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De inevitable a inaplazable -Hermann Tertsch/ABC-

“A estas alturas no hay formas intermedias. La desprogramación de la secta separatista debe hacerse de un modo activo, con un 155”. Estas sabias palabras de Albert Boadella, un catalán que anunció la catástrofe desde que su lucidez vio los preparativos, son una vez más rotundamente ciertas. Pero se queda corto con la receta porque es probable que el 155 ya no sea suficiente para acabar con lo que se debió acabar desde hace lustros ya todos los días. Como todos los días aumenta el coste de una intervención para restablecer la ley.

Quienes hoy pretendan que la vuelta a la legalidad pasa por la negociación con las fuerzas separatistas o no se enteran o creen beneficiarse de la falta de normalidad. O directamente pretende ayudar al golpismo antiespañol como los comunistas de Podemos, para los que todo éxito propio pasa por el desmembramiento de la nación. La cúpula golpista de la Generalidad es irrecuperable para la legalidad. El restablecimiento de la ley en Cataluña es imprescindible para que toda España pueda dedicar sus energías, su tiempo y su dinero a sus grandes objetivos de desarrollo. Tendrá que imponerse con la intervención de la fuerza legítima del Estado ante la abierta rebelión de las autoridades regionales. Esta vez con la contundencia necesaria que no hubo en la fracasada aplicación del 155 por el Gobierno de Mariano Rajoy.

El miedo al conflicto de aquel Gobierno ha tenido efectos catastróficos para España, y no solo en Cataluña. Porque más allá del descrédito del Estado que causó su fallida intervención del pasado año, es corresponsable, por su vergonzosa huida, de todos los daños que genera en la actualidad -aumentan a diario- el Gobierno de talante abiertamente macarra que preside el falso doctor Sánchez. Que lleva a cabo el más inaudito desmantelamiento de las defensas del Estado que pueda concebirse. Si al actual Gobierno lo caracterizan su mala fe y su desprecio a los intereses de los españoles, al anterior se le recordará por su justificada mala conciencia y una cobardía de altísimo coste que lamentablemente no pagan quienes debieran.

Así las cosas y tal como se aceleran los planes de un nuevo intento de insurrección, es muy posible que sea precisamente Sánchez, que gobierna gracias al golpismo y demás implicados en el intento de destrucción del Estado, quien tenga que dar la orden de suspender la autonomía en Cataluña y restablecer la ley y el orden público, ambos hoy inexistentes. O quedar expuesto ya definitivamente como uno más de los enemigos de la España de la monarquía parlamentaria. La intervención contará con el aplauso de la mayoría de los españoles, incluidos los catalanes, pero también con la feroz y previsiblemente violenta oposición de la secta fanática de que habla Boadella. Sánchez intenta aún proteger y no enfrentarse a sus socios de aventura. Pero toda España, cada vez más alerta y más dispuesta a exteriorizar su voluntad de defensa de la nación, sabe que lo inevitable ya se hace inaplazable.

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La felonía de Sánchez. -Francisco Rosell/El Mundo-

Cumpliendo las diez de últimas que le dictaron sus socios independentistas y podemitas, Pedro Sánchez ha recurrido al «puñal del godo», en la peor tradición de traidores a la causa de España, para acuchillar al Estado de derecho y hacer dejación extrema de sus deberes como presidente del Gobierno. Al final, es lo de siempre: “Marchemos francamente, y yo el primero, por la senda constitucional”. Como el felón de Fernando VII al jurar la Constitución de Cádiz en marzo de 1820 y, después de ser tenido por El Deseado, renegar desde ese día contra la Carta Magna. Eso es cabalmente lo que ha hecho un presidente que a su cuestionable legitimidad de origen suma su cada vez más palpable ilegitimidad de ejercicio.

Contraviniendo todas sus promesas, el doctor Sánchez, ¿supongo? no sólo valida el golpe de Estado de los insurgentes en Cataluña, sino que posibilita que estos asalten la nave del Estado y arrebaten el timón a un presidente encantado de haberse conocido. No es extraño, disfrutando de las bicocas y prebendas de ese Estado al que socava con estúpida irresponsabilidad.

Lo peor del caso es que, después de humillarse y humillar al Estado para recabar el apoyo de los independentistas a los Presupuestos, estos lo han dejado en ridículo. Si él lo consiente, allá él y su conciencia, pero los españoles no debieran transigir con tamaña falta de respeto a sus instituciones.

En vísperas del Día de Difuntos, por mor de su atrabiliaria conducta, Sánchez ha hecho verdad lo escrito por Larra en su célebre artículo de 1836 sobre esta elegíaca efemérides: “Aquí yace media España; murió de la otra media”. Tratando de sepultar el Régimen del 78, formalizó su claudicación ante los independentistas al cumplimentar una de las exigencias que estos verbalizaron la mañana del viernes 19 de octubre. Fue horas antes de que su también socio, Pablo Iglesias, visitara en prisión a uno de los dos cabecillas del golpe, Oriol Junqueras, para rendirle pleitesía e implorarle su apoyo al proyecto de presupuesto en común del Gobierno y de Podemos. Pere Aragonès, mano derecha de Junqueras en el golpe y actual vicepresidente de la Generalitat con Quim Torra, reclamó a Sánchez que, por medio de la Abogacía del Estado, el Gobierno reorientara la causa del 1-O.

Dicho y hecho. Haciendo mangas y capirotes con el trabajo desarrollado hasta ahora por los Servicios Jurídicos del Estado, el Gobierno ha coaccionado a estos a retirar su calificación provisional de rebelión y marca así el camino a la Fiscalía para cuando llegue la hora de fijar sus peticiones en firme. Sánchez retoma así la discrecional doctrina que el otrora Fiscal General del Estado y hoy magistrado del Tribunal Constitucional, Cándido Conde-Pumpido, puso a disposición de Zapatero en sus tejemanejes con el terrorismo etarra: “El vuelo de las togas de los fiscales no eludirá el contacto con el polvo del camino”, dado que el ministerio público no puede ser ajeno a la realidad social, “sino profundamente comprometida en su transformación”. Parecida argumentación esgrimió el viernes la ministra de Justicia, la fiscal Delgado, para explicar el volantazo de la Abogacía.

Sánchez atropella así la independencia judicial española y la pone en solfa en el ámbito internacional al municionar los requerimientos independentistas de cara a su recurso en Estrasburgo. A este paso, como en la sátira de Horacio, “Solventur risu tabulae, tu missus abibis“, esto es, la causa acabará en risas y quedarán libres de cargos. Nunca tan pocos hicieron tanto daño al Estado de Derecho.

Conviene insistir en que, al margen de la mayor pena, la rebelión entraña una transgresión contra el orden constitucional -esto es, un golpe de Estado-, mientras la sedición supone un quebrantamiento del orden público. Todo ello después de que Sánchez manifestara que era clarísimo el delito de rebelión. Claro que las opiniones del doctor Jekyll para llegar a La Moncloa no comprometen al mister Hyde apoltronado en el Palacio (Carmen Calvo dixit).

Ante esa deserción del Gobierno, cabe preguntarse qué espectáculo aguarda cuando el separatismo, con su dominio de las artes escénicas, convierta el juicio en un proceso a la democracia española como en su día los alzados del 23-F.

No es para menos cuando, además, anuncia por adelantado el indulto a los golpistas en pago a que estos le hicieran presidente mediante una moción de censura que supone un cambio de régimen en España. Por eso, fue incapaz de responder a la interpelación directa que le hizo en este sentido el líder de Ciudadanos, Albert Rivera. No era cosa que le creciera aún más la nariz de Pinocho. Todo en él se revela fraudulento como su tesis doctoral. Ya lo advierte el adagio latino: “Falsum in uno, falsum in omnibus” (“Quien falsea un punto, los falsea todos”).

Habiendo rebasado ampliamente las rayas rojas que prometió no saltarse, empero, casi todos en su partido callan como muertos. No hacen siquiera un mohín de protesta ante los desatinos de un presidente al que los españoles le dispensaron los peores resultados de la historia reciente del PSOE. ¿Qué ha sido de tanto barón y baronesa socialistas sino verduras de las eras? Aún en los momentos más dramáticos del PSOE, siempre se alzaron voces críticas cuando la situación de emergencia lo requería. Ahora sólo se escucha un ensordecedor y clamoroso silencio.

En una tesitura similar como fue la asonada del 23 de febrero de 1981, un Gobierno tan débil, pero firme en sus convicciones, como el de Leopoldo Calvo Sotelo, supo estar a la altura de aquella dramática encrucijada logrando las máximas penas contra sus promotores, sin ningún posterior indulto. Amén de ello, conjurada la asonada mediante la histórica comparecencia televisiva del Rey Don Juan Carlos en la que éste se ganó el Trono, aquel Ejecutivo capeó la campaña de desprestigio que se maquinó contra el Monarca desde ámbitos proclives al golpe. Como anota Calvo Sotelo en su Memoria viva de la Transición, al igual que los hombres de Nehemías, el artífice de la reconstrucción de las murallas de Jerusalén, “con una mano levantábamos los muros y con la otra sosteníamos la espada”.

Contrariamente a su padre, en su particular 23-F que fue el 1-O separatista y que tuvo su plasmación en su memorable alocución televisiva del 3 de octubre, Felipe VI vive a cuerpo gentil la campaña de hostilidad y hostigamiento secesionista, mientras el Ejecutivo avala la despenalización de las injurias al Jefe del Estado.

A diferencia de su antepasado Felipe IV que acometió la conquista de Breda con el mejor estratega de la época, el genovés Ambrosio de Spinola, y consiguió hacer capitular a Justino de Nassau, de la casa de Orange, Felipe VI debe confiarse a un presidente tributario de quienes quieren romper España y a los que entrega las llaves, poniendo del revés el óleo velazqueño de Las lanzas. Como antaño los visigodos lo fueron de los caudillos moros merced a la traición del Conde Don Julián, luego reivindicado por Juan Goytisolo, tras franquearles el paso del Estrecho de Gibraltar en venganza, según la leyenda, al ultraje de Don Rodrigo a su hija.

Que nadie dude de que, una vez repuestos los golpistas, como acaeció con Companys en la II República, ellos seguirán a lo suyo con mayor fuerza y más crecidos. Por eso, en un instante tan oscuro, tiene sentido parafrasear las palabras de Churchill a Lord Halifax cuando éste le instó a negociar con Hitler y a abandonar su fantasía de luchar hasta el final: cuándo aprenderemos la lección, cuántos independentistas deberán ser cortejados, apaciguados, colmados de inmensos privilegios antes de que se aprenda la dolorosa lección de que “no se puede razonar con un tigre cuando tienes la cabeza en su boca“.

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Avanza el golpe por toda España. -Hermann Tertsch/ABC-

En Barcelona quedó dramáticamente escenificada el domingo la plasmación práctica del golpe de Estado que sufre España. Porque ya se hace efectivo y patente en la radical pérdida de derechos y de libertades de los españoles. Nada lo plasma de forma más gráfica que la actuación de una policía política totalitaria que reprime a españoles que demandan sus derechos. Ese golpe comenzó el pasado año y por culpa de gobernantes débiles y mezquinos no tuvo respuesta real. Ahora triunfa de plaza en plaza y ya se ha hecho fuerte en varias regiones. Contra la Constitución, no contra el Gobierno. Porque éste ni defiende la Constitución ni hace cumplir la ley. Al contrario, alimenta su permanente cuestionamiento para mayor medro de las fuerzas golpistas, con las que ha pactado y a las que debe su existencia. En regiones como Cataluña, el País Vasco y Navarra, quienes defienden a España ya no tienen derechos. Y en Valencia o Baleares se aplasta sin escrúpulo a quien defienda el español.

El domingo, miles de catalanes salieron a las calles de Barcelona a exigir un derecho que tienen todos los europeos menos los españoles, el de estudiar y vivir en la lengua oficial de todo el territorio nacional. Es el derecho constitucional de todo español a estudiar, trabajar y vivir en español en toda España. Un derecho que se le ha arrebatado cada vez a más españoles, cada vez en más sitios. Todos los partidos han jugado un ignominioso papel en esta trágica deriva que causa inmenso sufrimiento y daños a millones de españoles. Solo piden que pueda elegirse la lengua. Imposible. La tiranía nacionalista lo excluye. El domingo, los golpistas convocaron a sus CDR, como los camisas pardas nazis, una fuerza de choque que reventó la manifestación. Los Mozos, ya abiertamente policía política del golpismo, ayudó a los grupos CDR de terrorismo urbano.

Las culpas del pasado están muy repartidas. La izquierda se unió a los nacionalistas en su hispanofobia. Como si el español o castellano cargara con un «pecado de franquismo» como la unidad nacional o el propio nombre de España. Todo lo disgregador era progresista, todo lo que evocara la España unida, «rancio», fascista y «casposo». Es el legado traidor a España de la izquierda, que entregó parte de España a unos nacionalismos minoritarios en la Transición. La derecha no tiene menos culpa. El PP emuló lo peor de la izquierda. En Galicia con el PP de Nuñez-Feijóo, la persecución del español es igual que en regiones en manos del frente popular. Ciudadanos pudo ser esperanza y se frenó ante la batalla de la idea nacional. Nadie ha hecho una defensa de la nación consecuente. Finalmente ha surgido Vox, cuyo crecimiento es parte de una revuelta de reacción nacional. Que puede alimentarse de la gran revuelta europea en favor de los estados nacionales. Pero nadie se engañe, si Sánchez, gracias a la hegemonía mediática izquierdista que el PP regaló, sobrevive al escándalo de su estafa académica y a otros, si no hay un gran acuerdo de fuerzas nacionales para hacerle frente, nadie escapará a este Frente Popular de un jefe de gobierno con dictado comunista de Podemos que, como si fuera Nicolás Maduro, dice que él en el Parlamento hará lo que quiera. Y que quien le cuestiona, cuestiona la democracia. Se extiende la obscena desigualdad en el trato oficial entre quienes propugnan ese Frente Popular y quienes defienden la unidad de España y su monarquía. Avanza el abuso censor y amenazante contra medios y periodistas discrepantes. Planean una España rota, sí. Pero con regímenes todos como ese que en Cataluña lanza a su policía a reprimir a españoles desesperados ante la pérdida de sus derechos.

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La hora de los cobardes. -Eduardo Goligorsky/LD-

En agosto de 1968 viajaba desde Buenos Aires rumbo a Nápoles en un crucero que hizo una escala de pocas horas en Barcelona. Atrapado por el infantilismo de izquierda, me negué a pisar el país gobernado por un dictador llamado Francisco Franco. Y un buen amigo, el admirado escritor y editor de ciencia ficción Domingo Santos, debió subir abordo para conversar conmigo. En 1975, cuando Franco agonizaba, vencí aquellos pueriles escrúpulos y visité Madrid y Barcelona, allanando el camino para huir del infierno argentino. Y en 1976 me radiqué definitivamente en Barcelona.

La hora de los valientes

Tuve el privilegio de asistir a la epopeya de la Transición. Aquella fue la hora de los valientes. Se llamaban Juan Carlos I, Adolfo Suárez, Rodolfo Martín Villa, Manuel Fraga Iribarne, Santiago Carrillo, Felipe González, Josep Tarradellas, Manuel Gutiérrez Mellado y una pléyade de políticos, juristas, empresarios, sindicalistas, militares e intelectuales que, anteponiendo la racionalidad a las vísceras, sentaron las bases de la convivencia en una sociedad democrática regida por una Constitución modélica e integrada en la Comunidad Europea.

Y tuvieron que ser valientes porque enfrente se alzaban fuerzas poderosas que sembraban el terror moviéndose en direcciones opuestas: asesinos de ultraderecha entreverados con militares golpistas; asesinos de ultraizquierda vinculados con tenebrosas bandas extranjeras; y asesinos ultranacionalistas conjurados nada menos que para adueñarse de fragmentos de España después de hacerla saltar en pedazos. El corolario de esta ofensiva perpetrada por fanáticos embrutecidos fue un tendal de víctimas, entre las que ocupaban un lugar sobresaliente los miembros de las Fuerzas Armadas y de Seguridad, acompañados por adultos y niños civiles. Los valientes y los mártires quedaron eternizados en la memoria histórica de la Transición.

Lobotomía selectiva

Nada que ver con el engañabobos que nos endilgó con ese nombre –Ley de Memoria Histórica– en el 2007, José Luis Rodríguez Zapatero, cuando todavía se estaba entrenando, a costa de los españoles, para convertirse en el alcahuete de Nicolás Maduro. Esa ley, que su discípulo Pedro Sánchez está tuneando con los guerracivilistas y los renegados de su acta de nacimiento española, es unescalpelo de lobotomía selectiva, que borra los recuerdos fácticos que contradicen el dogma ideológico y los sustituye por posverdades sectarias, para así anular los efectos terapéuticos de la Transición.

El historiador Josep M. Fradera impugnó esta manipulación del pasado practicada con alevosía (La pàtria dels catalans, La Magrana, 2009):

En realidad, los españoles adoptaron este camino de reconciliación de manera mayoritaria a partir de los años 1976-1977 y se reafirmaron en el momento del golpe de Armada, Milans del Bosch y Tejero, en una combinación, difícil de definir, de olvido, de esperanza en un futuro libre de los fantasmas del pasado y de confianza en las capacidades de la democracia que precisamente se estaba consolidando. En términos generales, respondía a una reflexión, a menudo silenciosa, sobre el desastre colectivo de periodos anteriores, y respondía, además, a la experiencia colectiva de los últimos años del franquismo. El hecho de plantear el rescate del pasado como una rectificación de esta percepción mayoritaria es una operación políticamente insensata y moralmente execrable.

Tira y afloja obsceno

La “operación políticamente insensata y moralmente execrable” ha ido in crescendo desde que se puso en marcha. Cambios arbitrarios en el nomenclátor urbano; ocultamientos y falsedades añadidos en los textos escolares; expurgación de placas conmemorativas de avances sociales y de inauguraciones de infraestructuras; símbolos e imágenes descolgados de los edificios y lugares públicos, olvido de las checas y de los “paseos” homicidas. Hasta llegar al extremo de emprender un tira y afloja obsceno con una momia que lleva cuarenta y tres años arrumbada en el pudridero. En otra época se habría interpretado esta pantomima como una blasfemia, pero hoy la vemos como una maniobra de distracción típica de los demagogos timadores que subestiman la inteligencia de los ciudadanos.

El locuaz supremacista Carles Mundó no se conforma con la espectacularidad del esperpento y exige más claudicaciones al pelele (“Enterrar a Franco”, LV, 30/8):

Han tenido que pasar cuatro décadas para que un gobierno socialista se atreviera a dar ese paso, que nunca dio ni Felipe González ni José Luis Rodríguez Zapatero. El frágil apoyo parlamentario de Pedro Sánchez explica que a falta de resultados tangibles se dedique a sustentar su acción política en cuestiones de fuerte carga simbólica para acentuar perfil ideológico.

Fanfarrones de pacotilla

Ha sonado la hora de los cobardes, propulsados al puesto de mando por los traficantes de odio. Estos advenedizos han salido de sus idílicos despachos burgueses para comportarse como si hubieran ganado la guerra incivil y estuvieran castigando a los vencidos y recogiendo el botín. Fanfarrones de pacotilla, balbucean su asentimiento cuando los caciques de la tribu amotinada les recitan su pliego de condiciones. Se ensañan con los muertos, pero permiten que los vivos los atropellen, los humillen y les vacíen la bolsa.

Cobardes sin remedio, asisten acojonados a la okupación de cuatro provincias del Reino de España por los jerarcasdepredadores de una repúblika inexistente. “Sánchez avisa a Torra de que aplicará el 155 si vuelve a la vía unilateral”, truena La Vanguardia (31/8). Pero el día siguiente, leemos en el mismo diario que la ministra portavoz, Isabel Colaá subrayó que la advertencia al Govern catalán de que no debe saltarse la ley “no quiere decir que el Gobierno tenga encima de la mesa la aplicación de nuevo del artículo 155, porque no se lo ha planteado”. Con dos titulares intencionalmente hilvanados en la misma página. Arriba: “Torra responde al Gobierno que su misión es `obedecer al pueblo´”. Y abajo: “…y Sánchez pide al president que abra un diálogo político en Catalunya”.El pozo del servilismo no tiene fondo

Borregos complacientes

Solo en un país gobernado por borregos complacientes es posible que los políticos, empresarios, periodistas y aquella fracción de la sociedad que se preocupa por el futuro, hayan estado pendientes de la arenga que amenazó con pronunciar el 4 de septiembre el cabecilla vicario de la banda que ha invadido cuatro provincias del Reino de España, regurgitando las órdenes del capo emboscado en el palacio de Waterloo.

Y por fin descargó su órdago contra el Gobierno constitucional el golpista que usurpa contra natura, con el 47 % de los votos y el 36 % del censo electoral, la representación de la mayoría social del pueblo de Cataluña, mayoría social por la que este intruso siente y demuestra un desprecio mayúsculo. No solo dio por válidos los actos delictivos que culminaron en la proclamación de una falsa repúblika, sino que despotricó contra el Poder Judicial con la misma virulencia con que lo hacen los autócratas ultrarreaccionarios polacos y húngaros, y se comprometió a desobedecer las sentencias si estas castigan a los jerarcas del Estado Mayor del entramado subversivo que lo cuenta entre sus cerebritos. Eso sí, Torra reclama que las masas apoyen su política con movilizaciones semejantes a las que organizaban disciplinadamente nazis, fascistas, comunistas y peronistas, y radicalmente opuestas, por sus fines discriminatorios y segregacionistas, a las que encabezaban dos próceres de cuyos nombres los supremacistas se apropian arteramente: Nelson Mandela y Martin Luther King.

Instrumento de liberación

Recuerdo una vez más la lúcida advertencia que formuló Marius Carol, director de La Vanguardia, apartándose, en un acceso de hartazgo, de la tibieza oportunista de su diario (“Salir de la rueda del hámster”, 4/12/2017):

O enterramos el procesismo o cavará nuestra tumba.

Para enterrarlo, España deberá tener un Gobierno que no descanse, como el de la minoría socialista, sobre las palas de quienes están cavando nuestra tumba. Este nuevo Gobierno de salvación nacional entenderá que aplicar el artículo 155 equivale a tratar una gangrena con ibuprofeno. Los sabios que redactaron la Constitución nos legaron el artículo 116, convencidos de que para evitar amputaciones territoriales como la que estamos padeciendo es imperioso recurrir a los estados de alarma, de excepción y de sitio. Cuando existe este instrumento de liberación, es imperdonable dejar a la mayoría social de Cataluña sometida a la estulticia de sus invasores.

PD: Desesperado por alcanzar la mayoría social que la ciudadanía le niega perseverantemente, el caradura Oriol Junqueras publicó una empalagosa “Oda a la amistad” (El Periódico, 3/9) en la que hace votos de amor fraternal, incluso con aquellos con quienes discrepa. Esto, escrito por uno de los caudillos de la horda etnocéntrica que se subleva para levantar fronteras materiales y emocionales entre los habitantes de cuatro provincias del Reino de España, por un lado, y sus hermanos del resto del país, por otro, bate records de desfachatez.

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Los lazis hacen cosas de lazis. -Liberal Enfurruñada/OK Diario-

Cuando las tropas aliadas vencieron a Alemania en la II Guerra Mundial y sus ejércitos fueron descubriendo los campos de concentración no había civiles alemanes que se declarasen nazis, todos negaban saber lo que ocurría en esos campos de exterminio, así que los aliados los pusieron a enterrar judíos para que se enterasen de lo que habían consentido. Pero claro, desde la primera deportación en masa de 1938 hasta el suicidio de Hitler en abril de 1945 habían pasado muchas cosas. Ni siquiera la noche del 9 al 10 de noviembre de 1938, la de los Cristales Rotos, llegó de repente. Aunque el antisemitismo y los pogromos son muy anteriores al nazismo, Hitler publicó ‘Mein Kampf’ en 1925, seis años después del Tratado de Versalles que puso fin a la I Guerra Mundial, humillación que sirvió de excusa a los nazis para generar odio hacia los judíos, a quienes culpaban de la derrota alemana. Más de 20 años de nazismo en los que cada vez se llegaba un poco más allá y muchos civiles alemanes consentían.

Horrorizados por las consecuencias de la I Guerra Mundial, fueron muchos los políticos europeos que se esforzaban en mantener la paz con la Alemania del Tercer Reich. La cabeza visible de esta política de apaciguamiento que permitió a Hitler llegar hasta donde llegó fue el primer ministro del Reino Unido, Neville Chamberlain a quien Winston Churchill dirigió esta conocida sentencia: «Tuvo usted para elegir entre la humillación y la guerra, eligió la humillación y nos llevará a la guerra». Aceptar las agresiones de un matón para evitar una confrontación que puede ser desagradable, intentando apaciguarlo, no suele dar buen resultado. Ese atacante se crece, sus embestidas aumentan conforme comprueba que son impunes y se incrementan sus simpatizantes cuando se dan cuenta de que la violencia es útil para conseguir sus objetivos.

Este sábado, en Barcelona, una mala bestia lazi le ha roto la nariz de un puñetazo a una señora que, con sus hijos, quitaba lazos amarillos de los espacios públicos. No ha sido la primera ni será la última agresión lazi. El lazo amarillo representa hoy en Cataluña lo mismo que la esvástica representó en Alemania durante los años 20, nacionalismo xenófobo, racista y violento. Ese que hace que el alcalde de l’Ametlla de Mar llame “bicho” a Arcadi Espada por pintar de rojo un lazo amarillo colocado en una rotonda del pueblo. O el que provoca que Torra escriba cosas como que los no independentistas somos “carroñeros, víboras, hienas, bestias con forma humana que sorben odio”. Igual que los nazis llamaban ratas a los judíos los lazis deshumanizan a los que opinan diferente y todos sabemos adónde lleva ese camino porque las agresiones ya han empezado.

No se puede dejar crecer a la bestia, la violencia, el racismo y la xenofobia lazis deben ser cortados de raíz porque el apaciguamiento tendría unas consecuencias fácilmente predecibles. Los partidos políticos constitucionalistas deben ponerse al frente de ese movimiento ciudadano de resistencia contra el lazismo que intenta limpiar los espacios públicos de lazos amarillos. Ya que los Mozos de Escuadra no lo hacen, hay que proteger físicamente a estos héroes de la resistencia y denunciar ante la justicia a sus agresores y a los Mozos que no les defienden, para que sobre ellos caiga todo el peso de la ley. Se deben organizar excursiones con brigadas de limpieza que desde otras comunidades se desplacen allí para ayudarles y demostrarles que no están solos. Toda España debe tomarse en serio el lazismo antes de que sea demasiado tarde, como pasó con el nazismo.

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Nada más que hacer. -Cayetana Álvarez de Toledo/El Mundo-

El pasado miércoles Albert Rivera fue entrevistado en el programa Más de uno, de Onda Cero. Las redes y los periódicos replicaron sus declaraciones sobre la exhumación de Franco -qué feas las formas de Sánchez y qué bonito Arlington-, y así muy pocos repararon en lo que el presidente de Ciudadanos dijo sobre la retirada de lazos amarillos de las calles y plazas de Cataluña. Fue en respuesta a una pregunta y dos repreguntas del periodista Arcadi Espada, que, como se ha visto, ha decidido pasar de las palabras a los hechos. Este es un resumen de su intercambio:

-Quiero preguntarle si ha retirado lazos. Y, en caso afirmativo, si piensa seguir haciéndolo o, en caso negativo, si piensa empezar a hacerlo.

-No, hasta la fecha no he retirado ningún lazo. Los están retirando, efectivamente, algunos compañeros de Cs, que se han hartado, y algunos ciudadanos de a pie. Pero no deberían ser ellos los que lo hagan, sino el Estado. […] Yo lo único que pido es amparo a España […].

-Pero, señor Rivera: ¿Va usted a retirar lazos?

-Espero que no haga falta y que lo haga el Estado. No tendría mucho sentido que tuviéramos que hacerlo nosotros. Por tanto, para no entrar en esa lógica de Orwell, surrealista, yo reivindico que el Estado haga su papel […].

-Es que, señor Rivera, su partido ha llamado a los ciudadanos a retirar esos lazos. A mí personalmente me parece muy bien que lo haya hecho. También se lo parece a la fiscal general del Estado. De ahí mi insistencia. Si un partido liderado por alguien llama a retirar lazos, ¿por qué su líder no retira lazos?

-Le he dicho que hasta ahora no he retirado ninguno. Yo me dedico a otras cosas, no sólo a retirar lazos. Y espero que el Estado lo haga, porque, además, claro […]

Rivera siguió hablando, de Cataluña, de Baleares, del Estado, de las instituciones. Y a mí se me enfriaron el café y el cuerpo. Esta frase: «Yo me dedico a otras cosas…». Sentí el viejo desamparo de los momentos más flácidos de Rajoy, diez veces acentuado por las circunstancias.

Estamos incluso peor que hace un año, víspera de los plenos golpistas del 6 y el 7 de septiembre. En Cataluña manda una facción puramente fascista en sus fines y medios: agenda supremacista, eliminación de la disidencia, obscena politización de la policía. En el conjunto de España hace, y sobre todo deshace, un narciso carente de cualquier escrúpulo histórico o democrático. Y la Oposición, que es la misma en un sitio y otro, parece tener miedo. Sí, miedo.

Luna de oro, grande bellezza romana, la conversación va y viene sobre la degeneración de la política en Italia y España. Un amigo, estival y neoyorquino, pregunta: «Pero, a ver: más que quitar little yellow ribbons, ¿no deberían los partidos de la Oposición y las plataformas cívicas centrarse en el fondo del asunto, en lo realmente importante?». A ver si lo explico: los lazos son el fondo. Y ya ni siquiera por lo que dicen -«la España constitucional es en realidad una dictadura judicial»-, sino por lo que hacen: convertir el espacio público catalán en el coto privado del nacionalismo.

Es decir, liquidar la democracia, que es la voluntad y la decisión de vivir juntos los distintos. Cierto, el nacionalismo nunca ha sido especialmente respetuoso de la pluralidad ideológica. Understatement. Pero lo que estamos viendo, y los demócratas en Cataluña padeciendo, inaugura una fase sórdida, por sucia y por peligrosa.

El tuit del alcalde de L’Ametlla de Mar sobre Espada y sus amigos -«enganchados y denunciados siete bichos»- no es un arrebato ni una anécdota. Es la expresión de una categoría con probada capacidad de devastación. Recuerdo ahora lo que me dijo hace poco otro neoyorquino, Jonathan Haidt, autor de The Righteous Mind: Why Good People are Divided by Politics and Religion, de próxima publicación en español: en política, el asco es mucho peor que el cabreo. El cabreo tiene remedio y hasta vuelta atrás. El asco no admite negociación. Cuando una autoridad pública califica a un grupo de ciudadanos como bichos, la democracia amenaza ruina. Porque el calificativo lo justifica todo. Primero, la retención ilegal. Luego, la revelación de datos policiales. Después, la mentira y su viralización. En el núcleo, la violación de derechos fundamentales. Y, en el horizonte, la violencia. Siempre, ineludible, la violencia. Porque a un insecto, ¿qué se le hace? Aplastarlo. Salvo que se defienda.

Frente a la aniquilación de la democracia no cabe el miedo. Tampoco el miedo responsable. «Tenemos la obligación de rebajar la tensión, de evitar una confrontación civil». Cuántas veces he oído esta frase en boca de dirigentes del Partido Popular, de Ciudadanos o incluso de Sociedad Civil Catalana. Este ejercicio de autocontención, en apariencia inteligente y civilizado, obvia un hecho desagradable pero elemental: el conflicto civil es preferible a la dictadura. Sin ir más lejos en el tiempo -Alemania- o en el espacio -Venezuela-, preguntémonos qué hubiera pasado hace un año sin las porras de la policía, el discurso del Rey y la movilización del 8 de octubre. Es decir, sin la asunción del conflicto como alternativa inevitable a la derrota de la democracia por incomparecencia.

Ciudadanos anunció ayer una concentración en el lugar donde el sábado una mujer sufrió una doble paliza xenófoba. El PP catalán va a abrir una oficina de asesoramiento para personas agredidas por quitar lazos. Siempre correctos y, sin embargo, nunca proactivos. Rivera, Arrimadas, Casado, Albiol: no tienen nada más importante ni más urgente que hacer que liderar, en persona, sobre el terreno, los pies en la calle, las manos llenas, la cara descubierta, la retirada de lazos amarillos de la faz pública de Cataluña. Incluso deberían hacerlo juntos.

Para irritación de los nacionalistas, para amparo de los demócratas y también, qué remedio, para oprobio definitivo del PSOE y el PSC. Éste es el gorgorito de Miquel Iceta en respuesta a la escalada de violencia contra los constitucionalistas: «Condenamos toda agresión, toda intimidación, toda violencia, toda muestra de intolerancia, sea quien sea la víctima, sea quien sea el causante, sea cual sea el pretexto».

Y todavía queda gente que lo llama equidistante. Es el gran burro de Troya de la democracia. El que, con su cinismo revestido de algodón, está permitiendo que la patología que exhiben muchos catalanes se traslade del hígado a la cabeza. Lean, relean y difundan masivamente el comentario del escritor Quim Monzó sobre la mujer golpeada en la Ciudadela: «Justo el tabique nasal, vaya por Dios. Pero hay remedio: se puede sustituir por otro de platino, como hizo Frank Sinatra».

Ese glorioso sentido del humor, esa delicadísima alusión a la cocaína, tan sutil como la que Monedero escupió sobre Rivera. Este es el mainstream nacionalista, su catadura intelectual y moral. Combatirlo ya no es una opción política sino un mandato democrático.

Ver artículo original:

La Generalidad golpista subcontrata al Gobierno Falconetti -F.J. Losantos/LD-

Estado del golpe de Estado de otoño de 2017 en el verano de 2018 (II)

Un año después del atentado en Las Ramblas del islamismo catalán (su origen fue la mezquita de Ripoll) que, descaradamente manipulado por los separatistas, supuso el primer acto internacional del golpe de Estado, se ha repetido el desprecio a las víctimas y la exculpación de los verdugos, a los que el año pasado se compadeció y éste se ha ignorado. La razón última fue, el año pasado, la cobarde actitud del Gobierno Rajoy, que dejó solo al Rey en la defensa del orden constitucional. Este año, la cobardía ha dejado paso a la complicidad: Falconetti ha respaldado y su Gobierno ha defendido la infinidad de fechorías, injurias y mezquindades del catanazi Torra, que junto a Ada Colau (tras decir que “Barcelona responde al terror con amor” se negó a quitar una gigantesca pancarta contra el Rey que ha visto todo el mundo) ha alardeado de su dominio en las calles y de su desprecio a la legalidad que se supone representa. Por supuesto, contando con la siembra de odio a España y los españoles, en especial los catalanes no nacionalistas, que a diario destilan la TV3 y demás medios catalanes apesebrados en la Generalidad, un verdadero dineral al que, aunque español, no hacen ascos.

La Generalidad debería estar intervenida

La razón última está clara. La Generalidad, que debió ser intervenida y la autonomía suspendida sine die tras el Golpe de Octubre de 2017 fue mantenida por Rajoy y Soraya, con el respaldo condicionado del PSOE: no tocar TV3. Las elecciones absurda y rápidamente convocadas por Rajoy para quitarse de encima el muerto, o, en su jerga, el lío, arrojaron, con idénticos medios, resultados semejantes. En el lugar de Puigdemont, se colocó a un siniestro racista llamado Torra que presume de que sus hijos forman parte de las bandas de matones –CDR- que atropellan y apalean a los catalanes que no comulgan con el separatismo. Y unos meses después se produjo lo que realmente supone un cambio radical, y radicalmente a peor, de la situación nacional: Rajoy fue depuesto por los golpistas, que entronizaron a Sánchez. La Moncloa quedó subcontratada por los golpistas.

Seguimos sin saber por qué Rajoy se negó a dimitir en la moción de censura, impidiendo que se consumara la elección de Sánchez y el acceso de los golpistas al Gobierno, que desde entonces está a merced de los separatistas. Es una de las muchas deudas que el lamentable registrador de Pontevedra tiene contraídas con la opinión española y no parece dispuesto a pagar. Tampoco sabemos en qué términos se fijó el acuerdo del PSOE y los golpistas, aunque como ha recordado Xavier Salvador en Crónica Global se ajusta como un guante al pacto de Iglesias y Jonqueras en Can Roures. Da igual: los hechos acreditan el compromiso, más o menos explícito de un Sánchez que se niega a convocar elecciones para disfrutar del Falcon en sus asuetos veraniegos, aunque al precio de ignorar las actividades golpistas, cuando no las comparte mediante Batet, ministra del Golpe en su Gobierno.

Sin embargo, el aniversario del 17A, convertido por los separatistas en reedición del primero, con manifiesto desprecio a las víctimas, utilizadas como mero pretexto para recordar sus presos y reafirmarse en su proyecto de apartheid para media Cataluña y voladura del régimen constitucional, ha dejado tan groseramente claro el estado de sumisión a los golpistas en que Sánchez pretende seguir en la Moncloa año y medio, que puede decirse sin duda alguna que su Gobierno no sólo es ilegítimo –no ilegal- por incumplir la promesa que, en vez del programa de Gobierno, hizo en el Parlamento de convocar elecciones a la mayor brevedad posible (tan grave, decía, era la emergencia nacional tras la caquisentencia del bufete Garzón y Asociados) sino por negarse a cumplir sus obligaciones para con el Estado y la nación.

Las ofensas públicas al Rey no son personales

El Jefe del Estado ha sido sometido a un rosario de humillaciones –que parece considerar parte de su oficio, y no lo son- y ha sido defendido sólo por el PP y, muy especialmente, por Inés Arrimadas y C’s, que fue la fuerza más votada en las elecciones y con la que debería entenderse un Gobierno de España si no se hubiera forjado contra ella y para destruirla. Pero no sólo el PSC-PSOE ha aparecido como mero apéndice golpista sino el propio Gobierno, que se niega a cumplir sus obligaciones indeclinables. La primera, proteger al Jefe del Estado, de nuevo expuesto no sólo a unas humillaciones que no se le hacen a él en persona sino a todos los españoles, sino también a unas condiciones de inseguridad verdaderamente criminales.

La pancarta criminal contra el Rey

Criminal pantalla perfecta para un francotirador era la pancarta de quince metros que ha presidido el acto oficial para las televisiones de todo el mundo. Gracias a la actuación de un ciudadano ejemplar, Opazo, LD ha contado con todo detalle cómo eran mozos de escuadra los que la protegían en el mismo edificio usado para colgarla. Luego hemos sabido que se dio la orden de retirarla a las cinco de la mañana y se revocó a las seis, pero la fechoría fue luego defendida por Ada Colau y por el mismísimo consejero de Interior, un tal Buch, responsable de la seguridad del acto: “los mossos protegieron la pancarta contra el Rey porque hay libertad de expresión“, dijo o mugió en la radio golpista del Conde de Godó, ¡que godó que conde!

La única libertad respetable en Cataluña es la de los no nacionalistas que se enfrentan a la dictadura de los nacionalistas, estos fatuos matoncillos cebados con dinero público. Sin embargo, la gentuza que desde Torra a sus CDR injuria a diario como mujeres –sin que las femirrojas digan ni pío- y amenaza de muerte a Inés Arrimadas y otras representantes de Ciudadanos, es, por culpa del Gobierno anterior y en vez de una celda, la Generalidad catalana, máxima representación de ese Estado Español que Torra llama a combatir pero del que cobra, como sus S.A. y la mediocracia del Pessebre.

El Gobierno de España tiene el deber de proteger esa libertad, no la de agredir a los españoles, a sus instituciones y a sus símbolos, delitos penados que se niega a perseguir. Al revés. Torra ha perpetrado en apenas 48 horas tal cúmulo de fechorías que si Sánchez no fuera Falconetti habría roto cualquier relación con él y convocado elecciones generales, ya que depende de una mayoría parlamentaria que, ay, del hilillo de Torra pende.

La ministra de Justicia, con Torra

Recordemos: ese desafortunado cruce entre Popeye y Cocomocho no fue al recibir al Rey, luego le plantificó delante a la mujer del golpista Forn, el que distinguía tras el atentado entre muertos catalanes y españoles, convirtió oficialmente los actos que debían homenajear a las víctimas en algaradas en favor de los golpistas presos y del propio Golpe, ha llenado los medios de declaraciones injuriosas y ha llamado a combatir al Estado que oficialmente representa, y, por último, pero en primer lugar por su gravedad, ha respaldado la carta de Junqueras y demás patulea reclusa acusando al Estado, a través del CNI, del propio atentado de las Ramblas.

José García Domínguez ha analizado en un soberbio artículo de LD la repugnante fechoría moral del masajista de Soraya Sáenz del Diálogo. Pero un Gobierno no puede quedarse en el aspecto moral. Debe asumir en el ámbito legal una atrocidad como la que se le imputa a un órgano que él dirige, el CNI, y responder de inmediato. Lo ha hecho y precisamente la que debía, la ministra de Justicia, pero para elogiar calurosamente a Torra.

Mucho le debe el Gobierno a Garzón, pero no tanto como para hacer ministra a su entrañable. La entrevista en la SER tras el 17A prueba que si Delgado es, en lo político, una calamidad; en lo intelectual es una nulidad, y encima cursi, a lo Colau, lo que no encarece su excelencia como fiscal. La actuación de Torra, que incluyó un mitin de apoyo a los golpistas frente a la cárcel de la que no se atreve a sacarlos –lástima, volverían juntos- le pareció “correcta”; la pancarta contra el Jefe del Estado, que ha aparecido en las televisiones de todo el mundo, “no alteró el acto”; en fin, la siniestra exculpación del Islam a cargo de Gemma Nierga, otra nulidad perita en pedir diálogo con el terror y que tuvo que recurrir al Sisa de Zeleste y a su “Qualsevol nit pot sortir el sol” para hacer como que decía algo, “le gustó muchísimo”. Vamos, una cursi rematada, rendida políticamente al Golpe. Como El País, convertido en el “Izbestia” del Gobierno de Falconetti.

La utilidad mediática de la masacre

El balance de este aniversario de la masacre de las Ramblas no puede ser más triste. Ha quedado impune, mediática y políticamente, la gravísima responsabilidad de la alcaldesa Colau, que se negó a poner los bolardos que había pedido la Policía nacional. También la de los Mozos de Escuadra que recibieron alarmas desde Bélgica y los USA sobre los islamistas y sobre el atentado inminente “in a street named La Rambla” pero nada hicieron para impedirlo. Peor: tras la explosión de Alcanar, un mozo chulito echó de la escena del crimen a la mismísima jueza; y otro, no sabemos quién y nadie pregunta, mantuvo una larga conversación telefónica con el conductor de la furgoneta criminal. Por no hablar del fusilamiento en campo abierto de los terroristas, a los que no se intentó siquiera capturar para averiguar datos sobre la organización y el propio atentado que hubieran sido muy útiles.

Pero es que, para entonces, como se ha vuelto a ver en el aniversario, la utilidad de la masacre era servir de plataforma mediática internacional al Golpe de Estado. Un año después, todo sigue impune, todo parece igual, todo, Falconetti mediante, está muchísimo peor.

PD: La canción de Sisa dice: “Oh, benvinguts, passeu, paseu; / de la tristor en farem fum; / à casa meva es casa vostra /si es que n´hi ha casa de algú”. O sea: “Bienvenidos, pasad, pasad; / convertiremos la tristeza en humo; / mi casa es vuestra casa, / si es que hay casa de alguien”. Más o menos lo que dice Torra contra “los que hablan la lengua de las bestias”, los que llaman “mala puta” a Arrimadas o “que se vaya a Jerez”, los que reciben amablemente a todos pero quieren echar a media Cataluña. Es lo que va de la Barcelona de los 70 a la Cataluña actual. Sólo una indigente intelectual citaría esta canción para un fin tan opuesto al que le vio nacer.

Estado del Golpe de Estado de otoño de 2017 en el verano de 2018 (I):

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Iglesias consulta a sus bases, pero no sobre Cataluña. -Liberal Enfurruñada/OK Diario-

Rajoy telefoneó este sábado a Sánchez y a Rivera para consensuar la opción de mantener el control sobre Cataluña, sin permitir que decaiga el 155, después de que Torra nombrase como consejeros a dos encarcelados y a otros dos huidos. Rajoy llamó también el jueves a Iglesias, que lo explicó en su Twitter: “He hablado con Mariano Rajoy. Hemos acordado vernos en los próximos días para hablar de Cataluña”. Pero ese mismo día OKDIARIO daba la primicia del casoplón que se ha comprado a medias con la portavoza Irena Montera y, claro, desde entonces anda tan liado que no está para otra cosa que para atender a los muchos detalles que necesita una mansión de esta categoría.

A largo plazo no tendrán problemas para pagar los más de 700.000€ gastos incluídos, que costó la lujosa finca. Cuentan con el impresionante patrimonio inmobiliario que heredarán de los sesentañeros padres de Pablo, seis inmuebles valorados en más de un millón de euros. Parecen muchos para que se pueda decir que son todos “para vivir y no para especular”, que es la diferencia que Pablo e Irena ven entre la adquisición honrada de patrimonio y la vergonzante. Pero para el corto plazo se han tenido que agenciar un préstamo hipotecario. Y lo han hecho fenomenal, porque se lo han dado en unas condiciones espectaculares, financiando el 90% del precio de adquisición a un tipo de interés del 0,5% que es casi regalado. Todo esto debe haberles tenido muy ocupados para andarse con reuniones ni sobre Cataluña ni sobre nada.

Y lo peor les viene ahora, porque ese palacio no se prepara en dos días, que son 268 m2 de vivienda en 2.352 m2 de parcela. Contratarán a un decorador que les ayude a encontrar su estilo, bolchevique y revolucionario, pero al final el color de las paredes, la tela de las cortinas, las alfombras, la iluminación…, son mil detalles de los que o están encima o luego no estarán a gusto en su dacha. Por la mudanza no tienen que preocuparse, porque del pisito en el que la pareja vive en Rivas no van a poder aprovechar nada para su nuevo palacio, mejor tirarlo todo. Aun así con la decoración no habrán acabado, esa parcela tan grande o estás encima todo el día o en una semana se te convierte en una selva tropical. Tendrán que contratar a un jardinero. Y ya puestos a seleccionar, necesitarán a alguien para el servicio doméstico, limpiar tantas habitaciones, planchar, cocinar, etc. y encima los dos trabajando. En esas urbanizaciones de lujo también puede ser que necesiten contratar seguridad y un chófer que les lleve y les traiga a Madrid. Y las niñeras hay que empezar a buscarlas ya, que luego el tiempo se echa encima. Así que lo de Cataluña ya si eso tendrán que dejarlo para otro día.

El “proyecto familiar”, que es el original nombre que los podemitas le han puesto a su casoplón, es una mansión que les sitúa ya cerca de sus admirados Fidel Castro, Hugo Chávez o Nicolás Maduro. La diferencia es que los otros se convirtieron en millonarios ostentosos después de alcanzar el poder y estos nuestros han empezado antes. Este domingo, el presidente títere puesto a dedo por el fugado Puigdemont; el nazi, racista y xenófobo Quim Torra, ha declarado que si se mantiene el 155 se “provocará una crisis institucional de dimensiones considerables”. Pero Pablo Iglesias igual no se ha enterado, porque él está con lo de consultar a sus bases si debe seguir al frente de Podemos, dado que se cuestiona su coherencia. Pablo a lo suyo.

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