Archivo de la etiqueta: Libertad Digital

Rajoy se entrega al separatismo vasco y Sánchez se arrastra ante el catalán -F.J.Losantos/LD-

El grado de obscenidad que está alcanzando la entrega del presunto Gobierno del antiguo PP en la todavía llamada España sólo es comparable a la sucesión de disparates perpetrados por Pedro Sánchez en esta última semana. Uno de los frutos del pacto Rajoy-Urkullu está siendo la silenciosa entrega de Navarra al separatismo vasco, símbolo de la cual ha sido la discreta absolución de Uxúe Barcos en un caso de corrupción descarado que debería haber acarreado su condena y dimisión. Pero ella es la fragata que patrulla las aguas de la ribera norte del Ebro, frontera meridional del lebensraum nacionalista, así que, por supuesto, dentro de la indiscutible independencia del Poder Judicial (para inclinarse ante los poderosos, sean de pistola o de BOE) la señora Barcos ha sido absuelta de cobrar a la vez en dos sitios. ¿No es la bilocación una de las características del foralismo?

Gracias, pues, a ese Urkullu que Soraya ha puesto como ejemplo al separatismo catalán, la flota anexionista de Pamplona seguirá surcando las aguas del Ebro y las fuerzas euskaldunizadoras, tan desatadas en Navarra como las catalanizadoras en Baleares y la Comunidad Valenciana, seguirán acercando las tierras, troceando la soberanía y disolviendo la ciudadanía. Al fondo del pacto, para cuando toque, quizás este mismo Otoño, queda la famosa Disposición Transitoria que permite la anexión de una comunidad a otra, y que, como las “nacionalidades y regiones”, forman parte del peaje nacionalista en la redacción de la Constitución de 1978. Si el separatismo catalán se lo permite, el Gobierno de Madrid demostraría que, con un poco, sólo un poco, de buenas maneras, el separatismo puede conseguirlo todo. Y que sólo las malas maneras de Cocomocho impiden al Gobierno rendirse lo que quisiera. Es verdad que del árbol de las malas maneras de la ETA caen las nueces del PNV, pero eso es pasado. El Presente se llama Presupuesto, y ante él se olvida el pasado, se humilla el presente y se hipoteca el futuro.

Rajoy se desdice y Montoro se acuerda del FLA

El problema de Rajoy es que el separatismo catalán está tan fuera de control que, violentando su naturaleza, tiene que hacer como que hace algo. No menos de cinco años lleva diciéndonos que de ninguna manera podrían alterarse los flujos de dinero de todos los españoles hacia una Cataluña que lleva desde 2012 quebrada y secuestrada por los separatistas. Según los medios rajoyistas no se podían cerrar los hospitales, había que tratar a los catalanes como a los demás españoles, un problema de liquidez regional arruinaría la imagen global de la economía española… y los tres latiguillos clásicos: “no va a pasar nada“, “se va a cumplir la Ley“, y “el Gobierno sigue apostando por la moderación y el soborno, glups, o sea, el diálogo.”

¿Qué ha pasado para que ahora anuncie el Ministerio de Hacienda que está dispuesto a cortar los fondos del FLA si la Generalidad destina un solo euro al referéndum del 1-0? ¿Es que ha destinado un solo euro a nada que no sea promover la destrucción del Estado, atacar a la nación española y vulnerar minuciosamente todo el ordenamiento legal? ¿No gastó nada en el referéndum anterior, pese a la prohibición del Constitucional? Cuando algunos –muy pocos- decíamos que el Gobierno debía cortar el FLA, porque incurría deliberadamente en el delito de auxilio a la rebelión, nos ponía verdes el rajoyato mediático, en versión pepera o podemita, porque en eso coincidían Atresmedia, la Sexta, Mediaset, La Cuatro y TVE. ¿Qué está pasando para que, de pronto, cambien de opinión Rajoy y Montoro?

Evidentemente, lo que está pasando es que don Pantuflo y sus Zapatillas han tenido que reconocer que la purga dentro del golpismo catalán para asegurar el referéndum ha demostrado lo que ellos se han negado a ver: que ya no hay soborno que valga, ni el penal a los Pujol ni el civil a los Godó. Y que la nueva generación de mindundis separatistas no tiene demasiado que perder en Andorra. Si acaso, la costumbre de cobrar todos los meses.

Dice Rivera que hace dos años Montoro aseguró que cortaría el FLA si la Generalidad gastaba el dinero en actividades ilegales, tipo referéndum. La prueba de que no lo ha hecho, es que desempolva esa amenaza. ¿Pero va en serio? Tan en serio como Junqueras y Cocomocho, o sea, muy en serio. Cuando echan al jefe de los Mozos de Escuadra y ponen a a un tío que se ha burlado de todos los españoles diciendo que se van porque les damos pena, la cosa va en serio. No tanto como para intervenir la autonomía y procesar al sujeto, que es lo que haría cualquier Gobierno digno de ese nombre, pero sí para constatar que ni la entrega de Navarra puede asegurar la paz de la pantufla en Cataluña, el hacer como que no pasa nada cuando pasa de todo.

Naturalmente, si las zapatillitas del Gobierno no fueran la emanación pantuflesca del inquilino monclovita, la evidencia de que llevan cinco años metiéndonos la mano en el bolsillo para meter la pata en Cataluña, debería suponer la expulsión del Poder de la pandilla de inútiles que urdieron y han jaleado la táctica de Rajoy de no hacer nada y dejar que el enemigo se desgaste solo. Ya se ha desgastado, ¿y qué? Seguirá desgastándose, o sea, haciendo lo que mejor hace, que es desgastar a España. ¿O es que el ilegal referéndum y la ilegal ocupación de espacios públicos aprovechando las vacaciones estudiantiles y la llamada de la selva de JxSí y la CUP, no va a suponer desgaste para España? Una Barcelona en aparente rebelión, para lo que bastan cuatro gatos, como en el 15M, ¿no va a atraer a las televisiones del todo el mundo, empezando por las telesorayas? Por supuesto que sí. ¿Y qué tiene previsto ante esto el Gobierno, que dice que lo tiene previsto todo? Absolutamente nada. Y la prueba es que ahora se acuerda del FLA.

Sánchez puede venir y Rajoy puede dimitir

Como todo lo susceptible de empeorar suele hacerlo, el desastre del PP en el Gobierno es superado por la calamidad del PSOE en la Oposición. Con Podemos abiertamente alineado con los separatistas, su rival Pedro Sánchez ha ofrecido esta semana tres ocurrencias fantásticas: una es la de hacer una quita en la deuda de Cataluña, premiando así la deslealtad; otra, proclamar de rodillas ante Urkullu la existencia de la nación vasca, ante la que ese escombro llamado España deberá abdicar de su soberanía; y la tercera, anunciar ante el florido socialismo balear, apéndice de Junqueras más que de Iceta, que el futuro es el del reconocimiento de las naciones que vienen padeciendo el cerril centralismo español, esa cosa lastimosa del PP. ¡Llegan las rebajas de Verano del PSOE! ¡Naciones para el nene y la nena!

Pero si alguien cree que Rajoy ya no tiene más remedio que actuar, olvida una lección no muy lejana de la Historia de España. Lo más fácil del mundo para el cobarde es huir, y eso en política se llama dimitir. ¿Por qué, si Rajoy no ha hecho nada contra el separatismo catalán para no tener que usar la fuerza contra el golpismo, se vestirá de legionario y no de cabra o carnero? Hay una larga tradición de dimisiones para esquivar responsabilidades. En 1939, al culminar huyendo la guerra civil que habían provocado, dimitieron todos: de Azaña a Negrín, pasando por Martínez Barrio, o sea, del Jefe del Estado al Presidente del Gobierno pasando por el Presidente de las Cortes. Se quedó el pobre Besteiro, en la cárcel. ¿Por qué va Rajoy a sacar fuerzas de flaqueza y no a flaquear, sin más? Más cerca que de Besteiro yo lo veo de Casares Quiroga, aquel gallego Presidente del Gobierno en Julio del 36, al que le dijeron “¡Se ha levantado el ejército en África!” Y contestó: “Pues yo me voy a acostar”.

Y, como dicen de los toros mansos sin fuerza, se acostó.

Origen: Libertad Digital

Ante la radicalización separatista, Rajoy modera su moderación -F.J. Losantos/LD-

 

Lo que pasa con esta Sociedad de amigos de la Siesta es que nos están tranquilizando tanto de mentira que empezamos a intranquilizarnos de verdad.

Pasan tantas cosas en España y pasan tan rápido las malas que ya nos hemos olvidado del aniversario del asesinato de Miguel Ángel Blanco, que se ha saldado con el éxito rotundo de sus asesinos gracias a la consensuada cobardía de los miedócratas. El acuerdo para sacrificar de nuevo a las víctimas de la ETA en el ara del pacto del Gobierno con el PNV es total e incondicional. Catalá pondrá en libertad, poco a poco o mucho a mucho, a todos los asesinos y, mientras los suelta, los irá acercando a la puerta de casa, para asustar a los que ya asustaban y hacerse a la idea del homenaje merecidísimo que les espera. A las víctimas profesionales, heroínas de la subvención, que trincan hasta del PNV, se les subirá el reconocimiento de su constructivo silencio. Y las que ni cobran ni se callan, se jorobarán. Ha dicho Mariano que Urkullu es un ejemplo para Puigdemont, así que chitón.

La purga de los purgantes cargantes

El agradecimiento de Rajoy es siempre interesado e instantáneo, así que el elogio al jefe del partido racista y separatista fundado por los Arana se debe al mismo impulso que le llevaba a elogiar al nacionalismo catalán, -de profesión, cobrar su moderación-, frente al atroz radicalismo del PNV, de vocación y profesión sus pactos con la ETA, hace muy pocos años. Pero va siempre tan justo de fuerzas Mariano que le basta un relevo en la cabeza del golpismo antiespañol para que agradezca al que se queda detrás que no pase delante. Ve algo o a alguien frenarse y enseguida se identifica con él. El día que descubra al turolense Miguel de Molinos y su doctrina quietista, entrará en éxtasis y, sin prisas, dejando un leve aroma a nada, se evaporará.

Pero la purga de los anteayer purgantes en la Generalidad de la ayer CiU, ha aumentado el afán de Rajoy por premiar, siquiera con adjetivos, a los que, siendo tan antiespañoles como la Esquerra, la CUP y los pedecatos cocomochistas, no se dan tanta prisa en manifestarlo. No se les pide que cambien de costumbre o de dirección, tan sólo que no corran. Y, sobre todo, que no corran juntos. La verdad es que viendo a Podemos y al PSOE corriendo junto a los velocistas del Prusés, ¿qué prisa va a tener el PNV?

Mientras, Rajoy ya ha puesto en marcha su famosa máquina de parar y está claro que no dejará de detenerse si los demás no dejan de acelerar. Así lo ha hecho saber, de forma elocuente y contundente: “Haremos lo contrario que hacen los que quieren romperlo todo. Si violan la ley, nosotros la cumpliremos y la haremos cumplir. Si se deslizan por la peligrosa pendiente de la radicalidad, nosotros responderemos con la razonable fuerza de la ley, la sensatez y la moderación”.

Lo que no sabemos es cómo hará lo que dice hará, porque la última vez que los otros hicieron algo parecido, el referéndum del 9N, él no hizo absolutamente nada. Dijo tres días antes que no iba a pasar absolutamente nada. Pasó. Como si no hubiera pasado. “No tiene ningún valor jurídico”, dijo, y se quedó tan fresco. Luego trabajaron en la sombra fiscales al dente y jueces medio hechos para dejar a los golpistas sin más golpe judicial que algún pequeño coscorrón, cuando además yacían alejados del poder. ¿Para qué ensañarse con Mas, si ya lo habían devorado las fieras de la CUP?

En la guerra psicológica, hay que reconocer que Rajoy no tiene rival: ¿que los golpistas de la Generalidad se proclaman en abierta rebelión contra la Ley y el Estado que representan? Mariano les mantiene el sueldo. ¿Que declaran nulos la Constitución, el Estatuto de Autonomía, el vigía del Ejecutivo, léase Parlamento de Cataluña y la Ley Electoral para hacer otra? Mariano se muestra, “como siempre, abierto al diálogo”. ¿Y la dialoguera Soraya? Algo menos que al abrir despacho en Barcelona, pero también. ¿Y el PP de Cataluña? ¡Bah! Albiol ha vuelto a decir que esto es un golpe de Estado, pero ya se sabe que Albiol pinta poco. Al lado de Millo, casi nada. Lo que importa es lo que diga el Gobierno. ¿Y qué ha dicho su portavoz? Pues que siguen permanentemente abiertos al diálogo, pero siempre desde la moderación, nunca desde la radicalidad. Eso, para otros, Ellos, quietos.

Los “algunos” algo “autoritarios”

Lo que pasa con esta Sociedad de amigos de la Siesta es que nos están tranquilizando tanto de mentira que empezamos a intranquilizarnos de verdad. Sobre todo porque hace un mes, por alguna razón que todavía desconocemos, se mostraron públicamente preocupados, más aún, muuuy preocupados, por la deriva radical y rupturista del nacionalismo catalán, al que incluso empezaron a llamar separatismo. Tremendo. Cinco ministerios, cinco, tocaron a rebato, y Soraya casi se quitó el zapato. Temimos lo peor: que Mariano se despertara. Afortunadamente, fue una falsa alarma. Unas horas después, de la Moncloa salía con toda claridad el “zzzzzz” de los durmientes de los antiguos tebeos, antes de que se despertaran cómics.

Ayer, mientras dormía, Rajoy dijo, sin embargo, algo que podría preocuparnos: “La deriva autoritaria que se está produciendo hoy por parte de algunos en Cataluña es algo que no había ocurrido en España desde hace décadas”.

¿Quiénes son esos “algunos”? ¿Y de cuántas décadas hablamos? ¿Siete, o sea, desde 1937? ¿Tres y tres cuartos, o sea, desde que Pujol llegó al poder en 1980? ¿Y lo que hicieron los que hoy mandan en la Generalidad, los algunos de la CUP, cuando cercaron el Parlamento de Cataluña? ¿No fue un acto levemente “autoritario”? Tampoco es que el referéndum del 9N en contra del Constitucional fuera un acto de respeto a las leyes. Ni la manifestación contra el TC cuando afeitó ligeramente el nuevo Estatuto de Autonomía, precedida del editorial unánime del alguno Juliana. Pero si el Estatuto ya no rige, pelillos a la mar. Como Pujol no está, adiós a Pujol. Y como Mas es menos, dejémoslo en paz.

No nos asustes, Mariano

Lo que no debería hacer Rajoy es darnos estos sustos antes de las vacaciones, si es que puede distinguirlas del resto del año. Empieza uno a darle vueltas a frases como “La ley se va a cumplir, el Estado de derecho va a prevalecer y el referéndum no se va a celebrar” y puede temer que el Gobierno haga algo en defensa de la legalidad vigente. Se rompería así una línea de continuidad ejemplarmente horizontal que nos ha llevado a crear tantos empleos y a una tranquilidad que no viene de tranca sino de Tranquilium, jarabe monclovita para digestiones pesadas.

Es hora de que Rajoy rescate el fabuloso eslogan de 1986 de aquellos democristianos que vivían parasitando a Fraga: “Lo urgente es esperar”. Esperaron en vano que les votaran, sí, pero sembraron el desconcierto. ¿Qué se radicaliza el separatismo? Pues a moderar la moderación y a ver quién se cansa antes: ellos del Golpe o nosotros de que nos golpeen. Lo que no debe hacer Mariano es invocar tan a menudo la Constitución, no sea que la gente crea que tarda en aplicarla y tengamos un disgusto.

Origen: Libertad Digital

Miedo y rechazo al espíritu de Ermua 20 años después -LD-

La historia se repite. A la izquierda, PSOE y Podemos, no le gusta el recuerdo de Miguel Ángel Blanco y lo que significó el espíritu de Ermua.

Este miércoles se cumplen 20 años de la muerte de Miguel Ángel Blanco, el concejal de Ermua vilmente asesinado por ETA tras 48 horas de secuestro. Es el aniversario no sólo de uno de los crímenes más crueles de la banda, sino de las movilizaciones que sacaron a la calle a millones de personas en toda España, también en el País Vasco, por primera vez en la sanguinaria historia de ETA. El recuerdo al concejal, y a lo que supusieron para la sociedad española aquellos días en que la banda se vio por primera vez contra las cuerdas, se ha visto sin embargo eclipsado por la polémica en torno a los homenajes a Blanco.

La reacción unánime del pueblo español en aquellos días en defensa de la democracia, la libertad y, por ende, la Nación española aterró al nacionalismo. El PNV decidió pactar con ETA en Estella, y la izquierda, primero Izquierda Unida de la mano de Madrazo, y el PSOE años después, con Eguiguren y Zapatero, se alineó con los separatistas y optó por aislar al PP en lugar de los terroristas.

Veinte años después, la historia se repite. Podemos y una parte del PSOE buscan excusas para no poner pancartas de homenaje y abstenerse a la hora de votar declaraciones oficiales. El PP y Ciudadanos han exigido una rectificación y han vertido duras acusaciones, principalmente contra la formación de Pablo Iglesias.

La polémica saltó la semana pasada cuando varios municipios se desmarcaron del llamamiento de la Federación Española de Municipios y Provincias para que cada ciudad y pueblo de España recordara al concejal asesinado el día 12 a las 12 del mediodía, con una concentración silenciosa frente al consistorio. La FEMP llamaba a recordar no sólo al joven político del PP sino a la sociedad española por dar una “respuesta ejemplar e inequívocamente democrática: un rotundo y unánime ‘hasta aquí hemos llegado'”. El comunicado parecía hecho para que la adhesión municipal fuera inmediata y unánime, pero no fue así: corporaciones de Podemos o el PSOE en distintos puntos del país, como Cádiz, Jerez, San Fernando o Bilbao rechazaron unirse a esta propuesta o a otras que llegaban impulsadas por el PP. Un ejemplo, el caso de Lasarte, el pueblo donde fue asesinado el joven: allí, el único concejal popular presentó una moción para condenar la violencia etarra y homenajear al concejal. PSE, PNV y Podemos se abstuvieron.

La respuesta oficial de Podemos a la posición de algunos de sus alcaldes y concejales fue no hacer nada: ni directrices ni órdenes para apoyar los actos por el concejal asesinado. Iglesias, entre mensajes genéricos de apoyo a las víctimas, dijo que era a los concejales a quienes había que preguntar por su postura, en alusión a casos como el de Kichi, en Cádiz, cuyo grupo rechazó poner el nombre de Blanco a una calle de la ciudad, o el de Manuela Carmena. La alcaldesa de Madrid rechazó colocar una pancarta en la fachada del Ayuntamiento de Madrid como sugirió Movimiento contra la Intolerancia, con la excusa de que supondría poner a unas víctimas por encima de otras. La presión política le llevó a rectificar sólo a medias: habrá minuto de silencio frente al consistorio y pancarta, pero no en la fachada. También se sumarán al homenaje del grupo municipal del PP: la decisión se tomó pocas horas antes.

Desde el PSOE, mientras, se optó por la tibieza: después de que grupos socialistas en toda España asumieran la postura de Podemos, su presidenta, Cristina Narbona, tampoco dio directrices concretas a sus concejales. Sólo lanzó, presionada por la prensa, un mensaje crítico con Carmena: de la situación en otros consistorios no habló. Y con palabras muy parecidas a las de Pablo Iglesias, señaló que “todas las víctimas merecen ser recordadas”.

Desde este miércoles hasta el domingo seguirán los homenajes: además de la convocatoria de los ayuntamientos y los homenajes del PP, la Fundación Miguel Ángel Blanco celebrará un acto en el Teatro Real en el que llamativamente no tendrán un papel principal algunos de los políticos que protagonizaron esos días, como José María Aznar, Carlos Iturgáiz o Jaime Mayor. Tampoco estuvieron en el homenaje del PP el pasado lunes frente a Génova, donde se desplegó un gran cartel con el rostro del concejal y en el que participaron Mariano Rajoy y la dirección nacional de la formación. El fin de semana, en la escuela Miguel Ángel Blanco que se celebrará en Bilbao y contará con la presencia del presidente, sí está prevista la intervención de Iturgaiz.

Origen: Libertad Digital

Venezuela, al borde del abismo – Carlos Alberto Montaner/LD- 

Luis Almagro ha vuelto a la carga. Al secretario general de la OEA, como a medio planeta, le pareció repugnante el asalto de las turbas chavistas a la Asamblea Nacional. Quiere congregar a los embajadores para examinar ese vergonzoso episodio. Tal vez para condenarlo, si se logran los votos y consigue adecentar el comportamiento miserable de los islotes caribeños comprados por el chavismo a punta de petrodólares.

¿Por qué Maduro propició estos hechos? Por varias razones.

Es lo que suele hacer el régimen de La Habana. Maduro es un simple brazo del Gobierno de Raúl Castro. Se trata de un acto de repudio cubano realizado en Caracas. Aunque esta suerte de pogromo es orquestado y dirigido entre bambalinas por los servicios de contrainteligencia, es ejecutado por supuestos “ciudadanos indignados que no consiguen reprimir su cólera ante la perfidia de los enemigos de la patria, siempre al servicio de Estados Unidos”.

Esa es la narrativa. No importa que nadie crea esa versión absurda. Es sólo una explicación formal para justificar la represión. La función de estas actividades represivas es castigar a los disidentes, intimidar al conjunto de la sociedad para que no se le ocurra vincularse a los grupos de oposición y construir una realidad paralela de revolucionarios heroicos contra la ultraderecha fascista.

A Maduro no le importa que la OEA o el Mercosur lo condenen. El mundo tiene poca memoria y se cansa rápidamente de protestar. La dictadura puede vivir con esas censuras. Lo que no puede es vivir fuera del poder. La arroparán los comunistas del mundo entero, comenzando por los españoles de Unidos Podemos (esos personajes sin corazón que piden democracia para ellos y tiranía para los demás), la Rusia de Putin, probablemente China, los hermanos de las FARC, Evo Morales, los sandinistas de Ortega, el Farabundo Martí de El Salvador y el resto de la tribu prototalitaria. ¿Quién recuerda que en 1989 los chinos acabaron a sangre y fuego con las protestas de Tiananmen?

Fidel Castro siempre creyó en la utilización de turbas para lograr sus objetivos. Recurrió a ellas desde que estaba en la oposición a Batista en los años cincuenta. Pero ni siquiera lanzó a sus partidarios de rompe y rasga contra los batistianos. Los usó para amedrentar a los miembros de su propio Partido Ortodoxo que tenían otro concepto de la estrategia de lucha. Fidel Castro, finalmente, decidió morirse hace unos meses, pero dejó como parte de su herencia esa impronta violenta.

Raúl Castro, el heredero, piensa que Nicolás Maduro es un idiota, pero es su idiota. Y la manera de protegerlo es calcando en Venezuela la manera cubana de controlar a la sociedad para que nunca más los venezolanos contrarrevolucionarios puedan ganar alcaldías, gobernaciones o la mayoría parlamentaria.

Esto se logra con una Constitución que establezca la sacrosanta primacía de la revolución bolivariana, un sistema de postulaciones que cierre el paso a los desafectos y un modelo electoral de segundo grado que, como sucede en Cuba, garantice que sólo ganen los buenos revolucionarios.

Es verdad que el 90% de los venezolanos está en contra de la cubanización del país, incluidos muchos chavistas, pero, en la matemática comunista que maneja Raúl Castro, el 10% que respalda a Maduro alcanza para sellar la jaula. El número mágico de la contrainteligencia, espina dorsal de esos regímenes, es de apenas el 0,5% de la población. De los dos millones de adultos que simpatizan con el chavismo, o que se benefician de él, bastan apenas 150.000 para echar el cerrojo definitivo. Para guiar a un rebaño de 200 ovejas dóciles y aterrorizadas basta un perro feroz bien adiestrado.

Los venezolanos tienen pocos días para impedirlo. ¿Quién puede ayudarlos? Estados Unidos examina una propuesta interesante basada en la pugna que existe entre el Poder Legislativo, respaldado por el voto popular, y el Judicial, artificialmente construido por una maniobra del chavismo.

La propuesta de los demócratas es sencilla: abonar en una cuenta escrow el importe diario de la factura petrolera, que es el único dinero en efectivo que entra a las arcas del país, y dejar que la Asamblea Nacional, depositaria de la soberanía popular, decida el momento en que se efectúen las transferencias reales al Tesoro nacional. Esto daría a la oposición el leverage que necesita para obligar al Gobierno a negociar en serio una salida a la crisis.

Nota final. ABC de Madrid dio la noticia antes que nadie. En la madrugada del sábado, tras escribir esta crónica, 30 hombres armados se llevaron a Leopoldo López a su hogar para que continuara cumpliendo la injusta condena a 14 años de privación de libertad. Otorgarle la casa por cárcel fue una decisión inconsulta de Maduro.

¿Por qué lo hizo? A mi juicio, para tratar de reducir las protestas callejeras y con la esperanza secreta de que LL dividiera a la oposición. Pero nada de eso sucederá. El clamor popular a favor de los presos políticos aumenta. Son más de 400 y hay 3.000 nuevos detenidos, muchos de ellos sometidos a tribunales militares. En definitiva: otro paso de Maduro hacia la disolución de su dictadura.

Origen: Carlos Alberto Montaner – Venezuela, al borde del abismo – Libertad Digital

Veinte años después y 857 razones para seguir. -Rosa Díez/LD-

 

Hace unos días publiqué un tuit (ahora casi todo se hace en 140 caracteres…) para recordar a Otegi que, gracias las Fuerzas Armadas que él desprecia y nosotros homenajeamos, miles de ciudadanos pudieron salvar sus vidas y escapar de las garras de ETA, su banda terrorista ETA. Mi entrada tuvo una cierta repercusión y algunas personas me pararon los días posteriores en Bilbao para darme las gracias por recordar lo obvio… Pero también me he encontrado con más de un ciudadano que me ha dicho/preguntado cariñosamente si no sería mejor que descansara, que no siguiera predicando en el desierto, que la cosa está perdida, que todo se ha olvidado, que no vale la pena seguir…

Entiendo de qué me hablan todos esos ciudadanos pesarosos que, siquiera mentalmente, ya han tirado la toalla. Una de las personas que me habló en ese sentido fue una mujer de mi edad que llevaba de la mano a un niño de unos siete años, su nieto, supuse. Le agradecí su preocupación y sus buenos deseos y traté de explicarle, en cinco minutos y en medio de la calle, por qué vale la pena mantener la memoria y reivindicar la verdad. Me escuchó callada, me dio un beso… y se fue.

Cuando me he puesto a escribir este artículo que me ha pedido Libertad Digital para rememorar aquellos trágicos días de julio de hace veinte años, en los que Ortega Lara fue liberado de su secuestro de 532 días y Miguel Ángel Blanco fue asesinado por ETA, he pensado que se me brindaba una buena oportunidad para explicar de manera más pausada por qué y siempre merece la pena reivindicar memoria y verdad.

Han transcurrido veinte años desde que vimos el rostro de Ortega Lara salido de su tumba, vivo de milagro, vivo a pesar de todo… Y veinte años también desde que encontraron el cadáver de Miguel Ángel Blanco, aquel joven y desconocido concejal de Ermua, militante del Partido Popular, a quien la banda terrorista ETA asesinó como represalia por no haber podido completar el crimen con Ortega Lara.

Algo cambió en nuestra conciencia colectiva en aquellos días. Interiorizamos la extrema e inhumana crueldad de los terroristas tanto en el secuestro de Ortega Lara (nadie que lo haya visto podrá olvidar su rostro a la salida del sepulcro en el que estaba encerrado) como en el asesinato de Miguel Ángel Blanco. Ambos hechos, tan unidos por el tiempo como por la atrocidad con que se perpetraron, provocaron una insólita y gratificadora oleada de rechazo contra la banda terrorista.

Pero, desgraciadamente, pronto se disipó aquel espíritu de Ermua que parecía haber llegado para quedarse. Y vimos cómo cuando la banda volvió a estar operativamente débil, el PNV le tomó el relevo y radicalizó el discurso contra el Estado y sus instituciones, contra las víctimas… Y casi volvimos a la casilla de salida. Vamos, como siempre.

Pero no quiero caer en la nostalgia y dedicar estas líneas a argumentar –con razón, lo sé– que si aquel espíritu de rebelión cívica contra los terroristas y contra su discurso se hubiera mantenido hubiéramos acabado mucho antes –y mucho mejor– con ETA. Como dije, quiero aprovechar este espacio que se me brinda para insistir en la necesidad de mantener viva la memoria y la verdad. No sólo hay razones éticas, de principios y de justicia para seguir dando la batalla, para recordar a los nuestros y para desenmascarar a los cómplices y a los fariseos cada vez que unos y otros alcen su voz o difundan sus mentiras. Hay también razones prácticas, de apuesta por el futuro, de definición del tipo de sociedad que queremos para que vivan nuestros hijos y nietos.

Quiero explicarle a esa abuela que me paró en la calle que su nieto tiene derecho a conocer qué es lo que pasó en su tierra; qué hizo cada cual en esos momentos en los que unos poníamos las víctimas y los otros solo el odio y la muerte; creo que su nieto tiene derecho a saber quién y cómo luchaba, cómo se sufría, quién callaba y cómo. Su nieto tiene derecho a que no se reescriba la historia de su país y de sus conciudadanos. Su nieto tiene derecho a saber la verdad: que en Euskadi nunca hubo un conflicto político distinto al que viven todas las sociedades democráticas, y que se sustancia por métodos también democráticos; que lo que aquí hubo fue una banda de terroristas que asesinó a 857 inocentes porque les estorbaba para imponer su modelo totalitario de país. Su nieto tiene derecho a saber que ETA no nació para resistir o luchar contra Franco, sino que la primera víctima de ETA se produjo en 1960, cuando la dictadura franquista tenía 24 años de vida y en ese periodo se conocía como la dictablanda ; y el fulgor asesino de la banda se recrudeció según se aproximaba la muerte de Franco y los españoles preparábamos la reinstauración de la democracia. Su nieto tiene derecho a saber que ETA asesinó a 46 ciudadanos durante la dictadura franquista y a 811 durante y contra la democracia.

Sí, su nieto y todos los jóvenes que ya hoy ni siquiera saben qué fue y qué hizo ETA, y cuáles son los nombres y las circunstancias de sus víctimas, tienen derecho a conocer la verdad. Tienen la obligación de saber que, si ellos viven en un país democrático y miembro de la UE, es porque miles de sus conciudadanos arriesgaron la vida para que ETA no consiguiera destruir la democracia. Los niños de hoy, los jóvenes de mañana, necesitan que alguien les cuente lo que ocurrió y no les dé una versión interesada. Tenemos que explicarles que ETA asesinó a 857 ciudadanos porque eran un estorbo para sus planes totalitarios, porque estaban en primera línea defendiendo la libertad de todos. Todas las víctimas de ETA lo fueron por lo que eran, no por lo que hacían: ETA les asesinó porque eran nuestros escudos. Les asesinó para amedrentarnos a todos, para que desistiéramos.

O sea que nuestro desistimiento, nuestro silencio, sería el éxito de ETA.

Querida y desconocida abuela: ellos, todas las víctimas, son nuestras razones para seguir. Tenemos 857 razones para seguir librando la batalla. Eso es lo decente, lo justo, lo digno. Lo mínimo que les debemos es recordar sus nombres, su historia, los sueños que les quitaron, la vida que no pudieron cumplir. Ellos, los muertos, no pueden dar testimonio; por eso debemos darlo nosotros.

Te daré una última razón: hemos de seguir no solo por corresponder humildemente a lo que Miguel Ángel, Fernando, Javier, Gregorio, Joxeba, José Antonio… (y así hasta 857) dieron para protegernos; hemos de seguir también porque tenemos hijos y nietos y no queremos que en ellos se repita nuestra historia. Hemos de seguir porque yo no quiero que llegue un día en que mis nietos se tengan que pintar las manos de blanco –como hicieron sus abuelos y también sus padres– y hayan de salir a la calle a gritar: “¡Libertad!”. No, no quiero que en ellos se repita nuestra historia.

 

Origen: Libertad Digital

El Congreso,contra el interés nacional. -Emilio Campmany/LD-

El Congreso de los Diputados ha aprobado que Pablo Iglesias compatibilice su sueldo de diputado con el de locutor de HispanTV, el medio que Irán emplea para influir en España, entre otros países. Se supone que los diputados están sometidos a un severísimo régimen de incompatibilidades con el fin de evitar que se corrompan. Se trata de que los diputados no puedan verse tentados de favorecer a sus clientes o empleadores en perjuicio del interés general. Pero cuando se supone que no hay ese peligro puede autorizarse la actividad remunerada. Sin embargo, el caso de Pablo Iglesias es excepcional, porque no es el interés general el que se podría ver perjudicado, sino el nacional. La cuestión no es si se puede o no ser diputado y locutor a la vez. La cuestión es quién paga esos emolumentos y para qué. HispanTV no es un medio cualquiera. Es una cadena iraní, financiada por el régimen de los ayatolás. Lo que le acaban de autorizar a Pablo Iglesias es la recepción de un salario de una teocracia, enemiga de Occidente, que reprime las libertades en su territorio y ampara el terrorismo. Dicho de otro modo, le permiten estar a sueldo de una potencia extranjera que pretende erradicar de la sociedad española los valores occidentales, entre otros medios, a través de HispanTV.

El PSOE ha votado en contra con el solo argumento de que se opone a toda compatibilidad. Pero PP y Ciudadanos han votado a favor, quizá para poder así aprobar la compatibilidad pedida por sus propios diputados. Pero ésa sigue sin ser la cuestión. Los demás diputados que han solicitado autorización para sus actividades remuneradas extraparlamentarias no pretenden que se les autorice a cobrar un estipendio de ninguna potencia extranjera que sin reparos podría calificarse de enemiga.

Que nadie en el Congreso de los Diputados, ni siquiera los socialistas, que son los únicos que han votado en contra, haya puesto de relieve esta circunstancia pone en evidencia la hipocresía de nuestros parlamentarios. Dicen combatir la corrupción y luego autorizan aquella sobre la que recaen las peores sospechas, las que permiten suponer que un diputado podría estar obligado a obedecer las consignas de una potencia enemiga desde el momento en que recibe dinero de ella. Evidentemente, aunque el Congreso no hubiera autorizado la compatibilidad, Irán podría encontrar el modo de pagar a Pablo Iglesias, pero al menos tendría que hacerlo ilegalmente y, si se llegara a descubrir, se pondría en evidencia la colusión. De este modo, en cambio, se legaliza lo que es a todas luces ilegítimo. Y se hace aplicando una norma encaminada a combatir la corrupción. El PP y Ciudadanos podrían en consecuencia ser acusados de obviar el interés nacional por electoralismo, en la medida en que Podemos resta votos al PSOE. Y los socialistas… Bueno, a los socialistas nunca les ha preocupado el interés nacional.

Origen: Libertad Digital

Partidos políticos: regenerarse o morir. -Enrique Navarro/LD-

La victoria de Macron en Francia laminando a los partidos políticos tradicionales de la V República; la desaparición de los partidos socialista y la democracia Cristiana en Italia como consecuencia del escándalo Tangetopoli en 1994; la casi extinción del Pasok en Grecia o la aparición de nuevas fuerzas en Europa que han puesto en cuestión el liderazgo de los partidos sobre los que se ha basado la democracia en Europa desde la Segunda Guerra Mundial, suponen el cambio político más trascendental producido en Europa en las últimas décadas. Esta semana en Asuntos Exteriores queremos analizar este fenómeno. ¿Están los partidos tradicionales en crisis en todos los países o simplemente es una mala racha? ¿Los nuevos partidos van a llenar un espacio o desaparecerán cuando la coyuntura que les hizo aparecer desaparezca? ¿Deben los partidos regenerarse para no morir? Todas estas cuestiones las queremos plantear en el programa de Asuntos Exteriores esta semana.

La primera cuestión es determinar si los partidos políticos tienen vigencia y sentido en la sociedad actual. Los partidos políticos surgieron en el marco de la lucha de clases para la defensa de unos intereses propios y muy diferenciados. El partido político era el canal político de los grupos sociales que pretendían defender sus privilegios o bien destronar los de los otros. Hoy en día esta dialéctica de confrontación está superada y los votos fluctúan entre grupos políticos con escasa adscripción ideológica. Para la mayoría de los votantes, la política se ha convertido en una cuestión pragmática y de liderazgo más que de ideas.

Los partidos políticos y sus militantes, así como sus más acérrimos apoyos, se sienten más miembros de un club o de una comunidad que de una ideología. Se acercan más al concepto de aficionados de un equipo de fútbol. No importa cómo juegue el equipo ni cómo se conforme, sólo que gane y sobre todo que venza los más importantes contrincantes provocando una especie de orgasmo deportivo o político. A veces una victoria sobre el Barcelona justifica perder una liga; este es en gran medida el comportamiento de los partidos políticos en el mundo de hoy.

La crisis de los llamados partidos políticos tradicionales obedece a la conjunción de dos fenómenos: la corrupción política y la económica. El electorado puede sobrevivir a un tipo de corrupción, pero cuando coinciden las dos, las consecuencias son como las que vivimos en la década de los noventa en Italia.

La corrupción política consiste en aplicar políticas contrarias a la ideología del partido, a su programa electoral y al sentimiento del votante. En la estrategia por alcanzar el poder las campañas se convierten en un marketing político, donde poco o nada importa el mensaje; solo su formato relleno de slogans insustanciales pero que provocan grandes titulares y miles de tweets. El votante socialista ha visto como en los últimos años su partido optaba por una política económica liberal simplemente porque no tenía otra opción, aunque se empeñó en todas las campañas en decir exactamente lo contrario. De mi experiencia con muchos gobiernos de diferente signo he de decir que nadie ha hecho más recortes presupuestarios que el PSOE ni más subidas de impuestos que el PP. Ante esta contradicción, el votante se ha ido alejando del sistema, y bien ha optado por buscar en nuevas marcas una autenticidad que ya habían perdido los partidos tradicionales, o bien por el abandono de la política.

La segunda corrupción es la económica, tremendamente lesiva y dolorosa cuando se hace con recursos públicos especialmente en momentos de profunda crisis. Esta corrupción económica tiene que ver con dos factores intrínsecos al sistema. Un abultado estado que administra más de la mitad de la riqueza del país a través de unos representantes políticos que acumulan más experiencias colgándose a la chepa de un líder político que les aúpe a un puesto en la administración, que en la capacidad de gestión de la mayor empresa del país. En segundo lugar, el clientelismo político que provoca que el ascenso en un partido esté más dirigido a personas sin escrúpulos, llegadas a la política con el fin de sacar tajada, que en la búsqueda de la excelencia. Un partido que prima la adhesión sobre la discrepancia establece un modelo de organización que fomenta esta corrupción, aunque debemos insistir en la gran honestidad de la mayoría de los gestores públicos.

Estos dos tipos de corrupciones han existido siempre, pero el hecho de que hayan coincidido en el tiempo y con la peor crisis de las últimas décadas ha generado un profundo descrédito que ha llevado al finiquito del bipartidismo imperfecto que existía en España. Es muy probable que sin los ERES de Andalucía o sin las decenas de casos de corrupción que han afectado a la cúpula del PP, no estaría escribiendo este artículo, y ni Ciudadanos habría salido de la burbuja catalana ni Podemos habría superado La Tuerka.

Otra cuestión que debemos analizar es si estamos ante el final del modelo de partidos o el fin de las ideologías. Creo que ambas deben regenerarse ya que ni Marx, ni Adam Smith pueden ser los inspiradores de las necesidades del siglo XXI.

En primer lugar, hemos de admitir que los partidos políticos no están en crisis, ya que todos los movimientos políticos se acaban transformando en una organización política, aunque sea sólo para obtener subvenciones y construir una jerarquía de poder; el caso más claro es Podemos.

Los partidos han reflexionado sobre las causas de la desazón de los ciudadanos y han llegado a la conclusión de que se trata de un déficit democrático en las organizaciones. Es muy posible que esto sea así, pero sin duda pensar que la crisis de los partidos se resuelve con primarias o con determinados procesos de toma de decisiones constituye un tremendo error de cálculo. La democracia directa no es ni más pura ni más práctica que la representativa. Puedo entender que una organización elija a sus órganos rectores por voto del militante, pero pretender elegir un candidato a la presidencia del gobierno por este procedimiento es un craso error. Pensemos que si hoy hubiera primarias en el PP votarían a Rajoy para candidato a la presidencia como va a ocurrir con Pedro Sánchez en el PSOE. Pretender que los afiliados elijan al mejor candidato es como pedirles a los aficionados del Barcelona que elijan a su candidato a la presidencia de la Liga española donde votan todos los clubs. Seguramente elegirán el candidato que más vehemente sea contra el real Madrid, pero ¿Ese será el candidato que elijan todos los demás, el ganador? Desde que se instauró el sistema de primarias en la elección del representante español en Eurovisión vamos de mal en peor.

Los partidos, en su afán de permanencia, han optado por la tesis del Príncipe Salina “Todo debe cambiar para que nada cambie”, y en fondo, lo que la sociedad demanda es que “cambie algo para que algo cambie”. El votante se siente engañado por esta actitud cínica que pretende perpetuar un sistema bajo formatos diferentes.

Incluso en la lucha contra la corrupción, la sociedad visualiza que hacen más los medios de comunicación, por cierto, manejados por grandes grupos que no son ajenos a los propios defectos del sistema y los jueces que los políticos. Este es el verdadero déficit de la clase política, que no ha entendido que no basta con paños calientes, sino que la sociedad demanda un sistema diferente donde se eliminen las condiciones que permiten la corrupción, y esto sólo pasa por cambiar el funcionamiento de los partidos, por despolitizar la justicia y la administración; por un mayor control de la gestión de los gastos y los intereses públicos y sobre todo por una justicia rápida e independiente. Basta con ver el modelo norteamericano de lucha contra la corrupción en el sector público y privado para encontrar un ejemplo de cómo una sociedad puede poner grandes barreras a este fenómeno.

Este descrédito de los partidos se extiende al propio legislativo que resulta anodino e inútil a ojos de la población. Las sociedades modernas buscan liderazgos, quieren seleccionar presidentes, no gestores o perfiles bajos. El caso de Macron o de Trump, aunque en las antípodas, son ejemplos claros de que la sociedad necesita de líderes con vocación transformadora para terminar con el hartazgo que produce el letargo democrático. Cuando no hay liderazgos la penalización es enorme como el caso de Theresa May en Reino Unido. Ante esta realidad, los partidos que no opten por esta vía quedarán mortecinos, sin esperanza de transformación alguna, víctimas de sus propias debilidades hasta que un mirlo blanco aparezca y se los lleve a todos como un vendaval.

Las ideologías no han muerto; sólo deben reinventarse; pero hemos de admitir que en la sociedad global y tremendamente endeudada en la que vivimos, las diferencias no van a estar en la política económica. Debemos concluir que en las democracias occidentales sólo hay un modelo económico que podrá admitir mayores o menores variaciones en función de la independencia financiera que tenga cada nación. Ante esta realidad, los partidos están a la búsqueda de valores propios, más o menos consistentes con sus principios. A veces aciertan, como ocurre en el partido socialista con unos postulados más favorables a la igualdad de género, a los derechos sociales de determinados grupos sociales o en general en la atención a grupos más desfavorecidos. El Partido Popular ha acertado en la defensa de la nación española como fundamento de su política. Obviamente antes estas escasas diferencias, no es difícil que puedan surgir partidos o movimientos que hagan compatibles estas ideas que no son para nada antagónicas. El enfrentamiento entre estos postulados; nuevos derechos sociales versus tradición, y plurinacionalidad contra uninacionalidad, se ha convertido en la seña de identidad de los nuevos partidos, pero no les auguro mucho éxito, sobre todo si su caudal político va a estar basado en crear un antagonismo que es bastante ficticio. La convivencia en los gobiernos europeos de la socialdemocracia y de la democracia liberal muestran que siguen vivas; pero no lo que esperaba nadie es que pudieran coexistir y este es el modelo ideológico del siglo XXI, nos guste o no.

Si nos trasladamos al escenario nacional, ¿Todo esto significa que el Partido Socialista y el Partido Popular van a desaparecer fagocitados por los nuevos partidos? Mi respuesta es negativa. Primero, porque los nuevos partidos no han encontrado ni buscan llenar un espacio ideológico propio, solamente ocupar el de su compañero en el escenario político de la izquierda y la derecha. Son producto de una coyuntura muy específica que les ha provocado un aluvión de votos, pero sin una estructura fuerte propia y sin un armazón ideológico diferenciado, acabarán siendo fagocitados por los grandes partidos. En esto Ciudadanos lo tiene más difícil que Podemos que si ha ahondado mucho más en las diferencias con el PSOE producto de su origen histórico como herederos del partido comunista.

Si los partidos tradicionales buscan regenerase, deben superar la corrupción política y económica y buscar fórmulas de organización y participación más abiertas. Una vez más el modelo norteamericano es mucho más eficiente. Son los votantes de cada partido quienes eligen a su líder y no los empleados del partido o sus afiliados. Unas primarias bien manipuladas en un partido también son el mejor ejemplo de falta de democracia, pero abrir la definición de los candidatos a los votantes propios es la mejor garantía de que la elección será acertada. Seguramente bajo este prisma tengo muchas dudas de que Pedro Sánchez o Rajoy fueran los candidatos de sus votantes.

La manera de convertirse en líder del partido hoy consiste en la radicalización des conociendo la nueva realidad social y política. El afán de diferenciarse lleva al PSOE a buscar su espacio en la izquierda absoluta, pero como dice Enzo Biagi: “se puede estar a la izquierda de todo, pero no del sentido común” y lo mismo aplica al PP en su afán de convertirse en un partido transversal al que todo el mundo puede votar.

A su vez Podemos y Ciudadanos deben tomar ejemplo, porque no son mejores ni más modernos; son más de lo mismo; en muchos casos sus líderes proceden de las organizaciones tradicionales; muchos de ellos han llegado buscando la oportunidad de la que no disfrutaron en sus partidos; otros simplemente por desazón; pero si los partidos tradicionales superan este bache, profundo sin duda, y sobreviven con una auténtica regeneración veremos como las nuevas fuerzas se diluyen y volvemos a los de siempre. Pero cuidado, la sociedad no va a perdonar que las cosas no cambien y si una vez más no regeneramos el sistema, entonces es posible que muera.

– Seguir leyendo: http://www.libertaddigital.com/opinion/enrique-navarro/partidos-politicos-regenerarse-o-morir-82528/

Origen: Libertad Digital

Sí,Montero es la”novia de”. -Daniel R.Herrera/LD- 

Compartir lecho con Pablo Iglesias parece una forma bastante segura de ascender en Podemos.

Ha causado gran escándalo entre el podemismo patrio la referencia de Rafael Hernando al noviazgo entre el secretario general y la portavoz parlamentaria de Podemos. “No voy a decir que Irene Montero estuvo mejor que usted, porque no sé qué provocaría a esa relación”, le dijo a Iglesias. La condena unánime: es machista. ¿Pero por qué? Si ni siquiera ha criticado a la portavoz; al contrario, ha venido a decir que estuvo mejor que su jefe y pareja, que la nombró el Día de San Valentín, sin disimular ni un poquitico.

Hernando no ha llegado siquiera a decir lo que piensa todo el mundo: que Montero está en ese cargo porque había ganado previamente la versión pablista de las primarias de New Hampshire. Porque, oye, que no es la primera: compartir lecho con Pablo Iglesias parece una forma bastante segura de ascender en el partido; y abandonarlo, de ser condenada a las tinieblas exteriores. Que será casualidad, no digo que no, pero si en lugar de un excelso líder de la izquierda más feminista fuese un empresario desalmado quien hiciera exactamente lo mismo –encontrar entre sus subordinadas a su pareja y ascenderla después, mientras a la ex le niega el pan y la sal– no sólo nos llevaríamos las manos a la cabeza, sino que los tribunales tendrían algo que decir al respecto.

Ana Oramas, por su parte, había explicitado antes lo que muchos pensamos de las actitudes públicas y privadas de Pablo Iglesias con las mujeres: que sólo soporta a las que le bailan el agua; y a las que no, les llama la atención por sus abrigos y las azotaría hasta que sangrasen. Que, en definitiva, sólo le gustan las mujeres “sumisas”, lo cual era una indirecta extremadamente directa contra su actual consorte. Pero como Ana Oramas es una mujer y de un partido del que, quieras que no, igual vamos a necesitar apoyo en algún momento, calladitos todos. Para Hernando, que no es precisamente mi modelo soñado de oratoria, pero cuyas palabras son de una gravedad infinitamente menor, todo son palos.

Pero, oye, que Hernando hace el trabajo por el que le contrataron, y que aguante lo suyo, que le entra en el sueldo. Sería de agradecer, eso sí, que hicieran lo mismo los iluminados de la extrema izquierda morada y no nos pusieran perdidos de lágrimas de cocodrilo a la mínima contrariedad. Porque todo esto que critico en la coleta suprema y su reina portavoz no es opinión mía. Es una versión dulce y moderada de lo que el propio Pablo Iglesias decía en 2014 de Ana Botella, entonces alcaldesa de Madrid y mujer de José María Aznar.

“Ana Botella representa todo lo contrario a lo que representan las mujeres valientes en la historia: es la que encarna ser esposa de, nombrada por, sin preparación”, y cuya única fuerza, por si no nos había quedado claro, provenía de “ser esposa de su marido y de los amigos de su marido”. Supongo que si Hernando se hubiera atrevido a insinuar siquiera una mínima parte de lo que Iglesias decía de Botella le habrían linchando ahí mismo, en la tribuna del Congreso, para qué esperar al show de Ferreras. Pero es lo de siempre. Los de izquierdas pueden decir de las mujeres de derechas que “besan a mediodía y muerden de noche” y no se oye ni un susurro de feminista; pero los de derechas no pueden ni siquiera decir lo obvio: que has nombrado portavoz a tu pareja en un acto de nepotismo parlamentario bastante lamentable. Y si Irene Montero no quiere que se lo recordemos cada dos minutos, que no hubiera aceptado el cargo, dadas sus circunstancias sentimentales. Pero decir esto es machista. Como lo es criticar a Colau por enchufar a su pareja en el ayuntamiento. Cara ganan, cruz perdemos.
Origen: Libertad Digital

Francia.Crisis de identidad. -José María Marco/LD-

El triunfo de Macron y la facilidad con la que ha instaurado su dominio sobre la vida política francesa parecen corroborar esa convicción, tan propiamente española, según la cual Francia es la nación de verdad, por excelencia. En realidad, entender la victoria de Macron requiere tener en cuenta la profunda crisis de identidad que ha atravesado Francia. No sabemos si el nuevo presidente, con lo que se prevé una muy holgada mayoría parlamentaria, conseguirá ponerle fin.

Hay una palabra que sigue fascinando a muchos españoles, casi sinónima de Francia y de nación francesa. Es República; “la République”, habría que decir, porque sólo en francés alcanza el término todo su significado. Uno de los ejes que la definen es la directa relación entre el ciudadano y el Estado. En la République, cualquier otra forma de identidad que no sea la republicana debe quedar anulada. En una república sólo hay ciudadanos, definidos como tales por los derechos, los deberes y las virtudes simbolizados por el ideal republicano. El laicismo se convierte así, mucho más que en una simple abstención del Estado en materia religiosa, en una de las formas de definición del republicanismo. Lo ha puesto en entredicho la presencia en el país de un buen número de musulmanes que, como ha analizado Pierre Manent en Situation de la France, no están dispuestos a dejar de lado la religión, que es la base de su propia identidad, para seguir siendo franceses. Esta nueva situación evidencia la crisis del modelo de integración republicano, que consistía en crear ciudadanos, y se agudiza a causa del terrorismo y los recelos y malentendidos que inevitablemente suscita.

Houellebecq, heredero cínico de la tradición antimoderna francesa, ha sabido recrear en Sumisión este estado de ánimo deprimente que lleva a una sociedad a no saber cómo defender unos principios y unas virtudes por los que siente el apego de lo propio. La República parece así funcionar en el vacío. Ha habido momentos en que ni siquiera se podía enunciar el problema, como cuando se habla de inmigrados, siendo así que hace mucho tiempo que no hay inmigración en Francia (L’immigration en France, de El Mouhoud Mouhoud) y que la raíz del problema se sitúa en los ciudadanos franceses que no lo son al modo en que la República ha definido la ciudadanía. Sobre todo en los últimos cincuenta años, cuando el laicismo se ha empeñado en hacer desaparecer la religión de la vida pública –confundida esta con la vida política–. Es este un motivo central de la crisis de identidad francesa. La crítica al multiculturalismo (por ejemplo, Le multiculturalisme comme religion politique, de Mathieu Bock-Côté) convive con la decadencia del modelo republicano de integración (Décomposition française, de Malika Sorel-Sutter) o directamente con la crítica de la identidad francesa (hecha en primera persona en J’aurais voulu être français, de Guy Sorman).

La crisis también ha afectado al modelo de nación, que es la base de la convivencia –el vivre ensemble o vivir juntos– y de la idea que los franceses se hacen de sí mismos. Aquí se superponen las contradicciones que, de funcionar el conjunto razonablemente, no son problemáticas, pero que se agudizan cuando el modelo se avería. La nación francesa presupone el apego simultáneo a lo propio, aquello que pertenece únicamente a la cultura francesa, y al tiempo su proyección a lo universal. La nación francesa es la nación por excelencia, una realidad atractiva, incluso modélica, más allá de las fronteras del país… hasta que, al dejar de serlo, entra en crisis la idea misma de nación. No es cuestión de orgullo, ni de vanidad, ni de narcisismo. Es que la “excepcionalidad” francesa (somos universales porque franceses, y a la inversa) ha dejado de ser inteligible y la dialéctica entre particularismo y universalidad. La nación fundadora de la futura Unión Europea rechaza la Constitución Europea pero no puede dejar de tener un papel de primera fila en esa misma Unión ni consigue entender que el resto del mundo haya dejado de tenerla como referencia. ¿Cómo nos defendemos, por tanto, de una globalización que sin embargo es en parte la consecuencia de los principios en los que se basa la nación? La inmersión en un debate sobre la identidad que data de la Presidencia de Sarkozy es el signo seguro de que la vivencia de lo francés se ha problematizado. Estamos en lo que Alain Finkielkraut llamó La identidad desdichada, y no es el único libro que habla de la infelicidad francesa. Ahí está el excelente Comprendre le malheur français, conversaciones de Marcel Gauchet. La inesperada coalición de los optimistas que ha respaldado a Macron contrasta con el insondable pesimismo con el que los franceses han venido encarando el presente y el futuro, como si la realidad, dijo el editorialista de Le Monde, hubiera dejado de tener sentido

Finalmente, la crisis ha dejado malparado al instrumento político que está en la base de la República y la Nación, que es el Estado. El Estado, sobredimensionado, deja de funcionar ante las peticiones sin límite surgidas de una cierta idea de los derechos humanos, según la cual ese mismo Estado tiene la obligación de responder a cualquier demanda que le haga la ciudadanía, definida por ser titular de estos derechos. Es la base del análisis de Marcel Gauchet en sus estudios sobre la evolución de la democracia, que además realiza una crítica de la actitud que lleva a anteponer los derechos a cualquier otra cuestión, lo que acaba anulando la esfera de lo propiamente político. Los franceses, que consideran los derechos como si fueran algo propio, se cuentan ahora entre los más críticos de esos mismos derechos. También aquí se inscribe la revisión de la herencia del 68, iniciada con André Glucksmann y su Mai 68 expliqué a Nicolas Sarkozy y continuada luego, en tono más polémico y panfletario, por Éric Zemmour y su Suicide français. La preguntas básica es por qué el Estado francés, a diferencia de lo ocurrido en otros muchos países europeos (incluida España), se muestra incapaz de promover las reformas que todo el mundo sabe que son necesarias. En las respuestas, sin embargo, se va mucho más allá de la política.

Falla una sociedad que parece haber olvidado su auténtica naturaleza. Falla el equilibrio entre el pueblo y las elites republicanas, sin capacidad de liderazgo aunque tan elocuentes como siempre. Falla también esa dialéctica tan propiamente francesa que conjugaba el espíritu frondeur –el eterno rezongar y protestar– con el respeto absoluto, de orden casi sagrado, a la autoridad. Así se mantenía la paradoja, también irreductiblemente francesa, según la cual los derechos humanos y los cambios sólo son aplicables desde un Estado omnipotente: el país de la liberté y l’égalité es también de los más amantes de las figuras de índole caudillista. Tampoco se ha conseguido imaginar un modelo que sustituya la perpetua imbricación de lo público con lo privado tan propia de la sociedad y la política francesas y que ahora, muy recientemente, ha empezado a ser vista como corrupción: así hemos llegado al proyecto de moralización de la vida pública (en Francia, la regeneración es palabra tabú desde que la aplicaron los jacobinos durante su dictadura). Y tampoco está clara la organización interna de un Estado en el que tradicionalmente un poder central en apariencia omnipotente negociaba sin parar con las instancias locales, otro equilibrio arruinado en los últimos años. Así es como ha quedado perturbada la representación política y se han creado las condiciones para el cambio de estas últimas semanas.

Ahora queda por ver cómo Emmanuel Macron encauza todo esto. La identidad francesa fue uno de los temas dominantes de la campaña electoral presidencial y la respuesta de los franceses ha sido darle al nuevo presidente un poder extraordinario.

– Seguir leyendo: https://www.clublibertaddigital.com/ideas/tribuna/2017-06-15/jose-maria-marco-francia-crisis-de-identidad-82473/

Origen: Club de Libertad Digital

Corrupción o comunismo. -Santiago Navajas/LD-

Tal y como ha demostrado Macron en Francia, hay alternativa liberal a los conservadores fosilizados y a los comunistas populistas.

La puesta en escena de la moción de censura estaba destinada a hacer ver a los españoles que tienen que elegir necesariamente entre un corrupto y un comunista. Empujados ante un dilema diabólico, la gente preferirá al corrupto, claro. Ya puestos, mejor que te roben a que te maten. El corrupto quiere tu cartera; el comunista, tu alma (y tu cartera). Bárcenas, Francisco Granados, Rato, Pedro Antonio Sánchez, Ignacio González… así como multitud de cargos del PP en ayuntamientos están bajo sospecha de corrupción. Y fueron los grandes protagonistas invisibles del debate. El PP se ha convertido en una mafia política (con el PSOE en plan Camorra). Y el Padrino está claro quién es, por activa o por omisión. Podemos, por su parte, es lo más parecido a la KGB en versión postmoderna y con acento venezolano. Chávez, Maduro, Evo Morales, Kirchner… fueron los otros invitados a la moción de censura patrocinada paradójicamente por los partidarios de la censura y el escrache como métodos políticos usuales. Si hay que elegir entre Vito Corleone y Vladimir Ilich Lenin, el pueblo tendrá en cuenta que ninguno de los dos tiene ni idea de lo que es el imperativo categórico kantiano, pero al menos el primero sabe gestionar una empresa. Ahora bien, ¿debemos conformarnos con este dilema, reconvertido en un cuadrado criminal que encierra un círculo vicioso, de corrupción o comunismo?

Mientras escribo estas líneas se cumplen 40 años de las primeras elecciones democráticas, cuando no se sabía muy bien si España acabaría en otra dictadura de derechas o en una república prosoviética. Ganó UCD y de aquellos votos, esta monarquía constitucional tan brillante a pesar de todo. Fraga y Carrillo, los dos autoritarios, fueron sobrepasados por Suárez y González, que venían de tradiciones fascistas y marxistas pero supieron reciclarse y reciclar a sus seguidores dentro del paradigma democrático. Hoy en día, tal y como ha demostrado Macron en Francia, hay alternativa liberal a los conservadores fosilizados y a los comunistas populistas. La propuesta de Ciudadanos y de Albert Rivera, con un pie puesto en el liberalismo y otro en la socialdemocracia, a favor de un Estado limitado, eficiente y compasivo, es una apuesta de futuro que recoge lo mejor tanto de la UCD de Suárez como del PSOE de González y que, como la ola Macron, es la única forma de limpiar los sucios establos de Augías en los que han convertido nuestra democracia la dupla Rajoy-Iglesias, tan lejanos en las formas parlamentarias pero tan cercanos en el fondo de la obsolescencia política. Ya solo queda cortar el nudo gordiano de una democracia que empezó hace cuarenta años con ganas de concordia por la mayor parte de sus actores, salvo por los sectarios nacionalistas y los extremistas marxistas. En algo hemos mejorado: ya no tenemos que temer que la Tigresa nos pegue un tiro, solo que Guardiola nos largue un discurso a favor de Catar.

Origen: Libertad Digital