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Los dedócratas. -Antonio Burgos/El recuadro-ABC-

Un sedicioso rebelde que proclamó la República Independiente de la Señorita Pepis, perdón, de Cataluña y que aún anda de prófugo, en movimientos de salto de caballo de ajedrez sobre el mapa de Europa, esperando el santo advenimiento de la extradición y tratando de evitarla, va y el tío cara nombra a su sucesor, como si eso de los honorables que dejar suelen de serlo fuese una dinastía. Y me parece que lo es. La Dinastía Catalana del Dedo. Porque Pujol, el que recibe ahora homenajes y grandes ovaciones (será por lo bien que se montó lo del Tres por Ciento) nombró sucesor a Mas. Y Mas nombró sucesor a este sedicioso Puigdemont. Quien, a su vez, ha nombrado sucesor a un señor que nadie conocía, insultador profesional de España y de los españoles, un tal Quim Torra. Nombre que pronunciado todo junto, del tirón, “quintorra” suena a señora que decide hacer del servicio a las armas su profesión y acaba de sentar plaza. Y nombre que en sus dos primeras sílabas, “quim-to” suena o bien a dictador de Corea del Norte o a letra cuartelera puesta al toque de diana: “Quim-to levanta/tira de la manta”. Pero aquí nadie tira de la manta. La manta, en todo caso, sale volando del suspiro de alivio que va a pegar Rajoy el día que no tenga que aplicar el artículo 155 en Cataluña. Se le ve a chorros que quiere largar el mochuelo y soltar cuanto antes esa patata caliente. Para cabreo de sus mosqueados votantes por cierto, encantados con lo que ha dicho Ciudadanos: que la aplicación del 155 por el Gobierno en Cataluña les suena a aquella rumba, catalana por cierto, del difunto Peret, el “Canta y sé feliz”: “No sirve de ná”. Métanlo por rumbita catalana, que verán qué bien llega y pega, y con qué compás, lo que ha dicho Ciudadanos: “El 155 en Cataluña, no sirve de ná… Como no han intervenido esa fábrica de separatismo que es TV3, no sirve de ná…”

¿Dónde está la democracia interna de los partidos, de la que tanto presumen cuando convocan primarias tras tenerlo todo “atado y bien atado”? Porque no sólo el fugado Puigdemont ha puesto con el dedo a Quim Torra, sino que eso ocurre en las mejores familias. Sin más consulta a las bases ni más tonterías, Rajoy ha puesto con el dedo a Ángel Garrido como presidente de la Comunidad de Madrid cuando a Cristina Cifuentes la cogieron no sólo con el carrito del helado, sino del helado, del máster y de las cremas de belleza distraídamente caídas en su bolso. Y no contento Rajoy con el dedazo de Garrido para presidir la Comunidad, de la misma tacado señaló a Pío García Escudero como presidente del partido en Madrid, en sustitución de la Masteresa.

Pero es que en Podemos, que iban contra estas malas prácticas de la casta (y de la Susana), Iglesias pone y quita portavoces a su antojo, sin la menor consulta a los “círculos”, como ellos llaman a las bases, a las células de esta metástasis de sinrazón a la venezolana que se extiende por España. Y manda poco menos que a su casa a la lactante Bescansa, porque no entra por el aro ni se presta a aceptar caudillismos. Y en el PSOE, tres cuartos de lo propio: funciona mucho más el dedo del líder salvador que la democracia interna, cada vez más insólita en los partidos.

Dicen que vivimos en la era digital. Totalmente de acuerdo. Digital de dedo. Está más que visto y demostrado que aquí el dedo sigue funcionando en los partidos como cuando la dictadura. Sólo que se ahorran el motorista del cese antes de pegar directamente el dedazo. Busco y no encuentro la democracia interna de los partidos. Pero en cambio hallo el estribillo de un coro de Cádiz en los albores de la Transición, de 1997, que marcó época y se llamaba “Los Dedócratas”. Ese estribillo tiene que escucharse mucho ahora en el PP de Madrid y en el Parlamento Autonómico de Cataluña: “Aquí no pasa ná,/esto es un cachondeo,/porque todos los cargos/y nombramientos/han sido a deo…”

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Torra es ilegítimo, Rajoy se ha deslegitimado. -F.J. Losantos/LD-

Plácido Fernández-Viagas, letrado del parlamento andaluz e hijo del primer presidente de la Junta de Andalucía, luego senador por el PSOE y miembro del CGPJ, publicó ayer en El Mundo un gran artículo que, a mi juicio, ilumina la gravedad de la situación institucional española tras la proclamación del candidato “limpio” que buscaba Rajoy y que ha resultado ser un racista redomado llamado Torra, cuyo discurso de investidura fue una burla al Estado, un reto a los jueces y una llamada al conflicto civil entre catalanes, que son los separatistas, y los “fascistas españoles que viven en Cataluña”, más de la mitad de los votantes que no aceptan el apartheid antiespañol. Nunca se vio con tal claridad la condición criminal del proyecto separatista y la gravísima responsabilidad de las instituciones españolas si lo aceptan.

La ilegitimidad del nombramiento de Torra

Aunque Rajoy, empeñado en conseguir, para evitar nuevas elecciones, un gobierno de la Generalidad a cualquier precio, salió de inmediato a decir que “no le gustaba” el discurso de Torra, pero que aguardaba a “sus hechos”, la elección de alguien que anuncia que proseguirá el golpe de Estado plantea un problema no sólo ético -¿debe firmar el Rey el nombramiento de alguien que insulta a los españoles y proclama su empeño en la ilegalidad?- sino legal y político: ¿es legítima la elección de Torra con un programa guerracivilista?

Tres son los aplastantes argumentos de Fernández-Viagas. El primero es el del nombramiento de Torra y su elección por el Parlamento regional.

“¿Reúne los requisitos necesarios para superar los límites impuestos por la aplicación del artículo 155 de la CE? Es muy dudoso la verdad, sobre todo si se tiene en cuenta que participar en un proceso de carácter delictivo lo impediría claramente. No se puede incidir en una rebelión y, al mismo tiempo, presidir una de sus comunidades autónomas. Un Estado serio no puede aceptar, por comodidad, miedo, prudencia incluso, una actuación fraudulenta contra su ordenamiento jurídico.”

A partir de ahí, esgrime tres argumentos. El primero, la continuidad de la actividad delictiva de Puigdemont, expresamente exhibida por ambos:

“La candidatura de Quim Torra ha sido impuesta por un señor, Puigdemont, que está encausado por hechos susceptibles de ser tipificados como rebelión, conspiración para la rebelión, o sedición, y que se considera aún presidente legítimo de la Generalitat. Más grave aún, pretende utilizar a Torra como un elemento meramente ejecutor de su proyecto calificado como delictivo. Si es consciente el candidato de todo ello, y no parece muy tonto, debería tener en cuenta que nuestro Código Penal cuando determina la responsabilidad criminal señala, en su artículo 29, que “son cómplices los que, no hallándose comprendidos en el artículo anterior, cooperan a la ejecución del hecho con actos anteriores o simultáneos”, algo en lo que podría incidir claramente Quim Torra. ¿Cómo puede considerarse, entonces, legítima una propuesta dirigida a consolidar una rebelión?”

El segundo argumento, aunque no lo cite el artículo, cabría integrarlo en la instrucción del Juez Llarena en el Supremo y el agravamiento del delito:

“Sería disparatado no tener en cuenta que los efectos de los delitos de que viene acusado el señor Puigdemont no han sido consumados. Sus propios autores recuerdan que su único objetivo es “implementar la República”. Y en ese propósito se enmarcan las actuaciones que vienen realizando a nivel internacional, los distintos hechos de resistencia, activa y pasiva, que se desarrollan en Cataluña y, sobre todo, la enorme campaña que su aparato de propaganda, desde medios oficiales incluso, sigue protagonizando. El proyecto criminal, de existir, se encontraría en una fase decisiva, la de consolidación del enfrentamiento con parálisis de nuestro aparato estatal.”

Y el tercer argumento, escrito -ojo- antes del discurso de investidura de Torra, plantea el problema de fondo: la “vuelta a la normalidad”… golpista:

“Para restablecer la legalidad constitucional no basta con la elección de un “presidente limpio” de imputación penal. Es ridículo siquiera plantearlo, lo que es necesario es que no participe en forma alguna en hechos que, en su día, pudieran merecerla. Y lo cierto es que el señor Torra está siendo utilizado de manera instrumental en hechos muy posiblemente constitutivos de un delito de rebelión, que el Estado no puede tolerar.”

Evidentemente, si los tres argumentos bastaban y sobraban para rechazar la investidura del candidato por lo que había manifestado antes de la sesión de investidura, el discurso de Torra despreciando la Ley, retando al Estado e insultando a los partidos españoles de Cataluña, lo convierten en absolutamente intolerable. Nadie que acepte la investidura de Torra podrá decir que no participa en el Golpe, porque lo hace. A PP y PSOE, que han hecho del borrón y cuenta nueva la política ante el golpismo catalán, les resultará difícil rectificar, pero si Ciudadanos mantiene -debe hacerlo- la ilegitimidad de la investidura de Torra, Rajoy y Sánchez serán socios de sus fechorías, al mismo nivel de Podemos. Pero el partido más afectado es el del Gobierno.

Ni normalidad, ni legalidad: insurrección que pagan los españoles

El “manejo magistral de los tiempos” de Rajoy, que tanto elogiaban sus turiferarios cuando tuvo una mayoría absolutérrima y no la usó para nada, se ha revelado como una pereza pavorosa a cualquier compromiso con la acción de Gobierno, que es para lo que está en la Moncloa. La vergonzosa dejación de funciones ante el separatismo catalán durante casi seis años, los que consigna Llarena en la instrucción del caso contra los golpistas, ha sido fundamental para que la situación haya desembocado en esto: la designación de un racista por un forajido para representar al Estado Español en Cataluña.

Pero Rajoy tiene un problema: al entregarse de pies y manos al separatismo para tirar año y medio en La Moncloa, sin otro plan que el de su particular y exclusiva supervivencia, sus socios debían procurar no delatarle. Urkullu lo ha hecho al elogiar su “sensibilidad” con los asesinos de la ETA, y ahora la famosa estrategia del “candidato limpio” desemboca en este Torra, que empieza re-proclamando la República, despreciando la Constitución e insultando a los españoles de Cataluña, en los que antaño tenía votos el PP.

Torra ha dejado en ridículo a Rajoy y a Pedro Sánchez a las primeras de cambio. Y le ha servido a Rivera el menú completo para hartarse de votos del PP y el PSOE, indignados por su actitud ante el golpismo vasco y catalán. La estrategia “normalizadora”, de la que Rivera supo salirse a tiempo y que Arrimadas enterró ayer con otra gran actuación simbólico-parlamentaria, es un filón electoral sencillamente inagotable para Ciudadanos. Cada fechoría que haga Torra, y las hará a diario, porque es un fanático racista y místico, genuinamente pujolista, como explicaba ayer su examigo Miquel Giménez en Vozpopuli, se cargará en el debe de Rajoy; y en el de Sánchez; y en el de Podemos, porque comunismo y racismo separatista nunca encajan del todo.

El dilema del Rey

Por último, por si faltaba algo, está el dilema del Rey, que apareció en televisión justo cuando, por la deserción bipartidista, ganaba el golpismo y sacó a la calle a la nación española, mostrando la inmensa fuerza que atesora y los partidos desprecian. Afrentado institucionalmente por Torra, que además participó en un escrche contra él, debe firmar (o no firmar) su nombramiento como representante en Cataluña del Estado que quiere violentamente destruir. Porque cuando Arrimadas dijo que Torra no venía a presidir la generalidad sino los CDR dijo exactamente lo que va a hacer: la máxima violencia contra los catalanes no nacionalistas y el máximo desafío al Estado.

¿Y puede el Rey hacerlo como si estuviera respaldando cualquier nombramiento del Gobierno en el ejercicio de su papel constitucional? Dicho de otro modo: ¿es constitucional colaborar con el golpe anticonstitucional? No me extrañaría que, por prudencia y previendo violencias futuras, el Rey retrasara la firma del decreto de nombramiento de Torra como representante del Estado hasta tener un informe del Consejo de Estado sobre la legitimidad de ese nombramiento. Sólo entonces, si fuera positivo, debería firmarlo. En mi opinión, por las razones dadas al principio -o sea, tomadas de Fernández-Viagas- no debería hacerlo. En todo caso, y respetando la difícil decisión que tome, un gesto formal de reprobación sería necesario.

Y si Rajoy y Sánchez se atreven a alegar que eso es salirse de sus funciones, que se preparen. Todos hemos vimos que tuvo que salir en televisión porque ellos no las cumplieron, ni las cumplen, ni piensan hacerlo. España ha entrado en un terreno pantanoso por su personal y política cobardía. Ya veremos cuándo y cómo podemos salir.

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Abran forocoches,cierren TV3. -María Jamardo/OK Diario-

El Gobierno que ha estado cruzado de brazos ante la mayor maquinaria mediática de odio de los últimos años, TV3, con su asedio, propaganda sectaria y adoctrinamiento constante, ahora se plantea cerrar Forocoches. El Gobierno afirma observar indicios suficientes para cerrar el portal a raíz de la publicación de los datos personales de la víctima de La Manada. Ni una palabra al respecto de la publicación en más de cuatro digitales de todos y cada uno de los detalles de los ahora condenados, entonces presuntos, inmersos en un proceso judicial sometido a la protección del secreto de sumario. En un país crispado y que se ha propuesto, contraviniendo cualquier gesto de respeto a las libertades individuales y el sentido común, dinamitar la separación de poderes toca una vez más aplicar la justicia populista. Un nuevo episodio del melodrama podemizador del Partido Popular.

La posición ha sido clara y contundente: hay argumentos jurídicos para cerrar Forocoches, pero… ¿Cuáles? ¿Nadie ha sabido o querido detallarlos? ¿Cómo es posible que el secretario de Estado de Igualdad afirme que se trata de un gesto de normalidad cuando él mismo ha reconocido desconocer el procedimiento que recientemente ha llevado al Ministerio del Interior a cerrar múltiples páginas web por diversos motivos? ¿Ignoran quienes responden ahora, no al cumplimiento de la legalidad sino a las presiones de un clamor dirigido, que en España la orden de cancelación de un sitio web tiene que adoptarla un juez? ¿Está el Gobierno lanzando el mensaje a los ciudadanos de que no pueden interactuar libremente ni opinar sin supervisión o moderación previa? Prepárense entonces porque en esta ocasión ha sido Forocoches pero la próxima serán Twitter o Facebook, teniendo en cuenta el precedente.

Forocoches criminalizado. La parte —una acción reprobable y penalmente punible— por el todo. Y la libertad de expresión cercenada, en una nueva ocasión, por la dictadura de lo políticamente correcto. La última acción totalitaria y lobista del feminismo radical en pie de guerra que invade todos los estratos de la sociedad y, como no podía ser de otra manera, instaurado en una cruzada abierta y frontal contra el mayor foro de habla hispana. Las que exigen respeto a la intimidad de una víctima instaladas en el doble rasero y la incoherencia de difundir toda la información disponible del fundador de Forocoches. La coherencia rebozada en el mismo estiércol contra el que se apuran a protestar.

Y todo ello bajo el solícito amparo de un Gobierno que se ha inhibido frente a Catalunya Radio y TV3, medios públicos dependientes de la Generalidad de Cataluña —teóricamente intervenidos en virtud de la aplicación del 155— que han delatado sistemáticamente posiciones de guardias civiles y policías destacados durante el pasado 1-O, que ensalzan a terroristas en entrevistas masaje, que han hecho apología del golpismo promocionando sin descanso un referéndum ilegal, que señalaron a los discrepantes e inoculan odio a raudales, financiados por todos esos españoles a los que insultan y desprecian permanentemente desde sus tribunas de mentiras y manipulación. Catalunya Radio y TV3 siguen abiertos porque la prioridad, sin duda, es Forocoches. Sigamos con el ridículo, la contradicción, el oportunismo y la crispación social. Asfixiemos la libertad. Todo en orden…

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Final de ciclo. -Luis del Pino/LD-

Como casi siempre en política, lo importante no es lo que se ve. De hecho, aquello que nos presentan suele tener como objetivo ocultar lo que realmente es importante.

Lo importante no es que el Parlamento catalán o un juez en Alemania hagan tal o cual cosa. Lo importante son las conversaciones discretas que mantienen desde hace mucho tiempo las supuestas fuerzas constitucionalistas con los partidos golpistas, para tratar de normalizar la situación.

Lo importante no es el máster de Cifuentes, ni siquiera su previsible dimisión, sino las conversaciones discretas para decidir quién debe suceder a Cifuentes y a Gabilondo al frente del PP y el PSOE madrileños.

PP y PSOE se enfrentan al final de un ciclo, final que amenaza con llevárselos por delante. A ambos. Alguien con dos dedos de frente se habría dado cuenta hace mucho de que la situación no da para más, pero nuestros dos grandes partidos no tienen ya entre sus filas a gente especialmente brillante y, además, la inercia es demasiada como para no caer en la tentación de intentar resistir.

Y buscan desesperadamente recomponer el statu quo, volviendo en Cataluña al estado de cosas anterior al 1 de octubre, y cerrando el paso a la emergencia de nuevos partidos. Y no me refiero solo a Ciudadanos.

No se dan cuenta (o aun se resisten a creerlo) que estamos como estamos porque todos los frankenstein que desencadenaron han cobrado vida propia. Y están fuera de control. Soltaron al monstruo separatista con el doble objetivo de distraer la atención de la crisis económica y pavimentar el camino hacia un régimen confederal. Necesitaban la tensión centrífuga para pastorear a los españoles. Pero el monstruo del separatismo se les fue de la manos y mutó en golpe de estado. Y sucedió lo que no habían previsto: el pueblo español reaccionó. Y de repente España se llenó, en sus balcones, de esas banderas que tantas décadas de ingeniería social había costado desterrar al baúl de los recuerdos.

De no ser por esa reacción de españolismo, volver a la situación de antes del 1 de octubre no sería tanto problema. La garantía de impunidad presente y futura bastaría para pactar un nuevo acuerdo con los golpistas. Pero quien no aceptaría eso es el pueblo español. Y no saben cómo hacer que arríe sus banderas.

También soltaron al monstruo del populismo podemita para canalizar la indignación social del 15-M hacia la nada. Y el monstruo les resultó útil para dirigir el voto del miedo hacia Rajoy, por dos veces sucesivas, manteniendo así el equilibrio básico de poderes. La jugada implicaba debilitar a un PSOE ya demasiado desgarrado por luchas intestinas, pero se consideró que en su momento podía desactivarse al monstruo y que los votos volverían a su refugio natural y controlado. Pero no ha sido así: el desinflarse del populismo podemita no ha reforzado a un PSOE que perdió los votos para no recuperarlos jamás.

Y no hay dos sin tres: el tercero de los monstruos, creado para recoger el voto del desencanto de forma que no supusiera un peligro para el sistema, también se ha ido de las manos. Ciudadanos ha crecido mas allá de lo previsto. Y el inicialmente concebido como partido escoba, como cómoda bisagra para el bipartidismo, encabeza de repente las encuestas, hundiendo al PP y al PSOE aún más en el fango. Y de repente se descubre con horror, que los dos otrora grandes partidos de España ni siquiera contarían ya con los escaños suficientes para formar un gobierno de concentración.

A perro flaco, todo son pulgas. Y mientras los tres monstruos deambulan fuera de control, otros nubarrones descargan ya o amenazan con hacerlo. Y algunos jueces se empeñan en hacer justicia. Y algunos monarcas se empecinan en cumplir con su deber constitucional. Y el calendario electoral (¡malditas elecciones europeas!) se confabula para meter a no menos de tres nuevos partidos en la escena política, lo que terminaría de reventar el reparto de papeles pactado en la Transición y, lo que es peor, podría dar cauce al españolismo electoral.

El olor a fin de ciclo es ya insoportable. Y ahora se preguntan, cuando todo se descompone a su alrededor, qué hacer. Y no encuentran la respuesta.

Aun no se han dado cuenta de que ya no pueden hacer nada.

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El Reverendo Rajones y el suicidio colectivo del PP. -F.J.Losantos/LD-

Netflix ha estrenado una serie impresionante, Wild Wild Country, sobre la asombrosa historia de una secta hindú que en los años 80 del siglo pasado estuvo a punto de tomar un condado de Oregón con un discurso de mucha paz, mucho sexo y mucho amor; y, aprovechando los vacíos legales como todo movimiento totalitario, puso en jaque a la sociedad y al Estado. La movilización ciudadana que se produjo ante la parálisis institucional fue un verdadero modelo de patriotismo norteamericano. Podía ser tabarnés.

El reverendo comunista Jones y los mil suicidas

Los 40 habitantes del pueblo de Antelope se movilizaron contra los miles de seguidores de Bagwan que compraron y urbanizaron lujosamente un valle arriscado y pobre con los fondos recaudados en Hollywood y otros oasis orientalistas por el gurú de los 90 Rolls-Royce. Las comarcas vecinas y multimillonarios como el creador de Nike se rebelaron contra lo que veían una amenaza totalitaria y comunista. Y pese a unos medios de comunicación tan amarillos de forma como rojos de fondo -nada nuevo- los oregonianos tuvieron el apoyo de una opinión pública conmocionada tras el suicidio del Reverendo Jones y 900 siervos de su secta “Templo del Pueblo” en Guyana.

Jones, un galés dizque indio, se declaraba comunista y tuvo el apoyo de la izquierda exquisita post-68, como el alcalde de San Francisco y el líder gay Harvey Milk, llevado al cine magistralmente por el siniestro Sean Penn. La crisis a cuenta de Stalin le alejó del Partido Comunista Norteamericano, cuyas figuras más populares eran Angela Davis y los “Soledad Brothers”; y ante una investigación del FBI por blanqueo de dinero y abusos a menores, huyó a Guyana. Allí instaló su paraíso comunista. Pero allí apareció un día Leo Ryan, congresista que, alertado por unos padres, quiso ayudar a huir a los que vivían en un régimen de terror. Un templista apuñaló y mató a Ryan y otros asesinaron a cinco de los que querían huir, obligando a volver al resto. Al día siguiente, según el film Jonestown, envenenó a más de 300 niños con cianuro y ordenó suicidarse al resto de la secta, que, férvidamente, obedeció.

Desde entonces, muchos americanos sospecharon que el orientalismo de los Beatles pasado por California podía acabar en masacre de enajenados, como en Guyana. Y los uniformes bermellón, las milicias armadas de Sheela, -maligna hindú sonriente y soberbia demagoga mediática al modo podemita- y el discurso de tergiversación de las leyes les movieron a una resistencia de varios años, hasta que pasó lo que cuenta la serie y no voy a destripar aquí.

Los faraones sepultados con toda la Corte

¿Qué tiene que ver esto con lo que pasa en el PP? Si no hubiéramos vivido el suicidio de UCD, diríamos que nada. Como lo vivimos, casi todo. Dicen que hay algo peor que una gran religión dirigida por seres minúsculos: una pequeña religión dirigida por líderes mayúsculos, carismáticos y letales. Pues bien, lo más parecido a una secta que trueca la fe por la obediencia es un partido político con nuestra ley electoral, de listas cerradas y bloqueadas. Esa pirámide con el líder que administra el alpiste de los sueldos y los cargos públicos es una forma de despotismo que acaba chocando con una realidad siempre cambiante, tormentosa, abonada al estiaje y a las riadas de opinión. Pero si no se tiene en cuenta ese cambio continuo, llega un momento en el que no hay más salida que quitarse de en medio, desaparecer. A eso va el PP.

Como la opinión pública depende de los medios de comunicación, los políticos del PP están en manos de la ‘Secta del Patíbulo’, o sea, de los medios que utiliza Soraya, con Mariano detrás, para irlos liquidando uno a uno. Pero en las pirámides egipcias el faraón no se va solo al otro mundo, sino que lo acompaña toda la corte: eunucos, generales, joyas y animalillos domésticos. Y aunque El Faraón por excelencia era Aznar (se lo puse yo), como se fue por propia voluntad en 2004, nadie murió. Pero, ay, el faraón que él nombró sucesor decidió en 2008 que el Partido-Corte se enterrara con él. Y diez años después, se ve venir el suicidio colectivo inducido por el reverendo Rajones.

El arma última del suicido en masa es la voluntad de morir. Pero el arma que logra esa obediencia son los medios de comunicación patibularios que destruyen a la persona que hay en cada rival político o ideológico. Y sólo la aplastante mayoría mediática de extrema izquierda forjada por el PP explica –lo hizo ayer Javier Somalo en un brillante artículo– que en la semana del juicio a Griñán en el caso de los ERE, 900 millones de euros robados a los andaluces en paro por la Junta de Andalucía, el debate nacional sea el del máster de Cristina Cifuentes, con Casado de postre. No es que haya dos varas de medir. Aquí no hay más que una vara de medir las costillas de los políticos del PP, la que esgrimen los telechicos de Soraya y sufre el partido de Rajoy.

Rajoy liquida al PP y Rivera lo despista

En su peor actuación política, Albert Rivera y Aguado ‘El Equivocado’ están siendo los fatuos instrumentos de la ‘Ashishina One’ para liquidar el PP de Madrid, que es el último obstáculo para suceder a Rajoy, bien como candidata a la Moncloa, bien, si él se enroca en el aforamiento, en la reserva tradicional de voto del PP que ha sido Madrid desde hace un cuarto de siglo. Dado que la mayor afluencia de nuevos votantes a Ciudadanos viene del PP, es de idiotas aparecer como el verdugo de Cifuentes por un birrimaster mientras se perdonan masacres financieras como las de los ERE andaluces.

¿Qué no es por el birrimaster sino por mentir? ¿Y no ha mentido más Griñán al decir que no recuerda lo que firmó? Esta semana destapó El Mundo dos escándalos, uno de Susana Díaz y la Gürtel del PSPV y Compromís, mucho más graves: documentos falseados y saqueo de fondos públicos en favor del partido y los intermediarios, que son los mismos que con el PP. ¿Es más corrupto el máster legal de Cifuentes -aun si la Universidad lo trucase- que alterar el régimen legal de contratación o financiar campañas electorales de Zapatero, el PSPV y el Bloc comunista-separatista, base de Compromís?

Para el votante de izquierdas, sin duda, ya que la única corrupción es la que sale en La Sexta y demás medios patibularios sorayejos: la del PP. ¿Pero piensa lo mismo el votante del PP de Madrid, al que no hicieron mella tantas campañas cebrianescas, godojulianescas, rourescas y gabilondescas? Lo dudo. Rajoy acumula méritos sobrados para que cualquier español herido en su dignidad por el golpismo catalán y el padrinazgo político alemán deje de votarlo, pero ¿adónde irá su indignación: a Ciudadanos o a Vox? Hasta el follón de Madrid, estaba claro. Si Cs aparece como partido oportunista que apoya a la izquierda en el linchamiento injusto de la derecha, eso cambiará.

La suerte de Rivera -no de Aguado ‘El Equivocado’- es que Rajoy le brinda una oportunidad de oro para sacar la pata que, a mi juicio, ha metido hasta el corvejón. Sus dudas sobre Cifuentes abocan al PP a la guerra civil entre los que prefieren perder el poder y forzar a Cs a retratarse con sociatas y podemitas para cortar la sangría de votos y los que buscan conservar la Autonomía para hacerle hueco electoral a Soraya si Rajoy no la hace faraona. Son bandos irreconciliables. ¿Qué pinta Rivera en esa guerra?

La creación de una sólida alianza nacional

Sucede que casi todos los dirigentes de Cs son provincianos catalanes, ignorantes de la severa y delicada sensibilidad del votante del PP madrileño. Villacís nunca lo ofende, por eso la votarán. Aguado los irrita haciendo los mismos aspavientos que sociatas y podemitas; aunque vote los presupuestos no se lo perdonarán. Lo de Cifuentes, comparado con lo de Errejón y Griñán, es clamorosamente injusto, y lo de Casado es la clásica destrucción personal, después política, de Cebrián y Ferreras que tanto indigna al votante del PP. Rivera debería dar un paso atrás y dejar que sean los verdaderos verdugos de Cifuentes -Soraya y Rajoy- los que muestren su cabeza cortada en la mano.

Lo que está en juego es mucho más que llevar a Rivera a la Moncloa: reconstruir el centro-derecha para hacer frente al separatismo y sus socios de izquierda, lo que no ha hecho Rajoy, obstinado desertor de sus obligaciones. De que Rivera lo entienda depende algo más que el futuro de Cifuentes y el suyo propio. Se trata de llegar al poder con una alianza nacional sólida detrás, y eso sólo es posible uniendo en torno a Cs los restos del PP, VOX y tanta gente que no cree en los partidos, tampoco en el de Rivera, pero sí en España.

Mientras, el Reverendo Rajones y la menuda y satánica Sheela rumian su futuro y pasean en círculos -mala señal- por la Guyana.

Ver artículo original:

El plan del PP para Cataluña, en 60 puntos. -Cristian Campos/El Mundo-

1. Para comprender cuál era el plan del PP para gestionar —que no solucionar— el conflicto catalán hay que conocer tres datos previos.

2. El primero de esos datos es cuál cree Mariano Rajoy que es el estado ideal de la democracia española.

3. Ese estado utópico mariano es un bipartidismo más o menos equitativo en el que PP y PSOE se alternen en el poder con el apoyo de los partidos nacionalistas vascos y catalanes.

4. Ese es todo el plan político de Mariano Rajoy para España. No hay más.

5. A diferencia del PSOE de Pedro Sánchez —que nada desearía más que la desaparición del PP en el fondo del Océano Atlántico— el presidente del Gobierno considera al PSOE como la otra cara, necesaria e inevitable, de una misma moneda: la del régimen que debería gobernar España durante los próximos cien años.

6. Nadie protegerá más al PSOE de su desaparición que un PP liderado por Mariano Rajoy y nadie hará más por la desaparición del PP que un PSOE liderado por Pedro Sánchez. El problema del PP no es de complejos: es de inconsciencia.

7. Pero el estado utópico mariano se derrumba como un castillo de naipes con la aparición de Ciudadanos en 2006.

8. La existencia de un tercer partido estatal de centro, centro-izquierda y centro-derecha amenaza con desestabilizar ese bipartidismo a cuatro que Mariano Rajoy considera el estado natural, e ideal, de la democracia española tras la Transición.

9. Dado que Ciudadanos amenaza con robar más votos al PP que al PSOE, la aparición de Podemos en 2014 es vista como el contrapeso ideal a ese desequilibrio en la Fuerza.

10. Podemos, creen Rajoy y Soraya, restará en 2015 votos al PSOE sin llegar a convertirse jamás en una alternativa seria de Gobierno.

11. Su radicalismo hará que, de forma natural, el electorado de centro huya del PSOE para refugiarse en el voto útil del PP.

12. Y de ahí se deduce el nada disimulado apoyo que varias cadenas de televisión y grupos de comunicación, con el del empresario multimillonario comunista Jaume Roures a la cabeza, han prestado y siguen prestando a Podemos.

13. Apoyo espoleado por una vicepresidenta a la que Podemos debe todo su éxito. Sin ella, Podemos no sería hoy más que una anécdota.

14. Los fallos de ese plan se hacen obvios en 2015, cuando Podemos está a punto de escapar al control de sus pigmaliones y de formar una coalición de Gobierno junto al PSOE.

15. Pero la ambición desmedida, el sectarismo, la escasa inteligencia política y el ego de su líder, en realidad una marioneta en las manos del PP, frustran ese Gobierno de izquierda y centro-izquierda que Podemos tenía al alcance de la mano.

16. El segundo de esos datos que nos permiten comprender cuál era el plan del PP para gestionar el conflicto catalán es cuál es la respuesta estándar de Mariano Rajoy a cualquier problema.

17. Esa respuesta estándar es “uf, qué lío”.

18. Porque a Mariano Rajoy, del Big Bang para acá, todo le parece un lío.

19. Prueba de ello es la anécdota que suele contar la periodista Isabel San Sebastián sin que nadie hasta ahora haya osado contradecirla. El día de los atentados del 11S, Mariano Rajoy, vicepresidente del Gobierno y en la práctica presidente en funciones por la ausencia de José María Aznar, fue sorprendido viendo la Vuelta Ciclista a España por la tele mientras el resto de Moncloa gestionaba lo que en ese momento parecía el estallido de la III Guerra Mundial.

20. El tercero de los datos es la falta absoluta no ya de ideología, sino de convicciones, de Mariano Rajoy. Que es, en realidad, la falta absoluta de la más mínima brújula moral.

21. Asumida esa carencia de brújula moral se comprende mejor la indiferencia del presidente frente al arrinconamiento de la lengua española en Cataluña, Valencia y Baleares. 

22. O frente al aniquilamiento de los derechos de los ciudadanos constitucionalistas en esas mismas regiones.

23. O frente a la desobediencia y la deslealtad reiterada de las autoridades autonómicas.

24. O frente a la existencia de un cuerpo armado de 17.000 policías de lealtad dudosa a la Constitución en la región históricamente más violenta de España.

25. O frente a la evidente desautorización del Estado de derecho español que supone la reciente decisión de un juez regional alemán respecto a la extradición de Puigdemont.

26. Conocidos esos tres datos, puede deducirse, sin problemas, el plan del PP para gestionar el conflicto catalán.

27. Ese plan era, lisa y llanamente, el mantenimiento del statu quo.

28. Es decir, la cesión sin batalla al nacionalismo del control de una región de la que el Estado empezó a desaparecer en el minuto uno de la Transición. Control tolerado por el Estado a cambio del puñado de votos que permitan mantener vivo el régimen bipartidista.

29. La conclusión es obvia. Al Gobierno, Cataluña y los catalanes no nacionalistas le importan políticamente poco menos que nada.

30. Lo único que parece interesar es que el partido hegemónico nacionalista, idealmente uno de derechas, continúe gobernando Cataluña per saecula saeculorum a cambio de su apoyo al partido que ocupe el Gobierno central en ese momento.

31. Corrupción, desobediencia, deslealtad y violación reiterada de los derechos de los catalanes constitucionalistas son minusvalorados a diario con el único objetivo de no revolucionar el gallinero nacionalista vasco y catalán.

32. A día de hoy, por ejemplo, los nacionalistas vascos siguen presumiendo de que la suya es la única comunidad libre de corrupción.

33. Obviamente, la realidad es otra. En el País Vasco el Estado, como en Cataluña, ha hecho mutis por el foro dejando el campo expedito a los caciques locales.

34. Sabe Dios lo que se esconde en las Vascongadas. Como dicen en Jaén: “Ahí debe de haber hasta perros follando”. Aunque esto es sólo una sospecha educada.

35. Pero volviendo a Cataluña. El Gobierno jamás creyó que los líderes del procés separatista llegaran hasta donde han llegado. En su fantasía, el nacionalismo sólo estaba presionando para lograr un mejor trato fiscal.

36. De ahí las imágenes de Soraya Sáenz de Santamaría en evidente sintonía con Oriol Junqueras. Un hombre que está en la cárcel tras haber sido engañado por Carles Puigdemont —e incluso por algunos de los consejeros de su propio partido— y que en contrapartida sólo ha logrado engañar a una persona en toda su carrera política: a la vicepresidenta del Gobierno.

37. Consumado el golpe de Estado los días 6 y 7 de septiembre, y reiterado dicho golpe el 1 de octubre, el desconcierto es total en el PP. ¡Pero si sólo querían más dinero y más vista gorda del Estado!

38. Su obsesión pasa a ser entonces la de que Carles Puigdemont convoque elecciones autonómicas lo antes posible para que la comunidad retorne al mencionado statu quo: el del control caciquil de la región por parte del nacionalismo a cambio de sus votos en el Congreso de los Diputados.

39. Otra conclusión obvia. Al Gobierno no le importa nada, en realidad, que el separatismo haya dado un golpe de Estado.

40. El Gobierno sólo pretende librarse lo antes posible de la pelota que el nacionalismo ha colocado en su tejado. Y los catalanes no nacionalistas son la evidente moneda de cambio para ello.

41. “Haced lo que queráis con ellos, pero convocad elecciones generales”.

42. El resto es conocido. Los líderes del procés, con Carles Puigdemont a la cabeza, enloquecen tras creerse sus propias fantasías rurales y proclaman la independencia.

43. El retorno al ansiado statu quo parece cada vez más lejano.

44. Pero aún queda una rendija de esperanza. Que el poder judicial haga la estatua frente al golpe de Estado y sus principales líderes sean condenados por una leve desobediencia.

45. Penas de multa o menores, inhabilitaciones selectivas y aquí paz y después gloria.

46. Se dice y se rumorea que la Fiscalía General del Estado recibe presiones para que no solicite prisión provisional para los líderes del golpe de Estado que aún andan en libertad. Esa presión es un secreto a voces en la capital y se habla incluso de discusiones a gritos en los despachos de algunos altos funcionarios pertenecientes al poder judicial.

47. La presión, dicen también, no llega hasta el punto de la ruptura del principio de la separación de poderes. El Gobierno no controla al poder judicial y este actúa autónomamente en todo momento.

48. Para desazón del Gobierno, la Fiscalía se muestra firme y los abogados de Vox hacen su labor. Los líderes del golpe de Estado entran en prisión de forma escalonada. En este punto, el Gobierno sigue con su plan original: el retorno a la calma chicha.

49. Nada haría más feliz al Gobierno ahora que el separatismo hiciera presidente a cualquier diputado nacionalista, cualquiera, siempre y cuando este no estuviera inmerso en un proceso judicial.

50. Que el procés continúe activo o que esa investidura de un nacionalista partidario de la “implementación de la república catalana” suponga el retorno al control del presupuesto público por parte del separatismo y la vuelta a las andadas golpistas le trae sin cuidado a nadie en el Gobierno: el próximo golpe de Estado catalanista se lo comerá muy probablemente Ciudadanos.

51. Pero los líderes separatistas, atenazados por sus propias divisiones internas, no leen bien al Gobierno y le siguen considerando un enemigo cuando es, en realidad, su principal aliado. En consecuencia, no logran investir presidente a nadie.

52. Al Gobierno sólo le queda una esperanza frente a la incompetencia del separatismo para volver a la senda que jueces y líderes del PP les están señalando con focos de muchos miles de vatios de potencia.

53. Esa esperanza es que la papeleta se la solucione otro. En este caso, Europa.

54. Europa es eso que los anglosajones llaman un longshot. Una esperanza lejana a la que se confía toda la suerte del proyecto.

55. Pero salta la sorpresa en Alemania. Un simple juez regional alemán, el equivalente de una audiencia provincial, desestima contra todo pronóstico la acusación de rebelión para Carles Puigdemont y abre la puerta a que el resto de países europeos implicados (Bélgica, Suiza, Escocia/Reino Unido) sigan sus pasos.

56. El Gobierno ha conseguido lo que quería. Deslegitimar políticamente el procesamiento por rebelión de los líderes del golpe de Estado sin mancharse las manos.

57. Esa deslegitimación del proceso judicial contra el separatismo ha tenido un coste inasumible para España. El descrédito de la idea de Europa, para empezar.

58. También la consolidación de España en el imaginario colectivo europeo como una democracia de segundo rango. Democracia de segundo rango que, como dice Arcadi Espada, puede ser chuleada impunemente.

59. Además de una segunda deslegitimación: la del Estado de derecho en Cataluña y el País Vasco. Probablemente también en el resto de España —si no podemos ni siquiera defendernos de un golpe de Estado, ¿en manos de qué déspota regional quedaremos en el futuro?—. O el abandono a su suerte de los catalanes (y los vascos) no nacionalistas.

60. Pero el Gobierno tiene al fin lo que quiere. El retorno de Cataluña al trote cochinero del chantaje permanente al Estado. La vuelta, lenta pero segura, al statu quo. Sin condenas de peso. Sin alboroto. Sin que las molestias sean sufridas por nadie más que los españoles no nacionalistas en Cataluña, el País Vasco, Baleares o Mallorca. Ese fue siempre el plan: que el lío se lo comiera otro.

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Ley de memoria histórica: el acabose. -Ramón Pérez-Maura/ABC-

Melancolía produce el ver que cada día tiene menos influencia en los políticos lo que se escribe en los periódicos y lo que opinan sus compañeros de filas más experimentados. Esta semana hemos tenido una prueba verdaderamente irrefutable. El pasado martes, don Marcelino Oreja Aguirre, exministro de Asuntos Exteriores, exsecretario general del Consejo de Europa, excomisario europeo, presidente de honor de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas –casi nada– publicaba en estas páginas una luminosa Tercera sobre la Ley de la Memoria Histórica que concluía con un párrafo inequívoco y perfecto compendio de lo que antecedía: «La Ley de Memoria Histórica es una falsedad, un grave error y un mal servicio a España. Estas son mis convicciones en las que deseo permanecer fiel en lo que me queda de vida».

Ese mismo día, el Parlamento de Baleares, aprobaba su propia ley de memoria histórica. Allí gobierna una coalición de izquierdistas y nacionalistas catalanes, así que, en puridad, nada de extraño tiene. Pero lo que convierte este hecho en el acabose es que esa denominada «Ley de Memoria Democrática de las Islas Baleares» se aprobó con los votos a favor del Partido Popular de Baleares, que preside Biel Company. Esta es una ley perfectamente prescindible por muchos motivos, entre otros porque sólo pretende replicar allí una ley que ya es de aplicación en toda la nación. Ya se sabe lo que les gusta a los parlamentos autonómicos legislar y legislar sobre cosas que ya están legisladas. Y es una ley que el PSOE que gobierna Baleares quiere cambiar y endurecer si vuelve al poder.

Pero la ley balear ha tenido alguna utilidad colateral. Nos ha servido para ser informados de que el PP, después de no haber considerado necesario derogar la ley de amnesia histórica zapaterista, ahora está abiertamente alineado con ella al menos en Baleares. Una ley que, por ejemplo, a algunos ciudadanos nos está causando notables perjuicios por el empeño del Ayuntamiento de Madrid de cambiar el nombre de nuestra calle escudándose falsamente en esa ley. O quizá también en Madrid, porque desde el martes pasado no he escuchado ninguna salvedad o reproche del PP nacional a la actuación de sus hombres en Baleares. Pero ¿a quién puede sorprender eso? Martínez-Maíllo está demasiado ocupado persiguiendo y denunciando a ABC como para atender minucias como la Ley de la Memoria Histórica y la deriva catalanista del PP balear.

Ayer mismo el «Diario de Mallorca» (Grupo Moll) publicaba un análisis en el que se explicaba cómo el PSOE quiere a Biel Company como candidato a la presidencia de Baleares, razón por la cual se abstienen de hurgar en sus puntos débiles. Lo quieren como rival, porque es el más débil de cuantos pueda oponer el PP a la presidenta balear Francina Armengol. «El PSOE balear desea a Biel Company encabezando la candidatura del PP; de ahí que se guarde el material desestabilizador. Cualquier otra u otro, se aduce, es más peliagudo que Company».

Esta semana el discurso del diputado del PP por Tarragona, Alejandro Fernández, en el Parlamento de Cataluña se ha vuelto viral. Hablaba sobre convivencia y parlamentarismo al hilo de una iniciativa parlamentaria de Ciudadanos. Ese discurso de apenas cinco minutos ha tenido un inmenso impacto porque representa la antítesis del actual discurso del PP balear. Porque el PP de Cataluña ya pasó por ser tibio ante el nacionalismo. Y eso le ha llevado a estar donde está: en la marginalidad. Pero el PP de Baleares sigue la ruta que antaño hollaron sus socios catalanes, impasible el ademán.

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Temblor de placas. -Ignacio Camacho/ABC-

Aciertos del adversario. C´s -en periodismo sí vale la abreviatura por economía de espacio- no sube en las encuestas por lo que hace sino porque, precisamente a base de no hacer nada, es el único que no decepciona al electorado. Son los populares los que se desploman mientras los socialistas se estancan, víctimas en ambos casos de sus bloqueos autoinducidos y de su incapacidad para sacudirse el marasmo.

A diferencia del PP, que dispone de una sólida y homogénea implantación territorial y de la maquinaria organizativa más poderosa de España, Ciudadanos es aún una plataforma electoral más que un partido propiamente dicho. Le falta estructura, presencia, militantes, cohesión, esqueleto político. Le sobran en cambio reflejos, pujanza, dinamismo y frescura, todo eso de lo que carece el marianismo, cuyo desgaste proyecta un aire mustio, apagado, envejecido. Pero aun así, para que los naranjas pasen de la cuarta fuerza a la primera, esta tendría que sufrir un cataclismo que sólo se puede producir si continúa en ese estado de colapso crítico, en ese desmadejamiento abúlico que los españoles empiezan a identificar como un liderazgo marchito.

Es muy difícil que el sorpasso demoscópico cuaje en las urnas si el Gobierno con su galbana, no se aboca al suicidio. Lo que sí puede ocurrir con relativa facilidad es que un millón o más de votantes del centro-derecha cambien de partido, y que en el bloque de izquierdas haya un trasvase -de al menos otro medio millón- del declinante Podemos hacia el socialismo. Así, el PP quedaría por debajo de los siete millones, el PSOE por encima de los seis y C´s cerca de los cinco. Ese movimiento telúrico permitiría a Rivera subastar su apoyo, con posibilidad de provocar un vuelco decisivo e incluso, en caso de que llegase a superar a Sánchez, postularse como presidente a sí mismo. Encarnarse en el Macron que sueña ser, el reformador centrista de un sistema desfallecido.

 

Esa sacudida tectónica, u otra similar, se precipitará si Rajoy continúa indiferente y escéptico, ajeno al temblor de placas que precede a los grandes corrimientos. No es el poder lo que tiene en peligro, al menos de momento: es su proyecto, el de la mayoría liberal moderada española, lo que está en juego mientras el presidente cifra su objetivo en completar la legislatura de cualquier modo y a cualquier precio. Le toca decidir cómo perfila su legado; si no adapta el modelo al compás de este tiempo serán los electores los que den paso a otro nuevo.

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