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La Izquierda “chic” contra la bandera española. -F.J.Losantos/LD-

Por una vez, la Izquierda llegó a tiempo. En la primera y asombrosa manifestación contra el separatismo en Barcelona, ya el melifluo Borrell increpó a la muchedumbre que, enarbolando banderas españolas, pedía el cumplimiento de la Ley (“Puigdemont, a prisión”). “Sssst! –chitó- ¡Esto no es un circo romano”. Él, tan finústico, preferirá Le Cirque du Soleil. De ahí el repelús ante tanto pueblo español con su bandera al viento y no a cuestas.

Aquel “Sssttt” a lo Rotemmeyer del alquitarado socialista, súbito abogado de la Generalidad separatista, pudo provocar que cualquiera de las fieras de la arena o del público sediento de sangre, que eso es un circo romano, viendo que Borrell proclamaba mártir a Puigdemont, le hubiera mordido la clámide. Pero las fieras eran tan pastueñas, llevaban tan orgullosa y festivamente su bandera recién estrenada en público, porque lleva décadas tan prohibida en la calle como el español en las aulas, que no quisieron estropear el acto mandando a tomar viento de Abengoa al embajador del rojerío chic, recién llegado de muy, muy afuera.

El socialismo domador de españoles

Pero el déspota a medio ilustrar se quedó satisfecho. Había hecho lo que se espera de un intelectual y político de izquierdas: marcar distancias con la horda española, buena para votar, no para ser atendida y respetada. Al cabo, Borrell es uno de los domadores –por eso se le escapó lo del circo- de la fiera española, arrinconada en los alrededores de la Ciudad de los Prodigios Transversales, uno de los caporales que la han herrado con las cuatro barras de la ganadería catalana, donde los maestros instilan el odio a su lengua y su nación a los niños, hijos de padres españoles a los que deben marginar, y los adiestran para que voten a la Izquierda y aplaudan al Barça.

En la segunda manifestación, un modelo de apropiación indebida por los partidos políticos y en especial por el PSC, que no quiso ir a la primera, Borrell salió al Coliseo dispuesto a echarle un tasajo de carne a la apaleada fiera. En la anterior opuso con la cursilería liricoide típica del progre añejo, la bandera separatista estrellada y la de la Unión Europea, con las estrellas de Eurovisión. Hubo algún comentario sobre el gesto anterior de apostrofar a la fiera y despreciar su bandera, así que esta vez cogió la española, pero el viento, sin subvencionar, deslució el esfuerzo. Quedó como era: falsísimo.

Francesc Frutos contra Manolo Escobar

En esa segunda manifestación, el que se subió a la chepa del millón de españoles fue el dirigente comunista Francesc Frutos, que se hace llamar Paco ahora, no cuando mandaba en Izquierda Unida y atacaba al PP por el delito de poner en duda los beneficios sociales de la inmersión lingüística. Francesc, alias Paco, no cayó en el error de reprocharles la bandera, que con tanta gente repitiendo era suicida, ni les llamó fieras o público de circo romano. Pero tenía que reprocharles algo, no fueran a confundirlo con un político de derechas, así que criticó que cantasen demasiado el “¡Que viva España!”. Podía haber hecho la glosa del “Resistiré”, segundo himno de la rebelión española en Barcelona, pero también era un recién llegado, como Borrell, y dijo echar en falta a otros cantantes que pusieron música a otros poetas, todos de izquierdas, como Antonio Machado y Miguel Hernández.

El tono no fue despótico, como el de Borrell, sino peor: paternalista y condescendiente. No recuerdo que en sus años en el PSUC, el PCE y CCOO, (allí Comissió Obrera Nacional de Catalunya, Vieja Guardia Roja de Pujol y Maragall durante cuarenta años) defendiera España, el español o pusiera en los mítines canciones emocio-nacionales de Paco Ibáñez, que anda ahora etasuno. Tal vez “A galopar”, (hasta enterrarlos en el Mar del Tinell y el Trespercent). Frutos podía haber censurado que Serrat censurase “Mediterráneo” a los manifestantes, mientras renueva a Messi, que es lo único de Cataluña, para la progresía apolítica Barçaluña, sobre lo que se ha atrevido a escribir. Pero no: al que censuró Frutos fue a Manolo Escobar, no fueran a confundirlo con la caspa española a él, calvo de Checa y Gulag. Como Borrell, también se negó a firmar el manifiesto de Libres e Iguales contra el primer referéndum separatista de Artur Mas. Música, sí; letra, no.

En ‘El Español’ contra la bandera española

La última bronca contra los españoles de Cataluña que, empeñados en reivindicar su condición cívica y denunciar la opresión separatista, han sacado a la calle cientos de miles de banderas españolas, se la ha propinado Gregorio Morán en El Español. Está recién llegado tras varias décadas de acomodada intransigencia en La Vanguardia, pero corre el peligro ante el rojerío chic, nieto del de Bocaccio, de que puedan confundirlo con Cristian Campos (por la prosa, difícil, por la ideología, imposible) y ha publicado este sábado un pliego de descargos para evitar que lo confundan con algo distinto a la izquierda de Lenin, en guerra eterna con la España de Franco. El título es muy propio del recio rojerío que lamenta la débil Transición: “¡Banderas, al armario!”. Y a Borrell y Frutos les habrá encantado, seguro. Esta es la explicación de la orden de Morán al millón de patanes españoles:

La recomposición de la vida ciudadana en Cataluña pasa por devolver las banderas a los armarios. Y por lo que puede haber afectado más allá del Ebro, animar a retirarlas todas y de todas partes. Basta conservarlas en los lugares de poder, en las instituciones, como paga y señal de quienes las inventaron y las conservan para bien de sus intereses. ¿Qué sería de un patán sin bandera? Estaría desnudo. El trapo consensuado le sirve como taparrabos y acaba convirtiéndose en el reducto donde atesora, o eso cree él, las raíces patrióticas. Mientras la gente no se manifieste en silencio y sin emblemas no podremos decir que constituimos una sociedad de gentes iguales en derechos y compromisos.

Por insultar que no quede. Pero cualquiera que haya visto las dos manifestaciones españolas habrá comprobado su carácter pacífico y festivo, tan distinto de los alardes del separatismo catalán glosados por la marabunta que puebla el diario donde ha escrito Morán muchos años, tantos que llegué a creerlo primo de Godó. Pero compartir periódico con Rahola y compañía tiene consecuencias. Al despotismo del chequista, que insulta ritualmente a la plebe embanderada, se añade la calumnia que proyecta en los demás lo disimulado o reprimido. Diríase que insulta a todas las banderas, pero no a todos los que las llevan.

Aparece el antifascismo redentor

En lo único que hemos cambiado es en la exhibición de trapos no en el significado del gesto. Cataluña se ha llenado de banderas esteladas solo salpicadas de alguna señera cuatribarrada, otras rojo y gualda, e insólitas tricolores de la II República española que en los tiempos que corren deberían llevar un lema explicativo para ayudar a los nuevos banderizos a entender que el levantamiento contra aquel régimen fue obra del fascismo de verdad y que los presos y las torturas no necesitaban de actrices que simularan la realidad.

Es asombroso el sectarismo, raíz del odio a lo nacional español, de estos nostálgicos del “antifascismo”, bandera propagandística de Stalin en la que bordan la nostalgia falsaria de la II República. Habrá que explicar, como dice Morán, por qué la izquierda sigue inventándose una República que no existió y ocultando que los que se alzaron cuatro veces contra la II República antes que Franco fueron los anarquistas, tres veces y los socialistas y separatistas catalanes en 1934, porque no toleraban que los “fascistas” (!) Lerroux y Gil Robles les hubieran ganado las elecciones.

Claro que su golpe era para instalar una democracia a lo Stalin, y, además ellos nunca llevaban banderas. Nunca abrumaron a la gente con la tricolor, que nunca fue la nacional española, ni con la roja de la hoz y el martillo, ni con la roja y negra de la CNT-FAI, que en vez de combatir el alzamiento de Franco se alzó en Cataluña contra los restos de la República e instauró un régimen de terror que asesinó a 3.000 católicos en quince días.

Pero ante todo hay que posar, evitar que lo confundan con la chusma española. Y Morán se hace el tonto: dice que no entiende las banderas:

Nunca entendí el significado de las banderas y debo reconocer que no recuerdo haber tenido una, ni menos enarbolarla. Aseguran que están hechas de sentimientos, como las postales o la pasión futbolera, y me pregunto qué naturaleza sentimental habrá que depositar dentro de uno mismo para amar a un equipo de fútbol o a una tela. Porque en definitiva las banderas no son más que trapos consensuados.

Yo creo que miente, que entiende lo que significa la bandera norteamericana encima de un féretro o la francesa en el Arco de Triunfo, que ocupa gracias a esos americanos y sus trapos. Lo que le fastidia a Morán, que por cierto, luce en la foto trapos de mendigo consensuados, muy a la moda, es la bandera española. Tal vez hasta en los féretros de los soldados y muchas víctimas de la ETA.

He llegado a oír de determinada gente que es capaz de matar en defensa de su bandera. A mí la primera reacción que me produce una bandera es de rechazo. En algunos casos auténtico desprecio teñido de odio por lo que ha significado en la historia, porque esos trapos consensuados exigen adhesiones nada sentimentales sino más bien ofenden, achican o insultan al que no comparte esos sentimientos de menor cuantía que se jalean con el flamear de las banderas.

Pero todo lo que significa en la historia la bandera roja de la hoz y el martillo no le ha movido a Morán a regurgitar ese odio, tan leninista. Le puede el desprecio, el sectarismo cultivado, el guerracivilismo irredento, la nostalgia de la tricolor, la roja y el poder supremo sobre vidas y haciendas que eso fue la guerra civil que buscó la izquierda y finalmente perdió. No lamenta la guerra que empezó la izquierda sino su derrota. Y lo paga la gente que con su bandera a cuestas se siente y se sabe española, a pesar de la gentuza de izquierda y separatista que, al cabo, también nació aquí.

El experto en alfalfa y otros piensos

El cáncer político de España en estos cuarenta años de democracia es la superioridad moral, la bandera invisible pero cegadora de la izquierda que odia a la bandera de España, por ser, dice, la de Franco. ¡Y la de Galdós! Lo que de verdad no acepta la izquierda pija, en Barcelona chic, es que resucite un símbolo que conjura su poder sobre la conciencia de los ciudadanos. Y ese símbolo es la bandera nacional, ante la que se horroriza como Drácula ante el crucifijo de plata y la españolísima ristra de ajos. La frase que escoge El Español para resaltar el artículo de Morán es ésta:

Detesto las banderas. Todas. Son un señuelo del poder hacia quien no lo tiene. Un alimento para estómagos acostumbrados a la alfalfa.

Yo no creo que Morán haya detestado siempre la bandera de la hoz y el martillo. Ni ahora. Pero barrunto que este perito en piensos empieza a echar en falta el abanderado pesebre del Conde de Godó.

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Se busca Pujolet 2.0 -F.J.Losantos/El Mundo-

Siguen lloviendo encuestas y anubarrándose evidencias. En Cataluña podríamos pasar de la República de los delincuentes a la República de los Equidistantes, presidida por Colau y regentada por Iceta, o al revés, pero siempre telepresidida o teledirigida por Junqueras y sus cómplices. Al menos es lo que dice Godopress, agencia que tras enriquecerse con Franco, medrar con UCD, prosperar con el PSC, forrarse con Pujol y saltar la banca con Juntos por el Sí y por la CUP y por la editorial Dignidad de Cataluña, anda ahora a la busca de un Pujolet 2.0. y tiene convencido al Gobierno de que esa es la solución menos mala: que el liberado con cargos Santi Vila encabece la nueva Convergencia y vuelva Durán i Millo a encabezar Unió. De hecho, Millo, que le llevaba la bolsa a Durán y ahora el bolso a Soraya, sería algo así como el rehén del Gobierno en la construcción de un nuevo Pujol, un nuevo Roca, un nuevo Arturo Mas, antes de rebautizarse Artur.

Lo peor de esa canción es que viene siendo un éxito desde 1977. Y a un grupo de personas sin mucho talento y sin ningún escrúpulo, como el Gobierno actual, y no digamos la oposición socialista, igual pero peor, es lo que le gustaría que se hiciera realidad. ¿No podríamos fletar, se dicen los agradaores de Moncloa y de Ferraz, los julianas del parte único editorial, un nuevo Pujol, separatista pero sin que se note mucho, para pactar con él la famosa Reforma Constitucional, o sea, la Desconstitución de España?

«¡Eso, nos hace falta un Pujolet!», dicen Arriola y el joven Arenas. «Mejor un Pujol 2.0.», matiza Andrea Levy, al ritmo de garaje de su rock tirando a transversal. «Dejádmelo en Pujolet Dospuntocero, ¡pero lo quiero para ayer!», ruge Soraya, y le echa un poco de leche en el platillo a Millo.

Sin duda, Santi Vila es el que mejor da el perfil del Pujolet 2.0. Era un separatista desorejado que hace dos meses, megáfono en mano, se decía dispuesto a perder la vida, la libertad, el patrimonio y lo que fuera por la independencia de Catalun-¡ya! Y ahí lo tienes ahora: pagando su fianza tan formal, saludando con una sonrisa a los guardias de la puerta de la cárcel, con la barba recortadita, casado ¡y además gay! Era tan nacionalista como el marido de Inés y le robaría votos del armario al PSC. Sólo falta que se deje Cocomocho; y que el novio se haga del PP.

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La estructura del golpe sigue intacta. -F.J.Losantos/LD-

Durante una semana, los lacayos de Soraya y de Rajoy, que son los mismos y de lo mismo, han puesto de vuelta y media a los pocos que venimos pidiendo hace años la intervención del Estado, cuya dirección pertenece en buena parte al Gobierno, para frenar el golpe de Estado en Cataluña. Somos los mismos que hace tres años, tras el referéndum del 9 de Noviembre, nos declaramos traicionados por el Gobierno de Rajoy, que se negó a mandar a la cárcel a Artur Mas, usando todos los recursos legales a su alcance y utilizando su mayoría absoluta en el Congreso y Senado.

El manifiesto de Libres e Iguales en 2014

Recordaba Arcadi Espada la movilización de Libres e Iguales bajo el lema “Sí nos importa” en todas las capitales españolas, pidiendo la anulación del referéndum y la defensa de la nación y de la Constitución. Cuando se celebró y el Gobierno, que había asegurado que no se celebraría, dijo que no había habido referéndum porque no tenía valor legal, Libres e Iguales publicó una nota. Me complace tanto como me apena repetirla.

“Después del 9-N

El pasado sábado miles de ciudadanos convocados por Libres e Iguales en las grandes ciudades españolas exigieron del gobierno de España firmeza contra la iniciativa secesionista del gobierno de la Generalidad y la burla de la democracia que ha acabado consumándose ayer en Cataluña.

Por desgracia para la democracia y para el mantenimiento de los más elementales vínculos de confianza entre gobernantes y ciudadanos, el gobierno del presidente Rajoy ha observado pasivamente el desarrollo de los acontecimientos, olvidando culpablemente que su primera obligación es la de cumplir y hacer cumplir la Constitución.

El gobierno de la Generalidad no sólo ha organizado política y logísticamente la jornada sino que ha exhibido su compromiso con la ilegalidad de manera retadora. Se ha negado a acatar la sentencia inequívoca del Tribunal Constitucional y ha exhibido el sometimiento del Estado de Derecho como un triunfo político.

Esta agresión a la democracia no ha recibido la respuesta que merece. El Gobierno del presidente Rajoy no ha impedido el atropello a la legalidad en Cataluña. Su dejación ha debilitado gravemente al Estado y ha colocado a los ciudadanos en la indefensión jurídica y el desamparo político.

El incumplimiento de la ley y este desistimiento abren una crisis política de una envergadura desconocida desde la aprobación de la Constitución y un foso de profunda desafección ciudadana que, a juicio de Libres e Iguales, descalifica al Gobierno del presidente Rajoy para seguir cumpliendo su mandato constitucional.”

Las consecuencias de tres años de inacción

Por supuesto, los lacayos de Soraya y de Mariano, aliados entonces con Podemos a través de La Sexta, nos pusieron verdes. Pues bien, lo que ha pasado en España estos tres años ha desembocado en la farsa de un pacto de quejicas: unos fingen en Madrid que están matando al golpismo y los golpistas en Barcelona fingen que los matan, a través de ese aparato de lloros y gemidos que va del Barça a TV3 y de La Sexta a… Antena 3.

En ésta última, criatura de Rajoy y Soraya, para honra y provecho de Planeta y sus directivos, se ha dado un paso importante en el alineamiento mediático del PP con el golpismo a través de la reforma desconstitucional. En lo que legalmente sigue siendo una concesión gubernamental para un servicio público, que ese es el estatus de la televisión llamada privada, El Follonero aprovechó el prime time de El Hormiguero, cuyo presentador Pablo Motos fue un día compañero de baile de Soraya, para atacar a la juez Lamela y ciscarse en el régimen constitucional español durante una hora. Esos sí que son medios responsables, no los que criticamos a Rajoy.

Viendo el estado de los medios audiovisuales en Cataluña, rendidos al golpe, y el de los del resto de lo que quiere seguir siendo, no sabe cómo, España, entregados a la desconstitución de la nación, cabría pedir a este Gobierno que al final ha convocado las elecciones de la impunidad que pactó con Puigdemont, que no presuma de que defiende la Ley y la Nación. Nos ha traicionado como hace tres años, mantiene íntegra la estructura del golpe y tras dejar en manos del PSOE la convocatoria electoral a cambio de no aplicar el 155, va a dejar en manos de Podemos y el PSC una reforma de la Constitución que sólo puede ser, viniendo de Pablo Iglesias y del partido traidor a España por antonomasia, una puñalada a la soberanía nacional.

Seguimos insistiendo: no bastan las urnas

Sin embargo, las encuestas sobre intención de voto en Cataluña están llenando de perplejidad a los devotos del pensamiento mágico de Rajoy, ese Houdini abúlico que escapa de las situaciones más difíciles metiéndose en otras más complicadas. Excluyo de la cofradía de los perplejos a los agradaores del Poder, en especial a uno que empezó diciendo en el Avui que “hablar español es de pobres” y ahora es opinaet preopinat en ABC y la COPE. En el diario duda si es separatista o no, y me recuerda el número de los tres ratas de Arniches. En la radio aún no ha explicado, al menos en directo, la diferencia de olor vaginal entre jóvenes y maduras, como en Telemadrid, pero igual que entonces le grabaron sin saberlo, un día se abre el micro y habemus ictus masivo en la Aquiescencia Episcopal, que, por cierto, tras doblar vilmente la cerviz ante el Prusés, ahora celebra el 155… poco. Lo siento por los católicos decentes. Desde que redujeron la Cruz a la crucecita de Hacienda, ni Cruz ni crucecita. Así que el opinaet está muy bien allí: del coro al caño, y ojo a las vocales.

Sin embargo, el rebaño opinat debe aclararse al aplaudir a su pastor. Rajoy dijo sobre el 155: “No nos obliguen a hacer lo que no queremos hacer”. Al proclamarse la república que no se iba a proclamar tras el referéndum ilegal que no se iba a celebrar, dijo: aplicaré el 155 hasta que haya condiciones para nuevas elecciones, “al menos seis meses”. Entonces iba a intervenir TV3 y otros medios golpistas y castigar a los centros que educan los niños en el odio a España. De pronto, anunció elecciones en 55 días sin tocar TV3. ¿A qué Rajoy de los tres aplauden? ¿A los tres?

Las urnas sirven para cambiar pacíficamente de Gobierno, no para abortar un golpe de Estado que es parte de un cambio de régimen en toda España. De las urnas, con los mismos partidos y medios audiovisuales, en seis semanas saldrá casi lo mismo que nos ha llevado al Golpe y a un 155 limitado a convocar elecciones. Había y hay que desnazificar, no conservar intacta la dictadura. Hace años que tuvo que aplicarse el 155, pero entonces Rajoy acertaba. Ahora tampoco se aplica, pero acierta. Cuando gane ERC y haya otro Tripartito habremos “vuelto a la normalidad”, y habrá acertado. Los agradaores se romperán las manos –nunca los bolsillos- aplaudiendo.

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Dos golpes por el precio de uno. -F.J. Losantos/LD-

Añadiré un par de cosas al artículo publicado anteanoche en LD, tras oir en esRadio, entre la náusea y la vergüenza, al presidente del Gobierno diciendo que su fórmula para acabar con el golpismo catalán es convocar elecciones autonómicas. La fundamental es que Soraya, que siempre ha representado, y presumido, y paseado, y masajeado, con el nacionalista Millo al bolso, la política de diálogo y soborno con el separatismo catalán, ha sido la elegida por Rajoy como presidenta del Gobierno para Cataluña.

Eso significa que el Gobierno no sólo mantiene la política de Soraya durante los últimos años como personal de Rajoy y del Gobierno del PP, sino que no entiende que haya razón alguna para cambiar de política tras el Golpe de Estado y la proclamación de la república catalana. O lo que es lo mismo: que lo que se establece en Cataluña es lo que estaba establecido y que lo que se ha hecho con los golpistas es lo que se venía haciendo y se piensa hacer en la campaña electoral: regañarles en público pero evitarles en privado las consecuencias judicial y económicamente desagradables de esa costumbre, tan traviesa entrañablemente suya, de ciscarse en las leyes españolas. Lo que se deduce de la ‘parapresidencia sorayina’ es que se ha pactado que los golpistas no vayan a la cárcel si van a las elecciones.

El Gobierno ha pactado y pactará

Dicho de otro modo: ‘Cocomocho‘ no pactó del todo con el Gobierno las elecciones, pero el Gobierno sí pactó con Mas, agente de ‘Cocomocho’. A cambio de una declaración de independencia tan zarrapastrosa que una Justicia ciega y una casta política indecente podría seguir fingiendo que no ha existido del todo, les ahorrará los treinta años de cárcel porque sí existió. Uno comete mal un delito y el otro dice que tanta torpeza lo rebaja a falta. ‘Cocomocho’ y su tribu han dado el golpe que Rajoy les ha permitido, pero como han fracasado bastante, se rebaja el golpe a fallido pronunciamiento.

La doctrina rajoyesca y sorayina es que aquí será impune el delito del que pueda pagarlo o amenazar con que no paga. Hay que ser tan generosos en la victoria que nadie note la derrota. Al que sí hay que perseguir es al autónomo que se olvidó de pagar un mes a Hacienda. Al que da un golpe de estado, no, siempre que el delito lo cometan políticos nacionalistas. A los nacionalistas no se les persigue nunca: se les premia o se les indulta. Ayer dijo Méndez de Vigo que el Gobierno “vería con agrado” que ‘Cocomocho’ se presentara a las elecciones. Podría dejarle el Ministerio de Educación, para asegurarse de que siga sin haber ningún problema educativo en Cataluña. No recuerdo haberme sentido nunca tan insultado por ningún ministro. Palabra de honor.

Del Código Penal al Código Constitucional

Los delitos de rebelión y sedición que contempla el Código Penal no han sido nunca esgrimidos por la Fiscalía, que ha delegado en el Gobierno una forma de castigo dentro de un Código Constitucional, que consagra la impunidad de cualquier delito siempre que se cometa entre políticos. Los ciudadanos no existimos. La Ley, tampoco. Aquí impera una casta política que se entiende entre ella y manipulando los medios de comunicación nos convence de que combate lo que permite y persigue lo que protege. Cuanto más se acerca uno al golpe de Estado catalán ve más aterradoramente claro que el Gobierno siempre estuvo en el golpe, que sigue estándolo, y que si las elecciones le salen relativamente bien, con una mayoría exigua que deje al PSC en condiciones de formar una alianza de Gobierno, el golpe seguirá.

Porque el golpe no es sólo que medio Parlamento haya proclamado la República, aunque por menos fueron treinta años a la cárcel los del 23F, sino todo lo que ha llevado a esa proclamación, desde la negación absoluta a cumplir la Ley a la dictadura mediática, pasando por la tiranía escolar. Y el doctor Rajoy y la comadrona Soraya, con el respaldo de los enfermeros Sánchez y Rivera, están dispuestos a no operar el cáncer de una democracia agonizante mientras puedan cambiar de hospital, si encuentran plaza.

Inmensas ruedas de molino

No es raro que para hacernos comulgar con tan gigantesca rueda de molino se recurra a los magos del 11M, Cebrián y Ferreras. El intelectual orgánico del sorayismo debe convencer al PSOE de que lo que todos, hay que insistir en todos, vamos a hacer en Cataluña es muy de izquierdas y que de no hacerlo resucitaría una Derecha que querría nada menos que acabar con el Estado de las Autonomías, que tan buen resultado nos da. Y su jefe de Informativos en la SER convencerá a Podemos de que después de esto de Cataluña ya vendrá el País Vasco y tendrán su oportunidad como única y legítima oposición -con la ETA- al régimen del 78. O sea, lo pactado en ‘Can Roures’, pero a plazos. Pablo lo entenderá.

Para parar un golpe de Estado sin pararlo, Rajoy ha tenido que darlo sin que parezca que lo da. Tenemos dos golpes por el precio de uno. Y aún habrá gente -viles reaccionarios, casposos nacionalistas españoles- que se quejará de cómo nos tratan los amos. Nos han ahorrado nada menos que la violencia de una intervención militar para restaurar la Ley, a cambio de que la Ley sólo se aplique a los militares que pretendan que se cumpla. Otra vez dos por el precio de uno. Seguiremos siendo europeos si no insistimos en ser españoles, libres e iguales ante la ley, que eso seguirá siendo delito. Pero pronto nos dirán que el golpe de Estado en Cataluña nunca existió, y muchos lo creerán. Hasta el próximo golpe o hasta que perdamos la cuenta.

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‘Censeo Assoraiam…’ -F.J. Losantos/El Mundo-

Tras la Segunda Guerra Púnica (por Hispania, siempre por Hispania), el Senado de Roma dio por derrotada a Cartago y se entregó a sus deportes favoritos: comprar votos y arruinar carreras por acusaciones de corrupción. Pero Catón el Viejo, duro cónsul en la Hispania Citerior -Barcino incluida-, había visto a Aníbal desatar la Primera Guerra Púnica con la excusa de que en Arse (Zakuntum) los saguntinos, aliados de Roma, habían reñido con los turboletas (Teruel, siempre Teruel), sus aliados. También lo vio atravesar los Alpes con sus elefantes y vencer a las legiones del SPQR en Tessino, Trebia, Trasimeno y Cannas; y, tras la derrota, volver 11 años después (por Hispania, siempre por Hispania) con su valeroso hermano Asdrúbal y más elefantes, hasta que Catón y los suyos decapitaron a Asdrúbal en Metauro. Así que el austero Catón no creía que un enemigo estuviera vencido por decir que lo estaba, y terminaba todos sus discursos diciendo: “ceterum, censeo Carthaginem esse delendam”, o sea, “por lo demás, opino que Cartago debe ser destruida”. Y a la tercera, la destruyó.

Evidentemente, el Senado español está más poblado de iletrados y necios que de catones de cualquier edad. Ayer era la primera vez, tal vez la última, para demostrar que sirve para algo, y entre la abulia de Marianum Caesar, la gálica aflicción de Margaria Roures y las insidias de la Procónsula Numidiae et Mauritaniae (Carthagum) Assoraiam Sancta Mariam, va y se le ocurre citar a Cocomochum Barça a aclarar ante él, este jueves o este viernes, a su elección, si está realmente en guerra con Roma, o sea, Hispania. Al populus, que está hasta las napiae, le dijeron el sábado que el Senatus Hispaniarum lo consideraba fuera de la Lex, enemigo del Populus, de la Mater Hispania y de la Beatissima Dea Pangea, y que enviaba a la Legio CLXXXX (155) para someterlo y traerlo a las ergástulas de Filípides VI. Pues nadípides. Otra vez le dan la oportunidad de arruinarnos con nuestros soldi.

Cocomochum Barça no es Aníbal Barca. Tampoco yo soy Catón, pero sé que mientras siga mangoneando Soraya, símbolo de todas las capitulaciones políticas, y que este lunes, con Catalá, Maillóteles y Dastis, humilló al Senado y demolió lo anunciado el sábado por Rajoy, jamás ganaremos. Ceterum, censeo Assoraiam esse delendam. Ad Inferum aut Insersum!

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Del Camino de Santiago a la cuesta de Rajoy -F.J.Losantos/LD-

Con los separatistas se han alineado todos los enemigos de nuestra Nación y nuestra Libertad, desde la ETA a Podemos, pasando por La Sexta, la mitad del PSC y un pedazo del PSOE.

Yo estaba en el Teatro Campoamor la primera vez que habló en público Felipe de Borbón y Grecia, entonces Príncipe de Asturias, en los premios que llevan su nombre, aunque después deberían haberse llamado Príncipe de Cebrián, tal es el poder de la mafia progre en la elección de los premiados. Pero aunque eran los tiempos de Campechano y Polanco, estaba aún Sabino Fernández Campo y a Oviedo acudíamos gentes de diversas y encontradas tendencias. Por eso, el acto tenía aire de compromiso familiar. Había que ver si el príncipe, entonces todo nuez, lo hacía bien, pero, dada la penosa situación familiar, estábamos más pendientes de la llantina de la madre en el palco que del niño en el estrado. ¡Tenía tanto por lo que llorar!

Aquel día lloró tanto y tan sentidamente la madre, que apenas reparamos en lo bien que habló el muchacho. Recuerdo haber comentado, no sé si en ABC o Antena 3, que, si llegaba a heredar la corona, por fin tendríamos un rey que sabría hablar español. No sé si añadí que, además, debería saber serlo. El viernes por la noche, en su segunda y emocionante actuación pública en dos semanas, recordé aquel príncipe por granar en este Rey ya granado, el mejor que podíamos tener pero no nos atrevíamos a esperar. Y al ver a los jefes de la Unión Europea venir en ordenado tropel en ayuda de la España asediada, tuve la impresión de que, después de tantos años malgastados, la Reconquista podía empezar, con el Rey Leal al frente, por donde labró su triunfo: el Camino de Santiago.

El hijo de un militar y una profesora de latín

Todo en la ceremonia tenía esa elegante sencillez del Campoamor –qué gusto compararlo con los torvos catetos de la CUP y la banda de Godó-, pero todos los discursos estaba en orden de combate contra los enemigos de la libertad, amontonados en un rincón de España que se cree Dinamarca. Y de los tres discursos de las tres instituciones europeas, el que puso en pie a los presentes y a los millones que lo hayan visto después fue el de Tajani. Fue como si Julio César y su sobrino Octavio vinieran de Roma a Zaragoza para ayudarnos a vencer a la tribu de los echemingas. Tajanus dixit:

Soy hijo de un militar. A mediados del siglo pasado, los ejércitos combatían entre sí en Europa. Hoy, nuestros militares participan en misiones de paz y humanitarias en todo el planeta.

Cuando se firmó el Tratado de Roma había aduanas, cada Estado tenía su propia moneda y estudiar fuera de tu país o viajar en avión, era un lujo para muchos. Hoy sabemos que el mercado interior ha permitido un crecimiento económico extraordinario. El Euro es la moneda de la mayoría de los miembros de la Unión. Y la generación Erasmus y los vuelos de bajo coste, son la regla y no la excepción.

Pero quiero subrayar que la Unión Europea no es sólo hablar de bancos o del Euro. Es sobre todo la defensa de nuestros valores: la libertad, la democracia, la igualdad, el respeto al Estado de Derecho y la defensa de los derechos humanos entre otros.

Cuando algunos siembran la discordia ignorando voluntariamente las leyes, creo que es necesario recordar la importancia del respeto al Estado de Derecho. La Unión Europea ha tenido éxito porque es el fruto de una Comunidad de Derecho.

Ahora los europeos no discutimos con armas: lo hacemos en torno a una mesa en la que negociamos según unas reglas aprobadas entre todos. Dialogamos dentro del Derecho.

La Unión Europea no tiene una policía que tenga que ejecutar las decisiones judiciales. No es necesario. Cuando el Tribunal de Justicia dicta una sentencia, se aplica y punto.”

¿Qué hacia allí el emboscado?

Y en ese momento, mientras el teatro se venía arriba educadamente, algunos lagrimeando ante ese hijo del mílite y la profesora de clásicas, que tiene calle en Gijón por salvar del cierre una fábrica y guarda las banderas de España y Asturias en su eurodespacho, se observó que un ser vagamente anélido, sentado en una silla de respeto, se erguía, se enderezaba, y, por momentos, se acercaba a la verticalidad. Era Rajoy. Nunca había ido a los Premios, pero allí estaba, a rebufo del entusiasmo que corona a la Corona. En su mirada de faros sin reglar, temblaba algo parecido a la emoción, y por un momento pensé que podía perder todas las apuestas que he hecho sobre su decidido empeño en no aplicar el 155 contra el golpismo catalán.

Y, efectivamente, aunque sin concretar, al día siguiente, o sea, ayer, Rajoy anunció una aplicación bastante amplia del 155, retrasada al viernes, pero que prevé la destitución de Cocomocho y Lloriqueras, la decapitación de los Mozos de Trapero y, tal vez, incluso la intervención de TVColp3. El 155, cuyo contenido está por definir, fue presentado por Rajoy, a gusto del PSOE, como la defensa de la Autonomía de Cataluña (algo absurdo, porque si bien está derogada de hecho por los golpistas, no deja de ser anulada, y bien anulada, por la aplicación del 155) y también, a gusto de Ciudadanos, como la preparación de las elecciones autonómicas que no sé si todavía puede convocar Cocomocho, que ayer parecía un perro perdido sin collar.

Empieza la cuesta de Rajoy

Hemos pedido, implorado de rodillas al Gobierno de Rajoy que pusiera en marcha, no a través del 155 sino de la aplicación del Código Penal, la intervención del Estado en Cataluña, que supone imponer la Ley con el apoyo de todas, pero todas, las legítimas fuerzas que sirven al orden constitucional. No regatearemos, pues, nuestro concurso a este paso del Gobierno, y no porque nos fiemos de Rajoy, que pedía esta misma semana a Cocomocho que no le obligara a cumplir con su obligación, sino porque el Rey nos lo ha pedido de hecho en Asturias, cuando dijo solemnemente que el golpe separatista catalán iba a ser frenado mediante la aplicación de nuestra Constitución. Yo no confío en una Constitución de la que sobran las Autonomías, pero si niego que sea el momento de su reforma a otros, no voy a aprovechar el golpe para plantear la mía, por buena que me parezca.

Estamos en un momento delicado, en que se impone no una especie de generosidad ciega hacia el Gobierno que resultaría contraproducente, porque este burro no se mueve más que a palos, pero sí una lealtad básica al Rey, que lo merece, y a España, que lo necesita. En esta semana puede empezar de verdad la Reconquista por el Camino de Santiago, que es el de Bruselas, o ahogarnos en el Guadalete de las cuquerías y las precauciones. Creo que Don Prudencio Galbana –”I talk to you, Mariano”, dijo Juncker, y le temblaban los cristales empañados- ha sido arrastrado por el ejemplo del Rey y el respaldo de Europa a cumplir con su deber, que es parar el Golpe de estado contra España que ha empezado, sólo empezado, en Cataluña.

Así que tenemos que apoyarlo. Con los separatistas se han alineado todos los enemigos de nuestra Nación y nuestra Libertad, desde la ETA a Podemos, pasando por La Sexta, la mitad del PSC y un pedazo del PSOE. Pero si Rajoy se atreve a subir la cuesta ante la que ha reculado seis años, podemos ganar. Dice una jota antigua, extraída de Samaniego: “Pa´ las cuesta arriba / quiero mi burro, / que las cuestas abajo, / yo me las subo”.
A ver si el rucio se porta. Aunque sepamos que nos tocará jurar y empujar

Ver artículo original:

Hacia la reconstrucción de España: ha muerto un Estado, renace un Reino -F.J.Losantos/LD-

​​​​​​​El avestruz ‘Mariano Ensumomento’ se ha convertido en pavo real. Su desidia es la ideología común de casi todos los partidos, con el PSOE a la cabeza.

Desde el domingo pasado han pasado tantas cosas y tan graves en la política española que es preciso recordarlas con cierto orden para aquilatar sus consecuencias. Todo ha cambiado: incluso aquel “gobierno de gallinas presidido por un avestruz” al que me referí en mi último artículo ha mutado dentro de su condición gallinácea: en la noche del domingo 1 de Octubre, el avestruz se exhibió ante la opinión pública como un auténtico pavo real. Repasemos la agenda de la semana más tremenda de la España moderna.

Domingo 1 de octubre

Rajoy se felicita por el fracaso de un referéndum, que según aseguró días antes en la Casa Blanca, no podría celebrarse porque no había censo, urnas ni papeletas. Montoro añadió que, además, no había presupuesto. El viernes anterior, el Ministerio del Interior había confiado a los Mozos de Escuadra el cumplimiento de la orden judicial para impedir el referéndum.

Como había anunciado Albert Rivera, único líder nacional que pidió la aplicación inmediata del artículo 155, los mozos de Trapero se pasaron al bando separatista, abandonaron a la Policía y la Guardia Civil ante hordas de matones golpistas que destrozaron tres vehículos y robaron sus armas. Previamente, la Policía fue humillada por el Gobierno, que la metió en un barco pintado con el monigote del Piolín y la alojó en lugares insalubres, la utilizó unas horas ante la deserción de los mozos, la retiró después y la dejó convertirse en símbolo de una supuesta represión brutal en la que habría apaleado ancianos y abusado sexualmente de mujeres, según dijo sin prueba alguna la alcaldesa de Barcelona.

La Vanguardia denunció –y Guardiola lo repitió con enorme eco internacional- que había roto uno a uno los dedos de una joven votante. En realidad, era una concejal de ERC y no tenía ningún dedo roto, pero ni La Vanguardia rectificó ni el Gobierno hizo siquiera un vídeo demostrando la manipulación de la mayoría de las imágenes de las cargas. La derrota diplomática de España fue total, abrumadora y absurda, fruto sólo de la pavorosa incompetencia política e informativa del Gobierno de Rajoy.

Los golpistas se exhibieron como víctimas de una eterna dictadura. El número de heridos por la brutalidad policial se cifró en un millar, luego en 800 por los medios golpistas, que incluyeron la Sexta, La Cuatro y TVE. Al final, sólo hubo cuatro, dos hospitalizados; uno de ellos, un anciano que sufrió un infarto y fue auxiliado por la policía. El Gobierno no respondió a la campaña de embustes de la Generalidad, Podemos y las televisiones del PP, ovacionadas por Putin y por la Izquierda y Extrema Derecha europeas. La sensación de derrota, injusticia, humillación e indefensión fue absoluta.

Lunes 2 de Octubre

El triunfo de los golpistas catalanes y la derrota del Gobierno que, como era de temer, no había preparado nada, y confió, como el 9-N de 2014, en quienes no debió hacerlo, las instituciones autonómicas, provocó una jornada de huelga general y violencia callejera en Cataluña. Nada hizo el Gobierno, sumergido en una pasmosa parálisis mientras se encrespaban los ánimos en todos los sectores sociales y las instituciones europeas, con la excepción de Francia, no se daban por enteradas de la gravedad para la UE del desafío separatista catalán, en buena parte por la abulia del Gobierno de Rajoy. Valls y Macron defendieron la soberanía española más que Rajoy.

Una noticia en el ámbito empresarial pasó casi inadvertida: Oryzon, empresa puntera de biotecnología, anunció que ante el terrible deterioro de la situación en Cataluña se trasladaba a Madrid. De inmediato subió en Bolsa.

Martes 3 de Octubre

El Rey dirige a las 21.00 horas un solemne mensaje televisivo a la nación -de formato idéntico al de su padre el 23-F de 1981- en el que denuncia la deslealtad inadmisible de las autoridades catalanas, la urgencia de que las autoridades legítimas hagan frente con todas las armas de la Ley a este desafío contra la democracia y asegura a todos los españoles, en especial a los que viven en Cataluña, que no están solos, y que la Corona se compromete a defender la unidad de España y el régimen constitucional. La reacción en los medios y en la mayoría de la opinión pública es de sorpresa y entusiasmo. Protestan airadamente Podemos y los separatistas.

La Huelga General, en realidad un lock-out de la Generalidad, había paralizado por completo Cataluña, sin intervención de CCOO y UGT. La CUP se adueña de la calle. Hubo asaltos a supermercados, como Caprabo. Los CDR –copiados de Cuba- empezaron a señalar a los vecinos opuestos a la Independencia. Cundió el pánico empresarial y Oryzon se convirtió en el modelo a seguir. Pero el mensaje del rey, con una contundencia y claridad absolutamente inesperadas, cambió por completo el horizonte político e institucional. Una generación descubre de pronto la utilidad de la Corona. Varias generaciones condenan la traición de la Iglesia Católica a España.

Miércoles 4 de Octubre

Se multiplica el efecto popular del mensaje del Rey. Actos de apoyo a la Policía y de afirmación nacional española. Alfonso Guerra, en una resonante entrevista en Onda Cero aplaude al Rey, censura a su partido por no apoyar a la policía, pide -como ya había hecho Felipe González- la aplicación inmediata del Artículo 155 y la intervención de las instituciones golpistas catalanas y ataca a los que viven mentalmente en la Dictadura. El sector susanista del PSOE se une a Ciudadanos contra el Golpe y rechaza la reprobación de la Vicepresidenta presentada por Margarita Robles sin más datos que las imágenes manipuladas de la Generalidad contra la policía.

De Guindos emite un mensaje de calma a los inversores, pero corre el rumor de una huida masiva de bancos y empresas de Cataluña ante la declaración de Independencia. Junqueras se reúne para evitarlo con Oliu y Fainé. Fracasa. Vuelve a intentarlo Puigdemont con Fainé. Nuevo fracaso. Empiezan a correr las listas de bancos y empresas que se van de Cataluña. La familia Lara (Planeta) se va con el Sabadell, del que es accionista, pero se queda con La Sexta y el grupo Godó, que acaudillan el Golpe en el conjunto de España, vía Podemos y en Cataluña, vía Juntos por el Sí, (Sr. Conde).

Jueves 5 de Octubre

La fundación FAES de José María Aznar hace público un largo comunicado en el que recuerda que hace cinco años Aznar anunció lo que ahora está pasando. Elogia el discurso del Rey, denuncia la pasividad del Gobierno y pide a Rajoy que, si se reconoce incapaz de hacer frente al Golpe de Estado, convoque elecciones, permita a los españoles elegir un nuevo Gobierno y se vaya. Airada reacción en Moncloa y Génova: “No es del PP”, “que pida el voto para Albert Rivera”. Esa misma noche, en un acto en la sede de La Razón, el diario más cercano a Rajoy, cuatrocientas personas puestas en pie tributan una larga ovación a Albert Rivera.

Rajoy, en un claro mensaje contra el Rey, Felipe, Guerra y Aznar, dice en autoentrevista a la Agencia EFE sólo él decidirá lo que “debe de (sic) hacer”, “en el momento que le parezca oportuno”. Para recordar su omnisciencia y olvidando que el del 1-O es el segundo referéndum que no se iba a celebrar -el primero fue el 9N de 2014- recuerda que él se opuso a los que le aconsejaban pedir el rescate de España. En realidad, hubo rescate de la mitad del sistema financiero, las Cajas de Ahorro; Irlanda se recuperó en un año tras ser rescatada; y España tardó tres años por el hachazo fiscal y disparó su deuda para mantener el gasto público. Pero mientras condena aquel rescate europeo, Rajoy improvisa el rescate financiero de Cataluña.

Viernes 6 de Octubre

El delegado del Gobierno en Cataluña, Enric Millo (ex-miembro del partido nacionalista UDC, socio durante décadas del régimen pujolista del trespercent) pide perdón en TV3 por la actuación de la policía en la jornada del referéndum golpista. El portavoz del Gobierno, en la rueda de prensa tras el consejo de Ministros, se une a la petición de disculpas. El PP de Cataluña apoya a la Policía que, pide, indignada, la destitución de Millo.

Rajoy recibe a Rivera a petición del líder de Ciudadanos que le ruega, una vez más, que actúe e impida la proclamación de la República Catalana. Rajoy responde que no se dan las condiciones jurídicas para aplicar el 155.

Pese a que Luis de Guindos, ministro de Economía, aseguró tras el referéndum golpista que la situación económica era de total tranquilidad, el Gobierno promulga una nueva ley -bautizada Ley Caixabank- que permite sacar de Cataluña a cualquier empresa sin anunciarlo quince días antes a la Junta de Accionistas. Se anuncian ya una catarata de recursos contra la Ley.

Gas Natural Fenosa y Catalana de Occidente comunican su traslado a Madrid. También Freixenet y Codorníu si se declara la independencia. Tras el traslado de La Caixa a Palma de Mallorca y Caixabank a Alicante, Oriol Junqueras dice que no se han ido porque siguen en los Països Catalans. La CUP pide el boicot a los bancos (memes diciendo que se van al Santander). El bufete Cuatrecasas se declara en estado de emergencia para facilitar la huida legal de empresas catalanas y anuncia también su traslado a Madrid.

Mas declara en Suiza que Cataluña aún no está totalmente preparada para la independencia. La Fiscalía no pide prisión preventiva para Trapero, pero la Policía Municipal se lleva su coche cuando declaraba. El Gobierno insiste en pedir a Puigdemont que no proclame la República el lunes. Se aplaza al martes la prevista proclamación ante el Parlamento de Cataluña.

Sábado 7 de Octubre

Podemos intenta recuperar la iniciativa del bloque separatista con manifestaciones ante los ayuntamientos que les cedió el PSOE. En Madrid, separadas por menos de un kilómetro, se producen una gran manifestación con banderas españolas en Colón y otra con banderas blancas en Cibeles. En torno a cien mil manifestantes en Colón y diez mil en Cibeles. Pero los medios de internet, muy podemizados, equiparan las dos movilizaciones. Lo más importante es la movilización en Palma de Mallorca –unos 6.500 manifestantes- y ciudades catalanas como Mataró. Movilización general.

Se confirma el desmantelamiento del tejido industrial y financiero en Cataluña. Anuncia su marcha el Grupo Suez (Agbar) y se preparan para hacerlo cuatro que cotizan en el Ibex 35: Abertis(compañía de gestión de infraestructuras y autopistas de peaje), Cellnex(telecomunicaciones inalámbricas), Colonial y la farmacéutica (y pro-separatista) Grifols. De las que cotizan en el Mercado Continuo, han anunciado su marcha Applus (inspección, ensayos y certificación), Ercros (Cloro, Química Intermedia, Farmacia), FCC (medioambiente, agua, infraestructuras), Fersa (energía renovable y eléctrica), Fluidra (riego, tratamiento del agua, piscinas) Almirall (farmacéutica) Miquel i Costas (papel), Reig Jofre (farmacéutica) y Renta Corporación (inmobiliaria).

Pedro Sánchez respalda a Podemos diciendo que “aunque en Cataluña hayan perdido la razón hay que dialogar”; y también a Rajoy: “Si hay declaración de Independencia respaldaré la Constitución”. O sea, que si renuncian por ahora a proclamar la Independencia, él renunciaría a defender la Constitución. Es el Plan Roures de independencia pactada.

Domingo 8 de Octubre

Decenas de miles, que algunos aventuran que serán cientos de miles de ciudadanos, venidos de Cataluña y de toda España se preparan para una gigantesca manifestación en Barcelona en defensa de la unidad nacional. Convoca Sociedad Civil Catalana, apoyada por Libres e Iguales y otras asociaciones constitucionales. Vargas Llosa será la figura internacional que leerá el discurso en defensa de la Nación y la Libertad. SCC impone que el anuncio sea en catalán “Prou! Recuperem el seny!” (como si lo hubiera habido alguna vez) y que con Vargas Llosa hablen en catalán Isabel Coixet, -que acaba de descubrir que a los de izquierdas los insultan como a los de derechas si no son nacionalistas- y José Borrell. Coixet renuncia a hablar.

El Gobierno, desbordado por las manifestaciones espontáneas y tras no mediatizar del todo a SCC, contraprograma la manifestación en Barcelona con una larga entrevista exclusiva, en formato alfombra, a Rajoy en El País. El presidente del Gobierno descalifica despectivamente a todos los partidos y medios que le piden que aplique, como es su obligación, la legalidad a los golpistas. Rajoy acepta, casi invita, a que se proclame la independencia: “El Gobierno va a impedir que cualquier declaración de independencia se plasme en algo”. Repite infinitas veces, como un ventrílocuo a través de su muñeco, que él es el único que puede tomar las decisiones que considere oportunas sobre Cataluña y cuando lo crea conveniente. La frase más repetida, sin crítica ni acotación por parte del servil entrevistador, es “en su momento”. Desolación total en medios constitucionales. Si el Gobierno de Rajoy no “está en el Golpe”, evidentemente, en contra, lo está aún menos. Como el PSOE.

En resumen: España tiene un Rey y poco más

El avestruz Mariano Ensumomento se ha convertido en pavo real. Por desgracia, su desidia es la ideología común de casi todos los partidos, con el PSOE a la cabeza, que prefieren dejar que la situación se pudra para “cargarse de razón”… electoral. La entrevista del diario sorayocebrianita dibuja el mapa que predijimos hace dos semanas: un 2 de mayo en el que la Nación, abandonada por sus élites, debe defenderse por sí misma. La gran diferencia es que en vez del Rey Felón Fernando VII España tiene al rey Leal, Felipe VI. Por eso cabe decir que en la semana política más terrible y vertiginosa de nuestra historia moderna ha muerto un Estado, el de las Autonomías, pero ha nacido, o más bien renacido, un Reino, el de España.

Ver artículo original:

http://www.libertaddigital.com/opinion/federico-jimenez-losantos/hacia-la-reconstruccion-de-espana-ha-muerto-un-estado-renace-un-reino-83371/

Un gobierno de gallinas presidido por un avestruz. -F.J.Losantos/LD-

Un Gobierno de gallinas, presidido por un avestruz, ha llevado a Barcelona a quince mil policías para, al final, rendirse sin luchar.

Mariano Rajoy Brey se añadirá hoy a la lista de los mayores felones, traidores, cobardes y desertores de nuestra historia. Ha sido tan larga y tan gloriosa la vida de España que por fuerza la lista es grande, pero ninguno como Rajoy combina de forma tan extrema la cobardía en la ejecución, la felonía en la traición y la estupidez en la previsión. El Rey Felón, Fernando VII, traicionó su juramento a la Constitución de 1812 y maniobró con astucia hasta recobrar el poder absoluto tras el Trienio Liberal, que se abre con el golpe de Riego y se cierra con su pública ejecución tras la invasión de España por las tropas francesas de Los Cien Mil Hijos de San Luis. Eran las mismas que sólo una década antes, con Napoleón al frente, fueron derrotadas en la Guerra de la Independencia, tan gloriosa como devastadora. Ahora eran acogidas con indiferencia y hasta con alivio. La nación había sido derrotada por la acción concertada de unos liberales exaltados absolutamente necios y un déspota astutamente traidor a todo lo que no fueran sus regias prerrogativas. Una década de terror y una guerra civil tan atroz pero mucho menos noble que la de 1808 fueron su legado.

Fernando VII sí sabía lo que quería

Sin embargo, El Felón sabía lo que quería. Mintió, halagó, se acuclilló, se escaqueó y, cuando pudo, se irguió como una cobra y clavó sus colmillos en el cuello del estúpido liberalismo radical, muerto para una década. Pero Fernando VII sabía lo que quería y los que lo respaldaban, también. ¿Alguien sabe lo que quiere Rajoy repitiendo su cobarde actuación del 9N, hace dos años? Entonces también dijo que no habría referéndum, y, aunque ilegal y chapucero, lo hubo. Y entonces dijo que no había pasado nada porque no tenía valor legal. No se sabe entonces por qué dijo, si no tenía valor, que iba a impedirlo. En realidad, Rajoy es un mentiroso al que le mintieron los troleros de los que se rodea: los moragas, arriolas y demás. Esa doctrina mamarracha de que lo que no es legal no existe –si roban una joyería, no habría que preocuparse: robar joyerías es ilegal- ha sentado jurisprudencia en el PP. El Portavoz del Gobierno hace chistes con el precio de las entradas de Roures y las urnas chinas, pero no puede ocultar el drama: un Gobierno de gallinas, presidido por un avestruz, ha llevado a Barcelona a quince mil policías para, al final, rendirse sin luchar.

Lo de las gallinas, símbolo secular de la cobardía, no merece mayor explicación. Lo del avestruz, sí. Esta gigantesca ave, de muy mal carácter, cuando intuye el peligro entierra en el suelo la cabeza y fía a sus enormes posaderas la defensa de su integridad física. De la realidad o no del peligro le informará su cloaca, que trae al mundo esos huevos de a kilo capaces de abastecer de tortillas a la innumerable tribu de los Pujol.

Como el avestruz moncloveo sobrevivió al butifarréndum de 2015 sin hacer nada aunque tras prometer hacerlo todo, habrá pensado que de su reedición aumentada también escaparía sin esfuerzo, que para asustar a los Nois del FLA bastaba la Armada Piolín y que el pánico golpista cantaría su victoria. Lástima para Don Mariano que los félidos del desierto y hasta los múridos del subsuelo conozcan bien su cobardía y se le rían en el pico. Trapero, Trampero o Trapacero, ese poli de guardería que asegura la explotación política de los niños catalanes por sus desaprensivos padres, se ha burlado del cordobés Nieto, representante de Zoido ante el Pescaílla del Prusés. Pero es Rajoy el que ha humillado a la nación y vendido al Estado.

El Gobierno gana, el Estado pierde

Porque pase lo que pase hoy, los amigos de Rajoy que se fingen Gobierno de España, sólo habrán ganado un día pero habrán roto el reloj. Han corrido a cantar victoria por la actuación responsable y heroica de un par de juezas y alguna fiscal de verdad, pero a continuación han corrido a ofrecer toda clase de obsequios a los que tratan de romper a España, por el mérito de no haberlo conseguido del todo, al menos por esta vez. Así que la victoria consiste en vencer hoy para ofrecer mañana la revancha a los que dicen que han derrotado. Así querría perder cualquiera. Y así, antes de Rajoy, no hubiera querido triunfar nadie. Si el Gobierno ha ganado un día, el Estado lo ha perdido casi todo: la vergüenza, la victoria y el calendario.

Sucede que el horizonte personal y político de Rajoy está pendiente de la moción de censura que, mezclando la crisis catalana y la corrupción, pueden presentarle en cualquier momento socialistas y podemitas según el pacto de Can Roures. Y la única posibilidad de evitarlo es que la hueste sorayesca, con Cebrián por detrás y Pedro Sánchez por delante, negocie esa reforma federal de la Constitución que nadie sabe en qué consiste pero que, de ser real, supondría la liquidación de la soberanía nacional del pueblo español y el pacto de algún tipo de referéndum que, con condiciones que sean asumibles por los separatistas, permitiera la segregación de Cataluña y de otras comunidades autónomas. De momento, serían siete: Cataluña, Navarra, País Vasco, Canarias, Baleares, Comunidad Valenciana y Galicia.

Rajoy no cree en España, ni en el PP ni en nadie que no sea Rajoy. Lo normal es que se fuera y dejara los trastos de rendirse a Soraya, pero no hay que descartar la hipótesis de un cambio de Gobierno para afrontar esta crisis que no es la de Cataluña, sino la de la integridad nacional y la legalidad constitucional. Y total, pensará él, ¿quién mejor que yo para controlar al PP? Y no le faltará razón. Si se queda Soraya al frente, se la merienda Cospedal en dos bocados. El pequeño, un pionono, se lo dejaría a Zoido.

La reacción espontánea y el papelón de los partidos

El envilecimiento de las Cortes no es sólo estético, gracias a la permisividad de Ana Pastor con los rufianes y la horda podemita, sino ético, tras la deserción de todos los partidos dizque constitucionales y nacionales de las manifestaciones espontáneas de ayer en toda España. Que quince o veinte mil personas, da igual, marcharan bajo la lluvia por la Vía Layetana con banderas españolas, sin el respaldo de PP, Cs y PSC, ni siquiera de Sociedad Civil Catalana, prueba la crisis de representatividad que hasta ahora ha alcanzado a toda Europa y que si Abascal no hubiera jugado a lepenito protagonizaría una sorpresa en las próximas elecciones.

Ya ha sucedido con UPyD, Podemos y Ciudadanos. Puede suceder con cualquier otro nombre y cualesquiera otras siglas, siempre que sea bajo la misma bandera. Podemos reunió a cincuenta mangutas y cien periodistas en Madrid. Juan Español o Joan Espanyol, quince mil en Barcelona, a pesar de los cien mil periodistas del Prusés. Hemos llegado a la incierta jornada de hoy por culpa del Gobierno y de la Oposición, que es como decir del sistema político. ¿Y alguien cree que con España en peligro no peligrará el tinglado de estos representantes que tanto odian a sus representados?

Hoy muere simbólicamente el régimen constitucional de 1978, falto de gobernantes capaces de defenderlo. Podrá durar años o venirse abajo pronto, pero nada será igual después de la humillación de España a manos de sus gobernantes con el aplauso de la Oposición. Nada será igual mañana. Lo trágico es que una ocasión que la torpeza de los golpistas nos brindaba para empezar la Reconquista de la legalidad constitucional se haya convertido en un homenaje a Don Julián y al obispo don Oppas. Sí, también en 711 hubo un obispo traidor a España. Ahora es la propia Roma la que abre la puerta a los enemigos de la nación. Irán de cabeza al Infierno.

PD. In memoriam.

Esta semana ha muerto mi vecina Florentina Miguel, una persona extraordinaria, dueña de ese español magnífico que aún se oye en los Montes Universales y que, como toda la gente valiosa del pueblo llano, estaba muy preocupada por España. La última vez que nos vimos, me dijo, a propósito de Cataluña: “¿Pero es que no se dan cuenta en Madrid de que están matando a la Nación?” Esa pregunta, para la que no tuve ni tengo respuesta, resume una vida cumplida, la suya, que he de recordar siempre.

Ver artículo original:

Por qué fracasó el 23-F y está triunfando el 1-O  -F.J.Losantos/LD-

 

Lo primero que el 23 de febrero de 1981 hicieron el Jefe del Estado y el Gobierno de Emergencia presidido por Francisco Laína y acampado en el Palace, fue cortar las comunicaciones entre los golpistas e impedir la toma de TVE y Radio Nacional de España. Aunque Juan Carlos y el PSOE tuvieron mucha responsabilidad moral en el Golpe, que era contra Suárez, no tenían parte en su realización, innecesaria ya tras la dimisión de Suárez “para que –según dijo- la democracia no sea un paréntesis en nuestro país”.

A los hechos, se responde con hechos

Pero quién tuviera mayor o menor responsabilidad en la sugerencia o realización del golpe era irrelevante ante el hecho consumado de la entrada a tiros de Tejero en la sede de la soberanía nacional. Producido el hecho, Tejero podía rechazar, como hizo, o aceptar que Armada se dirigiera a los diputados ofreciendo su Gobierno de Unidad Nacional, presidido por él y formado por todos los partidos políticos, incluidos el PSOE y el PCE, y excluidos los nacionalistas. Lo que no podían hacer Juan Carlos ni Laína -que simbolizaba, a las órdenes del Jefe del Estado y de todos los Ejércitos, la parte del Gobierno legítimo no secuestrada- era esperar a ver qué pasaba. Ante los hechos deliberadamente violentos sólo cabe responder con hechos.

Y esta es la lección del 23-F que Mariano Rajoy, que está elevando la cobardía a la categoría de arte, ha olvidado de aquella experiencia nacional. Ante cualquier Golpe de Estado, sea del tipo que sea y adopte la forma que adopte, sólo hay dos posibilidades: o gana el Golpe o gana el Estado. Y se resuelve siempre por la fuerza, porque un golpe es, figurada y realmente, un hecho de fuerza, no una consulta o un recurso legal. En 1981 el Rey no pidió un dictamen al Consejo de Estado, para ver si era del todo legítimo el Gobierno del Palace o si era mejor dialogar con los golpistas y buscar una solución política al asalto de Tejero y a la tronitonante circulación de los tanques de Miláns del Bosch por las calles de Valencia. Lo que hicieron fue cortar las comunicaciones entre los golpistas y tomar la iniciativa mediática para asegurarse de que el mensaje del Rey llegara a todos los españoles, de uniforme o sin él. Y naturalmente, secuestraron una edición del diario El Alcázar, órgano de los golpistas, cuya portada decía “Triunfó el golpe”. Sin duda fue una agresión a la libertad de prensa, pero fue una manera bastante eficaz de que sobreviviera más de un día a la intentona golpista.

Las claudicaciones de Rajoy

El golpe de Estado de la Generalidad de Cataluña está triunfando porque Rajoy se niega a considerarlo un golpe de Estado. Porque en vez de llamar al Ejército o anunciar que está acuartelado, lo ha reducido a recurso oratorio de Cospedal; porque ha dejado que sea humillado ese popularísimo Ejército de Tierra que es la Guardia Civil, dejando que les roben las armas y les escupan y los cerquen los golpistas; porque ha metido a la policía en tugurios infectos y cruceros familiares con monigotes pintados en el casco; porque ha permitido que unos estibadores que hace meses que deberían haber sido disueltos se burlen de los policías diciendo que son “maricones que van de orgía en barcos de niños”; porque ha permitido que los mozos de escuadra colaboren en la humillación de la guardia civil; porque se ha negado a aplicar la Constitución, no sólo el 155, deteniendo a los golpistas; y sobre todo, porque ha dejado a los golpistas el control absoluto de los medios de comunicación regionales y nacionales, de la radio y la televisión, concesiones de servicio público que pueden ser intervenidas en cualquier momento si promueven el peor de los delitos, que es el golpe de Estado.

Hace dos semanas recordaba Herman Tertsch la experiencia del 23-F y de cualquier otro golpe, instando al Gobierno a liquidar la diáfana trama mediática del Golpe, en dos partes, la catalana y la española, coordinadas por ERC y Podemos con Roures de intermediario y con muchas terminales mediáticas: la radio del golpe, Catalunya Radio, que pagamos todos los españoles y que pedía a los oyentes que avisaran a los golpistas sobre los movimientos de la Guardia Civil; los siete canales de TV3 que predican el odio a España y la legitimidad del golpe; el Grupo Godó, que ha asumido el acoso a los alcaldes leales a la Constitución, y las televisiones estatales de signo podemita que, con La Sexta a la cabeza, están favoreciendo el golpe. Hace unos días recordaba Antonio Robles que cualquier actuación contra el golpe que no parta de cerrar TV3 será inútil. Todos los grandes diarios de papel, con el acorazado cebrianita virando a babor o estribor, según el día, han pedido contundencia al Gobierno contra el Golpe. Pero el Gobierno ha hecho algo peor que no hacer nada: Rajoy salió en televisión diciendo que iba a hacer algo y ha dejado que los hechos lo desmientan el día siguiente.

Ni honra, ni barcos, ni Gobierno ni Oposición

El Gobierno tiene toda la autoridad, pero ha perdido casi toda su credibilidad. Rajoy tiene legitimidad absoluta para parar el golpe, a golpes si es preciso, pero se niega a utilizar la legalidad y prefiere ofrecer a los golpistas sobornos fiscales a cambio de dar marcha atrás (¡cuando están cercando los cuarteles de la Guardia Civil!). Eso ha hecho De Guindos sin encomendarse al Dios del electorado ni al Diablo de la Oposición, que más que diablo cojuelo parece una lombriz de tierra náufraga en una palangana.

En cualquier momento rudo de la historia de España, a un Gobierno que hubiera permitido que se humillase al Rey, a la Nación, a la Guardia Civil, a la Policía Nacional y a todos los símbolos de España, lo habría echado a patadas un militar de baja graduación, salvo que tan obligada pero poco brillante tarea se decidiera por sorteo o escalafón. Y habría larga cola de civiles aclamando a los militares. En momentos más felices, de primacía del poder civil en una monarquía parlamentaria, como ahora, los partidos políticos de oposición estarían pidiendo a gritos no la dimisión sino el arresto del presidente y su Gobierno por colaboración con los golpistas.

Es de agradecer que los militares de hoy sean tan civiles, pero es de temer que la autoridad civil no entienda la función de las instituciones militares y policiales que están precisamente para salvar el poder civil, cuyo primer y último referente es el pueblo español. Si ante un atentado contra su soberanía, el Almirante Mariano sólo es capaz de enviar a la Armada Piolín, le queda poco a Mariano, menos a la Soberanía Nacional y casi nada al régimen constitucional del 78, que se salvó el 23-F de 1981.

En 1896, vísperas del desastre del 98, precedente del actual, dijo el Almirante Méndez Núñez lo de “más vale honra sin barcos que barcos sin honra”. También el almirante Cervera se batió heroicamente en Cuba, sin carbón para volver, porque unos politicastros cobardes y sin escrúpulos convencieron al pueblo de que los norteamericanos nunca podrían con España. Los macacos cocomochos no son la US Army, pero si la TV3 hace de Hearst, el Almirante Mariano merecerá la frase de Churchill a los que se humillaron ante Hitler: “Os dieron a elegir entre el deshonor y la guerra… elegisteis el deshonor, y además tendréis la guerra”. De haberlo conocido, le diría: “Por salvar tu barco, has preferido el deshonor, y deshonrarnos a todos. Te has quedado sin honor y, además, pronto te quedarás sin barco”.

Origen: Libertad Digital

Rajoy,camino de los corrales. -F.J.Losantos/LD- 

Cuando un político ayuno de moral, cobarde como sólo puede serlo un político, es incapaz de hacer frente al conflicto que él mismo ha creado,  lo que hace normalmente es huir.

Nos van a obligar a lo que no queremos llegar“, ha dicho Rajoy ante sus empleados del PP de Cataluña. Y en vez de ver la confesión de su cobardía, los medios ‘asorayados’ y también los melancólicamente leales a esta pobre Nación que nadie defiende y a esta Constitución que todos vulneran, lo imaginamos como el indicio de fortaleza de un Gobierno que es sólo la emanación perpleja de la resbalosa condición de su presidente.

En realidad, lo que estaba confesando Mariano es que hasta ahora no ha querido llegar a lo que sólo la tozudez de ‘Cocomocho’ puede obligarle a hacer, que es defender la legalidad en Cataluña. Porque nadie duda de que la reacción del gobierno este viernes tras la humillación pública del jueves en el arranque de campaña de los separatistas, que fue una burla a todas las instituciones, se ajustará a la más estricta legalidad. Pero tampoco ignora nadie que este “golpe de Estado a cámara lenta” lleva cinco años en cartel, y que hace casi dos tuvo lugar otro referéndum tan ilegal e ilegítimo como el de ahora y ante el que el Gobierno de Rajoy, este mismo Gobierno y este mismo Rajoy, no hicieron absolutamente nada: ni prevenirlo, ni castigarlo.

La cosecha de Rajoy: ni miedo ni vergüenza

Si en el parlamento de Cataluña se ciscan en todas las leyes, sean de ámbito europeo, nacional, regional o de la propia cámara, es precisamente por el precedente de estos cinco años de impunidad con Rajoy. Es verdad que la tienen desde Suárez, pero ni siquiera en tiempos del infame Zapatero se habían producido actos tan zafiamente despóticos, tan obscenamente antiespañoles, tan acostumbradamente impunes como los que hemos visto.

Sin la doctrina de que “lo único importante es la economía” sin el dogma de que “lo que hace falta en Cataluña es diálogo”, sin el principio de financiar a los medios podemitas, aliados con los separatistas en el mayor desafío a España en varios siglos, ni los bandarras de la CUP ni los zuavos de Godó, ni la Gabriel ni el Juliana se hubieran atrevido a tanto. Y, de atreverse, habrían sido reprimidos por los mismos motivos que Rajoy, a quince días del referéndum, confiesa que no quiere emplear y que son los que la Ley pone a disposición de cualquier Gobierno y le impone aplicar.

La paradoja aparente es que los golpistas catalanes están siendo tan zafios que pueden empujar a la acción a su cómplice habitual por inacción. Sin embargo, no nos alegremos: lo que Rajoy confiesa es que no quiere de ninguna manera aplicar la Ley, que se niega a defender los derechos de todos los españoles, catalanes incluidos, salvo que le obliguen mucho, y aun así, poquito. En realidad, les está pidiendo, por favor, una coartada para no hacer nada, les implora que no le obliguen a moverse, les suplica que no le empujen a ejercer de presidente del Gobierno. Él ha venido a este mundo para presidirlo absolutamente todo, pero para gobernar absolutamente nada.

El pañuelo verde de la moción de censura

En los toros, cuando un toro es manso de solemnidad, burriciego, reparado de la vista, descordado, derrengado o inválido para la lidia, el presidente saca un pañuelo verde para que lo devuelvan al corral, tarea que los bueyes de la plaza realizan con lento esfuerzo, salvo los de Florito en las Ventas, que han alcanzado tal virtuosismo que apenas han salido al ruedo y ya se están yendo de él como abrazando al toraco, obediente como un ciudadano ante un inspector de Hacienda o un político ante La Sexta. Si los antitaurinos supieran algo de lo que odian, irían a las Ventas en otoño para contemplar el soñado espectáculo de un toro cinqueño, típico de la limpieza de corrales al fin de temporada, que al poco de salir al ruedo, sin recibir una vara, es devuelto a la penumbra del corral para acabar como cualquier ternera en el matadero, de un tiro en la testuz, degollamiento u otra forma de pasaportar el ganado vacuno para la alimentación humana.

Me parece que Mariano no llega a la Feria de Otoño de este año, pero Simón Casas, muy atento a estos detalles, puede remitirle un DVD con cualquier devolución de un toro a los corrales para que sueñe despierto. ¡Qué mayor ventura para un manso que imaginarse en manos de Florito y su punta de bueyes, de vuelta a la rumia del corral y al pienso garbancero! El papel del presidente le toca al Rey, tan desairado y agredido por Rajoy en estos dos años de regobierno, pero siempre atendiendo a la opinión del veterinario y a la del público venteño, que recita el Reglamento en arameo.

Y en este caso, el reglamento de las Cortes, belén en que ven la luz los presidentes de gobierno españoles, es cristalino: si se presenta una moción de censura con cincuenta escaños detrás y un candidato alternativo a la Presidencia, se paraliza la acción de Gobierno hasta que las Cortes voten si echan o dejan seguir al presidente censurado. Vimos hace poco una versión demediada del trámite, la charlotada de Irene y Pablo cuando eran -creo que siguen siendo- Pablo e Irene, sin otro éxito posible que el de salir mucho en las televisiones amigas, que, Soraya mediante, son todas. Esta vez, la cosa es distinta. A partir del 2 de octubre, el PSOE se verá empujado por Podemos y ERC a aceptar la presidencia del Gobierno para pactar los términos de la liquidación de España mediante una reforma de la Constitución limitada a un punto: apuntillar la soberanía nacional y acabar con la igualdad de los ciudadanos ante la Ley. Eso sí, mediante el diálogo. Mucho diálogo, venga diálogo, será por diálogo, diálogo por la izquierda con guiños al centro, diálogo a lo círculo ecuestre y a lo cumbayá, diálogo para reescribir en el papel de la Ley con el agua que acabará con el papel.

Ya es muy difícil, por no decir imposible, que Rajoy pueda vadear en estas dos semanas el Río Rojo, o sea, el Llobregat según la CUP, que se ha llevado aguas abajo, en su tempestuosa crecida, a todo el rebaño nacional. El ganadero Mariano nos aseguró que tenía todo preparado para cuando los golpistas atacaran. Y la opinión pública, más pastueña que los cornilargos, lo creyó. ¿Cómo no creer a un Gobierno que dispone de todos los resortes para impedir un delito cuando dice que está preparado para hacerlo? Pero, a la hora de la verdad, cuando ha empezado la campaña electoral golpista, no tenía preparado absolutamente nada.

El alarde de la Fiscalía llamando a declarar a cientos de alcaldes enardecidos o atemorizados ante el referéndum golpista del 1 de octubre, mientras deja libres a los que los enardecen o atemorizan, de ‘Cocomocho’ a Godó y Roures, de la trama institucional a la mediática, más importante la segunda que la primera y ambas más importantes que la municipal, nos ha demostrado en su precipitación lo que deberíamos haber supuesto. Los que no han hecho nada durante seis años, los que han dejado que se pudra la situación hasta extremos de humillación inimaginables, los que financian desde hace cinco años el proceso golpista que decían combatir, ¿cómo iban a frenarlo en veinte días? No tenían nada previsto porque, sencillamente, se negaban a pensar en un asunto tan desagradable, tan violento, tan contrario a la mansedumbre proverbial de la ganadería de ‘Don Prudencio Galbana’.

El Pacto de Can Roures

Y la moción de censura que ‘Pablotov’ y ‘Junquertropp’ urdieron en la dacha de Roures para hacer presidente a Pedro Sánchez a cambio de que Podemos apoye el referéndum separatista -y ahí está Colau apoyándolo- y ERC le permita permitírselo a un Gobierno del PSOE que acabe con la soberanía del pueblo español y la trocee a gusto de los nuevos señores feudales nacionalistas es el pañuelo verde que le permite al ejemplar de la dehesa ‘El Charrán’, antes ‘La Gaviota’, volver al corral por imperativo legal.

Tengo la impresión, casi certeza, de que aunque los tres mil agentes del CNI le dijeran que faltan dos días para que se presente una moción de censura PSOE-Podemos-ERC-Etc y debe disolver las Cortes y convocar elecciones antes de que lo manden a su casa, Rajoy se hará el sordo y se irá a su casa, tras protagonizar, eso sí, lo que imagina un gran final de su larga carrera política: culpar a los que lo echan del Gobierno que lo hacen para destruir la nación y la Constitución, ¡como si él las hubiera defendido!

Cuando un político ayuno de moral, cobarde como sólo puede serlo un político, es incapaz de hacer frente al conflicto que él mismo ha creado, lo que hace normalmente es huir. Si en vez de irse por su propio pie a Cartagena, como Alonso XIII, o de dimitir como Casares Quiroga y Portela Valladares en 1936, la Oposición le brinda la oportunidad de irse sin tener que hacer otra cosa que someterse a una sesión de despedida, Rajoy se irá.

Creo que incluso aunque protagonizara esta semana el arreón del manso, que embiste y cornea cuando nadie lo espera, la situación está tan deteriorada que dentro de quince días los medios de Soraya pedirán que se una al PSOE o que lo deje gestionar la crisis catalana. Y Mariano dirá que, antes de unirse al PSOE, se va a su casa, porque él no tiene apego al cargo, puede presumir de limpia trayectoria y prometió defender la unidad de España y la Constitución y así lo ha hecho, pero no quiere ser un obstáculo para la paz civil. Que él cree que la Izquierda se equivoca, pero que ni él ni el PP van a impedir que otros intenten lo que a él no le han dejado intentar.

Entonces llegará, casi por consenso, la moción censora, y Rajoy será censurado, o sea despedido. Se sacudirá la arena de las zapatillas al dejar el ruedo parlamentario… Y se irá. El que venga detrás, que arree.

Origen: Libertad Digital