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Carta al presidente del Gobierno | El blog de Santiago González

Pie de foto.-El Rey de España en una inédita imagen multicultural. “El Rey en el centro, acompañado entre otros, por Mariano Rajoy y Carles Puigdemont” dice el pie de El País que lleva esta gran foto a su portada. Y digo yo: “¿Por qué lleva hiyab el presidente del Gobierno? A la derecha puede verse a la alcaldesa Ada Bolarda con su blusón camuflacirios.

Mi admirado presidente del Gobierno: Después de haber visto por la tele los 50 minutos que duró la manifestación de ayer, incluidos los espiches de Rosa Mª Sardá y la activista musulmana, debo confesarle que siento  esa vergüenza ajena que el DRAE define como ‘alipori’. Sigo preguntándome si el Rey tenía que asistir a una cencerrada como la de ayer para ser insultado por aquella gentuza. ‘Traficante de armas’, decían con fotos de su saludo con el Rey de Arabia Saudí. Y lo sostenían tipos que habían pitado al Rey muentras el Barça saltaba al campo con el patrocinio de Qatar en el pecho. Pablo Iglesias, ese ignorante transversal que confunde wasabi con wahabismo, la gravedad con la relatividad, la ética con la crítica y la gimnasia con la magnesia, se fotografiaba ayer en la manifestación con el embajador de Qatar. ¿La furgoneta era saudí, los cuatro cuchillos que compraron en la estación de servicio de la A-7?

Pie de foto.-El terrorismo según Pablo Iglesias.

El Rey no debió asistir. No me cabía la menor duda de que Felipe VI iba a mantener la compostura, pese a los reiterados intentos de humillarlo por parte de los semovientes que encabeza el honorable Puigdemont, ejemplo canónico de oxímoron que la Real debería incorporar para el futuro. Pero no se trata de eso; también me he manifestado reiteradamente contra la presencia del Rey en las finales de la Copa que lleva su nombre cuando participa el Barça husma le pita y abuchea. Lo tengo dicho: al primer silbido, el Jefe del Estado debería irse con la copa y anunciar que se la enviará por SEUR al ganador.

Tengo desde hace años, señor Rajoy, la impresión de que todo nacionalismo está compuesto por dosis armónicas de narcisismo y fetichismo. Y por supuesto, de victimismo. El nacionalismo es un oficio de difuntos, c’est la guerre, que dijo Mitterrand; por eso se ven más como el muerto en el entierro que como la novia en la boda. De ahí que una de las pancartas que abundaban en la manifestación decía: “vuestras guerras, nuestros muertos”, con impresionante desfachatez y falta de respeto a la verdad. Las víctimas mortales eran: españolas, italianas, belgas, portuguesas, argentinas, canadienses, estadounidenses y alemanas, además de un niño australiano. Si incluimos a los heridos, las víctimas provenían de 34 países distintos. Eran los mismos que desde hace ya muchos meses insultaban a los turistas en las terrazas de las Ramblas al grito de “Vosotros, turistas, sois los terroristas”.

El narcisismo lo hemos podido comprobar con motivo del ataque terrorista de las Ramblas. Seguirlo por televisión a lo largo de la tarde del jueves, 17 de agosto fue un ejercicio estupefaciente. Media hora después de haber oído en Antena-3 TV la cifra de 13 víctimas, oí en TVE la cifra de un fallecido, citando como fuente a la Generalidad.

En el caso del nacionalismo catalán puede comprobarse que el narcisismo es un vicio que arraiga en una extraordinaria subjetividad. Imaginen a Puigdemont, Oriol Junqueras, Anna Gabriel, Jordi Turull, Ada Colau y ese portentoso consejero de Interior, Segundo Chiariello en el trance de asomarse a la fuente en la que se ahogó Narciso. Si tuvieran un mínimo de objetividad, se habrían lanzado a la fuente. Pero no por embeleso, sino por pura desesperación.

Dirán ustedes que el consejero de Interior se llama Joaquim Forn y tendrán razón, pero mi antigua empatía me lleva a preguntarme cómo llevará la xenofobia de este sujeto el apellido de mamá, que era ecuatoriana. En Euskadi, hace años, hubo un nacionalista con renombre, Sabin Zubiri, de profesión corsetero y de nombre completo Sabin Zubiri Sánchez. En 1986 fue de los primeros en alinearse con Carlos Garaikoetxea en la escisión del viejo PNV que dio lugar a EA. Los sabinianos de su pueblo, Ochandiano (Otxandio) que eran de ingenio algo cabrón, lo bautizaron como ‘Segundo Sánchez’.

Segundo Chiariello, aka Joaquim Forn, es un alma dividida entre los orígenes de papá, a todas luces catalanes, y los de mamá, seguramente italianos por la traza. Por eso contabilizó entre las víctimas de las Ramblas «Dos personas catalanas y dos personas de nacionalidad española».

El presidente de la ANC, Jordi Sànchez, tocó la gloria la tarde del atentado: “Por unas horas hemos sido un Estado”. Esta expresión explica por sí sola que para los nacionalistas lo único que importaba, aun con los cadáveres tibios, era su causa. La seguridad no es tan importante como la policía autonómica, nuestra policía, ejemplo canónico de fetichismo. Desde los atentados, el mayor de los Mossos dio un recital.

“Bueno, pues molt bé, pues adiós”, le dijo a un periodista holandés, a quien su medio había enviado peque hablaba español, en la multitudinaria rueda de prensa cuando este preguntó por qué no usaba una lengua franca que entendieran todos. La lengua no la queremos para comunicarnos, sino para reivindicar nuestra identidad. El narcisismo de sus superiores lo ha alabado sin tasa en estos días. Veamos los hechos en relación con la profesionalidad:

“No prevemos que pueda haber otro ataque de forma inminente”, dijo después del atentado en las Ramblas, exactamente hora y media antes del atentado de Cambrils.

El mismo Trapero dijo en una entrevista en 8TV (24 de abril de 2017) que no se coloicarían bolardos en las cal.les “solamente por si acaso o por postureso”. El Mayor de los Mossos d’Esquadra parece ignorar cosas elementales de la seguridad. Por ejemplo, que las medidas de precaución se adoptan ‘por si acaso’. Verá, don José Luis (Josep Lluís aquí y en China), he adoptado para consumo personal un eslogan con el que mi querida Carmen Iglesias tituló uno de sus libros: ‘No siempre lo peor es cierto’, pero todo aquel que tenga responsabilidades, deberá afrontarlas con el principio de precaución, como si fuera a serlo. Yo no creo que Trapero haya leído a Scruton, tampoco es obligatorio para su oficio, basta el sentido común. Esta no es una descalificación de los recursos culturales de nuestros policías autonómicos. Yo he conocido a dos ertzainas que me impresionaron: El primero de ellos al declararse ‘orteguiano’ en la cena en que lo conocí. El segundo, que era escolta del difunto Mario Oanindia, cuando me lo encontré en una librería y me regaló ‘Paradero desconocido’, esa joya de Katharine Kressmann Taylor.

Voy a poner un ejemplo sencillito: cuando compré mi primer coche, un 127, compré también en la ferretería de mi barrio un artefacto antirrobo, que se enganchaba al pedal del acelerador y al volante. No había entonces sistema de bloqueo del volante ni otras medidas de seguridad. Pregunté al ferretero si eso no era un gesto inútil, que a cualquier caco no le costaría mucho forzar el candado. Y él me respondió: “Un ladrón que vea un volante con candado preferirá un coche que no lo tenga”. Mi amigo Fernando Navarro me recordó el chiste de los exploradores que ven venir hacia ellos un león. El primero se quita las botas y empieza a calzarse unas zapatillas deportivas para asombro del segundo: “¿Es que crees que vas a correr más que el león?” Y respondió: “No, me conformo con correr más que tú”.

No hubo pancartas de condena al terrorismo, al wahabismo, ni siquiera del wasabi. “No a la islamofobia”, decía una muy repetida, porque al parecer fue la islamofobia la que conducía la furgoneta. También hubo una pancarta de regular tamaño que se centraba más: “España contra el terrorismo. Muchas gracias, majestad”, pero hubo algo de lío y los mossos la retiraron. Estuvo impresionante Sardá al decir: “No tenemos miedo y no conseguirán dividirnos”, después de todo lo que se vio. Junto a ella cerró el acto una activista musulmana. En Ripoll, la encargada de leer el amifiesto al final fue le hermana de de dos de los terroristas, Hafida Oukabir, que reapartió el sufrimiento a partes iguales entre las familias de las víctimas y la suya propia.

No sé si me explico, presidente, esto es lo que hay. No hubo manifestaciones contra el terrorismo, sino un ensayo general con todo para la Diada y 20 días después para el referéndum. Yo ha creído siempre que no se iba a celebrar. Ahora, señor Rajoy, no estoy tan seguro. Algo debería hacer para convencernos a los ciudadanos de que les tiene bien cogida la medida a los sujetos más majaderos, ruines y miserables de España. Aunque solo sea por vergüenza torera.

Origen: Carta al presidente del Gobierno | El blog de Santiago González

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Carta abierta al miserable de Carles Puigdemont .-Enrique de Diego/Ramblalibre- #Barcelona –

El presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont ha calificado de “miserables” a los “que quieran dudar del compromiso de la policía catalana y las instituciones catalanas” en la lucha contra el terrorismo. Nosotros, en Rambla Libre, no dudamos sino que lo hemos afirmado calificando, desde la racionalidad, la masacre de Las Ramblas de “desastre policial y político“.

También, usted, miserable entre los miserables, ha criticado que se “mezclan cosas que no correspondan”. Nosotros, en Rambla Libre, lo hemos hecho: “el referéndum ha muerto”. Nos damos, pues, por aludidos y no he leído en ningún otro medio de comunicación nada parecido. Se lo repito, grábeselo bien, porque es una obviedad: el referéndum ha muerto.

Mire, usted, que es un hijo de la corrupción ascendido por la caída del recaudador del 3%, Artur Mas, es un perfecto inútil y un mequetrefe que ha llevado a Cataluña al desastre y a la masacre de Las Ramblas. Usted es un fracaso sin paliativos, al frente de una Cataluña fragmentada y desvertebrada.

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Muertos y heridos en el atropello. /Foto: lavanguardia.com.

Un chapuzas que no ha dado ninguna prioridad a la lucha contra el terrorismo

Usted es un chapuzas que no ha dedicado prioridad alguna al terrorismo. Es de vergüenza ajena que Las Ramblas -junto a esa proislamista Ada Colau, tan incompetente como usted o más- no estuviera protegida con unos simples bolardos, como le recomendó a usted el Ministerio del Interior, que por español usted no le hace ni caso.

Usted no ha dedicado a los mossos a luchar contra el terrorismo sino a prepararse a su bufonada de referéndum. Sus mossos, que deambulan por Cataluña sin enterarse de nada, se han dedicado a investigar e interrogar a posibles filtradores al Cuerpo Nacional de Policía y no a investigar a salafistas, que en Cataluña son decenas de millares, una de cada tres mezquitas. ¡Pero si en Cataluña se preparó el 11S!

Una policía política al servicio de políticos corruptos

Usted ha hecho cambios recientes en la cúpula de los desnortados mossos. ¿Acaso para investigar y desmantelar células de terrorismo islámico? Para nada. Usted ha buscado a los más sectarios y los más lacayos para desobedecer la legalidad y para que digan que se acogen “a la carta de la Unión Europea”.

La Administración de la masacre ha sido penosa. Sus subordinados dieron el balance de ¡un muerto! cuando ya estaba la cifra exacta de 13, que usted rebajó a 12 en su patética comparecencia.

Ha habido un menor que, sin bolardos que lo impidieran, ha recorrido seiscientos metros haciendo eses sembrando la muerte y se ha bajado del coche y se ha ido, al parecer a Cambrils, lo que indica que en toda Las Ramblas no había ¡ni un solo mosso! Ni la más mínima protección policial.

El día anterior a los terroristas en Alcanar les explotaron los explosivos que preparaban y ustedes pensaron que fue un accidente relacionado con la droga. Usted podía haber evitado esta masacre pero usted es un inútil que se dedica a buscar urnas para una comedia bufa en una sociedad con gravísimos problemas internos, que precisa buscar la unidad y no hundirse en la inmensa frivolidad de su absoluta mediocridad buscando pasar a la historia, vanidoso de cuarta.

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Una madre y su hijo, muertos por el islamismo y el buenismo en Las Ramblas.

Los asesinos no han venido de Siria, sino de Ripoll

Usted y su partido han islamizado Cataluña con acuerdos preferenciales con Marruecos para favorecer que llegaran musulmanes a los que enseñar catalán. Y Mousa Oukabir habla perfectamente catalán y para usted es un “nou catalán” pero si le diera el poder absoluto del mundo su primera medida hubiera sido “matar a los infieles y dejar solo a los musulmanes que sigan la religión”. Y ningún mosso cayó en la cuenta de que eso es una salvajada, un delito y que debía ser detenido y comparecer ante esa Justicia que usted, mindundi, se salta a la torera, deterioro los últimos anclajes de la sociedad en la civilización.

Usted es una vergüenza nacional e internacional. Usted es un miserable. Usted encarna todo el fracaso existencial del separatismo existencial, porque no ha sido un lobo solitario ni una hiena, han sido, por lo menos, una docena, coordinados, y usted y sus servicios policiales no se han enterado de nada porque se dedican a buscar colaboradores del Cuerpo Nacional de Policía.

Y no han venido de Siria sino de Ripoll, con ayudas sociales para alquilar furgonetas, materia sobre la que no hay ningún control. Y han venido de sus escuelas sectarias y adoctrinadoras, de su tolerancia ciega con los intolerantes y de su intolerancia rampante contra los españoles.

Un fracaso sistémico, una falta completa de integración

La terrible masacre conlleva un fracaso sistémico. Cataluña no tiene un problema de independencia, que usted y los suyos se inventan para esconder sus lacras purulentas; Cataluña tiene un problema de islamización, financiada y subvencionada. Todos los asesinos abatidos y los fugados -porque tras seiscientos metros de masacre el genocida se ha bajado tan tranquilo y por ahí anda- son jóvenes “nous catalans” que no se han integrado, que no creen ni en la Cataluña española ni en la Cataluña independiente que usted trama, sino que su ensoñación es un baño de sangre integrista, asesinando a todos los del PSOE, los del PP, los de la CUP, los de Esquerra y de la exConvergencia del 3% y la famiglia Pujol.

Sus aliados de la CUP, miserable Puigdemont, se han dedicado a desarrollar una campaña de “turismofobia” que sus mossos no han sido capaces de parar, porque es una mierda de policía política, bien pagada y lacaya, sin principios de honor y moral, al servicio de unos políticos corruptos y alucinados. Y de esa campaña, la culminación es la masacre de Las Ramblas.

Usted, miserable, ha dicho hoy que el atentado no ha sido “contra el turismo” sino “contra un estilo de vida”. ¿De qué va usted? Ese “estilo de vida” contempla, muy especialmente, el turismo.

Usted, en esas mentiras que usted se cree, ha dicho que Cataluña ha sido y es una sociedad de paz. Usted tiene sobre su inutilidad quince cadáveres, muchos de ellos niños, a los que usted no ha protegido, porque usted se ha dedicado a sus chorradas con las que quiere pasar a la Historia.

Usted va a pasar…al sumidero de la Historia por incapaz y miserable.

Ver artículo original:

Cómo convertir Cataluña en un vivero de islamistas. -Luis del Pino/LD-

Hace menos de dos años, publiqué un editorial que esta semana ha vuelto a adquirir una desgraciada actualidad. Aquel editorial se llamaba “República Islámica de Cataluña”. Permítanme que rescate algunos párrafos de ese editorial, actualizando los datos:

Según el último censo realizado por la Unión de Comunidades Islámicas de España, en Cataluña hay 515.482 musulmanes, más que votantes de la CUP, más que votantes de Podemos, más que votantes del PP, tantos como votantes tuvo el PSC en las últimas elecciones autonómicas.

En términos relativos, el porcentaje de población musulmana en Cataluña alcanza el 6,9%, mientras que en el resto de España es el 3,6%, prácticamente la mitad. En Gerona, los musulmanes son ya el 11,1% de la población.

Más llamativa aún que las cifras actuales, es la evolución de esas cifras: hace quince años, había unos 30.000 musulmanes en Cataluña; ahora superan el medio millón. Y los nacimientos de hijos de padres musulmanes representan ya más del 10% del total en esa comunidad autónoma.

Para acabar de completar el panorama, 79 de las 109 mezquitas salafistas que hay en España se encuentran en Cataluña.

¿A qué se debe esa anomalía estadística? ¿Cómo es posible que en Cataluña haya el doble de población musulmana que en el resto de España?

Pues tiene una fácil explicación, que ilustra lo que son los efectos secundarios de las políticas demenciales, en este caso las lingüísticas. De un lado, la política de inmersión educativa en catalán y de proscripción social del castellano ha actuado como freno para la inmigración procedente de los países hispanoamericanos. Si eres peruano y quieres trabajar en España, ¿para qué vas a complicarte yendo a un sitio donde os obligan a ti y a tus hijos a aprender un idioma nuevo? Es mucho más fácil (y más lógico) irse a trabajar a cualquier otro punto de España, donde no tienes problema ninguno de idioma. Ese fenómeno creó un vacío en Cataluña y los puestos de trabajo no cubiertos por hispanoamericanos tendieron a cubrirse con inmigrantes de otros lugares, principalmente norteafricanos y pakistaníes.

Pero no solo es que los inmigrantes hispanoamericanos se vieran disuadidos de ir a Cataluña, sino que el gobierno catalán ha adoptado una política consciente, orientada a primar la inmigración procedente de Marruecos.

Angel Colom, el que fuera secretario general de Esquerra Republicana de Cataluña hasta el año 1996 (fecha en la que abandonó ERC junto con Pilar Rahola), terminó ingresando en el partido de Jordi Pujol y fue nombrado sucesivamente embajador oficioso de la Generalidad en Marruecos, secretario de inmigración en la ejecutiva de CDC y director de la Fundación Nous Catalans. Desde esos puestos, Colom se dedicó a animar a la inmigración de jóvenes marroquíes a Cataluña, a estrechar lazos con la comunidad islámica con el fin de sumarla a la causa separatista y a visitar las mezquitas para dejar caer que a los inmigrantes les resultaría más fácil obtener la nacionalidad catalana en una futura Cataluña independiente, que la española.

La penúltima vez que Colom saltó a los medios fue en mayo de 2013, cuando el marroquí Noureddin Ziani (colaborador de Angel Colom y uno de los altos cargos de la Fundación Nous Catalans) fue deportado a Marruecos a solicitud del CNI, por promover el salafismo.

Hace algunos años, el periódico El País publicó un artículo en el que se daba cuenta del peregrinaje proselitista de Colom por las mezquitas y asociaciones musulmanas de Arenys de Mar, Manresa o El Raval, peregrinaje que Colom justificaba con estas palabras: “No se puede construir un Estado catalán sin la participación de los catalanomarroquíes”. Lo cual plantea con toda su crudeza la hispanofobia que anida en el corazón de todo buen separatista: mientras que a los españoles se les niega el derecho a opinar sobre el futuro de Cataluña, a los marroquíes sí están dispuestos a concederles ese derecho. Paradojas de la vida.

Hasta aquí aquel editorial de hace dos años. Esta semana, algunos de esos a los que desde el separatismo se llamaba con el paternalista nombre de “catalanomarroquíes” han perpetrado una masacre terrorista en Barcelona.

Evidentemente, el terrorismo ataca donde y cuando puede. E igual que se ha atentado esta semana en las Ramblas, mañana podría ser Madrid o cualquier otra ciudad española el objetivo de los islamistas. Pero está claro que las redes de captación yihadista son tanto más efectivas cuanto mayor es el número de personas a las que poder adoctrinar. No es casualidad que Cataluña albergue 3 de cada 4 mezquitas radicales, según datos de los propios mozos de escuadra: los radicales, como cualquier otra organización, se asientan allí donde un mismo esfuerzo les puede proporcionar mayores réditos, en forma de nuevos voluntarios. Es decir, se asientan preferentemente allí donde hay más población musulmana.

En su afán por desmarcarse de todo lo que oliera a España o a español, el nacionalismo ha creado en Cataluña un auténtico vivero de terroristas radicales que jamás se considerarán, por supuesto, ni catalanes ni españoles, y que han esta semana han demostrado con qué facilidad se pueden teñir de sangre las calles de cualquier ciudad desprevenida.

Origen: Libertad Digital

La traición del alcalde de Londres -Santiago Navajas/LD- 

Sadiq Kahn no tiene ni la capacidad intelectual ni el talante político necesarios, seguramente tampoco la voluntad religiosa, para plantar cara a los intolerantes.

Hace unos meses me felicitaba en estas misma páginas por la elección de Sadiq Khan como alcalde de Londres. Me parecía una buena noticia que un musulmán llegase a tal cota de poder, tan real como simbólico. Me equivoqué. Khan ha demostrado participar de la doctrina apaciguadora del partido laborista que llevó a Chamberlain a pactar con Hitler, poniendo el valor de la (supuesta) paz por delante de la (real) libertad.

En su caso, el apaciguamiento se lleva a cabo respecto de los musulmanes fanáticos que perpetran ataques terroristas. De las declaraciones de Khan sobre los últimos asesinatos islamistas en Londres sería imposible saber si tras el terrorismo que está arrasando la capital británica, el resto de Europa y el mundo entero se encuentran grupos marxistas-leninistas, anarquistas nihilistas o herederos de los nazis que llevaron a Churchill a espetar a Chamberlain:

Se te ofreció poder elegir entre la deshonra y la guerra y elegiste la deshonra, y también tendrás la guerra.

Ahora al apaciguamiento se le denomina inclusividad, dentro del paradigma multiculturalista que lleva a esconder la cabeza bajo tierra y comerse la lengua para, como el alcalde de Londres y los medios progresistas, jamás relacionar los atentados terroristas con el islam. De manera parecida a cómo Gemma Nierga llamó a dialogar con los etarras que acababan asesinar a Ernest Lluch, bajo el síndrome político de que el grupo de extrema izquierda era de los suyos (descarriados pero de la misma familia socialista). Con la excusa de no propagar la islamofobia, están socavando los principios liberales de las sociedades abiertas occidentales. Kahn, que en una ocasión despreció a los musulmanes moderados tachándolos de ser como el “tío Tom” (es decir, musulmanes que estarían sometidos a los occidentales), debería haber encabezado desde su cargo político la reforma del islam que propone Hirsi Ali para que triunfase la versión más acorde con los valores de la civilización. Al mismo tiempo, debería haber aplicado una tolerancia cero contra las raíces religiosas del terrorismo, que no están en el Vaticano o en el palacio del Dalai Lama sino en las mezquitas, madrazas y demás centros vinculados con la versión más ortodoxa del islam, que es la dominante en el mundo.

Por ejemplo, en Indonesia, el país con más musulmanes y que tiene fama, aunque más bien es una leyenda buenista, de ser cuna de un islam moderado y compatible con la democracia, se han introducido leyes de acuerdo con la sharia que han permitido que se azote a los gais mientras un público entusiasmado aplaude y pide que les golpeen más fuerte. Además, a un candidato cristiano que tenía posibilidades de llegar a ser presidente del país, el gobernador de origen chino de Yakarta, lo han condenado a dos años de cárcel por haber supuestamente blasfemado contra el islam, algo que solo sucedió en la cabeza dictatorial de sus enemigos políticos y en la mente esquizofrénica de los fanáticos islámicos.

La traición de Kahn se explica en esta advertencia de Karl Popper, que había visto cómo las repúblicas de Austria y Alemania eran destruidas desde dentro por no haber querido combatir a los nazis y a los comunistas que pretendían destruirlas:

Si extendemos la tolerancia ilimitada aun a aquellos que son intolerantes; si no nos hallamos preparados para defender una sociedad tolerante contra las tropelías de los intolerantes, el resultado será la destrucción de los tolerantes y, junto como ellos, de la tolerancia (…) Debemos reclamar el derecho de prohibirlas, si es necesario por la fuerza (…) Deberemos exigir que todo movimiento que predique la intolerancia quede al margen de la ley y que se considere criminal cualquier incitación a la intolerancia y a la persecución.

El triunfo de Trump es el nefasto y lamentable movimiento pendular que respondió a la incapacidad e incompetencia de Barack Obama, apoyado por unos medios que jaleaban su rendición conceptual ante el avance de los intolerantes de extrema izquierda y el fundamentalismo islámico. No necesitamos ni el simplismo xenófobo de Trump, que identifica a los islamistas con los inmigrantes, ni la banalidad multiculturalista de Obama y sus intelectuales, que defienden, como Olivier Roy en Francia, que el islam no tiene nada que ver con los yihadistas occidentales sino con el proceso de deculturación que sufren los pobres chavales cuando pierden la conexión con sus raíces y no se integran en nuestras sociedades. La culpa de que nos maten, según esta perversa lógica progresista, es… ¡nuestra! Porque no hemos puesto suficientes medios (más allá de una educación pública gratuita, una sanidad gratuita y unas subvenciones sociales casi infinitas…) para que estos rebeldes sin identidad se encuentren como en casa.

Sería una farsa si no fuese una tragedia. Por supuesto, no necesitamos a un alcalde de Londres musulmán incapaz de hacer explícitos, combatiéndolos, los fundamentos islámicos del terrorismo que asuela su ciudad, al tiempo que trata de hacer que nos resignemos (¿cristianamente?) a que vivir en una gran ciudad conlleve acostumbrarse a los atentados. Como si fuese igual que te atropelle un conductor borracho que un tipo que se considera un asesino de Alá. Nada que ver con la valentía y honestidad que demostró David Cameron cuando tras un atentado pidió a los musulmanes ingleses que ayudaran a la Policía a combatir a los terroristas, al tiempo que recordó que los musulmanes son las principales víctimas de los musulmanes y que, contra Obama o Roy, es un error (y un crimen de lesa intelectualidad, añado yo) sostener que el integrismo es fruto de nuestros errores o de la pobreza.

Sadiq Kahn no tiene ni la capacidad intelectual ni el talante político necesarios, seguramente tampoco la voluntad religiosa, para plantar cara a los intolerantes. Pero los que somos herederos de la tradición liberal que venció a los totalitarios del siglo XX no nos vamos a resignar, porque tenemos el ejemplo de los que, como Popper, Hayek, Berlin, Camus, Aron o Russell, nos enseñaron que ante la violencia no hay que poner la otra mejilla sino, por el contrario, en primer lugar, llamar a las cosas por su nombre y, en segundo lugar, hacer caer sobre los violentos todo el peso y la firmeza del Estado de Derecho.

Origen: Libertad Digital

La crisis qatarí  -Emilio Campmany/LD-

En la crisis desencadenada a raíz de que Egipto, Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos y Bahréin rompieran relaciones diplomáticas con Qatar, hay muchas más preguntas que respuestas. La primera que podría hacerse desde Occidente es cómo es posible que esos cuatro países reaccionen de esa manera a la financiación del terrorismo islamista y que nosotros, que lo padecemos como el que más, sigamos manteniendo buenas relaciones con Doha. Una de dos, o lo de la financiación del terrorismo es mentira y no es más que un pretexto inventado para justificar una medida adoptada por razones inconfesables o, si es verdad, los occidentales somos unos pardillos.

En todo caso, es evidente que el terrorismo no es la única causa del conflicto diplomático. Éste se comprende más fácilmente si se enmarca en la guerra civil que padece el mundo islámico entre Irán y Arabia Saudí, y que no es exactamente entre chiíes y suníes. De hecho, Qatar es suní y eso no le impide ser un aliado relativamente leal a Irán. Desde Al Yazira, fundada por el régimen qatarí, se han estado desprestigiando los regímenes musulmanes que se consideraban enemigos de Irán y se ha estado apoyando de una u otra forma a los Hermanos Musulmanes, especialmente durante la época en la que la organización gobernó Egipto tras la caída de Mubarak.

No obstante, Qatar no es el obvio enemigo de Occidente que podría deducirse de estos hechos. Es también el país huésped de la mayor base militar norteamericana en la zona y el actual emir, Tamim, se esfuerza por mantener buenas relaciones con todo el mundo sirviéndose tanto como sea necesario de sus inmensas riquezas (es el país con mayor renta per cápita del mundo). Esta política exterior basculante, que en parte está justificada por la geografía, ya que Qatar tiene frontera terrestre con Arabia Saudí y está a escasas millas de la costa iraní, viene igualmente impuesta por la complicada situación política interior. Probablemente, Tamim preferiría distanciarse algo de Irán, pero al parecer una facción respaldada por su padre, el anterior emir, que se vio obligado a abdicar a favor de su hijo a mediados de 2013, exige conservar los lazos con Teherán.

 No es desdeñable que haya influido también la delicada situación económica de Arabia Saudí, provocada por el descenso de los precios del petróleo. Riad está intentando imponer restricciones a la producción de hidrocarburos para que los precios suban y los díscolos, como Qatar, impiden que lo logre.

Todo esto, y unos cuantos detalles más que se quedan en el tintero, dibujan un tablero extraordinariamente confuso en el que nadie se atreve a pronosticar nada, pero en el que hay una cosa clara: la irrelevancia por incomparecencia de nuestros países occidentales, probablemente porque ninguno de nuestros gobernantes está en condiciones de dañar las magníficas relaciones que todos nosotros, quién sabe por qué, mantenemos con Qatar. Quizá resulte que las prácticas empleadas por el emirato para conseguir la adjudicación del mundial de fútbol de 2022 se hayan extendido a otros ámbitos.

Origen: Libertad Digital