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La imposición urbanística de la ideología de género | La Gaceta

Boadilla del Monte ha visto frenado su Plan General de Ordenación Urbana (PGOU) por no contener una evaluación sobre “impacto de género”. El desarrollo de 26.000 viviendas queda en suspenso, a esperas del recurso que haga el Ayuntamiento de esta localidad madrileña, por no haber incluido este estudio que es obligatorio -y tiene carácter retroactivo- desde la aprobación de las leyes sobre identidad de género aprobadas y promovidas por el Ejecutivo autonómico que preside Cristina Cifuentes.

Estas dos leyes establecen que “todas las disposiciones legales o reglamentarias de la Comunidad de Madrid deberán contar con carácter preceptivo con un informe sobre impacto por razón de orientación sexual, identidad o expresión de género” -como recoge la Ley de Protección contra la LGTBIfobia y la Discriminación por Razón de Orientación e Identidad Sexual-; y que “las normas y resoluciones de la Comunidad de Madrid incorporarán la evaluación del impacto sobre identidad de género en el desarrollo de sus competencias, para garantizar la integración del principio de igualdad y no discriminación por razón de identidad de género o expresión de género” -Ley 2/2016, de 29 de marzo, de Identdidad y Expresión de Género e Igualdad Social y no Discriminación-.

El pasado martes conocíamos la sentencia del Tribunal Superior de Justicia de Madrid, en el que sentenciaba la no adaptación del PGOU de Boadilla a estas leyes.

La Gaceta se ha puesto en contacto con varios alcaldes de localidades de Madrid que tienen pendientes de aprobación los planes urbanísticos de sus municipios y han asegurado que desconocían totalmente la necesidad de incluir estos “impactos de género” y que, además, ignoran también el contenido que deben tener los mismos.

Haciendo un repaso a la hemeroteca encontramos que varios municipios de Andalucía, comunidad pionera en la elaboración de estos informes, se vieron afectados por la paralización de sus planes de urbanismo al no incluir la perspectiva de género. Y lo hace, no por una ley autonómica, sino por la aplicación de la Ley de Igualdad Efectiva de Mujeres y Hombres aprobada por el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero en 2007. Es decir, que los únicos casos que se conocen en España de elaboración de informes urbanísticos con perspectiva de género no introducen el análisis LGTB. Torremolinos fue el primer municipio de España en introducirlo, después vendrían otros y debió de generar tantos problemas que en el municipio malagueño de Istán se celebró el pasado mes de abril un congreso para aplicar este nuevo urbanismo que, en principio, solamente se ciñe a la diferencia aplicable entre hombres y mujeres.

Pero las leyes aprobadas en Madrid por Cifuentes y su Ejecutivo dan una vuelta de tuerca a la situación y hay que añadir una perspectiva LGTB. La única solución que queda a los municipios es trasladar la documentación de la Junta de Andalucía y las conclusiones del congreso de Istán desde la diferenciación del urbanismo “feminista” al “LGTB”.

Hace un año, la Junta de Andalucía publicó un informe titulado “Urbanismo con perspectiva de género”. Lo hizo a través de su Unidad de Igualdad y Género de la Consejería de Igualdad. Los encargados de realizarlo fueron los miembros de Likadi y la autora, Inés Sánchez de Madariaga. Es un texto de 108 páginas en el que nos muestran cuál es el camino de ese nuevo urbanismo basado en el género.

Pretende responder a “nuevas necesidades sociales de poblaciones diversas” y parte de la base de que “la calidad de vida no es la misma para todos” por eso “una nueva visión del urbanismo desde el punto de vista del género es una de las vías que puede contribuir a dotar de contenido específico a la noción de calidad de vida” y es un “concepto que permite poner de manifiesto las relaciones desiguales entre mujeres y hombres”.

Culpa al urbanismo tradicional de ser respobsable de perjudicar a las mujeres del “modo en que llevan a cabo sus múltiples responsabilidades en la esfera pública” y proporne dotar a las ciudades de las infraestructuras necesarias para el desarrollo de la vida cotidiana, dando por sentado que las actuales ciudades no las tienen.

En cualquier caso, este informe no está adaptado a la normativa impuesta en la Comunidad de Madrid tras la aprobación de las leyes promovidas por Cifuentes. Para saber cómo se aplicará el nuevo urbanismo LGTB en Madrid debemos compararlo con la introducción de la ideología de género en los centros educativos.

El primer paso ya está dado: todos los PGOU de los municipios deberán contar con el informe preceptivo correspondiente. Además es una norma retroactiva. Por lo tanto, tendrá que haber organizaciones encargadas de desarrollar estos estudios. Del mismo modo que a partir del curso que viene serán las asociaciones LGTB las encargadas de explicar a nuestros hijos la ideología de género en los centros educativos, estas mismas asociaciones serán las encargadas de realizar los informes obligatorios para los planes de urbanismos. Es decir, que todos los ayuntamientos de la Comunidad de Madrid, los casi 200 que hay, tendrán que contratar y pagar a las organizaciones LGTB para la realización de los informes.

Financiación e imposición, sin que los alcaldes y sus concejales de urbanismo puedan hacer nada por evitar pasar por caja y sin que las aportaciones de esos informes mejoren la situación urbanística de los habitantes porque las posibles comunidades LGTB en los distintos municipios son minúsculas o, directamente, inexistentes.

Origen: La imposición urbanística de la ideología de género | La Gaceta

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 Superchería de género -Jesús Laínz/LD-

Al parecer, Noruega es el país del mundo con más de eso que llaman igualdad de género. No es extraño, pues hace ya un par de décadas saltó a la prensa la por entonces sorprendente noticia –hoy ya no lo sería– de que autorizados progresistas de aquel país habían proclamado que orinar de pie es humillante para las mujeres por verse obligadas a hacerlo sentadas. Y así fue cómo empezó a estudiarse la posibilidad de obligar a los varones a hacer lo mismo. ¡De los vikingos a esto! O tempora, o mores.

Los años han ido pasando y la Humanidad sigue avanzando a grandes zancadas hacia la luminosa utopía progresista que la espera al final del arco iris. Y como el progresismo consiste en dar la espalda a la razón, a los hechos y a la naturaleza, no son pocos los espectáculos maravillosos que nos quedan por contemplar.

Ahora estamos entretenidos con lo de las niñas con pilila y los niños sin ella, novísimo dogma de fe que es conveniente acatar con religiosa unción para evitar toparse con la Santa Inquisición de la Corrección Política. Porque –nunca se olvide– dentro de cada progre hay un totalitario agazapado.

Pero regresemos a Noruega, la patria de Grieg, Ibsen, Hamsun y Amundsen. O tempora, o mores.

Porque su medalla de oro en disciplinas igualitarias se cuantifica, sobre todo, a partir del porcentaje de mujeres en cualquier campo laboral. Sin embargo, tan igualitaria medalla no reluce tanto como pudiera parecer a primera vista, pues la tan ansiada igualdad no se da por igual, valga la redundancia, en todas las profesiones. Por ejemplo, hay muy pocas mujeres en la construcción, así como entre ingenieros y otras ramas técnicas, mientras que muy pocos hombres se inclinan por el ejercicio de la enfermería. La explicación que dan los propios protagonistas es que a los hombres les van mayoritariamente los trabajos técnicos y a las mujeres aquellos en los que hay trato con personas. Por eso es más fácil encontrar hombres en los laboratorios que en las habitaciones de los hospitales, mientras que con las mujeres sucede lo contrario.

Otro detalle importante es que las estadísticas demuestran que esta división de sexos en los trabajos no ha cambiado en medio siglo a pesar de las mil y una campañas de igualización realizadas, como se explicó en un interesante documental emitido por una cadena noruega hace un par de años. Interrogados sobre este tema los profesionales de la igualdad de género –que de todo tiene que haber en la viña del Señor–, se empeñaban en que las diferencias no existen y en que las investigaciones científicas sobre las diferencias corporales e intelectuales entre el hombre y la mujer no tienen ningún valor.

Lo máximo que estuvieron dispuestos a aceptar estos altaneros profesionales de la igualdad es que, salvo en lo genital y en ciertas características corporales, los hombres y las mujeres son iguales en todo: sentimientos, emociones, intereses, inteligencia y capacidades. Y no cabe discusión. Si después los hombres y las mujeres se diferencian tan claramente en sus intereses intelectuales y laborales es debido a la educación y al ambiente, que les obligan a adoptar los papeles predeterminados para cada sexo. Si los niños y las niñas recibiesen exactamente los mismos estímulos desde pequeñitos, incluido el color de su ropa, tendrían exactamente la misma personalidad y los mismos intereses. Y a los estudios que obtenían resultados que no encajaban en el dogma igualitario los despachaban con gesto impaciente por mediocres o excesivamente especulativos.

Pero los autores del documental, insatisfechos con los dogmas proclamados por los sacerdotes igualitarios, cruzaron el Atlántico para entrevistar a los autores estadounidenses de un estudio realizado sobre este mismo asunto a cientos de miles de personas de cincuenta y tres países de todos los continentes. Y resultó que, a pesar de las inmensas diferencias culturales, religiosas, étnicas, sociales, familiares y económicas de los entrevistados, dicho estudio demostró que las materias que interesan a hombres y mujeres siguen siendo las mismas en cualquier parte del planeta, lo que demuestra que la cultura tiene bastante menos influencia que la biología. O sea, que las diferencias básicas no se adquieren, son innatas.

Experimento final: se fueron con sus cámaras y micrófonos al área de psicología infantil de un hospital de Oslo para observar las reacciones de bebés que, debido a su edad, eran completamente ajenos a cualquier posible influencia cultural, educativa y ambiental. En el suelo, juguetes de todo tipo. Soltaron a bebés de nueve meses, que fueron gateando entre los objetos. Las imágenes no engañan: los niños se sintieron atraídos mayoritariamente por los juguetes que se suponen que son para niños y las niñas por los de niñas.

Conclusión: los seres humanos nacemos con una clara disposición biológica y de comportamiento según nuestro sexo. Desquiciada época ésta en la que las ideologías, en concreto el asfixiante igualitarismo, hacen necesaria la elaboración de complicados estudios para constatar lo obvio. O tempora, o mores…

 

Origen: Jesús Laínz – Superchería de género – Libertad Digital

Las cosas en su sitio. -Epicteto/Vozpópuli-

No cabe la menor duda que es una bienvenida conquista de las sociedades modernas el respeto y la no discriminación hacia las minorías, sean estas de la naturaleza que sean y siempre que no contravengan frontalmente el ordenamiento jurídico vigente. No es razonable, por tanto, legislar sobre el derecho al exhibicionismo frente a una escuela, sobre la protección de la pederastia o sobre la subvenciones a asociaciones dedicadas a la explotación de menores mediante la mendicidad organizada.

En el caso de las conductas sexuales, cualquier persona sensata está de acuerdo que no deben ser ni punibles ni perseguibles (y tampoco producir discriminación social alguna) todas sus variedades imaginables en el ámbito de la libre decisión del ser humano adulto. La única condición que es lógico poner es la que se pone también a las conductas mayoritarias amparadas por la costumbre y la normalidad estadística. Y es muy simple: el respeto a los demás y el libre consentimiento de los implicados, supuesta su condición de adultos capaces. Y esta circunstancia, que reclaman con justeza las minorías, es lógico que se aplique también a éstas.

Es evidente la existencia natural en la especie humana de comportamientos homosexuales así como la disconformidad de ciertas personas con su sexo de nacimiento. En ambos casos, aún siendo conductas y sentimientos minoritarios, la sociedad debe aceptarlos con naturalidad y por supuesto evitar discriminaciones de cualquier naturaleza tanto en el ámbito social como en el personal. En el caso de la transexualidad, la sanidad pública debe atender debidamente los cuidados que exijan las peticiones de trasformación con criterios rigurosamente científicos.

El problema surge cuando se intenta trasladar a una legislación positiva (imprescindible para regular y hacer posible la protección del derecho a la no discriminación activa o pasiva) aspectos que desbordan la realidad de dichas minorías y que pretenden tener fundamento en la ideología mas que en la ciencia y en las reglas generales del derecho.

En este sentido es imprescindible que hablemos de la llamada ideología de genero. La idea de excluir de la condición sexual humana cualquier tipo de factor biológico no es posible sostenerla a la vista de lo que en la actualidad sabemos de la configuración biológica de los seres humanos que incluye también, por supuesto, su funcionamiento cerebral. Es cierto (y no puede ser obviado en ningún caso) que la influencia del ambiente en los primeros años de la vida actúa sobre dicha configuración biológica generando lo que llamamos identidad sexual. Pero es este un proceso dialéctico entre las dos grandes fuerzas que configuran la vida humana: la herencia genética y la influencia del ambiente.

Por tanto y en aras de la brevedad puede decirse con fundamento que el sexo de las personas (y el genero consiguiente que la sociedad les asigna) no tiene un solo origen sino que aparece configurado por tanto la biología como la acción de la sociedad en que se vive. La teoría radical de que el sexo y el genero son meros constructos sociales (lo que se denomina “constructivismo radical”) es claramente una tergiversación.

Aclarado esto nos encontramos con la reciente aprobación por la Comunidad de Madrid de ley 2/2016, de Identidad y Expresión de Género e Igualdad Social y no Discriminación de la Comunidad de Madrid –en adelante Ley LGTBI.

Sin entrar en que porcentaje esta ley atiende a lo que hemos llamado “ideología de genero” y si lo hace sin pararse en ninguna (y sin embargo necesaria) consideración critica acerca de la forma y manera en que una posición no demostrada (e incluso claramente errónea) puede y debe plasmarse en la legislación positiva, la Ley LGTBI plantea algunos problemas que se nos aparecen, en un análisis desapasionado, como potencialmente conflictivos. Estos aspectos son la inversión de la carga de la prueba y la inclusión en el sistema educativo publico de teorías respetables pero claramente fuera del ámbito de lo ciertamente demostrado por la ciencia. Es bien sabido que las teorías deben enseñarse pero como tales teorías y no como principios indubitables y que implican valores morales Y esto en el campo de la educación infantil es particularmente grave. (¿Qué diríamos sobre un proyecto que en la escuela publica plantease como único y verdadero el creacionismo radical y prohibiese hablar de la evolución?)

Todo parece indicar que la Ley LGTBI ha sido redactada bajo la prisa y las presiones de los grupos interesados y acabará siendo un ejemplo lamentable de una legislación con buenas intenciones y peor resultado. Defender la legitimidad y la dignidad de los grupos minoritarios en materia de conducta sexual es una causa respetable. Pero, al socaire de ello, pasar “de matute” ideologías arbitrariamente contrarias a la realidad de la vida humana es menos aceptable. Y si todo ello conduce a establecer privilegios vulnerando la igualdad ante la ley en aras de una pretendida “discriminación positiva”, aparte de un mal camino, es abrir la puerta a arbitrariedades sin cuento sin que eso ayude en absoluto a resolver el problema. Ya tenemos ejemplos claros en la aplicación practica en España de leyes parecidas, llenas de buenas intenciones, inoperantes en su efectividad y creadoras de auténticos disparates jurídicos de los que, no nos olvidemos, son víctimas personas inocentes.

Pero, con ser muy grave, no es esto lo mas alarmante: El empleo de la escuela como medio de adoctrinamiento (que no de fomento de valores de respeto) es algo que debería haber hecho pensar a los legisladores. Los niños (y sus padres) tiene derecho a que se les eduque en la tolerancia y en la no discriminación del diferente, pero una cosa es eso y otra la presentación, mas o menos solapada, de dichas diferencias como “lo normal “ o aun peor, como lo “deseable”. Aquí ha faltado debate sereno y sentido común.

Y que decir de todos aquellos aspectos que trasladan el problema al mundo de los preadolescentes. No entraremos en ellos en este momento por que merecen un análisis mas pormenorizado. Solo decir que espanta la “alegría” con la que el legislador entra en estos temas que ya no son solo educativos.

Un ultimo apunte de algo que debe entenderse como una primera aproximación a los problemas, carencias y desviaciones de la tan traída y llevada Ley LGTBI: la promesa y la posibilidad de que el dinero público sea usado para actividades propias de la propaganda y difusión, no del respeto y de la no discriminación, sino de la extensión y exaltación de ideas y posiciones muy particulares. Nada hay que objetar a que las minorías tengan y actúen a través de asociaciones semejantes, nada a que se manifiestan públicamente cuantas veces crean conveniente sin que lesionen el derecho de los demás a no participar obligatoriamente en sus ritos (y por tanto no invadan el espacio de todos de manera arbitraria) pero algo hay que decir cuando se destina dinero de todos a dichos aspectos, respetabilísimos insistimos, pero sectoriales que además tiene riesgo indudable de convertirse en sectarios.

Por eso desde la sociedad civil creemos merecer algún tipo de explicación sobre la gestión y los compromisos que esta Ley, aprobada por el actual gobierno de la CAM, ha impuesto a todos los ciudadanos que vivimos en ella.

Y seguiremos analizando con detalle sus contenidos al tiempo que observamos, también con detalle, su aplicación y consecuencias.

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