Archivo de la etiqueta: Soraya Saínz de Santamaría

Dos golpes por el precio de uno. -F.J. Losantos/LD-

Añadiré un par de cosas al artículo publicado anteanoche en LD, tras oir en esRadio, entre la náusea y la vergüenza, al presidente del Gobierno diciendo que su fórmula para acabar con el golpismo catalán es convocar elecciones autonómicas. La fundamental es que Soraya, que siempre ha representado, y presumido, y paseado, y masajeado, con el nacionalista Millo al bolso, la política de diálogo y soborno con el separatismo catalán, ha sido la elegida por Rajoy como presidenta del Gobierno para Cataluña.

Eso significa que el Gobierno no sólo mantiene la política de Soraya durante los últimos años como personal de Rajoy y del Gobierno del PP, sino que no entiende que haya razón alguna para cambiar de política tras el Golpe de Estado y la proclamación de la república catalana. O lo que es lo mismo: que lo que se establece en Cataluña es lo que estaba establecido y que lo que se ha hecho con los golpistas es lo que se venía haciendo y se piensa hacer en la campaña electoral: regañarles en público pero evitarles en privado las consecuencias judicial y económicamente desagradables de esa costumbre, tan traviesa entrañablemente suya, de ciscarse en las leyes españolas. Lo que se deduce de la ‘parapresidencia sorayina’ es que se ha pactado que los golpistas no vayan a la cárcel si van a las elecciones.

El Gobierno ha pactado y pactará

Dicho de otro modo: ‘Cocomocho‘ no pactó del todo con el Gobierno las elecciones, pero el Gobierno sí pactó con Mas, agente de ‘Cocomocho’. A cambio de una declaración de independencia tan zarrapastrosa que una Justicia ciega y una casta política indecente podría seguir fingiendo que no ha existido del todo, les ahorrará los treinta años de cárcel porque sí existió. Uno comete mal un delito y el otro dice que tanta torpeza lo rebaja a falta. ‘Cocomocho’ y su tribu han dado el golpe que Rajoy les ha permitido, pero como han fracasado bastante, se rebaja el golpe a fallido pronunciamiento.

La doctrina rajoyesca y sorayina es que aquí será impune el delito del que pueda pagarlo o amenazar con que no paga. Hay que ser tan generosos en la victoria que nadie note la derrota. Al que sí hay que perseguir es al autónomo que se olvidó de pagar un mes a Hacienda. Al que da un golpe de estado, no, siempre que el delito lo cometan políticos nacionalistas. A los nacionalistas no se les persigue nunca: se les premia o se les indulta. Ayer dijo Méndez de Vigo que el Gobierno “vería con agrado” que ‘Cocomocho’ se presentara a las elecciones. Podría dejarle el Ministerio de Educación, para asegurarse de que siga sin haber ningún problema educativo en Cataluña. No recuerdo haberme sentido nunca tan insultado por ningún ministro. Palabra de honor.

Del Código Penal al Código Constitucional

Los delitos de rebelión y sedición que contempla el Código Penal no han sido nunca esgrimidos por la Fiscalía, que ha delegado en el Gobierno una forma de castigo dentro de un Código Constitucional, que consagra la impunidad de cualquier delito siempre que se cometa entre políticos. Los ciudadanos no existimos. La Ley, tampoco. Aquí impera una casta política que se entiende entre ella y manipulando los medios de comunicación nos convence de que combate lo que permite y persigue lo que protege. Cuanto más se acerca uno al golpe de Estado catalán ve más aterradoramente claro que el Gobierno siempre estuvo en el golpe, que sigue estándolo, y que si las elecciones le salen relativamente bien, con una mayoría exigua que deje al PSC en condiciones de formar una alianza de Gobierno, el golpe seguirá.

Porque el golpe no es sólo que medio Parlamento haya proclamado la República, aunque por menos fueron treinta años a la cárcel los del 23F, sino todo lo que ha llevado a esa proclamación, desde la negación absoluta a cumplir la Ley a la dictadura mediática, pasando por la tiranía escolar. Y el doctor Rajoy y la comadrona Soraya, con el respaldo de los enfermeros Sánchez y Rivera, están dispuestos a no operar el cáncer de una democracia agonizante mientras puedan cambiar de hospital, si encuentran plaza.

Inmensas ruedas de molino

No es raro que para hacernos comulgar con tan gigantesca rueda de molino se recurra a los magos del 11M, Cebrián y Ferreras. El intelectual orgánico del sorayismo debe convencer al PSOE de que lo que todos, hay que insistir en todos, vamos a hacer en Cataluña es muy de izquierdas y que de no hacerlo resucitaría una Derecha que querría nada menos que acabar con el Estado de las Autonomías, que tan buen resultado nos da. Y su jefe de Informativos en la SER convencerá a Podemos de que después de esto de Cataluña ya vendrá el País Vasco y tendrán su oportunidad como única y legítima oposición -con la ETA- al régimen del 78. O sea, lo pactado en ‘Can Roures’, pero a plazos. Pablo lo entenderá.

Para parar un golpe de Estado sin pararlo, Rajoy ha tenido que darlo sin que parezca que lo da. Tenemos dos golpes por el precio de uno. Y aún habrá gente -viles reaccionarios, casposos nacionalistas españoles- que se quejará de cómo nos tratan los amos. Nos han ahorrado nada menos que la violencia de una intervención militar para restaurar la Ley, a cambio de que la Ley sólo se aplique a los militares que pretendan que se cumpla. Otra vez dos por el precio de uno. Seguiremos siendo europeos si no insistimos en ser españoles, libres e iguales ante la ley, que eso seguirá siendo delito. Pero pronto nos dirán que el golpe de Estado en Cataluña nunca existió, y muchos lo creerán. Hasta el próximo golpe o hasta que perdamos la cuenta.

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‘Censeo Assoraiam…’ -F.J. Losantos/El Mundo-

Tras la Segunda Guerra Púnica (por Hispania, siempre por Hispania), el Senado de Roma dio por derrotada a Cartago y se entregó a sus deportes favoritos: comprar votos y arruinar carreras por acusaciones de corrupción. Pero Catón el Viejo, duro cónsul en la Hispania Citerior -Barcino incluida-, había visto a Aníbal desatar la Primera Guerra Púnica con la excusa de que en Arse (Zakuntum) los saguntinos, aliados de Roma, habían reñido con los turboletas (Teruel, siempre Teruel), sus aliados. También lo vio atravesar los Alpes con sus elefantes y vencer a las legiones del SPQR en Tessino, Trebia, Trasimeno y Cannas; y, tras la derrota, volver 11 años después (por Hispania, siempre por Hispania) con su valeroso hermano Asdrúbal y más elefantes, hasta que Catón y los suyos decapitaron a Asdrúbal en Metauro. Así que el austero Catón no creía que un enemigo estuviera vencido por decir que lo estaba, y terminaba todos sus discursos diciendo: “ceterum, censeo Carthaginem esse delendam”, o sea, “por lo demás, opino que Cartago debe ser destruida”. Y a la tercera, la destruyó.

Evidentemente, el Senado español está más poblado de iletrados y necios que de catones de cualquier edad. Ayer era la primera vez, tal vez la última, para demostrar que sirve para algo, y entre la abulia de Marianum Caesar, la gálica aflicción de Margaria Roures y las insidias de la Procónsula Numidiae et Mauritaniae (Carthagum) Assoraiam Sancta Mariam, va y se le ocurre citar a Cocomochum Barça a aclarar ante él, este jueves o este viernes, a su elección, si está realmente en guerra con Roma, o sea, Hispania. Al populus, que está hasta las napiae, le dijeron el sábado que el Senatus Hispaniarum lo consideraba fuera de la Lex, enemigo del Populus, de la Mater Hispania y de la Beatissima Dea Pangea, y que enviaba a la Legio CLXXXX (155) para someterlo y traerlo a las ergástulas de Filípides VI. Pues nadípides. Otra vez le dan la oportunidad de arruinarnos con nuestros soldi.

Cocomochum Barça no es Aníbal Barca. Tampoco yo soy Catón, pero sé que mientras siga mangoneando Soraya, símbolo de todas las capitulaciones políticas, y que este lunes, con Catalá, Maillóteles y Dastis, humilló al Senado y demolió lo anunciado el sábado por Rajoy, jamás ganaremos. Ceterum, censeo Assoraiam esse delendam. Ad Inferum aut Insersum!

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Santamaría tiene que abandonar el Gobierno y Trapero, seguir los pasos de los ‘Jordis’ -LD-

A medida que se agotan los plazos concedidos graciosamente por el Gobierno de Mariano Rajoy al asombrosamente aún presidente del Gobierno regional catalán, Carles Puigdemont, principal impulsor del golpe de Estado en Cataluña, se suceden una serie de hechos de la mayor gravedad. Las palabras de la vicepresidenta del Gobierno en su última comparecencia sobre este asunto son, sin duda, un punto de no retorno que convierten al Ejecutivo de Rajoy en corresponsable, por omisión, del ataque separatista a nuestro democrático.

En el 23-F, los golpistas fueron detenidos, juzgados y enviados a prisión. Ahora, sin embargo, el Gobierno ofrece diálogo a los sediciosos y hace todos los esfuerzos posibles para no asumir su más alta responsabilidad: y cumplir y hacer cumplir la ley en todo el territorio nacional.

“Nadie ha tenido tan fácil una respuesta y nadie ha tenido tan fácil evitar que se aplique la Constitución”. Estas alucinantes palabras de Soraya Sáenz de Santamaría suponen una confesión en toda regla de que la intención del Gobierno es colaborar con los golpistas que pretenden acabar con la Nación y con el Estado de Derecho.

La confesión ante las cámaras de Sáenz de Santamaría es el reconocimiento de que el Gobierno está colaborando con los golpistas para evitar que asuman sus gravísimas responsabilidades. La vicepresidenta ha quedado desautorizada para liderar la acción del Gobierno para el restablecimiento del orden constitucional en Cataluña. Por eso debe dimitir o, si verdaderamente no estamos ante un Ejecutivo cómplice de los golpistas, ser destituida.

En cuanto al felón mayor de los Mozos, Josep Lluís Trapero, es incomprensible que no haya sido enviado a prisión como los presidentes de la Asamblea Nacional Catalana y Omnium Cultural, Jordi Sánchez y Jordi Cuixart, pues es tan sedicioso como ellos pero aún más culpable de lo que sucedió el 1 de octubre, habida cuenta de que su misión, ordenada por la propia Justicia, era impedir que se llevara a cabo la consulta liberticida organizada por los otros dos. Mandato que se negó a cumplir en abierto y afrentoso desafío a la legalidad que juró proteger cuando accedió al cargo que, ominosamente, aún desempeña.

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Hermann Tertsch: “En Prisa se trabaja para Soraya Sáenz de Santamaría”

 

Hermann Tertsch habla en esta entrevista sobre la condena que ha recibido por referirse al abuelo de Pablo Iglesias como “miliciano criminal”, sobre el proceso soberanista, sobre el duopolio de la televisión en España y sobre el daño que -considera- ha hecho a la sociedad el marxismo cultural. Como es habitual, no se muerde la lengua.

Hermann Tertsch (Madrid, 1958) ha sido recientemente condenado a indemnizar con 12.000 euros al padre de Pablo Iglesias por escribir un artículo en el que calificaba al abuelo del líder de Podemos de “miliciano criminal” y le acusaba de haber participado en ‘sacas’ durante la Guerra Civil. El periodista de ABC recurrirá la sentencia porque asegura que en su texto no incurría en ninguna mentira y porque considera que “la izquierda no tiene derecho a imponer su visión sobre el pasado” y a ocultar los episodios que no benefician a sus dirigentes.

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La “Operación Galaxia” de Pablenin y la “Solución Armada” de Soraya-F.J.Losantos

Como no le funciona el despacho de Barcelona, Supersoraya ha decidido abrir negociaciones con los golpistas en su finca de las Cortes.

Con muy pocas horas de diferencia y entre la indiferencia mediática, cercana a la idiocia, las dos soluciones anticonstitucionales para el futuro de España, la que en la Izquierda acaudilla Pablenín y en la derecha la Vicepresidenta del Gobierno en nombre -o no- de Rajoy han coincido en ofrecer, sin legalidad o legitimidad alguna que lo permitan, la sede de la Soberanía Nacional, el Congreso de los Diputados, para que los golpistas catalanes que, de momento, encabeza el flequilludo Carles Puigdemont alias Cocomocho, la humillen a gusto con sus proclamas independentistas.

Nunca el golpismo ha sido tan aceptado como solución para lo que se supone que no tiene solución: el empeño de la casta político-mediática de Barcelona en vulnerar todas las leyes y el empecinamiento de la clase mediático-política de Madrid en garantizar la impunidad de esa ilegalidad.

Soraya usa las Cortes como Despacho

El más tonto de la clase de Sostres, Quico Homs, dice que “Cataluña le ha proclamado la guerra democrática a España”. Como nunca se dio el caso de que los generales de un ejército cobren la nómina en la intendencia del enemigo, nadie le cree. Pero de ahí a ofrecer el Templo de las Leyes, como ha hecho Soraya, a los apóstatas de Alí Pujol y los mujaidines de Godó hay mucho trecho: el que va de la defensa de la Ley a la complicidad con el delito. Como no le funciona el despacho de Barcelona, Supersoraya ha decidido abrir negociaciones con los golpistas en su finca de las Cortes.

No es sorprendente que Pablo Iglesias se sumara de inmediato, como parte de su moción de censura contra el régimen constitucional, a la oferta de la Vicepresidenta, que hecha en rueda de Prensa oficial compromete a todo el Gobierno de Rajoy, ministro a ministro. Tampoco sorprende ya el silencio de Rivera: andará preparando la invasión del Valle de los Caídos en memoria de la del de Arán por Carrillo y la toma de la Moncloa por los Cien mil Hijos de Macron en recuerdo de los fusilamientos del 3 de Mayo.

La Prensa aplaude la astucia golpista de Moncloa

En rigor, lo más triste es que la Prensa, buena parte de la cual criticó a ZP cuando propuso a Ibarreche la votación en Cortes del Plan separatista celebre, ha aplaudido unánimemente la oferta de Soraya y su Gobierno como una astuta trampa que ofreciendo diálogo deja “sin armas” a los que no quieren dialogar. Siempre buscando en la cobardía “cargarse de razón”.

¿Desde cuándo un Parlamento está para dialogar con los golpistas? Sólo cuando negocia las condiciones para sumarse al Golpe de Estado. Y eso es lo que propone Soraya frente al golpismo separatista catalán: una “Solución Armada” como la que ofreció el ex-jefe de la Casa del Rey a las Cortes secuestradas por Tejero el 23 de Febrero de 1981, ofreciendo formar parte de un Gobierno presidido por él, se suponía que en nombre del Rey, a todos los partidos políticos excepto los nacionalistas: con Felipe González de vicepresidente y una lucida representación del arco parlamentario, con algún comunista independiente para que no faltara consenso sindical y tal.

El Golpe del 23F, en perspectiva

El golpe del 23F, como recordaba ayer Javier Somalo, empieza en la Operación Galaxia de Tejero e Inestrillas descubierta en 1978, y perdonada al modo suicida del golpe de Hugo Chávez con un añito de arresto. Sólo se reactiva en serio cuando Suárez gana las elecciones de 1979 y el Rey y el PSOE empiezan a moverle la silla y el Partido al Presidente legítimo. Ahí es donde se inserta la moción de censura de González, que no fue sino un episodio más de la demolición de Suárez y la demostración de su debilidad a los poderes fácticos: Rey, Ejército, partidos y medios de comunicación.

La dimisión por sorpresa de Suárez “para que la democracia no se convierta en un paréntesis en la Historia de España” convierte el anunciado golpe de Estado en tardío e innecesario, pero los tejeros de la Galaxia y los generales campechanos estaban ya comprometidos, en marcha, así que se improvisó una salida no sangrienta con dos soluciones: la militar ilegal de Armada y la civil y legal de la LOAPA, para atender los motivos legítimos de inquietud militar y civil: el terrorismo y el separatismo. Al final, todo quedó en una inundación de legitimidad para Campechano y un cosechón de votos para el PSOE, que, desde entonces, triscaron y trincaron juntos.

Iglesias repone la Operación Galaxia, aunque su oceánica ignorancia histórica le hace creer que reestrena la Moción de Censura contra Suárez. No obstante, Tejero pudo subirse en marcha al fondo golpista de aquella moción y, de tener más talento y ser asesino en vez de matón, quién sabe en qué y cómo habría terminado el 23F. Y Pablenín se ha subido rápidamente a la “solución Armada” de Soraya para llegar al Poder vulnerando el orden constitucional. Tejero estaba dispuesto a subordinarse a Miláns, y Pablenín estaría dispuesto a subordinarse a Sánchez si gana las primarias del PSOE. Lo que no entendió Tejero era que no matar a los diputados en sus escaños suponía pactar con ellos, y eso eran la solución Armada y el pacto del capó.

La ocasión tejeril del Pablenín

Lo que imagino que sí entiende Pablo Iglesias, que es ligeramente más listo que Tejero, es que una “solución Soraya” le abre el camino al Poder a corto plazo, haciendo lo más difícil, que es la voladura del régimen constitucional y el pacto con el separatismo catalán, el PP y el PSOE (ojalá no Ciudadanos, pero vaya usted a saber) y con la Guardia Roja de la UKO, los vichinskis de la Fiscalía Procorrupción y los manipulite de la Audiencia Nacional metiendo en la cárcel a la flor y nata de los partidos mayoritarios. Un par de plebiscitos y a mandar. O sea, a una guerra civil a la venezolana.

El golpismo del 23F y el de ZP al humillar las Cortes ante la ETA e Ibarreche toparon con los partidos políticos de oposición y muchos medios de comunicación. El de Soraya y Pablenín, con un pequeño grupo, éste, y ni la menor Oposición. Si los golpistas fracasan, será por tontos o porque no saben qué régimen quieren imponer. Soraya se pasa de lista y puede acabar tontamente, pero Pablenín sí sabe el régimen que quiere imponer y presidir. Una encuentra ya pocos obstáculos. El otro, aún tendrá menos.

Origen: Libertad Digital

La irresponsabilidad de una vicepresidenta que España no se merece

La intentona golpista de las autoridades nacionalistas catalanas va cumpliendo etapas a través de una política de hechos consumados, que tendrá en el nuevo referéndum separatista un hito fundamental. A pesar de que el Gobierno oponga a esta consulta los dictámenes y autos del Tribunal Constitucional y su resultado carezca de cualquier validez legal, lo cierto es que la mera celebración de un acto de estas características y los planes, ya muy avanzados, para proclamar la secesión abocan a España a una etapa de inestabilidad que socavará en gran medida -ya lo ha hecho- las propias estructuras del Estado.

En estas circunstancias, el Gobierno de España no puede caer en la frivolidad de hacer invitaciones a los que amenazan con destruir el orden constitucional. Por el contrario, es obligación fundamental del Ejecutivo acabar de raíz con esta operación política y castigar convenientemente a los culpables. Y sin embargo, una de las principales figuras del Gobierno, Soraya Sáez de Santamaría, ha hecho saltar por los aires el ya magro prestigio del Ejecutivo como garante de nuestro sistema democrático, al rogar al presidente catalán y cerebro -es un decir- de la intentona golpista a explicar sus planes en el Congreso de los Diputados.

Para mayor afrenta personal de la vicepresidenta, Puigdemont ha rechazado su invitación y, como era de esperar, ha elevado el tono de sus amenazas al asegurar que solo negociará la fecha del referéndum ilegal, dando por hecho que se celebrará. El nacionalismo catalán interpreta así -correctamente- las cesiones del Gobierno como un signo de debilidad y actúa en consecuencia, algo que era de esperar.

Pero es que ningún país serio invita a los delincuentes a impartir lecciones de ética política en los parlamentos. No hay noticia, tampoco, de que el órgano representativo de la soberanía de cualquier nación abra sus puertas y ceda su tribuna a aquellos que niegan la existencia de esa representatividad para proclamar la secesión. Solo Soraya Sáez de Santamaría, con el apoyo de Mariano Rajoy, se ha atrevido a poner la nación española a los pies de los separatistas, al invitar a su principal dirigente a una sesión extraordinaria del parlamento para que explique cómo piensa destruir la legalidad representada en esas mismas Cortes Generales.

La falta de escrúpulos de la vicepresidenta llega al extremo de poner en riesgo la propia supervivencia de nuestra nación, como está haciendo con decisiones como la reciente invitación cursada al presidente catalán. Semejante alarde de irresponsabilidad solo puede entenderse como un paso más en la carrera personal de Soraya Sáez de Santamaría para convertirse, en un futuro cada vez más próximo, en la máxima referencia -en realidad, la única- del Partido Popular.

Origen: Libertad Digital