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Se busca Pujolet 2.0 -F.J.Losantos/El Mundo-

Siguen lloviendo encuestas y anubarrándose evidencias. En Cataluña podríamos pasar de la República de los delincuentes a la República de los Equidistantes, presidida por Colau y regentada por Iceta, o al revés, pero siempre telepresidida o teledirigida por Junqueras y sus cómplices. Al menos es lo que dice Godopress, agencia que tras enriquecerse con Franco, medrar con UCD, prosperar con el PSC, forrarse con Pujol y saltar la banca con Juntos por el Sí y por la CUP y por la editorial Dignidad de Cataluña, anda ahora a la busca de un Pujolet 2.0. y tiene convencido al Gobierno de que esa es la solución menos mala: que el liberado con cargos Santi Vila encabece la nueva Convergencia y vuelva Durán i Millo a encabezar Unió. De hecho, Millo, que le llevaba la bolsa a Durán y ahora el bolso a Soraya, sería algo así como el rehén del Gobierno en la construcción de un nuevo Pujol, un nuevo Roca, un nuevo Arturo Mas, antes de rebautizarse Artur.

Lo peor de esa canción es que viene siendo un éxito desde 1977. Y a un grupo de personas sin mucho talento y sin ningún escrúpulo, como el Gobierno actual, y no digamos la oposición socialista, igual pero peor, es lo que le gustaría que se hiciera realidad. ¿No podríamos fletar, se dicen los agradaores de Moncloa y de Ferraz, los julianas del parte único editorial, un nuevo Pujol, separatista pero sin que se note mucho, para pactar con él la famosa Reforma Constitucional, o sea, la Desconstitución de España?

«¡Eso, nos hace falta un Pujolet!», dicen Arriola y el joven Arenas. «Mejor un Pujol 2.0.», matiza Andrea Levy, al ritmo de garaje de su rock tirando a transversal. «Dejádmelo en Pujolet Dospuntocero, ¡pero lo quiero para ayer!», ruge Soraya, y le echa un poco de leche en el platillo a Millo.

Sin duda, Santi Vila es el que mejor da el perfil del Pujolet 2.0. Era un separatista desorejado que hace dos meses, megáfono en mano, se decía dispuesto a perder la vida, la libertad, el patrimonio y lo que fuera por la independencia de Catalun-¡ya! Y ahí lo tienes ahora: pagando su fianza tan formal, saludando con una sonrisa a los guardias de la puerta de la cárcel, con la barba recortadita, casado ¡y además gay! Era tan nacionalista como el marido de Inés y le robaría votos del armario al PSC. Sólo falta que se deje Cocomocho; y que el novio se haga del PP.

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Un tío de puta madre. -Martín Domingo/Granada hoy-

Mi columna de hoy quiere ser una carta de agradecimiento dirigida a quienes, durante los días posteriores a los atentados de Cataluña, me han abierto los ojos y liberado de peligrosos prejuicios.

Quiero dar las gracias, en primer lugar, a Raquel Rull, educadora social de Ripoll, que escribió un texto, publicado en muchos diarios, que me ha permitido conocer mejor -conocer es entender- a Moussa, el chiquillo que acudía a sus talleres con ocho años, de la mano de Driss, su hermano mayor, un hombrecito amable, tranquilo y buen estudiante. Un amor. Comprendo que a Raquel le duela tanto no poder volver a abrazarlos: ¡eran tan jóvenes, tan llenos de vida, tenían tantos sueños por cumplir…!

Gracias también a Ramón Colom, director general de TVE en la última etapa de Felipe, por acordarse en su cuenta de Facebook de “la madre de ese muchacho de veintidós años al que han matado los Mossos, el segundo hijo que le matan en pocos días. Pobre mujer”. Una internauta poco receptiva dejó caer que a lo mejor la madre falló en algo, pero otro usuario la corrigió de inmediato: “Atribuir la responsabilidad a la madre es injusto. Habría que reflexionar sobre qué ha fallado en el sistema y en el marco de convivencia geopolítica”. Claro que sí.

Nos esconden, y hacen bien, las caras ensangrentadas y los cuerpos mutilados de las víctimas. ¿Para qué queréis ver a ese niño de siete años tirado en mitad de la Rambla? ¿Para dar tralla en las redes a quienes le pasaron por encima con un furgón? Criminales, les llamaréis, que aquí lo que falta es empatía y sobra terroristofobia. Sí, ya sé que la imagen de Aylan, el pobre niño sirio muerto en la arena de una playa turca, la viralizaron los mismos que ahora niegan visibilidad al pequeño Julian, pero hay que ser muy retorcido para insinuar que hay personas a las que sólo les importan los niños muertos que les permiten arremeter contra nuestros gobiernos y nuestras leyes.

A nadie le interesa lo que puedan decir los familiares de las víctimas del atentado; lo verdaderamente enriquecedor es el testimonio de los amigos y allegados de los asesinos. Así lo han entendido los periódicos y las televisiones. Por ejemplo, Silvia Jato, que en La Mañana de la 1 confraternizaba con el primo de uno de los yihadistas y se partía la caja cuando éste le desvelaba que su pariente -el asesino en serie, dirán los de siempre-, no tenía novia formal, sino rolletes. ¡Qué golfillo! También vimos el rostro decentemente cubierto de la hermana y de la madre, que nos informaron de que era un muchacho sin tacha, que las quería infinito. La Jato, tan guapa y tan señora, se mostró además como una mujer comprometida y cálida, equiparando el dolor de la madre del niño muerto en Las Ramblas y el de la madre de su verdugo. Es una miss con alma de trabajadora social.

El País, siempre del lado de los débiles, se acercó a preguntar a los amigos de Younes, el conductor de la furgoneta, que mató a catorce personas y dejó malheridas a más de cien: “Mira, te lo voy a resumir: era un tío de puta madre”, contestó uno de ellos con desparpajo. No tengo ninguna duda. Mucho mejor que esos turistas de mierda a los que despanzurró contra el suelo. Tienen razón los de la CUP: ellos, los turistas, son los terroristas.

Origen: Un tío de puta madre

El comunismo en 2017. -Cristian Campos/El Español-

Les voy a explicar cómo funciona esto del comunismo en 2017.

Lo primero que hay que conocer es su hábitat. Es Twitter. Fuera de Twitter, es decir en la vida real, el comunismo es residual. Porque en la vida real, comunista, lo que se dice comunista-comunista, es decir burgués de los que han vivido toda su vida de rentas, sin trabajar, con criada y especulando sobre el obrerismo como quien observa a los ornitorrincos en el zoo y toma apuntes en su Moleskine de piel (es decir como Karl Marx), apenas algún pijo del barrio de Salamanca. Quizá Borja Thyssen y los chicos de la CUP den el perfil.

Lo que sí hay tanto dentro como fuera de Twitter es mucho izquierdismo, que es la enfermedad infantil del comunismo. Esto lo decía Lenin, que como argumento de autoridad es inapelable. En España, izquierdistas hay un 20% aproximadamente. Que Podemos sea el primer partido en intención de voto entre las clases alta y media-alta confirma lo que digo. Esto tampoco me lo invento: lo dicen las encuestas. El voto de izquierdas es un lujo que sólo pueden permitirse los ricos, como saben todos los camareros de España que jamás votarán a Podemos.

Una vez localizado el hábitat del comunismo, sólo hay que poner el cebo en Twitter para saber en qué consiste. El cebo puede ser cualquier cosa. Por ejemplo, una excentricidad facha como: “Hombre, cargarse la primera industria nacional igual no es bueno para el mercado laboral”. Ese tipo de locuras neoliberales, ya saben. Al minuto aparecen las hordas. Por los avatares y la gramática, estudiantes de primer o segundo curso de políticas. O de puericultura. Alguno, sólo alguno, de economía.

Lo primero que te dicen es que tú no tienes ni puta idea de comunismo. Suelen llevar muy a gala lo de “¡A quién has leído tú, eh, venga, dame nombres!”. Ellos han leído tres artículos académicos en primero de carrera, pero aun así quieren chocar los cuernos contigo, medirse las lecturas y tal. Tú les respondes lo que respondes siempre: “Hombre, si lo tuyo es el marxismo, igual Piketty te sirve para situarte en el siglo XXI”. Lo pones fácil. El libro de Piketty se llama El capital en el siglo XXI. EL CAPITAL. Es un bestseller, así que es fácil de encontrar en las librerías. También es ameno y está bien escrito, se lee rápido.

Lo de Piketty no deja de ser irónico porque el francés suele decir en las entrevistas que él no ha leído a Marx. “No le he leído mucho”, dice. Por supuesto, es una boutade. La ironía es obvia hasta para Twitter. Su libro (lo vuelvo a recordar) se llama El capital en el siglo XXI. Y ahí empiezan a repasar los apuntes. “Se va a enterar este tío”. Pasan furiosamente las páginas, no entienden su propia letra. “¡Copón! ¡Puto capitalismo!”, farfullan. En la segunda fase del comunismo, todos los estudiantes de primer curso de políticas tendrán buena letra y entenderán sus propios apuntes.

Y entonces te citan sus lecturas. “Quizá no sepas que Fulanito, Menganito y Zutanito sostienen que…”. Fulanito, Menganito y Zutanito son oscuros teóricos marxistas a los que no conocen ni en su casa a la hora de comer. Siendo generoso, son irrelevantes. Siendo realista, se trata de unos chalados con balcones a la calle. Y tú dices: “A ver, no me suenan, voy a investigar”. Porque eres un tío abierto y, joder, igual ves la luz, sufres una epifanía te arrancas con La Internacional y retrocedes hasta tus dieciocho años. A los dieciocho todos somos comunistas, pero a la primera cuota de autónomos que nos atizan en la cuenta bancaria se nos aparecen Hayek, Friedman y Ludwig von Mises brillando como bombillas de las antiguas, de las que iluminaban de verdad y no como esas cerillitas de luz esmirriada que venden ahora.

Pero el caso es que investigas a esos teóricos marxistas. Y te encuentras con el reparto de La matanza de Texas en pleno. También con una sintaxis que hay que desbrozar con machete: he leído declaraciones de la renta más amenas que los artículos de esos tipos. Y entonces descubres que uno de esos teóricos marxistas ni siquiera es licenciado en economía. Otro es el fundador de una sectita marxista-leninista agro. Algo así como el Verdadero Partido Trotskista Popular del Trotskismo Popular Verdadero de las Islas Aleutianas. Investigas. Cinco afiliados. Otro tiene un blog. Pero no es que tenga un blog y haya publicado catorce libros o sea un referente entre vete tú a saber quién. Es que sólo tiene un blog. Luego, tus comunistas de Twitter escogen alguna cita al azar de Marx o de Engels o de Adorno o de Habermas y te la lanzan a la cabeza como quien te lanza un pollo desplumado. “Ahí lo llevas, pa’que aprendas”. Mientras te quitas el pollo de la cabeza, lees la cita y te sorprendes de que unos dogmas de fe tan mal redactados hayan logrado convencer a tanta gente, hundido en la miseria tantos países y exterminado a tantas decenas de millones de víctimas inocentes.

Y entonces llegan los palmeros. “Uao, nivelón, menudo zasca, fuá todo lo que sabes, lo has dejado seco”. La habitual retórica de macrofarra universitaria, pero con pretensiones de club de debate británico. En realidad, es pura cháchara. Como dice Rafa Latorre, “una jerga puramente comercial”. “Comercial” es la palabra clave. Ni siquiera te están vendiendo (a ti) comunismo. Están comprando (para ellos) autoestima intelectual y legitimidad política. Pero adquirir autoestima intelectual y legitimidad política a través del comunismo es como salir de un cáncer con homeopatía.

Explica el filósofo británico Roger Scruton que Mayo del 68, que él vivió desde su apartamento en el Barrio Latino de París, fue el momento en el que descubrió que era conservador: “Lo que vi en la calle fue a un grupo revoltoso de hooligans autocomplacientes de clase media. Cuando pregunte qué querían, todo lo que obtuve fue un ridículo galimatías marxista. Y entonces pensé que debía de existir la manera de defender la civilización occidental de este tipo de cosas. Y me convertí en conservador. Supe que quería conservar las cosas en vez de destrozarlas“.

Ay, Roger. Si tú supieras.

Origen: El comunismo en 2017