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Ha nacido la resistencia -GEES/LD-

En las elecciones del año 2016, el GEES pedía un escaño para Santiago Abascal: no pedíamos más que una voz en el Congreso que defendiese determinados principios y valores. Una resistencia que demostrase a los españoles que se podía hacer una política sobre una bases distintas. Hasta tal punto determinadas ideas estaban arrinconadas por el mainstream político-mediático, que sólo pedíamos una voz. Hoy, ese mismo Abascal que vimos en las fotos hablando a calles desiertas subido en una banqueta encabeza un grupo de 24 diputados y cerca de millón y medio de votos. En cuestión de meses ha pasado a convertirse en la peor pesadilla del Partido Popular, en el peor de enemigo del bloque socialista-podemita y en el terror del independentismo vasco y catalán. Y ahora, no en la calle o las RRSS, sino desde el Hemiciclo.

El error más importante y común a la hora de interpretar el fenómeno de Vox ha sido el de que es un voto de enfado: hasta ese punto los expertos, analistas y periodistas ignoran la realidad. La idea de que Vox era sólo la expresión del enfado de un sector del PP por Rajoy ha sido suicida. Ha hundido a Casado, y con él al PP. Ni con todos los votantes de Vox tapándose las narices y confiando en bloque en el PP hubiesen llegado los populares a unos tristes 90 escaños. Los votantes escapan del PP hacia cualquier partido que pueda ofrecer algo más, o simplemente algo. La campaña del voto útil ha destrozado al PP, ahora con 65 diputados, y ni siquiera el haber sacado a pasear a un Aznar moribundo, como el Cid, ha conseguido frenar el descalabro de Génova. Primero dejaron las ideas, después los programas. Y ahora los votantes.

El descalabro del PP contrasta con el éxito de Ciudadanos y Vox. El voto de Vox es un voto meritorio en dos sentidos. Primero en positivo; y, segundo, a largo plazo. Respecto a lo primero, Abascal ha abierto la puerta a la ilusión: se ha visto en los mítines, en los discursos, en la actitud del partido. Si ha habido un mensaje positivo en esta campaña ha sido el de Vox: respecto a España y respecto a las libertades; respecto a la cultura es una alternativa aún poco concreta, pero clara y rotunda. Esos 24 diputados pueden estar lejos de lo que algunos soñaban, pero ¿qué más puede querer un partido recién llegado a la arena política?

Respecto a lo segundo, los 24 diputados de Vox muestran que el partido de Abascal ha llegado para asentarse, con peso, en el Congreso. Lo más difícil, Vox ya lo ha conseguido: llegar desde abajo, con todos en contra, para ocupar un puesto en la bancada de los diputados. Vox tiene cuatro años para demostrar que hace las cosas de manera distinta y eliminar la imagen satánica que los medios han dado de él. De ser así, en próximos comicios no puede sino subir.

Además de diputados, en estas elecciones Vox ha ganado tres activos, que en una noche electoral pasan desapercibidos, aunque no debieran. En primer lugar, un grupo parlamentario que va a llevar al Congreso la voz de la España viva: nunca, jamás ningún partido ha elevado al Congreso los grandes temas de Vox, que tiene una legislatura por delante. El Grupo Parlamentario de Vox es lo suficientemente numeroso como para ser tenido en cuenta; el liderazgo y la personalidad de Abascal lo van a convertir en referencia indiscutible esta legislatura. Y, lo que es más importante, Vox está en condiciones de mostrar a los españoles que es posible una alternativa nacional, popular y constitucional en un Congreso de los Diputados con una izquierda radicalizada y una derecha que es light o está desconcertada.

En segundo lugar, Vox tiene unas bases jóvenes y motivadas. A Vox se le han puesto todas las trabas, desde la asistencia a debates hasta permisos para celebrar actos. Ni así han podido frenar a líderes, militantes y colaboradores, que se han extendido como una mancha de aceite por pueblos y barrios de toda España. Todo ello con una media de edad extremadamente joven. La base juvenil, la estructura muy fogueada y unos militantes fieles son una garantía de futuro. Basta comparar a Vox con otros partidos para constatar la ventaja competitiva: los partidos que no son viejos son adictos al presupuesto o al mimo de las televisiones. Los militantes de Vox son los espartanos de la política española.

En tercer lugar, y lo más importante: Vox tiene una base social y política sólida. Los votantes del partido de Abascal han sido vilipendiados de todas las formas posibles en los últimos meses: se les ha llamado borrachos, machistas, fascistas, incultos, atrasados. Se les ha pegado a la salida de mítines, se les ha señalado en televisión. Y sin embargo han aguantado la presión como héroes. A diferencia del votante de Podemos en su día, mimado por los medios, el de Vox ha sido insultado y amenazado de todas las formas posibles: una base social construida bajo esta presión es una base sólida para el medio y largo plazo. Con que Abascal la cuide y la mime, no puede sino ampliarse en el futuro.

Con una presencia notable en el Congreso de los Diputados, con un partido joven y motivado, y con un electorado fiel, Vox está en disposición de ganar peso en la derecha española. El PP ha perdido ni más ni menos que 65 diputados, y nadie se cree en serio que pueda recuperarse; es un partido envejecido, esclerotizado; y su electorado ha sido tan maltratado que ha huido en masa a Vox y a Ciudadanos, y quienes quedan sólo votan por miedo. Ciudadanos ha pegado una subida impresionante: pero si alguien cree que la ligereza ideológica de Rivera y su tacticismo pueden ser resistencia al frentepopulismo, está muy equivocado.

Quedan por delante meses de elecciones, de negociaciones y de inestabilidad institucional y política: Sánchez continuará su política destructiva, lo que implica que es la hora de resistir y resistirse. Y ni la ligereza de Ciudadanos ni un PP en trance de acabar como UCD van a ser oposición. En estas circunstancias, Vox es una garantía, porque es la única formación en la derecha que atesora una mezcla de diputados, partido, militancia e ideas claras para España. Necesario todo para resistir.

En términos políticos, ha nacido Vox. Ha nacido la Resistencia.

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El lastre del rajoyismo -Emilio Campmany/LD-

Desde un punto de vista programático, el PP se parece cada vez más a Vox. La única diferencia apreciable está en el inequívoco europeísmo del PP frente al relativo euroescepticismo de Vox. No tiene nada de particular, ya que Vox, lejos de ser el partido de extrema derecha que dicen, no es más que una suerte de PP auténtico nacido al socaire de los incumplimientos de Rajoy. Momento cumbre de esa descafeinización que sufrió el PP fue aquél en el que el anterior presidente del partido expulsó a liberales y conservadores. Idos éstos, tras la renuncia a su ideario liberal-conservador, ¿qué PP quedó? Quedó el rajoyismo, una mezcla de gramática parda y socarronería provinciana argamasada con galleguismo de sainete, servil y complaciente con el ideario de la izquierda.

De forma que el problema de Casado consiste en convencer a los electores del PP de que el Partido Popular de siempre ha vuelto. Por eso los programas de Vox y PP se parecen tanto. Hacer un programa con las ideas de siempre del PP es fácil, pero para ganar no es suficiente. Hay que conseguir que los potenciales votantes crean que se aplicará si se gobierna. Para que lo hagan no basta decir que se cumplirán las viejas promesas que dieron a Rajoy la mayoría absoluta. Hay que demostrarlo. Y, mientras no se gobierne, la única forma de hacerlo es renegando de Rajoy, de sus colaboradores y de su herencia. Mucho más cuando el que pretende ser creído es uno de esos ayudantes cómplices. Mientras esto no se haga, el PP seguirá siendo incapaz de recuperar su fuerza.

Si el programa de Casado fuera creíble, Vox sería innecesario y Ciudadanos se vería empujado hacia la izquierda. No sucede tal porque una parte considerable de los potenciales votantes del PP no se cree lo que Casado dice. Y es normal que no lo haga mientras en las listas aparezcan hombres y mujeres de Rajoy, que en el Ejecutivo, en el Legislativo y hasta en la prensa callaron mientras Rajoy se ciscaba en las ideas que ahora dicen defender.

Hay quien opina que una campaña electoral no es momento para renegar de los tuyos. Eso será en condiciones normales. En éstas, tras haber abandonado de modo flagrante el PP a sus votantes, es más necesario que nunca, si se quiere tener alguna credibilidad defendiendo las viejas ideas una y otra vez traicionadas en el altar laico de la izquierda. Mucho más cuando quien dirige el PP es uno de los muchos que callaron, cuando no justificaron, las groseras traiciones del jefe. Puede que Casado tuviera que hacerlo para sobrevivir y tener ahora la oportunidad de rescatar al PP. Pero, si quiere que lo crean, lo único que puede quedar de Rajoy en el partido es él mismo. Los demás, a la calle.

Como no lo ha hecho, Vox sigue atrayendo a muchos de sus votantes. Y por eso el futuro de Casado es más incierto e inseguro que el reinado de Witiza.

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El trauma andaluz -Hermann Tertsch/ABC- –

Es muy comprensible el trauma que tiene cierta izquierda ante lo sucedido en Andalucía. ¡Precisamente en Andalucía les tenía que pasar! En ese cortijo suyo en el que socialistas y comunistas han sido caciques de propiedad no cuestionada. De repente, expropiados. Esto tendría que haber pasado hace décadas. Para que la alternancia política impulsara la movilidad, la renovación y la probidad, el control, el rigor, la competencia honrada, el desarrollo y el bienestar. Pero durante 37 años, un aparato implacable de reclutamiento, compra de voluntades, disciplina y control, pagado con ingentes sumas de dinero llegado de Europa y el resto de España, ha impedido que sucediera.

Quienes aplauden como quienes lloran hoy en Andalucía han de reconocer que este cambio que muchos creían imposible se ha producido por la irrupción en el escenario de un nuevo protagonista que ha cambiado las conductas de todos los demás. Es Vox. En el PP todos celebran ahora que Moreno Bonilla vaya a presidir la Junta de Andalucía. Pero si Pablo Casado no hace de esa campaña su personal prueba de fuego, el mediocre candidato popular impuesto en su día por una vicepresidenta de tenebroso recuerdo se habría quedado en 10 diputados. Entonces Casado estaría políticamente muerto y el PP, otra vez madurito para que alguien como Soraya Sáenz de Santamaría lo convirtiera en partido satélite del Frente Popular, por el bien del consenso. A hacer de Javier Arenas en «el ministerio de la oposición» para siempre. Ya tenía Casado asesores recomendándole dar por perdida Andalucía. A la postre ha sido Vox y el shock de Vista Alegre los que salvan a Casado de dejarse hundir por los suyos.

Casado tuvo instinto. Como Santiago Abascal que, pese a las reticencias de muchos, llevó a Vox a esas elecciones. Los dos detectaron el movimiento en una nación que ha dejado de creer en la política del cambalache consensual y quiere grandes compromisos con la legalidad, con la propia nación y con la realidad que sufre y que niega o manipula la subcultura del eufemismo de la socialdemocracia. Los españoles están mucho más hartos de lo que creen quienes solo consumen alfalfa mediática izquierdista. Y además son cada vez más inmunes a la idiotización de la consigna televisiva. Sí preocupa que Casado a veces parezca asustarse de su propia osadía y se concilie con los enterradores del PP en esta década. Parece haber pasado en el País Vasco. Habrá de decidir si se erige en apuesta de cambio real o se arropa de marotos, semperes y alonsos, y en mayo concluye su dirección del PP como un bonito espejismo que dio pie a una breve esperanza.

Ciudadanos no sacó el resultado que esperaba y quería. Nunca le pasa. Por eso, al margen de la citada soberbia campaña de Casado que impidió el hundimiento de su partido, la revolución andaluza se debe exclusivamente a la irrupción de VOX en el panorama político. Sufrirá sobre todo Ciudadanos, que suple su falta de ideología con una dependencia angustiosa de la patulea mediática izquierdista. No debiera sufrir por ser tachado de aliado de la ultraderecha. En mayo nadie entenderá que deje uno solo de los ayuntamientos en manos de una izquierda radical y filogolpista cuando mayorías con PP y Vox permitan expulsarla. La izquierda española está en pánico porque ya existe un voto nacional transversal que puede hundirla para mucho tiempo. Si Vox no comete errores y no los está cometiendo, puede lograr esa supremacía estable de la derecha que permita el retorno a la vida de los españoles del ejercicio de la libertad de palabra y obra, de justicia y la defensa de la ley, un retorno al sentido común en la vida de los españoles.

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Las líneas rojas movedizas de Ciudadanos. -Liberal Enfurruñada/Ok Diario-

El portavoz de Ciudadanos en el Congreso, Juan Carlos Girauta, afirmó este lunes que Ciudadanos prefiere negociar con el PSOE antes que hacerlo con VOX. Este fin de semana, además, declararon que no contemplan entrar “en el gobierno partidos extremistas”, en referencia a la formación de Santiago Abascal en Andalucía. “Hemos dejado claro que queremos un frente constitucionalista, y esa es nuestra línea roja”, afirmaban. A las líneas rojas de los naranjas vamos a tener que denominarlas líneas rojas movedizas porque sabemos dónde están hoy, pero nadie se atrevería a apostar dónde se encontrarán mañana porque ya ni se ven señales de las de ayer. El ejemplo más reciente está relacionado con la extremista TV3 y con los radicales partidos separatistas catalanes a los que Albert Rivera llama golpistas al tiempo que se sienta a negociar con ellos un sillón en el Consejo de Gobierno de la Corporación Catalana de Medios Audiovisuales (CCMA), el órgano encargado de la gestión del citado medio.

Esa línea roja les había llevado hace medio año a pedir al Gobierno de Mariano Rajoy que prolongase el artículo 155 de la Constitución española para hacerlo efectivo también sobre TV3. La cadena no se intervino y ahora ellos se sientan en su Consejo. Tampoco ha pasado un año desde que Girauta se sentó a negociar con Irene Montero para pactar con Podemos una reforma de la ley electoral a la que esperaban sumar al PSOE. Tras aquel acuerdo ambos portavoces parlamentarios coincidieron en que mantendrían abiertos canales de coordinación sin líneas rojas. Con sus actos y estrategias, los naranjas han versionado la frase que pronunció Groucho Marx en la película Sopa de ganso: “Estos son hoy mis principios, pero cuando nos venga bien tendremos otros”. Porque este cordón sanitario es la manera que tiene la formación de Rivera de calcular los votos que le puede robar al PSOE.

Son muchos los que dicen que Ciudadanos es un partido de derechas –o hasta– de extrema derecha. Pero los resultados de las últimas citas electorales demuestran que su caladero de votos está en el centro izquierda, un lugar que quita votantes tanto al PP como a los socialistas, quienes a su vez están recuperando a muchos de los electores que se habían marchado a Podemos. Por lo que, en definitiva, lo que consiguen es frenar algo la sangría, todo lo contrario que los de Pablo Casado, éstos caen en picado perdiendo los votantes porque la derecha se está marchando a VOX y la izquierda a Ciudadanos. Por eso la línea roja de los naranjas se ha desplazado esta vez hacia la izquierda, que es donde más votos pueden conseguir, ocupando la franja que ocupaba el PSOE antes de que se podemizara.

Es evidente que a sus votantes les gusta esta estrategia electoral porque les está funcionando de una forma espectacular. Sus electores entienden que todo vale con tal de luchar contra el bipartidismo al que culpan de todos los males de España, y no están muy ideologizados, más que en cuestiones básicas, como la lucha contra la corrupción y la defensa de la Constitución. En todo lo demás consienten que se pacte hoy con quienes ayer dijeron que jamás lo harían.

De esta manera Ciudadanos se puede llegar a convertir en un PSOE 2.0, unos socialistas leales a España y sin las mochilas cargadas de casos de corrupción y de traiciones como las del golpista Indalecio Prieto, las del Lenin español, Largo Caballero, las del José Luís Zapatero de la Ley de Memoria Histórica y del Estatuto de Cataluña o las de éste presidente Cum Fraude que ha vendido España a los golpistas, los filoterroristas y los comunistas bolivarianos, a cambio sólo de que le dejen usar el ‘Falcon’. Sería una fantástica mejora.

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Ladran luego… son perros. -Liberal Enfurruñada/OK Diario-

En una columna de opinión El País se ha inventado que en El Ejido no hay librerías —cuando la verdad es que existen varias y hasta un Corte Inglés— para acusar a su población de analfabeta por haberse atrevido a votar al que ellos llaman ultraderechista VOX. Al independentista Andreu Buenafuente tampoco le ha gustado lo que votaron los andaluces y por eso los llamó “cerdos” y se mofó de su forma de hablar en el programa que todavía le emite Movistar+. Una reportera y un cámara de televisión han ido gravando por las calles de Marinaleda para identificar a los 44 ciudadanos que habían osado votar a VOX en las elecciones autonómicas. Son sólo tres ejemplos de lo que está haciendo una buena parte de la prensa española, insultando a los votantes de VOX como no insultan ni a los de los partidos golpistas, ni a los de los filoetarras, ni a los de los comunistas bolivarianos.

Hasta que se escrutaron las papeletas de las elecciones andaluzas, VOX era prácticamente ignorado por todos esos medios de comunicación que ahora no paran de ofenderlos. Pero desde que al día siguiente de dicho escrutinio Pablo Iglesias se puso delante de las cámaras de televisión llamando a sus huestes a una movilización “antifascista” para frenar el avance de la “extrema derecha”, la violencia física ha hecho arder las calles y la violencia verbal ha inundado las redacciones de la misma prensa que lleva años blanqueándolo a él y a sus socios. La realidad es que VOX no es ni facista ni extrema derecha y que los podemitas sí son comunistas bolivarianos, pero los mismos medios que abalan y blanquean a los antidemócratas de extrema izquierda, a los golpistas catalanes y a los amigos de los etarras vascos, pretenden criminalizar a los demócratas de derechas.

Son como aquel pintor que está pintando un techo al que de pronto le quitan la escalera y se queda “colgado de la brocha”. Pero aún no se han dado cuenta de que ya no tienen escalera, no tienen credibilidad pero ellos siguen agarrados a su brocha porque no saben hacer otra cosa. Los resultados de las elecciones andaluzas han demostrado que su influencia sobre el voto de la gente es completamente nula. Más bien al contrario, cuanto más insultan a sus votantes más crece la expectativa de voto de VOX. Cuanto más les señalan como antidemócratas, inconstitucionales y fascistas, mintiendo, más simpatías recogen de todos aquellos que piensan que si tanto les insulta una prensa tan desprestigiada, algo bueno deben de tener y se acercan para comprobarlo por sí mismos, sin dejar que nadie les engañe.

Dicen que fue el poeta nicaragüense Rubén Darío el que atribuyó la frase “ladran, luego cabalgamos” a un tal Sancho, lo que a muchos hizo pensar erróneamente en el personaje de El Quijote. La idea es original del poeta alemán Goethe, quien la introdujo en su poema ‘Ladrador’ en 1808 diciendo: “Pero sus estridentes ladridos sólo son señal de que cabalgamos”. Los perros son animales mucho más nobles y honestos que todos estos pseudoperiodistas de los que os hablo, así que hay que disculparse con ellos antes de compararlos. Pero cuando los perros ladran demuestran dos cosas a la vez, la primera es que cabalgamos delante de ellos, que avanzamos más de lo que pueden hacer ellos, que se van quedando detrás. Y la segunda es que simplemente son perros encerrados que sólo nos pueden ladrar cuando nos vamos. Los ciudadanos españoles avanzan en su lucha contra los golpistas, la extrema izquierda y los filoetarras, mientras que los perros… sólo ladran.

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Alerta anticomunista -Emilio Campmany/LD-

Que Pablo Iglesias decrete una “alerta antifascista” porque Vox haya obtenido 12 escaños en las elecciones andaluzas es normal. La querencia de este sicofante de ideas totalitarias al lenguaje y los modos de los años treinta no es cosa ya que maraville. Lo que sobresalta es que la práctica totalidad de los medios haya secundado la alerta aceptando la premisa de que Vox es un partido antidemocrático.

Una de las acusaciones que arrojan sobre Vox es que se opone a la inmigración ilegal. Todos, partidos políticos y medios de comunicación, deberían oponerse a ella, aunque sólo fuera porque, como su propia denominación indica, es “ilegal”. Pero, además, lo que hay detrás es el crimen organizado: mafias que venden el pasaje a Europa y empresarios desaprensivos que ocupan a los inmigrantes en el tráfico de copias piratas, en empleos ocultos al fisco y a la Seguridad Social, en la prostitución y demás. Y esos negocios son posibles porque nuestros políticos brindan a los inmigrantes ilegales la protección social que las mafias venden en origen y de la que se aprovechan quienes los explotan. ¿Oponerse a que los criminales se enriquezcan gracias a la protección social que el Estado otorga a los inmigrantes y que se financia con nuestros impuestos es antidemocrático? No digo que no haya argumentos para defender que quienes logren entrar ilegalmente en España merecen ser protegidos. Pero también los hay, y muy poderosos, en contra. Y son tan legítimos como los otros.

También acusan a Vox de ser anticonstitucional y lo comparan, no ya con Podemos, sino con los golpistas catalanes, pues, si éstos trataron de volar la Constitución decretando la independencia de Cataluña, los de Vox pretenden otro tanto liquidando las autonomías. Vox no quiere incumplir la Constitución. Al contrario. Pretende que todos, incluidos los independentistas catalanes, la cumplamos. Como casi todos los partidos, además quiere reformarla. El pecado que no le perdonan es que su propuesta, la de liquidar las autonomías, vaya en el sentido contrario a las de los demás. Como si la España confederal que proponen PSOE y Podemos tenga que ser más democrática que la España centralista que defiende Vox.

No obstante, el problema no es que nacionalistas, podemitas y socialistas tachen de antidemocrático a Vox sin serlo. Lo inquietante es que la mayoría de los medios se unan al vocerío incumpliendo su obligación de informar. Si quieren defender la inmigración ilegal y el Estado de las Autonomías, pueden hacerlo con los argumentos que encuentren, que cada vez son menos. Lo que no pueden hacer es tachar de antidemocráticas las propuestas de combatir a una y liquidar al otro porque no lo son. Mucho más cuando encubren a la vez a comunistas confesos, disfrazándolos de socialdemócratas, y aceptan mansamente que Iglesias pretenda antidemocráticamente ganar en la calle y con violencia lo que perdió en las urnas.

Si la democracia española está en peligro no es por los ataques que pueda recibir desde la derecha. El peligro procede de la izquierda. No sólo porque los comunistas jamás han sido demócratas, sino sobre todo porque los socialistas se están dejando colonizar por aquéllos. Y la mayoría de la prensa no denuncia ninguna de las dos cosas. Si hay que decretar algo, es una alerta anticomunista.

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La rebelión de Vox. -Cristina Losada/LD-

Un día habrá que hablar de la literatura de las irrupciones. Porque es ya un hábito que a la aparición de un nuevo partido se reaccione no con el ánimo de entender el fenómeno, sino con un chorro de (por lo general, mala) literatura. Cuando irrumpió Podemos, en las europeas de 2014, el chorro fue encomiástico. Ay, aquellos profes de Políticas, qué listos eran. Y su llegada a la arena política expresaba, por supuesto, la justa y santa indignación de los españoles con los políticos, con la corrupción y con la crisis. Ahora, con la entrada de Vox en el Parlamento andaluz, en lugar de chorro hay un chorreo.

Si uno lee la literatura alarmista, y es inevitable porque está por todas partes, se imagina que ahora mismo hay bandas de camisas pardas alborotando las ciudades andaluzas, incendiando cosas y amenazando a los vecinos de los barrios que votan a la izquierda. Y que, pronto, esos cafres estarán por toda España. La realidad, sin embargo, es que las pandillas que han salido a las calles en Andalucía fueron convocadas por Podemos e Izquierda Unida para amenazar a los que votaron a Vox. La realidad es que, fuera del ámbito andaluz, las acciones políticas coactivas y violentas más frecuentes son las de separatistas catalanes contra catalanes no separatistas. Y las que siguen protagonizando los herederos de ETA en el País Vasco: acaban de darle una paliza a un estudiante en Vitoria. Pero nada de esto es tan grave como lo de Vox porque los partidos que fomentan o consienten aquellos actos son perfectamente constitucionales. Desde ERC hasta Bildu, pasando por los de Quim Torra. Todos, Podemos el que más, son constitucionalistas sin tacha, según el PSOE.

La peligrosa payasada de la alerta antifascista que han hecho sonar los que no esperaban tal varapalo en las elecciones andaluzas testimonia la voluntad, no sólo de tapar el fracaso, sino de abrir un ciclo de histeria política y mediática –uno más– que recuerda al que hubo después de la victoria de Trump en los Estados Unidos. Por cierto: a Trump se le endosó la etiqueta fascista. Y también: la histeria no desanimó, sino que reafirmó a sus votantes. Pero sería ingenuo pensar que los que ponen en marcha los ciclos histéricos quieren convencer al votante equivocado de que reconsidere su opción. Pretenden, más bien, reafirmar a sus propios votantes y reenganchar a los que perdieron instalando la batalla política en la lucha del Bien contra el Mal. El universo maniqueo de siempre. De modo que el pronóstico es que va a haber histeria para rato con Vox. Y que eso le irá bien a Vox.

A Vox le irá bien porque una de sus vías de crecimiento la han abierto los que han ido cegando, histéricamente, las posibilidades de expresión e influencia ideológicas de los conservadores en España. Vox lleva, en lo económico, un programa de corte liberal, pero en materia de valores sus propuestas son conservadoras. En eso se diferencia en grados del PP, aunque no sólo. Hay que recordar que Vox es una escisión del PP cuyo motivo más decisivo radica en el abandono de principios o esencias que, en otro tiempo, encarnaba el gran partido del centroderecha español. Así se percibe, al menos, y eso es lo que cuenta. Pero hay más. Porque Vox, en donde muchos ven tics y tonos autoritarios, representa paradójicamente la rebelión contra un autoritarismo: el de la corrección política. Es un autoritarismo que no se reconoce como tal pero lo es. Impone en la vida pública y en la privada una serie de creencias y valores y, lo que es más relevante en nuestro caso, proscribe absolutamente otros. Creo que fue Mark Lilla, que no es un conservador, quien hace años escribió que aquellas imposiciones, entonces circunscritas a las universidades norteamericanas, eran una forma de “totalitarismo blando”.

En España, la corrección política tiene sus prescripciones y prohibiciones específicas. No son de ahora. En esas tablas del bien y del mal, ser de derechas o conservador es un estigma. Lo es desde la Transición. Ser español es un pecado. O un defecto. O una vergüenza. Para la izquierda existente, insistir en la españolidad –o en la Hispanidad– es síntoma claro de derechismo y nostalgia franquista. (Lo siento por la gente de izquierdas que ha intentado y aún intenta construir un partido de izquierdas libre de ese complejo, pero es lo que hay). A esas manchas o impurezas se han añadido otras. Hoy, no estar con el feminismo radical es un crimen. Y plantear que se frene la inmigración irregular es fascista, cuando no nazi. ¿Cómo extrañarse de que crezca un partido como Vox, que hace gala de combatir los dictados del pensamiento correcto, de decir lo que muchos piensan pero no se atrevían a decir?

Sólo queda constatar que, al cabo del tiempo, se está cumpliendo aquel deseo que formuló Rajoy agriamente en el Congreso de Valencia hace diez años. Los liberales ya tienen otro partido al que irse (Ciudadanos) y los conservadores o liberalconservadores acaban de encontrar otro: Vox.

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VOX no es extrema derecha ni inconstitucional. -Liberal Enfurruñada/OK Diario- –

Estoy convencida de que ninguno de los que atacan a VOX diciendo que son inconstitucionales y de extrema derecha ha asistido jamás a uno de sus mítines y seguramente tampoco se hayan leído su programa electoral. Yo sí he asistido a varios mítines de VOX y me he leído las 100 medidas urgentes que proponen para España, por eso yo puedo afirmar que mienten o se equivocan. Por definición, la extrema derecha está asociada a ideologías totalitarias y antidemocráticas próximas al fascismo o al nazismo y os aseguro que cuando vayáis a un mitin de VOX no os vais a encontrar con nada así. No existe ni esa xenofobia ni mucho menos el racismo que se les achaca, no hay intolerancia ni machismo, no verás islamofobia ni brazos alzados en saludo romano, no verás banderas franquistas ni símbolos extremistas de ningún tipo. No es verdad.

Todo eso es un conjunto de mentiras que le viene bien difundir a todos aquellos que no quieren que aparezca un nuevo partido político de derechas que le quite votantes a los que ya están instalados. Desde el PP y su prensa amiga se ha contribuido bastante a construir esa falsa idea sobre VOX para intentar detener la fuga de votantes. Pero también la prensa y los partidos de izquierda han incidido en ello para estigmatizarlos. El típico enemigo contra el que se intenta movilizar a la masa en beneficio propio. Pero es evidente que el engaño no les ha funcionado y que los votantes han creído más en su propio criterio que en el que pretendían transmitirles unos medios de comunicación que han perdido por completo la credibilidad a favor de nuevas plataformas como OKDIARIO.

En los mítines de VOX lo que hay son muchas banderas de España. Estuvieron torpes los demás partidos al no darse cuenta de que los españoles habíamos empezado a sacar orgullosos nuestra bandera a nuestras ventanas y balcones y que ese símbolo representa la unidad a la que no estamos dispuestos a renunciar. Tan torpes como estuvieron cuando permitieron que en Cataluña unos políticos golpistas celebraran por dos veces un referéndum ilegal por inconstitucional, con el que consiguieron mojarnos la oreja a todos. Estuvieron torpes los que permitieron que en los medios de comunicación públicos catalanes y en sus escuelas se nos insultara sin parar y los que ahora pactan con ellos y les prometen indultos que la ciudadanía rechaza masivamente. Cada vez que VOX sentaba en el banquillo a un golpista catalán, ante la pasividad de Gobierno y oposición, más ciudadanos se sentían atraídos a sus mítines para escuchar por ellos mismos sus propuestas, sin que nadie les engañara. Y así han ido llenando auditorios.

En sus mítines no hay skin heads ni se canta el ‘Cara al sol’. Allí hay gente normal de la calle, unos llegan en Mercedes y otros en modestos utilitarios, hay muchas mujeres de todas las edades y sobre todo muchísimos chicos jóvenes con aspecto de pertenecer a todas las clases sociales y profesiones. Estudiantes, militares, jubiladas, obreros de la construcción, ingenieras. Cualquiera con el que te encuentras por la calle, tus vecinos, esos que hace tiempo que pusieron la bandera de España en su balcón, a esos seguramente te los encuentres allí. Y se habla de la defensa de la nación española contra los golpistas, de la lucha contra las mafias de la inmigración ilegal y contra el terrorismo internacional, de bajadas de impuestos, de la ideología de género, y de promover una reforma legal de la Constitución para poner fin al disparate autonómico. Nada de extrema derecha. Todo de extrema necesidad.

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GUERRAVIVILISMO. -Resumen del hilo twittero de Daniel Ari-

Todos sabemos que la única manera de sobrevivir que tienen los comunistas es adulterando la realidad. Y que la realidad la corrompen mediante la desinformación y el lenguaje. Repitiendo mantras a todas horas.

Que si cientos de miles de niños que se mueren de hambre en España, que si Venezuela representa el triunfo de la democracia y la justicia social, que si VOX es fascismo. Negro es blanco y arriba es abajo.

Llama “facha” a quien no piensa como tú a todas horas, por todos los medios y canales a tu disposición (duopolio, TVE, canales autonómicos, redes sociales, etc.), y mucha gente poco dada a cuestionarse nada acabará comprando tus embustes.

Todos sabemos, también, que los comunistas le tienen aversión a la democracia, pero que la democracia es su vehículo para llegar al poder y eliminarla para siempre.Y que cuando ellos llegan al poder mediante las urnas (o mediante trampas legales pero ilegítimas), las reglas del juego están para cumplirlas, Pero que cuando esas mismas reglas los desplazan del poder, se las pasan por el arco del triunfo.

Pues bien… ayer, tras la derrota sin paliativos de las izquierdas en Andalucía, Susana Días apeló a alianzas contra natura para ser “dique de contención del fascismo”, e Iglesias hizo un llamamiento a combatir el fascismo en la calle. No es que tengan mal perder, es que tienen esa superioridad moral que la falsa derecha les ha ido concediendo a lo largo de casi un siglo y que les permite decidir quiénes son demócratas y quiénes no, qué votos valen y cuáles no,cuándo se puede votar y cuándo no, etc. Lo más grave de todo es que al llamar repetidas veces fascista a alguien, al meter en la cabeza de gente con mentalidad de borregos que todo lo que no les gusta es fascista y que los fascistas ponen en peligro la democracia, la convivencia, la igualdad, etc. (todas esas cosas que los comunistas odian, pero de las que se sirven para llegar al poder), están abriendo la veda para las agresiones a los que cuestionan esos mantras.

Cuando Iglesias llama a “combatir el fascismo en la calle” no llama a manifestarse, no. Podemos ya no consigue reunir ni a diez perroflautas en una plaza. Lo que hace es apelar a sus tonton macoute para que actúen por su cuenta.Ayer ya se produjeron agresiones a militantes de VOX. Y llueve sobre mojado, porque previamente se ha agredido a españolistas en Cataluña y se ha asesinado a alguien por llevar tirantes con la bandera española.

Están acojonados porque saben que con el desembarco de VOX se les van a acabar los chollos, las prebendas, los relativismos, las dobles varas de medir, los españoles de primera y los de segunda, la demagogia y los subvenciones.Y esto va a seguir. Porque desde hace varios años no tenemos gobiernos que pongan freno a todos estos desmanes y agresiones que solo buscan crear un clima guerracivilista. Que, de hecho, ya tenemos.

Va a seguir, pero eso no nos va a hacer retroceder ni un paso a los que creemos en la unidad de España y en que los españoles estamos por delante de los intereses espurios de la partidocracia.Si nos vienen a buscar, nos encontrarán. En el terreno que ellos elijan. Y si se piensan que se van a encontrar con la derechita cobarde sin principios ni escrúpulos a la que estaban acostumbrados hasta la llegada de , apañados están.

Si aún no se han enterado de que no es un partido más, si aún no saben que los de sí creemos en el estado de derecho, en el principio de autoridad y en la igualdad entre españoles, apañados están.

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El corte de mangas. -Hermann Tertsch/ABC-

El presidente de VOX, Santiago Abascal, que ha sido boicoteado por todas las televisiones y vetado por los gobiernos en los medios públicos desde que su partido existe, se ha puesto de moda últimamente porque la demanda de claridad y firmeza de los españoles ha dinamitado este otoño ya definitivamente todos esos vetos, boicots y ninguneos. Pero cuando la televisión LaSexta ha querido preparar una entrevista con él para el programa estrella de la manipulación izquierdista, con el agitador conocido como «El follonero», Jordi Evole, se ha encontrado con un sonoro corte de mangas. «Después de insultarnos a nosotros y a nuestros votantes, Évole pretendía que colaborásemos con su programa. No tienen vergüenza. Nosotros distinguimos entre la crítica periodística y los mamporreros del poder. ¡Que llame a Otegi!», respondió Abascal a la solicitud.

Es un soberbio precedente. Y la primera vez que se trata en España a esa cadena de agitación y a sus activistas del entramado propagandístico de la ultraizquierda y el separatismo como merecen. Albert Rivera ya dio en este sentido un puñetazo sobre la mesa en la televisión pública TV3 cuando dijo a sus directivos y demás intoxicadores unas cuantas verdades sobre su naturaleza y su vil conducta. Pero a la gran máquina de intoxicación izquierdista, anticonstitucional y antiespañola que es LaSexta nadie se había atrevido a retarla así porque temen su probada capacidad de destruir reputaciones, prestigios, carreras profesionales y personas. Todos temen a los mamporreros, que pueden hundir a un concejal como a un juez, a un periodista como a un político. Y los políticos de todos los partidos han acudido dóciles a sus citas en LaSexta, aunque desde allí se insulte, se difame, se ridiculice y se agreda a sus electores a su partido, a España, al Rey, a las creencias religiosas o a las víctimas el terrorismo.

Hay que recordar vergonzosas entrevistas a políticos constitucionalistas en el peor y más humillante ejercicio de hacerse perdonar allí los valores con los que después mendigan y consiguen sus votos, escaños y cargos. El mensaje hegemónico en todas las televisiones es dictado por esa factoría al servicio de intereses inconfesables con la complicidad vergonzosa de políticos de los grandes partidos. Que solo han fortalecido ese mensaje contra el Estado, la Monarquía y la Nación además de la capacidad de intimidación a todo español opuesto a las imposiciones izquierdistas de la corrección política filocomunista y filoseparatista. Parece llegada la hora de romper con la resignación a que los medios y los periodistas compitan por el premio en la agresión a la legalidad española y en deslealtad a España. Ayer La Vanguardia comparaba con Mahatma Gandhi a los Jordis, en huelga de hambre, cabecillas golpistas que pudieron causar un baño de sangre hace un año y pueden aun conseguirlo. Es hora de que los españoles traten a quienes agreden a la legalidad, a las instituciones y a España, con la firmeza con que lo ha hecho Abascal con ese profesional del odio resentido que es Evole.