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El agente Zapatero y la tortura. -Hermann Tertsch/ABC-

Llegan terribles nuevas procedentes de Venezuela que nos afectan gravemente a los españoles. Ya no se puede mirar en España hacia otro lado como tantos han hecho tanto tiempo. Son noticias que dicen también mucho sobre lo que pasa en España donde gobierna hoy un hombre, Pedro Sánchez, cuyo principal apoyo político y parlamentario es una franquicia del régimen criminal comunista que ha destruido aquel país hasta unos límites inimaginables. Venezuela sufre sin cesar un dolor de espanto por miedo, violencia, hambre, tortura y privaciones sin fin. Un dolor que no se habría dado en estas dimensiones y con semejante brutalidad sin la implicación de asesores comunistas españoles durante la construcción de la dictadura y sin la increíble pero ya muy constatada implicación como estrecho colaborador de Maduro, el criminal que preside aquel régimen, de un expresidente del gobierno de España. Se trata del socialista Rodríguez Zapatero, cuya influencia en el gobierno de Sánchez también es muy grande. Zapatero es hoy asesor común de Maduro y de nuestro jefe de Gobierno. Y Sánchez está bajo la influencia combinada del asesor de Maduro y de Podemos que debe su existencia y obediencia a aquella dictadura. Ante estos datos, quizás debieran alarmarse un poco más los españoles.

La humillación como forma para destruir al individuo, quebrar a la persona, su voluntad, su autoestima, es tan vieja como el poder y la tiranía. En tiempos modernos todas las dictaduras lo han hecho, aunque los nazis y los comunistas, esos dos gemelos del diablo, son los más afamados especialistas. Los nazis en el poder no existen desde 1945, los comunistas sí y son como siempre maestros de humillación y tortura. El SEBIN, la policía política de la dictadura de Maduro, distribuyó hace tres días unas imágenes del diputado Juan Requesens, detenido en flagrante violación de su inmunidad parlamentaria. En ellas aparece en unos calzoncillos manchados por lo que parecen excrementos y con síntomas de haber sido drogado. Requesens fue detenido ilegalmente en la redada montada por el régimen tras el supuesto atentado contra Maduro el 4 de agosto. El partido de Requesens ha denunciado que, además de drogado, fue amenazado con la ejecución de su familia y la violación de su hermana.

Pues aquí, en lo más turbio y sórdido de las sentinas violentas de un régimen comunista criminal y narcotraficante aparece Zapatero. Porque un compañero de partido del torturado Requesens, Julio Borges, ha acusado al expresidente del Gobierno español de amenazarle con la cárcel si no se plegaba a la voluntad del dictador Maduro. Zapatero llegó hace más de dos años a Venezuela pretendiendo ser un mediador. Pronto la oposición le acusó de ser un agente más de la dictadura de Maduro, que por grandes cantidades de dinero nunca especificadas, defiende al régimen y maniobra para levantar sanciones internacionales a los criminales de la cúpula. Zapatero es el único líder europeo con la impudicia de defender a la narcodictadura. Su mediación se resume en el balance de Felipe González: Ha logrado «multiplicar por seis la cifra de presos políticos». Zapatero dijo el domingo que la acusación de Borges era «una burda calumnia». Pero no son las primeras de este tipo contra él. Hace tiempo presos políticos denunciaron visitas de Zapatero para hacer exigencias que favorecían a la dictadura. Convendría que en España se abra un debate sobre lo que Zapatero hace en Venezuela. Que el socialista Zapatero, considerado agente de un dictador comunista y narcotraficante que tortura a diputados de su parlamento, sea asesor de Sánchez e ídolo de su Gobierno, dice mucho de lo peligrosamente que vivimos los españoles últimamente.

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La Izquierda despreciable y la Derecha lamentable. -F.J. Losantos/LD-

Tres días para la infamia, para la larga historia de sus infamias, ha acumulado la Izquierda en esta última semana: el primero fue el de la sesión de ultraje en el Congreso a los familiares de las víctimas de asesinos en serie, protagonizada por un politijuez del PSOE llamado del Campo, apellido adecuado si lo limitamos al Rastrojo; el tercero fue el de la toma del barrio de Lavapiés por hordas podemitas encapuchadas y acarreadas en autobús, que tras manipular la muerte por infarto de un mantero senegalés, rompieron escaparates, saquearon comercios, destrozaron cajeros, quemaron sucursales bancarias, destrozaron el mobiliario urbano, incendiaron contenedores, hirieron a dieciséis policías y, al día siguiente, declararon al mantero muerto “víctima del capitalismo“.

Entre ambos días, el de la injuria y el del molotov, hubo otra jornada parlamentaria, en la que Podemos, que aunque de forma menos gorilesca que el bípedo sociata también apoyó al PNV y la ETA para derogar la Prisión Permanente Revisable, presentó el programa más completo para acabar con la propiedad privada que hayan visto nunca los leones de las Cortes, que lo han visto casi todo. Proyecto éste que parte de la anulación del derecho de propiedad de los propietarios de viviendas en favor de okupas y maleantes, calcado del chavista que popularizó el Gorila Rojo con el “¡Exprópiese!”. Lo pasmoso es que sólo el PNV votó en contra. PP y Ciudadanos se abstuvieron.

ZP con Irene Villa, Sánchez con el niño Gabriel

Pero como ha recordado muy acertadamente David Gistau, el público desprecio del PSOE por las víctimas no lo ha inaugurado el antropodiputoide que acusó al PP de utilizar el dolor de las víctimas y luego usó una frase de la madre del niño Gabriel contra los padres de la niña Mari Luz, Diana Quer o Sandra Palo, que, invitados en la tribuna de las Cortes, se vieron insultados por el zafio politijuez que les acusaba de buscar “venganza y no justicia”. Esa actitud se inscribe en el desprecio a las víctimas de ETA que no sólo creó sino que sistematizó e institucionalizó el siniestro Rodríguez Zapatero.

El momento fundacional de ese discurso sociópata del PSOE tuvo lugar cuando ZP recibió a Irene Villa y su madre en la puerta de la Moncloa y les espetó ceñudo: “a mí también me fusilaron a un abuelo”, ¡como si lo hubieran fusilado las pobres víctimas de la ETA, con la que él andaba ya en negociaciones, y no el bando de sus otros tres abuelos, que también era el del cuarto hasta que lo traicionó! Por supuesto, lo que les reprochaba era que le pudieron reprochar pactar con sus verdugos, que era lo que venía haciendo, a escondidas antes de llegar al Poder, y a cara descubierta ya en la Moncloa.

Pero además, como bien recuerda Gistau, el dúo ZP-Rubalcaba puso en marcha una Oficina de Atención a las Víctimas, con Peces Barba al frente, cuya tarea esencial era deslegitimarlas y, sobre todo, desactivar la AVT de Francisco José Alcaraz, que como referente moral de la sociedad española convocó manifestaciones gigantescas, todas respaldadas por el PP, contra su pacto con la ETA y pidiendo la verdad de sobre la masacre del 11M, cuya manipulación por el PSOE y PRISA impidió a Rajoy ganar las elecciones. Lo que ha hecho Rajoy en el poder con la ETA, el 11M y la AVT sólo ha sido continuar la tarea de ZP y Rubalcaba de deslegitimación de las víctimas.

Y cuando ha querido utilizarlas -porque sin duda, aunque con razón, lo mueve un legítimo fin electoral: atacar las vacilaciones de Ciudadanos, se ha encontrado con aquel discurso de Peces Barba y la patulea cebrianita, (artillada, como entonces, por García Ferreras y Pre-Escolar) acusando a las víctimas de buscar venganza y no justicia, como si buscar justicia fuera algo criminal y no la respuesta al crimen. Como si las leyes no estuvieran para castigar al asesino sino para “mirarlo a los ojos y sentir empatía”, como predicaba Carmena en La Tuerka de Pablo Iglesias. O sea, para buscar cómo absolverlo, a costa de la memoria de las víctimas y del dolor de sus familias.

La teoría en el Parlamento, la práctica en Lavapiés

Como explica detenidamente Manuel Llamas en este artículo, lo que plantea Podemos es la liquidación del derecho de propiedad, en base a uno de tantos brindis al sol de la Constitución, el del derecho a una vivienda digna, que sería interpretado como le dé la gana el Poder político según cumpla su “función social”. Dado que la función social básica para el comunismo es la liquidación de la propiedad y la libertad individual indisociable de ella, lo que se busca es legalizar el asalto de las viviendas, cuya función social sería la de albergar gratis a quienes no las han pagado.

Sobre prohibir los desahucios y cualquier otra aplicación de la Ley en defensa de los propietarios, los comunistas de Podemos plantean que el poder público debe suministrar también gratis luz, gas y cualquier clase de energía y servicios a esa viviendaokupada o expropiada. Dado que el 86% de los españoles es propietario de una vivienda y el 16% de dos o más, estaríamos ante el mayor asalto a la propiedad privada en Europa desde 1917, cuando Lenin creó sobre el robo y la masacre el primer Estado comunista del mundo.

Lo asombroso no es que Podemos quiera quitarle todo a todos para quedárselo ellos, sino que PP y Ciudadanos se abstuvieran ante el proyecto. Se da el caso de que Ciudadanos se manifiesta contra el régimen liberticida de Caracas pero se abstiene ante una ley que es la copia de la que sirvió a las hordas chavistas para expropiar casas ajenas y apropiárselas por la fuerza. ¿Acaso es menos grave el “exprópiese” de Iglesias que el del Gorila Rojo?

Lo de Rajoy extraña menos, porque su proceder con Venezuela es, sencillamente criminal. Mientras el poco respetable Santoschenko ha dado el permiso de residencia en Colombia a más de medio millón de venezolanos, de las decenas de miles que lo han pedido en España, pocas docenas lo han obtenido de la burocracia rajoyana, de Dastis ‘el Plastis’ y de los secuaces que Zapatero debe de tener en la administración a cuenta, supongo, del narco-comunismo, que esa es la naturaleza del triángulo FARC-Habana-Caracas. Total, que a unos se les va la fuerza por la boca y a otros por la ventanilla.

Pero el asalto a Lavapiés, organizado desde el principio por la horda podemita y antisistema es sólo un episodio más de la escalada de violencia callejera que pretende deslegitimar el Parlamento y compensar las escasas expectativas de triunfo en las urnas de la izquierda en una situación normal. Y lo hace como en 2002-2004: utilizando cualquier argumento, cualquier protesta, cualquier sector social -pensionistas, mujeres, estudiantes, okupas, lo que sea- para presentar ante los votantes la salida del poder de la Derecha como la única forma de conseguir la paz social. O sea, convencernos de que sólo la Izquierda puede resolver el problema que previamente ella ha creado. Para ello tiene dos plataformas, las Cortes y la Calle, unidas por la televisión, o sea, La Sexta y sus secuaces.

Y mientras se prepara la resurrección del Frente Popular y Separatista, el PP les regala la televisión y Ciudadanos se entrega al opio de las encuestas, como creyendo que, cuando lleguen al poder, los tratarán mejor que al PP. Ante una Izquierda decididamente despreciable, el Centro-Derecha sigue en Babia, cobardeando, lamentable. Ni unos aprenden ni otros escarmientan.

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¿UNA EXPLICACIÓN PARA EL 11M2004? Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

11M2004. No es la matrícula de un coche. Es el registro oficial de la mayor catástrofe ocurrida en la historia de España. La vergonzosa matrícula que acabó con la poca fe que nos quedaba (creencia que se da a algo por la autoridad de quien lo dice o por la fama pública): 11 de marzo de 2004.

Todo tiene una explicación en la historia, unos antecedentes y sus consecuencias. Nada queda entre paréntesis discontinuos en la narración y todo está hilvanado, con esmero a veces, con dolor, casi siempre. Pero hay explicación. El tiempo aclara lo de uno y otros levantando las nieblas de los peores acontecimientos; hasta de los más oscuros. Todo se sabe de lo que se puede saber.

El 11M2004 es lo más terrible que ha sucedido en nuestra historia. Por inexplicable. No encaja ni se explica. Nadie ha sabido contarlo. Nos persigue y lo hará siempre. Por los siglos de la historia. Sería terrible que alguien supiera y no desvelara lo que sabe. La sospecha nos persigue.

Hay algo en el subconsciente que permanece desde aquel día. Queremos olvidar, pero no podemos. Quisiéramos que nunca hubiese ocurrido y ocurre todos los días.

Un fracaso colectivo. Al menos institucional. Del poder y de los poderes.

Fracaso político, judicial, policial… de investigación, de analistas, de pensadores. Por no saber, por no querer, por saber, porque no era posible que aquello sucediese.

Nada es igual en España desde aquel terrible día: 11 de marzo de 2004. Ni nosotros somos los mismos. Es el peor día de la historia de España porque nadie sabe nada ni hay explicación que alivie el sufrimiento.

Conviene no olvidar ni refugiarse en la falsa esperanza que oculta la fatídica realidad. Sigamos analizando y manteniendo viva la clave: ¿Por qué? ¿Quién? Ha quedado una huella imborrable. Casi un dilema kantiano:

¿Qué puedo saber? ¿Qué debo hacer? ¿Qué puedo esperar?

Como entonaba el coro de Antígona en la tragedia de Sófocles:

“Hay muchas terribles maravillas, pero ninguna más terrible que el hombre”.

Todo empezó y acabó el mismo día. Algo inexplicable sucedió y nadie ha sabido, querido o atrevido a contarlo. ¿Qué puedo esperar?

Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

Blog generaldavila.com

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Zapatero, cayado de Maduro -Emilio Campmany/LD-

Se supone que el español José Luis Rodríguez Zapatero está en América tratando de lograr un acuerdo entre el Gobierno venezolano y la oposición. Tan difícil gestión no podía haberse encargado a nadie más incompetente. De forma que no es de extrañar que su misión sea un rotundo fracaso. Y, sin embargo, la falta de pericia en el dialogante exmandatario español no es ni mucho menos lo peor. La carta enviada por él a la delegación de la oposición venezolana en la República Dominicana, donde se han llevado a cabo las negociaciones bajo el arbitraje de Zapatero, es una inequívoca prueba de cargo. La misiva hace que las sospechas de falta de parcialidad que pesaban sobre quien fue durante siete años nuestro presidente del Gobierno se confirmen más allá de toda duda razonable.

La carta contiene un primer párrafo larguísimo, que no se puede leer en voz alta sin ahogarse, donde cuenta que se ha redactado un documento que supuestamente da cumplida respuesta a las exigencias de ambas partes, pero que es descrito de una forma vaga, sin ofrecer una sola garantía que pueda mínimamente tranquilizar a la oposición. Luego, el solemne confiesa:

De manera inesperada para mí, el documento no fue suscrito por la representación de la oposición. No valoro las circunstancias y los motivos, pero mi deber es defender la verdad y mi compromiso es no dar por perdido el lograr un compromiso histórico entre venezolanos.

O sea, que lo que hizo el ínclito es acordar con Maduro lo que iba a pasar a la firma a la oposición y, tras rechazar ésta el trágala, Zapatero hace pública la carta en que la regaña por no haber aceptado lo que Maduro graciosamente concedió. No sólo, sino que, en el último párrafo, conmina a la oposición a firmar el acuerdo con el irrefutable argumento de que Maduro ya lo ha suscrito. Es imposible que Zapatero no supiera que los términos de lo que él llama acuerdo no habían sido aceptados por la oposición y que, en consecuencia, carecía de sentido pasarlo a la firma, y resultaba ultrajante proferir una velada amenaza pública por no haberlo aceptado. El que tanto México como Chile, los países elegidos por la oposición como observadores, hayan abandonado la mesa de diálogo da idea de la clase de conversaciones de las que Zapatero era árbitro.

Por menguadas que sean las capacidades intelectuales de nuestro compatriota, no puede estar inadvertidamente obrando por cuenta de uno de los interlocutores en perjuicio del otro cuando se supone que lo que debería hacer es mediar entre ellos. ¿Qué espera recibir a cambio de tan parcial arbitraje? La respuesta a esta pregunta, ahora que ya no es, gracias a Dios, presidente, no es importante. La pregunta importante es: ¿por qué el Gobierno de España, presidido por Rajoy, sigue consintiendo que Zapatero nos deje a la altura del betún fingiendo una mediación que no tiene otro objeto que sostener a Maduro como dictador de Venezuela? Cualquier respuesta que tenga esta pregunta es letal para España y su imagen en el mundo.

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Se buscan políticos -Javier Somalo/LD-

Donde nosotros tropezamos, ellos flotan. Donde nosotros resbalamos, levitan. Donde caemos, bailan ingrávidos.

Recuerdo aquella famosa foto de José Luis Rodríguez Zapatero fingiendo que corría por la playa con esa planta hercúlea que Marx le ha dado. Rajoy, sin embargo, no corre: anda deprisa con los puños cerrados y levantando mucho los codos y pegando el mentón a la nariz, como los dibujos animados, como si estuviera aplicando el ciento cincuenta y cinquillo antes de desayunar.

El caso es que las zapatillas del ex presidente de la foto no dejaban huella en la húmeda arena de la orilla, tan dispuesta siempre a ser garabateada. Sólo habiendo descendido desde un helicóptero para ser captado en el instante mismo de llegar a tierra podría explicarse aquel fenómeno sublime. Otra posibilidad es que no hubiera huellas porque, en realidad, no venía de ninguna parte, cosa nada difícil de asimilar en su caso. Pero creo que el misterio tiene una solución más sencilla: no pisaba el suelo. Es un político.

Y así seguimos. Con políticos incorpóreos que viven sin tocar el suelo que pisamos los demás. Donde nosotros tropezamos, ellos flotan. Donde nosotros resbalamos, levitan. Donde caemos, bailan ingrávidos. Nada les erosiona, nada les hiere o les golpea. Fantasmales, si pretendemos tocarlos se evaporan al instante. Y se burlan de aquellos a quienes representan en el Olimpo de los Jerónimos. Discuten entre ellos si la broma final se desvela antes de tiempo por descuido de una señora que confundió a unos ratones de dibujos animados –como el walking-running-de Rajoy– con un verbo del latín, Carmen Calvo dixit… Hacía tiempo que la ex ingrávida no tenía cámaras delante… y soltó el secreto mejor guardado de Rajoy que todo el mundo conocía: que perdonarán al Tejero de la Generalidad si se aviene a convocar elecciones y a eternizar la fractura nacional, eso sí, con un 155 para echarse a temblar, pero no de miedo.

El Gobierno, Ciudadanos y Carmen Calvo no se ponen de acuerdo sobre lo que han acordado. No cabía una pedorreta más sonora a la preocupación de los españoles ante un golpe de Estado. A Albert Rivera le ha molestado que la señora que dijo que “el dinero público no es de nadie” –Calvo pixie– haya hecho spoiler de la peli rodada en coproducción con La Moncloa. Al presidente lo que le molesta es que alguien que no sea Él haga anuncios… Si le molestó hasta el discurso del Rey, el del millón de Barcelona. Además, tiene la agenda muy apretada con los líderes internacionales que se rinden a su dureza porque is very difficult todo esto, en fin. Y a la señora que fue ministra con el presidente que levitaba en la orilla no le ha molestado nada porque no sabe muy bien de dónde viene tanto lío.

Entretanto, el ministro de Economía flota también diciendo que lo del éxodo empresarial no es nada con la que se avecina. Y se va a jugar al pádel o algo hasta que le llamen a alguna reunión. Ya son unos cuantos en esto del 154+1, así que habrán hecho un grupo de whatsapp con Pedro Arriola y José Enrique Serrano, históricos fontaneros que han compartido cloaca, mesa y mantel con ETA, y que han sido reclutados para el gabinete de crisis, supongo que por su experiencia en rendiciones y en borrar huellas en la arena, las de sus presidentes.

Y así podemos estar viendo revolotear a nuestros cargos públicos –cargas públicas, por ser igualitario y sincero– jugando al Poder y apostando fuerte por si el CIS o cualquier otra encuesta les sube todavía un poquito más, les despega otro trecho del suelo que pisan los ciudadanos que han puesto una bandera, que pinchan a Manolo Escobar en el balcón, que salen a la calle prohibida y que gritan de indignación ante la ausencia de un político al que le importe más el interés general que el variable.

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¿Qué hace Zapatero en Venezuela? -Emilio Campmany/LD-

Zapatero es el mayor responsable del conflicto catalán. No deja de ser notable que el Gobierno le haya elegido para mediar en el que padece Venezuela.

Zapatero es el mayor responsable del conflicto catalán por haber respaldado un estatuto inconstitucional. No deja de ser notable que el Gobierno de España le haya elegido precisamente a él para mediar en el que padece Venezuela. ¿No había nadie más? Es como poner a un tartaja de telefonista, porque es imposible escoger a alguien más torpe. Lo de Venezuela está de color de hormiga, pero cualquier posibilidad de arreglo que tuviera se ha hecho infinitamente más remota si tiene que depender de este personaje que aúna de forma inigualable idiocia y atrevimiento.

Su nombre vuelve a ser noticia ahora que encabeza el enésimo esfuerzo para lograr que oposición y Gobierno venezolanos lleguen a un acuerdo mediante una ronda de negociaciones en la República Dominicana. Presentan las crónicas a nuestro ex como un exquisito árbitro que tan sólo desea una solución pacífica. Sin embargo, algo ha debido de olerse la oposición cuando parte importante de ella se niega a intervenir en las sesiones organizadas por Zapatero hasta que se den determinadas condiciones, bastante razonables, por cierto, como es que sean liberados los presos políticos. En cambio, Nicolás Maduro siempre está dispuesto, y en esta ocasión no iba a ser menos, a acudir a donde Zapatero diga.

Son muchos los países que tienen intereses en Venezuela y que ansían que el conflicto se solucione de un modo u otro. Está China, que consume cantidades ingentes de petróleo procedente, entre otros países productores, de Venezuela. Están Estados Unidos y Rusia, que tienen importantes inversiones en el país. Está Cuba, que sobrevive gracias al petróleo que Maduro le regala a cambio de enviar a Venezuela agentes de inteligencia con los que someter y encarcelar a la oposición. Y está España. ¿Qué clase de intereses tenemos allí? Pues, aparte las inversiones y el petróleo que les podamos comprar, hay que recordar que el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero vendió al régimen chavista unas fragatas provistas de software estadounidense cuando teníamos prohibido transmitir esa tecnología sin permiso de los americanos. Qué casualidad que sea ese mismo Zapatero quien ahora está tratando de buscar una salida al Gobierno que le compró las dichosas fragatas, quién sabe bajo qué condiciones.

Se rumorea que a Maduro le están arreglando un exilio dorado en Cuba, pero que Raúl Castro sólo cederá cuando se le garantice que Venezuela le seguirá regalando petróleo con el que suministrar energía a su desgraciada isla y que el Vaticano respalda la operación. Pero, aunque fuera así, ¿qué pasa con Diosdado Cabello? ¿Y con Tarek el Aissami? No obstante, desde el punto de vista español, la pregunta es: ¿qué narices hace allí Zapatero? Y da toda la impresión de que lo que trata el solemne es de evitar que haya un verdadero cambio de régimen o, si no hay más remedio de que lo haya, impedir que afloren las relaciones que su Gobierno y vaya usted a saber quién más tuvieron o tienen todavía con el régimen chavista. Y el Gobierno actual lo respalda.

Origen: Libertad Digital

¿Cuándo la ETA, derrotada policialmente, empezó a ganar políticamente? -F.J.Losantos/LD-

El siniestro espectáculo de los Coros y Danzas de la ETA, que ha humillado a todos los españoles, empezando por sus centenares de víctimas mortales, continuando por las decenas de miles de heridos, amenazados y chantajeados y terminando por los cientos de miles de desterrados del País Vasco, es el fruto de un proceso de dieciséis años, que, si no se frena y, la verdad, no parece que nadie tenga la intención de hacerlo, ni tan siquiera de intentarlo, va a continuar hasta la demolición del Estado nacional español.

La complacencia de la Derecha en el Gobierno y la complicidad de la izquierda en el Poder -gracias al aplastante dominio mediático que le ha entregado el Gobierno del PP- no es de ahora. Pero si los más jóvenes se preguntan cómo hemos caído tan bajo, cómo los medios se vuelcan en la mascarada de los terroristas, cómo el PSOE, el PNV y Podemos aplauden a la ETA por sobrevivir y presumir de no matar, pero sí de seguir humillando a sus víctimas y burlándose de la Policía y la Guardia Civil, que les habían derrotado hace dieciocho años, los que hemos vivido y denunciado en vano todos los pasos que nos han conducido a este precipicio, debemos recordar y recordárselos a los culpables de un delito de lesa patria y de lesa libertad.

Todo empezó con un artículo de Cebrián

En el año 2000, con Aznar instalado en la mayoría absoluta y el PSOE del recién nacido Zapatero en la Oposición, Rubalcaba redactó un Prefacio al “Pacto por las libertades y contra el terrorismo” así de claro:

“El Partido Popular y el Partido Socialista Obrero Español, decididos a reforzar su unidad para hacer plenamente efectivas las libertades y acabar con el terrorismo, entienden que es su responsabilidad ante la sociedad española adoptar el siguiente Acuerdo:

El retorno de ETA a la violencia terrorista, tras el cese temporal anunciado en Septiembre de 1998, ha puesto dramáticamente en evidencia la situación en el País Vasco. Con ello, ha quedado también de manifiesto el fracaso de la estrategia promovida por el PNV y por EA, que abandonaron el Pacto de Ajuria Enea para, de acuerdo con ETA y EH, poner un precio político al abandono de la violencia. Ese precio consistía en la imposición de la autodeterminación para llegar a la independencia del País Vasco.

La estrategia de ETA no puede ser más evidente: tratan de generalizar el miedo para conseguir que los ciudadanos y las instituciones desistan de sus principios, ideas y derechos y así alcanzar sus objetivos que, por minoritarios, excluyentes y xenófobos, no lograrían abrirse camino jamás con las reglas de la democracia.

El abandono definitivo, mediante ruptura formal, del Pacto de Estella y de los organismos creados por éste, por parte de ambos partidos, PNV y EA, constituye una condición evidente y necesaria para la reincorporación de estas fuerzas políticas al marco de unidad de los partidos democráticos para combatir el terrorismo. La recuperación plena de esa unidad para luchar contra el terrorismo debe llevarse a cabo en torno a la Constitución y el Estatuto de Guernica, espacio de encuentro de la gran mayoría de los ciudadanos vascos.

Asimismo, la ruptura del Pacto de Estella y el abandono de sus organismos constituye, para el Partido Popular y el Partido Socialista, un requisito imprescindible para alcanzar cualquier acuerdo político o pacto institucional con el Partido Nacionalista Vasco y Eusko Alkartasuna.

Desde el acuerdo en el diagnóstico y en las consecuencias políticas que del mismo se derivan, el Partido Popular y el Partido Socialista Obrero Español queremos hacer explícita, ante el pueblo español, nuestra firme resolución de derrotar la estrategia terrorista, utilizando para ello todos los medios que el Estado de Derecho pone a nuestra disposición.

Queremos, también, reforzar nuestra unidad para defender el derecho de los vascos, el de todos los españoles, a vivir en paz y en libertad en cualquier lugar de nuestro país.”

Este texto marca no sólo el máximo punto de alianza de las entonces grandes fuerzas constitucionales sino el abandono por parte del PSOE de su estrategia de sumisión al PNV (EA era sólo la rama de Garaicoechea) que, tras el asesinato de Miguel Angel Blanco y las gigantescas movilizaciones populares se apresuró a acudir en ayuda de la banda asesina firmando el pacto de Estella, respaldado de inmediato por Pujol –aliado de González- y el resto del corrupto nacionalismo catalán en la Declaración de Barcelona.

Junto a la rebelión de la sociedad civil vasca, el pacto PP-PSOE dio alas a la configuración de una alternativa antiterrorista y antinacionalista que en 2001 estuvo cerca de ganar las elecciones. No lo consiguió porque la ETA apoyó al PNV, su aliado de Estella, en feudos electorales clave y vendió la victoria peneuvista frente al PP y el PSOE, que hubieran ganado de compartir lista, como el triunfo de todo el nacionalismo contra España.

Que lo hiciera la ETA era normal. Que lo disfrutara el PNV, más unido a la ETA que nunca, también. Lo sorprendente fue que el día siguiente a las elecciones, Juan Luis Cebrián (con Polanco y González) escribiera el artículo más infecto y tramposo de su larga carrera, El discurso del método, cuya terrible eficacia explica la mascarada de ayer, siempre respaldada por El País, órgano de Soraya y Rajoy… contra el PP.

En este fétido artículo ataca a Savater sin nombrarlo, oculta que fue el PSOE el que pidió firmar el Pacto Antiterrorista, presenta a Aznar como un monstruo nacionalista español que ha pretendido romper la paz felipista del “ir tirando” con el PNV (y CiU) a la que hay que volver de inmediato. Y para agilizarlo, El País liquidó a Redondo Terreros y unció a Zapatero a una estrategia de asalto a la Moncloa desde la calle, aliándose con todos los extremismos comunistas y nacionalistas. Del “Nunca mais” (dirigido por Manuel Rivas, la típica estrella de Prisa que se apaga a los cinco años) a la Guerra de Irak, pasando por las municipales, se desarrolla la estrategia cada vez más violenta de “cordón sanitario” contra un partido con mayoría absoluta en las Cortes y que culmina en el cerco a las sedes del PP en toda España, coordinado por la SER, durante la Jornada de reflexión del 13M.

Zapatero reabre la guerra civil y pacta con la ETA

La manipulación del 11M desde la misma noche de la masacre por el PSOE, con aplastante cobertura mediática, convenció a la base del PP de que ZP estaba pagando el “llegar a la Moncloa en los trenes de Cercanías”. De hecho, los cuatro pasos fundamentales de su Gobierno son:

  1. Romper con los USA y crear con Turquía la Alianza de Civilizaciones, vieja idea iraní. Contando con el respaldo de PRISA.
  2. Ofrecer al separatismo catalán la liquidación del Estado Español y su régimen constitucional mediante un nuevo Estatuto de Autonomía que reconociera la soberanía nacional catalana y liquidara la española. Cuando el Estatuto embarranca, ZP llama a Mas a Moncloa y en una noche de café y nicotina, lo convence para pactar con el PSC que había denunciado el 3%. Tuvo el respaldo de PRISA, cuyos locales les alquilaba un Pujol Ferrusola.
  3. Revivir a la ETA, que estaba policialmente destruida y no había podido matar a nadie durante el último año de Aznar, para ofrecerle, con Eguiguren como interlocutor de Josu Ternera, un pacto que cancelaría la ilegalización por el Supremo de Batasuna y las fachadas electorales de la banda. ZP dijo: “eso lo arregla el Constitucional”, y mediante una sentencia escandalosamente ilegal, eso hizo la mayoría izquierdista y nacionalista. Tuvo siempre, en línea con el artículo de Cebrián, respaldado por Felipe González en el libro El futuro no es lo que era, el apoyo de El País, que desde entonces ha encargado la información del llamado “proceso de paz” a un publicista del diario proetarra Egin. (Para el día a día del proceso, ver mis libros España y libertad y Más España y más libertad).
    Contra las gigantescas movilizaciones que, con el altavoz de la COPE, El Mundo y Libertad Digital se desarrollaron contra el pacto con la ETA en la primera legislatura de ZP, PRISA, secundada por los medios nacionalistas y el ABC vocentino de Zarzalejos, emprendió una campaña de denigración personal contra los que, con el PP desparecido por el trauma del 11M, las impulsamos. Campaña que culminó en el juicio a lo moscovita de Gallardón, las cloacas del 11M, Cebrián y Zarzalejos contra mí, amén de la creación del CAC, amenazas de bomba, y una campaña abyecta de La Vanguardia que determinaron mi salida de la COPE y la milagrosa fundación de esRadio. (El relato completo, en mi libro El Linchamiento).
  4. Liquidar el Espíritu de la Transición reabriendo la Guerra Civil a través de la llamada Ley de Memoria Histórica, firmada por Campechano pese a deslegitimar el régimen Constitucional del 78, reinventar la Leyenda Rosa de la II República y presentar a la derecha política como heredera genética e ideológica del franquismo.

Hay que volver a citar aquí el libro El futuro no es lo que era (y el pasado, mucho menos). Lo firma con Felipe González, trece años en el Gobierno atribuyéndose el mérito de la Transición y el fin de la guerra civil, un tal Cebrián, jefe de informativos de TVE con Arias Navarro, aún en la dictadura. Y cabe recordar el último discurso de Polanco contra el PP acusándole de franquista y guerracivilista, es decir, de ser lo que había sido y de provocar lo que PRISA estaba provocando. A esa tarea dedican lo mejor de su escaso pero populoso talento los empleados de Cebrián, que marcan la pauta de las televisiones podemitas de Soraya, Montoro y Rajoy.

La ETA cabe en Expaña, el PP y España, sobran

El blanqueo de ETA y la humillación de sus víctimas sólo pueden entenderse dentro de la estrategia alumbrada por Cebrián en 2001 y seguida por Zapatero y Podemos hasta hoy. Luego vino la denuncia en 2007 por parte de Rubalcaba, consejero editorial de PRISA, del Pacto Antiterrorista cuyo prefacio había escrito el propio Rubalcaba. Y la infame sentencia del Tribunal Constitucional, arrogándose la función de Tribunal Supremo del Supremo para legalizar la fachada electoral etarra. Pero todo obedece al diseño de Cebrián y González de destruir la España que, con la mayoría absoluta de Aznar en 2000, parecía prósperamente asentada en el “concierto de las naciones”.

Lo están consiguiendo, con la imprescindible ayuda de Rajoy. Para destruir la Transición había que destruir la Nación. Para ello, convenía deshacer el Estado. E imponer por una temporada, el tiempo de un ejercicio de PRISORAYA, esa Expaña en la que cabe la ETA y sobran sus víctimas, para liquidar aquella España que vertebraba el PP, es preciso hacer la Ruptura de la Reforma, de la Democracia pactada por la UCD y el PCE. En ello están los escribas de la secta cebrianita, con la tinta en metálico y el secante televisivo que les facilita el llamado Gobierno de la antiguamente llamada España, presidido por el antaño conocido como Partido Popular. Nunca un personaje tan intelectualmente mediocre como Cebrián logró semejante destrozo.

Pero si queremos buscar remedio, hay que reconocer la triste realidad española. Hoy, todo lo que hay es lo que fue. Y de todo lo que fue, apenas queda nada.

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