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La corrupción de los aforados. -José García Domínguez/LD-

Hablando de aforamientos, que es la cortina de humo de moda durante esta semana, resulta que aquí está aforado hasta el adjunto al Defensor del Pueblo de Andalucía. No el mentado y prescindible Defensor, que por supuesto que también lo está, sino el adjunto al mentado. Y no está aforado el gato del concejal de Abastos del Ayuntamiento de Betanzos porque no se acordaron de él cuando se redactó la última reforma del Estatuto de Autonomía de Galicia. Solo por eso. Y es que, como tan frecuente resulta en el diseño desquiciado del modelo de descentralización política español, el problema no reside en que esa figura discutible, la del aforamiento, esté contemplada en la Constitución con el fin exclusivo de amparar a diputados nacionales y senadores, prerrogativa que una ley orgánica hizo luego extensiva a jueces, fiscales y magistrados integrantes de los máximos tribunales del Reino, además de los miembros del Consejo de Estado, el Tribunal de Cuentas y el Defensor del Pueblo (el de verdad). El definitivo disparate es que el señor alcalde de Castellón, al igual que el adjunto del otro en Sevilla, resulten ser igualmente cargos institucionales que gozan de un absurdo aforamiento por obra y gracia del incontinente afán de las comunidades autónomas por emular la apariencia externa y el oropel formal propio de un estadito soberano de la señorita Pepys.

Una paranoia narcisista, la que alimenta esos delirios de grandeza de nuestros napoleoncitos y napoleoncitas regionales, que, más allá del afán permanente por imitar los atributos propios y exclusivos del Leviatán, tiene algunas implicaciones prácticas particularmente golosas para los corruptos y corruptas periféricos con denominación de origen. Y es que, para que en una democracia liberal exista de verdad la separación de poderes, esa separación debe ser también física, no sólo jurídica. Por algo el caciquismo ha sido siempre una lacra asociada a los pequeños territorios alejados de las grandes ciudades. Y por eso mismo en muchos países con democracias viejas el Tribunal Supremo suele estar ubicado en una ciudad distinta y distante de aquella donde tiene su sede el Gobierno. Contra lo que ordena el prejuicio popular, en una gran ciudad como Madrid resulta mucho más difícil corromper a un juez que en alguna de esas pequeñas capitales de provincia donde todos los notables del lugar se conocen desde la infancia y coinciden cada tarde en el casino. Y no sólo porque el adjunto del de Sevilla, el edil de Alicante y el conselleiro de Santiago se tuteen con los miembros del correspondiente tribunal superior autonómico, valga el oxímoron, sino porque, además de tutearse y merendar con ellos, también los nombran. Y eso ya son palabras mayores.

De ahí el entusiasmo de los parlamentos regionales por extender el chaleco salvavidas de los aforamientos hasta al que toca la bandurria en el Orfeón Donostiarra. El tan buscado chollo del aforamiento pedáneo ofrece al delincuente autonómico potencial la garantía cierta de que, en el caso de ser pillado en acto de servicio, dos de los cuatro miembros de la Sala llamada a juzgar y condenar sus fechorías habrán surgido de una terna elegida por ellos mismos, merced a la facultad que se otorgó en su día a los parlamentos regionales para que metieran la nariz en los nombramientos judiciales. Dos de cuatro. Un cincuenta por ciento de probabilidades a priori de que el juez del caso resulte ser un compadre del reo. ¿Se atreverá a intentar acabar con eso Pedro Sánchez? A que no.

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España,mírate. -Daniel Ari/Hilo twittero-

A todos los que estáis acojonados y acongojados con la llegada de Torra a la Generalidad: no lo estéis. Es una magnífica noticia. Después de 40 años viviendo bajo el chantaje permanente de indepes de distintas regiones, y de barrer la mierda bajo la alfombra,es bueno que la pus se haga visible y los españoles la vean y la huelan. Solo así se puede poner en funcionamiento el sistema inmunológico de la nación, que hasta ahora permanecía dormido. Es bueno que España despierte de su mortal indiferencia.

Hasta hace apenas 3 años, los sediciosos de hoy solo querían tensar y tensar la cuerda para obetner más dinero y privilegios. Los separatas catalanes y vascos formaban parte del paripé de los “hechos diferenciales” con los que se mantenía el chiringuito autonómico.

Cuanto más presionaban, cuanto más hacían las víctimas, más les daban los mal llamados “partidos constitucionalistas” bajo la excusa de que había que ser sensibles a las diferencias. Ese era el negocio. Porque los separatas tiraban de la cuenda, pero TODOS ellos se beneficiaban.

Más privilegios, más puestos en la administración, más presupuestos de los que robar a manos llenas y sin control, etc. ¿O ya nos hemos olvidado del “España es un concepto discutido y discutible” de ZP y del “España es una nación de naciones” de Sánchez?

¿O ya nos hemos olvidado de que tanto el PSOE como el PP han venido financiando con dinero de los españoles a los chantajistas a cambio de nada? ¿O de que el mismo PP apoya la exclusión de los castellano hablantes en Mallorca y en Galicia?

El guión era ese: chantajear, cobrar, llorar, cobrar, chantajear, cobrar. Indefinidamente. Pero hubo un punto de inflexión. En un momento determinado, a los socios del chiringuito se les cruuzó la CUP. Cuatro gatos en el parlamento catalán que querían más.Y sin los cuales todos estos imbéciles de JuntosPorSuPutaMadre no podían gobernar. Y entonces se empezó a torcer el guión.

Hubo un momento en que la oligarquía catalana, representada por CiU, ERC, etc., tuvieron que elegir entre seguir tensando la cuerda y perder votantes o echarse al monte para no quedarse fuera de la foto.El resultado de esta deriva es que una parte importante de la población catalana, a los que ellos mismos adoctrinaban en las escuelas públicas catalanas mientras mandaban a sus propios hijos al colegio alemán,es hoy víctima de una histeria o psicosis colectiva. Les habían prometido una y mil veces el shangri lá, les habían dicho hasta la saciedad que eran más buenos y mejores, pero que no lo podían disfrutar porque estaban oprimidos por una raza de catetos fascistas y,ya completamente infantilizados, los del lacito amarillo no piensan soltar el hueso que les habían dado para roer durante tantos años. Si les dejas sin hueso, les dejas sin su falsa identidad y sin sus ilusiones.

A veces las grandes oportunidades vienen envueltas en mucha mierda. Solo hay que saber identificarlas y aprovecharlas. En manos de los españoles, solo en nuestras manos, está deshacernos de toda esta basura, la de Moncloa,la del Congreso y el Senado, y la de los miles y miles de oportunistas y chupópteros que viven de la cosa autonómica. Quitaos las vendas y mirad a vuestro alrededor. En Cataluña no hay gobierno y no pasa nada.

Tanto Cataluña como las demás regiones de España pueden sobrevivir perfectamente sin autonomías. No nos benefician en nada. Solo nos dan problemas, solo aumentan las desigualdades entre españoles, solo se llevan miles de miles de millones de euros al año que podríamos dedicar a temas más importantes y causas más nobles.

Aprovechemos que la pus apesta, que más y más gente empieza a ver que el rey está desnudo, para mandar a toda esta mafia de la partidocracia a su casa. A todos. Desde el PP hasta Bildu, pasando por Cs.Todo partido que no plantee la disolución del estado de las autonomías es porque tiene intereses en ese negocio y, por tanto, es enemigo de la nación. Lo es, al menos, para mí.

¿Os quejáis de los casos de corrupción de todos estos partidos? Pues os digo una cosa: ni sumando todos los casos de corrupción más célebres, los del PSOE en Andalucía y Valencia, los del PP en Valencia y Madrid, los de los separatas en Cataluña, os acercáis a un 1% de la corrupción anual que supone la existencia del estado de las autonomías. Corrupción legal, pero la más grandísima de las corrupciones. La madre de todas las corrupciones.

Mirad a vuestro alrededor. Abrid bien los ojos. No déis por sentado que toda esta mierda es eterna. Aproveche¡mos las oportunidades que se nos brindan. Mandémoslos a todos a su casa, de donde nunca tendrían que haber salido.

Merecemos algo mejor. Y tenemos más fuerza de la que creemos. Pero unidos. Anotad esta palabra: UNIDOS. Exactamente lo contrario de lo que todos estos políticos hacen con nosotros a cuenta del estado autonómico. UNIDOS. Acordaos.

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Chaves, Griñán y dinero para asar una vaca. -Liberal Enfurruñada/OK Diario-

Tanto Chaves como Griñán son hijos de franquistas. Manuel Chaves es hijo de un coronel del ejército de Franco y de una dirigente de la Sección Femenina de Falange Española, estudió en colegios católicos privados hasta licenciarse en derecho. Se afilió al PSOE en 1968 y fue diputado en el Congreso desde 1977 hasta 1990, ministro con Felipe González de 1986 a 1990, presidente de la Junta de Andalucía desde 1990 hasta 2009, vicepresidente del Gobierno y ministro con Zapatero de 2009 a 2011, presidente del PSOE de 2000 hasta 2012 y diputado en el Congreso hasta 2015, cuando dimitió tras ser imputado por prevaricación en el caso de los EREs fraudulentos de la administración andaluza, por lo que podría ser condenado a 10 años de inhabilitación.

José Antonio Griñán es hijo de un conocido comandante de la Guardia de Franco destinado en El Pardo, y de una sobrina de un falangista presidente de la Diputación de Madrid. También estudió en colegios privados católicos hasta que se licenció en derecho. Se afilió al PSOE en los primeros años 80 y fue viceconsejero de la Junta de Andalucía de 1982 a 1986, consejero andaluz de 1990 a 1992, ministro con Felipe González de 1992 a 1996, diputado del Congreso de 1993 a 2004, de nuevo consejero de Economía andaluz de 2004 a 2009, presidente de la Junta de Andalucía desde 2009 hasta 2013, presidente del PSOE de 2012 a 2014 y senador de 2013 hasta 2015, cuando también dimitió tras ser imputado por prevaricación y malversación en el caso de los EREs. Podría ser condenado a 6 años de cárcel y 30 de inhabilitación.

Aunque los grandes medios de comunicación pasan de puntillas sobre este caso que ensucia al actual PSOE, el juicio de los EREs llega a uno de sus momentos cumbre con las declaraciones ante la Audiencia de Sevilla de los dos expresidentes de la Junta de Andalucía. Están acusados —junto a otros 20 ex altos cargos, entre los que destacan la exministra Magdalena Álvarez y Gaspar Zarrías— de diseñar un “procedimiento específico” con el que repartieron de forma arbitraria y opaca más de 741 millones de euros en ayudas sociolaborales entre 2001 y 2010, dejando por medio comisiones, desvíos y hasta juergas con cocaína más que suficientes para “asar una vaca”, como presumía la madre de uno de los mediadores entre la Junta, las empresas beneficiarias de las ayudas y la aseguradora. Y de todas estas irregularidades la Intervención General de la Junta avisó hasta en tres ocasiones a unos imputados que ahora quieren hacer creer que ellos no sabían nada.

Chaves y Griñán no están acusados de haberse lucrado personalmente ni se les han descubierto patrimonios ocultos. Tampoco de haber financiado ilegalmente al PSOE. Están acusados por haber manejado los fondos de la Junta de Andalucía como si de su cortijo se tratase, como aquellos señoritos amigos de sus padres que a principios del siglo pasado compraban el voto de los jornaleros a cambio de una golosina. Quizá ninguno de estos dos hijos del franquismo más rancio tenga una cuenta oculta en Suiza, pero el daño que habrían hecho a los andaluces es mucho mayor que si sólo hubieran hecho eso. Porque el dinero “para asar una vaca” que presuntamente malversaron tenía que haberse usado para generar empleo y riqueza en Andalucía, y no para dotar un “fondo de reptiles” con el que comprar votos, agradecer favores, silenciar a los críticos y asegurar lealtades a un régimen clientelar del que los andaluces no son capaces de deshacerse aunque los excrementos les lleguen hasta las cejas.

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La Independencia del 3%

 

Muchos votantes tradicionales de la ya desaparecida CiU se siguen preguntando cómo un partido sostén de las clases medias, los sectores más acomodados y de mayor renta, defensora del orden social, las tradiciones –siempre catalanas, esto sí– y de un modo de vida conservador –aquel ideario de Macià de que el mundo ideal de todo catalán era aspirar a la «caseta i l’hortet»– podía embarcarse en un desafío tan descomunal contra el Estado y las instituciones democráticas españolas. Es uno de los grandes enigmas del «proceso», que sobrepasa al argumento siempre aducido por el partido fundado por Jordi Pujol: todo empezó con la sentencia del Constitución de junio de 2010 sobre algunos artículos del nuevo Estatuto. De aquellas reivindicaciones de una mejora del sistema de financiación hace tiempo que se dejó de hablar; ni siquiera estaba en la filosofía política del catalanismo el concierto económico a la vasca (Pujol lo rechazó en 1980: no quería estrenarse recaudando impuestos) y, más recientemente, en octubre de 2013, CiU despreció una nueva financiación económica porque se trataba de un «cambio de cromos» para desactivar la consulta soberanista. El caso es que ahora, aquel partido moderado dispuesto a pactar con el PP o el PSOE está aliado con una agrupación anticapitalista y antisistema de diez diputados dispuestos a todo –y todo es todo– con tal de conseguir la independencia de Cataluña en dos días a partir del próximo 1 de octubre. En el tiempo, este desafío ha coincidido con el hundimiento de CiU por dos razones: sus errores políticos y una corrupción que carcomía las estructuras del partido; aquel célebre 3% que Maragall denunció –a buenas horas– en 2005. Hay que partir del hecho abundantemente recogido en las hemerotecas de que cada vez que se han investigado las cuentas de Convergència o ha habido un sentencia en firme la reacción ha sido la misma: sólo se trataba de una campaña del Estado, ni siquiera contra el partido, sino contra Cataluña. No tardará mucho en salir la sentencia en firme del «caso Palau», que destapó el sistema de financiación ilegal de Convergència a través de un desfalco generalizado de las arcas del Palau de la Música –señera institución de la mítica burguesía barcelonesa de hace un siglo– y del cobro de comisiones ilegales, lo que ha supuesto del desvío de 6,6 millones de euros, todo ello con el silencio o complicidad de la clase dirigente nacionalista. Ese mismo partido que se puso al frente con el entonces presidente de la Generalitat, Artur Mas, de un choque frontal contra nuestra democracia y que ha fracturado en dos a la sociedad catalana, es el que tiene embargadas 15 de sus sedes y se vio obligada a vender la central. Esa organización que ejercía un poder absoluto prefirió cambiar de nombre y mutar en PDeCAT antes de asumir sus responsabilidades. Y si algún decepcionado ponía en duda su honradez, siempre podía ofrecer a cambio su intachable historial nacionalista y estar dispuesto a llevarse por delante la Constitución, el Estatuto y las leyes que hiciesen falta con tal de demostrar su patriotismo. En el centro de todo este entramado patriótico-financiero está Artur Mas, un político que ha sido un verdadero desastre para su partido y, sobre todo, para Cataluña. El partido de Jordi Pujol no ha sido un buen ejemplo, empezando por su fundador, y sólo ha demostrado un sistema político amasado con un patriotismo clientelar en el que hasta las sentencias judiciales se ponen en duda. Mas deberá responder de estos desmanes políticos y financieros. Pasará a los anales de Cataluña haber ocultado sus desastres financieros atacando frontalmente a nuestro sistema democrático.

Origen: La Independencia del 3%

La democracia solo es el instrumento perfecto para que funcione bien el negocio de los partidos políticos – Alerta Digital

 

Por José L. Román.- A nadie debe sorprender, cuando se cumplen cuarenta años de las primeras elecciones de esta democracia, que estamos regidos por una dictadura democrática liberal que no es otra cosa que el instrumento perfecto para que funcione el negocio de los partidos políticos subvencionados por el Estado, que constituyen el cauce a través del cual puede llegar a la presidencia del gobierno cualquier iletrado e incapaz, o a obtener acta de diputado hasta un terrorista convicto.

Los partidos son máquinas electorales fabricadas para la conquista del voto a cualquier precio. Si los votos consiguen el poder y los votos se consiguen con dinero, cualquier tipo de financiación vale: la que se obtiene de los presupuestos del Estado, sin respeto a la conciencia y al bolsillo del contribuyente; la que se recibe del exterior; y la que se obtiene por vía deshonesta como hemos podido comprobar con los múltiples casos de corrupción para la financiación de los mismos.

Los dirigentes de Podemos han hecho de la política un lucrativo medio de vida.

Los partidos se transforman, pasan de ser núcleos ideológicos a centros de interés. De Pablo Iglesias (1850-1925) a Felipe González media un abismo. De José María Gil Robles (1898-1980) a José María Aznar tres cuartos de lo mismo. Pablo Iglesias no habría afirmado nunca que el capitalismo es el menos malo de los sistemas económicos, y José María Gil Robles no habría jamás afirmado que mantendría vigente la “ley del aborto”.

El PSOE de Andalucía ha creado una de las principales redes clientelares de Europa. En la imagen, Griñán y Chávez, dos de sus exlíderes

Los partidos que no obtienen mayorías absolutas acuden al pacto sistemático, y para ello, abdican de lo que sea preciso. El socialismo español, por ejemplo, ha pactado repetidamente con la derecha conservadora separatista, y viceversa, con el resultado final que todos conocemos.

Esos partidos que dicen representar al pueblo, y de un modo especial sus cuadros dirigentes, cuando tienen en sus manos los resortes del poder, olvidan a ese pueblo y se ponen al servicio de las fuerzas internacionales o de los grupos de presión, como ocurrió por ejemplo con la entrada sin cautelas en el Mercado Común Europeo primero, y en la Unión Europea y la moneda única, para lo que hubo que sacrificar nuestra industria pesada, naval, textil, del curtido y del juguete, asumir sanciones por la producción de leche, permanecer con las manos atadas para negociar los tratados de pesca, y hasta la obligación de arrancar vides y olivos, piezas claves de nuestra riqueza nacional.

Los partidos son entes artificiales, y en ocasiones “contra natura”; su desprestigio lo ponen de relieve, no solo la abstención abrumadora en los comicios, sino la oleada de indignación que provocan cuando en periodos de crisis, sus representantes sentados en las instituciones han sido los únicos intocables a la hora de los recortes. No es de extrañar por tanto, que una parte mayoritaria del pueblo, sobre todo la que no lastra favores de ningún partido ni vive de la política, y que se mantiene únicamente de su trabajo diario, sea la que ha visto en los partidos el fraude de la libertad por autoerigirse como medios de lucha a los que se debe idolatrar.

Albert Rivera, o cómo pasar de ser un “don nadie” a participar en las reuniones de Bilderberg.

Si la libertad se concibe únicamente como un fin, como un absoluto, que ha de girar como una veleta que mueven los vendavales de la pasión o del capricho, entonces, el hombre enloquece y la sociedad se torna anárquica. La libertad, en ese caso, deja de serlo, tal y como ocurre en las democracias liberales, y acaban convertidas en democracias liberticidas.

Hecha la reflexión, sobre la prostitución de la democracia, el régimen de partidos o fraude de la libertad, y los grupos de presión como el Nuevo Orden Mundial (NOM), llegamos a la conclusión de que como españoles debemos pensar en nuestras responsabilidades y en nuestros propósitos. Las advertencias de muchos de nuestros mayores, por lo que tienen de proféticas, han de ser repasadas y escuchadas con atención y respeto, para dotarnos de fortaleza y prepararnos para lo que se avecina.

Es necesario que actuemos dentro de la sociedad, no como masa amorfa sin personalidad, frágil e irresponsable dirigida por los partidos y sus medios informativos, sino como fuerza de unas instituciones naturales básicas como la familia, el municipio y los grupos profesionales, que canalicen la representación popular y se constituyan en colaboradoras esenciales e imprescindibles del quehacer político. Ahí está, la clave de la restauración nacional y del orden nuevo para España, tan distinto del Nuevo Orden Mundial del que somos testigos y víctimas a un tiempo.

No caigamos nuevamente en la trampa tendida por los cobardes y traidores del Partido Popular, y de los que siguen viviendo de ese instrumento político más que amortizado llamado “antifranquismo” ¡Basta ya! Ellos saben que antes de instalarse con el negocio de los partidos, la democracia y las autonomías políticas, las heridas de la guerra estaban prácticamente cicatrizadas, la reconciliación nacional lograda, se industrializó el país, se remozó la agricultura, se terminó con el paro y el analfabetismo, surgió una clase media ejemplar, y adquirimos ante el mundo el prestigio que obligó a los embajadores a regresar a España, después de un bloqueo político y económico injusto.

Francisco Correa (2º izda) junto a ‘El Bigotes’ en la boda de la hija de Aznar.

Recuperar los principios, los valores y las constantes históricas que han configurado a España y que la identifican como nación, ha de ser el magno propósito de los buenos españoles. Si los tecnócratas enfriaron la política, si el socialismo ha enfriado la economía, si el secularismo ha enfriado la conciencia, y estamos a punto de morir colectivamente por congelación, no hay otro remedio que caldear los corazones y poner en las almas un fuego contagioso que sacuda el cansancio o la dispersión de los buenos, que despierte a los adormilados, que ilumine a los ciegos del mal menor y el voto útil, que margine, en fin, a aquellos “asesinos de España”, que nos han condenado al exterminio.

Ha llegado el momento de comprometerse a sacar la nación del abismo, a hacer del “¡Arriba España!” no sólo un grito volátil y efímero, sino una consigna que debe cumplirse.

 

Origen: La democracia solo es el instrumento perfecto para que funcione bien el negocio de los partidos políticos – Alerta Digital

Lo negro de la roja. -Antonio Burgos/ABC-

Aceptemos corrupción como animal de compañía y aceptemos La Roja como apodo de nuestra Selección Nacional de Fútbol en boca de aquellos a quienes la palabra “España” les produce una comezón extraña y a algunos, unos deseos irreprimibles de irse, naturalmente que exigiendo antes que Madrid y el resto de sus connacionales les paguemos el billete de ida. Aceptado lo de La Roja, pues, recuerdo los tiempos de Porta. ¿Se acuerdan? Bueno, pues aquella perra de cada noche radiofónica de José María García con “Pablo, Pablito, Pablete” era un juego de niños al lado de cuanto se está descubriendo en la FEF con el caso Villar. A Pablo, Pablito, Pablete nunca lo metieron en la cárcel ni se le probó nada raro ni sucio, y ahora, ya ven, lo de La Roja era bastante negro todo, según muestran los autos de inculpación y prisión.

Y, como siempre ocurre en España en los casos de esta naturaleza, resulta que esto de los tejemanejes y mangoletas de Villar en la Federación lo sabía todo el mundo. Ha pasado como con el famoso Tres por Ciento de comisión en la Generalidad de Cataluña: que no sólo todo el mundo lo sabía, que ponían la mano para las comisiones casi oficialmente establecidas y tarifadas, sino que el asunto incluso llegó al Parlamento, y nadie lo tomó en cuenta. O no lo quiso tomar. ¿Tanto reparten en estas cosas al parecer tan españolas que interesa más callar, mirar hacia otro lado y poner también la mano que actuar como al cabo de los años y casi al humo de las velas empiezan a descubrir entre la UCO, la UDEF y los jueces, poniendo “negro sobre blanco”, que se dice, cuanto andaba de boca en boca no en las lenguas de doble filo, sino en las personas bien informadas y de recto criterio y moral intachable?

Llueve sobre mojado. Lo de la familia Pujol era conocido en Cataluña entera, e incluso más abajo del Ebro, y nadie decía nada, ni le metía mano a nada. ¿Y se acuerdan de lo que ya nadie recuerda, del Caso Juan Guerra, que fue el chupinazo de esta Calle de la Estafeta de la corrupción en España? En Sevilla todo el mundo sabía que Mienmano se dedicaba a lo que se dedicaba en el despacho que le habían puesto en dependencias oficiales. Y no sólo lo sabían, sino que se lucraban muchos de los cafelitos que se servían en aquel tristemente famoso despacho, que hasta merecería una lápida de recuerdo: “En este despacho empezó oficialmente algo tan típico, tan racial y tan nuestro como la Corrupción en España”. ¿Cómo es posible que, presidente del Gobierno tras presidente del Gobierno, el Caso Villar siguiera siempre su curso, inasequible al desaliento, con los votos de las Federaciones Regionales comprados y todo el entramado bien urdido, a costa nada menos que del nombre de nuestra nación en futbolística materia? Y según he leído hasta ahora por lo investigado, lo más chocante del caso es que cuanto más gloriosos y triunfales eran los días de la Selección de Fútbol, más apaños y negocietes se tramaban en aquel despacho del incombustible y reelegidísimo señor Villar, contra el que no tengo nada hasta que la Justicia lo condene, pero que me duele el daño que le ha hecho a la llamada Marca España. Sí, la Selección, la Roja, el Mundial, Sudáfrica, eran hitos de esa Marca España que resulta que llevaba por debajo toda una trama de traficantes de influencias y de algo más que influencias. Toda España orgullosa de su Selección de Fútbol, y algunos haciendo los grandes negocios fraudulentos a costa del propio nombre de la nación, que era el que llevaban a jugar amistosos, de aquella manera que dijimos, a Corea del Sur, a Colombia, a México, para exprimir al máximo en personal provecho el prestigio de la Marca España. Me niego a pensar que la Marca España sea la corrupción. Pero me extraña que siempre tarden tantos años en llegar a los tribunales las mangoletas que son clamorosa vox populi.

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Corrupción o comunismo. -Santiago Navajas/LD-

Tal y como ha demostrado Macron en Francia, hay alternativa liberal a los conservadores fosilizados y a los comunistas populistas.

La puesta en escena de la moción de censura estaba destinada a hacer ver a los españoles que tienen que elegir necesariamente entre un corrupto y un comunista. Empujados ante un dilema diabólico, la gente preferirá al corrupto, claro. Ya puestos, mejor que te roben a que te maten. El corrupto quiere tu cartera; el comunista, tu alma (y tu cartera). Bárcenas, Francisco Granados, Rato, Pedro Antonio Sánchez, Ignacio González… así como multitud de cargos del PP en ayuntamientos están bajo sospecha de corrupción. Y fueron los grandes protagonistas invisibles del debate. El PP se ha convertido en una mafia política (con el PSOE en plan Camorra). Y el Padrino está claro quién es, por activa o por omisión. Podemos, por su parte, es lo más parecido a la KGB en versión postmoderna y con acento venezolano. Chávez, Maduro, Evo Morales, Kirchner… fueron los otros invitados a la moción de censura patrocinada paradójicamente por los partidarios de la censura y el escrache como métodos políticos usuales. Si hay que elegir entre Vito Corleone y Vladimir Ilich Lenin, el pueblo tendrá en cuenta que ninguno de los dos tiene ni idea de lo que es el imperativo categórico kantiano, pero al menos el primero sabe gestionar una empresa. Ahora bien, ¿debemos conformarnos con este dilema, reconvertido en un cuadrado criminal que encierra un círculo vicioso, de corrupción o comunismo?

Mientras escribo estas líneas se cumplen 40 años de las primeras elecciones democráticas, cuando no se sabía muy bien si España acabaría en otra dictadura de derechas o en una república prosoviética. Ganó UCD y de aquellos votos, esta monarquía constitucional tan brillante a pesar de todo. Fraga y Carrillo, los dos autoritarios, fueron sobrepasados por Suárez y González, que venían de tradiciones fascistas y marxistas pero supieron reciclarse y reciclar a sus seguidores dentro del paradigma democrático. Hoy en día, tal y como ha demostrado Macron en Francia, hay alternativa liberal a los conservadores fosilizados y a los comunistas populistas. La propuesta de Ciudadanos y de Albert Rivera, con un pie puesto en el liberalismo y otro en la socialdemocracia, a favor de un Estado limitado, eficiente y compasivo, es una apuesta de futuro que recoge lo mejor tanto de la UCD de Suárez como del PSOE de González y que, como la ola Macron, es la única forma de limpiar los sucios establos de Augías en los que han convertido nuestra democracia la dupla Rajoy-Iglesias, tan lejanos en las formas parlamentarias pero tan cercanos en el fondo de la obsolescencia política. Ya solo queda cortar el nudo gordiano de una democracia que empezó hace cuarenta años con ganas de concordia por la mayor parte de sus actores, salvo por los sectarios nacionalistas y los extremistas marxistas. En algo hemos mejorado: ya no tenemos que temer que la Tigresa nos pegue un tiro, solo que Guardiola nos largue un discurso a favor de Catar.

Origen: Libertad Digital

Corrupción y separación de poderes. -C.García-Abadillo/El Independiente-

En cada Estado hay tres clases de poderes: por el legislativo, el príncipe o el magistrado hace las leyes para cierto tiempo o para siempre, y corrige o deroga las que están hechas. Por el ejecutivo, hace la paz o la guerra, envía o recibe embajadores, establece la seguridad y previene las invasiones, y por el judicial, castiga los crímenes o decide las contiendas de los particulares” (Charles Louis de Secondat, Barón de Montesquieu).

La definición de un estado de derecho es cosa breve, sencilla y, como puede verse, duradera en el tiempo. Hace más de 250 años que Montesquieu definió la esencia de un estado democrático y, desde entonces, no han dejado de aparecer asesinos, algunos brillantes, otros sencillamente bárbaros, que han querido acabar con su filosofía siempre en nombre de supuestos valores superiores, como la raza, la clase social, la nacionalidad, el pueblo, etc.

Vivimos tiempos de cambio en los que todo parece estar en cuestión. La dureza de la crisis económica y, sobre todo, la corrupción, han dado a luz a una visión del mundo que consiste en revisar todo lo anterior, incluido el sistema político. La desvergüenza con la que han actuado algunos destacados miembros de la clase política favorece el discurso populista que consiste en derribar el edificio institucional construido tras la muerte de Franco.

Lo que estamos comprobando en las últimas semanas es que, en esencia, el Estado de derecho funciona con razonable eficacia a pesar de las presiones: los jueces, los fiscales, los cuerpos de seguridad, la prensa, el Congreso, están cumpliendo con el papel que les atribuye la Constitución.

Siguiendo la línea marcada por Montesquieu, una democracia sería el sistema político en el que los políticos no actúan como jueces, ni los jueces como políticos; en el que los policías no sustituyen a los fiscales, y en el que los periodistas no quieren ser jueces, fiscales y policías al mismo tiempo. Es decir, un sistema en el que cada uno cumple con su función.

La UCO no ha recibido presiones políticas ni en la operación Lezo, ni en el caso de los ERE. La explicación: los gobiernos saben que hacerlo sería inútil

Mentiríamos a los ciudadanos si dijéramos que los gobiernos -todos lo gobiernos- han sido exquisitamente respetuosos con la división de poderes. Pero tampoco diríamos la verdad si no constatáramos que, en muchos de los casos, sus intentos han devenido en fracaso.

Incluso, en algunas instituciones clave ni siquiera lo han intentado, a sabiendas de que su esfuerzo sería en vano.

Cuando le pregunto al jefe de la UCO, Manuel Sánchez, si alguna vez ha recibido alguna indicación por parte del Gobierno, la respuesta del coronel de la Guardia Civil es contundente: “Nunca”.

La UCO es un cuerpo de élite del instituto armado “al servicio del Estado”. No importa quién gobierne o sobre qué partido político recaigan sus investigaciones. La UCO ha rastreado el caso de los ERE en Andalucía y la operación Lezo. Con la misma intensidad, entre otros muchos.

Cuando al jefe de la Unidad alguno de sus amigos -posiblemente votantes del PP- le pide que “dé caña a otros partidos”,  el coronel se encoge de hombros: “Nosotros actuamos contra la corrupción, esté donde esté”.

Reconforta comprobar que hay profesionales que actúan al margen de las presiones o de sus preferencias políticas. Satisface observar a jóvenes de entre veinte y treinta años realizar su trabajo de investigación sin preguntarse quién saldrá perjudicado o quién sacará rédito político de sus pesquisas.

Mucho más importante que el grado de corrupción para medir la salud democrática de un país es que sus instituciones funcionen. Y que haya funcionarios que cumplan con su papel sin esperar recibir nada a cambio.

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