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La Generalidad golpista subcontrata al Gobierno Falconetti -F.J. Losantos/LD-

Estado del golpe de Estado de otoño de 2017 en el verano de 2018 (II)

Un año después del atentado en Las Ramblas del islamismo catalán (su origen fue la mezquita de Ripoll) que, descaradamente manipulado por los separatistas, supuso el primer acto internacional del golpe de Estado, se ha repetido el desprecio a las víctimas y la exculpación de los verdugos, a los que el año pasado se compadeció y éste se ha ignorado. La razón última fue, el año pasado, la cobarde actitud del Gobierno Rajoy, que dejó solo al Rey en la defensa del orden constitucional. Este año, la cobardía ha dejado paso a la complicidad: Falconetti ha respaldado y su Gobierno ha defendido la infinidad de fechorías, injurias y mezquindades del catanazi Torra, que junto a Ada Colau (tras decir que “Barcelona responde al terror con amor” se negó a quitar una gigantesca pancarta contra el Rey que ha visto todo el mundo) ha alardeado de su dominio en las calles y de su desprecio a la legalidad que se supone representa. Por supuesto, contando con la siembra de odio a España y los españoles, en especial los catalanes no nacionalistas, que a diario destilan la TV3 y demás medios catalanes apesebrados en la Generalidad, un verdadero dineral al que, aunque español, no hacen ascos.

La Generalidad debería estar intervenida

La razón última está clara. La Generalidad, que debió ser intervenida y la autonomía suspendida sine die tras el Golpe de Octubre de 2017 fue mantenida por Rajoy y Soraya, con el respaldo condicionado del PSOE: no tocar TV3. Las elecciones absurda y rápidamente convocadas por Rajoy para quitarse de encima el muerto, o, en su jerga, el lío, arrojaron, con idénticos medios, resultados semejantes. En el lugar de Puigdemont, se colocó a un siniestro racista llamado Torra que presume de que sus hijos forman parte de las bandas de matones –CDR- que atropellan y apalean a los catalanes que no comulgan con el separatismo. Y unos meses después se produjo lo que realmente supone un cambio radical, y radicalmente a peor, de la situación nacional: Rajoy fue depuesto por los golpistas, que entronizaron a Sánchez. La Moncloa quedó subcontratada por los golpistas.

Seguimos sin saber por qué Rajoy se negó a dimitir en la moción de censura, impidiendo que se consumara la elección de Sánchez y el acceso de los golpistas al Gobierno, que desde entonces está a merced de los separatistas. Es una de las muchas deudas que el lamentable registrador de Pontevedra tiene contraídas con la opinión española y no parece dispuesto a pagar. Tampoco sabemos en qué términos se fijó el acuerdo del PSOE y los golpistas, aunque como ha recordado Xavier Salvador en Crónica Global se ajusta como un guante al pacto de Iglesias y Jonqueras en Can Roures. Da igual: los hechos acreditan el compromiso, más o menos explícito de un Sánchez que se niega a convocar elecciones para disfrutar del Falcon en sus asuetos veraniegos, aunque al precio de ignorar las actividades golpistas, cuando no las comparte mediante Batet, ministra del Golpe en su Gobierno.

Sin embargo, el aniversario del 17A, convertido por los separatistas en reedición del primero, con manifiesto desprecio a las víctimas, utilizadas como mero pretexto para recordar sus presos y reafirmarse en su proyecto de apartheid para media Cataluña y voladura del régimen constitucional, ha dejado tan groseramente claro el estado de sumisión a los golpistas en que Sánchez pretende seguir en la Moncloa año y medio, que puede decirse sin duda alguna que su Gobierno no sólo es ilegítimo –no ilegal- por incumplir la promesa que, en vez del programa de Gobierno, hizo en el Parlamento de convocar elecciones a la mayor brevedad posible (tan grave, decía, era la emergencia nacional tras la caquisentencia del bufete Garzón y Asociados) sino por negarse a cumplir sus obligaciones para con el Estado y la nación.

Las ofensas públicas al Rey no son personales

El Jefe del Estado ha sido sometido a un rosario de humillaciones –que parece considerar parte de su oficio, y no lo son- y ha sido defendido sólo por el PP y, muy especialmente, por Inés Arrimadas y C’s, que fue la fuerza más votada en las elecciones y con la que debería entenderse un Gobierno de España si no se hubiera forjado contra ella y para destruirla. Pero no sólo el PSC-PSOE ha aparecido como mero apéndice golpista sino el propio Gobierno, que se niega a cumplir sus obligaciones indeclinables. La primera, proteger al Jefe del Estado, de nuevo expuesto no sólo a unas humillaciones que no se le hacen a él en persona sino a todos los españoles, sino también a unas condiciones de inseguridad verdaderamente criminales.

La pancarta criminal contra el Rey

Criminal pantalla perfecta para un francotirador era la pancarta de quince metros que ha presidido el acto oficial para las televisiones de todo el mundo. Gracias a la actuación de un ciudadano ejemplar, Opazo, LD ha contado con todo detalle cómo eran mozos de escuadra los que la protegían en el mismo edificio usado para colgarla. Luego hemos sabido que se dio la orden de retirarla a las cinco de la mañana y se revocó a las seis, pero la fechoría fue luego defendida por Ada Colau y por el mismísimo consejero de Interior, un tal Buch, responsable de la seguridad del acto: “los mossos protegieron la pancarta contra el Rey porque hay libertad de expresión“, dijo o mugió en la radio golpista del Conde de Godó, ¡que godó que conde!

La única libertad respetable en Cataluña es la de los no nacionalistas que se enfrentan a la dictadura de los nacionalistas, estos fatuos matoncillos cebados con dinero público. Sin embargo, la gentuza que desde Torra a sus CDR injuria a diario como mujeres –sin que las femirrojas digan ni pío- y amenaza de muerte a Inés Arrimadas y otras representantes de Ciudadanos, es, por culpa del Gobierno anterior y en vez de una celda, la Generalidad catalana, máxima representación de ese Estado Español que Torra llama a combatir pero del que cobra, como sus S.A. y la mediocracia del Pessebre.

El Gobierno de España tiene el deber de proteger esa libertad, no la de agredir a los españoles, a sus instituciones y a sus símbolos, delitos penados que se niega a perseguir. Al revés. Torra ha perpetrado en apenas 48 horas tal cúmulo de fechorías que si Sánchez no fuera Falconetti habría roto cualquier relación con él y convocado elecciones generales, ya que depende de una mayoría parlamentaria que, ay, del hilillo de Torra pende.

La ministra de Justicia, con Torra

Recordemos: ese desafortunado cruce entre Popeye y Cocomocho no fue al recibir al Rey, luego le plantificó delante a la mujer del golpista Forn, el que distinguía tras el atentado entre muertos catalanes y españoles, convirtió oficialmente los actos que debían homenajear a las víctimas en algaradas en favor de los golpistas presos y del propio Golpe, ha llenado los medios de declaraciones injuriosas y ha llamado a combatir al Estado que oficialmente representa, y, por último, pero en primer lugar por su gravedad, ha respaldado la carta de Junqueras y demás patulea reclusa acusando al Estado, a través del CNI, del propio atentado de las Ramblas.

José García Domínguez ha analizado en un soberbio artículo de LD la repugnante fechoría moral del masajista de Soraya Sáenz del Diálogo. Pero un Gobierno no puede quedarse en el aspecto moral. Debe asumir en el ámbito legal una atrocidad como la que se le imputa a un órgano que él dirige, el CNI, y responder de inmediato. Lo ha hecho y precisamente la que debía, la ministra de Justicia, pero para elogiar calurosamente a Torra.

Mucho le debe el Gobierno a Garzón, pero no tanto como para hacer ministra a su entrañable. La entrevista en la SER tras el 17A prueba que si Delgado es, en lo político, una calamidad; en lo intelectual es una nulidad, y encima cursi, a lo Colau, lo que no encarece su excelencia como fiscal. La actuación de Torra, que incluyó un mitin de apoyo a los golpistas frente a la cárcel de la que no se atreve a sacarlos –lástima, volverían juntos- le pareció “correcta”; la pancarta contra el Jefe del Estado, que ha aparecido en las televisiones de todo el mundo, “no alteró el acto”; en fin, la siniestra exculpación del Islam a cargo de Gemma Nierga, otra nulidad perita en pedir diálogo con el terror y que tuvo que recurrir al Sisa de Zeleste y a su “Qualsevol nit pot sortir el sol” para hacer como que decía algo, “le gustó muchísimo”. Vamos, una cursi rematada, rendida políticamente al Golpe. Como El País, convertido en el “Izbestia” del Gobierno de Falconetti.

La utilidad mediática de la masacre

El balance de este aniversario de la masacre de las Ramblas no puede ser más triste. Ha quedado impune, mediática y políticamente, la gravísima responsabilidad de la alcaldesa Colau, que se negó a poner los bolardos que había pedido la Policía nacional. También la de los Mozos de Escuadra que recibieron alarmas desde Bélgica y los USA sobre los islamistas y sobre el atentado inminente “in a street named La Rambla” pero nada hicieron para impedirlo. Peor: tras la explosión de Alcanar, un mozo chulito echó de la escena del crimen a la mismísima jueza; y otro, no sabemos quién y nadie pregunta, mantuvo una larga conversación telefónica con el conductor de la furgoneta criminal. Por no hablar del fusilamiento en campo abierto de los terroristas, a los que no se intentó siquiera capturar para averiguar datos sobre la organización y el propio atentado que hubieran sido muy útiles.

Pero es que, para entonces, como se ha vuelto a ver en el aniversario, la utilidad de la masacre era servir de plataforma mediática internacional al Golpe de Estado. Un año después, todo sigue impune, todo parece igual, todo, Falconetti mediante, está muchísimo peor.

PD: La canción de Sisa dice: “Oh, benvinguts, passeu, paseu; / de la tristor en farem fum; / à casa meva es casa vostra /si es que n´hi ha casa de algú”. O sea: “Bienvenidos, pasad, pasad; / convertiremos la tristeza en humo; / mi casa es vuestra casa, / si es que hay casa de alguien”. Más o menos lo que dice Torra contra “los que hablan la lengua de las bestias”, los que llaman “mala puta” a Arrimadas o “que se vaya a Jerez”, los que reciben amablemente a todos pero quieren echar a media Cataluña. Es lo que va de la Barcelona de los 70 a la Cataluña actual. Sólo una indigente intelectual citaría esta canción para un fin tan opuesto al que le vio nacer.

Estado del Golpe de Estado de otoño de 2017 en el verano de 2018 (I):

Ver artículo original:

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Del Pacto del Tinell al Pacto del Máster. -F.J. Losantos/LD-

Estado del Golpe de Estado de otoño de 2017 en el verano de 2018 (I).

Esta semana hará un año de la masacre islamista de Barcelona y Cambrills, cuya abyecta manipulación por el separatismo catalán, con la sonámbula aquiescencia del Gobierno de Rajoy y la todopoderosa Soraya, que se echó a llorar y se escabulló heroicamente cuando los separatistas rodearon e insultaron al Rey culpándole del atentado “por vender armas a Arabia Saudí”, como si fuera cosa suya y no del Gobierno, fue el primer capítulo de la movilización que perpetró el Golpe de Estado, culminado el 1 de octubre con la proclamación de la República Catalana, aunque, en rigor, todas las garantías legales a la Oposición y a la ciudadanía ya habían sido abolidas en dos jornadas de septiembre por el Parlamento regional.

Lo que Domingo Gascón ha llamado El golpe post-moderno (Ed. Debate, 1918), aunque por algunos de sus rasgos de pronunciamiento entre miliciano y policial (mozos de Escuadra golpistas del Mayor Trapero) cabe también llamar decimonónico o pre-moderno, tuvo lugar en los medios y no en las instituciones representativas, en la calle y no en un Parlamento que ya se había puesto él mismo fuera de la Ley, en la televisión antes que en la realidad mostrenca. Pero como un año después ni aquel Gobierno ni el actual, hijo ilegítimo de la desidia del anterior y de las fuerzas políticas que lo perpetraron, han dejado claros los términos de la respuesta del régimen constitucional al golpismo que busca liquidarlo, es previsible que en unos días veamos la reposición del espectáculo, con la misma cadencia:

  1. Algarada antiespañola con el Rey como pararrayos.
  2. Desaparición de los órganos coactivos del Estado: en Rajoy por cobardía, en Sánchez por neta complicidad “dialogante”, a lo Soraya, con el Golpe.
  3. Reafirmación de los golpistas de 2017 en la Diada del 11 de septiembre, apoyados en su verdadero partido político: los medios de comunicación con TV3 a la cabeza millonariamente subvencionados por la Generalidad de Torra con el dinero de todos los españoles, como Mas y Puigdemont ya hicieron gracias a los fondos generosa y delictuosamente entregados por el Ministerio de Hacienda, ayer de Montoro y hoy de Calviño, como prueba de la permanente “voluntad de diálogo” que nos ha conducido hasta aquí; y…
  4. Tensa espera del juicio instruido a los golpistas en el Tribunal Supremo.

Estas circunstancias, junto a otras también recurrentes, no deberían hacernos olvidar, sin embargo, la raíz de este golpe de Estado que no ha triunfado ni fracasado del todo, y que, por tanto, sigue vivo. Y es lo que ha recordado Mayor Oreja en una Tercera de ABC: ‘Un acuerdo marco letal’. Aunque, como democristiano, Mayor Oreja suscite la lógica desconfianza en el ciudadano común, tiene acreditado no sólo un emotivo patriotismo sino una rara capacidad de adivinación de los peligros nacionales. Desde lo que en el primer Gobierno Aznar llamó “tregua trampa” de ETA, nunca ha fallado en sus pronósticos. Por desgracia, sólo en aquel Gobierno, del que, aunque bastante aislado, formaba parte, el presidente le ha dado la razón. Tal vez por eso hemos llegado a esta situación, dramática cuanto ridícula.

El implacable análisis de Mayor Oreja

El artículo de Mayor es, sencillamente, magistral. Y por su sencilla claridad, resulta espeluznante. He aquí los puntos básicos de su reflexión:

“Todo, absolutamente todo lo que está sucediendo en términos políticos en España no puede sorprendernos, porque nada de lo que sucede es fruto de la casualidad y del azar. Hace más de una década, a partir del año 2004, el Gobierno presidido por Rodríguez Zapatero y ETA suscribieron un compromiso que para comprender su significado podríamos caracterizar e identificar como un “acuerdo marco”. Ambos protagonistas acordaron un proceso una vez que no fueron capaces de alcanzar un acuerdo concreto sobre la única y gran reivindicación del movimiento nacionalista: la autodeterminación, el derecho a decidir, el derecho unilateral de secesión, escojan ustedes la denominación más adecuada.”

“El proceso pactado, que se formuló en términos de proyecto “estándar” de resolución de conflictos, consistía básicamente en lo siguiente: ETA dejaba de matar y Rodríguez Zapatero se comprometía a una transformación radical de España en términos morales, territoriales y de carácter social” (…)

“El proyecto político de Rodríguez Zapatero significaba la marginación y el aislamiento del Partido Popular, versus pacto catalán del Tinell, y simultáneamente, la incorporación progresiva de ETA y de su proyecto a la democracia española. En consecuencia, ello significaba impulsar un inequívoco “vista la izquierda”, utilizando un símil militar, en todos los ámbitos, singularmente en el orden cultural y moral. El proceso arrancó, fue dando sus frutos y paulatinamente, hizo que tanto el Partido Popular como el Partido Socialista perdieran su razón de ser y de existir en Cataluña y en el País Vasco.”

“No se puede olvidar que antes de este acuerdo marco, tanto los nacionalistas vascos y catalanes habían pactado con ETA su proyecto de ruptura, en Estella en septiembre de 1998 y posteriormente en Perpiñán en enero de 2004. Por todo ello, tras el efímero Plan Ibarretxe, el proceso impulsa que el nacionalismo catalán sustituya a ETA en la vanguardia de la ruptura del movimiento nacionalista, y de esta manera llega el procés. Mal que les pese a muchos nacionalistas catalanes, el procés es un corolario del proceso en el que, recordemos, inicialmente no estaban ni el PNV ni la antigua Convergència y Unió”.

“El tercer hito que destacaría es el frente popular populista-nacionalista que se constituye en España el pasado mes de junio, tras una moción de censura contra el presidente Rajoy. La moción de censura tras la publicación de la sentencia del caso Gürtel fue un pretexto, una mera excusa. El frente popular populista-nacionalista es simplemente otra consecuencia de aquel acuerdo marco, de aquella dirección emprendida. El presidente Sánchez continúa simplemente la estela del proyecto Zapatero, de una alianza potencial con ETA, y lo intenta en el arranque de la legislatura, pero la impaciencia desmesurada de Podemos y el lógico temor y miedo de una buena parte del PSOE lo impidió. Pero antes que después, en la primera ocasión y pretexto, una vez que Pedro Sánchez recupera el poder en su partido, lo iba a volver a intentar y así lo hizo.”

“El acuerdo marco, hablo ya del presente y del futuro inmediato, tiene que actualizarse y traducirse en términos políticos más allá del procés, de la metamorfosis de ETA y del recién llegado frente popular. Aquel proceso que se puso en marcha tendrá que cristalizar en algo más que en una fotografía. Tiene que concluir en un nuevo proceso, un proceso llamémoslo “pseudo constituyente”, que arranque con la reforma del Estatuto de Cataluña y culmine con la reforma de la Constitución española, como ya han dejado caer tanto el presidente Sánchez como su ministra de Política Territorial y Función Pública.”

Estos tres puntos están claros. El cuarto, no desarrollado aún, parte o debería partir de la llegada de Casado a la Presidencia del PP:

“Cuando estoy terminando de redactar este artículo, Pablo Casado se ha convertido en el nuevo presidente del Partido Popular, y se constituye en una esperanza para este difícil reto que se deduce del diagnóstico descrito. Habrá refundación, regeneración, renovación de nuestro espacio político en la medida en que primero se comprenda y se asuma la existencia de este proceso, fruto de aquel acuerdo marco que acabo de describir, para de este modo entender la envergadura del reto en el ámbito cultural, moral y social que tenemos por delante.” (…)

“El proceso, aunque en ocasiones chirría, está más vivo que nunca, tiene más poder que nunca y por ello, cualquier refundación del centro-derecha español exige una envergadura moral singular, ya que el debate, más que nunca, se ha situado en el ámbito cultural, en el seno y corazón de nuestra sociedad.”

¿Qué es el Pacto del Máster?

De aquí parte nuestra reflexión. Me parece evidente que el Pacto del Tinell se ha actualizado como Pacto del Máster con el mismo fin que en 2004: liquidar al PP, pero no aislando a un partido satanizado sino asesinando civilmente a su nuevo líder, enemigo declarado del Proceso, para anular a la Derecha como obstáculo político esencial.

Hay un precedente, hijo también del PSOE y de la manipulación de los medios, que la izquierda dominaba casi tanto como ahora: al poco de llegar Aznar a la Presidencia del PP, el Gobierno, la policía y un juez de su cuerda hicieron estallar el caso Naseiro, un episodio de financiación ilegal de la antigua AP con el que se pretendía salpicar al nuevo líder de la derecha y anular su discurso contra la corrupción. Es decir, cortar el efecto moral del impulso antes de que echara a volar.

La diferencia es que, entonces, Aznar, que se enterró tres días en Canarias preocupadísimo, antes de plantar cara, tuvo a su lado a una parte respetable -o al menos, respetada- de los medios, y entre todos, junto a las irregularidades en la instrucción del caso, éste zozobró. En el caso del Máster de Casado, se ha comprobado que no hay una sola cadena de televisión, apenas una de radio, sólo dos diarios de papel y dos o tres de internet que hayan salido en defensa del líder del PP. Y ello aunque la instrucción del caso ha ido más allá de la prevaricación notoria, pero difícilmente demostrable, de las ambiciones de una juez.

Si no nos hubiéramos acostumbrado al derecho de los medios de extrema izquierda ayuntados con jueces extremadamente ambiciosos de liquidar a cualquier político del PP, mecanismo que el PP de Rajoy y Soraya ha convertido en norma para eliminar a gente molesta de su partido, la kafkiana, tendenciosa y disparatada instrucción del caso por la juez Rodríguez-Medel, con el objeto no sólo implícito sino descaradamente explícito -y por ende, prevarigalupador- de destruir por completo la imagen pública del nuevo presidente del PP, habría levantado un clamor de indignación en medios supuestamente afectos al orden constitucional. Porque, insisto, el ataque a Casado por parte de la Izquierda y de la derecha sorayina y arenosa, que increíblemente la hay, se debe al obstáculo que supone para el Frente Popular su liderazgo en el PP. De ganar el Congreso del PP, no le hubiera pasado a Soraya algo parecido, porque ya ha demostrado cumplidamente que su política es la misma del PSOE: templar gaitas, ‘dialoguear’ y, en última instancia, rendirse, o sea, aceptar lo que temía Mayor en su artículo y el catanazi Torra ha ofrecido: alguna paz a cambio de un referéndum.

Para irregular, la instrucción del caso

Lo peor para el crédito personal y profesional de la instructora del “caso Master” -el crédito político en la Izquierda es ya ilimitado- es que Ignacio Escolar, denunciante del máster de Cifuentes aunque él no haya terminado siquiera Periodismo, que así es este pájaro-flauta, anunciara en su blog que era él el que había instruido a la jueza sobre los posibles casos de irregularidades en el “máster” de Álvarez-Conde que en realidad no era máster sino habilitación para futuros estudios de doctorado que Casado no realizó y, por tanto, nunca aprovechó. Y si malo es que un periodista conocido por su sectarismo totalitario y odio al PP, amén de nula ética profesional, presuma de que fue él quien indicó a la jueza cómo debía ir contra Casado (sin denuncia, ni caso como tal, cabe entrever, si no asegurar, que la animadversión política y la persecución personal son las bases reales de la instrucción del caso) más grave es que la jueza, en la exposición de motivos para que sea el Supremo el que ejecute o indulte al que ella ha condenado, exhiba una prosa de periodista panfletario, no de juez instructor.

Hablar del “regalo” del máster a quien ha pagado las tasas y cumplido todos los trámites legales que la Universidad impone es digno de Escolar. Y de Pre-Escolar, asegurar, con un par o dos, que Álvarez-Conde le hizo ese “regalo” por su “relevancia política”, ¡hace diez años!, cuando era un joven diputado autonómico. ¡Ni Rappel!

Pero lo que en cualquier país no acostumbrado a linchamientos mediático-judiciales daría lugar a una denuncia por prevaricación y a la apertura de un expediente disciplinario por falta más que grave, son los dos presuntos delitos con los que la jueza busca enterrar a Casado: “prevaricación administrativa” y “cohecho impropio”. ¿Cómo va a prevaricar el alumno si ha cumplido con la ley, en el caso de que el profesor actúe irregularmente? Hay precedentes legales que la jueza, ciega en su persecución, se ha negado siquiera a considerar. En cuanto al “cohecho”, ni propio ni impropio: ¿Cómo pudo cobrar el que pagó? ¿Qué pruebas tiene la jueza? Ninguna. Sugiere que hay que buscarlas.

Y es que, como ha significado el abogado De Pablo, la propia jueza (que privó a Casado de la declaración voluntaria en aplicación del Artículo 118 bis de la Ley de Enjuiciamiento Criminal) enjuicia criminalmente y condena moralmente a Casado, presidente del PP, al sugerirle al Supremo que falsificó unos trabajos que no tenía por qué conservar y que, sin embargo, presentó en rueda de Prensa. Y que el Alto Tribunal debe pedirle ordenador, trabajos, autentificación, etc. Vamos, que como no puede instruir o insultar más, el Supremo debe seguir instruyendo un caso que, si no lo es, parece de total corrupción judicial. ¿O es que esta sucesión de irregularidades, teñida de arbitrariedades, puede pasar por la instrucción de un caso? ¿Y es éste tan grave como para destruir personal y políticamente al jefe de la Oposición, en un momento de peligro para la supervivencia del régimen constitucional?

Por supuesto que no. Todos los que hemos sido alumnos y profesores sabemos que no. Puede que la misma jueza lo sospechara, si su ascensión a los altares caníbales de la Izquierda se lo permitiera. Pero si existe el Caso Master (y no el caso Begoña Gómez de Sánchez, que será “cohecho propio”) sea consciente o semiconsciente la jueza que lo ha co-instruido con el zurupeto Escolar, es sólo porque la Izquierda quiere lograr lo que casi logró el Pacto del Tinell: echar al PP de la política española para poder dinamitar definitivamente el régimen democrático nacido en la Transición, que es lo que quiere la ETA, busca el separatismo catalán, impulsa el PSOE y hubiera aceptado, con algún mohincito, un PP presidido por Soraya Sáenz de Lomismo.

Ver artículo original:

La “España mejor” que deja Rajoy: Un Pelelesidente del separatismo, una economía temblando y una Derecha cadáver. -F.J. Losantos/LD- –

Rajoy no se ha ido. Lo echará el partido si quiere sobrevivir, pero él se negó a dimitir para frenar la moción de Sánchez y obligarle a una investidura con menos posibilidades de salir en dos meses que la moción en dos días, por una sola razón: quiere seguir al frente del PP. Si se hubiera despedido realmente del PP, y el PP de Rajoy, no hubiera protagonizado la escena más humillante para la nación española desde que Tejero entró pegando tiros en el parlamento hace 37 años. Pero, como ha recordado Luis Herrero, aquel majadero golpista tropezó entonces con un presidente del Gobierno en su sitio, mientras todos los diputados se tiraban al suelo; esta vez, el único que no estaba en su sitio era el presidente. Se largó a comer y a beber ocho largas horas, dejando su escaño al bolso de Soraya, metáfora de un triple vacío: el suyo, el de Soraya y el de su dignidad.

La noche bochornosa de un político penoso

La Sexta, cadalso de tantos dirigentes del PP, inocentes o no, ejecutados por el Trío Calaveras (Rajoy-Soraya-Montoro) fue avisada, seguramente por los canales de costumbre, para certificar que el presidente del Gobierno, pasadas las diez de la noche y tras humillar con su deserción a su grupo parlamentario, a sus votantes y a todos los españoles de los que aún era presidente, salía con claros síntomas de embriaguez y desorientación del antiguo Club 31, que desde la noche del 31 de mayo bien puede rebautizar la Izquierda golpista Club 1931. Pero la huida de Alfonso XIII y la llegada de la II República tras unas simples elecciones municipales fue por miedo a seguir la suerte del Zar y su familia. Los ‘novillos’ de Rajoy, su huida de manso ‘pregonao’, tenían tanto de cobardía política como de egoísmo personal. Quiso ahorrarse por la tarde el bochorno parlamentario que por la mañana él había infligido a Sánchez, fiado en la superioridad dialéctica del humano ante el adoquín y en que creía contar por dos años con el PNV, el partido más traidor de la Historia de España.

Y esa cobardía política, hija del egoísmo personal, desembocó en una vileza estética inimaginable. Yo no sé qué pensaría Rajoy mientras “Carmen, por favor”, le servía otra copa, si es que estaba en condiciones de pensar viendo al bolso ocupar su escaño como prenda de que iba a volver a sentarse. Lo que sé es que millones de españoles, sobre todo los pasados o presentes votantes del PP, nos sentimos humillados y ofendidos. Si Cifuentes se fue por el vídeo de los tarros de crema robados, cuya ilegal existencia no ha querido investigar el Gobierno, Rajoy debe irse para siempre por robar la dignidad de la Presidencia, del Gobierno, del PP y de la Soberanía Nacional. Que al día siguiente presumiera sin rubor de “dejar una España mejor que la que encontró“, con un ‘Pelelesidente’del separatismo y el comunismo, el golpe catalán más fuerte que antes y la economía al borde del barranco, prueba que su estado mental es como el moral: simplemente cochambroso.

Añadamos que, tras muchos traspiés y trampas en el solitario, deja la economía temblando, como demuestra el artículo de ayer de Manuel Llamas.

Luis del Pino hace la autopsia del legado de Rajoy

Cuando hace dieciocho años fundamos Libertad Digital, confieso que abrigaba un fin doblemente egoísta pero sanísimo: que el poder político, entonces Aznar, no me impidiera decir lo que me diera la gana y que pudiera leer cada día lo que ‘gente suelta’, como yo, escribía sobre lo que pasaba. Ayer, junto al de Manuel Llamas, Luis del Pino publicó aquí un “Permítame que no me levante, Don Mariano“, que me ahorra casi todo el acarreo de razones del mío, aunque, por deber que me impongo, escriba como cada domingo. Recojo lo esencial de su argumentación como homenaje y ayuda-memoria a los que, en una situación que trata de rematar el 11M que nos unió, debemos volver a la resistencia cívica y nacional, más curtidos, pero nunca aburridos y jamás vencidos. Este es el balance político de Los años perdidos de Rajoy:

“Después de seis años y medio en el cargo, cuatro de ellos con mayoría absoluta:

  • Ha perdido casi 3 millones de votos, uno de cada cuatro electores que votaron al PP en 2011. Los sondeos señalan que, de haber elecciones mañana, el resultado sería aún peor.
  • Ha perdido 49 escaños y la mayoría absoluta en el Congreso
  • Ha perdido los gobiernos de Aragón, Baleares, Cantabria, Castilla-La Mancha, Extremadura y Valencia
  • Ha perdido la mayoría absoluta en Castilla y León, La Rioja, Madrid y Murcia
  • Ha quedado reducido a 4 diputados en el parlamento catalán, 33 en el andaluz, 9 en el vasco y 2 en el navarro
  • Ha perdido buena parte de las alcaldías de las capitales de provincia y ciudades más importantes
  • Puso su mayoría absoluta al servicio de la continuidad de las políticas de Zapatero, sin derogar ni una sola de las leyes ideológicas aprobadas por aquél, desde la infame ley de la violencia de género que consagra la desigualdad jurídica, a la ley de barra libre del aborto, pasando por la totalitaria y cainita ley de memoria histórica.
  • Mantuvo Vd. la hoja de ruta de negociación con ETA, negándose a publicar las actas de negociación que se había comprometido a publicar.
  • Procedió Vd. a un vergonzoso reparto del CGPJ, incumpliendo de modo frontal el programa electoral y dando presencia a CIU, PNV e IU en el órgano de gobierno de los jueces.
  • Dejó que Bildu/Sortu/Amaiur siguieran en las instituciones estatales, autonómicas y locales, de modo que el brazo político de ETA se legitimó, y los proetarras siguen manejando centenares de millones de euros de dinero público y accediendo a los datos personales de buena parte de los habitantes del País Vasco.
  • Movió Vd. Roma con Santiago para liberar a Bolinaga, el secuestrador de Ortega Lara y asesino múltiple, como “gesto” de cara a la negociación con ETA, mintiendo a la opinión pública sobre su estado médico. El supuesto enfermo terminal estuvo dos años y medio chiquiteando por Mondragón.
  • Procedió Vd. a efectuar una amnistía encubierta a los más sanguinarios etarras, escudándose en una sentencia de Estrasburgo que no teníamos obligación de cumplir de manera automática, y mucho menos de aplicarla con carácter general.
  • Soltó Vd. de paso a violadores en serie y pederastas, muchos de ellos no rehabilitados, con absoluto desprecio de las consecuencias que eso pudiera acarrear. Varias mujeres fueron violadas por esos psicópatas que Vd. liberó. Y todo porque necesitaba Vd. una excusa para liberar a los etarras.
  • Ha permitido Vd. que se celebren de forma cotidiana homenajes a etarras en muchísimos pueblos del País Vasco.
  • Mantuvo Vd. intacto el ruinoso estado de las autonomías y la estructura clientelar de la administración del estado, lo que ha llevado a que nuestra deuda sea actualmente la más alta de la historia democrática.
  • Rescató Vd. a las cajas de ahorros quebradas por los propios políticos mientras a los ciudadanos de a pie nos crujían a impuestos.
  • No hizo Vd. nada para que se pudiera estudiar EN castellano con libertad en toda España.
  • Financió con generosidad el golpe de estado separatista en Cataluña, permitiendo que el dinero de todos los españoles fuera a redes de “embajadas” que actúan contra los intereses de España, televisiones públicas que solo son altavoces del separatismo o asociaciones cuyo objetivo declarado es la destrucción de la Nación y la Constitución…
  • Permitió Vd. la celebración de dos referendos ilegales de secesión en Cataluña, a pesar de haber prometido expresamente que no se celebrarían.
  • Ha consentido que los separatistas arrastren por los suelos nuestra imagen exterior y que Europa se ría de nosotros, negándose a entregar a los responsables de un golpe de estado.
  • Prometió Vd. aplicar el 155 como respuesta al golpe de estado separatista, para a continuación convocar elecciones de inmediato y volver a dejar vendidos a los catalanes no separatistas.
  • Mantuvo Vd. en sus puestos a decenas de altos cargos separatistas, dejando intacta la estructura del golpe dentro de la administración catalana.
  • No solo no ordenó la devolución de los documentos expoliados del Archivo de Salamanca, sino que procedió Vd. a entregar a los separatistas nuevas remesas de documentos.
  • No hizo Vd. nada, desde el gobierno, para aclarar el golpe de estado del 11-M.
  • Y se ha despedido Vd. levantando el 155 en su último día de mandato.Podría seguir durante horas, don Mariano. No ha habido español al que Vd. haya defendido, ni enemigo de España al que Vd. haya dejado de favorecer.”

De nuevo, a la Resistencia Nacional

Como en 2004 tras el 11M y tratando de rematar políticamente la fechoría de entonces, el PSOE y los separatistas, con etarras y recogenueces al frente, y golpistas catalanes en la cola, quieren liquidar España por su base, que es la soberanía nacional. Este venerable concepto significa que todo el edificio legal y material del Estado Español es ‘propiedad’ de todos los españoles y sólo los españoles podemos disponer de él legalmente. Una casta política indecente, servida por un redomado traidor y contando con la ambición desnortada de un ‘pelelesidente’, pretende robarnos lo que es nuestro, fruto del genio y el esfuerzo de tantas generaciones de españoles que han creado uno de los hechos de civilización más formidables de la Historia. Todas las fatuas y despóticas ambiciones regionales juntas no le llegan a la suela del zapato a la común historia de España, a la lengua y al arte comunes.

Las comunidades tribales en que pretenden despiezarnos no deben destruir, aunque pueden hacerlo, el hecho político nacional español. Sólo son garantía de tiranía. Hay que volver, como cuando el infame Zapatero empezó el desmantelamiento del régimen constitucional, a la resistencia pacífica pero masiva, en la calle y en las instituciones, con todos los políticos dispuestos a luchar por la Nación y contra los políticos que la traicionan o la agreden. No tenemos más opción que resistir. Pero si resistimos de verdad, el ‘mansazo’ del bolso y el ‘Pelelesidente’ serán pronto apenas el recuerdo de un mal sueño.

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Torra es ilegítimo, Rajoy se ha deslegitimado. -F.J. Losantos/LD-

Plácido Fernández-Viagas, letrado del parlamento andaluz e hijo del primer presidente de la Junta de Andalucía, luego senador por el PSOE y miembro del CGPJ, publicó ayer en El Mundo un gran artículo que, a mi juicio, ilumina la gravedad de la situación institucional española tras la proclamación del candidato “limpio” que buscaba Rajoy y que ha resultado ser un racista redomado llamado Torra, cuyo discurso de investidura fue una burla al Estado, un reto a los jueces y una llamada al conflicto civil entre catalanes, que son los separatistas, y los “fascistas españoles que viven en Cataluña”, más de la mitad de los votantes que no aceptan el apartheid antiespañol. Nunca se vio con tal claridad la condición criminal del proyecto separatista y la gravísima responsabilidad de las instituciones españolas si lo aceptan.

La ilegitimidad del nombramiento de Torra

Aunque Rajoy, empeñado en conseguir, para evitar nuevas elecciones, un gobierno de la Generalidad a cualquier precio, salió de inmediato a decir que “no le gustaba” el discurso de Torra, pero que aguardaba a “sus hechos”, la elección de alguien que anuncia que proseguirá el golpe de Estado plantea un problema no sólo ético -¿debe firmar el Rey el nombramiento de alguien que insulta a los españoles y proclama su empeño en la ilegalidad?- sino legal y político: ¿es legítima la elección de Torra con un programa guerracivilista?

Tres son los aplastantes argumentos de Fernández-Viagas. El primero es el del nombramiento de Torra y su elección por el Parlamento regional.

“¿Reúne los requisitos necesarios para superar los límites impuestos por la aplicación del artículo 155 de la CE? Es muy dudoso la verdad, sobre todo si se tiene en cuenta que participar en un proceso de carácter delictivo lo impediría claramente. No se puede incidir en una rebelión y, al mismo tiempo, presidir una de sus comunidades autónomas. Un Estado serio no puede aceptar, por comodidad, miedo, prudencia incluso, una actuación fraudulenta contra su ordenamiento jurídico.”

A partir de ahí, esgrime tres argumentos. El primero, la continuidad de la actividad delictiva de Puigdemont, expresamente exhibida por ambos:

“La candidatura de Quim Torra ha sido impuesta por un señor, Puigdemont, que está encausado por hechos susceptibles de ser tipificados como rebelión, conspiración para la rebelión, o sedición, y que se considera aún presidente legítimo de la Generalitat. Más grave aún, pretende utilizar a Torra como un elemento meramente ejecutor de su proyecto calificado como delictivo. Si es consciente el candidato de todo ello, y no parece muy tonto, debería tener en cuenta que nuestro Código Penal cuando determina la responsabilidad criminal señala, en su artículo 29, que “son cómplices los que, no hallándose comprendidos en el artículo anterior, cooperan a la ejecución del hecho con actos anteriores o simultáneos”, algo en lo que podría incidir claramente Quim Torra. ¿Cómo puede considerarse, entonces, legítima una propuesta dirigida a consolidar una rebelión?”

El segundo argumento, aunque no lo cite el artículo, cabría integrarlo en la instrucción del Juez Llarena en el Supremo y el agravamiento del delito:

“Sería disparatado no tener en cuenta que los efectos de los delitos de que viene acusado el señor Puigdemont no han sido consumados. Sus propios autores recuerdan que su único objetivo es “implementar la República”. Y en ese propósito se enmarcan las actuaciones que vienen realizando a nivel internacional, los distintos hechos de resistencia, activa y pasiva, que se desarrollan en Cataluña y, sobre todo, la enorme campaña que su aparato de propaganda, desde medios oficiales incluso, sigue protagonizando. El proyecto criminal, de existir, se encontraría en una fase decisiva, la de consolidación del enfrentamiento con parálisis de nuestro aparato estatal.”

Y el tercer argumento, escrito -ojo- antes del discurso de investidura de Torra, plantea el problema de fondo: la “vuelta a la normalidad”… golpista:

“Para restablecer la legalidad constitucional no basta con la elección de un “presidente limpio” de imputación penal. Es ridículo siquiera plantearlo, lo que es necesario es que no participe en forma alguna en hechos que, en su día, pudieran merecerla. Y lo cierto es que el señor Torra está siendo utilizado de manera instrumental en hechos muy posiblemente constitutivos de un delito de rebelión, que el Estado no puede tolerar.”

Evidentemente, si los tres argumentos bastaban y sobraban para rechazar la investidura del candidato por lo que había manifestado antes de la sesión de investidura, el discurso de Torra despreciando la Ley, retando al Estado e insultando a los partidos españoles de Cataluña, lo convierten en absolutamente intolerable. Nadie que acepte la investidura de Torra podrá decir que no participa en el Golpe, porque lo hace. A PP y PSOE, que han hecho del borrón y cuenta nueva la política ante el golpismo catalán, les resultará difícil rectificar, pero si Ciudadanos mantiene -debe hacerlo- la ilegitimidad de la investidura de Torra, Rajoy y Sánchez serán socios de sus fechorías, al mismo nivel de Podemos. Pero el partido más afectado es el del Gobierno.

Ni normalidad, ni legalidad: insurrección que pagan los españoles

El “manejo magistral de los tiempos” de Rajoy, que tanto elogiaban sus turiferarios cuando tuvo una mayoría absolutérrima y no la usó para nada, se ha revelado como una pereza pavorosa a cualquier compromiso con la acción de Gobierno, que es para lo que está en la Moncloa. La vergonzosa dejación de funciones ante el separatismo catalán durante casi seis años, los que consigna Llarena en la instrucción del caso contra los golpistas, ha sido fundamental para que la situación haya desembocado en esto: la designación de un racista por un forajido para representar al Estado Español en Cataluña.

Pero Rajoy tiene un problema: al entregarse de pies y manos al separatismo para tirar año y medio en La Moncloa, sin otro plan que el de su particular y exclusiva supervivencia, sus socios debían procurar no delatarle. Urkullu lo ha hecho al elogiar su “sensibilidad” con los asesinos de la ETA, y ahora la famosa estrategia del “candidato limpio” desemboca en este Torra, que empieza re-proclamando la República, despreciando la Constitución e insultando a los españoles de Cataluña, en los que antaño tenía votos el PP.

Torra ha dejado en ridículo a Rajoy y a Pedro Sánchez a las primeras de cambio. Y le ha servido a Rivera el menú completo para hartarse de votos del PP y el PSOE, indignados por su actitud ante el golpismo vasco y catalán. La estrategia “normalizadora”, de la que Rivera supo salirse a tiempo y que Arrimadas enterró ayer con otra gran actuación simbólico-parlamentaria, es un filón electoral sencillamente inagotable para Ciudadanos. Cada fechoría que haga Torra, y las hará a diario, porque es un fanático racista y místico, genuinamente pujolista, como explicaba ayer su examigo Miquel Giménez en Vozpopuli, se cargará en el debe de Rajoy; y en el de Sánchez; y en el de Podemos, porque comunismo y racismo separatista nunca encajan del todo.

El dilema del Rey

Por último, por si faltaba algo, está el dilema del Rey, que apareció en televisión justo cuando, por la deserción bipartidista, ganaba el golpismo y sacó a la calle a la nación española, mostrando la inmensa fuerza que atesora y los partidos desprecian. Afrentado institucionalmente por Torra, que además participó en un escrche contra él, debe firmar (o no firmar) su nombramiento como representante en Cataluña del Estado que quiere violentamente destruir. Porque cuando Arrimadas dijo que Torra no venía a presidir la generalidad sino los CDR dijo exactamente lo que va a hacer: la máxima violencia contra los catalanes no nacionalistas y el máximo desafío al Estado.

¿Y puede el Rey hacerlo como si estuviera respaldando cualquier nombramiento del Gobierno en el ejercicio de su papel constitucional? Dicho de otro modo: ¿es constitucional colaborar con el golpe anticonstitucional? No me extrañaría que, por prudencia y previendo violencias futuras, el Rey retrasara la firma del decreto de nombramiento de Torra como representante del Estado hasta tener un informe del Consejo de Estado sobre la legitimidad de ese nombramiento. Sólo entonces, si fuera positivo, debería firmarlo. En mi opinión, por las razones dadas al principio -o sea, tomadas de Fernández-Viagas- no debería hacerlo. En todo caso, y respetando la difícil decisión que tome, un gesto formal de reprobación sería necesario.

Y si Rajoy y Sánchez se atreven a alegar que eso es salirse de sus funciones, que se preparen. Todos hemos vimos que tuvo que salir en televisión porque ellos no las cumplieron, ni las cumplen, ni piensan hacerlo. España ha entrado en un terreno pantanoso por su personal y política cobardía. Ya veremos cuándo y cómo podemos salir.

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El Reverendo Rajones y el suicidio colectivo del PP. -F.J.Losantos/LD-

Netflix ha estrenado una serie impresionante, Wild Wild Country, sobre la asombrosa historia de una secta hindú que en los años 80 del siglo pasado estuvo a punto de tomar un condado de Oregón con un discurso de mucha paz, mucho sexo y mucho amor; y, aprovechando los vacíos legales como todo movimiento totalitario, puso en jaque a la sociedad y al Estado. La movilización ciudadana que se produjo ante la parálisis institucional fue un verdadero modelo de patriotismo norteamericano. Podía ser tabarnés.

El reverendo comunista Jones y los mil suicidas

Los 40 habitantes del pueblo de Antelope se movilizaron contra los miles de seguidores de Bagwan que compraron y urbanizaron lujosamente un valle arriscado y pobre con los fondos recaudados en Hollywood y otros oasis orientalistas por el gurú de los 90 Rolls-Royce. Las comarcas vecinas y multimillonarios como el creador de Nike se rebelaron contra lo que veían una amenaza totalitaria y comunista. Y pese a unos medios de comunicación tan amarillos de forma como rojos de fondo -nada nuevo- los oregonianos tuvieron el apoyo de una opinión pública conmocionada tras el suicidio del Reverendo Jones y 900 siervos de su secta “Templo del Pueblo” en Guyana.

Jones, un galés dizque indio, se declaraba comunista y tuvo el apoyo de la izquierda exquisita post-68, como el alcalde de San Francisco y el líder gay Harvey Milk, llevado al cine magistralmente por el siniestro Sean Penn. La crisis a cuenta de Stalin le alejó del Partido Comunista Norteamericano, cuyas figuras más populares eran Angela Davis y los “Soledad Brothers”; y ante una investigación del FBI por blanqueo de dinero y abusos a menores, huyó a Guyana. Allí instaló su paraíso comunista. Pero allí apareció un día Leo Ryan, congresista que, alertado por unos padres, quiso ayudar a huir a los que vivían en un régimen de terror. Un templista apuñaló y mató a Ryan y otros asesinaron a cinco de los que querían huir, obligando a volver al resto. Al día siguiente, según el film Jonestown, envenenó a más de 300 niños con cianuro y ordenó suicidarse al resto de la secta, que, férvidamente, obedeció.

Desde entonces, muchos americanos sospecharon que el orientalismo de los Beatles pasado por California podía acabar en masacre de enajenados, como en Guyana. Y los uniformes bermellón, las milicias armadas de Sheela, -maligna hindú sonriente y soberbia demagoga mediática al modo podemita- y el discurso de tergiversación de las leyes les movieron a una resistencia de varios años, hasta que pasó lo que cuenta la serie y no voy a destripar aquí.

Los faraones sepultados con toda la Corte

¿Qué tiene que ver esto con lo que pasa en el PP? Si no hubiéramos vivido el suicidio de UCD, diríamos que nada. Como lo vivimos, casi todo. Dicen que hay algo peor que una gran religión dirigida por seres minúsculos: una pequeña religión dirigida por líderes mayúsculos, carismáticos y letales. Pues bien, lo más parecido a una secta que trueca la fe por la obediencia es un partido político con nuestra ley electoral, de listas cerradas y bloqueadas. Esa pirámide con el líder que administra el alpiste de los sueldos y los cargos públicos es una forma de despotismo que acaba chocando con una realidad siempre cambiante, tormentosa, abonada al estiaje y a las riadas de opinión. Pero si no se tiene en cuenta ese cambio continuo, llega un momento en el que no hay más salida que quitarse de en medio, desaparecer. A eso va el PP.

Como la opinión pública depende de los medios de comunicación, los políticos del PP están en manos de la ‘Secta del Patíbulo’, o sea, de los medios que utiliza Soraya, con Mariano detrás, para irlos liquidando uno a uno. Pero en las pirámides egipcias el faraón no se va solo al otro mundo, sino que lo acompaña toda la corte: eunucos, generales, joyas y animalillos domésticos. Y aunque El Faraón por excelencia era Aznar (se lo puse yo), como se fue por propia voluntad en 2004, nadie murió. Pero, ay, el faraón que él nombró sucesor decidió en 2008 que el Partido-Corte se enterrara con él. Y diez años después, se ve venir el suicidio colectivo inducido por el reverendo Rajones.

El arma última del suicido en masa es la voluntad de morir. Pero el arma que logra esa obediencia son los medios de comunicación patibularios que destruyen a la persona que hay en cada rival político o ideológico. Y sólo la aplastante mayoría mediática de extrema izquierda forjada por el PP explica –lo hizo ayer Javier Somalo en un brillante artículo– que en la semana del juicio a Griñán en el caso de los ERE, 900 millones de euros robados a los andaluces en paro por la Junta de Andalucía, el debate nacional sea el del máster de Cristina Cifuentes, con Casado de postre. No es que haya dos varas de medir. Aquí no hay más que una vara de medir las costillas de los políticos del PP, la que esgrimen los telechicos de Soraya y sufre el partido de Rajoy.

Rajoy liquida al PP y Rivera lo despista

En su peor actuación política, Albert Rivera y Aguado ‘El Equivocado’ están siendo los fatuos instrumentos de la ‘Ashishina One’ para liquidar el PP de Madrid, que es el último obstáculo para suceder a Rajoy, bien como candidata a la Moncloa, bien, si él se enroca en el aforamiento, en la reserva tradicional de voto del PP que ha sido Madrid desde hace un cuarto de siglo. Dado que la mayor afluencia de nuevos votantes a Ciudadanos viene del PP, es de idiotas aparecer como el verdugo de Cifuentes por un birrimaster mientras se perdonan masacres financieras como las de los ERE andaluces.

¿Qué no es por el birrimaster sino por mentir? ¿Y no ha mentido más Griñán al decir que no recuerda lo que firmó? Esta semana destapó El Mundo dos escándalos, uno de Susana Díaz y la Gürtel del PSPV y Compromís, mucho más graves: documentos falseados y saqueo de fondos públicos en favor del partido y los intermediarios, que son los mismos que con el PP. ¿Es más corrupto el máster legal de Cifuentes -aun si la Universidad lo trucase- que alterar el régimen legal de contratación o financiar campañas electorales de Zapatero, el PSPV y el Bloc comunista-separatista, base de Compromís?

Para el votante de izquierdas, sin duda, ya que la única corrupción es la que sale en La Sexta y demás medios patibularios sorayejos: la del PP. ¿Pero piensa lo mismo el votante del PP de Madrid, al que no hicieron mella tantas campañas cebrianescas, godojulianescas, rourescas y gabilondescas? Lo dudo. Rajoy acumula méritos sobrados para que cualquier español herido en su dignidad por el golpismo catalán y el padrinazgo político alemán deje de votarlo, pero ¿adónde irá su indignación: a Ciudadanos o a Vox? Hasta el follón de Madrid, estaba claro. Si Cs aparece como partido oportunista que apoya a la izquierda en el linchamiento injusto de la derecha, eso cambiará.

La suerte de Rivera -no de Aguado ‘El Equivocado’- es que Rajoy le brinda una oportunidad de oro para sacar la pata que, a mi juicio, ha metido hasta el corvejón. Sus dudas sobre Cifuentes abocan al PP a la guerra civil entre los que prefieren perder el poder y forzar a Cs a retratarse con sociatas y podemitas para cortar la sangría de votos y los que buscan conservar la Autonomía para hacerle hueco electoral a Soraya si Rajoy no la hace faraona. Son bandos irreconciliables. ¿Qué pinta Rivera en esa guerra?

La creación de una sólida alianza nacional

Sucede que casi todos los dirigentes de Cs son provincianos catalanes, ignorantes de la severa y delicada sensibilidad del votante del PP madrileño. Villacís nunca lo ofende, por eso la votarán. Aguado los irrita haciendo los mismos aspavientos que sociatas y podemitas; aunque vote los presupuestos no se lo perdonarán. Lo de Cifuentes, comparado con lo de Errejón y Griñán, es clamorosamente injusto, y lo de Casado es la clásica destrucción personal, después política, de Cebrián y Ferreras que tanto indigna al votante del PP. Rivera debería dar un paso atrás y dejar que sean los verdaderos verdugos de Cifuentes -Soraya y Rajoy- los que muestren su cabeza cortada en la mano.

Lo que está en juego es mucho más que llevar a Rivera a la Moncloa: reconstruir el centro-derecha para hacer frente al separatismo y sus socios de izquierda, lo que no ha hecho Rajoy, obstinado desertor de sus obligaciones. De que Rivera lo entienda depende algo más que el futuro de Cifuentes y el suyo propio. Se trata de llegar al poder con una alianza nacional sólida detrás, y eso sólo es posible uniendo en torno a Cs los restos del PP, VOX y tanta gente que no cree en los partidos, tampoco en el de Rivera, pero sí en España.

Mientras, el Reverendo Rajones y la menuda y satánica Sheela rumian su futuro y pasean en círculos -mala señal- por la Guyana.

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El racismo alemán humilla a España y destroza la UE. -F.J.Losantos/LD-

No, no ha sido un juez de provincias, ni una instancia judicial mal informada por el Gobierno de Rajoy. Ha sido la ministra de Justicia socialista la que en una rueda de prensa tan innecesaria que sólo podía ser deliberada, se comportó de forma insultante y ofensiva contra España, ciscándose en el principio básico de la creación de la UE, que es la inviolabilidad de las fronteras de los países miembros, un principio que se debe a la propensión alemana a invadir y masacrar a los países vecinos, la última vez en 1939. No ha sido la “decisión judicial” que acataron cobardemente Soraya y Catalá, porque la sentencia antiespañola fue respaldada y ampliada por el Gobierno. Y tampoco unas declaraciones “desafortunadas” como musitó penosamente Dastis, porque avalan una acción judicial que humilla a España y destroza cualquier principio de unidad judicial europea en los casos más importantes.

La Rieffenstahl socialista de Merkel

Repasemos las claves del discurso de la ministra germana, que a mí me recuerda a Leni Riefenstahl, la brillante cineasta nazi cuya obra maestra El triunfo de la voluntad tanto contribuyó a deificar a su admirado y admirador Adolf Hitler y, de paso, a retratar el fanatismo del pueblo alemán. Tras escapar de las ruinas del Reich Leni se dedicó a la filmación y disfrute de otra raza superior, en este caso negra, masai, en Africa Central; y murió casi centenaria, discretamente venerada en todas las filmotecas del mundo. La esbelta y racista ministra socialista Katarina Barley no tendrá su talento, pero sí su arrogancia. Lo que dijo fue nada más y nada menos que esto:

1. Que ya conocía antes de ser pública, y que compartía plenamente los argumentos de la sentencia del tribunal de Schleswig-Holstein. O sea, que el tribunal, sabedor de su importancia y gravedad, la había adelantado al Gobierno Merkel, que la ocultó aviesa y deslealmente al Gobierno español. No fue, pues, una decisión independiente, sin prever su efecto político. Los jueces de esa región tuvieron previamente el respaldo del Gobierno alemán.

2. Que sobre negarse a cumplimentar la euroorden por el delito de rebelión -lo único que debía hacer el tribunal, sin entrar en el fondo del asunto, que no es de su incumbencia según los acuerdos de la UE, “no le será fácil” al Gobierno español “probar el delito de malversación”. Como si fuera el Gobierno y no el Tribunal Supremo, máxima instancia judicial, el encargado de calificar los delitos de un prófugo de la Justicia española, es decir, que la ministra, léase Gobierno alemán, comparte lo que los golpistas catalanes dicen del Estado Español: que no es una democracia. Si no lo es y no respeta los principios fundamentales de la UE, sorprende que la ministra pro-golpista alemana y los propios forajidos golpistas esperen que respeten, sin embargo, lo que decida un juzgado alemán, con su Gobierno detrás. ¿Ha de ser España un protectorado alemán para considerarse Estado de Derecho? Para el Gobierno alemán, evidentemente, sí. Y para sus jueces, también.

3. Para que no haya duda al respecto, la ministra alemana comunica al Estado racial y políticamente inferior -la aceitosa colonia sureña llamada España- que si no demuestra -y ya ha adelantado que le será muy difícil- la malversación de fondos públicos, Puigdemont “será libre en un país libre, que es la República Federal Alemana”. Está claro que para la máxima autoridad en materia de Justicia del Gobierno alemán, ni España es libre ni, por tanto, merece ser un país, así que resulta moralmente imperativo que Alemania dedique todo su esfuerzo a destruirlo. Como el propio Pigdemont.

La raza superior sí tiene derecho a combatir el separatismo

Oportunísima para entender la Leyenda Negra contra España es la exposición que esta semana presentó María Elvira Roca sobre Lutero en Alcobendas, porque el fundador del protestantismo lo es también del racismo alemán moderno, que culmina en Hitler pero se alarga hasta Katarina Barley, criatura anglo-germánica que no oculta el secular desprecio de los países reformistas a los católicos, cuyo gran exponente era España. Aquí no quedan casi católicos ni allí protestantes, pero el racismo contra el Sur sigue intacto.

El racismo protestante -ferozmente antisemita desde Lutero y Calvino– contra los españoles no era sólo por ser católicos, sino por tener sangre judía, lo mismo que decían los padres del nacionalismo catalán, que los españoles somos muy judíos. Hace poco escribía Junqueras que los catalanes tenían un ADN más parecido al francés que al español. No se atrevió a decir que eran arios puros. Ahora, tal vez se atreverán, porque el IV Reich ha iniciado la desmembración de Europa que el III llevó al paroxismo. En Memoria del Comunismo cuento que una de las hazañas hitlerianas que desembocaron en la II Guerra Mundial, la anexión de los sudetes, fue saludada por Companys y Aguirre como “un triunfo de la autodeterminación de los pueblos”, y le enviaron un caluroso telegrama de felicitación a Chamberlain por permitirla. La historia no se repite, pero a veces se parece horrores.

¿Por qué digo que lo de la socialista Katarina Barley es racismo puro? Porque para la izquierda europea la libertad y la democracia, cuya garantía es el Estado de Derecho, no es natural en los países o razas inferiores, eslavos y católicos, sobre todo hispanos. Carlos Rangel explica en Del buen salvaje al buen revolucionario cómo anglosajones, alemanes y franceses defienden para Iberoamérica las dictaduras comunistas que para sus países rechazan. Creen que para Cuba, Nicaragua, Colombia o Venezuela, como para España en 1936, el imperio de la Ley, el Estado de Derecho son productos exóticos para los que nunca estaremos realmente preparados. Una dictadura con toques pintorescos, atractivos para el turista político, es más que suficiente.

El recuerdo político-legal de Sosa Wagner

La prueba de que sólo el racismo político de la izquierda europea, perfectamente representado por la socialista Barley, explica la miserable agresión no de un juzgado de Shleswig-Holstein -insisto- sino del Gobierno alemán contra España y la UE, es que el tribunal constitucional de Karlsruhe condenó tajantemente, y hace bien poco para que un juez pueda olvidarlo, un referéndum para la independencia de Baviera. Lo recordó ayer en El Mundo el eurodiputado Francisco Sosa Wagner en un artículo formidable: El horror de Schleswig-Holstein, del que transcribo estos párrafos esenciales:

(…) ustedes, señores de mohosas togas de Schleswig-Holstein, han considerado que un proyecto de secesión como el de Cataluña que implica violar el texto constitucional y además -¡una bagatela!- alterar las fronteras de un país europeo, es asunto menor y que desde luego no es motivo para mantener en prisión a su autor y entregarlo a los jueces y tribunales españoles. Y todo en virtud de una confusa argumentación, propia no de juristas sino de rábulas, sobre la inexistencia de violencia que ustedes por supuesto no aceptarían si de analizar una alta traición (Hochverrat) se tratara.

¿O es que no recuerdan ustedes la celeridad con la que el Tribunal Constitucional de Karlsruhe zanjó la pretensión de celebrar un referéndum en Baviera (2 BvR 349/16)? Lo hizo con estas escuetas palabras contra las que no creo que ninguno de ustedes se revolviera: “En la República Federal de Alemania, Estado nacional fundamentado en el poder constituyente del pueblo alemán, los Länder no son señores de la Constitución. En la Constitución no existe ningún espacio para las aspiraciones secesionistas de los Länder. Son contrarias al orden constitucional”.

Tan clarito es lo que he tratado de contar que me inclino a pensar que su disparatada decisión -sea dicho con el máximo de los respetos- es el fruto, por un lado, de su ignorancia de lo que significan España y el orden establecido en los Tratados europeos; por otro, del hecho de que viven ustedes en una burbuja periodística y televisiva en la que prácticamente no han tenido cabida más que las tesis de los secesionistas catalanes.

Al siempre educado Sosa Wagner le faltó añadir: y porque ustedes son unos racistas siniestros, que desprecian para España lo que defienden para Alemania: fronteras seguras, orden constitucional y defensa de la integridad nacional garantizados por la cooperación internacional de la UE. ¿No apoyó España la reunificación de Alemania pese a la oposición de las Francia y Gran Bretaña? ¿Y así nos lo pagan? ¿Diciendo que en 340 actos violentos no hay violencia? ¿Porque pegan a policías españoles? ¿Esto es cooperación entre democracias o repugnante racismo político? Para mí no hay duda: puro racismo, desprecio del grande al chico, del rubio al moreno, del izquierdista al español, que sólo si es comunista deja de ser franquista, en todo caso fuera de las delicatessen democráticas de los arios civilizados.

Si la UE no condena a Alemania, que disfrute el IV Reich

Duro es el golpe a España, pero mucho más duro a la UE, cuyo primer país, Alemania, respalda la destrucción física y legal del cuarto, que es España. Y no es sólo culpa de Rajoy, aunque si tuviera decencia, tras el estrepitoso fracaso internacional de su política ante el golpismo catalán, dimitiría de un cargo del que pocos dudan que para él es sólo el parapeto ante el banquillo. La oposición con una cierta idea de España, es decir, Ciudadanos, debería poner en marcha no sólo una moción de censura para echar al Gobierno y convocar elecciones, sino una campaña internacional -aquí quiero ver a Macron– para que la UE desautorice a Alemania y defienda nítidamente la integridad nacional española. Y si no, que disfruten otros del IV Reich. Al final, si no nos defendemos nosotros, en esta Europa nadie nos defenderá.

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La Izquierda despreciable y la Derecha lamentable. -F.J. Losantos/LD-

Tres días para la infamia, para la larga historia de sus infamias, ha acumulado la Izquierda en esta última semana: el primero fue el de la sesión de ultraje en el Congreso a los familiares de las víctimas de asesinos en serie, protagonizada por un politijuez del PSOE llamado del Campo, apellido adecuado si lo limitamos al Rastrojo; el tercero fue el de la toma del barrio de Lavapiés por hordas podemitas encapuchadas y acarreadas en autobús, que tras manipular la muerte por infarto de un mantero senegalés, rompieron escaparates, saquearon comercios, destrozaron cajeros, quemaron sucursales bancarias, destrozaron el mobiliario urbano, incendiaron contenedores, hirieron a dieciséis policías y, al día siguiente, declararon al mantero muerto “víctima del capitalismo“.

Entre ambos días, el de la injuria y el del molotov, hubo otra jornada parlamentaria, en la que Podemos, que aunque de forma menos gorilesca que el bípedo sociata también apoyó al PNV y la ETA para derogar la Prisión Permanente Revisable, presentó el programa más completo para acabar con la propiedad privada que hayan visto nunca los leones de las Cortes, que lo han visto casi todo. Proyecto éste que parte de la anulación del derecho de propiedad de los propietarios de viviendas en favor de okupas y maleantes, calcado del chavista que popularizó el Gorila Rojo con el “¡Exprópiese!”. Lo pasmoso es que sólo el PNV votó en contra. PP y Ciudadanos se abstuvieron.

ZP con Irene Villa, Sánchez con el niño Gabriel

Pero como ha recordado muy acertadamente David Gistau, el público desprecio del PSOE por las víctimas no lo ha inaugurado el antropodiputoide que acusó al PP de utilizar el dolor de las víctimas y luego usó una frase de la madre del niño Gabriel contra los padres de la niña Mari Luz, Diana Quer o Sandra Palo, que, invitados en la tribuna de las Cortes, se vieron insultados por el zafio politijuez que les acusaba de buscar “venganza y no justicia”. Esa actitud se inscribe en el desprecio a las víctimas de ETA que no sólo creó sino que sistematizó e institucionalizó el siniestro Rodríguez Zapatero.

El momento fundacional de ese discurso sociópata del PSOE tuvo lugar cuando ZP recibió a Irene Villa y su madre en la puerta de la Moncloa y les espetó ceñudo: “a mí también me fusilaron a un abuelo”, ¡como si lo hubieran fusilado las pobres víctimas de la ETA, con la que él andaba ya en negociaciones, y no el bando de sus otros tres abuelos, que también era el del cuarto hasta que lo traicionó! Por supuesto, lo que les reprochaba era que le pudieron reprochar pactar con sus verdugos, que era lo que venía haciendo, a escondidas antes de llegar al Poder, y a cara descubierta ya en la Moncloa.

Pero además, como bien recuerda Gistau, el dúo ZP-Rubalcaba puso en marcha una Oficina de Atención a las Víctimas, con Peces Barba al frente, cuya tarea esencial era deslegitimarlas y, sobre todo, desactivar la AVT de Francisco José Alcaraz, que como referente moral de la sociedad española convocó manifestaciones gigantescas, todas respaldadas por el PP, contra su pacto con la ETA y pidiendo la verdad de sobre la masacre del 11M, cuya manipulación por el PSOE y PRISA impidió a Rajoy ganar las elecciones. Lo que ha hecho Rajoy en el poder con la ETA, el 11M y la AVT sólo ha sido continuar la tarea de ZP y Rubalcaba de deslegitimación de las víctimas.

Y cuando ha querido utilizarlas -porque sin duda, aunque con razón, lo mueve un legítimo fin electoral: atacar las vacilaciones de Ciudadanos, se ha encontrado con aquel discurso de Peces Barba y la patulea cebrianita, (artillada, como entonces, por García Ferreras y Pre-Escolar) acusando a las víctimas de buscar venganza y no justicia, como si buscar justicia fuera algo criminal y no la respuesta al crimen. Como si las leyes no estuvieran para castigar al asesino sino para “mirarlo a los ojos y sentir empatía”, como predicaba Carmena en La Tuerka de Pablo Iglesias. O sea, para buscar cómo absolverlo, a costa de la memoria de las víctimas y del dolor de sus familias.

La teoría en el Parlamento, la práctica en Lavapiés

Como explica detenidamente Manuel Llamas en este artículo, lo que plantea Podemos es la liquidación del derecho de propiedad, en base a uno de tantos brindis al sol de la Constitución, el del derecho a una vivienda digna, que sería interpretado como le dé la gana el Poder político según cumpla su “función social”. Dado que la función social básica para el comunismo es la liquidación de la propiedad y la libertad individual indisociable de ella, lo que se busca es legalizar el asalto de las viviendas, cuya función social sería la de albergar gratis a quienes no las han pagado.

Sobre prohibir los desahucios y cualquier otra aplicación de la Ley en defensa de los propietarios, los comunistas de Podemos plantean que el poder público debe suministrar también gratis luz, gas y cualquier clase de energía y servicios a esa viviendaokupada o expropiada. Dado que el 86% de los españoles es propietario de una vivienda y el 16% de dos o más, estaríamos ante el mayor asalto a la propiedad privada en Europa desde 1917, cuando Lenin creó sobre el robo y la masacre el primer Estado comunista del mundo.

Lo asombroso no es que Podemos quiera quitarle todo a todos para quedárselo ellos, sino que PP y Ciudadanos se abstuvieran ante el proyecto. Se da el caso de que Ciudadanos se manifiesta contra el régimen liberticida de Caracas pero se abstiene ante una ley que es la copia de la que sirvió a las hordas chavistas para expropiar casas ajenas y apropiárselas por la fuerza. ¿Acaso es menos grave el “exprópiese” de Iglesias que el del Gorila Rojo?

Lo de Rajoy extraña menos, porque su proceder con Venezuela es, sencillamente criminal. Mientras el poco respetable Santoschenko ha dado el permiso de residencia en Colombia a más de medio millón de venezolanos, de las decenas de miles que lo han pedido en España, pocas docenas lo han obtenido de la burocracia rajoyana, de Dastis ‘el Plastis’ y de los secuaces que Zapatero debe de tener en la administración a cuenta, supongo, del narco-comunismo, que esa es la naturaleza del triángulo FARC-Habana-Caracas. Total, que a unos se les va la fuerza por la boca y a otros por la ventanilla.

Pero el asalto a Lavapiés, organizado desde el principio por la horda podemita y antisistema es sólo un episodio más de la escalada de violencia callejera que pretende deslegitimar el Parlamento y compensar las escasas expectativas de triunfo en las urnas de la izquierda en una situación normal. Y lo hace como en 2002-2004: utilizando cualquier argumento, cualquier protesta, cualquier sector social -pensionistas, mujeres, estudiantes, okupas, lo que sea- para presentar ante los votantes la salida del poder de la Derecha como la única forma de conseguir la paz social. O sea, convencernos de que sólo la Izquierda puede resolver el problema que previamente ella ha creado. Para ello tiene dos plataformas, las Cortes y la Calle, unidas por la televisión, o sea, La Sexta y sus secuaces.

Y mientras se prepara la resurrección del Frente Popular y Separatista, el PP les regala la televisión y Ciudadanos se entrega al opio de las encuestas, como creyendo que, cuando lleguen al poder, los tratarán mejor que al PP. Ante una Izquierda decididamente despreciable, el Centro-Derecha sigue en Babia, cobardeando, lamentable. Ni unos aprenden ni otros escarmientan.

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El gobierno planta al Rey en Barcelona. -F.J. Losantos/LD-

La Generalidad de Cataluña está presidida -155 mediante- por Mariano Rajoy, atareado Presidente del Gobierno de España que la delega en la Vicepresidenta del Gobierno, que dirige con éxito el CNI y la política de comunicación del Gobierno, amén de coordinar el antiguo Consejo de Subsecretarios que prepara semanalmente el Consejo de Ministros, y ha acreditado extraordinaria eficacia en la “política de diálogo” del Gobierno frente al separatismo catalán. Total, sólo ha podido celebrar dos referendos ilegales para la destrucción de España – Rajoy aseguró en ambos casos que jamás se celebrarían y tras celebrarse que no tenían validez legal-, liquidar en dos días de Septiembre la legalidad constitucional, estatutaria, el propio reglamento interno del Parlamento y los derechos de la Oposición. Ah, y proclamar la República y organizar la huida de la Justicia del Presidente.

Era lógico, que tras el éxito del CNI frente a los golpistas, desde las urnas a las papeletas y los Mozos de Escuadra, en los que pese a sus fechorías en el atentado de las Ramblas se siguió confiando, y tras el brillo en el 1 de 0ctubre de la política interior y exterior, de la comunicación y la propaganda, áreas todas en manos de la Vicepresidenta, Rajoy le confiara la Generalidad. Nada merece más crédito que una gestión eficaz, y nada más eficaz que la política sobre Cataluña desarrollada por la Gran Soraya.

Puigneró, empleado de Rajoy, insulta al Rey

El martes 20 de febrero, cinco días antes de la celebración de la cena que la organización del Mobile World Congress ofrece al Rey de España, el Secretario de Estado de Telecomunicaciones de la Generalidad, un tal Jordi Puigneró, dijo que no recibiría al Rey por defender el orden constitucional en su histórico discurso del 3 de Octubre. Lo hizo con la chulería que la impunidad asegurada por Rajoy y/o Soraya han asegurado en estos meses de aplicación exclusivamente electoral del artículo 155 a los golpistas que siguen insultando al pueblo español. Ese del que tan opíparamente viven.

Era el momento de destituir al tal Puigneró e instar a la Fiscalía a actuar contra todos los cargos públicos que pretendieran obstaculizar la presencia del Estado y la acción de Gobierno en Cataluña, sobre todo por la delicadísima situación en que el golpe de Estado ha puesto a la economía catalana, que tras la huida de miles de empresas teme, con fundada razón, que el MWC anuncie también que se marcha de Barcelona. De hecho, la presencia del Rey se ha debido exclusivamente a la angustiada petición de sectores económicos que ven en la presencia del Jefe del Estado el símbolo último de una legalidad que pudiera tranquilizar a los gestores del MWC.

Pues bien, ni el martes, ni el miércoles, ni el jueves, ni el viernes quiso destituir Rajoy a Puigneró y escarmentar a todo funcionario que no cumpla su obligación a satisfacción de su Gobierno de su Generalidad. Y como no lo hizo, porque la mezcla de rencor, celos y vergüenza que marca la relación del Presidente del Gobierno con el Rey se manifiesta en esos términos de mezquindad, ayer sábado la alcaldesa de Barcelona y otros cargos de la Generalidad se manifestaron en los mismos términos contra la presencia del Rey, que es la de España, en el intento de salvar el MWC. Se recoge lo que se siembra. Rajoy siembra impunidad y cosecha desplantes. Pero el que planta al Rey, en última instancia, es el que permite que lo planten sus empleados, o sea, el Presidente del Gobierno y de la Generalidad: Mariano Rajoy

El ministro de Justicia, con el Golpe y contra los jueces

La política del Gobierno es la de favorecer como sea y cuanto antes que el Parlamento de Cataluña vote a cualquier golpista como Presidente de la Generalidad, para lavarse las manos de toda responsabilidad y abandonar el famoso e inédito 155 a las hemerotecas, los historiadores y las termitas.

Anteayer viernes, dijo Rajoy que “una sola persona”, en referencia al prófugo Puigdemont, “no puede ser un obstáculo para siete millones de personas”, como si los siete millones de habitantes de Cataluña fueran uno solo, desearan lo mismo y quisieran que su futuro dependiera del prófugo, no de la actuación decidida del Gobierno de España y de la Generalidad, ambos presididos por Rajoy, para imponer lo que la Ley y toda la fuerza que la respalda, que es la del Estado y la Nación españoles, deban decidir.

¿Decidir, he dicho? Lo único que ha decidido Rajoy es no decidir absolutamente nada, sobre todo nada en contra del golpe, a ver si de una vez se ponen de acuerdo los golpistas, forman otro Gobierno golpista y vuelven a dar otro golpe, que será el mismo pero que no le tocará a él. O sí, o a saber, o ya veremos. “Aquí -dijo ayer- sobran comentaristas políticos”. ¡Por lo visto, aún no hay bastantes papagayos del Gobierno y de Podemos!

Y esa predisposición de Rajoy a la actividad inactiva, ese empeño en boicotear toda forma de dignidad institucional, la ejemplificó el Ministro de Justicia (antes, de Codere) Rafael Catalá, que en un acto de los abogados de Cataluña, cuando Torrent, Presidente del Parlamento regional, habló de “presos políticos”, se negó a abandonar la sala como hicieron indignados los jueces y muchos de los presentes. La excusa del sedente Catalá fue que no quería faltar al respeto a los abogados convocantes. Cosa que por lo visto no hizo Torrent pero sí los jueces que abandonaron la sala porque no admiten que trabajan para una dictadura, la española, con presos políticos.

Mariano piensa en el banquillo; Soraya, también

Esa mezcla de cobardía y parálisis, de aturdimiento y necedad, es la que viene marcando la acción de Gobierno en los últimos meses. Y no tiene aspecto de remitir, sino todo lo contrario. Al parecer, la única preocupación de Rajoy es que Rivera no le gane las elecciones el año que viene. Eso, al parecer. En realidad, la estrategia del Estafermo de la Moncloa es tan sólo un intento de salvación personal, a costa del Gobierno, para evitar acabar en el banquillo por los casos de corrupción del PP que puedan alcanzarle.

La alternativa a este tembleque ayuno de alternativa la ha puesto en marcha Soraya, que a través del alter ego de Cebrián, Baltasar Garzón, ha pasado a coordinar la estrategia de los imputados del PP. Como descubrió Luis Herrero y comentamos en Libertad Digital -en muy pocos medios más-, la táctica de asumir personalmente el marrón y exculpar a los de arriba se ha trocado en culpar a los de arriba para exculparse del marrón. Ese cambio se verá en el gran guiñol del Congreso que arrejuntará a Cifuentes, Aguirre, González y Granados, cuatro personajes con una sola cosa en común, que no es el PP de Madrid: todos estaban bajo las órdenes de Rajoy. Pero él es el Gran Sorayo, el responsable de que el juicio a la corrupción en el PP, en medio de filtraciones ashishinas por falta de un heredero, no acabe de terminar.

Mientras tanto, el Golpe de Estado en Cataluña ha vuelto a empezar.

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La Izquierda “chic” contra la bandera española. -F.J.Losantos/LD-

Por una vez, la Izquierda llegó a tiempo. En la primera y asombrosa manifestación contra el separatismo en Barcelona, ya el melifluo Borrell increpó a la muchedumbre que, enarbolando banderas españolas, pedía el cumplimiento de la Ley (“Puigdemont, a prisión”). “Sssst! –chitó- ¡Esto no es un circo romano”. Él, tan finústico, preferirá Le Cirque du Soleil. De ahí el repelús ante tanto pueblo español con su bandera al viento y no a cuestas.

Aquel “Sssttt” a lo Rotemmeyer del alquitarado socialista, súbito abogado de la Generalidad separatista, pudo provocar que cualquiera de las fieras de la arena o del público sediento de sangre, que eso es un circo romano, viendo que Borrell proclamaba mártir a Puigdemont, le hubiera mordido la clámide. Pero las fieras eran tan pastueñas, llevaban tan orgullosa y festivamente su bandera recién estrenada en público, porque lleva décadas tan prohibida en la calle como el español en las aulas, que no quisieron estropear el acto mandando a tomar viento de Abengoa al embajador del rojerío chic, recién llegado de muy, muy afuera.

El socialismo domador de españoles

Pero el déspota a medio ilustrar se quedó satisfecho. Había hecho lo que se espera de un intelectual y político de izquierdas: marcar distancias con la horda española, buena para votar, no para ser atendida y respetada. Al cabo, Borrell es uno de los domadores –por eso se le escapó lo del circo- de la fiera española, arrinconada en los alrededores de la Ciudad de los Prodigios Transversales, uno de los caporales que la han herrado con las cuatro barras de la ganadería catalana, donde los maestros instilan el odio a su lengua y su nación a los niños, hijos de padres españoles a los que deben marginar, y los adiestran para que voten a la Izquierda y aplaudan al Barça.

En la segunda manifestación, un modelo de apropiación indebida por los partidos políticos y en especial por el PSC, que no quiso ir a la primera, Borrell salió al Coliseo dispuesto a echarle un tasajo de carne a la apaleada fiera. En la anterior opuso con la cursilería liricoide típica del progre añejo, la bandera separatista estrellada y la de la Unión Europea, con las estrellas de Eurovisión. Hubo algún comentario sobre el gesto anterior de apostrofar a la fiera y despreciar su bandera, así que esta vez cogió la española, pero el viento, sin subvencionar, deslució el esfuerzo. Quedó como era: falsísimo.

Francesc Frutos contra Manolo Escobar

En esa segunda manifestación, el que se subió a la chepa del millón de españoles fue el dirigente comunista Francesc Frutos, que se hace llamar Paco ahora, no cuando mandaba en Izquierda Unida y atacaba al PP por el delito de poner en duda los beneficios sociales de la inmersión lingüística. Francesc, alias Paco, no cayó en el error de reprocharles la bandera, que con tanta gente repitiendo era suicida, ni les llamó fieras o público de circo romano. Pero tenía que reprocharles algo, no fueran a confundirlo con un político de derechas, así que criticó que cantasen demasiado el “¡Que viva España!”. Podía haber hecho la glosa del “Resistiré”, segundo himno de la rebelión española en Barcelona, pero también era un recién llegado, como Borrell, y dijo echar en falta a otros cantantes que pusieron música a otros poetas, todos de izquierdas, como Antonio Machado y Miguel Hernández.

El tono no fue despótico, como el de Borrell, sino peor: paternalista y condescendiente. No recuerdo que en sus años en el PSUC, el PCE y CCOO, (allí Comissió Obrera Nacional de Catalunya, Vieja Guardia Roja de Pujol y Maragall durante cuarenta años) defendiera España, el español o pusiera en los mítines canciones emocio-nacionales de Paco Ibáñez, que anda ahora etasuno. Tal vez “A galopar”, (hasta enterrarlos en el Mar del Tinell y el Trespercent). Frutos podía haber censurado que Serrat censurase “Mediterráneo” a los manifestantes, mientras renueva a Messi, que es lo único de Cataluña, para la progresía apolítica Barçaluña, sobre lo que se ha atrevido a escribir. Pero no: al que censuró Frutos fue a Manolo Escobar, no fueran a confundirlo con la caspa española a él, calvo de Checa y Gulag. Como Borrell, también se negó a firmar el manifiesto de Libres e Iguales contra el primer referéndum separatista de Artur Mas. Música, sí; letra, no.

En ‘El Español’ contra la bandera española

La última bronca contra los españoles de Cataluña que, empeñados en reivindicar su condición cívica y denunciar la opresión separatista, han sacado a la calle cientos de miles de banderas españolas, se la ha propinado Gregorio Morán en El Español. Está recién llegado tras varias décadas de acomodada intransigencia en La Vanguardia, pero corre el peligro ante el rojerío chic, nieto del de Bocaccio, de que puedan confundirlo con Cristian Campos (por la prosa, difícil, por la ideología, imposible) y ha publicado este sábado un pliego de descargos para evitar que lo confundan con algo distinto a la izquierda de Lenin, en guerra eterna con la España de Franco. El título es muy propio del recio rojerío que lamenta la débil Transición: “¡Banderas, al armario!”. Y a Borrell y Frutos les habrá encantado, seguro. Esta es la explicación de la orden de Morán al millón de patanes españoles:

La recomposición de la vida ciudadana en Cataluña pasa por devolver las banderas a los armarios. Y por lo que puede haber afectado más allá del Ebro, animar a retirarlas todas y de todas partes. Basta conservarlas en los lugares de poder, en las instituciones, como paga y señal de quienes las inventaron y las conservan para bien de sus intereses. ¿Qué sería de un patán sin bandera? Estaría desnudo. El trapo consensuado le sirve como taparrabos y acaba convirtiéndose en el reducto donde atesora, o eso cree él, las raíces patrióticas. Mientras la gente no se manifieste en silencio y sin emblemas no podremos decir que constituimos una sociedad de gentes iguales en derechos y compromisos.

Por insultar que no quede. Pero cualquiera que haya visto las dos manifestaciones españolas habrá comprobado su carácter pacífico y festivo, tan distinto de los alardes del separatismo catalán glosados por la marabunta que puebla el diario donde ha escrito Morán muchos años, tantos que llegué a creerlo primo de Godó. Pero compartir periódico con Rahola y compañía tiene consecuencias. Al despotismo del chequista, que insulta ritualmente a la plebe embanderada, se añade la calumnia que proyecta en los demás lo disimulado o reprimido. Diríase que insulta a todas las banderas, pero no a todos los que las llevan.

Aparece el antifascismo redentor

En lo único que hemos cambiado es en la exhibición de trapos no en el significado del gesto. Cataluña se ha llenado de banderas esteladas solo salpicadas de alguna señera cuatribarrada, otras rojo y gualda, e insólitas tricolores de la II República española que en los tiempos que corren deberían llevar un lema explicativo para ayudar a los nuevos banderizos a entender que el levantamiento contra aquel régimen fue obra del fascismo de verdad y que los presos y las torturas no necesitaban de actrices que simularan la realidad.

Es asombroso el sectarismo, raíz del odio a lo nacional español, de estos nostálgicos del “antifascismo”, bandera propagandística de Stalin en la que bordan la nostalgia falsaria de la II República. Habrá que explicar, como dice Morán, por qué la izquierda sigue inventándose una República que no existió y ocultando que los que se alzaron cuatro veces contra la II República antes que Franco fueron los anarquistas, tres veces y los socialistas y separatistas catalanes en 1934, porque no toleraban que los “fascistas” (!) Lerroux y Gil Robles les hubieran ganado las elecciones.

Claro que su golpe era para instalar una democracia a lo Stalin, y, además ellos nunca llevaban banderas. Nunca abrumaron a la gente con la tricolor, que nunca fue la nacional española, ni con la roja de la hoz y el martillo, ni con la roja y negra de la CNT-FAI, que en vez de combatir el alzamiento de Franco se alzó en Cataluña contra los restos de la República e instauró un régimen de terror que asesinó a 3.000 católicos en quince días.

Pero ante todo hay que posar, evitar que lo confundan con la chusma española. Y Morán se hace el tonto: dice que no entiende las banderas:

Nunca entendí el significado de las banderas y debo reconocer que no recuerdo haber tenido una, ni menos enarbolarla. Aseguran que están hechas de sentimientos, como las postales o la pasión futbolera, y me pregunto qué naturaleza sentimental habrá que depositar dentro de uno mismo para amar a un equipo de fútbol o a una tela. Porque en definitiva las banderas no son más que trapos consensuados.

Yo creo que miente, que entiende lo que significa la bandera norteamericana encima de un féretro o la francesa en el Arco de Triunfo, que ocupa gracias a esos americanos y sus trapos. Lo que le fastidia a Morán, que por cierto, luce en la foto trapos de mendigo consensuados, muy a la moda, es la bandera española. Tal vez hasta en los féretros de los soldados y muchas víctimas de la ETA.

He llegado a oír de determinada gente que es capaz de matar en defensa de su bandera. A mí la primera reacción que me produce una bandera es de rechazo. En algunos casos auténtico desprecio teñido de odio por lo que ha significado en la historia, porque esos trapos consensuados exigen adhesiones nada sentimentales sino más bien ofenden, achican o insultan al que no comparte esos sentimientos de menor cuantía que se jalean con el flamear de las banderas.

Pero todo lo que significa en la historia la bandera roja de la hoz y el martillo no le ha movido a Morán a regurgitar ese odio, tan leninista. Le puede el desprecio, el sectarismo cultivado, el guerracivilismo irredento, la nostalgia de la tricolor, la roja y el poder supremo sobre vidas y haciendas que eso fue la guerra civil que buscó la izquierda y finalmente perdió. No lamenta la guerra que empezó la izquierda sino su derrota. Y lo paga la gente que con su bandera a cuestas se siente y se sabe española, a pesar de la gentuza de izquierda y separatista que, al cabo, también nació aquí.

El experto en alfalfa y otros piensos

El cáncer político de España en estos cuarenta años de democracia es la superioridad moral, la bandera invisible pero cegadora de la izquierda que odia a la bandera de España, por ser, dice, la de Franco. ¡Y la de Galdós! Lo que de verdad no acepta la izquierda pija, en Barcelona chic, es que resucite un símbolo que conjura su poder sobre la conciencia de los ciudadanos. Y ese símbolo es la bandera nacional, ante la que se horroriza como Drácula ante el crucifijo de plata y la españolísima ristra de ajos. La frase que escoge El Español para resaltar el artículo de Morán es ésta:

Detesto las banderas. Todas. Son un señuelo del poder hacia quien no lo tiene. Un alimento para estómagos acostumbrados a la alfalfa.

Yo no creo que Morán haya detestado siempre la bandera de la hoz y el martillo. Ni ahora. Pero barrunto que este perito en piensos empieza a echar en falta el abanderado pesebre del Conde de Godó.

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Se busca Pujolet 2.0 -F.J.Losantos/El Mundo-

Siguen lloviendo encuestas y anubarrándose evidencias. En Cataluña podríamos pasar de la República de los delincuentes a la República de los Equidistantes, presidida por Colau y regentada por Iceta, o al revés, pero siempre telepresidida o teledirigida por Junqueras y sus cómplices. Al menos es lo que dice Godopress, agencia que tras enriquecerse con Franco, medrar con UCD, prosperar con el PSC, forrarse con Pujol y saltar la banca con Juntos por el Sí y por la CUP y por la editorial Dignidad de Cataluña, anda ahora a la busca de un Pujolet 2.0. y tiene convencido al Gobierno de que esa es la solución menos mala: que el liberado con cargos Santi Vila encabece la nueva Convergencia y vuelva Durán i Millo a encabezar Unió. De hecho, Millo, que le llevaba la bolsa a Durán y ahora el bolso a Soraya, sería algo así como el rehén del Gobierno en la construcción de un nuevo Pujol, un nuevo Roca, un nuevo Arturo Mas, antes de rebautizarse Artur.

Lo peor de esa canción es que viene siendo un éxito desde 1977. Y a un grupo de personas sin mucho talento y sin ningún escrúpulo, como el Gobierno actual, y no digamos la oposición socialista, igual pero peor, es lo que le gustaría que se hiciera realidad. ¿No podríamos fletar, se dicen los agradaores de Moncloa y de Ferraz, los julianas del parte único editorial, un nuevo Pujol, separatista pero sin que se note mucho, para pactar con él la famosa Reforma Constitucional, o sea, la Desconstitución de España?

«¡Eso, nos hace falta un Pujolet!», dicen Arriola y el joven Arenas. «Mejor un Pujol 2.0.», matiza Andrea Levy, al ritmo de garaje de su rock tirando a transversal. «Dejádmelo en Pujolet Dospuntocero, ¡pero lo quiero para ayer!», ruge Soraya, y le echa un poco de leche en el platillo a Millo.

Sin duda, Santi Vila es el que mejor da el perfil del Pujolet 2.0. Era un separatista desorejado que hace dos meses, megáfono en mano, se decía dispuesto a perder la vida, la libertad, el patrimonio y lo que fuera por la independencia de Catalun-¡ya! Y ahí lo tienes ahora: pagando su fianza tan formal, saludando con una sonrisa a los guardias de la puerta de la cárcel, con la barba recortadita, casado ¡y además gay! Era tan nacionalista como el marido de Inés y le robaría votos del armario al PSC. Sólo falta que se deje Cocomocho; y que el novio se haga del PP.

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