 para justificar el haber asesinado al concejal de UCD Ramón Baglietto dieciocho años después de que éste le salvara la vida al arrebatarle de los brazos de su madre instantes antes de que fuese atropellada por un camión:

Yo no soy un asesino. Yo he matado por necesidad histórica, por responsabilidad ante el pueblo vasco, que es magnífico, que tiene una magnífica cultura, que habla una de las lenguas más antiguas de Europa, que nunca fue vencido por los romanos, ni por los visigodos, ni por los árabes.

La cosa se había acercado un poco más en el tiempo cuando Sabino Arana fijó en el siglo IX, en la inexistente batalla de Arrigorriaga, el momento en el que los vascos rechazaron la primera invasión española, finalmente triunfante a lomos del caballo de Espartero mil años más tarde. Y tras aquella invasión de 1839 llegaría la reinvasión de 1876 y la definitiva de 1937. Porque, por algún motivo todavía inexplicado, la entrada de las tropas franquistas –en gran medida vasconavarras, para mayor ironía– en las Provincias Vascongadas significó una invasión por parte de un país extranjero. En ninguna otra región de España sucedió algo semejante. Solamente allí. Y de ahí viene lo de las “fuerzas de ocupación” que justifican el nacimiento de la ETApara expulsarlas. Es decir, cientos de miles de vascos han vivido durante décadas –y siguen viviendo hoy– convencidos de que 1937 fue para ellos lo que 1808 para todos los españoles: el momento en el que el ejército de un país extranjero les invadió y en el que nació la obligación de los patriotas de levantarse en armas contra el enemigo. Así de sencillo. Y que nadie se ría de esta alucinación colectiva, pues cerca de mil personas han muerto asesinadas a manos de los desquiciados que se la han creído. ¿Se necesitan pruebas de que siguen creyéndosela? Véase cómo ahora, en el momento de escenificar su autodisolución, siguen exculpándose con el argumento del “conflicto”. La culpa de sus crímenes la tienen los demás. Es decir, España.

Lo mismo sucede ahora en Cataluña. El primer paso, heredado del catalanismo clásico de hace un siglo, fue el meticuloso diseño totalitario de Pujol. Pues, a través de la escuela y los medios de comunicación, logró convencer a millones de catalanes de la alucinante patraña de que España invadió Cataluña en 1714. Por supuesto, partes esenciales de la agresión española, como en el caso vasco, son la Guerra Civil y el régimen franquista, perpetuamente agitados para envenenar cada día un poco más a los contagiados. Otro paso esencial ha sido el “España nos roba”, tan eficaz para agitar a las masas en la recta final hacia el referendo ilegal. Y la delictiva parálisis de los sucesivos Gobiernos españoles desde Suárez hasta hoy, culpables de que España no sea un Estado de Derecho aunque lo proclame el papel mojado constitucional, ha acostumbrado a gobernantes y ciudadanos catalanes a creerse por encima de la ley. Por eso ha sido tan fácil provocar ahora en millones de personas una nueva, definitiva y letal alucinación: los presos políticos.

En la emponzoñada Cataluña de hoy no sirve de nada explicar que Junqueras y compañía no son presos políticos, sino políticos presos. Porque serían presos políticos si estuvieran entre rejas por sostener ideas políticas prohibidas. Pero no están presos por eso, sino por haber quebrantado algunos artículos del Código Penal. El hecho de que ejerzan de políticos es irrelevante, pues lo mismo habría sucedido si hubiesen sido cirujanos, taxistas o agricultores. En Cataluña hay millones de personas, presas de la alucinación colectiva inoculada por la propaganda separatista y contagiada inconscientemente por la fuerza del número, incapaces de comprender tan sencillo razonamiento. Si sólo lo demostraran adornando clónicamente sus solapas con el lacito amarillo, el problema no sería grave. Pero su indignación contra España, su desprecio hacia los demás españoles, su sorpresa con los catalanes que no comparten su alucinación, su fanatismo, su irracionalidad, su agresividad, su odio y su violencia crecen cada día.

Veremos en qué acaba todo esto. Pero muy probablemente no acabe nada bien.

Torra es ilegítimo, Rajoy se ha deslegitimado. -F.J. Losantos/LD-

Plácido Fernández-Viagas, letrado del parlamento andaluz e hijo del primer presidente de la Junta de Andalucía, luego senador por el PSOE y miembro del CGPJ, publicó ayer en El Mundo un gran artículo que, a mi juicio, ilumina la gravedad de la situación institucional española tras la proclamación del candidato “limpio” que buscaba Rajoy y que ha resultado ser un racista redomado llamado Torra, cuyo discurso de investidura fue una burla al Estado, un reto a los jueces y una llamada al conflicto civil entre catalanes, que son los separatistas, y los “fascistas españoles que viven en Cataluña”, más de la mitad de los votantes que no aceptan el apartheid antiespañol. Nunca se vio con tal claridad la condición criminal del proyecto separatista y la gravísima responsabilidad de las instituciones españolas si lo aceptan.

La ilegitimidad del nombramiento de Torra

Aunque Rajoy, empeñado en conseguir, para evitar nuevas elecciones, un gobierno de la Generalidad a cualquier precio, salió de inmediato a decir que “no le gustaba” el discurso de Torra, pero que aguardaba a “sus hechos”, la elección de alguien que anuncia que proseguirá el golpe de Estado plantea un problema no sólo ético -¿debe firmar el Rey el nombramiento de alguien que insulta a los españoles y proclama su empeño en la ilegalidad?- sino legal y político: ¿es legítima la elección de Torra con un programa guerracivilista?

Tres son los aplastantes argumentos de Fernández-Viagas. El primero es el del nombramiento de Torra y su elección por el Parlamento regional.

“¿Reúne los requisitos necesarios para superar los límites impuestos por la aplicación del artículo 155 de la CE? Es muy dudoso la verdad, sobre todo si se tiene en cuenta que participar en un proceso de carácter delictivo lo impediría claramente. No se puede incidir en una rebelión y, al mismo tiempo, presidir una de sus comunidades autónomas. Un Estado serio no puede aceptar, por comodidad, miedo, prudencia incluso, una actuación fraudulenta contra su ordenamiento jurídico.”

A partir de ahí, esgrime tres argumentos. El primero, la continuidad de la actividad delictiva de Puigdemont, expresamente exhibida por ambos:

“La candidatura de Quim Torra ha sido impuesta por un señor, Puigdemont, que está encausado por hechos susceptibles de ser tipificados como rebelión, conspiración para la rebelión, o sedición, y que se considera aún presidente legítimo de la Generalitat. Más grave aún, pretende utilizar a Torra como un elemento meramente ejecutor de su proyecto calificado como delictivo. Si es consciente el candidato de todo ello, y no parece muy tonto, debería tener en cuenta que nuestro Código Penal cuando determina la responsabilidad criminal señala, en su artículo 29, que “son cómplices los que, no hallándose comprendidos en el artículo anterior, cooperan a la ejecución del hecho con actos anteriores o simultáneos”, algo en lo que podría incidir claramente Quim Torra. ¿Cómo puede considerarse, entonces, legítima una propuesta dirigida a consolidar una rebelión?”

El segundo argumento, aunque no lo cite el artículo, cabría integrarlo en la instrucción del Juez Llarena en el Supremo y el agravamiento del delito:

“Sería disparatado no tener en cuenta que los efectos de los delitos de que viene acusado el señor Puigdemont no han sido consumados. Sus propios autores recuerdan que su único objetivo es “implementar la República”. Y en ese propósito se enmarcan las actuaciones que vienen realizando a nivel internacional, los distintos hechos de resistencia, activa y pasiva, que se desarrollan en Cataluña y, sobre todo, la enorme campaña que su aparato de propaganda, desde medios oficiales incluso, sigue protagonizando. El proyecto criminal, de existir, se encontraría en una fase decisiva, la de consolidación del enfrentamiento con parálisis de nuestro aparato estatal.”

Y el tercer argumento, escrito -ojo- antes del discurso de investidura de Torra, plantea el problema de fondo: la “vuelta a la normalidad”… golpista:

“Para restablecer la legalidad constitucional no basta con la elección de un “presidente limpio” de imputación penal. Es ridículo siquiera plantearlo, lo que es necesario es que no participe en forma alguna en hechos que, en su día, pudieran merecerla. Y lo cierto es que el señor Torra está siendo utilizado de manera instrumental en hechos muy posiblemente constitutivos de un delito de rebelión, que el Estado no puede tolerar.”

Evidentemente, si los tres argumentos bastaban y sobraban para rechazar la investidura del candidato por lo que había manifestado antes de la sesión de investidura, el discurso de Torra despreciando la Ley, retando al Estado e insultando a los partidos españoles de Cataluña, lo convierten en absolutamente intolerable. Nadie que acepte la investidura de Torra podrá decir que no participa en el Golpe, porque lo hace. A PP y PSOE, que han hecho del borrón y cuenta nueva la política ante el golpismo catalán, les resultará difícil rectificar, pero si Ciudadanos mantiene -debe hacerlo- la ilegitimidad de la investidura de Torra, Rajoy y Sánchez serán socios de sus fechorías, al mismo nivel de Podemos. Pero el partido más afectado es el del Gobierno.

Ni normalidad, ni legalidad: insurrección que pagan los españoles

El “manejo magistral de los tiempos” de Rajoy, que tanto elogiaban sus turiferarios cuando tuvo una mayoría absolutérrima y no la usó para nada, se ha revelado como una pereza pavorosa a cualquier compromiso con la acción de Gobierno, que es para lo que está en la Moncloa. La vergonzosa dejación de funciones ante el separatismo catalán durante casi seis años, los que consigna Llarena en la instrucción del caso contra los golpistas, ha sido fundamental para que la situación haya desembocado en esto: la designación de un racista por un forajido para representar al Estado Español en Cataluña.

Pero Rajoy tiene un problema: al entregarse de pies y manos al separatismo para tirar año y medio en La Moncloa, sin otro plan que el de su particular y exclusiva supervivencia, sus socios debían procurar no delatarle. Urkullu lo ha hecho al elogiar su “sensibilidad” con los asesinos de la ETA, y ahora la famosa estrategia del “candidato limpio” desemboca en este Torra, que empieza re-proclamando la República, despreciando la Constitución e insultando a los españoles de Cataluña, en los que antaño tenía votos el PP.

Torra ha dejado en ridículo a Rajoy y a Pedro Sánchez a las primeras de cambio. Y le ha servido a Rivera el menú completo para hartarse de votos del PP y el PSOE, indignados por su actitud ante el golpismo vasco y catalán. La estrategia “normalizadora”, de la que Rivera supo salirse a tiempo y que Arrimadas enterró ayer con otra gran actuación simbólico-parlamentaria, es un filón electoral sencillamente inagotable para Ciudadanos. Cada fechoría que haga Torra, y las hará a diario, porque es un fanático racista y místico, genuinamente pujolista, como explicaba ayer su examigo Miquel Giménez en Vozpopuli, se cargará en el debe de Rajoy; y en el de Sánchez; y en el de Podemos, porque comunismo y racismo separatista nunca encajan del todo.

El dilema del Rey

Por último, por si faltaba algo, está el dilema del Rey, que apareció en televisión justo cuando, por la deserción bipartidista, ganaba el golpismo y sacó a la calle a la nación española, mostrando la inmensa fuerza que atesora y los partidos desprecian. Afrentado institucionalmente por Torra, que además participó en un escrche contra él, debe firmar (o no firmar) su nombramiento como representante en Cataluña del Estado que quiere violentamente destruir. Porque cuando Arrimadas dijo que Torra no venía a presidir la generalidad sino los CDR dijo exactamente lo que va a hacer: la máxima violencia contra los catalanes no nacionalistas y el máximo desafío al Estado.

¿Y puede el Rey hacerlo como si estuviera respaldando cualquier nombramiento del Gobierno en el ejercicio de su papel constitucional? Dicho de otro modo: ¿es constitucional colaborar con el golpe anticonstitucional? No me extrañaría que, por prudencia y previendo violencias futuras, el Rey retrasara la firma del decreto de nombramiento de Torra como representante del Estado hasta tener un informe del Consejo de Estado sobre la legitimidad de ese nombramiento. Sólo entonces, si fuera positivo, debería firmarlo. En mi opinión, por las razones dadas al principio -o sea, tomadas de Fernández-Viagas- no debería hacerlo. En todo caso, y respetando la difícil decisión que tome, un gesto formal de reprobación sería necesario.

Y si Rajoy y Sánchez se atreven a alegar que eso es salirse de sus funciones, que se preparen. Todos hemos vimos que tuvo que salir en televisión porque ellos no las cumplieron, ni las cumplen, ni piensan hacerlo. España ha entrado en un terreno pantanoso por su personal y política cobardía. Ya veremos cuándo y cómo podemos salir.

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El traidorzuelo impune. -Emilio Campmany/LD-

Entremetido en el publirreportaje que los medios de comunicación han hecho a la ETA con ocasión de su performance, se ha sabido que Mariano Rajoy estuvo cumplidamente informado de la negociación con ETA que Zapatero protagonizó. No sólo, sino que, aunque respaldó en privado el regateo, advirtió de que no lo apoyaría públicamente por temor a la reacción de su electorado. Además, con desvergonzada desfachatez y para mayor oprobio de su memoria, se opuso públicamente a la negociación. Ahora se nos cuenta la milonga de que Rajoy simplemente se dejó informar. No es cierto. Si de verdad se hubiera opuesto a lo que no fue otra cosa que una bajada de pantalones del Estado ante una banda terrorista, habría denunciado lo que le fuera contando el Gobierno para sabotear la negociación. Al contrario, lo que hizo fue colocarse en una posición de la que pudiera beneficiarse pasara lo que pasara. Si la negociación salía bien, él no sería responsable de las concesiones hechas. Y si fracasaba podría decir que desde el principio se opuso a ella. Lo peor de esa actitud no es lo despreciable que es. Lo peor es que obligó a Zapatero, otro que de principios no anda sobrado, a triunfar, esto es, a conceder tanto cuanto fuera necesario.

Por su parte, Rajoy lleva en el pecado la penitencia y ahora no tiene otro remedio que hacer patente su traición y cumplir los compromisos de Zapatero por no arrostrar las consecuencias de un retorno de la violencia. Cobardón como es, nunca se arriesgaría a tal cosa, por indigna que fuera la actitud a adoptar.

Es sencillamente inaudito que semejante traición, que incluye no confesar las cesiones hechas a ETA, no sea debidamente recriminada en los medios de comunicación. Al contrario, la mayoría de ellos colaboran con aparentar la imposible ficción de que ETA, tras una negociación, deja de matar y se disuelve sin ninguna contrapartida. Mientras, Josu Ternera, libre como los pájaros, se asoma a nuestras televisiones, los presos de ETA van saliendo de la cárcel según diversos expedientes, los crímenes de la banda no se investigan y apenas hay detenciones, si es que hay alguna. Encima, Navarra se desliza suavemente hacia la euskaldunización a vista, ciencia y paciencia de PP y PSOE y entre la indiferencia del resto de los españoles –incluido Ciudadanos–, poco dispuestos a batirse el cobre por una región que, gracias al convenio económico, disfruta de unos privilegios fiscales que la sitúan a la cabeza de la renta per cápita española.

Nuestro empeño en dar crédito a los medios de comunicación y en no enterarnos de la traición de la que hemos sido víctimas tiene por objeto evitarnos asumir la indignidad que nos han traído Zapatero y Rajoy. No nos damos cuenta de que tal comportamiento nos hace igualmente indignos. Me da vergüenza tener a este presidente. Pero más me la da el que casi nadie lo denuncie y que los españoles no queramos escuchar a los pocos que lo hacen.

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