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Nacho no huyó — La Verdad Ofende/LTPV- 

Se llama Sadiq Khan, y es el alcalde que los londinenses eligieron democráticamente para dirigir su ciudad y destinos. Un destino que se me antoja muy incierto, ciertamente, salvo por el ejemplo de un español, Nacho, un ser humano ejemplar de los de antes.

 

“Corre, escóndete, avisa” son los consejos que el alcalde musulmán de Londres dio a sus ciudadanos ante los excesos del islam, esa religión que profesa y bajo la que en cumplimiento de sus mandatos se realizan los asesinatos terroristas, cuyos códigos de justicia (sharia) o suras violentas no condena. Los londinenses han de acostumbrarse a sufrir el terrorismo musulmán, con un par.

 

“Corre, escóndete, avisa” es el mensaje que envió a los londinenses utilizando nada menos que la cuenta oficial de la policía en Twitter. Unas órdenes que pretenden parecer de seguridad y civismo, pero que son de cobardía y rendicionismo ante el musulmán violento, mientras te sugieren que corras, en tu propia casa, ante quienes llegaron ayer, ¡quizás tus invitados!

 

En la perversión del orden natural de las cosas, debes huir de tu casa, debes aceptar culturas invasoras e intolerantes que oprimen la libertad en la mujer y al homosexual, mientras exigen respetes su derecho a preservar sus costumbres. Una cultura que rechazó unilateralmente y unánimemente la Carta de los Derechos Humanos de la ONU (derechos que ellos violan, pero que te exigen respetes con ellos) suscrita por todas las naciones.. menos las musulmanas: la Carta contraviene la sharia.

 

“Los ataques terroristas son parte de la cotidianidad de vivir en una gran ciudad”, afirma el alcalde de Londres. Nacho no hizo ni puñetero caso a esos consejos rendicionistas del alcalde Sadiq Khan, el musulmán. Sus armas, un simple monopatín, un par de bemoles y una educación occidental sólida, que seguro salvo vidas inglesas, cuya policía patrulla desarmada.

 

El día en que Europa deje el “Imagine” de John Lennon, los hashtags en Twitter (donde la censura a cuentas que proclaman esta realidad es un hecho) y los inútiles minutos de silencio como arma ante la intolerancia del islam, quizá los islamistas empiecen a respetar la tierra que les acoge, nuestras costumbres y si es preciso a temernos… al menos en nuestra casa.

 

Desde hace décadas nuestros políticos ofrecen de modo irresponsable a personas intolerantes derechos y estatuto de ciudadanía (los terroristas islámicos eran británicos) que no respetan e ingentes millonadas en ayudas sociales que no integran. Les protegen nuestros derechos humanos que exigen para ellos, pero que no respetan para nosotros, piden se nos aplique la sharia.

 

Una montaña de absurdos complejos que la izquierda fomenta y cosecha rompiendo nuestra unidad, junto a unas leyes que nos dimos en paz para tiempos de paz, son utilizados en su guerra contra nuestra civilización, mientras la parálisis de los políticos deja de facto a los europeos indefensos, desarmados, vendidos.

Anuncian que recuperarán Al-Andalus y, por supuesto, Israel. En los vídeos de musulmanes en Londres ves como insultan a Occidente mientras se ríen impunemente de su desarmada policía. El viernes dieron con Nacho armado con su monopatin. Su impagable ejemplo quizás despierte conciencias en Europa y la gente reaccione. Como con los comunistas de ETA, de nada sirvió acobardarse. El apaciguamiento es el único modo de dar alas al criminal.

 

Aún queda esperanza mientras alguien se revuelva y se enfrente a esta canalla, aunque solo sea con un patinete. Un abrazo, Nacho.

Origen: Nacho no huyó — La Tribuna del País Vasco

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La traición del alcalde de Londres -Santiago Navajas/LD- 

Sadiq Kahn no tiene ni la capacidad intelectual ni el talante político necesarios, seguramente tampoco la voluntad religiosa, para plantar cara a los intolerantes.

Hace unos meses me felicitaba en estas misma páginas por la elección de Sadiq Khan como alcalde de Londres. Me parecía una buena noticia que un musulmán llegase a tal cota de poder, tan real como simbólico. Me equivoqué. Khan ha demostrado participar de la doctrina apaciguadora del partido laborista que llevó a Chamberlain a pactar con Hitler, poniendo el valor de la (supuesta) paz por delante de la (real) libertad.

En su caso, el apaciguamiento se lleva a cabo respecto de los musulmanes fanáticos que perpetran ataques terroristas. De las declaraciones de Khan sobre los últimos asesinatos islamistas en Londres sería imposible saber si tras el terrorismo que está arrasando la capital británica, el resto de Europa y el mundo entero se encuentran grupos marxistas-leninistas, anarquistas nihilistas o herederos de los nazis que llevaron a Churchill a espetar a Chamberlain:

Se te ofreció poder elegir entre la deshonra y la guerra y elegiste la deshonra, y también tendrás la guerra.

Ahora al apaciguamiento se le denomina inclusividad, dentro del paradigma multiculturalista que lleva a esconder la cabeza bajo tierra y comerse la lengua para, como el alcalde de Londres y los medios progresistas, jamás relacionar los atentados terroristas con el islam. De manera parecida a cómo Gemma Nierga llamó a dialogar con los etarras que acababan asesinar a Ernest Lluch, bajo el síndrome político de que el grupo de extrema izquierda era de los suyos (descarriados pero de la misma familia socialista). Con la excusa de no propagar la islamofobia, están socavando los principios liberales de las sociedades abiertas occidentales. Kahn, que en una ocasión despreció a los musulmanes moderados tachándolos de ser como el “tío Tom” (es decir, musulmanes que estarían sometidos a los occidentales), debería haber encabezado desde su cargo político la reforma del islam que propone Hirsi Ali para que triunfase la versión más acorde con los valores de la civilización. Al mismo tiempo, debería haber aplicado una tolerancia cero contra las raíces religiosas del terrorismo, que no están en el Vaticano o en el palacio del Dalai Lama sino en las mezquitas, madrazas y demás centros vinculados con la versión más ortodoxa del islam, que es la dominante en el mundo.

Por ejemplo, en Indonesia, el país con más musulmanes y que tiene fama, aunque más bien es una leyenda buenista, de ser cuna de un islam moderado y compatible con la democracia, se han introducido leyes de acuerdo con la sharia que han permitido que se azote a los gais mientras un público entusiasmado aplaude y pide que les golpeen más fuerte. Además, a un candidato cristiano que tenía posibilidades de llegar a ser presidente del país, el gobernador de origen chino de Yakarta, lo han condenado a dos años de cárcel por haber supuestamente blasfemado contra el islam, algo que solo sucedió en la cabeza dictatorial de sus enemigos políticos y en la mente esquizofrénica de los fanáticos islámicos.

La traición de Kahn se explica en esta advertencia de Karl Popper, que había visto cómo las repúblicas de Austria y Alemania eran destruidas desde dentro por no haber querido combatir a los nazis y a los comunistas que pretendían destruirlas:

Si extendemos la tolerancia ilimitada aun a aquellos que son intolerantes; si no nos hallamos preparados para defender una sociedad tolerante contra las tropelías de los intolerantes, el resultado será la destrucción de los tolerantes y, junto como ellos, de la tolerancia (…) Debemos reclamar el derecho de prohibirlas, si es necesario por la fuerza (…) Deberemos exigir que todo movimiento que predique la intolerancia quede al margen de la ley y que se considere criminal cualquier incitación a la intolerancia y a la persecución.

El triunfo de Trump es el nefasto y lamentable movimiento pendular que respondió a la incapacidad e incompetencia de Barack Obama, apoyado por unos medios que jaleaban su rendición conceptual ante el avance de los intolerantes de extrema izquierda y el fundamentalismo islámico. No necesitamos ni el simplismo xenófobo de Trump, que identifica a los islamistas con los inmigrantes, ni la banalidad multiculturalista de Obama y sus intelectuales, que defienden, como Olivier Roy en Francia, que el islam no tiene nada que ver con los yihadistas occidentales sino con el proceso de deculturación que sufren los pobres chavales cuando pierden la conexión con sus raíces y no se integran en nuestras sociedades. La culpa de que nos maten, según esta perversa lógica progresista, es… ¡nuestra! Porque no hemos puesto suficientes medios (más allá de una educación pública gratuita, una sanidad gratuita y unas subvenciones sociales casi infinitas…) para que estos rebeldes sin identidad se encuentren como en casa.

Sería una farsa si no fuese una tragedia. Por supuesto, no necesitamos a un alcalde de Londres musulmán incapaz de hacer explícitos, combatiéndolos, los fundamentos islámicos del terrorismo que asuela su ciudad, al tiempo que trata de hacer que nos resignemos (¿cristianamente?) a que vivir en una gran ciudad conlleve acostumbrarse a los atentados. Como si fuese igual que te atropelle un conductor borracho que un tipo que se considera un asesino de Alá. Nada que ver con la valentía y honestidad que demostró David Cameron cuando tras un atentado pidió a los musulmanes ingleses que ayudaran a la Policía a combatir a los terroristas, al tiempo que recordó que los musulmanes son las principales víctimas de los musulmanes y que, contra Obama o Roy, es un error (y un crimen de lesa intelectualidad, añado yo) sostener que el integrismo es fruto de nuestros errores o de la pobreza.

Sadiq Kahn no tiene ni la capacidad intelectual ni el talante político necesarios, seguramente tampoco la voluntad religiosa, para plantar cara a los intolerantes. Pero los que somos herederos de la tradición liberal que venció a los totalitarios del siglo XX no nos vamos a resignar, porque tenemos el ejemplo de los que, como Popper, Hayek, Berlin, Camus, Aron o Russell, nos enseñaron que ante la violencia no hay que poner la otra mejilla sino, por el contrario, en primer lugar, llamar a las cosas por su nombre y, en segundo lugar, hacer caer sobre los violentos todo el peso y la firmeza del Estado de Derecho.

Origen: Libertad Digital

Londonistán: 423 mezquitas y 500 iglesias cerradas

“Londres es más islámica que muchos países musulmanes juntos”, según Maulana Syed Raza Rizvi, uno de los predicadores islámicos que ahora lideran en “Londonistán”, como ha llamado la periodista Melanie Phillips a la capital inglesa. No, Rizvi no es un extremista de derechas. Wole Soyinka, Premio Nobel de Literatura, fue menos amable: dijo que Reino Unido era “una fosa séptica para los islamistas”.

“Los terroristas no pueden soportar el multiculturalismo de Londres”, dijo el alcalde de la ciudad, Sadiq Jan, después del reciente y letal ataque terrorista en Westminster. Es al revés: son los multiculturalistas británicos los que están alimentando el fundamentalismo islámico. Por encima de todo, Londonistán, con sus nuevas 423 mezquitas, se construye sobre las desoladas ruinas del cristianismo inglés.

La Iglesia Unida de Hyatt fue comprada por la comunidad egipcia para ser convertida en mezquita. La iglesia de San Pedro se ha convertido en la Mezquita de Medina. La Mezquita de Brick Lane se construyó en una antigua iglesia metodista. No sólo se están convirtiendo los edificios, también las personas. El número de conversos al islam se ha duplicado; a menudo abrazan el islam radical, como fue el caso de Jalid Masud, el terrorista que atacó Westminster.

El Daily Mail ha publicado las imágenes de una iglesia y una mezquita a pocos metros la una de la otra en el centro de la ciudad. En la Iglesia de San Jorge, diseñada para dar cabida a 1.230 feligreses, se reunían sólo doce personas para celebrar la misa. En la Iglesia de Santa María, eran veinte.

En la cercana mezquita pública de Brune Street hay un problema distinto: exceso de aforo. En su pequeño espacio sólo caben cien personas. El viernes, los fieles tenían que salir a la calle para rezar. Vistas las tendencias actuales, el cristianismo se está convirtiendo en una reliquia en Inglaterra, mientras que el islam será la religión del futuro.

En Birmingham, la segunda mayor ciudad británica, donde muchos yihadistas viven y orquestan sus atentados, un minarete islámico domina el cielo. Hay peticiones para que se permita a las mezquitas británicas llamar a sus fieles a la oración mediante altavoces tres veces al día.

Se calcula que para 2020 el número de asistentes musulmanes a las oraciones llegará a un mínimo de 683.000, mientras que el número de cristianos que acudirá semanalmente a misa caerá hasta los 679.000. “Ya está aquí el nuevo paisaje cultural de las ciudades inglesas; el paisaje homogeneizado y cristiano de la religión del Estado está en retirada”, dijo Ceri Peach, de la Universidad de Oxfrod. Mientras que casi la mitad de los musulmanes británicos tiene menos de 25 años, una cuarta parte de los cristianos tiene más de 65. “Dentro de otros veinte años va a haber más musulmanes activos que asistentes a misa cristiana”, dijo Keith Porteus Wood, director de la National Secular Society.

Desde 2001, quinientas iglesias de Londres de todas las confesiones han sido convertidas en domicilios particulares. En ese mismo periodo, han proliferado las mezquitas británicas. Entre 2012 y 2014, el porcentaje de británicos que se identificaban como anglicanos cayó del 21% al 17%, –un descenso de 1,7 millones de personas– mientras que, según una encuesta realizada por el respetado NatCen Social Research Institute, el número de musulmanes ha crecido hasta casi el millón. El número de feligreses está bajando a un ritmo que, en una generación, será tres veces menor que el de los musulmanes que van regularmente a la mezquita los viernes.

Demográficamente, Gran Bretaña ha ido adoptando cada vez más una faz islámica, en lugares como Birmingham, Bradford, Derby, Dewsbury, Leeds, Leicester, Liverpool, Luton, Manchester, Sheffield, Waltham Forest y Tower Hamlets. En 2015, un análisis sobre el nombre de pila más común en inglés descubrió que era Mohammed, incluyendo sus variantes, como Muhammad y Mohammad.

Las ciudades más importantes tienen enormes poblaciones musulmanas: Manchester (15,8%), Birmingham (21,8%) y Bradford (24,7%). En Birmingham, la policía acaba de desmantelar una célula terrorista; también hay una mayor probabilidad de que un niño nazca en una familia musulmana que en una cristiana. En Bradford y Leicester, la mitad de los niños son musulmanes. Los musulmanes no necesitan convertirse en la mayoría en Reino Unido; solo necesitan islamizar gradualmente la mayoría de las ciudades importantes. El cambio ya está teniendo lugar. “Londonistán” no es la pesadilla de una mayoría musulmana; es un híbrido cultural, demográfico y religioso en el que el cristianismo va en declive y el islam avanza.

Miles de musulmanes toman parte de un servicio religioso al aire libre en Birmingham, Inglaterra, el 6 de julio de 2016. (Imagen tomada de un vídeo de Ruptly).

Según Innes Bowen, en un artículo en The Spectator, sólo dos de las 1.700 mezquitas de Gran Bretaña siguen hoy la interpretación moderna del islam, frente al 56% en Estados Unidos. Los wahabíes controlan el 6% de las mezquitas de Reino Unido, mientras que los fundamentalistas deobandi controlan hasta el 45%. Según una encuesta del Knowledge Center, un tercio de los musulmanes del Reino Unido no se sienten “parte de la cultura británica”.

Londres también está llena de tribunales de la sharia. Oficialmente hay cien. El surgimiento de este sistema judicial paralelo ha sido posible gracias a la Ley de Arbitraje británica y del sistema alternativo de resolución de conflictos. Estos nuevos tribunales se basan en el rechazo a la inviolabilidad de los derechos humanos: los valores de la libertad y la igualdad, que son la base del derecho consuetudinario inglés.

Las figuras públicas británicas siguen abriendo la puerta a la introducción de la sharia. Uno de los principales jueces británicos, Sir James Munby, dijo que el cristianismo ya no influye en los tribunales y que estos deben ser multiculturales, es decir, más islámicos. Roman Williams, exarzobispo de Canterbury, y el juez presidente Lord Phillips, también sugirieron que la ley británica debía “incorporar” elementos de la ley de la sharia. El establishment cultural inglés está capitulando rápidamente ante los fundamentalistas islámicos al aceptar sus exigencias.

Las universidades británicas también están promoviendo la ley islámica. Las directrices oficiales de la universidad, External speakers in higher education institutions (Oradores externos en las instituciones de educación superior), publicado por Universities UK, estipula que los “grupos religiosos ortodoxos” deben separar a hombres y mujeres en los eventos públicos. En la Universidad Queen Mary de Londres, las mujeres tenían que usar una entrada diferente y sentarse en una sala sin poder hacer preguntas o levantar la mano, como en Riad o Teherán. La Islamic Society de la London School of Economics celebró una gala en la que hombres y mujeres estuvieron separados por un panel de siete metros.

Tras el atentado contra la revista satírica francesa Charlie Hebdo, el jefe del MI6, Sir John Sawers, recomendó la autocensura y “cierta contención” al tratar el islam. El embajador británico en Arabia Saudí, Simon Collis, se convirtió al islam y completó el peregrinaje a La Meca, el hach. Ahora se hace llamar Hayi Collis.

¿Qué será lo siguiente?

Origen: Londonistán: 423 mezquitas y 500 iglesias cerradas