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Rajoy se entrega al separatismo vasco y Sánchez se arrastra ante el catalán -F.J.Losantos/LD-

El grado de obscenidad que está alcanzando la entrega del presunto Gobierno del antiguo PP en la todavía llamada España sólo es comparable a la sucesión de disparates perpetrados por Pedro Sánchez en esta última semana. Uno de los frutos del pacto Rajoy-Urkullu está siendo la silenciosa entrega de Navarra al separatismo vasco, símbolo de la cual ha sido la discreta absolución de Uxúe Barcos en un caso de corrupción descarado que debería haber acarreado su condena y dimisión. Pero ella es la fragata que patrulla las aguas de la ribera norte del Ebro, frontera meridional del lebensraum nacionalista, así que, por supuesto, dentro de la indiscutible independencia del Poder Judicial (para inclinarse ante los poderosos, sean de pistola o de BOE) la señora Barcos ha sido absuelta de cobrar a la vez en dos sitios. ¿No es la bilocación una de las características del foralismo?

Gracias, pues, a ese Urkullu que Soraya ha puesto como ejemplo al separatismo catalán, la flota anexionista de Pamplona seguirá surcando las aguas del Ebro y las fuerzas euskaldunizadoras, tan desatadas en Navarra como las catalanizadoras en Baleares y la Comunidad Valenciana, seguirán acercando las tierras, troceando la soberanía y disolviendo la ciudadanía. Al fondo del pacto, para cuando toque, quizás este mismo Otoño, queda la famosa Disposición Transitoria que permite la anexión de una comunidad a otra, y que, como las “nacionalidades y regiones”, forman parte del peaje nacionalista en la redacción de la Constitución de 1978. Si el separatismo catalán se lo permite, el Gobierno de Madrid demostraría que, con un poco, sólo un poco, de buenas maneras, el separatismo puede conseguirlo todo. Y que sólo las malas maneras de Cocomocho impiden al Gobierno rendirse lo que quisiera. Es verdad que del árbol de las malas maneras de la ETA caen las nueces del PNV, pero eso es pasado. El Presente se llama Presupuesto, y ante él se olvida el pasado, se humilla el presente y se hipoteca el futuro.

Rajoy se desdice y Montoro se acuerda del FLA

El problema de Rajoy es que el separatismo catalán está tan fuera de control que, violentando su naturaleza, tiene que hacer como que hace algo. No menos de cinco años lleva diciéndonos que de ninguna manera podrían alterarse los flujos de dinero de todos los españoles hacia una Cataluña que lleva desde 2012 quebrada y secuestrada por los separatistas. Según los medios rajoyistas no se podían cerrar los hospitales, había que tratar a los catalanes como a los demás españoles, un problema de liquidez regional arruinaría la imagen global de la economía española… y los tres latiguillos clásicos: “no va a pasar nada“, “se va a cumplir la Ley“, y “el Gobierno sigue apostando por la moderación y el soborno, glups, o sea, el diálogo.”

¿Qué ha pasado para que ahora anuncie el Ministerio de Hacienda que está dispuesto a cortar los fondos del FLA si la Generalidad destina un solo euro al referéndum del 1-0? ¿Es que ha destinado un solo euro a nada que no sea promover la destrucción del Estado, atacar a la nación española y vulnerar minuciosamente todo el ordenamiento legal? ¿No gastó nada en el referéndum anterior, pese a la prohibición del Constitucional? Cuando algunos –muy pocos- decíamos que el Gobierno debía cortar el FLA, porque incurría deliberadamente en el delito de auxilio a la rebelión, nos ponía verdes el rajoyato mediático, en versión pepera o podemita, porque en eso coincidían Atresmedia, la Sexta, Mediaset, La Cuatro y TVE. ¿Qué está pasando para que, de pronto, cambien de opinión Rajoy y Montoro?

Evidentemente, lo que está pasando es que don Pantuflo y sus Zapatillas han tenido que reconocer que la purga dentro del golpismo catalán para asegurar el referéndum ha demostrado lo que ellos se han negado a ver: que ya no hay soborno que valga, ni el penal a los Pujol ni el civil a los Godó. Y que la nueva generación de mindundis separatistas no tiene demasiado que perder en Andorra. Si acaso, la costumbre de cobrar todos los meses.

Dice Rivera que hace dos años Montoro aseguró que cortaría el FLA si la Generalidad gastaba el dinero en actividades ilegales, tipo referéndum. La prueba de que no lo ha hecho, es que desempolva esa amenaza. ¿Pero va en serio? Tan en serio como Junqueras y Cocomocho, o sea, muy en serio. Cuando echan al jefe de los Mozos de Escuadra y ponen a a un tío que se ha burlado de todos los españoles diciendo que se van porque les damos pena, la cosa va en serio. No tanto como para intervenir la autonomía y procesar al sujeto, que es lo que haría cualquier Gobierno digno de ese nombre, pero sí para constatar que ni la entrega de Navarra puede asegurar la paz de la pantufla en Cataluña, el hacer como que no pasa nada cuando pasa de todo.

Naturalmente, si las zapatillitas del Gobierno no fueran la emanación pantuflesca del inquilino monclovita, la evidencia de que llevan cinco años metiéndonos la mano en el bolsillo para meter la pata en Cataluña, debería suponer la expulsión del Poder de la pandilla de inútiles que urdieron y han jaleado la táctica de Rajoy de no hacer nada y dejar que el enemigo se desgaste solo. Ya se ha desgastado, ¿y qué? Seguirá desgastándose, o sea, haciendo lo que mejor hace, que es desgastar a España. ¿O es que el ilegal referéndum y la ilegal ocupación de espacios públicos aprovechando las vacaciones estudiantiles y la llamada de la selva de JxSí y la CUP, no va a suponer desgaste para España? Una Barcelona en aparente rebelión, para lo que bastan cuatro gatos, como en el 15M, ¿no va a atraer a las televisiones del todo el mundo, empezando por las telesorayas? Por supuesto que sí. ¿Y qué tiene previsto ante esto el Gobierno, que dice que lo tiene previsto todo? Absolutamente nada. Y la prueba es que ahora se acuerda del FLA.

Sánchez puede venir y Rajoy puede dimitir

Como todo lo susceptible de empeorar suele hacerlo, el desastre del PP en el Gobierno es superado por la calamidad del PSOE en la Oposición. Con Podemos abiertamente alineado con los separatistas, su rival Pedro Sánchez ha ofrecido esta semana tres ocurrencias fantásticas: una es la de hacer una quita en la deuda de Cataluña, premiando así la deslealtad; otra, proclamar de rodillas ante Urkullu la existencia de la nación vasca, ante la que ese escombro llamado España deberá abdicar de su soberanía; y la tercera, anunciar ante el florido socialismo balear, apéndice de Junqueras más que de Iceta, que el futuro es el del reconocimiento de las naciones que vienen padeciendo el cerril centralismo español, esa cosa lastimosa del PP. ¡Llegan las rebajas de Verano del PSOE! ¡Naciones para el nene y la nena!

Pero si alguien cree que Rajoy ya no tiene más remedio que actuar, olvida una lección no muy lejana de la Historia de España. Lo más fácil del mundo para el cobarde es huir, y eso en política se llama dimitir. ¿Por qué, si Rajoy no ha hecho nada contra el separatismo catalán para no tener que usar la fuerza contra el golpismo, se vestirá de legionario y no de cabra o carnero? Hay una larga tradición de dimisiones para esquivar responsabilidades. En 1939, al culminar huyendo la guerra civil que habían provocado, dimitieron todos: de Azaña a Negrín, pasando por Martínez Barrio, o sea, del Jefe del Estado al Presidente del Gobierno pasando por el Presidente de las Cortes. Se quedó el pobre Besteiro, en la cárcel. ¿Por qué va Rajoy a sacar fuerzas de flaqueza y no a flaquear, sin más? Más cerca que de Besteiro yo lo veo de Casares Quiroga, aquel gallego Presidente del Gobierno en Julio del 36, al que le dijeron “¡Se ha levantado el ejército en África!” Y contestó: “Pues yo me voy a acostar”.

Y, como dicen de los toros mansos sin fuerza, se acostó.

Origen: Libertad Digital

Ante la radicalización separatista, Rajoy modera su moderación -F.J. Losantos/LD-

 

Lo que pasa con esta Sociedad de amigos de la Siesta es que nos están tranquilizando tanto de mentira que empezamos a intranquilizarnos de verdad.

Pasan tantas cosas en España y pasan tan rápido las malas que ya nos hemos olvidado del aniversario del asesinato de Miguel Ángel Blanco, que se ha saldado con el éxito rotundo de sus asesinos gracias a la consensuada cobardía de los miedócratas. El acuerdo para sacrificar de nuevo a las víctimas de la ETA en el ara del pacto del Gobierno con el PNV es total e incondicional. Catalá pondrá en libertad, poco a poco o mucho a mucho, a todos los asesinos y, mientras los suelta, los irá acercando a la puerta de casa, para asustar a los que ya asustaban y hacerse a la idea del homenaje merecidísimo que les espera. A las víctimas profesionales, heroínas de la subvención, que trincan hasta del PNV, se les subirá el reconocimiento de su constructivo silencio. Y las que ni cobran ni se callan, se jorobarán. Ha dicho Mariano que Urkullu es un ejemplo para Puigdemont, así que chitón.

La purga de los purgantes cargantes

El agradecimiento de Rajoy es siempre interesado e instantáneo, así que el elogio al jefe del partido racista y separatista fundado por los Arana se debe al mismo impulso que le llevaba a elogiar al nacionalismo catalán, -de profesión, cobrar su moderación-, frente al atroz radicalismo del PNV, de vocación y profesión sus pactos con la ETA, hace muy pocos años. Pero va siempre tan justo de fuerzas Mariano que le basta un relevo en la cabeza del golpismo antiespañol para que agradezca al que se queda detrás que no pase delante. Ve algo o a alguien frenarse y enseguida se identifica con él. El día que descubra al turolense Miguel de Molinos y su doctrina quietista, entrará en éxtasis y, sin prisas, dejando un leve aroma a nada, se evaporará.

Pero la purga de los anteayer purgantes en la Generalidad de la ayer CiU, ha aumentado el afán de Rajoy por premiar, siquiera con adjetivos, a los que, siendo tan antiespañoles como la Esquerra, la CUP y los pedecatos cocomochistas, no se dan tanta prisa en manifestarlo. No se les pide que cambien de costumbre o de dirección, tan sólo que no corran. Y, sobre todo, que no corran juntos. La verdad es que viendo a Podemos y al PSOE corriendo junto a los velocistas del Prusés, ¿qué prisa va a tener el PNV?

Mientras, Rajoy ya ha puesto en marcha su famosa máquina de parar y está claro que no dejará de detenerse si los demás no dejan de acelerar. Así lo ha hecho saber, de forma elocuente y contundente: “Haremos lo contrario que hacen los que quieren romperlo todo. Si violan la ley, nosotros la cumpliremos y la haremos cumplir. Si se deslizan por la peligrosa pendiente de la radicalidad, nosotros responderemos con la razonable fuerza de la ley, la sensatez y la moderación”.

Lo que no sabemos es cómo hará lo que dice hará, porque la última vez que los otros hicieron algo parecido, el referéndum del 9N, él no hizo absolutamente nada. Dijo tres días antes que no iba a pasar absolutamente nada. Pasó. Como si no hubiera pasado. “No tiene ningún valor jurídico”, dijo, y se quedó tan fresco. Luego trabajaron en la sombra fiscales al dente y jueces medio hechos para dejar a los golpistas sin más golpe judicial que algún pequeño coscorrón, cuando además yacían alejados del poder. ¿Para qué ensañarse con Mas, si ya lo habían devorado las fieras de la CUP?

En la guerra psicológica, hay que reconocer que Rajoy no tiene rival: ¿que los golpistas de la Generalidad se proclaman en abierta rebelión contra la Ley y el Estado que representan? Mariano les mantiene el sueldo. ¿Que declaran nulos la Constitución, el Estatuto de Autonomía, el vigía del Ejecutivo, léase Parlamento de Cataluña y la Ley Electoral para hacer otra? Mariano se muestra, “como siempre, abierto al diálogo”. ¿Y la dialoguera Soraya? Algo menos que al abrir despacho en Barcelona, pero también. ¿Y el PP de Cataluña? ¡Bah! Albiol ha vuelto a decir que esto es un golpe de Estado, pero ya se sabe que Albiol pinta poco. Al lado de Millo, casi nada. Lo que importa es lo que diga el Gobierno. ¿Y qué ha dicho su portavoz? Pues que siguen permanentemente abiertos al diálogo, pero siempre desde la moderación, nunca desde la radicalidad. Eso, para otros, Ellos, quietos.

Los “algunos” algo “autoritarios”

Lo que pasa con esta Sociedad de amigos de la Siesta es que nos están tranquilizando tanto de mentira que empezamos a intranquilizarnos de verdad. Sobre todo porque hace un mes, por alguna razón que todavía desconocemos, se mostraron públicamente preocupados, más aún, muuuy preocupados, por la deriva radical y rupturista del nacionalismo catalán, al que incluso empezaron a llamar separatismo. Tremendo. Cinco ministerios, cinco, tocaron a rebato, y Soraya casi se quitó el zapato. Temimos lo peor: que Mariano se despertara. Afortunadamente, fue una falsa alarma. Unas horas después, de la Moncloa salía con toda claridad el “zzzzzz” de los durmientes de los antiguos tebeos, antes de que se despertaran cómics.

Ayer, mientras dormía, Rajoy dijo, sin embargo, algo que podría preocuparnos: “La deriva autoritaria que se está produciendo hoy por parte de algunos en Cataluña es algo que no había ocurrido en España desde hace décadas”.

¿Quiénes son esos “algunos”? ¿Y de cuántas décadas hablamos? ¿Siete, o sea, desde 1937? ¿Tres y tres cuartos, o sea, desde que Pujol llegó al poder en 1980? ¿Y lo que hicieron los que hoy mandan en la Generalidad, los algunos de la CUP, cuando cercaron el Parlamento de Cataluña? ¿No fue un acto levemente “autoritario”? Tampoco es que el referéndum del 9N en contra del Constitucional fuera un acto de respeto a las leyes. Ni la manifestación contra el TC cuando afeitó ligeramente el nuevo Estatuto de Autonomía, precedida del editorial unánime del alguno Juliana. Pero si el Estatuto ya no rige, pelillos a la mar. Como Pujol no está, adiós a Pujol. Y como Mas es menos, dejémoslo en paz.

No nos asustes, Mariano

Lo que no debería hacer Rajoy es darnos estos sustos antes de las vacaciones, si es que puede distinguirlas del resto del año. Empieza uno a darle vueltas a frases como “La ley se va a cumplir, el Estado de derecho va a prevalecer y el referéndum no se va a celebrar” y puede temer que el Gobierno haga algo en defensa de la legalidad vigente. Se rompería así una línea de continuidad ejemplarmente horizontal que nos ha llevado a crear tantos empleos y a una tranquilidad que no viene de tranca sino de Tranquilium, jarabe monclovita para digestiones pesadas.

Es hora de que Rajoy rescate el fabuloso eslogan de 1986 de aquellos democristianos que vivían parasitando a Fraga: “Lo urgente es esperar”. Esperaron en vano que les votaran, sí, pero sembraron el desconcierto. ¿Qué se radicaliza el separatismo? Pues a moderar la moderación y a ver quién se cansa antes: ellos del Golpe o nosotros de que nos golpeen. Lo que no debe hacer Mariano es invocar tan a menudo la Constitución, no sea que la gente crea que tarda en aplicarla y tengamos un disgusto.

Origen: Libertad Digital

Acción, inacción, moción.  -F.J.Losantos/El Mundo-

Hoy ha convocado el presidente golpista de la Generalidad catalana a los tres partidos golpistas (los dos de Godó -Pujolistas y ERC- y la CUP, no se sabe si El Colp sí que es pot) que han liquidado el Parlamento de Cataluña al privarle del poder de votar y vetar cualquier ley del Ejecutivo, y pueden proclamar en 48 horas la República Catalana. Por supuesto, sin la menor legitimidad parlamentaria y sin consulta popular, ya que sólo puede convocar legalmente -lo hace mucho- elecciones autonómicas. Pero eso no le da amparo legal del Estatuto ni de la Constitución, a los que ha abolido.

Añádasele al fervor antiparlamentario un plan -La Ley de Transitoriedad Definitiva (sic)- para imponer una dictadura que expropia juzgados y medios de comunicación hostiles al golpe, y declara fuera de la ley a los catalanes molestos y a todos los ciudadanos españoles, rebelándose contra el Estado de la UE del que forma parte, que es España. Otra cosa se le podrá negar al separatismo, pero no acción. Desde el cine mudo no se ve venir tan aceleradamente un trompazo.

Frente a la acción acelerada del golpismo, Rajoy acelera su inacción. En una vibrante comparecencia ante los héroes del empresariado catalán, cuya defensa de las libertades los hace dignos hijos del que vendió el tambor al Tambor del Bruch, y mientras éste le daba al parche llamando a la fiel defensa de España contra Napoleón, huyo a Perpiñán con la pasta. Se encontraron el hambre y las ganas de comer, digo la dieta y la anorexia. Va Mariano y dice que ya no cabe la equidistancia. Y van los héroes y le dicen que vale, que consulte con Soraya. Y van todos y se van, y adiós.

Curiosamente -coincido con Iván Redondo- la acción de unos y la inacción del otro le dan a la moción podemita -y a Rivera- una oportunidad de oro. En un régimen democrático normal, los golpistas estarían en la cárcel y un Gobierno de Unidad Nacional habría votado una serie de leyes para reforzar las garantías constitucionales contra toda discriminación lingüística, fiscal o legal, privaría de asiento parlamentario al terrorismo separatista y avisaría a los recogenueces. Pero la moción de Podemos no es contra Rajoy sino contra el PSOE y Snchz quiere refundirlo en icetismo oblongo y asimétrico, en 17 PSC’s. Pablenín dirá no es no a Rajoy, sí es sí al referéndum y los hundirá.

Origen: ELMUNDO

El funeral del PP liberal y el triunfo de la Checa del 11M (y II). -F.J.Losantos/LD-

Segunda parte del ensayo El funeral del PP liberal y el triunfo de la Checa del 11M.

Este mismo sábado, J.M. Contreras, uno de los socios fundadores de la Sexta con Roures, Benet y Barroso, esos que Cebrián llamó “visitadores nocturnos de la Moncloa” de ZP, -él lo era diurno con González y ahora con Soraya-, publicó en Infolibre un artículo –Protejamos la pena del telediario– que su Sexta ha aplicado esta semana contra el PP de ayer para tapar al PP de hoy y su propia corrupción empresarial. Es decir, que los que mandan a través del duopolio televisivo en la España actual, por delegación de Moncloa y al servicio de Podemos, defienden abiertamente la muerte del Estado de Derecho y la creación de un régimen asesino y difamador como los de Cuba y Venezuela, que tienen en el linchamiento de los enemigos políticos –inocentes o no, da igual; están condenados antes de llegar a juicio, si llegan- su herramienta esencial de propaganda y terror político.

Vale la pena leerlo entero, y temblar, pero resumiré lo sustancial:

“Esta semana hemos asistido a un capítulo más de nuestra reciente historia política, la esperada detención de Ignacio González, expresidente de la Comunidad de Madrid, que tantas noticias había protagonizado como recurrente sospechoso de haber cometido numerosos actos delictivos, sin que hasta ahora la ley hubiera actuado contra él. Una cámara de la Sexta pudo conseguir las únicas imágenes de su captura por las fuerzas de seguridad”.

Esto es falso. Fue la UCO la que accedió al Sextabús, para proceder a la detención conjunta y tapar con lo de González la llamada a declarar de Rajoy.

“No hay duda de que uno de los momentos televisivos preferidos de muchos espectadores es el de poder ver la llamada ‘pena del telediario’. Son esas imágenes, desgraciadamente repetidas en multitud de ocasiones, en las que algún expoderoso corrupto es introducido en la parte de atrás de un coche policial tras su detención. Siempre me llama la atención su reacción, que de manera casi milimétrica suele reproducirse de forma cotidiana. El personaje en cuestión suele caminar atropelladamente con la cabeza baja, incluso cubierta, y busca meterse en el vehículo que se convierte en una especie de último refugio donde cree poder terminar con su agonía. Dentro del coche, intentan ocultar su rostro con manos y brazos o con alguna prenda de vestir o se esconden detrás del asiento”.

Esto es cierto, pero se ve que Contreras no tiene familia, a la que nadie salvo un marrajo quiere humillar, o se cree impune ante el Sextabús y la UCO. Debe de serlo, porque la absorción de la Sexta por A3 fue delictiva y ahí sigue.

“Es una pena que las fuerzas de seguridad suelan colaborar en ese comportamiento que impide que algún reportero, de forma calmada, pudiera acercarse al detenido y preguntarle sobre las razones de su ocultamiento, aclarándole que, aunque se tape la cara, todos le estamos viendo y, sobre todo, todos sabemos perfectamente quién es y qué ha hecho”.

Esto es falso. Nadie sabe “perfectamente, lo que es y lo que ha hecho”, salvo el que tenga la condena hecha antes del juicio, el fiscal o juez de un Estado totalitario. A la Sexta la llama su Gobierno de su PP. Y en el caso Rato hemos visto a la policía tratarlo con menos celo que a los etarras.

“Es habitual escuchar voces públicas que defienden la eliminación de las penas del telediario. El argumento de base es que esas imágenes suponen una condena social de facto, que ignora el principio de la presunción de inocencia. La cuestión no puede ser más absurda. Las imágenes no reflejan la condena sino la detención, porque hay firmes indicios de que ha cometido algún delito. Si el principio de presunción de inocencia se antepusiera a todo, ni siquiera la detención debería tener lugar puesto que no ha habido aún condena. Un disparate”.

¿Un disparate que todos sean inocentes hasta que se demuestre lo contrario? Quizás Contreras lo piensa sobre etarras e islamistas, no sobre los del PP, a los que tan “perfectamente” conoce. Y la burla al “cretinismo democrático y parlamentario” (Lenin) acaba en este sadismo de chequista:

“Lo que sí reflejan esas voces es el daño moral que parece infligir a los corruptos detenidos esas imágenes difundidas incesantemente en las televisiones. He de reconocer que en mi caso me provocan un efecto hipnótico. Siento un alivio cuando las veo. Por un momento, esa reproducción electrónica de la realidad me hace creer que quizá hay justicia y que, de vez en cuando, el que la hace la paga. Pienso que ese castigo público debería formar parte de cualquier condena por un delito que supone el enriquecimiento ilícito, el haber sacado provecho, quebrantando la ley, de la confianza de los ciudadanos y de transformar el servicio público en vehículo para el robo de bienes ajenos”.

Y ahora llega el regodeo del co-creador de la Sexta gracias a ZP:

“Propongo por tanto regular un protocolo especial para llevar a cabo la detención de los corruptos. Puedo llegar a entender que se impida el contacto directo a reporteros y ciudadanos con los acusados para evitar altercados e incidentes. Se deberían habilitar unas vallas de seguridad que facilitaran la visibilidad del público asistente. Sin embargo, el paseíllo hasta el vehículo policial habría que reglamentarlo. Deberíamos dejar al menos 200 metros de recorrido obligado, para que el detenido, convenientemente esposado, se dirigiera hasta el coche. Propongo que el desplazamiento lo hiciera en solitario y sin elementos que entorpecieran su marcha. Todo ello, eso sí, perfectamente televisado, con posibilidad de utilizar diferentes tomas y repeticiones con cámaras superlentas, al estilo de los encierros de San Fermín. Incluso, propondría la colocación de una mini cámara que portara el detenido en su solapa que nos permitiera tener una toma subjetiva de gran valor emocional. Una buena selección musical difundida con megafonía sería el toque final perfecto. El denostado reggaetón de Luis Fonsi, Despacito, sería una banda sonora perfecta con esa simbólica estrofa final:

Pasito a pasito, suave suavecito
Nos vamos pegando, poquito a poquito
Hasta provocar tus gritos
Y que olvides tu apellido
Despacito”

Lo de “provocar tus gritos” suena a torturador vocacional o rapero podemita. A “la azotaría hasta sangrar” o “soy un marxista devenido psicópata”. Pero Contreras olvida algo demasiado deprisa: el apellido del corrupto no lo ha olvidado despacito ni deprisita el directivo de la Sexta detenido junto a González ni el gran jefe Casals, sino el camarada Ferreras, que lo tapó. ¿Por qué Contreras no comenta este caso de corrupción de la empresa que él fundó, nada menos que un descarado chantaje mediático para que no lo denunciaran? ¿Todavía pertenece a la empresa?

El mal menor no es un bien, es sólo menor

En fin, al leer este alarde tiránico de los que tras participar en el tinglado corrupto del PP de Madrid fingen desarticularlo para ahorrarse ellos la cárcel, vuelvo al dilema insoluble: el destino del liberal es siempre comprometido, porque uno elige los enemigos, no los aliados. Tras reñir con Aznar, lo defendí contra los golpistas del chapapote iraquí. Tras la traición de los liberales del PP, los defendí contra Montoro y el impuesto de Sucesiones. Tras leer a los viejos golpistas del 13 M, del Nunca mais y ahora del Sextabús vuelvo a la doctrina del mal menor para combatir el mayor: la tiranía. La corrupción del PP madrileño y su artera utilización para tapar la de Rajoy me ahorrará votar al PP, porque no se puede ni se debe votar a un muerto. Pero el PP medio liberal merecía un mejor funeral.

Leer la Primera parte:

Ver artículo original:

El funeral del PP liberal y el triunfo de la Checa del 11M (parte I). -F.J.Losantos/LD-

Lo peor no es que personas que creíamos honradas no lo sean, o que, hartas de una política sin horizonte, se pasaran a la política como negocio. Eso es malo pero, por la torcida condición humana, resulta inevitable. Nos dejan en ridículo, pero no debería sorprendernos. Lo que ha convertido la penúltima fechoría de Soraya para proteger a Rajoy en una carnicería de la que, si hubiera justicia, sería víctima su propio tinglado mediático, cadalso de políticos del PP y peana del terror podemita, es que no hay justicia y que lo ajusticiado es el último referente político del liberalismo en España, el otrora poderoso PP de Madrid a cuyo funeral hemos asistido esta semana.

Porque no nos engañemos: lo que une a Ferreras y Soraya, Pablenín y Montoro, Iceta y Susana, el Carnicero de Mondragón y Cocomocho, a la banda impune de los Pujol y al impune ejército de los ERE, es el odio a una idea liberal de España o a una idea de España basada en la libertad. Y eso que durante casi veinte años ha representado el PP de Aguirre –e Ignacio González- es lo que ha muerto por mucho tiempo ante la opinión pública.

Adiós a un gran modelo político

Y con el desprestigio abrumador de buena parte de los dirigentes del PP de Madrid, lo desprestigiado, para alegría de comunistas, socialistas y rajoyistas, es la mejor gestión del dinero público en cualquier autonomía, la visión más libre y próspera de la sociedad, la libertad de elección de escuela y hospital, la calidad de la enseñanza, las escuelas bilingües, el metro y demás infraestructuras concebidas como inversiones básicas para que la iniciativa privada, único motor del desarrollo, cree empleo e innove, y sobre todo, el ejemplo de libertad y prosperidad que a toda España daba la Comunidad madrileña, mientras las pirañas autonómicas devoraban, servidas por el carnicero fiscal Montoro, los higadillos de Madrid.

Con Esperanza Aguirre, la Checa del 11M, el mismo García Ferreras que inventó los terroristas suicidas del 11M, ayer al servicio de Cebrián, hoy de Casals y Soraya, siempre de la tiranía, ha linchado esta semana y va a seguir linchando las que vienen, al PP de Aznar, culminando el proceso que empezó en el Congreso de Bulgaria, capital Valencia, de 2008, cuando Rajoy decidió sacrificar el partido a su supervivencia personal y política. Y el PP, con Camps y Rita Barberá, que en paz descansa una y sin paz el otro, y Arenas como muñidor, lo aceptó.

Aznar y Aguirre pudieron dar entonces la batalla, y luchar por una parte, aunque fuera minoritaria del PP identificada con una idea liberal de España. No lo hicieron, y tras ver cómo caían, aplaudidos por los artífices del 13M y de la Ley de venganza Histórica, María San Gil, Ortega Lara y lo mejor del PP vasco y español, que siempre tuvo en el Madrid de Aguirre su refugio de españoles maltratados, han acabado siendo víctimas de su respeto a las siglas o a esos argumentos personales que cada uno guardará en su almario y por los que nadie se interesará durante los próximos años.

Porque no estamos ante una caída, una enfermedad grave, un cáncer que se puede tratar y curar sino ante el entierro de la criatura política en la que algunos, no muchos, hemos confiado durante dos décadas. Y que deja la escena política sumida en el oprobio y arrastrando, simbólicamente, a los pocos medios que durante estos años hemos defendido lo que seguiremos defendiendo, faltaría más, pero sin nadie que nos represente y sin la menor confianza en que alguien ocupe ese hueco, fosa o abismo, del PP liberal.

Por supuesto, seguiremos diciendo -mientras nos dejen, y aunque no nos dejen- que el impuesto de sucesiones es un crimen de leso pueblo, que la política de Rajoy en Venezuela, arrendada a Zapatero, es un crimen de lesa dignidad, que la política de apaciguamiento con el separatismo catalán es un crimen de lesa patria, que la politización de la Justicia es un crimen de leso Derecho y que la inquisición mediática de las telesorayas es un crimen de lesa libertad. Pero seremos pocos y seremos infamados por la gran triunfadora de esta semana: la checa del 11M, que hoy no es la SER sino el Sextabús conducida con tres capas de calzoncillos por el mismo chófer, cabeza del grupo creado por Soraya y Rajoy (Atresmedia/La Sexta) y cerebro del proyecto de Podemos para liquidar España y nuestra libertad. Por cierto, que según Javier Ayuso el chófer Ferreras se reunió con González, su presunto testaferro Adrián de la Joya, Villarejo y Mauricio Casals. ¿Para hablar de qué? ¿Lo llamará a declarar el juez Velasco?

Pero antes de que los vichinsky del despotismo comunista instalado en el poder mediático por el fantasma de Rajoy la fantasma de Soraya, nos “haga la autocrítica”, debemos hacerla nosotros. Nuestra idea de España es no sólo nacional sino de orden moral. Y por eso cualquiera de los cientos de miles de compatriotas que nos escuchan, ven y leen a diario, de los dos mil accionistas del Grupo de LD, tiene derecho a preguntar: ¿Cómo no vieron ustedes la corrupción del PP de Madrid, que aun siendo mucho menor que la del PSOE, Pujol y Podemos, tanto perjudica la idea liberal?

Más delante (esto es tan largo que parecerá de Pedro Jota) entraré en detalles, pero hay una razón absolutamente vulgar: uno no sabe estas cosas si no está dentro y no suele aceptar los rumores sobre los “suyos” si vienen de los contrarios. Añadiré otra: mi personal relación con el PP histórico, con el que rompí cuando claudicó ante el Poder Fáctico Fácilmente Reconocible (fue en una entrevista conmigo cuando Aznar no se atrevió a nombrar a Polanco) y tras la nefasta boda del Escorial, con algunos de los reclusos del PP como invitados. En mi libro “Con Aznar y contra Aznar”, a cuya presentación el mejor presidente de la democracia prohibió asistir a sus ministros, con Aguirre, Mayor, Acebes, Zaplana y demás acatando la orden con perruna obediencia (sólo Álvarez del Manzano se atrevió a ir), se recogen los ensayos y artículos sobre la cara y cruz de aquella época.

Los fundamentales, publicados en La Ilustración Liberal, son el “Viaje al centro de la nada”, por aquella internacional centrista inventada por Aznar y el del invierno mediático que esperaba la derecha si el PP perdía el Poder. La política aznarista de rendición ante la izquierda llegó al punto de negarse a cumplir la sentencia del Supremo que ordenó devolver al mercado las emisoras de Antena 3 de radio, compradas ilegalmente por Banesto para la SER, a cambio de la protección de PRISA a Mario Conde. Y el libro termina con el largo artículo en LD al día siguiente de la boda del Escorial, que, durante dos años, supuso romper toda relación con Aznar.

¿Qué cambió? Aznar, no mucho. España, del todo. Desde 2002, la Izquierda se echó a la calle y del chapapote demagógico del Nunca mais al 13M de 2004, pasando por la guerra de Irak, tuve que elegir entre el rencor al partido que votaba y pedía votar desde que Aznar llegó al Poder del PP o hacerme perdonar –lo hubiera hecho de mil amores- por la checa mediática de la Izquierda, siempre deseosa de liberales y conservadores arrepentidos. Hice justo lo contrario. En mis libros “De la noche a la mañana” y “El adiós de Aznar” explico el cómo y el porqué de mi defensa de aquel PP.

Lo que atacaban en él no era la corrupción -casi desconocida salvo casos como los de Villalonga o Canyellas, poquita cosa al lado de la del PRISOE y Pujol- sino una idea más liberal que socialista del Gobierno y a la media España que creía y cree en la Nación, la Propiedad y la Libertad. Por eso, el 15M yo abrí mi programa a las seis en la COPE diciendo que desde el 11M y el 14M, previo cerco a las sedes del PP el 13M, había diez millones de huérfanos políticos en España y que la COPE era su casa. Así fue durante cuatro años, en especial los dos primeros: la COPE, El Mundo y Libertad Digital nos quedamos solos denunciando las mentiras del 11M y los apaños de ZP con la ETA y el separatismo catalán. Promovimos once manifestaciones con centenares de miles de personas en la calle, en defensa de las víctimas del terrorismo y del régimen constitucional, entre la AVT de Alcaraz, la COPE (q.e.p.d.), El Mundo, LD… y el PP de Rajoy, Acebes y Zaplana. Nunca tan pocos hicieron frente a tantos ni por más noble causa.

La liquidación del PP por Rajoy

Pero llegaron las elecciones de 2008. Rajoy tuvo un gran resultado pero perdió frente a ZP y decidió, tras un oscuro viaje a México, no dimitir, hacer suyo en el Congreso valenciano del PP el proyecto de Gallardón que era “obviar el 11M” y denunciar ante el tribunal del PRISOE –los que le cercaron el 13M- a los medios que le habíamos apoyado, no por él, claro está, , sino por lo que representaba aquel PP, y liquidar el partido de Aznar, Aguirre y San Gil, mientras esperaba el fallo de Zapatero para sucederle, no para cambiar nada importante ni para enmendar sus infinitas fechorías.

En mi libro “El linchamiento” (es un milagro de la Virgen del Tremedal que sobreviviera para escribirlo) cuento el proceso, padecido en primera persona, del cambio del PP de Aznar al de Rajoy, que era el de Gallardón, Zarzalejos y Cebrián; o sea, el del régimen salido del 11M. El verdadero anuncio del congreso de Bulgaria, capital Valencia, fue el juicio de Gallardón contra mí –cuya condena ha sido anulada de forma aplastante por el Tribunal de Estrasburgo- en realidad un pulso por el Poder dentro del PP. Y allí se produjo lo que la checa mediática del 11M, a cuyo liderazgo prisaico se había uncido La Sexta de Roures y ZP, llamó con regocijo -véase la hemeroteca- “la traición de los liberales a Losantos”.

Los liberales que se negaron a respaldar lo que sabían perfectamente que era cierto -que Gallardón, enfrentado a la línea entonces mayoritaria en el PP, defendía literalmente en ABC y dentro del partido “obviar el 11M”– fueron Acebes, Zaplana, Aguirre e Ignacio González. No entraré en más detalles porque para eso está el libro y porque parecería que hago lo que hicieron ellos: ponerse de perfil ante alguien caído en desgracia. Sí quiero explicar por qué, igual que pasó con Aznar, volví a hablarles y, con Acebes y Zaplana ya defenestrados, he defendido a Aguirre y González en Madrid.

En primer lugar, porque me repugna la injusticia. Y lo que las checas del 11M han perpetrado esta semana es el linchamiento político del PP de ayer con el sólido argumento de hoy: la corrupción. Dos cosas me parecen especialmente repugnantes: cobrar millón y medio de López Madrid, el contratista de Villarejo, y negociar comisiones en la Venezuela chavista, como los de Podemos, algo que jamás imaginé en nadie del PP de Madrid. Pero el Sextabús, panzer del grupo Atresmedia/La Sexta, creado de forma ilegalísima por Rajoy y/o Soraya, era el que peor ha quedado, chantajeando a Cifuentes para proteger a uno de sus directivos. Y eso lo han tapado con ranas de atrezzo. La transcripción de la amenaza de Casals: “que sepa que no es sólo La Razón, sino también Antena 3, Onda Cero y La Sexta”, es, sin duda, lo más grave, porque prueba la existencia de una trama mediática y política, con cabeza en Moncloa, para impedir que la Justicia persiga la corrupción del PP. Y eso lo han ocultado descaradamente Ferreras y todos sus tertulianos, que lo habían leído en “El Español” y escuchado en la SER.

En segundo lugar, porque este descaro digno del Planeta mediático catalán, me permite barruntar que Cifuentes podría hacer lo que hicieron conmigo los liberales del PP en 2008: negar la evidencia, ahora grabada y ayer publicada en la mismísima portada de ABC; que podría negar las coacciones evidentes y por las mismas razones: que el partido le perdone y le deje seguir en política. Eso creerá. Como enemiga de Soraya en la lucha por la herencia de Rajoy, la atropellará el Sextabús como a Aguirre. No es porque haya robado un euro, sino por no hacerlo y además desconocer la omertá rajoyana. “El PP siempre se porta bien”, dijo Rajoy anteayer ante jóvenes militantes andaluces. Denunciar la corrupción es portarse mal. E implicar en ella a un directivo del grupo mediático de Moncloa, fatal.

Y en tercer lugar porque se puede sobrevivir a la pérdida del último referente político del liberalismo en España, pero no a la omnipotencia de la checa nacida entre el humo y la sombra del 11M, que ha comprobado que seguirá ganando muchísimo dinero (Atresmedia ha dado esta semana los mejores resultados de su historia) persiguiendo la corrupción ajena y protegiendo la propia. O sea, alanceando moros muertos del PP mientras se apoya a Podemos y se hunde España, mientras la empresa gane dinero.

¿Hasta qué punto supimos o debimos sospechar?

Ahora, el multimedia implicado en la mal llamada operación Lezo (podían haberle puesto un nombre menos heroico), convierte en sinónimos liberalismo y corrupción. Cuando la corrupción del liberalismo del PP de Madrid la demuestra precisamente su relación con la cadena de Podemos. Pero eso no obsta para preguntarse si sabíamos lo que pasaba, al menos en parte, o no queríamos ni mirar porque lo denunciaba la Izquierda corrupta. Yo creo que lo segundo explica, aunque no lo justifique, lo primero. Han acusado a Aguirre de corrupción tantas veces y tan falsamente en esa meca delictuosa llamada PRISA y al servicio del sospechosón Gallardón, origen, de la trama caribeña ahora descubierta, que como todo lo antiaguirrista, en general, lo de González tuvo el mismo beneficio de la duda, en particular.

Ayer, Luis Herrero, debutaba en ABC contando dos denuncias sobre la trama González-Atresmedia-La Sexta, aunque Luis dice que La Sexta es un medio periodístico o así. Así y asá. Una, que yo no conocía y es una lástima: Villar Mir le habría dicho a Lapuerta que le dio a González un millón y medio de euros. Informado Rajoy, no hizo nada. Con lo que he tenido que aguantar de la cloaca de Villarejo, con el que se reúne Luis sin que el empleado de López Madrid deje de denunciarme para ver si consigue callarme. Me hubiera encantado poderlo contar y comentar, la verdad.

De otra, hace tres años, proveniente de nuestro antiguo editorialista y luego político y alcalde de Leganés Jesús Gómez Ruiz, sí supe algo, pero a la vez que me contaban que Jesús había contratado en Leganés a Gonzalo Boye, condenado a siete años de cárcel por colaborar con la ETA en el secuestro de Revilla y promotor de una querella contra mí a cuenta del separatismo catalán. Supuse que la información sobre la famosa cuenta suiza, sin titular, procedía de ahí, y que, si era verdad, debía denunciarlo el tal Boye. Nunca lo hizo. En LD informaron del caso y nada más. Luego he leído que fue con un notario a registrar su denuncia ante Juan Carlos Vera, el aparatchik de Rajoy para echar a Aguirre y poner a Cifuentes. O sea, que de nuevo lo sabía Rajoy. Y, sin embargo, ahora le piden responsabilidades a Aguirre… los chicos de Rajoy. Me parece una broma pesada, la verdad.

Hay, sin embargo, un argumento más de fondo, que es el de la lucha ideológica contra el abuso fiscal del Gobierno. Cuando Montoro le declaró la guerra a Ignacio González porque se negó a reponer el impuesto de sucesiones y bajó los impuestos del tramo autonómico (“será que le sobra”, dijo), ¿cómo no defender a Ignacio González? Cuando las mareas blancas y verdes –léase rojas y moradas- atacaban a su Gobierno porque defendía la calidad de la enseñanza y la gestión privada de los hospitales en Madrid, ¿cómo no defender que no hicieran fijos a esos maestros interinos que dicen que el Guadalquivir y el Ebro pasan por Madrid? Pues Montoro va a hacerlo. Cuando Aguirre defiende la bajada sistemática de impuestos, igual que Aznar, ¿cómo no defenderlos, que es defendernos de Montoro y del destino de nuestro dinero, que es la financiación del separatismo catalán? Y durante los años de Zapatero y los seis de Rajoy este ha sido el pan nuestro de cada día. ¿Cómo no conceder el beneficio de la duda a quien se negaba a ceder, en favor de la ciudadanía, ante Montoro y Asociados, Villalobos y Arriola, Arenas y Mato, es decir, Rajoy y Soraya, telesocios de Podemos?

La corrupción salvo para las izquierdas en general (“ahora nos toca a nosotros”, dicen en Andalucía desde hace 35 años) y una parte de las derechas es indefendible. Habrá que esperar a una nueva generación de políticos limpios que se dejen votar. Pero sin estos referentes, perdidos por algún tiempo, las ideas liberales sobrevivirán. Lo invivible es un régimen totalitario como el que hemos visto en acción esta semana, con detenciones anunciadas con días de antelación y la televisión de la checa esperando a la Guardia Civil para la detención y humillación de los presuntos, con todos los detalles de los sumarios declarados secretos y, lo más grave de todo, con la defensa, como en tiempos de Lenin, del Terror Rojo o el Teleterror.

La segunda parte de este artículo se publicará mañana lunes.

Ver artículo original:

¿Cuándo la ETA, derrotada policialmente, empezó a ganar políticamente? -F.J.Losantos/LD-

El siniestro espectáculo de los Coros y Danzas de la ETA, que ha humillado a todos los españoles, empezando por sus centenares de víctimas mortales, continuando por las decenas de miles de heridos, amenazados y chantajeados y terminando por los cientos de miles de desterrados del País Vasco, es el fruto de un proceso de dieciséis años, que, si no se frena y, la verdad, no parece que nadie tenga la intención de hacerlo, ni tan siquiera de intentarlo, va a continuar hasta la demolición del Estado nacional español.

La complacencia de la Derecha en el Gobierno y la complicidad de la izquierda en el Poder -gracias al aplastante dominio mediático que le ha entregado el Gobierno del PP- no es de ahora. Pero si los más jóvenes se preguntan cómo hemos caído tan bajo, cómo los medios se vuelcan en la mascarada de los terroristas, cómo el PSOE, el PNV y Podemos aplauden a la ETA por sobrevivir y presumir de no matar, pero sí de seguir humillando a sus víctimas y burlándose de la Policía y la Guardia Civil, que les habían derrotado hace dieciocho años, los que hemos vivido y denunciado en vano todos los pasos que nos han conducido a este precipicio, debemos recordar y recordárselos a los culpables de un delito de lesa patria y de lesa libertad.

Todo empezó con un artículo de Cebrián

En el año 2000, con Aznar instalado en la mayoría absoluta y el PSOE del recién nacido Zapatero en la Oposición, Rubalcaba redactó un Prefacio al “Pacto por las libertades y contra el terrorismo” así de claro:

“El Partido Popular y el Partido Socialista Obrero Español, decididos a reforzar su unidad para hacer plenamente efectivas las libertades y acabar con el terrorismo, entienden que es su responsabilidad ante la sociedad española adoptar el siguiente Acuerdo:

El retorno de ETA a la violencia terrorista, tras el cese temporal anunciado en Septiembre de 1998, ha puesto dramáticamente en evidencia la situación en el País Vasco. Con ello, ha quedado también de manifiesto el fracaso de la estrategia promovida por el PNV y por EA, que abandonaron el Pacto de Ajuria Enea para, de acuerdo con ETA y EH, poner un precio político al abandono de la violencia. Ese precio consistía en la imposición de la autodeterminación para llegar a la independencia del País Vasco.

La estrategia de ETA no puede ser más evidente: tratan de generalizar el miedo para conseguir que los ciudadanos y las instituciones desistan de sus principios, ideas y derechos y así alcanzar sus objetivos que, por minoritarios, excluyentes y xenófobos, no lograrían abrirse camino jamás con las reglas de la democracia.

El abandono definitivo, mediante ruptura formal, del Pacto de Estella y de los organismos creados por éste, por parte de ambos partidos, PNV y EA, constituye una condición evidente y necesaria para la reincorporación de estas fuerzas políticas al marco de unidad de los partidos democráticos para combatir el terrorismo. La recuperación plena de esa unidad para luchar contra el terrorismo debe llevarse a cabo en torno a la Constitución y el Estatuto de Guernica, espacio de encuentro de la gran mayoría de los ciudadanos vascos.

Asimismo, la ruptura del Pacto de Estella y el abandono de sus organismos constituye, para el Partido Popular y el Partido Socialista, un requisito imprescindible para alcanzar cualquier acuerdo político o pacto institucional con el Partido Nacionalista Vasco y Eusko Alkartasuna.

Desde el acuerdo en el diagnóstico y en las consecuencias políticas que del mismo se derivan, el Partido Popular y el Partido Socialista Obrero Español queremos hacer explícita, ante el pueblo español, nuestra firme resolución de derrotar la estrategia terrorista, utilizando para ello todos los medios que el Estado de Derecho pone a nuestra disposición.

Queremos, también, reforzar nuestra unidad para defender el derecho de los vascos, el de todos los españoles, a vivir en paz y en libertad en cualquier lugar de nuestro país.”

Este texto marca no sólo el máximo punto de alianza de las entonces grandes fuerzas constitucionales sino el abandono por parte del PSOE de su estrategia de sumisión al PNV (EA era sólo la rama de Garaicoechea) que, tras el asesinato de Miguel Angel Blanco y las gigantescas movilizaciones populares se apresuró a acudir en ayuda de la banda asesina firmando el pacto de Estella, respaldado de inmediato por Pujol –aliado de González- y el resto del corrupto nacionalismo catalán en la Declaración de Barcelona.

Junto a la rebelión de la sociedad civil vasca, el pacto PP-PSOE dio alas a la configuración de una alternativa antiterrorista y antinacionalista que en 2001 estuvo cerca de ganar las elecciones. No lo consiguió porque la ETA apoyó al PNV, su aliado de Estella, en feudos electorales clave y vendió la victoria peneuvista frente al PP y el PSOE, que hubieran ganado de compartir lista, como el triunfo de todo el nacionalismo contra España.

Que lo hiciera la ETA era normal. Que lo disfrutara el PNV, más unido a la ETA que nunca, también. Lo sorprendente fue que el día siguiente a las elecciones, Juan Luis Cebrián (con Polanco y González) escribiera el artículo más infecto y tramposo de su larga carrera, El discurso del método, cuya terrible eficacia explica la mascarada de ayer, siempre respaldada por El País, órgano de Soraya y Rajoy… contra el PP.

En este fétido artículo ataca a Savater sin nombrarlo, oculta que fue el PSOE el que pidió firmar el Pacto Antiterrorista, presenta a Aznar como un monstruo nacionalista español que ha pretendido romper la paz felipista del “ir tirando” con el PNV (y CiU) a la que hay que volver de inmediato. Y para agilizarlo, El País liquidó a Redondo Terreros y unció a Zapatero a una estrategia de asalto a la Moncloa desde la calle, aliándose con todos los extremismos comunistas y nacionalistas. Del “Nunca mais” (dirigido por Manuel Rivas, la típica estrella de Prisa que se apaga a los cinco años) a la Guerra de Irak, pasando por las municipales, se desarrolla la estrategia cada vez más violenta de “cordón sanitario” contra un partido con mayoría absoluta en las Cortes y que culmina en el cerco a las sedes del PP en toda España, coordinado por la SER, durante la Jornada de reflexión del 13M.

Zapatero reabre la guerra civil y pacta con la ETA

La manipulación del 11M desde la misma noche de la masacre por el PSOE, con aplastante cobertura mediática, convenció a la base del PP de que ZP estaba pagando el “llegar a la Moncloa en los trenes de Cercanías”. De hecho, los cuatro pasos fundamentales de su Gobierno son:

  1. Romper con los USA y crear con Turquía la Alianza de Civilizaciones, vieja idea iraní. Contando con el respaldo de PRISA.
  2. Ofrecer al separatismo catalán la liquidación del Estado Español y su régimen constitucional mediante un nuevo Estatuto de Autonomía que reconociera la soberanía nacional catalana y liquidara la española. Cuando el Estatuto embarranca, ZP llama a Mas a Moncloa y en una noche de café y nicotina, lo convence para pactar con el PSC que había denunciado el 3%. Tuvo el respaldo de PRISA, cuyos locales les alquilaba un Pujol Ferrusola.
  3. Revivir a la ETA, que estaba policialmente destruida y no había podido matar a nadie durante el último año de Aznar, para ofrecerle, con Eguiguren como interlocutor de Josu Ternera, un pacto que cancelaría la ilegalización por el Supremo de Batasuna y las fachadas electorales de la banda. ZP dijo: “eso lo arregla el Constitucional”, y mediante una sentencia escandalosamente ilegal, eso hizo la mayoría izquierdista y nacionalista. Tuvo siempre, en línea con el artículo de Cebrián, respaldado por Felipe González en el libro El futuro no es lo que era, el apoyo de El País, que desde entonces ha encargado la información del llamado “proceso de paz” a un publicista del diario proetarra Egin. (Para el día a día del proceso, ver mis libros España y libertad y Más España y más libertad).
    Contra las gigantescas movilizaciones que, con el altavoz de la COPE, El Mundo y Libertad Digital se desarrollaron contra el pacto con la ETA en la primera legislatura de ZP, PRISA, secundada por los medios nacionalistas y el ABC vocentino de Zarzalejos, emprendió una campaña de denigración personal contra los que, con el PP desparecido por el trauma del 11M, las impulsamos. Campaña que culminó en el juicio a lo moscovita de Gallardón, las cloacas del 11M, Cebrián y Zarzalejos contra mí, amén de la creación del CAC, amenazas de bomba, y una campaña abyecta de La Vanguardia que determinaron mi salida de la COPE y la milagrosa fundación de esRadio. (El relato completo, en mi libro El Linchamiento).
  4. Liquidar el Espíritu de la Transición reabriendo la Guerra Civil a través de la llamada Ley de Memoria Histórica, firmada por Campechano pese a deslegitimar el régimen Constitucional del 78, reinventar la Leyenda Rosa de la II República y presentar a la derecha política como heredera genética e ideológica del franquismo.

Hay que volver a citar aquí el libro El futuro no es lo que era (y el pasado, mucho menos). Lo firma con Felipe González, trece años en el Gobierno atribuyéndose el mérito de la Transición y el fin de la guerra civil, un tal Cebrián, jefe de informativos de TVE con Arias Navarro, aún en la dictadura. Y cabe recordar el último discurso de Polanco contra el PP acusándole de franquista y guerracivilista, es decir, de ser lo que había sido y de provocar lo que PRISA estaba provocando. A esa tarea dedican lo mejor de su escaso pero populoso talento los empleados de Cebrián, que marcan la pauta de las televisiones podemitas de Soraya, Montoro y Rajoy.

La ETA cabe en Expaña, el PP y España, sobran

El blanqueo de ETA y la humillación de sus víctimas sólo pueden entenderse dentro de la estrategia alumbrada por Cebrián en 2001 y seguida por Zapatero y Podemos hasta hoy. Luego vino la denuncia en 2007 por parte de Rubalcaba, consejero editorial de PRISA, del Pacto Antiterrorista cuyo prefacio había escrito el propio Rubalcaba. Y la infame sentencia del Tribunal Constitucional, arrogándose la función de Tribunal Supremo del Supremo para legalizar la fachada electoral etarra. Pero todo obedece al diseño de Cebrián y González de destruir la España que, con la mayoría absoluta de Aznar en 2000, parecía prósperamente asentada en el “concierto de las naciones”.

Lo están consiguiendo, con la imprescindible ayuda de Rajoy. Para destruir la Transición había que destruir la Nación. Para ello, convenía deshacer el Estado. E imponer por una temporada, el tiempo de un ejercicio de PRISORAYA, esa Expaña en la que cabe la ETA y sobran sus víctimas, para liquidar aquella España que vertebraba el PP, es preciso hacer la Ruptura de la Reforma, de la Democracia pactada por la UCD y el PCE. En ello están los escribas de la secta cebrianita, con la tinta en metálico y el secante televisivo que les facilita el llamado Gobierno de la antiguamente llamada España, presidido por el antaño conocido como Partido Popular. Nunca un personaje tan intelectualmente mediocre como Cebrián logró semejante destrozo.

Pero si queremos buscar remedio, hay que reconocer la triste realidad española. Hoy, todo lo que hay es lo que fue. Y de todo lo que fue, apenas queda nada.

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El velo mediático. -F.J.Losantos/El Mundo-

Neuronaliberal

EL ATENTADO islamista de anteayer empezó siendo en TVE sólo «un incidente». En La Sexta, la niña del ojo izquierdo de Soraya, era obra de «un coche que presuntamente había atropellado a varias personas», porque hay que respetar la presunción de inocencia de los vehículos que atropellan solos. John Carlin, (el prisaico jefe de Prensa del acuerdo Santochenko-Timochenko que montó la campaña contra el madridista James por no respaldar, como más de media Colombia, la rendición al narcomunismo de las FARC) avisó en El País, la niña del ojo derecho de Soraya, que «las autoridades británicas, e incluso Trump podrían aprovechar los sucesos de Londres para imponer más restricciones migratorias». Qué gentuza, en vez de abrir los brazos a todos los que quieren enriquecer con la religión de la paz y el amor la grisalla de la sociedad occidental, mayormente británica.

Y son incontables los medios que durante…

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Operación Respeto: Carmena pinta de verde el Bosque del Recuerdo del 11-M. -F.J.Losantos/LD-

Lo mejor que podía hacer Rajoy es no aparecer por el Retiro ni en plasma. Al final, se agradece una cierta discreción incluso en la cobardía y la alta traición.

Ayer celebró la casta político-mediática, con inevitables aburrimiento y desgana, la absoluta impunidad de la masacre del 11-M. Tres hechos destacaron sobre los demás. El primero es que Rajoy publicó un tuit recordando a las víctimas que olvidó en 2008, cuando se convenció de que asumiendo respetuosamente la versión oficial del 11-M, la del PRISOE de Cebrián y Rubalcaba, se le dejaría heredar el albañal ético de un pobre país dispuesto a vivir según el refrán: “El muerto al hoyo y el vivo al bollo”.

No se sabe qué admirar más en el presidente del Gobierno: el modo en que ha olvidado su humillación como candidato del PP en 2004, cercado en la Jornada de Reflexión por las huestes de la SER, hoy su emisora de referencia, o la sensibilidad demostrada en los 140 caracteres de su tuit. No se le podrá culpar de extenderse demasiado en la retórica funeral. Si acaso, de no intentarla. Pero si lo que se busca es enterrar más hondo cada año lo que ya empezó a enterrar el Gobierno en funciones del PP cuando destruyó ilegalmente los vagones y los efectos personales de las víctimas, lo mejor que podía hacer Rajoy es no aparecer por el Retiro ni en plasma. Al final, se agradece una cierta discreción incluso en la cobardía y la alta traición.

Carmena pinta de verde artificial el Secarral del Recuerdo

Además, el plasma del plasta rajoyano no podría haber competido con el alarde estético del Ayuntamiento de Madrid, que la víspera de ese homenaje que la casta política, mediática y judicial se rinde a sí misma cada 11-M, tuvo que pintar de verde a toda prisa el dizque homenaje a las víctimas de la masacre, a las que hace trece años les pusieron una cosa rara de metal que se oxidó y les sembraron unos árboles que se han secado.

Carmena, que es Doña Chapuzas, sólo se enteró la víspera de que los árboles y setos del tributo vegetal estaban marrones tirando a negros, o sea, tirando a muertos. Nada que una fervorosa partidaria de los huertos urbanos no pudiera arreglar en un pispás. ¿Qué no están verdes los árboles? Pues se pintan de verde. Total, si nadie se chiva, nadie se enterará. Para el caso que les hacemos a los muertos, nadie se va a dar cuenta del maquillaje del seto.

Pero Carmena cometió un error, que es no recordar, porque a la pobre la sacan de la Guerra Civil y no se acuerda de nada, que Podemos está roto, partido por la mitad. Y que los de Errejón van a hacer todo lo que puedan para perjudicar a los de Iglesias, sobre todo ahora que es más que evidente que Pitita no será nunca candidata a la Alcaldía y que lo de hacer a Errejón candidato a la Comunidad era una broma pesada para que Espinar lo machacase en las primarias.

Pero así como están depurando por docenas al aparato de Madrid, que era errejonista, a los concejales no hay quien los depure ni quien sacie su sed de venganza. Así que, casi perdida en la sección de Madrid de El Mundo, aparecía ayer la noticia de que un equipo del Ayuntamiento tuvo que pintar de verde los árboles para que no aparecieran, como triste fondo de la cada vez más escasa presencia institucional, unos árboles color caca, o sea, color calle de Madrid, en todas las cadenas de televisión, que ayer también cumplieron desganadamente con el trámite de informar sobre los paupérrimos actos oficiales. Los periódicos lagrimearon algo, pero poco.

El enorme esfuerzo desinformativo

Su esfuerzo lo reservaron para ocultar cuidadosamente la existencia del reciente documental de Cyrille Martin, un francés que demuestra lo que desde hace trece años venimos denunciando cuatro gatos españoles, pero que nunca hemos dejado de maullar: que las pruebas del 11-M son todas falsas; que el juicio del 11-M fue una farsa repugnante; y que hay un tal Jamal Zougam, un Moro Expósito, condenado a más de 40.000 años de cárcel, que lleva trece años en una celda de aislamiento porque sigue negándose a declararse culpable de algo que ni hizo ni pudo nunca hacer.

Me remito al artículo de ayer de Luis del Pino sobre la invención de Jamal Zougam como terrorista por un deliberado y escandaloso error de la policía, activado oportunamente para detenerlo en la Jornada de Reflexión. Sólo por esa, sólo una de las infinitas falsificaciones policiales, fiscales y judiciales, debería reabrirse el caso del 11-M, como ordena el artículo 954 de la Ley de Enjuiciamiento Criminal. Claro que, diría un lego en Derecho, si lo criminal ha sido el enjuiciamiento, ¿cómo se le puede enjuiciar? Se le puede, vaya si se le puede, dirá un jurista, porque la Ley no sólo lo permite sino que lo manda. Otra cosa es que se quiera recordar que existe esa ley.

‘El País’ descubre al verdadero autor intelectual del 11M

Pero si mísero es el tuit de Rajoy y ridículo el pintarrajeo de verde carmenita de los árboles del Bosque del Recuerdo, versión sepia de El bosque petrificado, lo mejor de lo peor de la horrenda jornada de ayer fue la revelación en El País de la identidad del verdadero autor intelectual del 11-M. Sí, lo aseguraba en un artículo el expertísimo Fernando Reinares, tan experto que lleva trece años abroncando a todo el mundo por ignorante y necio en materia de terrorismo, lerdo e incapaz de ver la verdad del 11-M en aquellos datos ocultos que sólo un experto expertísimo es capaz de atisbar.

Debe de estar dolido Reinares, porque Cebrián lo ha utilizado todos estos años como el chico de los recados y coartadas de Dezcallar, culpable que no responsable del CNI en 2004 y único premiado de la administración de Aznar, nada menos que con la suntuosa embajada en el Vaticano por su estruendoso silencio sobre la masacre, sobre el papel de Marruecos -del que era máximo experto ya con González- y de todos los marroquíes, vivos y muertos, confidentes de los servicios españoles, que aparecieron o, ay, desaparecieron para siempre, en el borrador del 11-M.

Y hete aquí que llega el experto favorito del régimen nacido el 11-M y revela urbi et orbi la identidad del autor intelectual de la masacre, esa que no pudo o quiso establecer la Versión Oficial, reducida a Verdad Judicial, y El País, que lleva identificada a una docena, no es para dedicarle a semejante exclusiva mundial un titular, un editorial, un apoyo documental, una foto antigua, una voluta de humo informativo. ¡Nada de nada!

Por lo visto, Reinares, tan experto en naderías politicorrectas, no se ha enterado de que la verdad del 11-M es que no hay que hablar del 11-M. Debe de ser el único.

Ver artículo original:

 

La reaparición del 11-M y la desaparición del PP. -F.J.Losantos/LD-

“Vivir es ver volver”, decía Azorín, de cuya muerte se han cumplido 50 años. Dice el admirable Andrés Amorós que a Azorín tampoco se le lee hoy, pese a habérsele leído siempre mucho, porque su caso es el de todos los clásicos españoles, hoy huéspedes del polvo y víctimas de la LOGSE. El olvido de Azorín es menos comprensible que el de un Gabriel Miró, por poner el caso de un barroco archivado en las borraduras de todo lo español y cuya obra El obispo leproso redescubrirá cualquier día un suplemento cultural y le devolverán la calle que le quitarían para hacerle sitio al Che.

El olvido de Azorín no se debe a su dificultad. Puso todo su talento al servicio de una idea: ser leído y comprendido por todo el mundo. Ortega llamó “Primores de lo vulgar” a esa técnica suya de extraer lo sagrado de lo humilde, como las vasijas del pequeño bodegón de Zurbarán en El Prado. Y se dice que su estilo nació de la necesidad que no se cortaran sus frases en las crónicas que mandaba por taquígrafo al ABC. Es falso pero bonito. En mi década como columnista del entonces “Diario de la Calle Serrano”, recuerdo un día en que vino Vargas Llosa y lo vi pasar desde el pupitre de Azorín, que se conservaba en la antigua redacción. Luego, Mario le dedicó, para general sorpresa, su discurso de ingreso en la Academia a Azorín, un intento meritorio de animarnos a leer lo que no queremos ni ver: España.

Si cito a Azorín, además de que es quien mejor ha sabido rescatar del olvido o inventar el recuerdo de lo más humilde y puro de nuestra Nación, del sol de la tarde en el adobe de una venta derruida al clásico de tinta que quiere seguir escribiéndose, es porque el gran problema para los que cada día tratamos de explicar y de explicarnos lo que pasa en España es que nos pasan demasiadas cosas, muchas que dábamos por pasadas y aparecen de pronto por la puerta de la noticia, como seres amputados en la memoria que vuelven a mirarnos con esa atroz melancolía de los vivos desenterrados, sin reproche ni perdón. Y no sabemos qué hacer, ni con ellos ni con nosotros.

Pero si vivir es ver volver, y lo es, volver a lo que no acabamos de vivir es obligación sagrada de la inteligencia y la condición ciudadana. Así que debemos hablar de cómo en esta última semana hemos visto reaparecer el 11-M, deuda impagada de nuestra dignidad, y hemos sabido que el PP está desapareciendo. Tal vez empezó a desaparecer cuando Rajoy, con guión de Cebrián y Gallardón, decidió “obviar el 11-M” para que le dejaran aspirar de nuevo a heredar el Poder los que tan humillantemente lo habían desheredado. Al precio de destruir el PP en el Congreso de Valencia, se lo permitieron. Y gracias a la idiocia de Zapatero, heredó. Pero ¿qué heredó? Las ruinas de un Estado de Derecho que hubo que torcer para tapar el 11-M.

Las cifras de Luis Asúa

Espero poco, en general, de las entrevistas a políticos. Como seres que buscan alcanzar o conservar el Poder, dicen sólo lo que les conviene. Y eso, de entrada, no alimenta la afición periodística. Sin embargo, a veces, en la entrevista a un político que no puede ganar nada aparecen cosas que no esperabas o imaginabas muy distintas. Y eso me sucedió esta semana al entrevistar a Luis Asúa, candidato a la presidencia del PP de Madrid, cuya organización es la más importante del PP nacional desde hace dos décadas.

El dato esencial con que justificó una candidatura que no pretende desbancar a Cifuentes como Presidenta de la Comunidad de Madrid sino recuperar en lo ideológico y organizativo al poderosísimo PP de hace sólo una década, es, sencillamente devastador: el PP tenía unos 94.000 afiliados, ahora tiene 17.000; y de los 3.000 que se han apuntado para votar, 2.400 son empleados públicos. Pero en Chamberí, distrito de Asúa y uno feudo electoral del PP, sus Nuevas Generaciones sólo tienen 9 miembros; y la militancia total del PP es la mitad que la del PSOE. No es que los afiliados del PP se hayan ido a otros partidos: se han ido, sencillamente, a casa, tras los casos de corrupción del PP nacional, (Bárcenas, Gurtel, Púnica) y los de la Comunidad, Ayuntamiento de Madrid y otros ayuntamientos del PP. Al parecer, el momento clave de la desaparición de militantes ha sido el Caso Bárcenas, del que se ha acabado librando Rajoy, pero no el Partido Popular.

En realidad, se está cumpliendo el guión del Congreso de Valencia: a cambio de que Rajoy su grupo fueran legitimados por la Izquierda prisaica como alternativa de Gobierno, ellos desmantelaron el partido desde la raíz. Aquel partido capaz de movilizar casi dos millones de militantes contra la política de ZP y en defensa de las víctimas del terrorismo (ETA y el 11-M) en la mayor movilización cívica de la Historia de España, con Rajoy entre María San Gil y Ortega Lara. Por ese acto fue acusado por Polanco de querer la vuelta del franquismo. ¡Lo decía un tío del Frente de Juventudes y al lado del Cebrián, último Jefe de informativos de TVE en la dictadura con Arias Navarro de presidente! Pero el PP, incluso en tiempos de Aznar, se ha rendido siempre ante el Poder Fáctico Fácilmente Reconocible. Así que Rajoy, llegado el momento, que fue tras la derrota de 2008, lo hizo casi por costumbre aunque con una obscenidad inolvidable, cuando mandó “a los liberales al Partido Liberal y a los conservadores al Partido Conservador” y se arrendó al Protectorado de Prisa, que dura hasta la fecha.

De hecho, ayer publicó Rajoy un artículo en el diario de Soraya que sonrojaba leer, presumiendo de crítico literario –él, que logró terminar La Catedral del Mar en todo un mes de Agosto- y posando de Padre Ángel de los refugiados. Parecía una nota de Prensa de Alfaguara en los tiempos de Juan Cruz, aunque, pensándolo mejor, debía de ser un artículo de Cebrián para Felipe González que, por error, le pasaron a firmar a Rajoy. Era una flatulencia literaria más que la explicación de un Presidente del Gobierno. Pero es normal. Privado el PP de sus dos muletas ideológicas, la liberal y la conservadora, hace tiempo que tropezó y cayó. No lo sabíamos muerto pero hace mucho que no preguntábamos por él. En el 2008 dejó de interesarnos.

Hace un par de años, tras la humillación de no dejar hablar a Aznar en el Comité Ejecutivo, el hombre que creó el partido pero también el que designó a su verdugo, me dijo: “El partido no existe”. Yo creí que se refería a la capacidad de reacción de sus dirigentes, pero ahora entiendo que se refería a algo mucho más grave: la desaparición física de la organización, convertida en mera agencia de colocación dependiente de Rajoy, hoy feliz en el cielo del Gobierno, mañana, sin él, condenado al Infierno y la Nada.

En De la noche a la mañana y El linchamiento he contado cómo tras el mazazo del 11-M, la COPE, El Mundo y Libertad Digital artillaron la defensa de un partido con diez millones de huérfanos. Dos años tardó en recuperarse la dirección del PP, mientras tenían lugar las manifestaciones más gigantescas de la historia democrática. Pero Rajoy no es partidario de que su partido tenga fuerza sino de que nadie tenga fuerza para discutirle su liderazgo. Cuando cambió a Acebes y Zaplana por Soraya y Cospedal, dio por muerto el partido de Aznar y se propuso enterrarlo en Madrid, que era el escaparate del PP de siempre, el que no quería volver a ver nunca. No lo ha conseguido del todo en cuanto a política, aunque casi, pero ha logrado desmoralizar, desorganizar y destruir su organización, clave de la nacional.

Eso es lo que demuestran las cifras de Asúa: si Rajoy pierde el Poder no hay PP para recuperarlo en mucho tiempo. El PP, como otro Mariano, está en el Poder y todavía en muchos cargos, pero apenas existe, ya no es. Si hubiera una movilización callejera de la Izquierda como la del 13M de 2004, el PP sería incapaz de una mínima autodefensa, de resistir aunque quisiera. Si el primer partido de España no existe en Madrid, ya ha muerto.

Un francés habla por España

El 11-M de 2004 empezó esta concienzuda empresa de demolición nacional en la que era fundamental la destrucción del PP. Faltan apenas dos semanas para cumplir los 13 años fatídicos de la masacre, su manipulación política y mediática, su deliberada y siniestra ocultación policial y judicial. Y hete aquí que de pronto aparece un cineasta francés de izquierdas y nos arroja a la cara lo que la casi totalidad de los medios y partidos esconden: que el juicio del 11-M fue una farsa basada en pruebas falsas y que Jamal Zougam está condenado a 42.000 años de cárcel por algo que no hizo.

Martin se refiere elogiosamente a la tarea de Fernando Múgica, que pagó con la vida su esfuerzo, y Luis del Pino, que demostraron más allá de toda duda algo que incluso el súbito informe de las cloacas de Interior han recordado esta semana: la mochila de Vallecas y demás pruebas para meter en la cárcel a un moro y echar del Gobierno a unos dizque cristianos fueron fabricadas por la policía y admitidas a medias por jueces y fiscales, que no fueron capaces de ponerse de acuerdo ni siquiera para prevaricar juntos.

No insistiré en lo que esta película supone de respaldo a la tarea acometida por nuestro grupo, casi en total soledad, y que algunos pagamos muy caro, en juicios y difamaciones, junto a los que entonces dirigían El Mundo, cuyas portadas, como los programas de LDTV, quedan reflejadas en el documental, pero que ayer ni siquiera dio cuenta a los lectores de su existencia. Recomiendo a los que por edad o hastío no sepan o no hayan querido saber nada del 11-M que, simplemente, vean el documental. Luis del Pino ha señalado cosas que faltan, aunque hay otras nuevas. Hace año y pico publiqué “Los años perdidos de Rajoy” y allí explico el 11-M como una novela negra, que oscuro fue el hecho y novela lo que nos contaron. Creo que puede leerse con provecho. Y no añadiré nada más, salvo que, amén de los 300 asesinatos por ETA sin juzgar, sigue sin hacerse justicia a los 192 asesinados y 2000 heridos del 11-M. Y eso ya lo saben hasta en Francia.

La novela negra del 11-M

La escena del crimen

Lo primero que se hizo con la escena del crimen del 11-M fue… destruirla. Los cuatro trenes siniestrados fueron desguazados en las cuarenta y ocho horas siguientes a la masacre, contraviniendo la Ley de Enjuiciamiento Criminal que, como se ha hecho en casos de accidentes ferroviarios (metro de Valencia, tren de Santiago de Compostela), se han conservado hasta el juicio que debe dictaminar las causas de las muertes y sus responsables.

Pero un vagón escapó a la destrucción ilegal de los trenes. Pertenecía al tren de Santa Eugenia y tenía aun nítidamente dibujado el agujero de la explosión cuando lo encontró Libertad Digital, tapado con unas lonas,en las instalaciones de Tafesa,en el barrio de Villaverde,en febrero de 2012. El entonces Fiscal General del Estado, Eduardo Torres Dulce, colaborador de esRadio desde su fundación en el programa Cowboys de medianoche, dio orden de conservarlo e investigarlo. Pero ni conservó ni investigó nada.

El juez instructor, Juan del Olmo, dio orden o permitió que, además, se quemaran todos los restos personales —prendas y objetos— pertenecientes a las 192 víctimas mortales y los casi dos mil heridos.Todos estos objetos, que formaban parte también de la escena del crimen, fueron destruidos.

¿Y cómo pudo investigarse un crimen si se había destruido la escena del crimen? Pues creando una escena falsa, a partir de la cual se justificó la detención de sospechosos, su encarcelamiento, proceso, juicio y condena.

Los tres elementos que, tras destruir la verdadera, constituyeron la falsa escena del crimen fueron una furgoneta Renault Kangoo, una mochila y un coche Skoda Fabia. En la furgoneta, que había sido ya registrada por agentes e inspeccionada por un perro adiestrado para detectar explosivos, sin encontrar nada, la policía halló de pronto, al llegar a sus instalaciones de Canillas, varios objetos que, según se dijo, pertenecían a los terroristas, entre ellos, un trozo de Goma2 ECO que se consideró oficialmente desde entonces el arma del crimen. Es decir, que primero se encontró la dinamita y luego se dijo que era la que se había usado en la masacre, cuya escena del crimen se había destruido. También hallaron un Corán y una cinta islámica, entre otros objetos que los policías no habían visto en su inspección previa.

Pero una vez reparada la ceguera de la policía, apareció el hallazgo esencial del caso: una mochila-bolsa que apareció en la comisaría de Puente deVallecas dieciocho horas después de la voladura de los trenes y que se dijo que procedía de una de las estaciones, desde la que había sido llevada a la improvisada capilla ardiente de Ifema en un bolsón y, de allí, a la comisaría famosa, donde actuaba un policía afecto al PSOE. La mochila, se dijo, era igual que las que habían estallado en los trenes. Y a partir de ahí se estableció la búsqueda de los teléfonos móviles que las habrían hecho estallar todas, de los que los vendieron y compraron y se practicaron las primeras detenciones, en clave islamista pese a ser los vendedores hindúes.

El problema de esta mochila es que el móvil que llevaba no hubiera podido provocar la explosión por falta de fuerza, si hubiera tenido fuerza, tampoco, porque los dos cables estaban desconectados, como para que se viera que eran cables, y junto al explosivo, que era Goma2 ECO, había una gran cantidad de tornillería que, en teoría, hubiera actuado como metralla. Lo malo para los halladores de la mochila es que no sabían que en ninguno de los trenes había estallado una bomba semejante y la autopsia demostró que ni uno solo de los 192 muertos había sido alcanzado por la metralla. La chapuza era evidente, pero había que detener a alguien, y se detuvo. De la tarjeta del móvil se llegó al móvil y de la Goma 2 ECO a Mina Conchita, belén de tan milagrosas apariciones.

La tercera pieza de la falsa escena del crimen, el Skoda Fabia, fue aún más chapucera y zarrapastrosa que las demás. En el maletero había ropa con el ADN de los sospechosos, que agentes del CNI, indignados por el montaje, atribuyeron al propio CNI, subsección Mortadelo y Filemón. Porque el coche apareció en la estación de Alcalá tres meses después del atentado, el 13 de Junio de 2004, a pocos metros de donde había aparecido la furgoneta Reanult Kangoo. Supuestamente, el coche lo había robado en Alicante un delincuente chileno que se lo había vendido a los islamistas que habían llevado todas las mochilas en el Skoda y la Kangoo para colocarlas en el coche y habían dejado abandona- dos los dos vehículos.

La pena del Skoda es que llegó muy tarde a la cita con la Kangoo. Los policías habían peinado la zona en que apareció la furgoneta y no lo detectaron. Ninguna de las matrículas anotadas por la policía correspondía a ese coche, ni una sola cámara lo había grabado en esos meses. Un portero que lo había denunciado en la calle Bruselas declaró que, tras su denuncia, el coche había desaparecido.Y el chileno ladrón resultó tan desmemoriado que no recordaba ni de qué color era el coche. Así que, sin permiso del juez y pese a estar imputado, fue expulsado de España por la Ley de Extranjería. El tribunal, ante la falta de credibilidad de la prueba debería haberse puesto a investigar quién había puesto el ADN de los presuntos terroristas en ese coche que nunca estuvo allí, pero prefirió descartar el Skoda como prueba. Ningún juez americano lo haría y medio FBI habría ido a la cárcel, pero ¿quién ha dicho que el 11-M sea una película? Ya no se hacen tan malas.

El falso mutis en la falsa escena del crimen

Pero la prueba definitiva de la falsa escena del crimen superó en disparates a todas las anteriores. A los tres meses del 11-M, se avisó de que la policía tenía rodeados en un piso de Leganés, a los responsables de la masacre. Se dijo que previamente habían tenido un tiroteo con ellos en Zarzaquemada, pero luego se negó. No se dijo que el piso en el que decían que se habían refugiado los islamistas era un piso franco de la policía que había sido usado en dos casos de narcotráfico y que, pared con pared, vivía un policía. Vamos, que los islamistas habían ido, huyendo a toda prisa, a caer en lo más parecido a una comisaría. Y empezó la trágica charlotada.

El diario El País y la Cadena SER —la que inventó en la noche del 11-M la existencia de dos terroristas suicidas con tres capas de calzoncillos, índice inequívoco de que eran islamistas suicidas y miembros de Al Qaeda— se apresuraron a comparar el miércoles 18 de noviembre el cerco al piso de Saint Denis, donde murieron dos islamistas del grupo responsable de la masacre de París, con el cerco del piso de Leganés. Luis del Pino, el más concienzudo investigador del 11-M y cuyos libros son de obligada lectura para el que se acerque a investigar el caso sin problemas de sueño, les respondió en Libertad Digital explicando estas doce enormes diferencias:

  1. En Leganés, los supuestos suicidas esperaron disciplinadamente ¡casi siete horas! desde que se establece el cordón policial, a que desalojaran el edificio y los colindantes. Solo después de desalojados los ocho edificios hacen estallar la carga explosiva, coincidiendo con la hora del telediario.
  2. En Leganés nos dicen que hubo un tiroteo con subfusiles durante el cerco policial. Pero no apareció ni un mísero cartucho de subfusil en el registro efectuado tras la explosión.
  3. En Leganés, no hubo detenciones: aparecieron tras la explosión siete cadáveres… a los que no se les practicó la autopsia. El juez Bermúdez tuvo que hacer malabarismos jurídicos para considerar autopsia unos informes antropológicos que incumplían claramente la normativa legal.
  4. En Leganés, no solo no se practicó autopsia a los supuestos suicidas, sino que se intentó impedir a la Policía Científica que tomara muestras de sus cadáveres. Solo pudieron acceder a los supuestos suicidas siete horas después de su llegada al Instituto Anatómico Forense.
  5. En Leganés, uno de los cadáveres de los supuestos suicidas apareció… con los pantalones puestos del revés. ¿No tuvo tiempo ese hombre para vestirse bien a lo largo de las casi siete horas que duró el cerco policial?
  6. En Leganés, uno de los ocupantes del piso (el octavo ocupante) ¡bajó a tirar la basura durante el cerco policial!Y estando el piso rodeado por decenas de policías, coches policiales e incluso helicópteros… nos dicen que se escapó a la carrera. Finalmente, fue localizado en Serbia y detenido… y el Tribunal Supremo concluyó que NO había participado en la colocación de las bombas del 11-M. Por cierto, el Tribunal Supremo también concluyó que NO se podía afirmar que los siete presuntos suicidas de Leganés hubieran participado en la colocación de las bombas del 11-M, motivo por el cual las víctimas del 11-M quedaron jurídicamente imposibilitadas de demandar por vía civil a los herederos de los supuestos suicidas de Leganés.
  7. En Leganés, con decenas de policías rodeando el piso durante siete horas, y con unos supuestos terroristas que nos dicen que se asomaban por la ventana para disparar ráfagas de subfusil… no tenemos ni una maldita imagen del asedio, ni de los propios terroristas, ni de la entrada en el piso.
  8. En Leganés, el sumario del 11-M contiene TRES versiones contradictorias distintas sobre cómo se localizó aquel piso. Ceremonia de la confusión.
  9. En Leganés, resulta que los supuestos suicidas vivían pared con pared… con un policía experto en lucha antiterrorista, escuchas y seguimientos.
  10. En Leganés, nos dijeron que los supuestos suicidas rodeados mandaron sendos faxes al ABC y a Telemadrid amenazando con nuevos atentados. Pero en el desescombro del piso tras la explosión no apareció ningún fax.Y, en realidad, los datos del sumario demuestran que al menos el fax de Telemadrid fue enviado… desde fuera del piso.
  11. En Leganés, apareció una carta de despedida a sus familiares de uno de los supuestos suicidas… con una firma falsa. Siendo un marroquí que escribe (en árabe) una carta de despedida a sus familiares en Marruecos, resulta que aparece una firma… en caracteres latinos.
  12. En Leganés, al hacer el desescombro del piso tras la explosión, aparecieron diversos libros coránicos… milagrosamente intactos. Lo más chusco es que varios de esos libros coránicos son chiíes, cuando todos los ocupantes del piso eran sunitas. Es algo así como si un radical de creencias católicas tuviera como libro de cabecera una biblia luterana. Evidentemente, quien colocó esos libros en el piso no tenía ni repajolera idea de las distintas corrientes que hay en el islam.

Testigos, detenidos y condenados por el 11-M

En total, los detenidos por el 11-M fueron 116, la mayoría de ellos mientras tuvo lugar la Comisión Parlamentaria de investigación del 11-M, suntuosa mascarada que solo sirvió para que varios policías y testigos del caso se contradijeran en el juicio posterior y para que el ministro del Interior, José Antonio Alonso, presumiera cada día de la detención de un brazo más del cefalópodo islamista culpable del 11-M. Terminó la comisión y el pulpo se quedó en calamar, y, finalmente, en tinta negra para despistar. De los 116 solo llegaron al juicio 29, de ellos 9 españoles. 87 quedaron libres sin cargos por no tener relación alguna con el 11-M. Eso prueba el escrupuloso criterio de la policía del Gobierno del PSOE para detener en televisión y soltar a escondidas, sin rueda de prensa del ministro Alonso.

De los 29, solo terminaron el juicio 28. Fiscalía y acusación retiraron de común acuerdo los cargos contra uno de los hermanos Moussaten.

De los 28 fueron absueltos 7 por la Audiencia Nacional.Y 5 de ellos fueron condenados a penas leves que habían cumplido al terminar el juicio. El Tribunal Supremo redujo —en segunda instancia— las 21 condenas a 18.

De los 18 condenados, solo 3 lo fueron por su relación con el 11- M. Los demás lo fueron por delitos menores como falsificación o tráfico de explosivos, sin tener que indemnizar a las víctimas de la masacre, porque no se les condenó autores del atentado.

Y de esos tres,Trashorras, El Gnaui y Zougan, solo a uno, Zhougam, se le consideró culpable de poner una bomba en los trenes. El español era un confidente de la policía y ninguno de los dos marroquíes era islamista. Ese es el balance de tantos años de investigación: un solo culpable. ¿Lo es? ¿Puede decirse, con este balance, que el 11-M -según el Gobierno del PSOE, beneficiario de la masacre, y luego el de Rajoy— es “cosa juzgada”?

Un condenado sin pruebas, sólo con dos testigos

Hace once años que Jamal Zougam está preso en una celda de máximo aislamiento, con solo una hora diaria de patio, porque, a diferencia de los otros dos condenados, sigue negando haber participado en la masacre.

¿Hay, sin embargo, pruebas físicas que lo vinculen con el 11-M? Ninguna:ni huellas dactilares en ningún escenario del crimen,ni rastros de ADN, ni llamadas cruzadas con ninguno de los demás procesados. El Mundo y Libertad Digital demostraron que la noche anterior al atentado, cuando dicen que los terroristas estaban montando las bombas, Zougam estuvo haciendo gimnasia, como era su costumbre, hasta las doce de la noche, en un gimnasio de la Plaza Elíptica de Madrid.

Este dato lo conocía la Policía (puesto que se incautó de los datos informáticos sobre entradas y salidas del gimnasio), pero no se incorporó al sumario del 11-M, ni se le comunicó al juez Del Olmo.Asimismo, después del atentado, Jamal Zougam continuó trabajando tranquilamente en su tienda,sin intentar huir ni esconderse, lo que tampoco cuadra con su supuesta participación en la masacre. En lo único en que se ha basado la condena a más de cuarenta mil años de cárcel de Zougam es en el testimonio de dos amigas rumanas que dicen que le vieron en uno de los trenes atacados.

Pero hay ocho indicios claros de que esos testimonios no son veraces:

1. A Zougam lo reconocieron más de media docena de testigos en los trenes, portando supuestamente una mochila bomba. Ninguno de los testigos declaró haberlo visto «colocar» ninguna bomba. Simplemente «reconocieron» ante la Policía a Zougam como alguien que portaba una mochila en los trenes.

2. Esos testimonio serán contradictorios entre sí e incoherentes, porque si todos los testigos que «reconocieron» a Zougam estuvieran en lo cierto, el marroquí tendría que haber estado en al menos tres trenes simultáneamente, lo cual es imposible. Por ello, el juez instructor y el tribunal terminaron descartando todos los testimonios, salvo dos:los de dos amigas rumanas.

3. En realidad, esos testimonios de las dos amigas rumanas también eran contradictorios e incoherentes entre sí.Y, de hecho, las dos amigas fueron cambiando de versión a lo largo del proceso. Pero se dio por bueno el testimonio.

4. Una de esas dos amigas (testigo C-65) «reconoció» a Zougam tres semanas después de la masacre, cuando ya la foto de Zougam se había publicado en todas partes, y no habló para nada en sus primeras declaraciones (ante la Policía y el juez) de que fuera acompañada por otra amiga.

5. Esa otra amiga (testigo J-70) es una mujer a la que por dos veces le denegaron los técnicos del Ministerio de Interior la condición de víctima, llegando a poner en cuestión, incluso, que viajara en los trenes. Sin embargo, quince días después de la segunda denegación, y cuando ya había pasado más de un año de los atentados, dice que se acuerda de haber visto a Zougam, tras lo cual se le reconoce la condición de víctima, se le otorga la nacionalidad y se le da una indemnización de casi 50.000 euros.

6. El marido de la primera testigo (C-65) también dijo que viajaba en los trenes, pero en un tren diferente que su mujer, y se le reconoció la condición de víctima.

7. El hermano de C-65 también dijo que viajaba en los trenes, junto al marido de C-65, pero a él no se le reconoció la condición de víctima, debido a lo inverosímil de su relato.

8. Otra hermana y un primo de C-65 también intentaron hacerse pasar por víctimas del 11-M, pero en ese caso no solo no se les reconoció que iban en los trenes, sino que el propio juez Juan Del Olmo pidió que se dedujera testimonio contra ellos por simulación de delito. Las amigas rumanas fueron imputadas por falso testimonio, tras la querella que el propio Zougam planteó contra ellas.

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