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El día después. -Jesús Laínz/LD-

Quedan sólo dos semanas y los españolitos seguimos sin saber qué sucederá el 1 de octubre. No sabemos si los aguerridos capitanes separatistas mantendrán el ataque o si recularán ante riesgos legales, personales o económicos. No sabemos si el desesperante Rajoy y sus ministros cumplirán su juramento de cumplir y hacer cumplir la Constitución y el resto del ordenamiento jurídico. No sabemos si la pomposa declaración constitucional de que España es un Estado de Derecho será efectiva por una vez o si seguirá siendo una burla. No sabemos si las turbas separatistas verterán su odio por las calles o si escaparán corriendo por las alcantarillas como sus antecesores de 1934. No sabemos si los españoles reaccionarán o si seguirán sentados contemplando por televisión cómo su patria se desguaza por la voluntad de una banda de mediocres separatistas ante la bobalicona inoperancia de una banda de mediocres gobernantes.

Evidentemente, si España fuera un Estado de Derecho no cabría incertidumbre alguna de que lo único que puede pasar es el procesamiento de todos los responsables de la sedición. Pero hasta eso sería excesivo, pues si España fuese de verdad un Estado de Derecho no se habría podido llegar hasta esta situación, ya que los procesos se habrían ido celebrando a lo largo de los últimos cuarenta años contra todos los que, desde sus cargos escolares, funcionariales, mediáticos, policiales y políticos, han cometido todo tipo de delitos: prevaricación (art. 404 del Código Penal), desobediencia (art. 410), malversación (art. 432), obstrucción a la justicia (art. 464), rebelión (arts. 472 y siguientes), usurpación de atribuciones (art. 506), incitación al odio (art. 510.1.a), denegación de la prestación de un servicio público (art. 511), ultrajes a España (art. 543), sedición (arts. 544 y siguientes), resistencia y desobediencia a la autoridad (art. 556). Empezando por el honorable Jordi Pujol, jefe de los golfos apandadores.

Pero de lo que sí podemos estar seguros es de lo que sucederá el día siguiente: la claudicación ideológica ante los separatistas, el premio a los desleales, la disposición a darles la razón, la absolución a los totalitarios, el silenciamiento de las voces discordantes que todavía defienden la nación y el imperio de la ley; la rendición, en fin, ante los enemigos de la nación española. Como en 1978. Exactamente igual que en 1978.

Sobra la argumentación. Basta la simple enumeración de síntomas para sacar conclusiones aplastantes: Sánchez ofreciendo más autogobierno a Cataluña, Iceta defendiendo la inevitabilidad de la reforma federal, Rajoy abriendo la puerta a la comisión propuesta por Sánchez para reformar la Constitución. Y mil más.

Y hasta quienes, por su relieve y prestigio, dan un paso al frente contra la sinrazón separatista lo hacen impregnados de ella. Ahí está por ejemplo el libro escrito al alimón por Josep Borrell, Francesc de Carreras, Juan José López Burniol y Josep Piqué. El exministro socialista, tras reiterar que el presunto agravio fiscal es una “mentira permanente”, insiste en “crear un sistema federal con una distribución racional de gastos”. Como si el Estado de las Autonomías no fuese un modelo más descentralizado que cualquier Estado federal y como si, simplemente por llamarlo así, los gastos fuesen a ser distribuidos más racionalmente. Francesc de Carreras declaró que lo más viable es “construir una España descentralizada políticamente a través de la creación de un Estado federal en armonía con las distintas identidades que lo integran”. Como si España no fuese ya un Estado descentralizadísimo, como si los ciudadanos ansiasen mayor descentralización, como si la descentralización hubiese dado excelentes frutos y como si solamente mediante la federalización de España se pudiera armonizar sus “distintas identidades”. Juan José López Burniol, por su parte, considera que sólo hay dos soluciones para evitar enfrentamientos: “La independencia o un Estado federal en el que se reconozca la singularidad de cada comunidad autónoma y en el que rija una Agencia Tributaria compartida”. Como si la singularidad de cada comunidad autónoma no estuviese ya reconocida hasta el hartazgo, como si el problema separatista fuese un asunto de gestión de tributos y como si no se tratase del odio inoculado precisamente por un sistema descentralizado que ha puesto en manos de los separatistas todos los instrumentos para construir un gobierno totalitario dirigido al lavado de cerebro de las masas.

Además, ¿a qué viene tanto amor por un Estado federal, cuando los separatistas han dicho un millón de veces que no les interesa y que su objetivo es la secesión? ¿Acaso no se han enterado, por ejemplo, de esta declaración de Joan Tardà?

En 2003 hicimos los tripartitos para normalizar el independentismo y fue un éxito. El 2004 hicimos la investidura de Zapatero porque decíamos lo siguiente: como los independentistas sólo somos el 12% y, aunque no nos guste, tenemos que sacrificar una generación, y que no sean dos, vamos a hacer con la izquierda española una parte del viaje hasta la estación federal. Cuando lleguemos al estado federal español la izquierda española bajará del tren y nosotros continuaremos hasta la estación final, que es la república de Cataluña.

Por no hablar de Josep Piqué, que ha declarado que “ha sido un error dejar los medios de comunicación en manos de la Generalitat”. ¡Brillante deducción! Que un pirómano como Piqué, íntimo colaborador de un Aznar experto en bajarse los pantalones ante Pujol, venga ahora de bombero es un insulto a la decencia. Y además considera que habrá elecciones anticipadas y que “será necesario realizar muchos esfuerzos políticos”. Es decir, volver a bajarse los pantalones. ¡Marchando una de vaselina!

¿Cómo es posible que, tras mil evidencias del fracaso descentralizador, haya tantos empeñados en agravarlo aumentando la dosis? ¿Por qué la solución ha de ser siempre moverse en la dirección marcada por los separatistas? ¿Por qué no es posible plantear la construcción de un Estado unitario, eficaz, justo, que impida, por poner un solo ejemplo, el disparate denunciado ayer por unos editores obligados a hacer veinte ediciones diferentes de los libros de texto para adecuarlos a las exigencias de cada taifa?

¿No ha sido suficiente contemplar las instituciones autonómicas en rebelión contra el Estado del que forman parte? ¿No ha sido suficiente la utilización partidista de los medios públicos de comunicación? ¿No ha sido suficiente el derroche en bobadas aldeanistas? ¿No ha sido suficiente la inoperatividad y posible rebelión de la policía autonómica? ¿No ha sido suficiente el repugnante adoctrinamiento de los niños? ¿No ha sido suficiente la movilización totalitaria de las masas? ¿Todavía quieren más?

Hagámonos con una buena provisión de vaselina, queridos compatriotas. Gracias a nuestros políticos y opinadores, nos va a hacer mucha falta tras el 2 de octubre.

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Rajoy,camino de los corrales. -F.J.Losantos/LD- 

Cuando un político ayuno de moral, cobarde como sólo puede serlo un político, es incapaz de hacer frente al conflicto que él mismo ha creado,  lo que hace normalmente es huir.

Nos van a obligar a lo que no queremos llegar“, ha dicho Rajoy ante sus empleados del PP de Cataluña. Y en vez de ver la confesión de su cobardía, los medios ‘asorayados’ y también los melancólicamente leales a esta pobre Nación que nadie defiende y a esta Constitución que todos vulneran, lo imaginamos como el indicio de fortaleza de un Gobierno que es sólo la emanación perpleja de la resbalosa condición de su presidente.

En realidad, lo que estaba confesando Mariano es que hasta ahora no ha querido llegar a lo que sólo la tozudez de ‘Cocomocho’ puede obligarle a hacer, que es defender la legalidad en Cataluña. Porque nadie duda de que la reacción del gobierno este viernes tras la humillación pública del jueves en el arranque de campaña de los separatistas, que fue una burla a todas las instituciones, se ajustará a la más estricta legalidad. Pero tampoco ignora nadie que este “golpe de Estado a cámara lenta” lleva cinco años en cartel, y que hace casi dos tuvo lugar otro referéndum tan ilegal e ilegítimo como el de ahora y ante el que el Gobierno de Rajoy, este mismo Gobierno y este mismo Rajoy, no hicieron absolutamente nada: ni prevenirlo, ni castigarlo.

La cosecha de Rajoy: ni miedo ni vergüenza

Si en el parlamento de Cataluña se ciscan en todas las leyes, sean de ámbito europeo, nacional, regional o de la propia cámara, es precisamente por el precedente de estos cinco años de impunidad con Rajoy. Es verdad que la tienen desde Suárez, pero ni siquiera en tiempos del infame Zapatero se habían producido actos tan zafiamente despóticos, tan obscenamente antiespañoles, tan acostumbradamente impunes como los que hemos visto.

Sin la doctrina de que “lo único importante es la economía” sin el dogma de que “lo que hace falta en Cataluña es diálogo”, sin el principio de financiar a los medios podemitas, aliados con los separatistas en el mayor desafío a España en varios siglos, ni los bandarras de la CUP ni los zuavos de Godó, ni la Gabriel ni el Juliana se hubieran atrevido a tanto. Y, de atreverse, habrían sido reprimidos por los mismos motivos que Rajoy, a quince días del referéndum, confiesa que no quiere emplear y que son los que la Ley pone a disposición de cualquier Gobierno y le impone aplicar.

La paradoja aparente es que los golpistas catalanes están siendo tan zafios que pueden empujar a la acción a su cómplice habitual por inacción. Sin embargo, no nos alegremos: lo que Rajoy confiesa es que no quiere de ninguna manera aplicar la Ley, que se niega a defender los derechos de todos los españoles, catalanes incluidos, salvo que le obliguen mucho, y aun así, poquito. En realidad, les está pidiendo, por favor, una coartada para no hacer nada, les implora que no le obliguen a moverse, les suplica que no le empujen a ejercer de presidente del Gobierno. Él ha venido a este mundo para presidirlo absolutamente todo, pero para gobernar absolutamente nada.

El pañuelo verde de la moción de censura

En los toros, cuando un toro es manso de solemnidad, burriciego, reparado de la vista, descordado, derrengado o inválido para la lidia, el presidente saca un pañuelo verde para que lo devuelvan al corral, tarea que los bueyes de la plaza realizan con lento esfuerzo, salvo los de Florito en las Ventas, que han alcanzado tal virtuosismo que apenas han salido al ruedo y ya se están yendo de él como abrazando al toraco, obediente como un ciudadano ante un inspector de Hacienda o un político ante La Sexta. Si los antitaurinos supieran algo de lo que odian, irían a las Ventas en otoño para contemplar el soñado espectáculo de un toro cinqueño, típico de la limpieza de corrales al fin de temporada, que al poco de salir al ruedo, sin recibir una vara, es devuelto a la penumbra del corral para acabar como cualquier ternera en el matadero, de un tiro en la testuz, degollamiento u otra forma de pasaportar el ganado vacuno para la alimentación humana.

Me parece que Mariano no llega a la Feria de Otoño de este año, pero Simón Casas, muy atento a estos detalles, puede remitirle un DVD con cualquier devolución de un toro a los corrales para que sueñe despierto. ¡Qué mayor ventura para un manso que imaginarse en manos de Florito y su punta de bueyes, de vuelta a la rumia del corral y al pienso garbancero! El papel del presidente le toca al Rey, tan desairado y agredido por Rajoy en estos dos años de regobierno, pero siempre atendiendo a la opinión del veterinario y a la del público venteño, que recita el Reglamento en arameo.

Y en este caso, el reglamento de las Cortes, belén en que ven la luz los presidentes de gobierno españoles, es cristalino: si se presenta una moción de censura con cincuenta escaños detrás y un candidato alternativo a la Presidencia, se paraliza la acción de Gobierno hasta que las Cortes voten si echan o dejan seguir al presidente censurado. Vimos hace poco una versión demediada del trámite, la charlotada de Irene y Pablo cuando eran -creo que siguen siendo- Pablo e Irene, sin otro éxito posible que el de salir mucho en las televisiones amigas, que, Soraya mediante, son todas. Esta vez, la cosa es distinta. A partir del 2 de octubre, el PSOE se verá empujado por Podemos y ERC a aceptar la presidencia del Gobierno para pactar los términos de la liquidación de España mediante una reforma de la Constitución limitada a un punto: apuntillar la soberanía nacional y acabar con la igualdad de los ciudadanos ante la Ley. Eso sí, mediante el diálogo. Mucho diálogo, venga diálogo, será por diálogo, diálogo por la izquierda con guiños al centro, diálogo a lo círculo ecuestre y a lo cumbayá, diálogo para reescribir en el papel de la Ley con el agua que acabará con el papel.

Ya es muy difícil, por no decir imposible, que Rajoy pueda vadear en estas dos semanas el Río Rojo, o sea, el Llobregat según la CUP, que se ha llevado aguas abajo, en su tempestuosa crecida, a todo el rebaño nacional. El ganadero Mariano nos aseguró que tenía todo preparado para cuando los golpistas atacaran. Y la opinión pública, más pastueña que los cornilargos, lo creyó. ¿Cómo no creer a un Gobierno que dispone de todos los resortes para impedir un delito cuando dice que está preparado para hacerlo? Pero, a la hora de la verdad, cuando ha empezado la campaña electoral golpista, no tenía preparado absolutamente nada.

El alarde de la Fiscalía llamando a declarar a cientos de alcaldes enardecidos o atemorizados ante el referéndum golpista del 1 de octubre, mientras deja libres a los que los enardecen o atemorizan, de ‘Cocomocho’ a Godó y Roures, de la trama institucional a la mediática, más importante la segunda que la primera y ambas más importantes que la municipal, nos ha demostrado en su precipitación lo que deberíamos haber supuesto. Los que no han hecho nada durante seis años, los que han dejado que se pudra la situación hasta extremos de humillación inimaginables, los que financian desde hace cinco años el proceso golpista que decían combatir, ¿cómo iban a frenarlo en veinte días? No tenían nada previsto porque, sencillamente, se negaban a pensar en un asunto tan desagradable, tan violento, tan contrario a la mansedumbre proverbial de la ganadería de ‘Don Prudencio Galbana’.

El Pacto de Can Roures

Y la moción de censura que ‘Pablotov’ y ‘Junquertropp’ urdieron en la dacha de Roures para hacer presidente a Pedro Sánchez a cambio de que Podemos apoye el referéndum separatista -y ahí está Colau apoyándolo- y ERC le permita permitírselo a un Gobierno del PSOE que acabe con la soberanía del pueblo español y la trocee a gusto de los nuevos señores feudales nacionalistas es el pañuelo verde que le permite al ejemplar de la dehesa ‘El Charrán’, antes ‘La Gaviota’, volver al corral por imperativo legal.

Tengo la impresión, casi certeza, de que aunque los tres mil agentes del CNI le dijeran que faltan dos días para que se presente una moción de censura PSOE-Podemos-ERC-Etc y debe disolver las Cortes y convocar elecciones antes de que lo manden a su casa, Rajoy se hará el sordo y se irá a su casa, tras protagonizar, eso sí, lo que imagina un gran final de su larga carrera política: culpar a los que lo echan del Gobierno que lo hacen para destruir la nación y la Constitución, ¡como si él las hubiera defendido!

Cuando un político ayuno de moral, cobarde como sólo puede serlo un político, es incapaz de hacer frente al conflicto que él mismo ha creado, lo que hace normalmente es huir. Si en vez de irse por su propio pie a Cartagena, como Alonso XIII, o de dimitir como Casares Quiroga y Portela Valladares en 1936, la Oposición le brinda la oportunidad de irse sin tener que hacer otra cosa que someterse a una sesión de despedida, Rajoy se irá.

Creo que incluso aunque protagonizara esta semana el arreón del manso, que embiste y cornea cuando nadie lo espera, la situación está tan deteriorada que dentro de quince días los medios de Soraya pedirán que se una al PSOE o que lo deje gestionar la crisis catalana. Y Mariano dirá que, antes de unirse al PSOE, se va a su casa, porque él no tiene apego al cargo, puede presumir de limpia trayectoria y prometió defender la unidad de España y la Constitución y así lo ha hecho, pero no quiere ser un obstáculo para la paz civil. Que él cree que la Izquierda se equivoca, pero que ni él ni el PP van a impedir que otros intenten lo que a él no le han dejado intentar.

Entonces llegará, casi por consenso, la moción censora, y Rajoy será censurado, o sea despedido. Se sacudirá la arena de las zapatillas al dejar el ruedo parlamentario… Y se irá. El que venga detrás, que arree.

Origen: Libertad Digital

 ¿Pero de verdad Stalin pactó con Hitler? -Pedro Fernández Barbadillo/LD-

El negacionismo es la nueva manera con que la izquierda se enfrenta a los hechos: o no existieron o son interpretables sólo con sus claves. Así, se puede presentar virginal ante los incautos, como en el amanecer de la revolución.

Después del derrumbe del bloque socialista en Europa, mientras la llamada derecha se fumaba un puro tras otro y hacía negocios, la izquierda se lamía las heridas y maquinaba su regreso.

A partir de 1989, año del desmoronamiento del Muro de Berlín, cualquiera podía ver las obras del ‘socialismo real’: espionaje y delación, campos de concentración, miseria, desastres ecológicos… Incluso se abrieron los archivos y aparecieron muchos documentos que probaban lo que los comunistas y sus cipayos occidentales (Sartre, La Pasionaria, Berlinguer…) ocultaban: el genocidio de Katyn lo perpetraron los soviéticos, Lenin fue el constructor del Archipiélago Gulag, el atentado contra Juan Pablo II lo gestaron los servicios secretos del Pacto de Varsovia, Stalin se repartió con Hitler Europa Oriental, el KGB elaboró el bulo de que el virus del SIDA se creó en un laboratorio de EEUU…

Una de las respuestas ha sido tratar de descalificar a sus enemigos, acusándoles de todo tipo de crímenes, como que la economía de mercado es responsable de millones de muertes en el mundo y del calentamiento global. Se han recuperado las consignas de la Guerra Fría de que la democracia tiene que ser antifascista, primero, y de que todo anticomunista es un fascista, segundo.

Y junto al ataque, la negación. “Ninguno de los genocidios, las matanzas o los golpes de Estado cometidos por los comunistas se realizaron en verdad. Es pura propaganda.” Así, Carlos Sánchez Matopuede reivindicar el triunfo de la ideología más asesina de la historia: “Que el centenario de la más hermosa revolución de la historia, sea estímulo para la construcción de fraternidad internacional”. Si alguien se atreviera a hablar de la misma manera del III Reich, a Sánchez Mato y sus camaradas les faltaría tiempo para exigir su encarcelamiento.

Revive el argumentario de la Guerra Fría

Este verano me he encontrado con comunistas que niegan la existencia del pacto entre la Alemania nacional-socialista y la URSS, en agosto de 1939, o bien, en una segunda línea de defensa, plantean que hay que entenderlo en una situación geopolítica en que el pobre Stalin estaba aislado, amenazado por Hitler y abandonado por las democracias francesa y británica (igual que la España republicana y antifascista, añaden). Ya lo hizo antes Pablo Iglesias en una crítica de la película Katyn.

En realidad, Stalin se dejó querer por los dos poderes que había en ese momento en Europa: el imperio británico y el Reich alemán.

El 28 de abril, Hitler denunció el tratado de no agresión Polonia y el tratado naval con Inglaterra. El 3 de mayo, Stalin destituyó al comisario de Asuntos Exteriores, Maksim Litvínov, que lo era desde 1930, y le sustituyó por su hechura Viacheslav Mólotov. Uno de los motivos de la destitución fue que Litvínov era judío, lo que, claro, no agradaba a los nazis.

En la subasta, Stalin buscaba dos finalidades: azuzar la guerra entre las potencias capitalistas para luego irrumpir en Europa y una esfera de influencia en Europa Oriental. Como esta última sólo se la podía conceder Hitler, pactó con el alemán, por mucha que fuese su enemistad ideológica.

El ministro de Asuntos Exteriores alemán, Joachim von Ribbentrop, hizo dos viajes a Moscú, el 23 y el 27 de agosto, para firmar el tratado de no agresión y los protocolos secretos, en que ambas potencias se repartían los Estados soberanos, entre el mar Negro y el Báltico. Los conocemos porque los encontró el Ejército británico en la Alemania ocupada en 1945, Mólotov negó la existencia durante los treinta años siguientes; pero la URSS los reconoció en diciembre de 1989.

Stalin, que brindó a la salud de Hitler, dijo después a sus camaradas (Simón Montefiori, en La corte del zar rojo):

Naturalmente el juego consiste en ver quién engaña a quién. Ya sé lo que trama Hitler. Cree que es más listo que yo, pero en realidad soy yo quien le ha engañado. La guerra tardará en afectarnos todavía un poco.

Y el 1 de julio de 1940, el vozhd (jefe) explicó a su embajador en Japón que el motivo para firmar el pacto “lo dictó el deseo de desencadenar la guerra en Europa” (Richard Overy, en Dictadores).

El 1 de septiembre, el mismo día en que la Wehrmacht penetraba en Polonia, los diputados de Consejo Supremo de la URSS aprobaron la introducción del servicio militar obligatorio, una decisión, como destaca Víctor Suvórov, preparada desde tiempo antes (El rompehielos). ¿Por qué, si había un tratado de no agresión con Alemania?

A las dos de la madrugada del 17 de septiembre, Stalin comunicó al embajador alemán que cuatro horas más tarde atacaría Polonia. El 6 de octubre la campaña había terminado.

La Pasionaria defiende la invasión de Polonia

Después de engullir más de media Polonia, prosiguió la colaboración entre los ‘dos bigotes’, simbolizada en el desfile conjunto en Brest-Litovsk, antigua ciudad rusa ocupada por los alemanes y entregada a los soviéticos, que se celebró el 22 de septiembre. A finales de octubre, el gobernador alemán de Polonia, Hans Frank, ahorcado en 1946, ofreció “con regocijo” un banquete a una delegación soviética (Laurence Rees, en A puerta cerrada).

La NKVD, dirigida por el siniestro Lavrenti Beria, empezó las deportaciones de la oficialidad y la intelectualidad polacas. En la zona anexionada se registraron entre septiembre de 1939 y junio de 1941 unas 110.000 detenciones.

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Los PC de todo el mundo recibieron la orden de justificar la invasión de Polonia, culpar a las agresivas Francia y Reino Unido de la guerra y alabar el genio de Stalin. Así lo hizo, por ejemplo, Dolores Ibárruri.

Los periódicos europeos y americanos publicaban caricaturas de ambos tiranos como buenos amigos.

El imperialismo de la URSS

Algunos canallas han tratado de disculpar la guerra de Invierno, que acarreó la expulsión de la URSS de la Liga de Naciones, aduciendo acuerdos secretos entre Finlandia y Alemania en 1938. Baste replicar que el Consejo Nacional de Defensa, presidido por el mariscal Gustav Mannerheim, propuso varias veces ampliar el Ejército hasta las 16 divisiones, pero el Gobierno siempre se negó, de modo que cuando la URSS atacó sólo había nueve divisiones preparadas más tres de reserva (Martin Gilbert, en La Segunda Guerra Mundial). ¡Curioso agresor que no apresta su ejército para una guerra que ha planeado!

En febrero de 1940, ambas potencias firmaron un tratado comercial por un año, que se prorrogó y sólo se interrumpió con la invasión de la URSS. En el tiempo en que estuvo vigente, la URSS suministró millones de toneladas de materias primas y alimentos que la máquina de guerra nazi necesitaba; incluso caucho comprado en la India.

También hubo colaboración militar. El 11 de mayo de 1940, el Gobierno británico supo que tropas alemanas se estaban trasladando por tren desde Leningrado a Murmansk para atacar el norte de Noruega en un movimiento de tenaza (Gilbert, de nuevo). Y en el verano de 1940, la flota soviética ayudó a que el crucero alemán Komet atravesara el océano Ártico y saliera al Pacífico para atacar buques y posesiones británicas.

Stalin y su camarilla se sorprendieron cuando Alemania derrotó en unas semanas a Francia y expulsó a los ingleses de Europa: la larga guerra que esperaban se había convertido en una blitzkrieg.

¿Se adelantó Hitler al ataque de Stalin?

La ruptura se produjo en otoño de 1940, cuando Molotov fue a Berlín, para negociar la incorporación de la URSS al Pacto Tripartito (firmado por Alemania, Italia y Japón en septiembre y al que España rechazó su incorporación). Hitler propuso al comisario de Asuntos Exteriores de Stalin que la URSS se expandiera hacia la India y el golfo Pérsico; pero Moscú, que no quería enfrentarse con el Imperio británico, prefería aumentar su influencia en Finlandia, Bulgaria y los Dardanelos.

Entonces Hitler comprendió que ya no podría sacar más de la URSS y ordenó que se acelerase la elaboración de los planes de invasión que habían empezado en el verano. Su cálculo era una campaña de una duración de cuatro meses, tiempo que algunos generales reducían a dos meses.

Stalin desoyó todos los avisos (de su red de espías en Europa y Japón, de Winston Churchill y de desertores alemanes) sobre la inminencia de Barbarroja. Pero también es cierto que no se quedó inmóvil: ordenó preparar al Ejército Rojo para el ataque, no para la defensa. En un célebre discurso pronunciado el 5 de mayo de 1940 ante los oficiales recién graduados, cuyo texto original nunca se ha publicado, anunció que había concluido la “política pacifista” y la URSS, ahora que se había reforzado, iba a pasar al ataque. ¿Contra quién?, ¿contra Irán, Mongolia o Japón? No, Alemania.

Así ocurrió que cuando Hitler desencadenó Barbarroja, la superioridad militar de la URSS en soldados, tanques, cañones y aviones fue anulada. A la sorpresa, se unió un despliegue erróneo: en vez de preparación para la defensa, preparación para el ataque; no había reservas disponibles ni planes de retirada o contención ni fortificaciones… Entre junio y diciembre de 1941, el Ejército Rojo tuvo 2,6 millones de muertos y 3,3 millones de prisioneros, mientras que la Wehrmacht sólo registró 164.000 fallecidos.

Es decir, la nefasta política de Stalin fue responsable de la muerte de millones de sus súbditos en los primeros meses de la campaña. Para salvar la URSS, el vozhd tuvo que recurrir al patriotismo para galvanizar a los rusos (la expresión Gran Guerra Patriótica apareció en el Pravda al día siguiente del comienzo de la invasión) y, también, a los suministros de EEUU. Todo un fracaso para la ideología marxista.

Si en la posguerra, Stalin se convirtió en uno de los vencedores y una figura admirada fue gracias al océano de sangre con que compró su asiento en Yalta y Potsdam.

“La falsificación del pasado es la manera como la izquierda ha pretendido elaborar el futuro”, dijo Nicolás Gómez Dávila. De nosotros depende que no venzan y menos este año.

 

Origen: Libertad Digital – Cultura

¿Qué hace Zapatero en Venezuela? -Emilio Campmany/LD-

Zapatero es el mayor responsable del conflicto catalán. No deja de ser notable que el Gobierno le haya elegido para mediar en el que padece Venezuela.

Zapatero es el mayor responsable del conflicto catalán por haber respaldado un estatuto inconstitucional. No deja de ser notable que el Gobierno de España le haya elegido precisamente a él para mediar en el que padece Venezuela. ¿No había nadie más? Es como poner a un tartaja de telefonista, porque es imposible escoger a alguien más torpe. Lo de Venezuela está de color de hormiga, pero cualquier posibilidad de arreglo que tuviera se ha hecho infinitamente más remota si tiene que depender de este personaje que aúna de forma inigualable idiocia y atrevimiento.

Su nombre vuelve a ser noticia ahora que encabeza el enésimo esfuerzo para lograr que oposición y Gobierno venezolanos lleguen a un acuerdo mediante una ronda de negociaciones en la República Dominicana. Presentan las crónicas a nuestro ex como un exquisito árbitro que tan sólo desea una solución pacífica. Sin embargo, algo ha debido de olerse la oposición cuando parte importante de ella se niega a intervenir en las sesiones organizadas por Zapatero hasta que se den determinadas condiciones, bastante razonables, por cierto, como es que sean liberados los presos políticos. En cambio, Nicolás Maduro siempre está dispuesto, y en esta ocasión no iba a ser menos, a acudir a donde Zapatero diga.

Son muchos los países que tienen intereses en Venezuela y que ansían que el conflicto se solucione de un modo u otro. Está China, que consume cantidades ingentes de petróleo procedente, entre otros países productores, de Venezuela. Están Estados Unidos y Rusia, que tienen importantes inversiones en el país. Está Cuba, que sobrevive gracias al petróleo que Maduro le regala a cambio de enviar a Venezuela agentes de inteligencia con los que someter y encarcelar a la oposición. Y está España. ¿Qué clase de intereses tenemos allí? Pues, aparte las inversiones y el petróleo que les podamos comprar, hay que recordar que el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero vendió al régimen chavista unas fragatas provistas de software estadounidense cuando teníamos prohibido transmitir esa tecnología sin permiso de los americanos. Qué casualidad que sea ese mismo Zapatero quien ahora está tratando de buscar una salida al Gobierno que le compró las dichosas fragatas, quién sabe bajo qué condiciones.

Se rumorea que a Maduro le están arreglando un exilio dorado en Cuba, pero que Raúl Castro sólo cederá cuando se le garantice que Venezuela le seguirá regalando petróleo con el que suministrar energía a su desgraciada isla y que el Vaticano respalda la operación. Pero, aunque fuera así, ¿qué pasa con Diosdado Cabello? ¿Y con Tarek el Aissami? No obstante, desde el punto de vista español, la pregunta es: ¿qué narices hace allí Zapatero? Y da toda la impresión de que lo que trata el solemne es de evitar que haya un verdadero cambio de régimen o, si no hay más remedio de que lo haya, impedir que afloren las relaciones que su Gobierno y vaya usted a saber quién más tuvieron o tienen todavía con el régimen chavista. Y el Gobierno actual lo respalda.

Origen: Libertad Digital

Duelo de cobardes -Emilio Campmany/LD-

Tan cobardes son los separatistas, que serían incapaces de llegar hasta donde lo han hecho de no ser porque tienen enfrente a unos tan cobardes como ellos.

España tiene la fortuna de que los dirigentes separatistas de hoy son mucho más cobardes que los de ayer, que ya lo eran bastante. Y tiene la desgracia de que quienes tienen que defenderla de ellos no lo son menos. Llevan los separatistas cinco años esperando a reunir el coraje para hacer lo que se supone que es su máximo anhelo. ¿Qué sentido tiene buscar y rebuscar la forma legal de cometer una grosera ilegalidad? Tarde o temprano habrá que violar una ley, desobedecer a un tribunal. ¿Por qué han tardado tanto en hacerlo? Por cobardía. Si al final se atreven a hacer algo será a base de animarse los unos a los otros, como hacen los matones que, aislados de los demás, agachan la cabeza avergonzados, pero que, en grupo, jaleados los unos por los otros y escondidos tras la responsabilidad grupal, son capaces de las mayores atrocidades.

Tan cobardes son que serían incapaces de llegar hasta donde lo han hecho de no ser porque tienen enfrente a unos tan cobardes como ellos. Han ido probando, dando pequeños pellizcos al Gobierno de España, y al ver que éste no respondía se han atrevido poco a poco a hacer más. Han venido los arañazos y luego, los mordiscos. Y el Gobierno, atenazado por el pánico que le da ejercer de tal, apenas es capaz de responder con fallos, resoluciones y sentencias, como si estuviéramos en un proceso civil y no ante un golpe dirigido al mismo corazón de la nación. Lo único que lo hace parecer inofensivo es la cobardía de los que lo está perpetrando. Y lo único que lo hace ser un peligro es la de los que nos tienen que defender de él.

Dicen todos, el Gobierno y la oposición, que hay que actuar con proporcionalidad para no generar más descontento en Cataluña, que aplicar el artículo 155 de la Constitución es lo que los separatistas quieren para reunir tras de sí más partidarios de los que ahora tienen. No discuto que sea lo que ellos quieren, pero, aunque fuera así, no merece la pena que un territorio siga siendo España si allí no se aplican las leyes españolas. ¿Qué más da que Cataluña siga siendo formalmente España si mi derecho a hablar español no se reconoce y mis hijos, en caso de vivir allí, serían obligados a escolarizarse en una lengua que no es la suya? ¿Qué más da si allí, cuando un nacionalista malversa fondos públicos, no se le aplica el Código Penal que rige para los demás? Lo primero que hay que hacer en Cataluña es imponer el imperio de la ley, ausente desde hace decenios. Si es verdad que hay catalanes a los que, aun sin ser independentistas, les incomoda la aplicación de la ley hasta el punto de convertirles al separatismo, será un problema de ellos, no del resto. No podemos aceptar, como llevamos lustros haciendo, que para que Cataluña siga siendo España allí sólo rijan las leyes que los nacionalistas quieren que rijan. Si para ser un Estado de Derecho tenemos que quedarnos cuatro gatos, que así sea. Pero no sin pelearlo. Basta tener un poco más de coraje que ellos. Y para eso bastaría el de un ratón que saliera medio bravío.

Origen: Emilio Campmany – Duelo de cobardes – Libertad Digital

Últimas peripecias de la Inquisición progre. -Jesús laínz/LD-

En esto consiste la Inquisición progre, en la denigración impune de todo lo que caracteriza históricamente a Europa y el servilismo hacia todo lo que pueda serle nocivo.

Cinco días después del atentado de Barcelona, Enrique Álvarez, responsable del Servicio de Cultura del Ayuntamiento de Santander, publicó en el Diario Montañés un artículo, titulado “El Islam y el mal”, en el que vertió algunas opiniones que no han sido precisamente bien recibidas por parte de algunos creadores de opinión locales.

Para resumir, el artículo giraba en torno a la idea central de que

el Islam es una religión mala y perversa porque niega la cualidad esencial de Dios, el Amor (…) porque niega por completo el libre albedrío humano, porque tiene una concepción totalmente determinista y fatalista del hombre (…) porque niega la igualdad esencial en dignidad y derechos de todos los seres humanos (…) y porque ha traído al mundo, desde el minuto uno hasta el día de hoy, un sinfín de guerras, de odios y de divisiones irreconciliables, tanto en su ámbito interno como en sus relaciones con la cristiandad.

Por todo ello el autor proponía, “hasta donde la democracia lo permita”, no fomentar la penetración del islam en suelo europeo e intentar restaurar la influencia de la religión de Cristo.

Hasta aquí, nada que debiera llamar la atención, sobre todo si se tiene en cuenta que su autor es un conocido escritor católico que expresa sus opiniones como puede hacerlo –o, visto lo visto, debería poder hacerlo– cualquier otra persona de cualquier ideología política o creencia religiosa. Sin embargo, ha estallado el escándalo entre los militantes de la Santa Inquisición Progre –periodistas y políticos de PSOE, IU y Podemos–, los cuales y las cualas, mesándose los cabellos, han pedido la destitución de su responsabilidad municipal e incluso la apertura de investigaciones para determinar si podría considerársele reo del delito de odio para hacerle pasar por los tribunales por haber escrito tan pecaminosas palabras.

Que se esté de acuerdo o no con estas opiniones es irrelevante, y a nadie deberían escandalizarle ni nadie debería pretender acallarlas. Al fin y al cabo, en eso consiste la libertad de expresión proclamada en nuestra Constitución: en no poder impedir que se expresen las ideas que no compartimos.

Pero lo más divertido del asunto es el doble rasero que estos virtuosos de la hipocresía aplican a los asuntos religiosos. Ahorrémonos explicaciones mediante el simple relato de unos hechos acaecidos, también en estos últimos días agosteños, en la vecina Bilbao. Porque con motivo de la reciente Semana Grande, a la “konpartsa libertaria” Hontzak no se le ha ocurrido mejor modo de decorar su caseta que con una imagen de Jesucristo crucificado dividido en las porciones anatómicas de la matanza de una res: paletilla, costillar, panceta, solomillo, falda y criadillas. A la Inquisición progre le debió de parecer estupendo, pues no dijo ni pío. Pero cuando el obispado reclamó su retirada, los señores inquisidores –por ejemplo, los de EH Bildu– clamaron por el “grave ataque a la libertad de expresión” y respondieron colgando la imagen de marras en otras casetas.

El asunto no es nuevo, evidentemente, aunque en los últimos tiempos estemos disfrutando del agravamiento y aceleración de acontecimientos parecidos a causa de la paciente siembra realizada durante las últimas décadas.

Un ejemplo entre mil: en 1999, con motivo de la celebración de su décimo cumpleaños, el diario El Mundo editó una colección de libros titulada “Las 100 joyas del Milenio”. El prólogo del Dioses y héroes de la antigua Grecia de Robert Graves fue encargado al escritor Ramón Irigoyen, quien, más que en el libro del egregio autor inglés, se centró en su resentimiento contra el cristianismo, al que consideró fuente de “demente suficiencia” entre sus fieles. Definió a los católicos españoles como “más brutos que un arado etrusco”, calificó a los crucifijos como un “mal de ojo”, se enorgulleció de “blasfemar a razón de unas doscientas blasfemias por minuto” y lamentó que la cultura griega no hubiera rozado la vida española porque “aquí, levantes donde levantes una piedra, siempre te salta al ojo una puta iglesia románica”.

¿Habría sido posible, tanto en la forma como en el fondo, un artículo semejante pero en sentido contrario? Evidentemente, ningún editor lo habría publicado jamás.

En esto consiste la Inquisición progre, en la denigración impune de todo lo que caracteriza históricamente a Europa y el servilismo hacia todo lo que pueda serle nocivo.

Ya lo explicó en 1925 el comunista francés Louis Aragon con insuperable claridad:

¡Mundo occidental, estás condenado a muerte! Nosotros somos los derrotistas de Europa. Poneos en guardia, o, mejor aún, reíd mientras podáis. Nosotros pactaremos con todos vuestros enemigos (…) Sembraremos por doquier los gérmenes de la confusión y el malestar (…) Somos los que siempre daremos la mano al enemigo.

Eso que llamamos Europa o mundo occidental lleva muerto bastante tiempo. Los europeos de nuestra generación no somos más que los últimos organismos que sobreviven a duras penas sobre su cuerpo putrefacto. Y ésos que tanto presumen de su título de progresistas, en cualquiera de sus variantes, son los gusanos encargados de terminar de comerse el cadáver.

La Diada del Terror: no a la islamofobia, sí a la hispanofobia. -F.J.Losantos/LD-

Mucho miedo, poca vergüenza y ninguna dignidad: ese podría ser el balance de la I Diada del Terror o la Diada del Terrorismo del Año I de la Independencia Catalana, que, por otra parte, ha dejado nítidamente claro que ni Barcelona ni ciudad alguna golpeada por el islamismo terrorista necesita manifestaciones, porque la del Islam contra Occidente es una guerra y las guerras ni se hacen con flores ni se ganan con pancartas.

Otra cosa es que, como ayer, se quisiera negar la guerra que existe y se escenifique algo que no puede existir, que se actúe como si el terrorismo fuera materia opinable y la calle dictaminara si continúan matando o no por votación popular con los pies o concentración de manos blancas. Lo que ayer quedó claro en Barcelona es lo que en España deberíamos saber desde el asesinato de Miguel Ángel Blanco: las grandes manifestaciones sólo sirven para demostrar el estado de conmoción de la masa, que se agrupa y amontona para demostrar lo que niega: que está muerta de miedo. Y que sus dirigentes, tan asustados como ella, unen democráticamente su pavor al ajeno para diluir en un estado de confusión emocional sus responsabilidades.

Mariano, como si nada

No, no hacía falta ninguna manifestación contra el terrorismo. Y si la hubo fue para darles un alegrón a los terroristas, que pudieron comprobar la debilidad de España, y para que los golpistas del 1 de octubre entrenasen viendo lo mismo que mostraron a los islamistas: que España es el eslabón más débil de Occidente, de Daar al-Islam, de la tierra un día invadida por ellos y que están en camino de tomar otra vez. La operación no ha podido salirles mejor a los terroristas de hace una semana y a los golpistas de dentro de un mes. Enhorabuena a todos y a su road-manager Rajoy.

Porque este Gobierno dimisionario se ha arrastrado desde el día del atentado hasta ayer mismo, ha seguido diciendo que no pasa nada cuando pasa de todo y además ha arrastrado al Rey a una humillación que no es personal, porque personalmente ni el Rey ni el Presidente existen. Son sólo –y no es poco- representantes de todos los españoles, y como tales fueron afrentados por una banda organizada de golpistas que están envalentonados por la cobardía del Gobierno más estúpido del que exista memoria. Fue aún peor que la de hace tres años en el Nou Camp, cuando se pitó e injurió al himno que representa a todos los españoles y nadie se fue del palco.

Miedo, no: pánico al Islam

El miedo exhibido por la sociedad catalana, quizás la más cobarde de Europa junto con la vasca, que sostiene y soporta la dictadura nacionalista, logró convertir lo que, de ser algo, debería haber sido un acto contra el islamismo, que es lo que está detrás del terrorismo contra Occidente desde el 11S, en un acto contra lo que el pensamiento único progre llama islamofobia y también en un alarde de hispanofobia, porque alguien tiene que tener la culpa y hace muchos años que de todo lo que pasa en Cataluña tiene la culpa España. De los muertos de las Ramblas, también.

En vez de reprochar a los 600.000 musulmanes que viven y cobran en Cataluña y que, como en toda Europa, no hacen nada para integrarse salvo aprender lo que el bastión islamófilo El País ha llamado “perfecto catalán de payés” (el de ciudad no será racialmente tan perfecto), la Diada del Terror se convirtió en un acto de cariño a las mamás de los terroristas, agasajadas gráficamente en los medios islamófilos, y a “esos cinco niños que ya no están con nosotros”, como dijo su cuidadora social en el artículo “¿Qué estamos haciendo mal?” Para empezar, ella, cobrar.

En el escenario, para ejemplificar el miedo, el pánico absoluto al Islam en esta miedocracia políticamente correcta, no hubo una sola imagen de los asesinados por los islamistas pero sí una musulmana que, en nombre de la religión de la paz y del amor, dirigió amablemente la palabra a los infieles. Lo que no sé es por qué la eviterna Sardá citó a Lorca. ¿Para achacar al franquismo las muertes de las Ramblas? ¿A la Guardia Mora, quizás?

Estamos maduros para el golpe del 1 de Octubre

A lo único que no tienen ningún miedo los separatistas es a España, o por lo menos a sus instituciones. Rajoy ha demostrado con su reptiliana actuación en la desastrosa actuación de los Mozos de Escuadra que está tan dispuesto como Zapatero a aceptar cualquier cosa que venga de Barcelona el 1 de octubre y que su única, heroica, hercúlea reacción será la de negarle validez legal. La masacre de Las Ramblas ha servido para comprobar que ya hay un ejercitillo separatista, al mando del Mayor Drapaire (trapero, en catalán) dispuesto a poner las urnas del Golpe y que también hay un dizque gobierno de España dispuesto a no quitarlas. Más fácil, imposible.

Por último, y respetando su buena voluntad y aunque la gran mayoría de la opinión pública lo haya respaldado, creo que el Rey se ha equivocado dos veces en esta última semana. Primero, con su comunicado diciendo que los islamistas son “sólo asesinos”. Si lo fueran, si sólo fueran eso, el terrorismo islamista no existiría o no sería el problema militar, político y cultural que es. En segundo lugar, yendo de nuevo a Barcelona.

El Rey debe perder el miedo al qué dirán

Es cierto que la gente, ahora, aplaude su valor por ir a una encerrona, de la que es responsable el Gobierno del diálogo con el separatismo. Pero el Rey no puede estar en un concurso de popularidad permanente porque no se presenta a unas elecciones. No debería aparecer en actos políticos. En la mayoría de los que tienen lugar en España, porque son contra España y por tanto contra la Corona, así que no debería respaldarlos. Y en los que son, por así decirlo, de emotivo consenso popular, porque los reyes ya habían hecho lo que tenían que hacer: consolar a los huérfanos y animar a los heridos. Si el Rey está para salir a la calle, estamos poniendo a la calle al nivel del Rey.

Felipe y Letizia, como todas las fuerzas constitucionales, deberían perder ya el miedo al qué dirán. Hagan lo que hagan, los podemitas y los separatistas dirán pestes; y los rajoyanos musitarán algo y no harán nada. Ya digo que entiendo su buena intención, pero bastante tiene con dedicarse a reinar, sobre todo con este Gobierno de mansos que se niega a gobernar.

Origen: Libertad Digital

Cómo convertir Cataluña en un vivero de islamistas. -Luis del Pino/LD-

Hace menos de dos años, publiqué un editorial que esta semana ha vuelto a adquirir una desgraciada actualidad. Aquel editorial se llamaba “República Islámica de Cataluña”. Permítanme que rescate algunos párrafos de ese editorial, actualizando los datos:

Según el último censo realizado por la Unión de Comunidades Islámicas de España, en Cataluña hay 515.482 musulmanes, más que votantes de la CUP, más que votantes de Podemos, más que votantes del PP, tantos como votantes tuvo el PSC en las últimas elecciones autonómicas.

En términos relativos, el porcentaje de población musulmana en Cataluña alcanza el 6,9%, mientras que en el resto de España es el 3,6%, prácticamente la mitad. En Gerona, los musulmanes son ya el 11,1% de la población.

Más llamativa aún que las cifras actuales, es la evolución de esas cifras: hace quince años, había unos 30.000 musulmanes en Cataluña; ahora superan el medio millón. Y los nacimientos de hijos de padres musulmanes representan ya más del 10% del total en esa comunidad autónoma.

Para acabar de completar el panorama, 79 de las 109 mezquitas salafistas que hay en España se encuentran en Cataluña.

¿A qué se debe esa anomalía estadística? ¿Cómo es posible que en Cataluña haya el doble de población musulmana que en el resto de España?

Pues tiene una fácil explicación, que ilustra lo que son los efectos secundarios de las políticas demenciales, en este caso las lingüísticas. De un lado, la política de inmersión educativa en catalán y de proscripción social del castellano ha actuado como freno para la inmigración procedente de los países hispanoamericanos. Si eres peruano y quieres trabajar en España, ¿para qué vas a complicarte yendo a un sitio donde os obligan a ti y a tus hijos a aprender un idioma nuevo? Es mucho más fácil (y más lógico) irse a trabajar a cualquier otro punto de España, donde no tienes problema ninguno de idioma. Ese fenómeno creó un vacío en Cataluña y los puestos de trabajo no cubiertos por hispanoamericanos tendieron a cubrirse con inmigrantes de otros lugares, principalmente norteafricanos y pakistaníes.

Pero no solo es que los inmigrantes hispanoamericanos se vieran disuadidos de ir a Cataluña, sino que el gobierno catalán ha adoptado una política consciente, orientada a primar la inmigración procedente de Marruecos.

Angel Colom, el que fuera secretario general de Esquerra Republicana de Cataluña hasta el año 1996 (fecha en la que abandonó ERC junto con Pilar Rahola), terminó ingresando en el partido de Jordi Pujol y fue nombrado sucesivamente embajador oficioso de la Generalidad en Marruecos, secretario de inmigración en la ejecutiva de CDC y director de la Fundación Nous Catalans. Desde esos puestos, Colom se dedicó a animar a la inmigración de jóvenes marroquíes a Cataluña, a estrechar lazos con la comunidad islámica con el fin de sumarla a la causa separatista y a visitar las mezquitas para dejar caer que a los inmigrantes les resultaría más fácil obtener la nacionalidad catalana en una futura Cataluña independiente, que la española.

La penúltima vez que Colom saltó a los medios fue en mayo de 2013, cuando el marroquí Noureddin Ziani (colaborador de Angel Colom y uno de los altos cargos de la Fundación Nous Catalans) fue deportado a Marruecos a solicitud del CNI, por promover el salafismo.

Hace algunos años, el periódico El País publicó un artículo en el que se daba cuenta del peregrinaje proselitista de Colom por las mezquitas y asociaciones musulmanas de Arenys de Mar, Manresa o El Raval, peregrinaje que Colom justificaba con estas palabras: “No se puede construir un Estado catalán sin la participación de los catalanomarroquíes”. Lo cual plantea con toda su crudeza la hispanofobia que anida en el corazón de todo buen separatista: mientras que a los españoles se les niega el derecho a opinar sobre el futuro de Cataluña, a los marroquíes sí están dispuestos a concederles ese derecho. Paradojas de la vida.

Hasta aquí aquel editorial de hace dos años. Esta semana, algunos de esos a los que desde el separatismo se llamaba con el paternalista nombre de “catalanomarroquíes” han perpetrado una masacre terrorista en Barcelona.

Evidentemente, el terrorismo ataca donde y cuando puede. E igual que se ha atentado esta semana en las Ramblas, mañana podría ser Madrid o cualquier otra ciudad española el objetivo de los islamistas. Pero está claro que las redes de captación yihadista son tanto más efectivas cuanto mayor es el número de personas a las que poder adoctrinar. No es casualidad que Cataluña albergue 3 de cada 4 mezquitas radicales, según datos de los propios mozos de escuadra: los radicales, como cualquier otra organización, se asientan allí donde un mismo esfuerzo les puede proporcionar mayores réditos, en forma de nuevos voluntarios. Es decir, se asientan preferentemente allí donde hay más población musulmana.

En su afán por desmarcarse de todo lo que oliera a España o a español, el nacionalismo ha creado en Cataluña un auténtico vivero de terroristas radicales que jamás se considerarán, por supuesto, ni catalanes ni españoles, y que han esta semana han demostrado con qué facilidad se pueden teñir de sangre las calles de cualquier ciudad desprevenida.

Origen: Libertad Digital

La plebe femichula -Santiago Navajas/Libertad Digital-

En una cafetería vegana en Australia han implantado un sistema de cobro “feminista de género” (“femigen” para abreviar) por el que los hombres deben pagar más que las mujeres por los mismos productos. Lo que se recauda a través de lo que podríamos denominar el “impuesto XY” se destina a actividades benéficas en contra de la “violencia machista”. En dicho café, nos dicen, no hay camareros al estilo tradicional sino “guerreros por la justicia social” (SJW por sus siglas en inglés) que aplican un 18% de más a los hombres porque esa es supuestamente la brecha salarial a favor del género masculino.

Como en Australia hay leyes que no permiten discriminar por sexo, el bar “femigen” solo puede “sugerir” a sus clientes masculinos que paguen el “impuesto femirrevolucionario”. Ahí quisiera yo ver a James Damore, el autor del memo de Google que le ha costado el despido por sugerir que discriminar a los hombres para apoyar la diversidad quizás no sea tan buena idea después de todo. O sí. Al fin y al cabo los hombres estamos acostumbrados a reglas de cortesía que nos “obligan” a ceder nuestros asientos y abrir las puertas a las señoras, así como a pagar más que ellas por entrar a pubs y discotecas. Es irónico, y revelador, como el nuevo feminismo (de género) imita las reglas de lo que las “femichulas” llaman viejo machismo (heteropatriarcal).

De todos modos, tienen mucho que aprender las “femigen” australianas de las leyes españolas que, impulsadas por el espíritu “de género” dominante, no solo han conseguido arramblar con uno de los fundamentos del Estado liberal, la presunción de inocencia que ya no se aplica a los varones en el caso de la “violencia machista”, sino que también va camino de terminar con otro baluarte de la filosofía ilustrada: el principio de que hay que odiar el crimen pero es posible reinsertar y rehabilitar al criminal.

Durante la Edad Media, si la Inquisición te condenaba no había forma de lavar jamás la “mancha criminal pecaminosa”. A los condenados se les hacía vestir una prenda, el “sambenito”, que una vez cumplida la condena o quemado en la hoguera el “hereje” se colgaba en la iglesia de turno para que el presunto crimen no se olvidara nunca. Una “memoria histórica” de infamia perpetua. Para la Inquisición era fundamental enfangar el recuerdo de sus víctimas, que alcanzaba a su familia, para así propagar un clima de intimidación y terror.

El el caso de Francesco Arcuri contra Juana Rivas, las “femigen” están promoviendo una clima de intimidación inquisitorial contra el ciudadano italiano que ha presentado una demanda para recuperar a sus hijos. Arcuri, condenado hace años por maltrato, sería para la neoinquisición “femigen” un apestado de por vida y sus reclamaciones para reivindicar la patria potestad tendrían que ser descartables por principio y para siempre.

A partir de 1764, sin embargo, la mentalidad vengativa y rencorosa que inspiraba las acciones justicieras empezó a cambiar gracias a la publicación de De los delitos y las penas, de Cesare Beccaria. Para el joven ilustrado italiano, en un sistema humanitario vale más dejar libre a un culpable que castigar a un inocente. Para ello postuló dos principios penales que son los que deberían fundamentar cualquier Estado de Derecho: la presunción de inocencia y la posibilidad de rehabilitación e reinserción de los condenados. Escribe Beccaria:

Para que el castigo no sea en cada caso un acto de violencia de uno o muchos contra un ciudadano en particular, debe ser esencialmente público, expedito, necesario, el menor posible dadas las circunstancias, proporcional al crimen, y dictado por las leyes.

Por ello, Francesco Arcuri no tiene por qué entrar en los Juzgados vestido con ningún “sambenito” bordado con alguno de los lemas favoritos del matriarcado “femigen”, al estilo del “Machete al machote” que parece sacado de una versión de La matanza de Texas protagonizada por Barbijaputa. Arcuri fue condenado por maltrato y pagó por ello pero no se convirtió en un “maltratador” de una manera esencial. Si hubiese cometido algún nuevo delito de maltrato habría que juzgarlo con nuevas pruebas y no porque una ideología inquisitorial –representativa de esa “banalidad del mal” que Hannah Arendt desmenuzó como un batiburrillo de sentimentalidad barata, clichés lingüísticos y violencia justiciera– pretenda hacer de un ciudadano particular una chivo expiatorio ejemplarizante.

Es sintomático que la campaña promovida por el “Femigen” contra Francesco Arcuri se concentre en cobrarle un “impuesto XY” de índole social, despreciando las reglas racionales del criminalista italiano que criticaba tanto la utilización de la Justicia para preservar el poder del gobernante como para satisfacer la sed de sangre de la plebe. En nuestro caso, tenemos el poder usurpado por una serie de feministas “de género” que se benefician de una industria del victimismo ocupando “observatorios”, “concejalías” y otras instituciones públicas cuyo funcionamiento depende en gran parte de la alarma social que consigan provocar. En segundo lugar, la frivolidad de unos pueblos ignorantes y de unos medios de comunicación amarillistas que se lanzan a un irresponsable “Juana está en mi casa” como un moderno, pero bastardo, “Fuenteovejuna, todos a una”. En esta ocasión para encubrir no un asesinato sino un presunto secuestro de niños. Pocas veces una conducta tan incívica por parte de una turba mediática habrá inspirado a la vez tanta pena y tanto asco.

Una película que deberían ver en Maracena, la localidad de Juana Rivas, es La caza, extraordinario film danés dirigido por Thomas Vinterberg y protagonizado por Mads Mikkelsen, en la que un maestro es linchado por la población tras la acusación de una de sus pequeñas alumnas de haber “abusado” de ella. En dichas circunstancias, el maestro “pederasta” es condenado socialmente sin más prueba que el testimonio de la niña, sin la más mínima atribución, ni legal ni cultural, a la presunción de inocencia. Al fin y al cabo, ¿por qué una niña habría de inventarse dicha acusación? En la relación hombre-mujer se ha implantado acríticamente el dogma de la asimetría a favor de ella, lo que convierte a cualquier hombre en un mero ejemplar de la “cultura heteropatriarcal” y, por tanto, en culpable “a priori”. Y si no lo es de hecho, siempre cabe achacarle una responsabilidad “de género”.

Dos son las advertencias que hay que considerar. En primer lugar, no dejar que el feminismo sea arrebatado definitivamente por su versión más radical y espuria. No hay que cejar en la distinción entre un feminismo liberal -respetuoso tanto de la libertad como de la igualdad, racionalista e ilustrado- y el “femigen”, una de las múltiples dimensiones del “marxismo cultural”, esa ideología amargada y deprimente que ha declarado la Guerra Mundial entre Sexos. Por otro lado, en situaciones tan complejas y llenas de matices como el caso Arcuri versus Rivas dejar que el sistema judicial se pueda desarrollar de la manera más transparente posible, sin prejuzgar situaciones y hablando solo con conocimiento de causa y tras una lectura atenta de los documentos pertinentes. De lo que no se sabe, mejor callar. Dura lex, sed lex.

Origen: Santiago Navajas – La plebe femichula – Libertad Digital

Entre Caracas y el CIS: nadie aprende nunca nada. -F.J.Losantos/LD-

Una de las razones para crear medios de comunicación, además de ejercer el sagrado derecho a la libertad de expresión, es la comprobadísima costumbre del ser humano de no aprender nunca nada. Y en esta semana se ha podido comprobar hasta qué punto la experiencia, por trágica y cercana que sea, no sirve de nada cuando tropieza con la comodidad del juicio, abonado a la ley del mínimo esfuerzo.

Los datos del CIS que muestran la posibilidad, apuntada aquí mismo, de que el PSOE de Sánchez, o sea, el pluripsoe del plurisánchez se haya convertido en alternativa parlamentaria -y por tanto de gobierno- a Rajoy iban acompañados de una valoración ciudadana bastante más grave que la intención de voto: menos del 3% de los españoles se muestra preocupado por la situación de Cataluña. O sea, que el 97% sigue sin preocuparse por España, que es como el Titanic a punto de zarpar del puerto de Barcelona.

Rajoy triunfa al predicar la vagancia

La alarma en los medios ‘rajoyanos’ se ha centrado en lo que deberían celebrar, ya que ellos contribuyen cada día a desdramatizar con las más diversas excusas el drama nacional. Siguen el guión de la única estrategia seguida hasta ahora por el Gobierno con respecto al separatismo catalán: no pasa nada que no se arregle con el diálogo, y si no hay diálogo es lo mismo, porque nunca pasará. En realidad, ha pasado, sigue pasando y va a pasar a mayores el 1 de octubre, en realidad el 15 de Septiembre, fecha de arranque de la campaña oficial, pagada con dinero robado a todos los españoles. Sin embargo, el Gobierno ha optado por el cómodo expediente de hacer como que no pasa nada. Y una mayoría aplastante de los españoles se muestra dispuesta a pensar lo mismo, es decir, a dejar de pensar en lo molesto o desagradable. Si algo pasara, parecen decirse, el Gobierno ya habría hecho algo. Y si dice que no pasa nada, será que, en realidad, no pasa gran cosa.

Curiosamente, esa confianza en el Gobierno para negar la gravedad del problema separatista no se da al valorar una situación económica que, por muchos peros que merezca, es infinitamente mejor que la política. La mitad de los españoles piensa que la situación económica es mala o muy mala, cuando el paro ha bajado del 18% y el ritmo de crecimiento general empieza a notarse, como siempre, en la subida del precio de las viviendas. Es cierto que hay grandes lagunas en ese crecimiento, en todo caso, el mayor de la UE, pero me parece evidente que lo que se está produciendo, también en este caso, es el triunfo de un discurso oficial u oficioso sobre los datos de la realidad.

Los medios de comunicación, en manos de Rajoy pero entregados a la extrema izquierda, han instalado en los ciudadanos la idea de que, haga lo que haga, el PP no puede hacerlo bien, ni siquiera en la economía. Pero que, como dicen el PSOE y Podemos, en realidad lo de Cataluña mejoraría sólo con echar del Gobierno a Rajoy. Así que vuelve la intención de voto al PSOE porque, en realidad, en España no pasa nada. Sólo que el PP lleva ya seis años en el Poder y va siendo tiempo de echarlo, a ver si para siempre.

De confiar en Zapatero a la infame palabrería

Lo de Caracas es tan trágico, tan triste, tan grotesco, que, de no mediar la trágica historia de los cien años de comunismo (se cumplen el 7 de noviembre) que es la de una desmemoria, una cobardía, una búsqueda continua de cualquier excusa para no afrontar los hechos desagradables, podría habernos sorprendido. Por desgracia, lo que está pasando es lo que pasó en Cuba hace casi sesenta años cuando la gente decía: “aquí no puede triunfar el comunismo”. Y bendecido por el Papa, santificado por Obama y financiado por Rajoy, que perdonó al castrismo cien mil millones de euros, no sólo sigue imperando despóticamente en La Habana sino que acaba de abrir su primera narcosucursual en Caracas.

España fue la abanderada en la Unión Europea de la política de apoyo a la oposición cubana en tiempos de Aznar. Con Zapatero volvimos a los primeros tiempos de Felipe González, cuando colegueaba con el Monstruo de Birán en Tropicana, con mucha mulatona y sóngoro cosongo. Pasada la época nefasta de Morán -como la de Matutes en Aznar- Felipe se convirtió con Fernández Ordóñez en lo más parecido a un socialdemócrata, flanqueado por Semprún y otros excomunistas de tronío. Naturalmente, un personaje tan infame como ‘Zetapé’ no podía perpetrar más que infamias en Cuba. Pero abrigábamos la esperanza de que, al menos en lo de Cuba, un Gobierno del PP dejaría de abochornarnos como españoles. Ha sucedido al revés. ‘Zapatereando’ siempre, Rajoy ha hecho ‘como que… pero ná de ná’.

Hasta hace un mes, la política oficial del Gobierno con respecto a Venezuela ha sido -según confesión de Dastis– hacer lo que dijera ZP, convertido con su antiguo equipo económico en una especie de mediador comisionista para los empresarios españoles atracados por el chavismo. Esta semana, de pronto, la Moncloa ha dejado de confiar en las virtudes del diálogo que, mediante jugosas comisiones, propicia el infame Zapatero. Pero en la Unión Europea, donde España debería marcar la pauta, la desidia diplomática y el narcotráfico cubano-colombiano-venezolano han logrado evitar hasta las sanciones económicas. El colmo de la indignidad es ver a Dastis, el zapatereado, explicando ahora en sólidos artículos como el de El Mundo la deriva totalitaria del chavismo. ¡Como si fuera novedad!

Lo trágico es temer que, salvo triunfo de Uribe y creación de una guerrilla con base en Colombia, al modo de la Contra nicaragüense en los años 80 del siglo pasado, cuando ser anticomunista era vocación e incluso profesión (y no como ahora, una especie de maldición), lo que va a pasar en Venezuela es lo que Zoe Valdés ha escrito en LD esta misma semana:

“No es por predecir, aunque como cubana la experiencia me asiste, pero siento augurar que Venezuela ya se encuentra en sus últimos estertores. Se avecina el fin de ese gran país, o tal vez ya estemos asistiendo al derrumbe inevitable, lento aunque aplastante. Sí, habrá más muertos, muchos más, al igual que en Cuba, y además no quedará nada, arrasarán con la más mínima fuente de vida y de creación.

Era de esperar. Venezuela cayó en manos del castrismo de manera irreversible en 1998, cuando Hugo Chávez tomó el poder. A partir de ahí, lo que hemos visto ha sido la entrega más humillante, absoluta y totalitaria al poder de los Castro y del castrocomunismo. Y, como sabemos, todo lo que el castrismo toca lo convierte en cenizas.

Nadie hará nada. Sólo paripés. Paripés de la Unión Europea, paripés de la ONU, paripés de las diversas ONG. Paripés del gobierno estadounidense. Es comunismo, señoras y señores, y en contra el comunismo nadie mueve un dedo.

Nadie prohibirá la bandera comunista, ni los himnos comunistas, ni las feas canciones comunistas, ni los saludos comunistas, ni los discursos comunistas, ni las discriminaciones y abusos comunistas, ni los crímenes comunistas. Nadie hará absolutamente nada por condenar el comunismo, y mucho menos el castrismo.

¿Vergüenza? Todo lo contrario. Salvar el comunismo siempre ha dado ventaja y prestigioa los que se dedican a semejante bajeza. Así íbamos y así vamos.”

Por esto creamos medios de comunicación liberales, y siempre serán pocos: porque la historia de estos últimos cien años, que son los que en este 2017 cumple el comunismo, demuestra que nadie ha aprendido nunca nada.

 

Origen: Libertad Digital