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Delincuencia organizada. -OKDiario-

 El trabajo desleal de los Mossos de Josep Lluís Trapero fue propio de la delincuencia organizada. Con tal de dañar y perjudicar los intereses de España, que es lo mismo que dañar y perjudicar los intereses de Cataluña, incluso llegaron a trazar un plan para eliminar la investigación sobre los autores de los atentados en la revista satírica Charlie-Hebdo. Todo por la obsesión de que dichas investigaciones no cayeran en las manos de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado una vez que se aplicó el artículo 155 de la Constitución. Donde debería haber colaboración, sólo había ignominia, ya que eliminar ese tipo de informes es una deslealtad además de una grave negligencia. 

Estamos hablando de “información relevante” sobre comandos del Estado Islámico, una de las amenazas más peligrosas e incontrolables a las que se enfrenta el mundo libre en estos momentos. Para prueba, los atentados de Barcelona y Cambrils donde la actuación de los Mossos —pagados con dinero público— dejó mucho que desear a pesar de que ya contaban en su poder con estos documentos que a la postre intentaron destruir en las incineradoras. Información que detalla los planes de los yihadistas, contactos y seguimientos… Una compilación esencial para la seguridad de todos los ciudadanos que, sin embargo, permanecen intactos de puro milagro. 

Inevitablemente, esto pone de relieve otra vez la figura de su exlíder, Josep Lluís Trapero. Un hombre que tenía contacto directo con la cúpula del golpe de Estado y cuyo poder sobre los Mossos era incuestionable. A pesar de todo lo publicado en exclusiva por este periódico, sigue en libertad sin ni siquiera haber pagado una fianza. Además de la gravísima negligencia que supone intentar destruir documentos vinculados con el terrorismo yihadista, los hombres de Trapero hicieron del espionaje a políticos constitucionalistas una de sus actividades más asiduas. Por no hablar, además, de la activa y vergonzosa inacción durante el asedio a las instituciones del Estado y a lo largo del referéndum ilegal del 1 de octubre. Aún quedan muchas cosas por explicar. Trapero debe volver a los tribunales.

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Santamaría tiene que abandonar el Gobierno y Trapero, seguir los pasos de los ‘Jordis’ -LD-

A medida que se agotan los plazos concedidos graciosamente por el Gobierno de Mariano Rajoy al asombrosamente aún presidente del Gobierno regional catalán, Carles Puigdemont, principal impulsor del golpe de Estado en Cataluña, se suceden una serie de hechos de la mayor gravedad. Las palabras de la vicepresidenta del Gobierno en su última comparecencia sobre este asunto son, sin duda, un punto de no retorno que convierten al Ejecutivo de Rajoy en corresponsable, por omisión, del ataque separatista a nuestro democrático.

En el 23-F, los golpistas fueron detenidos, juzgados y enviados a prisión. Ahora, sin embargo, el Gobierno ofrece diálogo a los sediciosos y hace todos los esfuerzos posibles para no asumir su más alta responsabilidad: y cumplir y hacer cumplir la ley en todo el territorio nacional.

“Nadie ha tenido tan fácil una respuesta y nadie ha tenido tan fácil evitar que se aplique la Constitución”. Estas alucinantes palabras de Soraya Sáenz de Santamaría suponen una confesión en toda regla de que la intención del Gobierno es colaborar con los golpistas que pretenden acabar con la Nación y con el Estado de Derecho.

La confesión ante las cámaras de Sáenz de Santamaría es el reconocimiento de que el Gobierno está colaborando con los golpistas para evitar que asuman sus gravísimas responsabilidades. La vicepresidenta ha quedado desautorizada para liderar la acción del Gobierno para el restablecimiento del orden constitucional en Cataluña. Por eso debe dimitir o, si verdaderamente no estamos ante un Ejecutivo cómplice de los golpistas, ser destituida.

En cuanto al felón mayor de los Mozos, Josep Lluís Trapero, es incomprensible que no haya sido enviado a prisión como los presidentes de la Asamblea Nacional Catalana y Omnium Cultural, Jordi Sánchez y Jordi Cuixart, pues es tan sedicioso como ellos pero aún más culpable de lo que sucedió el 1 de octubre, habida cuenta de que su misión, ordenada por la propia Justicia, era impedir que se llevara a cabo la consulta liberticida organizada por los otros dos. Mandato que se negó a cumplir en abierto y afrentoso desafío a la legalidad que juró proteger cuando accedió al cargo que, ominosamente, aún desempeña.

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Tontos 1 punto 0  -Antonio Burgos/ABC-

Al jefe de los Mozos de Escuadra lo nombran por su apellido y parece que lo están insultando: «El Mayor Trapero»

No sé si usted lo ha hallado, pero tras hartarme de mirar las fotos de los periódicos y las imágenes de los telediarios, he echado en falta en la manifestación de la Diada Independentista de Cataluña a un personaje importantísimo, que ha hecho rabona: al Tonto de la Bandera Republicana. Y me lo explico. Consideran española a la bandera de la II República y no olvidan que su Gobierno fue el que cuando proclamaron el «Estat Catalá» sin tembrarle el pulso aplicó la ley, el general Batet echó a las tropas a la calle y encarcelaron a Companys y compañía. ¡Como para sacar ahora la bandera que tan malos recuerdos puede traer al que conozca la historia de esa parte irrenunciable de España que es y debe seguir siendo Cataluña!

Aunque zahorí en el afloramiento de Tontos de la Bandera Republicana, esta ausencia septembrina se ha visto compensada por el hallazgo de muchos otros nuevos tipos de tontos. Por usar el lenguaje de la informática, serían Tontos 1 punto O, con balcones a la calle del pretendido referéndum ilegal de la fecha de ese número y esa letra. Por no entrar en los listos 1 punto 0, que también los hay a manojitos, como el jefe de los Mozos de Escuadra, a los que por cierto no sé por qué en español hemos de escribir como «mossos» a estos mocitos pintureros del tópico catalán de la independencia. Al jefe de los Mozos de Escuadra lo nombran por su cargo y apellido y parece que lo están insultando: «El Mayor Trapero». A mí me dice alguien que soy el mayor trapero y de momento le parto la cara y después ya veremos… Pero vamos con los tontos que la liada en la Diada e islas adyacentes me ha permitido hallar.

El Tonto de la Urna.- No sé por qué tanto misterio del Tonto de la Urna defendiéndola y ocultándola, si luego se verá que, como en el 9-N, ni son urnas ni son nada. Son como microondas de cartón y creo que de los chinos de los veinte duros. Y como mandan los tribunales, a la hora de recogerlas donde osen ponerlas el 1-O, lo más adecuado es que, como se trata de cartón, y el cartón lo pagan muy bien los chamarileros, las requise el mayor Trapero y los otros traperos menores y traperillos a sus órdenes; de ahí que ayer lo llamara el Fiscal Superior de Cataluña para encomendarle el trabajito. El Tonto de la Urna, además, sabe que lo suyo es el secreto mejor guardado. Quizá para que nadie le copie una chorrada tan grande como liar la que están liando por un referéndum sin fundamento legal, sin censo, sin colegios electorales y sin vergüenza. Ah, claro, la moda «sin».

El Tonto de la Papeleta.- Es la principal competencia del Tonto de la Urna. Son en cierto modo complementarios: no hay Tonto de la Urna sin Tonto de la Papeleta y viceversa. El Tonto de la Papeleta es verdaderamente 2.0 o 3.0, pues es informático total. Ha descubierto que usted mismo se puede hacer su papeleta en su casa, con la impresora del ordenador. ¿Y el que no tenga impresora? Pues que se joda, seguro que es un facha españolista. Ahora, que papeleta, papeleta, papeleta, lo que se dice papeleta, la que tiene el Gobierno del Reino de España con la que están liando entre el Tonto de la Urna, el Tonto de la Papeleta, el mayor Trapero y el del mocho de fregona en la cabeza.

Ikea es culpable.- Este no es tonto, sino más listo que el hambre que se quitaban los emigrantes andaluces que hicieron grande a Cataluña con su trabajo lejos de su tierra. Hablo de Albert Rivera. Que igual que Serrano Suñer dijo que «Rusia es culpable», ha venido a proclamar, viendo a tanto tonto de urna y papeleta: «Ikea es culpable». Dice Rivera que es el Referéndum Ikea, para montarlo uno mismo. ¡La que han montado! Todo por culpa de Ikea, con tanto anunciar el felpudo con lo de «Bienvenido a la República Independiente de mi Casa». (Cuando aquí no hay más casa que la Unidad de España, la Constitución y la Monarquía Parlamentaria).

Origen: Tontos 1 punto 0

Un ególatra en su círculo vicioso -Salvador Sostres/ABC-

La imagen idílica de Josep LLuís Trapero como líder natural de los Mossos d’Esquadra no puede distar más de realidad. La mayoría de sus subordinados le teme más que le quiere y le consideran arrogante, autoritario, incapaz de reconocer los propios errores e implacable a la hora de atribuirse los méritos ajenos. Por su humilde extracción social -no deja de ser visto como un «charnego» de Santa Coloma- la cúpula de la policía de la Generalitat vivió su nombramiento con contrariedad y despecho.

Por haber dedicado muy buena parte de su trayectoria a la investigación y especialmente a la investigación criminal sin haber destapado ninguno de los muchos casos de corrupción de Convergència ni de sus socios de Unió, algunos consideran que su nombramiento como comisario jefe, que contra todo pronóstico decidió el último consejero de Unió que ha tenido la Generalitat, Ramon Espadaler, en 2013, antes de que Mas despreciara a Duran para ponerse en manos de Junqueras y de la CUP, podría tratarse de un pago a estos servicios prestados.

Contribuye a esta sensación que quien intensamente presionó a Espadaler para lograr el ascenso inesperado de Trapero (que no aparecía en ninguna quiniela para el cargo) fue el entonces director general de los Mossos, Manel Prat, militante de joven en las juventudes de Convergència (JNC) y que en los años previos (2005-2011) a ocupar su cargo de confianza política en la policía de la Generalitat, fue el responsable y representante legal de la fundación de Jordi Pujol.

«No quiero deber nada»

El Major de los Mossos es ambicioso, serio, poco generoso, confía en muy poca gente y muy poca gente confía en él. Desde hace muchos años su lema es que «no quiero tener amigos porque algún día llegaré a jefe de los Mossos y no quiero deber nada» y es verdad que amigos no tiene demasiados, hasta el punto de que no ha tenido el apoyo de los sindicatos de la cúpula de los Mossos (Sicme y Copcat) ni en sus últimas disputas con la Prensa ni en la crisis de credibilidad que ha sufrido al negar que hubiera recibido un aviso de atentado de los Estados Unidos, cuando se ha demostrado que efectivamente lo recibió.

Trapero tiene enemigos fuera del cuerpo por su vinculación con el independentismo pero tiene muchos más dentro del cuerpo de su policía, de donde es probable que «El Periódico» obtuviera el documento de la Inteligencia americana que prueba que él, el consejero de Interior y el presidente de la Generalitat abiertamente faltaron a la verdad, es decir: mintieron.

Su afán de protagonismo en las ruedas de prensa, en las que siempre ha hablado mucho más que el consejero Forn, son vistas por sus compañeros y subordinados como un exhibicionismo innecesario. Por cierto que llama la atención la clamorosa desaparición del director general de los Mossos, Pere Solde, que no ha comparecido desde los atentados. Recientemente nombrado, a dedo, por su militancia independentista, su ausencia mediática es un misterio para los Mossos. Pero lo que sobre todo molesta es que tal como Jordi Pujol convertía las críticas a su persona y a su partido en ataques a Cataluña y a los catalanes, Trapero convierte en ataques a los Mossos en general lo que son preguntas e investigaciones legítimas sobre la actuación de la cúpula policial y política de los Mossos sobre todo en materia de prevención.

Los Mossos consideran que los verdaderos héroes del 17 de agosto fueron los agentes que se jugaron la vida para detener y abatir a los islamistas implicados en los ataques terroristas. Muchos de ellos estaban de vacaciones y regresaron sin esperar a que se les requiriera, para trabajar sin descanso hasta que el último yihadista cayó. Que de todo este esfuerzo y riesgo hayan quedado las camisetas con la cara de Trapero por una disputa lingüística con un periodista holandés no es motivo de ninguna alegría para unos agentes que una vez más ven como su jefe se atribuye y se beneficia de sus méritos. La egolatría de Trapero roza a veces lo ridículo y entre la fantasmada y la impostura pretende que fue formado en el FBI cuando todo lo que hizo es asistir a un seminario de este cuerpo, para policías latinos, sobre recursos humanos.

Su autobombo y autoindulgencia contrastan claramente con la dureza con que riñe a sus agentes si no está satisfecho con ellos. «Sois unos indigentes intelectuales», llegó a decirles no hace demasiado tiempo.

A propósito de indigencias, a los agentes no les ha pasado por alto que las filtraciones a la Prensa de la cúpula de los Mossos tienen que ver con la afinidad que Trapero ha mantenido con una periodista concreta, que al cambiar de periódico, cambió también el periódico donde las principales noticias relacionadas con el cuerpo -de policía- aparecían.

En casa de Rahola

Las imágenes en casa de Pilar Rahola, compadreando con el presidente Puigdemont entre esteladas y gintónics, acabaron de retratar a quien siempre ha sido un «salta-taulells» con más afán de notoriedad que conciencia de de sus limitaciones. El protagonismo que en los últimos días ha adquirido, mezclado con la desesperación de lo que queda de Convergència, ha llevado a algunos dirigentes del partido a considerarle como posible candidato del partido a la alcaldía de Barcelona.

Algunos Mossos consultados dicen se equivocaría si aceptara «pero como se cree que es Dios, vete a saber qué hace». De presentarse, se cerraría el círculo desde que el gerente de la fundación Jordi Pujol presionó hasta lo indecible para que le nombraran comisario jefe.

Origen: Un ególatra en su círculo vicioso

Medios en Cataluña – El Periódico, o el alto precio por disparar al sheriff

 

‘El Periódico de Catalunya’ pegó este jueves un bofetón al padre, a quien se le llenaba la boca con la libertad de expresión, pero mientras tanto colocaba a sus peones en el Consejo Audiovisual de Cataluña para no perder el control sobre las televisiones y las radios. Y quien, con la excusa de potenciar el catalán, entregó decenas de millones de euros a los periódicos para conseguir su amistad. En algunos casos, a prueba de incendios.

En esta España de la eterna pelea entre Villarriba yVillabajo, en la que el odio cainita ha aplastado a la razón tantas y tantas veces, no resulta extraño que quien actúa en favor del bien común se lleve más golpes que quien se empeña en reventar la convivencia. La podredumbre está tan extendida y el horizonte está tan nublado que este jueves, cuando El Periódico de Catalunya dejó en evidencia a la Generalitat al publicar el mensaje de la CIA que revelaba que los Mossos d’Esquadra conocían riesgo de atentado en Barcelona desde el pasado mayo, no fueron pocos los que la emprendieron contra el director del diario y firmante de la noticia, Enric Hernández.

No es este articulista defensor del absurdo corporativismo que rodea a esta profesión, que provoca que una parte de quienes la ejercen caigan en un delirio onírico que les hace pensar que son importantes y necesarios. Ahora bien, eso no es óbice para denunciar un fenómeno que se ha vuelto últimamente demasiado habitual: emprenderla contra quien airea una exclusiva. Por desconfianza, por inquina o por motivos políticos o empresariales. Por esta razón, hubo un momento este jueves en el que dio la impresión de que se estaba llevando más palos el mensajero que quienes habían tratado de instrumentalizar el atentado para ganar posiciones en su batalla política.

Resulta curioso, en este sentido, que algunos de los periodistas que con más asiduidad acuden a la cloaca para arramblar con toda la información posible, limpia o intoxicada, hagan gala de un paladar tan fino a la hora de evaluar el trabajo de otros. O que algunos de los políticos con más tachones en rojo en su currículum –como en este caso Juan Carlos Monedero– se erijan como una especie de inquisidores.

Todo el mundo tiene el derecho (y el deber) de dudar de lo que figura en negro sobre blanco. Pero, francamente, hacerlo después de escuchar el jueves a Joaquim Forn admitir que los Mossos recibieron el 25 de mayo un aviso –“poco fiable”- sobre la posibilidad de que se produjera un atentado suena raro, cuanto menos. De hecho, quizá obedezca a razones políticas, empresariales o vaya usted a saber de qué tipo.

Territorio Comanche

En cualquier caso, lo que hizo El Periódico de Catalunya con la publicación de dicha exclusiva tiene implicaciones más allá del periodismo. Básicamente, porque osó plantar cara a la Generalitat y disparar al sheriff de una comunidad autónoma donde los medios han tenido tradicionalmente una fuerte dependencia del poder político. Pegó un bofetón al padre, a quien se le llenaba la boca con la libertad de expresión, pero mientras tanto colocaba a sus peones en el Consejo Audiovisual de Cataluña para no perder el control sobre las televisiones y las radios. Y quien, con la excusa de potenciar el catalán, entregó decenas de millones de euros a los periódicos para conseguir su amistad. En algunos casos, a prueba de balas.

Eso explica que desde que el Parlament aprobó la declaración de desconexión, el 9 de noviembre de 2015, y hasta el pasado marzo, los informativos de la televisión pública catalana dedicaran el doble de tiempo a hablar del proceso soberanista (27 horas, 8 minutos y 28 segundos) que de todos los casos de corrupción que desde entonces han estado de actualidad. Y eso explica que La Vanguardia, el periódico más influyente de Cataluña, emprendiera un viaje hacia el independentismo durante los últimos años de José Antich como director, abandonando a su suerte a su lector nacionalista.

El Grupo Godó, propietario de esta cabecera, ha sido el principal beneficiario de las subvenciones de la Generalitat durante los últimos años. El pasado lunes, sus responsables enviaron un burofax al columnista Gregorio Morán para comunicarle su despido. Sucedió pocas semanas después de que criticara en un artículo -censurado- la docilidad de los medios de comunicación de esta comunidad autónoma, bien regados con dinero público.

Este viernes, el director de contenidos de Lavanguardia.com, Jordi Juan, publicaba un polémico artículo en el que lanzaba un dardo envenenado a El Periódico (“Crear campañas artificiales, manipular burdamente supuestos documentos oficiales”) y lamentaba la falta de ética de quienes se dejan intoxicar por las fuentes políticas interesadas. Eso sí, obviaba que Godó no ha estado precisamente alejado del Govern ni ha renunciado a las famosas ayudas públicas por la edición en catalán.

Del artículo, también llama la atención la referencia a esos “nobles periodistas que no dudan abiertamente en decir que son independentistas o defensores de la unidad de España antes que periodistas”. Resulta chocante, precisamente, porque columnistas habituales de ese periódico, como Pilar Rahola, hace mucho tiempo que entraron en ese juego.

Sin ir más lejos, en el artículo que ha publicado este 1 de septiembre se ponía una venda en los ojos y, lejos de reconocer que los Mossos sabían de la existencia de un mensaje que advertía de la posibilidad de que se produjera un atentado en La Rambla –aunque no le dieran el crédito suficiente-, hablaba de una operación de desprestigio contra Cataluña que será contestada el 1-0 por la imparable “marabunta catalana”.

Salvar al soldado Puigdemont

Sería injusto obviar que el rotativo dirigido por Màrius Carol ha sido últimamente crítico con el devenir del proceso soberanista. Un mero vistazo a los editoriales que figuran en la hemeroteca sirve para comprobar que ha denunciado el sectarismo que impulsó recientemente a Carles Puigdemont a apear de su Gobierno a quienes dudaron del éxito de su viaje hacia la independencia. El diario también ha reprobado la falta de voluntad de diálogo tanto del Ejecutivo central como de la Generalitat; y los más febriles argumentos antisistema de la CUP. Y el pasado domingo, horas después de la manifestación de Barcelona, expresó su rechazo a la actitud de quienes pitaron al Rey.

Pero este viernes, con inesperada fiereza, el rotativo ha puesto en duda la veracidad del documento publicado por El Periódico y ha criticado a quienes tratan de incluir la ‘seguridad’ en la brega política. También ha valorado la labor de los Mossos d’Esquadra. Es decir, ha echado un capote al Govern y ha sembrado dudas sobre la labor de Enric Hernández, que da la impresión de haberse quedado solo en Cataluña. O casi.

A la campaña de una buena parte de los medios de comunicación de esta comunidad autónoma, que ha porfiado de lo publicado por El Periódico, se suma la de uno de los baluartes ideológicos del independentismo, la Asamblea Nacional Catalana (ANC), que publicaba hace unas horas un mensaje en Twitter que decía lo siguiente: “¿Flores en los coches o mierda en los periódicos? Nosotros lo tenemos claro. Yo, con Trapero (mayor de los Mossos. ¿Y tú?”.

 

Pura demagogia. Una nueva muestra de que la batalla contra El Periódico de Catalunya y contra quien ponga en duda la versión oficial de los Mossos y la Generalitat ha comenzado. De momento, ya han sido varias personas del mundo de la política y del periodismo que le han acusado de nutrirse de la cloaca del Estado. Lo han hecho pese a que el propio Puigdemont reconoció hace dos meses a Enric Hernández que conocía la advertencia de los servicios de inteligencia. Da igual, todo vale. Lo importante es que el prusés siga en marcha.

Medios al servicio de ‘la única verdad’

Está claro que ningún medio está libre de polvo y paja. También es innegable que prácticamente la totalidad de los empresarios del sector ingresan dinero público con una mayor o menor frecuencia. En algunos casos, de forma reprobable, como revelaba la investigación del caso Lezo, en la que se observaba cómo la prensa de la cuerda de Ignacio González recibía trato de cliente VIP. Cama balinesa, botella de champán, fresas con nata y una generosa ayuda económica.

El problema es que en Cataluña da la impresión de que el Govern, con estas subvenciones, ha pretendido que la prensa de esta comunidad autónoma difunda sólo su verdad y nada más que esa verdad, que incluye la suficiente dosis de odio como para agrandar la inquietante fractura existente entre España y una parte de la sociedad catalana.

Eso ha situado en la misma trinchera mediática a los fervientes defensores del proceso soberanista, a los que estaban medio convencidos y a los que ni fu ni fa, pero necesitaban mantener abierto el chiringuito en medio de la tormenta perfecta que se desató cuando llegaron, al mismo tiempo, la crisis de la prensa escrita y la recesión económica.

Publicó el diario El Mundo hace un tiempo que, entre 2008 y 2014, la Generalitat inyectó 181 millones de euros en los medios de comunicación. En esas circunstancias, ¿quién va renegar del independentismo?

¿Y quién va a disparar al sheriff?

Origen: Medios en Cataluña – El Periódico, o el alto precio por disparar al sheriff